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Conversar, recordar y pintar: memorias que vuelven a reunir a Finca 5

Compartimos este video como parte del proceso “Memorias en movimiento en Finca 5”, una experiencia comunitaria donde conversar, recordar, dibujar, pintar y compartir fotografías se ha convertido también en una forma de volver a encontrarse como comunidad.

Te invitamos a verlo y acompañar este proceso construido desde las voces, recuerdos y experiencias de la propia comunidad.

A veces la memoria comienza de formas muy simples.

Alguien llega con una fotografía guardada hace años. Otra persona empieza a recordar una anécdota mientras mira el puente.
Alguien toma un lápiz y dibuja algo que todavía permanece en su memoria. Otra persona habla de cómo cruzaba el puente en bicicleta, de las fondas o de las ventas de comida cuando el tren todavía pasaba por la comunidad.

Y poco a poco, casi sin darse cuenta, las personas empiezan a conversar.

Eso es lo que ha venido ocurriendo en el proceso “Memorias en movimiento en Finca 5”, una experiencia comunitaria donde el recuerdo no se trabaja únicamente desde la historia formal, sino desde el encuentro cotidiano entre personas que comparten memorias, emociones y experiencias sobre su territorio.

Pero conforme avanzaron los encuentros, algo comenzó a hacerse evidente: el centro del proceso no era solamente el puente, el tren o el vagón. El centro eran las personas volviendo a encontrarse.

La memoria como encuentro

Los talleres realizados en Finca 5 han estado llenos de acciones sencillas, pero profundamente significativas:

  • -buscar fotografías antiguas,
  • -ordenar recuerdos,
  • -dibujar, pintar,
  • -conversar, compartir historias,
  • -escuchar anécdotas,
  • -y reconstruir colectivamente escenas de la vida cotidiana.

En medio de todo eso, comenzó a fortalecerse algo que muchas personas participantes mencionan constantemente: el disfrute de volver a reunirse. Las historias fueron apareciendo entre risas, recuerdos cruzados y conversaciones espontáneas. Una fotografía abría una memoria. Un comentario hacía aparecer otra historia. Una anécdota despertaba nuevos recuerdos en quienes estaban alrededor.

La memoria empezó entonces a construirse colectivamente, no como algo fijo o terminado, sino como una conversación viva que sigue creciendo entre quienes participan.

Recordar también es imaginar y transformar

Uno de los aspectos más ricos del proceso ha sido descubrir que recordar no significa quedarse atrapados en el pasado.

Las actividades realizadas en Finca 5 han permitido que las personas imaginen, creen y transformen colectivamente nuevas maneras de mirar la comunidad.

El dibujo, la pintura y las intervenciones creativas han aparecido como formas de expresar aquello que a veces cuesta explicar solamente con palabras. A través de colores, trazos, fotografías y recuerdos compartidos, las personas han comenzado a pensar cómo representar la historia de Finca 5 desde sus propias experiencias.

Poco a poco, la memoria dejó de ser únicamente una mirada hacia atrás y comenzó a convertirse también en una posibilidad de transformación comunitaria.

Porque cuando las personas se reúnen a recordar, también empiezan a preguntarse:

  • -cómo quieren ver su comunidad,
  • -qué espacios desean cuidar,
  • -qué historias quieren mantener vivas,
  • -y qué futuro desean construir colectivamente.
El puente como punto de encuentro

Aunque gran parte del proceso gira alrededor del puente ferroviario y el antiguo vagón, las conversaciones han permitido descubrir que lo más importante no son únicamente las estructuras físicas.

Lo central son las relaciones humanas que se construyeron alrededor de ellas. El puente aparece constantemente en los relatos porque allí se cruzaban historias de vida:

  • -ventas de comida,
  • -caminatas,
  • -encuentros familiares,
  • -juegos,
  • -conversaciones,
  • -recorridos cotidianos,
  • -y formas de compartir la vida comunitaria.

Por eso, el puente terminó funcionando también como una excusa para volver a encontrarse entre vecinos y vecinas. No solamente para recordar cómo era Finca 5, sino para pensar juntos cómo quieren seguir habitándolo hoy.

La conversación cotidiana también produce comunidad

En muchos momentos del proceso apareció una idea que las personas repetían constantemente: lo bonito de reunirse a hablar.

Y aunque parezca algo sencillo, esas conversaciones tienen una enorme importancia comunitaria.

Porque en ellas circulan recuerdos, conocimientos, experiencias y maneras de comprender el territorio que muchas veces no aparecen en documentos ni en relatos oficiales. La conversación permite conectar generaciones, fortalecer vínculos y construir espacios donde las personas vuelven a reconocerse mutuamente.

Las historias sobre el tren, las fondas o las caminatas terminan siendo también historias sobre la comunidad misma: sobre cómo se relaciona, cómo comparte, cómo recuerda y cómo imagina nuevas posibilidades.

Una comunidad que vuelve a mirarse

El proceso “Memorias en movimiento en Finca 5” sigue avanzando desde ese espíritu: encontrarse, compartir y construir colectivamente.

Las personas participantes hablan de la importancia de activar los espacios comunes, embellecer la comunidad y seguir generando actividades que permitan fortalecer el vínculo entre vecinos y vecinas.

Pero quizás uno de los aprendizajes más importantes del proceso ha sido demostrar que la memoria no tiene que ser algo distante o solemne.

También puede ser una conversación compartida. Puede ser un dibujo. Puede ser una fotografía pasando de mano en mano. Puede ser pintura, color y creatividad. Puede ser una anécdota contada entre risas.

Porque a veces una comunidad empieza a transformarse simplemente cuando vuelve a sentarse junta a conversar, recordar y crear colectivamente.

Y en Finca 5, esa conversación sigue moviéndose.

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Finca 5: un pueblo que recuerda, resiste y sueña

En Finca 5, en Sarapiquí, la memoria no es algo que se guarda: es algo que se conversa. Se cuenta entre risas, en confianza, en eso que llaman “chisme”, pero que en realidad es una forma profunda de reconstruir historia y tejer comunidad.

Esta conversación que acompaña esta publicación nos acerca a esas voces de Paul Cruz, Denia Fernández y Virginia Cabalceta. Voces que no solo recuerdan el paso del tren o la importancia del puente ferroviario —ese que marcó una época—, sino que también hablan con claridad sobre el presente: sobre lo que duele, lo que falta y lo que aún se sueña.

Porque Finca 5 no es un recuerdo congelado.

Hoy, quienes viven ahí nombran un problema que atraviesa la vida cotidiana: el abandono. Carreteras en mal estado, ausencia de transporte público, dificultades para movilizarse o sacar productos. En una tierra fértil, donde “se siembra de todo”, como dicen sus habitantes, resulta contradictorio que muchas cosechas se pierdan por no tener cómo llevarlas al mercado.

La falta de trabajo es otra de las preocupaciones que más pesa. Sobre todo para las personas jóvenes. Sin oportunidades en la comunidad, muchas se ven obligadas a irse: a San José, a otras zonas, lejos de sus familias. No es solo una cuestión económica, es una fractura en la vida comunitaria.

Y sin embargo, lo que emerge de estas voces no es resignación.

Hay propuestas. Hay ideas. Hay ganas.

Se habla de crear espacios productivos locales, de impulsar un parque industrial, de aprovechar lo que ya existe: banano, plátano, pejibaye, cítricos, palmito. Se piensa en generar empleo sin tener que abandonar el territorio. Se imagina un futuro donde la juventud pueda quedarse, trabajar y vivir dignamente en su propio pueblo.

También aparece con fuerza la organización comunitaria. La Asociación de Desarrollo, los vecinos y vecinas, el deseo de trabajar en conjunto. Hay claridad en algo: el cambio no vendrá solo, pero tampoco puede hacerse sin apoyo. Se necesita que el Estado mire hacia estos territorios que, por mucho tiempo, han quedado al margen.

Pero Finca 5 no es solo denuncia. Es también un lugar que se quiere.

Con quienes conversamos describen un espacio lleno de vida: un clima generoso, una tierra agradecida, atardeceres que se disfrutan desde el puente, encuentros que se hacen alrededor de la comida, del río, de la conversación.

Y por eso, la invitación final no es menor. Es una invitación a llegar. A conocer. A compartir.

A no mirar Finca 5 solo como un lugar con problemas, sino como una comunidad que se organiza y que sigue creyendo en la posibilidad de estar mejor.

Escuchar este audio es acercarse a esa realidad.

Pero también es una oportunidad para preguntarnos: ¿qué hace falta para que territorios como este puedan vivir con dignidad?

Claves para escuchar Finca 5

Para acompañar el audio, compartimos algunas ideas que atraviesan las voces de la comunidad y que pueden servir como guía para su escucha:

  • Memoria viva del territorio: Finca 5 se reconoce desde su historia, especialmente vinculada al puente ferroviario, pero sin quedarse atrapada en el pasado.
  • El “chisme” como tejido comunitario: la conversación cotidiana aparece como una herramienta para generar confianza, reconstruir memoria y fortalecer vínculos.
  • Amor y pertenencia: hay un vínculo afectivo profundo con el territorio, que se expresa en el deseo de verlo “bien” y digno.
  • Abandono institucional: carreteras en mal estado, falta de transporte público y escasa presencia estatal marcan la vida cotidiana.
  • Potencial productivo desaprovechado: pese a la riqueza agrícola (banano, plátano, pejibaye, palmito), existen dificultades para comercializar.
  • Falta de empleo local: especialmente crítica para jóvenes, quienes enfrentan pocas oportunidades en la comunidad.
  • Migración: muchas personas deben irse a otras regiones para trabajar, lo que fragmenta la vida familiar y comunitaria.
  • Propuestas desde el territorio: surgen ideas como crear un parque industrial o impulsar iniciativas productivas locales.
  • Organización comunitaria activa: la Asociación de Desarrollo y el trabajo de vecinos y vecinas aparecen como pilares para el cambio.
  • Necesidad de apoyo externo: se reconoce que sin inversión pública y acompañamiento estatal, los esfuerzos locales son limitados.
  • Un territorio que también es vida: más allá de los problemas, Finca 5 es descrita como un lugar bello, diverso y acogedor.
  • Invitación abierta: la comunidad extiende una invitación a visitar, conocer y compartir, como forma de reconocer su riqueza.

Estas claves no sustituyen el audio: lo abren.

Escuchar a Finca 5 es también dejarse interpelar por esa búsqueda de la vida digna.

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Lo que el tren no cuenta: el puente que la comunidad hizo suyo – Finca 5. Río Frío, Sarapiquí.

En Finca 5, el puente ferroviario dejó de ser solo una estructura para el paso del tren. Con el tiempo —y tras décadas sin uso ferroviario— se convirtió en otra cosa: un camino, un lugar de encuentro, un espacio vivido.

Este video recoge voces de la comunidad que reconstruyen la memoria del puente más allá de su función original. Aquí, el puente no se entiende desde los rieles, sino desde los pasos: de quienes lo cruzaron a pie, de quienes vendían alimentos en canastos, de quienes encontraron en él una forma de acercarse a la otra orilla y también a otras personas.

Las historias que emergen hablan de trabajo, de fondas que alimentaron a quienes construyeron la obra, de una economía cotidiana que se movía entre ida y vuelta, pero también de afectos, de juegos, de recorridos compartidos y de una vida comunitaria tejida en el tránsito diario.

Este ejercicio de memoria colectiva nos recuerda que la historia no está solo en las grandes infraestructuras, sino en las experiencias que las personas construyen alrededor de ellas. Porque cuando el tren dejó de pasar, la comunidad siguió cruzando… y el puente encontró nuevos sentidos.

Lo que el tren no cuenta es justamente eso: la historia que vive en la gente, la memoria que no siempre queda registrada, pero que sigue sosteniendo la vida en común.

La memoria que revela lo que no siempre se ve

Volver sobre la historia del puente desde la memoria local permite descubrir algo que no aparece a primera vista: que los territorios no se explican únicamente por sus infraestructuras ni por las funciones para las que fueron diseñados. El puente, pensado para el paso del tren, terminó siendo habitado, recorrido y resignificado por la comunidad hasta convertirse en un espacio de encuentro, trabajo y vida cotidiana.

Este proceso de reconstrucción colectiva hace visible lo que muchas veces queda fuera de los relatos oficiales: las relaciones, los afectos, las economías pequeñas, los esfuerzos compartidos y las formas concretas en que las personas sostienen la vida. Mirar el puente desde estas experiencias no solo amplía su significado, sino que cuestiona la idea de que el desarrollo se mide únicamente en términos de grandes obras o conectividad técnica.

La memoria local, en ese sentido, no es solo un ejercicio de recuerdo, sino una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro desde otros lugares. Permite reconocer que, incluso cuando una infraestructura deja de cumplir su función original, puede seguir siendo central en la vida de una comunidad, precisamente por los vínculos que allí se han tejido.

Poner en valor estas memorias es también afirmar el derecho de las comunidades a nombrar su historia desde su propia experiencia. Porque, como muestra el caso del puente en Finca 5, hay sentidos que no están en los planos ni en los rieles, sino en los pasos de quienes lo han hecho suyo día a día.

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El puente también recuerda: memoria y cuidado comunitario en Finca 5

En Finca 5, Sarapiquí, un antiguo puente ferroviario sigue siendo mucho más que una estructura abandonada. Aunque el tren dejó de pasar hace años, el lugar continúa lleno de vida: es punto de encuentro, espacio de recreación y escenario de historias que siguen habitando la memoria de la comunidad.

A través de una serie de entrevistas, este trabajo recoge las voces de quienes han vivido y construido este territorio. Sus relatos nos hablan del paso del tren, de lo que significó en la vida cotidiana, pero también de cómo ese espacio ha sido reapropiado con el tiempo, transformándose en un lugar para compartir, encontrarse y cuidar lo común.

El puente no es solo un vestigio del pasado. Es un símbolo de continuidad: entre generaciones, entre formas de habitar el territorio, entre memoria y presente. En sus rieles, en su estructura, pero sobre todo en las experiencias de las personas, se tejen vínculos que sostienen la vida comunitaria.

Hoy, ese espacio nos recuerda que el cuidado no es una idea abstracta, sino una práctica concreta: en cómo se usa el lugar, en cómo se respeta, en cómo se convierte en un punto donde la comunidad se reconoce y se encuentra.

Recuperar la memoria no es solo mirar hacia atrás. Es también afirmar lo que somos y proyectar lo que queremos seguir siendo como comunidad.

Algunas claves para mirar este proceso:

▪️ El puente como espacio de memoria viva
▪️ El tren y su huella en la vida comunitaria
▪️ La resignificación del territorio desde el encuentro
▪️ El cuidado como práctica colectiva
▪️ La memoria como base para fortalecer lo común

Descargá aquí el boletín del proceso

Este primer boletín recoge los principales momentos del encuentro comunitario realizado el 21 de marzo en Finca 5, donde se inició un proceso colectivo de recuperación de la memoria local en torno al puente ferroviario y el antiguo vagón.

A través de relatos, reflexiones y propuestas, el documento muestra cómo la memoria sigue viva en las personas y en el territorio, y cómo puede convertirse en una herramienta para fortalecer la identidad, el encuentro comunitario y el cuidado de los espacios comunes.