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Manual práctico del 0%: disculpen las molestias, no pedimos permiso

Este manual no debería existir.

No porque no haga falta, sino porque su existencia dice más de lo que cualquier diagnóstico técnico se atrevería a nombrar. Nadie lo solicitó, nadie lo validó, nadie abrió un formulario para recoger opiniones. Y, sin embargo, aquí está.

No pedimos permiso.

Porque cuando las decisiones que afectan la vida universitaria tampoco pasan por consulta —cuando un 0% se instala como si fuera neutral, técnico, inevitable—, la respuesta no siempre llega por los canales formales. A veces aparece en los márgenes, en ese lugar incómodo donde la preocupación se mezcla con la memoria y con una pregunta urgente: ¿qué hacemos con lo que tenemos a mano?

Este “manual práctico del 0%” es, en realidad, un botiquín.

Este manual no debería existir. Pero quizá tampoco haga falta. Porque hoy, en Costa Rica, ya hay personas estudiantes organizándose, movilizándose, discutiendo y sosteniendo la defensa de la universidad pública. Esa experiencia viva —en curso, imperfecta, pero activa— también es un manual. Si este documento sirve, es porque dialoga con esas prácticas. Si sobra, mejor. Porque significaría que la lucha ya está en marcha.

No está pensado para quienes solo se mueven cuando todo ha sido previamente autorizado o encaja sin fisuras en los procedimientos; más bien, encuentra sentido allí donde lo urgente desborda lo establecido y obliga a mirar de frente lo que ya no se puede postergar.

No cura la herida, pero permite reconocerla. No resuelve la emergencia, pero evita que se normalice. No ofrece recetas, pero pone a circular herramientas que otros procesos en América Latina y el Caribe han ido dejando, como quien sabe que en algún momento alguien más las va a necesitar.

Porque el 0% no es un número.

Es el proyecto que se detiene, la beca que no alcanza, el territorio que queda más lejos. Es el ajuste que no se nombra como recorte, pero que se vive como retroceso. Es el silenciamiento progresivo de una idea de universidad pública que históricamente ha sido todo menos neutral.

Y frente a eso, este manual hace algo sencillo —y por eso incómodo—: recuerda.

Recuerda que la universidad pública no nació de la planificación ordenada, sino de la disputa. Que lo que hoy existe fue conquistado, tensionado, defendido. Que cada generación, en contextos distintos, tuvo que inventar formas para sostener lo común.

Por eso este documento no busca representar a nadie.

Ni hablar en nombre de.

Ni cerrar el debate.

Más bien lo contrario: abrirlo.

Poner sobre la mesa que lo que está en juego no es únicamente un presupuesto, sino una forma de entender la universidad, su lugar en la sociedad y su relación con la vida de las personas. Traducir un conflicto que muchas veces queda encerrado en el campus, para que pueda ser sentido como propio más allá de él.

Si este manual circula, cumple su función.
Si incomoda, también.

Porque no fue hecho para tranquilizar.

Fue hecho porque algo está pasando que lo vuelve necesario.

Así que sí:

Gracias.

Y disculpen las molestias.

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Incomodar para aprender: Mujica y la crisis silenciosa de la universidad pública – Documento de trabajo

“Aprendemos porque tenemos picazón y eso se adquiere por contagio cultural, casi cuando abrimos los ojos al mundo.”
José Mujica

En plena Semana Universitaria, mientras las universidades públicas negocian el FEES con un gobierno que congela presupuestos y capitaliza sus divisiones internas, el Observatorio de Bienes Comunes: Agua y Tierra publica La universidad que no se atreve (o el placer de volver a pensar la educación pública), un documento inspirado en los discursos de Mujica.

No es un informe técnico ni un comunicado gremial. Es, más bien, una provocación: una invitación a preguntarnos por qué defender lo público se volvió una consigna vacía, por qué la universidad dice una cosa y hace otra, y cómo el miedo, el conformismo o la incongruencia institucional se han convertido en obstáculos para cualquier transformación real. Todo esto a partir de una idea sencilla pero potente: el conocimiento también es placer, el inconformismo se contagia y la inteligencia pierde sentido si no se comparte.

La incomodidad de Mujica para una universidad que se cree crítica

José Mujica no es académico, y justamente por eso incomoda. No habla de indicadores, acreditaciones o empleabilidad. Habla de placer, de curiosidad, de aprender con otros. “Me gusta bañarme en piscinas de inteligencia ajena”, dice, y con esa frase tensiona una universidad que premia la autoría individual y sanciona cualquier desborde como falta.

El documento no lo convierte en figura intocable, sino en espejo incómodo. A partir de sus ideas, emergen preguntas que la universidad crítica suele esquivar: ¿por qué desconfiamos de los saberes que no pasaron por el aula? ¿Por qué un campesino que conoce los ciclos de la tierra no puede enseñar? ¿Por qué el éxito estudiantil se mide en salario y no en la capacidad de hacerse preguntas?

En esa línea, una de sus advertencias resuena con fuerza: no se trata de acumular datos, sino de aprender a pensar. Porque los datos envejecen, las tecnologías cambian, los empleos desaparecen. Lo que permanece es la capacidad crítica. Una universidad que solo entrena para el presente, en el fondo, está formando para la obsolescencia.

Semana Universitaria: entre memoria viva y museo

La narrativa oficial sitúa el origen de la Semana Universitaria en 1948, como un esfuerzo por “unir” a la comunidad tras la Guerra Civil. Pero esa versión tiende a suavizar el conflicto y a presentar la unidad como consenso, cuando en realidad fue también una operación de pacificación interna.

Ese sentido cambia en 1970, con la lucha contra ALCOA. Ahí, la Semana deja de ser celebración y se convierte en campo de disputa. El movimiento estudiantil toma la calle para defender la soberanía nacional, mientras las autoridades llaman a la normalidad. Esa tensión —entre una memoria institucional que ordena y una memoria insurgente que incomoda— sigue presente.

De ahí surge la pregunta central del documento: ¿la Semana U de hoy es memoria viva o una puesta en escena de sí misma? Cuando la memoria no incomoda ni empuja a actuar, deja de ser memoria y se convierte en folklore. Y el folklore, a diferencia de la protesta, no interpela a nadie.

Mujica lo diría de otra forma: hace falta una “epidemia de inconformismo”. La Semana U fue eso en su mejor momento. Hoy corre el riesgo de ser apenas su representación.

FEES congelado y universidades fragmentadas

El contexto actual refuerza esa preocupación. En 2026, la negociación del FEES ocurre bajo un congelamiento real del presupuesto (0% de aumento) y con el incumplimiento del 2% aprobado por la Asamblea Legislativa.

Sin embargo, el conflicto no es solo externo. Las universidades han trasladado al espacio público una disputa interna por la redistribución de los recursos. Una discusión legítima, pero que, en este contexto, debilita la posición colectiva. El resultado es funcional al gobierno: no necesita confrontar directamente cuando el bloque universitario se fragmenta por sí mismo.

La advertencia es clara: sin unidad, no hay posibilidad de avance. En palabras de Mujica, “pobre del que emprenda en soledad esta cacería”. Defender lo público —y transformarlo— no es tarea individual.

Un documento para salir de la trinchera

La universidad que no se atreve no busca reafirmar consignas, sino desarmarlas. No pregunta si hay que defender la universidad pública, sino qué universidad estamos defendiendo.

Organizado en diez secciones —desde “El miedo académico” hasta “La hipocresía universitaria”— el documento combina reflexión y práctica. Cada apartado cierra con una actividad: no hay respuestas finales, sino ejercicios para pensar en colectivo.

Entre sus aportes más urgentes destacan:

  • – Una crítica a la distancia entre discurso y práctica: hablar de autonomía mientras se decide sin las bases.
  • – Una apuesta por el inconformismo activo: no como queja, sino como acción concreta.
  • – Una defensa del placer de aprender frente a la lógica del sacrificio.
Leerlo también es tomar posición

Este no es un documento para archivar, sino para usar. Las actividades —“El velorio de lo público”, “La bitácora del miedo”, “El maquillaje y el hueso”— están pensadas para aulas, asambleas y grupos de estudio.

En ese sentido, la publicación dialoga directamente con el momento actual. En medio de la Semana Universitaria, propone recuperar su dimensión crítica. En medio de la crisis del FEES, recuerda que las conquistas históricas no fueron concesiones, sino resultado de organización y conflicto.

La tradición no está garantizada. Se sostiene —o se pierde— en las prácticas del presente.

Una invitación incómoda

“No se dejen robar ni los sueños ni la juventud, comprométanla con el destino, el dolor y la vergüenza de América Latina.”
José Mujica

La universidad que no se atreve es la que teme cambiar. La que prefiere el maquillaje antes que el hueso. La que recuerda el pasado sin asumir el presente.

Este documento no ofrece certezas. Ofrece preguntas. Y en eso radica su potencia.

Descargarlo, leerlo en grupo, discutirlo, incluso pelear con él, es ya un gesto de inconformismo. Porque, al final, la incomodidad que deja no es abstracta: es la certeza de que las cosas podrían ser distintas —y que transformarlas no depende solo de “los de arriba”.

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Una universidad al servicio de la vida – La visión transformadora de Ignacio Ellacuría

En un contexto de creciente desconexión entre las universidades y la realidad social —acentuado por los cuestionamientos a la Universidad de Costa Rica (UCR) y la creciente deslegitimación de sus autoridades—, el Observatorio de Bienes Comunes: Agua y Tierra publica el documento de trabajo titulado «La universidad como fuerza transformadora – La visión de Ignacio Ellacuría» (abril 2025), en el que se reivindica una educación comprometida con la justicia, los derechos humanos y los bienes comunes.

A partir del legado del filósofo y teólogo jesuita Ignacio Ellacuría, la publicación lanza una interpelación directa a las universidades públicas: ¿están cumpliendo su misión histórica o simplemente replican estructuras de poder y privilegio? Lejos de quedarse en la crítica, el documento propone una alternativa concreta: una universidad viva, crítica, popular y solidaria, capaz de «ponerse en lugar del pobre» y de convertirse en conciencia crítica del país.

Uno de los ejes centrales del texto es la defensa de la educación como bien común social, no como mercancía. Inspirado en la “filosofía de la realidad histórica” de Ellacuría, se plantea que el conocimiento debe ser producido y compartido en función de las mayorías, como herramienta para la transformación social. Desde esa lógica, se recupera el ejemplo de los mártires de la UCA como símbolo de una autoridad universitaria distinta: ética, cercana al pueblo, dispuesta a incomodar al poder y a encarnar el saber con valentía.

El documento invita a repensar profundamente los fines y métodos de la educación superior, y deja abiertas preguntas clave: ¿qué universidad necesitamos? ¿Puede la educación convertirse en un instrumento colectivo de liberación? ¿Cómo recuperamos el valor público del conocimiento?

📄 Documento completo disponible aquí

Les compartimos este video realizado por la Universidad Iberoamericana de Puebla para conocer algunos datos biográficos y del pensamiento de Ignacio Ellacuría

Crédito del video Radio San José.