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Bienes Comunes en Corto – Calle Álvarez: memoria y territorio desde la voz de un vecino

El testimonio de Pedro Luis Martínez Álvarez nos invita a mirar el territorio más allá de lo visible. Calle Álvarez no es solo un espacio geográfico: es historia viva, herencia, lucha cotidiana y una forma de arraigo que se transmite entre generaciones.

Su voz nos recuerda que los territorios se construyen desde la experiencia de quienes los habitan: desde el Río Frío como vía de vida, encuentro y sustento, hasta las luchas persistentes frente al abandono institucional. Aquí, la historia no está en los libros: vive en la palabra, en la memoria familiar y en las prácticas que sostienen la vida.

En medio de las transformaciones y desigualdades, persiste una certeza: el vínculo con la tierra no se rompe. Se cuida, se defiende y se hereda.

Memoria local y organización: sostener lo común

La memoria comunitaria no es solo un ejercicio de recordar el pasado; es también una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro. Nombrar de dónde venimos permite reconocer las huellas de la desigualdad, pero también las formas en que las comunidades han sabido organizarse, resistir y sostener la vida.

Cuando una comunidad recupera su historia, fortalece su identidad y su capacidad de exigir derechos. La memoria conecta generaciones, ordena experiencias y da sentido a las luchas actuales: evidencia que el abandono y la exclusión no son casuales, sino resultado de decisiones y procesos históricos que pueden transformarse.

Por eso, recoger estas voces no es solo documentar: es sembrar. Sembrar conciencia, pertenencia y organización. Porque defender el territorio también implica contar su historia y, en ese proceso, reconocerse como comunidad que resiste, cuida y construye futuro.

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El río también recuerda: memoria y comunidad en Los Chorros

El pasado sábado 11 de abril, en el marco de la I Jornada Anual de Acción por los Ríos en Los Potreros de Puax, se realizó una nueva jornada de limpieza en la confluencia de la Quebrada Zamora y el río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros, en Grecia. A primera vista, podría parecer una actividad más de recolección de residuos. Sin embargo, lo vivido en el territorio evidencia algo más profundo: limpiar un río no es solo una acción práctica, es también un ejercicio de memoria, de encuentro y de defensa de lo común.

Desde el Observatorio del Agua del río Agualote (GIRH-UCR, Sede de Occidente), junto a múltiples organizaciones comunitarias, estudiantiles y socioambientales, se convocó a esta jornada que reunió a cerca de 50 personas voluntarias. Durante un recorrido de aproximadamente 330 metros, se recolectaron cerca de 400 kilos de residuos, entre ellos botellas plásticas, ropa, zapatos, llantas y hasta implementos de acampar. Las cifras son contundentes, pero no agotan el sentido de la experiencia.

Más que limpiar: comprender el territorio

Existe una visión extendida que entiende las limpiezas de ríos como acciones meramente instrumentales: recoger basura para “recuperar” un espacio natural dado. Pero esta mirada oculta una dimensión clave: los ríos y los territorios no existen al margen de la sociedad. Son el resultado de relaciones históricas, culturales, políticas y económicas que los configuran, los tensionan y, muchas veces, los ponen en riesgo.

Los Chorros no es solo un paisaje. Es un territorio construido en medio de luchas comunitarias por el agua, por la conservación y por el derecho a decidir sobre el entorno. Como señalaron personas de la comunidad durante la jornada, este espacio ha enfrentado múltiples amenazas: contaminación por agroquímicos, proyectos extractivos, urbanización desregulada e incluso conflictos por el acceso al recurso hídrico.

Que hoy exista como parque y como fuente de agua para varias comunidades no es casualidad. Es resultado de organización, resistencia y decisiones colectivas que han priorizado la vida sobre otras lógicas de uso del territorio.

La memoria como parte de la acción

Uno de los elementos más significativos de la jornada fue que, junto a las indicaciones técnicas sobre separación de residuos o recorridos, se compartió la historia del lugar. Lejos de ser un dato anecdótico, esta dimensión permitió que quienes participaban —muchas personas que visitaban el sitio por primera vez— comprendieran que estaban interviniendo en un espacio vivo, cargado de significado.

La memoria comunitaria cumple aquí un papel fundamental: permite entender que la naturaleza no está “ahí” esperando ser cuidada, sino que ha sido y sigue siendo defendida. Reconocer esto transforma la relación con el territorio. La limpieza deja de ser un acto aislado y se convierte en parte de un proceso más amplio de apropiación, cuidado y responsabilidad colectiva.

Trabajo colectivo y construcción de lo común

La jornada también evidenció la fuerza del trabajo voluntario organizado. Personas de distintas edades, organizaciones y trayectorias compartieron un mismo objetivo en un ambiente de respeto, horizontalidad y compromiso. Cada quien aportó desde sus posibilidades, mostrando que la defensa de los bienes comunes no depende de acciones individuales heroicas, sino de procesos colectivos sostenidos.

Además, la participación de grupos comunitarios, organizaciones socioambientales, espacios universitarios y actores locales refuerza la idea de que la gestión del agua y de los territorios requiere articulación. No se trata solo de intervenir, sino de construir vínculos que sostengan en el tiempo estas iniciativas.

Alegría, encuentro y continuidad

Más allá del esfuerzo físico, la jornada estuvo marcada por la alegría. Las sonrisas, especialmente de niñas, niños y jóvenes, dan cuenta de otra dimensión muchas veces invisibilizada: el vínculo afectivo con el río. Ese vínculo es también una forma de defensa, porque lo que se conoce, se vive y se quiere, se cuida.

En ese sentido, estas acciones no solo buscan remover residuos, sino también sembrar relaciones: entre personas, con el territorio y con la historia que lo habita.

La invitación queda abierta a seguir participando en estos procesos. La próxima jornada será en el río Agualote el 25 de abril de 2026, como parte de un esfuerzo más amplio impulsado por la Alianza Nacional Ríos y Cuencas de Costa Rica.

Porque limpiar un río también es recordar, reconocer y defender. Y en cada bolsa de residuos que se retira, también se levanta una historia que merece ser contada y continuada.

De la limpieza a la memoria: claves metodológicas para el trabajo comunitario en ríos
Estrategia¿En qué consiste?¿Para qué sirve?Consejos prácticos
Apertura con contextualización históricaBreve espacio inicial donde se comparte la historia del río y del territorioGenerar sentido de pertenencia y ubicar la acción en un proceso históricoNo extenderse demasiado (10-15 min) y priorizar relatos cercanos y vivenciales
Voces del territorioParticipación de personas lideresas, mayores o actores clave que narran experienciasConectar emocional y políticamente con el lugarCoordinar previamente con las personas invitadas y cuidar tiempos de intervención
Caminatas de memoriaParadas durante el recorrido para contar historias del sitioReconocer el territorio como un espacio vivo con múltiples capasDefinir puntos estratégicos antes de iniciar para no improvisar demasiado
Cartografía participativaElaboración colectiva de mapas con hitos, conflictos y aprendizajesVisualizar el territorio de forma integral y participativaUsar materiales sencillos (papel, marcadores) y facilitar la participación de todas las personas
Registro de testimoniosRecolección de relatos en audio, video o notasDocumentar la memoria para procesos futurosSolicitar consentimiento y designar a una persona encargada del registro
Espacios de reflexión colectivaCírculo de palabra al cierre para compartir aprendizajes y sentiresProfundizar en la experiencia y generar análisis colectivoHacer preguntas guía y cuidar que todas las voces puedan participar
Integración intergeneracionalParticipación de distintas edades en la actividadFortalecer la transmisión de memoria entre generacionesDiseñar dinámicas accesibles para niñez, juventudes y personas adultas
Vinculación organizativaArticulación con procesos comunitarios existentesDar continuidad y sostenibilidad a las accionesIdentificar previamente actores locales y generar alianzas
Expresiones creativasUso de arte (murales, escritura, fotografía, música)Ampliar formas de apropiación del territorioNo forzar la participación artística, dejar que surja de forma voluntaria
De la memoria a la acciónTraducción de aprendizajes en propuestas o accionesFortalecer la incidencia y organización comunitariaCerrar con acuerdos concretos, aunque sean pequeños y alcanzables
La naturaleza como historia viva: territorio y sociedad en relación

Solemos pensar la naturaleza como algo “ahí”, preexistente, ajeno a la acción humana y disponible para ser usada, protegida o restaurada. Sin embargo, esta idea oculta una realidad más compleja: lo que llamamos naturaleza es también historia viva. Los territorios que habitamos —ríos, montañas, bosques— no son únicamente formaciones biofísicas, sino el resultado de procesos históricos, sociales, culturales y políticos que los han configurado a lo largo del tiempo.

El río Prendas, como tantos otros, no puede entenderse sin las relaciones que lo atraviesan: decisiones institucionales, modelos productivos, formas de ocupación del suelo, conflictos por el agua, luchas comunitarias y prácticas cotidianas de cuidado o deterioro. Lo que hoy vemos como “naturaleza” es, en realidad, una trama viva donde interactúan múltiples actores, intereses y visiones de mundo.

Reconocer la naturaleza como historia viva implica cuestionar una mirada que separa a las personas de su entorno. Nos invita a entender que también somos parte de esos procesos, y que nuestras acciones —individuales y colectivas— inciden directamente en la forma que toman los territorios. Así, la contaminación no es un accidente aislado, sino expresión de dinámicas más amplias; del mismo modo, la conservación no ocurre espontáneamente, sino que es resultado de organización, decisiones y luchas.

Desde esta perspectiva, las limpiezas de ríos adquieren un nuevo significado. No se trata únicamente de “devolver” un estado natural perdido, sino de intervenir en una relación: de transformar prácticas, de disputar sentidos sobre el uso del territorio y de fortalecer procesos comunitarios que sostienen la vida. Por eso, incorporar la memoria local no es un complemento, sino una condición fundamental para comprender qué se está limpiando, por qué y para quién.

Asumir la naturaleza como historia viva no le resta valor; al contrario, la sitúa en el centro de las relaciones que hacen posible la vida y abre la posibilidad de cuidarla desde la conciencia, la memoria y la acción colectiva.

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¿Quién cuida el planeta? Limpieza del Río Trojas

Este video recoge las voces de personas que participaron en la jornada de limpieza del río Trojas, en Sarchí, como parte de las acciones comunitarias por la defensa de los ríos en la región de Occidente. A través de sus testimonios, se comparte no solo la experiencia de la limpieza, sino también las percepciones y aprendizajes que surgen al recorrer el río y observar directamente su estado.

Las intervenciones evidencian una realidad que va más allá de los residuos visibles: la presencia de agroquímicos, posibles vertidos de aguas residuales y la creciente presión sobre las riberas muestran que los ríos están siendo impactados por múltiples factores. En ese sentido, la limpieza se convierte en una herramienta para hacer visible un problema más profundo y para comprender que el deterioro de los ríos responde a dinámicas estructurales del territorio.

Al mismo tiempo, el video refleja la importancia de la organización comunitaria y la articulación entre distintos actores. Las personas participantes coinciden en que estas jornadas no solo permiten recuperar espacios, sino también fortalecer vínculos, generar conciencia y abrir preguntas sobre los desafíos que vienen: mayor monitoreo, educación ambiental y la necesidad de avanzar hacia acciones sostenidas que permitan proteger los ríos más allá de las jornadas de limpieza.

Al final, queda una pregunta abierta: ¿quién cuida el planeta?

 Las voces que aparecen en este video muestran que el cuidado no recae en una sola persona ni en un solo actor. Es una responsabilidad compartida, donde las comunidades organizadas están en la primera línea, pero no pueden ni deben asumirla solas. El Estado, las instituciones, las empresas y la academia tienen un rol fundamental que no puede seguir postergándose.

También nos recuerda que el cuidado no se limita a acciones individuales o puntuales. Limpiar el río es importante, pero no suficiente. Los desafíos son más profundos: requieren transformar prácticas productivas, fortalecer la educación ambiental, mejorar el monitoreo y, sobre todo, cuestionar las formas en que estamos usando y entendiendo nuestros territorios.

Cuidar el planeta, entonces, no es solo una tarea ambiental. Es también una tarea colectiva, política y comunitaria, que implica decidir qué tipo de relación queremos construir con la naturaleza y con la vida en común.

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Escuchar el río: aprendizajes desde la acción comunitaria entrevista con Rocío Chamorro

En este audio conversamos con Rocío Chamorro, docente de la Universidad de Costa Rica en el área de Gestión Integral del Recurso Hídrico y participante en el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote, nos sentamos a conversar en el marco de las jornadas de limpieza de ríos en Sarchí.

A partir de su experiencia, construimos un balance claro: las comunidades han logrado organizarse para recoger residuos y recuperar espacios, pero el desafío va mucho más allá de la limpieza. La presencia de agroquímicos, residuos domésticos y posibles vertidos de aguas residuales evidencia problemas estructurales que requieren mayor monitoreo institucional, cambios en las prácticas productivas y políticas públicas más cercanas a las realidades locales .

También, destaca la importancia de la articulación entre comunidad, universidad, voluntariado e instituciones, así como la necesidad de pasar de acciones puntuales a procesos sostenidos de educación, organización e incidencia.

Puntos clave para leer la realidad de los ríos:

• La limpieza permite ver problemas más profundos en los ríos, no solo la basura visible
• Persisten vertidos de aguas residuales y uso de agroquímicos que afectan la calidad del agua
• Las comunidades están organizándose, pero no pueden asumir solas esta responsabilidad
• Se requiere mayor monitoreo e involucramiento institucional
• Las soluciones no pasan solo por sancionar, sino por transformar prácticas productivas
• Es clave incluir a pequeños y medianos productores y una perspectiva de género en las políticas
• La articulación entre actores fortalece la participación y el impacto de las acciones
• El desafío es pasar de la limpieza a la prevención y la incidencia

Este audio es una invitación a escuchar no solo la experiencia de quienes participan, sino también lo que los ríos están diciendo sobre los desafíos que enfrentan nuestros territorios.

Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Hormigas, infancia y común: una lección zapatista sobre cómo aprender y organizar la vida

En un relato breve, cargado de humor, ternura y profundidad política, el zapatismo vuelve a recordarnos que las grandes preguntas no siempre se responden desde arriba. “El Condenado y las Hormigas (el amor y el desamor según un niño zapatista)”, firmado por el Capitán en enero-febrero de 2026, es mucho más que un cuento: es una invitación a repensar cómo aprendemos, cómo nos organizamos y cómo construimos lo común.

A través de la historia de un niño travieso, nombrado por su madre como “Condenado Chamaco del Demonio”, el texto despliega una crítica sutil pero contundente a las formas tradicionales de enseñanza y a las jerarquías del saber, al tiempo que propone una pedagogía arraigada en la experiencia, la observación y la vida comunitaria.

El común no se explica, se vive

Uno de los momentos de tensión del relato ocurre cuando el Subcomandante Insurgente Moisés llega a la escuela a explicar qué es el “común”. Su exposición, cargada de conceptos políticos, estructuras organizativas y referencias al proceso zapatista, deja en silencio a niñas, niños y autoridades comunitarias. Nadie responde. Nadie parece haber comprendido.

Sin embargo, un niño levanta la mano y responde con una sola palabra: “hormigas”.

Lejos de ser una ocurrencia ingenua, su intervención muestra una comprensión profunda. A partir de su experiencia observando hormigueros, el niño explica cómo estos insectos se organizan, distribuyen tareas, cooperan y se sostienen colectivamente, incluso en momentos de crisis.

El contraste es claro: mientras el discurso formal no logra transmitir el sentido del común, la experiencia vivida sí lo hace. El mensaje es contundente: 

el común no es una teoría que se memoriza, sino una práctica que se aprende viviendo.

Una política sin jerarquías rígidas

Las hormigas aparecen como una metáfora política. No hay una figura visible que ordene, pero sí existe organización. Cada quien cumple una función, hay cooperación, cuidado de las crías, defensa del colectivo y capacidad de respuesta ante situaciones adversas.

Cuando una tormenta altera el entorno, las hormigas no esperan instrucciones: se reorganizan. Algunas forman un puente con sus propios cuerpos para que las demás puedan continuar su camino. Luego, cuando pasa la emergencia, vuelven a sus tareas.

Esta imagen condensa una propuesta política: formas de organización horizontales, basadas en la responsabilidad compartida, la solidaridad y la adaptación colectiva. Es una crítica directa a las estructuras verticales y centralizadas, y una afirmación de la autonomía como práctica cotidiana.

El conocimiento nace desde abajo

El niño protagonista no aprende lo que sabe en la escuela ni a través de explicaciones formales. Su conocimiento proviene de otros espacios:

– acompaña a su familia en la milpa,
– aprende de su abuela sobre plantas medicinales,
– observa a los animales,
– pregunta, investiga, toma notas.

Incluso recurre a estrategias propias —como conseguir videos sobre hormigas— para profundizar su aprendizaje.

Este proceso muestra que el conocimiento válido no es únicamente el que se transmite desde instituciones, sino también —y sobre todo— el que se construye desde la experiencia cotidiana, en diálogo con el entorno y la comunidad.

Una crítica desde dentro a la educación

El relato no idealiza la educación autónoma. Por el contrario, muestra sus tensiones y contradicciones:

– la promotora de educación está distraída,
– el formador no revisa adecuadamente,
– la enseñanza no logra conectar con quienes aprenden.

Esta mirada crítica desde dentro permite reconocer que incluso en procesos alternativos existen desafíos. No se trata de negar los errores, sino de visibilizarlos como parte de un proceso en construcción.

Aprender haciendo: una pedagogía de la experiencia

El niño encarna una forma de aprender basada en la curiosidad y la acción:

– pregunta cuando no entiende,
– observa con atención,
– compara, analiza, registra.

Construye su propio cuaderno, clasifica lo que conoce, identifica vacíos y decide investigarlos. Su aprendizaje no es pasivo, es activo, situado y reflexivo.

Esta propuesta dialoga con las prácticas de educación popular y con enfoques que reconocen el valor de la sistematización de experiencias: aprender a partir de lo vivido, reflexionar sobre ello y producir conocimiento colectivo.

La infancia como sujeto político

Uno de los aportes del texto es la forma en que sitúa a la niñez. El niño no aparece como alguien que “todavía no sabe”, sino como alguien que:

– comprende,
– analiza,
– explica,
– y enseña.

Es él quien logra traducir el concepto del común de manera clara, incluso para los adultos. Esta inversión del lugar tradicional de la infancia cuestiona el adultocentrismo y reconoce a niñas y niños como sujetos políticos activos, capaces de aportar a la vida colectiva.

Entre el amor y el desamor: lo afectivo también es político

El relato no separa la política de la vida cotidiana ni de las emociones. El amor y el desamor atraviesan la historia:

la promotora, pierde concentración;
el formador, en conflicto con su compañera, descuida su tarea;
el niño es nombrado desde el regaño constante de su madre.

Estos elementos muestran que los procesos educativos y políticos están profundamente atravesados por lo afectivo. Las emociones no son un elemento secundario, sino parte constitutiva de cómo se construyen las relaciones, los aprendizajes y las comunidades.

Nombrar también es hacer política

El nombre del niño —“Condenado Chamaco del Demonio”— no es una simple anécdota. Es una forma de mostrar cómo el lenguaje puede marcar identidades, estigmatizar y excluir.

En la escuela y en el espacio religioso, ese nombre se vuelve criterio de separación: “no hay que juntarse con los condenados”. Así, una palabra repetida se convierte en una realidad social.

Sin embargo, el niño no se reduce a ese nombre. Desde ese lugar, construye conocimiento, observa el mundo y aporta a su comunidad. El relato abre así una reflexión sobre el poder de las palabras y la necesidad de cuestionar las categorías que clasifican a las personas como “buenas” o “malas”.

La naturaleza como maestra

Lejos de ser un simple escenario, la naturaleza es una fuente central de aprendizaje. Las hormigas enseñan sobre organización, cooperación, cuidado y respuesta colectiva ante la adversidad.

Esta mirada rompe con la lógica que reduce la naturaleza a recurso y la reconoce como espacio de conocimiento, relación y vida. En este sentido, el cuento nos recuerda también el dialogo con perspectivas ecológicas que entienden lo humano como parte de una red más amplia.

Aprender a mirar lo pequeño

Este texto cierra con una enseñanza sencilla y profunda: a veces, para entender los grandes procesos, hay que aprender a mirar lo pequeño.

En un mundo donde abundan los discursos complejos, este relato nos recuerda que el conocimiento también puede surgir de observar un hormiguero, de hacer preguntas simples y de escuchar a quienes, muchas veces, no son considerados como portadores de saber.

Porque, como muestra este niño zapatista, entender el común no siempre pasa por grandes teorías, sino por aprender a vivir, compartir y sostener la vida en colectivo.

Pensar los bienes comunes desde abajo: aportes del relato zapatista

El cuento “El Condenado y las Hormigas” no solo ofrece una reflexión sobre el común en clave organizativa, sino que también aporta elementos fundamentales para repensar los bienes comunes más allá de las definiciones tradicionales.

En primer lugar, el texto sugiere que los bienes comunes no son simplemente recursos compartidos, sino relaciones sociales vivas. El común no está en la cosa —la tierra, el agua, el bosque—, sino en la forma en que las comunidades se organizan para cuidarlos, sostenerlos y reproducir la vida en torno a ellos. En este sentido, las hormigas no solo representan organización, sino una ética del cuidado colectivo que es central para cualquier proceso de defensa de los bienes comunes.

En segundo lugar, el relato desplaza la idea de que el conocimiento sobre los bienes comunes proviene de expertos o marcos técnicos. Por el contrario, muestra que ese conocimiento se construye desde la experiencia cotidiana, desde el vínculo con el territorio, desde la observación atenta y desde prácticas concretas de vida. El niño que aprende de las hormigas encarna esa posibilidad: comprender lo común desde la práctica, no desde la abstracción.

Asimismo, el texto pone en evidencia que los bienes comunes están profundamente atravesados por dimensiones afectivas y culturales. El amor, el desamor, el lenguaje y las relaciones comunitarias no son elementos secundarios, sino condiciones que influyen directamente en la posibilidad de sostener lo común. No hay gestión de bienes comunes sin vínculos, sin confianza y sin formas de relación que permitan la cooperación.

Por otra parte, el cuento invita a cuestionar las jerarquías del saber y del poder que muchas veces atraviesan las discusiones sobre bienes comunes. La capacidad del niño para explicar el común mejor que las autoridades revela que el conocimiento no está necesariamente donde se supone que debe estar. Esto abre la puerta a reconocer la importancia de saberes situados, comunitarios e incluso infantiles en la construcción de alternativas.

Finalmente, el relato reafirma que los bienes comunes no son estructuras estáticas, sino procesos en constante construcción. Así como el “común zapatista” cambia de forma y de nombre, también las formas de organizar la vida colectiva son dinámicas, adaptativas y abiertas. Pensar los bienes comunes implica, entonces, asumir su carácter inacabado y la necesidad de recrearlos continuamente.

Matriz de aportes conceptuales para pensar los bienes comunes
A continuación, se presenta una matriz que sintetiza algunos de los principales aportes del texto, útil para procesos de formación, análisis o investigación:

Eje conceptual

Aporte del texto

Implicaciones para pensar los bienes comunes

Claves para procesos formativos y organizativos

El común como práctica

El común no se enseña con discursos, se comprende desde la experiencia (las hormigas)

Los bienes comunes no son objetos, sino prácticas sociales

Promover aprendizajes desde la experiencia, no solo desde lo teórico

Organización colectiva

Las hormigas muestran cooperación, توزيع de tareas y respuesta ante crisis

La gestión de lo común requiere organización horizontal y corresponsabilidad

Fomentar estructuras flexibles, colectivas y adaptativas

Conocimiento situado

El niño aprende desde la observación, la familia y el territorio

El saber sobre lo común es local, encarnado y comunitario

Valorar saberes locales y procesos de sistematización

Crítica a la verticalidad

El discurso del SubMoy no logra transmitir el común

Las jerarquías del saber pueden limitar la comprensión colectiva

Construir espacios horizontales de aprendizaje

Infancia como sujeto político

El niño comprende y explica mejor que los adultos

Niñas y niños son actores en la construcción de lo común

Incluir activamente a la niñez en procesos organizativos

Dimensión afectiva

El amor y el desamor afectan la enseñanza y la organización

Lo común requiere vínculos, confianza y cuidado

Incorporar lo emocional en los procesos colectivos

Lenguaje e identidad

El nombre del niño genera exclusión pero también resignificación

El lenguaje construye realidades en torno a lo común

Cuidar las formas de nombrar y reconocer a las personas

Naturaleza como maestra

Las hormigas enseñan organización y cooperación

La naturaleza es fuente de conocimiento, no solo recurso

Integrar aprendizajes ecológicos en la formación política

El común como proceso

La estructura zapatista está en construcción constante

Los bienes comunes son dinámicos y cambiantes

Mantener apertura al cambio y a la recreación colectiva

*Imagenes tomadas de Radio Zapatista

Pueden descargar la infografía aquí

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Voces que se organizan para no ser invisibles

Este video nace de una voz colectiva: la de una comunidad que decidió organizarse porque sola nadie la escuchaba. En Calle Álvarez, las personas vecinas cuentan algo muy sencillo pero muy profundo: cuando se unen, tienen fuerza; cuando se organizan, dejan de ser un problema individual y se convierten en una demanda legítima de derechos.

Aquí se habla de vida digna sin palabras complicadas: poder salir cuando llueve, que una ambulancia pueda entrar, que los adultos mayores no queden aislados, que los niños puedan ir a la escuela, que la comunidad no tenga que resolver sola lo que debería ser un derecho. Pero también se habla de algo más grande: de solidaridad, de representación, de acompañarse cuando uno no puede y de entender que el barrio también es un hogar.

Ver este video es escuchar cómo la organización comunitaria no nace de la teoría, sino de la necesidad de vivir mejor. Y también es una invitación a preguntarnos: ¿qué cambia cuando una comunidad decide organizarse en lugar de resignarse?

Dale play, escuchá estas voces y compartilo.
Cuando el riesgo deja de ser excepción y se vuelve parte de la vida

En Calle Álvarez de Guatuso, las personas vecinas enfrentan un problema que se vuelve más grave cada vez que llueve. Las inundaciones afectan la movilidad, ponen en riesgo a personas adultas mayores, dificultan el ingreso de servicios básicos y convierten algo cotidiano —salir de la casa, trasladarse, vivir con tranquilidad— en una situación de incertidumbre constante.

A esto se suma el desinterés institucional para impulsar acciones que permitan prevenir o al menos sobrellevar estos riesgos. Por eso, lo que ocurre aquí no es solo un problema de infraestructura: es una realidad que obliga a la comunidad a organizarse para defender condiciones dignas para vivir.

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Cuando limpiar el río revela el problema: desafíos y aprendizajes de la jornada del 28 de marzo en Sarchí

El pasado sábado 28 de marzo, en el marco de la jornada anual de Acción por los Ríos, diversas organizaciones comunitarias, instituciones, estudiantes y personas voluntarias se reunieron en los potreros de Puax para una nueva jornada de limpieza y recuperación del río. Más que una actividad puntual, la jornada se convirtió nuevamente en un espacio de aprendizaje colectivo sobre el estado de los ríos y sobre la importancia de la organización comunitaria para defenderlos.

Desde tempranas horas de la mañana, más de 50 personas se sumaron al recorrido por el río, en una actividad que combinó trabajo colectivo, observación del territorio y diálogo entre comunidad, universidad e instituciones . En la jornada participaron el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote, el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Trojas, el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Colorado, la Municipalidad de Sarchí, la Universidad de Costa Rica a través del programa de Gestión Integral del Recurso Hídrico (GIRH UCR), la Cruz Roja, FUNDEMA-PP, la empresa Panduit, así como personas voluntarias y organizaciones comunitarias que se sumaron a la actividad. La limpieza permitió retirar una importante cantidad de residuos, pero también dejó en evidencia una realidad que va mucho más allá de la basura visible.

Lo que el río nos está diciendo

Durante la jornada se recolectaron alrededor de 635 kilogramos de residuos acumulados en el río y sus alrededores. Sin embargo, el dato más importante no es solo la cantidad recolectada, sino lo que esa cantidad permite comprender.

A lo largo del recorrido se identificaron residuos domésticos, envases asociados a agroquímicos y zonas donde el olor evidenciaba posibles vertidos de aguas negras y grises directamente al río. Esto confirma que el problema no se limita a la basura visible, sino que responde a una forma de uso del territorio que sigue deteriorando los ecosistemas y afectando la calidad del agua. A esto se suma la presión urbanística que están sufriendo los ríos en la zona. En el caso del río Trojas, en los sectores donde se realizó el trabajo, el recorrido mostró cómo en muchos tramos el río colinda directamente con residencias a lo largo de prácticamente todo el trayecto intervenido, lo que evidencia un crecimiento urbano que se acerca cada vez más a las riberas.

Las jornadas de limpieza permiten retirar residuos, pero también permiten leer el río. Permiten entender qué tipo de actividades están impactando el territorio, qué problemas se están acumulando y qué aspectos siguen sin resolverse desde las políticas públicas. En ese sentido, el río deja de ser solamente un espacio físico y se convierte en una señal de alerta sobre el estado ambiental de los cantones de Occidente.

Limpiar el río no resuelve el problema estructural, pero sí lo vuelve visible. Y hacer visible el problema es hoy una de las formas más importantes de educación ambiental y de acción comunitaria.

Un río que vuelve a unir a las personas

Uno de los elementos más valiosos de la jornada fue la participación de personas provenientes de distintos cantones y organizaciones. La actividad reunió a comunidad organizada, estudiantes, docentes universitarios, voluntariado y representantes institucionales, lo que demuestra que la defensa de los ríos no puede ser una tarea aislada.

Estos espacios permiten algo que muchas veces se pierde: volver a encontrarse. Después de años en los que muchas dinámicas comunitarias se debilitaron, las jornadas de limpieza se están convirtiendo en espacios donde las personas se reconocen, dialogan y construyen vínculos a partir del cuidado del territorio .

En ese sentido, el río no solo conecta territorios, también conecta personas. Y ese vínculo es clave para cualquier proceso de defensa ambiental.

Más que limpiar: fortalecer la articulación

La jornada del 28 de marzo también confirmó algo que se ha venido construyendo en los últimos años: la defensa de los ríos solo es posible cuando se articulan comunidad, organizaciones sociales, voluntariado, universidad e instituciones públicas.

La participación de más de 50 personas demuestra que estas jornadas no son únicamente actividades ambientales, sino espacios de aprendizaje colectivo y de organización comunitaria . En el recorrido no solo se recogieron residuos, también se compartieron experiencias, se intercambiaron preocupaciones y se fortalecieron vínculos entre quienes están trabajando en distintos territorios por la defensa del agua.

La presencia de la Universidad de Costa Rica, junto con organizaciones comunitarias, observatorios ciudadanos del agua, la Municipalidad de Sarchí, la Cruz Roja, FUNDEMA-PP, GIRH UCR y la empresa Panduit demuestra que estos procesos no dependen únicamente del voluntariado, sino de una articulación más amplia que combina conocimiento académico, organización comunitaria y acción territorial. Cada jornada fortalece esa red, y esa red es precisamente lo que permite que estas acciones tengan continuidad.

Por eso, limpiar el río también es organizarse. También es aprender juntos. También es construir una forma distinta de relacionarnos con el territorio.

Desafíos que van más allá de la limpieza

La jornada del 28 de marzo también permite comprender que el trabajo de las organizaciones no termina cuando finaliza la limpieza del río. Al contrario, ahí empieza una parte aún más compleja: la incidencia y el seguimiento.

Uno de los principales desafíos es lograr un mayor monitoreo por parte de las instituciones responsables. Las jornadas permiten visibilizar el problema, pero es necesario que exista seguimiento en temas como vertidos de aguas residuales, uso de agroquímicos, protección de las riberas y control de actividades que siguen afectando los ríos. Sin ese acompañamiento institucional, el esfuerzo comunitario corre el riesgo de repetirse sin lograr cambios estructurales.

Otro desafío central es la educación ambiental. Muchas de las situaciones que se encuentran durante las limpiezas no responden únicamente a decisiones individuales, sino a prácticas que se han normalizado durante años. Por eso, recuperar los ríos también implica generar procesos educativos sostenidos en escuelas, colegios, comunidades y organizaciones, que permitan comprender por qué los ríos son fundamentales para la vida y por qué su cuidado no puede depender únicamente del voluntariado.

A esto se suma la necesidad de fortalecer la organización comunitaria. Las jornadas de limpieza muestran que existe voluntad de participar, pero también evidencian que el trabajo necesita continuidad, articulación y espacios donde las personas puedan seguir involucrándose más allá de una actividad puntual.

Finalmente, el desafío más grande es pasar de la reacción a la prevención. Limpiar es necesario, pero evitar que los ríos sigan contaminándose es todavía más urgente. Eso implica políticas públicas más efectivas, mayor responsabilidad institucional y una participación comunitaria que no se limite únicamente a las jornadas de limpieza, sino que también se exprese en procesos de organización, incidencia y defensa del territorio.

La próxima jornada será en Los Chorros

El proceso continúa. La próxima jornada de limpieza y acción comunitaria se realizará el sábado 11 de abril en el sector de Los Chorros. La invitación es abierta a todas las personas, organizaciones e instituciones que quieran sumarse a la defensa de los ríos y al fortalecimiento del trabajo comunitario.

Cuando los ríos dejan de ser espacios para disfrutar

La jornada del 28 de marzo deja también una reflexión necesaria. Durante muchos años, los ríos fueron espacios de encuentro para jugar, bañarse, caminar y compartir en comunidad. Eran parte de la vida cotidiana de los barrios y de las familias.

Hoy, en muchos cantones, esa realidad está cambiando. Los ríos están dejando de ser espacios para el disfrute y están pasando a ser lugares donde las personas se reúnen para limpiar, denunciar y tratar de recuperar lo que poco a poco se ha ido perdiendo.

Que las comunidades se organicen para defenderlos es una señal de esperanza. Pero que tengamos que hacerlo cada vez con más frecuencia también es una señal de alerta.

Cada jornada de limpieza muestra que el problema no es puntual ni reciente. Es el resultado de muchos años de abandono, de decisiones que priorizaron otros intereses sobre el cuidado del agua y de políticas que no lograron proteger los ríos como espacios de vida.

Por eso, estas jornadas no pueden verse solo como actividades ambientales. Son también espacios de educación, de organización y de defensa del territorio. Son una forma de decir que los ríos todavía pueden recuperarse, pero que eso solo será posible si las comunidades siguen organizándose para cuidarlos.

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Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Limpiar el río no es suficiente, pero sí necesario: voluntariado, conciencia ambiental y defensa de los bienes comunes

En este video compartimos los testimonios de Hammer Salazar, presidente de la Fundación para el Desarrollo Ecológico y el Medio Ambiente de Grecia, y Kevin Ibarra, integrante del Club LEO, quienes participaron en la jornada de limpieza realizada el 14 de marzo en el sector de Calle Flores y la entrada a Calle Quesada, como parte del Día Internacional de Acción por los Ríos.

A través de sus palabras se pone en evidencia que estas actividades no son únicamente jornadas de limpieza, sino también espacios de encuentro comunitario, sensibilización y acción colectiva en defensa de los ríos y los espacios públicos.

Entre las ideas principales que destacan en el video:

  • -La importancia del voluntariado como forma concreta de generar conciencia ambiental, especialmente entre las personas jóvenes.
  • -La preocupación por la presencia de basureros informales o clandestinos, que continúan afectando los ríos, la vida silvestre y la calidad de vida de las comunidades.
  • -El valor de la participación de organizaciones sociales, instituciones públicas y sector privado, que permite fortalecer este tipo de iniciativas.
  • -La necesidad de asumir una responsabilidad colectiva en el manejo de los residuos, tanto desde las prácticas individuales como desde las instituciones.
  • -La idea de que, aunque estas acciones puedan parecer pequeñas, toda acción suma y genera cambios en la conciencia comunitaria.

Los testimonios también resaltan que estas jornadas permiten recuperar el sentido de comunidad y abrir espacios donde las personas se encuentren para realizar acciones positivas en el territorio. En ese sentido, el voluntariado no solo aporta al cuidado del ambiente, sino que también fortalece los vínculos sociales y promueve una cultura de corresponsabilidad frente a los bienes comunes.

Este video busca visibilizar que la defensa de los ríos no depende únicamente de grandes proyectos, sino también de acciones colectivas que nacen desde las comunidades y que se sostienen gracias al compromiso de quienes deciden involucrarse.

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Vivir bajo amenaza permanente: lo que revelan las voces de Calle Álvarez

En la comunidad de Calle Álvarez, en San Rafael de Guatuso, las personas no hablan únicamente de inundaciones. Hablan de miedo, de limitaciones cotidianas y de una amenaza constante que ha terminado por marcar la forma en que viven, se movilizan y proyectan su futuro.

Los testimonios recogidos recientemente permiten entender algo fundamental: lo que enfrenta la comunidad no es solo un problema natural. Es una situación de vulnerabilidad que se ha ido construyendo con el tiempo, a partir de decisiones institucionales, falta de inversión pública y ausencia de planificación territorial.

Como expresan testimonios de personas vecinas de Calle Álvarez, el problema no se vive únicamente cuando el río crece, sino todos los días:

“Uno vive con la preocupación de que en cualquier momento vuelve a pasar lo mismo.”
Pedro Martínez (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Una comunidad que quiere quedarse

Las personas que viven en Calle Álvarez no están pensando en irse. Al contrario, muchos vecinos y vecinas nacieron allí, crecieron allí o tienen más de 20 y 30 años de vivir en el barrio. Hablan de un lugar tranquilo, solidario, donde las personas se conocen y se ayudan.

Sin embargo, esa vida comunitaria convive con una preocupación constante: cada vez que el río crece, el barrio puede quedar aislado.

“El problema serio que tenemos ahorita es que tenemos, cuando el río llena, cuando el río se inunda, no tenemos salida para ningún lado.”
Pedro Martínez Alexander Romero (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Esta contradicción marca la vida cotidiana: una comunidad con arraigo, pero sin condiciones mínimas para vivir con tranquilidad.

Las limitaciones que se vuelven parte de la vida diaria

Los testimonios no se quedan en una descripción general del problema. Muestran cómo la situación termina afectando directamente las condiciones de vida:

-dificultad para salir del barrio cuando llueve fuerte,
-miedo a quedar incomunicados en una emergencia médica,
-personas adultas mayores que prácticamente no pueden movilizarse,
-viviendas expuestas a cada temporada de lluvias,
-incertidumbre permanente sobre el futuro del barrio.

“Si alguien se enferma cuando el río crece, ¿cómo sale? Eso es lo que más miedo da.”
(Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

“Pero por esto de las inundaciones, que es una situación que nos ha afectado…es una incertidumbre, un miedo que tenemos siempre cada vez que llueve.”
Rosa Duarte (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Esto no es solo un problema de infraestructura. Es una limitación real al derecho a vivir con seguridad, movilidad y tranquilidad.

La amenaza no es solo el río

Con frecuencia, las inundaciones se explican únicamente por la cercanía con el río. Sin embargo, los testimonios muestran que la amenaza se vuelve más grave cuando las instituciones no actúan.

Las personas señalan que cuando llegaron al barrio no sabían que el problema era tan serio. Con los años han visto cómo la situación no mejora, cómo se siguen tomando decisiones sin considerar a la comunidad y cómo la respuesta institucional se reduce a excusas o silencios.

“Todo está abandonado, no se ha hecho nada y lo que se hace es como más bien tratar de tapar la luna con un dedo.” Rosa Duarte (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

La amenaza, entonces, deja de ser solo natural y se convierte en una amenaza social: la sensación de que el problema existe, pero nadie lo asume como una prioridad.

Leer Calle Álvarez desde la gestión del riesgo

La situación que vive la comunidad también puede entenderse desde los enfoques actuales de gestión del riesgo, que plantean algo clave: los desastres no se explican solo por fenómenos naturales, sino por las condiciones de vulnerabilidad que se van acumulando en el tiempo.

Desde esta perspectiva, lo que ocurre en Calle Álvarez no es únicamente el efecto de las crecidas del río, sino el resultado de varios factores:

-falta de inversión en infraestructura básica,
-ausencia de planificación territorial coherente,
-decisiones que permiten construir en zonas vulnerables,
-y falta de estudios técnicos claros que orienten las decisiones públicas.

Esto significa que el riesgo no nace solo del territorio; también se produce en la forma en que se toman —o se evitan— ciertas decisiones institucionales.

La comunidad no es solo víctima

Otro elemento fundamental de los enfoques contemporáneos de gestión del riesgo es reconocer que las comunidades no son únicamente “víctimas”, sino actores con conocimiento y capacidad para comprender su territorio y proponer soluciones.

Los testimonios recogidos en Calle Álvarez muestran precisamente eso. Las personas no solo describen los problemas; también plantean preguntas clave: dónde están los estudios técnicos, por qué se aplican criterios distintos en barrios cercanos y por qué una comunidad ubicada a pocos metros del centro del cantón sigue enfrentando condiciones de vulnerabilidad.

Pero además, los testimonios muestran algo todavía más importante: la comunidad no enfrenta la situación sola. Las personas se apoyan entre sí, se avisan cuando el río empieza a crecer, ayudan a quienes tienen más dificultades para movilizarse y se organizan para enfrentar las situaciones más difíciles.

“Aquí cuando pasa algo, los vecinos son los primeros que ayudan.”
Alexander Romero (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

“Uno no está solo. Siempre hay alguien que avisa, alguien que ayuda, alguien que está pendiente.”
Yadir  Cruz (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Este apoyo mutuo no aparece en los discursos institucionales, pero es lo que permite que muchas personas puedan enfrentar la situación cada vez que el río crece.

“Si no fuera por los vecinos, esto sería todavía más difícil.”
Pedro Martínez (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Esto cambia completamente la forma de entender lo que ocurre en Calle Álvarez. Las personas no solo se reconocen como afectadas; también han construido formas de organización cotidiana para protegerse y cuidarse mutuamente.

“Necesitamos que nos arreglen las condiciones, y lo único que nosotros pedimos es que nos arreglen la calle, que nos hagan bien el zanjo, ojalá con cunetas, y que se acuerden de nosotros que existimos acá.”
Anayanci Jirón (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Estas preguntas y estas formas de colaboración muestran algo fundamental: la comunidad no está esperando pasivamente una solución. Está defendiendo su territorio y sosteniendo, desde la práctica, la posibilidad de una vida digna.

Cuando la vulnerabilidad se siente en el cuerpo

En Calle Álvarez, la desigualdad no es un concepto abstracto. Se siente en la vida cotidiana.

-Se siente en la preocupación cuando empieza a llover.
-Se siente en la incertidumbre sobre el futuro del barrio.
-Se siente en la frustración de ver que pasan los años sin soluciones reales.

“Uno solo quiere vivir tranquilo.”
Jessica Martínez (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

La vulnerabilidad no es solo un riesgo físico. Es una forma de vivir marcada por la inseguridad y la sensación de que la comunidad no está siendo escuchada.

El derecho a la vida digna no puede depender de la lluvia

Lo que ocurre en Calle Álvarez no debería ser normal. No debería ser normal que una comunidad quede aislada cada vez que llueve. No debería ser normal que una emergencia médica dependa de si el río crece o no. No debería ser normal que las personas vivan con miedo cada temporada de lluvias.

El derecho a una vida digna no se limita al acceso a vivienda. También implica condiciones básicas de seguridad, movilidad, acceso a servicios y reconocimiento por parte de las instituciones públicas.

Cuando una comunidad vive bajo amenaza permanente, cuando las decisiones públicas aumentan la vulnerabilidad en lugar de reducirla, cuando el abandono institucional se vuelve parte del paisaje, lo que está en juego no es solo una calle ni un barrio: es el derecho de las personas a vivir con dignidad.

Por eso este caso importa. Porque no habla solo de Calle Álvarez. Habla de cómo se toman las decisiones sobre el territorio, de quién es escuchado y de quién queda esperando respuestas que nunca llegan.

Y también recuerda algo fundamental: la vida digna no debería ser una aspiración; debería ser un derecho garantizado para todas las comunidades.

Referencias:

Observatorio de Bienes Comunes UCR (2026), Vivir entre inundaciones y excusas: testimonios desde Calle Álvarez, video publicado en YouTube.

Paradigmas ante situaciones de emergencia. Material de divulgación elaborado a partir de la sistematización de experiencias de atención a la emergencia y reconstrucción después del huracán Mitch en Centroamérica (Lent, García, Gómez-Hermosillo y Jara, Red de Educación Popular Alforja, 1999; actualización de Oscar Jara, 2010).

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Vivir entre inundaciones y excusas: testimonios desde Calle Álvarez

Compartimos este video como parte del seguimiento que realiza el Observatorio de Bienes Comunes al caso de Calle Álvarez, en San Rafael de Guatuso. A través de testimonios de vecinos y vecinas, el material muestra cómo el aislamiento que vive la comunidad cada vez que el río crece no es solo un problema natural, sino el resultado de decisiones públicas y de años de falta de inversión en infraestructura básica.

Las voces que aparecen en el video plantean preguntas que siguen sin respuesta: por qué se aplican criterios distintos en barrios cercanos, dónde están los estudios técnicos que deberían orientar las decisiones y por qué una comunidad ubicada a pocos metros del centro del cantón continúa enfrentando condiciones de vulnerabilidad.

Este material forma parte del trabajo de documentación y acompañamiento territorial del Observatorio, y se comparte también en memoria de Don Joaquín Cruz Jirón, vecino de Calle Álvarez.