No hay mapas inocentes. Cada mapa organiza una forma de mirar el mundo, establece prioridades y define quiénes son aliados, amenazas o territorios estratégicos. El reciente artículo de Elbridge Colby sobre la denominada Doctrina Donroe no es únicamente una columna de opinión: es una declaración sobre cómo la administración Trump imagina el futuro de América Latina y el Caribe.
El pasado 29 de julio, Elbridge Colby, subsecretario de Guerra para Política de Estados Unidos, publicó un artículo en el que presenta lo que denomina el «Trump Corollary to the Monroe Doctrine», bautizado también como la Doctrina Donroe. En él sostiene que Estados Unidos debe volver a concentrar su estrategia en el hemisferio occidental, fortaleciendo la cooperación militar, aumentando las capacidades de defensa de los países latinoamericanos e impidiendo que potencias rivales establezcan posiciones estratégicas en la región.
Aunque el texto se presenta como una propuesta pragmática basada en el «interés mutuo», expresa una manera particular de entender el continente: América Latina deja de ser vista como un conjunto de sociedades diversas para convertirse en un espacio cuyo principal valor reside en su importancia para la seguridad estadounidense.
Desde la perspectiva de la antigeopolítica, esta transformación merece una lectura crítica.
Más que una doctrina: una forma de imaginar el territorio
Uno de los principales aportes de la geopolítica crítica consiste en recordar que la geopolítica no comienza con los ejércitos, sino con los discursos. Antes de movilizar tropas, instalar bases militares o firmar acuerdos de cooperación, los Estados producen relatos sobre el mundo: identifican amenazas, delimitan fronteras simbólicas y asignan funciones a los territorios.
Eso es precisamente lo que hace Colby. Su artículo sostiene que durante décadas Estados Unidos descuidó el hemisferio occidental al privilegiar un orden internacional liberal y global. Frente a ello propone un cambio de rumbo: volver a mirar América Latina desde una lógica de «realismo flexible» y «América Primero».
En esta narrativa, el territorio latinoamericano adquiere cuatro funciones estratégicas:
- -proteger la seguridad del territorio estadounidense;
- -contener amenazas transnacionales;
- -impedir la presencia de potencias rivales;
- -garantizar un entorno estable para los intereses geopolíticos de Estados Unidos.
No es casual que el artículo hable reiteradamente de «nuestro hemisferio». Esa expresión no es neutra. Construye una geografía política donde la región deja de ser un conjunto de países soberanos para convertirse en un espacio cuya estabilidad se define desde Washington.
Como señala la geopolítica crítica, los mapas también son discursos de poder.
Del enemigo interno al enemigo multidimensional
La denominada Doctrina Donroe no aparece en un vacío histórico. Forma parte de una larga tradición de doctrinas de seguridad impulsadas por Estados Unidos hacia América Latina.
Durante la Guerra Fría, la Doctrina de Seguridad Nacional transformó profundamente la manera de entender la seguridad en el continente. Su principal innovación consistió en desplazar la amenaza desde las fronteras hacia el interior de las sociedades.
El enemigo ya no era únicamente un ejército extranjero. Era el enemigo interno.
Esa categoría fue deliberadamente amplia. Incluyó organizaciones guerrilleras, pero también sindicatos, movimientos campesinos, organizaciones estudiantiles, comunidades eclesiales de base, organizaciones indígenas, defensores de derechos humanos e incluso actores políticos que cuestionaban el orden establecido. En numerosos países latinoamericanos, esa lógica sirvió para justificar la militarización de la vida política, la vigilancia, los estados de excepción y graves violaciones a los derechos humanos.
La Doctrina Donroe no reproduce exactamente esa doctrina. Los contextos históricos son distintos. Sin embargo, comparte un mecanismo similar: la construcción de una narrativa de amenazas que reorganiza las prioridades del Estado.
En el texto de Colby aparecen reunidos narcotráfico, terrorismo, migración, gobiernos de izquierda, crimen organizado y competencia con otras potencias. Venezuela, Nicaragua y Bolivia son incorporados dentro de esa arquitectura discursiva como factores que contribuyen a la inseguridad regional.
No se trata de afirmar que estos fenómenos sean equivalentes. Lo importante es observar cómo son integrados dentro de un mismo lenguaje de seguridad.
Desde la antigeopolítica, la pregunta fundamental no es únicamente cuáles amenazas existen, sino quién las define, desde dónde las define y qué políticas se vuelven posibles una vez que esas amenazas son aceptadas como sentido común.
Cuando la seguridad reorganiza la política
Uno de los ejes centrales del artículo es la afirmación de que no puede haber desarrollo sin seguridad. Bajo esa premisa, Colby propone incrementar el gasto militar, fortalecer las capacidades de defensa de los países latinoamericanos y ampliar la cooperación con las fuerzas armadas estadounidenses.
El problema no radica en reconocer la importancia de la seguridad.
El problema aparece cuando la seguridad deja de ser una política pública y se convierte en el principio organizador de todas las demás.
Cuando eso ocurre, cuestiones como la participación ciudadana, la protección ambiental, la justicia social o los derechos colectivos comienzan a evaluarse principalmente desde su utilidad para la estabilidad y el control territorial.
La historia latinoamericana muestra que los procesos de securitización rara vez son neutros.
Con frecuencia terminan ampliando la capacidad de vigilancia del Estado, fortaleciendo la militarización de determinados territorios y reduciendo los márgenes del debate democrático.
Los bienes comunes como territorios estratégicos
Para quienes defienden los bienes comunes, este giro tiene profundas implicaciones.
Puertos, redes eléctricas, corredores logísticos, minerales críticos, cables submarinos, bosques, humedales, ríos y zonas costeras pueden dejar de entenderse como bienes comunes para convertirse en infraestructura estratégica.
Cuando eso sucede cambia la pregunta política.
Ya no se discute quién cuida un río. Se discute quién controla un activo estratégico.
Ya no se habla únicamente de conservación. Se habla de seguridad nacional. Las comunidades dejan de ser protagonistas de la gestión territorial y pasan a ser consideradas actores cuya participación depende de las prioridades de la seguridad.
La antigeopolítica: mirar el territorio desde abajo
Frente a esta mirada, la antigeopolítica propone invertir el punto de partida.
En lugar de comenzar por los intereses de las grandes potencias, comienza por las experiencias de quienes habitan los territorios.
No pregunta únicamente cómo defender un Estado. Pregunta cómo defender la vida. Cómo proteger los bienes comunes. Cómo fortalecer la democracia territorial. Cómo ampliar la capacidad de decisión de las comunidades.
Mientras la geopolítica observa corredores estratégicos, balances militares y zonas de influencia, la antigeopolítica observa conflictos ambientales, formas de organización comunitaria, memorias territoriales y prácticas cotidianas de cuidado.
Una herramienta para leer la Doctrina Donroe
Más que aceptar o rechazar la doctrina, la antigeopolítica propone leerla críticamente.
| Dimensión | Lo que plantea la Doctrina Donroe | Preguntas desde la antigeopolítica |
|---|---|---|
| Territorio | El hemisferio es un espacio estratégico para la seguridad de EE. UU. | ¿Estratégico para quién? ¿Quién define esa importancia? |
| Amenazas | Narcotráfico, migración, gobiernos considerados hostiles y potencias rivales forman parte de un mismo marco de seguridad. | ¿Cómo se construye el enemigo? ¿Qué conflictos quedan invisibilizados? |
| Seguridad | La seguridad antecede al desarrollo. | ¿Qué otras formas de seguridad pueden construirse desde las comunidades? |
| Poder | Estados Unidos asume un liderazgo hemisférico. | ¿Quién define las reglas del orden regional? |
| Bienes comunes | Los activos estratégicos deben protegerse. | ¿Qué ocurre cuando un río, un puerto o un bosque dejan de ser bienes comunes y pasan a ser activos de seguridad? |
| Democracia | La estabilidad depende del fortalecimiento de las capacidades de defensa. | ¿Cómo evitar que la seguridad desplace la deliberación democrática y la participación ciudadana? |
Un debate que apenas comienza
La Doctrina Donroe no es únicamente una propuesta de política exterior estadounidense. Es un síntoma del retorno de una geopolítica que vuelve a colocar a América Latina en el centro de las disputas por la seguridad, los recursos estratégicos y la competencia entre potencias.
Su novedad no radica únicamente en recuperar el lenguaje de la Doctrina Monroe. También refleja una transformación más amplia: el paso desde la lógica del enemigo interno propia de la Guerra Fría hacia una constelación de amenazas híbridas, donde migración, narcotráfico, infraestructura crítica, gobiernos considerados hostiles y competencia geopolítica aparecen articulados bajo un mismo marco de seguridad.
Frente a esa mirada, la antigeopolítica no propone ignorar los problemas de seguridad que afectan a nuestras sociedades. Propone otra pregunta: ¿quién define qué significa estar seguros y desde dónde se construye esa definición?
Responder esa pregunta implica desplazar el centro del análisis. Los territorios dejan de ser simples espacios de disputa entre Estados y recuperan su condición de lugares habitados, donde comunidades, pueblos indígenas, organizaciones sociales y gobiernos locales producen conocimientos, cuidan los bienes comunes y construyen formas de seguridad vinculadas con la vida, la justicia ambiental y la democracia.
En un momento en que el hemisferio vuelve a ser concebido como un tablero estratégico, la antigeopolítica recuerda que los territorios no son casillas de un juego de poder. Son espacios vivos, atravesados por memorias, conflictos, derechos y proyectos colectivos. Leer críticamente doctrinas como la Doctrina Donroe es, en ese sentido, un ejercicio para comprender no solo cómo se reorganiza la geopolítica mundial, sino también cómo defender la autonomía de los pueblos y la gestión democrática de los bienes comunes frente a las nuevas formas de securitización.
Herramienta de análisis: Leer la Doctrina Donroe desde la antigeopolítica
La antigeopolítica parte de una premisa sencilla: las doctrinas de seguridad no solo describen el mundo, sino que también lo producen. Al definir amenazas, prioridades y territorios estratégicos, construyen una determinada forma de comprender la realidad y orientan las decisiones políticas.
La siguiente matriz propone algunas claves para leer críticamente la denominada Doctrina Donroe desde una perspectiva antigeopolítica.
| Dimensión de análisis | La mirada de la Doctrina Donroe | La lectura desde la antigeopolítica | Preguntas para el debate |
|---|---|---|---|
| Territorio | El hemisferio occidental es un espacio estratégico cuya estabilidad resulta indispensable para la seguridad de Estados Unidos. | El territorio no es únicamente un espacio estratégico; es un espacio vivido, habitado y construido por comunidades con historias, conflictos y proyectos propios. | ¿Quién decide cuándo un territorio se convierte en «estratégico»? ¿Estratégico para quién? |
| Amenazas | Narcotráfico, migración, terrorismo, gobiernos considerados hostiles y potencias rivales conforman un mismo escenario de inseguridad. | Las amenazas no son únicamente hechos objetivos; también son construcciones políticas que priorizan ciertos problemas y silencian otros. | ¿Cómo se produce la figura del enemigo? ¿Qué conflictos quedan fuera de la narrativa de seguridad? |
| Seguridad | La seguridad constituye el requisito previo para el desarrollo y la prosperidad. | La seguridad también implica garantizar derechos, justicia ambiental, participación democrática y condiciones dignas para la vida. | ¿Quién define qué significa estar seguros? |
| Poder | Estados Unidos asume un papel conductor en la organización del orden hemisférico. | El poder también se construye desde abajo: comunidades, gobiernos locales, pueblos indígenas y organizaciones sociales producen formas propias de gobernanza territorial. | ¿Quién tiene legitimidad para decidir el futuro del territorio? |
| Actores | Los protagonistas son los Estados, las fuerzas armadas y las instituciones de seguridad. | Las comunidades, organizaciones sociales y pueblos indígenas también producen conocimiento y seguridad territorial. | ¿Quiénes aparecen como sujetos políticos y quiénes quedan invisibilizados? |
| Desarrollo | El desarrollo depende del fortalecimiento de la seguridad y las capacidades de defensa. | El desarrollo también requiere democracia, redistribución, sostenibilidad ecológica y participación ciudadana. | ¿Qué modelo de desarrollo se privilegia y quién se beneficia de él? |
| Bienes comunes | La infraestructura crítica y los activos estratégicos deben protegerse para garantizar la estabilidad regional. | Los bienes comunes son territorios de vida cuya gestión debe construirse democráticamente, no únicamente desde criterios de seguridad nacional. | ¿Qué ocurre cuando un río, un puerto o un bosque pasan de ser bienes comunes a convertirse en activos estratégicos? |
| Escala | El análisis parte de los intereses geopolíticos de una gran potencia. | El análisis comienza en los territorios, las experiencias locales y las relaciones cotidianas de cuidado. | ¿Qué cambia cuando el mapa se dibuja desde las comunidades y no desde los centros de poder? |
| Conocimiento | Predominan las categorías de inteligencia, defensa, riesgo y control. | Se reconocen saberes comunitarios, memorias territoriales y conocimientos situados sobre el territorio. | ¿Qué conocimientos son considerados válidos para comprender los conflictos? |
| Democracia | La estabilidad y el orden aparecen como condiciones prioritarias para la cooperación regional. | La seguridad solo es sostenible si fortalece la participación, los derechos humanos y la autonomía de las comunidades. | ¿Puede existir seguridad sin democracia? |
Más que ofrecer respuestas definitivas, esta matriz busca mostrar que toda doctrina geopolítica es también una forma de producir realidad. La antigeopolítica invita a desplazar la mirada: del Estado a los territorios; de las amenazas a las relaciones que las construyen; de la competencia entre potencias a las comunidades que sostienen la vida. En ese desplazamiento aparecen preguntas que rara vez figuran en los documentos de seguridad: ¿quién cuida los bienes comunes?, ¿quién define el interés nacional?, ¿qué formas de seguridad emergen desde abajo y no desde los aparatos militares? Estas preguntas son fundamentales para comprender cómo las doctrinas geopolíticas inciden en la democracia, la autonomía territorial y la defensa de los bienes comunes.
Referencia:
Colby, Elbridge (2026). Elbridge Colby on the opportunities of the «Donroe Doctrine». Americas Quarterly. Americas Quarterly
Gonçalves de Lima, Ivaldo (Coord.). (2025). Uma mirada antigeopolítica: Tensão, resistência e emancipação na América Latina. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).









