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Tierra y poder en Sudamérica: ¿quién decide el futuro de los territorios?

El Décimo Informe Anual sobre Acceso a la Tierra y Territorio en Sudamérica, elaborado por el Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS) y el Movimiento Regional por la Tierra y el Territorio, analiza cómo el extractivismo, la financiarización de la naturaleza y el debilitamiento institucional están transformando las condiciones de vida de los pueblos indígenas, las comunidades campesinas y las poblaciones afrodescendientes.

¿Quién decide qué se hace con la tierra? ¿Qué ocurre cuando los bosques, el agua y la biodiversidad comienzan a tratarse como activos financieros? ¿Qué lugar ocupan los pueblos que han cuidado y habitado los territorios cuando las decisiones se toman en nombre de la inversión, la conservación o la lucha contra el cambio climático?

Estas preguntas atraviesan el Décimo Informe Anual sobre Acceso a la Tierra y Territorio en Sudamérica, titulado Los pueblos indígenas, comunidades campesinas y afrodescendientes en la geopolítica actual. La publicación ofrece una mirada crítica sobre las transformaciones que experimentan los territorios sudamericanos y permite comprender cómo las dinámicas económicas y políticas globales inciden en la vida de las comunidades.

Después de diez ediciones, este informe muestra que las disputas territoriales ya no pueden entenderse únicamente como conflictos por la propiedad o la distribución de la tierra. Hoy también están relacionadas con la crisis climática, los mercados de carbono, el endeudamiento de los Estados, la expansión de las actividades extractivas y las nuevas formas de apropiación de la naturaleza.

La tierra no es solamente un recurso económico: es también territorio, memoria, sustento, autonomía y posibilidad de construir formas de vida. Comprender lo que ocurre con ella exige mirar más allá de los indicadores económicos y preguntarse quiénes toman las decisiones, quiénes reciben los beneficios y quiénes asumen sus consecuencias.

Cuando la crisis climática abre nuevas disputas por los territorios

A lo largo de una década, el informe ha registrado cambios importantes en las formas de abordar el acceso a la tierra y el territorio. Si inicialmente las discusiones se concentraban en la distribución de la propiedad y el reconocimiento de los derechos territoriales, actualmente las disputas incorporan nuevas dinámicas vinculadas con la geopolítica, las finanzas y las políticas ambientales.

La crisis climática ocupa un lugar central en esta transformación. Iniciativas como los mercados de carbono, los bonos de biodiversidad y los canjes de deuda por naturaleza se presentan como mecanismos para financiar la conservación y reducir las emisiones. Sin embargo, también plantean interrogantes sobre el control de los territorios, la distribución de los beneficios y la autonomía de las comunidades.

El informe advierte sobre las asimetrías que pueden producirse cuando estas iniciativas se diseñan desde centros financieros y espacios de decisión alejados de los territorios afectados. Bajo determinadas condiciones, las soluciones climáticas pueden reproducir relaciones desiguales: las comunidades asumen restricciones y responsabilidades ambientales, mientras otros actores concentran los beneficios económicos.

El problema, por tanto, no se limita a determinar si una iniciativa contribuye a la conservación. También es necesario preguntarse quién define qué significa conservar, bajo qué condiciones se hace y qué capacidad tienen los pueblos para decidir sobre sus territorios.

De territorios vivos a activos financieros

Otra de las tendencias identificadas es la financiarización de la naturaleza: un proceso mediante el cual elementos como los bosques, el agua y la biodiversidad adquieren valor como activos susceptibles de generar rendimientos financieros.

Esta transformación modifica las formas de comprender y gestionar los territorios. La naturaleza comienza a interpretarse mediante indicadores de captura de carbono, servicios ecosistémicos y oportunidades de inversión. Aunque estos instrumentos se presentan como respuestas a los problemas ambientales, también pueden desplazar las discusiones sobre los derechos colectivos, la autonomía y las decisiones políticas que afectan a las comunidades.

El informe plantea una distinción fundamental: reconocer el papel de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas en el cuidado de la naturaleza no equivale a reconocer su capacidad para gobernar sus territorios.

Cuando las comunidades aparecen únicamente como beneficiarias de proyectos o guardianas de los ecosistemas, existe el riesgo de reducir su participación a una función instrumental, sin reconocerlas como sujetos políticos con derechos, conocimientos y capacidad de decisión.

Esta discusión resulta especialmente importante para los pueblos que han sostenido históricamente sus territorios frente a diferentes formas de despojo. No se trata solamente de conservar la naturaleza, sino también de discutir quién tiene el poder de decidir sobre ella.

Prosperidad para quién: el papel de las instituciones y los intereses económicos

El informe también examina el debilitamiento de las instituciones y la distancia entre los marcos normativos y las prácticas concretas. En distintos países de Sudamérica, las narrativas de prosperidad, crecimiento económico y seguridad jurídica acompañan iniciativas orientadas a flexibilizar controles ambientales o reducir las restricciones que protegen los derechos colectivos.

En este escenario, las normas que reconocen derechos territoriales y establecen salvaguardas ambientales pueden presentarse como obstáculos para la inversión. La búsqueda de condiciones favorables para los negocios entra así en tensión con las demandas de protección ambiental, participación y autonomía de las comunidades.

Estas transformaciones no ocurren en un vacío. El informe analiza el papel de las élites económicas y políticas, así como las formas en que determinados actores se adaptan a los nuevos mecanismos de valorización de la naturaleza.

La expansión del capitalismo verde muestra algunas de estas contradicciones. Las iniciativas que prometen compatibilizar el crecimiento económico con la protección ambiental pueden reproducir desigualdades cuando subordinan las decisiones territoriales a las oportunidades de inversión o trasladan los costos sociales y ambientales a las poblaciones locales.

Más que asumir que toda iniciativa de financiamiento ambiental produce los mismos resultados, el informe invita a examinar sus condiciones concretas, sus relaciones de poder y sus efectos sobre los derechos de quienes habitan los territorios.

Los pueblos no solo resisten: también construyen alternativas

Frente a estas transformaciones, el Décimo Informe no se limita a documentar conflictos. También recoge experiencias y estrategias impulsadas por los pueblos indígenas, las comunidades campesinas y las poblaciones afrodescendientes para defender sus derechos y fortalecer su capacidad de decisión.

Entre ellas se encuentran iniciativas como la campaña #MujeresAmazónicas, que contribuye a politizar las experiencias y las labores de cuidado vinculadas con la defensa territorial, y los Protocolos Autónomos de Consulta en Brasil, orientados a fortalecer los procedimientos propios de las comunidades para garantizar el respeto de sus derechos, incluido el consentimiento libre, previo e informado en los casos correspondientes.

Estas experiencias muestran que la defensa territorial no se reduce a oponerse a proyectos que amenazan los medios de vida. También implica producir conocimientos, construir acuerdos colectivos, fortalecer organizaciones y desarrollar mecanismos propios para participar en las decisiones que afectan a las comunidades.

Desde esta perspectiva, las poblaciones rurales no son únicamente grupos expuestos a las transformaciones económicas y ambientales. Son actores políticos que elaboran propuestas, defienden formas de vida y disputan los sentidos del desarrollo.

Sus experiencias permiten ampliar la mirada sobre el territorio: además de su dimensión productiva y ecológica, están presentes las relaciones comunitarias, las memorias, los conocimientos locales y las prácticas cotidianas que hacen posible sostener la vida.

Tres preguntas para comprender las disputas territoriales actuales

La lectura del informe permite reconocer algunos desafíos que atraviesan las discusiones sobre tierra, naturaleza y poder en Sudamérica.

1. ¿Qué distancia existe entre los compromisos ambientales y las decisiones económicas?

Los Estados pueden asumir compromisos climáticos y reconocer derechos humanos mientras impulsan políticas que favorecen la expansión extractiva o flexibilizan las condiciones de protección ambiental. Examinar esta tensión permite comprender los límites de las políticas públicas y las contradicciones entre los compromisos formales y las prácticas concretas.

2. ¿Quién tiene derecho a decidir sobre los territorios?

La participación de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas en espacios institucionales o internacionales no garantiza, por sí sola, que sus propuestas sean escuchadas o que puedan incidir en las decisiones. La cuestión de fondo es si cuentan con condiciones efectivas para ejercer sus derechos, defender su autonomía y participar en el gobierno de sus territorios.

3. ¿Qué condiciones permiten sostener la vida en los territorios?

La defensa de la tierra está relacionada con la soberanía alimentaria, el acceso al agua, la continuidad de las prácticas comunitarias y la protección de quienes defienden los bienes comunes. En contextos de violencia y conflictividad territorial, estas dimensiones permiten comprender que los conflictos no afectan únicamente los ecosistemas: también comprometen las condiciones materiales y colectivas para vivir dignamente.

Estas preguntas ayudan a conectar las transformaciones geopolíticas con las experiencias cotidianas de las comunidades. También permiten reconocer que las discusiones sobre el futuro ambiental no pueden separarse de las relaciones de poder que determinan quién accede a los bienes comunes, quién los controla y quién puede decidir sobre ellos.

Comprender la disputa por la tierra es comprender la disputa por el futuro

El Décimo Informe Anual sobre Acceso a la Tierra y Territorio en Sudamérica ofrece una oportunidad para profundizar en las transformaciones que atraviesan los territorios del continente. Sus análisis por país y las experiencias que documenta permiten relacionar las dinámicas globales con los conflictos, las resistencias y las propuestas de quienes defienden sus territorios.

Su aporte consiste también en recordar que las respuestas a la crisis climática y ambiental no pueden evaluarse únicamente por los recursos que movilizan o los indicadores que alcanzan. Es necesario examinar las relaciones sociales y políticas que producen, los derechos que reconocen y las posibilidades de participación y autonomía que garantizan.

En un contexto en el que la naturaleza adquiere cada vez más importancia en las estrategias económicas y geopolíticas, resulta fundamental mantener abiertas estas preguntas: ¿qué formas de relación con la tierra queremos sostener?, ¿qué lugar ocupan los pueblos en las decisiones sobre sus territorios?, ¿cómo construir respuestas a las crisis ambientales que no reproduzcan las desigualdades que las han acompañado?

La disputa por la tierra es también una disputa por los bienes comunes, por la capacidad colectiva de decidir y por las condiciones que hacen posible una vida digna.

Sobre el IPDRS: El Instituto para el Desarrollo Rural de Sudamérica (IPDRS) es una organización que trabaja en temas relacionados con el desarrollo rural, los derechos de las poblaciones del campo y las transformaciones territoriales en Sudamérica. A través de la investigación, el diálogo y la incidencia, contribuye a visibilizar las problemáticas y propuestas de los pueblos indígenas y las comunidades campesinas de la región.

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Tierra recuperada, permanencia en riesgo

Jannia Fernández, Jimena Tercero, Monserrat Espinoza y Zuiri Méndez

TC-590 Defensa Comunitaria de Territorios

En la Finca San Andrés y Crün Shurín, Térraba, la historia de la tierra no se cuenta como un asunto del pasado. Se entrelaza con las historias de vida de quienes la habitan: está en las casas levantadas por las familias, en las parcelas que se regeneran y en las personas que participaron en los procesos de recuperación. También permanece en los conflictos que, años después, siguen marcando la vida en el territorio, escenario de una disputa por la tierra, los servicios básicos y el rol de la Asociación de Desarrollo Integral (ADI).

Actualmente, el «Reglamento Interno de Acceso y Tenencia de la Tierra del territorio indígena de Térraba» impulsado desde la ADI de Térraba está en el centro de las preocupaciones de la comunidad. Este reglamento interno podría tener injerencia directa sobre quienes habitan fincas recuperadas, incluida su permanencia y posibles mecanismos de desalojo. Así quedó expuesto durante las reuniones realizadas el 5 y 6 de septiembre, cuando miembros de ambas comunidades compartieron los antecedentes del conflicto y sus preocupaciones frente a una supuesta consulta del reglamento.

Nos han dado la tierra.
Recuperamos la tierra.

La recuperación de Finca San Andrés ocurrió en 2015. Según explicaron, San Andrés había sido adquirida al igual que la finca Volcancito, por el Instituto de Desarrollo Agrario (IDA ahora INDER). Esta gestión se dio en el marco de regresar tierras que estaban en manos no indígenas al territorio indígena de Térraba.

De acuerdo con los participantes, está adquisición fue entregada a la ADI de Térraba, sin embargo Volcancito fue repartido en manos de personas no indígenas y que personas beneficiadas terminaron vendiendo a personas no indígenas. Por lo que según relataron, queriendo evitar que en San Andrés se repitiera la misma situación que en Volcancito y sumando la necesidad de que la tierra se entregará a personas no indígenas, fue que un grupo ingresó a la finca en 2015 para asegurar la tierra a cerca de 40 familias indígenas brörán.

En el caso de Crün Shurín, la recuperación se llevó a cabo en el 2018. Crün Shurín significa «Tierra de Venados» y fue realizada por 16 familias brörán. Según los relatos, las tierras estaban en manos de un terrateniente que se dedicaba a la ganadería extensiva. Luego de la recuperación que implicó la vivencia de múltiples violencias y amenazas, han logrado ir restaurando el espacio para que la biodiversidad se regenere.

Según las personas participantes, la ADI de Térraba no ha respetado la Base de datos creada junto al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) y el Consejo de Mayores Brörán, donde se reconocen doce troncos genealógicos pertenecientes al pueblo térraba/brörán. Señalan que la ADI tampoco ha hecho esfuerzos para regresar el territorio a manos de personas indígenas. Según Jorge Cole en el año 1976, el 88% del territorio estaba en manos de personas no indígenas (2009).

Un reglamento que podría abrir paso al despojo

Según lo expresado durante las reuniones, el «Reglamento Interno de Acceso y Tenencia de la Tierra del territorio indígena de Térraba» es impulsado desde la ADI de Térraba, cuya dirigencia, según señalaron los participantes, mantiene una continuidad de más de 30 años. Para Macedonio, Pedro y Jorge de la recuperación Crún Shurín, representa otro mecanismo institucional que podría utilizarse para expulsarles de la tierra recuperada.

Para algunos miembros de la comunidad, el problema no es únicamente la existencia del reglamento, sino el poder que podría otorgar a personas no indígenas para tomar decisiones sobre las personas y la tierra en la que habitan. También se cuestionó que una normativa interna permita medidas que afecten derechos fundamentales sin garantizar el debido proceso.

Un reglamento no es una ley y un reglamento no puede ir en contra de una ley, expresó uno de los participantes. La preocupación también se relaciona con quién tendría autoridad para aplicar esas medidas. Otro asistente lo resumió así: La asociación no puede ser juez y parte.

También se mencionó que el reglamento podría contemplar expulsiones del territorio por periodos de entre cinco y diez años, y cuestionaron que decisiones de esa magnitud puedan tomarse sin acuerdos con la comunidad.

Resaltando que el problema no radica únicamente en establecer reglas, sino en que éstas respeten la Ley Indígena y las formas propias mediante las cuales los pueblos indígenas toman sus decisiones.

La ADI y el acceso a servicios básicos como forma de presión

Pero primero, ¿Qué es una ADI?. Las Asociaciones de Desarrollo Integral (ADI) son figuras que el Estado reconoce como agentes legales para impulsar el desarrollo de comunidades. Sin embargo, en el caso de territorios indígenas tienen una particularidad, pues la tierra es de carácter comunal. En los territorios indígenas la tierra que pertenece a cada familia no se registra en planos catastrados, más bien, lo que se reconoce en el Registro Civil es el plano catastrado de todo el territorio designado por ley para cada pueblo indígena en particular.

Por lo que, el Estado entrega una potestad a las ADIs en territorios indígenas para administrar la tierra. Esta decisión ha llevado a muchos tipos de conflictos, pues las ADIs, según señalaron integrantes de Crün Shurín y Térraba, son organizaciones impuestas sobre formas organizativas propias.

El acceso a servicios básicos fue otra de las dificultades señaladas, ya que la ADI entrega reconocimientos de identidad indígena para que puedan acceder a servicios básicos. Algunos habitantes aseguraron haber enfrentado problemas para obtener electricidad y agua potable, y otros continúan sin estos servicios porque, según mencionaron, la ADI obstaculiza su obtención. Nos están negando servicios básicos que para nosotros son funcionales, por ejemplo, poner la electricidad, manifestó uno de los participantes.

La experiencia de Ballvina muestra cómo estas dificultades para acceder a servicios básicos han tenido consecuencias directas en la vida cotidiana de las familias. Al recordar la situación con su madre, señaló que durante años permaneció sin acceso a electricidad ni agua: Nos niega la luz, durante cinco años, no se pudo poner una refri, no se pudo poner una lavadora, ni el agua, el agua siempre la trasladé desde Buenos Aires a aquí para poder tener a mi mamá, hasta que al fin ella descansó, nos cuenta.

Según explicó, su madre no pudo disfrutar de esas condiciones básicas durante el tiempo que permaneció allí.

Los testimonios coinciden al afirmar que la ADI tiene a su disposición un arsenal de herramientas de coacción con el fin de intimidar voces disidentes dentro de la comunidad: desde la promesa de tierras y bonos de vivienda a personas indígenas y no indígenas, hasta una tramitología alienante por parte del SENASA si se busca diversificar la actividad económica.

En palabras de Dixiana: La gente tiene que someterse si quiere acceder a servicios básicos.

En ese contexto, también señalan las presiones que atribuyen a la ADI y cuestionan la poca regulación que, según consideran, ejerce DINADECO (Dirección Nacional de Desarrollo de la Comunidad) sobre las Asociaciones de Desarrollo. A esto se suma la preocupación por el distanciamiento de las autoridades respecto a la comunidad indígena.

El sentimiento entre las y los habitantes reunidos era compartido: aquel de la rabia frente a la violación de su autonomía, autogestión y cosmovisión frente a un organismo con profundas raíces coloniales establecido como régimen disciplinario de cuerpos y territorios.

Autoridades tradicionales fuera de la discusión

La pregunta sobre quién debe participar en las decisiones relacionadas con la vida comunitaria fue un hilo conductor de las conversaciones. Varias voces insistieron en la importancia del Consejo de Mayores dentro de las estructuras tradicionales de autogobierno indígena y cuestionaron la concentración de decisiones en la ADI cuando sus consecuencias afectan a las comunidades.

Uno de los mayores dijo no haber tenido acceso al reglamento: Ese reglamento no lo he visto y pertenezco al Consejo de Mayores. Yo no lo he visto, no me lo han pasado.

Para él, la discusión debía involucrar primero a los mayores. Los mayores (…) deberían primero ver eso para poder conversar con la juventud, manifestó.

Los adultos mayores sostienen la comunidad mediante la transmisión de saberes y herencia cultural; paradójicamente, un mamotreto legal como el que promueve la ADI lo que hace es dejarlos fuera de las decisiones sobre el futuro de nuestros pueblos, donde justamente ellos deberían estar en el centro de todo.

Durante las reuniones también insistieron en que cualquier organización que intervenga en estos asuntos debería respetar la Ley Indígena y las formas propias de organización comunitaria, y que las decisiones deben construirse con la participación del pueblo y mediante acuerdos.

También se cuestionan las formas de comunicación, ya que no están adaptadas a las necesidades de toda la comunidad, especialmente de las personas mayores que no saben leer. Según señalaron, esto limita su acceso a la información y dificulta un diálogo más directo entre la ADI y las personas del territorio, así como el reconocimiento de sus formas de organización y sus tradiciones.

Autogestión y autonomía para una vida digna

Pese a las dificultades, los recuperadores destacaron el trabajo de las familias para establecerse y mantener activas las tierras recuperadas. Las viviendas, las parcelas y los cultivos reflejan un proceso que, según explicaron, han construido y sostenido mediante su propio esfuerzo y aprendizaje.

Muy orgulloso de la gente de aquí, de San Andrés, no esperando que la Asociación nos dé las cosas […] nosotros podemos hacer las cosas, expresó uno de ellos.

Durante un recorrido por la parcela de Gerald, uno de los recuperadores de Finca San Andrés, fue posible observar parte de ese proceso. En un terreno antes utilizado como potrero, ha desarrollado por cuenta propia un sembradío de cacao que mantiene y amplía mientras aprende sobre su manejo. Además de su aprendizaje autodidacta, ha buscado recomendaciones sobre qué especies sembrar y cómo organizar los cultivos, entre ellas la incorporación de guaba junto al cacao.

Con el paso del tiempo, el terreno también ha recuperado parte de su cobertura vegetal: donde antes predominaba el potrero, actualmente se observan cultivos y una mayor presencia de vegetación que ha surgido naturalmente gracias a la protección de las personas indígenas. El proceso muestra cómo algunas familias no solo han ocupado las tierras recuperadas, sino que han aprendido a trabajarlas y transformarlas mediante sus propios recursos y conocimientos adquiridos en el camino.

En Crün Shurín, la autogestión también se ha expresado en la organización comunitaria. Durante la reunión, los habitantes recordaron que en la finca se han impulsado clases para recuperar palabras del idioma indígena, procesos de trabajo junto con universidades y espacios de organización colectiva, entre ellos la creación de un sindicato. También señalaron que varias familias se han establecido allí de forma permanente y que incluso han nacido niños dentro de la recuperación. Para ellos, permanecer en la tierra implica no solo habitarla, sino construir comunidad y sostener prácticas culturales y organizativas propias.

Conflictos impuestos pero salidas colectivas

Después de más de una década, en San Andrés y Crün Shurín se ven las consecuencias de la imposición de formas organizativas que no son propias de los pueblos indígenas. El reglamento, las atribuciones del Estados hacia las ADIs en territorios indígenas y las formas de la ADI de Térraba, visibiliza las herramientas de cohesión que pueden aplicar estas instancias sobre la población indígena.

Las personas participantes piden gobernar su territorio de acuerdo con sus tradiciones e ideales y continuar con procesos como el saneamiento de las tierras, la construcción de comunidad y el rescate cultural.

El reto para las comunidades de San Andrés y Crún Shurín es uno colectivo y contrarreloj, pero como susurró Doña Ballvina, ellos y ellas al ser quienes se ven directamente afectados, no pueden darse el lujo de ser pesimistas.

Galería
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Pueblo Ngäbe y la lucha por el territorio

El pasado 9 de agosto del 2023, el Pueblo Ngäbe que habita en el Caribe, y en particular la región de Sixaola, visitaron la Casa Presidencial en reclamo de los incumplimientos por parte del Gobierno del seguimiento de las gestiones y articulaciones políticas para el ortorgamiento del Territorio, que como pueblo originario tienen el derecho. Conversamos con compañeras y compañeros indígenas para conocer más sobre sus actuales condiciones, su reciente visita a la Casa Presidencial y los desafíos quedan en el camino de la lucha por el derecho al territorio.

Para más información, les compartimos algunas de las notas de prensa:

Indígena ngäbe: “El presidente dijo en conferencia que estaba improvisando, nosotros no vinimos de esa manera” – Semanario Universidad

Justicia y derechos para el pueblo Ngäbe de Sixaola-Eusebio Julián / Delfino

Indígenas Ngäbe piden a Gobierno cumplir promesa de otorgarles territorio

Somos Ngäbes y costarricenses… Eulalia Tomás – Delfino

Somos ciudadanos indígenas exigiendo territorio Mariangela Jiménez Baquet – Delfino

Comunidad Ngäbe-Buglé de Sixaola lucha por el acceso a derechos básicos – UCR

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Sentires y saberes: Ngöbes en Casa Presidencial ¿Qué tal les fue?

Conversamos con William Anastacio indígena Ngöbe que vino con la delegación del pueblo Ngöbe hasta la capital a San José, Costa Rica, para pedir cuentas al gobierno del país por los incumplimientos que vienen acumulando y por faltar a la promesa de su visita a Sixaola. ¿Qué situaciones están pasando en Sixaola? ¿Cómo los recibió el gobierno? ¿Por qué hablar de territorio? son algunas de las preguntas que compartimos con don William para llamar la atención sobre esta digna lucha de el pueblo indígena Ngöbe por el derecho a su territorio.