¿Qué puede hacer la educación popular cuando el miedo, el individualismo, la desinformación y los discursos autoritarios parecen ganar terreno? ¿Cómo sostener la organización colectiva cuando crecen el cansancio, la fragmentación y la sensación de que no hay alternativas?
Estas son algunas de las preguntas que atraviesan La imaginación también resiste: educación popular en América Latina y el Caribe, el Documento de Trabajo 22 del Observatorio de Bienes Comunes, elaborado a partir del conversatorio “Educación popular ante la reconfiguración del poder”, realizado el 19 de mayo de 2026 con la participación de educadoras y educadores populares de distintos países de la región.
El documento parte de una preocupación por el momento que atraviesa América Latina y el Caribe. El avance de discursos autoritarios, la militarización, el extractivismo, la criminalización de la protesta, la concentración del poder y el debilitamiento de las democracias forman parte de un escenario que no se limita a las instituciones. También transforma las maneras en que las personas sienten, se relacionan, participan e imaginan el futuro.
Y allí aparece una de las ideas centrales del texto: la disputa política también ocurre en el terreno de las subjetividades.
El poder también se disputa en lo que sentimos
El documento invita a mirar más allá de las elecciones, los gobiernos o las instituciones. La llamada “reconfiguración del poder” también implica una disputa por los sentidos comunes, las emociones y las posibilidades de construir proyectos colectivos.
El miedo, la rabia, el cansancio y la incertidumbre pueden convertirse en terreno fértil para discursos que ofrecen respuestas rápidas frente a problemas complejos. A esto se suma el papel de las redes sociales y las plataformas digitales, donde la circulación acelerada de información, la polarización y la desinformación pueden profundizar la fragmentación.
Frente a esto, la educación popular tiene un desafío que va más allá de transmitir contenidos políticos: reconstruir la capacidad de diálogo, escucha y reflexión colectiva.
Del análisis político a la reconstrucción de vínculos
El documento plantea que las personas no actuamos únicamente a partir de argumentos racionales. Las experiencias cotidianas, los afectos, las frustraciones, la memoria y los sentidos culturales también forman parte de la manera en que interpretamos el mundo y tomamos posición frente a él.
Por eso, una educación popular situada en el presente necesita trabajar también con los afectos, la escucha, la memoria, el cuerpo y la experiencia comunitaria.
La apuesta es recuperar aquello que las lógicas individualistas buscan debilitar: la posibilidad de encontrarnos, organizarnos, cuidarnos y construir sentidos en común.
En este sentido, el documento propone pensar la educación popular como una práctica ética y política vinculada con la defensa de la vida digna: defender los bienes comunes, fortalecer las memorias históricas, acompañar resistencias territoriales y sostener espacios de participación colectiva.
Crear también es resistir
Quizás una de las apuestas más sugerentes del documento sea colocar la creatividad en el centro de la discusión.
Aquí la creatividad no aparece como un recurso decorativo ni como una simple “dinámica” para hacer más entretenido un proceso formativo. Es entendida como una capacidad política para imaginar alternativas, construir otros lenguajes y abrir posibilidades allí donde predominan el miedo y la sensación de que no existe otro futuro.
Teatro, música, muralismo, humor, poesía, juego, performance, memoria oral y cartografía colectiva aparecen como prácticas capaces de reconstruir tejido social y producir comunidad. Crear otras maneras de encontrarnos, narrar lo que vivimos e imaginar futuros posibles también forma parte de las resistencias.
La pregunta, entonces, no es solamente cómo resistir, sino también cómo volver a imaginar.
Una educación popular para sostener la vida
El documento no ofrece recetas ni promete transformaciones inmediatas. Su apuesta es otra: fortalecer capacidades colectivas para comprender críticamente la realidad, defender la vida digna y sostener procesos organizativos incluso en escenarios adversos.
De allí surge una idea que atraviesa sus páginas: la esperanza no como espera pasiva, sino como construcción organizada.
Hablar de esperanza organizada implica reconocer que, incluso en contextos difíciles, existen comunidades, memorias, luchas y prácticas capaces de abrir otros horizontes. Mantenerlas vivas requiere organización, creatividad y compromiso colectivo. El documento recupera para ello la idea de la “paciente impaciencia”: sostener la acción y la esperanza aun cuando las transformaciones no sean inmediatas.
Más que respuestas, preguntas para encontrarnos
Por eso, este Documento de Trabajo no busca cerrar la discusión. Busca abrirla.
Entre sus páginas aparecen preguntas sobre las formas de autoritarismo que reconocemos en nuestros territorios, los discursos de miedo y odio que circulan, el impacto de las redes sociales, el cansancio organizativo, las experiencias que todavía generan esperanza y las pedagogías que necesitamos construir para dialogar con nuevas generaciones.
Son preguntas para leer, pero también para conversar.
¿Qué está pasando con nuestros vínculos? ¿Qué formas de organización todavía producen esperanza? ¿Cómo disputar el miedo sin dejar de reconocer las experiencias que lo producen? ¿Qué puede aportar la educación popular en este escenario? ¿Qué necesitamos crear para seguir encontrándonos?
Quizás allí esté una de las invitaciones más importantes del documento: no aceptar la fragmentación como destino.
En tiempos donde tantas fuerzas parecen empujarnos hacia el aislamiento, la competencia y el desencanto, volver a encontrarnos también es una práctica política. Pensar juntos y juntas, recuperar la memoria, crear, cuidar y organizarnos son formas de mantener abierta la posibilidad de transformar la realidad.
La imaginación también resiste es, en ese sentido, una invitación a detenernos, mirar críticamente el presente y preguntarnos qué pedagogías, vínculos y formas de organización necesitamos para sostener la vida y mantener abiertos otros futuros posibles.






