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El río también recuerda: memoria y comunidad en Los Chorros

El pasado sábado 11 de abril, en el marco de la I Jornada Anual de Acción por los Ríos en Los Potreros de Puax, se realizó una nueva jornada de limpieza en la confluencia de la Quebrada Zamora y el río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros, en Grecia. A primera vista, podría parecer una actividad más de recolección de residuos. Sin embargo, lo vivido en el territorio evidencia algo más profundo: limpiar un río no es solo una acción práctica, es también un ejercicio de memoria, de encuentro y de defensa de lo común.

Desde el Observatorio del Agua del río Agualote (GIRH-UCR, Sede de Occidente), junto a múltiples organizaciones comunitarias, estudiantiles y socioambientales, se convocó a esta jornada que reunió a cerca de 50 personas voluntarias. Durante un recorrido de aproximadamente 330 metros, se recolectaron cerca de 400 kilos de residuos, entre ellos botellas plásticas, ropa, zapatos, llantas y hasta implementos de acampar. Las cifras son contundentes, pero no agotan el sentido de la experiencia.

Más que limpiar: comprender el territorio

Existe una visión extendida que entiende las limpiezas de ríos como acciones meramente instrumentales: recoger basura para “recuperar” un espacio natural dado. Pero esta mirada oculta una dimensión clave: los ríos y los territorios no existen al margen de la sociedad. Son el resultado de relaciones históricas, culturales, políticas y económicas que los configuran, los tensionan y, muchas veces, los ponen en riesgo.

Los Chorros no es solo un paisaje. Es un territorio construido en medio de luchas comunitarias por el agua, por la conservación y por el derecho a decidir sobre el entorno. Como señalaron personas de la comunidad durante la jornada, este espacio ha enfrentado múltiples amenazas: contaminación por agroquímicos, proyectos extractivos, urbanización desregulada e incluso conflictos por el acceso al recurso hídrico.

Que hoy exista como parque y como fuente de agua para varias comunidades no es casualidad. Es resultado de organización, resistencia y decisiones colectivas que han priorizado la vida sobre otras lógicas de uso del territorio.

La memoria como parte de la acción

Uno de los elementos más significativos de la jornada fue que, junto a las indicaciones técnicas sobre separación de residuos o recorridos, se compartió la historia del lugar. Lejos de ser un dato anecdótico, esta dimensión permitió que quienes participaban —muchas personas que visitaban el sitio por primera vez— comprendieran que estaban interviniendo en un espacio vivo, cargado de significado.

La memoria comunitaria cumple aquí un papel fundamental: permite entender que la naturaleza no está “ahí” esperando ser cuidada, sino que ha sido y sigue siendo defendida. Reconocer esto transforma la relación con el territorio. La limpieza deja de ser un acto aislado y se convierte en parte de un proceso más amplio de apropiación, cuidado y responsabilidad colectiva.

Trabajo colectivo y construcción de lo común

La jornada también evidenció la fuerza del trabajo voluntario organizado. Personas de distintas edades, organizaciones y trayectorias compartieron un mismo objetivo en un ambiente de respeto, horizontalidad y compromiso. Cada quien aportó desde sus posibilidades, mostrando que la defensa de los bienes comunes no depende de acciones individuales heroicas, sino de procesos colectivos sostenidos.

Además, la participación de grupos comunitarios, organizaciones socioambientales, espacios universitarios y actores locales refuerza la idea de que la gestión del agua y de los territorios requiere articulación. No se trata solo de intervenir, sino de construir vínculos que sostengan en el tiempo estas iniciativas.

Alegría, encuentro y continuidad

Más allá del esfuerzo físico, la jornada estuvo marcada por la alegría. Las sonrisas, especialmente de niñas, niños y jóvenes, dan cuenta de otra dimensión muchas veces invisibilizada: el vínculo afectivo con el río. Ese vínculo es también una forma de defensa, porque lo que se conoce, se vive y se quiere, se cuida.

En ese sentido, estas acciones no solo buscan remover residuos, sino también sembrar relaciones: entre personas, con el territorio y con la historia que lo habita.

La invitación queda abierta a seguir participando en estos procesos. La próxima jornada será en el río Agualote el 25 de abril de 2026, como parte de un esfuerzo más amplio impulsado por la Alianza Nacional Ríos y Cuencas de Costa Rica.

Porque limpiar un río también es recordar, reconocer y defender. Y en cada bolsa de residuos que se retira, también se levanta una historia que merece ser contada y continuada.

De la limpieza a la memoria: claves metodológicas para el trabajo comunitario en ríos
Estrategia¿En qué consiste?¿Para qué sirve?Consejos prácticos
Apertura con contextualización históricaBreve espacio inicial donde se comparte la historia del río y del territorioGenerar sentido de pertenencia y ubicar la acción en un proceso históricoNo extenderse demasiado (10-15 min) y priorizar relatos cercanos y vivenciales
Voces del territorioParticipación de personas lideresas, mayores o actores clave que narran experienciasConectar emocional y políticamente con el lugarCoordinar previamente con las personas invitadas y cuidar tiempos de intervención
Caminatas de memoriaParadas durante el recorrido para contar historias del sitioReconocer el territorio como un espacio vivo con múltiples capasDefinir puntos estratégicos antes de iniciar para no improvisar demasiado
Cartografía participativaElaboración colectiva de mapas con hitos, conflictos y aprendizajesVisualizar el territorio de forma integral y participativaUsar materiales sencillos (papel, marcadores) y facilitar la participación de todas las personas
Registro de testimoniosRecolección de relatos en audio, video o notasDocumentar la memoria para procesos futurosSolicitar consentimiento y designar a una persona encargada del registro
Espacios de reflexión colectivaCírculo de palabra al cierre para compartir aprendizajes y sentiresProfundizar en la experiencia y generar análisis colectivoHacer preguntas guía y cuidar que todas las voces puedan participar
Integración intergeneracionalParticipación de distintas edades en la actividadFortalecer la transmisión de memoria entre generacionesDiseñar dinámicas accesibles para niñez, juventudes y personas adultas
Vinculación organizativaArticulación con procesos comunitarios existentesDar continuidad y sostenibilidad a las accionesIdentificar previamente actores locales y generar alianzas
Expresiones creativasUso de arte (murales, escritura, fotografía, música)Ampliar formas de apropiación del territorioNo forzar la participación artística, dejar que surja de forma voluntaria
De la memoria a la acciónTraducción de aprendizajes en propuestas o accionesFortalecer la incidencia y organización comunitariaCerrar con acuerdos concretos, aunque sean pequeños y alcanzables
La naturaleza como historia viva: territorio y sociedad en relación

Solemos pensar la naturaleza como algo “ahí”, preexistente, ajeno a la acción humana y disponible para ser usada, protegida o restaurada. Sin embargo, esta idea oculta una realidad más compleja: lo que llamamos naturaleza es también historia viva. Los territorios que habitamos —ríos, montañas, bosques— no son únicamente formaciones biofísicas, sino el resultado de procesos históricos, sociales, culturales y políticos que los han configurado a lo largo del tiempo.

El río Prendas, como tantos otros, no puede entenderse sin las relaciones que lo atraviesan: decisiones institucionales, modelos productivos, formas de ocupación del suelo, conflictos por el agua, luchas comunitarias y prácticas cotidianas de cuidado o deterioro. Lo que hoy vemos como “naturaleza” es, en realidad, una trama viva donde interactúan múltiples actores, intereses y visiones de mundo.

Reconocer la naturaleza como historia viva implica cuestionar una mirada que separa a las personas de su entorno. Nos invita a entender que también somos parte de esos procesos, y que nuestras acciones —individuales y colectivas— inciden directamente en la forma que toman los territorios. Así, la contaminación no es un accidente aislado, sino expresión de dinámicas más amplias; del mismo modo, la conservación no ocurre espontáneamente, sino que es resultado de organización, decisiones y luchas.

Desde esta perspectiva, las limpiezas de ríos adquieren un nuevo significado. No se trata únicamente de “devolver” un estado natural perdido, sino de intervenir en una relación: de transformar prácticas, de disputar sentidos sobre el uso del territorio y de fortalecer procesos comunitarios que sostienen la vida. Por eso, incorporar la memoria local no es un complemento, sino una condición fundamental para comprender qué se está limpiando, por qué y para quién.

Asumir la naturaleza como historia viva no le resta valor; al contrario, la sitúa en el centro de las relaciones que hacen posible la vida y abre la posibilidad de cuidarla desde la conciencia, la memoria y la acción colectiva.

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Limpiar el río no es suficiente, pero sí necesario: voluntariado, conciencia ambiental y defensa de los bienes comunes

En este video compartimos los testimonios de Hammer Salazar, presidente de la Fundación para el Desarrollo Ecológico y el Medio Ambiente de Grecia, y Kevin Ibarra, integrante del Club LEO, quienes participaron en la jornada de limpieza realizada el 14 de marzo en el sector de Calle Flores y la entrada a Calle Quesada, como parte del Día Internacional de Acción por los Ríos.

A través de sus palabras se pone en evidencia que estas actividades no son únicamente jornadas de limpieza, sino también espacios de encuentro comunitario, sensibilización y acción colectiva en defensa de los ríos y los espacios públicos.

Entre las ideas principales que destacan en el video:

  • -La importancia del voluntariado como forma concreta de generar conciencia ambiental, especialmente entre las personas jóvenes.
  • -La preocupación por la presencia de basureros informales o clandestinos, que continúan afectando los ríos, la vida silvestre y la calidad de vida de las comunidades.
  • -El valor de la participación de organizaciones sociales, instituciones públicas y sector privado, que permite fortalecer este tipo de iniciativas.
  • -La necesidad de asumir una responsabilidad colectiva en el manejo de los residuos, tanto desde las prácticas individuales como desde las instituciones.
  • -La idea de que, aunque estas acciones puedan parecer pequeñas, toda acción suma y genera cambios en la conciencia comunitaria.

Los testimonios también resaltan que estas jornadas permiten recuperar el sentido de comunidad y abrir espacios donde las personas se encuentren para realizar acciones positivas en el territorio. En ese sentido, el voluntariado no solo aporta al cuidado del ambiente, sino que también fortalece los vínculos sociales y promueve una cultura de corresponsabilidad frente a los bienes comunes.

Este video busca visibilizar que la defensa de los ríos no depende únicamente de grandes proyectos, sino también de acciones colectivas que nacen desde las comunidades y que se sostienen gracias al compromiso de quienes deciden involucrarse.

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Desde el territorio: lo que dejó la jornada en el Río Tacares con Francis Suárez

En esta entrevista, Francis Suárez comparte un balance cercano y desde el territorio sobre la jornada de limpieza en el Río Tacares, poniendo en el centro el valor de la acción colectiva y el compromiso comunitario en la defensa de los ríos.

A lo largo de la conversación se destacan algunas ideas clave:

  • -La articulación entre actores diversos: organizaciones comunitarias, instituciones públicas, universidad y sector privado sumando esfuerzos en una misma causa.

  • -Avances en la conciencia ambiental: en zonas previamente intervenidas se evidencia una disminución de residuos, reflejo del impacto de estos procesos.

  • -Persistencia de problemáticas: la aparición de nuevos focos de contaminación y botaderos informales, que muestran la necesidad de acciones sostenidas.

  • -Educación y sensibilización: la incorporación de charlas puerta a puerta como estrategia para promover el manejo adecuado de residuos en la comunidad.

  • -Proyección a futuro: nuevas jornadas de limpieza, así como iniciativas de reforestación y protección de fuentes de agua en la región.

La entrevista deja ver que estas jornadas son mucho más que actividades puntuales: son parte de un proceso que busca fortalecer la organización comunitaria, generar conciencia y construir nuevas formas de relacionarnos con los ríos como bienes comunes.

Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 28 de marzo – Jornada en el Río Trojas, en Sarchí.

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Acción por los ríos: limpieza del Río Tacares impulsa articulación comunitaria en Grecia

El 14 de marzo de 2026, en el marco del Día Internacional de Acción por los Ríos, se realizó una jornada de limpieza en el Río Tacares, afluente de la cuenca del Río Grande de Tárcoles, uno de los sistemas hídricos más afectados por la contaminación en la región centroamericana. La actividad también abarcó sectores cercanos como Los Chorros y Calle Quesada, donde se identifican problemáticas similares asociadas a la acumulación de residuos. La jornada se desarrolló en el sector conocido como Potreros del Puax, en el cantón de Grecia, y reunió a organizaciones comunitarias, instituciones públicas, universidades, empresas y personas voluntarias comprometidas con el cuidado del agua y los territorios.

La jornada fue impulsada por el OCA Río Agualote GIRH–UCR, en coordinación con la Fundación para el Desarrollo Ecológico y del Medio Ambiente y Primates de Grecia, como parte de la propuesta de promover la Primera Jornada Anual de Acción por los Ríos en los Potreros del Puax. Este nombre recupera la memoria local, y busca fortalecer la articulación de esfuerzos en la región de Occidente para la protección de los ríos y las cuencas.

Durante la actividad se realizaron labores de recolección de residuos sólidos en las riberas y alrededores del río, así como espacios de sensibilización sobre la importancia de la gestión adecuada de los residuos y el impacto que tienen nuestras prácticas cotidianas sobre los ecosistemas acuáticos. Estas acciones permiten no solo retirar desechos del entorno, sino también promover una reflexión colectiva sobre la relación que las comunidades mantienen con sus ríos.

La jornada contó con el acompañamiento del Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica y del Observatorio de Bienes Comunes UCR, así como con la participación de la docente Zuiri Méndez y estudiantes del Taller Integrado de Gestión y Práctica Sociológica I. También se sumaron iniciativas académicas y estudiantiles como el TCU-UTN Cambio Climático, que desarrolló charlas de sensibilización sobre gestión de residuos, y el TCU-UCR Recuperación de la microcuenca del Estero, que brindó apoyo en la logística de la actividad.

Asimismo, se contó con el apoyo del sector privado, entre ellos Adrian’s Coffee Tour, que colaboró con sacos reutilizables para la recolección de residuos, y Panduit, que aportó pinchos recolectores de basura y facilitó la participación de personas trabajadoras en la jornada.

El éxito de la actividad también fue posible gracias a la participación activa de organizaciones comunitarias e instituciones locales, entre ellas la Cruz Roja Costarricense en Grecia, la Asociación de Guías y Scouts de Costa Rica – Tropa 190, la ASADA Tacares, el Acueducto Bodegas y Pilas, la Fuerza Pública de Grecia y el Club LEO de Grecia, además de estudiantes de la Universidad de Costa Rica – Recinto de Grecia y numerosas personas voluntarias que se sumaron al esfuerzo colectivo.

Estas acciones evidencian la importancia de la articulación entre comunidades, instituciones y organizaciones sociales para impulsar procesos de cuidado y recuperación de los ríos. Más allá de la limpieza puntual, la jornada se plantea como un paso dentro de un proceso más amplio de sensibilización y acción territorial en defensa del agua como bien común.

Los basureros informales: una problemática que afecta a las comunidades y a los ríos

Durante el recorrido y las labores de limpieza se identificó también una problemática que preocupa a las comunidades de la zona: la presencia de basureros informales o clandestinos en distintos puntos cercanos al río y a caminos vecinales. Estos espacios, donde se depositan residuos de forma ilegal, se han convertido en focos de contaminación que impactan tanto a los ecosistemas como a la calidad de vida de las personas.

La acumulación de residuos en estos sitios puede generar múltiples consecuencias. Entre ellas, la contaminación del suelo y del agua, la proliferación de insectos y roedores, la generación de malos olores y la degradación del paisaje. Además, muchos de estos residuos terminan siendo arrastrados por la lluvia hacia quebradas y ríos, lo que agrava la contaminación de las cuencas y afecta a la flora y fauna que depende de estos ecosistemas.

En el caso de los ríos, los desechos sólidos pueden alterar el flujo del agua, afectar la calidad del hábitat de diversas especies y generar riesgos para la salud de las comunidades que dependen de estas fuentes de agua. Por esta razón, uno de los llamados que surgió de la jornada fue fortalecer la conciencia colectiva sobre la gestión adecuada de los residuos, así como promover la corresponsabilidad entre ciudadanía, instituciones y gobiernos locales para prevenir la aparición de estos depósitos ilegales de basura.

Las personas participantes destacaron que el cuidado de los ríos no se limita a realizar jornadas de limpieza, sino que requiere cambios sostenidos en las prácticas cotidianas, educación ambiental, vigilancia comunitaria y políticas públicas que promuevan una gestión responsable de los residuos.

La participación comunitaria y la colaboración como motor de encuentro

Uno de los aspectos más valiosos de la jornada fue la diversidad de personas, organizaciones sociales, culturales, comunitarias e institucionales que se sumaron a la actividad. Más allá de la recolección de residuos, estos espacios se convierten en oportunidades para encontrarse, dialogar y reconocer que el cuidado de los ríos y de los territorios es una tarea que solo puede sostenerse desde la colaboración.

Cuando distintos actores del territorio —comunidades, asociaciones, instituciones públicas, colectivos ambientales, estudiantes y empresas— participan en acciones concretas en los espacios públicos, se fortalece el sentido de corresponsabilidad y se construyen vínculos que permiten enfrentar de manera colectiva los problemas ambientales. Estas experiencias también contribuyen a revalorizar los ríos como espacios de vida, memoria y encuentro comunitario, y no únicamente como lugares de paso o como sitios donde terminan los residuos.

En este sentido, las jornadas de acción por los ríos muestran que la colaboración y la participación activa de la ciudadanía pueden convertirse en motores de transformación territorial, generando conciencia, fortaleciendo redes locales y promoviendo nuevas iniciativas para el cuidado de las cuencas. Recuperar y proteger los ríos implica también recuperar la relación de las comunidades con estos espacios, reconociéndolos como bienes comunes fundamentales para la vida.

Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 28 de marzo – Jornada en el Río Trojas, en Sarchí.

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Entre parches de bosque y vida silvestre: lo que revela el conteo de primates en Grecia

El pasado 24 de enero, el Observatorio de Bienes Comunes participó junto a la Sede de Occidente, Recinto de Grecia, Primates de Grecia, Gestión Integral del Recurso Hídrico, Corredor Biológico Interurbano Achiote, Proyecto EC-639 Cuidar territorios: registro participativo de saberes y biodiversidad Observatorio Ciudadano del Agua Río Agualote y Fundema-PP en el sexto Conteo Anual de Primates realizado en Tacares de Grecia, una experiencia de monitoreo participativo que combina observación de la vida silvestre, educación ambiental y reflexión territorial. Esta actividad se desarrolla en un contexto marcado por la acelerada transformación del uso del suelo en el cantón de Grecia, donde parches de bosque, ríos y corredores biológicos —como el Corredor Biológico El Achiote— se ven cada vez más presionados por proyectos inmobiliarios, urbanización dispersa y desarrollos productivos de alto impacto. Si bien los procesos de reforestación han permitido observar un aumento en la presencia de algunas especies, estos avistamientos también revelan una realidad preocupante: la pérdida y fragmentación del hábitat obliga a la fauna a refugiarse en espacios cada vez más pequeños y vulnerables.

El conteo de primates se enmarca en la lógica de la ciencia ciudadana, una forma de producción de conocimiento que reconoce el valor de la participación activa de las comunidades en la observación, registro y cuidado de su entorno. Este tipo de prácticas democratiza el conocimiento científico, fortalece la apropiación territorial y genera información clave para la toma de decisiones en materia de conservación y planificación. Contar no es solo acumular datos: es aprender a mirar el territorio, identificar amenazas, anticipar riesgos y comprender las relaciones profundas entre los ecosistemas y la vida cotidiana de las personas.

Además, estas actividades tienen una dimensión pedagógica y ética fundamental. Observar primates —y también aves y otras especies— se convierte en una oportunidad para cuestionar la idea de que los seres humanos estamos separados de la naturaleza. Reconocernos como parte del mismo entramado de vida permite comprender que el deterioro ambiental no solo afecta a la fauna silvestre, sino también a los espacios de recreación, bienestar, tranquilidad y sentido de pertenencia de las comunidades humanas. En este sentido, el desarrollo irresponsable no implica únicamente pérdida de biodiversidad, sino también empobrecimiento de la vida social y territorial.

La relevancia de este tipo de acciones radica, finalmente, en su capacidad de articular conocimiento, sensibilidad y acción colectiva desde lo local. La ciencia ciudadana fortalece vínculos comunitarios, promueve una ciudadanía ambiental activa y contribuye a construir una visión de territorio donde la defensa de los bienes comunes y la vida —humana y no humana— se convierten en una responsabilidad compartida.

El conteo de primates demuestra que el monitoreo comunitario no es solo una herramienta técnica, sino una práctica política y pedagógica que fortalece la participación ciudadana y el cuidado del territorio. Estos espacios permiten que las personas se reconozcan como parte activa de los ecosistemas que habitan, transformando la observación en conciencia y la conciencia en responsabilidad colectiva. Frente a la fragmentación del territorio y al avance de modelos de desarrollo que invisibilizan la vida, la ciencia ciudadana abre posibilidades para construir conocimiento desde lo local, defender los bienes comunes y sostener, en comunidad, las condiciones que hacen posible una vida digna para todas las formas de existencia.

Alertas silenciosas del paisaje: tendencias que invitan a la reflexión

La fragmentación del territorio: por qué es urgente ponerle atención

La fragmentación del territorio ocurre cuando ecosistemas antes continuos —bosques, ríos, quebradas y corredores biológicos— son divididos en parches aislados por carreteras, urbanizaciones, desarrollos inmobiliarios y cambios acelerados en el uso del suelo. En cantones como Grecia, este proceso reduce de forma significativa la capacidad de los ecosistemas para sostener la vida, limita el desplazamiento de especies como los primates y aumenta la exposición a riesgos como atropellos, electrocuciones y conflictos con actividades humanas. Aunque los pequeños parches de bosque siguen siendo valiosos, por sí solos no logran cumplir todas las funciones ecológicas necesarias para que muchas especies puedan alimentarse, reproducirse y mantener poblaciones sanas.

Este escenario exige atención porque la fragmentación no impacta únicamente a la vida silvestre, sino también a las comunidades humanas. La pérdida de conectividad ecológica afecta la disponibilidad y calidad del agua, la regulación del clima local, la fertilidad de los suelos y los espacios de recreación y bienestar. Cuando el territorio se planifica sin una visión de conjunto, los bienes comunes se debilitan y se consolida una lógica de desarrollo que prioriza intereses de corto plazo sobre la sostenibilidad de la vida. Visibilizar estos procesos mediante la ciencia ciudadana y el monitoreo participativo permite comprender el territorio como un sistema vivo e interdependiente, y abre la posibilidad de impulsar decisiones colectivas más responsables.

Cuando la vida queda encerrada: la ruptura de los corredores biológicos

La fragmentación se vuelve especialmente crítica cuando las especies quedan confinadas a parches aislados y pierden los corredores biológicos que les permiten desplazarse. En estas condiciones, el territorio deja de funcionar como una red conectada y se convierte en un conjunto de espacios fragmentados. Para animales como los primates, esta situación restringe el acceso a alimento, refugio y áreas de reproducción, incrementa el estrés y la competencia, y reduce su capacidad de adaptación frente a cambios ambientales. Los corredores biológicos no son simples “pasos verdes”: son las rutas que sostienen los ciclos de la vida y garantizan el intercambio genético entre poblaciones.

La pérdida de conectividad también intensifica los conflictos con las actividades humanas. Al verse obligada a desplazarse por cables eléctricos, carreteras o zonas urbanizadas, la fauna enfrenta mayores probabilidades de electrocución, atropellos y persecución. Con el tiempo, estos parches aislados pueden convertirse en trampas ecológicas que aparentan ofrecer refugio, pero que en realidad comprometen la viabilidad de las poblaciones. Atender esta problemática implica reconocer que conservar no es solo proteger fragmentos de bosque, sino cuidar las relaciones entre ellos, planificar el territorio con una visión integral y asumir que la defensa de los corredores biológicos es una condición básica para la continuidad de la vida —humana y no humana— en nuestros territorios.

Saberes locales y memoria viva del territorio

Durante el recorrido del conteo, el encuentro con Francisco Avendoño Avendaño, persona trabajadora y residente de la comunidad, con quién se abrió un espacio valioso de diálogo entre el monitoreo ambiental y la memoria local. Sus relatos, construidos a lo largo de décadas de convivencia con el territorio, aportaron información sobre avistamientos históricos de fauna, cambios en el paisaje y dinámicas ecológicas que no siempre quedan registradas en los datos formales. A estos conocimientos se sumaron historias locales y leyendas transmitidas de generación en generación, que forman parte del modo en que la comunidad ha interpretado, cuidado y significado su entorno natural.

Prestar atención a estos saberes es fundamental porque enriquecen la historia natural del lugar con dimensiones culturales, simbólicas y afectivas. Las narraciones locales expresan formas de relación con los bosques, los ríos y la vida silvestre que revelan diálogos profundos entre bienes comunes naturales y culturales. Integrar estas voces en procesos de ciencia ciudadana y monitoreo comunitario no solo amplía la comprensión del territorio, sino que también fortalece el sentido de pertenencia, la transmisión intergeneracional de conocimientos y la defensa colectiva de un territorio entendido como memoria viva, y no únicamente como espacio a ser explotado.

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