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Bienes comunes en corto – Así fuimos haciendo comunidad: construir un lugar para vivir

Así fuimos haciendo comunidad

En esta entrega de Bienes Comunes en Corto escuchamos la voz de David Menjívar para acercarnos a la historia de Birmania: una comunidad que se ha ido construyendo entre dificultades, aprendizajes, vínculos y esfuerzos compartidos por mejorar las condiciones de vida.

Su relato nos recuerda que una comunidad no aparece hecha. Se construye cuando las personas se encuentran, reconocen lo que comparten y comienzan a trabajar juntas para transformar aquello que afecta su vida cotidiana. Y ese proceso tampoco termina: los desafíos cambian, pero la necesidad de organizarse y sostener los vínculos permanece.

¿Por qué hablar de historias de vida?

Las historias de vida nos permiten acercarnos a los procesos comunitarios desde quienes los han vivido. En sus recuerdos y experiencias encontramos saberes sobre cómo se construyen los vínculos, cómo se aprende a trabajar colectivamente y cómo un territorio va adquiriendo significado para quienes lo habitan.

Escuchar estas voces también es una forma de recuperar memoria y reconocer que los bienes comunes se construyen y sostienen en prácticas cotidianas: en las relaciones, los aprendizajes, los cuidados y los esfuerzos compartidos que hacen posible la vida en comunidad.

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Sentires y Saberes: David Menjívar, Birmania y una historia de vida que hace comunidad

En esta nueva entrega de Sentires y Saberes nos acercamos a la historia de vida de David Menjívar, una historia que también es, de muchas maneras, parte de la historia de Birmania, en Upala.

David llegó desde El Salvador a Birmania, y ese encuentro con una comunidad marcada por las distancias, las dificultades de acceso y el aislamiento fue también el inicio de un aprendizaje que atravesaría buena parte de su vida: comprender que las condiciones de una comunidad no están dadas de una vez y para siempre, y que su transformación requiere que las propias personas que la habitan asuman un papel protagónico.

A través de sus recuerdos, experiencias y reflexiones, esta conversación nos permite acercarnos a la construcción de un vínculo comunitario que no se limita a compartir un territorio. Se trata de construir relaciones, reconocerse como parte de una historia común y asumir que mejorar las condiciones de vida implica también organizarse, trabajar colectivamente y preguntarse qué comunidad se quiere construir.

La historia de David se entreteje así con la de Birmania. Su recorrido nos habla de caminos que se han ido abriendo, de esfuerzos compartidos y de una convicción que aparece una y otra vez: el bienestar de una comunidad también se construye cuando las personas deciden involucrarse en aquello que les afecta y trabajar junto a otras para transformarlo.

Pero esta conversación también nos recuerda que ninguna transformación está terminada. Birmania sigue enfrentando dificultades y formas de aislamiento que, aunque alguna vez estuvieron relacionadas principalmente con las distancias y las condiciones de acceso, hoy también pueden verse alimentadas por el desinterés y el abandono. Por eso, el compromiso comunitario no aparece como una tarea concluida, sino como un proceso que necesita continuar.

Escuchar a David es acercarnos a una manera de entender la vida comunitaria en la que el vínculo y la práctica transformadora van de la mano: conocer a otras personas, compartir sus preocupaciones, asumir responsabilidades y trabajar para que las condiciones de vida puedan mejorar.

En su historia hay también una invitación a mirar la comunidad no como algo acabado, sino como algo que se construye cotidianamente. Y quizá allí se encuentra una de las preguntas que atraviesan esta conversación: ¿qué podemos hacer, colectivamente, para que el lugar que habitamos tenga cada vez mejores condiciones para vivir?

Esta es una historia de vida, pero también una historia de compromiso, de aprendizaje y de comunidad. Una historia que nos recuerda que los territorios también se construyen a través de los vínculos que somos capaces de sostener.

Historias de vida y bienes comunes

Acercarnos a los bienes comunes también implica escuchar las historias de quienes los construyen y sostienen. Una historia de vida permite reconocer cómo, desde las experiencias cotidianas, las personas van creando vínculos con otras, con un territorio y con aquello que comparten.

La historia de David Menjívar y su relación con Birmania nos muestra que estos vínculos no aparecen de manera automática. Se construyen con el tiempo, a través del encuentro, el aprendizaje, la participación y el trabajo colectivo. En ese proceso también se construyen identidad, pertenencia y responsabilidades compartidas.

Por eso, recuperar estas historias es también recuperar saberes: formas concretas en que las personas han aprendido a organizarse, cuidarse y trabajar juntas para mejorar sus condiciones de vida. Los bienes comunes no son solamente aquello que compartimos; también son las relaciones y prácticas que hacemos posibles para sostener aquello que consideramos común.

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Cuando una comunidad cuida un río: más de una década de memoria y vigilancia sobre el río Pizote

Antes que un informe técnico, antes que una inspección institucional y antes que cualquier expediente administrativo, hubo una comunidad que comenzó a observar. Durante más de una década, personas vecinas de Birmania de Upala han recorrido las orillas del río Pizote —también conocido como río Niño—, han fotografiado sus cambios, han compartido sus preocupaciones y han solicitado que las transformaciones que perciben sean investigadas. Esa historia, construida desde la memoria y la vigilancia comunitaria, constituye hoy uno de los registros más importantes para comprender la situación de este río de la Zona Norte.

En la discusión pública sobre los conflictos ambientales suele ponerse atención únicamente cuando aparece un estudio técnico o una resolución institucional. Sin embargo, los procesos de deterioro de un ecosistema casi nunca comienzan ahí. Antes de los informes, casi siempre existe una comunidad que observa, compara, recuerda y documenta.

Eso ha ocurrido en Birmania, distrito de Dos Ríos, cantón de Upala.

Durante más de diez años, habitantes de esta comunidad han construido una memoria colectiva sobre las transformaciones del río Pizote, también conocido como río Niño. Lo que comenzó como conversaciones entre vecinos sobre cambios en el cauce se convirtió, con el paso del tiempo, en recorridos comunitarios, registros fotográficos, solicitudes de inspección, denuncias, reuniones institucionales y un esfuerzo permanente por comprender qué estaba ocurriendo con uno de los bienes comunes más importantes del territorio.

Hoy, distintos informes públicos, inspecciones institucionales y registros comunitarios permiten reconstruir una historia mucho más amplia que la de un hecho aislado. Se trata de una experiencia de vigilancia comunitaria que demuestra el papel fundamental que desempeñan las comunidades en la protección de los ecosistemas.

Un río que conecta territorio, comunidad y vida

El río Pizote forma parte de la red hídrica que nace en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y atraviesa comunidades agrícolas y ganaderas de la Zona Norte de Costa Rica.

Durante generaciones ha sido mucho más que un curso de agua. Ha sido un lugar para aprender a nadar, pescar, compartir en familia y encontrarse con otras personas de la comunidad. También constituye un corredor ecológico que sostiene la biodiversidad y contribuye al equilibrio ambiental de la cuenca.

Por eso, cuando un río cambia, quienes primero lo perciben son las personas que conviven diariamente con él. Las comunidades conocen dónde existían antiguas pozas, recuerdan el comportamiento del agua durante el invierno, identifican la vegetación ribereña y reconocen cuándo el paisaje comienza a transformarse. Ese conocimiento cotidiano constituye una forma de ciencia comunitaria que complementa los estudios técnicos y aporta información indispensable para comprender los procesos ambientales.

La persistencia de quienes nunca dejaron de observar

Si hoy es posible reconstruir buena parte de la historia reciente del río Pizote, es gracias al trabajo constante de personas que decidieron mantener viva la memoria del territorio.

Entre ellas destaca David Menjívar, vecino de Birmania y uno de los principales impulsores de la vigilancia comunitaria sobre el río durante más de una década.

Su aporte ha trascendido la denuncia puntual. Durante años ha recorrido el río, documentado cambios mediante fotografías y videos, conservado registros, compartido información con instituciones, acompañado inspecciones y promovido que las preocupaciones de la comunidad no quedaran en el olvido.

Su trabajo ha permitido construir una memoria ambiental del río que hoy resulta invaluable. Muchas de las observaciones que actualmente forman parte del debate público fueron registradas inicialmente por personas de la comunidad que, como David, comprendieron que proteger un río también implica observarlo, registrar sus transformaciones y transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones.

Esa trayectoria fue recuperada recientemente en un episodio del pódcast Sentires y Saberes del Observatorio de Bienes Comunes. En esa conversación, David recuerda un río que durante décadas fue espacio de recreación, encuentro comunitario y convivencia, al tiempo que comparte las transformaciones que ha observado a lo largo de su vida.

Más allá de una entrevista, su testimonio constituye un ejercicio de memoria territorial. Demuestra que el conocimiento ambiental no nace únicamente de los estudios especializados; también se construye desde la experiencia cotidiana de quienes habitan un territorio durante décadas.

Su historia reivindica una dimensión poco reconocida de la defensa ambiental: la paciencia de quienes dedican años a observar, registrar y cuidar un bien común sin abandonar el compromiso con su comunidad.

Una historia que comenzó mucho antes

Las preocupaciones sobre el estado del río Pizote no son recientes. Desde al menos 2015, David Menjivar y varias personas vecinas comenzaron a advertir cambios en distintos sectores del cauce. A partir de esos primeros reportes se realizaron inspecciones por parte de diferentes instituciones, incluyendo actuaciones policiales y visitas técnicas, mientras la comunidad continuaba recopilando información sobre las transformaciones observadas.

Con el paso de los años, lejos de desaparecer, las preocupaciones persistieron. En 2021, organizaciones comunitarias recuperaron a partir de una noticia en redes sociales parte de esa memoria colectiva y recordaron que ocho años atrás ya se habían documentado modificaciones importantes en el río. Entre las observaciones registradas se encontraban la formación y desaparición de pozas, caída de árboles, cambios en la profundidad del cauce y otras transformaciones observadas tanto aguas arriba como aguas abajo de sectores donde históricamente se desarrollan actividades de extracción de materiales.

En esa misma oportunidad también se planteó la necesidad de estudiar con mayor profundidad situaciones percibidas por la comunidad, como la disminución del caudal en algunos sectores, procesos de erosión, pérdida de vegetación ribereña y cambios en especies asociadas al ecosistema del río.

Asimismo, se hizo referencia a la existencia de diversos expedientes relacionados con concesiones para extracción de material en el sector, según la información disponible en el Catastro Minero nacional, así como a la necesidad de valorar los riesgos asociados a procesos de desbordamiento y erosión que afectaban a familias de la comunidad.

Aquella recuperación de información no buscaba establecer conclusiones definitivas, sino poner en común un conjunto de observaciones acumuladas durante años y solicitar que fueran analizadas mediante estudios técnicos e investigaciones institucionales.

Las alertas continúan

Durante 2026 la comunidad volvió a expresar su preocupación tras observar nuevos cambios en distintos sectores del río. Luego de varios episodios de lluvia, personas vecinas señalaron que la disminución del caudal permitió apreciar con mayor claridad procesos que, desde su perspectiva, requerían una evaluación especializada.

Las observaciones comunitarias hicieron énfasis en posibles cambios del lecho del río, procesos de erosión y alteraciones que consideraban necesario investigar mediante inspecciones independientes. También insistieron en la importancia de fortalecer los mecanismos de fiscalización y garantizar transparencia en el seguimiento institucional.

Como ha ocurrido desde hace varios años, la comunidad reiteró que corresponde a las autoridades competentes determinar, mediante procedimientos técnicos y administrativos, las causas de las transformaciones observadas y definir las medidas que resulten necesarias para la protección del río.

Los informes técnicos dialogan con la memoria comunitaria

Recientemente, un informe elaborado por el gobierno local (Municipalidad Upala, 2026) incorporó nuevas observaciones derivadas de una inspección realizada en el sitio.

El documento registra, entre otros aspectos, procesos de socavamiento en algunos sectores del río, incorpora registros fotográficos y consigna diversas observaciones técnicas y administrativas realizadas durante el recorrido.

Más que constituir un punto de partida, este informe se suma a un proceso de seguimiento construido durante años por la comunidad.

Su principal valor radica en que aporta nuevos elementos para comprender un proceso que las personas vecinas habían venido documentando mucho antes de la elaboración del informe.

La vigilancia comunitaria también produce conocimiento

Uno de los aprendizajes más importantes que deja la experiencia del río Pizote es que las comunidades producen información ambiental de enorme valor público.

  • -Cada fotografía tomada durante años.
  • -Cada recorrido por las orillas del río.
  • -Cada conversación entre generaciones.
  • -Cada solicitud de inspección.
  • -Cada registro conservado.

Todo ello constituye un patrimonio de conocimiento que complementa el trabajo científico e institucional.

La vigilancia comunitaria no reemplaza las competencias de las autoridades ni los estudios especializados. Los fortalece. Permite identificar señales tempranas, orientar investigaciones y construir una comprensión más amplia de los procesos que experimentan los territorios.

También representa una forma concreta de cuidado. Porque cuidar un río no significa únicamente reaccionar cuando aparece un problema evidente. Significa observarlo de manera permanente, conservar su memoria, compartir información y mantener vivo el vínculo entre las personas y el territorio.

Cuidar la memoria para cuidar los bienes comunes

La historia del río Pizote deja una enseñanza que trasciende a Birmania. Los bienes comunes se protegen cuando las comunidades participan activamente en su cuidado. Cuando registran los cambios del paisaje. Cuando dialogan con las instituciones. Cuando recuperan la memoria de quienes han vivido toda una vida junto al río. Cuando las nuevas generaciones aprenden que la defensa del territorio comienza por conocerlo.

En esa historia, el trabajo de David Menjívar ocupa un lugar fundamental. Su constancia demuestra que la defensa de un río no siempre ocurre en los grandes titulares. Muchas veces se construye caminando una y otra vez sus orillas, guardando fotografías durante años, conversando con vecinos, acompañando inspecciones y sosteniendo la convicción de que la memoria también puede convertirse en una forma de protección.

En tiempos de crisis climática y de crecientes presiones sobre los ecosistemas, esa experiencia recuerda que las comunidades no solo son testigos de las transformaciones ambientales. Son también productoras de conocimiento, guardianas de la memoria territorial y protagonistas indispensables en la construcción de una gestión ambiental más democrática.

Porque los ríos no se cuidan únicamente desde los expedientes o los informes técnicos. También se cuidan desde la mirada atenta de quienes nunca dejan de caminar junto a ellos.

Referencia:

CRM Costa Rica Multimedia TV. (2021, 5 de marzo). Vecinos y vecinas de la comunidad de Birmania de Upala han venido planteando la necesidad de evaluar a profundidad los impactos ambientales que ha sufrido el río Pizote

Municipalidad de Upala. (2026). Informe MU-MA-INF-001-2026. Informe de inspección ambiental sobre el río Pizote. Gestión Ambiental, Municipalidad de Upala.

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«Ya no es el río que conocimos»: memoria, cambios y preocupaciones desde Birmania de Upala

Un río que conecta territorio, comunidad y vida

Birmania es una pequeña comunidad ubicada en el distrito de Dos Ríos, cantón de Upala, en la Zona Norte de Costa Rica, a unos 32 kilómetros de la frontera con Nicaragua. Se trata de una región marcada por la producción agrícola y ganadera, atravesada por ríos que nacen en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y forman parte de una compleja red hídrica que conecta territorios, comunidades y ecosistemas.

Uno de esos ríos es el Río Niño, también conocido como Río Pizote. Sus aguas han acompañado durante décadas la vida cotidiana de las personas que habitan la zona, convirtiéndose en un espacio de recreación, encuentro comunitario y observación de la naturaleza.

Una conversación desde la experiencia de quienes habitan el territorio

En esta edición de Sentires y Saberes, conversamos con David Menjívar, vecino de Birmania desde hace más de cinco décadas, quien comparte sus recuerdos sobre el río, los cambios que ha observado a lo largo del tiempo y las preocupaciones que existen actualmente en torno a la extracción de materiales de su cauce.

A partir de su experiencia, la conversación permite reflexionar sobre las transformaciones ambientales que experimentan los territorios, el papel de las comunidades en la observación y defensa de los bienes comunes, así como los desafíos institucionales para garantizar la protección de los ecosistemas.

Algunos temas claves:
  • -El Río Niño ha sido históricamente un espacio de encuentro, recreación y convivencia para las comunidades de la zona.
  • -Las personas que habitan los territorios suelen ser las primeras en identificar cambios y afectaciones ambientales.
  • -La extracción continua de materiales del cauce ha generado preocupaciones por la pérdida de vegetación ribereña, cambios en la dinámica del río y afectaciones a especies acuáticas.
  • -Los procesos de transformación ambiental también impactan prácticas cotidianas y espacios de recreación comunitaria.
  • -La defensa de los bienes comunes no se limita a las denuncias: incluye acciones de cuido, restauración y observación permanente del territorio.
  • -El conocimiento comunitario constituye una fuente valiosa para comprender los cambios que experimentan los ecosistemas.
  • -Las nuevas generaciones cuentan con más herramientas para informarse, participar y asumir un papel activo en el cuidado de la naturaleza.

Más que una entrevista sobre un río, este diálogo nos invita a pensar en la relación entre memoria, territorio y responsabilidad colectiva. Le invitamos a escuchar este nuevo episodio de Sentires y Saberes y conocer la mirada de una persona que ha dedicado gran parte de su vida a observar, cuidar y defender el Río Niño.

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