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Entre el salmón y las mayorías populares ¿Puede una universidad distinta brindar como las élites?

La polémica por los gastos protocolarios de la Rectoría no se reduce a una discusión sobre facturas o cenas. Obliga a volver sobre una pregunta más profunda: ¿qué tipo de universidad expresa hoy la Universidad de Costa Rica? La reflexión de Ignacio Ellacuría ofrece un punto de partida para comprender que el verdadero debate no es administrativo, sino político y ético.

Más que una factura, una idea de universidad

La investigación publicada recientemente sobre los gastos protocolarios de la Rectoría de la Universidad de Costa Rica documentó más de cuarenta millones de colones destinados a alimentación, actividades de representación y encuentros con delegaciones nacionales e internacionales. Entre las facturas divulgadas aparecen cenas en restaurantes de alta cocina, consumo de vino y menús que incluyeron platillos como salmón, pulpo o corvina. La Rectoría respondió que estos gastos corresponden a actividades propias de la diplomacia universitaria y que permitieron atender a representantes de gobiernos, organismos de cooperación y centros internacionales de investigación vinculados con proyectos estratégicos para la institución.

La noticia provocó reacciones inmediatas. Para algunos, el problema radica en el monto de los recursos utilizados; para otros, en la legitimidad de financiar este tipo de encuentros con fondos públicos. Sin embargo, detener la discusión en la legalidad del gasto o en el precio de una cena supone dejar intacta la cuestión más importante.

Toda institución pública comunica una determinada concepción de sí misma mediante el uso de sus recursos. Las formas de representación nunca son neutras: expresan una cultura institucional, una escala de prioridades y una determinada comprensión del poder. En ese sentido, la controversia abierta por estas revelaciones constituye una oportunidad para volver sobre una pregunta formulada hace más de cuatro décadas por Ignacio Ellacuría: ¿puede existir una universidad distinta?

Lejos de ser una reflexión circunscrita al contexto salvadoreño de finales del siglo XX, el ensayo de Ellacuría sigue ofreciendo un criterio exigente para evaluar el sentido de las universidades públicas latinoamericanas. Su propuesta no parte de indicadores de excelencia académica ni de rankings internacionales. Parte de una interrogante más radical: ¿desde dónde piensa, actúa y se representa una universidad?

Primera tesis: el horizonte de la universidad son las mayorías populares

El primer desplazamiento que propone Ellacuría consiste en modificar el punto desde el cual se evalúa la institución universitaria. Una universidad no encuentra su legitimidad en el prestigio de sus alianzas, en la sofisticación de sus instalaciones o en la acumulación de reconocimientos internacionales. Su legitimidad depende de la relación que establece con la realidad histórica y, particularmente, con las grandes mayorías que experimentan las consecuencias de la desigualdad.

Esta afirmación altera profundamente la manera de comprender la gestión universitaria. Si las mayorías populares constituyen el horizonte ético de la institución, entonces todas sus decisiones —incluidas aquellas relacionadas con la representación protocolaria— deben poder justificarse desde ese criterio.

La Rectoría sostiene que las cenas protocolarias permitieron fortalecer vínculos con delegaciones que impulsan proyectos de cooperación científica y tecnológica. Esa explicación puede ser razonable. Sin embargo, la pregunta de Ellacuría permanece abierta: ¿de qué manera esas prácticas representan a una universidad cuya existencia se justifica por su compromiso con la sociedad costarricense en su conjunto y, especialmente, con quienes enfrentan mayores condiciones de exclusión? El problema no es la cooperación internacional; el problema es desde qué horizonte simbólico y político se ejerce esa cooperación.

Segunda tesis: la universidad también educa mediante sus símbolos

Una de las intuiciones más sugerentes del ensayo consiste en comprender que la universidad no transmite únicamente conocimientos. También produce cultura. Sus edificios, sus ceremonias, sus prioridades presupuestarias y sus formas de ejercer la autoridad enseñan tanto como las aulas.

Por eso Ellacuría advierte que incluso la utilización de los recursos materiales puede proyectar una imagen de distancia respecto de la población a la que la universidad afirma servir. Una institución puede proclamar su compromiso con la transformación social y, al mismo tiempo, construir símbolos que la aproximan culturalmente a los sectores privilegiados.

Leída desde esta perspectiva, la discusión sobre restaurantes, vino o cenas deja de ser anecdótica. No porque el menú constituya en sí mismo una falta ética, sino porque expresa una determinada forma de entender la representación institucional. La pregunta ya no es si una universidad puede recibir dignamente a una delegación extranjera; la pregunta es qué lenguaje simbólico decide utilizar para hacerlo y qué imagen proyecta de sí misma mediante esas decisiones.

Tercera tesis: la universidad no debe adaptarse a las lógicas del poder

Ellacuría sostenía que la universidad debía mantener una actitud beligerante frente a las estructuras de injusticia. La beligerancia no significaba agresividad ni confrontación permanente, sino la negativa a naturalizar las racionalidades dominantes cuando estas reproducen desigualdad o exclusión.

Esta idea adquiere especial relevancia en el contexto actual. La cooperación internacional constituye una dimensión imprescindible de la vida universitaria contemporánea. Pero existe una diferencia sustancial entre construir alianzas estratégicas y adoptar sin cuestionamiento los códigos culturales mediante los cuales las élites económicas, diplomáticas y políticas representan tradicionalmente el poder.

La diplomacia universitaria no tendría por qué reproducir exactamente las formas de la diplomacia estatal o empresarial. Una universidad pública posee la posibilidad —y quizá también la responsabilidad— de imaginar otras maneras de construir hospitalidad, reconocimiento y cooperación que resulten coherentes con el proyecto democrático y emancipador que dice encarnar.

Cuarta tesis: la coherencia institucional también es una forma de conocimiento

Ellacuría insistía en que la misión universitaria no podía agotarse en el discurso. La universidad debía objetivar sus principios en prácticas concretas, porque solo así el conocimiento adquiría fuerza histórica. Una institución incapaz de traducir sus valores en formas de organización, decisiones presupuestarias y estilos de gobierno terminaba debilitando la credibilidad de su propio proyecto.

La controversia abierta por la investigación periodística debería comprenderse precisamente desde esa perspectiva. No se trata de establecer un juicio moral sobre determinadas autoridades ni de reducir la discusión a una factura específica. Se trata de reconocer que las prácticas institucionales nunca son secundarias. La forma en que una universidad administra recursos públicos, recibe a sus invitados y representa su autoridad forma parte del proceso educativo que ofrece a la sociedad.

La vigencia de una pregunta incómoda

Quizá el mayor aporte de Ignacio Ellacuría consista en recordarnos que la pregunta por la universidad nunca puede resolverse definitivamente. Cada generación debe volver a examinar si las prácticas institucionales permanecen coherentes con la misión que la universidad dice asumir.

La polémica sobre los gastos protocolarios de la Universidad de Costa Rica no obliga únicamente a revisar reglamentos administrativos. Obliga a preguntarse si la cultura institucional que hoy se construye mantiene como referencia a las grandes mayorías populares o si, de manera casi imperceptible, ha comenzado a adoptar las formas de representación propias de aquellos espacios de poder que históricamente las universidades públicas estaban llamadas a interpelar críticamente.

Por eso el debate no termina cuando se explica una factura ni cuando se demuestra la legalidad de un gasto. Comienza precisamente ahí. Porque la pregunta formulada por Ellacuría sigue esperando una respuesta que no puede encontrarse en un informe financiero, sino en la coherencia cotidiana entre el proyecto universitario y las prácticas mediante las cuales ese proyecto se hace visible.

¿Puede existir una universidad distinta? Más de cuarenta años después, la respuesta continúa escribiéndose en cada decisión institucional.

Antes de discutir una factura o un protocolo, quizá convenga recuperar una pregunta más profunda. En ¿Puede una universidad distinta?, Ignacio Ellacuría nos invita a pensar si las universidades públicas representan verdaderamente a las mayorías populares o si terminan reproduciendo las lógicas del poder que dicen cuestionar. Una lectura que hoy resulta más vigente que nunca.

Pueden descargarlo aquí.

Referencia:

Vargas Calvo, Andrés. (2026). Rectoría de la UCR destinó más de ¢40 millones a alimentación, vino y actividades protocolarias. Diario Extra.

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Más que un festival: cuando una comunidad se encuentra para construir su futuro

La mañana de este domingo 5 de julio, la cancha de Piedades Sur de San Ramón volvió a llenarse de familias, emprendimientos, organizaciones y personas comprometidas con su territorio. Era la segunda edición del Festival del Felino, una iniciativa impulsada por Felinos en Libertad que, más allá de celebrar la riqueza de la fauna silvestre, volvió a demostrar el enorme potencial que tienen los espacios de encuentro para fortalecer la organización comunitaria.

A primera vista, un festival puede parecer simplemente una actividad recreativa. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento, revela algo mucho más profundo: detrás de cada puesto, cada conversación, cada presentación artística y cada actividad existe un proceso sostenido de organización, confianza, aprendizaje y trabajo colectivo que difícilmente sería visible sin un momento como este.

Los festivales no solo muestran lo que una comunidad hace. También permiten reconocer quiénes la conforman, qué capacidades ha desarrollado, qué alianzas ha construido y cuáles son los desafíos que todavía tiene por delante.

Un segundo festival también cuenta una historia

Realizar una segunda edición tiene un significado especial. No se trata únicamente de repetir una actividad que salió bien. Significa que un grupo de personas decidió sostener un proceso, darle continuidad a un esfuerzo colectivo y seguir creyendo que vale la pena encontrarse.

Los procesos comunitarios suelen medirse por los proyectos ejecutados, los recursos obtenidos o las metas alcanzadas. Sin embargo, también existen otros indicadores menos visibles, pero igual de importantes: la confianza construida entre vecinos y vecinas, la capacidad para organizarse, la aparición de nuevos liderazgos, el fortalecimiento de los emprendimientos locales o la articulación con otras organizaciones e instituciones.

En este sentido, el festival se convierte en una especie de pausa colectiva. Es el momento en que una comunidad puede mirar el camino recorrido, compartir lo que ha aprendido, reconocer el trabajo realizado durante el último año y renovar el compromiso con aquello que todavía falta por construir.

Cada nueva edición no solo celebra un aniversario. También narra la historia de una organización que ha logrado mantenerse viva gracias al compromiso de quienes continúan creyendo en la fuerza del trabajo colectivo.

El encuentro como una forma de construir comunidad

Vivimos en una época donde muchas veces compartimos un mismo territorio sin conocernos realmente. Habitamos los mismos barrios, transitamos las mismas calles y utilizamos los mismos espacios públicos, pero pocas veces encontramos oportunidades para conversar, reconocer a quienes viven cerca o imaginar proyectos comunes.

Por eso los espacios de encuentro tienen un enorme valor político y comunitario. Una cancha puede ser, durante la mayor parte del año, un lugar de paso o un espacio reservado para determinadas actividades. Sin embargo, un festival transforma temporalmente ese lugar y le otorga nuevos significados.

De pronto, ese espacio deja de ser únicamente un sitio de tránsito para convertirse en un lugar donde las personas permanecen. Donde niñas y niños juegan, las familias conversan, los emprendimientos locales muestran su trabajo, las organizaciones comparten sus iniciativas y quienes apenas se conocían tienen la oportunidad de intercambiar una palabra, descubrir intereses comunes o comenzar una nueva colaboración.

Es precisamente allí donde ocurre una de las transformaciones más importantes: el espacio físico también se convierte en un espacio de convivencia. Cuando las personas vuelven a habitar colectivamente los lugares públicos, esos espacios dejan de pertenecer únicamente a su infraestructura para convertirse en escenarios donde se fortalecen la confianza, el reconocimiento mutuo y el sentido de pertenencia.

En tiempos donde el aislamiento y la fragmentación social parecen ganar terreno, encontrarse también constituye una forma de cuidar los bienes comunes.

El festival como metodología para construir comunidad

Quizá uno de los mayores aportes de experiencias como esta consiste en recordarnos que un festival no es únicamente una celebración. También puede convertirse en una metodología de trabajo comunitario.

Con frecuencia asociamos la organización con reuniones, diagnósticos, planes de trabajo o largas jornadas de discusión. Todos estos espacios son importantes. Sin embargo, las comunidades también necesitan momentos para celebrar, compartir y disfrutar juntas.

La celebración no representa una pausa del trabajo comunitario; forma parte de él.

Celebrar permite reconocer el esfuerzo colectivo, agradecer a quienes han sostenido los procesos, fortalecer los vínculos entre personas y renovar las energías necesarias para continuar caminando. El disfrute también construye comunidad porque genera confianza, afecto y sentido de pertenencia.

Al mismo tiempo, un festival crea condiciones que difícilmente aparecen en otros espacios. Personas que nunca asistirían a una reunión comunitaria sí participan de una actividad cultural. Familias enteras se acercan, conversan con organizaciones locales, conocen emprendimientos, descubren iniciativas ambientales y comienzan a sentirse parte de un proyecto compartido.

En ese sentido, el festival deja de ser únicamente un evento para convertirse en una metodología que promueve el encuentro, el aprendizaje, la articulación y la participación.

Tal vez una de las preguntas más sugerentes que deja esta experiencia sea precisamente esa: ¿qué pasaría si más comunidades se atrevieran a pensar los festivales como una herramienta para fortalecer el tejido social?

No se trata únicamente de organizar una actividad anual. Se trata de crear espacios donde la comunidad pueda reconocerse, poner en común sus saberes, visibilizar sus capacidades, imaginar nuevas posibilidades y celebrar aquello que ha construido colectivamente.

Un territorio que sigue caminando

Más allá de la programación del día, esta segunda edición dejó una enseñanza importante: las transformaciones comunitarias no ocurren de un momento a otro.

Son el resultado de personas que deciden sostener el esfuerzo, aprender de la experiencia, fortalecer alianzas y seguir construyendo, paso a paso, un proyecto común.

Desde el Observatorio de Bienes Comunes reconocemos el valor de estas iniciativas porque nos recuerdan que los bienes comunes no solo se defienden mediante normas o políticas públicas. También se fortalecen cuando una comunidad crea espacios para encontrarse, dialogar, celebrar y asumir colectivamente el desafío de cuidar el territorio que comparte.

Quizá por eso el mayor legado de este segundo Festival de Felinos no sea únicamente haber convocado a decenas de personas durante un domingo. Su mayor aporte consiste en recordarnos que las comunidades también se construyen desde la alegría, el encuentro y la decisión compartida de seguir imaginando un futuro común.

¿Qué es Felinos en Libertad?

Felinos en Libertad es una organización comunitaria nacida en Piedades Sur de San Ramón a partir de una preocupación compartida por la convivencia entre las personas y la vida silvestre.

Lo que comenzó como la inquietud de un grupo de vecinas y vecinos ante la presencia de grandes felinos en la zona fue transformándose en una propuesta más amplia, centrada en la conservación de la biodiversidad, la educación ambiental y el fortalecimiento de la organización comunitaria. El reconocimiento de especies como el jaguar, el puma, el ocelote y el yaguarundí en los corredores biológicos que atraviesan el territorio reforzó la importancia de proteger estos ecosistemas y promover formas de convivencia respetuosas con la fauna silvestre.

Con el paso del tiempo, la organización ha consolidado un proceso de trabajo que involucra actividades educativas en escuelas y colegios, acciones de sensibilización ambiental, articulación con instituciones públicas, universidades, emprendimientos locales y otras organizaciones comunitarias. Al mismo tiempo, ha fortalecido su estructura interna mediante la creación de comités y una planificación orientada a sostener el trabajo a corto, mediano y largo plazo.

Más allá de la protección de los felinos, Felinos en Libertad representa una experiencia de organización comunitaria que demuestra cómo el cuidado de la naturaleza puede convertirse en un punto de encuentro para fortalecer los vínculos sociales, impulsar la participación y construir un proyecto compartido de territorio.

Galería
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Parmenio Medina y una pregunta que sigue vigente: ¿para quién sirve la comunicación pública?

A 25 años de la última entrevista de Parmenio Medina: una pregunta que la democracia aún no responde

Hace veinticinco años, pocos días antes de ser asesinado, el periodista Parmenio Medina concedió la que sería su última entrevista televisiva. Más que una conversación sobre su situación personal, fue una profunda reflexión sobre el papel de la comunicación en una sociedad democrática.

En un momento en que enfrentaba la censura de su programa radial y denunciaba presiones por sus investigaciones periodísticas, Parmenio defendió una idea que hoy conserva toda su vigencia: el periodismo no existe para repetir lo que dice el poder, sino para investigar, contrastar y poner al servicio de la ciudadanía información que permita comprender la realidad.

Aquella entrevista no solo dejó el testimonio de un periodista comprometido con la verdad. También planteó una pregunta que continúa interpelando a Costa Rica: ¿para quién sirve la comunicación pública?

Veinticinco años después, el contexto tecnológico ha cambiado profundamente. La radio y la televisión ya no son los únicos espacios donde se disputa la opinión pública. Las redes sociales, las plataformas digitales y las estrategias de comunicación institucional ocupan hoy un lugar central en la construcción del debate público. Sin embargo, el desafío democrático sigue siendo el mismo: garantizar que la comunicación fortalezca el derecho de la ciudadanía a estar informada y no se convierta en una herramienta para administrar la percepción del poder.

Esta reflexión cobra especial relevancia en momentos en que el país discute el fortalecimiento presupuestario de la comunicación gubernamental y las prioridades del gasto público. Más allá de la coyuntura, la pregunta que planteaba Parmenio continúa abierta: ¿la comunicación financiada con recursos públicos está orientada a ampliar el derecho ciudadano a la información o a consolidar el relato de quienes gobiernan?

Recordar a Parmenio Medina no significa únicamente honrar la memoria de un periodista asesinado por ejercer su oficio. Significa recuperar una discusión imprescindible para la democracia costarricense: la comunicación no es un fin en sí mismo. Es un bien público que debe contribuir a la transparencia, la rendición de cuentas, el pluralismo y la deliberación democrática.

A un cuarto de siglo de aquella última entrevista, el mejor homenaje a Parmenio quizá no sea mirar únicamente hacia el pasado, sino volver a formular las preguntas que él consideraba esenciales. Porque la calidad de una democracia también se mide por la calidad de la información con la que sus ciudadanos comprenden el presente y deciden su futuro.

Un debate que sigue abierto

El contexto ha cambiado profundamente desde 2001. Hoy la comunicación gubernamental no depende únicamente de conferencias de prensa o espacios en radio y televisión; también se despliega en redes sociales, plataformas digitales y sofisticadas estrategias audiovisuales. Sin embargo, la pregunta de fondo permanece intacta. La reciente decisión de aumentar el presupuesto destinado a la comunicación de Casa Presidencial ofrece una oportunidad para volver a discutir qué espera una democracia de la comunicación pública y cuáles son los límites entre informar a la ciudadanía y construir una narrativa política.

La reciente aprobación de un aumento de ¢70 millones para el Programa de Información y Comunicación de Casa Presidencial reabre una discusión que trasciende cualquier gobierno: ¿cuál debe ser el papel de la comunicación pública en una democracia? Veinticinco años después de su asesinato, el legado de Parmenio Medina ofrece claves para pensar esa pregunta.

Hace veinticinco años, en la última entrevista que concedió antes de ser asesinado, el periodista Parmenio Medina dejó una reflexión que conserva una enorme vigencia. Para él, el debate sobre la comunicación nunca fue únicamente un asunto de libertad de expresión. Era, sobre todo, una discusión sobre democracia.

Durante aquella conversación defendió una idea sencilla pero profundamente exigente: el periodismo no puede limitarse a reproducir versiones oficiales. Su responsabilidad consiste en investigar, contrastar, profundizar y cuestionar el poder, porque una ciudadanía solo puede tomar decisiones libres cuando dispone de información rigurosa, plural e independiente.

En ese mismo diálogo se planteó otra reflexión que hoy merece volver al centro del debate. Se recordó que las frecuencias de radio y televisión son bienes públicos y que, precisamente por ello, la comunicación conlleva responsabilidades éticas que trascienden los intereses comerciales y políticos. Los medios no solo transmiten información: contribuyen a construir la manera en que una sociedad comprende la verdad, identifica los problemas públicos y delibera sobre su futuro.

Una discusión que vuelve al presente

La reciente aprobación, en la Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa, de un aumento de ¢70 millones para el Programa de Información y Comunicación de Casa Presidencial ha abierto un debate sobre las prioridades del gasto público en un contexto donde el propio Gobierno ha insistido en la necesidad de la austeridad y ha planteado la posibilidad de un ajuste fiscal.

Más allá de las posiciones políticas sobre esa decisión, el episodio invita a formular una pregunta más profunda: ¿qué modelo de comunicación pública queremos fortalecer?

Toda democracia necesita que el Estado comunique. Informar sobre políticas públicas, explicar decisiones, facilitar el acceso a los servicios y rendir cuentas forma parte de sus obligaciones. La comunicación institucional es una función legítima y necesaria. Sin embargo, la legitimidad de esa comunicación no depende únicamente de los recursos que recibe, sino del propósito que persigue.

Informar no es lo mismo que construir una narrativa

Existe una diferencia fundamental entre comunicar para garantizar el derecho ciudadano a la información y comunicar para fortalecer la posición política de quienes gobiernan. La comunicación orientada al interés público busca ampliar la capacidad de la ciudadanía para comprender la realidad. Explica decisiones, ofrece datos verificables, transparenta procesos, reconoce errores cuando existen y facilita que las personas construyan su propio criterio.

La comunicación orientada principalmente al ejercicio del poder persigue un objetivo distinto: administrar la percepción pública. Prioriza determinados temas, enfatiza los logros, reduce la visibilidad de los conflictos y procura consolidar un relato favorable para quienes ejercen el gobierno.

La diferencia puede parecer sutil, pero tiene profundas implicaciones democráticas.

Cuando la comunicación pública deja de fortalecer el derecho ciudadano a la información y comienza a privilegiar la gestión de la imagen política, la deliberación democrática se empobrece. La ciudadanía recibe más mensajes, pero no necesariamente dispone de mejores herramientas para comprender la realidad, evaluar las políticas públicas o exigir rendición de cuentas.

El legado de Parmenio

En la apertura de aquella última entrevista, Parmenio advertía que los medios de comunicación tenían la capacidad de influir en la manera en que las personas distinguen entre lo justo y lo injusto, entre la verdad y la mentira. Esa afirmación resulta aún más pertinente en una época donde la comunicación gubernamental se despliega no solo en radio y televisión, sino también en redes sociales, plataformas digitales y estrategias permanentes de producción audiovisual.

Su legado no consiste únicamente en haber denunciado hechos de corrupción o en haber defendido la libertad de prensa. También radica en haber comprendido que la calidad de una democracia depende, en buena medida, de la calidad de la información que reciben sus ciudadanos.

Por eso, cuando un Estado decide fortalecer su aparato de comunicación, la discusión no debería limitarse al monto de los recursos asignados.

Las preguntas verdaderamente relevantes son otras:

  • -¿La inversión fortalecerá el derecho de la ciudadanía a recibir información útil, verificable y oportuna?
  • -¿Contribuirá a mejorar la transparencia y la rendición de cuentas?
  • -¿Facilitará el acceso a información pública o incrementará la capacidad del gobierno para posicionar su propio relato?
  • -¿Qué mecanismos existen para garantizar que la comunicación financiada con recursos públicos sirva al conjunto de la ciudadanía y no únicamente a quienes ejercen el poder?
Una pregunta para toda democracia

Recordar a Parmenio Medina no significa únicamente mantener viva la memoria de un periodista asesinado por ejercer su oficio. Significa recuperar una pregunta que sigue interpelando a cualquier sociedad democrática.

¿Está la comunicación pública al servicio del interés de la ciudadanía o de la consolidación del poder político?

La respuesta no depende de un gobierno en particular. Depende de la capacidad de las instituciones para garantizar transparencia, de la independencia del periodismo para fiscalizar al poder y del compromiso ciudadano con el derecho a una información plural, crítica y verificable.

Porque una democracia sólida no se construye solamente con elecciones libres. También necesita una comunicación pública que informe antes que persuada, que rinda cuentas antes que promocione y que fortalezca la deliberación democrática antes que la propaganda.

Referencias:

Canal Trece Nuestro Canal – YouTube. (2001). La última entrevista de Parmenio Medina en TV (Canal 13)

CRHoy. (2026). Oficialismo avala aumento de ¢70 millones para prensa de Casa Presidencial.

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El vagón nunca estuvo dormido: la niñez que puso en movimiento las memorias de Finca 5

Las memorias comunitarias no solo se conservan. También se crean, se juegan y se imaginan. Como parte del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, compartimos dos publicaciones que nacen del encuentro entre la historia ferroviaria de la comunidad y la creatividad de las niñas y los niños de la Escuela de Finca 5.

Durante varios meses, el proyecto reunió a vecinos y vecinas, personas extrabajadoras del ferrocarril, organizaciones comunitarias, docentes y familias para recuperar las memorias vinculadas al puente ferroviario, el antiguo vagón y otros espacios significativos del territorio. Sin embargo, el recorrido planteó una pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando las nuevas generaciones también son invitadas a construir memoria?

La respuesta fue extraordinaria, cincuenta y una niñas y niños aceptaron la invitación de imaginar el vagón, preguntarse por su historia, inventar nuevos recorridos y dibujar los futuros que desean para su comunidad. El resultado demuestra que la memoria no pertenece únicamente a quienes vivieron determinados acontecimientos. También se fortalece cuando quienes heredan esos lugares los llenan de nuevas preguntas, colores, relatos y sueños.

Un libro construido desde la imaginación

El primer material, «Cuando la memoria se sube al tren. Dibujos, cuentos y sueños de las niñas y los niños de Finca 5», reúne las obras realizadas por el estudiantado. Más que una recopilación de dibujos, el libro propone un recorrido por distintas «estaciones» donde aparecen preguntas que atraviesan toda comunidad:

  • -¿Por qué el vagón permanece allí?
  • -¿De dónde vino?
  • -¿Hacia dónde va?
  • -¿Qué historias guarda el puente?
  • -¿Qué futuros podemos imaginar para este territorio?

Las respuestas no buscan ofrecer una explicación histórica única. Al contrario, muestran que la imaginación también es una forma de construir memoria. En estas páginas aparecen lluvias de colores, vagones que llegan desde otros mundos, puentes convertidos en espacios de encuentro y trenes que continúan recorriendo caminos que solo existen en la creatividad de la niñez.

Un libro para que el viaje continúe

Junto al libro de dibujos presentamos también el Libro de actividades «Cuando la memoria se sube al tren», pensado para que otras niñas, niños, familias, docentes y comunidades continúen este recorrido.

El material propone actividades sencillas que invitan a conversar con personas mayores, recuperar historias familiares, reconocer los saberes presentes en la comunidad, imaginar cómo será Finca 5 dentro de veinte años y reflexionar sobre aquello que vale la pena cuidar colectivamente.

De esta manera, la publicación deja de ser únicamente un producto editorial para convertirse en una herramienta de educación popular que busca fortalecer el diálogo entre generaciones y promover nuevas formas de apropiación del territorio.

La memoria también necesita nuevas generaciones

Uno de los principales aprendizajes de este proceso es que las memorias comunitarias permanecen vivas cuando logran involucrar a quienes apenas comienzan a construir su propia relación con el territorio.

Las niñas y los niños de Finca 5 nunca vieron pasar el tren. Sin embargo, crecen junto al puente, juegan cerca del vagón y escuchan las historias que circulan entre familias y vecinos. Desde esa experiencia cotidiana producen nuevas interpretaciones sobre la comunidad y ayudan a ampliar el significado de esos espacios. Como señala el propio libro, «el vagón nunca estuvo realmente dormido»; simplemente esperaba nuevas voces que continuaran contando su historia.

Una invitación a recorrer este camino

Ambas publicaciones forman parte del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, impulsado con el acompañamiento del proyecto de Acción Social EC-622 La Caja de Herramientas de la Universidad de Costa Rica. Su propósito es fortalecer los vínculos entre memoria, territorio, organización comunitaria y nuevas generaciones, entendiendo las memorias locales como herramientas para construir identidad, fortalecer la participación e imaginar futuros compartidos.
Invitamos a descargar ambos materiales, compartirlos y recorrer este viaje junto a las niñas y los niños de Finca 5. Porque los trenes necesitan rieles para avanzar, pero las comunidades siguen caminando gracias a las memorias, los afectos y los sueños que deciden construir en común.

Llévate este recorrido contigo

Aunque estos libros nacieron en Finca 5, las preguntas que proponen pueden recorrerse en cualquier territorio. Descárgalos gratuitamente y utilízalos para promover conversaciones sobre la memoria comunitaria, recuperar historias locales, fortalecer los vínculos entre generaciones e imaginar colectivamente los futuros que queremos construir.

Cuando la memoria se sube al tren. Dibujos, cuentos y sueños de las niñas y los niños de Finca 5

Este libro reúne 51 dibujos, historias y preguntas creadas por las niñas y los niños de la Escuela de Finca 5. A través de su imaginación, el antiguo vagón ferroviario vuelve a ponerse en movimiento y demuestra que la memoria también se construye desde la creatividad, el juego y las nuevas generaciones. Descárgalo y descubre cómo la niñez imagina el pasado y el futuro de su comunidad.

Pueden descargar aquí.

Cuando la memoria se sube al tren. Libro de actividades

Este libro invita a continuar el viaje. Encontrarás actividades, preguntas, juegos y ejercicios para conversar en familia, recuperar historias de la comunidad, reconocer saberes locales e imaginar los futuros que queremos construir juntos. Descárgalo, compártelo y súmate a este recorrido donde la memoria se dibuja, se juega y se vive colectivamente.

Pueden descargar aquí.

Más allá de Finca 5: una invitación a imaginar las memorias de cada comunidad

Aunque estos libros nacieron del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, las preguntas que los inspiran pueden recorrerse en cualquier comunidad.

En todos los territorios existen lugares que guardan historias: un parque, una escuela, un árbol, un río, una estación, una plaza o un edificio que forma parte de la vida cotidiana. Muchas veces pasamos junto a ellos sin detenernos a preguntarnos qué significan, quiénes los construyeron o qué recuerdos siguen habitándolos.

Estos materiales proponen una manera diferente de acercarse a esas memorias. En lugar de entender la memoria únicamente como la conservación de hechos del pasado, la presentan como un proceso vivo que se fortalece cuando nuevas generaciones hacen suyas esas historias, las cuestionan, las reinterpretan y las proyectan hacia el futuro.

En ese camino, el juego y la imaginación dejan de ser actividades secundarias para convertirse en herramientas fundamentales de construcción comunitaria. Cuando una niña inventa una historia para un viejo vagón, cuando un niño dibuja el futuro de su barrio o cuando una familia conversa sobre los recuerdos de su comunidad, no solo están creando. También están fortaleciendo el sentido de pertenencia, construyendo vínculos entre generaciones y ampliando las formas en que una comunidad comprende su propio territorio.

Imaginar no significa alejarse de la memoria. Significa reconocer que toda memoria permanece viva porque cada generación encuentra nuevas maneras de contarla, compartirla y recrearla.

Esperamos que estos libros inspiren a otras escuelas, organizaciones, bibliotecas, colectivos y comunidades a emprender sus propios recorridos. Porque allí donde existan personas dispuestas a escuchar, jugar, recordar e imaginar juntas, siempre habrá nuevos caminos para poner la memoria en movimiento.

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El espectáculo del poder: Cuando los gobiernos aprenden de Berlusconi

¿Quién fue Silvio Berlusconi (1936-2023)? fue un empresario y político italiano que construyó un imperio en los sectores de la televisión privada, la editorial y el fútbol, antes de saltar a la política en 1994 con su partido Forza Italia. Fue primer ministro en tres ocasiones (1994-1995, 2001-2006, 2008-2011), acumulando nueve años en el cargo, el mandatario más longevo de la Italia de posguerra. Su poder sin precedentes —basado en su fortuna, su control de los medios y su estilo populista y espectacular— lo convirtió en una figura controvertida y en el «padre del populismo moderno». Su legado también estuvo marcado por múltiples procesos judiciales y la acusación de haber usado el poder para proteger sus intereses personales.

¿Por qué un gobierno anuncia el color de los uniformes de los presos como si fuera un logro histórico? La respuesta puede estar en el manual de comunicación de Silvio Berlusconi.

Imaginemos por un momento la escena: un ministro de Justicia, una conferencia de prensa y el anuncio protagónico. Se presenta un uniforme, se detalla su confección a cargo de las propias personas privadas de libertad y se subraya que no tendrá costo para los contribuyentes. La medida, en sí misma, podría ser un protocolo administrativo menor dentro de un sistema penitenciario. Sin embargo, su presentación, su empaque mediático y su timing responden a una lógica que ya hemos visto antes y que hoy se ha convertido en la regla en diversos gobiernos de corte conservador y regresivo.

No se trata de juzgar la medida en sí, sino de analizar su función como acto de comunicación política. Estamos ante lo que los filósofos y analistas llaman «populismo mediático».

El legado de Berlusconi: El gobierno como espectáculo

En el periodo en que Silvio Berlusconi dominó la escena política italiana, el filósofo Umberto Eco, en su libro «A paso de cangrejo», y el politólogo Maurizio Viroli, en «The Liberty of Servants», diseccionaron la forma en que el magnate transformó la política de su país. No se trataba de una dictadura clásica, con censura y tanques en las calles. Era algo más sutil y, por tanto, más peligroso para la democracia.

Eco lo llamó «régimen de populismo mediático». Sus características, que hoy vemos replicadas en distintas latitudes, son:

  1. La política como «efecto bomba»: Se genera una noticia de gran impacto, diseñada para copar titulares y agendas mediáticas. El objetivo no es informar, sino desplazar cualquier otra conversación incómoda o compleja. ¿Hay un escándalo de corrupción? ¿Una crisis económica? Pues se anuncia el diseño de un uniforme para presos y, como explica Eco, la noticia «incómoda» queda relegada a las páginas interiores.
  2. La apelación directa al «pueblo» y el victimismo: El gobernante se presenta como el defensor de los ciudadanos «de a pie» frente a élites corruptas o sistemas ineficientes. Al mismo tiempo, se victimiza. «Me atacan porque estoy cambiando las cosas». Este mecanismo de «lobo y cordero» busca generar cohesión en su electorado.
  3. La carnavalización de la vida pública: La política se convierte en un gran show. La política «espectáculo» reemplaza a la política de «ideas». Lo que importa es la imagen, el gesto, el símbolo simple y fácil de entender, no el debate profundo sobre la reforma de un sistema o la calidad de las instituciones.
  4. La falsa gratuidad y la eficiencia mágica: La promesa de que algo se resuelve de forma rápida, sencilla y sin costo. «Cero costo para los contribuyentes» es una frase mágica. Es el eslogan del vendedor de coches que promete todo y su contrario. Se esconde la complejidad de un problema estructural (el hacinamiento, la reinserción, el gasto de un sistema) detrás de una anécdota de aparente sentido común.
La fábrica de agenda: Cómo el poder estructura la conversación diaria

Lo que el gobierno no está haciendo es simplemente «ocultar un debate». Lo que está haciendo es activar una dinámica mucho más poderosa: la de la conversación diaria dominada y pautada desde el poder. El taller de costura en la cárcel no es un logro; es un «ancla mediática». Es un tema sencillo, visual y con un componente emocional (seguridad, orden, castigo) que está diseñado para generar conversación y, sobre todo, para ocupar espacio en la agenda pública.

La creación del «tema de conversación»

Umberto Eco, en su análisis de Berlusconi, hablaba del «efecto de la técnica del vendedor». El vendedor no se preocupa por la coherencia global de su discurso; se preocupa de que, de entre todas las cosas que dice, una enganche al cliente. El uniforme, el taller de costura y el «ahorro» son ese anzuelo. Son un tema simple, concreto y fácil de entender.

La estructura es:

  • -Simplicidad: El tema se reduce a un eslogan. «Presos harán sus uniformes». Es entendible por cualquiera.

  • -Visualidad: El uniforme se puede mostrar. Es una imagen poderosa. El ejecutivo se asegura de que la imagen sea la protagonista de la noticia.

  • -Carga emocional: Toca fibras sensibles: la seguridad, el orden, el castigo, el «sentido común». Esto garantiza que la gente opine y se involucre emocionalmente, aunque sea sin información de fondo.

  • -El «ahorro»: La frase «sin costo para los contribuyentes» es el anzuelo perfecto. Es una forma de presentar la medida como un «regalo» o una «solución mágica» que no requiere esfuerzo ni dinero público.

La «agenda semántica»: cómo el poder pauta lo que se debate

La estrategia no es solo que la gente hable del uniforme. La estrategia es que solo se hable de lo que el gobierno decide que se hable. Es la lógica del «efecto bomba»: se lanza una noticia provocadora (aunque sea trivial) para que el debate público se centre en ella y no en temas más complejos o incómodos.

¿Qué se logra con esto?

  • -Se vacía de contenido la oposición: La oposición se ve forzada a reaccionar a la agenda del gobierno. Si no lo hace, parece que no tiene opinión. Si lo hace, está legitimando el tema como relevante, y por tanto, está jugando en el terreno del gobierno.

  • -Se establece una relación plebiscitaria directa: El gobernante se presenta como el que «resuelve» los problemas de la gente, mientras que la oposición solo «se queja». Esto refuerza la figura del líder fuerte y paternalista.

  • -Se genera un falso debate: El debate se reduce a «¿está bien o mal que los presos hagan uniformes?» en lugar de «¿Cuál es la política penitenciaria del país?» o «¿Cómo se está financiando realmente el sistema?». El verdadero debate sobre las cárceles, la reinserción y los derechos humanos queda completamente fuera de la ecuación.

La «concesión» y el control de la crítica

Como señala Eco, en un régimen de populismo mediático, no se necesita censurar a la prensa. Se utiliza la técnica retórica de la «concesión»: se permite que la oposición hable, pero siempre después de que el gobierno haya fijado el tema y el marco de la discusión. El mecanismo es:

  1. El gobierno anuncia el tema (el uniforme).
  2. La prensa crítica o la oposición reaccionan.
  3. El gobierno responde a las críticas, pero en sus propios términos, reafirmando el marco de la conversación: «Es una medida de seguridad», «Es un ahorro», «Hay que tener mano dura».
  4. La prensa se ve obligada a cubrir el «debate», pero el debate ya está enmarcado de antemano.

El resultado es que, aunque haya críticas, la opinión pública se acostumbra a la idea del uniforme como un hecho normal, incluso deseable, y la discusión sobre la política penitenciaria en su conjunto se vuelve marginal.

La «carnavalización» de la política: la conversación como espectáculo

Finalmente, esta estructura convierte la política en un gran show. El gobierno es el director de escena, los medios son los altavoces y la ciudadanía es el público que, aunque participe, lo hace en un escenario ya escrito.

La conversación pública ya no es un foro de deliberación; es un circo mediático.

  • -Los temas se eligen por su capacidad de generar «engagement» (me gusta, comentarios, shares) y no por su importancia real.

  • -El lenguaje se simplifica y se llena de frases hechas y eslóganes.

  • -Los ciudadanos se convierten en espectadores o, a lo sumo, en participantes de un reality show político donde el objetivo es la atención, no la solución de problemas.

El uniforme como metáfora de una tendencia global

El anuncio del uniforme en la nueva cárcel de máxima seguridad encaja a la perfección en este molde. No se está presentando un plan integral de política penitenciaria. Se está presentando una imagen, un «traje». El foco está en el qué, no en el por qué. Es un acto de comunicación, no de gobierno.

El uniforme es un poderoso símbolo de orden, disciplina y control. Se vende la imagen de una «solución» contundente y sencilla a la compleja percepción de inseguridad. Mientras los ciudadanos discuten si el uniforme es azul o gris, o si los reos deberían o no coserlos, no se está debatiendo la calidad de la educación, el acceso a la salud, la crisis económica o la verdadera efectividad de un modelo carcelario que, en su mayoría, fracasa en su objetivo de reinserción.

Esta proyección de comunicación no es un fenómeno aislado ni exclusivo de un país. Como señala Viroli, el poder de Berlusconi no se basó en un control violento, sino en la creación de un «sistema de corte» donde todo gira alrededor de una figura central. Hoy, muchos gobiernos de corte conservador o regresivo en el mundo dominan este arte. El espectáculo reemplaza la deliberación. El gesto simbólico y autoritario («mano dura», «orden») se impone sobre la discusión de políticas públicas complejas y costosas.

El problema no es el uniforme. El problema es que se esté anunciando como si fuera una revolución. Esta técnica genera ruido, polariza, pero sobre todo, desvía la atención. Hemos aprendido de Italia que un gobierno puede ser profundamente antiliberal y regresivo sin necesidad de abolir el voto o encarcelar a periodistas. Basta con convertir la política en un espectáculo de símbolos simples y apelaciones emocionales, donde el fin (el show) justifica los medios (el gobierno) y el ruido mediático ahoga el debate racional.

Para trabajar nuestra forma de acercanos al mundo mediático: ¿Cuánto de lo que se presenta hoy como «novedad» o «solución» en la política nacional es en realidad un espejismo mediático? Cuando un gobierno prioriza un anuncio visual y simplista, ¿qué temas estructurales está dejando de lado? ¿Estamos, quizás, viviendo en un régimen de «carnavalización» donde el poder se demuestra con la imagen, y no con la gestión? ¿Cómo podemos, como sociedad, romper esta dinámica y recuperar la capacidad de fijar nuestra propia agenda de temas importantes?

¿Quién decide realmente de qué hablamos?

Detrás de cada anuncio gubernamental hay una estrategia cuidadosamente diseñada para capturar la atención pública y desplazar los temas que realmente importan. Esta infografía desglosa, en cuatro pasos, el mecanismo que utilizan los gobiernos de corte conservador y regresivo para fabricar la agenda mediática diaria: desde la selección del «anzuelo» perfecto hasta el control del debate a través de la técnica de la «concesión». Un análisis imprescindible para entender cómo el espectáculo reemplaza a la política y cómo el poder decide qué conversamos.

Descarga la infografía aquí.

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Referencias:

Agüero Ruiz, Byron (2026, 1 de julio). Fotos: Así serán los nuevos uniformes para el CACCO. Diario Extra.

Eco, Umberto (2007). A paso de cangrejo: Artículos, reflexiones y decepciones, 2000-2006 (M. Pons Irazazábal, Trad.). Debate.

Viroli, Maurizio (2012). The liberty of servants: Berlusconi’s Italy (A. Shugaar, Trad.). Princeton University Press.

Crédito imagenes: Agüero Ruiz, Byron (2026, 1 de julio). Fotos: Así serán los nuevos uniformes para el CACCO. Diario Extrahttps://www.diarioextra.com/noticia/fotos-asi-seran-los-nuevos-uniformes-para-el-cacco/

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Gobernar sin transformar: las condiciones de una deriva autoritaria

La expansión de las extremas derechas constituye uno de los fenómenos políticos más relevantes de nuestro tiempo. Desde América Latina hasta Europa y Estados Unidos, proyectos autoritarios, nacionalistas y excluyentes han logrado ampliar su influencia en contextos marcados por el descontento social, la precarización económica, la crisis de representación política y el debilitamiento de los vínculos colectivos.

Las explicaciones suelen concentrarse en factores coyunturales: el papel de las redes sociales, la difusión de noticias falsas, la crisis económica, el desgaste de los gobiernos progresistas o la capacidad comunicativa de determinados liderazgos. Sin embargo, estas interpretaciones muchas veces dejan sin respuesta una pregunta más profunda: ¿por qué amplios sectores sociales parecen hoy más receptivos a discursos que promueven la exclusión, el autoritarismo y la destrucción de derechos conquistados durante décadas?

Aunque Política y miseria de Raúl Zibechi fue escrito mucho antes del ascenso de figuras como Javier Milei, Donald Trump o Nayib Bukele, su lectura ofrece pistas valiosas para pensar esta cuestión. No porque el autor analice directamente a las nuevas derechas, sino porque ayuda a comprender las transformaciones políticas, culturales y organizativas que han configurado el terreno sobre el cual estos proyectos han logrado crecer.

La pregunta central que atraviesa esta lectura es sencilla pero inquietante: ¿qué elementos del diagnóstico de Zibechi nos ayudan a comprender por qué la extrema derecha encuentra hoy sociedades más vulnerables a sus proyectos?

Cuando la pobreza sustituyó a la desigualdad

Uno de los aportes más sugerentes del libro consiste en mostrar cómo la pobreza se convirtió progresivamente en el principal objeto de intervención política a escala global.

A partir de la década de 1970, organismos internacionales como el Banco Mundial comenzaron a colocar el combate a la pobreza en el centro de las políticas de desarrollo. El giro parecía positivo: por primera vez se reconocía la existencia de enormes sectores sociales excluidos de los beneficios del crecimiento económico. Sin embargo, Zibechi llama la atención sobre una consecuencia menos evidente de este proceso. Mientras la pobreza adquiría centralidad política y académica, la desigualdad y las relaciones de poder que la producen comenzaron a desaparecer del debate público.

La cuestión no es semántica.

Hablar de desigualdad implica discutir concentración de riqueza, distribución del poder, acceso a la tierra, explotación laboral y conflictos estructurales. Hablar exclusivamente de pobreza permite desplazar la atención hacia las carencias de determinados grupos sociales, sin interrogar necesariamente las dinámicas que producen esas carencias.

Poco a poco, los conflictos sociales dejaron de presentarse como disputas entre proyectos de sociedad y comenzaron a ser abordados como problemas técnicos de gestión. El objetivo dejó de ser transformar relaciones de poder para convertirse en la administración eficiente de las consecuencias más visibles de esas relaciones.

La extrema derecha encuentra hoy un terreno fértil precisamente porque llega a sociedades donde las grandes preguntas sobre la desigualdad han sido desplazadas durante décadas. Cuando las causas estructurales desaparecen del debate, el malestar busca otros lenguajes para expresarse. Allí emergen narrativas que identifican enemigos inmediatos —personas migrantes, feministas, pueblos indígenas, movimientos ambientalistas o trabajadores del sector público— en lugar de cuestionar los procesos que producen concentración de riqueza y exclusión.

La transformación de la política en gestión

Zibechi muestra cómo el combate a la pobreza fue acompañado por la construcción de un nuevo lenguaje político centrado en conceptos como vulnerabilidad, necesidades básicas, focalización, eficiencia, productividad y participación.

No se trató únicamente de nuevas categorías técnicas. También implicó una transformación de la manera en que las sociedades imaginan la acción política.

La política dejó de ser entendida como un espacio de confrontación entre intereses y proyectos colectivos para convertirse cada vez más en una actividad de administración. Los problemas sociales comenzaron a formularse en términos de gestión, indicadores y programas.

Este proceso tuvo efectos profundos sobre la imaginación democrática.

Cuando la política se reduce a administrar problemas, pierde capacidad para construir horizontes compartidos de transformación. Cuando los conflictos se presentan como asuntos técnicos, disminuyen las posibilidades de debatir colectivamente sobre modelos de desarrollo, distribución de riqueza o futuros deseables.

La extrema derecha aprovecha precisamente ese vacío.

Aunque sus respuestas sean profundamente regresivas, logra presentarse como una fuerza capaz de nombrar conflictos que durante años fueron neutralizados por discursos tecnocráticos. Su éxito no proviene únicamente de la capacidad de producir miedo o resentimiento; también se alimenta de una crisis previa de la política entendida como espacio de deliberación y disputa colectiva.

El debilitamiento de los sujetos colectivos

Uno de los temas más relevantes de Política y miseria es la relación entre gobernabilidad y organización social.

A lo largo del libro, Zibechi analiza cómo diversos programas impulsados desde organismos internacionales y gobiernos buscaron incorporar a comunidades, organizaciones sociales y movimientos populares dentro de esquemas de gestión del desarrollo y combate a la pobreza. La participación fue promovida, pero generalmente dentro de marcos previamente definidos. La organización fue estimulada, pero orientada hacia objetivos compatibles con la estabilidad institucional.
El resultado fue ambiguo.

Por un lado, muchas comunidades accedieron a recursos, proyectos e infraestructura necesaria para mejorar sus condiciones de vida. Por otro, numerosos procesos organizativos fueron desplazando sus capacidades de movilización y conflicto hacia funciones de gestión, ejecución y administración.

Lo que se fue debilitando no fue necesariamente la organización, sino cierto tipo de organización política capaz de disputar sentidos, construir autonomía y cuestionar estructuras de poder.

Este aspecto resulta fundamental para comprender el presente.

Las extremas derechas prosperan con mayor facilidad allí donde los sujetos colectivos se encuentran fragmentados. Cuando sindicatos, asociaciones comunitarias, organizaciones territoriales, movimientos estudiantiles o espacios de educación popular pierden capacidad de articulación, los individuos quedan cada vez más expuestos a discursos que transforman frustraciones colectivas en resentimientos individuales.

La expansión de proyectos autoritarios no puede comprenderse únicamente como resultado de campañas mediáticas exitosas. También expresa el debilitamiento progresivo de las formas organizativas que históricamente permitieron convertir el malestar social en acción colectiva.

La paradoja de las ONG y la sociedad civil

Uno de los aspectos más delicados de esta discusión aparece en torno al papel de las organizaciones no gubernamentales. Zibechi desarrolla una crítica hacia ciertos procesos de institucionalización y profesionalización de las ONG, señalando cómo algunas terminaron ocupando espacios que anteriormente pertenecían a movimientos sociales y organizaciones de base.

Sin embargo, resulta importante evitar una lectura simplista de esta crítica. Las nuevas derechas también atacan a las ONG, pero lo hacen desde una lógica completamente distinta.

Mientras cuestiona los riesgos de la dependencia financiera, la burocratización y la pérdida de autonomía política, los proyectos de extrema derecha suelen atacar a estas organizaciones porque representan espacios de articulación social, defensa de derechos y producción de pensamiento crítico.

La diferencia es fundamental. La crítica de Zibechi busca fortalecer la autonomía de los pueblos y los movimientos sociales. La crítica de las extremas derechas busca debilitar cualquier forma de organización colectiva capaz de disputar poder o construir solidaridad.

Confundir ambas posiciones implica perder de vista el núcleo de la discusión.

Gobernabilidad y despolitización

Quizá la principal enseñanza del libro para el momento actual radique en su análisis de la gobernabilidad.

Zibechi muestra cómo gran parte de las políticas sociales impulsadas durante las últimas décadas estuvieron orientadas no solo a reducir carencias materiales, sino también a garantizar estabilidad política y gestionar conflictos potencialmente disruptivos.

La gobernabilidad se convirtió en un objetivo central, pero cuando la estabilidad política se transforma en el horizonte principal de las instituciones, surge una pregunta inevitable: ¿qué sucede con las demandas que cuestionan las bases mismas del orden existente?

Con frecuencia, esas demandas son absorbidas, fragmentadas, neutralizadas o reconducidas hacia espacios donde dejan de representar una amenaza para las estructuras dominantes.

La paradoja es que esta búsqueda permanente de gobernabilidad puede terminar debilitando la legitimidad del sistema político que pretende preservar. Cuando las instituciones son percibidas como incapaces de producir cambios sustantivos, cuando las desigualdades persisten y cuando la participación parece limitada a mecanismos de consulta sin capacidad real de decisión, crece el desencanto democrático.

Ese desencanto constituye uno de los principales combustibles de las extremas derechas contemporáneas.

Recuperar la dimensión colectiva de la política

Leído desde el presente, Política y miseria no ofrece una explicación acabada sobre el ascenso de la extrema derecha. Tampoco pretende hacerlo.

Su aporte es otro. Nos recuerda que la fortaleza de los proyectos democráticos no depende únicamente de la existencia de elecciones, programas sociales o instituciones formales. Depende también de la capacidad de las sociedades para construir sujetos colectivos, sostener espacios de organización autónoma y mantener abiertas las preguntas sobre la distribución del poder, la riqueza y el futuro común.

Las extremas derechas avanzan porque logran capitalizar malestares reales. Pero esos malestares encuentran terreno fértil en sociedades donde la política ha sido progresivamente reducida a gestión, donde los conflictos han sido despolitizados y donde las capacidades organizativas de amplios sectores populares se han erosionado.

En ese sentido, la pregunta que deja abierta Zibechi conserva una enorme vigencia. Frente a la expansión de proyectos autoritarios, el desafío no consiste únicamente en defender instituciones o programas existentes. También exige reconstruir formas de organización capaces de devolver a la política su dimensión colectiva, conflictiva y transformadora.

Porque allí donde desaparecen los sujetos colectivos, donde el malestar deja de convertirse en acción organizada y donde la democracia pierde capacidad para imaginar futuros compartidos, las extremas derechas encuentran las condiciones ideales para presentarse como la única alternativa posible.

Conceptos para pensar el presente: una guía de lectura crítica

Más que ofrecer respuestas definitivas, la reflexión desarrollada a partir de esta lectura busca abrir interrogantes sobre las transformaciones políticas que han marcado las últimas décadas y las condiciones que hoy favorecen el avance de proyectos autoritarios. Los siguientes conceptos permiten sintetizar algunos de los principales ejes del debate y pueden servir como una herramienta para analizar críticamente la relación entre gobernabilidad, políticas sociales, organización colectiva y democracia. Lejos de constituir categorías cerradas, son invitaciones a examinar cómo se configuran las disputas por el poder, la participación y los bienes comunes en el contexto contemporáneo.

Concepto clave¿Cómo aparece en la reflexión?Preguntas para el debate actual
DespolitizaciónLos conflictos sociales dejan de entenderse como disputas por poder, riqueza o territorio y pasan a tratarse como problemas técnicos de gestión.¿Qué conflictos de nuestra sociedad se presentan hoy como asuntos técnicos cuando en realidad son profundamente políticos?
GobernabilidadLa estabilidad institucional se convierte en un objetivo central de las políticas públicas, incluso por encima de las transformaciones estructurales.¿Cuándo la búsqueda de gobernabilidad fortalece la democracia y cuándo limita la capacidad de cambio social?
Combate a la pobrezaLa pobreza se vuelve el principal objeto de intervención pública, desplazando el debate sobre las causas de la desigualdad.¿Estamos discutiendo suficientemente la concentración de riqueza y poder o solo administrando sus consecuencias?
Sujetos colectivosOrganizaciones comunitarias, movimientos sociales, sindicatos y espacios de participación que construyen acción colectiva.¿Qué capacidades organizativas han perdido o ganado los movimientos sociales en las últimas décadas?
Participación socialPuede abrir espacios democráticos, pero también convertirse en un mecanismo de canalización y control de demandas.¿Quién define los límites de la participación y qué temas quedan fuera de discusión?
AutonomíaCapacidad de las comunidades y organizaciones para definir agendas, prioridades y estrategias propias.¿Qué condiciones fortalecen la autonomía y cuáles generan dependencia institucional o financiera?
CooptaciónIncorporación de liderazgos, organizaciones o demandas sociales a estructuras que reducen su potencial transformador.¿Cómo distinguir entre incidencia política legítima y procesos de cooptación?
ONGizaciónSustitución parcial de dinámicas de movilización por dinámicas de gestión de proyectos, financiamiento y profesionalización.¿Cómo fortalecer el trabajo de las organizaciones sin perder capacidad crítica y arraigo territorial?
Gestión del malestarConjunto de políticas destinadas a contener conflictos sin alterar necesariamente las estructuras que los producen.¿Las respuestas institucionales actuales buscan resolver problemas o administrar sus efectos?
DemocraciaMás que procedimientos electorales, implica capacidad de deliberación, organización y disputa sobre el rumbo colectivo.¿Qué elementos fortalecen hoy una democracia sustantiva y cuáles la debilitan?
Extrema derechaCapitaliza frustraciones, inseguridades y desencantos acumulados, ofreciendo respuestas simples a problemas complejos.¿Por qué ciertos discursos autoritarios logran conectar con sectores que antes apoyaban proyectos democráticos o populares?
Bienes comunesEspacios, recursos y relaciones que requieren gestión colectiva y participación social para su defensa.¿Qué relación existe entre el debilitamiento de los sujetos colectivos y las dificultades para defender los bienes comunes?
Imaginación políticaCapacidad de una sociedad para pensar alternativas al orden existente y construir horizontes compartidos.¿Qué futuros estamos siendo capaces de imaginar colectivamente frente a la crisis actual?

Si la extrema derecha avanza sobre sociedades fragmentadas, despolitizadas y con vínculos colectivos debilitados, la defensa de la democracia exige algo más que resistir discursos autoritarios: requiere reconstruir capacidades organizativas, fortalecer sujetos colectivos y recuperar la política como espacio de deliberación sobre el futuro común.

Para profundizar: una invitación a la lectura

Las reflexiones presentadas en esta nota apenas recorren algunas de las preguntas que plantea Política y miseria. El libro desarrolla con mayor profundidad el análisis sobre la evolución de las políticas de combate a la pobreza, el papel de los organismos internacionales, las tensiones entre gobernabilidad y autonomía, así como las complejas relaciones entre movimientos sociales, cooperación internacional y Estado.

Más allá de compartir o no todas sus conclusiones, la obra constituye una provocación intelectual valiosa para quienes buscan comprender las transformaciones de la acción colectiva en América Latina y los desafíos que enfrentan hoy las organizaciones populares, los movimientos territoriales y las luchas por los bienes comunes.

En un contexto marcado por el avance de proyectos autoritarios, la crisis de representación política y las disputas en torno a la democracia, la lectura de este texto ofrece herramientas para repensar preguntas fundamentales: ¿cómo se construye autonomía colectiva?, ¿qué tipo de organización fortalece la capacidad transformadora de los pueblos?, ¿cómo evitar que la gestión de los problemas sociales sustituya la discusión sobre sus causas estructurales?

Le invitamos a descargar y leer el libro aquí.

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Cuando las manos se encuentran: trabajo colectivo, memoria y comunidad en Finca 5

Durante los días 26, 27 y 28 de junio, la comunidad de Finca 5 vivió una nueva etapa dentro del proceso Memorias en Movimiento, una iniciativa que durante los últimos meses ha articulado memoria ferroviaria, organización comunitaria, participación de la niñez y recuperación de espacios públicos alrededor del puente ferroviario y el vagón.

Lo ocurrido durante este fin de semana podría describirse, en apariencia, como una jornada de embellecimiento comunitario. Sin embargo, hacerlo sería reducir una experiencia mucho más profunda. Más allá de las plantas sembradas, los senderos construidos o el mural pintado, lo que realmente se puso en movimiento fue una práctica de trabajo colectivo, cooperación y construcción comunitaria.

El viernes estuvo dedicado a la preparación de materiales, la coordinación de tareas y la organización de las actividades. El sábado, vecinas, vecinos y organizaciones comunitarias se reunieron para continuar transformando los espacios alrededor del vagón mediante la construcción de senderos, la siembra de plantas y diversas labores de acondicionamiento del lugar. Finalmente, el domingo se realizó la pintada del mural, dando nuevos colores a un espacio que durante los últimos meses se ha convertido en punto de encuentro para la memoria, la imaginación y la vida comunitaria.

Pero mientras las manos trabajaban, también ocurrían otras cosas. Aparecían conversaciones. Surgían nuevas ideas. Se compartían preocupaciones, expectativas y esperanzas.

Se hablaba de futuros proyectos, de la posibilidad de continuar interviniendo otros espacios públicos, de realizar nuevos murales, de fortalecer las actividades comunitarias y de mantener vivo el impulso organizativo que ha venido creciendo alrededor de este proceso.

Porque el trabajo comunitario tiene una particularidad que pocas veces se registra en las fotografías finales: los resultados más importantes no siempre son los que quedan visibles en el paisaje.

Muchas veces son los vínculos que se fortalecen, las confianzas que se construyen y las conversaciones que abren nuevos horizontes para la acción colectiva.

El valor de hacer juntos

En tiempos donde con frecuencia se promueve el individualismo o se deposita la esperanza de transformación en soluciones externas, experiencias como la vivida en Finca 5 recuerdan una verdad sencilla pero poderosa: las comunidades también se construyen haciendo.

Haciendo juntas. Compartiendo esfuerzos. Aportando desde las capacidades, conocimientos y posibilidades de cada persona.

Durante estos días no hubo grandes presupuestos, maquinaria sofisticada ni estructuras complejas. Hubo algo igualmente valioso: personas dispuestas a dedicar parte de su tiempo, su energía y su compromiso para mejorar un espacio que sienten como propio.

Y ese gesto tiene una enorme importancia.

Porque cuando una comunidad decide intervenir colectivamente un lugar, no solo transforma el espacio físico. También fortalece relaciones, genera confianza, produce experiencias compartidas y construye capacidades organizativas que pueden sostener futuros procesos comunitarios.

Cada planta sembrada, cada tramo de sendero construido y cada pincelada en el mural son también expresiones concretas de cooperación, corresponsabilidad y cuidado colectivo.

Trabajar con las manos que están

Una de las reflexiones que surgió durante la jornada conecta con un desafío que atraviesa muchos procesos organizativos.

Con frecuencia existe la expectativa de que las transformaciones solo serán posibles cuando participen grandes cantidades de personas o cuando aparezcan recursos extraordinarios que permitan dar el salto esperado.

Sin embargo, la experiencia de Finca 5 recordó otra enseñanza.

-Las comunidades avanzan con las personas que están.

-Con quienes tienen interés.

-Con quienes encuentran tiempo para acercarse.

-Con quienes llegan con ganas de colaborar.

-Con quienes creen que vale la pena seguir intentando.

No se trata de renunciar a convocar más participación ni de conformarse con los niveles actuales de involucramiento. Se trata de reconocer que los procesos colectivos comienzan con quienes deciden dar el paso y sostener el trabajo cotidiano.

Las grandes transformaciones rara vez nacen de manera repentina. Con frecuencia comienzan con pequeños grupos de personas que, a fuerza de constancia, compromiso y trabajo compartido, logran inspirar a otras a sumarse.

Quizá una de las lecciones más valiosas de este fin de semana fue precisamente esa: comprender que no es necesario esperar condiciones perfectas para actuar.

Hay procesos que comienzan simplemente con las manos disponibles y la voluntad de hacer algo juntos.

Ver linda la comunidad porque es nuestra

Durante las conversaciones apareció una idea sencilla, pero profundamente significativa.

La importancia de ver linda la comunidad. No como una preocupación meramente estética, sino como una expresión concreta de pertenencia, cuidado y responsabilidad compartida.

Cuando una comunidad siembra plantas, construye senderos, pinta murales o recupera espacios públicos, está expresando una determinada relación con el territorio que habita.

Está diciendo que ese lugar importa. Que merece atención. Que forma parte de la vida colectiva. Que es un espacio donde vale la pena encontrarse, compartir y construir.

Desde esta perspectiva, las labores realizadas durante el fin de semana dialogan con algo más amplio que la transformación física de un área específica. Forman parte de un proceso de apropiación comunitaria del espacio público, de fortalecimiento de la identidad local y de construcción de condiciones que favorezcan el encuentro entre personas, generaciones y organizaciones.

El vagón, el puente y sus alrededores continúan convirtiéndose en lugares donde la comunidad puede verse reflejada, reconocerse y proyectarse hacia adelante.

Lo que sigue

El cierre de esta etapa de Memorias en Movimiento no representa un punto final.

Por el contrario, deja abiertas nuevas preguntas, nuevas conversaciones y nuevas posibilidades de acción colectiva.

Los senderos construidos, las plantas sembradas y el mural pintado son expresiones visibles de algo que continúa moviéndose: una comunidad que sigue imaginando proyectos, generando encuentros y encontrando razones para trabajar de manera cooperativa.

Porque la memoria no solo sirve para recordar.

También puede convertirse en una fuerza capaz de movilizar acciones en el presente y abrir caminos hacia el futuro.

Durante estos tres días, entre lluvia, tierra, pintura, risas, conversaciones y trabajo compartido, Finca 5 volvió a demostrar que los espacios se transforman cuando las personas deciden construirlos juntas.

Y que, muchas veces, los cambios más importantes no son los que quedan sobre las paredes o los senderos, sino los que permanecen en la voluntad colectiva de seguir caminando, soñando y trabajando por una comunidad que reconoce que su mayor fortaleza sigue estando en la capacidad de hacer las cosas en común.

Memorias en Movimiento en Finca 5: compartir lo recorrido, imaginar lo que sigue

Durante los últimos meses, Finca 5 ha sido escenario de un proceso que combinó memoria comunitaria, patrimonio ferroviario, participación de la niñez, organización local y recuperación de espacios públicos. Lo que comenzó como una invitación a conversar sobre el puente ferroviario y el vagón fue dando paso a encuentros, talleres, intercambios intergeneracionales, entrevistas con exferrocarrileros, actividades con la Escuela de Finca 5 y jornadas de trabajo comunitario que permitieron fortalecer vínculos y abrir nuevas posibilidades para el territorio.

Como parte de este recorrido, ponemos a disposición el más reciente boletín de devolución del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, un material que recoge reflexiones, aprendizajes e imágenes de la intervención comunitaria realizada durante los días 26, 27 y 28 de junio.

Más allá de mostrar el antes y el después de un espacio, el boletín invita a reflexionar sobre el papel que tienen los espacios públicos en la construcción de comunidad, la importancia del trabajo cooperativo para impulsar transformaciones locales y el valor de las acciones colectivas que nacen desde el compromiso de quienes deciden involucrarse.

Las páginas de este material muestran senderos construidos, plantas sembradas y nuevos colores en el paisaje, pero también hablan de conversaciones, encuentros, esperanzas y proyectos que continúan tomando forma. Nos recuerdan que las transformaciones comunitarias no dependen únicamente de grandes recursos o grandes multitudes, sino también de la capacidad de actuar con las personas que están, de construir confianza y de sostener procesos en el tiempo.

Esperamos que este boletín contribuya a compartir lo vivido, reconocer el esfuerzo de quienes participaron y seguir alimentando las preguntas que han acompañado este proceso: ¿cómo cuidamos los espacios que compartimos?, ¿qué papel juega la memoria en la construcción de futuro?, ¿cómo fortalecemos la vida comunitaria desde acciones concretas?

Un agradecimiento a quienes se sumaron al camino

Queremos expresar un agradecimiento especial a Kathia Hernández Rueda, Vanesa Hernández Rueda y Diego Rodríguez, vecinos y vecinas de Finca 11, quienes se acercaron el domingo para compartir la jornada de trabajo comunitario y colaborar activamente en la pintada del mural y la plaza.

Su presencia nos recuerda que los procesos comunitarios también se fortalecen cuando las personas vecinas se encuentran, comparten y construyen juntos. Su disposición para trabajar, colaborar y aportar en una jornada marcada por el esfuerzo colectivo fue fundamental para avanzar en las tareas previstas y alcanzar los resultados que hoy pueden apreciarse en el espacio intervenido.

Más allá de la ayuda concreta brindada durante la jornada, su participación fue también un gesto de solidaridad y compromiso con una visión de comunidad que reconoce que los procesos de transformación se construyen entre muchas manos.

A ustedes, gracias por el tiempo, la energía, las conversaciones compartidas y por demostrar que cuando las personas deciden colaborar, los caminos se vuelven más cortos y las metas más alcanzables.

Reconocimientos especiales

Este proceso también fue posible gracias al compromiso y trabajo de personas que, desde distintos espacios, decidieron sumar sus manos, ideas y tiempo para acompañar a la comunidad de Finca 5.

Queremos agradecer especialmente a Miguel Cruz Guevara, cuyo apoyo y disposición fueron fundamentales durante las distintas etapas de este recorrido comunitario.

Asimismo, extendemos nuestro reconocimiento a las personas estudiantes del Trabajo Comunal Universitario TCU-590, quienes participaron en la primera jornada de la pintada, aportando su trabajo, entusiasmo y compromiso con los esfuerzos colaborativos.

Su participación recuerda que los procesos de acción social y trabajo comunitario se construyen a partir del encuentro entre saberes, experiencias y voluntades diversas. Cada conversación, cada jornada de trabajo y cada esfuerzo compartido ayudó a que las memorias de Finca 5 siguieran poniéndose en movimiento.

A todas las personas que de una u otra forma se sumaron a este recorrido, gracias por demostrar que las transformaciones comunitarias son siempre una obra colectiva.

Galería
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Caribe Sur: señales de una transformación territorial en marcha

El reciente reporte elaborado por Philippe Vangoidsenhoven documenta una serie de intervenciones ambientales observadas en distintos puntos del Caribe Sur. Aunque cada caso posee sus propias particularidades, en conjunto permiten identificar tendencias que van más allá de situaciones puntuales. Desde el Observatorio de Bienes Comunes consideramos que este material constituye una oportunidad para reflexionar sobre las tensiones que atraviesan actualmente la región: la presión sobre humedales y zonas costeras, la expansión de actividades inmobiliarias y turísticas, las disputas en torno al uso del territorio y los desafíos que enfrenta la protección de los bienes comunes en un contexto de transformación acelerada. Invitamos a las personas interesadas a consultar el reporte completo, así como a seguir el trabajo de documentación y vigilancia ambiental que Philippe Vangoidsenhoven comparte de manera permanente a través de su sitio web y sus redes sociales, una labor que contribuye a construir memoria territorial y a visibilizar procesos que muchas veces pasan desapercibidos en el debate público.

Más información

Lo que revelan años de vigilancia ambiental

Durante años, Philippe Vangoidsenhoven ha documentado cambios en humedales, bosques costeros, quebradas, arroyos y zonas públicas del Caribe Sur de Costa Rica. Sus fotografías, videos, sobrevuelos con dron y denuncias constituyen mucho más que un registro de incidentes ambientales aislados: conforman una memoria territorial que permite observar procesos de transformación que suelen pasar desapercibidos cuando se analizan de manera fragmentada.

Vista de forma individual, cada denuncia parece referirse a un problema específico. Sin embargo, cuando estos registros se observan en conjunto, emerge una imagen más amplia. Lo que aparece es un territorio sometido a presiones crecientes derivadas de la expansión inmobiliaria, el desarrollo turístico y la creciente valorización económica de la tierra.

No se trata únicamente de cambios en el paisaje. Se trata de transformaciones que afectan bienes comunes fundamentales para la vida colectiva, desde humedales y corredores biológicos hasta zonas públicas costeras y cuerpos de agua.

La desaparición silenciosa de los humedales

Uno de los patrones más visibles es la presión constante sobre los humedales. En distintos puntos del Caribe Sur se observan procesos de relleno, nivelación y alteración de terrenos inundables para habilitar nuevos usos constructivos. Estas intervenciones suelen justificarse como mejoras del terreno o preparación para futuros desarrollos, pero sus efectos trascienden los límites de cada propiedad.

Los humedales desempeñan funciones esenciales para la regulación hídrica, la absorción de excedentes de agua durante eventos extremos, la conservación de biodiversidad y el mantenimiento de procesos ecológicos complejos. Su desaparición implica también la pérdida de hábitats, la alteración de flujos naturales de agua y una mayor vulnerabilidad frente a inundaciones.

Más preocupante aún es que muchos de estos cambios ocurren de manera gradual. No desaparecen grandes extensiones de un día para otro; se transforman poco a poco hasta que aquello que alguna vez fue reconocido como humedal deja de ser percibido como tal.

La limpieza del paisaje como forma de ocupación

Otra tendencia recurrente es la eliminación sistemática de vegetación. La chapea constante del sotobosque, la remoción de vegetación costera y la limpieza de franjas protegidas aparecen reiteradamente en distintos sectores del litoral.

Estas prácticas suelen presentarse como labores de mantenimiento, seguridad o embellecimiento. Sin embargo, en muchos casos cumplen una función territorial más profunda: preparar espacios para futuras intervenciones, aumentar el atractivo visual de propiedades o reforzar procesos de apropiación de áreas que legalmente poseen carácter público o protegido.

La transformación comienza muchas veces antes de la construcción. Empieza con la modificación gradual del paisaje.

La creciente presión sobre la zona costera

La Zona Marítimo Terrestre y las áreas de protección asociadas a quebradas, arroyos y humedales se han convertido en espacios particularmente disputados.

Los registros recopilados muestran intentos recurrentes de ampliar usos privados sobre espacios que cumplen funciones públicas y ambientales. Se trata de una tensión permanente entre diferentes formas de entender el territorio: como mercancía, como recurso económico o como bien común.

La importancia de esta discusión radica en que la zona costera no solo constituye un atractivo turístico. También alberga ecosistemas estratégicos y espacios cuyo acceso y conservación tienen una dimensión colectiva.

Cuando las excepciones comienzan a repetirse

Quizá el elemento más revelador de los registros recopilados no sea la magnitud de cada intervención particular, sino su frecuencia.

Lo que antes podía interpretarse como una situación excepcional aparece una y otra vez bajo distintas formas. Cambian los lugares, cambian los actores y cambian las justificaciones, pero ciertos patrones se mantienen.

La presión sobre humedales. La eliminación de cobertura vegetal. La ocupación gradual de espacios públicos. La fragmentación de ecosistemas. Las dificultades institucionales para prevenir o detener algunos procesos.

La repetición constante de estas situaciones obliga a desplazar la pregunta. Ya no se trata únicamente de analizar cada caso por separado. Se vuelve necesario preguntarse qué nos dicen, en conjunto, sobre la dirección que está tomando el territorio.

La importancia de la vigilancia ciudadana

En este contexto, el trabajo desarrollado por Philippe Vangoidsenhoven adquiere un valor que va más allá de la denuncia ambiental.

Sus registros permiten documentar procesos de largo plazo, identificar patrones y construir memoria sobre transformaciones que muchas veces avanzan de manera dispersa y poco visible. Son una forma de observación ciudadana del territorio que contribuye a la defensa de los bienes comunes y al fortalecimiento del debate público sobre el futuro del Caribe Sur.

Porque los cambios territoriales no ocurren únicamente cuando entra una excavadora o cuando inicia una construcción. También ocurren cuando una sociedad deja de percibir ciertas transformaciones como problemáticas.

Y es precisamente ahí donde surge una de las preguntas más importantes para el Caribe Sur contemporáneo: ¿qué sucede cuando las presiones sobre los bienes comunes dejan de ser percibidas como amenazas y comienzan a aceptarse como parte normal del paisaje?

Responder esa pregunta implica mirar más allá de cada denuncia individual y reflexionar colectivamente sobre el tipo de territorio que se está construyendo y sobre quiénes asumen los costos ambientales de ese proceso.

Crédito fotográfico: Todas las fotografías incluidas en esta publicación son autoría de Philippe Vangoidsenhoven y forman parte de su trabajo de documentación y vigilancia ambiental en el Caribe Sur. Las imágenes se utilizan con carácter ilustrativo para acompañar la reflexión sobre las transformaciones territoriales y las presiones que enfrentan los bienes comunes en la región.

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CartmanCast Política Premium: Manual para estudiar el poder sin reconocerlo cuando está en tu oficina

El 22 de junio de 2026, el sitio web de apoyo a Boaventura de Sousa Santos anunció el cierre definitivo de todos los procedimientos judiciales contra el sociólogo. Según la versión difundida por su defensa, el Ministerio Público portugués archivó las investigaciones por «falta de denuncias formales», y la demanda por difamación interpuesta por el académico quedó sin efecto tras el desistimiento de las denunciantes. El caso se cierra. Los tribunales archivan. Pero nosotros y nosotras, aprovechamos que este tipo de situaciones siguen ocurriendo en tantos lugares para hacer la pregunta que no se archiva con el expediente: ¿cuántas denuncias de abuso en la academia terminan archivadas no porque sean falsas, sino porque el sistema está diseñado para que sostenerlas resulte más costoso que callar?

Y queremos ser claros desde el principio: Sobre el proceso judicial concreto, nuestra reflexión no juzga ese caso en particular, ni sus protagonistas, ni la veracidad de las denuncias. Lo usamos como ventana para mirar un problema que trasciende a cualquier persona: la dificultad estructural que tienen las instituciones de conocimiento para escuchar críticas internas sin activar mecanismos de defensa corporativa. Dicho esto, empecemos…

Bienvenidas y bienvenidos a CartmanCast Política Premium.

Hoy vamos a hablar de un lugar fascinante.

Un lugar donde se estudian las relaciones de poder, pero donde a veces nadie quiere hablar del poder. Un lugar donde se producen investigaciones sobre desigualdad, jerarquías y dominación, pero donde, ocasionalmente, algunas personas reaccionan con profunda incomodidad cuando alguien sugiere que esos mismos fenómenos podrían existir dentro de la propia institución.

Sí. Vamos a hablar de la academia.

Ese ecosistema extraordinario donde una persona puede dedicar veinte años a explicar cómo funcionan las élites, el patriarcado, el colonialismo y las estructuras de dominación global, pero sufrir una crisis existencial si alguien le pregunta quién toma las decisiones dentro de su departamento.

Porque, aparentemente, el poder siempre está en otra parte.

-Está en los gobiernos.

-Está en las corporaciones.

-Está en los organismos internacionales.

-Está en los partidos políticos.

Pero jamás en una oficina universitaria llena de libros, artículos indexados y tazas de café con frases de Paulo Freire.

Y como en este podcast somos profundamente irresponsables con las zonas de confort, hoy vamos a hacer una pregunta que resuena en los pasillos pero rara vez se escucha en los auditorios: ¿Puede una institución dedicada a estudiar las desigualdades terminar reproduciendo algunas de ellas?

Pónganse cómodos. O incómodos. Que para este tema probablemente sea más apropiado.

Para empezar a responder a esa pregunta, debemos recordar las lecciones que la propia academia nos ha enseñado.

Durante décadas, la academia crítica nos enseñó a identificar el poder allí donde parecía invisible. Aprendimos que las relaciones de dominación no dependen únicamente de la fuerza, que el poder puede expresarse a través del prestigio, de las jerarquías, de la capacidad para definir qué conocimientos son legítimos y cuáles no. Aprendimos que las instituciones pueden producir silencios, normalizar desigualdades y proteger privilegios mientras se presentan como espacios comprometidos con la justicia.

Sin embargo, hay una pregunta que las universidades suelen formular con mucha menos frecuencia: ¿qué ocurre cuando esas mismas dinámicas aparecen dentro de la propia academia?

Y esta pregunta no es un ejercicio de teoría abstracta. No es menor. Tampoco es nueva. Cada cierto tiempo emergen testimonios, denuncias y relatos que obligan a mirar detrás de la imagen idealizada de la universidad como refugio del pensamiento crítico. Historias que hablan de abuso de poder, hostigamiento, apropiación del trabajo intelectual, discriminación, acoso o explotación académica. Historias que, independientemente de cómo concluyan los procesos institucionales o judiciales, exponen una realidad difícil de ignorar: las universidades también son espacios atravesados por relaciones de poder. Y quizás ahí reside una de las mayores contradicciones de nuestro tiempo.

Ahora bien, ¿por qué ocurre esto? La primera razón está en una falsa creencia: la idea de que el prestigio elimina las relaciones de poder.

Existe una tendencia a pensar que las universidades funcionan principalmente a partir de argumentos, ideas y debates racionales. Como si el conocimiento circulara en un espacio neutral donde todas las personas participan en igualdad de condiciones. La realidad, sin embargo, suele ser bastante más compleja.

La vida académica está organizada alrededor de jerarquías. Algunas son formales y visibles. Otras operan de manera más sutil. Hay quienes tienen acceso a recursos, financiamiento, publicaciones, redes internacionales, becas, puestos de investigación y capacidad para abrir o cerrar puertas. Hay quienes poseen reconocimiento acumulado durante décadas. Hay quienes se convierten en referentes de una disciplina o incluso en símbolos de determinadas corrientes de pensamiento.

Nada de esto es necesariamente problemático. El problema aparece cuando el prestigio deja de ser reconocimiento y comienza a funcionar como poder incuestionable. Porque allí donde existen fuertes asimetrías también aparecen riesgos. No es casualidad que muchas de las discusiones contemporáneas sobre violencia en la academia tengan como telón de fondo relaciones profundamente desiguales entre personas que ocupan posiciones distintas dentro de la estructura universitaria.

Quien dirige un proyecto no ocupa el mismo lugar que quien depende de ese proyecto para sostener una beca. Quien decide publicaciones no ocupa el mismo lugar que quien necesita publicar para continuar una carrera académica. Quien controla redes institucionales no ocupa el mismo lugar que quien intenta abrirse espacio en ellas. Ignorar estas diferencias no elimina el problema. Simplemente lo vuelve invisible.

Pero si las jerarquías son el escenario, el silencio es el mecanismo que permite que la obra continúe.

Las universidades suelen reaccionar con incomodidad cuando estas discusiones aparecen. En ocasiones porque existe una preocupación legítima por garantizar procedimientos justos. Pero también porque las denuncias suelen poner en cuestión algo más profundo: la imagen que las instituciones construyen sobre sí mismas.

Es entonces cuando aparece un fenómeno conocido. La conversación deja de centrarse en las experiencias relatadas y pasa a girar alrededor del prestigio de las personas involucradas, la reputación institucional o los posibles daños a la imagen de la organización. La institución comienza a preguntarse cómo protegerse. Mucho menos frecuente es que se pregunte qué condiciones hicieron posible que determinadas experiencias ocurrieran.

Y es que las violencias no son fenómenos aislados.

Rara vez prosperan en el vacío. Necesitan contextos. Necesitan silencios. Necesitan culturas organizativas donde ciertas conductas se normalizan, se minimizan o se justifican porque quien las ejerce es considerado demasiado importante, demasiado influyente o demasiado valioso para ser cuestionado. Por eso el problema nunca es únicamente individual. También es institucional.

Esta dinámica nos lleva a una de las reacciones más perversas del sistema: tratar a las víctimas como una amenaza.

Uno de los aspectos más preocupantes de estos debates es la facilidad con que quienes denuncian terminan siendo presentados como una amenaza. De repente, el foco deja de estar en las relaciones de poder que hicieron posible determinadas experiencias y se desplaza hacia las personas que decidieron hablar. Se cuestionan sus motivaciones. Se examinan sus trayectorias. Se pone bajo sospecha su credibilidad. Se les exige un nivel de perfección moral que rara vez se exige a quienes ocupan posiciones de autoridad.

Mientras tanto, la pregunta central queda suspendida: ¿qué nos están diciendo esos testimonios sobre la forma en que organizamos la producción del conocimiento?

Escuchar a las víctimas no implica renunciar a principios fundamentales como el debido proceso o el derecho a la defensa. Tampoco significa asumir automáticamente la culpabilidad de nadie. Significa reconocer que existe una responsabilidad ética de tomar en serio aquello que se está denunciando y de preguntarse qué aspectos de nuestras instituciones necesitan transformarse. Porque una universidad comprometida con la democracia no debería temerle a la verdad, incluso cuando esa verdad resulta incómoda.

Y hablando de incomodidad, hay un tema que la academia maneja con particular torpeza: el acoso y abuso sexual.

No se nos olvida. El acoso y el abuso sexual en la academia suele ser uno de esos temas que la institución maneja con una mezcla muy particular de incomodidad selectiva y memoria corta. Se habla de él en los protocolos, en los comunicados, en los talleres obligatorios que nadie quiere dar ni recibir. Pero en la vida cotidiana universitaria, muchas veces opera como ese fenómeno que «todos saben que existe», pero que rara vez se nombra en voz alta si no hay un escándalo demasiado público como para seguir mirando hacia otro lado.

La academia no es solo un espacio de ideas. Es también un espacio de jerarquías bastante concretas. Quien evalúa, dirige, recomienda, financia o publica tiene poder real sobre trayectorias que todavía están en construcción. En ese escenario, el abuso no necesita presentarse como algo explícito o excepcional: puede camuflarse en decisiones académicas, evaluaciones «objetivas», oportunidades que aparecen o desaparecen sin mucha explicación, o silencios que se vuelven costumbre.

El problema se vuelve aún más delicado cuando se cruza con algo que la institución maneja con especial cuidado: su reputación. Porque cuando emergen denuncias, la pregunta rara vez empieza por las condiciones que las hicieron posibles. Más bien aparece el reflejo institucional de control de daños. Se revisa el lenguaje, se ajustan los procedimientos, se pide prudencia, se recuerda el debido proceso. Todo eso es importante, sí. Pero en paralelo suele quedar intacta la pregunta incómoda: qué tipo de estructuras permiten que alguien tenga suficiente poder como para que otras personas teman hablar.

En ese contexto, denunciar no es simplemente relatar un hecho. Es entrar en un terreno donde la desigualdad ya juega antes de que empiece cualquier procedimiento formal. Quien denuncia suele hacerlo desde una posición más frágil, con más que perder y menos margen de maniobra. Y esa asimetría no desaparece porque exista un reglamento; a lo sumo, se administra. Quizás por eso este tema incomoda tanto. No solo por lo que revela sobre conductas individuales, sino porque obliga a mirar algo más estructural: que incluso en los espacios que se dedican a estudiar el poder, el poder sigue operando, a veces con una sofisticación bastante académica.

Y entonces, ¿qué hacemos con todo esto? Llegamos al punto central, el que la academia siempre ha exigido a los demás y rara vez se aplica a sí misma: la crítica comienza por casa.

Quizás la mayor lección que deja esta discusión sea una profundamente política.

Durante años, la academia crítica ha señalado las múltiples formas mediante las cuales opera el poder en nuestras sociedades. Ha denunciado el patriarcado, el racismo, el colonialismo y las desigualdades económicas. Ha mostrado cómo las instituciones pueden reproducir relaciones de dominación incluso cuando afirman combatirlas. La pregunta ahora es si está dispuesta a aplicar ese mismo ejercicio sobre sí misma. No para destruir la universidad. No para alimentar campañas de desprestigio. Sino precisamente para fortalecerla.

Porque una institución que no puede escuchar a quienes denuncian abusos termina pareciéndose demasiado a aquellas estructuras de poder que durante décadas dijo combatir. Y porque ninguna producción de conocimiento verdaderamente emancipadora puede construirse sobre el silencio de quienes han sido lastimados. La crítica, después de todo, comienza por casa.

Epílogo Premium para personas fácilmente ofendibles

Si llegaron hasta aquí, probablemente hay dos posibilidades.

La primera es que estén de acuerdo.

La segunda es que ya estén redactando un correo explicando por qué esta reflexión constituye un ataque sistemático contra la universidad, el conocimiento, la civilización occidental y posiblemente la física cuántica.

Pero permítanme ser claro: el punto nunca fue atacar la academia. De hecho, es exactamente al revés. Las universidades son demasiado importantes como para tratarlas como iglesias. Demasiado importantes como para convertirlas en espacios donde ciertas preguntas no pueden formularse. Demasiado importantes como para creer que el prestigio sustituye la rendición de cuentas.

Quienes señalan abusos, silencios o relaciones problemáticas de poder no necesariamente están debilitando la universidad. Muchas veces están intentando salvarla de sí misma. Porque las instituciones no se vuelven más democráticas cuando esconden sus contradicciones. Se vuelven más democráticas cuando son capaces de enfrentarlas.

En conclusión, si la academia quiere seguir enseñándonos cómo funcionan las relaciones de poder, quizás el mejor punto de partida sea aceptar una idea bastante sencilla: las relaciones de poder no desaparecen mágicamente cuando alguien obtiene un doctorado.

Nos escuchamos en la próxima edición de CartmanCast Política Premium. Ese espacio donde hacemos preguntas incómodas para que otras personas tengan reuniones incómodas.

El Libro que la Academia No Quiere que Leas

Ya que hemos pasado el rato señalando las contradicciones de la academia, sería injusto no dejar sobre la mesa el material que hizo posible este episodio.

El libro se titula Los males de la academia: Abuso de poder, endogamia, acoso, corrupción y otras violencias. Lo editan Ana Bravo-Moreno y Francisco Javier Ogáyar-Marín. Y es, básicamente, el manual de instrucciones que nadie pidió para entender por qué las universidades son ese lugar tan maravilloso y tan terrible al mismo tiempo.

¿Qué encontrarán dentro?

  1. Testimonios de abuso de poder en universidades de Argentina, España, Estados Unidos, Indonesia, México y Reino Unido.
  2. Personas que han tenido que usar seudónimos para contar su historia porque, incluso hoy, denunciar en la academia sigue siendo más peligroso que callar.
  3. Análisis sobre endogamia, clientelismo, acoso sexual, fabricación de artículos científicos y eso que los editores llaman «violencia sistémica».
Pueden descargar el libro aquí.

 

Pero también, y esto es lo importante, es un libro de resistencia. No se limita a señalar el problema. Ofrece herramientas para pensarlo, para nombrarlo y, quizás, para empezar a transformarlo. Porque si algo hemos aprendido hoy es que la crítica, como decíamos, comienza por casa. Y que callar, cuando se tiene la posibilidad de hablar, también es una decisión política.

¿Es cómodo? No. ¿Es necesario? Absolutamente.

Y está disponible en acceso abierto. Porque el conocimiento crítico, al fin y al cabo, también es un bien común. Y porque la única forma de que las universidades dejen de parecerse a las estructuras de poder que dicen combatir es empezar a mirarlas con ojos críticos.

Así que ya saben: si este episodio les ha generado incomodidad, si han reconocido algo de lo que hemos hablado en sus propias experiencias o en las de sus colegas… quizás sea el momento de dejar de quejarse y empezar a leer.

Nos leemos en la próxima edición. O, mejor dicho, nos leemos en las páginas de este libro.

Referencias:

Apoyo Boaventura (2025). Difamación: toda la verdad documentada. Apoyo Boaventura Sousa

Apoyo Boaventura. (2026). Cerrados definitivamente todos los procedimientos contra Boaventura de Sousa Santos. Apoyo Boaventura Sousa.

Bravo-Moreno, Ana, y Ogáyar-Marín, Francisco Javier (Eds.). (2026). Los males de la academia: Abuso de poder, endogamia, acoso, corrupción y otras violencias. Peter Lang.

Camacho Muñoz, Mariana. (2023). Boaventura y la irresponsabilidad en la academia. Dejusticia. 

Manica, Daniela y Gama, Fabiene (2025). Qué No Hacer Si Te Acusan De Acoso: El Caso De Boaventura de Souza Santos. CASTAC Blog.

OpenDemocracy. (2024). Sociólogo Boaventura de Sousa Santos enfrenta nuevas denuncias de acoso. openDemocracy. 

¿Por qué un observatorio de bienes comunes habla de esto?

Porque el conocimiento es un bien común.

Porque las universidades, aunque a veces lo olviden, son espacios de producción de conocimiento que pertenece a la sociedad. No son feudos privados de unos pocos. No son clubes exclusivos donde el prestigio se hereda o se compra con favores. Son instituciones que deberían estar al servicio de la colectividad, no al servicio de sus propias élites.

Y porque los bienes comunes no son solo recursos naturales o infraestructuras digitales. También son las condiciones que hacen posible que el conocimiento circule, que se produzca de manera ética y que esté al alcance de quienes más lo necesitan.

Cuando una universidad permite el abuso de poder, el acoso, la endogamia o la corrupción, no está fallando solo a sus estudiantes o a su personal. Está fallando a la sociedad entera. Está debilitando la confianza en la institución que debería ser la más fiable para generar saber crítico. Está diciendo, en voz baja pero con hechos, que el conocimiento también puede ser un botín.

Por eso desde este observatorio miramos la academia. No para destruirla, sino para recordarle que su compromiso no es con sus propias jerarquías, sino con la verdad y con la justicia. Y porque creemos que señalar las contradicciones de quienes estudian el poder también es una forma de cuidar el bien común.

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¿Molesta el FEES? La universidad pública y la democratización de la palabra

¿Qué pierde una sociedad cuando las voces de sus comunidades dejan de ser escuchadas? ¿Qué ocurre cuando los territorios solo aparecen en la conversación pública de manera ocasional o a través de narrativas construidas por actores externos?

El testimonio de David Menjívar Moreno, vecino de la comunidad de Birmania de Upala, invita a reflexionar sobre estas preguntas. Con más de cinco décadas de vida en la comunidad, don David destaca la importancia de que la Universidad de Costa Rica mantenga una presencia activa en los territorios, no solo para compartir conocimiento, sino también para documentar experiencias, acompañar procesos comunitarios y contribuir a que las realidades locales formen parte de la discusión nacional.

Sus palabras ponen sobre la mesa una diferencia fundamental entre los medios orientados principalmente por lógicas comerciales y la labor que realizan las universidades públicas. Mientras gran parte de la información que circula en la sociedad está condicionada por criterios de rentabilidad, audiencia o pauta publicitaria, la universidad tiene la posibilidad de acercarse a realidades que suelen quedar fuera de los focos mediáticos y generar espacios donde las comunidades puedan expresar sus preocupaciones, conocimientos y propuestas.

La relevancia de esta labor no radica únicamente en difundir información. También tiene que ver con quiénes tienen la posibilidad de participar en la construcción del debate público. Con frecuencia, las comunidades rurales, los pueblos indígenas, las organizaciones territoriales o las personas que enfrentan conflictos socioambientales aparecen en la agenda pública de forma fragmentada o excepcional. Rara vez son reconocidas como actores capaces de interpretar su propia realidad y aportar lecturas valiosas sobre los desafíos que enfrenta el país.

En este sentido, la acción social, la investigación comprometida y los espacios de comunicación impulsados desde la universidad pública contribuyen a democratizar la palabra. No se trata únicamente de hablar sobre las comunidades, sino de crear condiciones para que sus experiencias y saberes circulen en el espacio público, dialoguen con otros conocimientos y disputen narrativas construidas desde centros de poder político, económico o mediático.

Cuando un vecino como David Menjívar comparte su lectura sobre los cambios observados en Birmania de Upala, no está ofreciendo solamente un testimonio personal. Está aportando una interpretación de la realidad construida desde décadas de experiencia, observación y arraigo territorial. Reconocer el valor de estas voces amplía nuestra comprensión de los problemas colectivos y fortalece la deliberación democrática.

Las palabras de don David también recuerdan que la defensa del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) no se limita al financiamiento de las universidades públicas. Implica defender la posibilidad de que estudiantes, docentes e investigadores continúen desarrollando proyectos que acompañan a las comunidades, fortalezcan procesos organizativos y amplíen los espacios donde distintos sectores de la sociedad puedan hacerse escuchar.

Una democracia necesita información, pero también necesita instituciones capaces de escuchar, investigar y acompañar a las comunidades. Necesita espacios donde distintas voces puedan encontrarse, debatir y confrontar visiones sobre el presente y el futuro. La universidad pública es una de esas instituciones. Por eso su defensa no es solamente una cuestión presupuestaria: es una apuesta por el derecho de la sociedad a comprenderse a sí misma, a reconocer la diversidad de saberes que la conforman y a construir colectivamente su futuro.