imagen superior

¡La madre tierra!

Los pueblos originarios le rinden tributo a la tierra, porque es parte integral, vital. La misma esencia de todo lo creado. Es vida y “vida en abundancia”.

Los pueblos originarios (nacionalidades) no idolatran la naturaleza, la tierra.

Le rinden reverencia, respeto, como expresión de cariño, de adoración a su creador.

Los pueblos originarios “explotan” la tierra y los demás seres vivos de la creación, con conciencia de hijos del eterno creador. Eterno (Ainu).

Para la caza y la pesca se pide permiso.

Para la agricultura se explota, protegiendo las cuencas, las nacientes, las plantas medicinales y para otros usos.

Los materiales para las casas provienen de los bosques; las raíces, frutas, hojas, bejucos, cáscaras medicinales se extraen de los bosques. Existe una correlación entre naturaleza y hombre o persona humana.

Los mismos clanes, o núcleos familiares, manifiestan esa coexistencia. Ejemplo: diuwák (dueño o parte del río o agua).

Los pueblos originarios fueron escogidos, “ungidos”, como custodios, guardianes de la madre tierra.

Esa correlación no debe interrumpirse; eso será el fin del mundo. El mismo hombre será el autor de su desaparición.

Los sistemas de “conservación” implementados deberían responder a una conciencia integral, un sistema que explore las necesidades, aspiraciones y visiones colectivas, y no solamente a una visión reducida, elitista, estatal, corporativa y capitalista.

Esa visión convierte las vastas áreas y riquísimos recursos forestales y bosques en “enclaves” de grandes corporaciones farmacéuticas, de imperios extractivos, empresas hidroeléctricas.

Por esa razón, se desarrolla sin el “consentimiento previo, libre e informado”, suscitando cismas en la familia, territorios y pueblos entre pueblos.

Los pueblos son esperanzas, aspiraciones, son pasados, presentes y futuros.

En nuestra identidad, espiritualidad, son niños, ancianos, mujeres; no se reducen a organizaciones con propósitos encomiables, pero limitados, sobre todo a instancias que responden a intereses particulares o estatales. Ambiciones mezquinas.

Colectivo Antonio Saldaña

Septiembre, 2026.

¿Quién fue Antonio Saldaña?

Antonio Saldaña fue el último rey del pueblo indígena de Talamanca, una figura de liderazgo comparable a un guía o autoridad ancestral en su comunidad. Su papel fue crucial en la defensa de la cultura, las tierras y los derechos de su pueblo frente a la expansión de intereses externos, especialmente de compañías bananeras.
 
Según la historia, Saldaña fue asesinado en 1910 en circunstancias no completamente esclarecidas. Se dice que fue envenenado durante una actividad social, en un acto de traición impulsado por quienes veían en su resistencia una amenaza a sus intereses económicos.
 
Su muerte representó un duro golpe para la lucha indígena, pero su legado sigue vivo como símbolo de resistencia y dignidad para los pueblos originarios de la región.
42b3f95b-43c4-4c08-ae34-17fa5bdc8cb5

OLON Nairobi: pueblos indígenas y tribales cuestionan el modelo de conservación y reclaman sus territorios

Del 21 al 25 de septiembre de 2026, representantes de pueblos indígenas de África, Asia, América del Norte y América Latina se reunieron en Nairobi, Kenia, para cuestionar un modelo de conservación que, en nombre de proteger la naturaleza, ha producido expulsiones, criminalización, violencia y pérdida de control sobre territorios indígenas.

El encuentro «Nuestra tierra, nuestra naturaleza» -Our Land, Our Nature (OLON): Primer Encuentro Indígena Global para Descolonizar la Conservación reunió a representantes indígenas de 16 países y cuatro continentes para compartir experiencias, fortalecer alianzas y construir una visión colectiva sobre el futuro de la conservación. El encuentro culminó el 25 de septiembre con el Pronunciamiento Indígena de Nairobi, una declaración que coloca en el centro los derechos territoriales, el consentimiento, la autodeterminación y el conocimiento de los pueblos indígenas.

Para el Observatorio de Bienes Comunes, este encuentro resulta especialmente relevante porque abre una discusión que atraviesa muchas de las luchas territoriales contemporáneas: ¿quién decide qué significa conservar un territorio y para quién se conserva?

Cuando la conservación expulsa

El punto de partida de OLON es contundente: la crisis de biodiversidad y el cambio climático requieren transformaciones profundas, pero esas respuestas no pueden construirse sacrificando los derechos de quienes habitan y cuidan los territorios.

El manifiesto cuestiona lo que denomina “conservación de fortaleza”, un modelo que parte de la separación entre naturaleza y sociedad y que históricamente ha convertido territorios habitados en espacios donde las poblaciones locales son vistas como una amenaza para la conservación.

Según el documento, este modelo ha implicado la apropiación y militarización de territorios, la criminalización de formas de vida, el desplazamiento de comunidades y el desconocimiento de sus conocimientos. Incluso algunas reformas que incorporan la participación indígena pueden terminar siendo solamente cosméticas cuando las comunidades son incorporadas como actores secundarios, sin modificar las estructuras que toman las decisiones.

La discusión adquiere otra dimensión cuando se observa que, según el dossier del encuentro, el 40 % de las Áreas Protegidas del mundo corresponde a territorios indígenas, mientras que una parte importante de las tierras indígenas continúa sometida a presiones asociadas con conservación, mercados de carbono, minería, infraestructura y otros proyectos extractivos.

Así, OLON propone desplazar la pregunta. No se trata únicamente de preguntarnos cómo proteger la naturaleza, sino también cómo proteger los territorios, los derechos y las formas de vida que hacen posible esa protección.

Los territorios indígenas no son un obstáculo para conservar

Una de las ideas centrales del encuentro es que los pueblos indígenas no deben ser entendidos como una amenaza para la biodiversidad, sino como actores fundamentales de su protección.

El manifiesto señala que alrededor del 80 % de la biodiversidad terrestre se encuentra en territorios indígenas y plantea que el reconocimiento efectivo de sus derechos territoriales constituye una de las formas más eficaces de enfrentar la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.

El dossier presentado en Nairobi recoge además distintos datos sobre los resultados de los sistemas de gobernanza indígena y comunitaria: menores niveles de deforestación en territorios indígenas reconocidos, reducción de incendios forestales y resultados de conservación que, en distintos contextos, igualan o superan los obtenidos por áreas protegidas bajo otros modelos de gestión.

La cuestión, entonces, no sería simplemente incorporar a los pueblos indígenas dentro de los modelos existentes, sino reconocer que sus conocimientos, sistemas de vida, formas de gobierno y relaciones con los territorios forman parte de las respuestas necesarias frente a la crisis ecológica.

Del territorio como mercancía al territorio como relación

Otro de los grandes cuestionamientos planteados en Nairobi se dirige a la creciente mercantilización de la naturaleza.

El pronunciamiento rechaza que los territorios, bosques, aguas y otros seres vivos sean convertidos en activos para mercados de carbono, créditos de biodiversidad o sistemas de compensación ambiental. También cuestiona las llamadas “soluciones basadas en la naturaleza” cuando sirven para compensar emisiones sin transformar las actividades que generan esas emisiones.

Esta discusión resulta particularmente importante porque los mercados de carbono pueden trasladar las responsabilidades ambientales de las empresas y países con mayores niveles de consumo hacia territorios del Sur Global.

En este sentido, el manifiesto plantea una idea fundamental: no basta con cambiar el lugar donde se contabiliza el carbono; es necesario transformar las dinámicas de extracción y consumo que producen la crisis.

El documento reclama a los países industrializados reducciones reales —y no simplemente desplazamientos— en la extracción de recursos y exige el abandono de mecanismos que utilicen la conservación como una forma de compensar la continuidad de las emisiones.

¿Quién decide sobre los territorios?

Una de las demandas que atraviesa todo el encuentro es el consentimiento libre, previo e informado (CLPI).

OLON plantea que ningún proyecto de conservación debería desarrollarse sin el consentimiento de las comunidades involucradas. Pero la discusión va más allá de una consulta puntual: el problema es quién tiene la capacidad efectiva de decidir sobre el territorio.

El Pronunciamiento Indígena de Nairobi exige autodeterminación y autogobierno, devolución de tierras ancestrales y reconocimiento efectivo de los derechos colectivos. También reclama que los derechos reconocidos en instrumentos internacionales se ejerzan en la práctica y no permanezcan únicamente como declaraciones.

En otras palabras, participar no es lo mismo que decidir.

Esta diferencia resulta fundamental para cualquier debate sobre conservación. Una comunidad puede ser invitada a una reunión, formar parte de una consulta o aparecer en una fotografía institucional y, aun así, continuar sin capacidad real para decidir qué sucede en su territorio.

Las demandas de Nairobi

El manifiesto presentado en el encuentro plantea una serie de demandas que buscan modificar las bases del actual modelo de conservación.

Entre ellas se encuentra detener la creación de nuevas áreas protegidas que excluyan a pueblos indígenas y comunidades locales; reconocer plenamente sus derechos territoriales y forestales; garantizar el consentimiento libre, previo e informado; establecer mecanismos de regulación y rendición de cuentas para las organizaciones conservacionistas; y desarrollar procesos de reparación frente a los daños provocados por anteriores modelos de conservación.

También se exige que los gobiernos y organizaciones de conservación asuman responsabilidades por las violaciones de derechos humanos, que existan mecanismos efectivos de denuncia y reparación, y que las políticas ambientales sean evaluadas desde criterios de justicia social además de sostenibilidad ambiental.

El pronunciamiento amplía estas demandas: devolución de tierras ancestrales, reconocimiento legal de comunidades y territorios, liberación de personas detenidas por defender sus territorios, reparación por las pérdidas sufridas y cumplimiento de las decisiones judiciales y de los instrumentos internacionales de derechos indígenas.

Descolonizar la conservación

Quizá una de las principales aportaciones de OLON sea precisamente colocar sobre la mesa una palabra que obliga a revisar las raíces del problema: descolonizar.

No se trata solamente de hacer más inclusivo un modelo de conservación. La propuesta apunta a cuestionar las relaciones de poder que determinan quién posee, administra, financia, vigila y decide sobre los territorios.

Desde esta perspectiva, descolonizar la conservación implica reconocer que la naturaleza no es un espacio vacío esperando ser protegido. Es territorio vivido, tejido de relaciones, memoria, conocimiento, espiritualidad, alimentación, trabajo y reproducción de la vida.

El Pronunciamiento lo expresa desde una concepción profundamente relacional: los pueblos indígenas señalan que los ecosistemas no les pertenecen, sino que ellos pertenecen a esos ecosistemas y que sus sistemas de conocimiento y sus formas de gobierno territorial forman parte de su manera de protegerlos.

Una discusión que también nos interpela

Lo ocurrido en Nairobi no es solamente una discusión sobre lo que sucede en otros continentes.

En Costa Rica, como en muchos otros territorios de América Latina, las áreas protegidas, los proyectos de conservación, los mercados de carbono, el turismo de naturaleza, las políticas de biodiversidad y las decisiones sobre los territorios también generan preguntas sobre participación, derechos, autonomía y poder.

La experiencia de OLON nos invita a mirar estos procesos desde otra perspectiva: no asumir que toda iniciativa presentada bajo el lenguaje de la conservación es necesariamente justa para quienes habitan los territorios.

La pregunta por la conservación también es una pregunta por la democracia territorial.

¿Quién define qué debe protegerse?
¿Quién decide cómo hacerlo?
¿Quién recibe los beneficios?
¿Quién asume los costos?
¿Quién puede permanecer en el territorio?
¿Quién tiene derecho a decir que no?

Estas preguntas permiten conectar la defensa de la biodiversidad con la defensa de los bienes comunes. Porque si los territorios son convertidos en mercancías, si las comunidades son desplazadas para protegerlos y si quienes históricamente los han cuidado pierden la capacidad de decidir sobre ellos, entonces necesitamos revisar profundamente qué entendemos por conservación.

Algunas ideas fuerza que deja OLON

Conservar no puede significar expulsar.

La biodiversidad no está separada de quienes habitan y cuidan los territorios.

Los derechos territoriales indígenas son también una política de protección de la biodiversidad.

Participar no es lo mismo que decidir: el consentimiento debe ser libre, previo e informado.

La conservación no puede convertirse en una nueva forma de apropiación territorial.

La crisis climática no se resuelve trasladando las emisiones mediante mercados de carbono.

La naturaleza no puede reducirse a una mercancía, un crédito o un activo financiero.

La reparación también forma parte de la conservación.

Descolonizar implica transformar quién decide, quién controla y quién se beneficia de los territorios.

Y quizá una de las ideas más importantes para seguir pensando desde los bienes comunes: no puede haber una política de protección de la vida que se construya sobre la desposesión de quienes sostienen esa vida en los territorios.

El Pronunciamiento Indígena de Nairobi cierra con una frase que condensa buena parte de esta discusión:

“Nuestra tierra. Nuestros derechos. Nuestro conocimiento. Nuestro futuro. Nada sobre nosotros sin nosotros.”

Más que una consigna, puede ser una invitación a repensar nuestras propias formas de hablar de conservación, territorio y bienes comunes.

Para seguir profundizando

Si quieres conocer con mayor detalle las propuestas, demandas y reflexiones que surgieron de este encuentro, ponemos a disposición los principales materiales de OLON Nairobi:

Puedes descargar aquí:

Tres materiales para acercarnos a las voces, demandas y propuestas de los pueblos indígenas que están planteando la necesidad de descolonizar la conservación y defender la relación entre territorio, naturaleza y vida.

escudo americas

Cuando cae la nevada: geopolítica, seguridad y educación popular en América Latina

Este texto forma parte de los procesos de reflexión construidos en el curso “Proceso de Formación: Rompecabezas de las miradas: quién te mira y quién te ve”.

Las ideas aquí desarrolladas no son un ejercicio individual, sino el resultado de un diálogo colectivo que busca leer críticamente el contexto actual, reconociendo cómo las miradas de poder configuran los territorios, las amenazas y también las posibilidades de organización.

En ese marco, esta nota propone una interpretación situada de los cambios geopolíticos en curso y sus implicaciones para América Latina y el Caribe, incorporando la educación popular como herramienta clave para comprender y actuar en medio de estos procesos.

La nevada que no parece amenaza

En El Eternauta, la catástrofe no irrumpe con estruendo. No hay una señal clara que anuncie el desastre. Todo comienza con una nevada suave, casi hipnótica, que cae sobre la ciudad sin levantar sospechas. Es blanca, silenciosa, aparentemente inofensiva. Pero es letal.

Lo inquietante no es solo su efecto, sino su forma de aparecer: sin alarma, sin nombre, sin posibilidad inmediata de ser comprendida.

Algo de esa lógica se puede rastrear en el actual reposicionamiento geopolítico de Estados Unidos. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional no se presenta como una política de dominación ni como una ofensiva directa sobre la región. Se formula en términos de orden, estabilidad, protección, soberanía.

Pero, como en la nevada, el problema no es cómo se nombra, sino lo que empieza a producir.

Y lo que empieza a producir es un reordenamiento profundo del lugar de América Latina y el Caribe en el mundo.

Del silencio al mapa: el regreso del hemisferio

En la historieta, la comprensión de lo que ocurre no llega de inmediato. Los personajes, poco a poco, comienzan a atar cabos. Lo que parecía un fenómeno aislado empieza a revelar una estructura más amplia, organizada, intencional.

Ese paso —del desconcierto a la lectura del mapa— es clave. Porque solo cuando se logra identificar la lógica que ordena los acontecimientos, es posible comenzar a responder.

En la estrategia estadounidense ocurre algo similar. América Latina y el Caribe reaparece, pero no como espacio de diálogo o cooperación, sino como una pieza central dentro de un esquema mayor de seguridad.

El llamado “corolario” a la Doctrina Monroe no es solo una referencia histórica. Es la actualización de una lógica: el hemisferio occidental como zona de control estratégico.

Esto se traduce en objetivos concretos:

  • -limitar la presencia de potencias extrahemisféricas
  • -asegurar el acceso a recursos críticos
  • -reorganizar cadenas de suministro
  • -garantizar control sobre territorios y rutas clave

No se trata de una ocupación visible. No hay tropas desplegándose en escena de forma generalizada. Lo que se configura es algo más complejo: un ordenamiento del espacio, donde cada país, cada territorio, cada infraestructura comienza a ser leído en función de su valor estratégico.

Y en ese mapa, América Latina y el Caribe deja de ser margen para convertirse en frontera.

Cuando la amenaza cambia de rostro

Pero ese reordenamiento no se sostiene únicamente sobre territorios. También requiere redefinir qué se entiende por amenaza.

A medida que avanza El Eternauta, la pregunta por el enemigo se vuelve cada vez más difícil de responder. Los verdaderos responsables no aparecen directamente. Operan a través de otros. La amenaza se fragmenta, se desplaza, se vuelve difusa.

Esa ambigüedad no es menor: descoloca, desorienta, dificulta la respuesta.

Algo similar ocurre en el documento de seguridad. La noción de amenaza se amplía y se vuelve más elástica. Ya no se limita a Estados adversarios claramente identificables. Se extiende hacia fenómenos sociales, culturales y económicos:

  • -la migración deja de ser un fenómeno humano para convertirse en riesgo estratégico
  • -el narcotráfico se inscribe en una lógica de guerra
  • -las “influencias externas” y la “subversión cultural” aparecen como peligros

En ese movimiento, la frontera entre lo externo y lo interno comienza a diluirse.

Y ahí emerge un punto especialmente delicado: cuando la amenaza se vuelve difusa, también se amplía el margen para definir quién o qué constituye un riesgo.

En América Latina y el Caribe, esto no es nuevo. La historia de la región ha mostrado cómo, bajo discursos de seguridad, actores sociales —movimientos territoriales, luchas ambientales, organizaciones comunitarias— han sido leídos como problemas a contener.

La pregunta, entonces, no es solo quién es el enemigo, sino quién puede ser nombrado como tal.

La intemperie organizada

Si la amenaza se redefine, también lo hace el lugar desde donde se responde a ella.

En la historieta, hay un momento en que salir al exterior sin protección significa exponerse a la muerte. Pero quedarse encerrado tampoco garantiza la supervivencia. Lo que hace la diferencia es la capacidad de organizarse, de construir protección colectiva.

La intemperie no es solo un lugar físico. Es una condición.

La estrategia de seguridad redefine a América Latina y el Caribe en una posición similar: como una zona de contención, un espacio donde se busca detener amenazas antes de que alcancen el centro.

Esto se traduce en medidas concretas:

  • -militarización de fronteras y rutas
  • -control reforzado de flujos migratorios
  • -posibilidad de uso de fuerza directa contra actores no estatales
  • -presión sobre gobiernos para alinear políticas de seguridad

La región aparece así como un territorio expuesto, donde la lógica dominante no es la del cuidado ni la del desarrollo, sino la del control.

Una intemperie organizada desde fuera.

Territorios funcionales, vidas desplazadas

Este desplazamiento hacia la seguridad no ocurre de manera aislada. Se articula con una forma específica de entender el territorio.

Conforme avanza El Eternauta, se hace evidente que la invasión no es caótica. Responde a una estructura donde cada elemento cumple una función dentro de un engranaje mayor.

Ese reconocimiento cambia la forma de entender lo que está en juego.

En el plano geopolítico, algo similar ocurre con la forma en que se piensa América Latina y el Caribe:

  • -territorios como reservorios de minerales, energía o biodiversidad
  • -países como nodos logísticos o barreras de contención
  • -economías como extensiones de cadenas productivas externas

La idea de una “Gran Norteamérica” se inscribe en esa lógica: no como integración entre iguales, sino como reorganización funcional del espacio.

Lo que se pierde en ese proceso es fundamental: la posibilidad de pensar los territorios desde quienes los habitan.

Porque cuando el territorio se convierte en pieza, las vidas que lo sostienen tienden a volverse invisibles.

Lo que no se ve (pero ordena)

Sin embargo, no todo este proceso es visible de forma inmediata.

Uno de los elementos más inquietantes de El Eternauta es que lo decisivo no siempre se muestra directamente. La verdadera estructura de poder opera desde lugares que no se ven, pero que organizan todo lo demás.

En la estrategia de seguridad, esto se expresa en la normalización de ciertas lógicas:

  • -todo puede ser leído en clave de seguridad
  • -toda dinámica puede ser intervenida si se define como riesgo
  • -toda diferencia puede ser sospechosa

Este desplazamiento es profundo. No implica necesariamente una intervención directa constante, sino algo más sutil y, al mismo tiempo, más abarcador: un marco que redefine cómo se interpretan los conflictos, las movilidades y las demandas sociales.

Cuando la seguridad se vuelve el lenguaje dominante, otras formas de entender la realidad —derechos, justicia, vida digna— quedan subordinadas.

Educar en la nevada: desafíos de la educación popular en tiempos de securitización

Frente a este escenario, la pregunta por la comprensión se vuelve central. Y con ella, el lugar de la educación.

Si algo enseña El Eternauta es que, incluso en medio de la incertidumbre, hay algo que no puede suspenderse: la capacidad de comprender lo que está pasando.

No como un ejercicio abstracto, sino como una necesidad para sobrevivir.

En contextos donde la seguridad se vuelve el lenguaje dominante, donde los territorios son leídos como espacios de riesgo y donde las dinámicas sociales pueden ser reinterpretadas como amenazas, la educación popular enfrenta un escenario particularmente desafiante.

Ya no se trata solo de formar conciencia crítica. Se trata de hacerlo en condiciones donde esa misma conciencia puede ser vigilada, deslegitimada o contenida.

Cuando aprender también se vuelve sospechoso

La expansión de marcos securitarios no solo redefine políticas públicas. También reconfigura los sentidos de lo educativo.

Procesos que históricamente han sido centrales para la educación popular —organización comunitaria, reflexión colectiva, lectura crítica de la realidad— pueden empezar a ser vistos como:

  • -espacios de “influencia”
  • -focos de “radicalización”
  • -o incluso amenazas al orden

Este desplazamiento no siempre es explícito. Muchas veces opera de forma sutil: a través de financiamientos condicionados, discursos institucionales, marcos regulatorios o estigmatización pública.

Pero su efecto es profundo: instala la idea de que pensar críticamente puede ser problemático.

El riesgo del aislamiento

En El Eternauta, uno de los mayores peligros no es solo la amenaza externa, sino la fragmentación. Cuando los vínculos se rompen, la capacidad de respuesta se debilita.

En el campo educativo ocurre algo similar.

Los contextos de control tienden a:

  • -aislar experiencias
  • -fragmentar procesos organizativos
  • -debilitar redes comunitarias

Y sin redes, la educación popular pierde uno de sus pilares fundamentales: la construcción colectiva del conocimiento y, con ella, su capacidad de transformación.

El desafío, entonces, no es solo sostener espacios educativos, sino sostener comunidad en condiciones adversas.

Nombrar el mundo cuando otros lo nombran por nosotros

Uno de los aportes centrales de la educación popular —en la línea de Paulo Freire— es la capacidad de nombrar el mundo desde la experiencia de quienes lo viven.

Pero en contextos donde el lenguaje de la seguridad se impone, esa capacidad entra en disputa.

Cuando los territorios son nombrados como “zonas de riesgo”, cuando las movilidades son “amenazas” y cuando los conflictos son “problemas de orden”, se produce un desplazamiento del sentido.

La educación popular se enfrenta entonces a un reto clave:

recuperar la capacidad de nombrar la realidad desde abajo, incluso cuando otros intentan imponer sus categorías.

Educar para leer la nevada

Volviendo a la metáfora, el problema nunca fue solo la nevada. Fue no entenderla a tiempo.

En este contexto, la educación popular tiene un papel urgente:

  • -ayudar a leer los procesos en curso
  • -conectar lo local con lo global
  • -visibilizar las estructuras que operan detrás de lo cotidiano

No se trata de “explicar” desde afuera, sino de construir colectivamente herramientas para comprender lo que se vive.

Leer la nevada no es anticiparse por completo, pero sí evitar que pase desapercibida.

Sostener la esperanza como práctica política

En escenarios restrictivos, donde el control se intensifica y los márgenes parecen reducirse, la tentación del repliegue es fuerte.

Sin embargo, El Eternauta también deja otra enseñanza: incluso en las condiciones más adversas, la organización es posible.

La educación popular no solo transmite contenidos. Sostiene algo más profundo:

  • -la posibilidad de imaginar alternativas
  • -la convicción de que lo colectivo importa
  • -la práctica cotidiana de construir sentido en común

En ese sentido, educar no es solo resistir. Es también seguir creando mundo en medio de la nevada.

La pregunta del Eternauta

Todo lo anterior nos devuelve a una pregunta central.

En medio del caos, El Eternauta insiste en una idea sencilla pero radical: nadie se salva solo.

La supervivencia no depende de la fuerza individual, sino de la capacidad de organizarse, de confiar, de construir en común incluso en condiciones adversas.

Trasladada a este escenario, la pregunta cambia de escala, pero no de sentido:

¿qué formas de organización son posibles cuando los territorios comienzan a ser definidos desde afuera como espacios de riesgo o de control?

Pensar más allá del tablero

La geopolítica suele presentarse como un tablero donde actores poderosos mueven piezas. Esa lectura es necesaria: permite identificar intereses, estrategias, disputas.

Pero no es suficiente.

Porque ese tablero está habitado.

Pensar este momento también exige una mirada que desborde esa lógica. Una perspectiva capaz de:

  • -reconocer las voces de los territorios
  • -leer las luchas sociales como expresiones políticas legítimas
  • -disputar el sentido de lo que se nombra como “seguridad”

No se trata de negar la geopolítica, sino de no quedar atrapados en ella.

Reconocer la nevada

En El Eternauta, la nevada avanza porque, al inicio, no se logra dimensionar su alcance. Cuando se comprende, ya ha transformado profundamente el mundo.

Hoy, América Latina se encuentra en un momento donde múltiples procesos —económicos, políticos, securitarios— se están reconfigurando.

No todos son visibles de inmediato. No todos se presentan como amenaza.

Por eso, tal vez la pregunta no es solo qué está pasando.

La pregunta es otra:

¿estamos reconociendo la nevada mientras cae, o la vamos a entender cuando ya haya cubierto todo?

IMG_6489

“La Caja no se vende, la Caja se defiende”: voces desde la calle en defensa de la vida

El Observatorio de Bienes Comunes acompañó la manifestación del 8 de noviembre, una jornada donde miles de personas volvieron a ocupar las calles para defender la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), símbolo de la solidaridad y de la justicia social en el país.

El audio compartido —un collage de voces y consignas— recoge la fuerza de un movimiento diverso que reunió a sindicatos del magisterio, organizaciones estudiantiles, feministas, campesinas e indígenas, así como personas usuarias y trabajadoras de la Caja. En cada intervención resonó la memoria del 8 de noviembre de 2012, cuando la represión estatal intentó acallar una protesta en defensa de la CCSS. Trece años después, la herida sigue viva, pero también la convicción de que la salud no es un negocio, sino un derecho.

Entre las voces se insistió en que la deuda del Estado y las políticas neoliberales amenazan la sostenibilidad de la institución, mientras crece la tentación de privatizar lo público. En el marco de un nuevo proceso electoral, las organizaciones alertaron sobre el riesgo de que la caja, la educación y las universidades públicas se conviertan nuevamente en botín político o terreno de ajuste.

Defender la Caja —recordaron desde el Frente Nacional por la Seguridad Social— es defender la vida digna, el trabajo decente, el derecho a la salud y la memoria de quienes, desde hace más de ocho décadas, hicieron posible un modelo solidario.

🎧 Escuchá aquí el testimonio sonoro de la jornada: un eco colectivo que recuerda que los bienes comunes también se defienden desde la calle.

 

Palestina también resuena en las calles de Costa Rica

Durante la manifestación del 8 de noviembre, entre las consignas en defensa de la Caja Costarricense de Seguro Social, también se alzaron voces solidarias con el pueblo palestino. En medio de tambores, banderas y discursos, la causa por la salud pública se entrelazó con la denuncia del genocidio en Gaza, recordando que la defensa de la vida no tiene fronteras.

Estas intervenciones afirmaron que la lucha por la justicia social y los bienes comunes es inseparable de la solidaridad internacionalista: cuando un pueblo es atacado, todos los pueblos que resisten sienten la herida. Desde Costa Rica, las voces que defienden la Caja se sumaron al clamor global por un alto al fuego y por el respeto a la dignidad del pueblo palestino, reafirmando que la vida —en cualquier territorio— nunca debe ser una mercancía ni un objetivo de guerra.

La memoria sonora de la protesta

Registrar y compartir los sonidos de una manifestación es también una forma de hacer memoria. Cada consigna, cada tambor y cada voz guardada en estos archivos sonoros reconstruye la historia viva de las luchas sociales y permite que las generaciones futuras escuchen lo que se quiso silenciar. Estos testimonios son parte del patrimonio político y afectivo del país: resguardan la emoción colectiva, la resistencia y la palabra de quienes defienden lo común. Escuchar es, también, una forma de cuidar la memoria.

Galería

d79cdd12f142fdc6ae8ab40157cf638a

ASOPROF entre aulas y calles: la educación como acto de lucha en Panamá

En esta entrevista con Fernando Ábrego y Erick Acevedo, representantes de la Asociación de Profesores de la República de Panamá, exploramos el otro rostro del llamado “milagro económico”: la desigualdad, la precariedad laboral y la resistencia organizada. A través de su testimonio, descubrimos cómo el magisterio panameño se ha convertido en una voz viva de dignidad y conciencia social. Porque en Panamá —como en toda nuestra América— enseñar también es un acto de lucha.

Un educador luchando también está educando.

cabecera 2

Solidaridad sin fronteras: cuando las luchas por la vida se encuentran – Conversatorio entre Panamá y Costa Rica

El conversatorio Soberanía y Justicia: luchas laborales, ambientales y sociales en Panamá reunió este 14 de octubre en la Universidad de Costa Rica a voces sindicales, académicas y sociales de Panamá y Costa Rica, en una jornada que buscó tender puentes entre las resistencias populares de ambos países. El encuentro se desarrolló en el marco de una jornada de solidaridad con el sector magisterial panameño, que enfrenta despidos, persecución y criminalización tras oponerse a la reforma de la seguridad social y denunciar el avance extractivista y la injerencia extranjera en su país.

Lejos de una conversación aislada, este espacio permitió articular diagnósticos comunes sobre la ofensiva neoliberal en la región, las múltiples formas de represión estatal y el desmantelamiento progresivo de los sistemas públicos de educación, salud y seguridad social. Las y los panelistas coincidieron en que lo que ocurre en Panamá, Costa Rica y Centroamérica no son procesos separados, sino capítulos de una misma historia marcada por la concentración de la riqueza, la erosión de los derechos y la subordinación a intereses empresariales y geopolíticos.

Ideas comunes: la defensa de la vida y los derechos frente al autoritarismo

En las intervenciones se trazó un hilo claro: el modelo neoliberal no sólo precariza el trabajo, privatiza los bienes comunes y destruye los territorios; también promueve la desinformación y el miedo como mecanismos de control. Desde esa lectura compartida, la unidad entre los pueblos, sindicatos y movimientos sociales se planteó como una urgencia política y ética.

Los panelistas subrayaron que las luchas por la salud, la educación, el ambiente o las pensiones no son batallas sectoriales, sino expresiones de una defensa integral de la vida digna y de la soberanía popular frente a gobiernos autoritarios y corporaciones transnacionales.

Fernando Ábrego: “No hay democracia sin derecho a la huelga”

El secretario general de la Asociación de Profesores de la República de Panamá (ASOPROF), Fernando Ábrego, compartió un panorama preocupante: un gobierno cívico-militar que reprime, persigue y criminaliza a los dirigentes magisteriales. Explicó que la reciente huelga de 81 días fue respondida con sanciones masivas —298 docentes separados de sus puestos—, una medida que vulnera el derecho constitucional a la huelga y los convenios internacionales de la OIT.
Ábrego denunció también la entrega de la soberanía panameña mediante acuerdos con Estados Unidos, la evasión fiscal de las élites y la captura empresarial del Estado. “Nos quieren devolver a tiempos coloniales —afirmó—, pero seguiremos defendiendo la educación pública y la organización popular como pilares de la justicia social”.

Deivis Ovares: “La precarización es una estrategia política”

Desde Costa Rica, Deivis Ovares, secretario de organización de UNDECA y coordinador del Frente Nacional por la Seguridad Social, advirtió que las políticas neoliberales comparten una misma lógica de despojo: debilitar la seguridad social, criminalizar la protesta y subordinar los Estados a los intereses de las oligarquías locales y extranjeras.

Ovares destacó la importancia de fortalecer los lazos de solidaridad entre pueblos que enfrentan las mismas imposiciones económicas. “La lucha trasciende las fronteras —señaló—, porque la clase trabajadora es una sola. La unidad y la conciencia colectiva son las herramientas más poderosas frente al fascismo que avanza”.

Allen Cordero: “Aprender de las luchas, pensar desde abajo”

El sociólogo Allen Cordero propuso una lectura histórica y comparativa de las luchas sociales en Costa Rica y Panamá. Analizó cómo, desde las jornadas contra el TLC hasta las recientes huelgas, los movimientos han enfrentado la ofensiva neoliberal en oleadas. Subrayó el valor de las alianzas multisectoriales, que articulan sindicatos, campesinos, indígenas y juventudes urbanas.

Cordero insistió en la necesidad de que la universidad pública dialogue con los movimientos y salga de su “torre de marfil”, aportando pensamiento crítico a la acción colectiva. “No podemos limitarnos a observar —dijo—, debemos acompañar, investigar y aprender junto a los pueblos que resisten”.

Andrés Carranza: “Defender la institucionalidad también es cuidar la salud del pueblo”

El representante del movimiento Unidos por la Caja, Andrés Carranza, destacó que la defensa de la seguridad social no es solo un asunto administrativo, sino un tema de salud pública y justicia social. Desde su experiencia en el sector salud, recordó que el acceso al agua, la educación y la atención médica son los verdaderos indicadores de bienestar.

Carranza expresó preocupación por el debilitamiento de la institucionalidad democrática y la creciente concentración del poder en el Ejecutivo costarricense. Llamó a articular luchas desde distintos sectores y a salir de la indiferencia: “No basta con indignarse; hay que organizarse y construir alternativas”.

¿Qué entendemos por las luchas por la salud, la educación, el ambiente o las pensiones?

El conversatorio permitió también profundizar en un punto clave: comprender que estas luchas no son demandas aisladas, sino dimensiones interdependientes de un mismo conflicto civilizatorio. Luchar por la salud, la educación, el ambiente o las pensiones significa defender el derecho a una vida digna frente a un modelo que convierte los derechos en mercancías y los territorios en zonas de sacrificio.

  • Luchar por la salud implica exigir un sistema público fuerte, equitativo y universal, donde la atención no dependa del bolsillo ni de la lógica empresarial. Es oponerse a la privatización encubierta de la seguridad social y entender que la salud no empieza en el hospital, sino en el acceso al agua, al trabajo digno, a la alimentación y a un ambiente sano.

  • Luchar por la educación es defender la posibilidad de pensar críticamente, de formar ciudadanía y no mano de obra barata. Significa resistir la mercantilización del conocimiento y la censura ideológica, y sostener el carácter emancipador de la educación pública como bien común.

  • Luchar por el ambiente es proteger los territorios como espacios de vida y no como recursos explotables. Es reconocer la interconexión entre justicia ecológica y justicia social, denunciando las alianzas entre gobiernos y empresas que destruyen ecosistemas mientras reprimen comunidades.

  • Luchar por las pensiones es cuidar la vejez de quienes sostuvieron con su trabajo el bienestar colectivo, y resistir el despojo financiero que pretende convertir la seguridad social en negocio de unos pocos. Es recordar que un país que abandona a sus mayores está renunciando a su propia memoria social.

Estas dimensiones se entrelazan en una sola causa: la defensa de los bienes comunes, de la soberanía popular y del derecho a imaginar un futuro distinto. En palabras de los participantes, las luchas contemporáneas deben ser comprendidas como una sola lucha por la vida, en todas sus formas.

Una región que resiste y se reconoce

El intercambio entre Ábrego, Ovares, Cordero y Carranza dejó ver que las luchas actuales en Panamá y Costa Rica forman parte de un mismo mapa de resistencias.
Mientras en Panamá se enfrenta la represión directa de un Estado cooptado por intereses corporativos, en Costa Rica se vive un proceso más sutil de desmantelamiento institucional y captura mediática. En ambos casos, el resultado es el mismo: pérdida de derechos, debilitamiento del tejido social y avance del miedo como forma de gobierno.

Los panelistas coincidieron en que la respuesta no puede ser meramente defensiva. Propusieron recuperar el horizonte ético de la política como servicio público, reconstruir la confianza social y fortalecer la articulación regional desde los pueblos. La lucha por la soberanía no se reduce a la independencia estatal, sino que se expresa en cada acto de resistencia que defiende la vida frente al lucro.

Así, este encuentro fue también un recordatorio de que la dignidad no se delega ni se negocia: se ejerce colectivamente. La soberanía, en este sentido, es una práctica viva que nace de la organización popular, de la solidaridad concreta y de la memoria compartida entre los pueblos de nuestra América.

Un cierre necesario: la solidaridad como horizonte

El conversatorio reafirmó que la defensa de los derechos humanos y de los bienes comunes no puede limitarse por fronteras nacionales. Las luchas del magisterio panameño, del movimiento sindical costarricense o de las comunidades que defienden su territorio son parte de una misma trama regional.

En tiempos de censura, represión y desinformación, estos espacios son vitales para recuperar el sentido profundo de la palabra soberanía: no como dominio estatal, sino como capacidad colectiva para decidir sobre la vida, la justicia y el futuro común.

Esta actividad fue posible gracias a las gestiones y colaboración de DEI, Kioscos Socioambientales UCR, Morfo, SITUN, SINDEU, AFITEC, SIUNED, UTRAUTN y PT, quienes participaron en la organización del Conversatorio Soberanía y Justicia Social: Luchas laborales, ambientales y sociales en Panamá, un espacio clave para visibilizar y reflexionar sobre las distintas formas de lucha y resistencia en el país.

corruptos._panama

El otro rostro del milagro: Panamá desde las luchas sociales

En Panamá, detrás de los espejismos del “milagro económico”, late un país de profundas desigualdades sociales y resistencias vivas. En esta conversación con representantes de la Asociación de Profesores de la República de Panamá, exploramos cómo el crecimiento económico convive con altos niveles de informalidad, despojo fiscal y luchas populares por la dignidad.

Pero esta no es solo una historia económica: es una historia de educación y de lucha social. Las y los educadores panameños no solo enseñan en el aula, también enfrentan en las calles las políticas que golpean a sus estudiantes y comunidades. Como bien dicen: “un educador luchando también está educando”.

🔗 Escuchá la entrevista completa aquí y descubrí cómo la defensa de la educación pública y de los derechos sociales se entrelaza con las luchas populares en América Latina.

Esta conversación fue posible gracias a las gestiones y colaboración de DEI, Kioscos Socioambientales UCR, Morfo, SITUN, SINDEU, AFITEC, SIUNED, UTRAUTN y PT, quienes participaron en la organización del Conversatorio Soberanía y Justicia Social: Luchas laborales, ambientales y sociales en Panamá, un espacio clave para visibilizar y reflexionar sobre las distintas formas de lucha y resistencia en el país.

IMG_3440

Ciudadanía logra acuerdo para que la Comisión vuelva a tener voz en el Plan Regulador de Escazú

Tras varias semanas de movilización, tensión en el Concejo Municipal y exigencias por parte de la comunidad, este lunes 25 de agosto la Municipalidad de Escazú comunicó que se alcanzó un acuerdo sobre la gestión del Plan Regulador.

El comunicado establece que el Plan Regulador se trabajará de manera conjunta entre la Oficina Técnica Municipal y la Comisión Especial del Plan Regulador, reinstalando así un espacio de representación comunitaria que había sido eliminado semanas atrás.

Según informó la Municipalidad, el acuerdo fue promovido luego de una conversación entre el alcalde Orlando Umaña Umaña y el vecino Miguel León, que permitió convocar a los siete regidores propietarios para construir una salida negociada. La propuesta será presentada este martes en la sesión ordinaria del Concejo Municipal para su aprobación formal.

Participación fortalecida

El comunicado señala además que se reforzarán las capacidades de la Oficina Técnica y los procesos de participación ciudadana. De confirmarse en el Concejo, se trataría de un paso importante hacia un esquema más equilibrado que combine la capacidad técnica con la incidencia ciudadana.

Para los colectivos que se han movilizado, este desenlace es un reconocimiento al rol de la ciudadanía como actor legítimo en la definición de un Plan Regulador que afecta directamente el futuro del cantón: desde la protección de los Cerros de Escazú y la recarga hídrica, hasta la gestión de riesgos, la movilidad y la calidad de vida en los barrios.

La fuerza de la movilización

El acuerdo no surge de la nada. Fue la presión organizada de vecinos, colectivos y organizaciones —expresada en concentraciones, comunicados y presencia activa en las sesiones municipales— la que obligó a las autoridades a abrir espacios de diálogo y negociación.

La comunidad escazuceña demostró que la vigilancia y la acción colectiva pueden revertir decisiones que parecían cerradas, recuperando un mecanismo de representación ciudadana y exigiendo mayor transparencia en la gestión municipal.

Próxima cita: martes en el Concejo

El próximo martes la propuesta será presentada en el Concejo Municipal. La expectativa es que se apruebe el acuerdo y se ratifique la corresponsabilidad entre la Oficina Técnica y la Comisión Especial, consolidando un proceso de ordenamiento territorial con mayor legitimidad democrática.

La lección es clara: cuando la ciudadanía se organiza, la participación deja de ser un trámite y se convierte en una fuerza capaz de incidir en el rumbo del cantón.

Un camino difícil, pero legítimo

El acuerdo alcanzado no oculta que el proceso estuvo lleno de obstáculos. Las personas vecinas que impulsaron la convocatoria enfrentaron intentos de desacreditación pública, cuestionamientos sobre sus motivaciones e incluso la minimización de sus demandas dentro del propio Concejo Municipal.

A pesar de ello, se mantuvieron firmes en la defensa del derecho a participar en las decisiones sobre el territorio. Con organización, constancia y presencia activa lograron demostrar que sus preocupaciones eran legítimas y que sus reclamos estaban sustentados en principios democráticos.

Hoy, con la apertura de la mesa de diálogo y el acuerdo de trabajo conjunto entre la Oficina Técnica y la Comisión, queda en evidencia que la movilización no fue en vano. Las vecinas y vecinos actuaron en defensa del bien común y reafirmaron que la participación ciudadana no es una concesión, sino un derecho que debe respetarse y fortalecerse.

foto-hatillo

Luchas por el agua en Hatillo: ¿Qué nos dicen de nuestros territorios?

En esta entrevista conversamos con Andrés José Romero Méndez, autor de la tesis “Territorios urbanos hidrosociales: una crítica a los racionamientos y desabastecimientos de agua en el distrito de Hatillo, San José (2020-2024)”. El estudio revela cómo los cortes de agua no son solo un problema coyuntural o técnico, sino el resultado de decisiones políticas, históricas y estructurales que han relegado a comunidades enteras a vivir bajo racionamientos normalizados. En este diálogo exploramos:

🔎 La historia de la urbanización del agua en San José y su desigualdad.

⚖️ Cómo los racionamientos se legitiman jurídicamente como “inevitables”.

📢 La resistencia comunitaria en Hatillo y la disputa por narrar su propia realidad frente al discurso oficial.

Un intercambio que conecta geografía, política y vida cotidiana, y que invita a repensar el agua no solo como infraestructura, sino como un derecho y un campo de lucha.

Crédito imagen de cabecera: Semanario Universidad

510551338_24088067100790134_7682293961161828078_n

Nuestra América piensa y resiste: en solidaridad con quienes defienden la vida frente al extractivismo

La Primera Declaración de La Habana (1960) no fue solo un discurso de otro tiempo: fue un grito colectivo por soberanía, autodeterminación y justicia social. Hoy, denunciar la violencia extractiva no es “injerencia”, es continuar esa tradición emancipadora. Lo paradójico es que quienes acusan de conspirar a las voces críticas son, muchas veces, los mismos que firman contratos con Chevron, empresa que además trabaja directamente con Israel, o venden petróleo al gigante imperial que financia guerras y sostiene a Israel. El verdadero rostro del imperialismo no está en quienes defienden la vida, sino en los acuerdos lucrativos que traicionan la dignidad de los pueblos.

Se han difundido textos que pretenden instalar la idea de que académicos, activistas y organizaciones socioambientales en Venezuela —entre ellos Edgardo Lander, Emiliano Terán, Alexandra Martínez, Francisco Javier Velasco y Santiago Arconada— forman parte de una red de “injerencia extranjera” y de supuestas operaciones para desestabilizar al Estado venezolano.

Estas acusaciones no son nuevas: repiten, con ligeros matices, el guion habitual de quienes ven en toda crítica un acto de traición y en toda denuncia socioambiental un complot internacional. Lo novedoso hoy es el nivel de desproporción y simplificación, donde la etiqueta de “conspiración” sustituye cualquier debate real sobre el modelo extractivista y sus consecuencias sobre los pueblos y los territorios.

El recurso cómodo de la “injerencia”

Apelar a la “injerencia” es un recurso cómodo para quienes no desean discutir lo esencial: que el Arco Minero del Orinoco y otros megaproyectos extractivos están provocando devastación ambiental, vulnerando derechos de comunidades indígenas y abriendo paso a dinámicas de corrupción y violencia. Señalar estos problemas no significa alinearse con agendas imperiales, sino ejercer el mínimo deber ético de defender la vida y la dignidad de los pueblos.

Convertir a organizaciones, fundaciones o académicos críticos en “agentes extranjeros” es una manera de evadir responsabilidades y de instalar un clima de miedo donde toda voz disonante se trata como sospechosa. En lugar de debate, estigmatización; en lugar de diálogo, disciplinamiento.

La hipocresía de ciertas voces intelectuales

Resulta particularmente grave la hipocresía de sectores intelectuales que, en nombre de la defensa antiimperialista, callan ante la devastación ambiental y la represión interna, pero se activan de inmediato para deslegitimar a quienes levantan críticas fundamentadas.

Estos sectores dicen rechazar “las divisiones en el campo popular”, pero en la práctica reproducen un discurso que criminaliza, aísla y pone en riesgo a compañerxs de lucha. Su retórica se alimenta del mismo dispositivo que históricamente ha servido para perseguir la disidencia dentro de procesos revolucionarios: acusar de estar “del lado del enemigo” a quienes piensan distinto.

Chevron, Israel y los silencios cómplices

El mapa del poder global se entiende mejor siguiendo las rutas de las energías fósiles. Chevron, una de las principales transnacionales del sector, no solo ha devastado territorios en América Latina y África: también abastece directamente al Estado de Israel, sosteniendo con energía y capital la maquinaria de guerra que perpetra el genocidio contra el pueblo palestino.

Frente a esta realidad, el silencio de ciertos sectores intelectuales resulta ensordecedor. Quienes hoy se apresuran a acusar de “injerencistas” a Edgardo Lander y a quienes denuncian el extractivismo omiten deliberadamente esta complicidad estructural. Guardan silencio sobre cómo el capital que desangra a Venezuela, Ecuador o Nigeria también alimenta los crímenes de guerra en Gaza.

La contradicción se profundiza cuando el propio gobierno venezolano, que en los discursos se presenta como aliado del pueblo palestino, mantiene negocios con Chevron, empresa vinculada directamente al sostenimiento energético de Israel. ¿Cómo puede hablarse de solidaridad con Palestina mientras se negocia con una corporación que abastece a su verdugo?

Estas incoherencias no son detalles secundarios: muestran hasta qué punto el antiimperialismo puede vaciarse de sentido cuando se convierte en una consigna sin práctica consecuente. La crítica que se intenta acallar con acusaciones de “traición” o “intervencionismo” no es más que la insistencia en desenmascarar estas relaciones de poder, allí donde se cruzan extractivismo, genocidio y negocio.

Defender la crítica como parte de la emancipación

La verdadera fortaleza de cualquier proyecto emancipador no se mide por su capacidad de blindarse de toda crítica, sino por la disposición a escuchar y corregir. Deslegitimar a quienes cuestionan el extractivismo bajo el argumento de que “repiten tesis imperiales” no solo es injusto, sino peligroso: abre la puerta a que toda crítica social, ambiental o de derechos humanos sea catalogada como enemiga.

La historia latinoamericana nos ha enseñado que cuando la crítica se silencia, se impone el dogma; y cuando se criminaliza la diferencia, se erosiona la posibilidad de construir alternativas reales al capitalismo depredador.

Nuestra solidaridad

Desde diferentes territorios y luchas, expresamos nuestra solidaridad con Edgardo Lander, Emiliano Terán, Alexandra Martínez, Francisco Javier Velasco y Santiago Arconada, así como con todas las personas y organizaciones que defienden la vida frente al extractivismo en Venezuela y en América Latina.

Su trabajo es parte de una larga tradición de pensamiento crítico y compromiso con los bienes comunes. Callar o atacar esa labor no fortalece ningún proceso popular: al contrario, lo debilita.

Defender la posibilidad de disentir, cuestionar y proponer alternativas no es un lujo, es una necesidad histórica. Frente a los intentos de disciplinamiento, reafirmamos que la solidaridad entre pueblos y movimientos no se construye repitiendo consignas, sino sosteniendo espacios de crítica, cuidado y dignidad compartida.

José Martí: el antiimperialismo como defensa de la dignidad de los pueblos

José Martí comprendió tempranamente que el imperialismo era, más que una amenaza externa, un sistema que pretendía moldear conciencias y subordinar economías. En textos como Nuestra América (1891), Martí advierte contra “los pueblos que se creen el ombligo del mundo” y llama a los latinoamericanos a gobernarse con sus propias realidades, no con recetas importadas.

Para Martí, la lucha contra el imperialismo no se reducía al enfrentamiento militar o político, sino a un proyecto cultural y ético de afirmación de la dignidad. Esa tradición martiana nos recuerda que criticar los proyectos extractivistas que entregan territorios a capitales extranjeros no es alinearse con el enemigo, sino precisamente honrar la vocación emancipadora de nuestros pueblos. Como escribió Martí, “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”. Quienes hoy levantan críticas desde la ecología política siguen levantando trincheras de ideas frente a un modelo que, bajo el ropaje de “desarrollo”, repite lógicas coloniales.

Franz Fanon: descolonizar implica también cuestionar las élites propias

Franz Fanon, en obras como Los condenados de la tierra (1961), señaló con claridad que la liberación no podía quedarse en la expulsión del colonizador externo: había que evitar que las élites locales reprodujeran las mismas lógicas de opresión y saqueo. Para Fanon, la descolonización era un proceso integral que exigía transformar las estructuras políticas, económicas y culturales, no simplemente cambiar de administradores.

Esta reflexión es fundamental hoy en Venezuela y en América Latina: se puede invocar la bandera antiimperialista mientras se perpetúan prácticas extractivistas que reproducen las formas coloniales de dominación sobre pueblos indígenas y territorios. Fanon advirtió contra el riesgo de sustituir el colonialismo europeo por “burguesías nacionales” que se enriquecen a costa de su pueblo. En ese sentido, la crítica a proyectos como el Arco Minero no debilita la lucha antiimperialista: la fortalece, porque desnuda cómo el colonialismo puede mutar y reaparecer bajo nuevas máscaras.

Ignacio Ellacuría: la crítica como opción por los pueblos crucificados

El pensamiento de Ignacio Ellacuría, filósofo y teólogo asesinado en El Salvador en 1989, aporta una clave imprescindible: la verdad histórica se encuentra en los pueblos crucificados. Ellacuría sostenía que toda reflexión crítica debía partir de las víctimas del sistema, de los pobres, de quienes sufren la violencia estructural. Desde esa opción preferencial, la función de la intelectualidad y de las instituciones no es legitimar a los poderosos, sino develar las injusticias y ponerse del lado de quienes cargan la cruz de la historia.

Aplicado a la Venezuela actual, este legado nos obliga a escuchar a las comunidades indígenas y a los territorios devastados por el extractivismo, no a silenciarlos con acusaciones de conspiración. Ellacuría hablaba de la necesidad de una “civilización de la pobreza”, entendida no como miseria impuesta, sino como un proyecto donde los bienes comunes se compartan y la vida se defienda. Ese horizonte es incompatible con la criminalización de quienes, desde la ecología política, denuncian el sufrimiento de los pueblos y de la naturaleza.

La crítica verdadera frente a los intelectuales a sueldo

Silvio Rodríguez nos recordó, en una de sus canciones más descarnadas, que hay voces que se visten de rebeldía pero suenan huecas, porque en realidad repiten lo que el poder les dicta. Esa imagen del “harapo” es demoledora: el disfraz de radicalidad que, al primer soplo del viento, deja ver su costura oportunista.

Hoy, algunos pseudointelectuales se presentan como guardianes de la revolución y portavoces de la “lucha antiimperialista”, pero sus discursos terminan coincidiendo con los intereses de los mismos Estados y aparatos que los financian. Usan la retórica de la patria y del pueblo, pero se acomodan a las estructuras que garantizan su prestigio, sus viajes, sus publicaciones y sus sueldos.

Mientras tanto, quienes se atreven a señalar los daños concretos —el extractivismo que arrasa, las comunidades indígenas que resisten, los territorios envenenados— son acusados de ser “injerencistas” o “agentes del imperio”. La ironía es brutal: los auténticos críticos son perseguidos, y los burócratas del pensamiento se envuelven en banderas para esconder su servidumbre.

La canción de Silvio nos deja una clave: la verdadera coherencia no se mide en discursos grandilocuentes, sino en la capacidad de sostener la dignidad aun en la intemperie. Frente a los trajes de oropel de la pseudointelectualidad, reivindicamos las voces que, con harapos si hace falta, siguen defendiendo la vida, los pueblos y los bienes comunes.

El verdadero imperialismo no está en las voces críticas que denuncian la devastación ambiental ni en los colectivos que levantan trincheras de ideas para defender a los pueblos. El imperialismo se sostiene en los contratos con transnacionales como Chevron, en el sudor de quienes extraen petróleo que luego se vende al mismo Estados Unidos que financia guerras y sostiene a Israel en su política genocida contra Palestina.

Hablar de “injerencia” para acallar a académicos, ecologistas o movimientos sociales es una paradoja dolorosa, cuando las puertas del extractivismo se abren sin reparos al capital extranjero. Quienes hoy señalan con el dedo a Edgardo Lander y a otros compañeros deberían mirar de frente esa contradicción: ¿quién sirve más a los intereses imperiales, el que denuncia la expoliación de los pueblos o el que la administra con la excusa del desarrollo?

El antiimperialismo verdadero no se decreta: se ejerce en la defensa de la dignidad, en la coherencia frente al poder y en la capacidad de escuchar a los pueblos que resisten. Todo lo demás es un harapo que, tarde o temprano, deja ver su costura.

Activismo en directo (con spoilers de Chevron incluidos)

Antes de que alguien se espante, aclaramos: no se trata de conspiraciones fantasiosas ni de fake news… o bueno, depende de a quién le preguntes. Los videos que verán a continuación muestran a activistas y académicos desenmascarando la complicidad de grandes empresas y Estados en dinámicas de saqueo y violencia. Sí, incluso aquellos que algunos prefieren ignorar: como ese pequeño detalle sobre Chevron, su “misión liberadora” en Venezuela y su relación con Israel… pero shhh, mejor no decirlo demasiado fuerte. Prepárense para ver verdades incómodas que ciertos intelectuales suelen omitir mientras se disputan la etiqueta de antiimperialistas.

Chevron, la nueva aliada del antiimperialismo: abastece a Israel, pero no se preocupen… seguro es fake news, porque nadie querría arruinar sus nobles inversiones liberadoras en Venezuela.

Para que no nos acusen de inventar ni de ‘injerencistas’, usamos como fuente a Telesur: nada más revolucionario que enterarse por la TV del gobierno cómo Chevron y Venezuela sellan su ‘antiimperialismo’ con contrato y apretón de manos… mientras la misma Chevron abastece de gas a Israel para sostener el genocidio en Gaza.

Y para completar el guion, en el video de Telesur sobre Chevron aparece Ignacio Ramonet, el mismo que luego denuncia —con toda razón— que Israel mata periodistas. Una escena digna de tragicomedia: condenar al verdugo en Gaza mientras se aplaude al socio que trabaja por la «revolución» en Caracas. Antiimperialismo a la carta.

Atención: video de Grosfoguel denunciando a Israel… aunque estamos casi seguros de que se cortó justo cuando iba a mencionar a su socio secreto, Chevron. Ups, mejor no decir eso, que son solo ‘inversiones liberadoras’ en Venezuela.

Patricia Villegas celebra la resistencia palestina desde 1979… y en 2025 también celebra la reanudación de Chevron en Venezuela. Nada como combinar décadas de lucha por la soberanía con un poquito de ‘inversiones liberadoras’. Todo muy coherente, claro.

Maduro denuncia a Israel como el nuevo Hitler en Gaza… pero curiosamente nadie menciona que Hitler también hacía negocios con empresas cómplices. Mejor no decir eso, sobre todo si alguna de esas empresas rima con Chevron y da un tirón… a los pueblos mientras habla de ‘inversiones liberadoras’ en Venezuela.

Y ahora, para que no queden dudas de la “liberación energética” en acción, les presentamos los datos directamente de la propia Chevron. Sí, sí, esa misma empresa que Telesur celebra como “reanudando sus operaciones liberadoras” en Venezuela. No se preocupen: no vamos a dudar de la fuente oficial, porque ¿quién podría cuestionar a una corporación mientras construye gasoductos y suministra gas a uno de los Estados más militarizados del mundo? Prepárense para cifras, inversiones millonarias y producciones récord… todo muy coherente con la narrativa del progreso y la soberanía… para algunos.

Operaciones de Chevron en Israel
ProyectoAño Descubrimiento / DesarrolloSocios y participación de ChevronUbicación y característicasProducción / Impacto
LeviatánDescubierto 2010; desarrollo principal 2010-201xChevron Mediterranean Limited 39,66%; NewMed Energy 45,34%; Ratio Energies 15%130 km al oeste de Haifa, Mar Mediterráneo; cuatro pozos de producción a ~5 km de profundidad; gasoducto submarino e instalaciones de procesamientoProducción de 12 mil millones m³ de gas/año; permite cesar uso de carbón en generación eléctrica para 2025; exportador significativo de gas
TamarDescubierto 2009; desarrollado en 4 añosChevron Mediterranean Limited 25%; Isramco 28,75%; Tamar Petroleum 16,75%; Mubadala Energy 11%; Tamar Investment 2 11%; Dor Gas 4%; Union Energy & Systems 2 3,5%90 km al oeste de Haifa; 5 km de profundidad; superficie 100 km²; seis pozos de producciónAbastece ~70% del consumo eléctrico de Israel; reducción del uso de carbón, fueloil y diésel; mejora de calidad del aire
Mari-BDescubierto 2000; suministro desde 2004. Actualmente agotado.Chevron / Noble Energy junto con Delek, Delek Drilling y AvnerParte del proyecto Yam Tethys28 mil millones m³ de gas natural; primera vez que el gas natural fluye a las costas de Israel; suministro al mercado local

Chevron. (2025). Nuestros proyectos en Israel: Leviatán, Tamar y Mari-B. Recuperado de https://israel.chevron.com/en/our-businesses

¿Por qué hicimos esta nota? Omisiones y dobles estándares en la esfera intelectual y política

Ramón Grosfoguel ha denunciado consistentemente las políticas de Israel hacia Palestina y ha señalado violaciones de derechos humanos en diversos contextos. Sin embargo, en sus intervenciones públicas no se ha referido a los vínculos de empresas transnacionales como Chevron con Israel, a pesar de que estas corporaciones mantienen operaciones en territorios donde se perpetran políticas de guerra y ocupación.

Situación similar se observa en otros actores mediáticos e intelectuales. Ignacio Ramonet, por ejemplo, condena con firmeza ataques contra periodistas en Gaza, pero no aborda los vínculos corporativos que financian o sostienen indirectamente esas operaciones. Patricia Villegas, desde Telesur, celebra la resistencia palestina y la soberanía energética en América Latina, mientras la misma cobertura omite mencionar la reanudación de operaciones de Chevron en Venezuela, que abastece gas a Israel. Por su parte, Nicolás Maduro denuncia agresiones en Gaza y las compara con episodios históricos de genocidio, pero no cuestiona la complicidad indirecta derivada de contratos con corporaciones transnacionales.

Estas ausencias no son inocentes. En el contexto de la campaña de criminalización desarrollada por el gobierno venezolano contra intelectuales y activistas críticos —como Edgardo Lander, Emiliano Terán, Alexandra Martínez, Francisco Javier Velasco y Santiago Arconada— la omisión de estos vínculos corporativos y económicos estratégicos se vuelve parte de un patrón de control discursivo. Se promueve la narrativa de “injerencia extranjera” para deslegitimar críticas al extractivismo y a la gestión estatal, mientras se silencia información que podría evidenciar contradicciones en la política oficial.

Desde la perspectiva crítica, estas omisiones evidencian cómo ciertos aspectos de la relación entre corporaciones y Estados quedan fuera del debate, mientras se enfatiza la condena a políticas estatales específicas. Señalar estas ausencias permite un análisis más completo del poder global y de las conexiones entre extractivismo, financiamiento de conflictos y narrativas auto-proclamadas como antiimperialistas, mostrando que la defensa de la soberanía no puede sostenerse en silencios estratégicos.