¿Qué nos enseña una organización que lleva cuatro décadas acompañando las luchas de las mujeres? ¿Cómo sostener la esperanza cuando los derechos conquistados vuelven a estar en riesgo?
En el marco de los 40 años de MUSADE (Mujeres Unidas en Salud y Desarrollo), conversamos con Enid Cruz, trabajadora social y activista vinculada a la organización desde su fundación en 1986, sobre los aprendizajes acumulados durante estas décadas, los desafíos del movimiento social y las tareas que tenemos por delante.
La conversación parte de una preocupación urgente: mientras se acumulan las amenazas y los retrocesos en materia de derechos, ¿cómo respondemos colectivamente? En este contexto, la defensa de los derechos de las mujeres no puede entenderse de manera aislada, sino en relación con las condiciones de vida de las comunidades y las luchas de otros sectores sociales.
A lo largo de la entrevista surgen varias pistas para pensar nuestro presente. Los derechos nunca están definitivamente garantizados; la organización y la articulación colectiva siguen siendo indispensables; y las luchas feministas también necesitan revisar sus propias prácticas, escuchar a las nuevas generaciones y encontrar nuevas formas de construir respuestas compartidas.
Algunas ideas clave de la conversación
-40 años como historia de resistencia. Más que celebrar una cifra, el aniversario de MUSADE ofrece una oportunidad para revisar los avances, reconocer los desafíos pendientes y comprender las amenazas que enfrentan los derechos conquistados.
-Ningún derecho está garantizado para siempre. Los avances legales y sociales pueden verse amenazados. Por eso, defender los derechos requiere mantener una participación activa y una vigilancia colectiva.
-Las luchas de las mujeres están conectadas. La defensa de sus derechos no puede comprenderse de manera aislada, sino en relación con las condiciones de vida de las comunidades y las luchas de otros sectores sociales.
-De las agendas individuales a las prioridades colectivas. Frente a amenazas que afectan a distintos sectores, uno de los grandes desafíos del movimiento social es superar la fragmentación y construir respuestas articuladas.
-Escuchar a las nuevas generaciones. Las movilizaciones juveniles muestran que existe capacidad de respuesta y preocupación por el presente. El reto está en fortalecer los vínculos entre generaciones y abrir espacio a nuevas formas de organización y participación.
-Revisar nuestras propias prácticas organizativas. La experiencia acumulada es valiosa, pero también nos invita a cuestionar los liderazgos tradicionales, los personalismos y las dificultades para responder a nuevas demandas.
-Reconocer las transformaciones que sí hemos conseguido. Aunque los cambios estructurales sean lentos y persistan muchas desigualdades, las transformaciones en la vida de las mujeres, la conciencia sobre sus derechos y las redes de solidaridad también constituyen conquistas importantes.
-La esperanza también se construye organizándonos. La participación social no solo busca transformar las instituciones o las políticas públicas. También permite desarrollar capacidades, fortalecer vínculos y descubrir que podemos actuar colectivamente sobre nuestra realidad.
¿Cómo seguir construyendo en tiempos difíciles?
A partir de estas reflexiones surge otra pregunta: ¿cómo evitar que el cansancio y la frustración nos convenzan de que tantos años de lucha no han servido para nada?
La experiencia de MUSADE nos invita a mirar más allá de las grandes conquistas y los cambios institucionales. También hay transformaciones en la vida de las mujeres, en la conciencia sobre las desigualdades, en las relaciones de solidaridad y en las capacidades que las personas desarrollan cuando participan y se organizan. Reconocer estos avances no significa ignorar lo que falta, sino comprender que las transformaciones sociales también se construyen a través de procesos cotidianos, vínculos y aprendizajes compartidos.
Desde esta perspectiva, cumplir 40 años no significa dar por concluida una lucha. Significa revisar lo recorrido, reconocer lo aprendido y preguntarse cómo continuar. En un contexto de incertidumbre, resistir también implica recuperar la memoria de lo que hemos construido y reconocer que ninguna transformación depende de una sola organización: sostenerla requiere esfuerzos colectivos, diálogo y articulación.
En esta nueva entrega de Sentires y Saberes, del Observatorio de Bienes Comunes, escuchamos a Enid Cruz reflexionar sobre la memoria feminista, los desafíos de la organización social y la necesidad de sostener la esperanza como una práctica colectiva.
Porque quedarse esperando a que otras personas resuelvan los problemas no es una opción. La construcción de respuestas también nos corresponde a quienes habitamos y compartimos este país.
Te invitamos a escuchar la entrevista completa.


