Tejer redes desde el territorio
La visita a Finca 5 forma parte del esfuerzo de articulación territorial que impulsa el Observatorio de Bienes Comunes junto con la Caja de Herramientas, apostando por procesos donde el conocimiento se construye desde las comunidades y no únicamente desde la academia.
El proceso apenas inicia, pero la jornada dejó algo claro: la memoria sigue viva en Finca 5 y existe un profundo interés comunitario por recuperarla, compartirla y proyectarla hacia el futuro.
Recuperar la memoria también es recuperar lo político
Lo que ocurrió el 21 de marzo en Finca 5 no fue únicamente una reunión para recordar el pasado. Fue, sobre todo, un primer paso para convertir la memoria en una práctica colectiva con sentido político en el presente.
La memoria no se limita a conmemorar hechos pasados. También puede convertirse en un espacio desde donde las comunidades vuelven a encontrarse, reconstruyen vínculos y vuelven a intervenir en la vida pública. Cuando una comunidad comparte recuerdos, reconstruye historias y vuelve a dialogar con los lugares que han marcado su historia, lo que ocurre no es solo un ejercicio de memoria: es también una forma de acción colectiva.
Desde esta perspectiva, un lugar de memoria no es únicamente un sitio donde ocurrieron hechos importantes, sino un espacio donde hoy se construyen sentidos comunes, se discute el pasado y se proyecta el futuro. La memoria deja de ser solamente un recuerdo para convertirse en una práctica viva que fortalece lo comunitario y abre posibilidades de participación.
Esto dialoga profundamente con lo vivido en Finca 5. Cuando la comunidad recuerda el puente del tren, el vagón, el río o las historias de infancia, no está solamente reconstruyendo el pasado: está reafirmando el territorio como un espacio común y fortaleciendo la identidad colectiva desde el presente. En muchos territorios, la memoria tiene la capacidad de volver a tejer relaciones que se han debilitado con el paso del tiempo o con los cambios en la vida comunitaria.
Por eso, el proceso que inicia en Finca 5 no es únicamente un trabajo de memoria local. Es también un proceso para recuperar espacios de encuentro, de diálogo entre generaciones y de construcción colectiva del territorio. En ese sentido, la memoria no mira solo hacia atrás: también ayuda a imaginar futuros posibles construidos desde la comunidad.
Pero además, esta memoria también tiene un impacto directo en el espacio público. Recordar el puente, el vagón o el río no solo fortalece la identidad comunitaria: también abre la posibilidad de recuperar, cuidar y resignificar estos espacios como lugares vivos de encuentro. La memoria, en este caso, no se queda en el relato; se convierte en una forma de volver a habitar el territorio y de reconstruir colectivamente los espacios que forman parte de la historia y del presente de la comunidad.
Memoria, creatividad y trabajo colectivo: un proceso que también se construye desde la alegría
La jornada también dejó algo importante que no siempre aparece en los documentos: la memoria no se construye únicamente desde la nostalgia o la pérdida. También se construye desde el encuentro, la creatividad y el trabajo colectivo.
El proceso que inicia en Finca 5 apuesta por una forma distinta de construir memoria: una memoria dialogada, donde cada persona aporta desde su experiencia, sus recuerdos y su forma de vivir el territorio. No se trata de que alguien llegue a “recoger historias”, sino de construirlas colectivamente desde la conversación, el juego y la creatividad.
En ese sentido, la memoria se convierte en un presente que nos permite problematizar el futuro. Recordar el puente, el tren o el río no es solo mirar hacia atrás, sino preguntarnos qué queremos que siga vivo como comunidad y qué futuro queremos construir desde el territorio.
Pero al mismo tiempo, la jornada también dejó algo profundamente humano: la memoria como espacio de alegría y ternura. Recordar la infancia, las historias compartidas y los lugares que han marcado la vida de la comunidad no solo fortalece la identidad colectiva, también nos recuerda que la memoria puede ser un lugar donde el territorio vuelve a sentirse cercano, vivo y compartido.
Cuando la articulación hace posible el encuentro
Desde el Observatorio de Bienes Comunes y la Caja de Herramientas queremos agradecer de manera especial a Daniela Miranda, de la iniciativa Tejiendo Redes de la Vicerrectoría de Acción Social de la Universidad de Costa Rica, por su trabajo de articulación y acompañamiento, que hizo posible iniciar este proceso junto a la comunidad de Finca 5.
Su compromiso, cercanía y disposición para tejer vínculos han sido fundamentales para que este primer paso se convirtiera en un proceso colectivo que hoy empieza a caminar desde el territorio.