Colonialismo, extractivismo y despojo en el Caribe
Desde Puerto Rico, Rosa Luz Molina situó la discusión en el contexto colonial caribeño, marcado por el control político y económico de Estados Unidos sobre la isla.
Molina describió cómo las políticas de ajuste fiscal, la privatización de bienes comunes y el avance de megaproyectos turísticos han profundizado el despojo territorial y la exclusión social. También alertó sobre el desmantelamiento de la educación pública, la reducción de contenidos de historia y estudios sociales y la creciente “hipertecnologización” educativa que sustituye el diálogo crítico por lógicas técnicas e instrumentales.
Además, señaló que el avance de estas políticas no es únicamente económico, sino también cultural y afectivo: “Nos van encerrando poco a poco”, afirmó, al describir cómo la privatización de las costas limita el acceso colectivo al territorio.
Frente a este panorama, destacó la importancia de las prácticas de educación popular “cimarrona afrocaribeña”, construidas desde la resistencia comunitaria, el arte, la memoria y la organización territorial.
El autoritarismo como eje regional
Por su parte, Oscar Jara enfatizó que uno de los rasgos centrales del momento actual es la consolidación de formas autoritarias de ejercicio del poder.
Advirtió que en varios países de la región se impulsa una creciente concentración de poder en los ejecutivos, debilitando contrapesos institucionales y legitimando soluciones basadas en la militarización y el castigo.
Según Jara, estas tendencias logran avanzar debido a las debilidades históricas de las democracias liberales, incapaces de garantizar bienestar, participación y justicia social para amplios sectores de la población.
Ante ello, insistió en que la educación popular debe fortalecer espacios de diálogo, reflexión crítica y participación colectiva capaces de disputar el sentido común autoritario. “La creatividad es un desafío enorme”, afirmó, señalando que las respuestas no están predefinidas y que los procesos organizativos deben construirse caminando colectivamente.
Crisis política y disputa de sentidos en Chile
Desde Chile, Jorge Osorio analizó el ascenso de gobiernos de ultraderecha como parte de una transformación global más amplia que atraviesa también Europa y otras regiones.
Osorio explicó que estas fuerzas políticas logran consolidarse a partir de discursos centrados en la inseguridad, el miedo y la supuesta crisis total de los Estados, amplificados mediante redes sociales y grandes plataformas mediáticas. Sin embargo, advirtió que estos proyectos buscan desmontar progresivamente derechos sociales, debilitar la educación pública y reinstalar culturas políticas autoritarias.
En ese contexto, destacó que la educación popular enfrenta el desafío de actualizarse frente a nuevos “ecosistemas de aprendizaje”, marcados por transformaciones tecnológicas, territoriales y culturales.
Los desafíos de la educación popular
A lo largo del conversatorio, las y los participantes coincidieron en que la educación popular atraviesa un momento de profunda interpelación política y pedagógica.
Entre los principales desafíos señalados estuvieron:
- -Reconstruir procesos colectivos en contextos de individualización y fragmentación social.
- -Disputar sentidos comunes atravesados por el miedo, el odio y la desinformación.
- -Sostener la esperanza frente al cansancio organizativo y la sensación de indefensión.
- -Fortalecer la articulación regional entre organizaciones, movimientos y redes de educación popular.
- -Construir pedagogías capaces de responder a nuevos escenarios tecnológicos y culturales.
- -Defender la educación pública, la memoria histórica y los bienes comunes.
- -Acompañar procesos territoriales de resistencia frente al extractivismo y el despojo.
- -Incorporar perspectivas antipatriarcales, interculturales y decoloniales en las prácticas pedagógicas.
Rosa Luz Molina insistió en la necesidad de “juntar los cuerpos para la protesta y para la propuesta”, reivindicando la importancia del encuentro presencial, la organización comunitaria y el trabajo cultural como formas de resistencia ante la fragmentación social.
Por su parte, Jorge Osorio propuso avanzar hacia una “cartografía” latinoamericana de las experiencias actuales de educación popular, capaz de reconocer territorios, prácticas, movimientos y procesos emergentes en toda la región.
Educación popular para sostener la vida
Lejos de asumir una postura derrotista, el conversatorio planteó la necesidad de fortalecer las capacidades organizativas y pedagógicas de los movimientos populares en medio de escenarios complejos.
Las intervenciones coincidieron en que la educación popular sigue siendo una herramienta fundamental para la construcción de pensamiento crítico, organización colectiva y defensa de la vida digna.
En palabras de Oscar Jara, los cambios profundos no ocurren de un día para otro, sino mediante procesos históricos que requieren “paciente impaciencia”, creatividad y construcción colectiva permanente.
En un continente atravesado por el miedo, el extractivismo y el autoritarismo, la educación popular aparece así no solo como una metodología educativa, sino como una apuesta ética y política por sostener vínculos, memorias y horizontes emancipadores.
La creatividad como horizonte político y pedagógico
Otro de los elementos que atravesó el conversatorio fue la reivindicación de la creatividad como una dimensión fundamental para afrontar los desafíos del presente. Lejos de entenderla únicamente como una herramienta metodológica o estética, las y los participantes la plantearon como una capacidad política necesaria para imaginar, sostener y construir alternativas en medio de contextos marcados por el miedo, el cansancio y la fragmentación social.
Oscar Jara insistió en que las respuestas no están predefinidas y que los procesos organizativos deben construirse caminando colectivamente, lo que exige mantener viva la capacidad de crear nuevas formas de encuentro, diálogo, movilización y esperanza. En esa línea, la creatividad aparece como una práctica profundamente vinculada con la resistencia y con la posibilidad de seguir imaginando horizontes emancipadores incluso en escenarios adversos.
Desde Puerto Rico, Rosa Luz recuperó el papel del arte, la cultura y las prácticas comunitarias como formas de acuerpamiento y organización. Señaló que las luchas actuales requieren conectar con las identidades, las memorias y las experiencias territoriales para generar procesos capaces de movilizar afectos, vínculos y sentidos colectivos.
Las reflexiones del conversatorio coincidieron en que la creatividad es también una forma de disputar el control de las subjetividades impuesto por el neoliberalismo y las nuevas derechas. Frente a discursos que promueven el individualismo, el miedo y la resignación, la educación popular apuesta por abrir espacios donde sea posible imaginar otros modos de vivir, relacionarse y construir comunidad.
En ese sentido, la creatividad no aparece como un complemento secundario de la acción política, sino como una condición necesaria para sostener la organización colectiva, reinventar las pedagogías y fortalecer las resistencias territoriales en América Latina y el Caribe.
Así, en tiempos de autoritarismo, extractivismo y fragmentación, la creatividad se reivindica como una fuerza vital capaz de abrir grietas en los sentidos dominantes y de alimentar la construcción colectiva de futuros más justos, solidarios y dignos.