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Defensa con ropaje de seguridad: recursos, territorios y “terrorismo ambiental”

«Defender nuestras economías potenciando la cooperación económica; explorando mecanismos de control de las inversiones; salvaguardando las cadenas de suministro de minerales críticos mediante un abastecimiento diversificado y confiable; y promoviendo normativas sobre proveedores de confianza para la infraestructura digital, que se apliquen de forma no discriminatoria. Reconocemos que una seguridad duradera requiere desarrollo económico, empleos estables y oportunidades tangibles para la población, y que la soberanía económica se defiende con éxito cuando el capital que entra en nuestras naciones es transparente y verificable.» 

Declaración conjunta relativa a la defensa de la soberanía en el Hemisferio

¿Qué ocurre cuando la seguridad empieza a organizar decisiones sobre recursos, inversiones, territorios y regulación ambiental? Esta pregunta resulta cada vez más pertinente ante la manera en que distintos conflictos económicos y ambientales comienzan a ser inscritos dentro de lenguajes asociados con la seguridad nacional, la seguridad económica y la lucha contra las amenazas. El llamado Escudo de las Américas, presentado como una iniciativa para fortalecer la cooperación hemisférica frente al crimen organizado y el narcotráfico, ofrece un ejemplo particularmente interesante. Su primer pilar incorpora una dimensión económica que incluye minerales críticos, infraestructura digital (entre ella, centros de datos y otras instalaciones necesarias para sostener la economía digital), resiliencia de las cadenas de suministro, revisión de inversiones y mecanismos relacionados con “proveedores confiables”. La declaración fue suscrita el 22 de septiembre de 2026 por Estados Unidos y otros catorce gobiernos del hemisferio, entre ellos Costa Rica.

No se desprende de estos elementos, por sí mismos, que el propósito de la iniciativa sea controlar los recursos latinoamericanos o desplazar a China. La cuestión que interesa es otra: qué transformaciones ocurren cuando decisiones sobre minerales, inversiones, infraestructura y comercio empiezan a organizarse bajo un marco de seguridad. El cambio de lenguaje no es menor. Un problema económico puede ser discutido en términos de mercado, regulación y política pública; cuando pasa a ser definido como un problema de seguridad, las prioridades, los actores y los mecanismos de decisión pueden modificarse.

Esta transformación resulta todavía más significativa cuando se observa el modo en que el lenguaje de la seguridad comienza a aparecer en conflictos ambientales. El 27 de marzo de 2026, durante un acto en la Casa Blanca con agricultores y ganaderos, Donald Trump anunció cambios en los estándares de combustibles renovables y, en ese mismo contexto, se refirió a los ambientalistas como “terrorists”, afirmando que él los denomina “environmental terrorists”. La expresión apareció mientras defendía los nuevos estándares como una medida favorable para la producción agrícola y la economía rural.

La expresión volvió a aparecer meses después en una disputa institucional. El secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, acusó de “environmental terrorism” a la Comisión Costera de California, en un conflicto relacionado con proyectos de infraestructura y energía. Los dos episodios son diferentes y no deben confundirse: en uno se trata de una caracterización presidencial de los ambientalistas y en el otro de una acusación dirigida contra una autoridad reguladora. Sin embargo, ambos permiten observar un desplazamiento discursivo que merece atención: conflictos que tradicionalmente pertenecían al terreno de la política ambiental, económica o regulatoria empiezan a expresarse mediante el lenguaje de la amenaza y la seguridad.

La palabra “terrorismo” introduce una diferencia sustantiva. No describe simplemente una discrepancia sobre una política pública ni una discusión acerca de los límites de la regulación. Coloca al otro dentro de un campo semántico asociado con la amenaza, la excepcionalidad y la necesidad de protección. Por eso importa preguntarse qué ocurre cuando quienes cuestionan determinadas formas de extracción, producción o utilización del territorio dejan de aparecer como actores de un conflicto político y comienzan a ser construidos como un problema de seguridad.

De la estigmatización a la amenaza

Esta discusión tiene, además, un antecedente en Costa Rica que destacamos en una nota anterior. En “De estúpido a malintencionado: cómo se naturaliza la estigmatización de quienes defienden el ambiente”, advertíamos que las descalificaciones dirigidas contra quienes cuestionan determinadas decisiones ambientales no constituyen simplemente excesos retóricos. Las etiquetas, burlas y acusaciones contribuyen a construir una imagen pública en la que las personas defensoras aparecen como radicales, obstaculizadoras o enemigas del desarrollo, y pueden abrir espacio para formas posteriores de hostigamiento y criminalización.

Lo que aparece ahora es un desplazamiento adicional. ¿Qué sucede cuando esa estigmatización comienza a conectarse con el lenguaje de la seguridad? Llamar a alguien “radical” o “antidesarrollo” busca deslegitimar su posición; llamarlo “terrorista” introduce otra lógica, porque convierte el desacuerdo en una potencial amenaza. No se trata de afirmar que exista una relación causal automática entre ambos fenómenos ni de sostener que toda política de seguridad produzca criminalización ambiental. Se trata de reconocer que las palabras utilizadas para nombrar un conflicto ayudan a determinar qué actores aparecen como legítimos y cuáles pueden ser considerados peligrosos.

Este desplazamiento resulta especialmente delicado porque las personas defensoras ambientales ya desarrollan su trabajo en condiciones de extrema vulnerabilidad. Según Global Witness, durante 2025 fueron asesinadas al menos 124 personas defensoras de la tierra y el ambiente en el mundo, y el 85% de los asesinatos documentados ocurrió en América Latina. Colombia registró 39 casos y Brasil 26; más de tres cuartas partes de las víctimas eran pequeños agricultores, pueblos indígenas o personas afrodescendientes. Desde 2012, la organización ha documentado 2.375 asesinatos y desapariciones.

El asesinato constituye la expresión extrema de una violencia que tiene otras manifestaciones. Amenazas, intimidación, estigmatización, vigilancia y criminalización forman parte de un repertorio mucho más amplio. En México, por ejemplo, el Centro Mexicano de Derecho Ambiental documentó durante 2025 135 eventos de agresión y 314 agresiones específicas contra personas y comunidades defensoras. En 76 de esos eventos participaron autoridades federales, estatales o municipales, policías o fiscalías. La estigmatización, intimidación y difamación representaron conjuntamente el 53,8% de las agresiones específicas.

Estos datos permiten comprender por qué el lenguaje importa. La violencia contra las personas defensoras no comienza necesariamente con el asesinato; puede comenzar mucho antes, cuando se construye una representación pública que las presenta como obstáculos, radicales, enemigos del desarrollo o actores sospechosos. La estigmatización puede preparar el terreno para otras formas de violencia porque transforma la percepción social sobre la legitimidad de quienes cuestionan determinados intereses.

En este sentido, la expresión “terrorismo ambiental” merece ser observada no solamente por su contenido explícito, sino por el tipo de relación que propone entre defensa ambiental y amenaza. Cuando la defensa de un territorio comienza a ser descrita con categorías propias de la seguridad, cambia también el terreno en el que esa defensa puede ser escuchada.

Minerales críticos, infraestructura digital y territorios estratégicos

El otro lado de esta discusión aparece en el primer pilar del Escudo de las Américas. El interés por los minerales críticos responde a una transformación real de la economía mundial. La Agencia Internacional de Energía (2025) señala que China es el principal refinador de 19 de los 20 minerales estratégicos analizados, con una participación promedio cercana al 70%; en el caso de las tierras raras utilizadas para fabricar imanes, concentra alrededor del 91% de la producción refinada.

La preocupación por diversificar las cadenas de suministro es, por tanto, comprensible. El problema comienza cuando nos preguntamos qué significa políticamente esa diversificación y quién define qué proveedor es “confiable”. Si la confiabilidad implica transparencia, trazabilidad, protección ambiental, derechos laborales y respeto de las comunidades, estamos ante una discusión sobre condiciones necesarias para unas cadenas de suministro más responsables. Pero si el criterio de confiabilidad termina dependiendo fundamentalmente de la alineación geopolítica, la palabra adquiere otro significado.

La diferencia importa especialmente en América Latina, donde muchos de los minerales considerados estratégicos se encuentran en territorios habitados por comunidades indígenas, campesinas y rurales. Desde la perspectiva de los bienes comunes, un mineral no es simplemente una materia prima disponible para una cadena global: antes de convertirse en recurso estratégico, existe dentro de un territorio. Allí hay agua, bosques, comunidades, memoria, actividades productivas y relaciones sociales que no desaparecen porque el subsuelo adquiera una nueva importancia geopolítica.

Por eso la resiliencia de una cadena de suministro no necesariamente equivale a la resiliencia de una comunidad. Una empresa puede necesitar garantizar el suministro permanente de un mineral y, al mismo tiempo, una comunidad puede necesitar garantizar la permanencia de sus fuentes de agua. Ambas necesidades pueden ser presentadas como cuestiones de seguridad, pero no necesariamente representan la misma idea de lo que debe ser protegido.

Algo similar ocurre con la infraestructura digital. La economía contemporánea suele presentar los datos, la nube y los servicios digitales como si existieran en un espacio prácticamente inmaterial. Sin embargo, detrás de esa aparente virtualidad existe una infraestructura física cada vez más extensa: cables submarinos, redes eléctricas, sistemas de conectividad, instalaciones de almacenamiento y procesamiento y, de manera particularmente significativa, centros de datos. Estos requieren grandes cantidades de energía, sistemas permanentes de refrigeración, suelo e infraestructura de conectividad, de modo que la expansión de la economía digital también produce nuevas demandas territoriales.

Los centros de datos permiten observar con especial claridad esta transformación. Una infraestructura que puede parecer distante de las discusiones tradicionales sobre territorio termina dependiendo de recursos muy concretos: electricidad, agua para determinados sistemas de enfriamiento, terrenos adecuados, redes de fibra óptica y condiciones regulatorias que permitan su operación continua. La llamada transición digital, por tanto, no elimina la dimensión material de la economía; en algunos casos simplemente desplaza sus demandas hacia infraestructuras menos visibles para quienes utilizan los servicios.

Esto abre otra pregunta relevante para América Latina y el Caribe. Si determinados territorios son considerados estratégicos para instalar centros de datos, desarrollar redes de conectividad o garantizar nuevas capacidades digitales, ¿qué ocurre con los bienes comunes necesarios para sostener esas infraestructuras? El agua utilizada para refrigeración, la energía requerida para mantenerlas operativas y el suelo destinado a estas instalaciones dejan de ser únicamente cuestiones técnicas y pasan a formar parte de una discusión sobre prioridades territoriales.

Aquí aparece una tensión que conecta los minerales críticos con la infraestructura digital. La seguridad de las cadenas de suministro requiere minerales; la economía digital requiere infraestructura; y ambas dependen de territorios concretos. Sin embargo, la forma en que se presentan estas necesidades puede hacer que sus costos territoriales queden en segundo plano. Un territorio puede ser estratégico para asegurar minerales críticos, para producir energía o para instalar infraestructura digital, pero seguir siendo al mismo tiempo un territorio de vida para quienes lo habitan.

La cuestión no consiste en negar la importancia de estas infraestructuras ni en asumir que toda inversión tecnológica produce necesariamente impactos negativos. Se trata de reconocer que aquello que aparece como estratégico desde una cadena global también tiene consecuencias materiales y territoriales. La pregunta es, nuevamente, quién decide sobre esas prioridades, qué costos se consideran aceptables y quién participa en la definición de aquello que debe ser protegido.

En este sentido, minerales críticos y centros de datos pueden parecer asuntos muy diferentes, pero comparten una característica: ambos muestran cómo la creciente competencia geopolítica convierte determinados territorios, recursos e infraestructuras en piezas de una arquitectura global de seguridad económica y tecnológica. El riesgo es que, al adquirir ese carácter estratégico, las necesidades de las cadenas globales comiencen a presentarse como prioridades que no admiten discusión.

La resiliencia de una economía digital tampoco es necesariamente equivalente a la resiliencia de los territorios que la sostienen. Garantizar que un centro de datos permanezca operativo puede requerir asegurar grandes cantidades de energía y agua; garantizar la vida cotidiana de una comunidad puede exigir precisamente preservar esos mismos bienes para otros usos. La pregunta, entonces, vuelve a ser política: ¿qué necesidades tienen prioridad, quién establece esa prioridad y bajo qué mecanismos de participación y control?

Aquí aparece una tensión central para América Latina y el Caribe: los territorios pueden convertirse simultáneamente en espacios estratégicos para las cadenas globales de suministro, la infraestructura energética y la economía digital, y en espacios de vida para las comunidades que los habitan. Cuando ambas perspectivas entran en conflicto, resulta necesario preguntarse quién participa en la decisión, qué derechos se reconocen y qué intereses terminan definiendo el carácter estratégico de un territorio.

Cuando la seguridad redefine el conflicto

Los dos hilos de esta discusión no son idénticos. No existe evidencia suficiente para afirmar que el Escudo de las Américas y el uso de la expresión “terrorismo ambiental” formen parte de un único proyecto. Pero su coexistencia permite observar una tendencia más amplia: la expansión del lenguaje de la seguridad hacia ámbitos que antes eran discutidos principalmente como problemas económicos, ambientales, regulatorios o territoriales.

Esto importa porque la securitización puede cambiar las condiciones del debate. Cuando una inversión es presentada como estratégica, su cuestionamiento puede comenzar a aparecer como un obstáculo para la seguridad económica. Cuando una regulación ambiental es presentada como una amenaza, su aplicación puede aparecer como un problema de seguridad nacional. Y cuando una persona defensora es descrita mediante el lenguaje del terrorismo, su oposición deja de ser interpretada únicamente como una posición política o ambiental.

No significa que las amenazas reales deban ignorarse. El crimen organizado, el narcotráfico, la destrucción ambiental y la explotación ilegal de recursos son problemas concretos. Precisamente por ello es importante no borrar las diferencias entre quienes ejercen violencia, quienes participan de estructuras criminales, quienes regulan y quienes defienden territorios afectados por esas dinámicas.

La seguridad no debería convertirse en una categoría capaz de absorber todas esas diferencias. Desde los bienes comunes, esto obliga a formular las preguntas desde otro lugar. No basta con discutir cómo garantizar cadenas de suministro resilientes; también es necesario discutir cómo garantizar territorios habitables. No basta con asegurar inversiones o infraestructura digital; también es necesario asegurar la participación de las comunidades afectadas. Y no basta con proteger recursos estratégicos; también es necesario proteger a quienes, desde los territorios, denuncian su destrucción o cuestionan las formas en que se pretende disponer de ellos.

La cuestión, en última instancia, no es solamente quién controla los recursos, sino quién puede decidir sobre ellos y bajo qué condiciones.

Un río no es solamente un recurso hídrico. Un bosque no es solamente una reserva. Una montaña no es solamente un depósito mineral. Y un territorio no es solamente el lugar donde puede instalarse un centro de datos. Son parte de relaciones sociales, culturales y ecológicas que sostienen la vida.

Por eso quienes defienden esos territorios no pueden ser reducidos a la categoría de obstáculos simplemente porque cuestionen una determinada forma de apropiación, explotación o transformación territorial. Y mucho menos debería darse por supuesto que una defensa ambiental se convierte en una amenaza por el hecho de disputar decisiones consideradas estratégicas.

La discusión sobre seguridad, recursos, infraestructura y territorios necesita mantener abierta una pregunta que suele desaparecer cuando todo comienza a ser leído desde la lógica de la amenaza: ¿seguridad para quién y para proteger qué?

Porque si la seguridad sirve para garantizar cadenas de suministro, inversiones, acceso a minerales y continuidad de infraestructuras digitales, pero quienes habitan y defienden los territorios donde esas condiciones materiales se encuentran continúan enfrentando presiones y amenazas, queda pendiente una cuestión fundamental: ¿qué estamos entendiendo realmente por seguridad?

Esta pregunta no busca cerrar el debate, sino abrirlo allí donde resulta más necesario: en los territorios y junto a quienes los habitan, los conocen, los cuidan y los defienden.

Referencias:

Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A. C. (2026, 16 de abril). Aumentan agresiones contra defensores del medio ambiente en México en 2025, el Estado sigue siendo el principal responsable. https://cemda.org.mx/aumentan-agresiones-contra-defensores-del-medio-ambiente-en-mexico-en-2025-el-estado-sigue-siendo-el-principal-responsable/

Ede-Osifo, Uwa (2026, 29 de junio). La administración de Trump apunta a la agencia costera de California en la escalada de la lucha contra la producción de energía. The Guardian. https://www.theguardian.com/us-news/2026/jun/29/california-trump-administration-energy-production

Embajada de los Estados Unidos en Costa Rica. (2026). Declaración conjunta relativa a la defensa de la soberanía en el Hemisferio. https://cr.usembassy.gov/es/declaracion-conjunta-relativa-a-la-defensa-de-la-soberania-en-el-hemisferio/

Global Witness. (2026). At least 124 land and environmental defenders killed globally in 2025. https://globalwitness.org/en/press-releases/at-least-124-land-and-environmental-defenders-killed-globally-in-2025/

International Energy Agency. (2025). Global critical minerals outlook 2025. IEA. https://www.iea.org/reports/global-critical-minerals-outlook-2025

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OLON Nairobi: pueblos indígenas y tribales cuestionan el modelo de conservación y reclaman sus territorios

Del 21 al 25 de septiembre de 2026, representantes de pueblos indígenas de África, Asia, América del Norte y América Latina se reunieron en Nairobi, Kenia, para cuestionar un modelo de conservación que, en nombre de proteger la naturaleza, ha producido expulsiones, criminalización, violencia y pérdida de control sobre territorios indígenas.

El encuentro «Nuestra tierra, nuestra naturaleza» -Our Land, Our Nature (OLON): Primer Encuentro Indígena Global para Descolonizar la Conservación reunió a representantes indígenas de 16 países y cuatro continentes para compartir experiencias, fortalecer alianzas y construir una visión colectiva sobre el futuro de la conservación. El encuentro culminó el 25 de septiembre con el Pronunciamiento Indígena de Nairobi, una declaración que coloca en el centro los derechos territoriales, el consentimiento, la autodeterminación y el conocimiento de los pueblos indígenas.

Para el Observatorio de Bienes Comunes, este encuentro resulta especialmente relevante porque abre una discusión que atraviesa muchas de las luchas territoriales contemporáneas: ¿quién decide qué significa conservar un territorio y para quién se conserva?

Cuando la conservación expulsa

El punto de partida de OLON es contundente: la crisis de biodiversidad y el cambio climático requieren transformaciones profundas, pero esas respuestas no pueden construirse sacrificando los derechos de quienes habitan y cuidan los territorios.

El manifiesto cuestiona lo que denomina “conservación de fortaleza”, un modelo que parte de la separación entre naturaleza y sociedad y que históricamente ha convertido territorios habitados en espacios donde las poblaciones locales son vistas como una amenaza para la conservación.

Según el documento, este modelo ha implicado la apropiación y militarización de territorios, la criminalización de formas de vida, el desplazamiento de comunidades y el desconocimiento de sus conocimientos. Incluso algunas reformas que incorporan la participación indígena pueden terminar siendo solamente cosméticas cuando las comunidades son incorporadas como actores secundarios, sin modificar las estructuras que toman las decisiones.

La discusión adquiere otra dimensión cuando se observa que, según el dossier del encuentro, el 40 % de las Áreas Protegidas del mundo corresponde a territorios indígenas, mientras que una parte importante de las tierras indígenas continúa sometida a presiones asociadas con conservación, mercados de carbono, minería, infraestructura y otros proyectos extractivos.

Así, OLON propone desplazar la pregunta. No se trata únicamente de preguntarnos cómo proteger la naturaleza, sino también cómo proteger los territorios, los derechos y las formas de vida que hacen posible esa protección.

Los territorios indígenas no son un obstáculo para conservar

Una de las ideas centrales del encuentro es que los pueblos indígenas no deben ser entendidos como una amenaza para la biodiversidad, sino como actores fundamentales de su protección.

El manifiesto señala que alrededor del 80 % de la biodiversidad terrestre se encuentra en territorios indígenas y plantea que el reconocimiento efectivo de sus derechos territoriales constituye una de las formas más eficaces de enfrentar la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

El dossier presentado en Nairobi recoge además distintos datos sobre los resultados de los sistemas de gobernanza indígena y comunitaria: menores niveles de deforestación en territorios indígenas reconocidos, reducción de incendios forestales y resultados de conservación que, en distintos contextos, igualan o superan los obtenidos por áreas protegidas bajo otros modelos de gestión.

La cuestión, entonces, no sería simplemente incorporar a los pueblos indígenas dentro de los modelos existentes, sino reconocer que sus conocimientos, sistemas de vida, formas de gobierno y relaciones con los territorios forman parte de las respuestas necesarias frente a la crisis ecológica.

Del territorio como mercancía al territorio como relación

Otro de los grandes cuestionamientos planteados en Nairobi se dirige a la creciente mercantilización de la naturaleza.

El pronunciamiento rechaza que los territorios, bosques, aguas y otros seres vivos sean convertidos en activos para mercados de carbono, créditos de biodiversidad o sistemas de compensación ambiental. También cuestiona las llamadas “soluciones basadas en la naturaleza” cuando sirven para compensar emisiones sin transformar las actividades que generan esas emisiones.

Esta discusión resulta particularmente importante porque los mercados de carbono pueden trasladar las responsabilidades ambientales de las empresas y países con mayores niveles de consumo hacia territorios del Sur Global.

En este sentido, el manifiesto plantea una idea fundamental: no basta con cambiar el lugar donde se contabiliza el carbono; es necesario transformar las dinámicas de extracción y consumo que producen la crisis.

El documento reclama a los países industrializados reducciones reales —y no simplemente desplazamientos— en la extracción de recursos y exige el abandono de mecanismos que utilicen la conservación como una forma de compensar la continuidad de las emisiones.

¿Quién decide sobre los territorios?

Una de las demandas que atraviesa todo el encuentro es el consentimiento libre, previo e informado (CLPI).

OLON plantea que ningún proyecto de conservación debería desarrollarse sin el consentimiento de las comunidades involucradas. Pero la discusión va más allá de una consulta puntual: el problema es quién tiene la capacidad efectiva de decidir sobre el territorio.

El Pronunciamiento Indígena de Nairobi exige autodeterminación y autogobierno, devolución de tierras ancestrales y reconocimiento efectivo de los derechos colectivos. También reclama que los derechos reconocidos en instrumentos internacionales se ejerzan en la práctica y no permanezcan únicamente como declaraciones.

En otras palabras, participar no es lo mismo que decidir.

Esta diferencia resulta fundamental para cualquier debate sobre conservación. Una comunidad puede ser invitada a una reunión, formar parte de una consulta o aparecer en una fotografía institucional y, aun así, continuar sin capacidad real para decidir qué sucede en su territorio.

Las demandas de Nairobi

El manifiesto presentado en el encuentro plantea una serie de demandas que buscan modificar las bases del actual modelo de conservación.

Entre ellas se encuentra detener la creación de nuevas áreas protegidas que excluyan a pueblos indígenas y comunidades locales; reconocer plenamente sus derechos territoriales y forestales; garantizar el consentimiento libre, previo e informado; establecer mecanismos de regulación y rendición de cuentas para las organizaciones conservacionistas; y desarrollar procesos de reparación frente a los daños provocados por anteriores modelos de conservación.

También se exige que los gobiernos y organizaciones de conservación asuman responsabilidades por las violaciones de derechos humanos, que existan mecanismos efectivos de denuncia y reparación, y que las políticas ambientales sean evaluadas desde criterios de justicia social además de sostenibilidad ambiental.

El pronunciamiento amplía estas demandas: devolución de tierras ancestrales, reconocimiento legal de comunidades y territorios, liberación de personas detenidas por defender sus territorios, reparación por las pérdidas sufridas y cumplimiento de las decisiones judiciales y de los instrumentos internacionales de derechos indígenas.

Descolonizar la conservación

Quizá una de las principales aportaciones de OLON sea precisamente colocar sobre la mesa una palabra que obliga a revisar las raíces del problema: descolonizar.

No se trata solamente de hacer más inclusivo un modelo de conservación. La propuesta apunta a cuestionar las relaciones de poder que determinan quién posee, administra, financia, vigila y decide sobre los territorios.

Desde esta perspectiva, descolonizar la conservación implica reconocer que la naturaleza no es un espacio vacío esperando ser protegido. Es territorio vivido, tejido de relaciones, memoria, conocimiento, espiritualidad, alimentación, trabajo y reproducción de la vida.

El Pronunciamiento lo expresa desde una concepción profundamente relacional: los pueblos indígenas señalan que los ecosistemas no les pertenecen, sino que ellos pertenecen a esos ecosistemas y que sus sistemas de conocimiento y sus formas de gobierno territorial forman parte de su manera de protegerlos.

Una discusión que también nos interpela

Lo ocurrido en Nairobi no es solamente una discusión sobre lo que sucede en otros continentes.

En Costa Rica, como en muchos otros territorios de América Latina, las áreas protegidas, los proyectos de conservación, los mercados de carbono, el turismo de naturaleza, las políticas de biodiversidad y las decisiones sobre los territorios también generan preguntas sobre participación, derechos, autonomía y poder.

La experiencia de OLON nos invita a mirar estos procesos desde otra perspectiva: no asumir que toda iniciativa presentada bajo el lenguaje de la conservación es necesariamente justa para quienes habitan los territorios.

La pregunta por la conservación también es una pregunta por la democracia territorial.

¿Quién define qué debe protegerse?
¿Quién decide cómo hacerlo?
¿Quién recibe los beneficios?
¿Quién asume los costos?
¿Quién puede permanecer en el territorio?
¿Quién tiene derecho a decir que no?

Estas preguntas permiten conectar la defensa de la biodiversidad con la defensa de los bienes comunes. Porque si los territorios son convertidos en mercancías, si las comunidades son desplazadas para protegerlos y si quienes históricamente los han cuidado pierden la capacidad de decidir sobre ellos, entonces necesitamos revisar profundamente qué entendemos por conservación.

Algunas ideas fuerza que deja OLON

Conservar no puede significar expulsar.

La biodiversidad no está separada de quienes habitan y cuidan los territorios.

Los derechos territoriales indígenas son también una política de protección de la biodiversidad.

Participar no es lo mismo que decidir: el consentimiento debe ser libre, previo e informado.

La conservación no puede convertirse en una nueva forma de apropiación territorial.

La crisis climática no se resuelve trasladando las emisiones mediante mercados de carbono.

La naturaleza no puede reducirse a una mercancía, un crédito o un activo financiero.

La reparación también forma parte de la conservación.

Descolonizar implica transformar quién decide, quién controla y quién se beneficia de los territorios.

Y quizá una de las ideas más importantes para seguir pensando desde los bienes comunes: no puede haber una política de protección de la vida que se construya sobre la desposesión de quienes sostienen esa vida en los territorios.

El Pronunciamiento Indígena de Nairobi cierra con una frase que condensa buena parte de esta discusión:

“Nuestra tierra. Nuestros derechos. Nuestro conocimiento. Nuestro futuro. Nada sobre nosotros sin nosotros.”

Más que una consigna, puede ser una invitación a repensar nuestras propias formas de hablar de conservación, territorio y bienes comunes.

Para seguir profundizando

Si quieres conocer con mayor detalle las propuestas, demandas y reflexiones que surgieron de este encuentro, ponemos a disposición los principales materiales de OLON Nairobi:

Puedes descargar aquí:

Tres materiales para acercarnos a las voces, demandas y propuestas de los pueblos indígenas que están planteando la necesidad de descolonizar la conservación y defender la relación entre territorio, naturaleza y vida.

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Densificación, agua y espacios públicos: las claves para entender la propuesta de modificación del Plan Regulador de Escazú

La Comisión del Plan Regulador de Escazú celebró el pasado 29 de julio una sesión extraordinaria para informar sobre los avances de la modificación que contempla reformas parciales en los distritos de Escazú Centro y San Antonio. Durante la sesión, la administración municipal brindó detalles sobre el alcance del proceso, que hasta el momento no ha iniciado labores concretas debido a cambios normativos a nivel nacional.

Una contratación que aún no arranca

Uno de los puntos que generó mayor atención fue la situación de la empresa consultora contratada para llevar adelante esta modificación. Según explicó el funcionario municipal encargado de la presentación, la contratación fue adjudicada el año pasado, pero aún no se ha dado la orden de inicio para la ejecución de los trabajos.

La razón principal es la entrada en vigor del Mapriot (Manual de Planes Reguladores como Instrumentos de Ordenamiento Territorial), un nuevo instrumento normativo del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU) que establece requisitos más exigentes para cualquier modificación o creación de planes reguladores. Dado que el proceso de contratación se realizó bajo la normativa anterior, la administración decidió suspender temporalmente el inicio de labores para evitar que el estudio fuera rechazado por el INVU y se perdieran recursos públicos.

«Si avanzábamos hace ocho meses, prácticamente nos iban a decir ‘empiece de cero’. Los recursos públicos hay que cuidarlos», señaló el funcionario.

Actualmente, la administración se encuentra en una fase preliminar de análisis, previa a la elaboración de los estudios técnicos que sustentarán la propuesta de modificación. Aunque no se brindó una fecha exacta para el inicio de los trabajos, se indicó que la Comisión del Plan Regulador será el primer espacio donde se presentarán los avances.

Exclusiones y alcances de la modificación

Una de las aclaraciones más relevantes de la sesión fue que la modificación no incluye la zona agrícola ni la zona protectora de los cerros de Escazú. El funcionario municipal fue enfático en este punto: la propuesta se limitará a las áreas urbanas de los distritos de Escazú Centro y San Antonio, respetando las zonas que actualmente están protegidas por su valor ambiental.

Además, se informó que no habrá cambios de zonificación ni creación de nuevas zonas. La modificación utilizará las mismas categorías de suelo existentes desde el 2005, ya que cualquier modificación a la zonificación implicaría perder la viabilidad ambiental actualmente vigente y someterse a un nuevo proceso de evaluación ambiental.

Densificación habitacional como eje central

El principal objetivo de la modificación es mejorar las condiciones de densidad en zonas residenciales, permitiendo que propietarios de terrenos con ciertas características puedan desarrollar una segunda unidad residencial en su propiedad.

Según la administración, la demanda de usos de suelo que ha llegado al departamento de Gestión Urbana en los últimos años muestra un patrón recurrente: personas que desean ampliar sus viviendas para que sus hijos o hijas puedan independizarse, pero que no cuentan con el metraje suficiente bajo la normativa actual.

La propuesta buscaría ajustar parámetros como altura, cobertura y retiros, siempre dentro de los límites establecidos por la viabilidad ambiental. No obstante, se aclaró que la parte comercial no será beneficiada por esta modificación, ya que cualquier cambio en ese sentido implicaría una modificación a la zonificación existente.

El modelo de las «capas»: una herramienta para entender y cuestionar el ordenamiento territorial

Uno de los momentos más valiosos de la sesión fue la explicación técnica sobre cómo se toman las decisiones en el ordenamiento territorial. Comprender este modelo es fundamental para que la ciudadanía pueda leer, cuestionar y dar seguimiento a las propuestas que se presenten en el futuro.

La metáfora del queque de capas: Imaginemos el territorio como un queque de varias capas. Cada capa representa una dimensión distinta que debe ser analizada antes de tomar decisiones sobre el uso del suelo, la densidad o la altura de las edificaciones. La clave es que las capas superiores no pueden superar los límites que imponen las capas inferiores.

Capa 1 La viabilidad ambiental (el límite máximo): Esta es la capa más fundamental. La viabilidad ambiental establece el límite máximo de desarrollo posible en un territorio, con base en estudios sobre la fragilidad del suelo, la capacidad de carga del ecosistema, la disponibilidad de agua y otros factores ambientales.

En el caso de Escazú, la viabilidad ambiental actual fue aprobada en el 2009 y establece, por ejemplo, que en ciertas zonas se podría construir hasta 14 pisos. Este es el techo máximo, el límite que no se puede rebasar bajo ninguna circunstancia.

Capa 2 Infraestructura y servicios públicos: Sobre la capa ambiental se superpone la de infraestructura urbana: vialidad, redes de agua potable, alcantarillado sanitario, sistemas de drenaje pluvial, transporte público, entre otros.

Aquí ocurre una primera reducción del potencial constructivo. Aunque la viabilidad ambiental permita 14 pisos, si las calles son estrechas, si la red de agua no tiene la capacidad suficiente o si no hay un sistema de alcantarillado adecuado, el desarrollo real tendrá que ser menor.

Por ejemplo, el ancho de las vías determina el potencial constructivo en altura debido al denominado «efecto sombra»: cuando se construyen edificios muy altos en calles estrechas, se bloquea la luz solar, afectando la calidad de vida en el entorno urbano.

Capa 3 Usos de suelo y normativa local: Una tercera capa es la de los usos de suelo permitidos y la normativa urbanística local. Aquí se definen, por ejemplo, si una zona es residencial, comercial o mixta; cuáles son los retiros obligatorios; qué porcentaje del terreno puede ser construido (cobertura); y qué usos específicos están autorizados.

¿Cómo se toman las decisiones en la práctica?

Lo que la administración municipal debe hacer es bajar desde el límite máximo (la viabilidad ambiental) hasta un parámetro que sea viable técnica y socialmente. El estudio que realizará la empresa consultora consistirá precisamente en analizar todas estas capas para determinar cuál es el potencial constructivo real de cada zona.

Para la ciudadanía, la pregunta clave en las próximas etapas del proceso será: ¿la administración está ajustando los parámetros a la realidad de la infraestructura existente, o está decidiendo ignorar esas limitaciones y apostar por un desarrollo que la ciudad no puede sostener?

Lo que debe pedir la ciudadanía en las próximas etapas

Cuando se presenten los estudios y las propuestas concretas, quienes habitan el cantón pueden formular preguntas como:

  • Sobre la viabilidad ambiental: ¿Se está respetando el límite máximo que establece la viabilidad ambiental? ¿O se está intentando modificar ese límite?

  • Sobre infraestructura: ¿Los parámetros propuestos consideran la capacidad real de las vías, el agua potable y el alcantarillado? ¿Se han hecho estudios que demuestren que la infraestructura puede soportar el aumento de densidad?

  • Sobre el efecto sombra: ¿Se ha analizado cómo las nuevas alturas afectarán la iluminación natural y la calidad de vida en los espacios públicos y viviendas cercanas?

  • Sobre servicios públicos: ¿El aumento de población que genera la densificación puede ser atendido por los servicios de salud, educación, transporte y seguridad existentes?

  • Sobre espacios públicos: ¿Se está garantizando que el aumento de densidad vaya acompañado de suficientes áreas verdes, aceras y espacios de convivencia?

Preocupaciones ciudadanas: agua, espacios públicos y gentrificación

Durante el espacio de atención al público, vecinos y vecinas expresaron sus principales preocupaciones en torno a la modificación y, en general, al futuro del ordenamiento territorial en Escazú.

Aguas residuales: una deuda pendiente

Uno de los temas que generó mayor debate fue el tratamiento de aguas residuales. Vecinas señalaron que la municipalidad exige a los particulares contar con sistemas de tratamiento adecuados para obtener permisos de construcción, mientras que la infraestructura pública de alcantarillado sanitario en el cantón presenta un rezago inaceptable.

«Si yo voy a hacer una casa, lo primero que me piden es: ¿dónde está mi planta de tratamiento? Entonces yo le digo a la administración: ¿dónde está su planta de tratamiento?», cuestionó una vecina, quien además denunció los olores a cloaca que afectan diversas zonas del cantón, incluso frente a la propia municipalidad.

Desde la administración se aclaró que el Ministerio de Salud considera sistemas de tanque séptico mejorado como plantas de tratamiento, y que la propuesta de modificación incentivaría estas mejoras como condición para el desarrollo de segundas viviendas. Sin embargo, se reconoció que la red de alcantarillado sanitario es competencia del AyA, aunque también se recordó que los municipios pueden asumir esa competencia si así lo deciden.

En ese sentido, un miembro de la comisión informó que hace aproximadamente tres meses se aprobó en el concejo municipal una moción para iniciar un proceso de diálogo con los cantones vecinos (Santa Ana, Mora y Acosta) con el objetivo de explorar la posibilidad de impulsar, con apoyo de cooperación internacional, un proyecto de planta de tratamiento de aguas residuales para el oeste del área metropolitana.

Agua potable: disponibilidad versus infraestructura

Otro tema crítico fue la disponibilidad de agua potable. Vecinos señalaron que, aunque el AyA asegura que hay dotación de agua, la infraestructura de distribución es insuficiente, lo que se traduce en cortes de agua recurrentes, especialmente los miércoles.

Se advirtió que cualquier aumento de densidad debe considerar este factor, ya que sin la infraestructura adecuada, el problema de suministro se agravaría. Desde la administración se indicó que, aunque la modificación pueda autorizar mayores densidades, cada permiso de construcción requiere la viabilidad del AyA sobre la disponibilidad de agua potable, lo que actúa como un filtro adicional.

Desde la perspectiva del modelo de capas, el agua potable es una de las capas de infraestructura que debe ser analizada rigurosamente. La pregunta que la ciudadanía debe mantener presente es: ¿se está verificando que haya suficiente agua para la nueva densidad que se autoriza?

Espacios públicos y movilidad

Vecinos también plantearon la necesidad de que la modificación considere la ampliación de espacios públicos, aceras y áreas verdes. Se señaló que el desarrollo del centro de Escazú ha sido históricamente limitado en este aspecto, y que el mejoramiento de parámetros urbanísticos debería ir acompañado de condiciones que garanticen espacios para la movilidad peatonal y el disfrute público.

Desde la administración se mencionaron experiencias recientes en proyectos de obra pública donde se ha logrado la cesión voluntaria de parte de propiedades para ampliar aceras, a cambio de la construcción de estas por parte de la municipalidad. Sin embargo, se reconoció que en algunos casos ha sido necesario recurrir a procesos de expropiación.

En el marco del modelo de capas, los espacios públicos son parte de la infraestructura urbana que debe ser dimensionada adecuadamente para absorber el crecimiento poblacional. Una densificación sin espacios públicos suficientes compromete la calidad de vida y la cohesión social.

Habitabilidad y permanencia de las comunidades

Una de las preocupaciones recurrentes entre las personas vecinas de Escazú es el impacto que el aumento de densidad podría tener en la vida cotidiana de quienes habitan el cantón. Existe la interrogante sobre si el desarrollo urbano que se promueve con modificaciones como esta podría generar cambios en el tejido social y en las condiciones de permanencia de las comunidades que históricamente han vivido en el territorio.

Esta preocupación se suma a los ejes de trabajo que diversos movimientos ciudadanos han venido planteando en el cantón: el derecho a la vivienda, la protección de los espacios públicos y la defensa de la calidad de vida frente a la presión urbanística. La pregunta sobre cómo el incremento del valor de las propiedades y la transformación del territorio podrían afectar el arraigo de la población local sigue siendo un tema central en la agenda ciudadana.

Próximos pasos

La administración municipal se comprometió a presentar los avances de la modificación en la Comisión del Plan Regulador una vez que los estudios técnicos estén más avanzados. Posteriormente, se realizarán talleres de participación ciudadana y una audiencia pública, tal como lo establece la normativa vigente.

La Comisión del Plan Regulador continuará siendo el espacio donde la ciudadanía organizada y la administración dialoguen sobre el futuro del territorio, con el desafío de equilibrar el desarrollo urbano con la protección ambiental y la garantía de servicios básicos para la población.

Te invitamos a consultar el manual elaborado por el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU), una herramienta que brinda información y orientaciones para comprender mejor los procesos relacionados con la planificación territorial y el ordenamiento urbano.

Descargalo aquí

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El espejo roto: La crisis de desigualdad que viene de Europa y se refleja en Costa Rica

En un mundo que avanza hacia una concentración de riqueza sin precedentes, un nuevo informe de Oxfam Intermón enciende todas las alarmas. Personas, Poder, Beneficios, Planeta: cómo las grandes empresas europeas alimentan la crisis mundial de desigualdad (Oxfam Intermón, 2026) no es solo un diagnóstico sobre el Viejo Continente; es una llamada de atención para países como Costa Rica, que observan cómo el poder corporativo global moldea sus economías y sociedades, a menudo en detrimento de los derechos laborales y la equidad.

El Modelo Europeo: Una Maquinaria de Desigualdad

El informe analiza las 100 mayores empresas europeas y revela un patrón sistémico que prioriza a los accionistas y a la cúpula directiva sobre el bienestar de los trabajadores y el planeta (Oxfam Intermón, 2026). Los datos son contundentes:

  • Remuneración de la cúpula: Entre 2022 y 2024, los CEO de estas empresas ganaron, de media, 78 veces más que el trabajador promedio de su compañía (Oxfam Intermón, 2026, p. 30). En casos extremos como Carrefour o Inditex, esta proporción supera las 300 veces (p. 30).

  • Prioridad a los accionistas: Durante el mismo periodo, las empresas destinaron un promedio del 70% de sus beneficios a la retribución de accionistas en forma de dividendos y recompra de acciones (Oxfam Intermón, 2026, p. 32). En 2024, el reparto de dividendos en Europa alcanzó la asombrosa cifra de 387.600 millones de euros (p. 3), el doble del presupuesto de la UE.

  • Brechas de género persistentes: El poder sigue siendo un club mayoritariamente masculino: las mujeres ocupan solo el 10% de los puestos de alta dirección (Oxfam Intermón, 2026, p. 5). La brecha salarial de género se amplía en la cúspide, donde los CEO hombres ganan un 22,9% más que sus homólogas (p. 30).

  • Planeta en segundo plano: La presión por la rentabilidad a corto plazo frena la inversión necesaria para la transición ecológica. Los accionistas recibieron 32 veces más de lo que las empresas invirtieron en su transición verde (Oxfam Intermón, 2026, p. 41).

Este modelo, que Oxfam denomina «extractivo», no es un accidente, sino el resultado de decisiones políticas y empresariales que se pueden y se deben cambiar (Oxfam Intermón, 2026, p. 5).

Costa Rica: La Sede de una Economía Dual y Frágil

El espejo de esta crisis se refleja en Costa Rica. El país ha construido su modelo de desarrollo en torno a la atracción de inversión extranjera directa, a través de regímenes de incentivos fiscales que han sido motor de crecimiento durante décadas. Sin embargo, este éxito conlleva un costo estructural y reproduce dinámicas de desigualdad muy similares a las que Oxfam documenta en Europa.

1. Economía dual y fuga de riqueza. El modelo costarricense profundiza la dualización productiva: el sector exportador acogido a regímenes especiales crece aceleradamente, mientras el tejido empresarial local (que concentra la mayor parte del empleo) enfrenta condiciones desfavorables, con menos incentivos y mayor carga relativa. El valor agregado generado por las multinacionales tiende a fugarse vía repatriación de utilidades, regalías y pagos intragrupo. La riqueza que realmente permanece en el país es significativamente menor que el producto interno bruto, lo que limita la reinversión local y profundiza la dependencia del capital extranjero.

2. Presión estructural sobre los derechos laborales. El modelo de competitividad basado en atraer inversiones ejerce presión constante sobre el marco regulatorio laboral. Periódicamente surgen propuestas para flexibilizar jornadas, reducir costes patronales o limitar derechos adquiridos, presentadas como «modernización» o «competitividad». Estas iniciativas responden a intereses de sectores empresariales poderosos, especialmente vinculados a cadenas globales, que buscan maximizar productividad a bajo costo. El riesgo: precarización del empleo, aumento de la temporalidad y subcontratación, y profundización de brechas de género, ya que las mujeres se concentran en los segmentos más flexibles y peor remunerados.

3. Cadenas globales y poder corporativo asimétrico. Costa Rica se ha insertado exitosamente en cadenas globales de tecnología, servicios y agroindustria. Pero esta inserción coloca al país en vulnerabilidad: las decisiones sobre inversión, precios de transferencia y condiciones laborales se toman en las matrices, con escasa incidencia local. Las políticas de «abastecimiento responsable» de algunas multinacionales son voluntarias, inconsistentes y no siempre revierten en mejores condiciones para la fuerza laboral. Esta asimetría de poder (documentada por Oxfam en Europa) se reproduce con particular intensidad en economías periféricas como la costarricense.

4. Opacidad fiscal, debilidad regulatoria y captura de la política pública. En Costa Rica persiste una opacidad significativa en torno a las prácticas fiscales de las grandes empresas, especialmente las acogidas a incentivos. Falta de informes país por país, ausencia de divulgación sobre beneficios fiscales y debilidad en el control de precios de transferencia generan un entorno propicio para la elusión fiscal. Menor recaudación significa menos inversión en servicios públicos universales (educación, salud, infraestructura), trasladando la carga tributaria a las clases medias y a las pymes. A esto se suma una intensa actividad de lobby de los sectores empresariales más concentrados, que opera a través de cámaras con alta incidencia legislativa, participación en comisiones técnicas que diseñan reformas, y el fenómeno de las puertas giratorias: excargos públicos que pasan a puestos directivos en grandes corporaciones, una dinámica que Oxfam también documenta en Europa (Oxfam Intermón, 2026, p. 22).

5. Brechas de género y techo de cristal. El informe de Oxfam evidencia que el poder empresarial sigue siendo un club mayoritariamente masculino en Europa. Esta tendencia no es ajena a Costa Rica. En los niveles de alta dirección, la presencia femenina sigue siendo marginal, y las brechas salariales persisten, especialmente en sectores de alta productividad. Aunque existen marcos normativos que promueven la igualdad, su implementación efectiva es limitada, y la conciliación entre vida laboral y familiar sigue siendo un desafío estructural que recae desproporcionadamente sobre las mujeres.

¿Qué nos dice este modelo?

1. Es un modelo sistémico y autorreforzante: Los mecanismos no operan de forma aislada. La concentración de poder permite influir en las normas y debilitar la regulación, lo que a su vez facilita la distribución desproporcionada de beneficios hacia la cúpula y los accionistas, alimentando una mayor concentración de poder. Este círculo vicioso se reproduce tanto en Europa como en Costa Rica.

2. Se basa en relaciones de poder asimétricas: La ausencia de contrapesos efectivos (sindicatos fuertes, consejos diversificados, regulaciones fiscales estrictas)permite que las élites empresariales dicten las reglas del juego. En Costa Rica, la debilidad de la institucionalidad laboral y la presión del sector empresarial organizado reflejan esta misma dinámica.

3. Produce externalidades negativas que pagan los más vulnerables

  • -Personas: salarios estancados, brechas de género y precarización.

  • -Planeta: degradación ambiental que afecta desproporcionadamente a comunidades rurales e indígenas.

  • -Estado: menor recaudación fiscal, que limita la inversión en educación, salud e infraestructura.

4. No es inevitable, es una decisión política: El informe de Oxfam (2026, p. 5) es enfático: «La desigualdad no es inevitable, es una decisión». La matriz muestra que cada mecanismo tiene alternativas viables:

  • -Remuneración limitada a 20:1.

  • -Divulgación pública de brechas y prácticas fiscales.

  • -Transición justa con inversión verde real.

  • -Cuotas de género y representación sindical en juntas directivas.

Dimensiones Estructurales y Mecanismos Empresariales del Modelo Extractivo
Dimensión EstructuralMecanismo Empresarial (¿Cómo opera?)
Remuneración y Distribución del Valor• La cúpula directiva fija sus propias remuneraciones vinculadas al valor bursátil, no al desempeño social o ambiental.
• Los beneficios se destinan prioritariamente a dividendos y recompras de acciones (70% promedio), incluso cuando hay pérdidas.
• Los salarios del conjunto de la plantilla crecen muy por debajo de la inflación y de la productividad.
Gobernanza y Toma de Decisiones• Consejos de administración y equipos directivos homogéneos (mayoritariamente hombres, sin representación laboral).
• Escasa o nula participación de trabajadores en órganos de decisión.
• Los criterios de «independencia» en consejos son débiles y permiten puertas giratorias y redes de intereses cruzados.
Influencia Política y Captura Regulatoria• Uso de recursos económicos para cabildeo, donaciones a partidos y acceso privilegiado a responsables políticos.
• Contratación de excargos públicos que diseñan normativas favorables a sus antiguos empleadores.
• Participación activa en procesos de «simplificación» normativa que diluyen derechos laborales y ambientales.
Relaciones Laborales y Derechos en la Cadena de Valor• Promoción de modalidades atípicas de empleo (subcontratación, temporalidad, tiempo parcial involuntario).
• Debilitamiento activo o pasivo de la negociación colectiva y la libertad sindical.
• Externalización de funciones para eludir responsabilidades laborales y reducir costes.
Transparencia y Rendición de Cuentas• Opacidad en información clave: brechas salariales, prácticas fiscales, emisiones y gastos políticos.
• Informes de sostenibilidad genéricos, sin datos desagregados ni verificables.
• Resistencia a estándares obligatorios de divulgación (como informes país por país).
Huella Ambiental y Transición Justa• Inversión en transición ecológica muy inferior al reparto a accionistas.
• Planes climáticos sin metas de reducción absoluta ni hoja de ruta verificable.
• Ausencia de planes de transición justa que contemplen recapacitación y protección de empleos vulnerables.
Relaciones con el Estado y Régimen Fiscal• Utilización de guaridas fiscales y estructuras de precios de transferencia para minimizar la carga tributaria.
• Negociación de beneficios fiscales y subvenciones sin contraprestaciones vinculantes.
• Presión para que el Estado asuma costes de formación, infraestructura y externalidades ambientales.
Recomendaciones del informe
EjeRecomendación
LegislativoAprobar una ley de transparencia salarial que obligue a empresas a publicar brechas por género, cuartil y país (en línea con la Directiva UE 2023/970).
FiscalExigir informes país por país a todas las multinacionales que operan en zona franca, como condición para mantener los incentivos.
LaboralFortalecer la negociación colectiva y establecer representación de trabajadores en juntas directivas de empresas.
GéneroImpulsar una ley de cuotas en consejos de administración (40% del sexo menos representado) para empresas que reciben incentivos estatales.
AmbientalCondicionar los beneficios fiscales a la presentación de un plan de transición justa y a la inversión verde mínima (25% del capex).
TransparenciaCrear un registro público de actividades de lobby y gastos de influencia política de las empresas.

Un Futuro en Juego

El informe de Oxfam es una hoja de ruta. Señala que la desigualdad no es inevitable, sino el resultado de elecciones concretas. Propone medidas como establecer una proporción máxima de 20 a 1 entre el salario del CEO y el salario mediano de la empresa, limitar el reparto de dividendos hasta garantizar salarios dignos e inversión verde, y aplicar cuotas para garantizar la representación femenina en puestos de liderazgo (Oxfam Intermón, 2026, p. 5).

Para Costa Rica, la reflexión es clara: el modelo de desarrollo basado en una doble economía, que privilegia al capital extranjero y debilita los derechos laborales en nombre de la competitividad, está profundizando las desigualdades que el informe de Oxfam denuncia a escala global (Oxfam Intermón, 2026, p. 8). La gran pregunta que debemos hacernos como sociedad es si queremos seguir siendo un eslabón en una cadena global que concentra riqueza en pocas manos, o si aspiramos a construir un desarrollo más inclusivo y sostenible que ponga a las personas y al planeta en el centro.

Las imágenes que acompañan esta nota web han sido obtenidas de Pexels, una plataforma que ofrece fotografía y videografía de alta calidad de forma gratuita, gracias al trabajo de una comunidad global de creadores y creadoras. Agradecemos profundamente su contribución al enriquecimiento visual de este contenido.

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Educación en Costa Rica: un bien común en riesgo (porque “no me dio la gana publicarla”)

Un derecho en retroceso

El Décimo Informe Estado de la Educación 2025 (CONARE) alerta sobre una crisis profunda en el sistema educativo nacional. Lo que por décadas se construyó como un bien común social —una educación pública amplia, gratuita y promotora de igualdad— se ve hoy vulnerado por malas decisiones políticas, desfinanciamiento y una conducción errática. El país enfrenta el peor retroceso en inversión educativa de los últimos 40 años, acompañado de rezagos en aprendizajes, inequidades crecientes y debilitamiento institucional.

La política dominante: el ajuste fiscal por encima del derecho

La caracterización que realiza el Informe es clara: la política educativa reciente ha estado subordinada a la lógica del ajuste fiscal. La educación se ha tratado como una variable de recorte, en lugar de un motor estratégico de desarrollo. Esto se expresa en:

  1. Presupuesto del MEP ajustado por debajo de la regla fiscal.
  2. Inversión universitaria por estudiante similar a la de hace dos décadas.
  3. Eliminación de programas de equidad y debilitamiento de apoyos a poblaciones vulnerables.
  4. Reducción en la rectoría técnica e improvisación en políticas educativas.

Este enfoque convierte a la educación en un “gasto” a contener y no en un bien público que sostiene ciudadanía, cohesión social y democracia.

La ironía de la “Ruta de la Educación”: ¿plan o capricho?

Como si la crisis no bastara, Costa Rica vivió en 2025 una escena digna de tragicomedia política. La entonces ministra de Educación, Anna Katharina Müller, no solo dejó inconclusa la supuesta “Ruta de la Educación” que el gobierno Chaves anunció con bombos y platillos en 2023: en una plaza pública declaró con aplomo que “no me dio la gana publicarla” para que no se la “despedazaran” los diputados (Chinchilla, 2025).

Con esa frase lapidaria, la educación nacional pasó de ser asunto de políticas públicas a convertirse en expresión de un estado de ánimo ministerial. Lo que en otros países se elabora con indicadores, líneas base, planes de trabajo y participación ciudadana, en Costa Rica terminó reducido a la voluntad —o el desgano— de una funcionaria que prefirió la ovación de plaza antes que la transparencia institucional (Müller, 2025).

La historia posterior no fue menos grotesca: el MEP admitió que el nuevo ministro Leonardo Sánchez, quien además fue viceministro durante la gestación de la supuesta ruta, no recibió ningún documento oficial. Lo que hubo fueron diapositivas sueltas, conferencias de prensa y promesas que nunca se concretaron en una política verificable (Bolaños, 2025). En síntesis: la “Ruta de la Educación” existió en la narrativa, pero no en la realidad.

Este episodio refleja, con tintes satíricos, lo que el Estado de la Educación ya advertía con datos duros: la improvisación en la conducción educativa y la pérdida de la rectoría técnica del MEP. Si el país había carecido de plan ministerial durante tres años, la confesión de la exjerarca terminó de desnudar el problema: Costa Rica atravesó una crisis educativa monumental sin brújula y sin hoja de ruta.

Las declaraciones de la exministra Anna Katharina Müller —al decir que “no me dio la gana publicar” la Ruta de la Educación— no son un gesto aislado, sino reflejo de una crisis estructural. El Décimo Estado de la Educación 2025 confirma que el MEP operó tres años sin plan ministerial, lo que dejó al sistema sin rumbo y profundizó el deterioro institucional.

El informe evidencia la improvisación y el vaciamiento técnico: recortes en programas de equidad, ausencia de evaluaciones y debilitamiento de la rectoría educativa. Todo esto se traduce en rezagos de aprendizajes, brechas crecientes y erosión de la cultura democrática.

Cuando una política nacional depende de un “no me dio la gana”, lo que se revela es un Estado atrapado entre ajuste fiscal e improvisación, donde la educación deja de ser bien común y derecho democrático para convertirse en víctima de los humores del poder.

Educación básica: sin rumbo y con rezagos

En la educación preescolar y primaria, el informe subraya la ausencia de un plan ministerial durante tres años, lo que dejó a las aulas sin norte. La pobreza de evaluaciones y la falta de estrategias de nivelación acentuaron el rezago estudiantil. Niñas y niños salen de primaria sin las competencias mínimas de lectura y matemáticas, lo que compromete su trayectoria futura.

Educación secundaria: desigualdades que se profundizan

La secundaria enfrenta los mayores niveles de exclusión y desigualdad. Modalidades rurales, colegios técnicos y comunidades indígenas operan en condiciones adversas que perpetúan brechas históricas. La promoción de estudiantes aumentó, pero sin controles de calidad, lo que genera un “éxito vacío”: más títulos, pero menos aprendizajes. A la par, se eliminó el Programa de Afectividad y Sexualidad Integral, vulnerando el derecho a una formación integral.

Educación universitaria: conflictos y estancamiento

El nivel universitario tampoco escapa a la crisis. La inversión por estudiante volvió a niveles de hace veinte años y el Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) crece por debajo de lo necesario. Las universidades públicas enfrentan nuevos conflictos políticos y recortes, mientras las privadas carecen de adecuada fiscalización. A pesar de que las universidades ampliaron la cobertura y aportaron en investigación y acción social, el país no aprovecha plenamente el “bono de secundaria” y pierde la oportunidad de elevar el logro educativo universitario.

Educación para la democracia: más allá de lo instrumental

El Informe advierte que reducir la educación a un enfoque meramente instrumental —centrado en certificaciones, pruebas y “eficiencia” fiscal— significa perder de vista su valor más profundo: formar ciudadanía democrática y garantizar igualdad de condiciones para participar en la vida social.

Una educación democrática no se limita a transmitir contenidos académicos, sino que cultiva pensamiento crítico, respeto a la diversidad, capacidades de diálogo y sentido de pertenencia comunitaria. Programas debilitados o eliminados —como los de equidad, afectividad, sexualidad o inclusión digital— eran parte de este esfuerzo de formación integral. Su ausencia deja un vacío que impacta no solo en los aprendizajes, sino en la posibilidad de que las nuevas generaciones ejerzan plenamente su ciudadanía.

Algunos puntos clave señalados por el Informe:

  • Retroceso en la democratización social: las brechas en acceso, aprendizajes y trayectorias educativas muestran que la educación ya no garantiza igualdad de oportunidades. Los sectores más pobres, las zonas rurales y los pueblos indígenas son los más afectados.

  • Déficit en la democratización cultural y política: la eliminación de programas como el de Afectividad y Sexualidad Integral refleja un retroceso en la posibilidad de garantizar formación en derechos humanos, convivencia y respeto a la diversidad.

  • Universidades y democracia: el informe reconoce a las universidades públicas como espacios de democratización del conocimiento, pero advierte que los recortes presupuestarios y la presión política limitan su capacidad de cumplir ese rol.

  • La educación como soporte democrático: al debilitarse la educación pública, también se erosiona la cohesión social y la participación ciudadana, pues disminuye la posibilidad de formar sujetos críticos y con igualdad de condiciones para incidir en la vida nacional.

Reconstruir el pacto educativo

El informe concluye que es posible salir de esta crisis con una nueva generación de políticas educativas, fundamentadas en evidencia científica y en un acuerdo nacional que devuelva a la educación su carácter de bien común. Entre las propuestas están: regresar al 8% del PIB en inversión, crear un sistema integral de evaluación, fortalecer la formación docente y articular redes locales de apoyo a los centros educativos.

En resumen, la educación costarricense atraviesa una encrucijada: seguir bajo la lógica del ajuste fiscal y la improvisación —donde la “Ruta de la Educación” puede depender de la gana o desgana de un jerarca—, o recuperar su papel como herramienta de equidad, democracia y desarrollo humano.

Referencias

Puede descargar la infografía aquí.

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Sesión municipal entre el interés ciudadano y el cálculo político

El pasado 19 de agosto, el Concejo Municipal de Escazú celebró su sesión ordinaria con la expectativa de analizar la gestión del Plan Regulador. Sin embargo, la agenda dio un giro inesperado: durante dos horas se presentó un extenso informe sobre Vivienda Municipal y, además, de forma sorpresiva, la administración solicitó un nuevo punto para exponer los avances de la llamada Oficina de Plan Regulador.

Lo que no se preparó fue el espacio para la ciudadanía. Afuera del edificio, cerca de cien vecinas y vecinos escazuceños se reunieron para exigir una participación real en la elaboración del plan regulador: ser tomados en cuenta en la construcción de propuestas, incidir en las disposiciones de zonificación y asegurar que el ordenamiento priorice zonas seguras, espacios pensados para la comunidad y no solo para el negocio inmobiliario, además de la prevención de desastres frente a la creciente presión urbanística.

A esto se suma que la zona protectora de los Cerros de Escazú también está en juego. Este territorio, vital para la recarga hídrica, la biodiversidad y la seguridad frente a desastres, requiere políticas que fortalezcan su conservación y no que la debiliten con decisiones fragmentadas o guiadas únicamente por intereses comerciales. Lo que se disputa no es solo la zonificación urbana, sino la posibilidad de garantizar condiciones de vida dignas y sostenibles para todo el cantón.

Mientras tanto, dentro de la sesión, la Municipalidad improvisaba con sillas y nunca resolvía el problema del audio; lo único que sí estuvo asegurado fue la presencia de la Policía Municipal.

Quienes asistieron denunciaron la falta de condiciones mínimas:

“Estamos acá alrededor de cien personas. Vinimos a demandar que haya participación ciudadana en la elaboración de un nuevo plan regulador. La respuesta de la alcaldía fue llenar las barras con empleados municipales y presentar, de la nada, una oficina técnica para elaborar el plan a puerta cerrada. Seis regidurías la aprobaron. Las audiencias que pedimos con anticipación no iniciaron sino hasta pasadas las diez de la noche. ¡Qué irrespeto a la ciudadanía!”.

La sesión, que comenzó a las 7 p. m., solo dio espacio a la discusión vecinal hasta las 11 de la noche, cuando muchas personas ya se habían retirado. Aun así, la presión de quienes permanecieron permitió que la presidencia del Concejo propusiera realizar una sesión extraordinaria en el Centro Cívico, con mejores condiciones para escuchar tanto a la comunidad como a las regidurías. La sesión se cerró a las 11:57 p. m., quedando a la espera de la confirmación del alcalde para el próximo viernes.

El “cálculo” político

La administración municipal defendió la labor de la Oficina de Plan Regulador con más de una hora de exposición, argumentando que buscaba contrarrestar la “desinformación” y el “desconocimiento ciudadano”. Pero lo que quedó en evidencia fue la ausencia de participación efectiva en el proceso. El esfuerzo por convencer a última hora solo reforzó la percepción de que el trabajo se ha realizado a puertas cerradas y de espaldas a la ciudadanía.

El alargue deliberado de la sesión impulsado por 5 de las 7 personas regidores, la votación apresurada de mociones y la apelación constante a la “legalidad mínima” muestran una gestión política más preocupada por blindarse que por generar confianza. Lo que debería ser una fortaleza —la participación ciudadana en decisiones de ordenamiento territorial— se ha convertido en Escazú en un factor de erosión democrática.

El mensaje más inquietante lo dio la propia Oficina de Plan Regulador al iniciar su presentación recordando que “las amenazas contra funcionarios públicos están penadas por el Código Penal”. ¿Qué tipo de interlocución con la ciudadanía se construye desde esa advertencia?

En lugar de abrir espacios de confianza y diálogo, la Municipalidad parece optar por el cálculo político y la minimización de la participación, dejando más dudas que certezas sobre el rumbo del Plan Regulador y la gestión del territorio escazuceño.

Tensiones locales: agricultura, agua y el modelo de cantón

En Escazú, el Plan Regulador no es un trámite técnico: define el rumbo de un territorio donde conviven agricultores, barrios residenciales y un comercio en expansión. En San Antonio de Arriba, por ejemplo, la presión inmobiliaria acorrala a los agricultores y los empuja hacia la zona protectora, la cual cumple funciones vitales de recarga de agua, amortiguamiento ambiental y seguridad frente a desastres. Sin un ordenamiento claro, esa zona se convierte en el último reducto de la actividad agrícola, aumentando las tensiones en lugar de resolverlas.

Otro punto crítico es la diferencia entre el emprendimiento familiar —que merece apoyo— y los cambios de uso de suelo orientados al comercio a gran escala, que transforman la fisonomía del cantón. Sin participación comunitaria, un Plan Regulador corre el riesgo de favorecer negocios de corto plazo mientras deteriora la plusvalía, la tranquilidad barrial y la calidad de vida.

Las experiencias vecinales lo confirman:

  • La falta de agua y la incertidumbre sobre su disponibilidad se han vuelto problemas cotidianos.
  • Los desbordamientos e inundaciones, cada vez más frecuentes, generan temor y cuestionan la ausencia de gestión preventiva.
  • La mezcla de negocios dentro de barrios residenciales genera tensiones que, con el tiempo, han consolidado un desorden que degrada la armonía comunitaria y reduce el valor residencial de las viviendas.

Como han señalado vecinas y vecinos, ese desorden se refleja en los problemas de drenaje y las inundaciones que aumentan año con año.

Intervención Javier Sánchez – CODECE

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¿Está Escazú relegando la participación ciudadana a un papel sin incidencia real en su Plan Regulador?

Próxima sesión clave Martes 19 de agosto: El Concejo Municipal de Escazú discutirá nuevamente el tema tras recibir el dictamen de su Comisión Jurídica. Organizaciones como CODECE y vecinos llaman a llenar la sala para exigir que se respete la figura de la Comisión Especial y, con ella, la voz y voto de la comunidad en la planificación del territorio.

El pasado 12 de agosto, el Concejo Municipal de Escazú rechazó —por cinco votos contra dos— restituir la Comisión Especial del Plan Regulador, el mecanismo que permitía a personas y comunidades participar de manera directa en la definición del futuro territorial del cantón. Los dos votos a favor, emitidos por Mario Arce y Marcela Quesada, representan la posición minoritaria que defendió activamente la participación ciudadana frente a un Concejo mayoritariamente cerrado a la inclusión vecinal (Ricardo López, Laura Fonseca, Adriana Solís, José Tino Campos y Sigrid Miller). En su lugar, se mantiene la figura de una supuesta “Oficina del Plan Regulador” sin representación vecinal, lo que, en la práctica, reduce la participación ciudadana a una sola audiencia pública al final del proceso y a talleres sin carácter vinculante.

Esta decisión, lejos de ser un asunto meramente administrativo, refleja un modelo institucional donde la participación se concibe como un trámite formal, no como un ejercicio efectivo de incidencia.

¿Qué dice la legislación costarricense?

La Constitución Política (artículo 9) establece que Costa Rica es una república “popular, representativa y participativa”. Esto implica que el pueblo no solo elige representantes, sino que también tiene derecho a involucrarse directamente en la toma de decisiones públicas.

En materia urbanística, la Ley de Planificación Urbana (Ley 4240) es clara:

  • El Plan Regulador es el instrumento que orienta el desarrollo del territorio y define usos de suelo, zonas de protección y áreas de expansión.

  • La ley y su reglamento reconocen a las Comisiones Especiales del Plan Regulador como órganos que integran representación técnica y ciudadana, con voz y voto en todas las fases: diagnóstico, formulación, aplicación y revisión.

  • La participación no se limita a “opinar” en audiencias públicas; debe garantizarse en todo el ciclo de planificación.

Reducir la participación ciudadana a una única audiencia de consulta o a talleres recopilatorios —que, según la Ley de Planificación Urbana, no son vinculantes en cuanto a sus resultados— contradice el espíritu participativo de la norma y debilita el control ciudadano sobre decisiones que pueden modificar de forma significativa e irreversible el entorno ambiental, social y económico del territorio.

Consultar no es participar

Un error frecuente en la gestión pública es confundir consulta con participación.

  • Consultar es pedir opinión (a veces, tarde y sin consecuencias reales en la decisión).

  • Participar es tener espacios permanentes y con capacidad de incidencia en el diseño, ejecución y seguimiento de políticas y planes.

En los planes reguladores, la verdadera participación significa:

  • Acceso temprano a la información y a los estudios técnicos.

  • Derecho a proponer modificaciones y escenarios.

  • Poder de decisión en las comisiones mixtas donde se delibera el contenido del plan.

  • Seguimiento y evaluación de la aplicación de lo aprobado.

Cuando las comunidades son excluidas de las fases iniciales y solo se les convoca para validar (o no) un documento ya cerrado, la participación se convierte en un ejercicio simbólico.

Un retroceso democrático

En el fondo, la decisión del Concejo Municipal no es un hecho aislado: es un síntoma de una tendencia peligrosa en la gestión pública, donde se vacían de contenido los mecanismos de participación establecidos por la ley.

Al eliminar la Comisión Especial del Plan Regulador y delegar todo en una oficina técnica sin representación ciudadana:

  • Se concentra el poder en pocas manos, reduciendo el control social.

  • Se invisibiliza el conocimiento local que aportan comunidades, asociaciones y personas con experiencia directa sobre las necesidades y particularidades del territorio.

  • Se rompe la confianza institucional, pues la ciudadanía percibe que sus aportes no tienen valor real en las decisiones finales.

  • Se sienta un precedente que otros municipios podrían imitar, debilitando progresivamente la cultura democrática.

En términos políticos, se trata de una regresión: se pasa de un modelo de democracia participativa a uno meramente representativo y tecnocrático, donde las decisiones se toman puertas adentro, bajo la lógica de que “los expertos saben mejor”. Este enfoque no solo contradice el marco legal costarricense, sino que también erosiona la legitimidad de las políticas urbanas y abre la puerta a decisiones con sesgo político o económico.

Lo que está en juego

La manera en que se construye un plan regulador tiene efectos que duran décadas. No es un documento técnico más:

  • Define cómo y dónde se puede construir, qué áreas se protegen, dónde habrá comercio, industria o vivienda.

  • Determina el uso y la conservación de recursos naturales, incluyendo agua, suelos, bosques y zonas de riesgo.

  • Moldea la identidad cultural y paisajística del cantón, influenciando su atractivo, su calidad de vida y su cohesión social.

Cuando se excluye a la ciudadanía de estas decisiones, se corre el riesgo de:

  • Facilitar la especulación inmobiliaria y la urbanización descontrolada.

  • Desproteger áreas de alto valor ambiental o patrimonial por falta de presión comunitaria.

  • Aumentar conflictos socioambientales, ya que las decisiones se perciben como impuestas y no consensuadas.

  • Perder oportunidades de desarrollo inclusivo, porque se ignoran visiones, propuestas y necesidades que solo emergen del diálogo con quienes habitan el territorio.

En términos democráticos, lo que está en juego es el derecho de las comunidades a decidir sobre su propio futuro. Y en términos prácticos, lo que se arriesga es la sostenibilidad misma del territorio: un plan regulador sin participación activa puede ser funcional para intereses privados, pero es incapaz de garantizar un equilibrio entre desarrollo, justicia social y protección ambiental.

La pregunta clave es: ¿sirve para algo “consultar” si al final las decisiones ya están tomadas, o si las observaciones llegan demasiado tarde para incidir? La participación real demanda más que un espacio formal: exige reconocimiento, análisis y transformación de lo consultado en el contenido final del plan.

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Costa Rica en el Índice de Desarrollo Humano 2025: políticas que avanzan, exclusiones que perduran

Costa Rica vuelve a destacar en el Informe de Desarrollo Humano 2025 al ubicarse en el puesto 62 con un HDI de 0.833, dentro del grupo de países de desarrollo humano muy alto. Este resultado no es fruto del azar: responde a décadas de políticas sociales sostenidas y factores estructurales que han marcado el rumbo del país.

La inversión histórica en educación pública gratuita, la seguridad social universal, la ausencia de ejército y la estabilidad democrática han permitido construir una base sólida de salud, conocimiento y bienestar. Estos pilares explican que, incluso con limitaciones económicas, el país haya logrado mantener mejoras constantes en esperanza de vida, escolaridad y calidad de vida.

La importancia de la política social en el desarrollo humano

El progreso de Costa Rica no se entiende sin reconocer el papel central de sus políticas sociales, que han funcionado como motores sostenidos de bienestar y cohesión. Estas políticas no son simples programas aislados, sino decisiones de Estado que han moldeado el rumbo del país:

Educación pública gratuita
Desde hace más de 150 años, la educación gratuita y obligatoria ha garantizado que generaciones enteras tengan acceso al conocimiento, independientemente de su origen social. Esta apuesta permitió construir una fuerza laboral preparada, atraer inversión y fomentar innovación, reduciendo brechas de desigualdad.

Seguridad social universal
El sistema de salud y pensiones, basado en la Caja Costarricense de Seguro Social, cubre a prácticamente toda la población. Esto se traduce en indicadores de salud comparables con países desarrollados, mayor esperanza de vida y una red de protección que evita que millones caigan en pobreza extrema ante enfermedades o vejez.

Ausencia de ejército
Desde 1948, Costa Rica destinó recursos antes usados para la defensa a educación, salud e infraestructura social. Esta decisión no solo consolidó su reputación internacional como país pacífico, sino que liberó recursos fiscales para fortalecer políticas inclusivas y garantizar servicios públicos de calidad.

En conjunto, estas políticas no son un gasto, sino una inversión en las capacidades de la población, que se reflejan en el Índice de Desarrollo Humano y en la resiliencia del país ante crisis globales. Sostenerlas y actualizarlas es clave para que Costa Rica siga siendo un referente de desarrollo humano en la región.

Datos de Costa Rica según el HDR 2025

Indicador

Valor

Puesto mundial HDI

62

HDI 2023

0.833

Esperanza de vida al nacer

80.8 años

Años esperados de escolaridad

16.3 años

Años promedio de escolaridad

8.8 años

INB per cápita (PPP 2021)

23,417 USD

HDI ajustado por desigualdad

0.678 (pérdida del 18.6 %)

Índice ajustado por presiones planetarias (PHDI)

0.774


Un trayecto histórico de avance en desarrollo humano

Costa Rica muestra una evolución constante en el Índice de Desarrollo Humano (HDI), reflejando décadas de políticas públicas sostenidas. A continuación, un recorrido por los hitos más relevantes:

Año

HDI

Contexto histórico

1990

0.677

Inicio de registros internacionales; el país ya destacaba en educación y salud en comparación regional.

2000

0.734

Consolidación de la educación universal y expansión de la seguridad social, con mejoras en esperanza de vida y alfabetización.

2010

0.785

Políticas de inversión social y estabilidad económica elevan el bienestar; se aproxima al grupo de desarrollo humano muy alto.

2015

0.808

Costa Rica ingresa oficialmente al grupo de desarrollo humano muy alto.

2020

0.822

Antes de la pandemia, mantiene su ascenso sostenido gracias a políticas inclusivas.

2021

0.826

Recuperación parcial tras los efectos del COVID‑19.

2023

0.833

Máximo histórico, puesto 62 a nivel mundial, consolidando un liderazgo regional.

Tendencia general:
En poco más de tres décadas, Costa Rica aumentó su IDH en más de un 20 %, lo que evidencia que invertir en las capacidades de las personas genera progreso sostenible. En 2023, el país se ubicó en la posición 62 de 193 países y en el puesto 7 en América Latina.

Desafíos globales, respuestas locales

El pasado 2 de julio de 2025, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó en San José el Informe de Desarrollo Humano 2025: Una cuestión de elección: personas y posibilidades en la era de la Inteligencia Artificial. El evento, que reunió a autoridades nacionales, agencias internacionales y referentes del sistema de Naciones Unidas, ofreció una mirada actualizada sobre los retos y oportunidades del desarrollo humano en el contexto global y nacional.

El informe advierte sobre un estancamiento del desarrollo humano a nivel mundial, producto del aumento de las desigualdades entre países y de las presiones que enfrenta el modelo de desarrollo tradicional. Desde 2020, el IDH global no ha logrado recuperar su ritmo de crecimiento, y por cuarto año consecutivo crece la brecha entre los países con IDH muy alto y aquellos con IDH bajo o medio.

En ese contexto, se enfatizó que la inteligencia artificial no debe ser vista como una amenaza de sustitución humana, sino como una herramienta para potenciar la creatividad, personalizar la educación y la salud, y democratizar las oportunidades de desarrollo.

Inteligencia artificial y desarrollo: oportunidades con cautela

Uno de los aportes del informe es una encuesta global sobre percepciones en torno a la inteligencia artificial (IA). Si bien el 50 % de las personas considera que su trabajo podría automatizarse, un 60 % cree que la IA tendrá un impacto positivo y abrirá nuevas oportunidades laborales. En países con IDH bajo o medio, el 70 % espera que la IA aumente su productividad, y dos tercios creen que usarán IA en el ámbito educativo, laboral o de salud en el próximo año.

El informe también alerta sobre los riesgos de exclusión, concentración de poder y profundización de desigualdades, por lo que urge a mantener un compromiso ético que subordine la innovación tecnológica al bienestar humano.

Las deudas pendientes de la política social costarricense

Aunque Costa Rica mantiene una sólida posición en desarrollo humano, los datos también revelan retos urgentes que requieren atención para evitar retrocesos:

  • Desigualdad persistente: El IDH ajustado por desigualdad muestra una pérdida del 18.6 %. Comunidades rurales, pueblos indígenas y poblaciones afrodescendientes enfrentan barreras estructurales para acceder a educación, salud y empleo digno.

  • Brechas en calidad educativa: La cobertura educativa es amplia, pero la calidad varía considerablemente. Las escuelas rurales sufren de deficiencias en infraestructura, tecnología y disponibilidad de docentes especializados.

  • Riesgos para la seguridad social: La Caja Costarricense de Seguro Social, clave del sistema, está bajo presión por el envejecimiento de la población, el trabajo informal y la evasión de aportes. Su sostenibilidad requiere reformas profundas y consensuadas.
  • Protección frente a nuevos desafíos: El sistema aún no está preparado para enfrentar los efectos de la automatización, la precarización laboral juvenil o el cambio climático. Se requieren políticas activas que acompañen estos procesos de transformación.

  • Brechas de género: Aunque el país tiene un Índice de Desarrollo de Género de 0.975 (posición 55 de 170), persisten desigualdades en salud reproductiva, acceso al empleo formal y participación política.

Costa Rica y la sostenibilidad: un diferencial regional

Un aspecto positivo destacado en el informe es la baja pérdida del IDH ajustado por presiones planetarias: solo un 7.1 %, lo que permite a Costa Rica ascender 37 posiciones en esta categoría. Esto refleja políticas ambientales activas y un compromiso sostenido con la protección de los ecosistemas.

Los desafíos ante la disminución de la política social

A pesar de estos logros, el informe alerta sobre tendencias globales de debilitamiento de la política social y ambiental. En Costa Rica, los recortes presupuestarios, la presión fiscal y un discurso que minimiza el gasto social y la política ambiental como inversión podrían comprometer avances alcanzados durante décadas.

Reducir la política social significaría poner en riesgo las bases que explican el éxito del país en desarrollo humano: la protección ambiental, el acceso universal a salud, la educación de calidad y los programas que sostienen a las poblaciones más vulnerables. Mantener y fortalecer estas políticas no es solo una cuestión ética; es estratégico para asegurar que Costa Rica no pierda su posición de liderazgo regional.

El caso Ngöbe de Sixaola: el espejo de una política social que excluye

La situación del pueblo Ngöbe asentado en Sixaola revela, con crudeza, cómo las estadísticas nacionales pueden ocultar realidades profundamente desiguales. Pese a los avances globales del país en desarrollo humano, este grupo indígena enfrenta exclusión estructural en cada uno de los pilares de la política social: educación, salud, trabajo y territorio.

Las trabas para acceder a programas del IMAS por no contar con títulos de propiedad, la imposibilidad de realizar trámites digitales por barreras tecnológicas o lingüísticas, y la discriminación directa en la atención institucional demuestran que el diseño de la política social no incorpora una perspectiva intercultural ni territorial.

En salud, la saturación del sistema público, la ausencia de horarios compatibles con las condiciones laborales de la población Ngöbe y la violencia obstétrica hacia mujeres indígenas cuestionan el principio de universalidad del acceso. Además, el corte del servicio de agua potable, pese a existir leyes que prohíben esas prácticas, refuerza la negligencia sistemática hacia comunidades ya precarizadas.

 

En el ámbito laboral, el pueblo Ngöbe sigue expuesto a condiciones de semi-esclavitud en fincas bananeras y plataneras, sin protección sindical efectiva ni fiscalización estatal constante. Las mujeres, en particular, sufren una triple opresión: por ser indígenas, pobres y trabajadoras, con testimonios alarmantes de acoso sexual, despidos arbitrarios y racismo cotidiano.

Finalmente, la ausencia de un territorio indígena reconocido impide el acceso pleno a derechos y refuerza un patrón de desarraigo, invisibilidad y vulnerabilidad institucional. Sin tierra, no hay autonomía. Sin reconocimiento, no hay dignidad.

El caso Ngöbe no es una excepción: es un síntoma de cómo el modelo de bienestar costarricense puede fallar cuando no reconoce la diversidad socioterritorial del país. Si se quiere hablar de desarrollo humano real, será necesario mirar de frente estas deudas históricas y construir una política social verdaderamente inclusiva, con participación activa de los pueblos originarios y desde sus propias formas de vida.

Defender la política social como bien común

Las políticas sociales de Costa Rica no son meros instrumentos técnicos ni gastos aislados: son bienes comunes sociales, construidos a lo largo de décadas por decisiones colectivas que apostaron por la equidad y la solidaridad. La educación pública gratuita, la seguridad social universal y la ausencia de ejército no solo mejoran indicadores; tejen vínculos de confianza y corresponsabilidad que sostienen la vida democrática y el sentido de comunidad.

Defender y fortalecer estas políticas es defender el suelo común donde se cultiva el bienestar de todas las personas, especialmente en tiempos de incertidumbre global. Renunciar a ellas sería debilitar el tejido solidario que permite a la sociedad cuidarse a sí misma, garantizar derechos y abrir oportunidades para que cada generación viva con dignidad y esperanza.

Pueden descargar el resumen en español aquí.

Referencias:

Observatorio de Bienes Comunes UCR. (2025, julio 15). “Nos tratan como si no fuéramos de aquí”: Pueblo Ngöbe de Sixaola visibiliza abandono institucional y exige territorio. https://bienescomunes.fcs.ucr.ac.cr/nos-tratan-como-si-no-fueramos-de-aqui-pueblo-ngobe-de-sixaola-visibiliza-abandono-institucional-y-exige-territorio/

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2025). Informe sobre desarrollo humano 2025: Una cuestión de elección. Personas y posibilidades en la era de la inteligencia artificial (Pedro Conceição, Dir.). https://www.undp.org/es/costa-rica/comunicados-de-prensa/pnud-costa-rica-presenta-informe-de-desarrollo-humano-2025

Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. (2025). A matter of choice: People and possibilities in the age of AI (Informe sobre desarrollo humano 2025). https://hdr.undp.org

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Cuando “mi terreno” no significa hacer lo que yo quiera: alertas desde el Caribe Sur

En distintos puntos del Caribe Sur se repite una escena preocupante: terrenos usados para lanzar escombros, troncos, cemento y tierra sin ningún control. Muchas veces, estos lugares son humedales o zonas con quebradas activas, ecosistemas frágiles que cumplen funciones vitales como regular inundaciones, filtrar el agua y sostener una enorme biodiversidad.

Así lo ha venido documentando Philippe Vangoidsenhoven a través de su monitoreo ciudadano. Recientemente, observó que, a 800 metros del cruce de Hone Creek, se estaban rellenando partes de un humedal: “tiraban material, troncos, tierra, material orgánico, pero también escombros de construcción y residuos de todo tipo. Esto no debe hacerse por ningún motivo”, relata. Aunque el dueño de la propiedad asegura que “es su terreno” y que puede dar permiso para botar ahí lo que sea, la ley es clara: tener una propiedad no autoriza a destruir ecosistemas ni a alterar cauces de agua o humedales. Estos son bienes comunes protegidos por normativas ambientales nacionales e internacionales.

Lo ocurrido recuerda una idea que todavía falta reforzar: la noción de propiedad privada no está por encima del interés público ambiental. Tener un terreno no significa que se pueda talar árboles protegidos, drenar humedales o desviar quebradas. Hacerlo es un delito y genera daños que impactan a toda la comunidad: mayor riesgo de inundaciones, pérdida de fauna, contaminación de aguas.

Lo que se ve sin buscar: escombros tapando humedales

El trabajo de monitoreo de Philippe ha denunciado cerca de cuatro casos que evidencian con claridad una práctica que se ha vuelto habitual en distintos puntos del Caribe Sur: la creación de ‘rellenos’ improvisados con todo tipo de desechos para ganarle terreno a la naturaleza y habilitar construcciones. Lo que a veces comienza con tierra o ramas termina convirtiéndose en una mezcla caótica de residuos orgánicos e inorgánicos: restos de construcción, cemento, cerámica, metales, cables, raíces de árboles talados en otros lugares y hasta baterías y plásticos.

A simple vista, se observa un patrón:

  • Se talan árboles en un terreno y se transportan sus troncos a otro sitio.
  • Se aprovechan demoliciones para cargar escombros en pick-ups o camiones pequeños.
  • Se arroja ese material en humedales, o para el relleno de las orillas de las quebradas, cubriendo lo inorgánico con material orgánico para que pase desapercibido.
  • Se nivela la superficie y, poco a poco, se prepara para construir encima.

Esta dinámica no es un hecho aislado: se repite incluso a escasos metros de instituciones públicas, sin que medie una respuesta inmediata para frenarla. La naturalización de estas prácticas revela una combinación peligrosa entre la débil fiscalización y la arraigada creencia de que, por ser propietario, se tiene derecho a modificar cualquier ecosistema.

Los casos que Philippe documenta —vagonetas descargando basura en un humedal o la presencia de residuos en los terrenos— refleja un problema estructural: la frágil capacidad de control ambiental y la urgencia de una ciudadanía vigilante que siga denunciando estas agresiones. Porque cada relleno improvisado es, en realidad, un ecosistema destruido.

¿Qué podemos hacer?

  • Denunciar ante al 911, Ministerio de Salud, MINAE, SINAC o la policía cuando se detecten estas prácticas.
  • Difundir información para que más personas conozcan que humedales y quebradas tienen protección especial.
  • Exigir a las autoridades seguimiento real a estas denuncias.

El monitoreo ciudadano como el de Philippe es clave para visibilizar lo que ocurre en el territorio. Cuidar los humedales y quebradas no es solo responsabilidad del Estado: es un compromiso de todas y todos, porque estos ecosistemas son nuestra defensa natural y un bien común que merece respeto.

¿Qué pasa cuando se tiran escombros y residuos en un humedal?

A primera vista, lanzar tierra, troncos o cemento en un terreno parece inofensivo, pero en un humedal o en las orillas de una quebrada el impacto es profundo y casi siempre irreversible:

  • Se altera el flujo natural del agua. Los escombros tapan canales y nacientes, reducen la capacidad del humedal de absorber lluvias y aumentan el riesgo de inundaciones en comunidades cercanas.
  • Se pierde biodiversidad. Tortugas, peces, aves acuáticas, plantas propias del humedal y microorganismos dejan de encontrar alimento y refugio cuando el terreno se rellena con materiales extraños.
  • Se contamina el suelo y el agua. Los residuos de cemento, madera tratada o restos de construcción liberan sustancias que cambian la calidad del agua y afectan la vida acuática.
  • Se rompe la función de “filtro natural”. Un humedal sano retiene sedimentos y mejora la calidad del agua que luego usamos; al cubrirlo con escombros, esa función se pierde.
  • También el material orgánico altera el humedal. Aunque parezca inofensivo, arrojar ramas, troncos o tierra modifica la topografía natural, eleva el nivel del suelo, tapa la vegetación nativa y acelera procesos de descomposición que pueden cambiar la química del agua y reducir el oxígeno disponible para la fauna.

Cada camión de material tirado en un humedal no solo transforma el paisaje, también pone en riesgo servicios ecosistémicos de los que dependemos todos los días. Por eso es vital denunciar y frenar estas prácticas a tiempo.

¿Qué dice la legislación costarricense sobre la propiedad?

En Costa Rica la propiedad privada está protegida por la Constitución Política (artículo 45), pero ese derecho no es absoluto. El mismo texto constitucional indica que la propiedad está sujeta a las limitaciones y obligaciones que dicte el interés público. Esto significa que, aunque una persona sea dueña de un terreno, no puede usarlo de manera que destruya bienes de interés común, como los bosques, ríos, quebradas y humedales.

La Ley de Conservación de Vida Silvestre (N.° 7317), la Ley Forestal (N.° 7575) y la Ley Orgánica del Ambiente (N.° 7554) establecen claramente que:

  • Las quebradas, ríos, humedales y manglares son bienes de dominio público, aunque atraviesen una propiedad privada.
  • Existe una franja de protección a ambos lados de los cauces y zonas de recarga acuífera donde no se puede rellenar, construir ni talar.
  • Alterar un humedal, cambiar su uso o rellenarlo sin permisos técnicos y ambientales es un ilícito que puede acarrear multas, procesos judiciales e incluso la obligación de restaurar el daño.

En palabras sencillas: ser dueño de un terreno no da derecho a destruir lo que ahí hay si forma parte de un ecosistema protegido. Tener título de propiedad no autoriza a drenar un humedal ni a tapar una quebrada; la ley está por encima de cualquier “permiso” informal que un propietario quiera dar.

Registros 2022

Registro 2023

Registro 2024

Registro 2025

Nota: Las fotografías y videos incluidos en esta publicación son de carácter ilustrativo y tienen como único propósito reflejar la gravedad de la situación descrita. No deben interpretarse como evidencia directa contra personas específicas ni como señalamiento individual.

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Aclaración y disculpa pública – “Una victoria para la defensa de los territorios: Sala Constitucional anula plan de manejo del Refugio Gandoca‑Manzanillo”

📌 La acción de inconstitucionalidad que llevó a la sentencia 2025‑2281 fue presentada por Silvia Matamoros, Atec y Covirenas Selva Baker, en conjunto con el Consultorio Jurídico de la Universidad de Costa Rica.

El  17 de julio de 2025 difundimos la nota titulada “Una victoria para la defensa de los territorios: Sala Constitucional anula plan de manejo del Refugio Gandoca‑Manzanillo”, en la cual celebramos la resolución 2025‑2281 de la Sala Constitucional.

En dicha publicación señalamos de manera incorrecta que la acción de inconstitucionalidad que dio lugar a esta sentencia estaba vinculada a la Asociación de Desarrollo para la Ecología (ADE) o a la persona defensora Marco Levy. Esto no es correcto y queremos rectificarlo públicamente.

La acción de inconstitucionalidad fue presentada por Silvia Matamoros, Atec y Covirenas Selva Baker, en conjunto con el Consultorio Jurídico de la Universidad de Costa Rica.

Reconocemos que la mención inexacta puede haber generado confusión y restado visibilidad al valioso trabajo jurídico y comunitario de quienes llevaron este proceso hasta la Sala Constitucional.

Desde el Observatorio de Bienes Comunes ofrecemos una sincera disculpa a las personas y organizaciones mencionadas erróneamente, y reafirmamos nuestro compromiso con la rigurosidad informativa, la transparencia y el respeto a todas las luchas en defensa de los bienes comunes.

Nos comprometemos a realizar todos los esfuerzos necesarios para que situaciones como esta no se repitan. Reforzaremos nuestros procesos internos de verificación y validación de información antes de su publicación, y corregiremos con prontitud cualquier dato que pueda inducir a error. Nuestro trabajo se sustenta en la confianza de las comunidades y personas defensoras, y esa confianza exige el mayor cuidado con cada palabra que compartimos.

La nota original que contenía la información errónea ya ha sido retirada de nuestras plataformas oficiales para evitar que siga circulando y generando confusión. Agradecemos la comprensión de quienes nos leen y reiteramos que cualquier actualización o corrección relevante será comunicada de manera transparente y oportuna.

Agradecemos profundamente a quienes hicieron posible esta acción histórica y reiteramos nuestra disposición para seguir acompañando, con información correcta y apoyo, la defensa del Refugio Gandoca‑Manzanillo y de todos los territorios de vida.

Observatorio de Bienes Comunes