El 12 de octubre suele recordarse bajo distintas denominaciones: Día de la Raza, Día de la Hispanidad o Encuentro de Dos Mundos. Sin embargo, estas expresiones no son neutrales: cada una propone una manera de interpretar la historia y de comprender sus consecuencias en el presente. Desde una perspectiva crítica latinoamericana y caribeña, esta fecha nos invita a reflexionar sobre la conquista, el despojo territorial y la imposición de un orden colonial que transformó las formas de organización económica, las relaciones sociales y los modos de habitar y comprender el mundo de los pueblos originarios.
En este contexto, volver a 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, del pensador peruano José Carlos Mariátegui, constituye una oportunidad para revisar las raíces históricas de nuestras desigualdades y preguntarnos por las posibilidades de construir otras formas de organizar la vida colectiva. Publicada originalmente en 1928, esta obra sigue ofreciendo herramientas para comprender la relación entre tierra, poder, comunidad y emancipación, así como para cuestionar las ideas de progreso que justifican el despojo y la subordinación de los pueblos.
Para el Observatorio de Bienes Comunes, leer a Mariátegui implica recuperar una pregunta fundamental: ¿cómo pensar las transformaciones de nuestras sociedades desde sus propias historias, territorios y experiencias comunitarias, sin convertir las teorías en moldes que ignoran la realidad que pretenden explicar?
La conquista y la transformación de las relaciones con la tierra
En el ensayo «Esquema de la evolución económica», Mariátegui examina las profundas transformaciones producidas por la conquista española en la organización económica del Perú. Su interpretación se distancia de los relatos que presentan este proceso como un encuentro entre culturas o como el inicio inevitable de una etapa de progreso. En su lugar, analiza la ruptura de las formas de organización existentes y la instauración de relaciones de explotación que marcaron la historia posterior del país.
Antes de la conquista, las comunidades indígenas habían desarrollado formas de organización económica vinculadas con el trabajo colectivo, la reciprocidad y el aprovechamiento compartido de los recursos. Mariátegui destaca particularmente la organización agraria del Imperio incaico y la importancia del ayllu, la comunidad como espacio de organización social y económica.
La conquista no sustituyó estas formas de organización por un sistema que garantizara mejores condiciones de vida para las mayorías. Por el contrario, impuso nuevas relaciones de propiedad y explotación, debilitó las estructuras comunitarias y subordinó la producción a los intereses coloniales. Posteriormente, el latifundio y el gamonalismo consolidaron mecanismos de concentración de la tierra y sometimiento de la población indígena.
Esta interpretación permite comprender que la desigualdad no puede explicarse únicamente por las diferencias individuales, las condiciones educativas o las supuestas dificultades de determinados grupos para incorporarse al progreso. Es necesario examinar las relaciones históricas de poder que han determinado quién controla la tierra, quién se beneficia de su aprovechamiento y quién soporta las consecuencias del despojo.
En 7 ensayos, Mariátegui plantea que el problema del indio tiene una raíz fundamentalmente económica y social: el régimen de propiedad de la tierra. Su argumento cuestiona las explicaciones que atribuyen la exclusión indígena a características raciales o culturales y dirige la atención hacia las estructuras que reproducen la explotación.
Esta perspectiva conserva una importancia decisiva para comprender los conflictos territoriales contemporáneos. Las disputas por la tierra y el agua, la expansión de las actividades extractivas y la subordinación de las necesidades comunitarias a los intereses económicos no son fenómenos aislados de su historia. Nos obligan a examinar cómo se distribuyen el poder y los recursos, qué formas de vida se protegen y cuáles se sacrifican en nombre del desarrollo.
La comunidad indígena: memoria, resistencia y posibilidad
Uno de los aportes más significativos de Mariátegui es su reflexión sobre la comunidad indígena. Frente a las interpretaciones que la consideran una estructura atrasada destinada a desaparecer con la modernización, el autor reconoce su importancia económica, social y política.
Su análisis no consiste en idealizar las comunidades ni en afirmar que sus formas históricas de organización deban permanecer intactas. Se trata, más bien, de reconocer que en ellas existen experiencias de cooperación, reciprocidad y trabajo colectivo que cuestionan la idea de que la competencia individual y la propiedad privada constituyen las únicas formas posibles de organizar la producción y satisfacer las necesidades humanas.
La comunidad aparece así como una realidad histórica que ha resistido diferentes formas de subordinación y que conserva capacidades para reorganizarse y transformar sus condiciones de existencia. En el pensamiento de Mariátegui, estas experiencias no son simples vestigios de un pasado que debe superarse, sino una fuente de posibilidades para construir un proyecto emancipador arraigado en las condiciones concretas de nuestra América.
Esta reflexión dialoga con la perspectiva de los bienes comunes. Los bienes comunes no se reducen a recursos naturales disponibles para el aprovechamiento económico. También comprenden las relaciones sociales, los conocimientos, las prácticas de cooperación y las formas de organización mediante las cuales las comunidades sostienen la vida y construyen respuestas colectivas a sus necesidades.
Desde esta mirada, defender los bienes comunes implica prestar atención a las condiciones que hacen posible su existencia: el acceso a la tierra y al agua, la autonomía de las comunidades, la transmisión de conocimientos y la capacidad colectiva de decidir sobre el territorio.
La pregunta, entonces, no es únicamente qué recursos deben protegerse, sino también qué relaciones sociales permiten cuidarlos, compartirlos y sostenerlos frente a las presiones de la mercantilización.
Pensar desde nuestra realidad: una crítica a las ideas importadas de progreso
Mariátegui también ofrece una reflexión fundamental sobre la producción de conocimiento. Su propuesta de interpretar la realidad peruana desde sus particularidades históricas cuestiona la aplicación mecánica de teorías elaboradas en otros contextos.
Su apropiación crítica del marxismo no consistió en reproducir un esquema europeo de evolución social, sino en examinar las contradicciones de una sociedad en la que coexistían distintas formas de producción y relaciones de poder. La herencia colonial, las estructuras agrarias, la expansión capitalista y las formas comunitarias no podían comprenderse como etapas sucesivas de una misma trayectoria universal. Formaban parte de una realidad histórica compleja, atravesada por relaciones de subordinación y conflicto.
De ahí la importancia de su propuesta de construir un pensamiento arraigado en las condiciones concretas de nuestros pueblos. Pensar desde América Latina no significa rechazar las ideas producidas en otras regiones, sino someterlas a la crítica, confrontarlas con nuestras experiencias y construir herramientas capaces de explicar las particularidades de nuestra historia.
Esta preocupación también permite cuestionar las concepciones dominantes del desarrollo. Con frecuencia, el progreso se presenta como un camino único, medido por el crecimiento económico, la expansión de las inversiones y la incorporación de los territorios a los circuitos del mercado. Desde esta perspectiva, las formas comunitarias de organización aparecen como obstáculos y los territorios se valoran principalmente por los recursos que pueden ofrecer.
Mariátegui nos ayuda a poner en cuestión esta mirada. Si la historia de nuestras sociedades está atravesada por la concentración de la tierra, el despojo y la subordinación de las mayorías, no basta con prometer más crecimiento económico para resolver sus contradicciones. Es necesario preguntarnos quién decide el rumbo de las transformaciones, quién se beneficia de ellas y qué ocurre con las comunidades, los conocimientos y las formas de vida que no se ajustan a sus intereses.
Para el Observatorio de Bienes Comunes, esta discusión resulta especialmente relevante. Pensar desde el territorio supone reconocer que las comunidades producen conocimientos sobre sus entornos, construyen memorias colectivas y desarrollan prácticas para sostener la vida. Estos saberes no deben tratarse como elementos secundarios frente al conocimiento institucional, sino como parte de las capacidades sociales necesarias para comprender y transformar la realidad.
El 12 de octubre: una historia que sigue interpelando el presente
A casi un siglo de la publicación de 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, las preguntas de Mariátegui continúan siendo relevantes. La concentración de la tierra, la desigualdad rural, la subordinación de las comunidades y los conflictos entre las necesidades colectivas y los intereses económicos siguen formando parte de las disputas que atraviesan América Latina y el Caribe.
Sin embargo, recuperar su pensamiento no significa trasladar directamente sus respuestas a nuestro tiempo. Supone reconocer la potencia de sus preguntas y utilizarlas para examinar las transformaciones actuales de nuestras sociedades.
¿Qué continuidades existen entre las formas históricas de despojo y los conflictos territoriales contemporáneos? ¿Cómo se justifican las desigualdades cuando se presentan como consecuencias inevitables del progreso? ¿Qué conocimientos y experiencias quedan excluidos cuando las decisiones sobre los territorios se toman sin reconocer la voz de las comunidades? ¿Qué podemos aprender de las prácticas colectivas que, frente a estas presiones, defienden otras maneras de habitar y cuidar el mundo?
Estas preguntas permiten vincular la memoria histórica con las luchas presentes. La conquista no constituye únicamente un acontecimiento del pasado: sus consecuencias se manifiestan en estructuras de propiedad, jerarquías sociales y relaciones de poder que han cambiado a lo largo del tiempo, pero que siguen siendo objeto de disputa.
Por eso, el 12 de octubre también puede ser una oportunidad para reconocer las resistencias de los pueblos indígenas y las comunidades que han defendido sus territorios, sus conocimientos y sus formas de organización. No se trata solamente de recordar lo que fue destruido, sino de reconocer las capacidades colectivas que han permitido sostener y recrear otras formas de vida.
Volver a Mariátegui para defender los bienes comunes
Desde el Observatorio de Bienes Comunes, la lectura de Mariátegui nos invita a recuperar tres reflexiones fundamentales.
Descolonizar nuestra manera de pensar. Reconocer que nuestras sociedades tienen historias y realidades particulares exige cuestionar las explicaciones que presentan un único modelo de desarrollo como destino inevitable. Pensar desde nuestros territorios implica construir herramientas de análisis en diálogo con las experiencias, los conocimientos y las luchas de nuestros pueblos.
Comprender la tierra como una cuestión de poder. Los conflictos territoriales no se limitan a la distribución de recursos. También expresan disputas sobre las condiciones materiales de la vida, la autonomía de las comunidades y la capacidad de decidir qué se produce, cómo se habita el territorio y para quién se organizan sus riquezas.
Reconocer la comunidad como una fuente de posibilidades. Las prácticas de cooperación, reciprocidad y organización colectiva muestran que existen otras maneras de responder a las necesidades compartidas. Defender los bienes comunes significa fortalecer las condiciones que permiten a las comunidades participar en las decisiones que afectan sus vidas y sostener sus formas de organización.
En este 12 de octubre, volver a 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana es una invitación a mirar nuestra historia desde las relaciones de poder que la han configurado, pero también desde las resistencias y posibilidades que atraviesan nuestros territorios.
Mariátegui nos recuerda la importancia de pensar desde nuestra propia realidad, reconocer las experiencias comunitarias y cuestionar los modelos que presentan el despojo como sinónimo de progreso. Su obra nos permite comprender que la defensa de la vida no puede separarse de las condiciones materiales que la hacen posible ni de las relaciones sociales mediante las cuales la sostenemos.
Pensar desde el territorio es también preguntarnos quién decide sobre los bienes que sostienen la vida y qué formas de organización queremos construir para defenderlos.
En el Observatorio de Bienes Comunes, recuperamos esta pregunta como parte de una reflexión colectiva sobre la memoria, la autonomía de los pueblos y la construcción de alternativas frente a la mercantilización de la naturaleza y de la vida.
Volver a Mariátegui es una oportunidad para seguir pensando, desde América Latina y el Caribe, cómo transformar las herencias coloniales y fortalecer las prácticas colectivas que hacen posible otros futuros.
Volver a Mariátegui es una oportunidad para profundizar en las raíces históricas de nuestras desigualdades y reconocer las posibilidades de transformación que nacen de las experiencias comunitarias. Por eso, les invitamos a leer 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, una obra fundamental del pensamiento crítico latinoamericano que continúa aportando preguntas para comprender las relaciones entre tierra, poder, comunidad y emancipación.
Les invitamos a acercarse a esta obra, explorar sus reflexiones y ponerlas en diálogo con las luchas de nuestros territorios y las experiencias de quienes defienden los bienes comunes.
Porque leer a Mariátegui no es solamente volver sobre nuestra historia: es abrir preguntas sobre el presente y las posibilidades de construir otros futuros desde América Latina y el Caribe.






