25/03/2023 - El historiador Carlo Ginzburg, retratado en su casa en Bolonia (Italia) ©Jacobo Medrano    ----PIEFOTO----

Carlo Ginzburg y las huellas del poder: pistas para pensar los bienes comunes desde abajo

La muerte de Carlo Ginzburg (1939-2026) marca la partida de una de las figuras más influyentes de la historiografía contemporánea. Sin embargo, su legado permanece vivo en las preguntas que nos dejó, en las herramientas que desarrolló y en la invitación permanente a observar el mundo desde lugares que suelen permanecer fuera del foco de las grandes explicaciones.

Para quienes trabajamos en torno a los bienes comunes, los conflictos socioambientales, la educación popular y la construcción de alternativas al pensamiento dominante, la obra de Ginzburg sigue ofreciendo claves fundamentales. No porque hablara directamente sobre privatización del agua, extractivismo o defensa territorial, sino porque nos enseñó a mirar aquello que los relatos oficiales suelen ignorar.

En tiempos donde abundan las interpretaciones construidas desde los grandes centros políticos, económicos y mediáticos, Carlo Ginzburg nos recordó que la comprensión de la realidad también exige escuchar las voces de quienes habitan los márgenes, seguir las huellas aparentemente insignificantes del poder y reconocer que las personas comunes producen conocimientos indispensables para comprender el mundo.

Una historia que desafió a los gigantes

Durante buena parte del siglo XX, la historiografía estuvo dominada por grandes relatos que buscaban explicar procesos de larga duración, estructuras económicas, sistemas políticos y transformaciones sociales a gran escala.

Ginzburg no rechazó la importancia de estas perspectivas, pero decidió formular una pregunta distinta: ¿qué ocurre cuando observamos la historia desde abajo?

Su obra más conocida, El queso y los gusanos, reconstruyó el universo intelectual de Menocchio, un molinero del siglo XVI perseguido por la Inquisición. Lo que para muchos habría sido apenas una nota marginal en un archivo judicial, para Ginzburg se convirtió en una ventana para comprender relaciones complejas entre cultura popular, religión, poder y conocimiento.

La apuesta era profundamente democrática: mostrar que las personas consideradas insignificantes por la historia oficial también piensan, interpretan, crean sentidos y producen explicaciones sobre la realidad.

Esta enseñanza resulta especialmente relevante para quienes hoy defienden los bienes comunes.

Con demasiada frecuencia, los conflictos territoriales son interpretados exclusivamente desde oficinas gubernamentales, consultorías técnicas, organismos internacionales o centros académicos. Sin embargo, las comunidades poseen conocimientos construidos a partir de la experiencia cotidiana de habitar y cuidar los territorios.

La pregunta que Ginzburg nos ayuda a formular sigue siendo incómoda y necesaria: ¿Quién tiene derecho a producir conocimiento sobre la realidad?

Los bienes comunes también producen conocimiento

Uno de los problemas más frecuentes en los conflictos socioambientales es la jerarquización de los saberes.

Se suele presentar el conocimiento técnico como la única forma legítima de interpretar un territorio, mientras que los conocimientos comunitarios son reducidos a opiniones, percepciones o experiencias subjetivas.

La obra de Ginzburg cuestiona esta forma de entender el conocimiento.

Su trabajo mostró que las personas comunes elaboran interpretaciones complejas sobre el mundo y que estos saberes merecen ser tomados en serio.

Para quienes trabajan en la defensa de los bienes comunes, esta reflexión resulta especialmente importante.

Las comunidades conocen los ciclos del agua, las transformaciones de los ecosistemas, las dinámicas de los bosques, los cambios en los suelos o las alteraciones en las pesquerías porque forman parte de su experiencia cotidiana.

Defender los bienes comunes implica también defender la legitimidad de esos conocimientos.

Carlo Ginzburg y la antigeopolítica: cambiar la escala para comprender el poder

Uno de los aportes más sugerentes de Ginzburg consiste en cuestionar la idea de que los grandes procesos históricos solo pueden comprenderse observando a los grandes actores.

Frente a las miradas que privilegian los imperios, los Estados, las corporaciones o los mercados globales, propuso reducir la escala de observación para descubrir elementos que desaparecen en las visiones panorámicas.

Esta perspectiva dialoga profundamente con la antigeopolítica.

Mientras la geopolítica clásica suele preguntarse qué hacen las potencias, los gobiernos o las élites, la antigeopolítica busca comprender cómo las personas y comunidades viven, resisten y reinterpretan las consecuencias de esas decisiones.

No se trata de abandonar las explicaciones globales.

Se trata de reconocer que ninguna visión de conjunto es suficiente por sí sola. Ginzburg recupera una reflexión de Siegfried Kracauer según la cual existe una tensión permanente entre las miradas macro y micro. La observación distante permite reconocer patrones generales; la observación cercana revela aspectos que desaparecen en las explicaciones amplias.

Para quienes estudian bienes comunes, esta enseñanza resulta fundamental. Las dinámicas globales de mercantilización de la naturaleza, financiarización de la vida o expansión extractiva solo pueden comprenderse plenamente cuando se observan sus manifestaciones concretas en una comunidad, una cuenca, un humedal, una playa o un bosque.

Una naciente privatizada, un humedal rellenado o una comunidad desplazada pueden parecer acontecimientos locales. Sin embargo, también son expresiones de procesos globales mucho más amplios.

El paradigma indiciario: aprender a leer las huellas del poder

Entre los aportes más conocidos de Ginzburg se encuentra el llamado paradigma indiciario.

Se trata de una forma de conocimiento basada en la lectura de rastros, señales, huellas y detalles que, a primera vista, pueden parecer insignificantes. Para Ginzburg, aquello que parece pequeño puede revelar estructuras mucho más profundas.

Esta propuesta resulta especialmente valiosa para quienes trabajan en conflictos socioambientales. Muchas veces los procesos de despojo no comienzan con anuncios espectaculares.

Empiezan con señales discretas:

  • -una tala selectiva;
  • -una naciente cercada;
  • -una modificación normativa;
  • -un permiso administrativo aparentemente rutinario;
  • -un cambio menor en un plan regulador;
  • -una concesión otorgada sin mayor debate público.

Quienes defienden los bienes comunes suelen aprender a reconocer estas señales mucho antes de que los impactos se vuelvan visibles para el resto de la sociedad.

Pistas de Carlo Ginzburg para problematizar los bienes comunes

Más que respuestas cerradas, Ginzburg nos dejó herramientas para formular preguntas críticas.

1. Preguntarnos quién produce el conocimiento: Ginzburg cuestionó las perspectivas que reducían a las personas a simples categorías estadísticas o funciones dentro de estructuras abstractas.

Esto nos invita a preguntarnos:

  • ¿Quién define qué es desarrollo?
  • ¿Quién decide qué constituye un daño ambiental?
  • ¿Quién tiene autoridad para interpretar un territorio?
  • ¿Qué conocimientos son considerados legítimos y cuáles son excluidos?

2. Buscar las huellas del poder: El poder rara vez aparece de forma transparente.

Generalmente deja rastros.

Esos rastros pueden encontrarse en expedientes administrativos, permisos, reglamentos, concesiones, estudios técnicos o discursos institucionales.

La pregunta crítica consiste en identificar qué relaciones de poder se esconden detrás de esos documentos aparentemente neutrales.

3. Desconfiar de las explicaciones inevitables: Ginzburg fue crítico de las interpretaciones teleológicas de la historia, aquellas que presentan los acontecimientos como si avanzaran inevitablemente hacia un destino predeterminado.

Esto resulta especialmente útil cuando determinados proyectos se presentan como inevitables en nombre del progreso, la modernización o el crecimiento económico.

Toda propuesta de desarrollo merece ser interrogada.

4. Observar las anomalías: Mientras algunos enfoques descartan los casos excepcionales por considerarlos irrelevantes, Ginzburg defendió la importancia analítica de aquello que rompe la norma.

Las resistencias comunitarias, los conflictos locales o las experiencias aparentemente marginales pueden revelar contradicciones profundas de un modelo de desarrollo.

5. Reconocer que la documentación nunca es neutral: Ginzburg insistió en que toda documentación está atravesada por relaciones de poder y por desigualdades en la capacidad de producir registros históricos.

Por eso, frente a cualquier expediente, estudio o informe, conviene preguntarse:

  • ¿Quién escribió este documento?
  • ¿Quién quedó fuera?
  • ¿Qué voces fueron silenciadas?
  • ¿Qué experiencias no aparecen registradas?

6. Aprender a movernos entre escalas: Quizá una de las enseñanzas más vigentes de Ginzburg sea la necesidad de combinar distintas escalas de análisis.

Necesitamos comprender las dinámicas globales, pero también prestar atención a los detalles.

Necesitamos analizar los mercados internacionales, pero también escuchar las historias de quienes viven en los territorios afectados.

Necesitamos estudiar las estrategias de los Estados, pero también las experiencias cotidianas de las comunidades.

Como señalaba Ginzburg al dialogar con Kracauer, ninguna escala de observación puede reclamar por sí sola una comprensión total de la realidad.

Un legado para quienes defienden lo común

La vigencia de Carlo Ginzburg radica precisamente en su capacidad para enseñarnos a mirar de otra manera.

Su obra nos recuerda que las grandes transformaciones históricas pueden descubrirse en detalles aparentemente insignificantes; que las voces marginadas tienen mucho que enseñarnos; que el conocimiento es siempre un terreno de disputa; y que comprender el poder exige aprender a leer las huellas que deja en la vida cotidiana.

En tiempos marcados por la mercantilización de la naturaleza, la expansión de nuevas formas de despojo y la concentración creciente del poder económico y político, la obra de Ginzburg sigue ofreciendo herramientas para fortalecer una mirada crítica sobre nuestro presente.

Honrar su legado no consiste únicamente en volver a leer sus libros.

Consiste en seguir ejercitando esa mirada atenta, curiosa y rigurosa que él cultivó durante toda su vida: una mirada capaz de encontrar, en los pequeños indicios de los territorios, las claves para comprender las grandes transformaciones de nuestro tiempo y para fortalecer la defensa de los bienes comunes.

Para seguir leyendo: Microhistoria: dos o tres cosas que sé de ella

En este texto, Carlo Ginzburg ofrece una reflexión sobre los orígenes, debates y alcances de la microhistoria, una corriente historiográfica que contribuyó a transformar la manera de comprender el pasado. Más que una defensa metodológica, el ensayo constituye una crítica a las miradas que reducen la realidad a grandes estructuras o explicaciones homogéneas, reivindicando la importancia de las experiencias concretas, los casos singulares y los detalles aparentemente insignificantes.

A lo largo del texto, Ginzburg discute temas que siguen siendo profundamente actuales: la relación entre las miradas macro y micro de la realidad, las limitaciones de las explicaciones centradas exclusivamente en grandes procesos históricos, el valor de los indicios como herramientas de conocimiento y la necesidad de reconocer que toda documentación está atravesada por relaciones de poder.

La lectura permite comprender mejor el origen del llamado paradigma indiciario y ofrece valiosas pistas para quienes buscan analizar críticamente los conflictos sociales, ambientales y territoriales desde perspectivas que recuperan las voces y experiencias de quienes suelen quedar fuera de las narrativas dominantes.

Más allá de la historia, se trata de una invitación a cambiar la escala de observación para descubrir dimensiones de la realidad que frecuentemente pasan desapercibidas.

Le invitamos a descargar y leer este texto para profundizar en una de las contribuciones de Carlo Ginzburg al pensamiento crítico.

Crédito imágenes: Cabecera El País. 

Pieter Brueghel – Los mendigos

a303

Fray Servando, herejía y libertad: nueva colección para pensar la antigeopolítica y los antiimperialismos

La colección Geografías Herejes de los Bienes Comunes abre una provocación necesaria en tiempos donde el despojo suele presentarse como desarrollo y la obediencia como única forma posible de habitar el mundo. Desde el Observatorio de Bienes Comunes, esta nueva serie de cuadernos de antigeopolítica y antiimperialismo apuesta por recuperar memorias, disputas y lecturas críticas construidas desde los territorios, las comunidades y las luchas por la vida.

Más que una serie editorial, estos cuadernos nacen como herramientas pedagógicas y políticas para fortalecer la imaginación crítica frente a los dogmas contemporáneos del mercado, el extractivismo, la militarización y la colonialidad. En una época donde las guerras se presentan como seguridad, la explotación de los territorios como progreso y la mercantilización de la vida como destino inevitable, la colección propone abrir grietas en esos relatos y recuperar la capacidad colectiva de interpretar el mundo desde abajo.

Fray Servando y la disputa por el derecho a interpretar

El primer número, “Herejía y libertad: Fray Servando y la disputa por el sentido en América y el Caribe”, retoma la figura de Fray Servando Teresa de Mier no como una efeméride académica, sino como una invitación a discutir algo profundamente actual: ¿quién tiene derecho a interpretar la realidad?

El cuaderno revisita el célebre sermón guadalupano de 1794 como un gesto político de desobediencia frente al orden colonial. Lo que estaba en juego no era únicamente una diferencia religiosa, sino la disputa por el monopolio del sentido, de la memoria y de la verdad. Fray Servando fue perseguido no solo por lo que dijo, sino porque se atrevió a cuestionar quién tenía autoridad para nombrar el mundo.

Desde esta lectura, la herejía deja de aparecer como error doctrinal y se transforma en una práctica crítica capaz de interrumpir relatos dominantes, cuestionar verdades impuestas y abrir otros horizontes políticos y culturales para América Latina y el Caribe.

Antigeopolítica: leer el mundo desde abajo

Uno de los aportes centrales del cuaderno es la discusión sobre la antigeopolítica como una forma de interpretar el mundo desde las voces, territorios y experiencias históricamente subordinadas.

Frente a una geopolítica tradicional que mira los territorios como recursos estratégicos, corredores logísticos o espacios de control, la antigeopolítica propone recuperar la mirada de los pueblos que viven las consecuencias de esas decisiones. Se trata de leer el mundo desde las comunidades, las cuencas, las fronteras, los cuerpos y las memorias atravesadas por las dinámicas del poder global.

La colección insiste en que la lucha por los bienes comunes no es únicamente una disputa por recursos naturales. También es una disputa por los relatos que convierten la vida en mercancía y presentan el despojo como inevitable. Defender un río, una montaña o una comunidad implica también defender otras maneras de nombrar el mundo.

Antiimperialismo y colonialidad en el presente

El antiimperialismo que atraviesa estos cuadernos no se limita a denunciar invasiones militares o dominaciones extranjeras visibles. El texto plantea que el imperialismo contemporáneo también opera mediante discursos, lenguajes e imaginarios que reorganizan territorios y formas de vida.

Conceptos como desarrollo, modernización, competitividad o seguridad aparecen muchas veces como palabras aparentemente neutrales, pero capaces de justificar procesos de extracción, militarización y sacrificio territorial. El cuaderno propone problematizar esos discursos y preguntarse quién gana y quién pierde detrás de ciertas ideas de progreso.

En ese sentido, la colección recupera el concepto de colonialidad para señalar cómo persisten formas de dominación que organizan qué conocimientos son considerados legítimos, qué voces son escuchadas y qué pueblos son tratados como incapaces de decidir sobre sus propios territorios.

Las nuevas herejías contemporáneas

Uno de los aspectos más potentes de este primer número es la manera en que conecta una disputa histórica del siglo XVIII con conflictos profundamente actuales.

Las “herejías” contemporáneas aparecen allí donde comunidades indígenas, movimientos sociales, organizaciones territoriales y personas defensoras de la vida cuestionan proyectos extractivos, megaproyectos turísticos, procesos de militarización o narrativas oficiales sobre el desarrollo.

El cuaderno muestra cómo muchas luchas siguen siendo criminalizadas cuando interrumpen el relato dominante. Quienes defienden el agua son acusados de obstaculizar el progreso; quienes cuestionan el extractivismo son tratados como enemigos del empleo o de la inversión; quienes defienden territorios son presentados como amenazas para el orden y la modernización.

La herejía, entonces, no desapareció. Solo cambió de lenguaje.

Herramientas pedagógicas para disputar el sentido

Además de la reflexión política, el documento incorpora propuestas metodológicas y ejercicios colectivos para procesos de formación y diálogo comunitario.

Entre las actividades destacan ejercicios sobre quién administra la verdad, la construcción de “diccionarios herejes” para problematizar palabras como desarrollo o progreso, cartografías de conflictos y resistencias, y propuestas para escribir “sermones contra el despojo” en clave contemporánea.

Lejos de entender el conocimiento como algo exclusivamente académico, el cuaderno apuesta por reconocer que las comunidades también producen pensamiento cuando defienden una cuenca, recuperan memorias barriales o construyen lecturas propias sobre las disputas que atraviesan sus territorios.

Aportes de este primer cuaderno para pensar el presente

Uno de los principales aportes de “Herejía y libertad: Fray Servando y la disputa por el sentido en América y el Caribe” es conectar una discusión histórica del periodo colonial con conflictos profundamente actuales en América Latina y el Caribe. A partir de la figura de Fray Servando Teresa de Mier, el cuaderno propone reflexionar sobre quién tiene derecho a interpretar la realidad y cómo ciertas instituciones buscan imponer versiones únicas sobre el desarrollo, el progreso o la verdad.

El texto muestra que las luchas por los bienes comunes no son únicamente disputas ambientales o económicas, sino también conflictos por el lenguaje, la memoria y el sentido común. En esa línea, plantea que conceptos aparentemente neutrales pueden funcionar como mecanismos de legitimación del despojo, el extractivismo o la militarización de los territorios.

Otro de los aportes centrales del cuaderno es la discusión sobre la antigeopolítica y el antiimperialismo como herramientas para leer el mundo desde las experiencias de los pueblos y comunidades afectadas por distintas formas de dominación. Frente a miradas que reducen los territorios a recursos estratégicos, la colección apuesta por recuperar voces, memorias y formas de organización construidas desde abajo.

Además, el documento incorpora ejercicios y propuestas pedagógicas para procesos colectivos de formación política, fortaleciendo la reflexión crítica sobre colonialidad, poder, lenguaje y defensa de los bienes comunes. Más que un texto académico cerrado, el cuaderno se presenta como una invitación a pensar, debatir y construir otras formas de imaginar el presente y el futuro desde América Latina y el Caribe.

Geografías herejes para defender la vida

Más que una publicación cerrada, Geografías Herejes de los Bienes Comunes se presenta como una invitación a pensar desde América Latina y el Caribe, recuperar voces propias y defender el derecho colectivo de nombrar el mundo desde las experiencias de los pueblos.

En un tiempo donde el poder busca imponer un único mapa posible del futuro, estos cuadernos apuestan por construir otras geografías para la memoria, la dignidad y la vida común. Porque toda defensa de los bienes comunes necesita también una herejía capaz de hacer visible aquello que el poder intenta borrar.

Captura de pantalla 2026-04-15 225246

Convocatoria: Mover la casa, cambiar el mundo Estrategias del caracol: territorio, organización y dignidad

En muchos territorios de América Latina y el Caribe, la vida se sostiene en medio de tensiones constantes. A veces el desalojo no llega con policías ni órdenes judiciales visibles, sino de forma más silenciosa: proyectos que avanzan, decisiones que se toman lejos de las comunidades, cambios en el uso del suelo que transforman el paisaje… y con él, las formas de vivir.

Como en una casa que de pronto deja de pertenecer a quienes la habitan, los territorios se convierten en espacios en disputa. Pero lo que está en juego no es solo la tierra: es la memoria, los vínculos, la historia compartida y la posibilidad de seguir construyendo vida en común.

¿Y qué pasa cuando quienes habitan esos espacios deciden no irse?
¿Cuando, en lugar de desaparecer, comienzan a organizarse?

Ahí aparece el caracol.

Lento, colectivo, persistente.
Un símbolo que nos habla de estrategia, de cuidado y de inteligencia compartida. De moverse juntos, incluso cuando todo parece en contra.

A partir de la película La estrategia del caracol, este curso-taller propone un recorrido para mirar los conflictos territoriales desde otra perspectiva: no desde los grandes centros de poder, sino desde quienes resisten, organizan y construyen alternativas en sus propios territorios.

Un curso para leer el territorio desde abajo

En este espacio exploraremos:

  • – ¿Quién hace realmente la geopolítica?
  • – ¿Cómo se disputan los territorios en la vida cotidiana?
  • – ¿Qué hace posible la organización colectiva?
  • – ¿Cómo se construyen estrategias frente al despojo?
  • – ¿Qué significa defender la dignidad y lo común?

Desde la antigeopolítica, nos acercaremos a estas preguntas reconociendo a los movimientos sociales y a los sujetos colectivos como protagonistas de la historia.

Una experiencia para pensar y actuar

Este no es un curso tradicional. Es un espacio para:

  • – mirar, sentir y pensar a partir del cine
  • – dialogar desde nuestras propias experiencias
  • – mapear conflictos reales
  • – imaginar estrategias colectivas
  • – construir herramientas para la acción

Trabajaremos desde la educación popular, entendiendo que el conocimiento se construye en colectivo, desde lo vivido y con sentido político.

Fechas

Del 18 de mayo al 15 de junio – 5 sesiones

Lugar: Oficina Kioscos Socioambientales. San Pedro. Montes de Oca.

¿A quién está dirigido?

A personas interesadas en los territorios, la organización social, la defensa de la vida y la construcción de alternativas. No se requiere experiencia previa, solo disposición para reflexionar y participar.

Inscripciones

👉 Inscríbete aquí:
https://forms.gle/7ZvU58rMgS1PRhLH6

Porque moverse juntos también es resistir

En contextos donde todo empuja a fragmentar, desplazar o desalojar,
organizarse es una forma de permanecer.

Pensar colectivamente es una forma de resistir.
Y crear estrategias propias es una forma de disputar el poder.

Como los caracoles,
llevar la casa a cuestas, moverse juntos y no soltar el territorio
puede ser también una forma de cambiar el mundo.