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Más que un mural: el proceso comunitario que transforma Finca 5 desde el vagón X7015

Todo comenzó con una idea sencilla: embellecer un antiguo vagón ferroviario. Sin embargo, conforme avanzó el proceso, la iniciativa empezó a adquirir un significado mucho más profundo.

Las conversaciones, los recuerdos y las historias compartidas fueron revelando que Finca 5 es mucho más que un puente, un vagón o un conjunto de espacios físicos. Finca 5 también son sus vecinas y vecinos, las memorias que habitan el territorio, las relaciones que se construyen día a día y el deseo colectivo de vivir en un lugar más cuidado, más bello y más habitable.

Lo que inicialmente parecía una intervención puntual se convirtió en una oportunidad para reencontrarse con la historia de la comunidad y reconocer aquello que le da vida: las personas que la habitan y la sostienen cotidianamente. El vagón dejó de ser solamente una estructura ferroviaria para transformarse en un símbolo capaz de conectar pasado, presente y futuro.

A partir de esa reflexión surgió un nuevo impulso. Embellecer el vagón ya no era suficiente; el desafío comenzó a expandirse hacia el barrio entero. Apareció entonces una pregunta compartida: ¿cómo construir entre todas y todos una comunidad más acogedora, participativa y organizada?

Las jornadas de limpieza, el trabajo previo de preparación, la construcción del mural y los encuentros entre vecinas y vecinos fueron dando forma a una experiencia que hoy continúa creciendo. Más que una obra terminada, lo que se está construyendo en Finca 5 es una forma distinta de habitar el barrio: una que entiende que cuidar los espacios comunes también significa cuidar los vínculos, las memorias y los sueños colectivos que hacen posible la vida en comunidad.

Un proceso que comenzó antes de la pintura

La transformación que actualmente vive Finca 5 comenzó mucho antes de que aparecieran los colores sobre la pared del antiguo vagón ferroviario. Detrás de la intervención artística existe un trabajo silencioso, sostenido y colectivo que ha permitido preparar las condiciones materiales y organizativas para hacer realidad esta iniciativa.

Las labores de chapeo de la plaza, la limpieza del espacio y los trabajos de repello en la pared destinada al mural fueron algunas de las primeras acciones que marcaron el inicio del proceso. Aunque muchas veces pasan desapercibidas, estas tareas constituyen la base sobre la cual se construye cualquier proyecto comunitario.

Más que un proyecto de embellecimiento, la experiencia ha permitido reconocer que la transformación del territorio ocurre cuando las personas logran encontrarse, organizarse y asumir que el cuidado de los espacios comunes es una responsabilidad compartida.

El esfuerzo vecinal como motor de la transformación

Uno de los principales aprendizajes que deja esta experiencia es el enorme valor del trabajo vecinal. El proceso ha sido sostenido por un grupo de personas que, con constancia y compromiso, han asumido tareas indispensables para avanzar en la recuperación y embellecimiento del espacio comunitario.

Sin embargo, esta misma realidad también evidencia uno de los principales desafíos que enfrentan muchos procesos colectivos: el riesgo de que el esfuerzo recaiga siempre sobre las mismas personas.

Cuando la participación se concentra en pocos actores, aparecen el desgaste, la sobrecarga y las dificultades para garantizar la continuidad de las iniciativas en el tiempo. Por ello, uno de los retos fundamentales es ampliar la base de participación y distribuir de manera más equitativa las responsabilidades comunitarias.

La jornada de pintada: un avance que abre nuevas preguntas

La jornada de pintada comunitaria representó un momento significativo dentro del proceso. Las personas participantes lograron materializar parte del trabajo acumulado durante semanas y comenzar a dar forma visible a un proyecto construido desde el encuentro y la colaboración.

Al mismo tiempo, la actividad dejó en evidencia que todavía es necesario fortalecer la participación colectiva para responder a la magnitud de los objetivos propuestos.

Lejos de interpretarse como una debilidad, esta situación abre una reflexión necesaria sobre la importancia de construir comunidades más amplias, donde el trabajo compartido no dependa únicamente de pequeños grupos comprometidos, sino que se convierta en una tarea asumida por más vecinas y vecinos.

Una obra que continúa construyéndose

El mural y el proceso de embellecimiento de Finca 5 aún no han concluido. Quedan espacios por intervenir, pintura por aplicar y nuevas tareas por coordinar colectivamente.

Pero quizá el mayor desafío no es únicamente terminar una obra física, sino fortalecer las capacidades organizativas que permitan sostenerla en el tiempo. La experiencia ha demostrado que construir comunidad implica también aprender a coordinarse mejor, comunicarse de manera más efectiva y generar mecanismos que distribuyan el trabajo de forma más justa. Las tensiones, los acuerdos y los desacuerdos que han surgido durante el proceso forman parte de ese aprendizaje colectivo.

Aprender a sostener lo común

Lo que está ocurriendo en Finca 5 trasciende la intervención de un espacio público. Se trata de un ejercicio de aprendizaje comunitario que pone en el centro la importancia de cuidar nuestros barrios desde la participación y la corresponsabilidad.

La experiencia deja una enseñanza clara: embellecer el barrio no consiste únicamente en pintar una pared, sino en fortalecer los vínculos que permiten sostener aquello que se construye en común.

Porque, al final, lo que está en juego no es solamente la apariencia de un espacio, sino la forma en que una comunidad decide organizarse, cuidarse y proyectar su futuro de manera compartida.

“Lo que transforma Finca 5 no es solamente lo que se pinta en la pared, sino la capacidad de seguir sumando manos para sostener aquello que juntas y juntos hemos empezado.”

Lo que viene: seguir construyendo un Finca 5 más hermosa

El proceso que se ha impulsado alrededor del vagón X7015 está lejos de concluir. Lo construido hasta ahora representa un paso importante, pero también abre nuevos horizontes y desafíos para la comunidad.

Todavía quedan labores concretas por realizar. Hay sectores que requieren ser intervenidos, detalles del mural que deben completarse y nuevos espacios que pueden ser incorporados a esta apuesta colectiva de embellecimiento y recuperación del barrio. Sin embargo, el desafío más importante no es únicamente terminar una obra física, sino fortalecer la capacidad organizativa que permitirá sostenerla en el tiempo.

También está pendiente ampliar la participación comunitaria, sumar nuevas manos, nuevas ideas y nuevos liderazgos que permitan distribuir de manera más justa el trabajo colectivo. Cuidar el barrio no puede depender siempre de un grupo reducido de personas; necesita convertirse en una práctica compartida por toda la comunidad.

El camino recorrido ha dejado una certeza: cuando las personas se encuentran, conversan, recuerdan y trabajan juntas, aparecen nuevas posibilidades para imaginar el territorio que desean habitar. Por eso, el futuro de este proceso no se limita al vagón ni al mural. El horizonte es más amplio y ambicioso: seguir construyendo un Finca 5 más bello, más organizado, más participativo y más conectado con su propia historia.

Lo que viene será tan importante como lo que ya se ha realizado. Habrá nuevas jornadas de trabajo, nuevos encuentros, nuevas conversaciones y nuevos sueños colectivos por materializar. Porque este proyecto nunca ha tratado solamente de pintar una pared; se trata de fortalecer una comunidad que ha decidido reconocerse, cuidarse y proyectarse hacia el futuro desde la colaboración y la memoria compartida.

La invitación continúa abierta: seguir sumando voluntades para que el embellecimiento del territorio se convierta, cada vez más, en una forma de construir comunidad.

Un reconocimiento al compromiso y al trabajo solidario

Los procesos comunitarios también se sostienen gracias a las personas y colectivos que ponen sus conocimientos, su tiempo y su creatividad al servicio de lo común. En este camino, es importante reconocer el aporte de Miguel Cruz Guevara, estudiante asistente del Programa Kioscos Socioambientales, quien ha acompañado el proceso con un compromiso extraordinario.

Su talento y dedicación han sido fundamentales en el desarrollo del mural, aportando en labores de escalamiento, diseño, dibujo y pintura, así como en el acompañamiento constante de las distintas etapas de la intervención.

Más allá del trabajo técnico, su participación ha representado una muestra concreta de cómo la vinculación entre la universidad y las comunidades puede traducirse en acciones de colaboración, aprendizaje mutuo y construcción colectiva de espacios más habitables y significativos.

Su disposición, paciencia y compromiso han permitido que muchas de las ideas imaginadas por la comunidad pudieran materializarse sobre la pared. Sin su acompañamiento, la realización de esta iniciativa habría sido considerablemente más difícil.

Asimismo, queremos reconocer el valioso acompañamiento del Trabajo Comunal Universitario TCU-590, cuya participación ha fortalecido este proceso de organización y embellecimiento comunitario. Su presencia refleja la importancia de una universidad comprometida con los territorios, capaz de construir vínculos de largo plazo y de poner el conocimiento, el trabajo colectivo y la solidaridad al servicio de las comunidades.

Este reconocimiento busca visibilizar un trabajo que, aunque muchas veces ocurre detrás de escena, ha sido indispensable para el avance del proyecto y para fortalecer una experiencia que apuesta por la memoria, el cuidado del territorio y la organización comunitaria.

Porque construir comunidad también implica reconocer a quienes, desde la solidaridad, la creatividad y el trabajo compartido, ayudan a hacer posible aquello que parecía difícil de alcanzar.

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El oficio de mover un país: relatos de trabajadores ferroviarios

¿Qué significa haber trabajado en el ferrocarril? ¿Qué saberes se construyen a lo largo de años de oficio? ¿Qué ocurre cuando esas memorias se encuentran con una generación que nunca vio pasar el tren?

Estas fueron algunas de las preguntas que acompañaron el encuentro realizado el pasado 17 de mayo de 2026 en Finca 5, donde extrabajadores ferroviarios compartieron sus experiencias de vida, sus recuerdos y reflexiones sobre el trabajo en el ferrocarril, en una jornada que reunió memoria, comunidad y diálogo intergeneracional.

Más allá de reconstruir una historia institucional del tren, el encuentro buscó escuchar las voces de quienes sostuvieron cotidianamente el funcionamiento de la línea férrea: maquinistas, trabajadores de mantenimiento y personas que dedicaron parte importante de sus vidas al ferrocarril. A través de sus relatos fue posible conocer las condiciones de trabajo de la época, los desafíos que enfrentaban, los conocimientos que desarrollaron en el oficio y los vínculos humanos que se construían alrededor del tren.

Los saberes que nacen del trabajo

Una de las reflexiones que atravesó la jornada fue la importancia de reconocer los saberes construidos en el trabajo.

Muchas veces se habla del ferrocarril desde la infraestructura, las locomotoras o las políticas públicas, pero menos atención reciben las personas que hicieron posible su funcionamiento. Sin embargo, detrás de cada recorrido existían conocimientos especializados, aprendizajes acumulados durante años y formas de resolver problemas que difícilmente se encuentran en manuales o documentos.

Escuchar a los exferrocarrileros permitió reconocer que el trabajo también produce conocimiento. Conocimiento sobre los territorios, sobre las comunidades, sobre las máquinas, pero también sobre la cooperación, la responsabilidad y el cuidado colectivo.

En tiempos donde suele privilegiarse el conocimiento técnico certificado o el conocimiento académico, estos relatos recuerdan que los oficios también generan formas valiosas de comprender el mundo. Los saberes ferroviarios son parte de un patrimonio vivo construido desde la experiencia, la práctica cotidiana y la relación permanente con las personas y los territorios.

Un encuentro entre memorias y generaciones

Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando los exferrocarrileros conocieron los dibujos y cuentos elaborados por los niños y niñas de la Escuela de Finca 5 como parte del proceso Memorias en Movimiento.

La escena tuvo una fuerza especial. De un lado, personas que dedicaron años de su vida al ferrocarril. Del otro, una generación que nunca vio pasar el tren, pero que sigue encontrando en el puente ferroviario y el vagón espacios para imaginar historias, jugar y construir vínculos con su comunidad.

Los dibujos permitieron abrir una conversación sobre cómo las memorias continúan viajando entre generaciones. Aunque los trenes dejaron de pasar hace años, las historias, los recuerdos y los significados asociados a estos espacios siguen presentes en la vida comunitaria.

Para muchos de los exferrocarrileros fue emocionante descubrir cómo su trabajo y legado continúan vivos en la imaginación de la niñez. A su vez, los niños y niñas nos recuerdan que la memoria no es únicamente conservación del pasado, sino también creatividad, imaginación y futuro.

El territorio que habitan estas niñas y niños también está atravesado por las memorias de sus familias, de sus vecinos y de las generaciones que crecieron junto al ferrocarril. El puente, el vagón y los espacios que hoy forman parte de su vida cotidiana son también escenarios de historias familiares, de arraigos comunitarios y de experiencias que continúan circulando en conversaciones, recuerdos y relatos compartidos.

De esta manera, el territorio se convierte en un disparador de la imaginación. Las niñas y los niños construyen sus propias interpretaciones sobre el tren, el puente y la comunidad a partir de los lugares que recorren, las historias que escuchan y los vínculos que tejen cotidianamente. Aunque no hayan vivido directamente el tiempo del ferrocarril, habitan espacios cargados de memoria que siguen alimentando nuevas formas de pertenencia e identidad comunitaria.

Escuchar para construir futuro

El encuentro también permitió conversar sobre los desafíos actuales de Finca 5 y sobre la importancia de generar espacios donde las distintas generaciones puedan encontrarse y dialogar.

Escuchar a las personas mayores no es solamente un ejercicio de nostalgia. Es una oportunidad para recuperar experiencias, aprendizajes y formas de comprender el territorio que pueden contribuir a enfrentar los retos del presente.

Las historias compartidas durante la jornada mostraron que la memoria no es un ejercicio pasivo. Recordar implica seleccionar aquello que consideramos valioso, reconocer trayectorias de esfuerzo colectivo y construir puentes entre experiencias distintas.

En tiempos donde muchas historias locales corren el riesgo de desaparecer, estos espacios permiten reconocer que la memoria es una herramienta para fortalecer la identidad comunitaria, valorar los saberes populares y construir nuevas formas de participación.

La fuerza que tiene recordar

El proceso vivido en Finca 5 nos recuerda que las memorias no permanecen inmóviles. Se transforman, se comparten y siguen produciendo sentidos para quienes habitan los territorios.

Recordar el ferrocarril no significa únicamente hablar del pasado. Significa reconocer el trabajo de quienes ayudaron a construir comunidades, valorar los conocimientos que dejaron y abrir espacios para que nuevas generaciones puedan encontrarse con esas historias.

También significa reconocer que la memoria puede convertirse en una herramienta para fortalecer los vínculos comunitarios, recuperar el sentido de pertenencia y abrir conversaciones sobre los futuros que queremos construir colectivamente.

En Finca 5, las voces de los exferrocarrileros, las preguntas de la comunidad y la creatividad de la niñez mostraron que el pasado no está desconectado del presente. Por el contrario, sigue ofreciendo aprendizajes, preguntas y posibilidades para quienes continúan habitando estos territorios.

Porque hay trenes que dejan de pasar.

Pero también hay memorias que continúan recorriendo los rieles del tiempo.

Compartimos a continuación el video de este encuentro, como un reconocimiento a las personas que hicieron del ferrocarril una forma de vida y a las comunidades que siguen encontrando en estas memorias una fuente de aprendizaje, identidad y esperanza.

Agradecemos profundamente a la Asociación de Ferrocarrileros de Costa Rica, a la Asociación Amantes del Tren Costa Rica y al Comité de Seguridad Comunitaria de Finca 5 por hacer posible este encuentro de memorias, saberes y comunidad.

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Hay trenes que no dejan de pasar: memorias y comunidad en Finca 5

Durante el fin de semana del 16 y 17 de mayo, Finca 5 vivió un proceso profundamente significativo de encuentro comunitario, memoria ferroviaria y construcción colectiva de futuros posibles alrededor del puente ferroviario, el vagón y los espacios públicos de la comunidad.

Las actividades realizadas permitieron abrir conversaciones sobre el presente de Finca 5, sus desafíos organizativos, sus posibilidades y los vínculos comunitarios que todavía sostienen la vida colectiva del territorio. Más que una jornada aislada, el encuentro se convirtió en un espacio para reconocerse, compartir preocupaciones, recuperar memorias y volver a imaginar colectivamente aquello que la comunidad todavía puede llegar a construir.

Pensar Finca 5 desde sus posibilidades

Uno de los principales ejes de trabajo del sábado fue preguntarnos colectivamente qué puede llegar a ser Finca 5 y cuáles sueños siguen abiertos para la comunidad. Las personas participantes identificaron múltiples potencialidades: fortalecer el desarrollo comunal, apoyar emprendimientos locales, promover cooperativas, generar turismo comunitario vinculado a la historia ferroviaria, crear espacios como un café-museo y seguir impulsando actividades recreativas, culturales y familiares.

Las conversaciones también permitieron reconocer el enorme valor simbólico y comunitario que tienen el puente ferroviario y el vagón como espacios capaces de articular memoria, organización y posibilidades económicas para la comunidad. Más allá de cada propuesta concreta, apareció una idea común: existe un deseo real de seguir construyendo comunidad y transformar espacios que durante mucho tiempo fueron vistos únicamente como infraestructura abandonada.

El puente y el vagón comienzan así a resignificarse no solo como huellas del pasado ferroviario, sino también como lugares vivos desde donde la comunidad puede encontrarse, dialogar y construir nuevas formas de apropiación colectiva del territorio.

Organización comunitaria: reconocer lo que ya existe

Las reflexiones compartidas también permitieron reconocer que en Finca 5 ya existe una base organizativa y afectiva sobre la cual continuar construyendo. Muchas veces los procesos comunitarios se piensan únicamente desde las carencias o dificultades, invisibilizando capacidades organizativas que siguen activas en el territorio.

Sin embargo, el propio proceso desarrollado durante el fin de semana mostró la existencia de una trama comunitaria viva, sostenida por personas, organizaciones y espacios que continúan apostando por el encuentro colectivo.

Fortalezas organizativas identificadas

  • -Personas que continúan convocando y sosteniendo procesos comunitarios.
  • -Participación activa de organizaciones locales.
  • -Presencia y articulación de la Escuela de Finca 5.
  • -Disposición comunitaria para dialogar y construir colectivamente.
  • -Voluntariado que sigue impulsando actividades.
  • -Recuperación y cuidado de espacios públicos.
  • -Interés por fortalecer emprendimientos comunitarios.
  • -Existencia de memorias compartidas que todavía generan sentido de pertenencia.
  • -Capacidad de articular generaciones distintas alrededor de la memoria ferroviaria.
  • -Potencial del puente y el vagón como espacios de encuentro comunitario.

Frases compartidas durante la jornada como “Yo quiero a mi Finca 5” o “Esta es una de las mejores plazas de aquí” reflejan un fuerte sentido de pertenencia que persiste incluso en medio de las dificultades y muestran que el vínculo afectivo con la comunidad continúa siendo una fuerza importante para sostener los procesos organizativos.

Los desafíos que atraviesan la organización comunitaria

Al mismo tiempo, las conversaciones también permitieron hablar honestamente sobre tensiones y dificultades que afectan la participación y el sostenimiento de los procesos colectivos.

Nombrar estos desafíos colectivamente resultó importante porque permitió reconocer cansancios, frustraciones y preocupaciones compartidas que muchas veces permanecen dispersas o invisibilizadas.

Desafíos identificados

  • -Poca participación comunitaria.
  • -Desgaste organizativo y sobrecarga de pocas personas.
  • -Disminución del voluntariado.
  • -Falta de oportunidades laborales.
  • -Necesidad de generar sostenibilidad económica.
  • -Falta de recursos para las organizaciones comunitarias.
  • -Sensación de indiferencia y conformismo.
  • -Desprestigio o desconfianza hacia procesos organizativos.
  • -Necesidad de fortalecer la comunicación comunitaria.
  • -Dificultades para construir confianza colectiva.

Frases como “Uno se agueva” o “Dan ganas de salir corriendo” expresaron emocionalmente parte del desgaste que enfrentan muchas personas que sostienen trabajo comunitario.

Sin embargo, las conversaciones también dejaron claro que la transformación de Finca 5 no depende únicamente de infraestructura o proyectos externos. También requiere fortalecer vínculos comunitarios, ampliar la participación, valorar los aportes existentes y construir mecanismos colectivos que permitan sostener los procesos en el tiempo.

El puente y el vagón como espacios vivos

Uno de los aprendizajes más importantes del encuentro es que el puente ferroviario y el vagón ya vienen funcionando como espacios vivos para la comunidad. Los talleres, recorridos, intercambios y actividades realizadas muestran que estos lugares continúan convocando encuentros, memorias y nuevas formas de participación colectiva.

Embellecer espacios, organizar actividades culturales, activar el vagón o recuperar el puente no son únicamente acciones estéticas o patrimoniales. También representan formas de fortalecer vínculos comunitarios y reconstruir sentidos de pertenencia alrededor del espacio público.

Más que ruinas del pasado, el puente y el vagón siguen siendo puntos desde donde Finca 5 conversa consigo misma, recuerda colectivamente e imagina posibilidades hacia adelante.

El encuentro con los exferrocarrileros

El domingo 17 de mayo se realizó además un encuentro con Ferrocarrileros de Costa Rica y la Amantes del tren Costa Rica con Javier Poveda y Roy Fonseca, generando un intercambio profundamente significativo entre memorias ferroviarias, comunidad y nuevas generaciones.

Escuchar a exmaquinistas y trabajadores ferroviarios hablar sobre el cuidado de la línea, el mantenimiento de los trenes y la vida cotidiana alrededor del ferrocarril permitió devolver humanidad a una historia que muchas veces se cuenta únicamente desde la nostalgia o la infraestructura.

La visita permitió reconocer que el patrimonio ferroviario no pertenece únicamente al pasado nacional, sino también a las memorias vivas de quienes trabajaron, cuidaron y construyeron esas rutas.

También permitió recordar algo fundamental: los puentes no solo conectaban trenes. Conectaban comunidades, encuentros y formas de vida compartida.

La perspectiva de la niñez: imaginar el tren sin haberlo visto

Uno de los momentos más conmovedores ocurrió cuando los exferrocarrileros conocieron los dibujos y cuentos realizados por los niños y niñas de la Escuela de Finca 5. Allí se produjo un encuentro entre generaciones que nunca coincidieron en el tiempo ferroviario, pero que continúan conectadas por la memoria del lugar.

Aunque gran parte de esta niñez nunca vio pasar el tren, el puente y el vagón siguen presentes en sus juegos, historias e imaginarios. Esto demuestra que la memoria no solo se transmite por experiencia directa, sino también a través de relatos comunitarios, espacios compartidos y vínculos afectivos con el territorio.

Los dibujos de la niñez permitieron además que los exferrocarrileros reconocieran cómo su trabajo y legado siguen vivos en la imaginación de nuevas generaciones.

Al mismo tiempo, mostraron cómo las nuevas generaciones se acercan al puente y al vagón desde otros lenguajes: el juego, el arte, la creatividad y la convivencia comunitaria.

Memoria y futuro: cuando recordar también ayuda a imaginar

El proceso vivido en Finca 5 también deja una reflexión importante: las memorias no solo sirven para mirar el pasado, sino también para imaginar futuros posibles.

Recordar el tren, el puente o las historias ferroviarias no significa querer regresar exactamente a otro tiempo. Más bien permite recuperar valores que siguen siendo importantes hoy: el encuentro entre comunidades, el sentido de pertenencia, la vida colectiva y la construcción compartida de territorio.

En ese sentido, las memorias funcionan como puentes entre generaciones. Los relatos de exferrocarrileros dialogan con los dibujos de la niñez; las historias del pasado se encuentran con los sueños comunitarios del presente.

La memoria aparece entonces no únicamente como recuerdo, sino también como una herramienta para fortalecer identidad comunitaria, organización colectiva y esperanza territorial.

Lo que sigue

Este proceso continúa avanzando como un tren comunitario construido entre muchas manos. Cada conversación, dibujo, recuerdo, propuesta y encuentro ayuda a mover nuevamente la memoria de Finca 5, pero también a abrir preguntas sobre el futuro que la comunidad quiere construir.

Como parte de este proceso, próximamente se realizará la pintada comunitaria de Finca 5, una intervención colectiva del vagón, la plaza y los espacios alrededor del puente ferroviario. Más que un ejercicio de embellecimiento, será una forma de seguir fortaleciendo vínculos, dejar huellas colectivas y traducir en colores muchas de las conversaciones, memorias y sueños compartidos durante estos encuentros.

Porque cuando una comunidad pinta junta, también imagina junta los paisajes que quiere construir hacia adelante.

Agradecemos profundamente a la Asociación de Desarrollo de Finca 5, el Comité de Seguridad Comunitaria de Finca 5, la Escuela de Finca 5, Amantes del tren Costa Rica y la Ferrocarrileros de Costa Rica por hacer posible este encuentro y seguir ayudando a que la memoria ferroviaria continúe recorriendo los rieles de la comunidad.

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Nota aclaratoria

Como parte de este proceso comunitario, los dibujos y cuentos realizados por los niños y niñas de la Escuela de Finca 5 no quedarán únicamente como un momento aislado del encuentro. Actualmente nos encontramos trabajando en la construcción de un producto colectivo que permitirá compartir y visibilizar el trabajo, la creatividad y las miradas de esta niñez sobre el puente ferroviario, el vagón y la memoria de la comunidad.

La idea es que este material pueda convertirse también en una forma de resguardar las memorias, los imaginarios y las formas en que las nuevas generaciones siguen vinculándose con estos espacios, incluso sin haber visto pasar el tren.

Próximamente estaremos compartiendo más noticias sobre este proceso y las distintas maneras en que estas historias, dibujos y recuerdos continuarán recorriendo los rieles de Finca 5.

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Conversar, recordar y pintar: memorias que vuelven a reunir a Finca 5

Compartimos este video como parte del proceso “Memorias en movimiento en Finca 5”, una experiencia comunitaria donde conversar, recordar, dibujar, pintar y compartir fotografías se ha convertido también en una forma de volver a encontrarse como comunidad.

Te invitamos a verlo y acompañar este proceso construido desde las voces, recuerdos y experiencias de la propia comunidad.

A veces la memoria comienza de formas muy simples.

Alguien llega con una fotografía guardada hace años. Otra persona empieza a recordar una anécdota mientras mira el puente.
Alguien toma un lápiz y dibuja algo que todavía permanece en su memoria. Otra persona habla de cómo cruzaba el puente en bicicleta, de las fondas o de las ventas de comida cuando el tren todavía pasaba por la comunidad.

Y poco a poco, casi sin darse cuenta, las personas empiezan a conversar.

Eso es lo que ha venido ocurriendo en el proceso “Memorias en movimiento en Finca 5”, una experiencia comunitaria donde el recuerdo no se trabaja únicamente desde la historia formal, sino desde el encuentro cotidiano entre personas que comparten memorias, emociones y experiencias sobre su territorio.

Pero conforme avanzaron los encuentros, algo comenzó a hacerse evidente: el centro del proceso no era solamente el puente, el tren o el vagón. El centro eran las personas volviendo a encontrarse.

La memoria como encuentro

Los talleres realizados en Finca 5 han estado llenos de acciones sencillas, pero profundamente significativas:

  • -buscar fotografías antiguas,
  • -ordenar recuerdos,
  • -dibujar, pintar,
  • -conversar, compartir historias,
  • -escuchar anécdotas,
  • -y reconstruir colectivamente escenas de la vida cotidiana.

En medio de todo eso, comenzó a fortalecerse algo que muchas personas participantes mencionan constantemente: el disfrute de volver a reunirse. Las historias fueron apareciendo entre risas, recuerdos cruzados y conversaciones espontáneas. Una fotografía abría una memoria. Un comentario hacía aparecer otra historia. Una anécdota despertaba nuevos recuerdos en quienes estaban alrededor.

La memoria empezó entonces a construirse colectivamente, no como algo fijo o terminado, sino como una conversación viva que sigue creciendo entre quienes participan.

Recordar también es imaginar y transformar

Uno de los aspectos más ricos del proceso ha sido descubrir que recordar no significa quedarse atrapados en el pasado.

Las actividades realizadas en Finca 5 han permitido que las personas imaginen, creen y transformen colectivamente nuevas maneras de mirar la comunidad.

El dibujo, la pintura y las intervenciones creativas han aparecido como formas de expresar aquello que a veces cuesta explicar solamente con palabras. A través de colores, trazos, fotografías y recuerdos compartidos, las personas han comenzado a pensar cómo representar la historia de Finca 5 desde sus propias experiencias.

Poco a poco, la memoria dejó de ser únicamente una mirada hacia atrás y comenzó a convertirse también en una posibilidad de transformación comunitaria.

Porque cuando las personas se reúnen a recordar, también empiezan a preguntarse:

  • -cómo quieren ver su comunidad,
  • -qué espacios desean cuidar,
  • -qué historias quieren mantener vivas,
  • -y qué futuro desean construir colectivamente.
El puente como punto de encuentro

Aunque gran parte del proceso gira alrededor del puente ferroviario y el antiguo vagón, las conversaciones han permitido descubrir que lo más importante no son únicamente las estructuras físicas.

Lo central son las relaciones humanas que se construyeron alrededor de ellas. El puente aparece constantemente en los relatos porque allí se cruzaban historias de vida:

  • -ventas de comida,
  • -caminatas,
  • -encuentros familiares,
  • -juegos,
  • -conversaciones,
  • -recorridos cotidianos,
  • -y formas de compartir la vida comunitaria.

Por eso, el puente terminó funcionando también como una excusa para volver a encontrarse entre vecinos y vecinas. No solamente para recordar cómo era Finca 5, sino para pensar juntos cómo quieren seguir habitándolo hoy.

La conversación cotidiana también produce comunidad

En muchos momentos del proceso apareció una idea que las personas repetían constantemente: lo bonito de reunirse a hablar.

Y aunque parezca algo sencillo, esas conversaciones tienen una enorme importancia comunitaria.

Porque en ellas circulan recuerdos, conocimientos, experiencias y maneras de comprender el territorio que muchas veces no aparecen en documentos ni en relatos oficiales. La conversación permite conectar generaciones, fortalecer vínculos y construir espacios donde las personas vuelven a reconocerse mutuamente.

Las historias sobre el tren, las fondas o las caminatas terminan siendo también historias sobre la comunidad misma: sobre cómo se relaciona, cómo comparte, cómo recuerda y cómo imagina nuevas posibilidades.

Una comunidad que vuelve a mirarse

El proceso “Memorias en movimiento en Finca 5” sigue avanzando desde ese espíritu: encontrarse, compartir y construir colectivamente.

Las personas participantes hablan de la importancia de activar los espacios comunes, embellecer la comunidad y seguir generando actividades que permitan fortalecer el vínculo entre vecinos y vecinas.

Pero quizás uno de los aprendizajes más importantes del proceso ha sido demostrar que la memoria no tiene que ser algo distante o solemne.

También puede ser una conversación compartida. Puede ser un dibujo. Puede ser una fotografía pasando de mano en mano. Puede ser pintura, color y creatividad. Puede ser una anécdota contada entre risas.

Porque a veces una comunidad empieza a transformarse simplemente cuando vuelve a sentarse junta a conversar, recordar y crear colectivamente.

Y en Finca 5, esa conversación sigue moviéndose.

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Finca 5: un pueblo que recuerda, resiste y sueña

En Finca 5, en Sarapiquí, la memoria no es algo que se guarda: es algo que se conversa. Se cuenta entre risas, en confianza, en eso que llaman “chisme”, pero que en realidad es una forma profunda de reconstruir historia y tejer comunidad.

Esta conversación que acompaña esta publicación nos acerca a esas voces de Paul Cruz, Denia Fernández y Virginia Cabalceta. Voces que no solo recuerdan el paso del tren o la importancia del puente ferroviario —ese que marcó una época—, sino que también hablan con claridad sobre el presente: sobre lo que duele, lo que falta y lo que aún se sueña.

Porque Finca 5 no es un recuerdo congelado.

Hoy, quienes viven ahí nombran un problema que atraviesa la vida cotidiana: el abandono. Carreteras en mal estado, ausencia de transporte público, dificultades para movilizarse o sacar productos. En una tierra fértil, donde “se siembra de todo”, como dicen sus habitantes, resulta contradictorio que muchas cosechas se pierdan por no tener cómo llevarlas al mercado.

La falta de trabajo es otra de las preocupaciones que más pesa. Sobre todo para las personas jóvenes. Sin oportunidades en la comunidad, muchas se ven obligadas a irse: a San José, a otras zonas, lejos de sus familias. No es solo una cuestión económica, es una fractura en la vida comunitaria.

Y sin embargo, lo que emerge de estas voces no es resignación.

Hay propuestas. Hay ideas. Hay ganas.

Se habla de crear espacios productivos locales, de impulsar un parque industrial, de aprovechar lo que ya existe: banano, plátano, pejibaye, cítricos, palmito. Se piensa en generar empleo sin tener que abandonar el territorio. Se imagina un futuro donde la juventud pueda quedarse, trabajar y vivir dignamente en su propio pueblo.

También aparece con fuerza la organización comunitaria. La Asociación de Desarrollo, los vecinos y vecinas, el deseo de trabajar en conjunto. Hay claridad en algo: el cambio no vendrá solo, pero tampoco puede hacerse sin apoyo. Se necesita que el Estado mire hacia estos territorios que, por mucho tiempo, han quedado al margen.

Pero Finca 5 no es solo denuncia. Es también un lugar que se quiere.

Con quienes conversamos describen un espacio lleno de vida: un clima generoso, una tierra agradecida, atardeceres que se disfrutan desde el puente, encuentros que se hacen alrededor de la comida, del río, de la conversación.

Y por eso, la invitación final no es menor. Es una invitación a llegar. A conocer. A compartir.

A no mirar Finca 5 solo como un lugar con problemas, sino como una comunidad que se organiza y que sigue creyendo en la posibilidad de estar mejor.

Escuchar este audio es acercarse a esa realidad.

Pero también es una oportunidad para preguntarnos: ¿qué hace falta para que territorios como este puedan vivir con dignidad?

Claves para escuchar Finca 5

Para acompañar el audio, compartimos algunas ideas que atraviesan las voces de la comunidad y que pueden servir como guía para su escucha:

  • Memoria viva del territorio: Finca 5 se reconoce desde su historia, especialmente vinculada al puente ferroviario, pero sin quedarse atrapada en el pasado.
  • El “chisme” como tejido comunitario: la conversación cotidiana aparece como una herramienta para generar confianza, reconstruir memoria y fortalecer vínculos.
  • Amor y pertenencia: hay un vínculo afectivo profundo con el territorio, que se expresa en el deseo de verlo “bien” y digno.
  • Abandono institucional: carreteras en mal estado, falta de transporte público y escasa presencia estatal marcan la vida cotidiana.
  • Potencial productivo desaprovechado: pese a la riqueza agrícola (banano, plátano, pejibaye, palmito), existen dificultades para comercializar.
  • Falta de empleo local: especialmente crítica para jóvenes, quienes enfrentan pocas oportunidades en la comunidad.
  • Migración: muchas personas deben irse a otras regiones para trabajar, lo que fragmenta la vida familiar y comunitaria.
  • Propuestas desde el territorio: surgen ideas como crear un parque industrial o impulsar iniciativas productivas locales.
  • Organización comunitaria activa: la Asociación de Desarrollo y el trabajo de vecinos y vecinas aparecen como pilares para el cambio.
  • Necesidad de apoyo externo: se reconoce que sin inversión pública y acompañamiento estatal, los esfuerzos locales son limitados.
  • Un territorio que también es vida: más allá de los problemas, Finca 5 es descrita como un lugar bello, diverso y acogedor.
  • Invitación abierta: la comunidad extiende una invitación a visitar, conocer y compartir, como forma de reconocer su riqueza.

Estas claves no sustituyen el audio: lo abren.

Escuchar a Finca 5 es también dejarse interpelar por esa búsqueda de la vida digna.

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Lo que el tren no cuenta: el puente que la comunidad hizo suyo – Finca 5. Río Frío, Sarapiquí.

En Finca 5, el puente ferroviario dejó de ser solo una estructura para el paso del tren. Con el tiempo —y tras décadas sin uso ferroviario— se convirtió en otra cosa: un camino, un lugar de encuentro, un espacio vivido.

Este video recoge voces de la comunidad que reconstruyen la memoria del puente más allá de su función original. Aquí, el puente no se entiende desde los rieles, sino desde los pasos: de quienes lo cruzaron a pie, de quienes vendían alimentos en canastos, de quienes encontraron en él una forma de acercarse a la otra orilla y también a otras personas.

Las historias que emergen hablan de trabajo, de fondas que alimentaron a quienes construyeron la obra, de una economía cotidiana que se movía entre ida y vuelta, pero también de afectos, de juegos, de recorridos compartidos y de una vida comunitaria tejida en el tránsito diario.

Este ejercicio de memoria colectiva nos recuerda que la historia no está solo en las grandes infraestructuras, sino en las experiencias que las personas construyen alrededor de ellas. Porque cuando el tren dejó de pasar, la comunidad siguió cruzando… y el puente encontró nuevos sentidos.

Lo que el tren no cuenta es justamente eso: la historia que vive en la gente, la memoria que no siempre queda registrada, pero que sigue sosteniendo la vida en común.

La memoria que revela lo que no siempre se ve

Volver sobre la historia del puente desde la memoria local permite descubrir algo que no aparece a primera vista: que los territorios no se explican únicamente por sus infraestructuras ni por las funciones para las que fueron diseñados. El puente, pensado para el paso del tren, terminó siendo habitado, recorrido y resignificado por la comunidad hasta convertirse en un espacio de encuentro, trabajo y vida cotidiana.

Este proceso de reconstrucción colectiva hace visible lo que muchas veces queda fuera de los relatos oficiales: las relaciones, los afectos, las economías pequeñas, los esfuerzos compartidos y las formas concretas en que las personas sostienen la vida. Mirar el puente desde estas experiencias no solo amplía su significado, sino que cuestiona la idea de que el desarrollo se mide únicamente en términos de grandes obras o conectividad técnica.

La memoria local, en ese sentido, no es solo un ejercicio de recuerdo, sino una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro desde otros lugares. Permite reconocer que, incluso cuando una infraestructura deja de cumplir su función original, puede seguir siendo central en la vida de una comunidad, precisamente por los vínculos que allí se han tejido.

Poner en valor estas memorias es también afirmar el derecho de las comunidades a nombrar su historia desde su propia experiencia. Porque, como muestra el caso del puente en Finca 5, hay sentidos que no están en los planos ni en los rieles, sino en los pasos de quienes lo han hecho suyo día a día.

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El puente también recuerda: memoria y cuidado comunitario en Finca 5

En Finca 5, Sarapiquí, un antiguo puente ferroviario sigue siendo mucho más que una estructura abandonada. Aunque el tren dejó de pasar hace años, el lugar continúa lleno de vida: es punto de encuentro, espacio de recreación y escenario de historias que siguen habitando la memoria de la comunidad.

A través de una serie de entrevistas, este trabajo recoge las voces de quienes han vivido y construido este territorio. Sus relatos nos hablan del paso del tren, de lo que significó en la vida cotidiana, pero también de cómo ese espacio ha sido reapropiado con el tiempo, transformándose en un lugar para compartir, encontrarse y cuidar lo común.

El puente no es solo un vestigio del pasado. Es un símbolo de continuidad: entre generaciones, entre formas de habitar el territorio, entre memoria y presente. En sus rieles, en su estructura, pero sobre todo en las experiencias de las personas, se tejen vínculos que sostienen la vida comunitaria.

Hoy, ese espacio nos recuerda que el cuidado no es una idea abstracta, sino una práctica concreta: en cómo se usa el lugar, en cómo se respeta, en cómo se convierte en un punto donde la comunidad se reconoce y se encuentra.

Recuperar la memoria no es solo mirar hacia atrás. Es también afirmar lo que somos y proyectar lo que queremos seguir siendo como comunidad.

Algunas claves para mirar este proceso:

▪️ El puente como espacio de memoria viva
▪️ El tren y su huella en la vida comunitaria
▪️ La resignificación del territorio desde el encuentro
▪️ El cuidado como práctica colectiva
▪️ La memoria como base para fortalecer lo común

Descargá aquí el boletín del proceso

Este primer boletín recoge los principales momentos del encuentro comunitario realizado el 21 de marzo en Finca 5, donde se inició un proceso colectivo de recuperación de la memoria local en torno al puente ferroviario y el antiguo vagón.

A través de relatos, reflexiones y propuestas, el documento muestra cómo la memoria sigue viva en las personas y en el territorio, y cómo puede convertirse en una herramienta para fortalecer la identidad, el encuentro comunitario y el cuidado de los espacios comunes.