Mientras el país discute la llamada “armonización” del mercado eléctrico, hay una pregunta mucho más profunda que frecuentemente queda fuera del debate: ¿la privatización ocurre únicamente cuando una institución pública se vende… o también cuando se debilita, se fragmenta y se reorganiza lentamente bajo la lógica del mercado?
La discusión actual sobre electricidad en Costa Rica suele presentarse como un tema técnico:
-tarifas,
-competencia,
-eficiencia,
-modernización.
Pero detrás de ese lenguaje existe una disputa política mucho más grande sobre quién controla la energía, quién toma las decisiones estratégicas y bajo qué intereses se organiza el futuro energético del país.
Durante décadas, América Latina escuchó el mismo discurso:
-que abrir mercados traería competencia,
-que la competencia bajaría tarifas,
-y que lo privado sería automáticamente más eficiente.
Sin embargo, la experiencia regional dejó otra historia:
-concentración económica,
-captura corporativa,
-aumento tarifario,
-socialización de pérdidas,
-y debilitamiento de la capacidad pública para planificar sectores estratégicos.
Y quizás por eso resulta tan simbólico volver a mirar aquella vieja disputa entre Icético y Electrón. Mientras Icético promovía el ahorro energético y el uso responsable de la electricidad como un bien colectivo, Electrón aparecía asociado al derroche, el consumo excesivo y una lógica donde la energía parecía infinita y desconectada de cualquier responsabilidad social. Décadas después, esa metáfora adquiere un nuevo significado: la discusión ya no es solamente sobre apagar una luz innecesaria, sino sobre qué modelo energético se quiere construir y quién se beneficia cuando la electricidad deja de entenderse como derecho para convertirse cada vez más en mercado.
Chile, Argentina, Colombia y Puerto Rico muestran que muchas veces la llamada “competencia” terminó convirtiéndose en oligopolios privados con enorme poder político y económico.
Por eso el nuevo documento de trabajo Privatización, crisis y resistencia social: la disputa por la energía eléctrica en Costa Rica propone ampliar la mirada.
Porque privatizar no siempre significa vender una institución de un día para otro.
A veces significa:
-abrir progresivamente mercados,
-tercerizar funciones,
debilitar capacidades públicas,
-reducir inversión estatal,
-crear narrativas permanentes de crisis,
-o instalar la idea de que lo público es incapaz de sostener la vida colectiva.
Y ahí es donde aparece Electrón.
No el personaje ingenuo de las campañas institucionales del pasado, sino el nuevo Electrón: el que llega hablando de “armonización”, “competitividad”, “flexibilización”, “modernización del mercado”, y “eficiencia regulatoria”.
Un Electrón que insiste en que nadie quiere privatizar nada… mientras el mercado gana cada vez más espacio dentro de sectores estratégicos.
Icético, mientras tanto, todavía recuerda otra historia.
Recuerda cuando electrificar territorios rurales no era rentable pero sí necesario.
Recuerda cuando hablar de electricidad implicaba hablar de bienestar colectivo y no únicamente de clientes.
Recuerda que muchas instituciones públicas nacieron precisamente porque el mercado no garantizaba acceso universal ni integración territorial.
Por eso la discusión sobre la Ley de Armonización no aparece como un hecho aislado, sino como parte de una disputa histórica mucho más amplia que Costa Rica viene viviendo desde hace décadas: la tensión entre entender la electricidad como derecho colectivo o como oportunidad de negocio.
El documento también recupera algo que suele desaparecer del discurso oficial: el papel de la protesta social y de los sujetos colectivos en la defensa de los bienes comunes.
Desde Cochabamba hasta el Combo ICE, las resistencias latinoamericanas muestran que muchas conquistas democráticas nacieron precisamente cuando la sociedad organizada decidió cuestionar aquello que parecía inevitable.
Porque al final la pregunta no es solamente qué modelo eléctrico quiere el país.
La pregunta es también:
-¿quién decidirá el futuro energético de Costa Rica?,
-¿el mercado?,
-¿las corporaciones?,
-¿o la sociedad organizada?
Y quizá por eso Icético sigue desconfiando cada vez que escucha a Electrón decir:
—“Tranquilo… eso no es privatización”.
Conversación en una subestación cualquiera
—Icético, tenés que entender que el mundo cambió —dijo Electrón mientras abría una presentación titulada “Armonización Competitiva para la Modernización Energética”.
Icético frunció el ceño.
—Eso tiene demasiadas palabras para decir algo peligroso.
—No seás dramático. Nadie está hablando de privatizar.
—Ajá… ¿y entonces por qué cada cinco minutos decís “mercado”, “competencia” y “eficiencia”?
Electrón sonrió.
—Porque hay que modernizar. Lo público ya no puede hacerlo todo.
—Curioso —respondió Icético—. Antes decían que el ICE era ejemplo mundial.
—Bueno, sí, pero ahora ocupa “flexibilizarse”.
—¿Flexibilizarse?
—Abrirse.
Competir.
Adaptarse.
Asociarse.
Tercerizar algunas cosas.
Armonizar el mercado.
Icético suspiró.
—Qué increíble la capacidad que tienen para inventar palabras nuevas y evitar decir “privatización”.
Electrón cerró el PowerPoint.
—Mirá, nadie quiere vender el ICE.
—Pero sí quieren que pierda generación, planificación, control del sistema y capacidad financiera.
—Eso suena muy ideológico.
—Y “armonización” suena como si una consultora hubiera escrito una canción de cuna para empresarios.
Electrón ignoró el comentario.
—La competencia baja tarifas.
Icético soltó una carcajada.
—Claro. Preguntale a Chile. O a Puerto Rico. O a Colombia.
—Aquí va a ser diferente.
—Todos dicen eso antes de abrir sectores estratégicos.
Hubo un silencio incómodo.
—¿Y entonces qué proponés? —preguntó Electrón.
Icético miró hacia las líneas eléctricas.
—Empezar por dejar de discutir la electricidad como si fuera solamente un negocio.
—Eso suena viejo.
—No. Lo viejo es creer que el mercado siempre viene a salvarlo todo.
Crédito de imágenes y video: Grupo ICE


