Una historia que comenzó mucho antes
Las preocupaciones sobre el estado del río Pizote no son recientes. Desde al menos 2015, David Menjivar y varias personas vecinas comenzaron a advertir cambios en distintos sectores del cauce. A partir de esos primeros reportes se realizaron inspecciones por parte de diferentes instituciones, incluyendo actuaciones policiales y visitas técnicas, mientras la comunidad continuaba recopilando información sobre las transformaciones observadas.
Con el paso de los años, lejos de desaparecer, las preocupaciones persistieron. En 2021, organizaciones comunitarias recuperaron a partir de una noticia en redes sociales parte de esa memoria colectiva y recordaron que ocho años atrás ya se habían documentado modificaciones importantes en el río. Entre las observaciones registradas se encontraban la formación y desaparición de pozas, caída de árboles, cambios en la profundidad del cauce y otras transformaciones observadas tanto aguas arriba como aguas abajo de sectores donde históricamente se desarrollan actividades de extracción de materiales.
En esa misma oportunidad también se planteó la necesidad de estudiar con mayor profundidad situaciones percibidas por la comunidad, como la disminución del caudal en algunos sectores, procesos de erosión, pérdida de vegetación ribereña y cambios en especies asociadas al ecosistema del río.
Asimismo, se hizo referencia a la existencia de diversos expedientes relacionados con concesiones para extracción de material en el sector, según la información disponible en el Catastro Minero nacional, así como a la necesidad de valorar los riesgos asociados a procesos de desbordamiento y erosión que afectaban a familias de la comunidad.
Aquella recuperación de información no buscaba establecer conclusiones definitivas, sino poner en común un conjunto de observaciones acumuladas durante años y solicitar que fueran analizadas mediante estudios técnicos e investigaciones institucionales.
Las alertas continúan
Durante 2026 la comunidad volvió a expresar su preocupación tras observar nuevos cambios en distintos sectores del río. Luego de varios episodios de lluvia, personas vecinas señalaron que la disminución del caudal permitió apreciar con mayor claridad procesos que, desde su perspectiva, requerían una evaluación especializada.
Las observaciones comunitarias hicieron énfasis en posibles cambios del lecho del río, procesos de erosión y alteraciones que consideraban necesario investigar mediante inspecciones independientes. También insistieron en la importancia de fortalecer los mecanismos de fiscalización y garantizar transparencia en el seguimiento institucional.
Como ha ocurrido desde hace varios años, la comunidad reiteró que corresponde a las autoridades competentes determinar, mediante procedimientos técnicos y administrativos, las causas de las transformaciones observadas y definir las medidas que resulten necesarias para la protección del río.
Los informes técnicos dialogan con la memoria comunitaria
Recientemente, un informe elaborado por el gobierno local (Municipalidad Upala, 2026) incorporó nuevas observaciones derivadas de una inspección realizada en el sitio.
El documento registra, entre otros aspectos, procesos de socavamiento en algunos sectores del río, incorpora registros fotográficos y consigna diversas observaciones técnicas y administrativas realizadas durante el recorrido.
Más que constituir un punto de partida, este informe se suma a un proceso de seguimiento construido durante años por la comunidad.
Su principal valor radica en que aporta nuevos elementos para comprender un proceso que las personas vecinas habían venido documentando mucho antes de la elaboración del informe.