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COP17 en Ereván: la biología sintética y las disputas por el futuro de la biodiversidad

La 17.ª Conferencia de las Partes (COP17) del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), celebrada en Ereván, Armenia, llega a una etapa decisiva en medio de profundas diferencias sobre el futuro de la gobernanza de la biodiversidad. Aunque se han adoptado 14 decisiones formales en distintos ámbitos, dos asuntos concentran buena parte de las tensiones: el rumbo que tomará el Plan de Acción Temático sobre Biología Sintética y la falta de acuerdos sobre un mecanismo de financiamiento capaz de responder a las necesidades de los países en desarrollo.

Detrás de las discusiones técnicas hay una pregunta política fundamental: ¿qué enfoques y prioridades orientarán las decisiones sobre la biodiversidad y quién tendrá la capacidad de definirlos?

Biología sintética: ¿precaución o promoción tecnológica?

Uno de los principales puntos de controversia es el Plan de Acción Temático (TAP, por sus siglas en inglés) sobre Biología Sintética. Las propuestas discutidas amplían el alcance de la agenda hacia ámbitos como la creación de capacidades, la transferencia de tecnología, la investigación y la innovación.

Para sectores de la sociedad civil, esta orientación plantea interrogantes sobre el lugar que ocuparán la precaución, la evaluación independiente y la capacidad de los países para decidir sobre el desarrollo y la aplicación de estas tecnologías.

La discusión no se limita a determinar si la biología sintética puede contribuir a ciertos objetivos de conservación. También implica definir bajo qué condiciones se desarrollaría, qué riesgos deben evaluarse, quiénes participarían en las decisiones y qué mecanismos permitirían rechazar aplicaciones consideradas inaceptables.

En este contexto, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha respaldado la adopción del plan, destacando su potencial para fortalecer las capacidades de los países en desarrollo. Por su parte, organizaciones de la sociedad civil, entre ellas la African Centre for Biodiversity (ACB) y la Third World Network (TWN), han planteado objeciones a su adopción en los términos propuestos y han defendido alternativas como limitarse a tomar nota del documento.

La diferencia es importante. La adopción de un plan puede otorgarle un respaldo político e institucional que influya en las prioridades de cooperación, investigación y financiamiento. Por eso, las organizaciones críticas advierten sobre el riesgo de que la biología sintética pase de ser objeto de evaluación y debate a convertirse en una vía privilegiada de intervención sobre la biodiversidad.

La preocupación es que la atención y los recursos se desplacen hacia soluciones tecnológicas sin abordar suficientemente las causas estructurales de la pérdida de biodiversidad, entre ellas la expansión de la agricultura industrial, el extractivismo y la contaminación.

Seis salvaguardas en disputa

Las discusiones sobre el plan de acción remiten a seis preocupaciones centrales planteadas por organizaciones de la sociedad civil. Su importancia radica en que permiten examinar no solo las tecnologías involucradas, sino también las relaciones de poder que pueden acompañar su desarrollo.

1. Evitar la normalización de la biología sintética. La adopción del plan sin garantías suficientes podría contribuir a presentar estas tecnologías como una respuesta aceptada a la crisis de biodiversidad, antes de resolver las controversias sobre sus riesgos y consecuencias.

2. Fortalecer la precaución y prevenir liberaciones de riesgo. Las evaluaciones de riesgos, la biocontención y el análisis prospectivo son elementos centrales del debate. La preocupación es que la precaución termine reducida a una gestión técnica de riesgos para cada producto, sin garantizar la posibilidad de rechazar determinadas aplicaciones o liberaciones.

3. Proteger la independencia de la investigación pública. El fortalecimiento de las infraestructuras científicas y de la investigación no debería concentrarse exclusivamente en desarrollar nuevas tecnologías. También se requieren capacidades independientes para evaluar sus efectos, establecer regulaciones y determinar cuándo no resulta conveniente aplicarlas.

4. Garantizar los derechos y la soberanía de los pueblos. La información digital sobre secuencias de recursos genéticos, conocida como DSI y la participación en los beneficios asociados a su utilización forman parte de las discusiones. En este ámbito, resulta fundamental examinar cómo se incorporan los derechos de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales, así como sus conocimientos y formas de relación con la biodiversidad.

5. Priorizar las capacidades de evaluación y supervisión. Los países con una gran riqueza biológica necesitan recursos para establecer sus propias prioridades, evaluar riesgos y ejercer sus competencias regulatorias. La cooperación internacional no debería limitarse a facilitar la adopción de tecnologías desarrolladas en otros contextos.

6. Evitar la concentración del control corporativo. Las alianzas público-privadas y los mecanismos voluntarios de licenciamiento también requieren escrutinio. La cuestión es cómo evitar que el desarrollo tecnológico profundice la concentración del control sobre los recursos genéticos y las semillas, en detrimento de la soberanía alimentaria y de las capacidades de las comunidades.

Estas seis preocupaciones muestran que la discusión no es exclusivamente científica. También involucra decisiones sobre la distribución del poder, el uso de los recursos públicos y la capacidad colectiva de establecer límites al desarrollo tecnológico.

Imagen tomada de: aithropologylab.org

El financiamiento: una disputa sobre responsabilidades y prioridades

Mientras la biología sintética concentra buena parte del debate político, el financiamiento constituye otro de los asuntos decisivos de la COP17.

Las negociaciones sobre cómo movilizar recursos para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad continúan enfrentando diferencias entre países desarrollados y países en desarrollo. La ampliación de las opciones de negociación refleja las dificultades para alcanzar acuerdos sobre las responsabilidades financieras y los mecanismos necesarios para cumplir los compromisos internacionales.

El problema tiene consecuencias concretas. Sin recursos previsibles y suficientes, los países pueden encontrar dificultades para desarrollar evaluaciones independientes, fortalecer sus sistemas de supervisión, implementar medidas de precaución y garantizar una participación efectiva de las comunidades en las decisiones.

Por eso, el financiamiento no puede entenderse como un asunto separado de las discusiones sobre biología sintética. La forma en que se distribuyan los recursos también influirá en las prioridades de investigación y cooperación, así como en las posibilidades reales de los países de decidir qué tecnologías desarrollar, adoptar o rechazar.

La pregunta de fondo es si los recursos destinados a proteger la biodiversidad fortalecerán las capacidades públicas y comunitarias o si contribuirán a consolidar nuevas dependencias tecnológicas.

Los acuerdos alcanzados y los asuntos pendientes

En medio de estas disputas, la COP17 ha adoptado un conjunto de 14 decisiones formales sobre distintos temas relacionados con la biodiversidad. Entre los avances señalados se encuentran las orientaciones científicas sobre especies exóticas invasoras, las decisiones vinculadas al plan de acción de género y los mecanismos de intercambio de información y educación.

En el ámbito de las especies exóticas invasoras, uno de los cambios destacados fue la eliminación de la expresión «en condiciones mutuamente acordadas» en una disposición relacionada con la transferencia de tecnología hacia países en desarrollo.

Sin embargo, estos acuerdos deben leerse junto con los asuntos que siguen sin resolverse. La adopción de decisiones en determinadas áreas no elimina las diferencias sobre el financiamiento, la aplicación del principio de precaución ni las condiciones bajo las cuales se promueven nuevas tecnologías.

La urgencia de proteger la biodiversidad exige respuestas concretas, pero también obliga a examinar críticamente las soluciones propuestas. Las herramientas tecnológicas pueden formar parte de determinadas estrategias de conservación; lo que permanece en discusión es cómo evaluar sus consecuencias, establecer límites y evitar que desplacen otras medidas necesarias para enfrentar las causas de la crisis ecológica.

¿Quién decide sobre el futuro de la vida?

La COP17 pone sobre la mesa una discusión que va más allá de un plan de acción o de un mecanismo financiero. Se trata de definir qué principios deben orientar las decisiones internacionales sobre la biodiversidad y qué capacidad tendrán los países, los pueblos y las comunidades para participar en ellas.

Las controversias sobre el Plan de Acción Temático de Biología Sintética, las salvaguardas pendientes y el financiamiento muestran que la protección de la biodiversidad no depende únicamente de disponer de más recursos o desarrollar nuevas herramientas. También requiere instituciones capaces de evaluar riesgos de manera independiente, reconocer derechos colectivos y garantizar que las decisiones respondan a las necesidades de los territorios.

Desde esta perspectiva, el principio de precaución no debería reducirse a una etapa técnica previa a la introducción de nuevas tecnologías. También supone preservar la posibilidad de establecer límites y decidir que determinadas intervenciones no deben llevarse a cabo.

La pregunta que deja Ereván es, por tanto, fundamental: ¿cómo fortalecer la protección de la biodiversidad sin convertir la crisis ecológica en una justificación para ampliar el control tecnológico sobre la vida?

La respuesta exige mantener abiertas las discusiones, transparentar los intereses en juego y garantizar que la conservación de la biodiversidad no se separe de los derechos, la soberanía y las condiciones que sostienen la vida de los pueblos y las comunidades.

Biología sintética y bienes comunes: cuando la vida se convierte en mercancía

La discusión sobre la biología sintética también nos invita a plantear una pregunta fundamental: ¿qué sucede con los bienes comunes cuando la vida se convierte en materia prima para el desarrollo tecnológico y la acumulación económica?

La biodiversidad no es simplemente un conjunto de recursos biológicos disponibles para su aprovechamiento. Es parte de una trama de relaciones ecológicas, conocimientos, prácticas culturales y formas de organización colectiva que sostienen la vida de los pueblos y las comunidades. Las semillas que se conservan e intercambian, los conocimientos sobre plantas medicinales, las prácticas agrícolas tradicionales y las relaciones que los pueblos mantienen con sus territorios son parte de esa trama.

Sin embargo, cuando la biodiversidad se aborda principalmente desde su potencial para producir nuevas aplicaciones tecnológicas, puede abrirse un proceso de transformación de la vida en un activo económico. Organismos, secuencias genéticas y procesos biológicos pasan a ser objeto de investigación, desarrollo, propiedad intelectual y explotación comercial. Lo que antes formaba parte de relaciones ecológicas y prácticas colectivas puede incorporarse a circuitos de acumulación económica, donde el control de la tecnología y los derechos de propiedad adquieren un papel determinante.

De los bienes comunes a los activos tecnológicos

La biología sintética permite diseñar, modificar o construir sistemas biológicos mediante herramientas de ingeniería. Sus aplicaciones potenciales abarcan distintos campos, desde la producción de sustancias hasta determinados usos agrícolas, industriales y ambientales. No todas estas aplicaciones tienen los mismos efectos ni pueden evaluarse de manera uniforme. Sin embargo, su desarrollo plantea interrogantes sobre quién controla las herramientas, quién define sus usos y quién obtiene los beneficios.

Una de las tensiones centrales aparece cuando los componentes de la biodiversidad y los conocimientos asociados a ellos se convierten en puntos de partida para desarrollar productos, procesos y tecnologías susceptibles de protección mediante derechos de propiedad intelectual.

En este escenario, la mercantilización no consiste únicamente en ponerle precio a la naturaleza, sino también en reorganizar las relaciones que permiten acceder a ella, utilizarla y decidir sobre su futuro. El control puede desplazarse progresivamente hacia quienes poseen las infraestructuras científicas, las patentes, los recursos financieros y la capacidad de definir las condiciones de acceso a las innovaciones.

Esto plantea una contradicción: mientras la conservación de la biodiversidad depende de relaciones ecológicas complejas y de conocimientos construidos colectivamente a lo largo del tiempo, los beneficios económicos derivados de determinadas aplicaciones pueden concentrarse en actores que controlan las tecnologías y sus derechos de explotación.

¿Qué ocurre con los conocimientos y las prácticas de los pueblos?

Los conocimientos de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales forman parte de las relaciones históricas que han permitido cuidar, cultivar, intercambiar y comprender la biodiversidad. No son simplemente información disponible para ser extraída y utilizada en procesos de investigación.

Cuando estos conocimientos, los recursos genéticos o la información digital sobre secuencias se incorporan a procesos de desarrollo tecnológico, surgen preguntas sobre el consentimiento, la participación en los beneficios y la capacidad efectiva de los pueblos para decidir sobre aquello que forma parte de sus territorios y sus formas de vida.

La discusión sobre la información digital sobre secuencias de recursos genéticos (DSI) es especialmente relevante porque las posibilidades de utilizar información genética digitalizada plantean desafíos para los mecanismos tradicionales de acceso y distribución de beneficios. ¿Cómo garantizar una participación justa cuando la información puede circular entre instituciones y países y utilizarse en desarrollos comerciales sin que exista necesariamente una relación directa con las comunidades de origen?

No basta con reconocer que la biodiversidad tiene un valor económico. También es necesario preguntar quién establece ese valor, quién controla los conocimientos que hacen posible su aprovechamiento y qué mecanismos impiden que la innovación tecnológica reproduzca relaciones históricas de despojo.

Defender los bienes comunes también implica decidir qué tecnologías queremos

Desde una perspectiva de bienes comunes, el debate no se reduce a aceptar o rechazar la biología sintética en su conjunto. Se trata de examinar las condiciones sociales, políticas y económicas en las que se desarrolla, así como sus posibles consecuencias para la autonomía de los pueblos y la protección de la biodiversidad.

Esto supone plantear algunas preguntas fundamentales:

  • -¿Quién decide? ¿Las prioridades de investigación responden a las necesidades de las comunidades y los ecosistemas o a las oportunidades de inversión y rentabilidad?

  • -¿Quién controla? ¿El conocimiento y las tecnologías permanecen bajo formas de gestión pública y colectiva o se concentran mediante patentes y otros mecanismos de exclusividad?

  • -¿Quién se beneficia? ¿Los beneficios derivados del uso de la biodiversidad se distribuyen de manera justa o se concentran en quienes controlan las tecnologías?

  • -¿Quién asume los riesgos? ¿Las comunidades y los territorios quedan expuestos a consecuencias que no decidieron, mientras otros actores obtienen los beneficios económicos?

  • -¿Quién puede decir que no? ¿Existen mecanismos efectivos para que los pueblos, los países y las comunidades rechacen aplicaciones tecnológicas que consideren incompatibles con sus derechos, sus prioridades o sus formas de vida?

Estas preguntas permiten situar la discusión en un terreno más amplio que el de la innovación científica. La cuestión es también cómo se distribuyen el poder, los riesgos y los beneficios, y qué posibilidades existen de establecer límites colectivos a las intervenciones sobre la vida.

La defensa de los bienes comunes implica reconocer que la biodiversidad no puede comprenderse únicamente desde su utilidad económica. Su importancia reside también en las relaciones ecológicas que sostiene, los conocimientos que alberga y las posibilidades de vida digna que ofrece a las generaciones presentes y futuras.

La pregunta, entonces, no es solamente qué podemos hacer con la vida mediante la tecnología, sino quién tiene derecho a decidir sobre ella y bajo qué condiciones. En un contexto de creciente presión sobre la biodiversidad, defender los bienes comunes también significa defender la capacidad colectiva de participar en esas decisiones, proteger los conocimientos compartidos y evitar que la innovación se convierta en una nueva vía para concentrar el control sobre aquello que sostiene nuestras vidas.

Para profundizar: las disputas por la gobernanza de la biología sintética

¿Qué está en juego en las negociaciones sobre biología sintética? ¿Cuáles son las salvaguardas que reclaman las organizaciones de la sociedad civil? ¿Cómo pueden las decisiones de la COP17 afectar la soberanía, los derechos colectivos y la protección de la biodiversidad?

El documento «La COP17 del CDB y el futuro de la gobernanza de la biología sintética: evitar la normalización de la vida sometida a ingeniería en las políticas de biodiversidad», elaborado en octubre de 2026, examina estas preguntas y presenta las principales preocupaciones sobre el rumbo de las negociaciones.

Su lectura permite profundizar en las opciones discutidas, las implicaciones de las distintas formulaciones y los desafíos que plantea la relación entre desarrollo tecnológico, precaución y justicia ambiental.

Lea y descargue el documento completo

Referencias

Armenpress. (2026, 22 de octubre). Armenia seeks consensus among stakeholders in COP17 negotiations. https://armenpress.am/en/article/1263568

CBD Alliance. (2026). La COP17 del CDB y el futuro de la gobernanza de la biología sintética: Evitar la normalización de la vida sometida a ingeniería en las políticas de biodiversidad.

Convention on Biological Diversity. (2026, 17 de octubre). Spotlight on Yerevan: Announcements from the 2026 UN Biodiversity Conference. https://www.cbd.int/article/2026-10-18-06-36-57

Viglione, G., & Nam, H. W. (2026, 12 de octubre). Interactive: Tracking negotiating texts at the COP17 biodiversity summit. Carbon Brief.