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De la denuncia al compromiso: comunidades de Upala logran acuerdos para atender sus caminos

La organización de las comunidades de Los Ledezma, Fátima, Villanueva, El Delirio y San Bosco comienza a dar resultados. Después de denunciar públicamente el deterioro de sus caminos y anunciar una manifestación pacífica para exigir respuestas, Mario Cortez, presidente de la Asociación de Desarrollo Integral de Los Ledezma nos informa sobre los nuevos compromisos que obtuvieron: la Municipalidad acordó aproximadamente 31 millones de colones para rutas cantonales y el Consejo Nacional de Vialidad (CONAVI) acordó iniciar trabajos en uno de los caminos a partir del martes.

Lo ocurrido nos recuerda que las comunidades no son espectadoras de sus propias condiciones de vida. Cuando las necesidades se acumulan y las respuestas no llegan, la organización colectiva permite hacer visibles los problemas, posicionar las demandas y abrir espacios de negociación.

Cuando las comunidades se organizan, sus demandas se hacen escuchar

Hace unos días, las asociaciones de desarrollo de Los Ledezma, Fátima, Villanueva, El Delirio y San Bosco alzaron la voz para denunciar las condiciones de la ruta nacional 170 y de varios caminos municipales. La situación afectaba actividades fundamentales para la vida cotidiana: el acceso a los servicios de salud, la asistencia a la escuela, el traslado de las cosechas y la posibilidad de desplazarse entre comunidades.

Ante la falta de respuestas concretas, las organizaciones anunciaron una manifestación pacífica para exigir compromisos que permitieran atender la problemática. Su demanda era clara: no bastaba con escuchar promesas; necesitaban acuerdos concretos y fechas para el inicio de las obras.

Ahora, las comunidades comparten noticias alentadoras sobre las gestiones realizadas. Según la información comunicada por sus representantes, la Municipalidad aprobó aproximadamente 30 millones de colones para atender rutas cantonales. Además, informan que representantes de CONAVI se presentaron ante las comunidades y alcanzaron un acuerdo para comenzar los trabajos de reparación de uno de los caminos el próximo martes.

Estos avances constituyen una respuesta a las gestiones comunitarias y abren una nueva etapa: dar seguimiento a los compromisos para que se traduzcan en mejoras efectivas para las poblaciones.

La voluntad comunitaria de defender la vida cotidiana

Lo sucedido en estas comunidades permite reconocer el valor de la organización comunal, especialmente en territorios rurales donde las poblaciones enfrentan dificultades para conseguir que sus necesidades sean atendidas.

Organizarse, denunciar públicamente, buscar espacios en los medios de comunicación y anunciar una manifestación pacífica son formas legítimas de participación mediante las cuales las comunidades ejercen su derecho a expresar sus preocupaciones y exigir respuestas.

Estas acciones adquieren especial relevancia cuando las personas deben insistir durante años para que se atiendan necesidades que afectan directamente su vida cotidiana. En estos contextos, las comunidades no siempre cuentan con los mismos recursos, capacidades de incidencia o posibilidades de interlocución que las instituciones responsables de atender sus demandas. Frente a estas desventajas, la articulación entre asociaciones permite compartir esfuerzos, fortalecer su capacidad de negociación y construir una voz colectiva.

En Upala, cinco comunidades decidieron unir sus voces porque reconocieron que sus dificultades no eran problemas aislados. El deterioro de los caminos afectaba a distintas poblaciones y comprometía condiciones fundamentales para estudiar, trabajar, cuidar y sostener la vida comunitaria.

La respuesta que ahora comunican muestra la importancia de mantener abiertas las vías de diálogo sin renunciar a la exigencia de soluciones. La disposición comunitaria para organizarse y posicionar sus demandas permitió colocar el problema en la agenda pública y avanzar hacia compromisos concretos.

Afiche de invitación a la manifestación difundido por parte de las asociaciones.

Del compromiso a las obras: la importancia de dar seguimiento

Los acuerdos alcanzados representan un paso importante, pero también plantean un desafío: verificar que los compromisos anunciados se cumplan.

La aprobación de recursos por parte de la Municipalidad para las rutas cantonales y el acuerdo comunicado con CONAVI deberán traducirse en intervenciones que respondan a las necesidades señaladas por las comunidades. Por eso, será importante conocer el alcance de las obras, los caminos que serán atendidos y los avances de los trabajos anunciados.

Este seguimiento no resta valor a los acuerdos alcanzados. Por el contrario, permite fortalecer la participación ciudadana y reconocer que las comunidades tienen un papel fundamental en la vigilancia de los compromisos públicos que afectan sus condiciones de vida.

Un camino transitable no es únicamente una obra de infraestructura. Es una condición para que una ambulancia pueda llegar hasta una vivienda, para que la niñez acceda a la educación, para que las familias campesinas transporten sus cosechas y para que las personas puedan desplazarse sin que las condiciones de las vías se conviertan en un obstáculo permanente.

Por eso, atender estos caminos significa también responder a necesidades de salud, educación, trabajo y organización comunitaria.

Organizarse también es construir comunidad

La experiencia de Los Ledezma, Fátima, Villanueva, El Delirio y San Bosco nos deja una reflexión que va más allá de los acuerdos anunciados.

Las comunidades conocen de primera mano las dificultades que atraviesan sus territorios. Son sus habitantes quienes enfrentan cotidianamente las consecuencias de los caminos deteriorados y quienes identifican lo que está en juego cuando las respuestas institucionales tardan en llegar.

Su organización permite convertir esas experiencias dispersas en una demanda colectiva, construir interlocución con las instituciones y reclamar condiciones que consideran indispensables para vivir dignamente.

Lo ocurrido también nos invita a mirar la participación ciudadana más allá de los mecanismos formales. Participar es reunirse, compartir preocupaciones, construir acuerdos, denunciar aquello que afecta a la comunidad y ejercer presión para que las necesidades sean atendidas. Es, además, sostener la voluntad de actuar colectivamente incluso cuando existen dificultades y desventajas para hacerse escuchar.

Las noticias que llegan desde Upala son motivo para reconocer el esfuerzo de las organizaciones comunitarias y la importancia de los compromisos alcanzados. Por una parte, la aprobación de recursos municipales para las rutas cantonales representa un avance en la atención de las necesidades señaladas; por otra, el acuerdo con CONAVI abre la posibilidad de iniciar trabajos en uno de los caminos. Ahora corresponde dar seguimiento para que estos compromisos se conviertan en obras y las mejoras lleguen a quienes las necesitan.

Porque cuando una comunidad se organiza para defender sus caminos, también está defendiendo sus posibilidades de cuidar, trabajar, estudiar y permanecer en su territorio.

La experiencia de estas cinco comunidades nos recuerda que la organización colectiva importa: las demandas compartidas pueden abrir caminos para que las necesidades de la población sean escuchadas y atendidas. Y que la participación comunitaria no termina cuando se anuncia un acuerdo; continúa en la tarea de vigilar su cumplimiento y defender las condiciones que hacen posible una vida digna.

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Cuando un río nos convoca: ¿cómo se organiza una comunidad para defender el Río Zapote en Upala?

La defensa de un río requiere mucho más que denunciar los impactos que lo afectan. También implica construir organización, compartir conocimientos y fortalecer las capacidades colectivas para cuidar el territorio.

En esta entrevista, José Ramón Meneses comparte la experiencia organizativa en torno al Río Zapote, en Upala, y los aprendizajes que surgen de una lucha que articula investigación, vigilancia y acciones de cuidado.

¿Qué nos aporta esta experiencia?
  • -Transformar la preocupación en organización: construir respuestas colectivas frente a las situaciones que afectan el río.
  • -Investigar para defender: conocer los permisos, las concesiones y los procedimientos institucionales que intervienen en las actividades extractivas.
  • -Vincular defensa y cuidado: articular la vigilancia y la denuncia con acciones de conservación y recuperación del río.
  • -Reconocer las dimensiones sociales del conflicto: comprender las necesidades, desigualdades y relaciones que atraviesan el territorio.
  • -Ampliar la mirada territorial: conectar la defensa del Río Zapote con la lucha por el Río Pizote y la preocupación compartida por los ríos de Upala.
La organización como camino para defender los bienes comunes

Los procesos organizativos permiten que las comunidades intercambien saberes, construyan conocimientos y desarrollen capacidades para participar en las decisiones que afectan aquello que comparten. La experiencia del Río Zapote nos recuerda que defender un río también significa aprender a organizarnos y construir otras formas de comprender, habitar y cuidar el territorio.

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Bienes comunes en corto – Así fuimos haciendo comunidad: construir un lugar para vivir

Así fuimos haciendo comunidad

En esta entrega de Bienes Comunes en Corto escuchamos la voz de David Menjívar para acercarnos a la historia de Birmania: una comunidad que se ha ido construyendo entre dificultades, aprendizajes, vínculos y esfuerzos compartidos por mejorar las condiciones de vida.

Su relato nos recuerda que una comunidad no aparece hecha. Se construye cuando las personas se encuentran, reconocen lo que comparten y comienzan a trabajar juntas para transformar aquello que afecta su vida cotidiana. Y ese proceso tampoco termina: los desafíos cambian, pero la necesidad de organizarse y sostener los vínculos permanece.

¿Por qué hablar de historias de vida?

Las historias de vida nos permiten acercarnos a los procesos comunitarios desde quienes los han vivido. En sus recuerdos y experiencias encontramos saberes sobre cómo se construyen los vínculos, cómo se aprende a trabajar colectivamente y cómo un territorio va adquiriendo significado para quienes lo habitan.

Escuchar estas voces también es una forma de recuperar memoria y reconocer que los bienes comunes se construyen y sostienen en prácticas cotidianas: en las relaciones, los aprendizajes, los cuidados y los esfuerzos compartidos que hacen posible la vida en comunidad.

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Sentires y Saberes: David Menjívar, Birmania y una historia de vida que hace comunidad

En esta nueva entrega de Sentires y Saberes nos acercamos a la historia de vida de David Menjívar, una historia que también es, de muchas maneras, parte de la historia de Birmania, en Upala.

David llegó desde El Salvador a Birmania, y ese encuentro con una comunidad marcada por las distancias, las dificultades de acceso y el aislamiento fue también el inicio de un aprendizaje que atravesaría buena parte de su vida: comprender que las condiciones de una comunidad no están dadas de una vez y para siempre, y que su transformación requiere que las propias personas que la habitan asuman un papel protagónico.

A través de sus recuerdos, experiencias y reflexiones, esta conversación nos permite acercarnos a la construcción de un vínculo comunitario que no se limita a compartir un territorio. Se trata de construir relaciones, reconocerse como parte de una historia común y asumir que mejorar las condiciones de vida implica también organizarse, trabajar colectivamente y preguntarse qué comunidad se quiere construir.

La historia de David se entreteje así con la de Birmania. Su recorrido nos habla de caminos que se han ido abriendo, de esfuerzos compartidos y de una convicción que aparece una y otra vez: el bienestar de una comunidad también se construye cuando las personas deciden involucrarse en aquello que les afecta y trabajar junto a otras para transformarlo.

Pero esta conversación también nos recuerda que ninguna transformación está terminada. Birmania sigue enfrentando dificultades y formas de aislamiento que, aunque alguna vez estuvieron relacionadas principalmente con las distancias y las condiciones de acceso, hoy también pueden verse alimentadas por el desinterés y el abandono. Por eso, el compromiso comunitario no aparece como una tarea concluida, sino como un proceso que necesita continuar.

Escuchar a David es acercarnos a una manera de entender la vida comunitaria en la que el vínculo y la práctica transformadora van de la mano: conocer a otras personas, compartir sus preocupaciones, asumir responsabilidades y trabajar para que las condiciones de vida puedan mejorar.

En su historia hay también una invitación a mirar la comunidad no como algo acabado, sino como algo que se construye cotidianamente. Y quizá allí se encuentra una de las preguntas que atraviesan esta conversación: ¿qué podemos hacer, colectivamente, para que el lugar que habitamos tenga cada vez mejores condiciones para vivir?

Esta es una historia de vida, pero también una historia de compromiso, de aprendizaje y de comunidad. Una historia que nos recuerda que los territorios también se construyen a través de los vínculos que somos capaces de sostener.

Historias de vida y bienes comunes

Acercarnos a los bienes comunes también implica escuchar las historias de quienes los construyen y sostienen. Una historia de vida permite reconocer cómo, desde las experiencias cotidianas, las personas van creando vínculos con otras, con un territorio y con aquello que comparten.

La historia de David Menjívar y su relación con Birmania nos muestra que estos vínculos no aparecen de manera automática. Se construyen con el tiempo, a través del encuentro, el aprendizaje, la participación y el trabajo colectivo. En ese proceso también se construyen identidad, pertenencia y responsabilidades compartidas.

Por eso, recuperar estas historias es también recuperar saberes: formas concretas en que las personas han aprendido a organizarse, cuidarse y trabajar juntas para mejorar sus condiciones de vida. Los bienes comunes no son solamente aquello que compartimos; también son las relaciones y prácticas que hacemos posibles para sostener aquello que consideramos común.

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Cuando una comunidad cuida un río: más de una década de memoria y vigilancia sobre el río Pizote

Antes que un informe técnico, antes que una inspección institucional y antes que cualquier expediente administrativo, hubo una comunidad que comenzó a observar. Durante más de una década, personas vecinas de Birmania de Upala han recorrido las orillas del río Pizote —también conocido como río Niño—, han fotografiado sus cambios, han compartido sus preocupaciones y han solicitado que las transformaciones que perciben sean investigadas. Esa historia, construida desde la memoria y la vigilancia comunitaria, constituye hoy uno de los registros más importantes para comprender la situación de este río de la Zona Norte.

En la discusión pública sobre los conflictos ambientales suele ponerse atención únicamente cuando aparece un estudio técnico o una resolución institucional. Sin embargo, los procesos de deterioro de un ecosistema casi nunca comienzan ahí. Antes de los informes, casi siempre existe una comunidad que observa, compara, recuerda y documenta.

Eso ha ocurrido en Birmania, distrito de Dos Ríos, cantón de Upala.

Durante más de diez años, habitantes de esta comunidad han construido una memoria colectiva sobre las transformaciones del río Pizote, también conocido como río Niño. Lo que comenzó como conversaciones entre vecinos sobre cambios en el cauce se convirtió, con el paso del tiempo, en recorridos comunitarios, registros fotográficos, solicitudes de inspección, denuncias, reuniones institucionales y un esfuerzo permanente por comprender qué estaba ocurriendo con uno de los bienes comunes más importantes del territorio.

Hoy, distintos informes públicos, inspecciones institucionales y registros comunitarios permiten reconstruir una historia mucho más amplia que la de un hecho aislado. Se trata de una experiencia de vigilancia comunitaria que demuestra el papel fundamental que desempeñan las comunidades en la protección de los ecosistemas.

Un río que conecta territorio, comunidad y vida

El río Pizote forma parte de la red hídrica que nace en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y atraviesa comunidades agrícolas y ganaderas de la Zona Norte de Costa Rica.

Durante generaciones ha sido mucho más que un curso de agua. Ha sido un lugar para aprender a nadar, pescar, compartir en familia y encontrarse con otras personas de la comunidad. También constituye un corredor ecológico que sostiene la biodiversidad y contribuye al equilibrio ambiental de la cuenca.

Por eso, cuando un río cambia, quienes primero lo perciben son las personas que conviven diariamente con él. Las comunidades conocen dónde existían antiguas pozas, recuerdan el comportamiento del agua durante el invierno, identifican la vegetación ribereña y reconocen cuándo el paisaje comienza a transformarse. Ese conocimiento cotidiano constituye una forma de ciencia comunitaria que complementa los estudios técnicos y aporta información indispensable para comprender los procesos ambientales.

La persistencia de quienes nunca dejaron de observar

Si hoy es posible reconstruir buena parte de la historia reciente del río Pizote, es gracias al trabajo constante de personas que decidieron mantener viva la memoria del territorio.

Entre ellas destaca David Menjívar, vecino de Birmania y uno de los principales impulsores de la vigilancia comunitaria sobre el río durante más de una década.

Su aporte ha trascendido la denuncia puntual. Durante años ha recorrido el río, documentado cambios mediante fotografías y videos, conservado registros, compartido información con instituciones, acompañado inspecciones y promovido que las preocupaciones de la comunidad no quedaran en el olvido.

Su trabajo ha permitido construir una memoria ambiental del río que hoy resulta invaluable. Muchas de las observaciones que actualmente forman parte del debate público fueron registradas inicialmente por personas de la comunidad que, como David, comprendieron que proteger un río también implica observarlo, registrar sus transformaciones y transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones.

Esa trayectoria fue recuperada recientemente en un episodio del pódcast Sentires y Saberes del Observatorio de Bienes Comunes. En esa conversación, David recuerda un río que durante décadas fue espacio de recreación, encuentro comunitario y convivencia, al tiempo que comparte las transformaciones que ha observado a lo largo de su vida.

Más allá de una entrevista, su testimonio constituye un ejercicio de memoria territorial. Demuestra que el conocimiento ambiental no nace únicamente de los estudios especializados; también se construye desde la experiencia cotidiana de quienes habitan un territorio durante décadas.

Su historia reivindica una dimensión poco reconocida de la defensa ambiental: la paciencia de quienes dedican años a observar, registrar y cuidar un bien común sin abandonar el compromiso con su comunidad.

Una historia que comenzó mucho antes

Las preocupaciones sobre el estado del río Pizote no son recientes. Desde al menos 2015, David Menjivar y varias personas vecinas comenzaron a advertir cambios en distintos sectores del cauce. A partir de esos primeros reportes se realizaron inspecciones por parte de diferentes instituciones, incluyendo actuaciones policiales y visitas técnicas, mientras la comunidad continuaba recopilando información sobre las transformaciones observadas.

Con el paso de los años, lejos de desaparecer, las preocupaciones persistieron. En 2021, organizaciones comunitarias recuperaron a partir de una noticia en redes sociales parte de esa memoria colectiva y recordaron que ocho años atrás ya se habían documentado modificaciones importantes en el río. Entre las observaciones registradas se encontraban la formación y desaparición de pozas, caída de árboles, cambios en la profundidad del cauce y otras transformaciones observadas tanto aguas arriba como aguas abajo de sectores donde históricamente se desarrollan actividades de extracción de materiales.

En esa misma oportunidad también se planteó la necesidad de estudiar con mayor profundidad situaciones percibidas por la comunidad, como la disminución del caudal en algunos sectores, procesos de erosión, pérdida de vegetación ribereña y cambios en especies asociadas al ecosistema del río.

Asimismo, se hizo referencia a la existencia de diversos expedientes relacionados con concesiones para extracción de material en el sector, según la información disponible en el Catastro Minero nacional, así como a la necesidad de valorar los riesgos asociados a procesos de desbordamiento y erosión que afectaban a familias de la comunidad.

Aquella recuperación de información no buscaba establecer conclusiones definitivas, sino poner en común un conjunto de observaciones acumuladas durante años y solicitar que fueran analizadas mediante estudios técnicos e investigaciones institucionales.

Las alertas continúan

Durante 2026 la comunidad volvió a expresar su preocupación tras observar nuevos cambios en distintos sectores del río. Luego de varios episodios de lluvia, personas vecinas señalaron que la disminución del caudal permitió apreciar con mayor claridad procesos que, desde su perspectiva, requerían una evaluación especializada.

Las observaciones comunitarias hicieron énfasis en posibles cambios del lecho del río, procesos de erosión y alteraciones que consideraban necesario investigar mediante inspecciones independientes. También insistieron en la importancia de fortalecer los mecanismos de fiscalización y garantizar transparencia en el seguimiento institucional.

Como ha ocurrido desde hace varios años, la comunidad reiteró que corresponde a las autoridades competentes determinar, mediante procedimientos técnicos y administrativos, las causas de las transformaciones observadas y definir las medidas que resulten necesarias para la protección del río.

Los informes técnicos dialogan con la memoria comunitaria

Recientemente, un informe elaborado por el gobierno local (Municipalidad Upala, 2026) incorporó nuevas observaciones derivadas de una inspección realizada en el sitio.

El documento registra, entre otros aspectos, procesos de socavamiento en algunos sectores del río, incorpora registros fotográficos y consigna diversas observaciones técnicas y administrativas realizadas durante el recorrido.

Más que constituir un punto de partida, este informe se suma a un proceso de seguimiento construido durante años por la comunidad.

Su principal valor radica en que aporta nuevos elementos para comprender un proceso que las personas vecinas habían venido documentando mucho antes de la elaboración del informe.

La vigilancia comunitaria también produce conocimiento

Uno de los aprendizajes más importantes que deja la experiencia del río Pizote es que las comunidades producen información ambiental de enorme valor público.

  • -Cada fotografía tomada durante años.
  • -Cada recorrido por las orillas del río.
  • -Cada conversación entre generaciones.
  • -Cada solicitud de inspección.
  • -Cada registro conservado.

Todo ello constituye un patrimonio de conocimiento que complementa el trabajo científico e institucional.

La vigilancia comunitaria no reemplaza las competencias de las autoridades ni los estudios especializados. Los fortalece. Permite identificar señales tempranas, orientar investigaciones y construir una comprensión más amplia de los procesos que experimentan los territorios.

También representa una forma concreta de cuidado. Porque cuidar un río no significa únicamente reaccionar cuando aparece un problema evidente. Significa observarlo de manera permanente, conservar su memoria, compartir información y mantener vivo el vínculo entre las personas y el territorio.

Cuidar la memoria para cuidar los bienes comunes

La historia del río Pizote deja una enseñanza que trasciende a Birmania. Los bienes comunes se protegen cuando las comunidades participan activamente en su cuidado. Cuando registran los cambios del paisaje. Cuando dialogan con las instituciones. Cuando recuperan la memoria de quienes han vivido toda una vida junto al río. Cuando las nuevas generaciones aprenden que la defensa del territorio comienza por conocerlo.

En esa historia, el trabajo de David Menjívar ocupa un lugar fundamental. Su constancia demuestra que la defensa de un río no siempre ocurre en los grandes titulares. Muchas veces se construye caminando una y otra vez sus orillas, guardando fotografías durante años, conversando con vecinos, acompañando inspecciones y sosteniendo la convicción de que la memoria también puede convertirse en una forma de protección.

En tiempos de crisis climática y de crecientes presiones sobre los ecosistemas, esa experiencia recuerda que las comunidades no solo son testigos de las transformaciones ambientales. Son también productoras de conocimiento, guardianas de la memoria territorial y protagonistas indispensables en la construcción de una gestión ambiental más democrática.

Porque los ríos no se cuidan únicamente desde los expedientes o los informes técnicos. También se cuidan desde la mirada atenta de quienes nunca dejan de caminar junto a ellos.

Referencia:

CRM Costa Rica Multimedia TV. (2021, 5 de marzo). Vecinos y vecinas de la comunidad de Birmania de Upala han venido planteando la necesidad de evaluar a profundidad los impactos ambientales que ha sufrido el río Pizote

Municipalidad de Upala. (2026). Informe MU-MA-INF-001-2026. Informe de inspección ambiental sobre el río Pizote. Gestión Ambiental, Municipalidad de Upala.

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«Ya no es el río que conocimos»: memoria, cambios y preocupaciones desde Birmania de Upala

Un río que conecta territorio, comunidad y vida

Birmania es una pequeña comunidad ubicada en el distrito de Dos Ríos, cantón de Upala, en la Zona Norte de Costa Rica, a unos 32 kilómetros de la frontera con Nicaragua. Se trata de una región marcada por la producción agrícola y ganadera, atravesada por ríos que nacen en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y forman parte de una compleja red hídrica que conecta territorios, comunidades y ecosistemas.

Uno de esos ríos es el Río Niño, también conocido como Río Pizote. Sus aguas han acompañado durante décadas la vida cotidiana de las personas que habitan la zona, convirtiéndose en un espacio de recreación, encuentro comunitario y observación de la naturaleza.

Una conversación desde la experiencia de quienes habitan el territorio

En esta edición de Sentires y Saberes, conversamos con David Menjívar, vecino de Birmania desde hace más de cinco décadas, quien comparte sus recuerdos sobre el río, los cambios que ha observado a lo largo del tiempo y las preocupaciones que existen actualmente en torno a la extracción de materiales de su cauce.

A partir de su experiencia, la conversación permite reflexionar sobre las transformaciones ambientales que experimentan los territorios, el papel de las comunidades en la observación y defensa de los bienes comunes, así como los desafíos institucionales para garantizar la protección de los ecosistemas.

Algunos temas claves:
  • -El Río Niño ha sido históricamente un espacio de encuentro, recreación y convivencia para las comunidades de la zona.
  • -Las personas que habitan los territorios suelen ser las primeras en identificar cambios y afectaciones ambientales.
  • -La extracción continua de materiales del cauce ha generado preocupaciones por la pérdida de vegetación ribereña, cambios en la dinámica del río y afectaciones a especies acuáticas.
  • -Los procesos de transformación ambiental también impactan prácticas cotidianas y espacios de recreación comunitaria.
  • -La defensa de los bienes comunes no se limita a las denuncias: incluye acciones de cuido, restauración y observación permanente del territorio.
  • -El conocimiento comunitario constituye una fuente valiosa para comprender los cambios que experimentan los ecosistemas.
  • -Las nuevas generaciones cuentan con más herramientas para informarse, participar y asumir un papel activo en el cuidado de la naturaleza.

Más que una entrevista sobre un río, este diálogo nos invita a pensar en la relación entre memoria, territorio y responsabilidad colectiva. Le invitamos a escuchar este nuevo episodio de Sentires y Saberes y conocer la mirada de una persona que ha dedicado gran parte de su vida a observar, cuidar y defender el Río Niño.

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Entre la erosión y la incertidumbre: comunidad alerta sobre la situación del río Pizote-Upala

Personas vecinas de la comunidad cerca del Río Pizote o también conocido como Río Niño, en el cantón de Upala, han manifestado su preocupación ante lo que consideran posibles afectaciones al cauce y al lecho del río asociadas a actividades de extracción de material que se desarrollan en la zona. Según la comunicación compartida por habitantes que han dado seguimiento al caso durante varios años, las lluvias recientes permitieron observar con mayor claridad cambios en distintos sectores del río que, a su criterio, requieren una investigación inmediata por parte de las autoridades competentes.

El río Pizote, forma parte de los sistemas hídricos de la zona norte de Costa Rica. Como ocurre con numerosos ríos del país, cumple funciones fundamentales para el equilibrio ecológico de la cuenca, el transporte natural de sedimentos, la recarga de acuíferos y el sostenimiento de diversos ecosistemas asociados. Además, constituye un elemento central en la vida cotidiana de las comunidades que habitan sus alrededores, por lo que cualquier alteración significativa de sus dinámicas naturales genera preocupación entre la población local.

De acuerdo con los reportes vecinales, la disminución del caudal tras varios días de lluvia dejó al descubierto extensas áreas de suelo expuesto en el fondo y las orillas del río. Las personas denunciantes sostienen que estos sectores podrían evidenciar procesos de alteración del lecho, erosión o socavación que habrían pasado desapercibidos durante periodos de mayor caudal.

Según indican, también se habría observado maquinaria realizando movimientos de tierra en las márgenes del río. Las personas vecinas consideran necesario que las autoridades determinen si estas labores corresponden a actividades autorizadas y si se ajustan a las condiciones establecidas en los permisos y regulaciones ambientales vigentes.

La preocupación comunitaria radica en que cualquier modificación significativa del cauce o de las condiciones naturales del río podría generar consecuencias que trascienden el área inmediata de intervención. Diversos estudios sobre gestión de cuencas señalan que las alteraciones en los lechos fluviales pueden modificar patrones de sedimentación, aumentar procesos erosivos, afectar la estabilidad de las márgenes e incrementar la vulnerabilidad ante inundaciones o desbordamientos en determinados sectores.

Asimismo, los cambios en la dinámica natural de los ríos pueden repercutir sobre los ecosistemas asociados, afectar hábitats acuáticos y alterar procesos fundamentales para la conservación de la biodiversidad. La remoción excesiva de sedimentos o la modificación de las condiciones naturales del cauce pueden impactar la calidad del agua, la reproducción de especies y la capacidad del río para mantener sus funciones ecológicas.

Más allá del río: impactos sobre las comunidades

Las posibles afectaciones a un río no se limitan al deterioro de un ecosistema. Cuando un curso de agua pierde su equilibrio natural, las consecuencias suelen extenderse a la vida cotidiana de las comunidades que habitan su entorno. Por esta razón, las denuncias sobre alteraciones en cauces, extracción de materiales o degradación de las riberas deben ser comprendidas también como asuntos relacionados con la calidad de vida, la seguridad y los derechos de las personas.

Entre las posibles consecuencias se encuentran el aumento de procesos erosivos que pueden comprometer terrenos, caminos, puentes o infraestructura comunitaria. Asimismo, las modificaciones en la dinámica de los sedimentos y del flujo del agua pueden incrementar la vulnerabilidad frente a inundaciones, especialmente durante eventos de lluvia intensa cada vez más frecuentes en el contexto de la crisis climática.

Los impactos también pueden manifestarse en la pérdida de espacios de recreación, encuentro comunitario y vínculo cultural con los ríos. Para muchas comunidades, estos cuerpos de agua no son únicamente elementos del paisaje, sino parte de su historia, de su memoria colectiva y de sus formas de relación con el territorio.

A ello se suma una dimensión menos visible, pero igualmente importante: el desgaste que experimentan las personas que asumen la defensa de los bienes comunes. La necesidad de documentar posibles daños, presentar denuncias, asistir a reuniones y dar seguimiento a procesos institucionales suele implicar una carga significativa de tiempo, recursos y energía emocional. En muchos casos, las comunidades enfrentan largos periodos de incertidumbre mientras esperan respuestas de las autoridades competentes.

Por estas razones, prestar atención a las alertas que surgen desde los territorios resulta fundamental. Las denuncias comunitarias suelen constituir una de las primeras señales de posibles problemas ambientales y permiten activar mecanismos de prevención antes de que los daños alcancen niveles difíciles o imposibles de revertir. Escuchar a quienes viven junto a los ríos, conocen sus cambios y observan cotidianamente sus transformaciones constituye un elemento indispensable para la protección de los ecosistemas y para la construcción de una gestión ambiental más democrática y participativa.

Las personas vecinas afirman haber presentado denuncias ante distintas instancias y sostienen que la respuesta institucional ha sido lenta frente a la magnitud de las preocupaciones planteadas. Aunque reconocen que recientemente se habrían impulsado algunos mecanismos de seguimiento, consideran que resulta necesario fortalecer los procesos de inspección y fiscalización para esclarecer lo que está ocurriendo en el sitio.

En este contexto, la comunidad solicita que las instituciones competentes realicen evaluaciones técnicas independientes que permitan determinar si existe daño ambiental, establecer las posibles causas de las alteraciones observadas y definir las medidas de protección que correspondan. Asimismo, plantean la necesidad de que cualquier eventual responsabilidad, ya sea de empresas concesionarias, entidades públicas o actores particulares, sea investigada y determinada mediante los procedimientos legales y administrativos correspondientes.

Para quienes viven junto al río, la preocupación no se limita a una situación puntual. El caso refleja interrogantes más amplias sobre la capacidad de las instituciones para prevenir daños ambientales, garantizar una supervisión efectiva de las actividades extractivas y responder oportunamente a las alertas que surgen desde las comunidades.

Mientras continúan las gestiones y denuncias, las personas vecinas insisten en que la protección del río Pizote requiere transparencia, acceso a la información y una actuación diligente de las autoridades responsables, con el fin de evitar que posibles afectaciones ambientales se profundicen y generen consecuencias irreversibles para el ecosistema y las comunidades que dependen de él.

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Conoce el Humedal Los Achiotes: Un tesoro natural por descubrir

¿Sabías que a solo 10 minutos del centro de Upala se esconde un paraíso natural lleno de vida y misterio? Gracias a Carlos Mora Piedra, docente del colegio nocturno, tuvimos la oportunidad de explorar el Humedal Los Achiotes, un impresionante humedal palustre que forma parte del Bosque Anegado Achiote 4. Este lugar, que abarca más de 500 hectáreas, es un laberinto de agua, vegetación y biodiversidad.

Un refugio de vida silvestre
Este humedal es un lugar donde el pescado gaspar, felinos, pizotes y tepezcuintles conviven. Este humedal no solo es hogar de estas especies, sino también de islas inexploradas que, según los locales, pocas personas han tenido la oportunidad de descubrir. ¿Te atreverías a adentrarte en este mundo acuático?

¿Qué es un humedal palustre?
Los humedales palustres son ecosistemas donde el agua y la vida se entrelazan. Dominados por juncos, carrizos y espadañas, estos lugares son mucho más que un paisaje húmedo: son esponjas naturales que regulan el agua, filtran contaminantes y albergan una biodiversidad asombrosa. Además, son aliados clave en la lucha contra el cambio climático, capturando carbono y protegiéndonos de inundaciones.

¿Por qué debemos protegerlos?
Carlos nos alerta sobre una triste realidad: los intentos de drenaje están amenazando este frágil ecosistema. Cada vez que se seca un humedal, perdemos no solo agua, sino también hábitats esenciales, especies únicas y un filtro natural que purifica nuestro entorno. La pregunta es: ¿qué estamos dispuestos a hacer para salvarlo?

Upala tiene una oportunidad única: el ecoturismo
¿Y si te dijéramos que proteger el humedal también puede ser una fuente de desarrollo para Upala? Carlos cree firmemente que el ecoturismo es la clave. Imagina un turismo que no solo genere ingresos, sino que también eduque y inspire a las personas a cuidar de este tesoro natural.

El ecoturismo no es solo una actividad, es una filosofía:

  • Conecta a las personas con la naturaleza de manera responsable.

  • Educa sobre la importancia de conservar estos ecosistemas.

  • Fortalece a las comunidades locales, generando empleo y revalorizando su cultura.

Un llamado a la acción
Carlos nos invita a repensar nuestro papel en Upala. ¿Qué tal si apoyamos la investigación de universidades y centros especializados para descubrir más sobre este humedal? ¿O si promovemos visitas guiadas que respeten y protejan este frágil ecosistema?

El Humedal Los Achiotes no es solo un lugar, es una oportunidad para demostrar que el desarrollo y la conservación pueden ir de la mano. ¿Te unes a esta aventura por la naturaleza?

Si te interesa explorar más sobre los humedales te recomendamos las siguientes publicaciones:

Ramsar Convention on Wetlands. (2018). Humedales: ¿por qué cuidarlos? 

Ramsar Convention on Wetlands. (2018). Perspectiva mundial sobre los humedales. 

Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). (1990). Conservación de humedales. 

The Nature Conservancy. (s.f.). Buenas prácticas medioambientales para vecinos de humedales. 

Tabilo-Valdivieso, E. (2005). El beneficio de los humedales en la región neotropical. 

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Explorando el humedal Los Achiotes de Upala: Importancia y Desafíos

Carlos Mora Piedra, docente del colegio nocturno, nos guía por el Humedal Los Achiotes, un ecosistema único a 10 minutos de Upala. Con más de 500 hectáreas, este humedal palustre alberga especies como gasparres, felinos y tepezcuintles, pero enfrenta amenazas como el drenaje.

Carlos propone el ecoturismo como solución sostenible para protegerlo y generar conciencia. ¡No te pierdas esta entrevista y descubre por qué este humedal es un tesoro natural que debemos conservar!

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Plan Regulador en Upala: Construyendo confianzas para la participación

Visitamos Upala para conocer los primeros pasos en la segunda fase diagnóstica para la formulación del Plan Regulador. Conversamos con autoridades municipales y personas vecinas para conocer sus visiones e implicaciones que tiene este proceso para sus vida en el cantón.

Esperamos este material contribuya a la problematización del proceso de participación que inicia y se reconozcan las diversas dimensiones y preocupaciones que se plantea en el marco de este proceso, para la adecuación necesaria de los espacios y técnicas que impulsa la municipalidad.