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Cuando una comunidad cuida un río: más de una década de memoria y vigilancia sobre el río Pizote

Antes que un informe técnico, antes que una inspección institucional y antes que cualquier expediente administrativo, hubo una comunidad que comenzó a observar. Durante más de una década, personas vecinas de Birmania de Upala han recorrido las orillas del río Pizote —también conocido como río Niño—, han fotografiado sus cambios, han compartido sus preocupaciones y han solicitado que las transformaciones que perciben sean investigadas. Esa historia, construida desde la memoria y la vigilancia comunitaria, constituye hoy uno de los registros más importantes para comprender la situación de este río de la Zona Norte.

En la discusión pública sobre los conflictos ambientales suele ponerse atención únicamente cuando aparece un estudio técnico o una resolución institucional. Sin embargo, los procesos de deterioro de un ecosistema casi nunca comienzan ahí. Antes de los informes, casi siempre existe una comunidad que observa, compara, recuerda y documenta.

Eso ha ocurrido en Birmania, distrito de Dos Ríos, cantón de Upala.

Durante más de diez años, habitantes de esta comunidad han construido una memoria colectiva sobre las transformaciones del río Pizote, también conocido como río Niño. Lo que comenzó como conversaciones entre vecinos sobre cambios en el cauce se convirtió, con el paso del tiempo, en recorridos comunitarios, registros fotográficos, solicitudes de inspección, denuncias, reuniones institucionales y un esfuerzo permanente por comprender qué estaba ocurriendo con uno de los bienes comunes más importantes del territorio.

Hoy, distintos informes públicos, inspecciones institucionales y registros comunitarios permiten reconstruir una historia mucho más amplia que la de un hecho aislado. Se trata de una experiencia de vigilancia comunitaria que demuestra el papel fundamental que desempeñan las comunidades en la protección de los ecosistemas.

Un río que conecta territorio, comunidad y vida

El río Pizote forma parte de la red hídrica que nace en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y atraviesa comunidades agrícolas y ganaderas de la Zona Norte de Costa Rica.

Durante generaciones ha sido mucho más que un curso de agua. Ha sido un lugar para aprender a nadar, pescar, compartir en familia y encontrarse con otras personas de la comunidad. También constituye un corredor ecológico que sostiene la biodiversidad y contribuye al equilibrio ambiental de la cuenca.

Por eso, cuando un río cambia, quienes primero lo perciben son las personas que conviven diariamente con él. Las comunidades conocen dónde existían antiguas pozas, recuerdan el comportamiento del agua durante el invierno, identifican la vegetación ribereña y reconocen cuándo el paisaje comienza a transformarse. Ese conocimiento cotidiano constituye una forma de ciencia comunitaria que complementa los estudios técnicos y aporta información indispensable para comprender los procesos ambientales.

La persistencia de quienes nunca dejaron de observar

Si hoy es posible reconstruir buena parte de la historia reciente del río Pizote, es gracias al trabajo constante de personas que decidieron mantener viva la memoria del territorio.

Entre ellas destaca David Menjívar, vecino de Birmania y uno de los principales impulsores de la vigilancia comunitaria sobre el río durante más de una década.

Su aporte ha trascendido la denuncia puntual. Durante años ha recorrido el río, documentado cambios mediante fotografías y videos, conservado registros, compartido información con instituciones, acompañado inspecciones y promovido que las preocupaciones de la comunidad no quedaran en el olvido.

Su trabajo ha permitido construir una memoria ambiental del río que hoy resulta invaluable. Muchas de las observaciones que actualmente forman parte del debate público fueron registradas inicialmente por personas de la comunidad que, como David, comprendieron que proteger un río también implica observarlo, registrar sus transformaciones y transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones.

Esa trayectoria fue recuperada recientemente en un episodio del pódcast Sentires y Saberes del Observatorio de Bienes Comunes. En esa conversación, David recuerda un río que durante décadas fue espacio de recreación, encuentro comunitario y convivencia, al tiempo que comparte las transformaciones que ha observado a lo largo de su vida.

Más allá de una entrevista, su testimonio constituye un ejercicio de memoria territorial. Demuestra que el conocimiento ambiental no nace únicamente de los estudios especializados; también se construye desde la experiencia cotidiana de quienes habitan un territorio durante décadas.

Su historia reivindica una dimensión poco reconocida de la defensa ambiental: la paciencia de quienes dedican años a observar, registrar y cuidar un bien común sin abandonar el compromiso con su comunidad.

Una historia que comenzó mucho antes

Las preocupaciones sobre el estado del río Pizote no son recientes. Desde al menos 2015, David Menjivar y varias personas vecinas comenzaron a advertir cambios en distintos sectores del cauce. A partir de esos primeros reportes se realizaron inspecciones por parte de diferentes instituciones, incluyendo actuaciones policiales y visitas técnicas, mientras la comunidad continuaba recopilando información sobre las transformaciones observadas.

Con el paso de los años, lejos de desaparecer, las preocupaciones persistieron. En 2021, organizaciones comunitarias recuperaron a partir de una noticia en redes sociales parte de esa memoria colectiva y recordaron que ocho años atrás ya se habían documentado modificaciones importantes en el río. Entre las observaciones registradas se encontraban la formación y desaparición de pozas, caída de árboles, cambios en la profundidad del cauce y otras transformaciones observadas tanto aguas arriba como aguas abajo de sectores donde históricamente se desarrollan actividades de extracción de materiales.

En esa misma oportunidad también se planteó la necesidad de estudiar con mayor profundidad situaciones percibidas por la comunidad, como la disminución del caudal en algunos sectores, procesos de erosión, pérdida de vegetación ribereña y cambios en especies asociadas al ecosistema del río.

Asimismo, se hizo referencia a la existencia de diversos expedientes relacionados con concesiones para extracción de material en el sector, según la información disponible en el Catastro Minero nacional, así como a la necesidad de valorar los riesgos asociados a procesos de desbordamiento y erosión que afectaban a familias de la comunidad.

Aquella recuperación de información no buscaba establecer conclusiones definitivas, sino poner en común un conjunto de observaciones acumuladas durante años y solicitar que fueran analizadas mediante estudios técnicos e investigaciones institucionales.

Las alertas continúan

Durante 2026 la comunidad volvió a expresar su preocupación tras observar nuevos cambios en distintos sectores del río. Luego de varios episodios de lluvia, personas vecinas señalaron que la disminución del caudal permitió apreciar con mayor claridad procesos que, desde su perspectiva, requerían una evaluación especializada.

Las observaciones comunitarias hicieron énfasis en posibles cambios del lecho del río, procesos de erosión y alteraciones que consideraban necesario investigar mediante inspecciones independientes. También insistieron en la importancia de fortalecer los mecanismos de fiscalización y garantizar transparencia en el seguimiento institucional.

Como ha ocurrido desde hace varios años, la comunidad reiteró que corresponde a las autoridades competentes determinar, mediante procedimientos técnicos y administrativos, las causas de las transformaciones observadas y definir las medidas que resulten necesarias para la protección del río.

Los informes técnicos dialogan con la memoria comunitaria

Recientemente, un informe elaborado por el gobierno local (Municipalidad Upala, 2026) incorporó nuevas observaciones derivadas de una inspección realizada en el sitio.

El documento registra, entre otros aspectos, procesos de socavamiento en algunos sectores del río, incorpora registros fotográficos y consigna diversas observaciones técnicas y administrativas realizadas durante el recorrido.

Más que constituir un punto de partida, este informe se suma a un proceso de seguimiento construido durante años por la comunidad.

Su principal valor radica en que aporta nuevos elementos para comprender un proceso que las personas vecinas habían venido documentando mucho antes de la elaboración del informe.

La vigilancia comunitaria también produce conocimiento

Uno de los aprendizajes más importantes que deja la experiencia del río Pizote es que las comunidades producen información ambiental de enorme valor público.

  • -Cada fotografía tomada durante años.
  • -Cada recorrido por las orillas del río.
  • -Cada conversación entre generaciones.
  • -Cada solicitud de inspección.
  • -Cada registro conservado.

Todo ello constituye un patrimonio de conocimiento que complementa el trabajo científico e institucional.

La vigilancia comunitaria no reemplaza las competencias de las autoridades ni los estudios especializados. Los fortalece. Permite identificar señales tempranas, orientar investigaciones y construir una comprensión más amplia de los procesos que experimentan los territorios.

También representa una forma concreta de cuidado. Porque cuidar un río no significa únicamente reaccionar cuando aparece un problema evidente. Significa observarlo de manera permanente, conservar su memoria, compartir información y mantener vivo el vínculo entre las personas y el territorio.

Cuidar la memoria para cuidar los bienes comunes

La historia del río Pizote deja una enseñanza que trasciende a Birmania. Los bienes comunes se protegen cuando las comunidades participan activamente en su cuidado. Cuando registran los cambios del paisaje. Cuando dialogan con las instituciones. Cuando recuperan la memoria de quienes han vivido toda una vida junto al río. Cuando las nuevas generaciones aprenden que la defensa del territorio comienza por conocerlo.

En esa historia, el trabajo de David Menjívar ocupa un lugar fundamental. Su constancia demuestra que la defensa de un río no siempre ocurre en los grandes titulares. Muchas veces se construye caminando una y otra vez sus orillas, guardando fotografías durante años, conversando con vecinos, acompañando inspecciones y sosteniendo la convicción de que la memoria también puede convertirse en una forma de protección.

En tiempos de crisis climática y de crecientes presiones sobre los ecosistemas, esa experiencia recuerda que las comunidades no solo son testigos de las transformaciones ambientales. Son también productoras de conocimiento, guardianas de la memoria territorial y protagonistas indispensables en la construcción de una gestión ambiental más democrática.

Porque los ríos no se cuidan únicamente desde los expedientes o los informes técnicos. También se cuidan desde la mirada atenta de quienes nunca dejan de caminar junto a ellos.

Referencia:

CRM Costa Rica Multimedia TV. (2021, 5 de marzo). Vecinos y vecinas de la comunidad de Birmania de Upala han venido planteando la necesidad de evaluar a profundidad los impactos ambientales que ha sufrido el río Pizote

Municipalidad de Upala. (2026). Informe MU-MA-INF-001-2026. Informe de inspección ambiental sobre el río Pizote. Gestión Ambiental, Municipalidad de Upala.

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«Ya no es el río que conocimos»: memoria, cambios y preocupaciones desde Birmania de Upala

Un río que conecta territorio, comunidad y vida

Birmania es una pequeña comunidad ubicada en el distrito de Dos Ríos, cantón de Upala, en la Zona Norte de Costa Rica, a unos 32 kilómetros de la frontera con Nicaragua. Se trata de una región marcada por la producción agrícola y ganadera, atravesada por ríos que nacen en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y forman parte de una compleja red hídrica que conecta territorios, comunidades y ecosistemas.

Uno de esos ríos es el Río Niño, también conocido como Río Pizote. Sus aguas han acompañado durante décadas la vida cotidiana de las personas que habitan la zona, convirtiéndose en un espacio de recreación, encuentro comunitario y observación de la naturaleza.

Una conversación desde la experiencia de quienes habitan el territorio

En esta edición de Sentires y Saberes, conversamos con David Menjívar, vecino de Birmania desde hace más de cinco décadas, quien comparte sus recuerdos sobre el río, los cambios que ha observado a lo largo del tiempo y las preocupaciones que existen actualmente en torno a la extracción de materiales de su cauce.

A partir de su experiencia, la conversación permite reflexionar sobre las transformaciones ambientales que experimentan los territorios, el papel de las comunidades en la observación y defensa de los bienes comunes, así como los desafíos institucionales para garantizar la protección de los ecosistemas.

Algunos temas claves:
  • -El Río Niño ha sido históricamente un espacio de encuentro, recreación y convivencia para las comunidades de la zona.
  • -Las personas que habitan los territorios suelen ser las primeras en identificar cambios y afectaciones ambientales.
  • -La extracción continua de materiales del cauce ha generado preocupaciones por la pérdida de vegetación ribereña, cambios en la dinámica del río y afectaciones a especies acuáticas.
  • -Los procesos de transformación ambiental también impactan prácticas cotidianas y espacios de recreación comunitaria.
  • -La defensa de los bienes comunes no se limita a las denuncias: incluye acciones de cuido, restauración y observación permanente del territorio.
  • -El conocimiento comunitario constituye una fuente valiosa para comprender los cambios que experimentan los ecosistemas.
  • -Las nuevas generaciones cuentan con más herramientas para informarse, participar y asumir un papel activo en el cuidado de la naturaleza.

Más que una entrevista sobre un río, este diálogo nos invita a pensar en la relación entre memoria, territorio y responsabilidad colectiva. Le invitamos a escuchar este nuevo episodio de Sentires y Saberes y conocer la mirada de una persona que ha dedicado gran parte de su vida a observar, cuidar y defender el Río Niño.

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Entre la erosión y la incertidumbre: comunidad alerta sobre la situación del río Pizote-Upala

Personas vecinas de la comunidad cerca del Río Pizote o también conocido como Río Niño, en el cantón de Upala, han manifestado su preocupación ante lo que consideran posibles afectaciones al cauce y al lecho del río asociadas a actividades de extracción de material que se desarrollan en la zona. Según la comunicación compartida por habitantes que han dado seguimiento al caso durante varios años, las lluvias recientes permitieron observar con mayor claridad cambios en distintos sectores del río que, a su criterio, requieren una investigación inmediata por parte de las autoridades competentes.

El río Pizote, forma parte de los sistemas hídricos de la zona norte de Costa Rica. Como ocurre con numerosos ríos del país, cumple funciones fundamentales para el equilibrio ecológico de la cuenca, el transporte natural de sedimentos, la recarga de acuíferos y el sostenimiento de diversos ecosistemas asociados. Además, constituye un elemento central en la vida cotidiana de las comunidades que habitan sus alrededores, por lo que cualquier alteración significativa de sus dinámicas naturales genera preocupación entre la población local.

De acuerdo con los reportes vecinales, la disminución del caudal tras varios días de lluvia dejó al descubierto extensas áreas de suelo expuesto en el fondo y las orillas del río. Las personas denunciantes sostienen que estos sectores podrían evidenciar procesos de alteración del lecho, erosión o socavación que habrían pasado desapercibidos durante periodos de mayor caudal.

Según indican, también se habría observado maquinaria realizando movimientos de tierra en las márgenes del río. Las personas vecinas consideran necesario que las autoridades determinen si estas labores corresponden a actividades autorizadas y si se ajustan a las condiciones establecidas en los permisos y regulaciones ambientales vigentes.

La preocupación comunitaria radica en que cualquier modificación significativa del cauce o de las condiciones naturales del río podría generar consecuencias que trascienden el área inmediata de intervención. Diversos estudios sobre gestión de cuencas señalan que las alteraciones en los lechos fluviales pueden modificar patrones de sedimentación, aumentar procesos erosivos, afectar la estabilidad de las márgenes e incrementar la vulnerabilidad ante inundaciones o desbordamientos en determinados sectores.

Asimismo, los cambios en la dinámica natural de los ríos pueden repercutir sobre los ecosistemas asociados, afectar hábitats acuáticos y alterar procesos fundamentales para la conservación de la biodiversidad. La remoción excesiva de sedimentos o la modificación de las condiciones naturales del cauce pueden impactar la calidad del agua, la reproducción de especies y la capacidad del río para mantener sus funciones ecológicas.

Más allá del río: impactos sobre las comunidades

Las posibles afectaciones a un río no se limitan al deterioro de un ecosistema. Cuando un curso de agua pierde su equilibrio natural, las consecuencias suelen extenderse a la vida cotidiana de las comunidades que habitan su entorno. Por esta razón, las denuncias sobre alteraciones en cauces, extracción de materiales o degradación de las riberas deben ser comprendidas también como asuntos relacionados con la calidad de vida, la seguridad y los derechos de las personas.

Entre las posibles consecuencias se encuentran el aumento de procesos erosivos que pueden comprometer terrenos, caminos, puentes o infraestructura comunitaria. Asimismo, las modificaciones en la dinámica de los sedimentos y del flujo del agua pueden incrementar la vulnerabilidad frente a inundaciones, especialmente durante eventos de lluvia intensa cada vez más frecuentes en el contexto de la crisis climática.

Los impactos también pueden manifestarse en la pérdida de espacios de recreación, encuentro comunitario y vínculo cultural con los ríos. Para muchas comunidades, estos cuerpos de agua no son únicamente elementos del paisaje, sino parte de su historia, de su memoria colectiva y de sus formas de relación con el territorio.

A ello se suma una dimensión menos visible, pero igualmente importante: el desgaste que experimentan las personas que asumen la defensa de los bienes comunes. La necesidad de documentar posibles daños, presentar denuncias, asistir a reuniones y dar seguimiento a procesos institucionales suele implicar una carga significativa de tiempo, recursos y energía emocional. En muchos casos, las comunidades enfrentan largos periodos de incertidumbre mientras esperan respuestas de las autoridades competentes.

Por estas razones, prestar atención a las alertas que surgen desde los territorios resulta fundamental. Las denuncias comunitarias suelen constituir una de las primeras señales de posibles problemas ambientales y permiten activar mecanismos de prevención antes de que los daños alcancen niveles difíciles o imposibles de revertir. Escuchar a quienes viven junto a los ríos, conocen sus cambios y observan cotidianamente sus transformaciones constituye un elemento indispensable para la protección de los ecosistemas y para la construcción de una gestión ambiental más democrática y participativa.

Las personas vecinas afirman haber presentado denuncias ante distintas instancias y sostienen que la respuesta institucional ha sido lenta frente a la magnitud de las preocupaciones planteadas. Aunque reconocen que recientemente se habrían impulsado algunos mecanismos de seguimiento, consideran que resulta necesario fortalecer los procesos de inspección y fiscalización para esclarecer lo que está ocurriendo en el sitio.

En este contexto, la comunidad solicita que las instituciones competentes realicen evaluaciones técnicas independientes que permitan determinar si existe daño ambiental, establecer las posibles causas de las alteraciones observadas y definir las medidas de protección que correspondan. Asimismo, plantean la necesidad de que cualquier eventual responsabilidad, ya sea de empresas concesionarias, entidades públicas o actores particulares, sea investigada y determinada mediante los procedimientos legales y administrativos correspondientes.

Para quienes viven junto al río, la preocupación no se limita a una situación puntual. El caso refleja interrogantes más amplias sobre la capacidad de las instituciones para prevenir daños ambientales, garantizar una supervisión efectiva de las actividades extractivas y responder oportunamente a las alertas que surgen desde las comunidades.

Mientras continúan las gestiones y denuncias, las personas vecinas insisten en que la protección del río Pizote requiere transparencia, acceso a la información y una actuación diligente de las autoridades responsables, con el fin de evitar que posibles afectaciones ambientales se profundicen y generen consecuencias irreversibles para el ecosistema y las comunidades que dependen de él.

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Conoce el Humedal Los Achiotes: Un tesoro natural por descubrir

¿Sabías que a solo 10 minutos del centro de Upala se esconde un paraíso natural lleno de vida y misterio? Gracias a Carlos Mora Piedra, docente del colegio nocturno, tuvimos la oportunidad de explorar el Humedal Los Achiotes, un impresionante humedal palustre que forma parte del Bosque Anegado Achiote 4. Este lugar, que abarca más de 500 hectáreas, es un laberinto de agua, vegetación y biodiversidad.

Un refugio de vida silvestre
Este humedal es un lugar donde el pescado gaspar, felinos, pizotes y tepezcuintles conviven. Este humedal no solo es hogar de estas especies, sino también de islas inexploradas que, según los locales, pocas personas han tenido la oportunidad de descubrir. ¿Te atreverías a adentrarte en este mundo acuático?

¿Qué es un humedal palustre?
Los humedales palustres son ecosistemas donde el agua y la vida se entrelazan. Dominados por juncos, carrizos y espadañas, estos lugares son mucho más que un paisaje húmedo: son esponjas naturales que regulan el agua, filtran contaminantes y albergan una biodiversidad asombrosa. Además, son aliados clave en la lucha contra el cambio climático, capturando carbono y protegiéndonos de inundaciones.

¿Por qué debemos protegerlos?
Carlos nos alerta sobre una triste realidad: los intentos de drenaje están amenazando este frágil ecosistema. Cada vez que se seca un humedal, perdemos no solo agua, sino también hábitats esenciales, especies únicas y un filtro natural que purifica nuestro entorno. La pregunta es: ¿qué estamos dispuestos a hacer para salvarlo?

Upala tiene una oportunidad única: el ecoturismo
¿Y si te dijéramos que proteger el humedal también puede ser una fuente de desarrollo para Upala? Carlos cree firmemente que el ecoturismo es la clave. Imagina un turismo que no solo genere ingresos, sino que también eduque y inspire a las personas a cuidar de este tesoro natural.

El ecoturismo no es solo una actividad, es una filosofía:

  • Conecta a las personas con la naturaleza de manera responsable.

  • Educa sobre la importancia de conservar estos ecosistemas.

  • Fortalece a las comunidades locales, generando empleo y revalorizando su cultura.

Un llamado a la acción
Carlos nos invita a repensar nuestro papel en Upala. ¿Qué tal si apoyamos la investigación de universidades y centros especializados para descubrir más sobre este humedal? ¿O si promovemos visitas guiadas que respeten y protejan este frágil ecosistema?

El Humedal Los Achiotes no es solo un lugar, es una oportunidad para demostrar que el desarrollo y la conservación pueden ir de la mano. ¿Te unes a esta aventura por la naturaleza?

Si te interesa explorar más sobre los humedales te recomendamos las siguientes publicaciones:

Ramsar Convention on Wetlands. (2018). Humedales: ¿por qué cuidarlos? 

Ramsar Convention on Wetlands. (2018). Perspectiva mundial sobre los humedales

Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). (1990). Conservación de humedales

The Nature Conservancy. (s.f.). Buenas prácticas medioambientales para vecinos de humedales

Tabilo-Valdivieso, E. (2005). El beneficio de los humedales en la región neotropical

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Explorando el humedal Los Achiotes de Upala: Importancia y Desafíos

Carlos Mora Piedra, docente del colegio nocturno, nos guía por el Humedal Los Achiotes, un ecosistema único a 10 minutos de Upala. Con más de 500 hectáreas, este humedal palustre alberga especies como gasparres, felinos y tepezcuintles, pero enfrenta amenazas como el drenaje.

Carlos propone el ecoturismo como solución sostenible para protegerlo y generar conciencia. ¡No te pierdas esta entrevista y descubre por qué este humedal es un tesoro natural que debemos conservar!

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Plan Regulador en Upala: Construyendo confianzas para la participación

Visitamos Upala para conocer los primeros pasos en la segunda fase diagnóstica para la formulación del Plan Regulador. Conversamos con autoridades municipales y personas vecinas para conocer sus visiones e implicaciones que tiene este proceso para sus vida en el cantón.

Esperamos este material contribuya a la problematización del proceso de participación que inicia y se reconozcan las diversas dimensiones y preocupaciones que se plantea en el marco de este proceso, para la adecuación necesaria de los espacios y técnicas que impulsa la municipalidad.

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Plan Regulador en Upala ¿Qué pasa con la participación comunitaria?


Estamos trabajando junto a la Asociación de Desarrollo Integral de las Brisas de Upala para conocer más acerca de las implicaciones del proceso de formulación del Plan Regulador, el pasado agosto 2023, se comentó que Upala iba a iniciar la segunda etapa, que consiste en el desarrollo del Diagnóstico Territorial.

Conversamos con Grace Serrano, Juan Miranda, Bertha Orozco y Hector Morales sobre la importancia de involucrarse en la formulación del Plan Regulador desde una perspectiva comunitaria, reflexionamos ¿Qué desafíos representa este proceso?

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¿Qué ha pasado con la caso de la expansión piñera en las Brisas de Upala?

El pasado 17 de mayo del 2022 se celebró la reunión con SETENA solicitada por la comunidad de las Brisas, para «Discutir sobre proyecto piñero D1-0263-2023 “Plantación de Piña y Drenajes Agrícolas, Compañía Agropecuaria Las Brisas S.A., Finca 3”, a solicitud de los representantes de la comunidad de Las Brisas, Canalete, Upala.»

En esta reunión, la comunidad de las Brisas expuso que «Les preocupa las posibles afectaciones a los pobladores, especialmente adultos mayores y niños (afectaciones a la salud por agroquímicos y contaminación del agua, tala de árboles, moscas, etc). Señalan que las afectaciones con las piñeras existentes ya son muy graves, impidiéndoles desarrollar otras actividades productivas como siembra de otros productos agrícolas, ganadería, etc, debido a la contaminación del aire y agua».

Y solicitaron a » SETENA la evaluación de impactos acumulativos, por la gran cantidad de cultivos de piña que ya existen en la zona».

Ante esto, SETENA indicó qué:

  • el viernes 12 de mayo funcionarios técnicos de la SETENA realizaron una visita preliminar en el área del proyecto piñero.
  • el proyecto se encuentra en etapa de Evaluación de Impacto Ambiental.
  • SETENA invitó a la Asociación a apersonarse al expediente y aportar la documentación que considere pertinente.

En este marco, la Asociación de las Brisas tomó la decisión de apersonarse al expediente D1-0263-2023, para recibir notificaciones de los documentos e información.

Participaron en la Sesión

  • Personal de SETENA
  • Representantes de la comunidad
  • Asesores Legislativos
  • Funcionario Municipal de Upala
  • Sociólogo interesado.

Pueden descargar la minuta aquí.

Para la Asociación de las Brisas, esta sesión resultó decepcionante, dado que en sus palabras fueron a escuchar lo mismo, las instituciones no están asumiendo las responsabilidades en torno a la gestión socioambiental de los territorios. Muestran poca o nula empatía ante las situaciones que están viviendo.

Entrevista a Hector Morales Gallo presidente de la Asociación al respecto de la reunión en SETENA.

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¿Qué está pasando en las Brisas de Upala? Expansión piñera y vida comunitaria

Como parte del acompañamiento comunitario que realizamos, queríamos compartirles la situación que está atravesando la comunidad de Las Brisas de Canalete de Upala ante la expansión piñera, dado que al ser un cultivo que requiere grandes extensiones de tierra, además de uso intensivo de agroquímicos, genera dinámicas socio-productivas que afectan los tejidos comunitarios y tienen un impacto significativo sobre los ecosistemas de los territorios.

Esta actividad expansiva e intensiva que representan el monocultivo de la piña tiene afectaciones múltiples en la vida comunitaria desde afectaciones a las actividades agrícolas tradicionales hasta impacto en la salud de las personas. Por esta razón, queríamos compartirles esta infografía que retoma alguna de estas afectaciones para contribuir a nuestras reflexiones sobre las implicaciones que tienen las dinámicas productivas en nuestros territorios.

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