Mientras la Asamblea Legislativa se trasladaba a Limón para realizar una sesión solemne, Hugo Céspedes Morales, presidente de la Asociación de Desarrollo Indígena Tayní Cabécar, intentaba llegar hasta ese espacio para exponer las necesidades de su territorio. No pudo hacerlo. Los ríos habían crecido y, una vez más, la ausencia de puentes convirtió al territorio en un espacio incomunicado.
El sábado 29 de agosto, la Asamblea Legislativa realizó una sesión solemne en la Casa de la Cultura de Limón. Para Hugo Céspedes Morales, presidente de la Asociación de Desarrollo Indígena Tayní Cabécar, aquella actividad representaba una oportunidad para llevar directamente ante diputadas y diputados de la República una realidad que las comunidades indígenas del Valle de La Estrella enfrentan desde hace años: la falta de infraestructura básica para garantizar la movilidad segura dentro y fuera de su territorio.
Su intención era asistir, conversar con las autoridades y explicar las múltiples consecuencias que tiene la ausencia de puentes sobre los ríos que atraviesan Tayní Cabécar. Sin embargo, no logró llegar. Las fuertes lluvias habían provocado el aumento de los caudales y los pasos habituales quedaron interrumpidos.
La situación encierra una paradoja difícil de ignorar. Mientras el Poder Legislativo se trasladaba hasta Limón en un gesto de acercamiento territorial, una de las voces que buscaba llegar desde un territorio indígena de la misma provincia quedó imposibilitada de hacerlo precisamente por las condiciones de abandono que pretendía denunciar.
Desde el propio territorio, Céspedes Morales decidió grabar un mensaje dirigido a la Asamblea Legislativa, al Poder Ejecutivo y a la opinión pública. Su intervención no se limita a describir una dificultad provocada por el invierno. Lo que plantea es una realidad estructural: cuando los ríos crecen, Tayní Cabécar queda aislado porque no cuenta con los puentes necesarios para garantizar la circulación de las personas.
Una crecida que afecta educación, salud y economía
La falta de puentes atraviesa la vida cotidiana de las comunidades de múltiples maneras. No se trata únicamente de la imposibilidad de trasladarse de un punto a otro, sino de una condición que puede interrumpir el acceso a servicios fundamentales y afectar directamente las posibilidades de las personas para estudiar, trabajar, atender su salud o sostener la economía familiar.
Cuando los ríos aumentan su caudal, docentes y estudiantes enfrentan dificultades para llegar a los centros educativos. El personal docente puede quedar aislado sin posibilidad de trasladarse a sus lugares de trabajo, mientras que niñas, niños y jóvenes ven interrumpido su acceso a la educación. Lo mismo ocurre con los servicios de salud: tanto pacientes como personal médico encuentran obstáculos para movilizarse hacia los centros de atención o para llegar a las comunidades.
Céspedes Morales menciona esta situación al referirse a diferentes servicios presentes en el territorio, entre ellos el EBAIS de Alto Coén y otros espacios de atención en comunidades como Jabuy y Boca Coén. Cuando las condiciones del río impiden el paso, la atención médica se vuelve incierta y las personas que necesitan trasladarse deben esperar o enfrentarse al riesgo de intentar cruzar.
La economía local tampoco queda al margen de esta situación. Buena parte de las familias del territorio depende de actividades productivas vinculadas con cultivos como banano, plátano, frijoles y cacao. Pero producir no garantiza poder vender. Cuando los caminos quedan interrumpidos y no existen puentes para asegurar el tránsito, los compradores e intermediarios no pueden ingresar con normalidad y los productos tampoco pueden salir hacia los lugares de comercialización.
De esta manera, una crecida afecta simultáneamente la educación, la salud y los medios de vida de las comunidades. Lo que desde fuera podría ser interpretado como un problema de conectividad revela, en realidad, una situación mucho más profunda: la infraestructura ausente condiciona el ejercicio cotidiano de derechos fundamentales.
El riesgo de tener que cruzar
Frente a la ausencia de puentes, muchas personas deben enfrentarse a una decisión que no debería formar parte de su vida cotidiana: permanecer aisladas o intentar cruzar un río crecido.
Docentes que necesitan llegar a sus centros de trabajo, estudiantes que buscan asistir a clases, pacientes que requieren atención médica, personal de salud que debe trasladarse hacia las comunidades y productores que necesitan movilizar sus cosechas comparten una misma vulnerabilidad. Para continuar con sus actividades, pueden verse obligados a atravesar ríos cuyas condiciones cambian radicalmente durante las lluvias.
En su mensaje, el presidente de la Asociación de Desarrollo Indígena advierte que esta situación no ha sido únicamente una fuente de incomodidades o pérdidas económicas. La falta de puentes y la necesidad de atravesar ríos han tenido consecuencias humanas graves para las comunidades, incluyendo la pérdida de seres queridos.
Esta dimensión resulta fundamental para comprender la urgencia de la demanda. La construcción de puentes no puede ser presentada como una mejora secundaria o como una obra que pueda esperar indefinidamente dentro de las prioridades institucionales. Para las personas que habitan el territorio, contar con una ruta segura puede marcar la diferencia entre acceder o no a atención médica, entre llegar o no a la escuela y, en situaciones extremas, entre proteger o poner en riesgo la propia vida.
Una demanda que no ha encontrado respuesta
Céspedes Morales señala que, desde la Asociación de Desarrollo Indígena Tayní Cabécar, se han realizado múltiples gestiones ante las instituciones competentes para solicitar atención a esta problemática. Sin embargo, según expresa en el video, las comunidades continúan enfrentando las mismas dificultades cada vez que los ríos aumentan su caudal.
Por ello, su llamado se dirige directamente a las diputadas y diputados de la República, así como al Poder Ejecutivo. La solicitud es que las autoridades no conozcan la situación únicamente a través de informes, oficios o reuniones realizadas lejos del territorio, sino que visiten Tayní Cabécar y observen directamente las condiciones en las que viven las comunidades.
La invitación tiene una carga política importante. No se trata solamente de pedir una visita institucional. Es también una forma de cuestionar la distancia que existe entre los espacios donde se toman las decisiones y los territorios que deben convivir diariamente con sus consecuencias.
La experiencia del 29 de agosto lo ilustra con claridad: una representación política se reunió en Limón, pero el presidente de una Asociación de Desarrollo Indígena no pudo llegar hasta ese espacio porque los ríos le cerraron el paso.
La pregunta que surge entonces es inevitable: ¿qué significa acercar las instituciones a los territorios si las condiciones de abandono continúan impidiendo que los propios habitantes puedan llegar a los espacios donde se toman las decisiones?
Que las instituciones lleguen al territorio
El mensaje de Tayní Cabécar plantea una inversión necesaria de la lógica habitual. No debería recaer exclusivamente sobre las comunidades la responsabilidad de superar largas distancias, caminos precarios y ríos crecidos para lograr que las instituciones escuchen sus demandas.
Las instituciones también deben desplazarse.
Deben recorrer los territorios, conocer sus condiciones materiales y comprender que las desigualdades territoriales no desaparecen porque se realicen actividades oficiales fuera de San José. Para algunas comunidades, la distancia con el Estado no se mide únicamente en kilómetros. Se mide en ríos sin puentes, caminos interrumpidos, dificultades para acceder a servicios y años de gestiones que no se traducen en soluciones.
La demanda expresada por Hugo Céspedes Morales es concreta: la construcción urgente de puentes en los ríos del territorio indígena Tayní Cabécar.
Sin embargo, detrás de esta solicitud existe una discusión más amplia sobre la forma en que el Estado se relaciona con los territorios indígenas. Garantizar infraestructura básica no debería depender de la capacidad de una comunidad para insistir una y otra vez ante las instituciones ni de que una situación de emergencia vuelva visible, temporalmente, un problema que existe desde hace años.
La ausencia de puentes produce aislamiento, pero también expresa una forma de marginación territorial. Cuando una comunidad queda incomunicada cada vez que llueve con fuerza, el problema no es únicamente natural. La lluvia revela una vulnerabilidad construida por la falta de inversión y por la ausencia de respuestas oportunas.
Una voz que busca romper el aislamiento
El video compartido por la Asociación de Desarrollo Indígena Tayní Cabécar busca precisamente atravesar las barreras que ese día impidieron el paso físico de su representante.
Si Hugo Céspedes Morales no pudo llegar hasta la sesión solemne de la Asamblea Legislativa, su mensaje busca que la situación del territorio llegue hasta las autoridades y a la sociedad costarricense por otros medios.
El llamado es urgente y concreto: que diputadas, diputados y representantes del Poder Ejecutivo visiten Tayní Cabécar, conozcan directamente las condiciones que enfrentan sus comunidades y respondan a una necesidad que afecta la educación, la salud, la producción y la seguridad de quienes habitan el territorio.
Porque cuando un río crece sin que exista un puente para atravesarlo, no solamente se interrumpe un camino.
Se dificulta el acceso a la escuela, a la atención médica y a los espacios de trabajo. Se detiene la circulación de productos y se afectan los ingresos de las familias. Se profundiza el aislamiento y, en los casos más graves, se ponen vidas en riesgo.
La voz que llega desde Tayní Cabécar es, por ello, un llamado de atención a las autoridades nacionales: los territorios no deberían tener que esperar a que ocurra una tragedia para que una necesidad largamente conocida sea atendida.
La invitación está hecha.
Que las autoridades lleguen al territorio.
Que recorran sus caminos y conozcan sus ríos.
Que escuchen a las comunidades.
Y que esa escucha, finalmente, se traduzca en respuestas concretas.









