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Escuchar el río: aprendizajes desde la acción comunitaria entrevista con Rocío Chamorro

En este audio conversamos con Rocío Chamorro, docente de la Universidad de Costa Rica en el área de Gestión Integral del Recurso Hídrico y participante en el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote, nos sentamos a conversar en el marco de las jornadas de limpieza de ríos en Sarchí.

A partir de su experiencia, construimos un balance claro: las comunidades han logrado organizarse para recoger residuos y recuperar espacios, pero el desafío va mucho más allá de la limpieza. La presencia de agroquímicos, residuos domésticos y posibles vertidos de aguas residuales evidencia problemas estructurales que requieren mayor monitoreo institucional, cambios en las prácticas productivas y políticas públicas más cercanas a las realidades locales .

También, destaca la importancia de la articulación entre comunidad, universidad, voluntariado e instituciones, así como la necesidad de pasar de acciones puntuales a procesos sostenidos de educación, organización e incidencia.

Puntos clave para leer la realidad de los ríos:

• La limpieza permite ver problemas más profundos en los ríos, no solo la basura visible
• Persisten vertidos de aguas residuales y uso de agroquímicos que afectan la calidad del agua
• Las comunidades están organizándose, pero no pueden asumir solas esta responsabilidad
• Se requiere mayor monitoreo e involucramiento institucional
• Las soluciones no pasan solo por sancionar, sino por transformar prácticas productivas
• Es clave incluir a pequeños y medianos productores y una perspectiva de género en las políticas
• La articulación entre actores fortalece la participación y el impacto de las acciones
• El desafío es pasar de la limpieza a la prevención y la incidencia

Este audio es una invitación a escuchar no solo la experiencia de quienes participan, sino también lo que los ríos están diciendo sobre los desafíos que enfrentan nuestros territorios.

Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Hormigas, infancia y común: una lección zapatista sobre cómo aprender y organizar la vida

En un relato breve, cargado de humor, ternura y profundidad política, el zapatismo vuelve a recordarnos que las grandes preguntas no siempre se responden desde arriba. “El Condenado y las Hormigas (el amor y el desamor según un niño zapatista)”, firmado por el Capitán en enero-febrero de 2026, es mucho más que un cuento: es una invitación a repensar cómo aprendemos, cómo nos organizamos y cómo construimos lo común.

A través de la historia de un niño travieso, nombrado por su madre como “Condenado Chamaco del Demonio”, el texto despliega una crítica sutil pero contundente a las formas tradicionales de enseñanza y a las jerarquías del saber, al tiempo que propone una pedagogía arraigada en la experiencia, la observación y la vida comunitaria.

El común no se explica, se vive

Uno de los momentos de tensión del relato ocurre cuando el Subcomandante Insurgente Moisés llega a la escuela a explicar qué es el “común”. Su exposición, cargada de conceptos políticos, estructuras organizativas y referencias al proceso zapatista, deja en silencio a niñas, niños y autoridades comunitarias. Nadie responde. Nadie parece haber comprendido.

Sin embargo, un niño levanta la mano y responde con una sola palabra: “hormigas”.

Lejos de ser una ocurrencia ingenua, su intervención muestra una comprensión profunda. A partir de su experiencia observando hormigueros, el niño explica cómo estos insectos se organizan, distribuyen tareas, cooperan y se sostienen colectivamente, incluso en momentos de crisis.

El contraste es claro: mientras el discurso formal no logra transmitir el sentido del común, la experiencia vivida sí lo hace. El mensaje es contundente: 

el común no es una teoría que se memoriza, sino una práctica que se aprende viviendo.

Una política sin jerarquías rígidas

Las hormigas aparecen como una metáfora política. No hay una figura visible que ordene, pero sí existe organización. Cada quien cumple una función, hay cooperación, cuidado de las crías, defensa del colectivo y capacidad de respuesta ante situaciones adversas.

Cuando una tormenta altera el entorno, las hormigas no esperan instrucciones: se reorganizan. Algunas forman un puente con sus propios cuerpos para que las demás puedan continuar su camino. Luego, cuando pasa la emergencia, vuelven a sus tareas.

Esta imagen condensa una propuesta política: formas de organización horizontales, basadas en la responsabilidad compartida, la solidaridad y la adaptación colectiva. Es una crítica directa a las estructuras verticales y centralizadas, y una afirmación de la autonomía como práctica cotidiana.

El conocimiento nace desde abajo

El niño protagonista no aprende lo que sabe en la escuela ni a través de explicaciones formales. Su conocimiento proviene de otros espacios:

– acompaña a su familia en la milpa,
– aprende de su abuela sobre plantas medicinales,
– observa a los animales,
– pregunta, investiga, toma notas.

Incluso recurre a estrategias propias —como conseguir videos sobre hormigas— para profundizar su aprendizaje.

Este proceso muestra que el conocimiento válido no es únicamente el que se transmite desde instituciones, sino también —y sobre todo— el que se construye desde la experiencia cotidiana, en diálogo con el entorno y la comunidad.

Una crítica desde dentro a la educación

El relato no idealiza la educación autónoma. Por el contrario, muestra sus tensiones y contradicciones:

– la promotora de educación está distraída,
– el formador no revisa adecuadamente,
– la enseñanza no logra conectar con quienes aprenden.

Esta mirada crítica desde dentro permite reconocer que incluso en procesos alternativos existen desafíos. No se trata de negar los errores, sino de visibilizarlos como parte de un proceso en construcción.

Aprender haciendo: una pedagogía de la experiencia

El niño encarna una forma de aprender basada en la curiosidad y la acción:

– pregunta cuando no entiende,
– observa con atención,
– compara, analiza, registra.

Construye su propio cuaderno, clasifica lo que conoce, identifica vacíos y decide investigarlos. Su aprendizaje no es pasivo, es activo, situado y reflexivo.

Esta propuesta dialoga con las prácticas de educación popular y con enfoques que reconocen el valor de la sistematización de experiencias: aprender a partir de lo vivido, reflexionar sobre ello y producir conocimiento colectivo.

La infancia como sujeto político

Uno de los aportes del texto es la forma en que sitúa a la niñez. El niño no aparece como alguien que “todavía no sabe”, sino como alguien que:

– comprende,
– analiza,
– explica,
– y enseña.

Es él quien logra traducir el concepto del común de manera clara, incluso para los adultos. Esta inversión del lugar tradicional de la infancia cuestiona el adultocentrismo y reconoce a niñas y niños como sujetos políticos activos, capaces de aportar a la vida colectiva.

Entre el amor y el desamor: lo afectivo también es político

El relato no separa la política de la vida cotidiana ni de las emociones. El amor y el desamor atraviesan la historia:

la promotora, pierde concentración;
el formador, en conflicto con su compañera, descuida su tarea;
el niño es nombrado desde el regaño constante de su madre.

Estos elementos muestran que los procesos educativos y políticos están profundamente atravesados por lo afectivo. Las emociones no son un elemento secundario, sino parte constitutiva de cómo se construyen las relaciones, los aprendizajes y las comunidades.

Nombrar también es hacer política

El nombre del niño —“Condenado Chamaco del Demonio”— no es una simple anécdota. Es una forma de mostrar cómo el lenguaje puede marcar identidades, estigmatizar y excluir.

En la escuela y en el espacio religioso, ese nombre se vuelve criterio de separación: “no hay que juntarse con los condenados”. Así, una palabra repetida se convierte en una realidad social.

Sin embargo, el niño no se reduce a ese nombre. Desde ese lugar, construye conocimiento, observa el mundo y aporta a su comunidad. El relato abre así una reflexión sobre el poder de las palabras y la necesidad de cuestionar las categorías que clasifican a las personas como “buenas” o “malas”.

La naturaleza como maestra

Lejos de ser un simple escenario, la naturaleza es una fuente central de aprendizaje. Las hormigas enseñan sobre organización, cooperación, cuidado y respuesta colectiva ante la adversidad.

Esta mirada rompe con la lógica que reduce la naturaleza a recurso y la reconoce como espacio de conocimiento, relación y vida. En este sentido, el cuento nos recuerda también el dialogo con perspectivas ecológicas que entienden lo humano como parte de una red más amplia.

Aprender a mirar lo pequeño

Este texto cierra con una enseñanza sencilla y profunda: a veces, para entender los grandes procesos, hay que aprender a mirar lo pequeño.

En un mundo donde abundan los discursos complejos, este relato nos recuerda que el conocimiento también puede surgir de observar un hormiguero, de hacer preguntas simples y de escuchar a quienes, muchas veces, no son considerados como portadores de saber.

Porque, como muestra este niño zapatista, entender el común no siempre pasa por grandes teorías, sino por aprender a vivir, compartir y sostener la vida en colectivo.

Pensar los bienes comunes desde abajo: aportes del relato zapatista

El cuento “El Condenado y las Hormigas” no solo ofrece una reflexión sobre el común en clave organizativa, sino que también aporta elementos fundamentales para repensar los bienes comunes más allá de las definiciones tradicionales.

En primer lugar, el texto sugiere que los bienes comunes no son simplemente recursos compartidos, sino relaciones sociales vivas. El común no está en la cosa —la tierra, el agua, el bosque—, sino en la forma en que las comunidades se organizan para cuidarlos, sostenerlos y reproducir la vida en torno a ellos. En este sentido, las hormigas no solo representan organización, sino una ética del cuidado colectivo que es central para cualquier proceso de defensa de los bienes comunes.

En segundo lugar, el relato desplaza la idea de que el conocimiento sobre los bienes comunes proviene de expertos o marcos técnicos. Por el contrario, muestra que ese conocimiento se construye desde la experiencia cotidiana, desde el vínculo con el territorio, desde la observación atenta y desde prácticas concretas de vida. El niño que aprende de las hormigas encarna esa posibilidad: comprender lo común desde la práctica, no desde la abstracción.

Asimismo, el texto pone en evidencia que los bienes comunes están profundamente atravesados por dimensiones afectivas y culturales. El amor, el desamor, el lenguaje y las relaciones comunitarias no son elementos secundarios, sino condiciones que influyen directamente en la posibilidad de sostener lo común. No hay gestión de bienes comunes sin vínculos, sin confianza y sin formas de relación que permitan la cooperación.

Por otra parte, el cuento invita a cuestionar las jerarquías del saber y del poder que muchas veces atraviesan las discusiones sobre bienes comunes. La capacidad del niño para explicar el común mejor que las autoridades revela que el conocimiento no está necesariamente donde se supone que debe estar. Esto abre la puerta a reconocer la importancia de saberes situados, comunitarios e incluso infantiles en la construcción de alternativas.

Finalmente, el relato reafirma que los bienes comunes no son estructuras estáticas, sino procesos en constante construcción. Así como el “común zapatista” cambia de forma y de nombre, también las formas de organizar la vida colectiva son dinámicas, adaptativas y abiertas. Pensar los bienes comunes implica, entonces, asumir su carácter inacabado y la necesidad de recrearlos continuamente.

Matriz de aportes conceptuales para pensar los bienes comunes
A continuación, se presenta una matriz que sintetiza algunos de los principales aportes del texto, útil para procesos de formación, análisis o investigación:

Eje conceptual

Aporte del texto

Implicaciones para pensar los bienes comunes

Claves para procesos formativos y organizativos

El común como práctica

El común no se enseña con discursos, se comprende desde la experiencia (las hormigas)

Los bienes comunes no son objetos, sino prácticas sociales

Promover aprendizajes desde la experiencia, no solo desde lo teórico

Organización colectiva

Las hormigas muestran cooperación, توزيع de tareas y respuesta ante crisis

La gestión de lo común requiere organización horizontal y corresponsabilidad

Fomentar estructuras flexibles, colectivas y adaptativas

Conocimiento situado

El niño aprende desde la observación, la familia y el territorio

El saber sobre lo común es local, encarnado y comunitario

Valorar saberes locales y procesos de sistematización

Crítica a la verticalidad

El discurso del SubMoy no logra transmitir el común

Las jerarquías del saber pueden limitar la comprensión colectiva

Construir espacios horizontales de aprendizaje

Infancia como sujeto político

El niño comprende y explica mejor que los adultos

Niñas y niños son actores en la construcción de lo común

Incluir activamente a la niñez en procesos organizativos

Dimensión afectiva

El amor y el desamor afectan la enseñanza y la organización

Lo común requiere vínculos, confianza y cuidado

Incorporar lo emocional en los procesos colectivos

Lenguaje e identidad

El nombre del niño genera exclusión pero también resignificación

El lenguaje construye realidades en torno a lo común

Cuidar las formas de nombrar y reconocer a las personas

Naturaleza como maestra

Las hormigas enseñan organización y cooperación

La naturaleza es fuente de conocimiento, no solo recurso

Integrar aprendizajes ecológicos en la formación política

El común como proceso

La estructura zapatista está en construcción constante

Los bienes comunes son dinámicos y cambiantes

Mantener apertura al cambio y a la recreación colectiva

*Imagenes tomadas de Radio Zapatista

Pueden descargar la infografía aquí

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Voces que se organizan para no ser invisibles

Este video nace de una voz colectiva: la de una comunidad que decidió organizarse porque sola nadie la escuchaba. En Calle Álvarez, las personas vecinas cuentan algo muy sencillo pero muy profundo: cuando se unen, tienen fuerza; cuando se organizan, dejan de ser un problema individual y se convierten en una demanda legítima de derechos.

Aquí se habla de vida digna sin palabras complicadas: poder salir cuando llueve, que una ambulancia pueda entrar, que los adultos mayores no queden aislados, que los niños puedan ir a la escuela, que la comunidad no tenga que resolver sola lo que debería ser un derecho. Pero también se habla de algo más grande: de solidaridad, de representación, de acompañarse cuando uno no puede y de entender que el barrio también es un hogar.

Ver este video es escuchar cómo la organización comunitaria no nace de la teoría, sino de la necesidad de vivir mejor. Y también es una invitación a preguntarnos: ¿qué cambia cuando una comunidad decide organizarse en lugar de resignarse?

Dale play, escuchá estas voces y compartilo.
Cuando el riesgo deja de ser excepción y se vuelve parte de la vida

En Calle Álvarez de Guatuso, las personas vecinas enfrentan un problema que se vuelve más grave cada vez que llueve. Las inundaciones afectan la movilidad, ponen en riesgo a personas adultas mayores, dificultan el ingreso de servicios básicos y convierten algo cotidiano —salir de la casa, trasladarse, vivir con tranquilidad— en una situación de incertidumbre constante.

A esto se suma el desinterés institucional para impulsar acciones que permitan prevenir o al menos sobrellevar estos riesgos. Por eso, lo que ocurre aquí no es solo un problema de infraestructura: es una realidad que obliga a la comunidad a organizarse para defender condiciones dignas para vivir.

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Cuando limpiar el río revela el problema: desafíos y aprendizajes de la jornada del 28 de marzo en Sarchí

El pasado sábado 28 de marzo, en el marco de la jornada anual de Acción por los Ríos, diversas organizaciones comunitarias, instituciones, estudiantes y personas voluntarias se reunieron en los potreros de Puax para una nueva jornada de limpieza y recuperación del río. Más que una actividad puntual, la jornada se convirtió nuevamente en un espacio de aprendizaje colectivo sobre el estado de los ríos y sobre la importancia de la organización comunitaria para defenderlos.

Desde tempranas horas de la mañana, más de 50 personas se sumaron al recorrido por el río, en una actividad que combinó trabajo colectivo, observación del territorio y diálogo entre comunidad, universidad e instituciones . En la jornada participaron el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote, el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Trojas, el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Colorado, la Municipalidad de Sarchí, la Universidad de Costa Rica a través del programa de Gestión Integral del Recurso Hídrico (GIRH UCR), la Cruz Roja, FUNDEMA-PP, la empresa Panduit, así como personas voluntarias y organizaciones comunitarias que se sumaron a la actividad. La limpieza permitió retirar una importante cantidad de residuos, pero también dejó en evidencia una realidad que va mucho más allá de la basura visible.

Lo que el río nos está diciendo

Durante la jornada se recolectaron alrededor de 635 kilogramos de residuos acumulados en el río y sus alrededores. Sin embargo, el dato más importante no es solo la cantidad recolectada, sino lo que esa cantidad permite comprender.

A lo largo del recorrido se identificaron residuos domésticos, envases asociados a agroquímicos y zonas donde el olor evidenciaba posibles vertidos de aguas negras y grises directamente al río. Esto confirma que el problema no se limita a la basura visible, sino que responde a una forma de uso del territorio que sigue deteriorando los ecosistemas y afectando la calidad del agua. A esto se suma la presión urbanística que están sufriendo los ríos en la zona. En el caso del río Trojas, en los sectores donde se realizó el trabajo, el recorrido mostró cómo en muchos tramos el río colinda directamente con residencias a lo largo de prácticamente todo el trayecto intervenido, lo que evidencia un crecimiento urbano que se acerca cada vez más a las riberas.

Las jornadas de limpieza permiten retirar residuos, pero también permiten leer el río. Permiten entender qué tipo de actividades están impactando el territorio, qué problemas se están acumulando y qué aspectos siguen sin resolverse desde las políticas públicas. En ese sentido, el río deja de ser solamente un espacio físico y se convierte en una señal de alerta sobre el estado ambiental de los cantones de Occidente.

Limpiar el río no resuelve el problema estructural, pero sí lo vuelve visible. Y hacer visible el problema es hoy una de las formas más importantes de educación ambiental y de acción comunitaria.

Un río que vuelve a unir a las personas

Uno de los elementos más valiosos de la jornada fue la participación de personas provenientes de distintos cantones y organizaciones. La actividad reunió a comunidad organizada, estudiantes, docentes universitarios, voluntariado y representantes institucionales, lo que demuestra que la defensa de los ríos no puede ser una tarea aislada.

Estos espacios permiten algo que muchas veces se pierde: volver a encontrarse. Después de años en los que muchas dinámicas comunitarias se debilitaron, las jornadas de limpieza se están convirtiendo en espacios donde las personas se reconocen, dialogan y construyen vínculos a partir del cuidado del territorio .

En ese sentido, el río no solo conecta territorios, también conecta personas. Y ese vínculo es clave para cualquier proceso de defensa ambiental.

Más que limpiar: fortalecer la articulación

La jornada del 28 de marzo también confirmó algo que se ha venido construyendo en los últimos años: la defensa de los ríos solo es posible cuando se articulan comunidad, organizaciones sociales, voluntariado, universidad e instituciones públicas.

La participación de más de 50 personas demuestra que estas jornadas no son únicamente actividades ambientales, sino espacios de aprendizaje colectivo y de organización comunitaria . En el recorrido no solo se recogieron residuos, también se compartieron experiencias, se intercambiaron preocupaciones y se fortalecieron vínculos entre quienes están trabajando en distintos territorios por la defensa del agua.

La presencia de la Universidad de Costa Rica, junto con organizaciones comunitarias, observatorios ciudadanos del agua, la Municipalidad de Sarchí, la Cruz Roja, FUNDEMA-PP, GIRH UCR y la empresa Panduit demuestra que estos procesos no dependen únicamente del voluntariado, sino de una articulación más amplia que combina conocimiento académico, organización comunitaria y acción territorial. Cada jornada fortalece esa red, y esa red es precisamente lo que permite que estas acciones tengan continuidad.

Por eso, limpiar el río también es organizarse. También es aprender juntos. También es construir una forma distinta de relacionarnos con el territorio.

Desafíos que van más allá de la limpieza

La jornada del 28 de marzo también permite comprender que el trabajo de las organizaciones no termina cuando finaliza la limpieza del río. Al contrario, ahí empieza una parte aún más compleja: la incidencia y el seguimiento.

Uno de los principales desafíos es lograr un mayor monitoreo por parte de las instituciones responsables. Las jornadas permiten visibilizar el problema, pero es necesario que exista seguimiento en temas como vertidos de aguas residuales, uso de agroquímicos, protección de las riberas y control de actividades que siguen afectando los ríos. Sin ese acompañamiento institucional, el esfuerzo comunitario corre el riesgo de repetirse sin lograr cambios estructurales.

Otro desafío central es la educación ambiental. Muchas de las situaciones que se encuentran durante las limpiezas no responden únicamente a decisiones individuales, sino a prácticas que se han normalizado durante años. Por eso, recuperar los ríos también implica generar procesos educativos sostenidos en escuelas, colegios, comunidades y organizaciones, que permitan comprender por qué los ríos son fundamentales para la vida y por qué su cuidado no puede depender únicamente del voluntariado.

A esto se suma la necesidad de fortalecer la organización comunitaria. Las jornadas de limpieza muestran que existe voluntad de participar, pero también evidencian que el trabajo necesita continuidad, articulación y espacios donde las personas puedan seguir involucrándose más allá de una actividad puntual.

Finalmente, el desafío más grande es pasar de la reacción a la prevención. Limpiar es necesario, pero evitar que los ríos sigan contaminándose es todavía más urgente. Eso implica políticas públicas más efectivas, mayor responsabilidad institucional y una participación comunitaria que no se limite únicamente a las jornadas de limpieza, sino que también se exprese en procesos de organización, incidencia y defensa del territorio.

La próxima jornada será en Los Chorros

El proceso continúa. La próxima jornada de limpieza y acción comunitaria se realizará el sábado 11 de abril en el sector de Los Chorros. La invitación es abierta a todas las personas, organizaciones e instituciones que quieran sumarse a la defensa de los ríos y al fortalecimiento del trabajo comunitario.

Cuando los ríos dejan de ser espacios para disfrutar

La jornada del 28 de marzo deja también una reflexión necesaria. Durante muchos años, los ríos fueron espacios de encuentro para jugar, bañarse, caminar y compartir en comunidad. Eran parte de la vida cotidiana de los barrios y de las familias.

Hoy, en muchos cantones, esa realidad está cambiando. Los ríos están dejando de ser espacios para el disfrute y están pasando a ser lugares donde las personas se reúnen para limpiar, denunciar y tratar de recuperar lo que poco a poco se ha ido perdiendo.

Que las comunidades se organicen para defenderlos es una señal de esperanza. Pero que tengamos que hacerlo cada vez con más frecuencia también es una señal de alerta.

Cada jornada de limpieza muestra que el problema no es puntual ni reciente. Es el resultado de muchos años de abandono, de decisiones que priorizaron otros intereses sobre el cuidado del agua y de políticas que no lograron proteger los ríos como espacios de vida.

Por eso, estas jornadas no pueden verse solo como actividades ambientales. Son también espacios de educación, de organización y de defensa del territorio. Son una forma de decir que los ríos todavía pueden recuperarse, pero que eso solo será posible si las comunidades siguen organizándose para cuidarlos.

Galería

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Romero frente al poder: ética, política y pedagogía desde el pueblo y el desafío de la instrumentalización de su memoria

Esta reflexión nace a partir del encuentro con una selección de homilías de Monseñor Romero reunidas por James R. Brockman. No se trata de un libro escrito como tratado teológico o político, sino de la palabra hablada de un obispo que predicaba semana tras semana en medio de la violencia, la pobreza y la represión que vivía el pueblo salvadoreño.

Por eso, más que analizar un libro, lo que esta nota busca es reflexionar sobre el legado que esa palabra deja hoy para el pensamiento y la práctica latinoamericana y caribeña, especialmente en tres dimensiones que en Romero aparecen profundamente unidas: la ética, la política y la pedagogía. Pueden descargar el libro aquí.

La ética de Romero: el amor como fuerza histórica

Uno de los elementos más radicales del pensamiento de Romero es que el amor no aparece como una actitud individual ni como una idea religiosa abstracta. Aparece como una fuerza histórica.

Desde el inicio del texto queda claro que cuando habla de la “violencia del amor” no está hablando de un símbolo espiritual, sino de una forma de enfrentar la desigualdad sin reproducir el odio. El amor del que habla es el que se opone a las injusticias concretas y que busca transformar la historia.

Esto resulta profundamente relevante para América Latina y el Caribe. En contextos donde la violencia estructural sigue marcando la vida de millones de personas —violencia económica, territorial, ambiental, racial y política— Romero no propone una ética neutral, sino una ética situada: una ética que parte del sufrimiento del pueblo.

Y eso cambia completamente el sentido del amor. Ya no es un sentimiento. Es una forma de compromiso con la dignidad humana.

La política de Romero: la palabra que denuncia y que construye

Otro elemento fundamental es que la palabra de Romero nunca se separa de la historia concreta. En el prefacio se recuerda que durante tres años su voz resonó por todo El Salvador denunciando asesinatos, torturas y abusos, pero al mismo tiempo llamando a construir una sociedad más justa.

Esto convierte su pensamiento en profundamente político, pero no en el sentido partidario, sino en el sentido más profundo de la política: la defensa de la vida.

Romero entiende que la fe no puede ser neutral frente a la injusticia. Por eso insiste una y otra vez en que la palabra de Dios no puede separarse de la realidad histórica en la que se pronuncia.

Esto tiene una enorme vigencia hoy para América Latina y el Caribe. La defensa de los territorios, la lucha por los derechos humanos, la justicia ambiental, la defensa de los pueblos indígenas y la organización comunitaria son hoy espacios donde su pensamiento sigue teniendo una enorme fuerza.

Su legado no pertenece al pasado. Pertenece a las luchas del presente.

La pedagogía de Romero: aprender desde el pueblo

Uno de los aspectos menos mencionados, pero más profundos, del legado de Romero es su dimensión pedagógica.

El texto deja claro que su fuerza no estaba en redactar discursos sofisticados, sino en hablar directamente desde la vida del pueblo, especialmente desde la experiencia de los pobres, cuyo sufrimiento —dice el propio libro— “toca el corazón mismo de Dios”.

Eso significa que Romero no enseñaba desde arriba. Enseñaba desde la realidad.

Su palabra no buscaba obediencia, sino conciencia. No buscaba seguidores, sino compromiso. No buscaba respuestas fáciles, sino personas capaces de comprender su propia realidad histórica.

Por eso su legado se conecta directamente con la educación popular latinoamericana. Su forma de predicar no era solo religiosa. Era profundamente pedagógica.

Ética, política y pedagogía: una propuesta latinoamericana y caribeña

Quizás el aporte más importante de Romero es que no separa dimensiones que muchas veces se analizan por separado:

  • -la ética como compromiso con la vida digna,
  • -la política como defensa del pueblo,
  • -y la educación como proceso de conciencia histórica.

En sus homilías aparece constantemente la idea de que la palabra solo tiene sentido si se encarna en la historia. No basta con creer. Es necesario actuar. No basta con denunciar. Es necesario construir alternativas.

Esto convierte su legado en profundamente latinoamericano y caribeño. No es un pensamiento abstracto. Es un pensamiento nacido desde la desigualdad, desde la represión, desde la pobreza y desde la esperanza.

El aporte teórico-práctico desde espacios no académicos

Uno de los aportes más profundos de Romero es que su pensamiento no nace en la academia, pero tiene una enorme fuerza teórica.

Sus homilías no fueron escritas para ser libros. Fueron pronunciadas en una catedral llena de personas pobres, transmitidas por radio a comunidades campesinas y escuchadas por personas que no tenían acceso a espacios académicos.

Y sin embargo, en esa palabra aparecen ideas profundamente teóricas:

  • -la relación entre fe e historia,
  • -la crítica a las estructuras injustas,
  • -la opción preferencial por los pobres,
  • -la idea de que la palabra debe denunciar y anunciar al mismo tiempo,
  • -y la convicción de que la liberación no es solo espiritual, sino también histórica.

Esto tiene una enorme importancia para América Latina y el Caribe. Porque demuestra que el pensamiento crítico no nace únicamente en universidades o centros de investigación. También nace en las comunidades, en las iglesias de barrio, en los territorios campesinos, en los espacios de organización popular.

Romero no solo fue un líder religioso. Fue también un productor de pensamiento crítico desde el pueblo.

Un legado para el presente latinoamericano y caribeño

Hoy, cuando en muchos territorios de América Latina y el Caribe se criminaliza a quienes defienden la tierra, cuando las desigualdades siguen creciendo y cuando muchas comunidades viven situaciones de abandono, la palabra de Romero sigue siendo profundamente actual.

Su legado no consiste solo en su testimonio personal. Consiste en una forma de pensar y actuar:

  • -una ética que nace del sufrimiento del pueblo,
  • -una política que defiende la vida,
  • -y una pedagogía que construye conciencia colectiva.

Por eso su palabra no pertenece solo a la historia. Pertenece al presente.

La memoria de Monseñor Romero y su instrumentalización política en el presente salvadoreño

Uno de los problemas más complejos cuando una figura como Monseñor Romero se vuelve símbolo nacional es que su memoria deja de ser únicamente memoria histórica y comienza a ser utilizada políticamente. El riesgo no es nuevo: el propio prólogo del libro recuerda que sus palabras estaban dirigidas “a gente de la izquierda y gente de la derecha, a gente del gobierno y del ejército, a los oprimidos y a sus opresores”.

Eso significa que Romero nunca habló para legitimar un poder, sino para cuestionarlo.

Sin embargo, en el contexto actual de El Salvador, su figura aparece muchas veces reducida a una imagen moral neutra: un símbolo de unidad nacional, un mártir sin conflicto, un santo desligado de la denuncia estructural que marcó toda su palabra. El problema no es que el Estado reconozca su figura; el problema aparece cuando se separa su memoria de aquello que fue central en su vida: la denuncia del poder cuando ese poder produce sufrimiento.

El propio libro insiste en algo muy claro: la palabra de Romero no podía separarse de la historia concreta. Él mismo lo decía con claridad: no se puede “segregar la palabra de Dios de la realidad histórica en que se pronuncia”, porque esa palabra existe para “repudiar, iluminar y contrastar lo que se está haciendo hoy en la sociedad”.

Cuando su memoria se utiliza sin esa dimensión crítica, deja de ser memoria y se convierte en símbolo vacío.

Esto plantea una pregunta incómoda pero necesaria para América Latina y el Caribe: ¿qué ocurre cuando un gobierno honra a Romero como figura moral, pero evita su crítica al poder, su defensa radical de los pobres y su llamado a transformar las estructuras injustas?

En ese momento, la memoria deja de incomodar. Y cuando la memoria deja de incomodar, deja de ser memoria viva.

Un diálogo imposible (pero necesario) entre Óscar Arnulfo Romero y Nayib Bukele

Una tarde cualquiera, en algún lugar de El Salvador donde todavía resuena la voz de las homilías, alguien le pregunta a Monseñor:

—Monseñor, ¿qué le diría usted al presidente si pudiera hablar con él hoy?

Romero guarda silencio un momento. Y luego responde:

Romero: Señor presidente, he escuchado que usted habla mucho de orden. Y el orden puede ser algo bueno. Pero dígame algo con sinceridad: ¿el orden está sirviendo al pueblo… o el pueblo está sirviendo al orden?

Bukele: Monseñor, el país necesitaba mano firme. La gente quiere seguridad.

Romero: La seguridad es un derecho. Pero también lo es la dignidad. Y cuando el poder habla más de control que de justicia, el pueblo empieza a tener miedo… no solo de los delincuentes, sino también del propio Estado.

Bukele: Pero ahora el mundo habla bien de El Salvador.

Romero (sonríe un poco): El mundo también hablaba bien de muchos gobiernos cuando yo estaba vivo. El problema no es lo que dice el mundo. El problema es lo que siente el pobre cuando se acuesta por la noche.

Pausa. Como si la homilía estuviera empezando de verdad.

Romero: Le voy a hacer una pregunta sencilla: ¿usted gobierna para el aplauso o para la justicia?

Bukele: Gobierno para transformar el país.

Romero: Transformar un país no es solo cambiar las cifras. Es cambiar la vida de la gente sin quitarle la libertad. Porque un país puede verse ordenado por fuera… y estar lleno de miedo por dentro.

La gente que escucha empieza a entender que no es una discusión política. Es una discusión moral.

Bukele: Monseñor, hoy el pueblo me apoya.

Romero: El pueblo también apoyó muchas cosas que después le hicieron daño. El apoyo no siempre es verdad. A veces es cansancio, a veces es miedo, a veces es desesperación.

Bukele: Entonces, ¿qué quiere que haga?

Romero: Algo muy difícil: gobernar sin olvidar que el poder no es suyo. El poder es prestado por el pueblo. Y lo más peligroso que le puede pasar a un gobernante es empezar a creer que él es el salvador.

Silencio otra vez.

Romero (más suave): Yo no estoy en contra de usted. Estoy en contra de todo poder que deja de escuchar al pobre. Y eso le puede pasar a cualquier gobierno: de derecha, de izquierda o de moda en redes sociales.

Bukele: ¿Y qué cree usted que va a quedar al final?

Romero: Siempre queda lo mismo: o queda el miedo… o queda la dignidad del pueblo. Y la historia es dura con quienes eligieron el miedo.

Y entonces alguien le pregunta a Monseñor:

—¿Y usted cree que todavía lo escucharían?

Romero responde sin dudar:

—Si no me escuchan, no importa. Lo importante es que el pueblo vuelva a escucharse a sí mismo.

Compartimos esta infografía para seguir problematizando

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Limpiar el río no es suficiente, pero sí necesario: voluntariado, conciencia ambiental y defensa de los bienes comunes

En este video compartimos los testimonios de Hammer Salazar, presidente de la Fundación para el Desarrollo Ecológico y el Medio Ambiente de Grecia, y Kevin Ibarra, integrante del Club LEO, quienes participaron en la jornada de limpieza realizada el 14 de marzo en el sector de Calle Flores y la entrada a Calle Quesada, como parte del Día Internacional de Acción por los Ríos.

A través de sus palabras se pone en evidencia que estas actividades no son únicamente jornadas de limpieza, sino también espacios de encuentro comunitario, sensibilización y acción colectiva en defensa de los ríos y los espacios públicos.

Entre las ideas principales que destacan en el video:

  • -La importancia del voluntariado como forma concreta de generar conciencia ambiental, especialmente entre las personas jóvenes.
  • -La preocupación por la presencia de basureros informales o clandestinos, que continúan afectando los ríos, la vida silvestre y la calidad de vida de las comunidades.
  • -El valor de la participación de organizaciones sociales, instituciones públicas y sector privado, que permite fortalecer este tipo de iniciativas.
  • -La necesidad de asumir una responsabilidad colectiva en el manejo de los residuos, tanto desde las prácticas individuales como desde las instituciones.
  • -La idea de que, aunque estas acciones puedan parecer pequeñas, toda acción suma y genera cambios en la conciencia comunitaria.

Los testimonios también resaltan que estas jornadas permiten recuperar el sentido de comunidad y abrir espacios donde las personas se encuentren para realizar acciones positivas en el territorio. En ese sentido, el voluntariado no solo aporta al cuidado del ambiente, sino que también fortalece los vínculos sociales y promueve una cultura de corresponsabilidad frente a los bienes comunes.

Este video busca visibilizar que la defensa de los ríos no depende únicamente de grandes proyectos, sino también de acciones colectivas que nacen desde las comunidades y que se sostienen gracias al compromiso de quienes deciden involucrarse.

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La dictadura argentina no terminó en 1983: por qué la memoria sigue siendo una tarea del presente

Esta reflexión se elaboró a partir de los documentos Memoria, verdad y justicia: cuadernillo para la promoción de los derechos humanos (descargue aquí) y No violencia activa: manual crítico (descargue aquí). Ambos materiales se ponen a disposición de las personas lectoras para su descarga y consulta, con el fin de seguir profundizando en la memoria colectiva, la defensa de los derechos humanos y las formas de acción no violenta en el presente.

A 50 años del golpe: una provocación necesaria

Cincuenta años no son solo una cifra. Son una pregunta incómoda.
¿Qué significa recordar una dictadura medio siglo después? ¿Qué dice de nuestro presente que todavía sea necesario explicar por qué no se debe olvidar?

Cada 24 de marzo no se recuerda solo una fecha. Se recuerda una advertencia histórica. Se recuerda lo que puede ocurrir cuando el poder del Estado se transforma en una maquinaria de violencia y cuando una sociedad deja de preguntarse qué está pasando frente a sus ojos.

El cuadernillo Memoria, Verdad y Justicia lo dice con claridad: el Día Nacional de la Memoria no existe únicamente para conmemorar la dictadura argentina, sino para ejercitar la memoria como un acto colectivo de reflexión y conciencia sobre las consecuencias económicas, sociales, políticas y culturales de la dictadura. Es decir, la memoria no es solo recordar hechos, sino comprender lo que esos hechos significaron para toda una sociedad.

El golpe del 24 de marzo de 1976 no fue un hecho aislado ni una ruptura inesperada. Formó parte de una historia marcada por intervenciones militares, pero al mismo tiempo significó algo distinto: una violencia sistemática y organizada para transformar la sociedad desde el miedo. La represión no fue solo política. También fue económica y social: el terror fue utilizado para disciplinar a la población y desarticular a quienes defendían derechos laborales, sociales y democráticos.

Por eso recordar no es un acto simbólico. Es una forma de comprender cómo se construye el autoritarismo y cómo se puede volver a repetir cuando se normaliza la violencia estatal.

Y justamente ahí está la provocación de estos 50 años.
No se trata solo de mirar lo que pasó en 1976. Se trata de preguntarnos qué estamos normalizando hoy. Qué discursos vuelven a justificar la violencia. Qué formas de silencio vuelven a aparecer. Qué miedos vuelven a instalarse.

Porque el problema no es que hayan pasado 50 años.
El problema sería que 50 años después dejáramos de hacernos estas preguntas.

Recordar la dictadura no es un gesto hacia el pasado.
Es una decisión sobre el presente.

La memoria no es del pasado: es una forma de actuar hoy

Uno de los aspectos más importantes del cuadernillo es que no presenta la memoria como algo cerrado. La memoria es un proceso en construcción permanente, sostenido por la sociedad. No nació desde el poder, nació desde la lucha de las personas.

La historia de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo lo demuestra con claridad. No fue el Estado el que impulsó la memoria. Fueron las familias que se negaron a aceptar el silencio. Fueron mujeres que comenzaron a reunirse en medio del miedo para exigir respuestas, y que transformaron el dolor en organización colectiva .

Recordar la dictadura, entonces, no es solo recordar el sufrimiento. Es reconocer que la memoria también es una forma de resistencia. Gracias a esa lucha persistente hoy existen juicios, políticas de reparación, sitios de memoria y procesos de restitución de identidad que siguen abiertos porque la memoria no se cerró cuando terminó la dictadura .

Esto cambia completamente la pregunta. No se trata solo de qué pasó en 1976. La pregunta es qué significa hoy defender la democracia cuando todavía existen retrocesos, discursos que justifican la violencia estatal o intentos de negar lo ocurrido.

Recordar también significa pensar cómo actuar

Aquí es donde el Manual crítico de no violencia activa aporta una dimensión fundamental. Recordar no es suficiente si no nos preguntamos cómo actuar frente a las injusticias actuales.

El manual plantea que la no violencia activa no es pasividad ni resignación. No significa aceptar la injusticia. Significa enfrentarla desde la acción colectiva, pero sin reproducir la misma lógica de violencia que se quiere superar . Es una propuesta que nace de experiencias reales de protesta social y defensa de derechos en América Latina, no de una teoría abstracta .

Además, el texto insiste en algo que muchas veces se olvida: la no violencia activa no evita el conflicto. Lo transforma. Se trata de construir formas de resistencia que puedan sostenerse en el tiempo, que no dependan de la fuerza, sino de la organización, la creatividad y la legitimidad social .

Por eso la memoria y la no violencia activa están profundamente conectadas. Las luchas por verdad y justicia no fueron luchas violentas. Fueron luchas persistentes, organizadas y profundamente políticas. Recordar esa experiencia también es aprender de ella.

La memoria como responsabilidad colectiva

El cuadernillo insiste en que la dictadura no solo produjo víctimas individuales. Produjo un daño colectivo. Miles de personas pasaron a formar parte de la categoría de “desaparecidos”, una forma de borrar a alguien incluso de la vida social . No era solo represión. Era una estrategia para que el miedo se volviera normal.

Por eso la memoria no es solo un homenaje. Es una responsabilidad. Porque olvidar no es neutral. Olvidar significa debilitar la capacidad de una sociedad para reconocer cuándo la violencia vuelve a aparecer.

El propio cuadernillo lo plantea con claridad: la memoria está directamente vinculada con la defensa de la democracia y con el compromiso ciudadano de evitar que esas violaciones vuelvan a ocurrir .

¿Qué significa actuar desde formas no violentas hoy?

Si la memoria es una tarea del presente, entonces también debe convertirse en acción. El manual de no violencia activa propone pensar la protesta social y la defensa de derechos como una práctica organizada, consciente y sostenida en el tiempo .

Algunas acciones no violentas que pueden ponerse en práctica hoy son:

Acciones de memoria activa

  • Recuperar historias locales que han sido olvidadas
  • Organizar espacios comunitarios de memoria y reflexión
  • Vincular a las personas jóvenes con la memoria histórica
  • Defender archivos, testimonios y procesos de verdad

Acciones de organización social

  • Construir espacios colectivos de participación
  • Promover debates públicos sobre derechos humanos
  • Acompañar luchas sociales desde la solidaridad activa
  • Crear redes comunitarias para defender derechos

Acciones de resistencia no violenta

  • Denunciar públicamente las injusticias
  • Utilizar la desobediencia civil cuando los derechos son vulnerados
  • Defender el derecho a la protesta social
  • Usar la creatividad, el arte y la comunicación como formas de resistencia

Acciones desde la educación

  • Trabajar la memoria histórica en espacios educativos
  • Promover el pensamiento crítico frente al autoritarismo
  • Cuestionar los discursos que normalizan la violencia
  • Convertir la memoria en una herramienta para defender la democracia
La memoria más allá del monumento

Muchas veces se piensa que recordar es construir un monumento, colocar una placa o conmemorar una fecha. Pero la memoria no puede quedarse solo en lo simbólico.

El propio proceso argentino demuestra que la memoria no es solo recuerdo. Es acción. Es lucha. Es organización. Gracias a esa memoria existen hoy sitios donde antes funcionaron centros de represión, procesos de justicia que siguen abiertos y personas que todavía buscan su identidad .

Por eso la memoria no debe quedarse en el pasado ni en los monumentos. Debe convertirse en una forma de mirar el presente.

Recordar no es repetir una historia.
Recordar es preguntarse qué estamos haciendo hoy frente a la injusticia.

Porque la memoria no sirve solo para entender lo que pasó.
Sirve para decidir qué sociedad queremos construir ahora.

La memoria colectiva como bien común social

Cuando se habla de memoria muchas veces se piensa en algo individual: lo que recuerda una persona, una familia o una generación. Pero la experiencia de la dictadura argentina demuestra algo mucho más profundo: la memoria también puede ser un bien común social.

La memoria colectiva no pertenece a una sola persona ni a una sola organización. Pertenece a toda la sociedad porque lo que ocurrió durante la dictadura no afectó solo a quienes fueron perseguidos directamente, sino a todo el tejido social. El miedo, el silencio y la violencia no se vivieron de forma aislada; transformaron la vida cotidiana, la participación política, las relaciones sociales y la manera en que una sociedad se entiende a sí misma.

Por eso la memoria no puede privatizarse ni reducirse a un recuerdo individual. Cuando una sociedad pierde su memoria colectiva, pierde también su capacidad de reconocer la injusticia cuando vuelve a aparecer. La memoria funciona entonces como un bien común: algo que se construye colectivamente, que debe cuidarse entre todas las personas y que permite defender derechos que no pertenecen solo al pasado, sino también al presente.

Aquí es donde la memoria se conecta directamente con la resistencia no violenta. Las luchas por verdad y justicia no fueron solo luchas de víctimas individuales. Fueron procesos colectivos que lograron sostenerse en el tiempo gracias a la organización social, la persistencia y la capacidad de transformar el dolor en acción. La memoria colectiva se convirtió así en una forma de resistencia: recordar fue también una manera de negarse a aceptar la violencia como algo normal.

Entender la memoria como un bien común cambia completamente la forma en que se la trabaja hoy. No se trata solo de conmemorar fechas o recordar hechos históricos. Se trata de crear espacios donde la memoria pueda compartirse, discutirse y mantenerse viva: en las comunidades, en los espacios educativos, en las organizaciones sociales y en las nuevas generaciones que no vivieron la dictadura, pero sí viven sus consecuencias.

Cuando la memoria se entiende como un bien común social, deja de ser un recuerdo del pasado y se convierte en una herramienta para cuidar la democracia, defender los derechos humanos y construir formas de acción colectiva que no reproduzcan la violencia que se quiere superar.

Porque la memoria no solo recuerda lo que pasó.
La memoria protege lo que todavía puede perderse.

Referencia:

Saavedra, Luis. Ángel. (2022). No violencia activa: Manual crítico (Serie Capacitación N.º 38). Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (INREDH).

Vannucchi, Edgardo. (2022). Memoria, verdad y justicia: Cuadernillo para la promoción de los derechos humanos (1.ª ed.). Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación.

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Memorias en movimiento: entre el vagón y el puente inicia un proceso comunitario para recuperar historias y territorios en Finca 5

El pasado 21 de marzo, el proyecto del Observatorio de Bienes Comunes y la Caja de Herramientas realizaron una visita a la comunidad de Finca 5 como parte del proceso de articulación territorial impulsado por la Vicerrectoría de Acción Social de la Universidad de Costa Rica, en el marco de la iniciativa Tejiendo Redes.

La visita tuvo como objetivo iniciar un proceso conjunto con la comunidad y la Asociación de Desarrollo para recuperar memorias locales desde una perspectiva participativa, creativa y comunitaria, entendiendo la memoria como un bien común que fortalece la identidad, el diálogo entre generaciones y el vínculo con el territorio.

Al mismo tiempo, este proceso también busca abrir un espacio para la recuperación del espacio público como parte de las memorias vivas de la comunidad. A través de acciones colectivas, se propone intervenir de manera participativa algún espacio público de la comunidad, no solo para recuperar su valor histórico y simbólico, sino también para devolverle a la comunidad un lugar de encuentro, cuidado y convivencia. En ese sentido, la memoria no se trabaja únicamente desde el relato, sino también desde la acción concreta sobre el territorio y su embellecimiento colectivo.

Un primer encuentro para activar la memoria colectiva

Durante la jornada se realizó una sesión de coordinación junto a personas de la comunidad, en la que se compartieron recuerdos, historias y experiencias vinculadas a uno de los símbolos más significativos del lugar: el puente del tren y el antiguo vagón.

La conversación permitió volver sobre memorias que forman parte de la vida cotidiana de Finca 5:

  • -Recuerdos de infancia vinculados al puente y al río
  • -Historias del paso del tren y su impacto en la vida comunitaria
  • -Fotografías antiguas, relatos familiares y recuerdos de personas mayores
  • -Cambios en el paisaje y en la forma de vivir el territorio
  • -La importancia del puente como símbolo e identidad del pueblo

Más que una reunión formal, la sesión fue pensada como un espacio para volver al presente las memorias desde el juego, la conversación y el reconocimiento mutuo entre quienes han vivido distintos momentos de la comunidad.

Memorias en movimiento: una propuesta construida con la comunidad

La visita también permitió compartir con la comunidad la propuesta “Memorias en movimiento: relatos y territorio en Finca 5”, un proceso participativo que busca recuperar la historia local desde una metodología creativa, lúdica y comunitaria.

La propuesta plantea:

  • -Trabajar la historia local mediante líneas del tiempo, mapas de memoria y relatos colectivos
  • -Recuperar historias de vida vinculadas al territorio
  • -Reflexionar sobre los cambios en el paisaje, el trabajo y la vida cotidiana
  • -Construir un producto creativo colectivo que exprese la memoria de la comunidad e intervenga un espacio público

Desde esta perspectiva, la memoria no se entiende como un ejercicio únicamente documental, sino como un proceso vivo que fortalece el sentido de pertenencia y la identidad comunitaria.

Tejer redes desde el territorio

La visita a Finca 5 forma parte del esfuerzo de articulación territorial que impulsa el Observatorio de Bienes Comunes junto con la Caja de Herramientas, apostando por procesos donde el conocimiento se construye desde las comunidades y no únicamente desde la academia.

El proceso apenas inicia, pero la jornada dejó algo claro: la memoria sigue viva en Finca 5 y existe un profundo interés comunitario por recuperarla, compartirla y proyectarla hacia el futuro.

Recuperar la memoria también es recuperar lo político

Lo que ocurrió el 21 de marzo en Finca 5 no fue únicamente una reunión para recordar el pasado. Fue, sobre todo, un primer paso para convertir la memoria en una práctica colectiva con sentido político en el presente.

La memoria no se limita a conmemorar hechos pasados. También puede convertirse en un espacio desde donde las comunidades vuelven a encontrarse, reconstruyen vínculos y vuelven a intervenir en la vida pública. Cuando una comunidad comparte recuerdos, reconstruye historias y vuelve a dialogar con los lugares que han marcado su historia, lo que ocurre no es solo un ejercicio de memoria: es también una forma de acción colectiva.

Desde esta perspectiva, un lugar de memoria no es únicamente un sitio donde ocurrieron hechos importantes, sino un espacio donde hoy se construyen sentidos comunes, se discute el pasado y se proyecta el futuro. La memoria deja de ser solamente un recuerdo para convertirse en una práctica viva que fortalece lo comunitario y abre posibilidades de participación.

Esto dialoga profundamente con lo vivido en Finca 5. Cuando la comunidad recuerda el puente del tren, el vagón, el río o las historias de infancia, no está solamente reconstruyendo el pasado: está reafirmando el territorio como un espacio común y fortaleciendo la identidad colectiva desde el presente. En muchos territorios, la memoria tiene la capacidad de volver a tejer relaciones que se han debilitado con el paso del tiempo o con los cambios en la vida comunitaria.

Por eso, el proceso que inicia en Finca 5 no es únicamente un trabajo de memoria local. Es también un proceso para recuperar espacios de encuentro, de diálogo entre generaciones y de construcción colectiva del territorio. En ese sentido, la memoria no mira solo hacia atrás: también ayuda a imaginar futuros posibles construidos desde la comunidad.

Pero además, esta memoria también tiene un impacto directo en el espacio público. Recordar el puente, el vagón o el río no solo fortalece la identidad comunitaria: también abre la posibilidad de recuperar, cuidar y resignificar estos espacios como lugares vivos de encuentro. La memoria, en este caso, no se queda en el relato; se convierte en una forma de volver a habitar el territorio y de reconstruir colectivamente los espacios que forman parte de la historia y del presente de la comunidad.

Memoria, creatividad y trabajo colectivo: un proceso que también se construye desde la alegría

La jornada también dejó algo importante que no siempre aparece en los documentos: la memoria no se construye únicamente desde la nostalgia o la pérdida. También se construye desde el encuentro, la creatividad y el trabajo colectivo.

El proceso que inicia en Finca 5 apuesta por una forma distinta de construir memoria: una memoria dialogada, donde cada persona aporta desde su experiencia, sus recuerdos y su forma de vivir el territorio. No se trata de que alguien llegue a “recoger historias”, sino de construirlas colectivamente desde la conversación, el juego y la creatividad.

En ese sentido, la memoria se convierte en un presente que nos permite problematizar el futuro. Recordar el puente, el tren o el río no es solo mirar hacia atrás, sino preguntarnos qué queremos que siga vivo como comunidad y qué futuro queremos construir desde el territorio.

Pero al mismo tiempo, la jornada también dejó algo profundamente humano: la memoria como espacio de alegría y ternura. Recordar la infancia, las historias compartidas y los lugares que han marcado la vida de la comunidad no solo fortalece la identidad colectiva, también nos recuerda que la memoria puede ser un lugar donde el territorio vuelve a sentirse cercano, vivo y compartido.

Cuando la articulación hace posible el encuentro

Desde el Observatorio de Bienes Comunes y la Caja de Herramientas queremos agradecer de manera especial a Daniela Miranda, de la iniciativa Tejiendo Redes de la Vicerrectoría de Acción Social de la Universidad de Costa Rica, por su trabajo de articulación y acompañamiento, que hizo posible iniciar este proceso junto a la comunidad de Finca 5.

Su compromiso, cercanía y disposición para tejer vínculos han sido fundamentales para que este primer paso se convirtiera en un proceso colectivo que hoy empieza a caminar desde el territorio.

Galería

Referencia:

Guglielmucci, Ana, y López, Loreto. (2019). Restituir lo político: Los lugares de la memoria en Argentina, Chile y Colombia. Kamchatka. Revista de análisis cultural, (13), 31–57. https://doi.org/10.7203/KAM.13.12409

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Vivir bajo amenaza permanente: lo que revelan las voces de Calle Álvarez

En la comunidad de Calle Álvarez, en San Rafael de Guatuso, las personas no hablan únicamente de inundaciones. Hablan de miedo, de limitaciones cotidianas y de una amenaza constante que ha terminado por marcar la forma en que viven, se movilizan y proyectan su futuro.

Los testimonios recogidos recientemente permiten entender algo fundamental: lo que enfrenta la comunidad no es solo un problema natural. Es una situación de vulnerabilidad que se ha ido construyendo con el tiempo, a partir de decisiones institucionales, falta de inversión pública y ausencia de planificación territorial.

Como expresan testimonios de personas vecinas de Calle Álvarez, el problema no se vive únicamente cuando el río crece, sino todos los días:

“Uno vive con la preocupación de que en cualquier momento vuelve a pasar lo mismo.”
Pedro Martínez (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Una comunidad que quiere quedarse

Las personas que viven en Calle Álvarez no están pensando en irse. Al contrario, muchos vecinos y vecinas nacieron allí, crecieron allí o tienen más de 20 y 30 años de vivir en el barrio. Hablan de un lugar tranquilo, solidario, donde las personas se conocen y se ayudan.

Sin embargo, esa vida comunitaria convive con una preocupación constante: cada vez que el río crece, el barrio puede quedar aislado.

“El problema serio que tenemos ahorita es que tenemos, cuando el río llena, cuando el río se inunda, no tenemos salida para ningún lado.”
Pedro Martínez Alexander Romero (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Esta contradicción marca la vida cotidiana: una comunidad con arraigo, pero sin condiciones mínimas para vivir con tranquilidad.

Las limitaciones que se vuelven parte de la vida diaria

Los testimonios no se quedan en una descripción general del problema. Muestran cómo la situación termina afectando directamente las condiciones de vida:

-dificultad para salir del barrio cuando llueve fuerte,
-miedo a quedar incomunicados en una emergencia médica,
-personas adultas mayores que prácticamente no pueden movilizarse,
-viviendas expuestas a cada temporada de lluvias,
-incertidumbre permanente sobre el futuro del barrio.

“Si alguien se enferma cuando el río crece, ¿cómo sale? Eso es lo que más miedo da.”
(Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

“Pero por esto de las inundaciones, que es una situación que nos ha afectado…es una incertidumbre, un miedo que tenemos siempre cada vez que llueve.”
Rosa Duarte (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Esto no es solo un problema de infraestructura. Es una limitación real al derecho a vivir con seguridad, movilidad y tranquilidad.

La amenaza no es solo el río

Con frecuencia, las inundaciones se explican únicamente por la cercanía con el río. Sin embargo, los testimonios muestran que la amenaza se vuelve más grave cuando las instituciones no actúan.

Las personas señalan que cuando llegaron al barrio no sabían que el problema era tan serio. Con los años han visto cómo la situación no mejora, cómo se siguen tomando decisiones sin considerar a la comunidad y cómo la respuesta institucional se reduce a excusas o silencios.

“Todo está abandonado, no se ha hecho nada y lo que se hace es como más bien tratar de tapar la luna con un dedo.” Rosa Duarte (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

La amenaza, entonces, deja de ser solo natural y se convierte en una amenaza social: la sensación de que el problema existe, pero nadie lo asume como una prioridad.

Leer Calle Álvarez desde la gestión del riesgo

La situación que vive la comunidad también puede entenderse desde los enfoques actuales de gestión del riesgo, que plantean algo clave: los desastres no se explican solo por fenómenos naturales, sino por las condiciones de vulnerabilidad que se van acumulando en el tiempo.

Desde esta perspectiva, lo que ocurre en Calle Álvarez no es únicamente el efecto de las crecidas del río, sino el resultado de varios factores:

-falta de inversión en infraestructura básica,
-ausencia de planificación territorial coherente,
-decisiones que permiten construir en zonas vulnerables,
-y falta de estudios técnicos claros que orienten las decisiones públicas.

Esto significa que el riesgo no nace solo del territorio; también se produce en la forma en que se toman —o se evitan— ciertas decisiones institucionales.

La comunidad no es solo víctima

Otro elemento fundamental de los enfoques contemporáneos de gestión del riesgo es reconocer que las comunidades no son únicamente “víctimas”, sino actores con conocimiento y capacidad para comprender su territorio y proponer soluciones.

Los testimonios recogidos en Calle Álvarez muestran precisamente eso. Las personas no solo describen los problemas; también plantean preguntas clave: dónde están los estudios técnicos, por qué se aplican criterios distintos en barrios cercanos y por qué una comunidad ubicada a pocos metros del centro del cantón sigue enfrentando condiciones de vulnerabilidad.

Pero además, los testimonios muestran algo todavía más importante: la comunidad no enfrenta la situación sola. Las personas se apoyan entre sí, se avisan cuando el río empieza a crecer, ayudan a quienes tienen más dificultades para movilizarse y se organizan para enfrentar las situaciones más difíciles.

“Aquí cuando pasa algo, los vecinos son los primeros que ayudan.”
Alexander Romero (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

“Uno no está solo. Siempre hay alguien que avisa, alguien que ayuda, alguien que está pendiente.”
Yadir  Cruz (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Este apoyo mutuo no aparece en los discursos institucionales, pero es lo que permite que muchas personas puedan enfrentar la situación cada vez que el río crece.

“Si no fuera por los vecinos, esto sería todavía más difícil.”
Pedro Martínez (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Esto cambia completamente la forma de entender lo que ocurre en Calle Álvarez. Las personas no solo se reconocen como afectadas; también han construido formas de organización cotidiana para protegerse y cuidarse mutuamente.

“Necesitamos que nos arreglen las condiciones, y lo único que nosotros pedimos es que nos arreglen la calle, que nos hagan bien el zanjo, ojalá con cunetas, y que se acuerden de nosotros que existimos acá.”
Anayanci Jirón (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

Estas preguntas y estas formas de colaboración muestran algo fundamental: la comunidad no está esperando pasivamente una solución. Está defendiendo su territorio y sosteniendo, desde la práctica, la posibilidad de una vida digna.

Cuando la vulnerabilidad se siente en el cuerpo

En Calle Álvarez, la desigualdad no es un concepto abstracto. Se siente en la vida cotidiana.

-Se siente en la preocupación cuando empieza a llover.
-Se siente en la incertidumbre sobre el futuro del barrio.
-Se siente en la frustración de ver que pasan los años sin soluciones reales.

“Uno solo quiere vivir tranquilo.”
Jessica Martínez (Testimonio de persona vecina de Calle Álvarez)

La vulnerabilidad no es solo un riesgo físico. Es una forma de vivir marcada por la inseguridad y la sensación de que la comunidad no está siendo escuchada.

El derecho a la vida digna no puede depender de la lluvia

Lo que ocurre en Calle Álvarez no debería ser normal. No debería ser normal que una comunidad quede aislada cada vez que llueve. No debería ser normal que una emergencia médica dependa de si el río crece o no. No debería ser normal que las personas vivan con miedo cada temporada de lluvias.

El derecho a una vida digna no se limita al acceso a vivienda. También implica condiciones básicas de seguridad, movilidad, acceso a servicios y reconocimiento por parte de las instituciones públicas.

Cuando una comunidad vive bajo amenaza permanente, cuando las decisiones públicas aumentan la vulnerabilidad en lugar de reducirla, cuando el abandono institucional se vuelve parte del paisaje, lo que está en juego no es solo una calle ni un barrio: es el derecho de las personas a vivir con dignidad.

Por eso este caso importa. Porque no habla solo de Calle Álvarez. Habla de cómo se toman las decisiones sobre el territorio, de quién es escuchado y de quién queda esperando respuestas que nunca llegan.

Y también recuerda algo fundamental: la vida digna no debería ser una aspiración; debería ser un derecho garantizado para todas las comunidades.

Referencias:

Observatorio de Bienes Comunes UCR (2026), Vivir entre inundaciones y excusas: testimonios desde Calle Álvarez, video publicado en YouTube.

Paradigmas ante situaciones de emergencia. Material de divulgación elaborado a partir de la sistematización de experiencias de atención a la emergencia y reconstrucción después del huracán Mitch en Centroamérica (Lent, García, Gómez-Hermosillo y Jara, Red de Educación Popular Alforja, 1999; actualización de Oscar Jara, 2010).

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Vivir entre inundaciones y excusas: testimonios desde Calle Álvarez

Compartimos este video como parte del seguimiento que realiza el Observatorio de Bienes Comunes al caso de Calle Álvarez, en San Rafael de Guatuso. A través de testimonios de vecinos y vecinas, el material muestra cómo el aislamiento que vive la comunidad cada vez que el río crece no es solo un problema natural, sino el resultado de decisiones públicas y de años de falta de inversión en infraestructura básica.

Las voces que aparecen en el video plantean preguntas que siguen sin respuesta: por qué se aplican criterios distintos en barrios cercanos, dónde están los estudios técnicos que deberían orientar las decisiones y por qué una comunidad ubicada a pocos metros del centro del cantón continúa enfrentando condiciones de vulnerabilidad.

Este material forma parte del trabajo de documentación y acompañamiento territorial del Observatorio, y se comparte también en memoria de Don Joaquín Cruz Jirón, vecino de Calle Álvarez.