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Un rótulo no es solo un rótulo: señales de cuidado en la cuenca del río Agualote

El pasado 4 de mayo, en las inmediaciones del río Agualote, en Grecia, distintas organizaciones, instituciones públicas, empresa privada y comunidad se encontraron para colocar un rótulo. A simple vista, podría parecer un gesto menor: otro objeto más en el paisaje. Sin embargo, detenerse en su sentido revela algo distinto.

Porque la pregunta insistía en el aire —¿por qué un rótulo más?— y la respuesta no fue única, pero sí compartida: este no es un rótulo más.

Este rótulo condensa un proceso. Es el resultado de años de trabajo comunitario, de investigación universitaria, de articulación entre actores diversos que han decidido no mirar hacia otro lado frente al deterioro de la microcuenca del río Agualote. Es, también, una forma de traducir conocimiento científico —sobre calidad del agua, biodiversidad, impactos de las actividades humanas— en un lenguaje accesible, situado en el mismo territorio donde ese conocimiento cobra sentido.

Pero ese gesto concreto —instalar un rótulo— abre preguntas más amplias sobre cómo se construye el cuidado y, particularmente, cómo se aprende a cuidar.

La educación ambiental no es una sola: una matriz de prácticas en movimiento

La colocación del rótulo en el río Agualote permite recordar algo clave: la educación ambiental no ocurre de una única forma, ni se limita al aula o a campañas formales. Es un campo diverso de prácticas que se entrelazan en el territorio, combinando conocimiento, experiencia, sensibilidad y acción colectiva.

En este sentido, el rótulo no aparece como un elemento aislado, sino como parte de una ecología de aprendizajes. Para comprenderlo mejor, se puede ubicar dentro de una matriz más amplia de formas de educación ambiental:

Modos de educación ambiental¿Dónde ocurre?¿Cómo se activa?Aporte principalRelación con el rótulo
Educación formalAulas, universidadesProgramas, cursos, investigaciónProducción sistemática de conocimientoEl rótulo traduce y territorializa estos contenidos científicos
Educación comunitariaBarrios, organizaciones localesProcesos colectivos, memoria, participaciónConstrucción de conciencia situada y compromisoEl rótulo visibiliza luchas y procesos comunitarios en curso
Educación vivencialRíos, montañas, recorridosExperiencia directa con la naturalezaGenera vínculo afectivo y sentido de pertenenciaEl rótulo invita a detenerse, mirar y reconocer el río como experiencia viva
Educación comunicativaMedios, redes, campañasDifusión de información, narrativasAmplía alcance y sensibilizaciónEl rótulo es un medio físico que interrumpe la rutina y comunica en el territorio
Educación para la acciónJornadas, voluntariado, incidenciaLimpiezas, monitoreo, organizaciónPromueve corresponsabilidad y acción concretaEl rótulo es resultado de esa acción y a la vez la convoca
Educación desde la ciencia ciudadanaComunidades + conocimiento técnicoObservación, monitoreo participativoDemocratiza el conocimiento científicoEl rótulo traduce indicadores (como biodiversidad) para que la gente los apropie
Educación simbólicaEspacio público, culturaSignos, imágenes, intervencionesConstruye sentidos y disputas culturalesEl rótulo actúa como símbolo de cuidado y articulación social

 

Clave de lectura: El rótulo no reemplaza otras formas de educación ambiental, sino que las articula. Funciona como un punto de encuentro entre saberes, prácticas y actores diversos. Es, al mismo tiempo, resultado de procesos educativos previos y dispositivo que activa nuevos aprendizajes.

Volviendo al gesto inicial, en un contexto donde la información suele circular de forma fragmentada, digital y efímera, colocar un rótulo es también una decisión política: anclar el conocimiento en el espacio, hacerlo visible, interpelar a quienes pasan. Es interrumpir la velocidad cotidiana para recordar que ahí, debajo del puente, hay un río. Un río que vive, que sostiene biodiversidad, pero que también “está en problemas” y requiere cuidado.

El rótulo, entonces, no solo informa: convoca.

Convoca a reconocer que los ríos son bienes comunes. Que su deterioro no es un accidente aislado, sino el resultado de prácticas sociales —vertidos, residuos, urbanización— que nos involucran a todas las personas. Y que, del mismo modo, su recuperación tampoco puede recaer en una sola institución. Requiere de acción colectiva, de corresponsabilidad, de articulación.

Por eso, el rótulo también es símbolo.

Es símbolo de una alianza poco frecuente pero necesaria: universidad, comunidad, sector privado y organizaciones locales trabajando juntas. Es memoria de un esfuerzo compartido —desde quien investiga hasta quien cava el hueco para colocarlo— y evidencia de que el cuidado no es un discurso abstracto, sino una práctica concreta, situada y sostenida en el tiempo.

Incluso en su aparente contradicción —ser parte de la “contaminación visual” que muchas veces criticamos— el rótulo abre una pregunta clave: ¿qué tipo de intervenciones en el espacio público son necesarias hoy para disputar la indiferencia?

Aquí, la respuesta es clara: aquellas que informan, que sensibilizan, que invitan a actuar.

El rótulo del río Agualote no busca decorar. Busca incomodar, alertar, conectar. Busca que quien lo vea entienda que ese río no es ajeno, que su estado refleja nuestras decisiones y que todavía estamos a tiempo.

Porque cuidar una cuenca no empieza en grandes políticas, sino en pequeños gestos que construyen conciencia.

Y a veces, el cuidado también se escribe en un rótulo.

Estar: el valor de lo colectivo en lo cotidiano

Hay algo que no siempre queda registrado en los informes ni en los resultados visibles, pero que sostiene procesos como este: la presencia.

El día de la colocación del rótulo no fue solo una acción técnica. Fue un espacio habitado. Personas que llegaron, aunque fuera por unos minutos, se encontraron, conversaron, se reconocieron. Algunas cavaron, otras sostuvieron el rótulo, otras dieron opiniones, otras estuvieron pendientes de que el proceso avanzara bien. Hubo quienes cuidaron que nadie se lastimara, quienes observaron con atención el entorno, incluso quienes se detuvieron a proteger la vida que ya estaba ahí, como esa iguana que también forma parte del río.

Ese conjunto de gestos, aparentemente pequeños, es fundamental.

Porque los bienes comunes no se sostienen únicamente con grandes políticas o proyectos de largo plazo. Se sostienen también en estas prácticas cotidianas de cuidado: en estar, en acompañar, en prestar atención, en hacerse cargo, aunque sea por un momento.

Participar en estos espacios colaborativos no exige siempre grandes compromisos individuales. A veces basta con llegar, mirar, ayudar en lo que se pueda. Pero ese “poco” suma. Construye confianza, teje relaciones, fortalece la posibilidad de actuar colectivamente.

Además, estos espacios permiten algo que no siempre ocurre en otros ámbitos: encontrarnos desde distintos lugares —instituciones, comunidades, profesiones— y reconocernos como parte de un mismo problema, pero también de una misma posibilidad de solución.

Estar ahí, entonces, no es secundario. Es parte del proceso.

Porque en el cuidado de una cuenca, como en el cuidado de la vida en común, no solo importa lo que se hace, sino quiénes están, cómo se encuentran y qué vínculos se construyen en el camino.

Y a veces, transformar una realidad comienza simplemente por eso: por hacerse presente.

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Lo que queda después de limpiar: preguntas desde Grecia

En Grecia, Alajuela, más de 140 personas se reunieron para recoger residuos en espacios que, aunque son de todas y todos, suelen quedar atrapados en el abandono. En esta ocasión, la jornada se concentró en el río Agualote, un cuerpo de agua que, como muchos otros, carga con los efectos de prácticas que lo desbordan. La escena podría leerse como una jornada más de limpieza. Sin embargo, lo que revela —y lo que profundiza este episodio de Sentires y Saberes— va mucho más allá de la acción inmediata.

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Hay algo profundamente revelador en ver a personas dedicando su tiempo a recoger desechos que no produjeron. Esa imagen, lejos de ser anecdótica, apunta a una realidad más amplia: la basura no es un hecho aislado, sino la expresión visible de formas de producción y consumo que trasladan sus impactos hacia lo común. Lo que se limpia en unas horas —en este caso, a lo largo del río Agualote— es apenas la superficie de una cadena más extensa, donde las responsabilidades no siempre están distribuidas de forma equitativa.

Al mismo tiempo, la experiencia deja ver que estas acciones no ocurren de manera espontánea. Detrás de cada jornada hay semanas de organización: coordinar voluntariado, gestionar recursos, asegurar condiciones básicas para que el trabajo sea posible. Ese esfuerzo, muchas veces invisible, es el que sostiene lo colectivo. Y ahí aparece una señal importante: la alta participación no es casual. Existe disposición social, ganas de involucrarse, de hacer algo frente a problemas que afectan el entorno cotidiano. El desafío, entonces, no es solo convocar, sino sostener esa energía en el tiempo y convertirla en procesos más continuos.

Sin embargo, incluso cuando se logran retirar grandes cantidades de residuos, queda una certeza difícil de ignorar: el problema no termina ahí. La basura sigue llegando porque responde a dinámicas más amplias, vinculadas a cómo se produce, se consume y se desecha. Por eso, pensar en el cuidado de los bienes comunes también implica ampliar la conversación sobre quiénes se benefician del uso del territorio y quiénes asumen sus costos.

En este proceso, las acciones no se limitan a limpiar. También se proyectan hacia la reforestación y la arborización, recordando que intervenir el entorno no es solo actuar, sino decidir cómo hacerlo. Cada elección —qué sembrar, dónde, con qué criterios— tiene efectos, y cuidar lo común también implica asumir esa dimensión.

Lo que queda, al final, es una tensión que atraviesa toda la experiencia: la satisfacción por lo logrado y la conciencia de que aún es insuficiente. Lejos de paralizar, esa tensión abre un camino posible. Porque en acciones concretas, organizadas y colectivas como esta, no solo se limpia un espacio: también se disputan, poco a poco, otras formas de habitar y cuidar lo que es de todas y todos.

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La constancia que transforma: aprendizajes desde el cierre de las jornadas de limpieza de ríos

El pasado 25 de abril, el río Agualote fue escenario del cierre de un ciclo de trabajo colectivo. Esta jornada de limpieza no fue un evento aislado, sino el punto de llegada de un proceso más amplio que incluyó varias actividades previas —entre ellas observación de biodiversidad, acciones comunitarias y otras jornadas de recolección— que, en conjunto, fueron tejiendo una experiencia sostenida en el tiempo.

Más que un cierre, este momento permite mirar en perspectiva lo construido: aprendizajes, vínculos, desafíos y una certeza compartida: el cuido socioambiental no ocurre de una vez, se construye desde la constancia, desde la persistencia de quienes deciden involucrarse y sostener.

La jornada reunió a diversas organizaciones, instituciones, empresas y personas voluntarias, entre ellas el Observatorio del Río Agualote, FUNDEMA, Helados Sensación, CoopeVictoria, la Cruz Roja, la empresa Panduit, estudiantes de la Universidad de Costa Rica (Práctica Profesional y TCU), el Observatorio del Agua del río Trojas, así como otros actores comunitarios que continúan articulando esfuerzos en el territorio.

Este proceso ha dejado claro que las limpiezas de ríos son mucho más que acciones puntuales. Cada jornada implica semanas de organización, coordinación y articulación. El trabajo visible —la recolección de residuos— es solo una parte de un esfuerzo mayor que incluye construir confianza, gestionar recursos, convocar voluntades y leer el territorio.

Los resultados son tangibles: toneladas de residuos retirados, mayor participación comunitaria, procesos de sensibilización en marcha. Pero también se evidencian los retos: focos persistentes de contaminación, vacíos en la gestión de residuos y la necesidad de fortalecer la corresponsabilidad entre actores.

Además del trabajo en campo, estas jornadas integraron procesos de sensibilización comunitaria. A través de microcharlas casa por casa, se recogieron voces, inquietudes y necesidades que permiten comprender mejor la problemática. Limpiar, en este sentido, también ha sido escuchar.

La participación de jóvenes y organizaciones ha sido clave para sostener este proceso, mostrando que la construcción de lo común también es una apuesta generacional.

Lo que no se ve: el trabajo detrás de una jornada

A simple vista, una jornada de limpieza puede parecer un grupo de personas que decidió dedicar un sábado a recoger residuos. Sin embargo, lo que ocurre ese día es solo la parte visible de un proceso mucho más amplio.

Cada jornada implica semanas —e incluso meses— de organización: coordinación entre actores, gestión de recursos, convocatoria de voluntariado, articulación con instituciones, planificación logística y definición de rutas de trabajo. Garantizar condiciones adecuadas para la participación de decenas o incluso más de cien personas requiere un esfuerzo sostenido que pocas veces se reconoce.

Este trabajo también construye confianza y credibilidad, permitiendo que más actores se sumen y que los recursos se canalicen de forma transparente hacia el objetivo común.

Lo que dicen las comunidades

El componente de sensibilización impulsado por el TCU de Cambio Climático de la Universidad Técnica Nacional, desarrollado durante estas jornadas permitió abrir un espacio fundamental: escuchar. A través de visitas casa por casa y microcharlas sobre manejo de residuos, no solo se compartió información, sino que se recogieron experiencias, preocupaciones y necesidades concretas de las comunidades.

Uno de los hallazgos más claros es que persisten importantes vacíos en torno a la clasificación y gestión de residuos. En muchos hogares no se cuenta con información suficiente sobre cómo separar adecuadamente, qué materiales pueden valorizarse o cuáles son las rutas correctas para su disposición. Incluso en aquellos casos donde ya existe una práctica de separación, se identifican dudas que limitan su efectividad.

Pero más allá de la información, las conversaciones evidenciaron algo más profundo: las condiciones. Muchas personas expresaron que, aunque existe disposición para mejorar sus prácticas, no siempre cuentan con las facilidades necesarias. Esto incluye desde limitaciones en los sistemas de recolección hasta la ausencia de acompañamiento continuo por parte de instituciones públicas y gobiernos locales.

Otro elemento clave fue reconocer que la participación no es homogénea. No todas las personas pueden sumarse a las jornadas de limpieza por razones físicas, de tiempo o de cuidado, pero eso no implica desinterés. Las microcharlas permitieron llegar a esos hogares, incorporarlos en el proceso y reconocer que el cuidado del río también se construye desde otras formas de participación.

En este sentido, el aprendizaje es claro: el problema de la contaminación no puede reducirse a decisiones individuales. Requiere comprender las realidades locales, atender las condiciones estructurales y construir respuestas que surjan del diálogo con las comunidades.

La pedagogía de la constancia

Uno de los aprendizajes más profundos que deja este proceso es que el cuidado no es un acto puntual, sino una práctica que se sostiene en el tiempo. Las jornadas de limpieza del río Agualote muestran que transformar implica volver: regresar al mismo lugar, enfrentar los mismos desafíos y, aun así, continuar.

Esta repetición no debe leerse como un fracaso, sino como parte esencial del aprendizaje. Cada jornada acumula experiencia, permite afinar la organización, fortalece vínculos y amplía la conciencia sobre la problemática. Es en esa acumulación donde empiezan a hacerse visibles los cambios.

La limpieza de ríos enseña que las transformaciones socioambientales no son inmediatas ni lineales. Hay avances, retrocesos, momentos de mayor participación y otros de menor impulso. Sin embargo, es precisamente en esa continuidad donde se construye la posibilidad de cambio.

Además, esta constancia tiene una dimensión pedagógica profunda: forma en la paciencia, en el compromiso y en la responsabilidad compartida. Enseña que el cuidado de lo común no depende de acciones extraordinarias, sino de la capacidad de sostener prácticas en el tiempo.

Cada jornada, entonces, no solo limpia el río, sino que educa. Educa en el hacer, en el encontrarse con otras personas, en reconocer la magnitud del problema sin paralizarse, y en comprender que el cambio se construye paso a paso.

Características de una pedagogía de la constancia

A partir de este proceso, es posible identificar algunas características que definen esta pedagogía que se va construyendo desde la práctica:

En primer lugar, la construcción de tejido social. La reiteración de las jornadas permite que las personas pasen de coincidir a reconocerse. Se generan vínculos, se fortalecen confianzas y se consolidan redes que sostienen el proceso más allá de cada actividad puntual. La constancia convierte la participación en comunidad.

En segundo lugar, el vínculo con el territorio. Volver al río no es solo regresar a un lugar físico, es profundizar en su conocimiento. Las personas empiezan a identificar sus dinámicas, sus problemáticas y también su valor. Este acompañamiento sostenido construye sentido de pertenencia y compromiso: el río deja de ser un espacio externo y se reconoce como parte de lo común.

Otra característica clave es la solidaridad que emerge del trabajo compartido. Las jornadas generan encuentros donde el esfuerzo colectivo adquiere valor. Se comparten tareas, se distribuyen responsabilidades y se construye una ética de colaboración que trasciende la actividad misma.

También destaca su dimensión formativa. No se trata de un aprendizaje abstracto, sino situado y práctico. Se aprende organizando, coordinando, dialogando con comunidades, resolviendo imprevistos. Es un aprendizaje que fortalece capacidades individuales y colectivas, y que difícilmente se logra en espacios desconectados de la realidad.

Finalmente, esta pedagogía enseña a habitar la complejidad. No ofrece soluciones rápidas ni resultados definitivos, pero sí herramientas para sostener procesos. Forma en una ética del compromiso: seguir, incluso cuando los cambios son lentos; insistir, incluso cuando los problemas persisten.

Así, la constancia no solo transforma el entorno, sino también a quienes participan en su cuidado.

No es el cierre, es el comienzo

Aunque la jornada del 25 de abril marca el cierre de este ciclo de actividades, sería un error entenderla como un punto final. Más bien, representa un momento de pausa que permite mirar lo recorrido y proyectar lo que sigue.

Lo que estas jornadas dejan no es solo un río más limpio, sino una acumulación de aprendizajes: sobre organización, sobre articulación entre actores, sobre las realidades de las comunidades y sobre la magnitud del desafío que implica el cuidado de lo común.

También dejan preguntas abiertas. ¿Cómo sostener estos procesos en el tiempo? ¿Cómo fortalecer la articulación entre comunidades, instituciones y sector privado? ¿Cómo traducir los aprendizajes en políticas y acciones más estructurales? ¿Cómo ampliar la participación y diversificar las formas de involucramiento?

Este cierre, entonces, es en realidad una apertura. Una invitación a no perder lo construido, a seguir tejiendo redes y a profundizar en los procesos iniciados.

El río Agualote recuerda que el cuidado de los bienes comunes no tiene un punto de llegada definitivo. Es un proceso continuo, que requiere presencia, compromiso y voluntad colectiva.

En ese sentido, el verdadero riesgo no está en que una jornada termine, sino en que los aprendizajes no se sostengan. Por el contrario, el desafío es claro: hacer de esta experiencia un punto de partida para seguir construyendo, desde la constancia, las transformaciones que necesitamos.

Para profundizar la práctica:

La siguiente matriz recoge, de forma sintética, algunos de los principales aprendizajes construidos a lo largo de las jornadas desarrolladas. No se trata de conclusiones cerradas, sino de pistas que emergen de las prácticas, las conversaciones y los encuentros sostenidos entre quienes participaron en este proceso.

Estos aprendizajes no nacen únicamente de la acción de limpiar, sino del conjunto de experiencias compartidas: la organización previa, el trabajo en campo, el diálogo con las comunidades, la articulación entre actores y la reflexión colectiva que se fue tejiendo en el camino.

En este sentido, la matriz busca ser una herramienta para mirar lo vivido, ordenar ideas y, sobre todo, abrir nuevas preguntas. Porque si algo dejan estas jornadas es la certeza de que el cuidado de lo común se aprende haciéndolo, pensándolo y sosteniéndolo en colectivo.

Sostener para transformar: aprendizajes desde el cuidado de lo común
Dimensión¿Qué se observa en las jornadas?¿Qué aprendizaje deja?Preguntas para profundizarProyecciones / acciones
Constancia en la acciónJornadas repetidas en el tiempo, regreso al mismo ríoEl cambio requiere continuidad, no acciones aisladas¿Qué pasa si dejamos de volver? ¿Qué sostiene la continuidad?Diseñar calendarios sostenidos de acción comunitaria
Organización y articulaciónCoordinación entre organizaciones, instituciones y empresasTransformar implica tejer alianzas y sostener procesos colectivos¿Quiénes faltan en la articulación? ¿Cómo ampliar la red?Fortalecer alianzas y sumar nuevos actores
Trabajo invisiblePlanificación previa, gestión de recursos, logísticaEl impacto visible depende de un esfuerzo previo poco reconocido¿Cómo visibilizar y valorar este trabajo?Documentar procesos y distribuir responsabilidades
Escucha comunitariaMicrocharlas, visitas casa por casa, diálogo con comunidadesLas soluciones requieren escuchar necesidades y contextos reales¿Qué nos están diciendo las comunidades que aún no atendemos?Incorporar sistemáticamente la voz comunitaria en las acciones
Condiciones estructuralesDificultades en manejo de residuos, falta de información o serviciosEl problema no es solo individual, también es estructural¿Qué condiciones limitan el cambio? ¿Quién debe responder?Incidir en políticas locales y mejorar sistemas de gestión
Tejido socialEncuentro constante entre personas diversasLa repetición construye confianza, vínculo y comunidad¿Cómo sostener estos vínculos más allá de las jornadas?Crear espacios permanentes de encuentro y organización
Vínculo con el territorioReconocimiento progresivo del río y sus dinámicasEl cuidado nace del sentido de pertenencia¿Cómo cambia nuestra relación con el río al volver?Promover actividades que fortalezcan el arraigo territorial
Memoria localRelatos, historias y experiencias compartidas sobre el río y la comunidadLa memoria permite comprender el pasado del territorio y proyectar su cuidado¿Qué historias del río estamos recuperando? ¿Cuáles se están perdiendo?Incorporar espacios de memoria, registro y diálogo intergeneracional
Monitoreo comunitarioObservación constante del estado del río, identificación de focos de contaminaciónEl cuidado implica seguimiento, no solo intervención puntual¿Qué cambios estamos logrando observar en el tiempo? ¿Cómo registrarlos?Crear mecanismos comunitarios de seguimiento y registro del estado del río
Solidaridad y trabajo colectivoDistribución de tareas, apoyo mutuo en la jornadaEl hacer conjunto construye ética de lo común¿Qué aprendemos del trabajo colectivo que no se aprende solos?Fomentar metodologías colaborativas
Aprendizaje prácticoOrganización, resolución de problemas, sensibilizaciónSe aprende haciendo, en contextos reales¿Qué habilidades hemos desarrollado en el proceso?Sistematizar aprendizajes y compartirlos
Gestión de la complejidadPersistencia de problemas junto a avances visiblesEl cambio es lento, no lineal, pero posible¿Cómo sostener la motivación ante resultados parciales?Incorporar espacios de evaluación y reflexión colectiva
Participación diversaPersonas que participan de distintas formas (acción directa, sensibilización)El cuidado admite múltiples formas de involucramiento¿Quiénes no están participando y por qué?Diversificar formas de participación
Proyección a futuroCierre de ciclo que abre nuevas preguntasTodo cierre es una oportunidad para continuar¿Qué sigue después de este proceso?Definir nuevas etapas y líneas de acción
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Los Chorros: historia, abandono y la lucha por proteger un monumento natural

Brenda Méndez Mesén

Estudiante asistente

El Parque Los Chorros no es solo un sitio de belleza escénica con cataratas de más de 40 metros: es una de las principales zonas de recarga hídrica del cantón de Grecia y comunidades cercanas como Carrillos Bajo, Tacares y Cataluña. Desde hace casi cinco décadas, este espacio ha sido reconocido legalmente como un área silvestre protegida; sin embargo, hoy enfrenta una crisis marcada por el abandono institucional, la intervención humana sin control y el deterioro progresivo de sus recursos naturales.

Un patrimonio natural de todos

“Para mí, Los Chorros representan algo tan importante para la vida como es el agua. Es la que nos da la vida, y si nosotros no la cuidamos, ¿quién lo va a hacer?”
– José Alejandro Montero Hernández, representante de la ASADA de Tacares

Los Chorros fue creado mediante la Ley N.º 6126 (1977) como Parque Recreativo Municipal, otorgando a la Municipalidad de Grecia la coadministración del área. Esta condición fue reafirmada por la Sala Constitucional en la sentencia 11525-2013, donde se establece que el parque forma parte del Patrimonio Natural del Estado y posee alta fragilidad ambiental, lo que obliga a una protección reforzada del recurso hídrico, los bosques y la biodiversidad.

Según estudios citados en dicha sentencia, en el área se localizan al menos 19 pozos y 26 nacientes, que alimentan tanto comunidades como proyectos industriales bajo el régimen de zona franca en Tacares. A pesar de ello, las medidas de resguardo han sido insuficientes.

Abandono municipal y aprovechamiento ilegal

“Aquí existe un aprovechamiento turístico ilegal que está causando un impacto negativo en la vida silvestre. No hay control, ni capacidad de carga, ni regulación.”
– Francis Suárez López, FUNDEMA y síndico de Tacares

Desde el año 2016, el parque se encuentra oficialmente cerrado al público; no obstante, la visitación nunca se detuvo. Terceros continúan cobrando entrada y parqueo, sin ningún tipo de autorización ni control, exponiendo a los visitantes a riesgos reales, como derrumbes, senderos colapsados y estructuras dañadas.

“No hay gestión, no hay control y no hay conservación. No existe una persona designada por la municipalidad para administrar este parque.”
– Hámer Salazar, FUNDEMA

Entrevistas realizadas a líderes comunales, regidores y representantes ambientales coinciden en un punto central: la ausencia de la Municipalidad de Grecia como figura rectora del parque.

“Los Chorros se encuentran en más de un 50% de abandono. Nadie invierte, nadie controla, pero sí hay gente lucrando de un bien que es de todos”, José Alejandro Montero Hernández representante de la ASADA de Tacares.

La municipalidad incluso llegó a contratar un asesor exclusivo para Los Chorros durante una administración pasada; sin embargo, su trabajo y resultados son desconocidos por la comunidad.

Daños ambientales y riesgos actuales

Además de la intervención humana, las tormentas recientes han causado deslizamientos, caída de árboles y daños en senderos. Elementos como el puente hamaca fueron destruidos parcialmente para impedir el paso, sin que se ofrecieran alternativas seguras.

Biólogos y ambientalistas advierten sobre prácticas inadecuadas en una zona protegida:

  • -Ingreso de perros y animales domésticos
  • -Fogatas no controladas
  • -Extracción de flora
  • -Basura en el cauce del río

Todo esto ocurre sin estudios de capacidad de carga, sin rotulación, sin guardaparques y sin vigilancia del SINAC.

El precedente legal ignorado

La sentencia 11525-2013 fue clara: cualquier intervención que aumente la explotación del recurso hídrico, o altere el entorno, debe someterse a Estudios de Impacto Ambiental rigurosos, aplicando el principio precautorio e in dubio pro natura. En ese fallo, la Sala responsabilizó a SETENA, AyA, MINAE y la Municipalidad de Grecia por omisiones en la protección del Parque Los Chorros.

“Este parque existe gracias a una lucha legal. Si no se hubiera defendido ese juicio, Los Chorros hoy no existirían.”
– Francis Suárez López, FUNDEMA

Pese a este precedente, hoy se siguen observando construcciones cercanas, urbanizaciones como el condominio Los Maderos, y una total falta de delimitación oficial del parque.

“Poner una malla que la gente rodea no es una solución real. La única solución real es hacer cumplir la ley.”
– Francis Suárez López, FUNDEMA

Las propuestas que siguen esperando

Desde la Fundación para el Desarrollo del Medio Ambiente (FUNDEMA) y organizaciones locales se han planteado proyectos concretos para rescatar el parque:

  • -Cambio de categoría de manejo, para que se reconozca oficialmente como Monumento Natural Los Chorros.
  • -Reglamentación de la Ley 6126, mientras se aprueba un nuevo marco legal.
  • -Amojonamiento del perímetro, para evitar invasiones y construcciones dañinas.
  • -Gestión y control permanente, con una figura responsable y coordinación con MINAE y SINAC.
  • -Recuperación de senderos, señalización, servicios sanitarios y manejo de desechos.
  • -Inventarios de flora y fauna, donde se registran especies como tigrillos, tolomucos, pavas, codornices y osos hormigueros.

Ninguna de estas iniciativas se ha ejecutado plenamente.

Turismo sí, pero primero protección

Paradójicamente, Los Chorros aparece en campañas publicitarias de empresas telefónicas y rutas turísticas promovidas por administraciones anteriores. Sin embargo, la comunidad insiste: no se puede vender lo que no se protege.

El potencial para un turismo sostenible y controlado existe y podría generar empleo y desarrollo para Tacares, pero solo después de garantizar:

  • -Seguridad para los visitantes
  • -Conservación del agua y la biodiversidad
  • -Gestión transparente y legal
Un llamado a la acción comunitaria

A casi 50 años de su creación, Los Chorros sigue siendo una joya natural, pero también un recordatorio del costo de la inacción. Los tacareños y griegos tienen claro que serán los primeros beneficiados si el parque se recupera, pero también los más afectados si se pierde.

Proteger Los Chorros no es una opción: es una responsabilidad colectiva.                           

Como parte del compromiso ciudadano con la protección del Parque Los Chorros, el sábado 11 de abril se realizó una jornada de limpieza y acción comunitaria en Tacares de Grecia, Alajuela, con la participación activa de vecinos y organizaciones ambientales.

La actividad tuvo como objetivo principal recolectar residuos sólidos, visibilizar el estado actual del parque y fortalecer el trabajo comunitario en defensa de los ríos y las nacientes, ante la ausencia de una gestión institucional permanente. Durante la jornada se logró retirar basura acumulada en senderos y zonas cercanas al cauce del río, evidenciando que, pese a estar oficialmente cerrado, el parque continúa siendo visitado sin control ni regulación.

Además de la limpieza, la actividad sirvió como espacio de concientización y articulación comunitaria, reafirmando la importancia de la organización local como primera línea de defensa del patrimonio natural.

La mostrado se obtuvo como resultado directo de la jornada de limpieza y acción comunitaria, mediante un proceso de observación y recopilación de datos realizado de forma participativa junto con personas y organizaciones locales. De esta manera se permitió integrar el conocimiento comunitario, las percepciones territoriales y la experiencia directa de quienes habitan y utilizan el entorno, aportando un diagnóstico colectivo sobre la situación actual del Parque Los Chorros.

“Los servicios ambientales que presta Los Chorros son enormes. De aquí se abastecen comunidades completas y proyectos productivos del distrito de Tacares.”
– Hámer Salazar, FUNDEMA

Los organizadores hicieron un llamado abierto a organizaciones sociales, ambientales, educativas e instituciones públicas y privadas que deseen sumarse a futuras acciones, con el fin de defender los ríos, proteger el recurso hídrico y fortalecer el trabajo comunitario en el distrito de Tacares y el cantón de Grecia.

Esta nota se elaboró en el marco de la jornada de limpieza y acción comunitaria realizada el sábado 11 de abril en Tacares de Grecia. La información presentada surge de un proceso participativo de observación, diálogo y recopilación de datos junto a personas vecinas y organizaciones locales, integrando conocimiento comunitario, percepciones territoriales y experiencias directas. La actividad, además de recolectar residuos y evidenciar el estado del parque, permitió realizar una caracterización exploratoria de la situación actual de Los Chorros.

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Cuando el agua tiene historia: cuidar la naciente es cuidar la vida – Conversamos con Alejandro Montero fontanero ASADA Tacares

En Los Chorros, Grecia, el agua no solo fluye: también cuenta historias. En esta entrevista del programa Sentires y Saberes, conversamos con Alejandro Montero Hernández, fontanero de la ASADA de Tacares, quien comparte desde la experiencia cotidiana lo que implica sostener, defender y cuidar una naciente de agua que abastece a comunidades enteras.

Más allá de la infraestructura, el testimonio nos recuerda algo fundamental: el agua no “llega sola”. Detrás de cada gota hay trabajo comunitario, organización, conocimiento técnico y, sobre todo, luchas históricas que han defendido este bien común frente a intereses externos, malas prácticas y el olvido institucional.

Temas clave que atraviesa la conversación

1. El agua como bien común, no como recurso individual: Alejandro insiste en una idea sencilla pero potente: “el agua es de todos y para todos”. Sin embargo, advierte una contradicción frecuente: muchas personas acceden al agua, pero se desconectan de la responsabilidad de cuidar su origen.

2. La invisibilización del trabajo comunitario: Desde la limpieza de la naciente hasta el monitoreo técnico del agua, el trabajo de las ASADAS implica una labor constante, especializada y poco reconocida. No se trata solo de “entubar” agua: hay procesos de mantenimiento, análisis, cloración y vigilancia permanente.

3. Conflictos y tensiones por el territorio: La entrevista revela disputas concretas: uso de agroquímicos en zonas altas, intervenciones institucionales cuestionadas y actores que buscan lucrar con el espacio. La defensa del agua aparece entonces como defensa del territorio.

4. Memoria y lucha, nada de esto es casual: Los Chorros no están como están por accidente. Existen gracias a decisiones colectivas, acciones legales y organización comunitaria que han protegido la naciente a lo largo del tiempo.

5. El cuidado como práctica intergeneracional: Hay una preocupación clara por el futuro: lo que hoy se haga (o se deje de hacer) impactará directamente en las próximas generaciones. El cuidado del agua es también un acto de responsabilidad con quienes vienen.

Preguntas para la reflexión
  • ¿De dónde viene el agua que consumimos diariamente?
  • ¿Quiénes sostienen ese acceso y bajo qué condiciones?
  • ¿Qué implica realmente “cuidar el agua” más allá del consumo individual?
  • ¿Qué memorias comunitarias están detrás de los territorios que habitamos?
  • ¿Cómo podemos pasar de usuarios del agua a cuidadores de las nacientes?
Una invitación

Esta entrevista no es solo un testimonio: es una invitación a reconectar con aquello que muchas veces damos por sentado. Reconocer el agua como bien común implica también reconocer a las personas, comunidades y procesos que la hacen posible.

Escuchar, aprender y vincularse con estos esfuerzos es un primer paso para construir prácticas cotidianas más responsables y territorios más justos.

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El río también recuerda: memoria y comunidad en Los Chorros

El pasado sábado 11 de abril, en el marco de la I Jornada Anual de Acción por los Ríos en Los Potreros de Puax, se realizó una nueva jornada de limpieza en la confluencia de la Quebrada Zamora y el río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros, en Grecia. A primera vista, podría parecer una actividad más de recolección de residuos. Sin embargo, lo vivido en el territorio evidencia algo más profundo: limpiar un río no es solo una acción práctica, es también un ejercicio de memoria, de encuentro y de defensa de lo común.

Desde el Observatorio del Agua del río Agualote (GIRH-UCR, Sede de Occidente), junto a múltiples organizaciones comunitarias, estudiantiles y socioambientales, se convocó a esta jornada que reunió a cerca de 50 personas voluntarias. Durante un recorrido de aproximadamente 330 metros, se recolectaron cerca de 400 kilos de residuos, entre ellos botellas plásticas, ropa, zapatos, llantas y hasta implementos de acampar. Las cifras son contundentes, pero no agotan el sentido de la experiencia.

Más que limpiar: comprender el territorio

Existe una visión extendida que entiende las limpiezas de ríos como acciones meramente instrumentales: recoger basura para “recuperar” un espacio natural dado. Pero esta mirada oculta una dimensión clave: los ríos y los territorios no existen al margen de la sociedad. Son el resultado de relaciones históricas, culturales, políticas y económicas que los configuran, los tensionan y, muchas veces, los ponen en riesgo.

Los Chorros no es solo un paisaje. Es un territorio construido en medio de luchas comunitarias por el agua, por la conservación y por el derecho a decidir sobre el entorno. Como señalaron personas de la comunidad durante la jornada, este espacio ha enfrentado múltiples amenazas: contaminación por agroquímicos, proyectos extractivos, urbanización desregulada e incluso conflictos por el acceso al recurso hídrico.

Que hoy exista como parque y como fuente de agua para varias comunidades no es casualidad. Es resultado de organización, resistencia y decisiones colectivas que han priorizado la vida sobre otras lógicas de uso del territorio.

La memoria como parte de la acción

Uno de los elementos más significativos de la jornada fue que, junto a las indicaciones técnicas sobre separación de residuos o recorridos, se compartió la historia del lugar. Lejos de ser un dato anecdótico, esta dimensión permitió que quienes participaban —muchas personas que visitaban el sitio por primera vez— comprendieran que estaban interviniendo en un espacio vivo, cargado de significado.

La memoria comunitaria cumple aquí un papel fundamental: permite entender que la naturaleza no está “ahí” esperando ser cuidada, sino que ha sido y sigue siendo defendida. Reconocer esto transforma la relación con el territorio. La limpieza deja de ser un acto aislado y se convierte en parte de un proceso más amplio de apropiación, cuidado y responsabilidad colectiva.

Trabajo colectivo y construcción de lo común

La jornada también evidenció la fuerza del trabajo voluntario organizado. Personas de distintas edades, organizaciones y trayectorias compartieron un mismo objetivo en un ambiente de respeto, horizontalidad y compromiso. Cada quien aportó desde sus posibilidades, mostrando que la defensa de los bienes comunes no depende de acciones individuales heroicas, sino de procesos colectivos sostenidos.

Además, la participación de grupos comunitarios, organizaciones socioambientales, espacios universitarios y actores locales refuerza la idea de que la gestión del agua y de los territorios requiere articulación. No se trata solo de intervenir, sino de construir vínculos que sostengan en el tiempo estas iniciativas.

Alegría, encuentro y continuidad

Más allá del esfuerzo físico, la jornada estuvo marcada por la alegría. Las sonrisas, especialmente de niñas, niños y jóvenes, dan cuenta de otra dimensión muchas veces invisibilizada: el vínculo afectivo con el río. Ese vínculo es también una forma de defensa, porque lo que se conoce, se vive y se quiere, se cuida.

En ese sentido, estas acciones no solo buscan remover residuos, sino también sembrar relaciones: entre personas, con el territorio y con la historia que lo habita.

La invitación queda abierta a seguir participando en estos procesos. La próxima jornada será en el río Agualote el 25 de abril de 2026, como parte de un esfuerzo más amplio impulsado por la Alianza Nacional Ríos y Cuencas de Costa Rica.

Porque limpiar un río también es recordar, reconocer y defender. Y en cada bolsa de residuos que se retira, también se levanta una historia que merece ser contada y continuada.

De la limpieza a la memoria: claves metodológicas para el trabajo comunitario en ríos
Estrategia¿En qué consiste?¿Para qué sirve?Consejos prácticos
Apertura con contextualización históricaBreve espacio inicial donde se comparte la historia del río y del territorioGenerar sentido de pertenencia y ubicar la acción en un proceso históricoNo extenderse demasiado (10-15 min) y priorizar relatos cercanos y vivenciales
Voces del territorioParticipación de personas lideresas, mayores o actores clave que narran experienciasConectar emocional y políticamente con el lugarCoordinar previamente con las personas invitadas y cuidar tiempos de intervención
Caminatas de memoriaParadas durante el recorrido para contar historias del sitioReconocer el territorio como un espacio vivo con múltiples capasDefinir puntos estratégicos antes de iniciar para no improvisar demasiado
Cartografía participativaElaboración colectiva de mapas con hitos, conflictos y aprendizajesVisualizar el territorio de forma integral y participativaUsar materiales sencillos (papel, marcadores) y facilitar la participación de todas las personas
Registro de testimoniosRecolección de relatos en audio, video o notasDocumentar la memoria para procesos futurosSolicitar consentimiento y designar a una persona encargada del registro
Espacios de reflexión colectivaCírculo de palabra al cierre para compartir aprendizajes y sentiresProfundizar en la experiencia y generar análisis colectivoHacer preguntas guía y cuidar que todas las voces puedan participar
Integración intergeneracionalParticipación de distintas edades en la actividadFortalecer la transmisión de memoria entre generacionesDiseñar dinámicas accesibles para niñez, juventudes y personas adultas
Vinculación organizativaArticulación con procesos comunitarios existentesDar continuidad y sostenibilidad a las accionesIdentificar previamente actores locales y generar alianzas
Expresiones creativasUso de arte (murales, escritura, fotografía, música)Ampliar formas de apropiación del territorioNo forzar la participación artística, dejar que surja de forma voluntaria
De la memoria a la acciónTraducción de aprendizajes en propuestas o accionesFortalecer la incidencia y organización comunitariaCerrar con acuerdos concretos, aunque sean pequeños y alcanzables
La naturaleza como historia viva: territorio y sociedad en relación

Solemos pensar la naturaleza como algo “ahí”, preexistente, ajeno a la acción humana y disponible para ser usada, protegida o restaurada. Sin embargo, esta idea oculta una realidad más compleja: lo que llamamos naturaleza es también historia viva. Los territorios que habitamos —ríos, montañas, bosques— no son únicamente formaciones biofísicas, sino el resultado de procesos históricos, sociales, culturales y políticos que los han configurado a lo largo del tiempo.

El río Prendas, como tantos otros, no puede entenderse sin las relaciones que lo atraviesan: decisiones institucionales, modelos productivos, formas de ocupación del suelo, conflictos por el agua, luchas comunitarias y prácticas cotidianas de cuidado o deterioro. Lo que hoy vemos como “naturaleza” es, en realidad, una trama viva donde interactúan múltiples actores, intereses y visiones de mundo.

Reconocer la naturaleza como historia viva implica cuestionar una mirada que separa a las personas de su entorno. Nos invita a entender que también somos parte de esos procesos, y que nuestras acciones —individuales y colectivas— inciden directamente en la forma que toman los territorios. Así, la contaminación no es un accidente aislado, sino expresión de dinámicas más amplias; del mismo modo, la conservación no ocurre espontáneamente, sino que es resultado de organización, decisiones y luchas.

Desde esta perspectiva, las limpiezas de ríos adquieren un nuevo significado. No se trata únicamente de “devolver” un estado natural perdido, sino de intervenir en una relación: de transformar prácticas, de disputar sentidos sobre el uso del territorio y de fortalecer procesos comunitarios que sostienen la vida. Por eso, incorporar la memoria local no es un complemento, sino una condición fundamental para comprender qué se está limpiando, por qué y para quién.

Asumir la naturaleza como historia viva no le resta valor; al contrario, la sitúa en el centro de las relaciones que hacen posible la vida y abre la posibilidad de cuidarla desde la conciencia, la memoria y la acción colectiva.

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Limpiar el río no es suficiente, pero sí necesario: voluntariado, conciencia ambiental y defensa de los bienes comunes

En este video compartimos los testimonios de Hammer Salazar, presidente de la Fundación para el Desarrollo Ecológico y el Medio Ambiente de Grecia, y Kevin Ibarra, integrante del Club LEO, quienes participaron en la jornada de limpieza realizada el 14 de marzo en el sector de Calle Flores y la entrada a Calle Quesada, como parte del Día Internacional de Acción por los Ríos.

A través de sus palabras se pone en evidencia que estas actividades no son únicamente jornadas de limpieza, sino también espacios de encuentro comunitario, sensibilización y acción colectiva en defensa de los ríos y los espacios públicos.

Entre las ideas principales que destacan en el video:

  • -La importancia del voluntariado como forma concreta de generar conciencia ambiental, especialmente entre las personas jóvenes.
  • -La preocupación por la presencia de basureros informales o clandestinos, que continúan afectando los ríos, la vida silvestre y la calidad de vida de las comunidades.
  • -El valor de la participación de organizaciones sociales, instituciones públicas y sector privado, que permite fortalecer este tipo de iniciativas.
  • -La necesidad de asumir una responsabilidad colectiva en el manejo de los residuos, tanto desde las prácticas individuales como desde las instituciones.
  • -La idea de que, aunque estas acciones puedan parecer pequeñas, toda acción suma y genera cambios en la conciencia comunitaria.

Los testimonios también resaltan que estas jornadas permiten recuperar el sentido de comunidad y abrir espacios donde las personas se encuentren para realizar acciones positivas en el territorio. En ese sentido, el voluntariado no solo aporta al cuidado del ambiente, sino que también fortalece los vínculos sociales y promueve una cultura de corresponsabilidad frente a los bienes comunes.

Este video busca visibilizar que la defensa de los ríos no depende únicamente de grandes proyectos, sino también de acciones colectivas que nacen desde las comunidades y que se sostienen gracias al compromiso de quienes deciden involucrarse.

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Desde el territorio: lo que dejó la jornada en el Río Tacares con Francis Suárez

En esta entrevista, Francis Suárez comparte un balance cercano y desde el territorio sobre la jornada de limpieza en el Río Tacares, poniendo en el centro el valor de la acción colectiva y el compromiso comunitario en la defensa de los ríos.

A lo largo de la conversación se destacan algunas ideas clave:

  • -La articulación entre actores diversos: organizaciones comunitarias, instituciones públicas, universidad y sector privado sumando esfuerzos en una misma causa.

  • -Avances en la conciencia ambiental: en zonas previamente intervenidas se evidencia una disminución de residuos, reflejo del impacto de estos procesos.

  • -Persistencia de problemáticas: la aparición de nuevos focos de contaminación y botaderos informales, que muestran la necesidad de acciones sostenidas.

  • -Educación y sensibilización: la incorporación de charlas puerta a puerta como estrategia para promover el manejo adecuado de residuos en la comunidad.

  • -Proyección a futuro: nuevas jornadas de limpieza, así como iniciativas de reforestación y protección de fuentes de agua en la región.

La entrevista deja ver que estas jornadas son mucho más que actividades puntuales: son parte de un proceso que busca fortalecer la organización comunitaria, generar conciencia y construir nuevas formas de relacionarnos con los ríos como bienes comunes.

Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 28 de marzo – Jornada en el Río Trojas, en Sarchí.

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Acción por los ríos: limpieza del Río Tacares impulsa articulación comunitaria en Grecia

El 14 de marzo de 2026, en el marco del Día Internacional de Acción por los Ríos, se realizó una jornada de limpieza en el Río Tacares, afluente de la cuenca del Río Grande de Tárcoles, uno de los sistemas hídricos más afectados por la contaminación en la región centroamericana. La actividad también abarcó sectores cercanos como Los Chorros y Calle Quesada, donde se identifican problemáticas similares asociadas a la acumulación de residuos. La jornada se desarrolló en el sector conocido como Potreros del Puax, en el cantón de Grecia, y reunió a organizaciones comunitarias, instituciones públicas, universidades, empresas y personas voluntarias comprometidas con el cuidado del agua y los territorios.

La jornada fue impulsada por el OCA Río Agualote GIRH–UCR, en coordinación con la Fundación para el Desarrollo Ecológico y del Medio Ambiente y Primates de Grecia, como parte de la propuesta de promover la Primera Jornada Anual de Acción por los Ríos en los Potreros del Puax. Este nombre recupera la memoria local, y busca fortalecer la articulación de esfuerzos en la región de Occidente para la protección de los ríos y las cuencas.

Durante la actividad se realizaron labores de recolección de residuos sólidos en las riberas y alrededores del río, así como espacios de sensibilización sobre la importancia de la gestión adecuada de los residuos y el impacto que tienen nuestras prácticas cotidianas sobre los ecosistemas acuáticos. Estas acciones permiten no solo retirar desechos del entorno, sino también promover una reflexión colectiva sobre la relación que las comunidades mantienen con sus ríos.

La jornada contó con el acompañamiento del Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica y del Observatorio de Bienes Comunes UCR, así como con la participación de la docente Zuiri Méndez y estudiantes del Taller Integrado de Gestión y Práctica Sociológica I. También se sumaron iniciativas académicas y estudiantiles como el TCU-UTN Cambio Climático, que desarrolló charlas de sensibilización sobre gestión de residuos, y el TCU-UCR Recuperación de la microcuenca del Estero, que brindó apoyo en la logística de la actividad.

Asimismo, se contó con el apoyo del sector privado, entre ellos Adrian’s Coffee Tour, que colaboró con sacos reutilizables para la recolección de residuos, y Panduit, que aportó pinchos recolectores de basura y facilitó la participación de personas trabajadoras en la jornada.

El éxito de la actividad también fue posible gracias a la participación activa de organizaciones comunitarias e instituciones locales, entre ellas la Cruz Roja Costarricense en Grecia, la Asociación de Guías y Scouts de Costa Rica – Tropa 190, la ASADA Tacares, el Acueducto Bodegas y Pilas, la Fuerza Pública de Grecia y el Club LEO de Grecia, además de estudiantes de la Universidad de Costa Rica – Recinto de Grecia y numerosas personas voluntarias que se sumaron al esfuerzo colectivo.

Estas acciones evidencian la importancia de la articulación entre comunidades, instituciones y organizaciones sociales para impulsar procesos de cuidado y recuperación de los ríos. Más allá de la limpieza puntual, la jornada se plantea como un paso dentro de un proceso más amplio de sensibilización y acción territorial en defensa del agua como bien común.

Los basureros informales: una problemática que afecta a las comunidades y a los ríos

Durante el recorrido y las labores de limpieza se identificó también una problemática que preocupa a las comunidades de la zona: la presencia de basureros informales o clandestinos en distintos puntos cercanos al río y a caminos vecinales. Estos espacios, donde se depositan residuos de forma ilegal, se han convertido en focos de contaminación que impactan tanto a los ecosistemas como a la calidad de vida de las personas.

La acumulación de residuos en estos sitios puede generar múltiples consecuencias. Entre ellas, la contaminación del suelo y del agua, la proliferación de insectos y roedores, la generación de malos olores y la degradación del paisaje. Además, muchos de estos residuos terminan siendo arrastrados por la lluvia hacia quebradas y ríos, lo que agrava la contaminación de las cuencas y afecta a la flora y fauna que depende de estos ecosistemas.

En el caso de los ríos, los desechos sólidos pueden alterar el flujo del agua, afectar la calidad del hábitat de diversas especies y generar riesgos para la salud de las comunidades que dependen de estas fuentes de agua. Por esta razón, uno de los llamados que surgió de la jornada fue fortalecer la conciencia colectiva sobre la gestión adecuada de los residuos, así como promover la corresponsabilidad entre ciudadanía, instituciones y gobiernos locales para prevenir la aparición de estos depósitos ilegales de basura.

Las personas participantes destacaron que el cuidado de los ríos no se limita a realizar jornadas de limpieza, sino que requiere cambios sostenidos en las prácticas cotidianas, educación ambiental, vigilancia comunitaria y políticas públicas que promuevan una gestión responsable de los residuos.

La participación comunitaria y la colaboración como motor de encuentro

Uno de los aspectos más valiosos de la jornada fue la diversidad de personas, organizaciones sociales, culturales, comunitarias e institucionales que se sumaron a la actividad. Más allá de la recolección de residuos, estos espacios se convierten en oportunidades para encontrarse, dialogar y reconocer que el cuidado de los ríos y de los territorios es una tarea que solo puede sostenerse desde la colaboración.

Cuando distintos actores del territorio —comunidades, asociaciones, instituciones públicas, colectivos ambientales, estudiantes y empresas— participan en acciones concretas en los espacios públicos, se fortalece el sentido de corresponsabilidad y se construyen vínculos que permiten enfrentar de manera colectiva los problemas ambientales. Estas experiencias también contribuyen a revalorizar los ríos como espacios de vida, memoria y encuentro comunitario, y no únicamente como lugares de paso o como sitios donde terminan los residuos.

En este sentido, las jornadas de acción por los ríos muestran que la colaboración y la participación activa de la ciudadanía pueden convertirse en motores de transformación territorial, generando conciencia, fortaleciendo redes locales y promoviendo nuevas iniciativas para el cuidado de las cuencas. Recuperar y proteger los ríos implica también recuperar la relación de las comunidades con estos espacios, reconociéndolos como bienes comunes fundamentales para la vida.

Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 28 de marzo – Jornada en el Río Trojas, en Sarchí.

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Reconociendo nuestros territorios: Sexto conteo de Primates en Tacares de Grecia

Este video presenta una entrevista a Francis Suárez, de Primates de Grecia, realizada en el marco del conteo anual de primates en Grecia, una experiencia de monitoreo participativo que combina ciencia ciudadana, educación ambiental y reflexión territorial.

A partir de su experiencia en el acompañamiento de estas iniciativas, la conversación aborda las crecientes presiones que enfrentan los ecosistemas del cantón: la fragmentación del bosque, la pérdida de corredores biológicos y el avance de formas de desarrollo que debilitan las condiciones que sostienen la vida silvestre y humana. El testimonio permite comprender cómo estas transformaciones no solo afectan a los primates y otras especies, sino también al agua, al paisaje y a la calidad de vida de las comunidades locales.

El video invita a pensar el conteo de primates no solo como una actividad técnica de registro de fauna, sino como una práctica pedagógica y política que fortalece la participación comunitaria, visibiliza los riesgos socioambientales y promueve una relación más responsable con el territorio. En este sentido, la ciencia ciudadana aparece como una herramienta clave para democratizar el conocimiento, articular saberes locales y generar conciencia colectiva frente a los procesos de deterioro ambiental.

Esta es una actividad en la que participó el Observatorio de Bienes Comunes, y que se inscribe en su trabajo por analizar críticamente los modelos de desarrollo, defender los bienes comunes y aportar a la construcción de territorios donde la vida —humana y no humana— sea el centro de las decisiones.