¡La madre tierra!

Los pueblos originarios le rinden tributo a la tierra, porque es parte integral, vital. La misma esencia de todo lo creado. Es vida y “vida en abundancia”.

Los pueblos originarios (nacionalidades) no idolatran la naturaleza, la tierra.

Le rinden reverencia, respeto, como expresión de cariño, de adoración a su creador.

Los pueblos originarios “explotan” la tierra y los demás seres vivos de la creación, con conciencia de hijos del eterno creador. Eterno (Ainu).

Para la caza y la pesca se pide permiso.

Para la agricultura se explota, protegiendo las cuencas, las nacientes, las plantas medicinales y para otros usos.

Los materiales para las casas provienen de los bosques; las raíces, frutas, hojas, bejucos, cáscaras medicinales se extraen de los bosques. Existe una correlación entre naturaleza y hombre o persona humana.

Los mismos clanes, o núcleos familiares, manifiestan esa coexistencia. Ejemplo: diuwák (dueño o parte del río o agua).

Los pueblos originarios fueron escogidos, “ungidos”, como custodios, guardianes de la madre tierra.

Esa correlación no debe interrumpirse; eso será el fin del mundo. El mismo hombre será el autor de su desaparición.

Los sistemas de “conservación” implementados deberían responder a una conciencia integral, un sistema que explore las necesidades, aspiraciones y visiones colectivas, y no solamente a una visión reducida, elitista, estatal, corporativa y capitalista.

Esa visión convierte las vastas áreas y riquísimos recursos forestales y bosques en “enclaves” de grandes corporaciones farmacéuticas, de imperios extractivos, empresas hidroeléctricas.

Por esa razón, se desarrolla sin el “consentimiento previo, libre e informado”, suscitando cismas en la familia, territorios y pueblos entre pueblos.

Los pueblos son esperanzas, aspiraciones, son pasados, presentes y futuros.

En nuestra identidad, espiritualidad, son niños, ancianos, mujeres; no se reducen a organizaciones con propósitos encomiables, pero limitados, sobre todo a instancias que responden a intereses particulares o estatales. Ambiciones mezquinas.

Colectivo Antonio Saldaña

Septiembre, 2026.

¿Quién fue Antonio Saldaña?

Antonio Saldaña fue el último rey del pueblo indígena de Talamanca, una figura de liderazgo comparable a un guía o autoridad ancestral en su comunidad. Su papel fue crucial en la defensa de la cultura, las tierras y los derechos de su pueblo frente a la expansión de intereses externos, especialmente de compañías bananeras.
 
Según la historia, Saldaña fue asesinado en 1910 en circunstancias no completamente esclarecidas. Se dice que fue envenenado durante una actividad social, en un acto de traición impulsado por quienes veían en su resistencia una amenaza a sus intereses económicos.
 
Su muerte representó un duro golpe para la lucha indígena, pero su legado sigue vivo como símbolo de resistencia y dignidad para los pueblos originarios de la región.

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