La defensa del Río Zapote, en Upala, muestra cómo una preocupación compartida puede convertirse en organización, conocimiento y acción colectiva. Frente a los impactos asociados a la extracción de materiales, la comunidad ha aprendido a investigar, vigilar, exigir respuestas y construir acciones concretas para cuidar el río.
Del malestar a la organización
Las imágenes sobre el deterioro del río generaron preocupación, pero también una pregunta: ¿cómo pasar de la indignación a la acción? La respuesta fue comenzar a organizarse, convocar a personas comprometidas con el territorio y construir una capacidad colectiva para defender el río.
Una defensa que también pregunta por la justicia
La experiencia de los llamados areneros introduce otra dimensión del conflicto. Según el relato de la entrevista, alrededor de 60 familias habían desarrollado durante décadas una extracción artesanal de arena utilizando métodos tradicionales. Al mismo tiempo, el grupo cuestionó que existieran diferencias en la manera en que las instituciones trataban estas actividades frente a operaciones de mayor escala.
Esta situación llevó a acompañar a estas familias en la búsqueda de los permisos correspondientes. La defensa del río, entonces, también implica preguntarse quiénes pueden aprovechar sus materiales, bajo qué condiciones, con qué controles y cómo se distribuyen las cargas de la regulación.
Aprender a vigilar y conocer
La experiencia muestra que defender un río requiere aprender a seguir los procesos institucionales, investigar concesiones, revisar permisos y conocer los mecanismos mediante los cuales pueden autorizarse actividades de extracción. Para el grupo, una de las dificultades es que algunas decisiones pueden avanzar durante años antes de hacerse visibles para las comunidades.
Algunas ideas fuerza que deja esta experiencia:
- -Convertir la preocupación en organización.
- -Investigar y conocer antes de que el conflicto se vuelva irreversible.
- -Dar seguimiento a permisos, concesiones y decisiones institucionales.
- -Reconocer las particularidades sociales y económicas de cada territorio.
- -Defender el río sin perder de vista a las comunidades que dependen de él.
- -Articular denuncia, vigilancia, organización y acciones de cuidado.
Defender también es cuidar
La experiencia del Río Zapote no termina en la denuncia. En la parte alta de la cuenca también se han impulsado acciones de conservación: análisis de la calidad del agua, reforestación de las riberas, recolección de residuos y vigilancia de actividades que pueden afectar el río. La intención es ampliar estas acciones hacia otras comunidades y sumar a estudiantes y organizaciones locales.
La experiencia del Río Zapote nos deja así una pregunta para seguir profundizando: ¿cómo construir formas de defensa de los bienes comunes naturales que sean capaces de enfrentar los impactos, pero también de comprender las necesidades, desigualdades y relaciones que atraviesan los territorios?
Cuando defender un río nos hace mirar el territorio de otra manera
La experiencia de defensa del Río Zapote, junto con la lucha que se ha venido construyendo alrededor del Río Pizote, también está ampliando la manera de mirar el territorio. Ya no se trata únicamente de defender un río frente a una amenaza particular, sino de comenzar a reconocer las relaciones que existen entre los distintos ríos, sus comunidades y las actividades que transforman sus cuencas. Así, la defensa del Zapote y del Pizote empieza a encontrarse con una preocupación más amplia: la defensa de los ríos de Upala como parte de un mismo territorio vivo, donde lo que ocurre en un cauce, en una ribera o en una comunidad también puede tener consecuencias más allá de sus límites inmediatos. Esta mirada permite pasar de la defensa aislada de un río a preguntarse cómo cuidar las cuencas, cómo fortalecer las capacidades comunitarias y cómo construir otra forma de comprender y habitar el territorio.