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Justicia tardía y memoria viva: Marielle Franco y las democracias bajo asedio

Esta nota es una invitación a leer Laboratorio favela, una obra clave para comprender cómo la violencia estatal, el racismo estructural y el punitivismo atraviesan nuestras democracias desiguales. Desde los territorios populares de Río de Janeiro, Marielle Franco articula investigación y compromiso político para repensar la seguridad, la democracia y el derecho a la ciudad desde la defensa de la vida.

📘 Descargá el libro Laboratorio favela publicado por Tinta Limón

La reciente condena por el asesinato de Marielle Franco y Anderson Gomes marca un hito judicial importante, pero no clausura el debate político que su vida y su muerte siguen abriendo. Marielle no fue solo una víctima de la violencia política en Brasil: fue una pensadora crítica de la seguridad, del Estado y de la democracia en contextos atravesados por desigualdad, racismo y militarización de la vida cotidiana.

Desde su experiencia como mujer negra, favelada, lesbiana y concejala de Río de Janeiro, denunció con claridad el avance de un Estado punitivo que sustituye derechos por castigo y políticas sociales por control armado. En sus investigaciones y discursos mostró cómo la llamada “guerra contra las drogas” opera, en realidad, como una guerra contra los pobres, legitimada por el miedo, el racismo y un discurso de orden que naturaliza la muerte de ciertos cuerpos.

Seguridad, desigualdad y autoritarismo cotidiano

El pensamiento de Marielle interpela directamente a nuestras sociedades actuales, cada vez más desiguales y tentadas por respuestas punitivistas frente a conflictos sociales complejos. Allí donde el Estado se retira en materia de salud, educación o vivienda, suele reaparecer con fuerza en forma de policía, cárceles y vigilancia. La seguridad deja de pensarse como cuidado de la vida y se redefine como administración del miedo.

Marielle advirtió que estas políticas no solo afectan a las periferias urbanas: erosionan el pacto democrático en su conjunto. Cuando una parte de la sociedad acepta la suspensión de derechos para “otros”, se habilita un modelo de democracia frágil, selectiva y profundamente excluyente. Esta deriva autoritaria no se impone únicamente desde arriba: se construye cotidianamente cuando el castigo sustituye a la justicia social como horizonte político.

Territorio, vida y democracia

Desde esta mirada crítica, Marielle propone un desplazamiento fundamental: pensar la democracia desde los territorios. Lejos de una mirada victimista sobre las favelas, las reivindicó como espacios de potencia política, organización comunitaria y producción de vida. Su apuesta fue articular la lucha institucional con la autoorganización social, defendiendo el derecho a la ciudad frente a su mercantilización y militarización.

Recordarla hoy implica más que exigir justicia penal: supone preguntarnos qué modelos de seguridad estamos legitimando, qué violencias se normalizan en nombre del orden y qué lugar ocupan las vidas periféricas en nuestras democracias. En tiempos de endurecimiento discursivo y respuestas simplistas a problemas estructurales, su pensamiento sigue siendo una herramienta crítica para imaginar sociedades menos desiguales, menos punitivas y más profundamente democráticas.

El Estado penal y la “pacificación” como forma de guerra

Uno de los aportes más potentes de su trabajo es el análisis de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP) como expresión concreta del Estado penal. Lejos de representar una política de cuidado, la “pacificación” aparece como una estrategia de ocupación militar de territorios pobres, sostenida por un discurso de seguridad que legitima la suspensión cotidiana de derechos.

Marielle muestra cómo estas políticas no resuelven las causas de la violencia, sino que la administran selectivamente, normalizando el uso letal de la fuerza contra poblaciones racializadas y empobrecidas. La seguridad se convierte así en una tecnología de control territorial y social, antes que en una política de protección de la vida.

Racismo estructural y gestión diferencial de la vida

El análisis se profundiza al mostrar que la violencia estatal en Río de Janeiro no es un exceso ni una desviación, sino una práctica estructural atravesada por el racismo. Jóvenes negros de las favelas son construidos como enemigos internos, cuerpos prescindibles en nombre del orden y la estabilidad.

Marielle insiste en que no hay neutralidad posible en estas políticas: la seguridad pública define quién merece vivir y quién puede morir sin escándalo social. Esta gestión diferencial de la vida revela una democracia profundamente jerarquizada, donde la igualdad formal convive con la desprotección sistemática de ciertos sectores sociales.

Ciudad mercancía versus derecho a la ciudad

Otro eje central de su pensamiento es la crítica a la ciudad concebida como empresa. La militarización de las favelas se articula con proyectos inmobiliarios, turísticos y de “revitalización urbana” que expulsan a poblaciones históricas. La seguridad funciona como condición para el negocio: limpiar territorios, disciplinar cuerpos y allanar el camino a la mercantilización del espacio urbano.

Frente a ello, Marielle defiende el derecho a la ciudad como derecho a permanecer, a decidir y a producir vida en el territorio. No se trata solo de acceso a servicios, sino de participación real en las decisiones que afectan los espacios donde se vive.

Favela como potencia política y comunitaria

Contra las miradas que reducen la favela a carencia o amenaza, Laboratorio favela la presenta como espacio de organización, saberes y resistencias. Marielle recupera experiencias comunitarias, culturales y políticas que disputan el sentido de la seguridad y la democracia desde abajo.

Su apuesta no fue romantizar la precariedad, sino reconocer la capacidad colectiva de las periferias para producir alternativas frente a la violencia estatal y el abandono institucional. Allí donde el Estado aparece solo para castigar, emergen prácticas de cuidado, solidaridad y organización que sostienen la vida.

Democracia bajo asedio y bienes comunes sociales

El asesinato de Marielle no puede separarse del contexto que ella misma denunció: el debilitamiento del pacto democrático, la normalización del autoritarismo y la aceptación social de la violencia como herramienta política. Su pensamiento funciona hoy como una advertencia para América Latina: cuando la desigualdad se gobierna con castigo y miedo, la democracia se vacía de contenido.

Desde esta trayectoria, repensar los bienes comunes sociales —la seguridad, la ciudad, los territorios, la democracia misma— se vuelve una tarea urgente. Marielle nos invita a comprenderlos no como mercancías ni como privilegios, sino como construcciones colectivas orientadas al cuidado de la vida. Leerla hoy es, en ese sentido, una forma de disputar el sentido común punitivo y de defender una democracia que ponga en el centro la dignidad, la justicia y la vida de todas las personas.

Pistas para leer el pensamiento de Marielle Franco

Para profundizar en estas reflexiones, resulta útil detenerse en algunos conceptos centrales del pensamiento de Marielle Franco. Más que categorías teóricas abstractas, se trata de herramientas políticas construidas desde la experiencia territorial y la investigación crítica, que permiten comprender cómo operan hoy la seguridad, la desigualdad y el poder en nuestras democracias. La siguiente tabla ofrece un acercamiento sintético a estos ejes, facilitando la lectura y el diálogo con los debates actuales.

Concepto clave¿Qué nos propone Marielle Franco?¿Por qué interpela hoy?
Estado penalUn Estado que reduce derechos sociales y refuerza el castigo, la policía y las cárceles como forma de gobernar la desigualdad.Porque muchas democracias gestionan la exclusión con represión en lugar de justicia social.
PacificaciónDiscurso que encubre la ocupación militar de las favelas y la suspensión cotidiana de derechos.Ayuda a cuestionar políticas de “mano dura” presentadas como soluciones técnicas.
Guerra contra los pobresLa llamada guerra contra las drogas funciona como guerra selectiva contra cuerpos racializados y territorios empobrecidos.Permite leer críticamente el uso del miedo para legitimar violencia estatal.
Racismo estructuralEje central de la violencia: define quién es sospechoso, quién es descartable y quién merece protección.Explica por qué la violencia no se distribuye de forma neutral en la sociedad.
Favela como potenciaTerritorio de organización, saberes, creatividad política y vida comunitaria, no solo de carencias.Rompe con miradas estigmatizantes sobre periferias y territorios populares.
Ciudad mercancíaLa ciudad gestionada como negocio, donde la seguridad prepara el terreno para la especulación.Dialoga con procesos de gentrificación y expulsión en América Latina.
Derecho a la ciudadDerecho a habitar, decidir y producir vida en el territorio, más allá del mercado.Plantea una democracia urbana centrada en la vida y no en la rentabilidad.
Democracia en riesgoLa aceptación de la violencia estatal debilita el pacto democrático desde dentro.Advierte sobre democracias formales que toleran exclusiones profundas.
Pueden descargar la infografía aquí:
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Umberto Eco y los bienes comunes: lenguaje, memoria y democracia

En el aniversario del fallecimiento de Umberto Eco (19 de febrero), su pensamiento vuelve a ofrecer claves profundas para repensar los bienes comunes más allá de lo material. Eco mostró que las sociedades no se sostienen únicamente sobre recursos naturales o infraestructuras, sino sobre sistemas de sentido compartidos: el lenguaje, la memoria, los saberes y los relatos que hacen posible la vida colectiva y la experiencia democrática.

El lenguaje es un bien común porque no pertenece a nadie en particular: se hereda, se transforma y se mantiene vivo en el uso social. Para Eco, en el lenguaje se disputa la forma en que nombramos la realidad y, por tanto, cómo la comprendemos. Cuando el lenguaje se empobrece, se reduce a consignas o se manipula deliberadamente, se limita la capacidad crítica de la ciudadanía. Defender el lenguaje como bien común implica cuidar su pluralidad, su precisión y su potencia para expresar conflictos, matices y alternativas.

La memoria constituye otro bien común fundamental. Archivos, bibliotecas, tradiciones y recuerdos compartidos permiten a una sociedad reconocerse en el tiempo. Eco entendía la memoria no como un simple depósito del pasado, sino como un recurso político que orienta el presente y abre horizontes de futuro. Cuando la memoria colectiva se borra, se fragmenta o se convierte en mercancía, se debilitan los vínculos entre generaciones y se normalizan las injusticias. Cuidar la memoria como bien común es una forma de resistencia frente al olvido impuesto.

Los saberes también son bienes comunes. El conocimiento no surge de manera aislada, sino en diálogo con comunidades, prácticas sociales y tradiciones intelectuales. Eco advirtió sobre los riesgos de la sobreinformación y del falso saber: la acumulación de datos sin comprensión crítica produce ciudadanos saturados, pero políticamente frágiles. Defender los saberes como bienes comunes implica garantizar el acceso, la circulación crítica del conocimiento y el reconocimiento de múltiples formas de saber, más allá de las lógicas del mercado o la tecnocracia.

Los relatos, por su parte, organizan la manera en que una sociedad se explica a sí misma. Mitos, novelas, discursos políticos y narrativas mediáticas configuran imaginarios colectivos. Eco mostró que quien controla los relatos puede moldear percepciones, justificar desigualdades o invisibilizar conflictos. Por eso, la defensa de los bienes comunes pasa también por disputar los relatos dominantes y abrir espacio a narrativas que reconozcan la dignidad, la diversidad y la vida en común.

Sobreinformación y falso saber: cuando saber no es comprender

Uno de los aportes más actuales de Umberto Eco es su advertencia sobre la sobreinformación y el falso saber. Eco señaló que la acumulación masiva de datos, noticias y opiniones no garantiza comprensión ni pensamiento crítico. Por el contrario, puede generar confusión, saturación y una ilusión de conocimiento que debilita la capacidad de discernir, jerarquizar y contrastar información.

En este contexto, el saber deja de ser un bien común orientado a la comprensión colectiva y se transforma en ruido. La circulación constante de información sin criterios, sin mediación pedagógica ni responsabilidad pública, produce sujetos informados pero no necesariamente conscientes. El falso saber —opiniones presentadas como hechos, datos descontextualizados, simplificaciones extremas— erosiona la confianza en el conocimiento y deslegitima los espacios de aprendizaje compartido.

Defender los saberes como bienes comunes implica, entonces, restituir el valor de la interpretación, la duda y el diálogo, frente a la velocidad y el consumo acrítico de información. No se trata de saber más, sino de comprender mejor, colectivamente, el mundo que habitamos.

El desgaste de la democracia cuando se erosionan los bienes comunes simbólicos

La degradación del lenguaje, la memoria, los saberes y los relatos produce un desgaste silencioso de la democracia. Eco advirtió que las democracias no colapsan únicamente por golpes autoritarios, sino también cuando se vacían las condiciones culturales que sostienen la deliberación y la participación. La manipulación del lenguaje sustituye el debate por consignas; la pérdida de memoria colectiva impide reconocer responsabilidades históricas; la mercantilización del saber rompe la igualdad mínima para discutir lo público; y la captura de los relatos define quiénes cuentan y quiénes quedan fuera.

Este desgaste no siempre es visible de inmediato. Las instituciones pueden seguir funcionando, pero la ciudadanía pierde herramientas para comprender, cuestionar y transformar la realidad. La democracia se vuelve procedimental, mientras la vida democrática —el diálogo, el disenso informado, la construcción de sentidos compartidos— se debilita.

Desde esta perspectiva, defender los bienes comunes simbólicos es una tarea política central. Recordar a Umberto Eco es reconocer que sin lenguaje vivo, memoria compartida, saberes accesibles y relatos plurales, la democracia persiste en la forma, pero se erosiona en su contenido, dejando a las sociedades más vulnerables a la manipulación y al autoritarismo cotidiano.

Cuidar lo común para sostener la democracia

A diez años de su fallecimiento, el legado de Umberto Eco sigue siendo una invitación urgente a asumir una responsabilidad colectiva: cuidar los bienes comunes simbólicos como condición de la vida democrática. Lenguaje, memoria, saberes y relatos no son adornos culturales, sino los cimientos desde los cuales una sociedad puede deliberar, disentir y construir horizontes compartidos.

Defender estos bienes implica prácticas cotidianas de lectura crítica, preservación de la memoria, circulación abierta del conocimiento y disputa por narrativas que reconozcan la dignidad de todas las personas. En un contexto de saturación informativa, polarización y mercantilización del sentido, recordar a Eco es recordar que la democracia se sostiene tanto en instituciones como en culturas políticas vivas. Cuidar lo común, hoy, es una forma concreta de defender la posibilidad misma de una democracia con contenido, sentido y futuro.

Pueden descargar la infografía aquí.

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Umberto Eco: comunicación, diversidad y democracia cultural – Entrevista UNESCO, 1993. Descargar aquí.

La entrevista de Umberto Eco publicada por En el Correo de la UNESCO amplía y refuerza las ideas desarrolladas en nuestra nota al situar el lenguaje, los signos y la cultura como condiciones básicas de la convivencia democrática. Eco plantea que la semiótica no es un saber especializado para expertos, sino una herramienta cívica que permite comprender cómo se construyen los significados, cómo circula el poder simbólico y cómo se hace posible —o se bloquea— el reconocimiento entre personas y culturas.

A lo largo de la entrevista, Eco destaca varios aportes clave que dialogan directamente con lo que hemos venido comentando:

  • El lenguaje y la traducción como bienes comunes que permiten el encuentro entre culturas distintas, aun cuando ese encuentro sea siempre imperfecto y conflictivo.

  • La diversidad cultural como una riqueza que exige interpretación y diálogo, no imposición ni relativismo absoluto.

  • La educación en la lectura de los signos como base para formar sujetos críticos, tolerantes y capaces de vivir en sociedades plurales.

  • Una mirada no apocalíptica sobre los medios y la cultura de masas, que reconoce tanto sus riesgos como su potencial pedagógico.

En este marco, la entrevista aporta una clave central para comprender el desgaste de la democracia: cuando se pierde la capacidad de interpretar, traducir y discutir los significados compartidos, la vida democrática se vacía. Por eso, recuperar a Umberto Eco desde este diálogo con la UNESCO es reafirmar que defender el lenguaje, los saberes y los relatos como bienes comunes es una tarea política urgente, especialmente en contextos de sobreinformación, simplificación y polarización del sentido.

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La otra cara del banano: una tesis que interpela al derecho laboral costarricense

Investigación en Derecho de la Universidad de Costa Rica (2024) que examina cómo se legitiman prácticas laborales ilegales en el trabajo bananero del Valle de la Estrella, realizada por David Bermúdez Corrales.

Una reciente tesis de Derecho en la Universidad de Costa Rica analiza cómo factores socioculturales influyen en la normalización de prácticas laborales ilegales en fincas bananeras del Caribe. Más allá de lo jurídico, el estudio abre preguntas incómodas sobre poder, dependencia y acceso real a la justicia laboral.

¿Por qué importa esta tesis?

El banano ha sido uno de los pilares históricos de la economía costarricense, especialmente en la región Caribe. Su peso económico y simbólico ha marcado territorios, comunidades y formas de vida. Sin embargo, detrás de esa centralidad productiva existen relaciones laborales complejas que rara vez se analizan desde perspectivas sociojurídicas.

La tesis de David Bermúdez Corrales se sitúa precisamente en ese vacío. En lugar de enfocarse en los sectores más visibles del trabajo agrícola, el estudio dirige la mirada hacia un grupo poco explorado: el personal administrativo de una finca bananera en el Valle de la Estrella. Desde un enfoque cualitativo, la investigación indaga cómo elementos culturales, económicos y simbólicos influyen en la forma en que las personas perciben y aceptan condiciones laborales que podrían ser ilegales.

Este desplazamiento del análisis —del derecho abstracto a la experiencia vivida— marca uno de los aportes centrales del trabajo.

Más que leyes: cultura, dependencia y trabajo

Uno de los hallazgos más relevantes de la tesis es que las irregularidades laborales no pueden entenderse únicamente desde la normativa jurídica. La ley, por sí sola, no explica por qué ciertas prácticas persisten ni por qué muchas veces son toleradas o incluso justificadas.

El estudio identifica varios factores socioculturales que moldean la relación laboral. Entre ellos destacan la dependencia económica de la actividad bananera, la percepción de estatus asociada a puestos administrativos, la gratitud hacia el empleador como mecanismo simbólico, la necesidad de conservar el empleo en contextos con pocas oportunidades y las limitaciones organizativas colectivas.

Lejos de ser elementos secundarios, estos factores configuran un entramado donde las relaciones laborales adquieren un carácter profundamente relacional. En ese contexto, prácticas cuestionables pueden llegar a normalizarse, no necesariamente por desconocimiento de derechos, sino por las condiciones estructurales en las que se desarrollan las trayectorias laborales.

Jornadas extensas y sus efectos invisibles

A partir de este marco, la tesis se adentra en uno de los temas más sensibles del estudio: el tiempo de trabajo. El análisis de las jornadas laborales muestra que la extensión del tiempo de trabajo no tiene únicamente implicaciones económicas, sino también efectos sociales y subjetivos.

Entre las principales consecuencias señaladas se encuentran la reducción del tiempo libre y de descanso, afectaciones en las relaciones personales, así como estrés, agotamiento y riesgos para la salud física y mental. De esta forma, la discusión sobre jornadas deja de ser un asunto técnico para convertirse en una cuestión de calidad de vida.

Este punto se vincula con el uso ambiguo de figuras jurídicas como la del “trabajador de confianza”, que en la práctica puede ampliar jornadas sin suficientes controles. La tesis sugiere que, en determinados contextos, esta categoría opera como una zona gris donde la flexibilidad empresarial se impone sobre la protección laboral.

¿Por qué no se denuncia?

Si uno de los hallazgos más visibles del estudio es la existencia de posibles irregularidades, uno de los más profundos es la explicación de por qué muchas personas no recurren a mecanismos legales, aun cuando sus derechos podrían estar siendo vulnerados.

La investigación identifica múltiples barreras que operan simultáneamente: miedo a perder el empleo, dependencia económica estructural, falta de confianza en instituciones y los costos emocionales y sociales asociados a denunciar. En territorios donde el trabajo y la vida comunitaria están estrechamente entrelazados, denunciar no es una decisión individual aislada, sino una acción cargada de consecuencias.

En este sentido, el trabajo cuestiona una premisa frecuente en el debate jurídico: que el acceso a la justicia laboral es universal por el simple hecho de existir formalmente. La tesis muestra que entre el derecho escrito y el derecho ejercido existe una distancia que solo puede comprenderse desde las condiciones sociales concretas.

Un llamado al derecho laboral

A partir de estos hallazgos, la investigación no se limita a describir una realidad, sino que plantea desafíos más amplios para el derecho laboral costarricense. Entre ellos destacan la necesidad de revisar la regulación del trabajador de confianza, repensar las excepciones a la jornada laboral y reconocer las barreras reales de acceso a la justicia.

Más allá del caso específico analizado, el estudio sugiere que el derecho laboral no puede evaluarse únicamente desde el texto normativo. Su eficacia depende, en gran medida, de las condiciones sociales que determinan su aplicación efectiva.

Esta perspectiva invita a desplazar la discusión desde la legalidad formal hacia la justicia material.

Conocimiento incómodo, pero necesario

Trabajos como este abren discusiones que suelen quedar fuera del debate público: la relación entre cultura, poder y trabajo. Al situar el análisis en un territorio concreto y en experiencias vividas, la tesis obliga a mirar más allá de las categorías jurídicas tradicionales.

En un contexto donde se discuten reformas laborales, flexibilización y productividad, investigaciones de este tipo recuerdan que las leyes no operan en el vacío. Se encarnan en territorios específicos, en historias personales y en relaciones atravesadas por desigualdades estructurales.

La pregunta que queda abierta es simple, pero profunda:
¿Puede haber derechos laborales efectivos sin condiciones sociales que permitan ejercerlos?

Diálogo abierto: academia y sociedad

Compartir este tipo de trabajos no solo fortalece el debate académico, sino que también amplía la conversación pública sobre trabajo digno, justicia social y democracia laboral en Costa Rica.

En tiempos donde la discusión sobre el trabajo suele reducirse a indicadores económicos o reformas legales, investigaciones como esta invitan a volver a lo esencial: las personas, sus trayectorias y las condiciones reales en las que viven y trabajan.

Pueden descargar la tesis aquí.

Compartimos esta infografía con algunos aportes iniciales de la tesis para invitarles y motivar a leerla.

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Por qué importa compartir estas tesis

Las tesis como esta no son solo ejercicios académicos: son esfuerzos sostenidos de investigación que nacen de preguntas reales, territorios concretos y problemáticas urgentes. En muchos casos, condensan años de trabajo, escucha y reflexión que rara vez circulan más allá de espacios universitarios.

Compartir estos trabajos permite democratizar el conocimiento, sacarlo de los repositorios cerrados y ponerlo en diálogo con quienes viven, investigan o se organizan en torno a estas realidades. Cuando una tesis se vuelve pública, deja de ser un documento individual y se transforma en una herramienta colectiva: para el debate, la formación y la acción.

Difundir investigaciones sobre trabajo, territorio y justicia social también contribuye a construir memoria. Permite documentar experiencias que suelen quedar fuera de los relatos oficiales y fortalecer miradas críticas sobre procesos que, aunque cotidianos, muchas veces permanecen invisibilizados.

Apostar por compartir estas tesis es, en el fondo, una forma de reconocer que el conocimiento no termina en la academia. Se completa cuando circula, se discute y se vuelve útil para pensar el presente y construir alternativas.

Hospital-Sin-Paredes

Hospital sin Paredes: una historia vigente de salud comunitaria

El Hospital sin Paredes no es solo un capítulo destacado en la historia de la salud pública costarricense: es una lección viva sobre cómo una comunidad puede construir bienestar cuando la salud se entiende como un proceso social, participativo y profundamente humano. Hoy, compartimos una reedición del documento Nuestra Historia sin Paredes —preparada para poner nuevamente en circulación la memoria de esta experiencia— junto con dos entrevistas a Enid Cruz, quien vivió de cerca la construcción de este proyecto y el legado del Dr. Juan Guillermo Ortiz.

Un modelo de salud adelantado a su tiempo

El Hospital sin Paredes surgió como respuesta a las necesidades de comunidades rurales que permanecían excluidas de la atención médica tradicional. La experiencia innovó al romper —literalmente— las paredes que separaban al hospital de la vida cotidiana de la gente.

Esta propuesta acercó la salud a los hogares, formó auxiliares de enfermería elegidas por la comunidad, impulsó equipos interdisciplinarios, creó puestos de salud y organizó responsables de salud que articulaban la participación popular con el conocimiento técnico.

El hospital caminaba a la par de la comunidad: acompañaba, prevenía, enseñaba y construía soluciones colectivas frente a los problemas ambientales, sociales y económicos que afectaban la vida.

La voz de Enid Cruz: memoria y compromiso

En el video principal, Enid Cruz comparte su experiencia dentro del Hospital sin Paredes, recordando cómo el programa puso en práctica un enfoque integral y cercano con las comunidades. Sus vivencias revelan el espíritu de trabajo solidario que caracterizó al programa: un modelo donde escuchar, comprender y acompañar eran tan importantes como diagnosticar o tratar.

En un segundo video, Enid habla del Dr. Juan Guillermo Ortiz, figura central del proyecto. Su visión social de la salud permitió que el hospital se transformara en un espacio abierto, democrático y participativo, donde cada persona tenía algo que aportar para el bienestar común.

Leer el documento histórico

Como parte de esta conmemoración, ponemos a disposición la reedición de Nuestra Historia sin Paredes, un documento que recopila testimonios, datos, poemas de las comunidades, fotografías y análisis de un proceso que marcó un antes y un después para la salud en San Ramón y la región.

Es una invitación a volver sobre esa memoria desde el presente:
¿Qué podemos aprender hoy del Hospital sin Paredes?
¿Qué elementos de esa experiencia siguen siendo urgentes?

Un legado para los bienes comunes sociales

El Hospital sin Paredes ofrece aprendizajes muy valiosos para pensar los bienes comunes sociales —aquellos ámbitos esenciales para la vida que solo pueden sostenerse mediante prácticas colectivas de cuidado, acceso equitativo y responsabilidad compartida.

Tres enseñanzas centrales destacan:

1. La salud como construcción comunitaria: El programa mostró que la salud no se limita a la consulta médica. Requiere caminos, agua potable, organización, educación, alimentación, vivienda y participación. Es decir: la salud depende de los bienes comunes que sostienen la vida cotidiana.

2. La participación como derecho y como método: El lema “la salud es un derecho del pueblo y su participación un deber” expresaba algo fundamental: las comunidades no son beneficiarias pasivas, sino protagonistas del diseño y sostenimiento del sistema de salud. Esta visión sigue siendo crucial en tiempos donde la participación se fragmenta o reduce a trámites institucionales.

3. El vínculo entre conocimiento técnico y saberes populares: La experiencia de San Ramón demostró que profesionales y comunidades pueden construir soluciones juntos, reconociendo saberes locales, registrando datos, investigando causas y devolviendo la información a la población. Hoy, este diálogo es indispensable para cualquier gestión de bienes comunes.

Una historia viva

Aunque el programa enfrentó resistencias y fue debilitado por decisiones institucionales, su legado permanece. Es una memoria necesaria para seguir imaginando sistemas de salud más cercanos, participativos y justos.

Con esta nota, los videos y la reedición del documento original, invitamos a reconocer la vigencia del Hospital sin Paredes como un patrimonio social, un ejemplo de innovación pública y un recordatorio de que la salud —como la educación, el agua o el territorio— se sostiene mejor cuando se construye desde la comunidad.

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Cuando la rectoría ambiental pierde el rumbo: hallazgos críticos sobre la gobernanza del MINAE (2024-2025)

El reciente informe de la Contraloría General de la República (CGR) sobre la gobernanza de la política ambiental en el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) presenta un panorama que exige atención urgente. No se trata únicamente de debilidades administrativas; se expone una crisis estructural en la rectoría ambiental del país, justo cuando las tensiones territoriales, extractivas y climáticas son más severas que nunca.

El documento revela una institucionalidad ambiental sin dirección estratégica, sin una visión integral de los recursos naturales, sin mecanismos adecuados de monitoreo y con capacidades mermadas. Las funciones esenciales del Ministerio —liderar, coordinar, orientar, supervisar— se encuentran fragmentadas o delegadas en otras instituciones con mandatos distintos (como MIDEPLAN o Hacienda). Esto genera un vacío de gobernanza que termina dejando las decisiones ambientales sin brújula ni responsabilidad clara.

Las contradicciones internas también son profundas: traslape de funciones entre dependencias clave, ausencia de un marco ético, carencia de herramientas para gestionar riesgos, falta de transparencia, y nula evaluación de la satisfacción de las comunidades y sectores afectados por las políticas ambientales. Todo esto ocurre mientras las metas nacionales de biodiversidad, conservación y manejo de humedales presentan rezagos significativos.

El resultado es claro: una rectoría ambiental debilitada en un país cuya narrativa histórica de liderazgo verde ya no corresponde con la realidad institucional.

Dimensiones críticas de la política ambiental en un escenario de agotamiento, extractivismo y crisis climática

El informe no solo muestra fallas internas; también deja en evidencia cómo estas debilidades chocan con un contexto donde las tensiones ambientales son más complejas y profundas. En Costa Rica convergen hoy al menos cinco dimensiones críticas que exigen una rectoría ambiental fuerte, coherente y articulada:

1. El agotamiento de los bienes naturales como límite del modelo de desarrollo

Los territorios viven presiones crecientes sobre los bienes comunes: sobreexplotación del agua para agroindustrias, expansión inmobiliaria en cuencas y zonas costeras, pérdida acelerada de bosques secundarios, fragmentación de hábitats y degradación de humedales. La ausencia de políticas claras permite que el mercado, las presiones locales o los intereses económicos marquen el rumbo, debilitando la resiliencia ecológica y social del país.

2. La expansión de actividades extractivas “legales” y “a-legales”

Minería no metálica, turismo depredador, urbanizaciones en ZMT, monocultivos intensivos, acaparamiento de territorios, y en algunos casos captura territorial por crimen organizado. La falta de dirección del MINAE abre espacios para:

  • -permisología discrecional,

  • -licencias sin evaluación integral,

  • -omisiones de fiscalización, o

  • -uso instrumental de vacíos normativos.
    Es un escenario donde el extractivismo se abre paso “por ausencia” del Estado.

  • 3. La vulnerabilidad frente al cambio climático

    Inundaciones, sequías prolongadas, erosión costera, elevación del nivel del mar y pérdida de suelos agrícolas exigen políticas robustas de adaptación y mitigación. Sin embargo:

    • -no existe una estrategia ambiental integral,

    • -los riesgos no son evaluados,

    • -no hay indicadores unificados,

    • -y la planificación está desconectada entre dependencias.

    Una institucionalidad frágil simplemente no puede liderar procesos de adaptación territorial con la urgencia que exige la crisis climática.

4. La creciente conflictividad socioambiental

Comunidades enteras enfrentan proyectos que afectan sus ríos, bosques, acuíferos y formas de vida. La falta de rectoría provoca:

  • -indefensión jurídica,

  • -falta de información oportuna,

  • -procesos de participación simbólica,

  • -decisiones sin transparencia,

  • -y desgaste en la confianza hacia el Estado.

La desarticulación institucional fomenta escenarios donde las comunidades deben suplir tareas de monitoreo, fiscalización y denuncia.

5. La fragilidad institucional ante la captura y la opacidad

La CGR señala la ausencia de un sistema de rendición de cuentas, la inexistencia de un código de ética y la falta de control interno. Esto abre la puerta a:

  • -discrecionalidad,

  • -riesgos de corrupción,

  • -debilitamiento del control público,

  • -y pérdida de credibilidad.

En un contexto marcado por grandes intereses económicos, estos vacíos pueden convertirse en puntos de entrada para influencias indebidas.

Hallazgos y desafíos
Hallazgo clave del informeQué significaDesafío para defensoras, comunidades y organizaciones
Rectoría ambiental fragmentadaNo hay liderazgo estratégico del Ministro; las direcciones y órganos desconcentrados funcionan como islas.Exigir coherencia interinstitucional y fortalecer articulaciones locales que compensen la falta de coordinación estatal.
Ausencia de una estrategia integral de política ambientalNo existe un plan que integre temáticas como mares, humedales, agua potable o biodiversidad.Visibilizar vacíos de política y presionar por planificación basada en ciencia y participación comunitaria.
Seguimiento de la política ambiental delegado a MIDEPLAN y no al MINAEEl órgano rector no monitorea los avances ambientales, lo hace otra institución con fines distintos.Generar monitoreo ciudadano y comunitario que complemente o cuestione el seguimiento oficial.
Traslape y falta de coordinación entre SEPLASA y la Dirección de PlanificaciónFunciones duplicadas o reactivas, falta de claridad en roles y responsabilidades.Documentar casos donde la descoordinación genera afectaciones en territorios o ecosistemas.
Carencia de un sistema de valoración de riesgos (SEVRI)La institución no identifica ni gestiona riesgos ambientales o institucionales.Señalar riesgos emergentes (crimen organizado, turismo depredador, expansión inmobiliaria, minería, etc.).
Falta de controles de transparencia y rendición de cuentasNo existe sistema unificado de información; los reportes dependen de órganos desconcentrados.Demandar acceso a datos, trazabilidad y apertura de decisiones ambientales.
No se evalúa la satisfacción de partes interesadasLas comunidades y organizaciones no son escuchadas ni consideradas en el ciclo de política.Fortalecer espacios de participación y exigir mecanismos vinculantes.
Inexistencia de un código de ética institucionalNo hay marco de valores que oriente la gestión pública ambiental.Insistir en la probidad, independencia técnica y ética pública como pilares de la rectoría ambiental.
Dependencia excesiva de cooperación internacional por falta de capacidades internasDebilidad estructural para ejecutar funciones básicas.Plantear la urgencia de fortalecer recursos técnicos y humanos nacionales.
Cuidar los bienes comunes cuando la institucionalidad se debilita

La defensa de los bienes comunes naturales —agua, bosques, humedales, mares y biodiversidad— depende de un Estado capaz de orientar, regular y proteger. El informe de la CGR muestra que hoy esa capacidad se encuentra gravemente comprometida. Esta fragilidad institucional tiene efectos directos en los territorios: más conflictos, más presiones extractivas, menos capacidad de control, mayor desprotección para quienes defienden la vida.

En este escenario, el reto para las comunidades, organizaciones y personas defensoras es doble:
sostener la vigilancia y la organización territorial, y exigir la reconstrucción de una institucionalidad ambiental fuerte, ética, transparente y participativa que pueda enfrentar la crisis ecológica y climática del presente.

Los palestinos se reúnen para protestar contra la guerra en curso entre Israel y Hamas y el bloqueo israelí de la Franja de Gaza, en la ciudad de Gaza, 26 de marzo de 2025. Más de 50,000 palestinos y más de 1,400 israelíes han sido asesinados, según el Ministerio de Salud de Palestina y las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), desde que militantes de Hamas lanzaron un ataque contra Israel desde la Franja de Gaza el 07 de octubre de 2023, y las operaciones israelíes en Gaza y Cisjordania que le siguieron. (Protestas) EFE/EPA/MOHAMMED SABER

La revolución palestina de Rodolfo Walsh: un libro necesario para este tiempo

Este libro forma parte del catálogo de Dyskolo, un proyecto editorial sin ánimo de lucro que busca establecer una nueva relación entre quienes escriben y quienes disfrutan de la lectura. Su trabajo apuesta por la circulación libre, solidaria y cooperativa del conocimiento. Más información en dyskolo.cc.

Un libro que vuelve cuando más falta hace

En un momento histórico en el que la violencia y el desplazamiento forzado vuelven a atravesar al pueblo palestino, recuperar La revolución palestina de Rodolfo Walsh es más que un acto de lectura: es un gesto necesario. Publicado originalmente en 1974, el libro reúne las crónicas que Walsh escribió como enviado especial a Medio Oriente, donde cubrió la situación de los refugiados palestinos, la organización de la resistencia y el impacto regional de un conflicto que el mundo intentaba simplificar.

Walsh viajó a Beirut, recorrió campamentos devastados, entrevistó a líderes de la resistencia e, incluso en medio de la guerra, conversó con familias que habían perdido todo. Del periodista que desnudó la masacre de José León Suárez y la maquinaria represiva de la dictadura argentina, emerge aquí una mirada que combina rigor, sensibilidad y una profunda ética política.

Una lectura desde América Latina, con ojos abiertos

La gran potencia del libro es que se sitúa lejos de los discursos oficiales y las narrativas que buscaban reducir a los palestinos a meros actores secundarios. Walsh escribe desde la perspectiva del pueblo expulsado, desde la tierra bombardeada, desde la precariedad material y moral de quienes luchan por existir. No es una crónica “neutral”—porque Walsh entendía que la neutralidad ante la injusticia es una forma de complicidad—pero tampoco es un panfleto.

Su escritura revela, explica y contextualiza: reconstruye la historia del desplazamiento palestino, desmonta la propaganda colonial, explica los intereses imperiales en la región y, sobre todo, escucha. Hay niños, campesinos, combatientes, madres en duelo y jóvenes que se organizan porque ya no tienen otro camino.

Una pieza periodística imprescindible

Las crónicas incluidas en La revolución palestina son testimonios de una época y, al mismo tiempo, documentos que dialogan con el presente. Walsh describe el funcionamiento interno de las organizaciones palestinas, la importancia de la batalla de Karameh como punto de inflexión, y la vida cotidiana en campamentos donde el exilio se transformó en identidad colectiva. Hoy, esa historia vuelve a resonar con fuerza ante el genocidio que está siendo perpetrado contra el pueblo palestino, una violencia sistemática que prolonga décadas de despojo y ocupación.

La fuerza del texto reside en la claridad con la que el autor expone la relación entre colonización, expulsión y resistencia. Lo hace sin tecnicismos innecesarios y sin romantizar la guerra: escribe sobre personas reales enfrentadas a decisiones extremas, abandonadas por gran parte del mundo, tal como continúa ocurriendo en la actualidad, cuando la destrucción masiva de vidas y territorios confirma la urgencia de nombrar y denunciar el genocidio en curso.

El valor de volver a leer a Walsh hoy

Leer este libro en 2025 ilumina no solo el pasado, sino también los mecanismos contemporáneos de despojo, ocupación y violencia estatal. Walsh nos recuerda que detrás de cada cifra y cada titular hay historias, rostros y memorias que merecen ser contadas. Su mirada latinoamericana aporta un contrapunto fundamental: establece analogías con las luchas de la región, vincula las experiencias de dominación y argumenta por qué Palestina debe entenderse como una causa global.

En tiempos de desinformación y superficialidad mediática, la escritura de Walsh recupera la integridad del periodismo que interpela, incomoda y resiste.

Compartir lectura, compartir memoria

Gracias al trabajo de Dyskolo, este libro puede circular libremente y llegar a manos que quizás nunca lo hubieran conocido. Publicarlo bajo licencias abiertas no solo democratiza el acceso: también honra el espíritu crítico y emancipador que atraviesa toda la obra de Walsh.

Invitamos a leerlo, discutirlo y compartirlo.

Porque La revolución palestina no es solo un libro: es una puerta para comprender un conflicto que sigue marcando la historia del mundo.

¿Quién fue Rodolfo Walsh y por qué importa leerlo hoy?

Rodolfo Walsh (1927–1977) fue uno de los periodistas y escritores más influyentes de América Latina. Desde Operación Masacre hasta su labor en Prensa Latina y su militancia política, desarrolló una ética de la palabra comprometida con las luchas populares y con el derecho de los pueblos a conocer la verdad. Su escritura combinó rigor, investigación y una profunda sensibilidad hacia quienes la historia suele dejar fuera del relato oficial.

Walsh entendió la comunicación como un campo de disputa frente a la injusticia. Por eso, en plena dictadura argentina, decidió escribir y difundir su Carta Abierta a la Junta Militar, uno de los documentos más contundentes contra el terrorismo de Estado, donde denunció desapariciones, torturas, persecuciones y el modelo económico que sustentaba la represión. Ese acto de denuncia pública lo convirtió en un objetivo para la dictadura: fue asesinado y desaparecido en marzo de 1977, al día siguiente de hacer circular la Carta, como represalia directa a su valentía y compromiso con la verdad.

Su obra sobre Palestina forma parte de la misma coherencia ética: mirar de frente la violencia, comprender sus causas y narrarla desde el lado de quienes luchan por existir. Leerlo hoy es recuperar una práctica periodística y política basada en la memoria, la honestidad y la defensa innegociable de la dignidad humana.

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Cuando la consulta se anuncia al aire: alertas del Colectivo Antonio Saldaña ante la normalización de convocatorias ajenas a los pueblos

En los territorios indígenas, la consulta no es un trámite ni un evento anunciado a última hora por radio. Es un proceso tejido con vínculos, memoria y autoridad. Por eso, desde el Colectivo Antonio Saldaña expresamos nuestra preocupación por las formas de convocatoria que se están naturalizando tanto en instituciones gubernamentales como en algunas organizaciones locales del territorio.

En días recientes, la Municipalidad, en conjunto con ADITIBRI, difundió por emisora una invitación “para formar una comisión del mecanismo de consulta”. El aviso llegó el mismo día por la mañana, sin diálogo previo y sin respetar los tiempos, protocolos y canales propios de las autoridades tradicionales. Llamar a una autoridad por un anuncio radial es desconocer su lugar, su rol y la relación que sostiene al territorio. Eso no es consulta: es reducción.

Nos preocupa, además, que algunas organizaciones indígenas están comenzando a replicar los mismos esquemas del sistema estatal costarricense, copiando prácticas que excluyen a mayores, ignoran formas tradicionales de comunicación y reproducen atropellos que se supone deberían denunciar. Cuando una organización que dice representar a su pueblo convoca utilizando mecanismos ajenos —y ajenos, además, a las generaciones mayores que no usan ni dependen de la tecnología— está reforzando la misma lógica que históricamente ha lesionado los derechos colectivos.

Cuando la réplica se vuelve riesgo: efectos de adoptar esquemas externos dentro del territorio

La preocupación no se limita a las instituciones. También observamos un fenómeno silencioso y profundo: algunas organizaciones indígenas están incorporando los formatos estatales como si fueran formas naturales de relacionarse con su propio pueblo. Ese gesto, que a primera vista podría parecer “práctico”, tiene impactos culturales y políticos de fondo.

Adoptar convocatorias improvisadas, anuncios radiales o comunicaciones digitales como método principal implica trasladar al territorio una lógica burocrática que no nace de la comunidad. Con ello, se debilita la palabra de las autoridades tradicionales,

se reducen los espacios de deliberación interna y se empuja la toma de decisiones hacia ritmos y formatos que no pertenecen al pueblo.

Este proceso genera un efecto particularmente grave: normaliza que la consulta pueda acomodarse a la conveniencia institucional, como si fuera un procedimiento administrativo y no un derecho colectivo con raíces culturales. Lo que se replica sin cuestionar termina desplazando las prácticas propias, erosionando la autonomía desde dentro y dejando a la comunidad atrapada entre dos formas de poder: el externo que impone y el interno que lo reproduce.

Cuando las organizaciones indígenas replican estos modelos, dejan de cuestionar la estructura que las presiona y, sin proponérselo, contribuyen a que esa estructura se instale aún más en la vida comunitaria. Lo que antes era defensa se convierte en repetición; lo que era autonomía se vuelve trámite.

Por eso señalamos con firmeza: estas prácticas no respetan la autonomía, no reconocen a las autoridades tradicionales y no constituyen procesos de consulta legítimos.

La consulta debe construirse desde los pueblos, con sus tiempos, sus espacios y su palabra. No desde anuncios improvisados que vacían de sentido los derechos.

¿Qué exige una convocatoria legítima según la normativa internacional y las prácticas propias?

La normativa internacional —Convenio 169 de la OIT, Declaración de la ONU, estándares interamericanos— coincide con la sabiduría de los propios pueblos en puntos esenciales que deben guiar cualquier proceso de consulta:

  • -Respeto por los mecanismos tradicionales de comunicación. La convocatoria debe hacerse según las formas del pueblo, no según la comodidad institucional.
  • -Información clara, completa y comprensible. La comunidad debe saber de qué se trata, con qué impactos y qué alternativas existen.
  • -Tiempo suficiente y razonable. La consulta debe ser previa, no reactiva ni apresurada.
  • -Libertad real para aceptar, rechazar o modificar la propuesta. Sin presiones de instituciones, empresas ni organizaciones locales.
  • -Participación plena de las autoridades tradicionales. Su rol no se sustituye ni se minimiza.
  • -Espacios definidos por la comunidad. La consulta debe darse donde y como el pueblo lo decide.
  • -Transparencia y seguimiento. Los acuerdos deben respetarse y cumplirse.

El Colectivo Antonio Saldaña seguirá acompañando, denunciando y defendiendo los procesos que nacen desde el territorio —porque los derechos no se anuncian al aire: se viven, se acuerdan y se respetan.

Colectivo Antonio Saldaña

28 de noviembre del 2025

¿Quién fue Antonio Saldaña?

Antonio Saldaña fue el último rey del pueblo indígena de Talamanca, una figura de liderazgo comparable a un guía o autoridad ancestral en su comunidad. Su papel fue crucial en la defensa de la cultura, las tierras y los derechos de su pueblo frente a la expansión de intereses externos, especialmente de compañías bananeras.
 
Según la historia, Saldaña fue asesinado en 1910 en circunstancias no completamente esclarecidas. Se dice que fue envenenado durante una actividad social, en un acto de traición impulsado por quienes veían en su resistencia una amenaza a sus intereses económicos.
 
Su muerte representó un duro golpe para la lucha indígena, pero su legado sigue vivo como símbolo de resistencia y dignidad para los pueblos originarios de la región.
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Pedagogía, creatividad y humor: un lenguaje que enseña mientras se ríe

Las bombas, parte entrañable de la tradición costarricense, siempre han sido más que rima y picardía. Son una forma rápida y certera de leer el país: pequeñas cápsulas donde la crítica se condensa, el humor se afila y la realidad se mira con una mezcla de ironía y cariño. En las calles, durante la protesta social, estas expresiones recuperan toda su potencia. No solo hacen reír: abren conversación, afinan el oído colectivo y nos recuerdan que pensar también puede ser un acto alegre.

El video que acompaña esta nota recoge una serie de bombas compartidas en la marcha del 26 de noviembre de 2025. En ese espacio, entre consignas, pasos y carteles, las bombas se convirtieron en chispas pedagógicas: formas de explicar lo complejo sin perder el ingenio; maneras de nombrar lo urgente sin caer en el silencio cansado de la política formal.

Pedagogía, creatividad y humor: un lenguaje que enseña mientras se ríe

La pedagogía popular reconoce que la educación no vive solo en aulas, documentos o instituciones. Habita también en los gestos cotidianos, en los relatos que pasan de boca en boca, en lo que la gente crea cuando necesita entender y hacerse entender. En esa lógica, la bomba funciona como una maestra ligera: no impone, no sermonea, pero ilumina.

La creatividad, en este contexto, es más que un recurso expresivo: es una herramienta de pensamiento colectivo. Cuando alguien compone una bomba, reorganiza la realidad, la hace más digerible, más compartible. La vuelve materia común. En la protesta social, esa creatividad se multiplica, porque las calles invitan a inventar —y a reinventarse— con libertad. Carteles ingeniosos, rimas improvisadas, juegos de palabras: todo ello forma parte de un laboratorio espontáneo donde se ensayan ideas, críticas y deseos.

El humor, lejos de suavizar lo serio, crea un respiro que permite mirar lo doloroso sin paralizarse. Es un puente que baja tensiones y abre la puerta a quienes tal vez no hubieran participado en una discusión más “formal”. Un país que puede reírse de sí mismo también puede pensarse mejor. Las bombas lo recuerdan sin solemnidades: el análisis no tiene por qué ser árido.

Cuando humor, creatividad y protesta social convergen, aparece una forma de aprendizaje que no está codificada en ningún plan de estudios. Es una educación que se mueve, que vibra, que escucha y responde en tiempo real. Es la clase que nadie programa, pero que todas y todos terminamos tomando.

Atención: la creatividad va a decir algo

Este video es una invitación a detenerse un momento ante ese cruce fértil entre cultura popular y acción colectiva. A escuchar cómo la gente nombra lo que vive, lo que le preocupa, lo que sueña. A reconocer que en cada bomba hay una lectura país, una interpretación del presente y, muchas veces, una propuesta de futuro.

Porque pensar juntas y juntos —con humor, creatividad y palabra compartida— también es defender lo común. Y porque, en Costa Rica, hasta la reflexión puede entrar bailando.

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Cuando el espectro se vuelve frontera: reflexiones desde los pueblos originarios ante la subasta de frecuencias en Costa Rica

A pesar de la suspensión temporal de la subasta ordenada por la Sala Constitucional, desde el Colectivo Antonio Saldaña recordamos que persisten vacíos graves en el debate público.
La falta de frecuencias reservadas para pueblos indígenas, la ausencia de mecanismos diferenciados de acceso y la exclusión de nuestras comunidades en las decisiones sobre comunicación siguen intactas.

La suspensión detiene el proceso, pero no corrige la injusticia.
Seguimos llamando la atención sobre estas ausencias que amenazan nuestra autonomía, nuestra organización y nuestro derecho a comunicarnos con dignidad.

Un vacío imperdonable en tiempos democráticos: la ausencia de frecuencias reservadas para pueblos indígenas

Antes inclusode analizarlos riesgos jurídicos, económicos ypolíticos de lasubastadel espectro, es necesario señalar un vacío estructural que revela la falta de visión democráticadelproceso:elEstadocostarricensenoreservóniunasolafrecuencia para los pueblos indígenas.

En un país que se reconoce multiénica, pluricultural y plurilingüe, donde los territorios indígenas han sido históricamente marginados del acceso a la comunicación propia, la ausencia de una reserva explícita es más que una omisión técnica: es un retroceso en derechos.

Los estándares internacionales —incluida la Relatoría de Libertad de Expresión del Sistema Interamericano— han sido contundentes:

  • -Los pueblos originarios deben tener acceso preferente al espectro.

  • -La comunicación indígena es parte del ejercicio de la autonomía, la cultura y la libre determinación.

  • -Sin medios propios, no hay garantías plenas de participación ni protección de la identidad colectiva.

Aun así, la subasta avanzó sin mecanismos diferenciados, sin cupos reservados, sin diálogo intercultural y sin reconocer que las condiciones materiales y las necesidades comunicativas de los territorios no son comparables con las de los actores comerciales.

Este vacío no es menor: implica que la vida comunicativa de los pueblos originarios depende, nuevamente, de un mercado que no fue diseñado para ellos y que no reconoce sus realidades.

Unprocesodereasignacióndelespectroqueexcluyealospueblosindígenases,por definición,unprocesoincompletoeinjusto.

Comunicar desde el territorio: un derecho, no un lujo

ParalascomunidadesNgäbe,Brörán,Cabécar,Bribri,Malekuyotras,lacomunicación noesun“servicio”ni un“negocio”. Es territorio, es memoria, es palabra compartida. Es el espacio donde se transmite la historia, se sostienen las luchas y se toman decisionescolectivas.

En muchos territorios, la radio comunitaria —hecha con recursos mínimos y con enorme esfuerzo colectivo— es el único medio estable de información, organización y cultura en lengua propia.

Por eso, desde el Colectivo Antonio Saldaña lo decimos con claridad: si ya vivimos con dificultades para comunicar, esta subasta puede empujar a nuestras comunidades a una incomunicación aún más profunda.

La subasta y el riesgo de un silencio impuesto

La preocupación es seria:

  • -Si suben los costos,

  • -si se ofrecen frecuencias en litigio,

  • -si no existen mecanismos de acceso diferenciado,

  • -si el diseño responde únicamente a criterios de mercado,

  • -la consecuencia es inevitable: menos radios comunitarias, menos voces propias, más silencio en los territorios.

Y ese silencio no es un detalle técnico. Es una amenaza directa a la autonomía, a la lengua, a la cultura y a la capacidad de las comunidades para responder colectivamente frente a invasiones, proyectos extractivos, emergencias o desatención estatal.

Diferenciar para garantizar derechos

Los pueblos originarios no pedimos beneficios especiales: pedimos justicia.

Tratar igual a actores que viven realidades profundamente desiguales solo profundiza la inequidad.

La diferenciación en los procesos públicos es una herramienta democrática, no una excepción.

Implica reconocer que los medios indígenas y comunitarios no son empresas: son formas de vida comunicativa, espacios de soberanía cultural y herramientas de protección territorial.

Un proceso justo debería incluir:

  • -Reservas de frecuencias para medios indígenas y comunitarios.

  • -Condiciones preferentes que reconozcan su aporte social.

  • -Criterios de evaluación que vayan más allá del pago económico.

  • -Participación real de las comunidades en el diseño del proceso.

  • -Modelos de gestión plurales que no reproduzcan la exclusión histórica.

Sin estas garantías, la subasta se vuelve una carrera donde solo participan quienes pueden pagar, mientras se empuja al silenciamiento a quienes sostienen la diversidad cultural del país.

La palabra como bien común

En un clima político donde se descalifica a la prensa como “prensa canalla”, se socavan las bases del debate público. Para los pueblos originarios, este contexto es doblemente preocupante:

nuestras voces ya han sido históricamente marginadas, y la pérdida de medios comunitarios profundizaría aún más ese silenciamiento.

-Porquesiseapagannuestrasradios,

-¿quiéncontaránuestrasluchas?,

-¿quiénavisaráanteunaamenaza?,

-¿quiénsostendrálatransmisióndelamemoriaenlenguapropia?

Que nadie hable por nosotros y nosotras

La comunicación indígena no es un favor del Estado: es un derecho colectivo.

Es parte de nuestra continuidad cultural, de nuestra autonomía y de nuestra relación con el territorio.

Por eso hacemos un llamado urgente a comprender la dimensión de lo que está en juego.

La subasta del espectro no solo reorganiza frecuencias: está redefiniendo quién tiene derecho a la palabra y quién puede quedarse fuera de la conversación nacional.

Defender el espectro como bien común social es defender la democracia y la pluralidad de Costa Rica.

Es defender que cada pueblo, cultura y comunidad pueda hablar con su propia voz, sin silenciamientos, sin intermediarios y sin barreras económicas que profundicen la exclusión.

Como pueblos originarios, afirmamos: sincomunicación propia no hay autonomía, no hay territorio y n ohay futuro.

Colectivo Antonio Saldaña 25 de noviembre del 2025

¿Quién fue Antonio Saldaña?

Antonio Saldaña fue el último rey del pueblo indígena de Talamanca, una figura de liderazgo comparable a un guía o autoridad ancestral en su comunidad. Su papel fue crucial en la defensa de la cultura, las tierras y los derechos de su pueblo frente a la expansión de intereses externos, especialmente de compañías bananeras.
 
Según la historia, Saldaña fue asesinado en 1910 en circunstancias no completamente esclarecidas. Se dice que fue envenenado durante una actividad social, en un acto de traición impulsado por quienes veían en su resistencia una amenaza a sus intereses económicos.
 
Su muerte representó un duro golpe para la lucha indígena, pero su legado sigue vivo como símbolo de resistencia y dignidad para los pueblos originarios de la región.
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Caminar juntas: Los trayectos de MUSADE

Te invitamos a ver esta entrevista con Enid Cruz, trabajadora social, activista feminista y coordinadora general de MUSADE, una de las organizaciones más importantes en la defensa de los derechos de las mujeres en San Ramón y Costa Rica.

MUSADE nació el 6 de diciembre de 1986, fruto del trabajo comunitario impulsado desde la oficina de Trabajo Social del programa “Hospital sin Paredes”. Su creación respondió a un momento histórico atravesado por desafíos profundos: la crisis económica de los años 80 que agudizó desigualdades, el impulso de los movimientos feministas latinoamericanos que transformaron la manera de entender la justicia de género, y la fuerza comunitaria que reveló de forma contundente las múltiples violencias que afectaban a las mujeres.

En esta conversación, Enid Cruz comparte la memoria viva de ese proceso: las luchas, aprendizajes y decisiones que permitieron construir un espacio clave para la defensa de la vida, la dignidad y el bienestar de las mujeres.
Una historia necesaria para comprender el pasado y seguir fortaleciendo el presente.

Mirá el video completo y acompañanos en este recorrido por los orígenes y la vigencia de MUSADE.

 

En el marco del 25 de noviembre: una memoria que sigue en presente

Esta entrevista se publica en el marco del 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, una fecha que recuerda la urgencia de seguir construyendo sociedades más justas, libres de violencias y discriminación.

El trabajo de MUSADE —y el testimonio de Enid Cruz— dialoga directamente con el sentido de esta conmemoración. Su historia demuestra que la lucha contra las violencias no se limita a un día, sino que se sostiene en el acompañamiento cotidiano, la organización comunitaria, la sororidad y la defensa de los derechos humanos.

Recuperar estas memorias no es solo un acto de homenaje: es una forma de reconocer a quienes abrieron caminos, de visibilizar las resistencias que persisten y de reafirmar el compromiso colectivo para garantizar la vida y la dignidad de todas las mujeres.