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La luz que incomoda: memoria, verdad y resistencia en defensa de la casa común – Cuaderno de estudio

¿Qué estructuras permiten que la violencia contra las personas defensoras se repita? ¿Qué podemos aprender de quienes dedicaron su vida a defender la dignidad y la justicia?

El este nuevo cuaderno de estudio «La luz que incomoda. Memoria, verdad y resistencia: de Monseñor Romero a las personas defensoras de la casa común», nos propone explorar estas preguntas a partir de los apuntes de Ignacio Ellacuría sobre el asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, escritos entre 1980 y 1987.

La publicación invita a ir más allá de los hechos individuales para comprender las relaciones de poder, los intereses económicos y políticos, la estigmatización y los mecanismos de impunidad que rodean la violencia contra quienes defienden la vida y los derechos humanos.

Ellacuría: comprender la maquinaria de la violencia

Uno de los principales aportes de Ignacio Ellacuría es su esfuerzo por comprender el asesinato de Monseñor Romero más allá de la identificación de sus responsables materiales. Su análisis busca reconocer el esquema de poder que hizo posible el crimen: las relaciones entre intereses económicos y fuerza armada, la protección de los responsables, los discursos que deslegitiman a quienes denuncian las injusticias y el uso del miedo para debilitar la organización popular.

Esta perspectiva permite formular una pregunta fundamental: ¿qué condiciones hacen posible que la violencia se repita? En lugar de limitarse a los hechos individuales, el cuaderno propone examinar las estructuras que los sostienen y los intereses que se benefician de ellas.

La memoria como herramienta para transformar el presente

Para Ellacuría, recordar no consiste únicamente en rendir homenaje a las víctimas. La memoria permite reconstruir lo sucedido, reconocer las responsabilidades y comprender qué debe cambiar para evitar que la violencia continúe. Por eso, el cuaderno recupera su insistencia en identificar y transformar las fuentes que hacen posible la muerte, en vez de conformarse con señalar a los responsables de cada crimen.

Este aporte también invita a pensar la defensa de los derechos humanos y los bienes comunes desde una perspectiva colectiva. Comprender la violencia exige reconocer sus patrones, cuestionar los discursos que la justifican y fortalecer las redes de solidaridad que permiten enfrentar el miedo y sostener las luchas comunitarias.

De Monseñor Romero a las personas defensoras de hoy

Recuperar a Monseñor Romero y a Ignacio Ellacuría significa también preguntarnos por las luchas actuales. ¿Qué tienen en común sus compromisos con los de quienes hoy defienden ríos, bosques, territorios indígenas y derechos colectivos?

El cuaderno recupera las historias de personas defensoras de Mesoamérica, sus luchas y las comunidades que acompañaron. Sus experiencias permiten reconocer que la violencia no afecta únicamente a quienes reciben amenazas o son asesinados: también busca debilitar la organización comunitaria y las posibilidades de defender los bienes comunes.

La memoria, desde esta perspectiva, no es solamente un homenaje al pasado. Es una herramienta para comprender el presente, exigir justicia y fortalecer la solidaridad.

Defender el ambiente en un contexto de violencia y despojo

Defender un río, un bosque o un territorio es también defender las formas de vida de las comunidades que dependen de ellos. Sin embargo, quienes asumen esta tarea enfrentan amenazas, campañas de desprestigio, criminalización y, en los casos más extremos, asesinatos.

El contexto regional sigue siendo preocupante. Según el informe de Global Witness publicado en 2026, al menos 124 personas defensoras de la tierra y el ambiente fueron asesinadas en el mundo durante 2025. La mayoría de los casos documentados ocurrió en América Latina.

Estas cifras permiten dimensionar un problema que no puede comprenderse como una suma de hechos aislados. Los conflictos por la tierra y los recursos, los intereses económicos, la estigmatización y la falta de protección contribuyen a configurar escenarios de riesgo para quienes defienden sus territorios y derechos.

En este contexto, la lectura de Ellacuría adquiere una relevancia particular: nos invita a preguntar no solo quién ejerce la violencia, sino también qué relaciones de poder la hacen posible, qué intereses protege y qué condiciones permiten que permanezca impune. Recuperar las historias de las personas defensoras es una forma de reconocer sus luchas y de abrir preguntas sobre las responsabilidades colectivas e institucionales frente a las agresiones.

La defensa de los bienes comunes requiere también fortalecer las redes de solidaridad, la memoria y las formas de protección colectiva. Porque garantizar el derecho a defender la vida es parte de las condiciones necesarias para construir comunidades más justas y democráticas.

¿Qué aporta este cuaderno?
  • Lectura crítica del poder: herramientas para analizar los intereses, las relaciones y los mecanismos que permiten la reproducción de la violencia.

  • Memoria viva: historias de personas defensoras de Mesoamérica que hicieron de la defensa de la vida una práctica colectiva.

  • Defensa de los bienes comunes: vínculos entre los derechos humanos, la protección de los territorios y las condiciones que sostienen la vida.

  • Herramientas para el estudio colectivo: preguntas, fragmentos de Ellacuría y ejercicios para relacionar sus reflexiones con las realidades actuales.

  • De la reflexión a la acción: propuestas para fortalecer la solidaridad, visibilizar las agresiones y construir compromisos personales y colectivos.

Crédito imagen: Coordinadora de Lucha Sur Sur-CLSS
Te invitamos a leerlo y compartirlo

La luz que incomoda forma parte de la serie Cuadernos de Estudio del Observatorio de Bienes Comunes. Está dirigido a personas, organizaciones, comunidades y espacios educativos interesados en reflexionar sobre las violencias que enfrentan quienes defienden los derechos humanos y los bienes comunes.

Te invitamos a descargar el cuaderno, explorar sus preguntas y utilizar sus herramientas en espacios de formación y conversación colectiva.

Porque mantener viva la memoria también significa preguntarnos cómo acompañamos a quienes hoy siguen defendiendo la vida y la casa común.