El pasado 25 de abril, el río Agualote fue escenario del cierre de un ciclo de trabajo colectivo. Esta jornada de limpieza no fue un evento aislado, sino el punto de llegada de un proceso más amplio que incluyó varias actividades previas —entre ellas observación de biodiversidad, acciones comunitarias y otras jornadas de recolección— que, en conjunto, fueron tejiendo una experiencia sostenida en el tiempo.
Más que un cierre, este momento permite mirar en perspectiva lo construido: aprendizajes, vínculos, desafíos y una certeza compartida: el cuido socioambiental no ocurre de una vez, se construye desde la constancia, desde la persistencia de quienes deciden involucrarse y sostener.
La jornada reunió a diversas organizaciones, instituciones, empresas y personas voluntarias, entre ellas el Observatorio del Río Agualote, FUNDEMA, Helados Sensación, CoopeVictoria, la Cruz Roja, la empresa Panduit, estudiantes de la Universidad de Costa Rica (Práctica Profesional y TCU), el Observatorio del Agua del río Trojas, así como otros actores comunitarios que continúan articulando esfuerzos en el territorio.
Este proceso ha dejado claro que las limpiezas de ríos son mucho más que acciones puntuales. Cada jornada implica semanas de organización, coordinación y articulación. El trabajo visible —la recolección de residuos— es solo una parte de un esfuerzo mayor que incluye construir confianza, gestionar recursos, convocar voluntades y leer el territorio.
Los resultados son tangibles: toneladas de residuos retirados, mayor participación comunitaria, procesos de sensibilización en marcha. Pero también se evidencian los retos: focos persistentes de contaminación, vacíos en la gestión de residuos y la necesidad de fortalecer la corresponsabilidad entre actores.
Además del trabajo en campo, estas jornadas integraron procesos de sensibilización comunitaria. A través de microcharlas casa por casa, se recogieron voces, inquietudes y necesidades que permiten comprender mejor la problemática. Limpiar, en este sentido, también ha sido escuchar.
La participación de jóvenes y organizaciones ha sido clave para sostener este proceso, mostrando que la construcción de lo común también es una apuesta generacional.
Lo que no se ve: el trabajo detrás de una jornada
A simple vista, una jornada de limpieza puede parecer un grupo de personas que decidió dedicar un sábado a recoger residuos. Sin embargo, lo que ocurre ese día es solo la parte visible de un proceso mucho más amplio.
Cada jornada implica semanas —e incluso meses— de organización: coordinación entre actores, gestión de recursos, convocatoria de voluntariado, articulación con instituciones, planificación logística y definición de rutas de trabajo. Garantizar condiciones adecuadas para la participación de decenas o incluso más de cien personas requiere un esfuerzo sostenido que pocas veces se reconoce.
Este trabajo también construye confianza y credibilidad, permitiendo que más actores se sumen y que los recursos se canalicen de forma transparente hacia el objetivo común.
Lo que dicen las comunidades
El componente de sensibilización impulsado por el TCU de Cambio Climático de la Universidad Técnica Nacional, desarrollado durante estas jornadas permitió abrir un espacio fundamental: escuchar. A través de visitas casa por casa y microcharlas sobre manejo de residuos, no solo se compartió información, sino que se recogieron experiencias, preocupaciones y necesidades concretas de las comunidades.
Uno de los hallazgos más claros es que persisten importantes vacíos en torno a la clasificación y gestión de residuos. En muchos hogares no se cuenta con información suficiente sobre cómo separar adecuadamente, qué materiales pueden valorizarse o cuáles son las rutas correctas para su disposición. Incluso en aquellos casos donde ya existe una práctica de separación, se identifican dudas que limitan su efectividad.
Pero más allá de la información, las conversaciones evidenciaron algo más profundo: las condiciones. Muchas personas expresaron que, aunque existe disposición para mejorar sus prácticas, no siempre cuentan con las facilidades necesarias. Esto incluye desde limitaciones en los sistemas de recolección hasta la ausencia de acompañamiento continuo por parte de instituciones públicas y gobiernos locales.
Otro elemento clave fue reconocer que la participación no es homogénea. No todas las personas pueden sumarse a las jornadas de limpieza por razones físicas, de tiempo o de cuidado, pero eso no implica desinterés. Las microcharlas permitieron llegar a esos hogares, incorporarlos en el proceso y reconocer que el cuidado del río también se construye desde otras formas de participación.
En este sentido, el aprendizaje es claro: el problema de la contaminación no puede reducirse a decisiones individuales. Requiere comprender las realidades locales, atender las condiciones estructurales y construir respuestas que surjan del diálogo con las comunidades.
La pedagogía de la constancia
Uno de los aprendizajes más profundos que deja este proceso es que el cuidado no es un acto puntual, sino una práctica que se sostiene en el tiempo. Las jornadas de limpieza del río Agualote muestran que transformar implica volver: regresar al mismo lugar, enfrentar los mismos desafíos y, aun así, continuar.
Esta repetición no debe leerse como un fracaso, sino como parte esencial del aprendizaje. Cada jornada acumula experiencia, permite afinar la organización, fortalece vínculos y amplía la conciencia sobre la problemática. Es en esa acumulación donde empiezan a hacerse visibles los cambios.
La limpieza de ríos enseña que las transformaciones socioambientales no son inmediatas ni lineales. Hay avances, retrocesos, momentos de mayor participación y otros de menor impulso. Sin embargo, es precisamente en esa continuidad donde se construye la posibilidad de cambio.
Además, esta constancia tiene una dimensión pedagógica profunda: forma en la paciencia, en el compromiso y en la responsabilidad compartida. Enseña que el cuidado de lo común no depende de acciones extraordinarias, sino de la capacidad de sostener prácticas en el tiempo.
Cada jornada, entonces, no solo limpia el río, sino que educa. Educa en el hacer, en el encontrarse con otras personas, en reconocer la magnitud del problema sin paralizarse, y en comprender que el cambio se construye paso a paso.
Características de una pedagogía de la constancia
A partir de este proceso, es posible identificar algunas características que definen esta pedagogía que se va construyendo desde la práctica:
En primer lugar, la construcción de tejido social. La reiteración de las jornadas permite que las personas pasen de coincidir a reconocerse. Se generan vínculos, se fortalecen confianzas y se consolidan redes que sostienen el proceso más allá de cada actividad puntual. La constancia convierte la participación en comunidad.
En segundo lugar, el vínculo con el territorio. Volver al río no es solo regresar a un lugar físico, es profundizar en su conocimiento. Las personas empiezan a identificar sus dinámicas, sus problemáticas y también su valor. Este acompañamiento sostenido construye sentido de pertenencia y compromiso: el río deja de ser un espacio externo y se reconoce como parte de lo común.
Otra característica clave es la solidaridad que emerge del trabajo compartido. Las jornadas generan encuentros donde el esfuerzo colectivo adquiere valor. Se comparten tareas, se distribuyen responsabilidades y se construye una ética de colaboración que trasciende la actividad misma.
También destaca su dimensión formativa. No se trata de un aprendizaje abstracto, sino situado y práctico. Se aprende organizando, coordinando, dialogando con comunidades, resolviendo imprevistos. Es un aprendizaje que fortalece capacidades individuales y colectivas, y que difícilmente se logra en espacios desconectados de la realidad.
Finalmente, esta pedagogía enseña a habitar la complejidad. No ofrece soluciones rápidas ni resultados definitivos, pero sí herramientas para sostener procesos. Forma en una ética del compromiso: seguir, incluso cuando los cambios son lentos; insistir, incluso cuando los problemas persisten.
Así, la constancia no solo transforma el entorno, sino también a quienes participan en su cuidado.
No es el cierre, es el comienzo
Aunque la jornada del 25 de abril marca el cierre de este ciclo de actividades, sería un error entenderla como un punto final. Más bien, representa un momento de pausa que permite mirar lo recorrido y proyectar lo que sigue.
Lo que estas jornadas dejan no es solo un río más limpio, sino una acumulación de aprendizajes: sobre organización, sobre articulación entre actores, sobre las realidades de las comunidades y sobre la magnitud del desafío que implica el cuidado de lo común.
También dejan preguntas abiertas. ¿Cómo sostener estos procesos en el tiempo? ¿Cómo fortalecer la articulación entre comunidades, instituciones y sector privado? ¿Cómo traducir los aprendizajes en políticas y acciones más estructurales? ¿Cómo ampliar la participación y diversificar las formas de involucramiento?
Este cierre, entonces, es en realidad una apertura. Una invitación a no perder lo construido, a seguir tejiendo redes y a profundizar en los procesos iniciados.
El río Agualote recuerda que el cuidado de los bienes comunes no tiene un punto de llegada definitivo. Es un proceso continuo, que requiere presencia, compromiso y voluntad colectiva.
En ese sentido, el verdadero riesgo no está en que una jornada termine, sino en que los aprendizajes no se sostengan. Por el contrario, el desafío es claro: hacer de esta experiencia un punto de partida para seguir construyendo, desde la constancia, las transformaciones que necesitamos.
Para profundizar la práctica:
La siguiente matriz recoge, de forma sintética, algunos de los principales aprendizajes construidos a lo largo de las jornadas desarrolladas. No se trata de conclusiones cerradas, sino de pistas que emergen de las prácticas, las conversaciones y los encuentros sostenidos entre quienes participaron en este proceso.
Estos aprendizajes no nacen únicamente de la acción de limpiar, sino del conjunto de experiencias compartidas: la organización previa, el trabajo en campo, el diálogo con las comunidades, la articulación entre actores y la reflexión colectiva que se fue tejiendo en el camino.
En este sentido, la matriz busca ser una herramienta para mirar lo vivido, ordenar ideas y, sobre todo, abrir nuevas preguntas. Porque si algo dejan estas jornadas es la certeza de que el cuidado de lo común se aprende haciéndolo, pensándolo y sosteniéndolo en colectivo.
Sostener para transformar: aprendizajes desde el cuidado de lo común
| Dimensión | ¿Qué se observa en las jornadas? | ¿Qué aprendizaje deja? | Preguntas para profundizar | Proyecciones / acciones |
|---|---|---|---|---|
| Constancia en la acción | Jornadas repetidas en el tiempo, regreso al mismo río | El cambio requiere continuidad, no acciones aisladas | ¿Qué pasa si dejamos de volver? ¿Qué sostiene la continuidad? | Diseñar calendarios sostenidos de acción comunitaria |
| Organización y articulación | Coordinación entre organizaciones, instituciones y empresas | Transformar implica tejer alianzas y sostener procesos colectivos | ¿Quiénes faltan en la articulación? ¿Cómo ampliar la red? | Fortalecer alianzas y sumar nuevos actores |
| Trabajo invisible | Planificación previa, gestión de recursos, logística | El impacto visible depende de un esfuerzo previo poco reconocido | ¿Cómo visibilizar y valorar este trabajo? | Documentar procesos y distribuir responsabilidades |
| Escucha comunitaria | Microcharlas, visitas casa por casa, diálogo con comunidades | Las soluciones requieren escuchar necesidades y contextos reales | ¿Qué nos están diciendo las comunidades que aún no atendemos? | Incorporar sistemáticamente la voz comunitaria en las acciones |
| Condiciones estructurales | Dificultades en manejo de residuos, falta de información o servicios | El problema no es solo individual, también es estructural | ¿Qué condiciones limitan el cambio? ¿Quién debe responder? | Incidir en políticas locales y mejorar sistemas de gestión |
| Tejido social | Encuentro constante entre personas diversas | La repetición construye confianza, vínculo y comunidad | ¿Cómo sostener estos vínculos más allá de las jornadas? | Crear espacios permanentes de encuentro y organización |
| Vínculo con el territorio | Reconocimiento progresivo del río y sus dinámicas | El cuidado nace del sentido de pertenencia | ¿Cómo cambia nuestra relación con el río al volver? | Promover actividades que fortalezcan el arraigo territorial |
| Memoria local | Relatos, historias y experiencias compartidas sobre el río y la comunidad | La memoria permite comprender el pasado del territorio y proyectar su cuidado | ¿Qué historias del río estamos recuperando? ¿Cuáles se están perdiendo? | Incorporar espacios de memoria, registro y diálogo intergeneracional |
| Monitoreo comunitario | Observación constante del estado del río, identificación de focos de contaminación | El cuidado implica seguimiento, no solo intervención puntual | ¿Qué cambios estamos logrando observar en el tiempo? ¿Cómo registrarlos? | Crear mecanismos comunitarios de seguimiento y registro del estado del río |
| Solidaridad y trabajo colectivo | Distribución de tareas, apoyo mutuo en la jornada | El hacer conjunto construye ética de lo común | ¿Qué aprendemos del trabajo colectivo que no se aprende solos? | Fomentar metodologías colaborativas |
| Aprendizaje práctico | Organización, resolución de problemas, sensibilización | Se aprende haciendo, en contextos reales | ¿Qué habilidades hemos desarrollado en el proceso? | Sistematizar aprendizajes y compartirlos |
| Gestión de la complejidad | Persistencia de problemas junto a avances visibles | El cambio es lento, no lineal, pero posible | ¿Cómo sostener la motivación ante resultados parciales? | Incorporar espacios de evaluación y reflexión colectiva |
| Participación diversa | Personas que participan de distintas formas (acción directa, sensibilización) | El cuidado admite múltiples formas de involucramiento | ¿Quiénes no están participando y por qué? | Diversificar formas de participación |
| Proyección a futuro | Cierre de ciclo que abre nuevas preguntas | Todo cierre es una oportunidad para continuar | ¿Qué sigue después de este proceso? | Definir nuevas etapas y líneas de acción |









