En los debates contemporáneos sobre la crisis ecológica suele asumirse que la conservación de la naturaleza es un objetivo indiscutible y universalmente compartido. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntar quién define qué es conservar, quién toma las decisiones sobre los territorios y quiénes cargan con los costos de esas políticas.
El libro Decolonize Conservation: Global Voices for Indigenous Self-Determination, Land, and a World in Common propone precisamente abrir esa discusión. A partir de experiencias de pueblos indígenas, comunidades locales, activistas e investigadores de diversas regiones del mundo, la obra plantea que muchas de las políticas de conservación impulsadas durante el último siglo no pueden comprenderse al margen de la historia colonial. Por el contrario, argumenta que numerosas iniciativas conservacionistas han reproducido formas de despojo, exclusión y subordinación que afectan especialmente a quienes han habitado y cuidado los territorios durante generaciones.
Desde esta perspectiva, descolonizar la conservación no significa simplemente mejorar algunos mecanismos de participación o incorporar nuevos actores a estructuras ya existentes. Implica cuestionar las bases mismas desde las cuales se ha pensado la relación entre naturaleza, sociedad, desarrollo y poder.
La crisis ambiental también es una crisis de justicia
Uno de los aportes más relevantes del libro consiste en desplazar la discusión ambiental hacia el terreno de la justicia. Las autoras y autores sostienen que la crisis ecológica contemporánea no puede explicarse únicamente por la pérdida de biodiversidad, el cambio climático o la degradación de ecosistemas. Detrás de estos fenómenos existen procesos históricos vinculados con el colonialismo, el racismo, la apropiación de territorios y la concentración del poder económico.
Esta mirada cuestiona la tendencia a presentar los problemas ambientales como asuntos exclusivamente técnicos o científicos. Lo que está en juego no es únicamente la protección de especies o paisajes, sino también la forma en que las sociedades distribuyen derechos, recursos, beneficios y sacrificios.
Desde esta perspectiva, la pregunta deja de ser solamente cómo proteger la naturaleza y pasa a ser también quién decide sobre ella, quién se beneficia de su uso y quiénes son desplazados o excluidos en nombre de su protección.
Superar la separación entre humanidad y naturaleza
Otra dimensión central del proceso de descolonización consiste en cuestionar una de las ideas más arraigadas en la modernidad occidental: la noción de que la naturaleza existe separada de las personas.
El libro muestra cómo gran parte de las políticas conservacionistas se han construido sobre la imagen de una naturaleza «prístina», «salvaje» o «intacta», que debe mantenerse libre de presencia humana. Bajo esta lógica, la conservación se convierte en un esfuerzo por aislar espacios naturales de las comunidades que los habitan.
Sin embargo, las experiencias recogidas en la obra muestran una realidad distinta. Muchos de los territorios considerados hoy como espacios de alta biodiversidad han sido moldeados durante siglos por prácticas comunitarias de manejo, producción, movilidad, cuidado y uso compartido.
Descolonizar implica reconocer que la relación entre las personas y los ecosistemas no es necesariamente destructiva. Existen múltiples formas de habitar los territorios que no responden a la lógica extractiva dominante y que han contribuido históricamente a sostener la diversidad biológica y cultural.
La conservación, desde esta mirada, deja de ser una política de separación y pasa a entenderse como una práctica de convivencia.
Reconocer la historia de despojo detrás de la conservación
Uno de los conceptos más recurrentes en el libro es el de “conservación de fortaleza”. Este modelo se basa en la creación de áreas protegidas bajo control estatal o institucional, donde la presencia humana es considerada una amenaza para la biodiversidad. En numerosos casos, ello ha significado el desplazamiento de comunidades, restricciones al acceso a tierras ancestrales, criminalización de prácticas tradicionales y diversas formas de violencia.
Las experiencias documentadas en países como Kenia, República Democrática del Congo, India o Tanzania muestran que, en muchas ocasiones, la conservación ha operado mediante mecanismos similares a los utilizados históricamente por los proyectos coloniales: apropiación territorial, imposición de modelos externos de gestión y subordinación de las poblaciones locales.
La crítica que plantea el libro no consiste en rechazar la protección de los ecosistemas, sino en cuestionar la idea de que la conservación sólo puede lograrse mediante la exclusión de quienes habitan esos territorios.
Descolonizar implica reconocer esta historia, visibilizar sus consecuencias y abrir espacios para formas alternativas de protección ambiental basadas en la justicia y los derechos colectivos.
Recuperar los derechos territoriales y la autodeterminación
En prácticamente todos los testimonios reunidos en la obra aparece una demanda común: el reconocimiento efectivo de los derechos territoriales de los pueblos indígenas y las comunidades locales.
La defensa del territorio no es presentada únicamente como una reivindicación cultural o política. Es también una condición para la continuidad de formas de vida, sistemas de conocimiento, prácticas productivas y relaciones comunitarias que dependen de esos espacios.
Por ello, descolonizar supone avanzar más allá de mecanismos limitados de consulta o participación. Significa reconocer la capacidad de las comunidades para gobernar sus territorios, definir sus prioridades y participar de manera sustantiva en las decisiones que afectan sus vidas.
La autodeterminación aparece así como una dimensión inseparable de cualquier propuesta seria de justicia ambiental.
Valorar la diversidad de conocimientos
El libro también cuestiona la tendencia a considerar que únicamente los saberes científicos o técnicos poseen legitimidad para orientar la gestión ambiental.
Las experiencias presentadas muestran que los pueblos indígenas y las comunidades locales poseen conocimientos acumulados durante generaciones acerca de los ciclos ecológicos, las dinámicas territoriales, la biodiversidad y las formas de uso sostenible de los recursos.
Estos saberes han sido frecuentemente invisibilizados, subordinados o apropiados sin reconocimiento.
Descolonizar implica reconocer que existen múltiples formas válidas de producir conocimiento y comprender el mundo. No se trata de reemplazar la ciencia por otros saberes, sino de construir relaciones más horizontales que permitan el diálogo y el reconocimiento mutuo.
La diversidad biológica y la diversidad cultural aparecen entonces como dimensiones profundamente interrelacionadas.
Identificar las causas estructurales de la destrucción ambiental
Una de las críticas más contundentes del libro apunta a las narrativas que responsabilizan a comunidades rurales, indígenas o campesinas de la degradación ambiental mientras permanecen relativamente intactas las estructuras económicas que impulsan la explotación intensiva de la naturaleza.
Las autoras y autores señalan que muchas de las amenazas más graves para los ecosistemas provienen de modelos de desarrollo basados en el extractivismo, la expansión de monocultivos, la minería, la explotación energética, el consumo excesivo y la acumulación de riqueza a escala global.
Sin embargo, las medidas de conservación suelen concentrarse en controlar o restringir las prácticas de quienes tienen una huella ecológica considerablemente menor.
Descolonizar implica desplazar el foco del debate hacia las causas estructurales de la crisis ambiental y cuestionar las relaciones de poder que permiten que algunos sectores acumulen beneficios mientras otros asumen los costos ecológicos y sociales.
Construir alternativas desde las comunidades
Los artículos no se limitan a denunciar problemas. También presenta experiencias que muestran caminos alternativos.
Diversas contribuciones destacan iniciativas de conservación comunitaria, gobernanza territorial indígena, manejo colectivo de bosques y otras formas de protección ambiental basadas en la participación directa de las comunidades.
Estas experiencias parten de una premisa sencilla pero profunda: quienes viven en los territorios no deben ser vistos como obstáculos para la conservación, sino como actores fundamentales para su sostenibilidad.
La protección de la biodiversidad, desde esta perspectiva, requiere fortalecer capacidades comunitarias, reconocer derechos colectivos y construir relaciones de confianza, en lugar de profundizar mecanismos de control, vigilancia o militarización.
¿Qué tiene que ver todo esto con los bienes comunes?
Las reflexiones presentes en Decolonize Conservation dialogan de manera directa con la perspectiva de los bienes comunes.
La tradición de los bienes comunes parte de una idea fundamental: existen recursos, territorios, conocimientos y condiciones de vida que no pueden reducirse a mercancías ni gestionarse exclusivamente desde el mercado o desde estructuras centralizadas de poder. Su sostenibilidad depende de relaciones sociales basadas en la cooperación, la corresponsabilidad y la participación democrática.
Desde esta mirada, la crítica a la conservación colonial puede entenderse también como una crítica a formas de gestión que concentran las decisiones en actores externos mientras excluyen a quienes mantienen vínculos cotidianos con los territorios.
Los pueblos indígenas y las comunidades locales que aparecen en el libro no reclaman únicamente acceso a recursos. Reclaman la posibilidad de seguir ejerciendo formas colectivas de cuidado, gobernanza y reproducción de la vida.
La descolonización y los bienes comunes coinciden en varios puntos fundamentales:
- -Reconocen que los territorios son espacios de vida y no simples objetos de administración.
- -Cuestionan las relaciones de dominación que separan a las comunidades de sus medios de existencia.
- -Defienden la participación activa de quienes habitan los territorios en la toma de decisiones.
- -Valoran la diversidad de conocimientos y experiencias.
- -Entienden que la sostenibilidad ecológica depende también de la justicia social.
Desde esta perspectiva, proteger un bosque, una cuenca, un humedal o una montaña no significa únicamente preservar especies o paisajes. Significa también defender las relaciones sociales, culturales y comunitarias que han permitido sostener esos territorios a lo largo del tiempo.
Una invitación a continuar la conversación
En un contexto marcado por la crisis climática, la pérdida acelerada de biodiversidad y el aumento de los conflictos socioambientales, las preguntas planteadas por este libro adquieren una enorme relevancia.
¿Es posible proteger la naturaleza sin proteger a quienes la habitan? ¿Puede existir conservación sin justicia? ¿Qué formas de conocimiento reconocemos cuando pensamos el futuro de nuestros territorios? ¿Quiénes participan en las decisiones sobre los bienes que sostienen la vida?
Decolonize Conservation no ofrece respuestas únicas ni recetas universales. Lo que propone es algo igualmente importante: abrir una conversación necesaria sobre las relaciones entre territorio, poder, conservación y justicia.
Invitamos a leer este documento y a incorporarlo a los debates sobre bienes comunes, democracia territorial y justicia socioecológica. Sus páginas nos recuerdan que la defensa de la biodiversidad y la defensa de los pueblos no son causas separadas, sino dimensiones inseparables de una misma lucha por la vida.
¿Qué vemos cuando hablamos de conservación? Claves para pensar desde nuestras experiencias
Las ideas presentadas en este libro cobran mayor sentido cuando las ponemos en diálogo con nuestras propias experiencias y territorios. ¿Quién decide sobre los bienes que sostienen la vida? ¿Qué conocimientos son escuchados y cuáles son excluidos? ¿Quiénes se benefician y quiénes asumen los costos de las decisiones tomadas en nombre de la conservación?
Las siguientes matrices buscan acompañar este ejercicio de reflexión. Más que un resumen del documento, constituyen una invitación a observar críticamente nuestras realidades, identificar continuidades coloniales en las formas de gestionar la naturaleza y reconocer prácticas comunitarias que apuntan hacia relaciones más justas entre las personas, los territorios y la biodiversidad. A partir de ellas, es posible abrir conversaciones sobre participación, derechos, cuidado colectivo y bienes comunes en los contextos que habitamos.
¿Qué implica descolonizar nuestra forma de entender y defender la naturaleza?
| Dimensión | Visión colonial de la conservación | Perspectiva descolonizadora | Preguntas para la reflexión |
|---|---|---|---|
| Relación entre seres humanos y naturaleza | La naturaleza debe protegerse de las personas. | Las personas forman parte de los ecosistemas y pueden contribuir a su cuidado. | ¿Cómo se relacionan nuestras comunidades con los territorios que habitan? ¿Toda presencia humana destruye la naturaleza? |
| Territorio | El territorio es un espacio a administrar desde instituciones externas. | El territorio es un espacio de vida, memoria, cultura y sustento. | ¿Quién decide sobre el uso del territorio? ¿Quiénes viven las consecuencias de esas decisiones? |
| Conservación | Se protege mediante prohibiciones, vigilancia y exclusión. | Se protege fortaleciendo relaciones de cuidado y responsabilidad colectiva. | ¿Qué experiencias comunitarias de cuidado existen en nuestro territorio? |
| Conocimiento | El conocimiento técnico y científico tiene mayor legitimidad. | Existen múltiples conocimientos válidos que pueden dialogar entre sí. | ¿Qué conocimientos locales suelen ser ignorados o desvalorizados? |
| Comunidades locales | Son vistas como potenciales amenazas para la biodiversidad. | Son actores fundamentales para la sostenibilidad de los territorios. | ¿Cómo son representadas las comunidades en los discursos ambientales? |
| Derechos | Los derechos pueden subordinarse a objetivos de conservación. | La protección ambiental y los derechos humanos son inseparables. | ¿Puede existir conservación cuando se vulneran derechos? |
| Desarrollo | Las causas de la destrucción ambiental suelen atribuirse a poblaciones locales. | Se analizan las estructuras económicas y políticas que generan degradación. | ¿Quién obtiene beneficios de la explotación de la naturaleza? ¿Quién asume los costos? |
| Participación | Las comunidades son consultadas después de que las decisiones ya fueron tomadas. | Las comunidades participan desde el inicio y tienen capacidad de decisión. | ¿Qué tan vinculante es la participación en nuestro territorio? |
| Biodiversidad | Se protege mediante áreas aisladas de la vida cotidiana. | Se protege fortaleciendo territorios vivos y comunidades que los habitan. | ¿Qué papel tienen las prácticas comunitarias en la conservación local? |
| Futuro | Se busca gestionar la naturaleza como un recurso. | Se busca sostener la vida en todas sus formas. | ¿Qué significa cuidar la vida en nuestro territorio? |
Descolonizar para construir lo común
Aunque el libro se sitúa principalmente en el debate sobre la descolonización de la conservación, muchas de sus reflexiones dialogan profundamente con la perspectiva de los bienes comunes. Ambas miradas cuestionan las formas de gestión que concentran el poder de decisión sobre los territorios y coinciden en la necesidad de fortalecer la participación de las comunidades en el cuidado de aquello que sostiene la vida.
Más que entender la naturaleza como un conjunto de recursos a administrar desde arriba, ambas perspectivas invitan a reconocer los territorios como espacios de relaciones, conocimientos, memorias y responsabilidades compartidas. La sostenibilidad ecológica no depende únicamente de normas o instituciones, sino también de las prácticas colectivas de cuidado, cooperación y gobernanza construidas por quienes habitan esos lugares.
La siguiente matriz permite identificar algunos de los principales puntos de encuentro entre la propuesta de descolonizar la conservación y el horizonte político y ético de los bienes comunes. Más que conceptos separados, pueden entenderse como caminos complementarios para pensar formas más democráticas, justas y sostenibles de habitar y defender los territorios.
Naturaleza, comunidad y cuidado: diálogos con los bienes comunes
| Lo que plantea la descolonización | Aporte desde los bienes comunes |
|---|---|
| Reconocer derechos territoriales colectivos. | Los bienes comunes requieren comunidades con capacidad de gobernar sus territorios. |
| Valorar conocimientos locales e indígenas. | Los bienes comunes se sostienen mediante saberes construidos colectivamente. |
| Cuestionar el despojo y la concentración del poder. | Los bienes comunes buscan democratizar las decisiones sobre aquello que sostiene la vida. |
| Defender la participación efectiva. | La gestión colectiva es un principio fundamental de los bienes comunes. |
| Reconocer la interdependencia entre personas y naturaleza. | Los bienes comunes entienden que la vida humana depende de relaciones ecológicas y comunitarias. |
| Cuestionar la mercantilización de la naturaleza. | Los bienes comunes afirman que no todo puede reducirse a mercancía o propiedad privada. |
| Promover formas comunitarias de cuidado. | El cuidado es una práctica central para la sostenibilidad de los bienes comunes. |
Invitamos a descargar y explorar este libro, una obra colectiva que reúne voces de pueblos indígenas, comunidades locales, activistas e investigadores de distintas regiones del mundo. A través de experiencias concretas y reflexiones críticas, Decolonize Conservation nos desafía a repensar las formas en que entendemos la naturaleza, la conservación y la justicia. Su lectura ofrece herramientas valiosas para quienes buscan comprender los conflictos socioambientales contemporáneos y construir alternativas basadas en el respeto a los territorios, la autodeterminación de los pueblos y el cuidado de la vida en común.









