Una imagen se instala: Donald Trump como salvador. Un relato la sostiene: la seguridad como redención, como promesa de orden frente al caos. Pero hay un dato incómodo que atraviesa esa construcción: mientras se eleva esa figura, también se redefine quién es el enemigo. No se trata solo de proteger, sino de nombrar, clasificar y señalar; de trazar nuevas fronteras entre lo aceptable y lo sospechoso. En ese movimiento, la política deja de ser únicamente gestión del conflicto y pasa a convertirse en una disputa por el sentido, donde el miedo, la moral y la seguridad se entrelazan para reorganizar la mirada sobre la realidad.
Este texto forma parte de los procesos de reflexión construidos en el curso “Proceso de Formación: Rompecabezas de las miradas: quién te mira y quién te ve”.
Las ideas aquí desarrolladas no son un ejercicio individual, sino el resultado de un diálogo colectivo que busca leer críticamente el contexto actual, reconociendo cómo las miradas de poder configuran los territorios, las amenazas y también las posibilidades de organización.
En ese marco, esta nota propone una interpretación situada de los cambios geopolíticos en curso y sus implicaciones para América Latina y el Caribe, incorporando la educación popular como herramienta clave no solo para comprender estos procesos, sino también para posicionarse y actuar en medio de ellos.
En nuestro recorrido por la coyuntura, hemos insistido en que no basta con mirar los acontecimientos: hay que aprender a leer cómo se construyen. Esta nota forma parte de ese ejercicio.
Como en El Eternauta, donde la nevada no solo cae sino que también confunde, desorienta y redefine quién es enemigo y quién no, hoy asistimos a una reconfiguración global en la que los discursos de seguridad construyen nuevas amenazas. En este caso, la “nevada” no es solo información: es una narrativa que busca nombrar, clasificar y perseguir.
El marco: una estrategia que redefine al «enemigo»
En noviembre de 2025, la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy (NSS), un documento que, bajo el lema «America First», establece un giro radical en la política exterior estadounidense. Entre sus principios figuran el rechazo al intervencionismo –al menos en su versión clásica–, la primacía de la soberanía nacional, el fin de la «era de la migración masiva» y una concepción economicista de la seguridad.
Pero hay un capítulo silencioso que ahora comienza a ejecutarse: la persecución global de la llamada «extrema izquierda».
Dos noticias recientes confirman que lo que parecía retórica interna ya es política activa. Por un lado, un cable del secretario de Estado Marco Rubio ordena a todas las embajadas coordinar campañas digitales con influencers y actores locales para contrarrestar la «propaganda antiestadounidense». Por otro, el Departamento de Estado ha designado formalmente como «organizaciones terroristas» a cuatro grupos de izquierda en Europa (dos en Grecia, uno en Alemania y uno en Italia), y presiona a aliados para que persigan a movimientos como antifa.
¿Qué conexión hay entre ambos hechos? Ambos son la puesta en práctica operativa de la NSS 2025, que establece la necesidad de combatir la «subversión cultural», las «ideologías radicales» y cualquier forma de pensamiento crítico que desafíe el orden que Washington quiere imponer.
Como en la ciudad nevada del Eternauta, donde las reglas cambian sin previo aviso, aquí también se redefine quién es el enemigo… y bajo qué criterios.
Esto no es nuevo: ecos del macartismo
Aunque estos procesos puedan parecer recientes, lo cierto es que la criminalización de la disidencia tiene antecedentes claros en la historia. Un ejemplo emblemático es el Macartismo en Estados Unidos durante las décadas de 1950.
En ese período, bajo el argumento de la “seguridad nacional”, se construyó una persecución sistemática contra personas acusadas de ser comunistas o simpatizantes. No se trataba únicamente de actores políticos: artistas, académicos, funcionarios públicos y movimientos sociales fueron investigados, señalados y excluidos, muchas veces sin pruebas contundentes.
El macartismo operó a través de:
- -la ampliación de la categoría de “enemigo interno”,
- -la estigmatización pública,
- -la vigilancia y persecución institucional,
- -y la instalación del miedo como mecanismo de control social.
Más que responder a amenazas concretas, funcionó como una forma de disciplinamiento político e ideológico.
Traer este antecedente al presente permite reconocer que lo que hoy vemos —la ampliación de categorías como “extrema izquierda”, la asociación con terrorismo o la deslegitimación de la protesta— no surge de la nada, sino que forma parte de una lógica histórica que se reactualiza en distintos contextos.
En clave de nuestro análisis: la “nevada” ya ha caído antes.
Y así como en aquel momento muchas voces fueron silenciadas bajo el peso de la sospecha, hoy el desafío vuelve a ser reconocer cuándo los discursos de seguridad se convierten en herramientas para limitar la democracia.
El marco: una estrategia que redefine al «enemigo»
En noviembre de 2025, la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy (NSS), un documento que, bajo el lema «America First», establece un giro radical en la política exterior estadounidense. Entre sus principios figuran el rechazo al intervencionismo –al menos en su versión clásica–, la primacía de la soberanía nacional, el fin de la «era de la migración masiva» y una concepción economicista de la seguridad.
Pero hay un capítulo silencioso que ahora comienza a ejecutarse: la persecución global de la llamada «extrema izquierda».
Dos noticias recientes confirman que lo que parecía retórica interna ya es política activa. Por un lado, un cable del secretario de Estado Marco Rubio ordena a todas las embajadas coordinar campañas digitales con influencers y actores locales para contrarrestar la «propaganda antiestadounidense». Por otro, el Departamento de Estado ha designado formalmente como «organizaciones terroristas» a cuatro grupos de izquierda en Europa (dos en Grecia, uno en Alemania y uno en Italia), y presiona a aliados para que persigan a movimientos como antifa.
¿Qué conexión hay entre ambos hechos? Ambos son la puesta en práctica operativa de la NSS 2025, que establece la necesidad de combatir la «subversión cultural», las «ideologías radicales» y cualquier forma de pensamiento crítico que desafíe el orden que Washington quiere imponer.
Como en la ciudad nevada del Eternauta, donde las reglas cambian sin previo aviso, aquí también se redefine quién es el enemigo… y bajo qué criterios.
¿Qué es «extrema izquierda» según EE.UU.?
Una categoría tan vaga como peligrosa
El discurso de Monica A. Jacobsen, alta funcionaria antiterrorista del Departamento de Estado, define como terrorismo de extrema izquierda a:
- -Amenazas comunistas, marxistas y anarquistas
- -Movimientos anticapitalistas
- -Ideologías «ecoextremistas»
- -Cualquier movimiento «antifascista autodenominado»
Esta definición es tan amplia que podría incluir desde sindicatos combativos hasta organizaciones ecologistas, pasando por colectivos feministas o de defensa de derechos humanos que utilicen tácticas de desobediencia civil.
Como advierte Tom Joscelyn, «están tratando de inventar a antifa como una amenaza internacional para vincularla a grupos e individuos en Estados Unidos».
El riesgo no es menor: al no exigir pruebas de violencia inminente ni de ataques contra ciudadanos estadounidenses, la administración Trump crea una categoría política, no criminal. Y con ella, abre la puerta a vigilar, investigar y perseguir a activistas y académicos que simplemente sostengan ideas contrarias al statu quo.
En clave del Eternauta: no es la acción lo que define el peligro, sino la etiqueta que se impone sobre quien piensa distinto.
Criminalización de la protesta social: el caso europeo como alerta
Los cuatro grupos designados –Antifa Ost (Alemania), dos organizaciones griegas y una italiana– no tienen antecedentes de atentados contra EE.UU.
En el caso alemán, las autoridades locales señalaron que «la amenaza ha disminuido considerablemente». En Grecia, el ministro antiterrorista declaró: «Antifa existe en toda Europa, pero hasta hoy han sido activistas, no terroristas».
Sin embargo, la designación permite a EE.UU.:
- -Congelar activos financieros
- -Presionar a gobiernos extranjeros
- -Establecer vínculos para investigar o procesar personas
Esto último es clave. Sebastian Gorka ha insistido en que «no hay lobos solitarios», promoviendo la búsqueda de conexiones entre activistas.
El objetivo final podría ser castigar a opositores internos bajo cargos de «apoyo al terrorismo».
Como en la historia del Eternauta, donde el peligro no siempre es visible pero sí operativo, aquí el control se expande a través de redes invisibles.
Redes, influencers y guerra narrativa
¿proteger la imagen o silenciar la disidencia?
El cable de Rubio instruye a las embajadas a:
- -Colaborar con influencers y líderes de opinión
- -Coordinar con unidades de información militar
- -Usar plataformas como X para contrarrestar narrativas
En apariencia, es diplomacia pública. Pero en este contexto, se convierte en una herramienta de control narrativo.
No se trata solo de mejorar la imagen de EE.UU., sino de deslegitimar voces críticas, asociándolas con amenazas o propaganda hostil.
La nevada, en este caso, no solo cae: también se organiza.
El doble estándar: ¿dónde queda la amenaza real?
Los datos muestran otra realidad:
- -112 muertes por extremismo de derecha (2010-2020)
- -13 muertes por extremismo de izquierda
- -82 por yihadismo
Christopher Wray había señalado que la principal amenaza provenía de la extrema derecha.
Sin embargo, la administración ha redirigido recursos hacia la izquierda.
No se trata de seguridad, sino de ideología.
Formas de criminalización de la disidencia en América Latina y el Caribe
| Forma de criminalización | ¿Cómo opera? | Discursos que la sostienen | Actores que la impulsan | Impactos en territorios y movimientos | Claves para el análisis |
|---|---|---|---|---|---|
| Asociación con narcotráfico | Se vincula a líderes sociales o comunidades con redes ilícitas sin pruebas claras | “El crimen organizado está infiltrado”, “hay financiamiento ilegal” | Gobiernos, fuerzas de seguridad, medios | Estigmatización, judicialización, pérdida de legitimidad | Preguntar: ¿hay evidencia o es una asociación discursiva? |
| Vínculos con terrorismo | Uso de leyes antiterroristas para investigar o perseguir movimientos | “Amenaza a la seguridad nacional”, “radicalización” | Estados, cooperación internacional | Criminalización de protesta, vigilancia, persecución | Analizar si se redefine “terrorismo” de forma amplia |
| Etiqueta de “ecoterrorismo” | Movimientos ambientales son presentados como enemigos del desarrollo | “Obstaculizan el progreso”, “afectan la inversión” | Empresas, élites económicas, gobiernos | Deslegitimación de luchas territoriales, represión | Identificar conflicto entre modelo económico y defensa territorial |
| Criminalización de la protesta | Protestas tratadas como disturbios o amenazas | “Vandalismo”, “alteración del orden público” | Gobiernos, medios, fuerzas policiales | Represión, detenciones, miedo colectivo | Observar cómo se narra la protesta |
| Judicialización selectiva | Uso del sistema judicial contra líderes o movimientos | “Aplicación de la ley”, “estado de derecho” | Poder judicial, élites políticas | Procesos largos, desgaste organizativo | Ver si hay selectividad en quién se investiga |
| Estigmatización mediática | Construcción de imagen negativa de actores sociales | “Radicales”, “violentos”, “antidesarrollo” | Medios, plataformas digitales | Pérdida de apoyo social | Analizar lenguaje y encuadres mediáticos |
| Vigilancia digital y persecución | Seguimiento en redes, uso de datos, infiltración | “Prevención”, “seguridad digital” | Estados, empresas tecnológicas | Autocensura, miedo, control | Identificar tecnologías y mecanismos usados |
| Cooptación y división | Fragmentación de movimientos mediante incentivos o presión | “Diálogo”, “participación” (formal) | Gobiernos, ONG, empresas | Debilitamiento organizativo | Analizar quién gana y quién pierde con estos procesos |
| Deslegitimación de saberes locales | Se invalidan conocimientos comunitarios o indígenas | “Falta de evidencia”, “atraso” | Academia tradicional, tecnocracia | Invisibilización de alternativas | Reconocer disputa epistemológica |
| Militarización de territorios | Presencia de fuerzas armadas en zonas de conflicto | “Control territorial”, “seguridad” | Estados, cooperación internacional | Violencia, desplazamiento, control social | Analizar relación entre recursos y militarización |
Cuando disentir se vuelve delito: una reflexión necesaria
La criminalización de la disidencia no es solo un cambio en el lenguaje político: es una transformación profunda en la forma en que se entiende la democracia.
Cuando protestar, organizarse o cuestionar el orden existente empieza a ser asociado con “amenaza”, “subversión” o incluso “terrorismo”, lo que está en juego no es únicamente la seguridad, sino los límites mismos de lo posible en la vida pública.
Este proceso tiene varias implicaciones:
- -Reduce el espacio democrático, al convertir la crítica en sospecha y la participación en riesgo.
- -Deslegitima a actores sociales, especialmente a quienes históricamente han luchado por derechos: movimientos ambientales, feministas, sindicales o comunitarios.
- -Desplaza el debate político, ya que en lugar de discutir demandas o conflictos, se busca desacreditar a quienes los plantean.
- -Instala el miedo como forma de control, desincentivando la organización y la acción colectiva.
Pero también hay algo más profundo: la criminalización de la disidencia redefine quién puede hablar, quién puede actuar y bajo qué condiciones. En ese proceso, muchas voces quedan fuera no por falta de legitimidad, sino por el riesgo que implica alzarse.
Desde la perspectiva del análisis de coyuntura, esto nos obliga a afinar la mirada:
no solo identificar actores y conflictos, sino reconocer cuándo el poder está intentando cerrar el campo de lo político, limitando las posibilidades de transformación.
Y en clave de nuestro recorrido:
así como en la nevada del Eternauta no siempre es evidente dónde está el peligro, en la coyuntura actual tampoco siempre es visible cuándo la democracia empieza a estrecharse.
Por eso, más que nunca, el desafío es sostener una lectura crítica, colectiva y atenta, que permita no solo entender lo que pasa, sino también defender los espacios donde es posible imaginar y construir alternativas.
Matriz para analizar la criminalización de la disidencia
| Dimensión de análisis | ¿Qué observar? | Preguntas clave | Pistas en la “nevada” (alertas) | Claves para el análisis |
|---|---|---|---|---|
| Definición del enemigo | Cómo se nombran actores sociales | ¿A quién se etiqueta como “amenaza”? ¿Qué categorías se usan? | Uso de términos amplios: “extremista”, “radical”, “subversivo” | Identificar si la categoría es política o basada en hechos |
| Discursos y narrativas | Relatos que circulan en medios y redes | ¿Cómo se cuenta el conflicto? ¿Qué emociones activa? | Lenguaje de miedo, caos, orden, seguridad | Analizar qué sentido común se intenta construir |
| Actores con poder narrativo | Quién posiciona la versión dominante | ¿Quién tiene más voz? ¿Quién queda fuera? | Presencia de gobiernos, medios masivos, influencers alineados | Reconocer asimetrías en la producción de sentido |
| Actores invisibilizados | Quiénes no aparecen o son distorsionados | ¿Qué voces faltan? ¿Cómo se representan? | Ausencia de comunidades, movimientos o territorios | Recuperar esas voces para un análisis más completo |
| Instrumentos de control | Mecanismos legales, digitales o políticos | ¿Qué herramientas se usan para intervenir? | Leyes, vigilancia, redes sociales, algoritmos, campañas digitales | Identificar cómo se ejerce el poder más allá de lo visible |
| Escenarios de disputa | Espacios donde ocurre el conflicto | ¿Dónde se expresa el poder? ¿Dónde hay resistencia? | Medios, redes, calles, instituciones, territorios | Ver que el poder cambia según el escenario |
| Correlación de fuerzas | Relación entre actores y su capacidad de acción | ¿Quién gana espacio? ¿Quién resiste? | Desigualdad en recursos, acceso y legitimidad | No todos los actores tienen el mismo peso |
| Impactos en la democracia | Consecuencias sobre derechos y participación | ¿Qué se limita? ¿Qué se pone en riesgo? | Criminalización de protesta, censura, autocensura | Evaluar el cierre o apertura del espacio político |
| Conexión sistema-mundo / vida cotidiana | Relación entre lo global y lo local | ¿Cómo impacta esto en la vida concreta? | Políticas globales que afectan territorios | Hacer el puente entre escalas |
| Posibilidades de acción | Espacios de intervención y resistencia | ¿Dónde hay grietas? ¿Qué se puede hacer? | Organización social, narrativas alternativas | El análisis no solo interpreta, también orienta acción |
Cuando la nevada define al enemigo
La NSS 2025, el cable de Rubio y las designaciones en Europa forman parte de un mismo engranaje: la criminalización de la disidencia global.
Al definir de manera expansiva qué es «extrema izquierda», el gobierno no solo persigue actores, sino que redefine los límites de lo aceptable.
Como en El Eternauta, el peligro no es solo la tormenta, sino la imposibilidad de distinguir con claridad.
El mensaje que emerge es claro:
-protestar puede convertirte en amenaza.
-pensar críticamente, también.
Frente a esto, la pregunta que queda abierta —y que conecta con nuestro proceso de análisis de coyuntura— es:
¿cómo leer la realidad cuando los propios relatos buscan confundirla?
Fuentes:
Alto Nivel. (2026, 9 de abril). Marco Rubio pide a embajadores recurrir a influencers y redes para reforzar la imagen de Estados Unidos. Alto Nivel. https://www.altonivel.com.mx/marco-rubio-pide-a-embajadores-recurrir-a-influencers-y-redes-para-reforzar-la-imagen-de-estados-unidos/
Nicas, Jack, Feuer, Alan, Stevis-Gridneff, Matina, Wong, Edward, & Tankersley, Jim. (2026, 9 de abril). EE. UU. quiere la ayuda de sus aliados para perseguir a la extrema izquierda. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2026/04/09/espanol/estados-unidos/trump-antifa-terrorismo.html
The White House. (2025). National security strategy of the United States of America. U.S. Government Publishing Office.
























