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Alfabetizar es organizar: internacionalismo, educación popular y descolonización de las mentes

En tiempos de estallidos sociales, cuando tantas personas salen a las calles para expresar su inconformidad y reclamar transformaciones, también es importante recordar que la fuerza de los movimientos no reside únicamente en su capacidad de protestar, sino en su posibilidad de organizarse, aprender colectivamente y construir alternativas propias. Las movilizaciones abren caminos, visibilizan conflictos y muestran que el orden existente puede cuestionarse; pero sostener esas transformaciones requiere tejer solidaridades, fortalecer procesos organizativos y desarrollar herramientas para comprender y cambiar nuestra realidad. En ese horizonte, la educación popular y la alfabetización adquieren una importancia particular: no solo permiten acceder a la palabra escrita, sino también ampliar nuestra capacidad de leer el mundo, reconocernos como sujetos colectivos y participar en la construcción de otras posibilidades de vida.

La experiencia de alfabetización impulsada por el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en Zambia nos recuerda que la educación puede convertirse en una fuerza de organización popular. A partir de esta experiencia, el pensamiento de Amílcar Cabral y Paulo Freire nos invita a reconocer que aprender a leer y escribir también significa conquistar autonomía, comprender críticamente la realidad y construir posibilidades para transformarla.

Cuando la solidaridad cruza fronteras

En 2019, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil (MST) y el Partido Socialista de Zambia comenzaron a impulsar una iniciativa que llevaría la educación popular brasileña a comunidades rurales y urbanas del sur de África. La experiencia se concretó en la Campaña de Alfabetización y Agroecología Fred M’Membe, un proceso que ha articulado a educadores, campesinos, estudiantes y comunidades alrededor de una tarea compartida: hacer de la alfabetización una herramienta para transformar sus condiciones de vida.

Según el relato de Elizabet Cerqueira da Conceição, publicado por el Instituto Tricontinental de Investigación Social, la campaña ha alfabetizado a más de cinco mil personas en cuatro provincias de Zambia, con la participación de cerca de 350 educadores y educadoras voluntarias. Una experiencia que demuestra la capacidad de los movimientos populares para construir respuestas colectivas allí donde el acceso a la educación continúa atravesado por desigualdades económicas y sociales. alfabetizar

Sin embargo, hay algo más que merece nuestra atención: esta experiencia expresa una forma de internacionalismo que no se limita a proclamar la solidaridad entre los pueblos, sino que la convierte en una práctica concreta.

Una brigada internacionalista brasileña se vincula con una organización política de Zambia para contribuir a un proceso educativo que responde a las necesidades de sus comunidades. No se trata simplemente de trasladar una metodología de un país a otro, como si existiera una receta capaz de resolver realidades diferentes. Por el contrario, el encuentro entre experiencias educativas, la participación comunitaria y el reconocimiento de los saberes locales permitieron construir una propuesta propia.

La campaña recuperó aportes de la experiencia cubana de alfabetización Yo, sí puedo, de la pedagogía de Paulo Freire y de los conocimientos producidos por las propias comunidades. De ese diálogo surgió el método Hablar, leer, escribir las palabras y el mundo, que vincula el aprendizaje de la lectura y la escritura con la comprensión crítica de la realidad. alfabetizar

Este proceso nos recuerda que la solidaridad internacionalista puede contribuir a multiplicar las capacidades de los pueblos cuando se construye desde el encuentro, el aprendizaje mutuo y el compromiso con las luchas colectivas.

La transformación no llega desde afuera para sustituir la experiencia de las comunidades. Se construye con ellas, reconociendo su capacidad para producir conocimientos, organizarse y abrir caminos que antes parecían imposibles.

Alfabetizar también es transformar el mundo

¿Por qué sigue siendo importante hablar de alfabetización?

En ocasiones, podemos reducirla a una habilidad técnica: aprender a reconocer letras, formar palabras, leer un texto o escribir nuestro nombre. Todas estas capacidades son fundamentales, pero la experiencia de Zambia nos invita a ampliar la mirada y preguntarnos por las posibilidades que se abren cuando el aprendizaje se vincula con la vida cotidiana, la organización popular y la acción colectiva.

En la campaña, las palabras generadoras no se buscan en una realidad abstracta o distante. Surgen de las experiencias de las comunidades: la semilla que se siembra, la lluvia que no llega, el precio del maíz, las enfermedades asociadas a las inundaciones o el deseo de poder firmar el propio nombre.

Son palabras que expresan necesidades, preocupaciones, conocimientos y aspiraciones. A partir de ellas, aprender a leer y escribir también significa poner en común las experiencias, reconocer problemas compartidos y comprender las relaciones que atraviesan la vida de las personas.

Esta perspectiva adquiere especial importancia cuando la alfabetización se articula con la agroecología. Para las comunidades campesinas, la educación puede contribuir a comprender mejor las condiciones de producción, fortalecer los conocimientos sobre el territorio y ampliar las posibilidades de defender sus medios de vida.

Por eso, la alfabetización no aparece como una actividad aislada de las luchas sociales. Forma parte de un proceso más amplio en el que el aprendizaje puede fortalecer la autonomía de las personas y las capacidades organizativas de sus comunidades.

Aquí encontramos una de las contribuciones fundamentales de Paulo Freire: leer la palabra también implica aprender a leer el mundo. La educación no consiste únicamente en recibir conocimientos, sino en desarrollar capacidades para interpretar críticamente la realidad y participar en su transformación.

Esta concepción nos permite reconocer que la educación puede contribuir tanto a reproducir las relaciones existentes como a cuestionarlas. La diferencia no está solamente en los contenidos que se enseñan, sino también en la relación que se construye entre quienes participan del proceso educativo, los conocimientos que se reconocen y las posibilidades de actuar sobre la realidad.

Alfabetizar, desde esta perspectiva, también es crear condiciones para que las personas puedan participar con mayor autonomía en la vida social, política y económica.

Amílcar Cabral y Paulo Freire: un diálogo que sigue interpelándonos

La experiencia de Zambia nos conduce a un encuentro intelectual y político de especial relevancia: el diálogo entre Amílcar Cabral y Paulo Freire.

Aunque sus trayectorias fueron diferentes, ambos comprendieron que la emancipación no podía reducirse a un cambio en las estructuras políticas. La transformación también exigía cuestionar las formas de pensar, los valores y las concepciones del mundo que las relaciones de dominación habían impuesto.

Amílcar Cabral, uno de los principales dirigentes de las luchas de liberación nacional de Guinea-Bisáu y Cabo Verde, comprendió que la lucha anticolonial no podía separarse de la recuperación de la cultura, la historia y la capacidad de los pueblos para reconocerse como protagonistas de su propio destino.

Paulo Freire, por su parte, desarrolló una pedagogía que situó el diálogo, la conciencia crítica y la experiencia de las personas oprimidas en el centro del proceso educativo.

Sus aportes convergen en una cuestión decisiva: la liberación política necesita acompañarse de una transformación cultural y educativa que permita a los pueblos pensar desde sus propias experiencias y construir sus propios caminos.

Como explican José Eustáquio Romão y Moacir Gadotti en Paulo Freire e Amílcar Cabral: A descolonização das mentes, la independencia política no elimina automáticamente las formas de dominación que permanecen en la cultura, los valores y las maneras de comprender el mundo. La descolonización también implica cuestionar los referentes impuestos y recuperar la capacidad colectiva de producir conocimientos y construir autonomía. 4-amilcar-desconolizacao_das_me…

Este diálogo es particularmente pertinente para pensar los procesos educativos actuales.

Nos invita a preguntarnos qué conocimientos se consideran legítimos, cuáles experiencias quedan fuera de los espacios de formación y hasta qué punto la educación permite comprender las condiciones históricas que producen las desigualdades.

También nos recuerda que los pueblos no son simples destinatarios de conocimientos elaborados en otros lugares. Sus luchas, experiencias y prácticas cotidianas producen saberes que pueden contribuir a comprender el mundo y transformarlo.

La relación entre Cabral y Freire no debe entenderse como una identidad absoluta entre sus pensamientos, sino como un encuentro entre trayectorias que, desde sus particularidades, aportan herramientas para reflexionar sobre la emancipación, la educación y la organización popular.

En ese sentido, la experiencia de Zambia adquiere una fuerza especial: muestra cómo una tradición pedagógica puede ponerse en diálogo con otra realidad histórica sin renunciar a la construcción colectiva de respuestas propias.

La vigencia de descolonizar nuestras maneras de pensar

Leer a Cabral y Freire hoy implica reconocer que la descolonización de las mentes no es una tarea concluida con la independencia de los territorios ni una discusión reservada a un momento específico de la historia.

Las relaciones de dominación también pueden reproducirse mediante las ideas que presentamos como naturales, los conocimientos que consideramos superiores y las explicaciones que nos llevan a aceptar las desigualdades como inevitables.

Por eso, la pregunta educativa sigue siendo profundamente política: ¿aprendemos para adaptarnos a la realidad tal como está organizada o también para comprenderla, cuestionarla y participar en su transformación?

Esta interrogante no supone desconocer la importancia de los conocimientos acumulados por la humanidad. Nos invita, más bien, a ampliar las posibilidades de aprendizaje, reconocer la diversidad de experiencias y construir relaciones educativas en las que el pensamiento crítico pueda desarrollarse colectivamente.

Desde esta perspectiva, la alfabetización es mucho más que una puerta de entrada al lenguaje escrito. Puede convertirse en parte de un proceso de construcción de autonomía, fortalecimiento organizativo y recuperación de la capacidad de imaginar otros futuros.

La experiencia del MST en Zambia nos recuerda que estas posibilidades no dependen exclusivamente de grandes infraestructuras ni de soluciones diseñadas desde arriba. También nacen del compromiso colectivo, del trabajo voluntario, de la organización comunitaria y de la convicción de que todas las personas tienen derecho a desarrollar sus capacidades.

El internacionalismo, la educación popular y la descolonización de las mentes se encuentran así en una misma preocupación: cómo fortalecer la capacidad de los pueblos para comprender su realidad y convertirse en protagonistas de su transformación.

Para seguir la conversación: leer a Cabral y Freire

La experiencia de alfabetización en Zambia nos deja una invitación que trasciende sus fronteras: volver sobre las preguntas que Amílcar Cabral y Paulo Freire plantearon acerca de la educación, la cultura, la autonomía y la liberación.

El libro Paulo Freire e Amílcar Cabral: A descolonização das mentes, de José Eustáquio Romão y Moacir Gadotti, ofrece una oportunidad para profundizar en ese encuentro. Sus páginas examinan las convergencias entre el pensamiento crítico de Freire y la praxis política de Cabral, así como los vínculos entre educación, revolución y descolonización cultural. La obra también aborda la experiencia africana de Freire y las posibilidades de una educación emancipadora en el presente. 4-amilcar-desconolizacao_das_me…

Leer este libro es una oportunidad para recuperar estas reflexiones y ponerlas en diálogo con nuestras propias experiencias educativas, organizativas y comunitarias.

Porque la alfabetización puede enseñarnos a leer las palabras, pero su horizonte emancipador se amplía cuando también aprendemos a reconocer las relaciones que organizan nuestra sociedad, cuestionamos aquello que parecía inamovible y construimos colectivamente otras posibilidades.

¿Qué necesitamos aprender para transformar nuestra realidad? ¿Qué ideas necesitamos cuestionar para conquistar mayor autonomía? ¿Cómo hacemos de la educación una práctica que fortalezca la organización y la capacidad de los pueblos para decidir sobre su propio destino?

Las experiencias de alfabetización popular y el diálogo entre Cabral y Freire nos invitan a seguir buscando respuestas colectivas.

Les invitamos a leer Paulo Freire e Amílcar Cabral: A descolonização das mentes, de José Eustáquio Romão y Moacir Gadotti (portugués), y a continuar esta conversación sobre educación popular, internacionalismo y emancipación.

Referencia:

Cerqueira da Conceição, E. (2026, 2 de octubre). Alfabetizar es organizar: el proceso de alfabetización en Zambia y la solidaridad internacionalista del MST. Instituto Tricontinental de Investigación Social. https://thetricontinental.org/es/nuestra-america/boletin-alfabetizar-es-organizar/

Romão, J. E., & Gadotti, M. (2012). Paulo Freire e Amílcar Cabral: A descolonização das mentes. Editora e Livraria Instituto Paulo Freire.

Samora Machel Internationalist Brigade. (2022, 18 de mayo). In Zambia, Literacy and Agroecology Campaign trains 2,000 people. Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST). https://mst.org.br/2022/05/18/in-zambia-literacy-and-agroecology-campaign-trains-2000-people/

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Mover la organización, achatar la pirámide: pistas para pensar lo común

Alto a la guerra contra el CIPOG-EZ y los pueblos originarios

Mientras reflexionamos sobre autonomía, organización comunitaria y defensa del territorio, no podemos dejar de mirar la grave situación que enfrentan las comunidades del Consejo Indígena y Popular de Guerrero – Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) en México.

El Congreso Nacional Indígena denunció recientemente el recrudecimiento de ataques armados, desplazamientos forzados y violencia contra comunidades indígenas de la Montaña de Guerrero, señalando la responsabilidad de estructuras criminales que operan bajo protección e impunidad.

La denuncia alerta sobre agresiones con armas y drones contra comunidades pertenecientes al CIPOG-EZ, provocando el desplazamiento de cientos de familias indígenas y poniendo en riesgo la vida de mujeres, niñas, niños y personas mayores.

“La violencia que viven las comunidades pertenecientes al CIPOG-EZ es una muestra brutal de la guerra contra los pueblos originarios que defienden su territorio, su autonomía y la vida”, señala el comunicado.

Hasta ahora, según la denuncia del Congreso Nacional Indígena, 76 integrantes del CIPOG-EZ han sido asesinados y 25 permanecen desaparecidos.

En el marco de estas agresiones, el CNI realizó un llamado urgente a organizaciones, colectivos, redes, pueblos y personas solidarias de México y del mundo a desarrollar acciones de denuncia, solidaridad y visibilización frente a la violencia que viven estas comunidades.

Traer esta denuncia a la discusión no es un gesto aislado. Dialoga profundamente con las preguntas que atraviesan esta nota y el curso-taller Mover la casa, cambiar el mundo: ¿qué implica defender el territorio hoy? ¿Qué significa construir autonomía en contextos de violencia y despojo? ¿Cómo sostener la vida colectiva frente a guerras que buscan fragmentar comunidades y destruir formas de organización desde abajo?

Porque hablar de autonomía no es solamente discutir ideas o modelos organizativos. También es reconocer que, en muchos territorios, defender la vida comunitaria sigue teniendo costos profundamente dolorosos.

En el marco del curso-taller Mover la casa, cambiar el mundo: Estrategias del caracol, compartimos esta conversación de los compañeros de Reactiva Contenidos con Raúl Zibechi como un insumo inicial para abrir preguntas sobre territorio, organización colectiva, autonomía y construcción comunitaria.

Las reflexiones que emergen aquí dialogan profundamente con los ejes del curso: la defensa de los territorios, las estrategias construidas desde abajo, las formas comunitarias de sostener la vida y los desafíos de organizarse sin reproducir las mismas lógicas de poder que muchas veces se critican.

A treinta años del levantamiento zapatista de 1994, el EZLN continúa siendo una referencia política, ética y organizativa para múltiples movimientos sociales dentro y fuera de América Latina. Su permanencia no puede entenderse únicamente por la potencia simbólica de aquel primero de enero, cuando comunidades indígenas ocuparon varias ciudades de Chiapas, sino por la capacidad de sostener y profundizar formas concretas de autonomía territorial, organización comunitaria y construcción colectiva de la vida.

Las reflexiones compartidas por Zibechi permiten acercarse al zapatismo no como una experiencia congelada en el pasado, sino como un proceso en movimiento, atravesado por transformaciones internas, debates organizativos y búsquedas políticas que siguen interpelando al presente.

La ética como práctica política

Desde su mirada, una de las claves fundamentales para comprender la vigencia del zapatismo es la coherencia ética. No se trata únicamente de discursos radicales o declaraciones políticas, sino de la relación entre palabra y práctica, entre lo que se afirma y la forma concreta en que se organiza la vida cotidiana.

En tiempos donde buena parte de la política institucional aparece marcada por el pragmatismo, la competencia por el poder y la administración de lo existente, la experiencia zapatista recupera preguntas fundamentales sobre el sentido de la organización política y el lugar de las comunidades en la toma de decisiones.

Más que una propuesta cerrada o un modelo exportable, el zapatismo aparece como una invitación a pensar cómo construir procesos políticos donde la vida comunitaria no quede subordinada a las lógicas del mando, la representación permanente o la acumulación de poder.

La autonomía como construcción material

Uno de los elementos más potentes es comprender la autonomía no como una consigna abstracta, sino como una práctica territorial concreta.

En las comunidades zapatistas existen sistemas propios de educación, espacios autónomos de salud, formas comunitarias de producción y mecanismos de organización colectiva que buscan reducir la dependencia respecto al Estado y al mercado capitalista.

Cada comunidad sostiene pequeñas escuelas, espacios de atención en salud y procesos productivos vinculados a la tierra. A ello se suman clínicas regionales, proyectos agrícolas colectivos y estructuras de coordinación territorial construidas desde abajo.

La autonomía aparece entonces como una capacidad social para producir y reproducir la vida comunitaria en medio de contextos de violencia, despojo y presión estatal o empresarial.

En ese sentido, el zapatismo cuestiona también una idea profundamente arraigada en muchas tradiciones de izquierda: que la transformación social depende necesariamente de la toma del poder estatal. Lo que emerge en Chiapas es otra lógica política, donde el centro no está en conquistar el Estado, sino en fortalecer las capacidades de autogobierno de los pueblos.

Pueblos indígenas y reexistencia

Las reflexiones se amplían hacia otros procesos latinoamericanos de resistencia indígena y comunitaria. Pueblos mapuche en Chile y Argentina, procesos de recuperación territorial en Brasil, autonomías indígenas en Colombia y experiencias campesinas en distintos territorios muestran que existe una diversidad de luchas que buscan sostener formas de vida no subordinadas completamente a las dinámicas del capital.

Más que movimientos homogéneos o centralizados, se trata de experiencias múltiples que comparten ciertas búsquedas comunes: defensa del territorio, autonomía organizativa, reconstrucción comunitaria y resistencia frente al extractivismo. En varios casos, estas luchas se han convertido en uno de los principales núcleos de resistencia social frente a gobiernos, empresas y procesos de militarización territorial.

La noción de “reexistencia” aparece aquí como algo más profundo que la mera resistencia: no solo evitar desaparecer, sino recrear formas propias de vida, memoria y organización colectiva.

Juventudes, mujeres y transformación comunitaria

Otro aspecto central es el protagonismo creciente de mujeres indígenas y jóvenes dentro de estos procesos. Las transformaciones no pasan únicamente por cambios discursivos, sino por modificaciones concretas en la vida comunitaria y en la distribución de responsabilidades políticas, organizativas y técnicas.

Mujeres que antes tenían una participación limitada hoy asumen tareas vinculadas a salud, educación, comunicación, conducción política y organización territorial. Del mismo modo, nuevas generaciones ocupan espacios que históricamente permanecían concentrados en dirigencias masculinas o estructuras más verticales.

Esto implica también una crítica profunda a las culturas políticas caudillistas y a la dependencia permanente de liderazgos individuales.

La construcción comunitaria deja de pensarse alrededor de figuras salvadoras o direcciones iluminadas, para desplazarse hacia procesos colectivos más amplios y horizontales.

Achatar la pirámide: una crítica radical al poder

Uno de los conceptos más sugerentes que aparece es la idea de “achatar la pirámide”.

La expresión surge para describir cambios organizativos dentro del zapatismo impulsados en los últimos años: ampliar los espacios de decisión, reducir jerarquías y trasladar cada vez más responsabilidades hacia las comunidades organizadas. La imagen resulta especialmente potente porque cuestiona una lógica profundamente instalada tanto en las instituciones estatales como en buena parte de las organizaciones políticas tradicionales: la idea de que siempre debe existir una estructura vertical donde unos pocos concentran dirección, autoridad y capacidad de decisión.

“Achatar la pirámide” implica algo mucho más profundo que descentralizar tareas. Significa poner en cuestión la propia cultura política de la obediencia, el mando y la acumulación de poder.

También supone reconocer que muchas organizaciones terminan reproduciendo internamente las mismas relaciones jerárquicas que dicen combatir hacia afuera. La apuesta zapatista aparece entonces como un intento de desplazar el centro de gravedad desde las dirigencias hacia las comunidades. No se trata de eliminar toda forma de organización, sino de construir estructuras donde el poder no quede separado de la vida colectiva.

En esa perspectiva, el horizonte no es fortalecer indefinidamente aparatos políticos o dirigencias permanentes, sino crear condiciones para que las propias comunidades puedan sostener procesos de autogobierno, cuidado y defensa territorial.

La pregunta que emerge es profundamente actual: ¿cómo construir organización sin reproducir lógicas de dominación? ¿Cómo sostener procesos colectivos sin convertirlos en nuevas burocracias? ¿Cómo evitar que quienes dicen representar al pueblo terminen sustituyéndolo?

Pensar lo común en tiempos de fragmentación

En medio de un mundo atravesado por guerras, extractivismo, autoritarismos y fragmentación social, estas búsquedas abren discusiones urgentes sobre democracia, comunidad y formas de vida posibles.

Precisamente por eso, esta conversación se vuelve una puerta de entrada para el curso-taller Mover la casa, cambiar el mundo: un espacio para pensar colectivamente cómo construir organización, defender los territorios y crear estrategias que permitan sostener la vida común desde abajo.

Porque quizá uno de los mayores desafíos políticos de nuestro tiempo no sea únicamente conquistar espacios de poder, sino aprender a construir relaciones sociales distintas. Formas de organización donde la dignidad, el cuidado y la capacidad colectiva de decidir no dependan de pirámides cada vez más altas, sino de comunidades capaces de sostener la vida en común.

Invitamos a ver y compartir la conversación completa con Raúl Zibechi.

Seguimos en paro activo… aunque ya hay quienes sospechan que estamos aplicando la estrategia del caracol: mover la universidad pieza por pieza antes de que lleguen por ella.

Mientras algunos preguntan si la universidad “produce”, acá seguimos produciendo algo peligroso: pensamiento crítico, organización colectiva y vínculos con los territorios.

Achatar la pirámide… y mover la universidad

Las reflexiones compartidas por Zibechi también permiten leer de otra manera discusiones muy presentes hoy en Costa Rica, particularmente alrededor del FEES y el sentido mismo de la universidad pública.

Cuando el zapatismo habla de “achatar la pirámide”, no se refiere solamente a reorganizar estructuras internas. La idea apunta a algo más profundo: desplazar el poder hacia abajo, fortalecer capacidades colectivas y evitar que la vida política quede atrapada en aparatos separados de las comunidades.

La pregunta entonces no es únicamente cómo defender instituciones, sino cómo construir relaciones más horizontales entre universidad, territorios y sociedad. En ese contexto, las tensiones actuales sobre el financiamiento universitario abren una discusión que va más allá de cifras presupuestarias. Lo que está en juego es también qué tipo de universidad se quiere sostener: una encerrada sobre sí misma, vertical y distante, o una universidad vinculada con procesos comunitarios, territorios y luchas sociales concretas.

Quizá por eso la metáfora de La estrategia del caracol resuena tanto. “¿Recorte al FEES? Tranquilos… ya estamos empacando la universidad.”

La frase funciona como humor, pero también como provocación política. Porque una universidad pública viva no existe únicamente dentro de sus edificios, oficinas o estructuras administrativas. También habita en proyectos territoriales, procesos de educación popular, investigaciones críticas, vínculos comunitarios y formas colectivas de producción de conocimiento.

En cierta forma, muchas de las experiencias universitarias más valiosas ya vienen intentando “mover la universidad”: sacarla de sus propios límites, acercarla a los territorios y construir relaciones menos jerárquicas entre academia y comunidad. Eso dialoga profundamente con las preguntas que atraviesan esta conversación sobre autonomía y organización colectiva: ¿cómo evitar que las instituciones se separen de la vida social? ¿Cómo construir espacios públicos que no reproduzcan lógicas verticales? ¿Cómo sostener procesos colectivos donde el conocimiento no quede concentrado en unos pocos?

Tal vez ahí aparece uno de los desafíos más importantes para la universidad pública contemporánea: no solo resistir recortes o ataques externos, sino también transformar sus propias formas y modos de relación. Porque, al final, achatar la pirámide también implica preguntarse cómo democratizar el conocimiento, cómo compartir decisiones y cómo construir instituciones capaces de aprender desde abajo.

Y quizá, como los caracoles, entender que moverse colectivamente puede ser otra forma de permanecer.

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Convocatoria: Mover la casa, cambiar el mundo Estrategias del caracol: territorio, organización y dignidad

En muchos territorios de América Latina y el Caribe, la vida se sostiene en medio de tensiones constantes. A veces el desalojo no llega con policías ni órdenes judiciales visibles, sino de forma más silenciosa: proyectos que avanzan, decisiones que se toman lejos de las comunidades, cambios en el uso del suelo que transforman el paisaje… y con él, las formas de vivir.

Como en una casa que de pronto deja de pertenecer a quienes la habitan, los territorios se convierten en espacios en disputa. Pero lo que está en juego no es solo la tierra: es la memoria, los vínculos, la historia compartida y la posibilidad de seguir construyendo vida en común.

¿Y qué pasa cuando quienes habitan esos espacios deciden no irse?
¿Cuando, en lugar de desaparecer, comienzan a organizarse?

Ahí aparece el caracol.

Lento, colectivo, persistente.
Un símbolo que nos habla de estrategia, de cuidado y de inteligencia compartida. De moverse juntos, incluso cuando todo parece en contra.

A partir de la película La estrategia del caracol, este curso-taller propone un recorrido para mirar los conflictos territoriales desde otra perspectiva: no desde los grandes centros de poder, sino desde quienes resisten, organizan y construyen alternativas en sus propios territorios.

Un curso para leer el territorio desde abajo

En este espacio exploraremos:

  • – ¿Quién hace realmente la geopolítica?
  • – ¿Cómo se disputan los territorios en la vida cotidiana?
  • – ¿Qué hace posible la organización colectiva?
  • – ¿Cómo se construyen estrategias frente al despojo?
  • – ¿Qué significa defender la dignidad y lo común?

Desde la antigeopolítica, nos acercaremos a estas preguntas reconociendo a los movimientos sociales y a los sujetos colectivos como protagonistas de la historia.

Una experiencia para pensar y actuar

Este no es un curso tradicional. Es un espacio para:

  • – mirar, sentir y pensar a partir del cine
  • – dialogar desde nuestras propias experiencias
  • – mapear conflictos reales
  • – imaginar estrategias colectivas
  • – construir herramientas para la acción

Trabajaremos desde la educación popular, entendiendo que el conocimiento se construye en colectivo, desde lo vivido y con sentido político.

Fechas

Del 18 de mayo al 15 de junio – 5 sesiones

Lugar: Oficina Kioscos Socioambientales. San Pedro. Montes de Oca.

¿A quién está dirigido?

A personas interesadas en los territorios, la organización social, la defensa de la vida y la construcción de alternativas. No se requiere experiencia previa, solo disposición para reflexionar y participar.

Inscripciones

👉 Inscríbete aquí:
https://forms.gle/7ZvU58rMgS1PRhLH6

Porque moverse juntos también es resistir

En contextos donde todo empuja a fragmentar, desplazar o desalojar,
organizarse es una forma de permanecer.

Pensar colectivamente es una forma de resistir.
Y crear estrategias propias es una forma de disputar el poder.

Como los caracoles,
llevar la casa a cuestas, moverse juntos y no soltar el territorio
puede ser también una forma de cambiar el mundo.