En Finca 5, el puente ferroviario permanece atravesando el paisaje incluso cuando el tren dejó de pasar hace décadas. La estructura continúa suspendida sobre el río, oxidada por el tiempo y transformada por el uso cotidiano de la comunidad. Sin embargo, el proceso comunitario “Memorias en movimiento en Finca 5” ha permitido comprender que el puente nunca fue únicamente una infraestructura destinada al transporte ferroviario.
El puente fue, y sigue siendo, un espacio profundamente habitado.
Allí no solo circularon vagones cargados de banano rumbo a los muelles del Caribe. También circularon personas, historias, afectos, trabajos cotidianos, conversaciones, encuentros familiares y formas concretas de sostener la vida comunitaria. Lo que hoy permanece en la memoria de Finca 5 no es únicamente el recuerdo técnico del ferrocarril, sino la experiencia humana que se construyó alrededor de él.
A partir de talleres participativos, fotografías antiguas, relatos orales y ejercicios colectivos de reconstrucción de memoria, la comunidad comenzó a revisitar la historia del puente desde un lugar distinto: no desde los grandes relatos institucionales o las narrativas del progreso, sino desde las experiencias cotidianas de quienes caminaron, trabajaron y vivieron este territorio.
Y en ese ejercicio comenzó a emerger algo fundamental: el puente no solo conectaba territorios. También articulaba relaciones sociales, economías locales, afectos y sentidos de pertenencia.
Un puente que siguió vivo cuando el tren dejó de pasar
Durante las conversaciones comunitarias aparecieron recuerdos vinculados a la construcción del puente, la llegada del ferrocarril y el movimiento económico que generó en la zona. Se recordó el entusiasmo que produjo la inauguración de la obra y la expectativa que existía alrededor de las oportunidades laborales y comerciales que traería para Finca 5.
Pero conforme avanzaban los relatos, la memoria comenzó a desplazarse hacia otros lugares menos visibles y, quizás por eso mismo, más profundos.
Las personas empezaron a hablar no solo del tren, sino de todo aquello que ocurría alrededor de él:
- -las caminatas para visitar familiares,
- -las ventas de comida en canastos,
- -las bicicletas cruzando cuidadosamente entre los durmientes,
- -las fondas que alimentaban a trabajadores y viajeros,
- -las conversaciones compartidas en el trayecto,
- -las tardes observando el río desde el puente,
- -y los recorridos cotidianos que terminaron formando parte de la vida comunitaria.
Lo que apareció con fuerza fue la dimensión humana del lugar.
El puente dejó entonces de entenderse únicamente como una estructura funcional y comenzó a reconocerse como un espacio atravesado por memorias afectivas, relaciones sociales y experiencias compartidas.
Incluso cuando el tren dejó de operar, el puente continuó siendo usado por la comunidad. La gente siguió cruzándolo, encontrándose y otorgándole nuevos significados. Esa permanencia cotidiana transformó el lugar: el puente dejó de pertenecer exclusivamente a la lógica ferroviaria y pasó a formar parte de la vida social del territorio.
El puente como sitio de memoria
Uno de los elementos más importantes que surgió durante el proceso fue la posibilidad de comprender el puente como un sitio de memoria.
Esta idea resulta fundamental porque desplaza la mirada tradicional sobre el patrimonio y sobre aquello que consideramos históricamente valioso. Un sitio de memoria no es solamente un monumento oficial ni un espacio reconocido institucionalmente. Es un lugar donde se condensan experiencias colectivas que continúan teniendo significado para quienes habitan un territorio.
Son espacios donde el pasado permanece activo.
Lugares donde todavía resuenan formas de vida, vínculos, trabajos, emociones y experiencias compartidas que ayudan a explicar cómo una comunidad ha construido su historia.
En Finca 5, el puente funciona como un sitio de memoria precisamente porque concentra múltiples dimensiones de la experiencia comunitaria:
- -la memoria del trabajo bananero,
- -la movilidad cotidiana,
- -las pequeñas economías locales,
- -las relaciones familiares,
- -las prácticas de encuentro,
- -y las formas de cuidado que permitieron sostener la vida colectiva.
La importancia de reconocer estos espacios radica en que permiten comprender la historia desde la experiencia concreta de las personas y no únicamente desde los relatos técnicos o institucionales. Muchas veces las narrativas oficiales hablan de la construcción de grandes obras, pero silencian las formas en que esas infraestructuras fueron vividas, apropiadas y resignificadas por las comunidades.
En ese sentido, la memoria local introduce una mirada distinta sobre el territorio.
No observa el puente únicamente como una obra de ingeniería. Lo reconoce como un espacio cargado de afectos, trayectorias y experiencias que todavía hoy organizan parte de la identidad comunitaria.
La memoria también se cocina y se comparte
Uno de los hallazgos más potentes del proceso fue descubrir hasta qué punto la comida forma parte esencial de la memoria colectiva.
Cuando las personas comenzaron a recordar el puente y el tren, rápidamente aparecieron también las fondas, las ventas improvisadas y los alimentos que acompañaban el movimiento cotidiano alrededor del ferrocarril:
- -tortillas recién hechas,
- -café caliente en botella,
- -aguadulce,
- -tamales,
- -chorreadas,
- -pescado con yuca,
- -elotes con mantequilla,
- -cajetas,
- -pan y comidas tradicionales que sostenían las largas jornadas de trabajo y tránsito.
Estos recuerdos permitieron reconocer algo profundamente importante: la historia no se construye únicamente desde grandes acontecimientos o decisiones políticas. También se sostiene desde los trabajos cotidianos que muchas veces permanecen invisibilizados.
Las fondas no eran solamente espacios comerciales. Eran lugares de conversación, cercanía y encuentro comunitario. Allí circulaban noticias, preocupaciones, historias y vínculos que ayudaban a mantener cohesionada la vida social de la comunidad.
La memoria del puente, entonces, no solo permanece en la estructura física o en las fotografías antiguas. También sobrevive en los sabores, en las recetas y en las prácticas de cuidado que acompañaron la vida cotidiana de Finca 5.
Lo que permanece fuera de la imagen
En sesiones anteriores, la comunidad había comenzado a preguntarse por aquello que las fotografías no lograban mostrar. Esa pregunta abrió una dimensión clave dentro del proceso de memoria.
Porque toda fotografía también implica ausencias.
A partir de ahí comenzaron a emerger relatos relacionados con:
- -las condiciones difíciles de vida,
- -la falta de electricidad,
- -el cansancio cotidiano,
- -los riesgos asociados a la construcción,
- -las personas que fallecieron durante el proceso,
- -el trabajo invisible de muchas familias,
- -y las emociones que acompañaban la experiencia comunitaria.
La conversación permitió comprender que muchas veces aquello que sostiene la vida colectiva no queda registrado en imágenes ni en documentos oficiales. Sin embargo, sigue presente en la memoria de quienes lo vivieron.
Por eso, recuperar la memoria desde la comunidad se vuelve también una forma de ampliar la historia y devolver visibilidad a experiencias que frecuentemente quedan fuera de los relatos dominantes.
Recordar para seguir construyendo comunidad
Uno de los aprendizajes más importantes de este proceso ha sido comprender que la memoria no funciona únicamente como un ejercicio de nostalgia.
Recordar también es una forma de comprender el presente y proyectar el futuro.
Volver sobre la historia del puente permite reconocer cómo la comunidad ha construido vínculos, formas de organización y sentidos de pertenencia a lo largo del tiempo. También permite preguntarse qué elementos siguen siendo importantes hoy y qué tipo de territorio desea construir Finca 5 hacia adelante.
La memoria comunitaria, en ese sentido, se convierte en una herramienta política y cultural para fortalecer la capacidad de las personas de narrarse desde su propia experiencia.
Porque aunque el tren dejara de pasar, la comunidad siguió cruzando.
Y en cada paso cotidiano, en cada conversación compartida y en cada recuerdo recuperado, el puente continúa demostrando que los territorios no solo se construyen con infraestructura, sino también con las relaciones humanas que les dan sentido.
Un boletín construido desde la memoria colectiva
Como parte de este proceso, las personas participantes elaboraron boletines comunitarios donde recuperaron historias, sabores, recuerdos y experiencias vinculadas al puente y la vida cotidiana en Finca 5.
Los materiales reúnen relatos sobre:
- -las fondas,
- -las ventas tradicionales,
- -las caminatas sobre el puente,
- -las visitas familiares,
- -las memorias del tren,
- -y la importancia de mantener viva la historia local para las futuras generaciones.
Más que un ejercicio de escritura, estos boletines representan una forma de fortalecer la memoria desde la propia comunidad y afirmar el derecho de las personas a narrar su territorio desde sus propias voces y experiencias.
Te invitamos a descargar y compartir el boletín comunitario elaborado colectivamente durante el proceso “Memorias en movimiento en Finca 5”.
Para profundizar sobre sitios de memoria:
Wrobel, Ivan. (2022)Sitios y paisajes de la memoria. Elementos teóricos para pensar la construcción del caso del Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado (1997-2021). (2022). Punto Sur, 7. https://doi.org/10.34096/ps.n7.11279
Wrobel, Ivan. (2025). Pierre Nora y los lugares de la memoria. Una revisión del concepto a partir de la experiencia de un sitio de memoria en la Argentina. Páginas. Revista Digital de la Escuela de Historia, 17(43). https://doi.org/10.35305/rp.v17i43.927









