Entre pancartas, canciones, bailes y reclamos, las protestas sociales nos recuerdan que pensar críticamente también consiste en cuestionar lo que nos han dicho que debemos aceptar.
Una extraña costumbre se extiende por el mundo
Buenas tardes. Les habla la Pantera Rosa, corresponsal infiltrada en las calles del planeta, donde se ha detectado una anomalía que preocupa profundamente a ciertos sectores del poder: la gente está saliendo a protestar. Y no parece tratarse de un error del sistema.
En distintos lugares del mundo, las personas se encuentran para expresar su malestar, reclamar derechos, defender sus territorios, cuestionar decisiones gubernamentales y exigir condiciones de vida dignas. Algunas marchan con pancartas; otras llevan tambores, canciones, disfraces o instrumentos musicales. Hay quienes preparan comida, comparten agua, acompañan a las personas heridas y organizan espacios para sostener la movilización.
¡Qué situación tan complicada para quienes preferirían que cada persona resolviera sus problemas en la intimidad de su casa, sin molestar a nadie!
Porque una cosa es que alguien esté inconforme y otra, bastante más incómoda, es que descubra que otras personas también lo están. Peor todavía: que empiecen a conversar, a reconocerse y a preguntarse si aquello que parecía un problema individual tiene causas que van mucho más allá de sus circunstancias particulares.
Y entonces sucede lo impensable: el malestar deja de ser una colección de frustraciones privadas y comienza a convertirse en una pregunta colectiva.
Nuestra corresponsalía considera que aquí hay algo digno de atención.
Cuando las calles se convierten en lugares para pensar
Existe una curiosa costumbre de imaginar el pensamiento crítico como una actividad que ocurre exclusivamente entre libros, escritorios, aulas universitarias y personas que utilizan palabras suficientemente complicadas como para necesitar un diccionario a mano.
La Pantera Rosa no tiene nada contra los libros. De hecho, lleva uno en su bolso, por si acaso necesita defenderse de alguna interpretación apresurada de la realidad.
Pero hay algo que conviene recordar: también se piensa cuando una comunidad se pregunta por qué le falta agua, cuando estudiantes defienden la educación pública, cuando las personas trabajadoras cuestionan sus condiciones laborales o cuando un territorio se organiza para proteger un río amenazado.
Se piensa al comparar lo que se promete con lo que realmente sucede. Al escuchar experiencias que contradicen las explicaciones oficiales. Al descubrir que aquello que se presenta como inevitable responde, en realidad, a decisiones humanas que pueden discutirse y transformarse.
La protesta social abre precisamente ese espacio: permite que distintas experiencias salgan del aislamiento, se encuentren y pongan en cuestión las explicaciones con las que aprendimos a entender el mundo.
El libro Pensar en marcha. Filosofía y protesta social en Colombia, publicado por CLACSO, recoge una experiencia especialmente interesante: la reflexión filosófica que acompaña las movilizaciones sociales y busca comprender sus preguntas, sus conflictos y sus posibilidades. Sus autores proponen una relación entre la reflexión comprometida y la acción reflexiva. Pensar-en-marcha
Dicho de una manera menos solemne: no hace falta esperar a que termine la protesta para empezar a pensar sobre ella. También podemos pensar mientras caminamos, discutimos, organizamos una olla comunitaria o intentamos comprender por qué tantas personas sienten que las instituciones no están respondiendo a sus necesidades.
La calle no sustituye a los libros, ni los libros sustituyen a la calle. Pero cuando se encuentran, pueden ayudarnos a formular mejores preguntas.
Y formular preguntas sigue siendo una costumbre difícil de controlar.
El problema de una ciudadanía que empieza a hacerse preguntas
La Pantera Rosa ha observado que, cuando aparecen las protestas, también suele aparecer un repertorio bastante conocido de explicaciones.
Que las personas no comprenden las decisiones gubernamentales. Que alguien las manipula. Que deberían esperar. Que existen canales institucionales para expresar sus preocupaciones. Que manifestarse altera la tranquilidad de quienes no tienen nada que reclamar.
Esta corresponsalía no descarta que cada movilización tenga sus propias tensiones, contradicciones y conflictos. Las protestas no son espacios mágicos donde desaparecen las diferencias ni comunidades perfectamente organizadas en las que todo el mundo está de acuerdo.
Pero hay una pregunta que merece hacerse: ¿qué ocurre cuando los canales disponibles no ofrecen respuestas suficientes, cuando determinadas voces no encuentran escucha o cuando los problemas persisten a pesar de haber sido señalados una y otra vez?
En esas circunstancias, la protesta puede convertirse en una manera de hacer visible aquello que se preferiría mantener fuera de la conversación pública.
Y aquí aparece otra curiosidad: con frecuencia se invita a la ciudadanía a participar, siempre que su participación no incomode demasiado, no cuestione las decisiones tomadas y no interrumpa el funcionamiento habitual de las cosas.
La Pantera Rosa quisiera conocer la dirección exacta de esa oficina donde se tramitan las solicitudes para una participación ciudadana que no produzca ninguna incomodidad.
Mientras tanto, conviene recordar que la protesta social no es solamente una expresión de descontento. También puede abrir debates sobre qué entendemos por democracia, quiénes tienen la posibilidad de intervenir en las decisiones colectivas y cuáles son las experiencias que reciben atención pública.
Protestar no garantiza que las demandas sean atendidas ni que los cambios necesarios se produzcan. Pero permite colocar preguntas en el espacio público y disputar la idea de que las cosas deben continuar exactamente como están.
No todo ocurre frente a un micrófono
Hay otra dimensión de las protestas que merece atención: aquello que sucede entre las personas que participan.
A veces, la mirada se concentra tanto en las consignas, las declaraciones y los enfrentamientos que dejamos de observar las relaciones que hacen posible sostener una movilización.
Alguien cocina. Otra persona organiza los turnos. Alguien presta su casa, comparte información o acompaña a quien tiene miedo. Hay quienes ponen música, crean imágenes, escriben, bailan y encuentran maneras de expresar lo que las palabras habituales no alcanzan a decir.
Estas prácticas no son simples adornos de la protesta. Pueden formar parte de su capacidad para reunir experiencias diversas, construir vínculos y abrir espacios de colaboración.
En su reflexión sobre las movilizaciones colombianas de 2021, Pensar en marcha presta atención precisamente a la presencia del arte, la cultura, los cuidados y las formas de solidaridad que acompañaron las resistencias. Pensar-en-marcha
La Pantera Rosa encuentra aquí una noticia particularmente interesante: mientras buena parte del mundo insiste en presentarnos la competencia como la forma natural de relacionarnos, en las calles aparecen personas ensayando otras maneras de encontrarse.
No significa que todas las diferencias desaparezcan ni que toda experiencia colectiva sea necesariamente justa. Significa que, en medio del conflicto, también pueden surgir aprendizajes, preguntas y relaciones que merecen ser reconocidos.
A veces, la protesta no solo cuestiona una decisión política. También permite experimentar, aunque sea temporalmente, que otras formas de organizarnos son posibles.
Y eso, para una corresponsal acostumbrada a observar las extravagancias del poder, resulta bastante más interesante que otro discurso sobre la importancia de la productividad.
La esperanza no es quedarse esperando
Conviene hacer una aclaración antes de cerrar esta transmisión: la Pantera Rosa no confunde esperanza con ingenuidad.
Las protestas tienen costos. Las personas pueden sufrir violencia, persecución, detenciones y desgaste. Las movilizaciones pueden enfrentar divisiones, perder fuerza o no alcanzar sus objetivos. Además, quienes salen a las calles no siempre comparten las mismas aspiraciones ni imaginan las mismas soluciones.
Por eso, mirar las protestas críticamente también exige escuchar sus distintas voces, comprender sus contextos y preguntarnos por los cambios que reclaman, las relaciones que construyen y los obstáculos que encuentran.
Pero reconocer esas dificultades no significa ignorar su importancia.
Cuando las personas se encuentran para cuestionar una injusticia, defender un bien común o exigir que sus necesidades sean escuchadas, están participando en una disputa sobre cómo queremos vivir y qué lugar ocupamos en las decisiones que afectan nuestras vidas.
La esperanza aparece allí, no como una promesa de que todo saldrá bien, sino como la posibilidad de actuar colectivamente frente a aquello que parecía inamovible.
Por eso, cuando la Pantera Rosa recorre las noticias de las protestas que emergen en distintos lugares del mundo, presta atención no solo a las multitudes, sino también a las preguntas que las reúnen, a las historias que las impulsan y a los vínculos que nacen en el camino.
Porque pensar críticamente no consiste únicamente en aprender a desconfiar de las explicaciones que recibimos. También implica imaginar alternativas, escuchar a quienes han sido ignorados y construir herramientas para comprender y transformar nuestra realidad.
Y si, además, en el proceso aparecen una orquesta, una pancarta ingeniosa o alguien repartiendo comida, nuestra corresponsalía no tiene objeciones.
Último reporte: las calles siguen hablando
Desde el Observatorio de Bienes Comunes, esta Pantera Rosa se despide con una última observación: las protestas sociales nos recuerdan que la vida colectiva no está terminada de escribir.
Cada movilización tiene su historia. Cada comunidad enfrenta sus propios conflictos. No hay una receta universal para transformar la realidad, ni basta con llenar las calles para resolver problemas que se han construido durante décadas.
Pero cuando las personas se encuentran, comparten sus experiencias y se atreven a cuestionar lo que parecía incuestionable, se abre una posibilidad: comenzar a pensar de otra manera aquello que vivimos en común.
Tal vez por eso las protestas incomodan tanto. No solo interrumpen la circulación de vehículos o alteran la agenda de las autoridades. También interrumpen la circulación de ciertas certezas.
Y ahora, si me permiten, debo continuar mi recorrido. Hay demasiadas calles por observar, demasiadas preguntas por escuchar y demasiados intentos de explicar que todo está bien mientras la gente insiste en decir lo contrario.
La Pantera Rosa informa: pensar también es salir al encuentro de otras personas, cuestionar lo que parecía inevitable y descubrir que la realidad puede transformarse cuando dejamos de enfrentarla en soledad.
Seguiremos informando. La esperanza, por lo visto, todavía no ha solicitado permiso para manifestarse.
Mapa de las protestas: distintas luchas, una pregunta compartida
La Pantera Rosa ha desplegado su libreta de corresponsal y encontró algo que merece atención: las protestas no nacen todas por las mismas razones, ni tienen idénticos objetivos. Algunas denuncian decisiones gubernamentales; otras enfrentan la corrupción, las desigualdades, la violencia o el deterioro de las condiciones de vida. Pero muchas comparten una ruptura: personas que dejan de aceptar en silencio aquello que se presenta como inevitable.
Para ampliar la nota, podemos incorporar una matriz que permita reconocer qué se reclama, qué está en juego y qué nos enseñan estas movilizaciones sobre la vida en común. No se trata de meter todas las luchas en el mismo saco (la Pantera Rosa sabe que hasta los sacos tienen sus límites), sino de mirar sus diferencias y posibles puntos de encuentro.
Matriz de protestas: ¿qué está llevando a la gente a las calles?
Esta matriz recoge algunas de las movilizaciones documentadas durante las últimas semanas y otros procesos de protesta que continúan activos. No es un inventario completo de las luchas del mundo, sino una fotografía de distintas formas de inconformidad que atraviesan octubre de 2026.
| País o región | ¿Qué está movilizando a la gente? | ¿Qué está en juego? | La pregunta que nos deja la Pantera Rosa |
|---|---|---|---|
| Francia | Estudiantes, sindicatos y otros sectores protestan por las condiciones educativas, el costo de la vida y el deterioro de los servicios públicos. | El acceso a una educación digna y la capacidad de sostener la vida cuando todo cuesta más. | ¿Por qué siempre aparecen recursos para exigir sacrificios a la población, pero nunca parecen suficientes para garantizar sus derechos? |
| Albania | Estudiantes y otros sectores se sumaron a las protestas contra la corrupción, el gobierno y un proyecto turístico de lujo que amenaza con privatizar el aprovechamiento de la costa. | La defensa del territorio, los bienes comunes y la posibilidad de decidir qué futuro se construye. | ¿Quién decide qué hacer con un territorio: quienes lo habitan o quienes llegan con suficiente dinero para comprarlo? |
| Argentina | Estudiantes y trabajadores universitarios marcharon contra los recortes presupuestarios a la educación. | La educación pública como derecho y como condición para construir una sociedad menos desigual. | ¿Qué clase de futuro se puede construir si se considera el conocimiento un gasto prescindible? |
| Estados Unidos | Se han registrado movilizaciones contra las políticas migratorias y actuaciones de agentes de inmigración, además de convocatorias contra el gobierno de Donald Trump. | Los derechos de las personas migrantes, los límites del poder estatal y las libertades democráticas. | ¿Qué queda de los derechos cuando su ejercicio depende de quién eres, de dónde vienes o de cuánto le agradas al poder? |
| España | Las protestas por los desalojos y el encarecimiento de la vivienda han puesto en el centro el derecho a permanecer en el lugar donde se ha construido una vida. | El acceso a la vivienda, la permanencia en los barrios y el conflicto entre la vivienda como derecho y como negocio. | ¿En qué momento tener un techo dejó de ser una necesidad humana y pasó a convertirse, ante todo, en una oportunidad de inversión? |
| Portugal | Las movilizaciones por el encarecimiento de la vivienda expresan el malestar ante unos precios que dificultan cada vez más el acceso a un hogar. | La posibilidad de vivir en las ciudades sin que el alquiler consuma una parte desproporcionada de los ingresos. | Si una ciudad expulsa a quienes la sostienen, ¿para quién se está construyendo? |
| India | Movilizaciones juveniles han denunciado irregularidades electorales y cuestionado las revisiones de los registros de votantes. | La confianza en los procesos electorales y el derecho a participar en la vida política. | ¿De qué sirve celebrar elecciones si también hay que preguntarse quién podrá ejercer realmente su derecho al voto? |
| Reino Unido y otros países | Las marchas de solidaridad con Palestina continúan expresando rechazo a la violencia contra la población palestina y cuestionamientos a las políticas de los gobiernos. | La defensa de la vida, la solidaridad internacional y el derecho a denunciar las violaciones de derechos humanos. | ¿La solidaridad es un principio universal o solo se permite cuando no incomoda a quienes gobiernan? |
| Indonesia y otros países con movilizaciones juveniles | Distintos movimientos juveniles han cuestionado la corrupción, las condiciones de vida, las oportunidades laborales y el funcionamiento de las instituciones. Las causas varían de un país a otro. | La posibilidad de tener un futuro digno y participar en decisiones que afectan la vida cotidiana. | ¿Qué ocurre cuando una generación deja de creer que debe conformarse con el futuro que le ofrecen? |
Nota de la corresponsalía: esta selección reúne protestas con causas y trayectorias diferentes. No todas comparten demandas, formas de organización ni horizontes políticos. Tampoco todas las movilizaciones tienen los mismos niveles de participación o han recibido las mismas respuestas de las autoridades.
Hay una solidaridad que atraviesa muchas de estas movilizaciones y que merece un lugar propio: la defensa del pueblo palestino frente al genocidio en Gaza, perpetrado por Israel, y la violencia que continúa marcando sus vidas. En distintas partes del mundo, las marchas, los plantones, las acciones culturales y las campañas de solidaridad han llevado a las calles una exigencia de justicia, el rechazo a las acciones del Estado israelí y la denuncia de la devastación de la vida palestina.
Estas expresiones nos recuerdan que la solidaridad también cruza fronteras: que el sufrimiento de un pueblo no tiene por qué convertirse en una noticia más que aprendemos a tolerar, y que defender la dignidad humana implica cuestionar la indiferencia, exigir responsabilidades a quienes perpetran la violencia y acompañar a quienes resisten.
La Pantera Rosa toma nota: mientras algunos pretenden que miremos hacia otro lado, hay quienes siguen encontrándose en las calles para denunciar las acciones de Israel, afirmar que la vida palestina importa y recordarnos que la solidaridad no necesita pasaporte, pero sí memoria, compromiso y voluntad de no mirar hacia otro lado.
Lo que la matriz no puede mostrar por sí sola
La tabla permite ordenar las demandas, pero hay algo que se pierde cuando las protestas se reducen a una lista de reclamos: la gente no solo sale a la calle para denunciar lo que está mal; también aprende, se organiza y ensaya otras formas de relacionarse.
En las movilizaciones encontramos asambleas, conversaciones, canciones, bailes, ollas compartidas, acompañamiento y cuidado mutuo. No aparecen necesariamente en los titulares, pero son parte de la experiencia de protestar. La calle se convierte, por momentos, en un lugar donde se comparten conocimientos, se reconocen problemas que parecían individuales y se descubren posibilidades de actuar colectivamente.
Desde esa perspectiva, la protesta también es una práctica de pensamiento crítico. No porque quienes protestan tengan todas las respuestas, sino porque se atreven a poner en duda las respuestas que el poder presenta como definitivas.
La Pantera Rosa propone tres preguntas para leer estas luchas:
- -¿Qué nos enseñan sobre aquello que nuestras sociedades consideran normal, aunque produzca sufrimiento o desigualdad?
- -¿Qué vínculos, saberes y formas de ayuda mutua aparecen cuando las personas se organizan?
- -¿Qué alternativas comienzan a imaginarse cuando dejamos de pensar que los problemas deben resolverse individualmente?
Y una última observación de esta corresponsalía: a los gobiernos puede incomodarles que la gente proteste; a los mercados, que cuestione sus prioridades; y a quienes prefieren la obediencia, que las personas comiencen a pensar juntas.
Pero quizá esa sea una de las contribuciones más importantes de la protesta: recordarnos que la realidad no es un guion terminado y que la ciudadanía no consiste únicamente en observar cómo otras personas deciden nuestro destino.
La Pantera Rosa seguirá recorriendo las calles. No descarta entrevistar a una pancarta, asistir a una asamblea o aprenderse una coreografía. Lo que no hará es quedarse esperando, en silencio, a que le concedan permiso para pensar.
Para seguir pensando en marcha: una invitación a leer colectivamente
La Pantera Rosa ha hecho sus recorridos por las calles y ha llenado varias páginas de su libreta. Pero todavía queda una pregunta: ¿cómo comprender lo que ocurre cuando las personas dejan de aceptar en silencio las decisiones que afectan sus vidas y comienzan a organizarse para cuestionarlas?
Para seguir esta pista, queremos recomendar una lectura: Pensar en marcha. Filosofía y protesta social en Colombia, publicado por CLACSO. Este libro nos invita a acercarnos a las protestas no solamente como acontecimientos políticos que aparecen en las noticias, sino también como experiencias que producen preguntas, reflexiones y aprendizajes colectivos.
Leerlo en este momento puede ayudarnos a mirar más allá de las imágenes de multitudes, las pancartas y los enfrentamientos. ¿Qué conocimientos se construyen en las calles? ¿Qué preguntas comienzan a hacerse las personas cuando descubren que sus malestares no son problemas individuales? ¿Qué relaciones de solidaridad, cuidado y colaboración hacen posible sostener una lucha? ¿Qué ocurre con nuestras ideas sobre la democracia cuando quienes habitualmente son escuchados deciden que ya no quieren seguir hablando solos?
Las experiencias colombianas que recoge el libro nos ofrecen pistas para pensar también las movilizaciones que recorren otros lugares del mundo. No porque todas las protestas sean iguales, sino porque acercarnos a ellas puede ayudarnos a reconocer sus particularidades, sus tensiones y sus posibilidades transformadoras.
Desde el Observatorio de Bienes Comunes nos interesa especialmente esta invitación: entender la protesta como una expresión de inconformidad, pero también como un espacio donde se aprende a pensar con otras personas, se cuestiona lo que parecía inevitable y se ensayan maneras distintas de construir la vida en común.
La Pantera Rosa recomienda, entonces, hacer una pausa entre pancarta y pancarta, abrir el libro y continuar la conversación. Porque salir a la calle puede ser una manera de plantear preguntas, y leer colectivamente puede ayudarnos a comprender mejor por qué esas preguntas importan.
¿Y si, además de observar las protestas, nos animamos a pensar con ellas?
Referencias:
Associated Press. (2026, 17 de octubre). Riots in Tirana enter a fifth day as Albania’s anti-government protests escalate.
Columbia University, Global Freedom of Expression. (2026). CGFoE Protest Monitor: Tracking pro-democracy protests and the suppression of dissent worldwide.
Democracy Now! (2026, 16 de octubre). Las protestas lideradas por estudiantes se extienden de Francia a Albania y Argentina.
Grueso Vanegas, D. I., Niño Castro, Á., Rueda Barrera, E. A., y Tovar González, L. (Eds.). (2022). Pensar en marcha: Filosofía y protesta social en Colombia. CLACSO.
Nilsson-Julien, E. (2026, 5 de octubre). From school blockades to violence: What is driving student protests in France? Euronews.
Tanjim, N. (2026, 16 de octubre). Young, online and on the streets. The Business Standard.
Taylor, H. (2026, 18 de octubre). Why are people protesting across Europe? The Guardian.
















