Durante los días 26, 27 y 28 de junio, la comunidad de Finca 5 vivió una nueva etapa dentro del proceso Memorias en Movimiento, una iniciativa que durante los últimos meses ha articulado memoria ferroviaria, organización comunitaria, participación de la niñez y recuperación de espacios públicos alrededor del puente ferroviario y el vagón.
Lo ocurrido durante este fin de semana podría describirse, en apariencia, como una jornada de embellecimiento comunitario. Sin embargo, hacerlo sería reducir una experiencia mucho más profunda. Más allá de las plantas sembradas, los senderos construidos o el mural pintado, lo que realmente se puso en movimiento fue una práctica de trabajo colectivo, cooperación y construcción comunitaria.
El viernes estuvo dedicado a la preparación de materiales, la coordinación de tareas y la organización de las actividades. El sábado, vecinas, vecinos y organizaciones comunitarias se reunieron para continuar transformando los espacios alrededor del vagón mediante la construcción de senderos, la siembra de plantas y diversas labores de acondicionamiento del lugar. Finalmente, el domingo se realizó la pintada del mural, dando nuevos colores a un espacio que durante los últimos meses se ha convertido en punto de encuentro para la memoria, la imaginación y la vida comunitaria.
Pero mientras las manos trabajaban, también ocurrían otras cosas. Aparecían conversaciones. Surgían nuevas ideas. Se compartían preocupaciones, expectativas y esperanzas.
Se hablaba de futuros proyectos, de la posibilidad de continuar interviniendo otros espacios públicos, de realizar nuevos murales, de fortalecer las actividades comunitarias y de mantener vivo el impulso organizativo que ha venido creciendo alrededor de este proceso.
Porque el trabajo comunitario tiene una particularidad que pocas veces se registra en las fotografías finales: los resultados más importantes no siempre son los que quedan visibles en el paisaje.
Muchas veces son los vínculos que se fortalecen, las confianzas que se construyen y las conversaciones que abren nuevos horizontes para la acción colectiva.
El valor de hacer juntos
En tiempos donde con frecuencia se promueve el individualismo o se deposita la esperanza de transformación en soluciones externas, experiencias como la vivida en Finca 5 recuerdan una verdad sencilla pero poderosa: las comunidades también se construyen haciendo.
Haciendo juntas. Compartiendo esfuerzos. Aportando desde las capacidades, conocimientos y posibilidades de cada persona.
Durante estos días no hubo grandes presupuestos, maquinaria sofisticada ni estructuras complejas. Hubo algo igualmente valioso: personas dispuestas a dedicar parte de su tiempo, su energía y su compromiso para mejorar un espacio que sienten como propio.
Y ese gesto tiene una enorme importancia.
Porque cuando una comunidad decide intervenir colectivamente un lugar, no solo transforma el espacio físico. También fortalece relaciones, genera confianza, produce experiencias compartidas y construye capacidades organizativas que pueden sostener futuros procesos comunitarios.
Cada planta sembrada, cada tramo de sendero construido y cada pincelada en el mural son también expresiones concretas de cooperación, corresponsabilidad y cuidado colectivo.
Trabajar con las manos que están
Una de las reflexiones que surgió durante la jornada conecta con un desafío que atraviesa muchos procesos organizativos.
Con frecuencia existe la expectativa de que las transformaciones solo serán posibles cuando participen grandes cantidades de personas o cuando aparezcan recursos extraordinarios que permitan dar el salto esperado.
Sin embargo, la experiencia de Finca 5 recordó otra enseñanza.
-Las comunidades avanzan con las personas que están.
-Con quienes tienen interés.
-Con quienes encuentran tiempo para acercarse.
-Con quienes llegan con ganas de colaborar.
-Con quienes creen que vale la pena seguir intentando.
No se trata de renunciar a convocar más participación ni de conformarse con los niveles actuales de involucramiento. Se trata de reconocer que los procesos colectivos comienzan con quienes deciden dar el paso y sostener el trabajo cotidiano.
Las grandes transformaciones rara vez nacen de manera repentina. Con frecuencia comienzan con pequeños grupos de personas que, a fuerza de constancia, compromiso y trabajo compartido, logran inspirar a otras a sumarse.
Quizá una de las lecciones más valiosas de este fin de semana fue precisamente esa: comprender que no es necesario esperar condiciones perfectas para actuar.
Hay procesos que comienzan simplemente con las manos disponibles y la voluntad de hacer algo juntos.
Ver linda la comunidad porque es nuestra
Durante las conversaciones apareció una idea sencilla, pero profundamente significativa.
La importancia de ver linda la comunidad. No como una preocupación meramente estética, sino como una expresión concreta de pertenencia, cuidado y responsabilidad compartida.
Cuando una comunidad siembra plantas, construye senderos, pinta murales o recupera espacios públicos, está expresando una determinada relación con el territorio que habita.
Está diciendo que ese lugar importa. Que merece atención. Que forma parte de la vida colectiva. Que es un espacio donde vale la pena encontrarse, compartir y construir.
Desde esta perspectiva, las labores realizadas durante el fin de semana dialogan con algo más amplio que la transformación física de un área específica. Forman parte de un proceso de apropiación comunitaria del espacio público, de fortalecimiento de la identidad local y de construcción de condiciones que favorezcan el encuentro entre personas, generaciones y organizaciones.
El vagón, el puente y sus alrededores continúan convirtiéndose en lugares donde la comunidad puede verse reflejada, reconocerse y proyectarse hacia adelante.
Lo que sigue
El cierre de esta etapa de Memorias en Movimiento no representa un punto final.
Por el contrario, deja abiertas nuevas preguntas, nuevas conversaciones y nuevas posibilidades de acción colectiva.
Los senderos construidos, las plantas sembradas y el mural pintado son expresiones visibles de algo que continúa moviéndose: una comunidad que sigue imaginando proyectos, generando encuentros y encontrando razones para trabajar de manera cooperativa.
Porque la memoria no solo sirve para recordar.
También puede convertirse en una fuerza capaz de movilizar acciones en el presente y abrir caminos hacia el futuro.
Durante estos tres días, entre lluvia, tierra, pintura, risas, conversaciones y trabajo compartido, Finca 5 volvió a demostrar que los espacios se transforman cuando las personas deciden construirlos juntas.
Y que, muchas veces, los cambios más importantes no son los que quedan sobre las paredes o los senderos, sino los que permanecen en la voluntad colectiva de seguir caminando, soñando y trabajando por una comunidad que reconoce que su mayor fortaleza sigue estando en la capacidad de hacer las cosas en común.
Memorias en Movimiento en Finca 5: compartir lo recorrido, imaginar lo que sigue
Durante los últimos meses, Finca 5 ha sido escenario de un proceso que combinó memoria comunitaria, patrimonio ferroviario, participación de la niñez, organización local y recuperación de espacios públicos. Lo que comenzó como una invitación a conversar sobre el puente ferroviario y el vagón fue dando paso a encuentros, talleres, intercambios intergeneracionales, entrevistas con exferrocarrileros, actividades con la Escuela de Finca 5 y jornadas de trabajo comunitario que permitieron fortalecer vínculos y abrir nuevas posibilidades para el territorio.
Como parte de este recorrido, ponemos a disposición el más reciente boletín de devolución del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, un material que recoge reflexiones, aprendizajes e imágenes de la intervención comunitaria realizada durante los días 26, 27 y 28 de junio.
Más allá de mostrar el antes y el después de un espacio, el boletín invita a reflexionar sobre el papel que tienen los espacios públicos en la construcción de comunidad, la importancia del trabajo cooperativo para impulsar transformaciones locales y el valor de las acciones colectivas que nacen desde el compromiso de quienes deciden involucrarse.
Las páginas de este material muestran senderos construidos, plantas sembradas y nuevos colores en el paisaje, pero también hablan de conversaciones, encuentros, esperanzas y proyectos que continúan tomando forma. Nos recuerdan que las transformaciones comunitarias no dependen únicamente de grandes recursos o grandes multitudes, sino también de la capacidad de actuar con las personas que están, de construir confianza y de sostener procesos en el tiempo.
Esperamos que este boletín contribuya a compartir lo vivido, reconocer el esfuerzo de quienes participaron y seguir alimentando las preguntas que han acompañado este proceso: ¿cómo cuidamos los espacios que compartimos?, ¿qué papel juega la memoria en la construcción de futuro?, ¿cómo fortalecemos la vida comunitaria desde acciones concretas?
Un agradecimiento a quienes se sumaron al camino
Queremos expresar un agradecimiento especial a Kathia Hernández Rueda, Vanesa Hernández Rueda y Diego Rodríguez, vecinos y vecinas de Finca 11, quienes se acercaron el domingo para compartir la jornada de trabajo comunitario y colaborar activamente en la pintada del mural y la plaza.
Su presencia nos recuerda que los procesos comunitarios también se fortalecen cuando las personas vecinas se encuentran, comparten y construyen juntos. Su disposición para trabajar, colaborar y aportar en una jornada marcada por el esfuerzo colectivo fue fundamental para avanzar en las tareas previstas y alcanzar los resultados que hoy pueden apreciarse en el espacio intervenido.
Más allá de la ayuda concreta brindada durante la jornada, su participación fue también un gesto de solidaridad y compromiso con una visión de comunidad que reconoce que los procesos de transformación se construyen entre muchas manos.
A ustedes, gracias por el tiempo, la energía, las conversaciones compartidas y por demostrar que cuando las personas deciden colaborar, los caminos se vuelven más cortos y las metas más alcanzables.




Reconocimientos especiales
Este proceso también fue posible gracias al compromiso y trabajo de personas que, desde distintos espacios, decidieron sumar sus manos, ideas y tiempo para acompañar a la comunidad de Finca 5.
Queremos agradecer especialmente a Miguel Cruz Guevara, cuyo apoyo y disposición fueron fundamentales durante las distintas etapas de este recorrido comunitario.
Asimismo, extendemos nuestro reconocimiento a las personas estudiantes del Trabajo Comunal Universitario TCU-590, quienes participaron en la primera jornada de la pintada, aportando su trabajo, entusiasmo y compromiso con los esfuerzos colaborativos.
Su participación recuerda que los procesos de acción social y trabajo comunitario se construyen a partir del encuentro entre saberes, experiencias y voluntades diversas. Cada conversación, cada jornada de trabajo y cada esfuerzo compartido ayudó a que las memorias de Finca 5 siguieran poniéndose en movimiento.
A todas las personas que de una u otra forma se sumaron a este recorrido, gracias por demostrar que las transformaciones comunitarias son siempre una obra colectiva.









