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La creatividad también resiste: educación popular en América Latina y el Caribe

En un contexto regional marcado por el avance de nuevas derechas, el fortalecimiento de discursos autoritarios y la profundización de las desigualdades, educadoras y educadores populares de distintos países de América Latina y el Caribe se reunieron el pasado 19 de mayo del 2026 en el conversatorio “Educación popular en tiempos de reconfiguración del poder”, convocado por el programa Programa Kioscos Socioambientales.

El espacio reunió a Oscar Jara, Rosa Goldar, Rosa Luz Molina y Jorge Osorio, quienes reflexionaron sobre el escenario político actual y los desafíos que enfrenta la educación popular en medio de procesos de militarización, extractivismo, fragmentación social y debilitamiento democrático.

Un continente atravesado por nuevas derechas y autoritarismos

La apertura del conversatorio planteó que América Latina y el Caribe viven una reconfiguración profunda de las relaciones de poder. Más allá de cambios de gobierno, lo que se observa es una disputa por los sentidos comunes, las emociones y las formas de interpretar la realidad.

La coordinadora del espacio, Dylanna Rodríguez, señaló que el auge de discursos de seguridad, el avance de narrativas antifeministas y antiecológicas, así como la criminalización de la protesta social, configuran un escenario donde el miedo se convierte en un dispositivo político central.

Uno de los conceptos que atravesó el conversatorio fue la idea de la “bukelización” del continente, entendida como la expansión de modelos políticos que combinan autoritarismo, espectacularización mediática, militarización y concentración del poder bajo discursos de eficacia y control.

Desde Argentina, Rosa Goldar analizó el contexto generado tras la llegada de Javier Milei al gobierno, caracterizando este proceso como parte de una ofensiva internacional de nuevas derechas articuladas globalmente. Señaló que estos proyectos políticos logran instalarse aprovechando el descontento social acumulado, especialmente tras la pandemia, y avanzan mediante la deslegitimación de la acción colectiva, la persecución de movimientos sociales y la criminalización de la protesta.

Goldar advirtió además que el neoliberalismo contemporáneo ya no opera únicamente desde lo económico, sino también desde una profunda colonización de las subjetividades, reforzada por discursos de odio, xenofobia y aporofobia que buscan responsabilizar a sectores empobrecidos y migrantes de las crisis sociales.

Colonialismo, extractivismo y despojo en el Caribe

Desde Puerto Rico, Rosa Luz Molina situó la discusión en el contexto colonial caribeño, marcado por el control político y económico de Estados Unidos sobre la isla.

Molina describió cómo las políticas de ajuste fiscal, la privatización de bienes comunes y el avance de megaproyectos turísticos han profundizado el despojo territorial y la exclusión social. También alertó sobre el desmantelamiento de la educación pública, la reducción de contenidos de historia y estudios sociales y la creciente “hipertecnologización” educativa que sustituye el diálogo crítico por lógicas técnicas e instrumentales.

Además, señaló que el avance de estas políticas no es únicamente económico, sino también cultural y afectivo: “Nos van encerrando poco a poco”, afirmó, al describir cómo la privatización de las costas limita el acceso colectivo al territorio.

Frente a este panorama, destacó la importancia de las prácticas de educación popular “cimarrona afrocaribeña”, construidas desde la resistencia comunitaria, el arte, la memoria y la organización territorial.

El autoritarismo como eje regional

Por su parte, Oscar Jara enfatizó que uno de los rasgos centrales del momento actual es la consolidación de formas autoritarias de ejercicio del poder.

Advirtió que en varios países de la región se impulsa una creciente concentración de poder en los ejecutivos, debilitando contrapesos institucionales y legitimando soluciones basadas en la militarización y el castigo.

Según Jara, estas tendencias logran avanzar debido a las debilidades históricas de las democracias liberales, incapaces de garantizar bienestar, participación y justicia social para amplios sectores de la población.

Ante ello, insistió en que la educación popular debe fortalecer espacios de diálogo, reflexión crítica y participación colectiva capaces de disputar el sentido común autoritario. “La creatividad es un desafío enorme”, afirmó, señalando que las respuestas no están predefinidas y que los procesos organizativos deben construirse caminando colectivamente.

Crisis política y disputa de sentidos en Chile

Desde Chile, Jorge Osorio analizó el ascenso de gobiernos de ultraderecha como parte de una transformación global más amplia que atraviesa también Europa y otras regiones.

Osorio explicó que estas fuerzas políticas logran consolidarse a partir de discursos centrados en la inseguridad, el miedo y la supuesta crisis total de los Estados, amplificados mediante redes sociales y grandes plataformas mediáticas. Sin embargo, advirtió que estos proyectos buscan desmontar progresivamente derechos sociales, debilitar la educación pública y reinstalar culturas políticas autoritarias.

En ese contexto, destacó que la educación popular enfrenta el desafío de actualizarse frente a nuevos “ecosistemas de aprendizaje”, marcados por transformaciones tecnológicas, territoriales y culturales.

Los desafíos de la educación popular

A lo largo del conversatorio, las y los participantes coincidieron en que la educación popular atraviesa un momento de profunda interpelación política y pedagógica.

Entre los principales desafíos señalados estuvieron:

  • -Reconstruir procesos colectivos en contextos de individualización y fragmentación social.
  • -Disputar sentidos comunes atravesados por el miedo, el odio y la desinformación.
  • -Sostener la esperanza frente al cansancio organizativo y la sensación de indefensión.
  • -Fortalecer la articulación regional entre organizaciones, movimientos y redes de educación popular.
  • -Construir pedagogías capaces de responder a nuevos escenarios tecnológicos y culturales.
  • -Defender la educación pública, la memoria histórica y los bienes comunes.
  • -Acompañar procesos territoriales de resistencia frente al extractivismo y el despojo.
  • -Incorporar perspectivas antipatriarcales, interculturales y decoloniales en las prácticas pedagógicas.

Rosa Luz Molina insistió en la necesidad de “juntar los cuerpos para la protesta y para la propuesta”, reivindicando la importancia del encuentro presencial, la organización comunitaria y el trabajo cultural como formas de resistencia ante la fragmentación social.

Por su parte, Jorge Osorio propuso avanzar hacia una “cartografía” latinoamericana de las experiencias actuales de educación popular, capaz de reconocer territorios, prácticas, movimientos y procesos emergentes en toda la región.

Educación popular para sostener la vida

Lejos de asumir una postura derrotista, el conversatorio planteó la necesidad de fortalecer las capacidades organizativas y pedagógicas de los movimientos populares en medio de escenarios complejos.

Las intervenciones coincidieron en que la educación popular sigue siendo una herramienta fundamental para la construcción de pensamiento crítico, organización colectiva y defensa de la vida digna.

En palabras de Oscar Jara, los cambios profundos no ocurren de un día para otro, sino mediante procesos históricos que requieren “paciente impaciencia”, creatividad y construcción colectiva permanente.

En un continente atravesado por el miedo, el extractivismo y el autoritarismo, la educación popular aparece así no solo como una metodología educativa, sino como una apuesta ética y política por sostener vínculos, memorias y horizontes emancipadores.

La creatividad como horizonte político y pedagógico

Otro de los elementos que atravesó el conversatorio fue la reivindicación de la creatividad como una dimensión fundamental para afrontar los desafíos del presente. Lejos de entenderla únicamente como una herramienta metodológica o estética, las y los participantes la plantearon como una capacidad política necesaria para imaginar, sostener y construir alternativas en medio de contextos marcados por el miedo, el cansancio y la fragmentación social.

Oscar Jara insistió en que las respuestas no están predefinidas y que los procesos organizativos deben construirse caminando colectivamente, lo que exige mantener viva la capacidad de crear nuevas formas de encuentro, diálogo, movilización y esperanza. En esa línea, la creatividad aparece como una práctica profundamente vinculada con la resistencia y con la posibilidad de seguir imaginando horizontes emancipadores incluso en escenarios adversos.

Desde Puerto Rico, Rosa Luz recuperó el papel del arte, la cultura y las prácticas comunitarias como formas de acuerpamiento y organización. Señaló que las luchas actuales requieren conectar con las identidades, las memorias y las experiencias territoriales para generar procesos capaces de movilizar afectos, vínculos y sentidos colectivos.

Las reflexiones del conversatorio coincidieron en que la creatividad es también una forma de disputar el control de las subjetividades impuesto por el neoliberalismo y las nuevas derechas. Frente a discursos que promueven el individualismo, el miedo y la resignación, la educación popular apuesta por abrir espacios donde sea posible imaginar otros modos de vivir, relacionarse y construir comunidad.

En ese sentido, la creatividad no aparece como un complemento secundario de la acción política, sino como una condición necesaria para sostener la organización colectiva, reinventar las pedagogías y fortalecer las resistencias territoriales en América Latina y el Caribe.

Así, en tiempos de autoritarismo, extractivismo y fragmentación, la creatividad se reivindica como una fuerza vital capaz de abrir grietas en los sentidos dominantes y de alimentar la construcción colectiva de futuros más justos, solidarios y dignos.

Si las reflexiones compartidas en este conversatorio resonaron con sus experiencias, preocupaciones o procesos organizativos, les invitamos a ver el conversatorio completo “Educación popular ante la reconfiguración del poder”. Escuchar directamente las voces de las educadoras y educadores participantes permite profundizar en los análisis, matices y desafíos planteados para América Latina y el Caribe. En tiempos marcados por el miedo, el autoritarismo y la fragmentación social, estos espacios de diálogo colectivo también son una invitación a seguir pensando, organizándonos y construyendo esperanza desde nuestros territorios.

¿Qué desafía hoy a la educación popular?

Compartimos esta matriz como un insumo para la reflexión colectiva sobre los desafíos, tensiones y disputas que atraviesan hoy a la educación popular. La intención es que pueda acompañar las intervenciones del conversatorio y contribuir a seguir dialogando, problematizando y construyendo preguntas desde las experiencias, territorios y procesos organizativos que habitamos.

La matriz no busca establecer categorías cerradas ni lecturas definitivas, sino ofrecer algunas pistas para pensar críticamente los escenarios actuales, las contradicciones que enfrentamos y las posibilidades de recrear prácticas político-pedagógicas comprometidas con la defensa de la vida, los bienes comunes y las luchas colectivas.

Contexto / fenómeno

¿Qué desafía a la educación popular?

Riesgos identificados

Posibles respuestas desde la educación popular

Avance de nuevas derechas y neofascismos

La capacidad de construir pensamiento crítico y organización colectiva en contextos de miedo y polarización

Naturalización del autoritarismo, discursos de odio, debilitamiento democrático

Fortalecer espacios de análisis crítico, formación política y lectura colectiva de la realidad

“Bukelización” y militarización

La defensa de los derechos humanos frente a discursos de seguridad y control

Justificación de la suspensión de derechos, normalización del castigo y vigilancia

Construir narrativas alternativas sobre seguridad, justicia y vida digna

Criminalización de la protesta y organización social

La posibilidad de sostener procesos organizativos colectivos

Miedo a participar, persecución, desgaste organizativo

Generar redes de cuidado, protección colectiva y articulación territorial

Colonización de las subjetividades desde el neoliberalismo

La construcción de sentidos colectivos frente al individualismo extremo

Competencia, apatía política, ruptura de vínculos comunitarios

Recuperar prácticas de solidaridad, encuentro y trabajo comunitario

Discursos de odio, xenofobia y aporofobia

La capacidad de construir horizontes emancipadores incluyentes

Estigmatización de sectores empobrecidos, migrantes y movimientos sociales

Impulsar pedagogías antirracistas, antipatriarcales y decoloniales

Extractivismo y despojo territorial

El vínculo entre educación popular y defensa de los bienes comunes

Desplazamiento territorial, violencia ambiental, criminalización de defensoras y defensores

Fortalecer procesos territoriales, memoria comunitaria y pedagogías del territorio

Desmantelamiento de la educación pública

La defensa de la educación como derecho y bien común

Privatización, exclusión educativa, tecnocratización

Reivindicar la educación pública crítica, popular y comunitaria

Hipertecnologización y predominio de lógicas instrumentales

La centralidad del diálogo, el encuentro y la reflexión colectiva

Aislamiento, pérdida del debate crítico, deshumanización de los procesos educativos

Crear metodologías participativas y críticas que resignifiquen el uso de tecnologías

Fragmentación social y repliegue hacia lo individual

La posibilidad de reconstruir tejido social y comunitario

Desmovilización, desconfianza, debilitamiento organizativo

Promover espacios de encuentro, acuerpamiento y construcción colectiva

Cansancio militante e indefensión aprendida

La sostenibilidad emocional y política de los procesos organizativos

Agotamiento, desesperanza, desarticulación

Cultivar pedagogías de la esperanza, el cuidado y la ternura política

Crisis de las democracias liberales

La reflexión sobre nuevas formas de participación y construcción política

Desafección política, apatía, autoritarismo

Impulsar prácticas democráticas desde lo cotidiano y comunitario

Manipulación mediática y desinformación

La capacidad de disputar sentidos comunes

Instalación de mentiras como verdades sociales

Fortalecer comunicación popular y alfabetización crítica mediática

Debilitamiento de memorias históricas

La transmisión intergeneracional de luchas y experiencias

Pérdida de referencias históricas y capacidad crítica

Recuperar memorias locales, luchas populares e historias comunitarias

Nuevos movimientos y sujetos sociales

La actualización de metodologías y lenguajes de la educación popular

Desconexión con juventudes y nuevas formas organizativas

Construir pedagogías flexibles, creativas e interculturales

Crisis civilizatoria y cambio de época

La necesidad de replantear horizontes políticos y pedagógicos

Fatalismo, sensación de no futuro

Construir alternativas centradas en el cuidado de la vida y los bienes comunes

Nuevas pobrezas y exclusiones

La capacidad de acompañar comunidades atravesadas por múltiples violencias

Soledad, exclusión, precarización extrema

Desarrollar pedagogías del cuidado, hospitalidad y acompañamiento

Debilitamiento de vínculos regionales

La articulación latinoamericana y caribeña de procesos populares

Aislamiento de luchas y experiencias

Fortalecer redes, intercambios y plataformas regionales como Consejo de Educación Popular de América Latina y el Caribe

Transformaciones culturales y tecnológicas

La actualización pedagógica sin perder sentido político

Adaptación acrítica a tecnologías y plataformas

Construir nuevos “ecosistemas” pedagógicos críticos y participativos

Avance del patriarcado y conservadurismo

La incorporación real de perspectivas feministas y antipatriarcales

Retrocesos en derechos y violencias de género

Impulsar pedagogías feministas y prácticas de igualdad

Pérdida de espacios colectivos presenciales

La dimensión corporal y afectiva de la organización

Individualización y debilitamiento comunitario

“Juntar los cuerpos para la protesta y la propuesta” mediante encuentros, arte y cultura comunitaria

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Fray Servando, herejía y libertad: nueva colección para pensar la antigeopolítica y los antiimperialismos

La colección Geografías Herejes de los Bienes Comunes abre una provocación necesaria en tiempos donde el despojo suele presentarse como desarrollo y la obediencia como única forma posible de habitar el mundo. Desde el Observatorio de Bienes Comunes, esta nueva serie de cuadernos de antigeopolítica y antiimperialismo apuesta por recuperar memorias, disputas y lecturas críticas construidas desde los territorios, las comunidades y las luchas por la vida.

Más que una serie editorial, estos cuadernos nacen como herramientas pedagógicas y políticas para fortalecer la imaginación crítica frente a los dogmas contemporáneos del mercado, el extractivismo, la militarización y la colonialidad. En una época donde las guerras se presentan como seguridad, la explotación de los territorios como progreso y la mercantilización de la vida como destino inevitable, la colección propone abrir grietas en esos relatos y recuperar la capacidad colectiva de interpretar el mundo desde abajo.

Fray Servando y la disputa por el derecho a interpretar

El primer número, “Herejía y libertad: Fray Servando y la disputa por el sentido en América y el Caribe”, retoma la figura de Fray Servando Teresa de Mier no como una efeméride académica, sino como una invitación a discutir algo profundamente actual: ¿quién tiene derecho a interpretar la realidad?

El cuaderno revisita el célebre sermón guadalupano de 1794 como un gesto político de desobediencia frente al orden colonial. Lo que estaba en juego no era únicamente una diferencia religiosa, sino la disputa por el monopolio del sentido, de la memoria y de la verdad. Fray Servando fue perseguido no solo por lo que dijo, sino porque se atrevió a cuestionar quién tenía autoridad para nombrar el mundo.

Desde esta lectura, la herejía deja de aparecer como error doctrinal y se transforma en una práctica crítica capaz de interrumpir relatos dominantes, cuestionar verdades impuestas y abrir otros horizontes políticos y culturales para América Latina y el Caribe.

Antigeopolítica: leer el mundo desde abajo

Uno de los aportes centrales del cuaderno es la discusión sobre la antigeopolítica como una forma de interpretar el mundo desde las voces, territorios y experiencias históricamente subordinadas.

Frente a una geopolítica tradicional que mira los territorios como recursos estratégicos, corredores logísticos o espacios de control, la antigeopolítica propone recuperar la mirada de los pueblos que viven las consecuencias de esas decisiones. Se trata de leer el mundo desde las comunidades, las cuencas, las fronteras, los cuerpos y las memorias atravesadas por las dinámicas del poder global.

La colección insiste en que la lucha por los bienes comunes no es únicamente una disputa por recursos naturales. También es una disputa por los relatos que convierten la vida en mercancía y presentan el despojo como inevitable. Defender un río, una montaña o una comunidad implica también defender otras maneras de nombrar el mundo.

Antiimperialismo y colonialidad en el presente

El antiimperialismo que atraviesa estos cuadernos no se limita a denunciar invasiones militares o dominaciones extranjeras visibles. El texto plantea que el imperialismo contemporáneo también opera mediante discursos, lenguajes e imaginarios que reorganizan territorios y formas de vida.

Conceptos como desarrollo, modernización, competitividad o seguridad aparecen muchas veces como palabras aparentemente neutrales, pero capaces de justificar procesos de extracción, militarización y sacrificio territorial. El cuaderno propone problematizar esos discursos y preguntarse quién gana y quién pierde detrás de ciertas ideas de progreso.

En ese sentido, la colección recupera el concepto de colonialidad para señalar cómo persisten formas de dominación que organizan qué conocimientos son considerados legítimos, qué voces son escuchadas y qué pueblos son tratados como incapaces de decidir sobre sus propios territorios.

Las nuevas herejías contemporáneas

Uno de los aspectos más potentes de este primer número es la manera en que conecta una disputa histórica del siglo XVIII con conflictos profundamente actuales.

Las “herejías” contemporáneas aparecen allí donde comunidades indígenas, movimientos sociales, organizaciones territoriales y personas defensoras de la vida cuestionan proyectos extractivos, megaproyectos turísticos, procesos de militarización o narrativas oficiales sobre el desarrollo.

El cuaderno muestra cómo muchas luchas siguen siendo criminalizadas cuando interrumpen el relato dominante. Quienes defienden el agua son acusados de obstaculizar el progreso; quienes cuestionan el extractivismo son tratados como enemigos del empleo o de la inversión; quienes defienden territorios son presentados como amenazas para el orden y la modernización.

La herejía, entonces, no desapareció. Solo cambió de lenguaje.

Herramientas pedagógicas para disputar el sentido

Además de la reflexión política, el documento incorpora propuestas metodológicas y ejercicios colectivos para procesos de formación y diálogo comunitario.

Entre las actividades destacan ejercicios sobre quién administra la verdad, la construcción de “diccionarios herejes” para problematizar palabras como desarrollo o progreso, cartografías de conflictos y resistencias, y propuestas para escribir “sermones contra el despojo” en clave contemporánea.

Lejos de entender el conocimiento como algo exclusivamente académico, el cuaderno apuesta por reconocer que las comunidades también producen pensamiento cuando defienden una cuenca, recuperan memorias barriales o construyen lecturas propias sobre las disputas que atraviesan sus territorios.

Aportes de este primer cuaderno para pensar el presente

Uno de los principales aportes de “Herejía y libertad: Fray Servando y la disputa por el sentido en América y el Caribe” es conectar una discusión histórica del periodo colonial con conflictos profundamente actuales en América Latina y el Caribe. A partir de la figura de Fray Servando Teresa de Mier, el cuaderno propone reflexionar sobre quién tiene derecho a interpretar la realidad y cómo ciertas instituciones buscan imponer versiones únicas sobre el desarrollo, el progreso o la verdad.

El texto muestra que las luchas por los bienes comunes no son únicamente disputas ambientales o económicas, sino también conflictos por el lenguaje, la memoria y el sentido común. En esa línea, plantea que conceptos aparentemente neutrales pueden funcionar como mecanismos de legitimación del despojo, el extractivismo o la militarización de los territorios.

Otro de los aportes centrales del cuaderno es la discusión sobre la antigeopolítica y el antiimperialismo como herramientas para leer el mundo desde las experiencias de los pueblos y comunidades afectadas por distintas formas de dominación. Frente a miradas que reducen los territorios a recursos estratégicos, la colección apuesta por recuperar voces, memorias y formas de organización construidas desde abajo.

Además, el documento incorpora ejercicios y propuestas pedagógicas para procesos colectivos de formación política, fortaleciendo la reflexión crítica sobre colonialidad, poder, lenguaje y defensa de los bienes comunes. Más que un texto académico cerrado, el cuaderno se presenta como una invitación a pensar, debatir y construir otras formas de imaginar el presente y el futuro desde América Latina y el Caribe.

Geografías herejes para defender la vida

Más que una publicación cerrada, Geografías Herejes de los Bienes Comunes se presenta como una invitación a pensar desde América Latina y el Caribe, recuperar voces propias y defender el derecho colectivo de nombrar el mundo desde las experiencias de los pueblos.

En un tiempo donde el poder busca imponer un único mapa posible del futuro, estos cuadernos apuestan por construir otras geografías para la memoria, la dignidad y la vida común. Porque toda defensa de los bienes comunes necesita también una herejía capaz de hacer visible aquello que el poder intenta borrar.

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Mover la organización, achatar la pirámide: pistas para pensar lo común

Alto a la guerra contra el CIPOG-EZ y los pueblos originarios

Mientras reflexionamos sobre autonomía, organización comunitaria y defensa del territorio, no podemos dejar de mirar la grave situación que enfrentan las comunidades del Consejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) en México.

El Congreso Nacional Indígena denunció recientemente el recrudecimiento de ataques armados, desplazamientos forzados y violencia contra comunidades indígenas de la Montaña de Guerrero, señalando la responsabilidad de estructuras criminales que operan bajo protección e impunidad.

La denuncia alerta sobre agresiones con armas y drones contra comunidades pertenecientes al CIPOG-EZ, provocando el desplazamiento de cientos de familias indígenas y poniendo en riesgo la vida de mujeres, niñas, niños y personas mayores.

“La violencia que viven las comunidades pertenecientes al CIPOG-EZ es una muestra brutal de la guerra contra los pueblos originarios que defienden su territorio, su autonomía y la vida”, señala el comunicado.

Hasta ahora, según la denuncia del Congreso Nacional Indígena, 76 integrantes del CIPOG-EZ han sido asesinados y 25 permanecen desaparecidos.

En el marco de estas agresiones, el CNI realizó un llamado urgente a organizaciones, colectivos, redes, pueblos y personas solidarias de México y del mundo a desarrollar acciones de denuncia, solidaridad y visibilización frente a la violencia que viven estas comunidades.

Traer esta denuncia a la discusión no es un gesto aislado. Dialoga profundamente con las preguntas que atraviesan esta nota y el curso-taller Mover la casa, cambiar el mundo: ¿qué implica defender el territorio hoy? ¿Qué significa construir autonomía en contextos de violencia y despojo? ¿Cómo sostener la vida colectiva frente a guerras que buscan fragmentar comunidades y destruir formas de organización desde abajo?

Porque hablar de autonomía no es solamente discutir ideas o modelos organizativos. También es reconocer que, en muchos territorios, defender la vida comunitaria sigue teniendo costos profundamente dolorosos.

En el marco del curso-taller Mover la casa, cambiar el mundo: Estrategias del caracol, compartimos esta conversación de los compañeros de Reactiva Contenidos con Raúl Zibechi como un insumo inicial para abrir preguntas sobre territorio, organización colectiva, autonomía y construcción comunitaria.

Las reflexiones que emergen aquí dialogan profundamente con los ejes del curso: la defensa de los territorios, las estrategias construidas desde abajo, las formas comunitarias de sostener la vida y los desafíos de organizarse sin reproducir las mismas lógicas de poder que muchas veces se critican.

A treinta años del levantamiento zapatista de 1994, el EZLN continúa siendo una referencia política, ética y organizativa para múltiples movimientos sociales dentro y fuera de América Latina. Su permanencia no puede entenderse únicamente por la potencia simbólica de aquel primero de enero, cuando comunidades indígenas ocuparon varias ciudades de Chiapas, sino por la capacidad de sostener y profundizar formas concretas de autonomía territorial, organización comunitaria y construcción colectiva de la vida.

Las reflexiones compartidas por Zibechi permiten acercarse al zapatismo no como una experiencia congelada en el pasado, sino como un proceso en movimiento, atravesado por transformaciones internas, debates organizativos y búsquedas políticas que siguen interpelando al presente.

La ética como práctica política

Desde su mirada, una de las claves fundamentales para comprender la vigencia del zapatismo es la coherencia ética. No se trata únicamente de discursos radicales o declaraciones políticas, sino de la relación entre palabra y práctica, entre lo que se afirma y la forma concreta en que se organiza la vida cotidiana.

En tiempos donde buena parte de la política institucional aparece marcada por el pragmatismo, la competencia por el poder y la administración de lo existente, la experiencia zapatista recupera preguntas fundamentales sobre el sentido de la organización política y el lugar de las comunidades en la toma de decisiones.

Más que una propuesta cerrada o un modelo exportable, el zapatismo aparece como una invitación a pensar cómo construir procesos políticos donde la vida comunitaria no quede subordinada a las lógicas del mando, la representación permanente o la acumulación de poder.

La autonomía como construcción material

Uno de los elementos más potentes es comprender la autonomía no como una consigna abstracta, sino como una práctica territorial concreta.

En las comunidades zapatistas existen sistemas propios de educación, espacios autónomos de salud, formas comunitarias de producción y mecanismos de organización colectiva que buscan reducir la dependencia respecto al Estado y al mercado capitalista.

Cada comunidad sostiene pequeñas escuelas, espacios de atención en salud y procesos productivos vinculados a la tierra. A ello se suman clínicas regionales, proyectos agrícolas colectivos y estructuras de coordinación territorial construidas desde abajo.

La autonomía aparece entonces como una capacidad social para producir y reproducir la vida comunitaria en medio de contextos de violencia, despojo y presión estatal o empresarial.

En ese sentido, el zapatismo cuestiona también una idea profundamente arraigada en muchas tradiciones de izquierda: que la transformación social depende necesariamente de la toma del poder estatal. Lo que emerge en Chiapas es otra lógica política, donde el centro no está en conquistar el Estado, sino en fortalecer las capacidades de autogobierno de los pueblos.

Pueblos indígenas y reexistencia

Las reflexiones se amplían hacia otros procesos latinoamericanos de resistencia indígena y comunitaria. Pueblos mapuche en Chile y Argentina, procesos de recuperación territorial en Brasil, autonomías indígenas en Colombia y experiencias campesinas en distintos territorios muestran que existe una diversidad de luchas que buscan sostener formas de vida no subordinadas completamente a las dinámicas del capital.

Más que movimientos homogéneos o centralizados, se trata de experiencias múltiples que comparten ciertas búsquedas comunes: defensa del territorio, autonomía organizativa, reconstrucción comunitaria y resistencia frente al extractivismo. En varios casos, estas luchas se han convertido en uno de los principales núcleos de resistencia social frente a gobiernos, empresas y procesos de militarización territorial.

La noción de “reexistencia” aparece aquí como algo más profundo que la mera resistencia: no solo evitar desaparecer, sino recrear formas propias de vida, memoria y organización colectiva.

Juventudes, mujeres y transformación comunitaria

Otro aspecto central es el protagonismo creciente de mujeres indígenas y jóvenes dentro de estos procesos. Las transformaciones no pasan únicamente por cambios discursivos, sino por modificaciones concretas en la vida comunitaria y en la distribución de responsabilidades políticas, organizativas y técnicas.

Mujeres que antes tenían una participación limitada hoy asumen tareas vinculadas a salud, educación, comunicación, conducción política y organización territorial. Del mismo modo, nuevas generaciones ocupan espacios que históricamente permanecían concentrados en dirigencias masculinas o estructuras más verticales.

Esto implica también una crítica profunda a las culturas políticas caudillistas y a la dependencia permanente de liderazgos individuales.

La construcción comunitaria deja de pensarse alrededor de figuras salvadoras o direcciones iluminadas, para desplazarse hacia procesos colectivos más amplios y horizontales.

Achatar la pirámide: una crítica radical al poder

Uno de los conceptos más sugerentes que aparece es la idea de “achatar la pirámide”.

La expresión surge para describir cambios organizativos dentro del zapatismo impulsados en los últimos años: ampliar los espacios de decisión, reducir jerarquías y trasladar cada vez más responsabilidades hacia las comunidades organizadas. La imagen resulta especialmente potente porque cuestiona una lógica profundamente instalada tanto en las instituciones estatales como en buena parte de las organizaciones políticas tradicionales: la idea de que siempre debe existir una estructura vertical donde unos pocos concentran dirección, autoridad y capacidad de decisión.

“Achatar la pirámide” implica algo mucho más profundo que descentralizar tareas. Significa poner en cuestión la propia cultura política de la obediencia, el mando y la acumulación de poder.

También supone reconocer que muchas organizaciones terminan reproduciendo internamente las mismas relaciones jerárquicas que dicen combatir hacia afuera. La apuesta zapatista aparece entonces como un intento de desplazar el centro de gravedad desde las dirigencias hacia las comunidades. No se trata de eliminar toda forma de organización, sino de construir estructuras donde el poder no quede separado de la vida colectiva.

En esa perspectiva, el horizonte no es fortalecer indefinidamente aparatos políticos o dirigencias permanentes, sino crear condiciones para que las propias comunidades puedan sostener procesos de autogobierno, cuidado y defensa territorial.

La pregunta que emerge es profundamente actual: ¿cómo construir organización sin reproducir lógicas de dominación? ¿Cómo sostener procesos colectivos sin convertirlos en nuevas burocracias? ¿Cómo evitar que quienes dicen representar al pueblo terminen sustituyéndolo?

Pensar lo común en tiempos de fragmentación

En medio de un mundo atravesado por guerras, extractivismo, autoritarismos y fragmentación social, estas búsquedas abren discusiones urgentes sobre democracia, comunidad y formas de vida posibles.

Precisamente por eso, esta conversación se vuelve una puerta de entrada para el curso-taller Mover la casa, cambiar el mundo: un espacio para pensar colectivamente cómo construir organización, defender los territorios y crear estrategias que permitan sostener la vida común desde abajo.

Porque quizá uno de los mayores desafíos políticos de nuestro tiempo no sea únicamente conquistar espacios de poder, sino aprender a construir relaciones sociales distintas. Formas de organización donde la dignidad, el cuidado y la capacidad colectiva de decidir no dependan de pirámides cada vez más altas, sino de comunidades capaces de sostener la vida en común.

Invitamos a ver y compartir la conversación completa con Raúl Zibechi.

Seguimos en paro activo… aunque ya hay quienes sospechan que estamos aplicando la estrategia del caracol: mover la universidad pieza por pieza antes de que lleguen por ella.

Mientras algunos preguntan si la universidad “produce”, acá seguimos produciendo algo peligroso: pensamiento crítico, organización colectiva y vínculos con los territorios.

Achatar la pirámide… y mover la universidad

Las reflexiones compartidas por Zibechi también permiten leer de otra manera discusiones muy presentes hoy en Costa Rica, particularmente alrededor del FEES y el sentido mismo de la universidad pública.

Cuando el zapatismo habla de “achatar la pirámide”, no se refiere solamente a reorganizar estructuras internas. La idea apunta a algo más profundo: desplazar el poder hacia abajo, fortalecer capacidades colectivas y evitar que la vida política quede atrapada en aparatos separados de las comunidades.

La pregunta entonces no es únicamente cómo defender instituciones, sino cómo construir relaciones más horizontales entre universidad, territorios y sociedad. En ese contexto, las tensiones actuales sobre el financiamiento universitario abren una discusión que va más allá de cifras presupuestarias. Lo que está en juego es también qué tipo de universidad se quiere sostener: una encerrada sobre sí misma, vertical y distante, o una universidad vinculada con procesos comunitarios, territorios y luchas sociales concretas.

Quizá por eso la metáfora de La estrategia del caracol resuena tanto. “¿Recorte al FEES? Tranquilos… ya estamos empacando la universidad.”

La frase funciona como humor, pero también como provocación política. Porque una universidad pública viva no existe únicamente dentro de sus edificios, oficinas o estructuras administrativas. También habita en proyectos territoriales, procesos de educación popular, investigaciones críticas, vínculos comunitarios y formas colectivas de producción de conocimiento.

En cierta forma, muchas de las experiencias universitarias más valiosas ya vienen intentando “mover la universidad”: sacarla de sus propios límites, acercarla a los territorios y construir relaciones menos jerárquicas entre academia y comunidad. Eso dialoga profundamente con las preguntas que atraviesan esta conversación sobre autonomía y organización colectiva: ¿cómo evitar que las instituciones se separen de la vida social? ¿Cómo construir espacios públicos que no reproduzcan lógicas verticales? ¿Cómo sostener procesos colectivos donde el conocimiento no quede concentrado en unos pocos?

Tal vez ahí aparece uno de los desafíos más importantes para la universidad pública contemporánea: no solo resistir recortes o ataques externos, sino también transformar sus propias formas y modos de relación. Porque, al final, achatar la pirámide también implica preguntarse cómo democratizar el conocimiento, cómo compartir decisiones y cómo construir instituciones capaces de aprender desde abajo.

Y quizá, como los caracoles, entender que moverse colectivamente puede ser otra forma de permanecer.

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Cuando la universidad se vuelve “Sin Cara”: ética, política y pedagogía en tiempos del FEES

Por momentos, no hace falta inventar nuevas metáforas. Basta mirar con atención a Sin Cara en El viaje de Chihiro para reconocer algo inquietantemente cercano: una figura que no es mala en sí misma, pero que se vuelve lo que el entorno le devuelve. Una figura que consume… y termina siendo consumida.

Un contexto que desborda el aula: paro activo y disputa por el FEES

En abril de 2026, la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica declaró un paro activo en el marco de la disputa por el Fondo Especial para la Educación Superior 2027.

No se trata de una huelga tradicional. El paro activo implica no detener del todo las clases, sino transformarlas: el aula se desplaza hacia espacios de discusión, análisis crítico y organización colectiva. La medida, fue propuesta por la Escuela de Ciencias Políticas e impulsada desde la Asamblea Ampliada de Ciencias Sociales.

El trasfondo es claro: la ruptura de negociaciones entre el gobierno y las rectorías, junto con el anuncio de congelamiento presupuestario, activó un escenario de tensión donde estudiantes han exigido no criminalizar la protesta y han respaldado acciones como la toma de edificios.

En este contexto, la universidad deja de ser únicamente un espacio académico para convertirse en un territorio en disputa.

Una presencia incómoda: lo que Sin Cara nos obliga a ver

Sin Cara no entra haciendo ruido. Aparece silencioso, casi invisible, hasta que encuentra un espacio donde puede interactuar. En el baño termal, rodeado de codicia, jerarquías y ansiedad por el oro, empieza a transformarse: devora, crece, exige, se desborda.

No es un villano clásico. Es, más bien, un espejo.

Pensar la universidad pública en Costa Rica desde esta imagen —en medio de las discusiones sobre el FEES— abre una pregunta incómoda: ¿qué estamos reflejando cuando hablamos de financiamiento, autonomía y defensa de lo público?

Dimensión ética: entre el principio y la inercia

El debate sobre el FEES suele reducirse a montos, porcentajes y reglas fiscales. Pero la metáfora de Sin Cara desplaza el foco: no se trata solo de cuánto, sino de para qué y desde dónde.

Cuando no hay un horizonte ético claramente asumido, la universidad corre el riesgo de actuar por inercia. De responder a presiones externas —mediáticas, políticas o económicas— sin procesarlas críticamente. De adaptarse, más que de orientar.

Aquí la pregunta no es técnica, es profundamente ética: ¿la universidad pública está organizada para sostener el bien común o para administrarse a sí misma?

Porque cuando el criterio se diluye, cualquier lógica puede ocupar su lugar.

Dimensión política: el conflicto que no siempre se nombra

El baño termal en la película no es neutral. Está lleno de relaciones de poder, de intercambios desiguales, de decisiones que benefician a unos y excluyen a otros.

Lo mismo ocurre con el FEES.

Lejos de ser un simple mecanismo de financiamiento, es un campo de disputa donde se juegan visiones de país, modelos de desarrollo y sentidos de lo público. Pero también —y esto suele quedar fuera del foco— es un espacio donde emergen tensiones internas:

  • -¿Quién decide dentro de la universidad?
  • -¿Cómo se distribuyen los recursos?
  • -¿Qué áreas se fortalecen y cuáles se precarizan?
  • -¿Qué voces participan y cuáles quedan fuera?

La figura de Sin Cara incomoda porque evidencia que el problema no es solo la presión externa. También está en cómo la institución procesa, negocia o reproduce esas presiones.

El quiebre: cuando la universidad se enfrenta a su propio reflejo

Hay momentos en que la metáfora deja de ser interpretativa y se vuelve concreta.

El episodio en el que la propia institución decide cortar el agua, la luz y mantener una alarma activa durante toda la noche mientras estudiantes sostenían la toma de un edificio no es un detalle administrativo. Es un punto de inflexión.

Ahí la universidad deja de ser únicamente un espacio en disputa para convertirse en actor directo de una práctica que tensiona su propio discurso.

La contradicción es evidente: una institución que, en medio de un paro activo que reivindica la reflexión crítica, la organización y la defensa de lo público, recurre simultáneamente a medidas que operan desde la presión, el desgaste y el control.

En clave de Sin Cara, es el momento en que el personaje ya no solo refleja el entorno: lo encarna sin mediación.

Y la pregunta se vuelve más incómoda aún: ¿qué condiciones hicieron posible que esa decisión pareciera válida, necesaria o incluso “normal”?

Cuando aparece Chihiro: el límite, el cuidado y la transformación

Sin embargo, la historia no termina ahí. Hay un giro clave cuando Chihiro Ogino entra en escena de otra manera.

Chihiro no compite con Sin Cara, no lo reprime con violencia ni se deja seducir por el oro. Hace algo más difícil: le pone un límite sin dejar de reconocerlo. Le ofrece comida que lo obliga a devolver lo que ha consumido, lo saca del espacio donde se desbordó y lo acompaña en un proceso de transformación.

Fuera del baño termal, Sin Cara cambia. Se calma. Deja de devorar.

Este momento es clave para pensar la universidad:

  • -No toda respuesta al conflicto tiene que pasar por la coerción.
  • -No todo límite tiene que construirse desde el castigo.
  • -No toda tensión se resuelve eliminando al otro.

La relación que propone Chihiro abre otra posibilidad: la del vínculo como práctica ética y pedagógica.

Dimensión pedagógica: formar criterio o reproducir reflejos

El propio paro activo es, en sí mismo, una apuesta pedagógica: convertir la crisis en contenido, el conflicto en aprendizaje, la coyuntura en espacio formativo.

Pero esa apuesta entra en tensión cuando las respuestas institucionales contradicen ese horizonte.

¿Qué se aprende de una universidad que, mientras promueve el debate crítico en las aulas, gestiona el conflicto desde la coerción fuera de ellas? ¿Qué tipo de ciudadanía se está formando cuando el disenso se reconoce discursivamente, pero se limita en la práctica?

La escena con Chihiro Ogino sugiere otra dirección: la formación no ocurre solo en lo que se dice, sino en cómo se sostienen los conflictos, cómo se construyen los límites y cómo se cuidan los vínculos.

En ese sentido, la universidad puede amplificar la lógica de Sin Cara —absorber sin procesar, reproducir sin transformar— o puede apostar por lo contrario: formar sujetos capaces de no devorar ni ser devorados por el contexto.

Democratizar para no devorar(se)

Hay un punto donde la metáfora deja de ser cómoda y se vuelve exigente.

Porque si la universidad quiere evitar convertirse en una figura que refleja sin cuestionar, necesita mirarse hacia adentro. Las tensiones en torno al FEES no solo interpelan al gobierno o a la opinión pública. También interpelan la vida interna de la institución:

  • -sus formas de gobierno,
  • -sus mecanismos de participación,
  • -su relación con estudiantes, territorios y comunidades.

El paro activo abre precisamente esa posibilidad: no solo defender recursos, sino disputar el sentido de la universidad.

No se trata únicamente de cuánto presupuesto se recibe. Se trata de cómo se decide, para quién y con quién.

Una pregunta abierta (y urgente)

Sin Cara no desaparece. Cambia de contexto. Y con eso, cambia también su forma de estar en el mundo.

En medio del paro activo, de la defensa del FEES y de las tensiones abiertas entre gobierno, autoridades y movimiento estudiantil, aparece una imagen difícil de ignorar: una universidad que disputa lo público hacia afuera, pero que también debe hacerlo hacia adentro.

Pero también aparece otra posibilidad, menos estridente pero más exigente: la de construir relaciones como las que propone Chihiro.

La pregunta, entonces, es otra: ¿qué tipo de universidad queremos ser cuando el conflicto nos atraviesa?

Porque en tiempos de disputa por lo público, la ética, la política y la pedagogía no son dimensiones separadas. Son, precisamente, el terreno donde se juega el sentido mismo de la universidad.

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Manual práctico del 0%: disculpen las molestias, no pedimos permiso

Este manual no debería existir.

No porque no haga falta, sino porque su existencia dice más de lo que cualquier diagnóstico técnico se atrevería a nombrar. Nadie lo solicitó, nadie lo validó, nadie abrió un formulario para recoger opiniones. Y, sin embargo, aquí está.

No pedimos permiso.

Porque cuando las decisiones que afectan la vida universitaria tampoco pasan por consulta —cuando un 0% se instala como si fuera neutral, técnico, inevitable—, la respuesta no siempre llega por los canales formales. A veces aparece en los márgenes, en ese lugar incómodo donde la preocupación se mezcla con la memoria y con una pregunta urgente: ¿qué hacemos con lo que tenemos a mano?

Este “manual práctico del 0%” es, en realidad, un botiquín.

Este manual no debería existir. Pero quizá tampoco haga falta. Porque hoy, en Costa Rica, ya hay personas estudiantes organizándose, movilizándose, discutiendo y sosteniendo la defensa de la universidad pública. Esa experiencia viva —en curso, imperfecta, pero activa— también es un manual. Si este documento sirve, es porque dialoga con esas prácticas. Si sobra, mejor. Porque significaría que la lucha ya está en marcha.

No está pensado para quienes solo se mueven cuando todo ha sido previamente autorizado o encaja sin fisuras en los procedimientos; más bien, encuentra sentido allí donde lo urgente desborda lo establecido y obliga a mirar de frente lo que ya no se puede postergar.

No cura la herida, pero permite reconocerla. No resuelve la emergencia, pero evita que se normalice. No ofrece recetas, pero pone a circular herramientas que otros procesos en América Latina y el Caribe han ido dejando, como quien sabe que en algún momento alguien más las va a necesitar.

Porque el 0% no es un número.

Es el proyecto que se detiene, la beca que no alcanza, el territorio que queda más lejos. Es el ajuste que no se nombra como recorte, pero que se vive como retroceso. Es el silenciamiento progresivo de una idea de universidad pública que históricamente ha sido todo menos neutral.

Y frente a eso, este manual hace algo sencillo —y por eso incómodo—: recuerda.

Recuerda que la universidad pública no nació de la planificación ordenada, sino de la disputa. Que lo que hoy existe fue conquistado, tensionado, defendido. Que cada generación, en contextos distintos, tuvo que inventar formas para sostener lo común.

Por eso este documento no busca representar a nadie.

Ni hablar en nombre de.

Ni cerrar el debate.

Más bien lo contrario: abrirlo.

Poner sobre la mesa que lo que está en juego no es únicamente un presupuesto, sino una forma de entender la universidad, su lugar en la sociedad y su relación con la vida de las personas. Traducir un conflicto que muchas veces queda encerrado en el campus, para que pueda ser sentido como propio más allá de él.

Si este manual circula, cumple su función.
Si incomoda, también.

Porque no fue hecho para tranquilizar.

Fue hecho porque algo está pasando que lo vuelve necesario.

Así que sí:

Gracias.

Y disculpen las molestias.

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Convocatoria: Mover la casa, cambiar el mundo Estrategias del caracol: territorio, organización y dignidad

En muchos territorios de América Latina y el Caribe, la vida se sostiene en medio de tensiones constantes. A veces el desalojo no llega con policías ni órdenes judiciales visibles, sino de forma más silenciosa: proyectos que avanzan, decisiones que se toman lejos de las comunidades, cambios en el uso del suelo que transforman el paisaje… y con él, las formas de vivir.

Como en una casa que de pronto deja de pertenecer a quienes la habitan, los territorios se convierten en espacios en disputa. Pero lo que está en juego no es solo la tierra: es la memoria, los vínculos, la historia compartida y la posibilidad de seguir construyendo vida en común.

¿Y qué pasa cuando quienes habitan esos espacios deciden no irse?
¿Cuando, en lugar de desaparecer, comienzan a organizarse?

Ahí aparece el caracol.

Lento, colectivo, persistente.
Un símbolo que nos habla de estrategia, de cuidado y de inteligencia compartida. De moverse juntos, incluso cuando todo parece en contra.

A partir de la película La estrategia del caracol, este curso-taller propone un recorrido para mirar los conflictos territoriales desde otra perspectiva: no desde los grandes centros de poder, sino desde quienes resisten, organizan y construyen alternativas en sus propios territorios.

Un curso para leer el territorio desde abajo

En este espacio exploraremos:

  • – ¿Quién hace realmente la geopolítica?
  • – ¿Cómo se disputan los territorios en la vida cotidiana?
  • – ¿Qué hace posible la organización colectiva?
  • – ¿Cómo se construyen estrategias frente al despojo?
  • – ¿Qué significa defender la dignidad y lo común?

Desde la antigeopolítica, nos acercaremos a estas preguntas reconociendo a los movimientos sociales y a los sujetos colectivos como protagonistas de la historia.

Una experiencia para pensar y actuar

Este no es un curso tradicional. Es un espacio para:

  • – mirar, sentir y pensar a partir del cine
  • – dialogar desde nuestras propias experiencias
  • – mapear conflictos reales
  • – imaginar estrategias colectivas
  • – construir herramientas para la acción

Trabajaremos desde la educación popular, entendiendo que el conocimiento se construye en colectivo, desde lo vivido y con sentido político.

Fechas

Del 18 de mayo al 15 de junio – 5 sesiones

Lugar: Oficina Kioscos Socioambientales. San Pedro. Montes de Oca.

¿A quién está dirigido?

A personas interesadas en los territorios, la organización social, la defensa de la vida y la construcción de alternativas. No se requiere experiencia previa, solo disposición para reflexionar y participar.

Inscripciones

👉 Inscríbete aquí:
https://forms.gle/7ZvU58rMgS1PRhLH6

Porque moverse juntos también es resistir

En contextos donde todo empuja a fragmentar, desplazar o desalojar,
organizarse es una forma de permanecer.

Pensar colectivamente es una forma de resistir.
Y crear estrategias propias es una forma de disputar el poder.

Como los caracoles,
llevar la casa a cuestas, moverse juntos y no soltar el territorio
puede ser también una forma de cambiar el mundo.

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Manual para sobrevivir a la nevada Seguridad, poder y narrativa: la estrategia de EE.UU. para redefinir la “extrema izquierda” y controlar la protesta

Una imagen se instala: Donald Trump como salvador. Un relato la sostiene: la seguridad como redención, como promesa de orden frente al caos. Pero hay un dato incómodo que atraviesa esa construcción: mientras se eleva esa figura, también se redefine quién es el enemigo. No se trata solo de proteger, sino de nombrar, clasificar y señalar; de trazar nuevas fronteras entre lo aceptable y lo sospechoso. En ese movimiento, la política deja de ser únicamente gestión del conflicto y pasa a convertirse en una disputa por el sentido, donde el miedo, la moral y la seguridad se entrelazan para reorganizar la mirada sobre la realidad.

Este texto forma parte de los procesos de reflexión construidos en el curso “Proceso de Formación: Rompecabezas de las miradas: quién te mira y quién te ve”.

Las ideas aquí desarrolladas no son un ejercicio individual, sino el resultado de un diálogo colectivo que busca leer críticamente el contexto actual, reconociendo cómo las miradas de poder configuran los territorios, las amenazas y también las posibilidades de organización.

En ese marco, esta nota propone una interpretación situada de los cambios geopolíticos en curso y sus implicaciones para América Latina y el Caribe, incorporando la educación popular como herramienta clave no solo para comprender estos procesos, sino también para posicionarse y actuar en medio de ellos.

En nuestro recorrido por la coyuntura, hemos insistido en que no basta con mirar los acontecimientos: hay que aprender a leer cómo se construyen. Esta nota forma parte de ese ejercicio.

Como en El Eternauta, donde la nevada no solo cae sino que también confunde, desorienta y redefine quién es enemigo y quién no, hoy asistimos a una reconfiguración global en la que los discursos de seguridad construyen nuevas amenazas. En este caso, la “nevada” no es solo información: es una narrativa que busca nombrar, clasificar y perseguir.

El marco: una estrategia que redefine al «enemigo»

En noviembre de 2025, la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy (NSS), un documento que, bajo el lema «America First», establece un giro radical en la política exterior estadounidense. Entre sus principios figuran el rechazo al intervencionismo –al menos en su versión clásica–, la primacía de la soberanía nacional, el fin de la «era de la migración masiva» y una concepción economicista de la seguridad.

Pero hay un capítulo silencioso que ahora comienza a ejecutarse: la persecución global de la llamada «extrema izquierda».

Dos noticias recientes confirman que lo que parecía retórica interna ya es política activa. Por un lado, un cable del secretario de Estado Marco Rubio ordena a todas las embajadas coordinar campañas digitales con influencers y actores locales para contrarrestar la «propaganda antiestadounidense». Por otro, el Departamento de Estado ha designado formalmente como «organizaciones terroristas» a cuatro grupos de izquierda en Europa (dos en Grecia, uno en Alemania y uno en Italia), y presiona a aliados para que persigan a movimientos como antifa.

¿Qué conexión hay entre ambos hechos? Ambos son la puesta en práctica operativa de la NSS 2025, que establece la necesidad de combatir la «subversión cultural», las «ideologías radicales» y cualquier forma de pensamiento crítico que desafíe el orden que Washington quiere imponer.

Como en la ciudad nevada del Eternauta, donde las reglas cambian sin previo aviso, aquí también se redefine quién es el enemigo… y bajo qué criterios.

Esto no es nuevo: ecos del macartismo

Aunque estos procesos puedan parecer recientes, lo cierto es que la criminalización de la disidencia tiene antecedentes claros en la historia. Un ejemplo emblemático es el Macartismo en Estados Unidos durante las décadas de 1950.

En ese período, bajo el argumento de la “seguridad nacional”, se construyó una persecución sistemática contra personas acusadas de ser comunistas o simpatizantes. No se trataba únicamente de actores políticos: artistas, académicos, funcionarios públicos y movimientos sociales fueron investigados, señalados y excluidos, muchas veces sin pruebas contundentes.

El macartismo operó a través de:

  • -la ampliación de la categoría de “enemigo interno”,
  • -la estigmatización pública,
  • -la vigilancia y persecución institucional,
  • -y la instalación del miedo como mecanismo de control social.

Más que responder a amenazas concretas, funcionó como una forma de disciplinamiento político e ideológico.

Traer este antecedente al presente permite reconocer que lo que hoy vemos —la ampliación de categorías como “extrema izquierda”, la asociación con terrorismo o la deslegitimación de la protesta— no surge de la nada, sino que forma parte de una lógica histórica que se reactualiza en distintos contextos.

En clave de nuestro análisis: la “nevada” ya ha caído antes.

Y así como en aquel momento muchas voces fueron silenciadas bajo el peso de la sospecha, hoy el desafío vuelve a ser reconocer cuándo los discursos de seguridad se convierten en herramientas para limitar la democracia.

El marco: una estrategia que redefine al «enemigo»

En noviembre de 2025, la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy (NSS), un documento que, bajo el lema «America First», establece un giro radical en la política exterior estadounidense. Entre sus principios figuran el rechazo al intervencionismo –al menos en su versión clásica–, la primacía de la soberanía nacional, el fin de la «era de la migración masiva» y una concepción economicista de la seguridad.

Pero hay un capítulo silencioso que ahora comienza a ejecutarse: la persecución global de la llamada «extrema izquierda».

Dos noticias recientes confirman que lo que parecía retórica interna ya es política activa. Por un lado, un cable del secretario de Estado Marco Rubio ordena a todas las embajadas coordinar campañas digitales con influencers y actores locales para contrarrestar la «propaganda antiestadounidense». Por otro, el Departamento de Estado ha designado formalmente como «organizaciones terroristas» a cuatro grupos de izquierda en Europa (dos en Grecia, uno en Alemania y uno en Italia), y presiona a aliados para que persigan a movimientos como antifa.

¿Qué conexión hay entre ambos hechos? Ambos son la puesta en práctica operativa de la NSS 2025, que establece la necesidad de combatir la «subversión cultural», las «ideologías radicales» y cualquier forma de pensamiento crítico que desafíe el orden que Washington quiere imponer.

Como en la ciudad nevada del Eternauta, donde las reglas cambian sin previo aviso, aquí también se redefine quién es el enemigo… y bajo qué criterios.

¿Qué es «extrema izquierda» según EE.UU.?

Una categoría tan vaga como peligrosa

El discurso de Monica A. Jacobsen, alta funcionaria antiterrorista del Departamento de Estado, define como terrorismo de extrema izquierda a:

  • -Amenazas comunistas, marxistas y anarquistas
  • -Movimientos anticapitalistas
  • -Ideologías «ecoextremistas»
  • -Cualquier movimiento «antifascista autodenominado»

Esta definición es tan amplia que podría incluir desde sindicatos combativos hasta organizaciones ecologistas, pasando por colectivos feministas o de defensa de derechos humanos que utilicen tácticas de desobediencia civil.

Como advierte Tom Joscelyn, «están tratando de inventar a antifa como una amenaza internacional para vincularla a grupos e individuos en Estados Unidos».

El riesgo no es menor: al no exigir pruebas de violencia inminente ni de ataques contra ciudadanos estadounidenses, la administración Trump crea una categoría política, no criminal. Y con ella, abre la puerta a vigilar, investigar y perseguir a activistas y académicos que simplemente sostengan ideas contrarias al statu quo.

En clave del Eternauta: no es la acción lo que define el peligro, sino la etiqueta que se impone sobre quien piensa distinto.

Criminalización de la protesta social: el caso europeo como alerta

Los cuatro grupos designados –Antifa Ost (Alemania), dos organizaciones griegas y una italiana– no tienen antecedentes de atentados contra EE.UU.

En el caso alemán, las autoridades locales señalaron que «la amenaza ha disminuido considerablemente». En Grecia, el ministro antiterrorista declaró: «Antifa existe en toda Europa, pero hasta hoy han sido activistas, no terroristas».

Sin embargo, la designación permite a EE.UU.:

  • -Congelar activos financieros
  • -Presionar a gobiernos extranjeros
  • -Establecer vínculos para investigar o procesar personas

Esto último es clave. Sebastian Gorka ha insistido en que «no hay lobos solitarios», promoviendo la búsqueda de conexiones entre activistas.

El objetivo final podría ser castigar a opositores internos bajo cargos de «apoyo al terrorismo».

Como en la historia del Eternauta, donde el peligro no siempre es visible pero sí operativo, aquí el control se expande a través de redes invisibles.

Redes, influencers y guerra narrativa

¿proteger la imagen o silenciar la disidencia?

El cable de Rubio instruye a las embajadas a:

  • -Colaborar con influencers y líderes de opinión
  • -Coordinar con unidades de información militar
  • -Usar plataformas como X para contrarrestar narrativas

En apariencia, es diplomacia pública. Pero en este contexto, se convierte en una herramienta de control narrativo.

No se trata solo de mejorar la imagen de EE.UU., sino de deslegitimar voces críticas, asociándolas con amenazas o propaganda hostil.

La nevada, en este caso, no solo cae: también se organiza.

El doble estándar: ¿dónde queda la amenaza real?

Los datos muestran otra realidad:

  • -112 muertes por extremismo de derecha (2010-2020)
  • -13 muertes por extremismo de izquierda
  • -82 por yihadismo

Christopher Wray había señalado que la principal amenaza provenía de la extrema derecha.

Sin embargo, la administración ha redirigido recursos hacia la izquierda.

No se trata de seguridad, sino de ideología.

Formas de criminalización de la disidencia en América Latina y el Caribe
Forma de criminalización¿Cómo opera?Discursos que la sostienenActores que la impulsanImpactos en territorios y movimientosClaves para el análisis
Asociación con narcotráficoSe vincula a líderes sociales o comunidades con redes ilícitas sin pruebas claras“El crimen organizado está infiltrado”, “hay financiamiento ilegal”Gobiernos, fuerzas de seguridad, mediosEstigmatización, judicialización, pérdida de legitimidadPreguntar: ¿hay evidencia o es una asociación discursiva?
Vínculos con terrorismoUso de leyes antiterroristas para investigar o perseguir movimientos“Amenaza a la seguridad nacional”, “radicalización”Estados, cooperación internacionalCriminalización de protesta, vigilancia, persecuciónAnalizar si se redefine “terrorismo” de forma amplia
Etiqueta de “ecoterrorismo”Movimientos ambientales son presentados como enemigos del desarrollo“Obstaculizan el progreso”, “afectan la inversión”Empresas, élites económicas, gobiernosDeslegitimación de luchas territoriales, represiónIdentificar conflicto entre modelo económico y defensa territorial
Criminalización de la protestaProtestas tratadas como disturbios o amenazas“Vandalismo”, “alteración del orden público”Gobiernos, medios, fuerzas policialesRepresión, detenciones, miedo colectivoObservar cómo se narra la protesta
Judicialización selectivaUso del sistema judicial contra líderes o movimientos“Aplicación de la ley”, “estado de derecho”Poder judicial, élites políticasProcesos largos, desgaste organizativoVer si hay selectividad en quién se investiga
Estigmatización mediáticaConstrucción de imagen negativa de actores sociales“Radicales”, “violentos”, “antidesarrollo”Medios, plataformas digitalesPérdida de apoyo socialAnalizar lenguaje y encuadres mediáticos
Vigilancia digital y persecuciónSeguimiento en redes, uso de datos, infiltración“Prevención”, “seguridad digital”Estados, empresas tecnológicasAutocensura, miedo, controlIdentificar tecnologías y mecanismos usados
Cooptación y divisiónFragmentación de movimientos mediante incentivos o presión“Diálogo”, “participación” (formal)Gobiernos, ONG, empresasDebilitamiento organizativoAnalizar quién gana y quién pierde con estos procesos
Deslegitimación de saberes localesSe invalidan conocimientos comunitarios o indígenas“Falta de evidencia”, “atraso”Academia tradicional, tecnocraciaInvisibilización de alternativasReconocer disputa epistemológica
Militarización de territoriosPresencia de fuerzas armadas en zonas de conflicto“Control territorial”, “seguridad”Estados, cooperación internacionalViolencia, desplazamiento, control socialAnalizar relación entre recursos y militarización
Cuando disentir se vuelve delito: una reflexión necesaria

La criminalización de la disidencia no es solo un cambio en el lenguaje político: es una transformación profunda en la forma en que se entiende la democracia.

Cuando protestar, organizarse o cuestionar el orden existente empieza a ser asociado con “amenaza”, “subversión” o incluso “terrorismo”, lo que está en juego no es únicamente la seguridad, sino los límites mismos de lo posible en la vida pública.

Este proceso tiene varias implicaciones:

  • -Reduce el espacio democrático, al convertir la crítica en sospecha y la participación en riesgo.
  • -Deslegitima a actores sociales, especialmente a quienes históricamente han luchado por derechos: movimientos ambientales, feministas, sindicales o comunitarios.
  • -Desplaza el debate político, ya que en lugar de discutir demandas o conflictos, se busca desacreditar a quienes los plantean.
  • -Instala el miedo como forma de control, desincentivando la organización y la acción colectiva.

Pero también hay algo más profundo: la criminalización de la disidencia redefine quién puede hablar, quién puede actuar y bajo qué condiciones. En ese proceso, muchas voces quedan fuera no por falta de legitimidad, sino por el riesgo que implica alzarse.

Desde la perspectiva del análisis de coyuntura, esto nos obliga a afinar la mirada:
no solo identificar actores y conflictos, sino reconocer cuándo el poder está intentando cerrar el campo de lo político, limitando las posibilidades de transformación.

Y en clave de nuestro recorrido:

así como en la nevada del Eternauta no siempre es evidente dónde está el peligro, en la coyuntura actual tampoco siempre es visible cuándo la democracia empieza a estrecharse.

Por eso, más que nunca, el desafío es sostener una lectura crítica, colectiva y atenta, que permita no solo entender lo que pasa, sino también defender los espacios donde es posible imaginar y construir alternativas.

Matriz para analizar la criminalización de la disidencia
Dimensión de análisis¿Qué observar?Preguntas clavePistas en la “nevada” (alertas)Claves para el análisis
Definición del enemigoCómo se nombran actores sociales¿A quién se etiqueta como “amenaza”? ¿Qué categorías se usan?Uso de términos amplios: “extremista”, “radical”, “subversivo”Identificar si la categoría es política o basada en hechos
Discursos y narrativasRelatos que circulan en medios y redes¿Cómo se cuenta el conflicto? ¿Qué emociones activa?Lenguaje de miedo, caos, orden, seguridadAnalizar qué sentido común se intenta construir
Actores con poder narrativoQuién posiciona la versión dominante¿Quién tiene más voz? ¿Quién queda fuera?Presencia de gobiernos, medios masivos, influencers alineadosReconocer asimetrías en la producción de sentido
Actores invisibilizadosQuiénes no aparecen o son distorsionados¿Qué voces faltan? ¿Cómo se representan?Ausencia de comunidades, movimientos o territoriosRecuperar esas voces para un análisis más completo
Instrumentos de controlMecanismos legales, digitales o políticos¿Qué herramientas se usan para intervenir?Leyes, vigilancia, redes sociales, algoritmos, campañas digitalesIdentificar cómo se ejerce el poder más allá de lo visible
Escenarios de disputaEspacios donde ocurre el conflicto¿Dónde se expresa el poder? ¿Dónde hay resistencia?Medios, redes, calles, instituciones, territoriosVer que el poder cambia según el escenario
Correlación de fuerzasRelación entre actores y su capacidad de acción¿Quién gana espacio? ¿Quién resiste?Desigualdad en recursos, acceso y legitimidadNo todos los actores tienen el mismo peso
Impactos en la democraciaConsecuencias sobre derechos y participación¿Qué se limita? ¿Qué se pone en riesgo?Criminalización de protesta, censura, autocensuraEvaluar el cierre o apertura del espacio político
Conexión sistema-mundo / vida cotidianaRelación entre lo global y lo local¿Cómo impacta esto en la vida concreta?Políticas globales que afectan territoriosHacer el puente entre escalas
Posibilidades de acciónEspacios de intervención y resistencia¿Dónde hay grietas? ¿Qué se puede hacer?Organización social, narrativas alternativasEl análisis no solo interpreta, también orienta acción
Cuando la nevada define al enemigo

La NSS 2025, el cable de Rubio y las designaciones en Europa forman parte de un mismo engranaje: la criminalización de la disidencia global.

Al definir de manera expansiva qué es «extrema izquierda», el gobierno no solo persigue actores, sino que redefine los límites de lo aceptable.

Como en El Eternauta, el peligro no es solo la tormenta, sino la imposibilidad de distinguir con claridad.

El mensaje que emerge es claro:

-protestar puede convertirte en amenaza.
-pensar críticamente, también.

Frente a esto, la pregunta que queda abierta —y que conecta con nuestro proceso de análisis de coyuntura— es:

¿cómo leer la realidad cuando los propios relatos buscan confundirla?

Fuentes: 

Alto Nivel. (2026, 9 de abril). Marco Rubio pide a embajadores recurrir a influencers y redes para reforzar la imagen de Estados Unidos. Alto Nivelhttps://www.altonivel.com.mx/marco-rubio-pide-a-embajadores-recurrir-a-influencers-y-redes-para-reforzar-la-imagen-de-estados-unidos/

Nicas, Jack, Feuer, Alan, Stevis-Gridneff, Matina, Wong, Edward, & Tankersley, Jim. (2026, 9 de abril). EE. UU. quiere la ayuda de sus aliados para perseguir a la extrema izquierda. The New York Timeshttps://www.nytimes.com/es/2026/04/09/espanol/estados-unidos/trump-antifa-terrorismo.html

The White House. (2025). National security strategy of the United States of America. U.S. Government Publishing Office.

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Cuando todo parece inevitable: cómo leer las coyunturas sin caer en el determinismo

Este artículo forma parte de la provocación que abre el proceso de formación “Mirar el mundo con otros ojos: formación crítica para leer la coyuntura y los territorios” Información aquí.

Un diálogo que comienza aquí… y termina al final

(Escena improbable pero necesaria. Una mesa pequeña. Dos cafés negros. Afuera, el ruido del mundo que insiste en llamarse normal.)

—Todo esto ya lo hemos visto antes —dice Žižek, removiendo el café—. Crisis, guerras, discursos grandilocuentes. El sistema sabe convertir el desastre en rutina.

—Sí —responde Galeano, mirando el periódico—. Y sabe vestir el saqueo con palabras nobles. Democracia, seguridad, progreso. Nunca dice: “vamos por el oro”.

—El truco —insiste Žižek— es convencerte de que no hay alternativa.

—El truco —corrige Galeano— es convencerte de que no hay motivo.

(Silencio breve. Afuera, el mundo sigue su marcha normal.)

—Entonces la pregunta no es qué está pasando —dice Žižek—.

—Sino qué nos están diciendo que está pasando —completa Galeano.

El diálogo continúa al final de esta nota.

Vivimos tiempos en los que casi todo se nos presenta como inevitable. Las crisis económicas “no tienen alternativa”. Las reformas institucionales “son necesarias”. Las guerras “defienden la seguridad”. Las privatizaciones “modernizan”. El lenguaje dominante construye una sensación de fatalidad: las cosas son así y no pueden ser de otra manera.

En este contexto, aprender a leer la coyuntura se vuelve una tarea política urgente.

La trampa de la normalidad

El filósofo Slavoj Žižek propone una distinción clave: no todos los conflictos son iguales. Algunos forman parte del juego normal del sistema; otros constituyen auténticos puntos de inflexión.

Los primeros son tensiones previsibles, administrables, incluso funcionales al orden existente. Los segundos, en cambio, pueden marcar un deterioro profundo —aunque se presenten como mera continuidad— o abrir la posibilidad de algo realmente nuevo.

El problema es que la visión dominante está obsesionada con lo primero. Nos entrena para interpretar cada crisis como parte del “funcionamiento normal” de la democracia, del mercado o de la geopolítica. Así, lo estructural se disfraza de coyuntural y lo excepcional se vuelve rutina.

Cuando la concentración del poder avanza, se habla de eficiencia.
Cuando se reducen derechos, se habla de ajustes técnicos.
Cuando se militarizan territorios, se habla de seguridad.
Cuando se privatizan bienes comunes, se habla de modernización.

La narrativa convierte procesos de fondo en simples movimientos del tablero.

Pero ¿y si no estamos ante un movimiento más del juego, sino ante un cambio en las reglas mismas?

Las guerras no dicen la verdad

Aquí resulta iluminadora la advertencia del escritor uruguayo Eduardo Galeano: las guerras mienten. Ninguna se presenta como guerra de saqueo. Todas invocan nobles razones: la democracia, la libertad, la dignidad nacional, la voluntad de Dios. Ninguna confiesa: “yo mato para robar”.

Galeano mostró cómo, detrás de los discursos morales, operan intereses materiales muy concretos. El coltan en el Congo. El petróleo en Medio Oriente. El agua en territorios estratégicos. Los recursos no aparecen en los titulares; aparecen los valores. La violencia se justifica en nombre del bien.

Pero el patrón no se limita a las guerras con bombas. También existen guerras sin declaración formal: guerras financieras, jurídicas, mediáticas. Se imponen privatizaciones bajo la amenaza de la deuda. Se condicionan políticas públicas a través de organismos internacionales. Se redefine lo público como ineficiente y lo privado como inevitable. No hay tanques, pero hay contratos. No hay invasiones militares, pero hay concesiones por décadas.

Cuando todo esto ocurre, el lenguaje cumple una función decisiva: ocultar el motivo.

La pregunta entonces no es solo qué está pasando, sino cómo se nos está narrando lo que pasa.

Conflictos del juego o puntos de inflexión

Volviendo a Žižek: distinguir entre conflictos del juego y puntos de inflexión implica sospechar de la normalidad. Implica preguntarnos si lo que se presenta como continuidad no es, en realidad, un deterioro estructural. O si lo que parece caos no es la señal de que algo nuevo intenta emerger.

Esta lectura crítica exige romper con el determinismo. El determinismo no siempre adopta la forma de una gran teoría histórica; a veces se presenta como sentido común. “Siempre ha sido así.” “No hay alternativa.” “Es lo que toca.” Ese fatalismo cotidiano desactiva la imaginación política y reduce la ciudadanía a espectadora.

Sin embargo, la historia no es una maquinaria automática. Las estructuras pesan, pero no deciden por sí solas. Los intereses existen, pero necesitan legitimarse. Y esa legitimación depende de relatos que pueden ser cuestionados.

Cuando el discurso habla de valores, pero el conflicto es material

Si las guerras mienten, nuestra tarea es escuchar lo que el discurso no dice. Si la visión dominante reduce todo a conflictos administrables, nuestra tarea es identificar los quiebres reales.

¿Estamos ante ajustes técnicos o ante redefiniciones profundas de soberanía?
¿Ante reformas necesarias o ante procesos de desposesión?
¿Ante seguridad o ante reconfiguración del poder?

En sociedades marcadas por desigualdades, crisis climática y disputas por los bienes comunes, esta distinción no es académica. Es práctica. De ella depende nuestra capacidad de acción colectiva.

Recuperar la posibilidad de intervenir

Leer críticamente la coyuntura es, en última instancia, recuperar la posibilidad de intervenir en ella. Significa negarse a aceptar que todo está decidido. Significa sospechar de las explicaciones demasiado simples y de las justificaciones demasiado nobles. Significa reconocer que, detrás de cada gran palabra —democracia, seguridad, progreso— puede haber intereses muy concretos en juego.

No se trata de caer en el cinismo ni en la paranoia. Se trata de ejercitar una vigilancia democrática sobre el lenguaje y el poder. De aprender a distinguir el ruido del quiebre. De no confundir continuidad con deterioro ni conflicto con transformación.

Cuando todo parece inevitable, quizá el primer gesto político sea este: volver a preguntar.

¿Qué está realmente en juego?
¿Quién gana?
¿Quién pierde?
¿Qué se presenta como normal que, en realidad, no lo es?

Porque si algo enseña la historia es que lo inevitable suele ser, en realidad, lo que dejamos de cuestionar.

Volvemos al café: Žižek y Galeano frente a la coyuntura

Žižek (inquieto, gesticulando): El problema no es que haya crisis. ¡El capitalismo ama las crisis! Las necesita. Las administra. Las convierte en parte del espectáculo. La gente cree que vive un momento excepcional, pero el sistema sigue funcionando perfectamente. El verdadero peligro no es el caos… es cuando el deterioro se presenta como normalidad.

Galeano (sonríe apenas): Las guerras también funcionan así. Se anuncian con trompetas morales. Se habla de libertad, de democracia, de seguridad. Nadie dice: “vamos por el petróleo”. Nadie dice: “vamos por el agua”. Pero los pozos y los ríos siempre están en el mapa.

Žižek: ¡Exacto! La ideología no es lo que oculta la realidad. Es la realidad misma funcionando a través de lo que creemos. Cuando aceptamos que algo es inevitable, ya estamos dentro del guion.

Galeano: Las guerras mienten. Y no solo las guerras con bombas. También mienten las guerras silenciosas. Las que privatizan el agua. Las que hipotecan países. Las que llaman “modernización” a la entrega.

Žižek (inclina la cabeza): Entonces la pregunta es: ¿estamos ante un conflicto más del juego o ante un punto de inflexión? Porque el sistema puede tolerar escándalos, protestas, alternancias políticas… pero no tolera que cuestionen las reglas.

Galeano: Y cuando alguien cuestiona las reglas, se le acusa de irresponsable, de radical, de enemigo del orden. El orden siempre habla en nombre de la paz.

Žižek (ríe): ¡Sí! La paz del mercado, la paz de los cementerios, la paz de la resignación. Lo fascinante es cómo se logra que las víctimas defiendan el relato que las perjudica.

Galeano: Eso tiene que ver con el lenguaje. Las palabras se desgastan. Democracia, libertad, progreso. Se usan tanto que terminan encubriendo lo contrario. La violencia se vuelve técnica. El saqueo se vuelve contrato.

Žižek: Y cuando todo se vuelve técnico, parece que ya no hay política. Solo expertos. Solo cifras. Solo inevitabilidad.

Galeano (mirando por la ventana): Pero la historia no es una máquina automática. Cada tanto, algo se desborda. Un pueblo vota por el agua como derecho. Una comunidad defiende su río. Un gesto rompe el libreto.

Žižek: Ahí está el verdadero escándalo. No el conflicto administrado, sino el momento en que alguien dice: “esto no es normal”.

Galeano: Las guerras mienten, pero también revelan. Revelan qué se disputa realmente. Tierra. Agua. Minerales. Poder.

Žižek: Entonces tal vez el acto más subversivo hoy no sea gritar más fuerte… sino preguntar mejor.

Galeano (asiente): Preguntar quién gana. Preguntar quién pierde. Preguntar qué se esconde detrás de las grandes palabras.

(El café se enfría. Afuera, la normalidad continúa su espectáculo. En la mesa queda flotando una sospecha: tal vez lo inevitable no sea más que una historia mal contada.)

Ilustración: Creación digital mediante inteligencia artificial (Gemini de Google).

Claves para leer la coyuntura sin caer en el determinismo
Dimensión de análisisPreguntas clave¿Qué evita?¿Qué fortalece?
Acontecimiento, proceso o estructura¿Es un hecho aislado o parte de una tendencia más larga? ¿Responde a transformaciones estructurales?El alarmismo y la lectura superficial del titularComprensión histórica y perspectiva de largo plazo
Intereses materiales en juego¿Qué recursos, territorios o sectores económicos están involucrados? ¿Quién gana y quién pierde?Quedarse solo en el discurso moralAnálisis político-económico más riguroso
Lenguaje y narrativa¿Qué palabras se utilizan? ¿Qué se presenta como inevitable? ¿Qué se invisibiliza?Naturalizar decisiones políticas como técnicasLectura crítica de discursos y sentidos comunes
Escala global–territorial¿Cómo impacta este proceso global en mi territorio concreto? ¿Cómo se encarna en políticas locales o conflictos comunitarios?Pensar lo global como algo lejanoConexión entre experiencia cotidiana y geopolítica
Dimensión colectiva¿Cómo debatimos esto en comunidad? ¿Qué otras miradas enriquecen el análisis?La lectura individual y fragmentadaConstrucción de pensamiento crítico compartido
Aprender a mirar es aprender a intervenir

Leer la coyuntura no es un ejercicio académico neutral. Es un acto político.

Cuando distinguimos entre conflictos del juego y puntos de inflexión, evitamos tanto el fatalismo como la ingenuidad. Cuando preguntamos por los intereses materiales detrás de los discursos, rompemos el hechizo de las palabras nobles. Cuando conectamos lo global con nuestros territorios, dejamos de ser espectadores y empezamos a reconocernos como parte del escenario.

El determinismo nos dice que todo está decidido.
La lectura crítica nos recuerda que todo relato es disputable.

Tal vez el verdadero punto de inflexión no esté solo en los grandes acontecimientos del mundo, sino en el momento en que decidimos mirarlos de otra manera —colectivamente, con sospecha, con método y con compromiso.

Y ahí comienza, justamente, la formación.

Referencias:

Galeano, Eduardo. (2005, 9 de septiembre). Las guerras mienten. Brecha.

Žižek, Slavoj. (2025). El cielo en desorden. Anagrama.

 

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Mirar el mundo con otros ojos: formación crítica para leer la coyuntura y los territorios

Como en El Eternauta (historieta argentina de 1957, escrita por Héctor Germán Oesterheld y dibujada por Francisco Solano López), no habitamos un mundo neutro ni seguro: una nevada silenciosa —hecha de discursos, decisiones globales, disputas de poder y conflictos territoriales— cae sobre nuestras vidas sin pedir permiso. En ese escenario, sobrevivir no es un acto individual, sino una tarea colectiva que exige comprender qué está pasando, quién decide, a quién beneficia el orden actual y cómo nos afecta en lo cotidiano. El proceso de formación Rompecabezas de las miradas: quién te mira y quién te ve parte de esa intuición: para actuar con sentido, primero hay que aprender a mirar críticamente la realidad.

En ese marco, esta invitación se sitúa en un momento de reacomodo político e ideológico, marcado por el avance de discursos autoritarios, conservadores y excluyentes que cuestionan derechos conquistados y debilitan políticas orientadas a la equidad, la justicia social y la ampliación de la democracia. La derechización de la vida pública no solo redefine agendas institucionales, sino que también tensiona los sentidos comunes, normaliza desigualdades y reconfigura los conflictos en los territorios, afectando de manera directa a comunidades, organizaciones y procesos colectivos. Leer críticamente este contexto se vuelve una tarea urgente para no quedar atrapados en narrativas que justifican la exclusión y para defender, desde abajo, horizontes más justos y solidarios.

A lo largo de seis sesiones presenciales, el proceso propone un espacio de diálogo y construcción colectiva para analizar los cambios globales y su impacto en América Latina y el Caribe, las desigualdades desde una perspectiva de sistema-mundo, el papel de las ideas, los discursos y los medios en la formación de sentidos comunes, así como los territorios en disputa y los conflictos que los atraviesan. Además, se trabajarán herramientas para el análisis de coyuntura y para desmontar narrativas que naturalizan la exclusión, abriendo caminos para pensar alternativas desde los territorios y las organizaciones.

Participar en este proceso es una invitación a fortalecer la mirada crítica, a conectar lo global con lo local y a reconocer los saberes y experiencias comunitarias como fuentes legítimas de conocimiento. Está dirigido a personas interesadas en comprender mejor el presente y en aportar a prácticas colectivas más conscientes, organizadas y transformadoras.

📅 Fechas y temas del proceso de formación
  • 17 de marzo¿Qué está pasando en el mundo y por qué nos afecta?

  • 24 de marzoPoder, sistema-mundo y desigualdades

  • 7 de abrilIdeas, discursos y sentidos comunes

  • 14 de abrilTerritorios en disputa y conflictos actuales

  • 21 de abrilCómo analizar la coyuntura

  • 28 de abrilDesmontar discursos y pensar alternativas

🕕 Todas las sesiones se realizarán a las 6:00 p. m., en modalidad presencial.
📌 La participación requiere compromiso para asistir a todas las sesiones del proceso.

📌 Cupo limitado. La inscripción se realiza mediante el formulario disponible hasta el 12 de marzo 2026.

https://forms.gle/PCqGR5VyJKEqwhMv9

 

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La pedagogía viva de Oscar Jara: educación popular, memoria y transformación

Oscar Jara Holliday es una de las voces más influyentes, rigurosas y queridas en la educación popular latinoamericana. Su aporte a la sistematización de experiencias —concebida no como técnica aislada, sino como proceso político-pedagógico profundamente articulado con la transformación social— se ha convertido en un referente continental para educadores, organizaciones, movimientos sociales y universidades.

Con enorme satisfacción compartimos este número especial de Diálogo entre Educadores, una edición que celebra su vida, su pensamiento y su legado colectivo, al tiempo que ofrece recursos formativos fundamentales para quienes trabajan desde la educación popular, la investigación crítica y los procesos comunitarios.

Un homenaje que es también una escuela

Este número no es solo un gesto de reconocimiento: funciona como una pequeña escuela de educación popular, donde el recorrido biográfico se entrelaza con conceptos, testimonios, herramientas y preguntas que han atravesado décadas de práctica pedagógica liberadora.

El homenaje recoge voces de Cuba y América Latina, reviviendo talleres, encuentros, procesos formativos y momentos de militancia pedagógica compartida con Oscar. En esos relatos, el lector encuentra lo que Jara siempre defendió: que el conocimiento es inseparable del afecto, la memoria y el compromiso con la vida de nuestros pueblos.

Un número cargado de recursos: herramientas, técnicas y aprendizajes

Desde ese cariño y reconocimiento a su legado, queremos compartir el nuevo número de Diálogo entre Educadores, una edición especialmente dedicada a la vida y los aportes de Oscar Jara. Este número reúne textos, herramientas, reflexiones y una entrevista que permiten acercarse a su manera tan humana y rigurosa de entender la educación popular y la sistematización de experiencias. Al ponerlo a disposición, buscamos que más personas, colectivos y procesos puedan seguir aprendiendo con él, desde la práctica y para la transformación.

El boletín recoge además:

  • Tarjetas pedagógicas (Tarjete-Ando) basadas en textos de Jara.

  • El Mosaico de la Praxis, una técnica participativa inspirada en su método.

  • Comparaciones claras entre sistematización, evaluación e investigación, uno de los aportes más citados del libro.

  • La ruta metodológica completa de la sistematización, con fases, preguntas clave y errores frecuentes.

  • Extractos del histórico debate del PLAS del CEAAL, donde se formaron las bases de la sistematización latinoamericana contemporánea.

  • Testimonios de educadores populares, que revelan el impacto humano y político de su pedagogía.

Cada sección funciona como un puente entre teoría, acción y memoria, algo que constituye el corazón de la propuesta de Oscar Jara.

Una invitación a seguir sistematizando para transformar

Este número especial recoge el espíritu profundo del libro de Jara: sistematizar es un acto de conciencia crítica y también un acto de esperanza.

Esperanza entendida no como espera pasiva, sino como potencia colectiva que se renueva cada vez que reconstruimos lo vivido, aprendemos de la experiencia y proyectamos futuros distintos.

Invitamos a leer, estudiar, compartir y poner en práctica este número. Es un homenaje, pero también un llamado: seguir aprendiendo con Oscar, seguir construyendo educación popular, y seguir sistematizando para abrir caminos hacia otros mundos posibles.

Aportes metodológicos y políticos de gran profundidad

Gracias a los aportes que Oscar Jara ha construido a lo largo de décadas —en diálogo con movimientos sociales, organizaciones y procesos formativos— este número recupera elementos esenciales de su propuesta pedagógica y metodológica. Su enfoque sobre la sistematización de experiencias, su mirada dialéctica de los procesos, y su insistencia en la articulación entre práctica, teoría y acción colectiva permiten comprender la profundidad política y transformadora de su trabajo.

1. La sistematización como producción de conocimiento situado

Oscar Jara insiste en que la sistematización no describe, sino que interpreta críticamente los procesos vividos, reconstruyendo sus relaciones, tensiones, etapas y sentidos. En su enfoque:

  • -La práctica es punto de partida y de llegada.

  • -El conocimiento emerge del diálogo entre sujetos colectivos.

  • -La teoría no es un decorado externo, sino un instrumento para profundizar la comprensión crítica.

  • -La sistematización produce saberes que vuelven a la comunidad para fortalecer su acción.

Esta perspectiva, ampliamente desarrollada en su libro, aparece aquí explicada a través de gráficos, herramientas, testimonios y debates históricos.

2. El enfoque dialéctico como columna vertebral

El libro y este número especial destacan cómo Oscar articula una epistemología dialéctica, donde el movimiento, la contradicción, el conflicto y la historicidad de los procesos son claves para comprender la experiencia social.

Por eso, en su texto La Concepción Metodológica Dialéctica, los Métodos y las Técnicas Participativas en la Educación Popular  Jara explica con claridad cómo:

  • -el método se vincula al horizonte político,

  • -las técnicas no pueden separarse del sentido ético y del proyecto emancipador,

  • -la participación es parte constitutiva del acto de conocer.

3. La sistematización como práctica transformadora

Una de sus afirmaciones centrales —reiterada tanto en su libro como en este número— es contundente:

“La sistematización convierte la práctica en fuente de conocimiento y la teoría en herramienta de acción.”

Desde esta perspectiva, sistematizar no es un cierre, sino una apertura: un acto de lectura crítica que ilumina nuevos caminos de lucha, de organización y de acción colectiva.

Queremos aprovechar para compartir algunos materiales que realizamos junto a Oscar Jara

1. La Concepción Metodológica Dialéctica, los Métodos y las Técnicas Participativas en la Educación Popular

Un texto imprescindible para comprender la articulación entre método, opción política y práctica participativa. Ofrece criterios para trabajar procesos educativos desde una perspectiva crítica y dialógica.

2. Entrevista que realizamos junto a Oscar Jara en Sentires y Saberes sobre educación popular y participación

Una conversación rica que aborda:

  • -los retos contemporáneos de la educación popular,

  • -el papel de la participación,

  • -la importancia de la memoria colectiva,

  • -las tensiones entre teoría y práctica,

  • -el potencial democratizador de la sistematización.

Es un material ideal para espacios de formación, talleres y procesos organizativos.