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Militarización de la tecnología: una brújula para investigar lo que a menudo solo sospechamos

¿Cómo investigar la militarización de una tecnología sin dar por hecho aquello que precisamente queremos comprender?

Esta es una de las preguntas que atraviesa Militarización de la tecnología: aproximaciones teóricas y herramientas para su investigación, una publicación de la Fundación Karisma que reúne dos textos construidos a partir de un proyecto de investigación sobre la militarización de la tecnología en Colombia.

La propuesta resulta especialmente interesante porque no parte de una definición cerrada de militarización ni ofrece una lista de tecnologías que puedan ser clasificadas automáticamente como “militares”. Su apuesta es otra: utilizar los conceptos como fuentes de preguntas, capaces de orientar la observación y abrir caminos para investigar casos concretos.

La publicación reúne Precisiones para el estudio de la militarización, de Michael Ruiz Salinas, y Cómo investigar la militarización de la tecnología: un repertorio de entradas al problema, de Juan Diego Castañeda. El primer texto aborda las discusiones conceptuales alrededor de la militarización; el segundo recupera aprendizajes del proceso de investigación de Karisma y propone siete entradas metodológicas para aproximarse a casos concretos.

Cuando una palabra también necesita ser investigada

Uno de los primeros problemas que plantea la publicación es aparentemente sencillo: ¿qué entendemos por militarización?

No existe una definición única y ampliamente aceptada. El concepto ha sido utilizado para describir transformaciones observables, pero también para analizar relaciones de poder, violencia, desigualdad o represión. Por eso, diferentes investigaciones pueden utilizar la misma palabra para referirse a procesos distintos.

El primer texto organiza esta diversidad en cuatro enfoques: ideológico, comportamental, institucional y sociológico. Más que escoger una definición definitiva, propone reconocer desde qué perspectiva estamos investigando y formular tres preguntas que ayudan a orientar la mirada: ¿dónde opera la militarización?, ¿cómo opera?, ¿qué produce?

Este desplazamiento es importante porque evita convertir “militarización” en una etiqueta que simplemente confirme aquello que ya sospechábamos.

De la tecnología como objeto a la tecnología como relación

El segundo texto lleva esta discusión hacia la tecnología.

Aquí aparece una crítica a dos formas habituales de pensar los artefactos tecnológicos: entenderlos como instrumentos neutrales o asumir que determinadas relaciones políticas están inscritas de manera definitiva en ellos.

Frente a esta disyuntiva, la propuesta trabaja con las ideas de coproducción y ensamblajes sociotécnicos. Esto permite observar la tecnología dentro de las relaciones institucionales, sociales, materiales y discursivas que hacen posible sus usos.

Una distinción resulta especialmente sugerente: la diferencia entre propiedades y capacidades.

Las propiedades permiten preguntar qué conserva un componente tecnológico cuando se desplaza entre distintos contextos. Las capacidades, en cambio, permiten preguntar qué puede hacer ese componente dentro de un ensamblaje concreto y qué relaciones explican aquello que puede hacer. De esta manera, lo militar deja de ser entendido simplemente como una propiedad de un artefacto y pasa a investigarse como una capacidad que se ejerce dentro de configuraciones específicas.

La pregunta, entonces, deja de ser únicamente: ¿Esta tecnología es militar?

Y puede convertirse en: ¿Qué capacidades adquiere esta tecnología en este contexto, mediante qué relaciones y con qué efectos?

Siete entradas para investigar

A partir de este marco, la publicación propone siete entradas que pueden combinarse según los intereses, recursos y características de cada investigación.

La Trayectoria y reinscripción invita a reconstruir los ensamblajes por los que ha pasado una tecnología antes de llegar al caso estudiado. La Comparación de ensamblajes permite observar qué capacidades ejerce un mismo componente en diferentes contextos.

La Coproducción pregunta por las categorías de conocimiento y las formas de autoridad que se estabilizan mientras una tecnología es diseñada, adquirida o adoptada. El Trabajo de frontera dirige la mirada hacia quienes establecen las divisiones entre lo civil y lo militar y hacia los efectos que producen esas clasificaciones.

La entrada de Cotidianidad acerca la investigación a quienes utilizan, operan o experimentan los efectos de estas tecnologías, incorporando además las relaciones de género, clase, raza y posición social. La Triangulación de definiciones permite contrastar diferentes maneras de comprender la militarización. Finalmente, la Reflexividad invita a revisar las propias categorías y decisiones de quien investiga.

No se trata de siete pasos que deban cumplirse en orden. Son, más bien, puertas de entrada diferentes a un mismo problema, que pueden utilizarse y combinarse de acuerdo con cada caso.

De la sospecha a la investigación

Quizá uno de los aportes más útiles de la propuesta sea precisamente su advertencia frente a dos errores opuestos.

El primero consiste en utilizar “militarización” como una etiqueta: asumir desde el comienzo que una tecnología está militarizada, buscar elementos que confirmen esa sospecha y terminar encontrando aquello que ya se había decidido encontrar.

El segundo consiste en abandonar el concepto porque resulta demasiado complejo o cargado.

Frente a ambos caminos, Karisma propone una tercera posibilidad: usar el concepto como generador de preguntas y objetos de observación, mantenerlo mientras resulte productivo y permitir que el propio caso obligue a transformarlo, cuestionarlo o incluso reemplazarlo.

Esta perspectiva puede resultar particularmente útil para organizaciones de la sociedad civil, observatorios, colectivos y espacios de investigación que buscan documentar transformaciones tecnológicas sin reducirlas a sus características técnicas.

Investigar, en este sentido, no significa solamente identificar una tecnología y describirla. Significa reconstruir las relaciones que permiten que esa tecnología sea incorporada, las instituciones que participan, los discursos que la justifican, las fronteras que se establecen y las consecuencias que aparecen en la vida cotidiana.

Una propuesta que también reconoce sus propios límites

La publicación no presenta este repertorio como una metodología definitiva.

Entre sus propias limitaciones reconoce un sesgo eurocéntrico en buena parte de las referencias utilizadas y plantea la necesidad de incorporar más producción latinoamericana. Esta observación es relevante: no se trata simplemente de agregar autores de la región, sino de reconocer que las experiencias latinoamericanas de militarización pueden modificar las propias preguntas desde las cuales investigamos.

También se reconoce que el documento abre caminos, pero no los recorre. Ninguna de sus entradas sustituye el trabajo concreto de investigar, construir fuentes, contrastar información y poner a prueba las preguntas frente a casos específicos.

Tal vez allí reside precisamente su utilidad.

Más que entregarnos respuestas cerradas, la publicación ofrece una manera de mirar. Nos recuerda que investigar la relación entre tecnología y militarización requiere resistir tanto la tentación de encontrar rápidamente aquello que ya sospechábamos como la de abandonar las preguntas porque los conceptos son difíciles.

Entre ambas posibilidades queda un espacio fértil: preguntar, observar, contrastar y dejar que el caso también transforme nuestras propias categorías.

Para quienes investigamos las relaciones entre tecnología, poder y vida cotidiana desde América Latina, esta puede ser una buena brújula para comenzar a caminar.

De las preguntas a la investigación

Si estas siete entradas funcionan como distintas maneras de acercarnos a un caso, el siguiente paso puede ser llevar esas preguntas a una herramienta de trabajo. No para convertir la investigación en una receta ni para establecer de antemano qué debemos encontrar, sino para ayudarnos a ordenar aquello que queremos observar, identificar posibles fuentes y registrar las preguntas que van apareciendo durante el proceso.

La siguiente matriz recoge las siete entradas propuestas por Fundación Karisma y las traduce en una serie de preguntas, dimensiones de observación y posibles fuentes. Puede utilizarse de manera completa o parcial, según las características de cada caso. También puede modificarse: agregar preguntas, incorporar nuevas fuentes o dejar abiertas aquellas dimensiones para las que todavía no contamos con información.

La intención es sencilla: que la matriz no cierre la pregunta, sino que ayude a abrirla.

Porque investigar la militarización de la tecnología también implica aprender a reconocer qué sabemos, qué suponemos y, sobre todo, qué todavía necesitamos preguntar.

Matriz de análisis de militarización tecnológica
Dimensión / EntradaPregunta centralQué observarFuentes sugeridas
1. Trayectoria y reinscripción¿Por qué ensamblajes ha pasado este componente antes de llegar aquí? ¿Qué propiedades conservó y qué se reinscribió?Origen del artefacto, clientes previos, usos anteriores, supuestos inscritos (ej. qué es «riesgo»), miniensamblaje adherido (entrenamiento, licencias, soporte).Contratos, licencias, manuales, historial de proveedores, entrevistas con operadores.
2. Comparación de ensamblajes¿Qué capacidades ejerce este componente en dos o más ensamblajes? ¿Qué relaciones explican las diferencias?Diferencias en protocolos, control judicial, cadenas de mando, auditoría, roles de operadores. Inventariar sin preclasificar.Normativa, manuales de uso, organigramas, entrevistas, observación directa.
3. Coproducción¿Qué categorías de conocimiento y qué autoridad institucional se estabilizan en el mismo proceso?Pliegos técnicos, contratos, cronogramas, entregables, presupuestos, discursos oficiales, material de mercadeo.Documentos de contratación, anexos técnicos, comunicados, ferias del sector.
4. Trabajo de frontera¿Quién traza la frontera entre lo civil y lo militar? ¿En qué documentos y prácticas? ¿Qué efectos produce?Clasificaciones (ej. «doble uso»), regímenes de compra, controles aplicables, proveedores elegibles, presupuesto que paga.Documentos de clasificación, normativa de contratación, disputas interinstitucionales.
5. Cotidianidad¿Cómo se integra esta tecnología en las prácticas cotidianas? ¿Cómo interviene en relaciones de género, clase, raza?Experiencias de operadores, usuarios y afectados; cambios en lo que se considera «normal», «seguro» o «sospechoso»; distribución desigual de efectos.Entrevistas, etnografía, observación participante, testimonios, datos desagregados.
6. Triangulación de definiciones¿Cómo aparece el caso bajo cada enfoque de militarización? ¿Qué ilumina y qué deja fuera cada uno?Aplicar los cuatro enfoques (estatal-institucional, sociocultural, crítico-feminista, economía política) y las preguntas: ¿dónde opera?, ¿cómo opera?, ¿qué produce?Literatura académica, informes previos, datos cuantitativos (gasto, tropas), análisis de discurso.
7. Reflexividad¿Cómo dialoga este caso con el concepto de militarización? ¿Qué confirma, problematiza o desborda?Qué mostró el lente de la militarización que otro concepto no habría mostrado; qué se volvió invisible; qué creía quien investiga antes de empezar.Diario de campo, notas reflexivas, discusión con el equipo.

Sitio web de Fundación Karisma: https://info.karisma.org.co/

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¿Quién controla el campo cuando los datos se convierten en el nuevo cultivo?

La digitalización se ha instalado como una de las grandes promesas del agronegocio contemporáneo. Drones, sensores, inteligencia artificial, plataformas digitales, maquinaria automatizada y sistemas de monitoreo en tiempo real son presentados como herramientas indispensables para producir más, utilizar menos recursos y enfrentar la crisis climática. Bajo nombres como Agricultura 4.0, agricultura inteligente o agricultura de precisión, se afirma que el futuro del campo dependerá cada vez más de los datos y de la automatización.

Sin embargo, detrás de este discurso aparecen preguntas que pocas veces se discuten:

  • ¿Quién controla los datos que generan las personas agricultoras?

  • ¿Quién decide cuando las recomendaciones provienen de algoritmos y plataformas digitales?

  • ¿Qué ocurre con los conocimientos campesinos construidos durante generaciones?

  • ¿La digitalización fortalece la soberanía alimentaria o profundiza nuevas dependencias?

Estas preguntas son el punto de partida para comprender que la digitalización del agronegocio no es únicamente una innovación tecnológica: también constituye una profunda transformación política y económica del sistema agroalimentario.

Más que tecnología: una nueva etapa del agronegocio

La digitalización atraviesa prácticamente toda la cadena agroalimentaria. Desde la preparación del suelo y la siembra hasta el transporte, la logística, el procesamiento industrial, la comercialización y la trazabilidad de los alimentos, cada etapa incorpora crecientemente herramientas digitales capaces de registrar, procesar y comercializar enormes cantidades de información.

Este proceso también modifica quiénes concentran el poder dentro del sistema alimentario.

Hoy las grandes corporaciones tecnológicas establecen alianzas con empresas de semillas, agroquímicos, fertilizantes, maquinaria agrícola y plataformas financieras, configurando un nuevo modelo de acumulación donde los datos se convierten en un activo estratégico.

Los datos también son un territorio en disputa

Una de las principales tensiones que plantea la agricultura digital es que la información producida diariamente por miles de personas agricultoras alimenta plataformas privadas capaces de generar nuevos mercados, servicios y formas de control.

Mientras más productores utilizan estas tecnologías:

  • -mayor es la cantidad de datos acumulados por las plataformas

  • -más precisos se vuelven sus algoritmos

  • -mayor es la dependencia de quienes utilizan esos sistemas

  • -y mayor es la capacidad corporativa para orientar las decisiones productivas

En otras palabras, los datos pasan a ser un nuevo bien estratégico cuya apropiación redefine las relaciones de poder en el campo.

¿Qué pasa con los saberes campesinos?

Uno de los aspectos más provocadores del debate es el lugar que ocupa el conocimiento campesino.

Las herramientas digitales suelen asumir que las mejores decisiones provienen del análisis automatizado de datos. Sin embargo, distintas investigaciones muestran que las personas agricultoras continúan apoyándose en conocimientos construidos mediante la experiencia, la observación cotidiana, la memoria del territorio y la transmisión intergeneracional de saberes.

La vista, el tacto, el olfato, la intuición y la experiencia siguen siendo fundamentales para comprender los cultivos, los suelos y los cambios ambientales, dimensiones que difícilmente pueden reducirse a indicadores digitales.

El debate, entonces, no enfrenta tecnología contra tradición, sino dos maneras distintas de producir conocimiento y de tomar decisiones sobre la agricultura.

Una infraestructura que también deja huella

Aunque frecuentemente se presenta como una economía «desmaterializada», la digitalización depende de enormes infraestructuras físicas.

Su funcionamiento requiere:

  • -centros de datos que consumen grandes cantidades de electricidad y agua

  • -minerales críticos para fabricar chips, baterías y dispositivos electrónicos

  • -cables submarinos y redes de telecomunicaciones que sostienen el tráfico global de datos

  • -una creciente demanda energética asociada al desarrollo de la inteligencia artificial

Por ello, distintos estudios cuestionan la idea de que la digitalización represente, por sí misma, una transición ecológica o una solución automática frente a la crisis climática.

Una discusión necesaria para América Latina y el Caribe

Aunque buena parte de estas transformaciones se impulsan desde grandes corporaciones tecnológicas y organismos internacionales, sus efectos ya son visibles en América Latina y comienzan a reorganizar las cadenas agroexportadoras, las formas de producción y las políticas públicas vinculadas al sector agroalimentario.

Comprender estos procesos resulta fundamental para quienes trabajan por la defensa de los bienes comunes, la soberanía alimentaria y la autonomía de los pueblos rurales.

Una invitación a profundizar el debate

Para aportar a esta discusión, compartimos la publicación Digitalización en el agronegocio ecuatoriano, elaborada por Elizabeth Bravo para Acción Ecológica.

A lo largo de sus páginas, la autora analiza críticamente:

  • -las promesas y límites de la agricultura digital

  • -el papel de las grandes corporaciones tecnológicas

  • -la concentración del poder en torno a los datos

  • -los impactos ambientales de la infraestructura digital

  • -las implicaciones para la agricultura campesina, la soberanía alimentaria y los bienes comunes

Se trata de una lectura imprescindible para comprender que la digitalización del agronegocio no solo transforma la manera de producir alimentos, sino también las relaciones de poder, las formas de conocimiento y las disputas por el control de los territorios.

Le invitamos a descargar la publicación para seguir reflexionando sobre el presente y el futuro de nuestros sistemas agroalimentarios.

Pueden descargar el documento aquí.

Sobre la publicación
Digitalización en el agronegocio ecuatoriano fue elaborada por Elizabeth Bravo, investigadora y activista ecuatoriana con una amplia trayectoria en el estudio del agronegocio, la biodiversidad y la soberanía alimentaria. El documento fue publicado por Acción Ecológica, organización referente en América Latina por su trabajo en defensa de la justicia ambiental, los bienes comunes y los derechos de los pueblos frente a los impactos del extractivismo. A través de esta investigación, la autora ofrece un análisis crítico sobre las transformaciones que introduce la agricultura digital, las disputas por el control de los datos y sus implicaciones para la autonomía de las comunidades rurales y los sistemas alimentarios.

Pueden descargar la infografía aquí.

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