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Comunicado Público del Grupo de Defensa de la Cuenca Río Frío-Caño Negro Día Mundial del Medio Ambiente 2026

Les compartimos el Comunicado Público del Grupo de Defensa de la Cuenca Río Frío Caño Negro.

¿Qué celebramos cuando nuestros ríos están siendo transformados?

Cada 5 de junio se multiplican los mensajes sobre la importancia de cuidar el medio ambiente. Escuchamos hablar de sostenibilidad, conservación y desarrollo verde. Sin embargo, desde las comunidades que habitamos y defendemos la cuenca del Río Frío-Caño Negro, sentimos la necesidad de plantear una pregunta sencilla pero urgente: ¿qué celebramos cuando nuestros ríos continúan siendo alterados, degradados y sometidos a presiones cada vez mayores?

Costa Rica ha construido una imagen internacional asociada a la protección de la naturaleza. Esa imagen tiene fundamentos importantes, pero también convive con realidades que muchas veces permanecen invisibilizadas. Mientras se habla de desarrollo sostenible, numerosos ríos del país enfrentan procesos de extracción de materiales, alteración de cauces, pérdida de espacios de acceso comunitario, contaminación y presiones crecientes sobre sus ecosistemas.

En nuestra cuenca hemos observado transformaciones que preocupan profundamente a quienes vivimos el territorio día a día. Hemos visto desaparecer espacios que durante generaciones fueron parte de la vida comunitaria. Hemos visto cambios en el cauce, en las pozas, en la dinámica del río y en las posibilidades que las personas tienen de relacionarse con él. Lo que antes era un lugar de encuentro, recreación y convivencia se encuentra cada vez más limitado por procesos que privilegian la explotación de corto plazo sobre el cuidado de largo plazo.

Estas transformaciones no pueden entenderse únicamente como un problema ambiental. Reducir la discusión a aspectos técnicos invisibiliza dimensiones fundamentales de lo que está en juego.

Los ríos son memoria. En sus aguas habitan historias familiares, recuerdos de infancia, aprendizajes compartidos y experiencias que forman parte de la identidad de las comunidades. Las pozas donde generaciones aprendieron a nadar, los sitios donde las familias se reunían durante los fines de semana, los lugares donde las personas encontraron descanso, alegría y convivencia son también parte del patrimonio de nuestros territorios.

Cuando estos espacios desaparecen o se degradan, no se pierde únicamente un paisaje. Se debilitan vínculos comunitarios y se erosionan memorias que ayudan a dar sentido a la vida colectiva.

Los ríos también sostienen formas de producción y de trabajo. Muchas familias dependen de ellos para actividades agropecuarias, para el abastecimiento de agua y para iniciativas económicas vinculadas al turismo rural y comunitario. La pérdida de espacios naturales, el deterioro de los ecosistemas y las modificaciones en los cauces afectan oportunidades que históricamente han permitido construir economías locales más cercanas al territorio y a sus dinámicas naturales.

Sin embargo, quizá la pregunta más importante es la que debemos hacernos pensando en quienes todavía no han nacido.

¿Qué ríos heredarán las futuras generaciones?

Cada poza destruida, cada tramo degradado y cada espacio comunitario perdido representa una experiencia que alguien ya no podrá vivir. Cada intervención que reduce la capacidad del río para sostener la vida disminuye también las posibilidades de que las nuevas generaciones conozcan los territorios que hoy conocemos.

Estamos tomando decisiones cuyos efectos perdurarán mucho más allá de nuestro tiempo. Por eso, la defensa de los ríos no puede entenderse como una preocupación de grupos aislados o de personas particularmente sensibles a los temas ambientales. Se trata de una responsabilidad colectiva con la vida presente y futura.

Nos preocupa especialmente que las advertencias provenientes de las comunidades continúen siendo minimizadas o ignoradas. Quienes habitan los territorios conocen los cambios del río porque los observan diariamente. Saben cuándo desaparece una poza, cuándo aumenta la erosión, cuándo cambia la corriente y cuándo se pierde biodiversidad. Saben cuándo el río deja de ser el río que conocieron.

Ese conocimiento construido desde la experiencia cotidiana constituye una forma legítima de comprender lo que está ocurriendo. No se trata de opiniones sin fundamento. Se trata de años de observación, de convivencia con el territorio y de una relación directa con los procesos que hoy están transformando nuestras cuencas.

Por ello, hacemos un llamado a las instituciones públicas, a las autoridades competentes, a las municipalidades, a las universidades, a las organizaciones sociales y a toda la ciudadanía para que asumamos una discusión profunda sobre el futuro de nuestros ríos. Necesitamos fortalecer la protección efectiva de las cuencas hidrográficas, mejorar los mecanismos de fiscalización y reconocer que el cuidado de los ríos no es un obstáculo para el desarrollo, sino una condición indispensable para construir un futuro verdaderamente sostenible.

Pero también creemos que ha llegado el momento de formular una pregunta incómoda.

Durante años las comunidades han cumplido su papel. Hemos recorrido los ríos. Hemos documentado cambios. Hemos impulsado denuncias. Hemos participado en reuniones. Hemos solicitado información. Hemos compartido conocimientos. Hemos acompañado procesos de organización comunitaria. Hemos advertido sobre riesgos que muchas veces fueron ignorados o minimizados.

Lo hemos hecho porque amamos nuestros territorios y porque comprendemos que defender los ríos es defender la vida.

Sin embargo, la protección de las cuencas no puede recaer exclusivamente sobre quienes viven junto a ellas.

La responsabilidad es colectiva, pero no es igual para todos.

Quienes tienen competencias legales, recursos públicos, capacidad de fiscalización y poder para tomar decisiones tienen una responsabilidad mayor. Las instituciones públicas tienen la obligación de actuar cuando existen señales de deterioro. Las municipalidades tienen la responsabilidad de velar por el bienestar integral de sus territorios. Las empresas tienen el deber de asumir las consecuencias de los impactos que generan y de comprender que el beneficio económico no puede construirse a costa de los bienes que sostienen la vida colectiva.

Por eso, en este Día Mundial del Medio Ambiente queremos dirigir una serie de preguntas claras a quienes tienen capacidad de decisión, responsables de un modelo que genera ganancias para unos pocos mientras deja a un pueblo desértico, sin ningún beneficio y, sobre todo, sin ningún futuro:

Las comunidades estamos haciendo nuestra parte.

Nos estamos organizando.

Estamos observando.

Estamos documentando.

Estamos denunciando.

Estamos proponiendo.

Estamos alzando la voz.

¿Y ustedes?

¿Están haciendo su parte las instituciones encargadas de proteger nuestros bienes naturales?

¿Están haciendo su parte las municipalidades responsables de ordenar y cuidar los territorios?

¿Están haciendo su parte las empresas que obtienen beneficios económicos de actividades que impactan nuestros ríos?

¿Está haciendo el Estado su parte cuando las comunidades alertan, denuncian y aportan evidencia sobre los daños ambientales, pero sus advertencias son desestimadas o ignoradas por quienes tienen la responsabilidad de actuar?

Porque el mejor homenaje al Día Mundial del Medio Ambiente no es repetir discursos sobre sostenibilidad. No es publicar campañas verdes una vez al año. No es acumular declaraciones de buenas intenciones.

El mejor homenaje al Día Mundial del Medio Ambiente es garantizar que nuestros ríos sigan fluyendo libres, vivos y accesibles para las comunidades que dependen de ellos.

Todavía estamos a tiempo de escuchar lo que los ríos nos están diciendo.

La pregunta es si tendremos la voluntad de hacerlo.

Grupo de Defensa de la Cuenca Río Frío-Caño Negro

Correo: defensa.cuencas.guatuso@gmail.com

5 de junio de 2026

Video del 29 de mayo del 2026.

En este video se observan las labores mecanizadas de extracción de material en el río Frío, específicamente en la comunidad de La Amapola. Aunque estas actividades suelen justificarse como necesarias para obras y mejoras locales, cuando se realizan de forma intensiva pueden generar impactos significativos sobre los ecosistemas fluviales: alteración de cauces, pérdida de pozas, erosión de las riberas, afectación de la biodiversidad y reducción de espacios de uso comunitario. Los ríos son mucho más que una fuente de materiales. Son bienes comunes que sostienen la vida, la producción local, la memoria de las comunidades y el bienestar de las futuras generaciones. Por ello, resulta necesario preguntarnos si la extracción que se realiza responde realmente a las necesidades del cantón o si estamos frente a procesos de sobreexplotación destinados a abastecer mercados más amplios a costa del deterioro de nuestro patrimonio natural.

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Entre leña, humo y memoria: aprender el fuego – Bienes Comunes en Corto

Volver al corazón de nuestros saberes cotidianos

A veces creemos que las conversaciones importantes son aquellas que hablan de política, economía o grandes acontecimientos históricos. Sin embargo, hay diálogos aparentemente pequeños que terminan revelando algo esencial sobre quiénes somos. Hablar sobre cómo se hace el fuego para cocinar puede parecer una práctica simple y utilitaria, pero detrás de esa acción cotidiana habita una memoria profunda de afectos, aprendizajes y formas de cuidar la vida.

En la conversación con Paul Gutiérrez, de Finca 5, el fuego aparece no solamente como una herramienta para cocinar, sino como una herencia recibida de su padre y su madre. El relato va mostrando cómo ciertos saberes no se aprenden en manuales ni en instituciones formales, sino en la cercanía de la vida compartida: mirando, acompañando, practicando y escuchando. El fuego se aprende entre voces, entre silencios, entre tiempos compartidos.

Quizá por eso la comida hecha en fogón “sabe distinto”. No únicamente por el humo o la leña, sino porque ahí también se cocinan recuerdos, afectos y vínculos. En muchas comunidades, cocinar ha sido históricamente una práctica de encuentro: un espacio donde se conversa, se transmite experiencia y se fortalece el tejido familiar y comunitario. El fogón no solo alimenta el cuerpo; también alimenta la memoria.

En un tiempo marcado por la velocidad, la fragmentación y el aislamiento, volver la mirada hacia estas prácticas cotidianas puede ayudarnos a repensar nuestras propias conversaciones. ¿De qué hablamos cuando compartimos la comida? ¿Qué historias sobreviven alrededor de una cocina? ¿Qué saberes estamos dejando de transmitir cuando la vida cotidiana pierde sus espacios de encuentro?

Defender estos conocimientos no significa rechazar la modernidad ni idealizar el pasado. Significa reconocer que existen formas de conocimiento profundamente humanas que sostienen nuestra capacidad de cuidar, disfrutar y convivir. Muchas veces los grandes cambios comienzan justamente ahí: en la manera en que nos reunimos, cocinamos, escuchamos y compartimos el tiempo con otras personas.

Entre leña, humo y memoria, el fuego nos recuerda algo sencillo pero urgente: la vida también se sostiene en esos pequeños gestos donde el cariño se vuelve práctica cotidiana.

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¿Un rótulo más? El cuido del río Agualote

Un rótulo como dispositivo pedagógico: encuentro, territorio y cuidado colectivo

La colocación del rótulo en el río Agualote no fue únicamente una acción informativa ni una intervención aislada en el espacio público. También abrió una discusión importante sobre las formas en que construimos educación ambiental y sobre los dispositivos que utilizamos para comunicar, sensibilizar y movilizar alrededor del cuidado de los bienes comunes.

¿Por qué un rótulo más?

¿Por qué seguir colocando rótulos en un contexto saturado de imágenes, mensajes y contaminación visual? La pregunta apareció varias veces durante la actividad y lejos de ser evitada, fue asumida colectivamente. Precisamente ahí radica parte de la potencia de esta experiencia: problematizar el propio acto de rotular.

Porque este rótulo no busca vender, ordenar o publicitar. Busca detener. Interrumpir el tránsito cotidiano para recordar algo que muchas veces permanece invisibilizado: debajo del puente hay un río, una microcuenca, biodiversidad, relaciones ecológicas y también conflictos ambientales que requieren atención colectiva.

En ese sentido, el rótulo funciona como un dispositivo pedagógico territorial. No reemplaza procesos organizativos, educativos o comunitarios más amplios, pero sí actúa como un punto de activación de preguntas, conversaciones y encuentros. Traduce información científica en un lenguaje accesible y la devuelve al territorio donde esa información fue producida.

El proceso también era el mensaje

Además, su proceso de instalación terminó siendo tan importante como el rótulo mismo.

Durante la jornada participaron organizaciones comunitarias, personas voluntarias, Universidad de Costa Rica, ASADAS, empresa privada y actores locales que, desde distintos lugares, aportaron tiempo, trabajo y presencia. Algunas personas ayudaron cavando, otras sosteniendo estructuras, otras observando detalles de seguridad, dando opiniones o simplemente acompañando. Incluso hubo momentos de cuidado hacia la biodiversidad del lugar, recordándonos que el río no es solamente un “tema ambiental”, sino un espacio vivo compartido con múltiples formas de vida.

La articulación entre organizaciones también se volvió un mensaje en sí mismo.

Encontrarse para cuidar

En tiempos marcados por el aislamiento institucional y la fragmentación social, encontrarse para realizar una acción concreta —aunque parezca pequeña— tiene un enorme valor político y comunitario.

La colocación del rótulo se convirtió así en un momento de encuentro: un espacio donde el conocimiento científico dialogó con la experiencia comunitaria, donde el trabajo manual se mezcló con la reflexión crítica y donde el cuidado apareció no solo como discurso, sino como práctica compartida.

Más que instalar un objeto, lo que ocurrió fue la construcción temporal de una comunidad alrededor del río.

El cuidado también se construye en lo cotidiano

Quizá ahí reside una de las principales enseñanzas de esta experiencia: que el cuidado de los bienes comunes no depende únicamente de grandes políticas o proyectos institucionales, sino también de la capacidad de encontrarnos, reconocernos y actuar colectivamente en el territorio.

A veces, cuidar empieza con algo aparentemente pequeño: detenerse, conversar, sostener un rótulo, cavar un hueco, proteger una iguana o simplemente estar presentes. Y justamente por eso, este no era solo un rótulo más.

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Hay trenes que no dejan de pasar: memorias y comunidad en Finca 5

Durante el fin de semana del 16 y 17 de mayo, Finca 5 vivió un proceso profundamente significativo de encuentro comunitario, memoria ferroviaria y construcción colectiva de futuros posibles alrededor del puente ferroviario, el vagón y los espacios públicos de la comunidad.

Las actividades realizadas permitieron abrir conversaciones sobre el presente de Finca 5, sus desafíos organizativos, sus posibilidades y los vínculos comunitarios que todavía sostienen la vida colectiva del territorio. Más que una jornada aislada, el encuentro se convirtió en un espacio para reconocerse, compartir preocupaciones, recuperar memorias y volver a imaginar colectivamente aquello que la comunidad todavía puede llegar a construir.

Pensar Finca 5 desde sus posibilidades

Uno de los principales ejes de trabajo del sábado fue preguntarnos colectivamente qué puede llegar a ser Finca 5 y cuáles sueños siguen abiertos para la comunidad. Las personas participantes identificaron múltiples potencialidades: fortalecer el desarrollo comunal, apoyar emprendimientos locales, promover cooperativas, generar turismo comunitario vinculado a la historia ferroviaria, crear espacios como un café-museo y seguir impulsando actividades recreativas, culturales y familiares.

Las conversaciones también permitieron reconocer el enorme valor simbólico y comunitario que tienen el puente ferroviario y el vagón como espacios capaces de articular memoria, organización y posibilidades económicas para la comunidad. Más allá de cada propuesta concreta, apareció una idea común: existe un deseo real de seguir construyendo comunidad y transformar espacios que durante mucho tiempo fueron vistos únicamente como infraestructura abandonada.

El puente y el vagón comienzan así a resignificarse no solo como huellas del pasado ferroviario, sino también como lugares vivos desde donde la comunidad puede encontrarse, dialogar y construir nuevas formas de apropiación colectiva del territorio.

Organización comunitaria: reconocer lo que ya existe

Las reflexiones compartidas también permitieron reconocer que en Finca 5 ya existe una base organizativa y afectiva sobre la cual continuar construyendo. Muchas veces los procesos comunitarios se piensan únicamente desde las carencias o dificultades, invisibilizando capacidades organizativas que siguen activas en el territorio.

Sin embargo, el propio proceso desarrollado durante el fin de semana mostró la existencia de una trama comunitaria viva, sostenida por personas, organizaciones y espacios que continúan apostando por el encuentro colectivo.

Fortalezas organizativas identificadas

  • -Personas que continúan convocando y sosteniendo procesos comunitarios.
  • -Participación activa de organizaciones locales.
  • -Presencia y articulación de la Escuela de Finca 5.
  • -Disposición comunitaria para dialogar y construir colectivamente.
  • -Voluntariado que sigue impulsando actividades.
  • -Recuperación y cuidado de espacios públicos.
  • -Interés por fortalecer emprendimientos comunitarios.
  • -Existencia de memorias compartidas que todavía generan sentido de pertenencia.
  • -Capacidad de articular generaciones distintas alrededor de la memoria ferroviaria.
  • -Potencial del puente y el vagón como espacios de encuentro comunitario.

Frases compartidas durante la jornada como “Yo quiero a mi Finca 5” o “Esta es una de las mejores plazas de aquí” reflejan un fuerte sentido de pertenencia que persiste incluso en medio de las dificultades y muestran que el vínculo afectivo con la comunidad continúa siendo una fuerza importante para sostener los procesos organizativos.

Los desafíos que atraviesan la organización comunitaria

Al mismo tiempo, las conversaciones también permitieron hablar honestamente sobre tensiones y dificultades que afectan la participación y el sostenimiento de los procesos colectivos.

Nombrar estos desafíos colectivamente resultó importante porque permitió reconocer cansancios, frustraciones y preocupaciones compartidas que muchas veces permanecen dispersas o invisibilizadas.

Desafíos identificados

  • -Poca participación comunitaria.
  • -Desgaste organizativo y sobrecarga de pocas personas.
  • -Disminución del voluntariado.
  • -Falta de oportunidades laborales.
  • -Necesidad de generar sostenibilidad económica.
  • -Falta de recursos para las organizaciones comunitarias.
  • -Sensación de indiferencia y conformismo.
  • -Desprestigio o desconfianza hacia procesos organizativos.
  • -Necesidad de fortalecer la comunicación comunitaria.
  • -Dificultades para construir confianza colectiva.

Frases como “Uno se agueva” o “Dan ganas de salir corriendo” expresaron emocionalmente parte del desgaste que enfrentan muchas personas que sostienen trabajo comunitario.

Sin embargo, las conversaciones también dejaron claro que la transformación de Finca 5 no depende únicamente de infraestructura o proyectos externos. También requiere fortalecer vínculos comunitarios, ampliar la participación, valorar los aportes existentes y construir mecanismos colectivos que permitan sostener los procesos en el tiempo.

El puente y el vagón como espacios vivos

Uno de los aprendizajes más importantes del encuentro es que el puente ferroviario y el vagón ya vienen funcionando como espacios vivos para la comunidad. Los talleres, recorridos, intercambios y actividades realizadas muestran que estos lugares continúan convocando encuentros, memorias y nuevas formas de participación colectiva.

Embellecer espacios, organizar actividades culturales, activar el vagón o recuperar el puente no son únicamente acciones estéticas o patrimoniales. También representan formas de fortalecer vínculos comunitarios y reconstruir sentidos de pertenencia alrededor del espacio público.

Más que ruinas del pasado, el puente y el vagón siguen siendo puntos desde donde Finca 5 conversa consigo misma, recuerda colectivamente e imagina posibilidades hacia adelante.

El encuentro con los exferrocarrileros

El domingo 17 de mayo se realizó además un encuentro con Ferrocarrileros de Costa Rica y la Amantes del tren Costa Rica con Javier Poveda y Roy Fonseca, generando un intercambio profundamente significativo entre memorias ferroviarias, comunidad y nuevas generaciones.

Escuchar a exmaquinistas y trabajadores ferroviarios hablar sobre el cuidado de la línea, el mantenimiento de los trenes y la vida cotidiana alrededor del ferrocarril permitió devolver humanidad a una historia que muchas veces se cuenta únicamente desde la nostalgia o la infraestructura.

La visita permitió reconocer que el patrimonio ferroviario no pertenece únicamente al pasado nacional, sino también a las memorias vivas de quienes trabajaron, cuidaron y construyeron esas rutas.

También permitió recordar algo fundamental: los puentes no solo conectaban trenes. Conectaban comunidades, encuentros y formas de vida compartida.

La perspectiva de la niñez: imaginar el tren sin haberlo visto

Uno de los momentos más conmovedores ocurrió cuando los exferrocarrileros conocieron los dibujos y cuentos realizados por los niños y niñas de la Escuela de Finca 5. Allí se produjo un encuentro entre generaciones que nunca coincidieron en el tiempo ferroviario, pero que continúan conectadas por la memoria del lugar.

Aunque gran parte de esta niñez nunca vio pasar el tren, el puente y el vagón siguen presentes en sus juegos, historias e imaginarios. Esto demuestra que la memoria no solo se transmite por experiencia directa, sino también a través de relatos comunitarios, espacios compartidos y vínculos afectivos con el territorio.

Los dibujos de la niñez permitieron además que los exferrocarrileros reconocieran cómo su trabajo y legado siguen vivos en la imaginación de nuevas generaciones.

Al mismo tiempo, mostraron cómo las nuevas generaciones se acercan al puente y al vagón desde otros lenguajes: el juego, el arte, la creatividad y la convivencia comunitaria.

Memoria y futuro: cuando recordar también ayuda a imaginar

El proceso vivido en Finca 5 también deja una reflexión importante: las memorias no solo sirven para mirar el pasado, sino también para imaginar futuros posibles.

Recordar el tren, el puente o las historias ferroviarias no significa querer regresar exactamente a otro tiempo. Más bien permite recuperar valores que siguen siendo importantes hoy: el encuentro entre comunidades, el sentido de pertenencia, la vida colectiva y la construcción compartida de territorio.

En ese sentido, las memorias funcionan como puentes entre generaciones. Los relatos de exferrocarrileros dialogan con los dibujos de la niñez; las historias del pasado se encuentran con los sueños comunitarios del presente.

La memoria aparece entonces no únicamente como recuerdo, sino también como una herramienta para fortalecer identidad comunitaria, organización colectiva y esperanza territorial.

Lo que sigue

Este proceso continúa avanzando como un tren comunitario construido entre muchas manos. Cada conversación, dibujo, recuerdo, propuesta y encuentro ayuda a mover nuevamente la memoria de Finca 5, pero también a abrir preguntas sobre el futuro que la comunidad quiere construir.

Como parte de este proceso, próximamente se realizará la pintada comunitaria de Finca 5, una intervención colectiva del vagón, la plaza y los espacios alrededor del puente ferroviario. Más que un ejercicio de embellecimiento, será una forma de seguir fortaleciendo vínculos, dejar huellas colectivas y traducir en colores muchas de las conversaciones, memorias y sueños compartidos durante estos encuentros.

Porque cuando una comunidad pinta junta, también imagina junta los paisajes que quiere construir hacia adelante.

Agradecemos profundamente a la Asociación de Desarrollo de Finca 5, el Comité de Seguridad Comunitaria de Finca 5, la Escuela de Finca 5, Amantes del tren Costa Rica y la Ferrocarrileros de Costa Rica por hacer posible este encuentro y seguir ayudando a que la memoria ferroviaria continúe recorriendo los rieles de la comunidad.

Galería
Nota aclaratoria

Como parte de este proceso comunitario, los dibujos y cuentos realizados por los niños y niñas de la Escuela de Finca 5 no quedarán únicamente como un momento aislado del encuentro. Actualmente nos encontramos trabajando en la construcción de un producto colectivo que permitirá compartir y visibilizar el trabajo, la creatividad y las miradas de esta niñez sobre el puente ferroviario, el vagón y la memoria de la comunidad.

La idea es que este material pueda convertirse también en una forma de resguardar las memorias, los imaginarios y las formas en que las nuevas generaciones siguen vinculándose con estos espacios, incluso sin haber visto pasar el tren.

Próximamente estaremos compartiendo más noticias sobre este proceso y las distintas maneras en que estas historias, dibujos y recuerdos continuarán recorriendo los rieles de Finca 5.

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¿Qué obstaculiza la atención médica en los territorios indígenas? Una reflexión urgente desde Talamanca – Colectivo Antonio Saldaña

Desde los territorios indígenas Bribri y Cabécar de Talamanca seguimos observando con preocupación múltiples dificultades para acceder a una atención médica digna, oportuna y ajustada a la realidad de nuestras comunidades.

Las situaciones que viven muchas familias no son casos aislados. Son experiencias que se repiten y que revelan profundas limitaciones del sistema de salud cuando este intenta responder desde protocolos rígidos, sin considerar las condiciones sociales, geográficas, económicas y culturales propias de los territorios indígenas.

Adultos mayores, personas con padecimientos complejos y familias enteras enfrentan obstáculos para recibir tratamientos, medicamentos o seguimiento médico adecuado. En algunos casos, el personal de salud expresa tener voluntad de ayudar, pero señala que no cuenta con recursos suficientes, medicamentos específicos, camillas, transporte o posibilidades de actuar fuera de lo que permiten los protocolos institucionales.

La situación de doña Matilde Fernández, así como otros casos que viven cotidianamente las comunidades, deja preguntas urgentes:

  • ¿Por qué continúan existiendo barreras para recibir atención médica adecuada en los territorios indígenas?
  • ¿Cómo es posible que una persona deba desplazarse largas distancias para recibir un medicamento que no existe en su EBAIS?
  • ¿Por qué los protocolos parecen imponerse sobre las necesidades humanas y comunitarias?
  • ¿No deberían las instituciones adaptar sus mecanismos de atención a la realidad territorial de Talamanca?

Estas preocupaciones no surgen únicamente desde la experiencia comunitaria. También encuentran respaldo en el marco jurídico nacional e internacional que obliga al Estado costarricense a garantizar una atención diferenciada y culturalmente pertinente para los pueblos indígenas.

El Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ratificado por Costa Rica mediante la Ley N.º 7316, establece que los gobiernos deben garantizar a los pueblos indígenas servicios de salud adecuados o proporcionarles los medios que les permitan organizar y prestar dichos servicios bajo su propia responsabilidad y control.

Además, el artículo 25 de dicho convenio señala que los servicios de salud deben organizarse, en la medida de lo posible, a nivel comunitario y planearse y administrarse en cooperación con los pueblos interesados, tomando en cuenta sus condiciones económicas, geográficas, sociales y culturales.

Precisamente ahí surge una profunda preocupación e indignación para las comunidades indígenas de Talamanca. Porque si un Estado como el costarricense —que históricamente ha proyectado una imagen internacional de institucionalidad, cobertura social y compromiso con los derechos humanos— continúa teniendo tantas dificultades para hacer efectiva esa “medida de lo posible”, entonces es necesario preguntarse qué lugar ocupan realmente los territorios indígenas dentro de las prioridades nacionales.

¿Cómo puede seguir considerándose “difícil” adaptar servicios de salud a las realidades territoriales cuando existen obligaciones legales, tratados internacionales ratificados y décadas de experiencia institucional acumulada? ¿Por qué sigue pareciendo excepcional o inviable construir mecanismos de atención acordes con las condiciones culturales y geográficas de los pueblos indígenas, cuando precisamente eso es lo que establecen los compromisos internacionales asumidos por el país?

Las comunidades indígenas no están solicitando privilegios. Están exigiendo que se cumpla un derecho reconocido por la legislación nacional e internacional: recibir atención médica pertinente, accesible y humanamente adecuada a sus condiciones de vida.

La Constitución Política de Costa Rica también reconoce el derecho a la vida, la salud y la dignidad humana como principios fundamentales que deben orientar toda acción institucional. A esto se suma la obligación de las instituciones públicas de garantizar igualdad real en el acceso a servicios esenciales, especialmente para poblaciones históricamente excluidas.

Por ello, resulta necesario preguntarse si los actuales protocolos institucionales realmente responden a las condiciones del territorio indígena o si, por el contrario, terminan profundizando barreras de acceso y exclusión.

No se trata de señalar únicamente al personal médico o administrativo, que muchas veces también trabaja bajo limitaciones estructurales. Se trata de reconocer que existe un problema más profundo que requiere voluntad institucional, diálogo y soluciones construidas junto a las comunidades.

Por eso consideramos urgente abrir una mesa de diálogo territorial donde participen comunidades indígenas, personal de salud, autoridades de la CCSS e instituciones vinculadas, con el fin de identificar obstáculos reales y construir mecanismos de atención más humanos, pertinentes y accesibles.

La salud no puede depender únicamente de protocolos que desconocen la realidad de los territorios. La salud debe partir del respeto a la dignidad humana, del reconocimiento cultural y de la responsabilidad del Estado de garantizar atención para todas las personas.

Colectivo Antonio Saldaña

Talamanca, Costa Rica

13 de mayo del 2026

¿Quién fue Antonio Saldaña?

Antonio Saldaña fue el último rey del pueblo indígena de Talamanca, una figura de liderazgo comparable a un guía o autoridad ancestral en su comunidad. Su papel fue crucial en la defensa de la cultura, las tierras y los derechos de su pueblo frente a la expansión de intereses externos, especialmente de compañías bananeras.
 
Según la historia, Saldaña fue asesinado en 1910 en circunstancias no completamente esclarecidas. Se dice que fue envenenado durante una actividad social, en un acto de traición impulsado por quienes veían en su resistencia una amenaza a sus intereses económicos.
 
Su muerte representó un duro golpe para la lucha indígena, pero su legado sigue vivo como símbolo de resistencia y dignidad para los pueblos originarios de la región.
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El río como escuela colectiva: Limpiar, aprender, volver

La Primera Jornada Anual de Acción por los Ríos en los Potreros de Puax llegó a su cierre, pero lo que queda abierto es mucho más importante: los aprendizajes, las articulaciones y la certeza de que cuidar lo común no ocurre en un solo día. Lo que este proceso deja no es únicamente un espacio intervenido, sino también experiencias compartidas, vínculos fortalecidos y nuevas formas de comprender el territorio.

A veces se piensa que estas jornadas sirven únicamente para limpiar un espacio o responder a una necesidad inmediata. Sin embargo, procesos como el vivido en el río Agualote también funcionan como verdaderas escuelas colectivas. No en el sentido tradicional del aula, sino como espacios donde las personas aprenden haciendo, compartiendo y organizándose junto a otras.

En cada conversación, en cada decisión logística, en cada recorrido por el río y en cada bolsa recogida, se producen aprendizajes que difícilmente podrían surgir únicamente desde la teoría. Se aprende sobre el territorio, sobre los impactos de nuestras formas de consumo, sobre coordinación comunitaria y también sobre la importancia de sostener vínculos para cuidar lo común.

Los testimonios que recoge este proceso insisten en una idea importante: persistir, incluso cuando las acciones parecen pequeñas o insuficientes frente a problemas mucho más grandes. Porque limpiar un río también implica encontrarse, organizarse, aprender colectivamente y preguntarse cómo seguir sosteniendo el cuidado del territorio más allá de una jornada específica.

Reconocer estas experiencias como espacios formativos permite entender que no solo transforman el entorno: también transforman a quienes participan. Fortalecen sensibilidades, generan nuevas preguntas y construyen capacidades colectivas que pueden trasladarse a otros procesos y luchas territoriales. Más que actividades aisladas, estas jornadas pueden convertirse en semillas de continuidad, articulación y aprendizaje compartido.

Claves para potenciar esta dimensión pedagógica

• Generar espacios de conversación antes y después de las jornadas
• Compartir aprendizajes y experiencias entre participantes
• Integrar a personas de distintas edades y comunidades
• Relacionar la limpieza con reflexiones sobre memorias, formas y modos de consumo e impacto sobre el territorio
• Documentar procesos para que puedan replicarse en otros espacios
• Entender el voluntariado como formación colectiva y no solo como apoyo logístico
• Promover el encuentro comunitario como parte central del cuidado ambiental
• Convertir cada acción en una oportunidad para fortalecer organización y vínculos
• Reconocer el territorio como un espacio vivo de aprendizaje
• Sostener la continuidad de los procesos más allá de una sola jornada

Aprender para persistir

Uno de los mayores desafíos de este tipo de iniciativas es evitar que queden reducidas a momentos aislados. Ahí es donde la dimensión pedagógica se vuelve fundamental. Cuando las personas comprenden el sentido de lo que hacen, intercambian experiencias y construyen lecturas colectivas sobre el territorio, las acciones dejan de depender únicamente del entusiasmo momentáneo y comienzan a convertirse en procesos sostenidos.

Los procesos pedagógicos ayudan a construir persistencia porque fortalecen la conciencia, el vínculo comunitario y la capacidad de imaginar continuidad. Permiten que cada jornada deje algo más que resultados inmediatos: dejan memoria organizativa, aprendizajes compartidos y la sensación de que volver al río también es volver a la comunidad.

Cuidar los bienes comunes no se sostiene solamente desde la urgencia. Se sostiene cuando las personas encuentran espacios para aprender juntas, reconocerse mutuamente y construir razones colectivas para seguir volviendo.

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Conversar, recordar y pintar: memorias que vuelven a reunir a Finca 5

Compartimos este video como parte del proceso “Memorias en movimiento en Finca 5”, una experiencia comunitaria donde conversar, recordar, dibujar, pintar y compartir fotografías se ha convertido también en una forma de volver a encontrarse como comunidad.

Te invitamos a verlo y acompañar este proceso construido desde las voces, recuerdos y experiencias de la propia comunidad.

A veces la memoria comienza de formas muy simples.

Alguien llega con una fotografía guardada hace años. Otra persona empieza a recordar una anécdota mientras mira el puente.
Alguien toma un lápiz y dibuja algo que todavía permanece en su memoria. Otra persona habla de cómo cruzaba el puente en bicicleta, de las fondas o de las ventas de comida cuando el tren todavía pasaba por la comunidad.

Y poco a poco, casi sin darse cuenta, las personas empiezan a conversar.

Eso es lo que ha venido ocurriendo en el proceso “Memorias en movimiento en Finca 5”, una experiencia comunitaria donde el recuerdo no se trabaja únicamente desde la historia formal, sino desde el encuentro cotidiano entre personas que comparten memorias, emociones y experiencias sobre su territorio.

Pero conforme avanzaron los encuentros, algo comenzó a hacerse evidente: el centro del proceso no era solamente el puente, el tren o el vagón. El centro eran las personas volviendo a encontrarse.

La memoria como encuentro

Los talleres realizados en Finca 5 han estado llenos de acciones sencillas, pero profundamente significativas:

  • -buscar fotografías antiguas,
  • -ordenar recuerdos,
  • -dibujar, pintar,
  • -conversar, compartir historias,
  • -escuchar anécdotas,
  • -y reconstruir colectivamente escenas de la vida cotidiana.

En medio de todo eso, comenzó a fortalecerse algo que muchas personas participantes mencionan constantemente: el disfrute de volver a reunirse. Las historias fueron apareciendo entre risas, recuerdos cruzados y conversaciones espontáneas. Una fotografía abría una memoria. Un comentario hacía aparecer otra historia. Una anécdota despertaba nuevos recuerdos en quienes estaban alrededor.

La memoria empezó entonces a construirse colectivamente, no como algo fijo o terminado, sino como una conversación viva que sigue creciendo entre quienes participan.

Recordar también es imaginar y transformar

Uno de los aspectos más ricos del proceso ha sido descubrir que recordar no significa quedarse atrapados en el pasado.

Las actividades realizadas en Finca 5 han permitido que las personas imaginen, creen y transformen colectivamente nuevas maneras de mirar la comunidad.

El dibujo, la pintura y las intervenciones creativas han aparecido como formas de expresar aquello que a veces cuesta explicar solamente con palabras. A través de colores, trazos, fotografías y recuerdos compartidos, las personas han comenzado a pensar cómo representar la historia de Finca 5 desde sus propias experiencias.

Poco a poco, la memoria dejó de ser únicamente una mirada hacia atrás y comenzó a convertirse también en una posibilidad de transformación comunitaria.

Porque cuando las personas se reúnen a recordar, también empiezan a preguntarse:

  • -cómo quieren ver su comunidad,
  • -qué espacios desean cuidar,
  • -qué historias quieren mantener vivas,
  • -y qué futuro desean construir colectivamente.
El puente como punto de encuentro

Aunque gran parte del proceso gira alrededor del puente ferroviario y el antiguo vagón, las conversaciones han permitido descubrir que lo más importante no son únicamente las estructuras físicas.

Lo central son las relaciones humanas que se construyeron alrededor de ellas. El puente aparece constantemente en los relatos porque allí se cruzaban historias de vida:

  • -ventas de comida,
  • -caminatas,
  • -encuentros familiares,
  • -juegos,
  • -conversaciones,
  • -recorridos cotidianos,
  • -y formas de compartir la vida comunitaria.

Por eso, el puente terminó funcionando también como una excusa para volver a encontrarse entre vecinos y vecinas. No solamente para recordar cómo era Finca 5, sino para pensar juntos cómo quieren seguir habitándolo hoy.

La conversación cotidiana también produce comunidad

En muchos momentos del proceso apareció una idea que las personas repetían constantemente: lo bonito de reunirse a hablar.

Y aunque parezca algo sencillo, esas conversaciones tienen una enorme importancia comunitaria.

Porque en ellas circulan recuerdos, conocimientos, experiencias y maneras de comprender el territorio que muchas veces no aparecen en documentos ni en relatos oficiales. La conversación permite conectar generaciones, fortalecer vínculos y construir espacios donde las personas vuelven a reconocerse mutuamente.

Las historias sobre el tren, las fondas o las caminatas terminan siendo también historias sobre la comunidad misma: sobre cómo se relaciona, cómo comparte, cómo recuerda y cómo imagina nuevas posibilidades.

Una comunidad que vuelve a mirarse

El proceso “Memorias en movimiento en Finca 5” sigue avanzando desde ese espíritu: encontrarse, compartir y construir colectivamente.

Las personas participantes hablan de la importancia de activar los espacios comunes, embellecer la comunidad y seguir generando actividades que permitan fortalecer el vínculo entre vecinos y vecinas.

Pero quizás uno de los aprendizajes más importantes del proceso ha sido demostrar que la memoria no tiene que ser algo distante o solemne.

También puede ser una conversación compartida. Puede ser un dibujo. Puede ser una fotografía pasando de mano en mano. Puede ser pintura, color y creatividad. Puede ser una anécdota contada entre risas.

Porque a veces una comunidad empieza a transformarse simplemente cuando vuelve a sentarse junta a conversar, recordar y crear colectivamente.

Y en Finca 5, esa conversación sigue moviéndose.

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El puente que sigue contando historias: Finca 5 y la memoria que habita los lugares

En Finca 5, el puente ferroviario permanece atravesando el paisaje incluso cuando el tren dejó de pasar hace décadas. La estructura continúa suspendida sobre el río, oxidada por el tiempo y transformada por el uso cotidiano de la comunidad. Sin embargo, el proceso comunitario “Memorias en movimiento en Finca 5” ha permitido comprender que el puente nunca fue únicamente una infraestructura destinada al transporte ferroviario.

El puente fue, y sigue siendo, un espacio profundamente habitado.

Allí no solo circularon vagones cargados de banano rumbo a los muelles del Caribe. También circularon personas, historias, afectos, trabajos cotidianos, conversaciones, encuentros familiares y formas concretas de sostener la vida comunitaria. Lo que hoy permanece en la memoria de Finca 5 no es únicamente el recuerdo técnico del ferrocarril, sino la experiencia humana que se construyó alrededor de él.

A partir de talleres participativos, fotografías antiguas, relatos orales y ejercicios colectivos de reconstrucción de memoria, la comunidad comenzó a revisitar la historia del puente desde un lugar distinto: no desde los grandes relatos institucionales o las narrativas del progreso, sino desde las experiencias cotidianas de quienes caminaron, trabajaron y vivieron este territorio.

Y en ese ejercicio comenzó a emerger algo fundamental: el puente no solo conectaba territorios. También articulaba relaciones sociales, economías locales, afectos y sentidos de pertenencia.

Un puente que siguió vivo cuando el tren dejó de pasar

Durante las conversaciones comunitarias aparecieron recuerdos vinculados a la construcción del puente, la llegada del ferrocarril y el movimiento económico que generó en la zona. Se recordó el entusiasmo que produjo la inauguración de la obra y la expectativa que existía alrededor de las oportunidades laborales y comerciales que traería para Finca 5.

Pero conforme avanzaban los relatos, la memoria comenzó a desplazarse hacia otros lugares menos visibles y, quizás por eso mismo, más profundos.

Las personas empezaron a hablar no solo del tren, sino de todo aquello que ocurría alrededor de él:

  • -las caminatas para visitar familiares,
  • -las ventas de comida en canastos,
  • -las bicicletas cruzando cuidadosamente entre los durmientes,
  • -las fondas que alimentaban a trabajadores y viajeros,
  • -las conversaciones compartidas en el trayecto,
  • -las tardes observando el río desde el puente,
  • -y los recorridos cotidianos que terminaron formando parte de la vida comunitaria.

Lo que apareció con fuerza fue la dimensión humana del lugar.

El puente dejó entonces de entenderse únicamente como una estructura funcional y comenzó a reconocerse como un espacio atravesado por memorias afectivas, relaciones sociales y experiencias compartidas.

Incluso cuando el tren dejó de operar, el puente continuó siendo usado por la comunidad. La gente siguió cruzándolo, encontrándose y otorgándole nuevos significados. Esa permanencia cotidiana transformó el lugar: el puente dejó de pertenecer exclusivamente a la lógica ferroviaria y pasó a formar parte de la vida social del territorio.

El puente como sitio de memoria

Uno de los elementos más importantes que surgió durante el proceso fue la posibilidad de comprender el puente como un sitio de memoria.

Esta idea resulta fundamental porque desplaza la mirada tradicional sobre el patrimonio y sobre aquello que consideramos históricamente valioso. Un sitio de memoria no es solamente un monumento oficial ni un espacio reconocido institucionalmente. Es un lugar donde se condensan experiencias colectivas que continúan teniendo significado para quienes habitan un territorio.

Son espacios donde el pasado permanece activo.

Lugares donde todavía resuenan formas de vida, vínculos, trabajos, emociones y experiencias compartidas que ayudan a explicar cómo una comunidad ha construido su historia.

En Finca 5, el puente funciona como un sitio de memoria precisamente porque concentra múltiples dimensiones de la experiencia comunitaria:

  • -la memoria del trabajo bananero,
  • -la movilidad cotidiana,
  • -las pequeñas economías locales,
  • -las relaciones familiares,
  • -las prácticas de encuentro,
  • -y las formas de cuidado que permitieron sostener la vida colectiva.

La importancia de reconocer estos espacios radica en que permiten comprender la historia desde la experiencia concreta de las personas y no únicamente desde los relatos técnicos o institucionales. Muchas veces las narrativas oficiales hablan de la construcción de grandes obras, pero silencian las formas en que esas infraestructuras fueron vividas, apropiadas y resignificadas por las comunidades.

En ese sentido, la memoria local introduce una mirada distinta sobre el territorio.

No observa el puente únicamente como una obra de ingeniería. Lo reconoce como un espacio cargado de afectos, trayectorias y experiencias que todavía hoy organizan parte de la identidad comunitaria.

La memoria también se cocina y se comparte

Uno de los hallazgos más potentes del proceso fue descubrir hasta qué punto la comida forma parte esencial de la memoria colectiva.

Cuando las personas comenzaron a recordar el puente y el tren, rápidamente aparecieron también las fondas, las ventas improvisadas y los alimentos que acompañaban el movimiento cotidiano alrededor del ferrocarril:

  • -tortillas recién hechas,
  • -café caliente en botella,
  • -aguadulce,
  • -tamales,
  • -chorreadas,
  • -pescado con yuca,
  • -elotes con mantequilla,
  • -cajetas,
  • -pan y comidas tradicionales que sostenían las largas jornadas de trabajo y tránsito.

Estos recuerdos permitieron reconocer algo profundamente importante: la historia no se construye únicamente desde grandes acontecimientos o decisiones políticas. También se sostiene desde los trabajos cotidianos que muchas veces permanecen invisibilizados.

Las fondas no eran solamente espacios comerciales. Eran lugares de conversación, cercanía y encuentro comunitario. Allí circulaban noticias, preocupaciones, historias y vínculos que ayudaban a mantener cohesionada la vida social de la comunidad.

La memoria del puente, entonces, no solo permanece en la estructura física o en las fotografías antiguas. También sobrevive en los sabores, en las recetas y en las prácticas de cuidado que acompañaron la vida cotidiana de Finca 5.

Lo que permanece fuera de la imagen

En sesiones anteriores, la comunidad había comenzado a preguntarse por aquello que las fotografías no lograban mostrar. Esa pregunta abrió una dimensión clave dentro del proceso de memoria.

Porque toda fotografía también implica ausencias.

A partir de ahí comenzaron a emerger relatos relacionados con:

  • -las condiciones difíciles de vida,
  • -la falta de electricidad,
  • -el cansancio cotidiano,
  • -los riesgos asociados a la construcción,
  • -las personas que fallecieron durante el proceso,
  • -el trabajo invisible de muchas familias,
  • -y las emociones que acompañaban la experiencia comunitaria.

La conversación permitió comprender que muchas veces aquello que sostiene la vida colectiva no queda registrado en imágenes ni en documentos oficiales. Sin embargo, sigue presente en la memoria de quienes lo vivieron.

Por eso, recuperar la memoria desde la comunidad se vuelve también una forma de ampliar la historia y devolver visibilidad a experiencias que frecuentemente quedan fuera de los relatos dominantes.

Recordar para seguir construyendo comunidad

Uno de los aprendizajes más importantes de este proceso ha sido comprender que la memoria no funciona únicamente como un ejercicio de nostalgia.

Recordar también es una forma de comprender el presente y proyectar el futuro.

Volver sobre la historia del puente permite reconocer cómo la comunidad ha construido vínculos, formas de organización y sentidos de pertenencia a lo largo del tiempo. También permite preguntarse qué elementos siguen siendo importantes hoy y qué tipo de territorio desea construir Finca 5 hacia adelante.

La memoria comunitaria, en ese sentido, se convierte en una herramienta política y cultural para fortalecer la capacidad de las personas de narrarse desde su propia experiencia.

Porque aunque el tren dejara de pasar, la comunidad siguió cruzando.

Y en cada paso cotidiano, en cada conversación compartida y en cada recuerdo recuperado, el puente continúa demostrando que los territorios no solo se construyen con infraestructura, sino también con las relaciones humanas que les dan sentido.

Un boletín construido desde la memoria colectiva

Como parte de este proceso, las personas participantes elaboraron boletines comunitarios donde recuperaron historias, sabores, recuerdos y experiencias vinculadas al puente y la vida cotidiana en Finca 5.

Los materiales reúnen relatos sobre:

  • -las fondas,
  • -las ventas tradicionales,
  • -las caminatas sobre el puente,
  • -las visitas familiares,
  • -las memorias del tren,
  • -y la importancia de mantener viva la historia local para las futuras generaciones.

Más que un ejercicio de escritura, estos boletines representan una forma de fortalecer la memoria desde la propia comunidad y afirmar el derecho de las personas a narrar su territorio desde sus propias voces y experiencias.

Te invitamos a descargar y compartir el boletín comunitario elaborado colectivamente durante el proceso “Memorias en movimiento en Finca 5”.

Para profundizar sobre sitios de memoria:

Wrobel, Ivan. (2022)Sitios y paisajes de la memoria. Elementos teóricos para pensar la construcción del caso del Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado (1997-2021). (2022). Punto Sur, 7. https://doi.org/10.34096/ps.n7.11279

Wrobel, Ivan. (2025). Pierre Nora y los lugares de la memoria. Una revisión del concepto a partir de la experiencia de un sitio de memoria en la Argentina. Páginas. Revista Digital de la Escuela de Historia, 17(43). https://doi.org/10.35305/rp.v17i43.927

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Un rótulo no es solo un rótulo: señales de cuidado en la cuenca del río Agualote

El pasado 4 de mayo, en las inmediaciones del río Agualote, en Grecia, distintas organizaciones, instituciones públicas, empresa privada y comunidad se encontraron para colocar un rótulo. A simple vista, podría parecer un gesto menor: otro objeto más en el paisaje. Sin embargo, detenerse en su sentido revela algo distinto.

Porque la pregunta insistía en el aire —¿por qué un rótulo más?— y la respuesta no fue única, pero sí compartida: este no es un rótulo más.

Este rótulo condensa un proceso. Es el resultado de años de trabajo comunitario, de investigación universitaria, de articulación entre actores diversos que han decidido no mirar hacia otro lado frente al deterioro de la microcuenca del río Agualote. Es, también, una forma de traducir conocimiento científico —sobre calidad del agua, biodiversidad, impactos de las actividades humanas— en un lenguaje accesible, situado en el mismo territorio donde ese conocimiento cobra sentido.

Pero ese gesto concreto —instalar un rótulo— abre preguntas más amplias sobre cómo se construye el cuidado y, particularmente, cómo se aprende a cuidar.

La educación ambiental no es una sola: una matriz de prácticas en movimiento

La colocación del rótulo en el río Agualote permite recordar algo clave: la educación ambiental no ocurre de una única forma, ni se limita al aula o a campañas formales. Es un campo diverso de prácticas que se entrelazan en el territorio, combinando conocimiento, experiencia, sensibilidad y acción colectiva.

En este sentido, el rótulo no aparece como un elemento aislado, sino como parte de una ecología de aprendizajes. Para comprenderlo mejor, se puede ubicar dentro de una matriz más amplia de formas de educación ambiental:

Modos de educación ambiental¿Dónde ocurre?¿Cómo se activa?Aporte principalRelación con el rótulo
Educación formalAulas, universidadesProgramas, cursos, investigaciónProducción sistemática de conocimientoEl rótulo traduce y territorializa estos contenidos científicos
Educación comunitariaBarrios, organizaciones localesProcesos colectivos, memoria, participaciónConstrucción de conciencia situada y compromisoEl rótulo visibiliza luchas y procesos comunitarios en curso
Educación vivencialRíos, montañas, recorridosExperiencia directa con la naturalezaGenera vínculo afectivo y sentido de pertenenciaEl rótulo invita a detenerse, mirar y reconocer el río como experiencia viva
Educación comunicativaMedios, redes, campañasDifusión de información, narrativasAmplía alcance y sensibilizaciónEl rótulo es un medio físico que interrumpe la rutina y comunica en el territorio
Educación para la acciónJornadas, voluntariado, incidenciaLimpiezas, monitoreo, organizaciónPromueve corresponsabilidad y acción concretaEl rótulo es resultado de esa acción y a la vez la convoca
Educación desde la ciencia ciudadanaComunidades + conocimiento técnicoObservación, monitoreo participativoDemocratiza el conocimiento científicoEl rótulo traduce indicadores (como biodiversidad) para que la gente los apropie
Educación simbólicaEspacio público, culturaSignos, imágenes, intervencionesConstruye sentidos y disputas culturalesEl rótulo actúa como símbolo de cuidado y articulación social

 

Clave de lectura: El rótulo no reemplaza otras formas de educación ambiental, sino que las articula. Funciona como un punto de encuentro entre saberes, prácticas y actores diversos. Es, al mismo tiempo, resultado de procesos educativos previos y dispositivo que activa nuevos aprendizajes.

Volviendo al gesto inicial, en un contexto donde la información suele circular de forma fragmentada, digital y efímera, colocar un rótulo es también una decisión política: anclar el conocimiento en el espacio, hacerlo visible, interpelar a quienes pasan. Es interrumpir la velocidad cotidiana para recordar que ahí, debajo del puente, hay un río. Un río que vive, que sostiene biodiversidad, pero que también “está en problemas” y requiere cuidado.

El rótulo, entonces, no solo informa: convoca.

Convoca a reconocer que los ríos son bienes comunes. Que su deterioro no es un accidente aislado, sino el resultado de prácticas sociales —vertidos, residuos, urbanización— que nos involucran a todas las personas. Y que, del mismo modo, su recuperación tampoco puede recaer en una sola institución. Requiere de acción colectiva, de corresponsabilidad, de articulación.

Por eso, el rótulo también es símbolo.

Es símbolo de una alianza poco frecuente pero necesaria: universidad, comunidad, sector privado y organizaciones locales trabajando juntas. Es memoria de un esfuerzo compartido —desde quien investiga hasta quien cava el hueco para colocarlo— y evidencia de que el cuidado no es un discurso abstracto, sino una práctica concreta, situada y sostenida en el tiempo.

Incluso en su aparente contradicción —ser parte de la “contaminación visual” que muchas veces criticamos— el rótulo abre una pregunta clave: ¿qué tipo de intervenciones en el espacio público son necesarias hoy para disputar la indiferencia?

Aquí, la respuesta es clara: aquellas que informan, que sensibilizan, que invitan a actuar.

El rótulo del río Agualote no busca decorar. Busca incomodar, alertar, conectar. Busca que quien lo vea entienda que ese río no es ajeno, que su estado refleja nuestras decisiones y que todavía estamos a tiempo.

Porque cuidar una cuenca no empieza en grandes políticas, sino en pequeños gestos que construyen conciencia.

Y a veces, el cuidado también se escribe en un rótulo.

Estar: el valor de lo colectivo en lo cotidiano

Hay algo que no siempre queda registrado en los informes ni en los resultados visibles, pero que sostiene procesos como este: la presencia.

El día de la colocación del rótulo no fue solo una acción técnica. Fue un espacio habitado. Personas que llegaron, aunque fuera por unos minutos, se encontraron, conversaron, se reconocieron. Algunas cavaron, otras sostuvieron el rótulo, otras dieron opiniones, otras estuvieron pendientes de que el proceso avanzara bien. Hubo quienes cuidaron que nadie se lastimara, quienes observaron con atención el entorno, incluso quienes se detuvieron a proteger la vida que ya estaba ahí, como esa iguana que también forma parte del río.

Ese conjunto de gestos, aparentemente pequeños, es fundamental.

Porque los bienes comunes no se sostienen únicamente con grandes políticas o proyectos de largo plazo. Se sostienen también en estas prácticas cotidianas de cuidado: en estar, en acompañar, en prestar atención, en hacerse cargo, aunque sea por un momento.

Participar en estos espacios colaborativos no exige siempre grandes compromisos individuales. A veces basta con llegar, mirar, ayudar en lo que se pueda. Pero ese “poco” suma. Construye confianza, teje relaciones, fortalece la posibilidad de actuar colectivamente.

Además, estos espacios permiten algo que no siempre ocurre en otros ámbitos: encontrarnos desde distintos lugares —instituciones, comunidades, profesiones— y reconocernos como parte de un mismo problema, pero también de una misma posibilidad de solución.

Estar ahí, entonces, no es secundario. Es parte del proceso.

Porque en el cuidado de una cuenca, como en el cuidado de la vida en común, no solo importa lo que se hace, sino quiénes están, cómo se encuentran y qué vínculos se construyen en el camino.

Y a veces, transformar una realidad comienza simplemente por eso: por hacerse presente.

Galería
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Finca 5: un pueblo que recuerda, resiste y sueña

En Finca 5, en Sarapiquí, la memoria no es algo que se guarda: es algo que se conversa. Se cuenta entre risas, en confianza, en eso que llaman “chisme”, pero que en realidad es una forma profunda de reconstruir historia y tejer comunidad.

Esta conversación que acompaña esta publicación nos acerca a esas voces de Paul Cruz, Denia Fernández y Virginia Cabalceta. Voces que no solo recuerdan el paso del tren o la importancia del puente ferroviario —ese que marcó una época—, sino que también hablan con claridad sobre el presente: sobre lo que duele, lo que falta y lo que aún se sueña.

Porque Finca 5 no es un recuerdo congelado.

Hoy, quienes viven ahí nombran un problema que atraviesa la vida cotidiana: el abandono. Carreteras en mal estado, ausencia de transporte público, dificultades para movilizarse o sacar productos. En una tierra fértil, donde “se siembra de todo”, como dicen sus habitantes, resulta contradictorio que muchas cosechas se pierdan por no tener cómo llevarlas al mercado.

La falta de trabajo es otra de las preocupaciones que más pesa. Sobre todo para las personas jóvenes. Sin oportunidades en la comunidad, muchas se ven obligadas a irse: a San José, a otras zonas, lejos de sus familias. No es solo una cuestión económica, es una fractura en la vida comunitaria.

Y sin embargo, lo que emerge de estas voces no es resignación.

Hay propuestas. Hay ideas. Hay ganas.

Se habla de crear espacios productivos locales, de impulsar un parque industrial, de aprovechar lo que ya existe: banano, plátano, pejibaye, cítricos, palmito. Se piensa en generar empleo sin tener que abandonar el territorio. Se imagina un futuro donde la juventud pueda quedarse, trabajar y vivir dignamente en su propio pueblo.

También aparece con fuerza la organización comunitaria. La Asociación de Desarrollo, los vecinos y vecinas, el deseo de trabajar en conjunto. Hay claridad en algo: el cambio no vendrá solo, pero tampoco puede hacerse sin apoyo. Se necesita que el Estado mire hacia estos territorios que, por mucho tiempo, han quedado al margen.

Pero Finca 5 no es solo denuncia. Es también un lugar que se quiere.

Con quienes conversamos describen un espacio lleno de vida: un clima generoso, una tierra agradecida, atardeceres que se disfrutan desde el puente, encuentros que se hacen alrededor de la comida, del río, de la conversación.

Y por eso, la invitación final no es menor. Es una invitación a llegar. A conocer. A compartir.

A no mirar Finca 5 solo como un lugar con problemas, sino como una comunidad que se organiza y que sigue creyendo en la posibilidad de estar mejor.

Escuchar este audio es acercarse a esa realidad.

Pero también es una oportunidad para preguntarnos: ¿qué hace falta para que territorios como este puedan vivir con dignidad?

Claves para escuchar Finca 5

Para acompañar el audio, compartimos algunas ideas que atraviesan las voces de la comunidad y que pueden servir como guía para su escucha:

  • Memoria viva del territorio: Finca 5 se reconoce desde su historia, especialmente vinculada al puente ferroviario, pero sin quedarse atrapada en el pasado.
  • El “chisme” como tejido comunitario: la conversación cotidiana aparece como una herramienta para generar confianza, reconstruir memoria y fortalecer vínculos.
  • Amor y pertenencia: hay un vínculo afectivo profundo con el territorio, que se expresa en el deseo de verlo “bien” y digno.
  • Abandono institucional: carreteras en mal estado, falta de transporte público y escasa presencia estatal marcan la vida cotidiana.
  • Potencial productivo desaprovechado: pese a la riqueza agrícola (banano, plátano, pejibaye, palmito), existen dificultades para comercializar.
  • Falta de empleo local: especialmente crítica para jóvenes, quienes enfrentan pocas oportunidades en la comunidad.
  • Migración: muchas personas deben irse a otras regiones para trabajar, lo que fragmenta la vida familiar y comunitaria.
  • Propuestas desde el territorio: surgen ideas como crear un parque industrial o impulsar iniciativas productivas locales.
  • Organización comunitaria activa: la Asociación de Desarrollo y el trabajo de vecinos y vecinas aparecen como pilares para el cambio.
  • Necesidad de apoyo externo: se reconoce que sin inversión pública y acompañamiento estatal, los esfuerzos locales son limitados.
  • Un territorio que también es vida: más allá de los problemas, Finca 5 es descrita como un lugar bello, diverso y acogedor.
  • Invitación abierta: la comunidad extiende una invitación a visitar, conocer y compartir, como forma de reconocer su riqueza.

Estas claves no sustituyen el audio: lo abren.

Escuchar a Finca 5 es también dejarse interpelar por esa búsqueda de la vida digna.