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Cuando el veneno parecía progreso: el DDT y la construcción de las salvaguardas ambientales

Hubo un tiempo en que el DDT (pesticida químico) fue aclamado como uno de los mayores logros de la ciencia moderna. Se fumigaban cultivos, bosques, barrios, playas e incluso a las personas, convencidas de que aquel polvo blanco representaba el futuro: una herramienta infalible para eliminar plagas, aumentar la producción agrícola y combatir enfermedades como la malaria.

Durante las décadas de 1940 y 1950, Estados Unidos promovió su uso masivo. El DDT era un pilar en programas de salud pública, campañas agrícolas y políticas gubernamentales que lo presentaban como una solución segura y eficaz. Cuestionarlo parecía irracional. Después de todo, ¿quién podría oponerse al progreso?

Sin embargo, la historia demostraría que el verdadero problema no era únicamente el pesticida, sino la certeza con la que una sociedad creyó conocer todos sus efectos antes de comprender realmente sus consecuencias a largo plazo.

Los daños que tardaron años en hacerse visibles

A diferencia de otros contaminantes, el DDT no desaparecía tras su aplicación. Permanecía durante años en el suelo y el agua, ingresaba en las cadenas tróficas y se acumulaba en los tejidos de animales y personas. Las aves rapaces comenzaron a desaparecer de diversas regiones debido al debilitamiento de sus cáscaras de huevo, mientras la contaminación se extendía mucho más allá de las zonas tratadas.

Lo más inquietante era que estos impactos solo podían observarse con el paso del tiempo. Los beneficios económicos eran inmediatos; los costos ecológicos, en cambio, emergían lentamente y eran asumidos por toda la sociedad. Esta historia nos recuerda que algunos daños ambientales no ocurren de manera espectacular, sino que se acumulan silenciosamente hasta que resulta imposible ignorarlos.

Una científica contra un modelo de desarrollo

En 1962, la bióloga estadounidense Rachel Carson publicó Primavera silenciosa (Silent Spring), una obra que transformó para siempre la discusión ambiental. Su principal aporte no fue rechazar la ciencia o el desarrollo tecnológico, sino demostrar que el verdadero conocimiento científico también debe interrogarse por las consecuencias de aquello que se considera un avance.

Carson reunió investigaciones dispersas, documentó los impactos sobre la fauna y cuestionó la aplicación indiscriminada de sustancias químicas cuyos efectos a largo plazo eran inciertos.

La reacción no se hizo esperar. Las empresas fabricantes de pesticidas emprendieron campañas para desacreditarla, cuestionando su credibilidad y tachando sus investigaciones de exageradas. Argumentaron que restringir el DDT pondría en riesgo la agricultura y la salud pública. El debate dejó de ser exclusivamente científico para convertirse en una disputa política, económica y cultural.

Lo más difícil no fue descubrir el problema, sino cambiar el rumbo

Existe la idea equivocada de que, cuando la ciencia demuestra un daño, las instituciones simplemente corrigen el error. La historia del DDT demuestra lo contrario.

A pesar de las crecientes evidencias, la prohibición del pesticida enfrentó enormes resistencias. Durante décadas, se habían construido políticas públicas, inversiones, industrias y modelos agrícolas que dependían de su uso. Reconocer el problema implicaba revisar decisiones gubernamentales, modificar regulaciones y afectar intereses económicos profundamente consolidados.

La publicación de Primavera silenciosa fue en 1962, pero Estados Unidos no prohibió la mayoría de los usos agrícolas del DDT hasta 1972, tras largos procesos de investigación, audiencias públicas, controversias judiciales y fuertes presiones de la industria química. La burocracia, en este caso, no fue un mero conjunto de trámites administrativos, sino el reflejo de una disputa por definir qué intereses debían prevalecer cuando la evidencia científica cuestionaba un modelo de desarrollo que había generado enormes beneficios económicos.

Las salvaguardas ambientales nacieron de estas lecciones

A menudo, se presentan las evaluaciones de impacto ambiental, el principio precautorio, el monitoreo independiente o la participación ciudadana como obstáculos para el desarrollo. Sin embargo, la historia del DDT invita a mirar estas herramientas desde otra perspectiva.

Estas salvaguardas no surgieron para impedir la innovación, sino porque demasiadas veces la innovación avanzó más rápido que nuestra capacidad para comprender sus consecuencias. Son mecanismos que buscan responder una pregunta sencilla antes de que el daño ocurra: ¿Qué podría pasar si estamos equivocados?

Responder esa pregunta requiere tiempo, información, instituciones sólidas y espacios para el diálogo entre distintos conocimientos. Puede parecer un proceso lento, pero suele ser mucho menos costoso que intentar reparar ecosistemas destruidos o enfrentar crisis sanitarias evitables.

Una lección que sigue vigente

Hoy los debates ya no giran únicamente en torno al DDT. Se discuten nuevos pesticidas, megaproyectos, minería, infraestructura, organismos genéticamente modificados y muchas otras tecnologías que prometen resolver problemas urgentes. En distintos países resurgen discursos que presentan las regulaciones ambientales como «excesos burocráticos» que frenan la inversión y el crecimiento.

Sin embargo, esta historia nos recuerda que muchas de esas regulaciones existen precisamente porque, en el pasado, la ausencia de controles permitió que los costos ambientales se trasladaran a la naturaleza y a las generaciones futuras.

Las salvaguardas ambientales no son el resultado del miedo al progreso, sino de la memoria: la memoria de ecosistemas degradados, especies desaparecidas, comunidades afectadas y decisiones que pudieron tomarse con mayor precaución. Quizá la enseñanza más importante del DDT no sea que una sustancia resultó peligrosa, sino que ninguna sociedad debería confundir la rapidez para innovar con la sabiduría para decidir. Porque cuando los daños ambientales finalmente se hacen visibles, casi siempre es demasiado tarde para preguntarse si habría sido mejor actuar con más cuidado desde el principio.

¿Y qué nos dice esta historia sobre Costa Rica?

Costa Rica suele presentarse ante el mundo como un referente en conservación ambiental. La recuperación de sus bosques, la creación de parques nacionales y el reconocimiento internacional por sus políticas ambientales forman parte de ese relato. Sin embargo, ese prestigio no significa que las tensiones entre desarrollo económico y protección de los bienes comunes hayan desaparecido.

En los últimos años, el país ha vivido un creciente debate sobre el alcance de sus salvaguardas ambientales. Con frecuencia, las evaluaciones de impacto, los procesos de consulta, los estudios técnicos o las regulaciones para proteger ríos, humedales, acuíferos y bosques son presentados como obstáculos que retrasan inversiones, encarecen proyectos o limitan la competitividad. Detrás de ese discurso suele instalarse una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué tantos controles?

La historia del DDT ofrece una respuesta vigente: muchas de estas instituciones y procedimientos nacieron precisamente porque, en el pasado, las decisiones se tomaban sin suficiente información sobre sus consecuencias ambientales y sociales. No aparecieron por casualidad ni por un exceso de burocracia, sino como respuesta a daños que pudieron haberse evitado.

Esta reflexión adquiere especial relevancia en un país donde los conflictos por el agua, la expansión urbana sobre humedales, la presión sobre territorios rurales, la extracción de materiales, el uso intensivo de agroquímicos y los efectos del cambio climático evidencian que la protección ambiental sigue siendo un desafío cotidiano. Cada decisión que flexibiliza controles puede generar beneficios inmediatos para ciertos sectores, pero también trasladar costos ecológicos y sociales que solo se harán visibles años después.

Defender las salvaguardas ambientales no significa negar la necesidad del desarrollo económico, sino reconocer que el verdadero desarrollo no puede construirse sobre la degradación silenciosa de los ecosistemas de los que depende la vida. Las evaluaciones ambientales, el principio precautorio, la participación ciudadana y el fortalecimiento institucional son herramientas para mejorar las decisiones colectivas, no para impedirlas.

Quizá la mayor enseñanza del DDT para Costa Rica es que los errores ambientales rara vez ocurren por falta de conocimiento. Ocurren, con frecuencia, cuando la evidencia científica, las advertencias comunitarias o las capacidades institucionales son relegadas ante la urgencia de producir más, construir más rápido o reducir los controles. Cuando eso sucede, las consecuencias no desaparecen: simplemente se trasladan al futuro.

En tiempos en que la simplificación de trámites y la desregulación vuelven a ocupar un lugar central en el debate público, conviene recordar que la verdadera pregunta no es cuánto cuesta prevenir un daño ambiental, sino cuánto termina costando cuando decidimos no hacerlo.

¿Y si ahora la inteligencia artificial puede hacerlo mejor?

En un momento en que la inteligencia artificial (IA) promete transformarlo todo, comienzan a surgir voces que sugieren que las salvaguardas ambientales podrían simplificarse. Si un algoritmo puede procesar millones de datos en segundos, modelar escenarios futuros y estimar riesgos con precisión, ¿siguen siendo necesarias evaluaciones extensas, consultas públicas o procesos institucionales que toman meses o años?

La pregunta resulta atractiva, pero parte de un supuesto equivocado: que las salvaguardas existen únicamente porque antes no teníamos suficiente capacidad para analizar información. La historia del DDT demuestra que, en muchos momentos, existieron datos y advertencias que señalaban los riesgos. Lo que faltó no fue capacidad de cálculo, sino voluntad para reconocer la incertidumbre, cuestionar intereses consolidados y actuar antes de que el daño fuera irreversible.

La IA puede contribuir a analizar imágenes satelitales, detectar cambios en los ecosistemas, procesar grandes volúmenes de información y construir modelos predictivos con una velocidad impensable hace años. Puede convertirse en una aliada importante para fortalecer la gestión ambiental. Pero ninguna inteligencia artificial puede responder preguntas profundamente políticas y éticas:

  • -¿Es aceptable poner en riesgo un humedal por un beneficio económico de corto plazo?

  • -¿Quién decide qué nivel de contaminación es tolerable?

  • -¿Cómo se valoran los conocimientos de las comunidades que habitan un territorio?

  • -¿Quién asume los costos si una predicción resulta equivocada?

  • -¿Qué especies, paisajes o formas de vida estamos dispuestos a sacrificar?

Estas no son preguntas que se resuelvan con un algoritmo. Son decisiones colectivas que requieren deliberación democrática, instituciones públicas sólidas y mecanismos de participación. Confiar en que la IA puede sustituir las salvaguardas ambientales sería repetir un error conocido: creer que una nueva tecnología elimina la necesidad de actuar con precaución frente a sus propios límites.

Paradójicamente, la expansión de la IA hace aún más necesario fortalecer el principio precautorio. No porque debamos desconfiar de la tecnología, sino porque también ella genera incertidumbres, concentra poder y puede reproducir sesgos si no existen instituciones capaces de supervisar su uso. La lección del DDT sigue vigente: ninguna innovación, por sofisticada que sea, reemplaza la responsabilidad de preguntarnos cuáles podrían ser sus consecuencias antes de convertirla en la base de nuestras decisiones.

Rachel Louise Carson (1907-1964) fue una bióloga marina y zoóloga estadounidense cuya obra transformó la relación de la sociedad con el medio ambiente. Formada con una maestría en Zoología por la Universidad Johns Hopkins, Carson. Su libro más influyente, Primavera silenciosa (1962), documentó los devastadores efectos de los pesticidas sintéticos, en especial el DDT, sobre los ecosistemas, la fauna y la salud humana. Carson no solo denunció la contaminación química, sino que cuestionó la arrogancia de una ciencia y una industria que actuaban sin considerar las consecuencias a largo plazo. A pesar de los feroces ataques de la industria química, su obra impulsó el movimiento ecologista moderno, contribuyó directamente a la prohibición del DDT en Estados Unidos (1972) y sentó las bases para la creación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Su legado perdura como un recordatorio de que el progreso sin precaución y sin rendición de cuentas tiene un costo que la naturaleza termina cobrando.

Referencia:

Carson, Rachel (2023). Primavera silenciosa. Crítica

Gamboa, Nadia. (2014). DDT, una revisión histórica. Revista de Química, *28*(1-2), 19-24.

Mugabo, Jean Pierre Bhople, Balkirshina Sopan Kumar, Arun Khan, Javed Ahmad Havugimana, Erneste Byringiro, Emmanuel Singh, Yumnam Neeraj (2020). Environmental Impact Assessment (EIA): General process and procedures. En Environmental Impact Assessment: A Journey to Sustainable Development (pp. 21-58). Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-030-45871-5_2

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La moneda de Dos Caras: así funciona la política ambiental del gobierno de Rodrigo Chaves 2022-2026

No es contradicción, es arquitectura. Detrás del líderazgo ambiental internacional que protege los océanos se esconde una lógica coherente: la naturaleza se protege si se puede vender, y se destruye si se puede explotar.

La política ambiental en sus propias palabras: el presidente, la moneda y las dos caras

A veces, para entender una política pública no hace falta empezar por los decretos, los indicadores o los discursos técnicos. Basta escuchar las palabras con las que un gobierno explica el mundo.

En el caso de la política ambiental del gobierno de Rodrigo Chaves (2022-2026), las declaraciones públicas del propio presidente permiten observar con claridad la arquitectura política que atraviesa su gestión: una combinación entre liderazgo verde internacional, lógica de rentabilidad territorial y desconfianza hacia regulaciones o actores que puedan limitar la inversión.

Las frases no son simples «ocurrencias». Funcionan como ventanas hacia una forma específica de entender la relación entre naturaleza, economía y democracia.

Y esa forma, como desarrollaremos a lo largo de esta nota, no es caótica ni contradictoria. Responde más bien a una lógica que podríamos llamar «la moneda de Dos Caras»: un rostro impoluto para el mundo, un rostro desfigurado para el territorio, y entre ambos una decisión política que siempre cae del mismo lado.

El rostro impoluto: el líder climático que habla al mundo

En los escenarios globales, el presidente Chaves despliega un discurso de fuerte tono ambientalista. Allí, Costa Rica vuelve a ser el país verde, el referente, el que asume liderazgos que otros esquivan.

«Para Costa Rica, el futuro de la humanidad es inimaginable sin un océano protegido, así que hemos asumido el liderazgo que nos corresponde y con un mensaje urgente para el mundo, convertimos su protección en el eje central de nuestra política ambiental exterior.» (Esta declaración fue realizada durante un evento de alto nivel sobre Acción Oceánica «Inmersos en el Cambio», antesala de la UNOC 2025)

Incluso frente a la minería submarina —una de las grandes amenazas oceánicas— el presidente apeló a un lenguaje ético, casi civilizatorio:

«Del oportunismo de otra nación que vaya a buscar metales al fondo del mar y que nos destruye el ambiente para todos, llegó el momento ya no de discutir, llegó el momento de buscar en nuestros corazones.» (Declaración realizada durante la UNOC 2025 en Francia).

Ese es el rostro impoluto. El que posa para las fotos internacionales. El que habla de protección, de ética, de corazón. El mismo que permite a Costa Rica seguir cobrando por servicios ambientales, recibir financiamiento climático y pavonearse como líder en las cumbres.

Pero la moneda tiene otra cara.

El rostro desfigurado: la urgencia económica que todo lo subordina Cuando el presidente se dirige al país —cuando habla de territorio, de inversión, de desarrollo real— el tono cambia radicalmente. La protección ambiental deja de ser prioritaria. Se vuelve, en el mejor de los casos, un lujo que no podemos pagar.

Sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, afirmó:

«Yo siento que en este momento Costa Rica tiene que enfocarse… pero esas no son las cosas urgentes, ese no es el balazo en el pecho, ese es el colesterol. (Conversatorio con la Alianza Empresarial para el Desarrollo (AED), marzo de 2022. Periódico La Nación)

La metáfora es reveladora: la crisis ecológica deja de entenderse como problema estructural para convertirse en un asunto secundario frente a las urgencias económicas inmediatas. No es el balazo —lo que mata ahora— sino el colesterol —lo que mata despacio, quizás mañana, quizás nunca.

Ese es el rostro desfigurado. El que opera bajo la lógica de la excepción: la norma se flexibiliza, la regulación se posterga, el ambiente espera. Algo similar ocurre con la idea misma de sostenibilidad. En una de sus declaraciones más conocidas, Chaves sentenció:

«El desarrollo sostenible es redundante.» (Intervención ante la Alianza Empresarial para el Desarrollo (AED), marzo de 2022. Periódico La Nación).

La frase parece menor, pero encierra una concepción política profunda: la idea de que el desarrollo, por sí mismo, ya contiene automáticamente la sostenibilidad. Como si crecer económicamente fuera, por definición, cuidar el ambiente. Como si no existieran tensiones reales entre expansión del capital, límites ecológicos y destrucción territorial.

La moneda, aquí, ya ha caído. Y cayó del lado del desarrollo sin adjetivos.

La moneda en acción: cuando la fauna se vuelve enemiga

La lógica de Dos Caras se vuelve brutalmente explícita en las disputas sobre uso del suelo y conservación costera. En medio de las controversias por Gandoca-Manzanillo —un territorio de alto valor ecológico y cultural— el presidente declaró:

«Nosotros no vamos a destruir el tesoro nacional en la costa sur de la provincia Limón, pero tampoco se lo vamos a dejar a la fauna y que el ser humano, el costarricense, no tenga la oportunidad de generar prosperidad con eso.» (Declaración a la prensa en Cartago, 15 de mayo de 2024. Periódico La República -El Observador CR)

Y luego agregó, construyendo su famosa falsa moderación:

«Aquí hay gente extrema que dice que hay que ir a construir hoteles enormes de 5 estrellas y eso no pasará, pero también hay otros que dicen que hay que dejárselo a los monitos y no señor, tampoco es así.» (Declaración a la prensa en Cartago, 15 de mayo de 2024. Periódico La República / El Observador CR).

Analicemos la operación de la moneda, paso a paso.

Primero, el presidente se presenta como equilibrado: ni extremo de un lado (hoteles gigantes), ni extremo del otro (conservación absoluta). Segundo, caricaturiza la defensa ambiental: quienes protegen el territorio son «los que quieren dejárselo a los monitos». Tercero, naturaliza la intervención humana: el territorio debe producir algo, no puede «quedarse» para nadie más que no sea el capital.

¿Qué ha hecho Dos Caras aquí? Ha lanzado su moneda al aire. El rostro impoluto dice: «no vamos a destruir el tesoro nacional». El rostro desfigurado añade: «pero tampoco se lo vamos a dejar a la fauna». La moneda cae. El resultado es una playa privatizada, una comunidad desplazada, un manglar rellenado. Y todo, envuelto en la retórica del «centro razonable».

La moneda contra la democracia ambiental: el rechazo a Escazú

La misma lógica se repite —con consecuencias aún más globales— en la posición del gobierno frente al Acuerdo de Escazú, el tratado internacional que protege a defensores ambientales y garantiza participación ciudadana.

El presidente fue tajante desde el inicio de su mandato:

«El sector privado debe estar tranquilo de que el Acuerdo de Escazú no está en la agenda del Gobierno.» (Declaración como presidente electo, mayo de 2022. DW / Divergentes).

¿Por qué tanta tranquilidad para el sector privado y tanta intranquilidad para las comunidades? La respuesta está en su propia justificación:

«Es muy preocupante que en un momento en que necesitamos reactivación económica haya la posibilidad en el Acuerdo de Escazú de atrasar de manera injustificada y arbitraria proyectos de inversión.» (Declaración como presidente electo, mayo de 2022. DW).

Observen cómo opera la moneda. La participación ambiental —el derecho a ser consultado, a acceder a información, a impugnar decisiones— es presentada como una «posibilidad de atrasar». Los defensores de territorios son convertidos en obstáculos. La democracia ecológica se vuelve sinónimo de traba burocrática.

El presidente incluso argumentó que Costa Rica no necesita el Acuerdo porque:

«Nuestra legislación ya incluye todo lo que incluye el Acuerdo de Escazú, excepto esa posibilidad de decir paren porque a mí me parece que se debe parar, eso no se vale.» (Declaración como presidente electo, mayo de 2022. DW).

Ahí está, por fin, el corazón de Dos Caras. Lo que el presidente rechaza del Acuerdo de Escazú no es el acceso a la información ni la justicia ambiental. Es la posibilidad de que las comunidades digan «paren». Es el derecho a frenar un proyecto cuando la norma se ha violado, cuando el territorio está en riesgo, cuando la inversión avanza por encima de la vida.

«Eso no se vale», dice Dos Caras mientras lanza su moneda. Pero la moneda siempre cae del mismo lado: el lado que protege la inversión, no el territorio. El lado que tranquiliza al sector privado, no a las comunidades.

La coherencia de la moneda: lo que las frases revelan

Leídas en conjunto, estas declaraciones permiten observar algo que los análisis superficiales suelen perder de vista: no hay contradicción, hay arquitectura.

El presidente que en Davos habla de proteger océanos y buscar en el corazón es el mismo que en Limón habla de no dejarle el territorio «a los monitos». El líder climático internacional es el mismo que llama «colesterol» a los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El estadista que firma acuerdos globales es el mismo que dice «el Acuerdo de Escazú no está en la agenda». No es que mienta. Es que su moneda tiene dos caras diseñadas para funcionar juntas.

  • El rostro impoluto permite a Costa Rica seguir vendiendo servicios ambientales, recibir financiamiento verde y mantener su marca país de sostenibilidad.
  • El rostro desfigurado permite flexibilizar normas, expulsar comunidades y abrir territorios a la inversión inmobiliaria, turística y minera.

Una cara no estorba a la otra. La hace posible.

Cuando las palabras nombran (y ocultan) la moneda

La política ambiental, entonces, no solo se expresa en leyes, permisos o conflictos territoriales. También se revela —con crudeza— en las palabras con las que el poder decide nombrar o reducir la naturaleza, las comunidades y el futuro del país.

«El desarrollo sostenible es redundante»  no es una ocurrencia. Es una declaración de principios.

«No se lo vamos a dejar a la fauna»  no es una metáfora desafortunada. Es una hoja de ruta.

«Esa posibilidad de decir paren… eso no se vale»  no es un exabrupto. Es la línea roja que este gobierno no está dispuesto a cruzar.

La moneda de Dos Caras tiene un nombre en la política ambiental de Rodrigo Chaves. Se llama: naturaleza como activo, territorio como mercancía, comunidades como obstáculo.

Y mientras sigamos leyendo estas frases como incoherencias aisladas, la moneda seguirá girando en el aire. Pero si las leemos como lo que son —las dos caras de un mismo proyecto— entonces tal vez podamos, por fin, disputar el lanzamiento.

Porque la moneda no cae por casualidad. Está diseñada para hacerlo.

La trampa de pedir coherencia

Cuando se analiza la política ambiental del gobierno de Rodrigo Chaves, es común caer en una trampa: la de leerla como una colección de contradicciones.

Por un lado, Costa Rica sigue brillando en el escenario internacional. Expande áreas marinas protegidas, consolida el Fondo Azul y fortalece los Pagos por Servicios Ambientales (PSA). El país no abandona su vitrina verde.

Por otro lado, en el plano interno, ocurre lo contrario. Se flexibilizan normas para proyectos inmobiliarios, se centralizan decisiones en pocas manos, se silencia a los técnicos del Ministerio de Ambiente (MINAE). Casos como Gandoca-Manzanillo, Cipreses de Oreamuno o Playa Panamá parecen indicar un retroceso sistemático.

Frente a esto, muchos concluyen: «El gobierno es incoherente. Dice una cosa y hace otra». Pero esa lectura es ingenua. Y también es útil… para el gobierno.

Porque si creemos que solo se trata de contradicciones, dejamos de preguntarnos por la lógica que las organiza. Y ese es el verdadero hallazgo del análisis aquí: no hay contradicción. Hay arquitectura.

Costa Rica como Harvey Dent o «Dos Caras»

Para entender esta arquitectura, imaginemos al gobierno de Chaves como un personaje de DC Comics: Harvey Dent, el fiscal de Ciudad Gótica que se convierte en el villano Dos Caras.

Harvey tiene dos rostros. Uno es el del líder idealista, pulcro, comprometido con la justicia. El otro es una cicatriz quemada que revela violencia y arbitrariedad. Entre los dos, decide con una moneda. Pero la moneda no es azar: está cargada.

Ahora pensemos en Costa Rica.

El rostro impoluto es el que ve el mundo: el país verde, el líder climático, el que vende servicios ambientales y recibe financiamiento internacional por proteger sus bosques y mares.

El rostro desfigurado es el que sufren las comunidades costeras y rurales: playas privatizadas de hecho, amenaza de manglares o bosques destruidos para hoteles de lujo, comunidades expulsados por la gentrificación o turístificación, y técnicos ambientales silenciados por orden de un superior.

¿Y la moneda? La moneda es la decisión política. Cada vez que hay conflicto entre conservación y desarrollo, el gobierno lanza su moneda. Pero la moneda no cae al azar. Está diseñada para caer siempre del lado que conviene al capital.

Si un ecosistema puede venderse en forma de bonos de carbono o servicios ambientales, la moneda cae del lado impoluto: se protege, se mide, se transa. Si un territorio —sobre todo si es playa, corales, manglar o tierra fértil— puede ser transformado en un resort, un puerto o un proyecto inmobiliario de lujo, la moneda cae del lado desfigurado: se flexibilizan las normas, se acalla a los opositores y se judicializa el conflicto cuando ya es tarde.

No es azar. Es diseño.

El rostro impoluto: cuando la naturaleza se convierte en activo

Comencemos por la cara que el gobierno muestra con orgullo.

En el escenario internacional, Costa Rica no ha abandonado su papel histórico. Al contrario, lo ha actualizado. La expansión de áreas marinas protegidas, el impulso al Fondo Azul y el fortalecimiento de los PSA configuran una narrativa de innovación y liderazgo.

Pero aquí hay un giro que no suele contarse: lo que se despliega no es solo una política de conservación, sino una nueva lógica económica sobre la naturaleza. Los bosques y los mares dejan de ser territorios con valor intrínseco o cultural. Empiezan a ser activos. Se miden en toneladas de carbono capturado. Se traducen en métricas de biodiversidad. Se integran a circuitos globales de financiamiento.

El PSA, por ejemplo, es un instrumento exitoso. Pero también es un contrato. La naturaleza se protege porque presta un servicio. Y ese servicio tiene precio.

La pregunta incómoda es: ¿qué pasa con lo que no puede medirse ni venderse? ¿Qué pasa con los ecosistemas que no entran en esta lógica de valorización? ¿Qué pasa con los territorios que no sirven como activos climáticos, pero sí como suelo barato para el turismo de élite?

Ahí es donde aparece el otro rostro. El rostro desfigurado: centralización, silencio y excepción

En el plano interno, la historia es muy distinta. El gobierno no ha reformado el MINAE mediante un proyecto de ley explícito, aunque lo intentó. Lo ha transformado mediante prácticas silenciosas pero sistemáticas.

Primero, centralización del poder. Las decisiones ambientales ya no se discuten en instancias técnicas. Se concentran en la jerarquía ministerial. Los criterios de biólogos, geógrafos y abogados ambientales son subordinados a la voluntad política.

Segundo, control de la comunicación. Circulan oficios internos que limitan lo que los funcionarios técnicos pueden decir en público. El conocimiento especializado pierde visibilidad. Y sin visibilidad, pierde capacidad de incidir.

Tercero, flexibilización normativa. La ley deja de ser un marco estable. Se vuelve una variable ajustable. Si una norma impide un proyecto, se reinterpreta. Si la oposición social crece, se deslegitima a los activistas como «ambientalistas extremos». Si el conflicto llega a los tribunales, se asume que la justicia llegará tarde.

Y así ocurre. En los casos que se lograr avanzar en algún sentido. En todos ellos, cuando la justicia ambiental finalmente se pronuncia, el territorio ya ha sido transformado. Los manglares ya están rellenados. Los hoteles ya tienen sus cimientos.

La justicia opera como correctivo post daño, no como mecanismo preventivo.

Gentrificación y privatización de costas: la cara más violenta de la moneda

Hasta aquí, el análisis del texto original. Pero falta un elemento central para entender el «rostro desfigurado» en su máxima expresión: la gentrificación turística y la privatización de las costas. Estos dos fenómenos son, quizás, la forma más intensa en que se aplica la lógica de la moneda cargada.

¿Qué está pasando en las costas de Costa Rica?

En nombre del turismo —ese motor económico que nadie se atreve a criticar— se están impulsando megaproyectos hoteleros y residenciales de lujo, marinas que atentan los corales, y que vistos de forma integral producen al menos tres efectos devastadores:

  1. Expulsión de comunidades locales. Pescadores artesanales, campesinos costeros y familias enteras son desplazadas porque el suelo que habitaron por generaciones se revaloriza. Ya no es tierra de vida. Es tierra de negocio.
  2. Privatización de facto de las playas. La Constitución dice que las playas son bienes públicos. Pero en la práctica, las servidumbres de paso se restringen, las concesiones se otorgan con discrecionalidad, y el acceso al mar se vuelve un privilegio para huéspedes de hoteles o dueños de villas.
  3. Destrucción de ecosistemas costeros. Corales, manglares, humedales y bosques de transición son eliminados para dar paso a campos de golf, piscinas y terrazas con vista al mar. Ese daño, en la mayoría de los casos, es irreversible.
¿Y cuál es el papel del gobierno en todo esto?

El rostro impoluto sigue promocionando «marca país» basada en naturaleza. Los folletos turísticos muestran playas vírgenes y selvas exuberantes. El rostro desfigurado, mientras tanto, facilita los permisos, desaloja a las comunidades que protestan y silencia a los técnicos que alertan sobre el impacto ambiental.

No es incoherencia. Es el mismo modus operandi de Dos Caras: un discurso para los turistas y los mercados internacionales (justicia, conservación, sostenibilidad), y una práctica brutal para las comunidades locales (despojo, exclusión, daño ambiental).

Energía y minería: la expansión de la frontera de mercado

La lógica de la moneda cargada no se limita a las costas. También alcanza sectores estratégicos como la energía y la minería.

En el sector eléctrico, el gobierno ha impulsado una apertura a la competencia y al capital privado en un ámbito históricamente organizado bajo principios de planificación pública. La transición energética, así pensada, deja de ser un asunto de soberanía nacional para convertirse en un mercado más.

En el caso de la minería, el fantasma de Crucitas sigue ahí. Aunque existe una prohibición formal, el tema reaparece una y otra vez: mediante proyectos de ley, declaraciones de autoridades o una gestión ambigua de la minería ilegal. Crucitas se ha vuelto un territorio emblemático donde la prohibición convive con su constante puesta en cuestión.

En ambos casos, la tendencia es clara: expandir la lógica de valorización hacia ámbitos que habían sido relativamente protegidos de ella.

Si hay un símbolo perfecto del «rostro impoluto» versus el «rostro desfigurado» de la política ambiental costarricense, ese es el Acuerdo de Escazú. Porque Costa Rica no solo firmó este tratado. Costa Rica fue sede de su firma en 2018 . El país se puso al frente de América Latina para impulsar el primer gran pacto ambiental de la región, pionero mundial en la protección de defensores ambientales .

Y sin embargo, cinco años después, el tratado sigue sin ser ratificado.

¿Por qué funciona esta arquitectura? La coherencia de la dualidad

Llegados a este punto, alguien podría preguntarse: ¿cómo es posible que el gobierno mantenga al mismo tiempo un liderazgo ambiental internacional y una política interna de flexibilización y despojo?

La respuesta es simple: porque una cosa hace posible la otra.

El rostro impoluto no es un estorbo para el rostro desfigurado. Es su cobertura. La legitimidad verde que Costa Rica acumula en el extranjero permite seguir recibiendo financiamiento, acuerdos y buena prensa. Esa misma legitimidad vuelve más difícil la crítica interna, porque cualquier oposición puede ser tildada de «antidesarrollo» o «extremista». Y el rostro desfigurado, por su parte, no es un accidente. Es la expresión territorial de esa misma lógica: algunos ecosistemas se protegen como activos financieros; otros se sacrifican como suelo de inversión.

La política ambiental de este gobierno no oscila impredeciblemente entre protección y explotación. Se mueve dentro de un marco coherente donde la naturaleza es protegida cuando puede ser integrada a circuitos de valor, y flexibilizada cuando su transformación resulta funcional a la rentabilidad inmediata.

La moneda no cae por casualidad. Está diseñada para hacerlo.

Siete preguntas para seguir pensando (y disputando)

Para cerrar, dejamos estas preguntas. No buscan respuestas fáciles. Buscan abrir el debate allí donde el gobierno prefiere el silencio.

  1. Sobre la moneda cargada: ¿No es contradictorio vender «paz con la naturaleza» en las cumbres climáticas mientras en las costas del Pacífico se destruyen bosques para hoteles de lujo? ¿O acaso esa contradicción es justamente la funcionalidad del sistema?
  2. Sobre la censura técnica: Cuando el MINAE silencia a sus propio personal y centraliza decisiones en jerarcas políticos, ¿no se está aplicando la misma lógica de Dos Caras? ¿La ley técnica se aplica solo cuando la moneda (la voluntad política) lo permite?
  3. Sobre gentrificación-turistificación: Los megaproyectos turísticos expulsan a comunidades pesqueras y campesinas. ¿No es esta una forma de «limpieza social» funcional al rostro desfigurado? ¿Puede hablarse de desarrollo cuando los habitantes originales ya no pueden pisar su propia playa?
  4. Sobre privatización de costas: La Constitución dice que las playas son bienes públicos. Pero con servidumbres de paso amañadas y concesiones discrecionales, se permite una privatización de facto. ¿No es esta la victoria del rostro desfigurado? ¿Dónde queda la democracia ambiental si la playa se ha convertido en un lobby de hotel?
  5. Sobre la marca país: El gobierno promueve turismo basado en naturaleza. Pero esa promesa exige playas libres y accesibles. ¿Cómo se sostiene la marca (rostro impoluto) mientras el producto real (rostro desfigurado) es una costa cercada y excluyente?
  6. Sobre la judicialización tardía: Los casos emblemáticos llegan a tribunales cuando el daño ya es irreversible. ¿No es el Poder Judicial el equivalente al comisionado Gordon en Gotham: intenta arreglar el desastre, pero nunca puede prevenir que Dos Caras lance su moneda?
  7. La pregunta final: Si aceptamos esta metáfora, entonces el gobierno de Chaves no es «fracturado» ni «inconsistente». Es perfectamente coherente con una lógica: maximizar el valor (vía financiarización, turismo de lujo y privatización costera) bajo la cobertura de un discurso verde. Entonces, ¿cómo se construye una defensa de los bienes comunes que no quepa ni en la cara de la conservación financiera ni en la cara del desarrollo depredador?
Nombrar la moneda para poder disputarla

La política ambiental del gobierno de Rodrigo Chaves tiene un nombre. No es «contradicción». No es «falta de rumbo». No es «improvisación». Se llama moneda de Dos Caras.

Un rostro impecable para el mundo. Un rostro quemado para los territorios y las comunidades. Y entre ambos, una moneda que siempre cae del mismo lado.

Nombrar esta coherencia no es un ejercicio académico. Es un acto político. Porque solo aquello que se reconoce en su lógica puede ser efectivamente disputado. La pregunta, entonces, ya no es si el gobierno es verde o no lo es. La pregunta es: ¿quién tiene derecho a lanzar la moneda? ¿Y cómo construimos un modelo donde la naturaleza no tenga que depender de una cara buena o una cara mala, sino que sea simplemente un bien común, compartido, vivo e intransable?

Esa es la conversación que el rostro impoluto quiere evitar. Y que el rostro desfigurado quiere quemar antes de que empiece.

Una matriz para discutir

La pregunta de fondo, entonces, no es únicamente cómo denunciar la “moneda cargada”, sino cómo disputar el horizonte político que la hace posible.

Porque el problema no se reduce a un gobierno, un decreto o un conflicto puntual. Lo que está en juego es una forma de entender la naturaleza, el territorio, el desarrollo y la democracia. Una lógica donde algunos ecosistemas se conservan porque generan valor financiero, mientras otros territorios son flexibilizados, sacrificados o privatizados en nombre del crecimiento económico.

Frente a esto, resulta necesario abrir una discusión más profunda: ¿qué alternativas políticas, económicas y territoriales pueden construirse más allá del falso dilema entre conservación mercantilizada y desarrollo depredador?

La siguiente matriz no busca ofrecer respuestas cerradas ni modelos acabados. Más bien, pretende funcionar como herramienta de reflexión y debate colectivo. Identifica algunas de las tensiones centrales que atraviesan la política ambiental contemporánea en Costa Rica y propone horizontes en disputa para pensar otras formas de relación entre sociedad, naturaleza y bienes comunes.

Tensión o falso dilema dominanteCómo se presenta públicamenteQué invisibiliza o desplazaCómo opera la “moneda cargada”Horizonte político en disputaPreguntas para problematizar
Conservación vs desarrolloSe afirma que proteger demasiado frena la inversión y el empleoQue conservación y extractivismo pueden coexistir bajo una misma lógica de mercadoSe conservan ecosistemas útiles para financiamiento verde y se flexibilizan otros para inversión inmobiliaria o turísticaSostener la vida como criterio central de organización territorial¿Desarrollo para quién y a costa de qué territorios?
Turismo o pobrezaEl turismo aparece como única salida económica viable para las costasDependencia económica, precarización laboral y expulsión comunitariaLa naturaleza se convierte en paisaje de consumo y plataforma de rentaEconomías territoriales diversificadas y arraigadas localmente¿Puede una comunidad vivir del turismo sin perder su territorio?
Ambiente o inversiónLas regulaciones ambientales son presentadas como obstáculos burocráticosQue muchas normas existen para evitar daños irreversiblesSe flexibilizan reglas cuando el capital considera “estratégico” un territorioPlanificación ecológica democrática y preventiva¿Quién define qué proyectos son “de interés nacional”?
Crecimiento verde o atrasoLa modernización se asocia a mercados de carbono, megaproyectos y apertura económicaLas desigualdades territoriales y la concentración de beneficiosLa naturaleza se valoriza financieramente mientras aumentan exclusiones territorialesTransición ecológica justa con redistribución territorial¿Puede haber transición ecológica sin justicia social?
Expertos o comunidadesEl conocimiento técnico se utiliza selectivamente según convenga políticamenteLos saberes comunitarios y la autonomía territorialEl criterio técnico se fortalece o silencia según afecte intereses económicosCo-gobernanza entre conocimiento técnico y territorial¿Quién tiene legitimidad para decidir sobre un territorio?
Protección ambiental o uso productivoSe plantea que ciertos ecosistemas “improductivos” deben ponerse a generar riquezaEl valor cultural, hídrico y comunitario de los territoriosAlgunos ecosistemas se convierten en activos; otros en suelo sacrificableTerritorios entendidos como espacios de vida y reproducción social¿Todo territorio debe justificar su existencia en términos de rentabilidad?
Marca país o conflicto territorialCosta Rica se presenta internacionalmente como líder verdeLos conflictos ambientales internos y la desigualdad ecológicaLa legitimidad internacional amortigua críticas localesDemocracia ambiental con transparencia territorial¿Quién narra el país: las comunidades o la estrategia de mercadeo?
Seguridad jurídica o defensa comunitariaLos conflictos se reducen a “trabas” contra el desarrolloAsimetrías de poder entre empresas, Estado y comunidadesLa judicialización llega cuando el daño ya ocurrióJusticia ambiental preventiva y vinculante¿Qué significa justicia cuando el ecosistema ya fue destruido?
Acceso público o privatización “ordenada”Se afirma que las concesiones mejoran infraestructura y dinamizan territoriosRestricciones reales al acceso comunitario y apropiación privada de bienes públicosLa privatización ocurre gradualmente mediante regulación y exclusión prácticaCostas y bienes comunes bajo acceso colectivo garantizado¿Puede existir playa pública cuando el acceso depende del consumo?
Energía pública o eficiencia de mercadoLa apertura eléctrica se presenta como modernización inevitableRiesgos de fragmentación, dependencia privada y desigualdad energéticaSectores estratégicos se reconfiguran como nichos de inversiónSoberanía energética democrática y planificación pública¿La energía es mercancía o derecho colectivo?
Conservación financiera o abandono estatalSe plantea que sin mercados verdes no hay recursos para proteger la naturalezaEl debilitamiento de la responsabilidad pública sobre el cuidado ambientalLa protección depende cada vez más de su capacidad de generar rentabilidadCuidado ecológico como responsabilidad colectiva y pública¿Qué ocurre con los ecosistemas que no producen ganancias?
Participación o gobernabilidadLa crítica social se presenta como obstáculo al progresoEl derecho de las comunidades a decidir sobre transformaciones territorialesLa participación se tolera mientras no altere decisiones estratégicasDemocracia territorial vinculante y deliberativa¿Participar significa escuchar o realmente poder decidir?
La moneda que no cambia de dueño

La matriz anterior no es un catálogo de incidentes aislados. Es el reflejo de una lógica de gobierno que ha encontrado en la estigmatización de la defensa ambiental una herramienta política recurrente. Y esa lógica, como muestra el cierre de esta nota, no se agota con el cambio de mando.

El extracto: cuando «estúpido» y «extremista» se vuelven política de Estado

El 22 de abril de 2026 —en una conferencia de prensa conjunta— el presidente Rodrigo Chaves y la presidenta electa Laura Fernández ofrecieron una ventana involuntaria hacia el futuro de la política ambiental costarricense .

El detonante fue una pregunta sobre el proyecto turístico en Playa Panamá, Guanacaste, donde se pretendía talar 748 árboles maduros en una zona que alimenta quebradas del manglar . El diputado electo Edgardo Araya —reconocido por su trayectoria en la defensa ambiental— había interpuesto una acción de inconstitucionalidad ante la Sala IV, logrando medidas cautelares que suspendieron temporalmente los permisos de tala .

La respuesta del ahora expresidente Chaves fue, para usar sus propias palabras, directa:

«La clase de estúpido que es este ser humano. Edgardo Araya, el padre del desastre de Crucitas» .

No contento con el insulto, extendió su descalificación al magistrado Fernando Cruz, presidente de la Corte Suprema, a quien calificó como «un desvisado, de extrema izquierda y nefasto para el país» .

Pero lo más relevante para el futuro del país ocurrió a su lado. La presidenta electa Laura Fernández —quien asumiría el mando pocos días después, el 8 de mayo de 2026— no solo no se desmarcó del discurso presidencial. Lo complementó.

Fernández aludió a «personas radicalistas» que, según sus palabras, «engañan al país con información falsa» . En la misma línea, el presidente electo la respaldó al calificar a sus opositores ambientales como «fanáticos», «radicales» y «malintencionados». La escena fue, en esencia, una ceremonia de continuidad.

Lo que revela el intercambio

El Observatorio de Bienes Comunes de la UCR, en su análisis de este episodio, fue contundente: lo que está en juego aquí no es la libertad de opinión. El problema radica en la normalización de un discurso que descalifica a las personas —y no a sus argumentos—, y que, además, asocia la defensa del ambiente con daño al desarrollo, pérdida de empleos o incluso mala fe .

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha advertido que la estigmatización de personas defensoras del ambiente «contribuye a crear un clima de hostilidad, legitima la descalificación pública y, en contextos de alta conflictividad, puede convertirse en la antesala de amenazas, criminalización e incluso violencia letal» .

En Costa Rica, ese clima ya tiene nombre y apellido. Y ahora tiene una continuidad asegurada.

La moneda sigue girando

La metáfora de Dos Caras que hemos utilizado a lo largo de esta nota adquiere aquí una dimensión inquietante. Porque la moneda que el presidente Chaves ha lanzado durante cuatro años no será recogida cuando él abandone el poder.

La presidenta Laura Fernández ha recibido esa moneda. Y ha dejado claro, en su primera conferencia conjunta, que piensa seguir lanzándola.

El rostro impoluto seguirá hablando de protección oceánica y liderazgo climático en los foros internacionales. El rostro desfigurado seguirá llamando «estúpidos», «fanáticos» y «radicales» a quienes se atrevan a decir «paren» frente a un proyecto de inversión.

La única diferencia es que ahora la moneda tiene un nuevo lanzador. Pero el lado hacia el que cae —siempre el mismo— no ha cambiado.

La pregunta que queda

Frente a esta continuidad anunciada, la pregunta que abre esta nota —¿quién tiene derecho a lanzar la moneda?— se vuelve más urgente que nunca.

Porque la moneda de Dos Caras no es un mecanismo neutral. Es un dispositivo de poder. Y mientras siga en manos de quienes ven en la naturaleza un activo, en el territorio una mercancía y en las comunidades un obstáculo, el ambiente seguirá siendo moneda de cambio.

No de vida.

Nombrar esta continuidad no es un ejercicio académico. Es el primer paso para disputar, por fin, el lanzamiento.

Referencias:

CR Hoy. (2024, noviembre 13). PEN: Gobierno de Rodrigo Chaves debilitó histórico liderazgo ambiental de Costa Rica.

CR Hoy. (2026, abril). Diputado electo recurre a la Sala IV para frenar tala de 748 árboles en playa Panamá.

Divergentes. (2022, mayo 4). Rodrigo Chaves dice no al Acuerdo de Escazú.

DW. (2022, mayo 4). Presidente electo de Costa Rica descarta acuerdo de Escazú.

El Observador. (2024, mayo 16). Video | «Tampoco se lo vamos a dejar a la fauna», dice Chaves sobre tala de árboles en Caribe Sur.

France 24. (2025, junio 16). La Entrevista – El presidente de Costa Rica en France 24: se necesita «racionalidad económica» en el tema ambiental.

La Nación. (2022, marzo 11). Rodrigo Chaves dice que Objetivos de Desarrollo Sostenible no son urgentes para Costa Rica.

La República. (2022, marzo 12). Rodrigo Chaves minimiza desafíos para el desarrollo sostenible de Costa Rica.

La República. (2024, mayo 16). [Video] Rodrigo Chaves: No permitiremos hoteles de 5 estrellas en el Caribe Sur, pero tampoco quedará solo para los monitos.

La República. (2024, noviembre 14). Costa Rica debilita su histórica apuesta ambiental.

Trivisión. (2026, abril 22). El debate por tala y proyectos en Papagayo Guanacaste escala con posición conjunta del Gobierno y presidenta electa Laura Fernández.

UNA Comunica. (2026, enero 14). Planes de gobierno alertan pérdida de liderazgo ambiental en Costa Rica.

Crédito imágenes: DC Comics

La presente nota no es un comentario circunstancial. Es el resultado de cuatro años de monitoreo sistemático del Observatorio de Bienes Comunes de la Universidad de Costa Rica (2022-2026). Durante este período, el Observatorio ha documentado decretos, proyectos de ley, conflictos territoriales, flexibilizaciones normativas, centralización de decisiones y la sistemática estigmatización de las personas defensoras del ambiente.

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De “estúpido” a “malintencionado”: cómo se naturaliza la estigmatización de quienes defienden el ambiente

En la conferencia de prensa semanal del presidente de la República, Rodrigo Chaves, junto Ministra de la Presidencia y presidenta electa Laura Fernández, tuvo lugar un intercambio que, para muchos, pudo pasar desapercibido. Sin embargo, a la luz de los estándares internacionales de derechos humanos, constituye un ejemplo claro de estigmatización institucional contra personas defensoras del ambiente.

Durante su intervención, el presidente Chaves se refirió al diputado electo Edgardo Araya como “la clase de estúpido que es este ser humano” y “el padre del desastre de Crucitas”. En la misma línea, calificó al magistrado Fernando Cruz, presidente de la Corte Suprema, como “un desvisado”, “de extrema izquierda y nefasto para el país” y “malintencionado”. Por su parte, la presidenta electa aludió a “personas radicalistas” que “engañan” al país con “información falsa”.

Lo que está en juego aquí no es la libertad de opinión. El problema radica en la normalización de un discurso que descalifica a las personas —y no a sus argumentos—, y que, además, asocia la defensa del ambiente con daño al desarrollo, pérdida de empleos o incluso mala fe.

Lo que dice el derecho interamericano

El informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), “Norte de Centroamérica: Personas defensoras del medio ambiente” (2022), es contundente al respecto:

“La difamación y estigmatización de personas defensoras son prácticas comúnmente utilizadas para distorsionar la percepción que se tiene sobre su labor.” (párr. 114)

El documento señala que, en países como Guatemala, Honduras y El Salvador, funcionarios públicos y actores privados han recurrido a etiquetas como “criminales”, “terroristas”, “antidesarrollo” o “enemigos del Estado” para desacreditar a quienes defienden el ambiente (párr. 115). Aunque con un lenguaje distinto, ese mismo patrón discursivo se hizo presente este miércoles en la conferencia del Poder Ejecutivo costarricense.

La CIDH advierte que la estigmatización no constituye un simple exceso retórico. Por el contrario, contribuye a crear un clima de hostilidad, legitima la descalificación pública y, en contextos de alta conflictividad, puede convertirse en la antesala de amenazas, criminalización e incluso violencia letal (párrs. 116–118).

¿Por qué esto importa en Costa Rica?

Costa Rica experimenta una erosión en las condiciones para la defensa ambiental. Aunque no se trate de un escenario de violencia sistemática como en otros países de la región, el país no está exento de hechos extremos: se han registrado asesinatos de personas vinculadas a la defensa del territorio. En este contexto, se acumulan señales de deterioro —conflicto sostenido en territorios indígenas, declaratorias de “no grato” y afiches de “no bienvenidos”— que, lejos de ser aisladas, delinean una tendencia preocupante. A ello se suma el uso de mecanismos de intimidación legal, como las demandas estratégicas contra la participación pública (SLAPP), reforzando un entorno cada vez más adverso, profundizado por discursos estigmatizantes desde el Poder Ejecutivo.

Estos discursos no solo acompañan este proceso, sino que lo profundizan y legitiman. En primer lugar, normalizan el insulto y la descalificación personal como formas válidas de hacer política y de responder a posiciones críticas, particularmente en materia ambiental. En segundo lugar, deslegitiman la defensa del ambiente al asociarla de manera automática con “fanatismo”, “radicalismo” o “engaño”, sin distinguir entre posturas legítimas y acciones ilegales.

Además, este clima discursivo pone en riesgo el derecho a disentir en temas ambientales, especialmente para comunidades locales, liderazgos indígenas y personas que se oponen a megaproyectos. Finalmente, este tipo de posicionamientos contradice los compromisos internacionales asumidos por Costa Rica, incluyendo su papel histórico en torno al Acuerdo de Escazú y los estándares desarrollados por la CIDH.

Lo que la CIDH recomienda (y Costa Rica debería escuchar)

El informe dedica un apartado específico a las obligaciones estatales en materia de estigmatización. Entre sus conclusiones, señala:

“Las autoridades estatales deben abstenerse de realizar declaraciones que estigmaticen o que sugieran que las organizaciones actúan de manera indebida o ilegal, solo por el hecho de realizar sus labores de promoción y defensa de los derechos humanos.” (párr. 175)

Asimismo, recomienda de forma expresa:

“Crear una campaña de educación y promoción […] Las autoridades, desde los más altos niveles, deben abstenerse de hacer declaraciones o afirmaciones que estigmaticen o desacrediten a las personas defensoras.” (párr. 305, recomendación 2)

Hasta el momento, lejos de promover esta cultura, el Poder Ejecutivo costarricense ha avanzado en sentido contrario.

Más allá de la anécdota: un patrón discursivo

Lo ocurrido el 22 de abril no puede entenderse como un hecho aislado. En los últimos años, desde el Ejecutivo se ha reiterado un patrón discursivo que califica a quienes cuestionan proyectos turísticos, mineros o de infraestructura como “obstruccionistas”, “radicales” o “enemigos del desarrollo”.

Lo novedoso en esta ocasión es la intensidad de la descalificación —dirigida a personas concretas como Araya y Cruz— y la generalización negativa hacia quienes defienden el ambiente, presentados como parte de “corrientes extremas”.

De acuerdo con la CIDH, la estigmatización suele ser el primer eslabón de una cadena que puede escalar hacia el hostigamiento, la criminalización y, en los escenarios más graves, la violencia física (párr. 96). En Costa Rica, aunque no se ha llegado a esos extremos, el discurso oficial comienza a sentar las condiciones para ello.

Cuando el discurso oficial cruza la línea

Señalar la estigmatización desde el Poder Ejecutivo no implica perseguir al gobierno ni restringir la libertad de expresión presidencial. Tampoco se trata de dirimir si un proyecto es viable, beneficioso o no, ni de impedir el desarrollo. Implica, más bien, reconocer que las palabras de quienes ejercen poder público tienen peso, generan efectos y deben ajustarse a ciertos límites, especialmente cuando se refieren a personas que ejercen un derecho fundamental: la defensa del ambiente.

La CIDH ha sido clara: proteger a las personas defensoras comienza por reconocer la legitimidad de su labor y abstenerse de descalificarlas. Un país que se presenta como referente ambiental y de derechos humanos, como Costa Rica, debería comenzar por garantizar ese estándar en su propio discurso institucional.

En este sentido, lo ocurrido no puede leerse como un hecho aislado ni como un simple exceso retórico. Forma parte de un entramado más amplio de violencias que afectan a quienes defienden el ambiente. La siguiente matriz, basada en el informe de la CIDH, permite visualizar cómo estas formas de violencia se articulan y escalan, situando la estigmatización como uno de sus puntos de partida.

Cómo operan las violencias contra personas defensoras del ambiente
Tipo de violencia¿En qué consiste?¿Cómo se manifiesta?Efectos principalesRelación con la estigmatización
Estigmatización y desprestigioDiscursos que deslegitiman la labor de defensa ambientalDeclaraciones públicas, etiquetas como “radicales”, “antidesarrollo”, “enemigos”Erosiona legitimidad social, aísla a las personas defensorasEs el punto de partida: construye el clima que permite otras violencias
Amenazas y hostigamientoIntimidación directa o indirecta contra personas defensorasMensajes de amenaza, vigilancia, acoso, agresiones físicas o psicológicasGenera miedo, limita la participación y la denunciaSe legitima más fácilmente cuando la persona ya ha sido desacreditada públicamente
CriminalizaciónUso indebido del sistema penal para obstaculizar la defensaDenuncias infundadas, procesos judiciales, prisión preventiva abusivaDesgasta recursos, inhibe la acción colectiva, castiga la protestaLa estigmatización construye la narrativa que “justifica” la persecución
Ataques a la vida e integridadViolencia directa contra la integridad físicaAtentados, asesinatos, desapariciones forzadasElimina liderazgos, genera terror en comunidadesEs el extremo de la cadena, precedido muchas veces por estigmatización y hostigamiento

Fuente: elaboración propia con base en el informe de la CIDH “Norte de Centroamérica: Personas defensoras del medio ambiente” (2022).

¿A quiénes alcanza este tipo de discurso?

Hay un elemento adicional que no puede pasarse por alto. En este caso, las descalificaciones se dirigen a figuras con alta exposición pública como Fernando Cruz y Edgardo Araya. Se trata de personas con trayectoria, experiencia institucional y cierto nivel de protección derivado de sus cargos —magistrado y diputado electo—, lo que podría sugerir que están más habituadas a este tipo de confrontaciones.

Sin embargo, el problema no se agota en quienes reciben directamente los ataques. Este tipo de discurso, emitido desde los más altos niveles del poder, no solo impacta a estas figuras: también envía un mensaje más amplio que puede ser replicado y amplificado en otros espacios.

Cuando se normaliza la descalificación personal, se habilita —explícita o implícitamente— que ese mismo trato se reproduzca hacia personas defensoras con menor visibilidad y menor capacidad de protección: liderazgos comunitarios, colectivos locales, juventudes organizadas o personas que participan por primera vez en la defensa de sus territorios.

En esos contextos, las consecuencias pueden ser mucho más graves. A diferencia de figuras públicas consolidadas, estas personas suelen enfrentar mayores niveles de vulnerabilidad frente al hostigamiento, la intimidación o la violencia, precisamente porque no cuentan con los mismos recursos políticos, mediáticos o institucionales para responder.

Esto no implica minimizar los efectos que estas expresiones tienen sobre Fernando Cruz y Edgardo Araya, quienes también pueden verse afectados en distintos niveles por este tipo de violencia simbólica. Más bien, permite dimensionar el alcance del problema: un discurso estigmatizante no se queda en quienes nombra, sino que se expande, permea y reconfigura las condiciones en las que muchas otras personas ejercen su derecho a defender el ambiente.

En ese sentido, la responsabilidad del discurso público no radica solo en a quién se dirige, sino en todo lo que habilita más allá de ese momento.

¿Qué dice esto sobre la política ambiental de Costa Rica?

Más allá del episodio puntual, este tipo de declaraciones abre una pregunta de fondo sobre el rumbo de la política ambiental en Costa Rica. Cuando desde el más alto nivel del Poder Ejecutivo se desacredita a quienes defienden el ambiente, no solo se afecta a personas concretas: se redefine el lugar que ocupa la protección ambiental dentro de las prioridades del Estado.

El discurso importa porque orienta la acción pública. Asociar la defensa del ambiente con obstáculo, engaño o radicalismo no es neutral: desplaza el debate desde la deliberación informada hacia la descalificación, y debilita las condiciones para construir políticas ambientales legítimas, participativas y sostenibles.

En un país que ha construido buena parte de su identidad internacional sobre la protección ambiental, este tipo de posicionamientos genera tensiones evidentes. No se trata solo de una contradicción discursiva, sino de una señal política que puede incidir en cómo se toman decisiones sobre territorios, recursos naturales y comunidades.

Esto se vuelve aún más evidente al revisar la propia intervención de la presidenta electa. En su discurso, Laura Fernández reivindica el ambiente como “la gallina de los huevos de oro”, destacando su valor para el turismo, la imagen país y la generación de riqueza. Sin embargo, esa defensa se articula en términos instrumentalizados: el ambiente aparece valioso en la medida en que produce beneficios económicos y reputacionales, no necesariamente como un derecho o un bien común en sí mismo.

Al mismo tiempo, establece una frontera problemática entre “protección” y “fanatismo”, ubicando a quienes cuestionan proyectos o decisiones como “radicalistas” que “engañan” al país y generan “inseguridad jurídica”. Esto no solo simplifica debates complejos, sino que reproduce el tipo de narrativa que organismos como la CIDH han advertido: aquella que desacredita a las personas defensoras al asociarlas con irracionalidad, mala fe o daño al desarrollo.

A ello se suma una idea que parece técnica, pero que también merece ser problematizada: la noción de compensación ambiental basada en cortar árboles y sembrar más, incluso en proporciones mayores. Si bien estas medidas pueden formar parte de herramientas de gestión ambiental, presentarlas como equivalentes directos invisibiliza aspectos clave como la complejidad de los ecosistemas, el tiempo que tarda en regenerarse un bosque, la biodiversidad específica de cada territorio y los impactos acumulativos de la intervención. No todo árbol es intercambiable, ni todo ecosistema es fácilmente “reemplazable”.

Así, el discurso intenta sostener una defensa del ambiente mientras deslegitima a quienes lo defienden en contextos concretos y simplifica las tensiones ecológicas a una lógica de compensación cuantitativa. La tensión no es menor: se reivindica el valor abstracto de la naturaleza, pero se cuestiona —y se desautoriza— a los sujetos que encarnan su defensa en los territorios.

En ese sentido, la pregunta no es menor: ¿se está consolidando una política ambiental que reconoce el valor de quienes defienden la vida en los territorios, o una que los coloca como adversarios del desarrollo? La respuesta a esa pregunta marcará, en buena medida, el tipo de país que Costa Rica decida ser.

Referencias:

CIDH (2022). Norte de Centroamérica: Personas defensoras del medio ambiente. OEA/Ser.L/V/II. Doc. 400/22. Puede descargar aquí.

Poder Ejecutivo de Costa Rica. (2026, 22 de abril). Conferencia presidencial 22-04-2026 -video. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=tqZw6bY1FVU

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Entre Mordor e Isengard: una lectura crítica de los planes de gobierno desde los bienes comunes – Cuaderno de Estudio

Costa Rica entra en una nueva contienda electoral, y entre las promesas y los discursos, hay una dimensión clave que pocas veces se examina con lupa: cómo los partidos entienden la naturaleza, el territorio y la vida común. Ese es el corazón del debate ambiental, aunque muchas veces quede escondido bajo tecnicismos o frases de campaña.

El nuevo Cuaderno de Estudio: Entre Mordor e Isengard propone entrar en ese debate desde otro lugar. Analizamos los capítulos de ambiente, recursos naturales, medio ambiente y temas afines presentes en los 20 planes de gobierno. Y cuando esos capítulos no existían o eran mínimos —como ocurre en varios casos— examinamos propuestas ubicadas en economía, desarrollo, infraestructura, promoción de actividades, turismo y sectores productivos, para interpretar lo que los partidos realmente plantean sobre el territorio y los bienes comunes.

La intención no es señalar partidos ni repetir sus promesas, sino interpelar la política: examinar los marcos, silencios y tensiones que atraviesan la manera en que el país se imagina su futuro ecológico.

Inspirado en la metáfora de Las Dos Torres, el cuaderno revela dos grandes fuerzas que ordenan el discurso ambiental electoral:

  • -Mordor: extractivismo clásico, desregulación, megaproyectos avanzando con mínima deliberación.

  • -Isengard: soluciones verdes que maquillan mercados, pagos por servicios ecosistémicos, economía azul y discursos de innovación que no cuestionan la lógica de fondo.

Ambas torres, aunque con ropajes distintos, comparten un mismo punto de partida: la naturaleza como recurso.

¿Qué hallamos al revisar los planes?
  • -En la mayoría de propuestas, el mar aparece como territorio vacío, listo para ser ocupado por marinas, turismo e infraestructura logística.

  • -La conservación se narra como “activo económico”, sin reconocer tejido comunitario ni gobernanza local.

  • -La desregulación se presenta como “modernización” para acelerar proyectos, debilitando controles ambientales.

  • -El crimen organizado se aborda sin conectar con el territorio, pese a su incidencia en costas, zonas turísticas y fronterizas.

  • -El sistema eléctrico se discute sin mencionar democracia energética, transiciones justas ni riesgos de privatización.

  • -El cambio climático se reduce a listados de obras, sin justicia climática ni reconocimiento de vulnerabilidades diferenciales.

  • -La agroindustria y los agroquímicos se normalizan, pese a los impactos sobre agua, salud y suelos.

  • -Los megaproyectos se tratan como “impulso al desarrollo”, sin análisis de acumulación de impactos ni participación ciudadana.

¿Qué es lo más llamativo?

Muchos planes comparten la misma matriz conceptual: territorios vistos como espacios disponibles, comunidades reducidas a “beneficiarios” y bienes comunes transformados en categorías económicas.

¿Qué aporta este cuaderno?
  • -Lecturas críticas de nociones ambientales presentes (y ausentes) en los planes.

  • -Actividades pedagógicas para analizar discursos sin caer en lógicas partidistas.

  • -Una revisión de megaproyectos y sus impactos esperados.

  • -Secciones sobre costas, crimen organizado, agroindustria, energía, cambio climático y desregulación.

  • -Un enfoque basado en ecología política, bienes comunes y el Acuerdo de Escazú.

  • -Una guía de uso para que cada lector contraste, cuestione y reinterprete las propuestas según sus valores y su territorio.

Este cuaderno no pide adhesiones.
Pide pensamiento crítico.
Pide mirar más allá de las torres y reconocer la fuerza de la Comunidad del Anillo: las personas, comunidades y territorios que sostienen la vida.

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Comunidades tenían razón: auditoría confirma graves fallas de la SETENA y revela un modelo ambiental en crisis

El reciente informe de la Contraloría General de la República (CGR) sobre la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (SETENA) confirma una preocupación que desde hace años levantan las comunidades costeras, campesinas e indígenas: la protección ambiental en Costa Rica se encuentra debilitada por omisiones institucionales y riesgos de corrupción.

La auditoría examinó 59 expedientes de proyectos con viabilidad ambiental aprobada, principalmente en zonas costeras, y concluyó que la gestión del riesgo de corrupción en la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) incumple de manera significativa el marco normativo y técnico. En el 74 % de los casos revisados, se detectaron deficiencias graves que comprometen la transparencia, la trazabilidad y la protección efectiva de los ecosistemas.

Uno de los ejemplos más ilustrativos es el de Portalón de Quepos, donde la SETENA otorgó viabilidad ambiental sin inspección de campo y basándose en un estudio elaborado por un consultor que actuaba simultáneamente como regente forestal. Posteriormente, el SINAC confirmó la existencia de bosque y ecosistemas frágiles, y se documentaron 16 incumplimientos ambientales.

La Contraloría advierte que este tipo de prácticas erosionan la confianza ciudadana y exponen al país a un uso abusivo de los instrumentos ambientales, donde la aprobación de proyectos puede responder más a intereses privados que al bien común.

¿Qué es la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA)?

La EIA es un instrumento preventivo de la política ambiental del Estado. Toda obra, actividad o proyecto que pueda alterar el ambiente debe someterse a este proceso antes de su ejecución, con el fin de identificar, mitigar o compensar impactos negativos sobre los ecosistemas y las comunidades.

La SETENA, creada en 1995, es la entidad encargada de analizar los estudios, autorizar las viabilidades ambientales y dar seguimiento a su cumplimiento. En teoría, la EIA busca equilibrar desarrollo y protección ambiental; sin embargo, en la práctica, ha derivado en un proceso burocrático, con escasos controles, baja transparencia y débil participación pública.

Aspecto clavePropósito original de la EIAProblemas actuales identificados por la CGR
Prevención de daños ambientalesEvaluar antes de construir o intervenir ecosistemasViabilidades otorgadas sin inspecciones o con estudios incompletos
Participación ciudadanaGarantizar control social sobre proyectosInformación desactualizada y limitada en la web
Transparencia y trazabilidadDocumentar cada decisión técnicaExpedientes con documentos sin fecha o ausentes
Responsabilidad profesionalExigir independencia y registro de consultoresConsultores actúan como regentes y responsables del mismo proyecto
Seguimiento posteriorVerificar cumplimiento ambientalSeguimiento reactivo, sin base de datos ni alertas
Control institucionalEvitar conflictos de interésFalta de rotación, controles débiles y opacidad
Principales hallazgos del informe de la Contraloría
CategoríaHallazgoDatos relevantesImplicaciones
Verificación técnicaEvaluaciones superficiales o incompletas74 % de los expedientes con inconsistencias; 2 casos con estudios erróneosViabilidades ambientales inválidas
Seguimiento ambientalMonitoreo reactivo y limitadoSETENA desconoce número total de proyectos activos (algunos desde 1995)Falta de control y riesgo de daño ambiental
Inspecciones de campoInsuficientes o inexistentesEn 2025 no hubo planificación de inspeccionesRiesgo de afectaciones no detectadas
Registro de consultoresFalta de control y contradicciones reglamentariasConsultores no inscritos o con roles múltiplesConflictos de interés
Transparencia públicaInformación desactualizada12 de 48 expedientes sin publicarSe debilita el control ciudadano
Ética e integridadSin controles hacia actores externosSin mecanismos de prevención entre funcionarios y consultoresExposición a la corrupción
Presupuesto insuficienteRecorte del 73 % en fondos para inspecciones₡21 millones menos para supervisiónPérdida de capacidad institucional
Un problema estructural: la EIA como trámite y no como garantía

Desde su creación, la SETENA ha acumulado críticas por convertir la Evaluación de Impacto Ambiental en un trámite más que en un verdadero instrumento de gestión pública. Las comunidades lo han vivido en carne propia: denuncian rellenos en humedales, tala en zonas marítimo-terrestres, destrucción de riberas y expansión inmobiliaria en bosques costeros sin respuestas efectivas del Estado.

Etapa del proceso EIAIntención originalFalla estructural observada
Valoración inicialEvaluar objetivamente la viabilidad ambientalDependencia de estudios privados sin revisión técnica real
Emisión de viabilidadGarantizar compatibilidad entre desarrollo y ambienteAprobaciones con información incompleta o errónea
SeguimientoVerificar cumplimiento ambientalSin sistema de alertas ni inspecciones regulares
Participación ciudadanaFortalecer el control socialProcesos poco accesibles y opacos
Control y sanciónCorregir daños o revocar permisosNula ejecución de garantías ambientales
Cuando quienes exigen “rigurosidad técnica” son quienes menos la practican

El informe también desnuda una contradicción histórica: durante años, comunidades y personas defensoras del ambiente han sido descalificadas por “no tener estudios técnicos”, mientras las instituciones y consultores que sí los elaboran incurren en graves fallas técnicas y éticas.

Cada vez que una comunidad denuncia un daño ambiental, se le responde que “no hay evidencia técnica” o que “la SETENA ya aprobó el proyecto”. Pero la Contraloría muestra que esas resoluciones se basan en documentos sin fecha, estudios que no corresponden al proyecto real y consultores con conflictos de interés.

La autoridad que deslegitima la voz comunitaria en nombre de la técnica carece de rigor técnico en su propio trabajo. Este doble estándar —que invalida saberes locales mientras protege la opacidad institucional— es una forma de violencia epistémica y política, que niega el conocimiento territorial y legitima la impunidad.

Hoy, el Estado confirma lo que las comunidades sabían: las omisiones no eran percepciones, eran realidades encubiertas. Escuchar y reconocer esos saberes será esencial para reconstruir una institucionalidad ambiental al servicio de la vida.

Desde los bienes comunes: volver a confiar en el cuidado compartido

El informe de la Contraloría no solo evidencia fallas administrativas: expone una crisis de confianza pública. Desde la perspectiva de los bienes comunes naturales, revela un Estado que ha perdido su capacidad de cuidar colectivamente lo que pertenece a todas y todos: el agua, los bosques, el suelo y la biodiversidad.

Revertir esta situación exige repolitizar la protección ambiental, fortalecer la transparencia, garantizar participación real y reconocer el valor del conocimiento comunitario en la gestión pública.

No se trata solo de reformar reglamentos, sino de reconstruir la ética pública del cuidado compartido.

Sin título

El precio del silencio: cuando denunciar un daño ambiental pone en riesgo la vida

🌫️ Silencio forzado, extractivismo en libertad
La amenaza y el miedo están dejando a la naturaleza sin defensores visibles.

En distintos rincones de Costa Rica, vecinas y vecinos que alzan la voz para defender el agua, los bosques, los humedales o los territorios comunales enfrentan una realidad cada vez más peligrosa. Lo que antes parecía un hecho aislado, una excepción preocupante, se va transformando en una tendencia constante y normalizada: denunciar un daño ambiental puede significar exponerse a represalias que van desde lo legal hasta lo físico y psicológico. La defensa del ambiente se está convirtiendo en una actividad de alto riesgo.

Desde el trabajo del Observatorio de Bienes Comunes, hemos empezado a detectar con más claridad un patrón que se repite y se intensifica. Semana a semana, documentamos situaciones de daño ambiental —desmontes, rellenos de humedales, contaminación, destrucción de cauces, cercamientos ilegales—, y junto a esos registros emergen otras realidades invisibles: personas que, tras denunciar o intentar denunciar, reciben amenazas directas o indirectas.

Muchas de estas personas terminan optando por el silencio, no porque falten pruebas, sino porque el miedo supera la capacidad de respuesta institucional. Se viven momentos de crisis emocional, llanto, ansiedad profunda y un sentimiento de estar completamente expuestos. Incluso cuando se cuenta con videos, fotografías y geolocalización precisa, la voz se apaga. El silencio no es elección libre, es mecanismo de supervivencia.

Esto genera un profundo daño no solo en la persona que vive el miedo, sino en el tejido social. La comunidad se repliega, la desconfianza crece y la posibilidad de actuar colectivamente se debilita. El miedo se transforma en norma. Se genera un ciclo perverso donde el silencio del presente alienta la impunidad futura.

En una democracia ambiental sana, cada denuncia debería ser protegida, cada persona que defiende los bienes comunes debería contar con respaldo y resguardo. Pero en la práctica cotidiana de los territorios, la realidad es otra. Defender el ambiente, en muchos casos, es resistir desde la soledad y bajo amenaza. Y eso no puede seguir siendo tolerado.

El silenciamiento como castigo: ¿cómo se disciplina a quien defiende?

El silenciamiento no es accidental: es parte de un sistema. Se disciplina a quien habla, se castiga al que se atreve, se intimida al que denuncia. Y se hace no solo a través de amenazas físicas o legales, sino también mediante mecanismos más sutiles pero igual de efectivos: la sospecha, el aislamiento, el rumor, el descrédito, el desgaste emocional.

Este patrón de disciplinamiento comienza muchas veces con advertencias vagas, comentarios sueltos, miradas en la comunidad. Luego, se intensifica: llamadas anónimas, presencia de personas extrañas cerca de la casa, mensajes en redes sociales, presión en el entorno familiar. En algunos casos, incluso se da la infiltración en espacios organizativos para sembrar confusión o frenar iniciativas de denuncia colectiva.

El mensaje que se transmite es claro: “hablar tiene consecuencias”. Y cuando estas consecuencias no solo son legales, sino que tocan la vida cotidiana, la familia, el empleo o la seguridad física, muchas personas optan por replegarse. El miedo se convierte en estrategia de control, y el silencio en forma de defensa.

Esta forma de disciplinar no es nueva, pero ha cobrado fuerza en contextos donde se entrecruzan intereses económicos, turísticos, inmobiliarios y del crimen organizado. No es lo mismo enfrentarse a un mal vecino que a una estructura económica poderosa o a un grupo con capacidad de ejercer violencia organizada. La impunidad de estos actores refuerza el mensaje: quien habla, pierde.

Frente a este escenario, urge comprender que el silenciamiento es violencia estructural. No se trata solo de “personas con miedo”, sino de una estrategia de poder para desmovilizar la defensa de los bienes comunes. Visibilizar cómo se castiga el habla es el primer paso para recuperar la voz. Cada vez es más común escuchar el comentario: “mejor no comparta el video, porque los de la maquinaria, la tala, la extracción, el negocio… lo vieron grabando, y eso puede traerle problemas”. Esa frase resume el miedo instalado.

¿Qué país estamos construyendo?

La defensa ambiental en Costa Rica se ha convertido en un campo de tensión entre los principios escritos en las leyes y la realidad que se vive en los territorios. Mientras se proclama la sostenibilidad, se silencia a quienes la reclaman. Mientras se celebra la democracia, se castiga a quienes participan activamente en protegerla desde lo común.

El precio del silencio es alto. No solo se pierde una voz, se pierde una oportunidad de frenar el daño. Cada vez que una persona decide no hablar por miedo, un ecosistema queda más vulnerable, una comunidad queda más sola, una forma de vida digna se debilita.

Como sociedad, debemos preguntarnos qué estamos permitiendo cuando el miedo es más fuerte que el derecho. ¿Qué tipo de país queremos ser si quienes defienden la vida tienen que esconderse para no morir? ¿Qué significa la justicia si no hay garantías para hablar?

 

No basta con indignarse ante la tala o la contaminación. Debemos actuar también ante el silenciamiento. Visibilizar estas realidades es apenas el primer paso. Necesitamos redes de apoyo, respuestas institucionales concretas, articulación territorial y una profunda ética del cuidado mutuo.

Porque no hay democracia sin voces. Y no hay voces si el miedo manda. Defender el ambiente no debe ser un acto de valor individual, sino una responsabilidad compartida. Y eso solo será posible si dejamos de mirar hacia otro lado y comenzamos a proteger, de verdad, a quienes nos cuidan a todas y todos.

Desde el Observatorio: no es solo preocupación, es indignación

Desde el Observatorio de Bienes Comunes, no escribimos estas líneas con distancia académica ni con neutralidad técnica. Las escribimos desde la impotencia de ver, una y otra vez, cómo personas que se acercan con valor a denunciar un daño ambiental terminan silenciadas por el miedo, enfrentando amenazas, presiones y abandono institucional. Las escribimos también desde la indignación de saber que muchas veces tenemos pruebas claras de lo que ocurre, pero no podemos publicarlas para no exponer aún más a quienes las generaron.

Nos duele profundamente tener que archivar denuncias por razones de seguridad, ver a personas quebrarse emocionalmente por querer hacer lo correcto, y saber que detrás de cada caso silenciado hay no solo un bien común en riesgo, sino una vida, una familia, una comunidad golpeada por el miedo. Es inaceptable que en Costa Rica, defender el ambiente signifique poner en peligro la existencia propia.

Pero también reafirmamos que no vamos a callar lo que estamos viendo. Aunque no siempre podamos hacer público cada caso, sí vamos a seguir registrando, acompañando, tejiendo redes de cuidado, documentando los silencios y nombrando lo que muchos quieren ocultar. Porque ese también es un acto de resistencia y de memoria colectiva.

Creemos que la defensa del ambiente no puede recaer solo en personas valientes aisladas. Es responsabilidad del Estado, de las instituciones, de las universidades públicas, de los medios de comunicación y de la sociedad en su conjunto crear condiciones para que la voz comunitaria no sea un acto heroico, sino un derecho protegido.

Por eso seguiremos insistiendo, aunque duela, aunque se nos cierren puertas, aunque muchas veces tengamos que escribir desde el límite entre la denuncia y el resguardo. Porque creemos profundamente que la vida, la dignidad y los bienes comunes no se defienden con miedo, se defienden con comunidad. Y eso, aún en el silencio, aún en la sombra, sigue siendo posible.

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Situación Actual del Plan Regulador Costero de Talamanca: Análisis y Perspectivas según Marco Levy Virgo

En los últimos meses, mucho se ha hablado sobre el Plan Regulador Costero (PRC) del cantón de Talamanca. Este instrumento busca ordenar el uso del territorio en la franja costera: definir dónde se puede construir, qué áreas deben protegerse, y cómo garantizar un desarrollo que respete a las comunidades y al ambiente.

Sin embargo, este proceso está temporalmente detenido. ¿Por qué? En esta nota te explicamos el contexto, los actores involucrados y por qué esto es importante para la población costera y para quienes defienden los bienes comunes.

¿Qué es un Plan Regulador Costero?

Un Plan Regulador Costero es una herramienta de planificación territorial. Permite organizar de manera ordenada las actividades humanas en la Zona Marítimo Terrestre (ZMT), es decir, en los primeros 200 metros a partir de la línea de pleamar (la parte más alta que alcanza el mar).

En el caso de Talamanca, este plan fue aprobado oficialmente en octubre de 2023. Su objetivo es lograr un equilibrio entre la conservación ambiental, el respeto a los derechos colectivos y el desarrollo local.

¿Qué ordenó la Sala Constitucional? Un recordatorio de mandatos y derechos

La Sala Constitucional (Sala IV) ha emitido varias resoluciones en torno al Plan Regulador Costero (PRC) del cantón de Talamanca, ordenando a las instituciones responsables corregir fallas que vulneran derechos fundamentales de las comunidades y el ambiente.

1. Incumplimiento del derecho a la consulta previa

En diciembre de 2023, la Sala anuló dos audiencias públicas por violar el derecho a la consulta previa, libre e informada del pueblo indígena Bribri de Kéköldi, en aplicación del Convenio 169 de la OIT. Estas consultas se habían realizado sin participación efectiva de la Asociación de Desarrollo de Keköldi, lo que constituye una falta grave. La Sala advirtió a la Municipalidad de Talamanca y al INVU que, de no corregir esta situación, se exponen a responsabilidades penales y administrativas.

2. Obligatoriedad de actualizar la información ambiental

En febrero de 2024, tras una nueva acción de inconstitucionalidad, la Sala ordenó al SINAC completar la certificación del Patrimonio Natural del Estado (PNE), incluyendo la caracterización de humedales en la Zona Marítimo Terrestre de Talamanca. Esta información es fundamental para asegurar que el PRC no legalice actividades que puedan afectar ecosistemas frágiles.

La sentencia también obliga al INVU y a la Municipalidad a incorporar estos datos en la cartografía del PRC antes de continuar su implementación.

3. Aportes desde la vigilancia comunitaria: Marco Levy Virgo

En su comunicado del 20 de junio de 2025, el activista y líder comunitario Marco Levy Virgo respalda y amplía las alertas de la Sala IV. Desde su seguimiento constante al proceso, Levy subraya que:

  • La actualización del PNE aún está incompleta, pues SINAC no ha entregado los catastros ni los datos detallados de las áreas modificadas.

  • Varias zonas que antes estaban registradas como bosques bajo PNE han desaparecido en la nueva cartografía sin explicación técnica clara.

  • La falta de esta información impide que se realicen los ajustes necesarios al plan, lo que deja al PRC en un limbo legal y técnico.

  • Advierte que esta situación representa no solo un riesgo ambiental, sino también una amenaza para el derecho a la tierra, a la vivienda y al desarrollo digno de las comunidades costeras.

Levy recalca que cumplir las órdenes de la Sala no es solo un requisito legal, sino una obligación ética y política: “la planificación del territorio debe ser transparente, participativa y respetuosa del entorno natural y cultural del Caribe Sur”.

Contexto del proceso “irregular”: allanamientos y denuncias ciudadanas

El PRC fue objeto de fuertes cuestionamientos, no solo jurídicos, sino por supuestas irregularidades graves:

  1. En agosto de 2024, el OIJ realizó allanamientos en diversas instituciones (Municipalidad, SINAC, SETENA, INVU, ICT) por indicios de prevaricato, eliminación ilícita de humedales, tala no autorizada y posible cambio irregular de uso de suelo a favor de intereses privados.
  2. Desde 2023 diversas organizaciones locales (Bloque Verde, ADITIK, Covirenas) han denunciado que el PRC pretende desregulación turística a gran escala, ignorando estudios técnicos y promoviendo estacionamientos o desarrollos en zonas húmedas protegidas.
  3. Comunidad y colectivos han señalado la falta de participación real, carencia de evidencia técnica rigurosa, y posibles beneficios para grupos empresariales vinculados con la administración local.

¿Qué está pasando ahora?

Aunque el SINAC ya envió algunos documentos técnicos, el INVU (Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo) señala que la información está incompleta. Algunas de las observaciones más importantes son:

  • Áreas que antes estaban clasificadas como bosques en el PNE ahora ya no aparecen como tales.

  • No se entregaron los catastros actualizados ni los cuadros en Excel con los cambios realizados.

  • Faltan criterios técnicos claros que expliquen por qué se hicieron ciertos cambios.

Debido a esto, el PRC no puede avanzar. Las instituciones no tienen información suficiente para hacer los ajustes requeridos, y por tanto, el proceso está detenido.

¿Por qué esto importa?

La actualización del PNE no es un trámite menor. Afecta directamente:

  • A las comunidades locales, que necesitan claridad sobre lo que pueden o no pueden hacer en sus territorios.

  • A la protección ambiental, ya que muchos ecosistemas como humedales o bosques costeros dependen de esta certificación para garantizar su conservación.

  • Al derecho al territorio de pueblos afrodescendientes y comunidades rurales que históricamente han habitado estas zonas y que ahora enfrentan incertidumbre legal.

Un plan regulador sin datos confiables puede dejar desprotegidas áreas clave, o por el contrario, puede abrir espacio a presiones urbanísticas que afectan a la naturaleza y a las personas.

¿Qué se está haciendo?

El INVU ya envió una solicitud formal a SINAC pidiendo las aclaraciones necesarias. A su vez, desde la Municipalidad de Talamanca se ha hecho un llamado a la comunidad para mantenerse informada y participar activamente en este proceso.

¿Dónde puedo saber más?

Si querés profundizar en este tema, te invitamos a leer los documentos oficiales que dan origen a esta discusión:

Oficio DU-299-09-2024 del INVU al SINAC (septiembre 2024): plantea dudas técnicas sobre los cambios en la certificación del PNE y solicita información faltante.

Comunicado de prensa firmado por Marco Levy Virgo (junio 2025): informa a la población sobre la situación actual y explica los efectos que esto tiene sobre el desarrollo local.

Estos documentos permiten entender con más detalle el alcance del conflicto y la necesidad de transparencia y participación.

El papel de la vigilancia ciudadana.

En este proceso, es fundamental reconocer el trabajo de personas y organizaciones que, desde el territorio, han hecho seguimiento activo y crítico al desarrollo del Plan Regulador Costero y a la defensa del bien común.

Referentes como la Asociación para el Desarrollo de la Ecología, y en particular Marco Levy Virgo, han sostenido un trabajo de monitoreo, comunicación pública y denuncia oportuna sobre las implicaciones que este tipo de planes tienen para las comunidades locales.

Desde su rol como activista comunitario, Levy ha informado de forma clara sobre las debilidades institucionales, ha visibilizado la falta de transparencia en algunas etapas del proceso, y ha insistido en que la participación activa de las comunidades debe ser central en cualquier decisión sobre el territorio.

Su comunicado de prensa del 20 de junio de 2025 no solo resume con precisión el estado actual del Plan Regulador, sino que también traduce un proceso técnico y legal a un lenguaje accesible, fortaleciendo así la educación ciudadana y la vigilancia democrática.

Gracias a voces como la suya, hoy contamos con más herramientas para exigir que las decisiones territoriales se tomen con justicia ambiental, respeto a la diversidad cultural y garantía de derechos colectivos.

Referencias

CRHoy. (2024, agosto). Alcalde de Talamanca cuestiona allanamientos de Fiscalía y OIJ por caso de plan regulador. CRHoy.
https://www.crhoy.com/nacionales/alcalde-de-talamanca-cuestiona-allanamientos-de-fiscalia-y-oij-por-caso-de-plan-regulador/

CRHoy. (2024, agosto). Fiscalía investiga a 19 personas por presuntas anomalías en plan regulador de Talamanca. CRHoy.
https://www.crhoy.com/nacionales/fiscalia-investiga-a-19-personas-por-presuntas-anomalias-en-plan-regulador-de-talamanca/

Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU). (2024, 23 de septiembre). Oficio DU-299-09-2024: Consulta sobre actualización de certificación del PNE y ajustes al plan regulador costero del cantón de Talamanca.

Levy Virgo, M. (2025, 20 de junio). Situación actual del Plan Regulador Costero del Cantón de Talamanca [Comunicado de prensa].

Madrigal, L. M. (2024, 10 de octubre). Defensoría de los Habitantes señala tres incumplimientos en trámite del Plan Regulador Costero del Caribe Sur. Delfino.cr.
https://delfino.cr/2024/10/defensoria-de-los-habitantes-senala-tres-incumplimientos-en-tramite-del-plan-regulador-costero-del-caribe-sur

Martínez, A. (2023, 8 de diciembre). Sala IV anula audiencia pública de cuestionado plan regulador de Talamanca. Delfino.cr.
https://delfino.cr/2023/12/sala-iv-anula-audiencia-publica-de-cuestionado-plan-regulador-de-talamanca

Martínez, A. (2024, 10 de mayo). Por un desarrollo inteligente del Caribe Sur. Delfino.cr.
https://delfino.cr/2024/05/por-un-desarrollo-inteligente-del-caribe-sur

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Expediente legislativo 24.717 Crucitas entre el Oro y la Naturaleza: ¿Qué Camino Elegirá Costa Rica?

La Asociación Preservacionista de Flora y Fauna Silvestre (APREFLOFAS) ha presentado un informe detallado sobre el expediente legislativo 24.717, el cual busca modificar el Código de Minería para permitir la explotación minera metálica en el distrito de Cutris, San Carlos. Este documento expone los graves impactos ambientales, sociales y legales que traería la reapertura de la minería a cielo abierto en Costa Rica, especialmente en la zona de Crucitas, donde este debate ha estado activo por más de 25 años.

Pueden descargar el documento aquí.

Impactos Ambientales: Un Ecosistema en Peligro

El informe de APREFLOFAS alerta sobre la destrucción de hábitats naturales, especialmente para especies como la lapa verde (Ara ambiguus), clasificada como en peligro crítico por la UICN. La minería a cielo abierto en Crucitas implica la deforestación masiva, el uso de cianuro y mercurio, y la contaminación de fuentes de agua, poniendo en riesgo no solo la biodiversidad, sino también la salud de las comunidades locales.

Minería Ilegal y Crimen Organizado

Desde 2017, la zona de Crucitas ha sido invadida por actividades de minería ilegal, una problemática documentada en el informe de APREFLOFAS y respaldada por investigaciones del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). Esta minería ilegal está vinculada a tráfico de mercurio, explotación laboral, trata de personas y corrupción, lo que demuestra el fracaso del Estado en la protección de esta región. Además, investigaciones periodísticas han revelado que el oro extraído ilegalmente en Crucitas es trasladado y «lavado» en otras zonas del país antes de su exportación.

¿Qué es la minería a cielo abierto?

La minería a cielo abierto es un método extractivo que implica la remoción masiva de suelos y rocas para acceder a depósitos minerales superficiales. Se utiliza principalmente para extraer metales como oro, plata y cobre. Este tipo de minería se caracteriza por el uso de explosivos, maquinaria pesada y productos químicos como el cianuro y el mercurio para separar los minerales de la roca.

Contexto legal e histórico de la minería en Costa Rica

  • Desde la década de 1990 ha habido debates sobre la minería en Crucitas.
  • Cronología de leyes y sentencias clave:
    • 2002: Se impone una moratoria a la minería metálica a cielo abierto.
    • 2010: Se aprueba la Ley 8904, que prohíbe esta actividad en todo el país.
    • 2010-2011: Tribunales nacionales anulan la concesión minera a Industrias Infinito S.A. por ilegalidades.
    • 2021-2023: Fallos de la Sala Constitucional ordenan acciones contra la minería ilegal en Crucitas.

El Arbitraje Internacional y la Regulación Vigente

El informe de APREFLOFAS también aclara el contexto legal de la minería en Costa Rica, recordando que la Ley 8904 de 2010 prohíbe la minería metálica a cielo abierto en todo el país. Asimismo, desmiente la idea de que el caso de arbitraje internacional contra la empresa Industrias Infinito S.A. haya limitado al Estado en su capacidad de acción, ya que en 2021 el tribunal del CIADI resolvió que Costa Rica no debía pagar indemnización alguna.

Alternativas Sostenibles: Más Allá del Extractivismo

Costa Rica es reconocida mundialmente por su modelo de conservación ambiental y ecoturismo. APREFLOFAS enfatiza en su informe que la minería a cielo abierto es incompatible con los compromisos ambientales del país, incluyendo el Convenio de Minamata sobre el Mercurio. En lugar de insistir en un modelo extractivista, el país debe fortalecer economías sostenibles que protejan los bienes comunes y el bienestar de las comunidades.

¿Qué sigue?

El informe de APREFLOFAS hace un llamado urgente a la ciudadanía y a los legisladores para rechazar cualquier intento de reactivar la minería metálica a cielo abierto en Costa Rica. La decisión sobre el futuro de Crucitas está en manos del Congreso, pero también en la acción y vigilancia de la sociedad civil.

Minería a cielo abierto: ¿De que hablamos?

Impactos ambientales

Deforestación y pérdida de biodiversidad
  • La minería a cielo abierto requiere la eliminación de grandes extensiones de bosques y suelos, afectando ecosistemas completos.
  • En zonas como Crucitas (Costa Rica), la minería amenaza especies en peligro de extinción, como la lapa verde (Ara ambiguus), que depende del almendro amarillo para anidar y alimentarse.
  • También afecta corredores biológicos y reservas naturales, fragmentando hábitats y alterando los equilibrios ecológicos.
Contaminación del agua
  • Se generan residuos tóxicos que pueden filtrarse a ríos, acuíferos y lagos, afectando la calidad del agua potable.
  • En la minería de oro, se usa cianuro para disolver el metal, lo que puede ocasionar envenenamiento de cuerpos de agua si no se maneja correctamente.
  • La contaminación por mercurio, usado en la minería artesanal, se bioacumula en peces y afecta a las comunidades humanas cercanas.
Suelo y geología
  • La remoción masiva de tierra provoca erosión, deslizamientos y la pérdida de la capacidad productiva del suelo.
  • Se generan grandes escombreras y relaves (desechos tóxicos), que pueden filtrar metales pesados y sustancias químicas al ambiente.
Emisiones de gases y contaminación del aire
  • La voladura de rocas y el uso de maquinaria generan polvo tóxico y emiten gases de efecto invernadero.
  • Se liberan metales pesados como arsénico y plomo, afectando la salud de las comunidades cercanas.

Impactos sociales y económicos

Conflictos socioambientales
  • La minería a cielo abierto es un foco de conflictos entre comunidades, empresas y gobiernos debido a los impactos ecológicos y la falta de consulta a poblaciones locales.
  • En América Latina, se han documentado numerosos conflictos, donde comunidades indígenas y rurales han resistido proyectos mineros que afectan su territorio.
  • En Costa Rica, el caso de Crucitas ha sido un ejemplo de oposición social sostenida contra la minería a cielo abierto.
Minería ilegal y crimen organizado
  • Cuando los proyectos mineros son detenidos o prohibidos, muchas veces surge minería ilegal, vinculada al narcotráfico, explotación laboral y trata de personas.
  • En Crucitas, el OIJ ha identificado redes de minería ilegal desde 2017, asociadas a tráfico de mercurio, armas y corrupción de funcionarios.
Desplazamiento de comunidades
  • En muchos casos, los proyectos mineros implican desalojos de comunidades que viven en las áreas concesionadas.
  • Se generan cambios en el uso del suelo, afectando actividades económicas tradicionales como la agricultura y la pesca.
Dependencia económica y poca redistribución de beneficios
  • La minería a cielo abierto genera grandes ingresos para las empresas, pero pocos beneficios para las comunidades locales.
  • Muchas veces, los empleos son temporales y desaparecen una vez agotado el recurso.
  • Los gobiernos suelen depender de los ingresos mineros sin invertir en diversificación económica.

Breve cronología

Década de 1990

  • 1996: Decreto Ejecutivo 25700-MINAE declara la veda total del aprovechamiento de árboles en peligro de extinción.

Años 2000-2010

  • 2001 (17 de diciembre): Resolución R-578-2001-MINAE otorga concesión de explotación minera a Industrias Infinito.
  • 2002 (enero): Se publica en La Gaceta la resolución R-578-2001-MINAE.
  • 2002 (junio): Decreto Ejecutivo 30477-MINAE declara una moratoria nacional indefinida a la minería metálica de oro a cielo abierto.
  • 2002: Sentencia 2002-2486 de la Sala Constitucional reconoce la obligación del Estado de proteger la lapa verde y el almendro amarillo.
  • 2004: Sentencia 2004–13414 de la Sala Constitucional anula la resolución R-578-2001-MINAE por falta de estudio de impacto ambiental.
  • 2005 (enero): Resolución 119-2005-SETENA previene a Industrias Infinito por deficiencias en su Estudio de Impacto Ambiental.
  • 2005 (diciembre): Resolución 3638-2005 de SETENA otorga viabilidad ambiental al proyecto Crucitas.
  • 2007: Presentación de cambio en la viabilidad ambiental del proyecto, posteriormente declarado ilegal.
  • 2008 (febrero): Resolución 170-2008-SETENA modifica la viabilidad ambiental del proyecto.
  • 2008: Decreto Ejecutivo 34801-MINAE declara el proyecto Crucitas de interés público.
  • 2009: Sentencia 2009-17155 de la Sala Constitucional no resuelve la inconstitucionalidad del Decreto Ejecutivo 34801-MINAE.
  • 2010 (diciembre):
    • Sentencia 2010-4399 del Tribunal Contencioso Administrativo anula la concesión minera de Industrias Infinito.
    • Se aprueba la Ley 8904, que prohíbe la minería metálica a cielo abierto en Costa Rica.

Años 2011-2020

  • 2011 (noviembre): Sentencia 1469-F-S1-2011 de la Sala Primera confirma la anulación del proyecto minero.
  • 2014 (marzo): Infinito Gold presenta demanda ante el CIADI contra Costa Rica.
  • 2015 (noviembre): Sentencia 1438-2015 del Tribunal Contencioso Administrativo sobre ejecución de la sentencia del 2010, luego anulada en 2017.
  • 2017:
    • Inician reportes sobre extracción ilegal de oro en Crucitas.
    • APREFLOFAS alerta sobre la contaminación por mercurio.
  • 2019:
    • OIJ inicia investigaciones sobre la minería ilegal en Crucitas.
    • Operaciones policiales detectan tráfico de oro y mercurio.
  • 2021 (junio):
    • Laudo del CIADI determina que Costa Rica no debe pagar indemnización a Infinito Gold.
    • Sentencia 2021-20047 de la Sala Constitucional ordena medidas contra la minería ilegal en Crucitas.

Años 2022-2025

  • 2023 (febrero): Nueva sentencia de la Sala Constitucional reitera la necesidad de acciones contra la minería ilegal.
  • 2024 (julio): Decreto Ejecutivo 44564-MINAE declara moratoria en Crucitas.
  • 2024 (septiembre): Investigación periodística revela que oro ilegal de Crucitas es transportado y lavado en Abangares.
  • 2024 (noviembre): El Poder Ejecutivo presenta el proyecto de ley para regular la exploración y explotación de minería metálica sostenible a cielo abierto en el distrito de Cutris de San Carlos, provincia de Alajuela, y para reformar parcialmente el Código de Minería (Ley No. 6797 del 4 de octubre de 1982).
  • 2025 (marzo): APREFLOFAS presenta su criterio sobre el expediente legislativo 24.717 ante la Asamblea Legislativa.
La minería a cielo abierto es una de las actividades más controversiales en términos socioambientales. Su impacto va más allá del daño ecológico, generando desigualdades económicas, conflictos sociales y problemas de salud pública. En países con alta biodiversidad y modelos de desarrollo basados en el turismo y la conservación, como Costa Rica, su legalización pone en riesgo el equilibrio ambiental y el bienestar de las comunidades.
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COP16: Postergaciones y urgencias

Entre el 21 de octubre al  1 de noviembre del 2024 en Cali Colombia se estará desarrollando la Cumbre Mundial de la Biodiversidad, COP16, y es la primera COP que se celebra tras la aprobación del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal (si quieren conocer más sobre este instrumento pueden ver este documento desarrollado por Ecologistas en Acción).

El desafío que reviste este foro, es lograr empezar a aplicar los objetivos y las metas del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que plantea la necesaria financiación y nuevos mecanismos que logren la integración de la biodiversidad en las diversas políticas sectoriales de los países.

Estamos ante un desafío mayor que proteger la biodiversidad, sino, incluirla como parte activa dentro de los diversos procesos que impulsamos en nuestras sociedades, este paso inicia reconociendo la urgencia de construir una ruta para lograr detener la pérdida de especies y ecosistemas en 2030.

Esperamos esta infografía que realizamos a partir del artículo «La COP16 debe establecer mecanismos eficaces y financiación para asegurar el cumplimiento del Marco Mundial de Biodiversidad» de Ecologistas en Acción, contribuya a seguir reflexionando sobre la urgencia de replantear la forma en la que  relacionamos la naturaleza para su cuidado, protección, conservación y disfrute.

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Luego del discurso presidencial ¿tendrá dónde vivir el jaguar?

A partir del discurso presidencial del Sr. Rodroga Chaves Robles ante la Asamblea Legislativa del pasado 2 de mayo, reflexionamos sobre qué dijo en torno al ambiente.  En líneas generales, estamos ante un gobierno que considera la naturaleza como proveedora de bienes e ignora las diversas relaciones que establecemos para su cuido, disfrute y defensa. Esto se nota, ante las omisiones evidentes de todas las movilizaciones locales que se generan en defensa o denuncia de los diversos atropellos de empresas privadas, gobiernos locales o del gobierno nacional.

Por esta razón, nos parece importante hacer hincapié en que estamos ante una noción de ambiente que privilegia y legitima relaciones extractivistas y financierizadas de la naturaleza, es decir, una propuesta de negocios y a corto plazo.

Ante esto, nos preguntamos si el tan mencionado jaguar, al final de este gobierno extractivista, ¿tendrá algún lugar para vivir?

Para más información pueden leer:

Bloque Verde – Gobierno anti ambiental. El país.cr. 

Mauricio Álvarez y Fabian Pacheco  Noruega y exploración petrolera: nadie les va a ayudar a destruir Costa Rica «verde». Semanario Universidad.

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