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Densificación, agua y espacios públicos: las claves para entender la propuesta de modificación del Plan Regulador de Escazú

La Comisión del Plan Regulador de Escazú celebró el pasado 29 de julio una sesión extraordinaria para informar sobre los avances de la modificación que contempla reformas parciales en los distritos de Escazú Centro y San Antonio. Durante la sesión, la administración municipal brindó detalles sobre el alcance del proceso, que hasta el momento no ha iniciado labores concretas debido a cambios normativos a nivel nacional.

Una contratación que aún no arranca

Uno de los puntos que generó mayor atención fue la situación de la empresa consultora contratada para llevar adelante esta modificación. Según explicó el funcionario municipal encargado de la presentación, la contratación fue adjudicada el año pasado, pero aún no se ha dado la orden de inicio para la ejecución de los trabajos.

La razón principal es la entrada en vigor del Mapriot (Manual de Planes Reguladores como Instrumentos de Ordenamiento Territorial), un nuevo instrumento normativo del Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU) que establece requisitos más exigentes para cualquier modificación o creación de planes reguladores. Dado que el proceso de contratación se realizó bajo la normativa anterior, la administración decidió suspender temporalmente el inicio de labores para evitar que el estudio fuera rechazado por el INVU y se perdieran recursos públicos.

«Si avanzábamos hace ocho meses, prácticamente nos iban a decir ‘empiece de cero’. Los recursos públicos hay que cuidarlos», señaló el funcionario.

Actualmente, la administración se encuentra en una fase preliminar de análisis, previa a la elaboración de los estudios técnicos que sustentarán la propuesta de modificación. Aunque no se brindó una fecha exacta para el inicio de los trabajos, se indicó que la Comisión del Plan Regulador será el primer espacio donde se presentarán los avances.

Exclusiones y alcances de la modificación

Una de las aclaraciones más relevantes de la sesión fue que la modificación no incluye la zona agrícola ni la zona protectora de los cerros de Escazú. El funcionario municipal fue enfático en este punto: la propuesta se limitará a las áreas urbanas de los distritos de Escazú Centro y San Antonio, respetando las zonas que actualmente están protegidas por su valor ambiental.

Además, se informó que no habrá cambios de zonificación ni creación de nuevas zonas. La modificación utilizará las mismas categorías de suelo existentes desde el 2005, ya que cualquier modificación a la zonificación implicaría perder la viabilidad ambiental actualmente vigente y someterse a un nuevo proceso de evaluación ambiental.

Densificación habitacional como eje central

El principal objetivo de la modificación es mejorar las condiciones de densidad en zonas residenciales, permitiendo que propietarios de terrenos con ciertas características puedan desarrollar una segunda unidad residencial en su propiedad.

Según la administración, la demanda de usos de suelo que ha llegado al departamento de Gestión Urbana en los últimos años muestra un patrón recurrente: personas que desean ampliar sus viviendas para que sus hijos o hijas puedan independizarse, pero que no cuentan con el metraje suficiente bajo la normativa actual.

La propuesta buscaría ajustar parámetros como altura, cobertura y retiros, siempre dentro de los límites establecidos por la viabilidad ambiental. No obstante, se aclaró que la parte comercial no será beneficiada por esta modificación, ya que cualquier cambio en ese sentido implicaría una modificación a la zonificación existente.

El modelo de las «capas»: una herramienta para entender y cuestionar el ordenamiento territorial

Uno de los momentos más valiosos de la sesión fue la explicación técnica sobre cómo se toman las decisiones en el ordenamiento territorial. Comprender este modelo es fundamental para que la ciudadanía pueda leer, cuestionar y dar seguimiento a las propuestas que se presenten en el futuro.

La metáfora del queque de capas: Imaginemos el territorio como un queque de varias capas. Cada capa representa una dimensión distinta que debe ser analizada antes de tomar decisiones sobre el uso del suelo, la densidad o la altura de las edificaciones. La clave es que las capas superiores no pueden superar los límites que imponen las capas inferiores.

Capa 1 La viabilidad ambiental (el límite máximo): Esta es la capa más fundamental. La viabilidad ambiental establece el límite máximo de desarrollo posible en un territorio, con base en estudios sobre la fragilidad del suelo, la capacidad de carga del ecosistema, la disponibilidad de agua y otros factores ambientales.

En el caso de Escazú, la viabilidad ambiental actual fue aprobada en el 2009 y establece, por ejemplo, que en ciertas zonas se podría construir hasta 14 pisos. Este es el techo máximo, el límite que no se puede rebasar bajo ninguna circunstancia.

Capa 2 Infraestructura y servicios públicos: Sobre la capa ambiental se superpone la de infraestructura urbana: vialidad, redes de agua potable, alcantarillado sanitario, sistemas de drenaje pluvial, transporte público, entre otros.

Aquí ocurre una primera reducción del potencial constructivo. Aunque la viabilidad ambiental permita 14 pisos, si las calles son estrechas, si la red de agua no tiene la capacidad suficiente o si no hay un sistema de alcantarillado adecuado, el desarrollo real tendrá que ser menor.

Por ejemplo, el ancho de las vías determina el potencial constructivo en altura debido al denominado «efecto sombra»: cuando se construyen edificios muy altos en calles estrechas, se bloquea la luz solar, afectando la calidad de vida en el entorno urbano.

Capa 3 Usos de suelo y normativa local: Una tercera capa es la de los usos de suelo permitidos y la normativa urbanística local. Aquí se definen, por ejemplo, si una zona es residencial, comercial o mixta; cuáles son los retiros obligatorios; qué porcentaje del terreno puede ser construido (cobertura); y qué usos específicos están autorizados.

¿Cómo se toman las decisiones en la práctica?

Lo que la administración municipal debe hacer es bajar desde el límite máximo (la viabilidad ambiental) hasta un parámetro que sea viable técnica y socialmente. El estudio que realizará la empresa consultora consistirá precisamente en analizar todas estas capas para determinar cuál es el potencial constructivo real de cada zona.

Para la ciudadanía, la pregunta clave en las próximas etapas del proceso será: ¿la administración está ajustando los parámetros a la realidad de la infraestructura existente, o está decidiendo ignorar esas limitaciones y apostar por un desarrollo que la ciudad no puede sostener?

Lo que debe pedir la ciudadanía en las próximas etapas

Cuando se presenten los estudios y las propuestas concretas, quienes habitan el cantón pueden formular preguntas como:

  • Sobre la viabilidad ambiental: ¿Se está respetando el límite máximo que establece la viabilidad ambiental? ¿O se está intentando modificar ese límite?

  • Sobre infraestructura: ¿Los parámetros propuestos consideran la capacidad real de las vías, el agua potable y el alcantarillado? ¿Se han hecho estudios que demuestren que la infraestructura puede soportar el aumento de densidad?

  • Sobre el efecto sombra: ¿Se ha analizado cómo las nuevas alturas afectarán la iluminación natural y la calidad de vida en los espacios públicos y viviendas cercanas?

  • Sobre servicios públicos: ¿El aumento de población que genera la densificación puede ser atendido por los servicios de salud, educación, transporte y seguridad existentes?

  • Sobre espacios públicos: ¿Se está garantizando que el aumento de densidad vaya acompañado de suficientes áreas verdes, aceras y espacios de convivencia?

Preocupaciones ciudadanas: agua, espacios públicos y gentrificación

Durante el espacio de atención al público, vecinos y vecinas expresaron sus principales preocupaciones en torno a la modificación y, en general, al futuro del ordenamiento territorial en Escazú.

Aguas residuales: una deuda pendiente

Uno de los temas que generó mayor debate fue el tratamiento de aguas residuales. Vecinas señalaron que la municipalidad exige a los particulares contar con sistemas de tratamiento adecuados para obtener permisos de construcción, mientras que la infraestructura pública de alcantarillado sanitario en el cantón presenta un rezago inaceptable.

«Si yo voy a hacer una casa, lo primero que me piden es: ¿dónde está mi planta de tratamiento? Entonces yo le digo a la administración: ¿dónde está su planta de tratamiento?», cuestionó una vecina, quien además denunció los olores a cloaca que afectan diversas zonas del cantón, incluso frente a la propia municipalidad.

Desde la administración se aclaró que el Ministerio de Salud considera sistemas de tanque séptico mejorado como plantas de tratamiento, y que la propuesta de modificación incentivaría estas mejoras como condición para el desarrollo de segundas viviendas. Sin embargo, se reconoció que la red de alcantarillado sanitario es competencia del AyA, aunque también se recordó que los municipios pueden asumir esa competencia si así lo deciden.

En ese sentido, un miembro de la comisión informó que hace aproximadamente tres meses se aprobó en el concejo municipal una moción para iniciar un proceso de diálogo con los cantones vecinos (Santa Ana, Mora y Acosta) con el objetivo de explorar la posibilidad de impulsar, con apoyo de cooperación internacional, un proyecto de planta de tratamiento de aguas residuales para el oeste del área metropolitana.

Agua potable: disponibilidad versus infraestructura

Otro tema crítico fue la disponibilidad de agua potable. Vecinos señalaron que, aunque el AyA asegura que hay dotación de agua, la infraestructura de distribución es insuficiente, lo que se traduce en cortes de agua recurrentes, especialmente los miércoles.

Se advirtió que cualquier aumento de densidad debe considerar este factor, ya que sin la infraestructura adecuada, el problema de suministro se agravaría. Desde la administración se indicó que, aunque la modificación pueda autorizar mayores densidades, cada permiso de construcción requiere la viabilidad del AyA sobre la disponibilidad de agua potable, lo que actúa como un filtro adicional.

Desde la perspectiva del modelo de capas, el agua potable es una de las capas de infraestructura que debe ser analizada rigurosamente. La pregunta que la ciudadanía debe mantener presente es: ¿se está verificando que haya suficiente agua para la nueva densidad que se autoriza?

Espacios públicos y movilidad

Vecinos también plantearon la necesidad de que la modificación considere la ampliación de espacios públicos, aceras y áreas verdes. Se señaló que el desarrollo del centro de Escazú ha sido históricamente limitado en este aspecto, y que el mejoramiento de parámetros urbanísticos debería ir acompañado de condiciones que garanticen espacios para la movilidad peatonal y el disfrute público.

Desde la administración se mencionaron experiencias recientes en proyectos de obra pública donde se ha logrado la cesión voluntaria de parte de propiedades para ampliar aceras, a cambio de la construcción de estas por parte de la municipalidad. Sin embargo, se reconoció que en algunos casos ha sido necesario recurrir a procesos de expropiación.

En el marco del modelo de capas, los espacios públicos son parte de la infraestructura urbana que debe ser dimensionada adecuadamente para absorber el crecimiento poblacional. Una densificación sin espacios públicos suficientes compromete la calidad de vida y la cohesión social.

Habitabilidad y permanencia de las comunidades

Una de las preocupaciones recurrentes entre las personas vecinas de Escazú es el impacto que el aumento de densidad podría tener en la vida cotidiana de quienes habitan el cantón. Existe la interrogante sobre si el desarrollo urbano que se promueve con modificaciones como esta podría generar cambios en el tejido social y en las condiciones de permanencia de las comunidades que históricamente han vivido en el territorio.

Esta preocupación se suma a los ejes de trabajo que diversos movimientos ciudadanos han venido planteando en el cantón: el derecho a la vivienda, la protección de los espacios públicos y la defensa de la calidad de vida frente a la presión urbanística. La pregunta sobre cómo el incremento del valor de las propiedades y la transformación del territorio podrían afectar el arraigo de la población local sigue siendo un tema central en la agenda ciudadana.

Próximos pasos

La administración municipal se comprometió a presentar los avances de la modificación en la Comisión del Plan Regulador una vez que los estudios técnicos estén más avanzados. Posteriormente, se realizarán talleres de participación ciudadana y una audiencia pública, tal como lo establece la normativa vigente.

La Comisión del Plan Regulador continuará siendo el espacio donde la ciudadanía organizada y la administración dialoguen sobre el futuro del territorio, con el desafío de equilibrar el desarrollo urbano con la protección ambiental y la garantía de servicios básicos para la población.

Te invitamos a consultar el manual elaborado por el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU), una herramienta que brinda información y orientaciones para comprender mejor los procesos relacionados con la planificación territorial y el ordenamiento urbano.

Descargalo aquí

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Ciudadanía activa: propuesta y monitoreo en torno al Plan Regulador de Escazú

Esta entrevista fue realizada el 29 de julio, horas antes de la sesión de la Comisión del Plan Regulador en la que la administración municipal informaría sobre los avances de la modificación. La conversación con Javier Sánchez, presidente de CODECE, documenta las preocupaciones y expectativas ciudadanas que antecedieron a esa sesión. Las reflexiones aquí planteadas —sobre participación, acceso a la información, protección de espacios públicos y prevención de la gentrificación— mantienen plena vigencia más allá de los detalles coyunturales que se conocieron posteriormente.

La construcción de un plan regulador no es únicamente un ejercicio técnico. Es, sobre todo, un proceso de política pública que define cómo se transforma el territorio, cuáles intereses se priorizan y qué condiciones tendrán las comunidades para habitar sus barrios en los próximos años. Por esa razón, la participación ciudadana no puede limitarse a las audiencias públicas o a la consulta de documentos ya elaborados; requiere organización, propuesta y seguimiento permanente.

En una nueva edición de Sentires y Saberes, conversamos con Javier Sánchez, presidente de CODECE, organización comunal ambiental con una amplia trayectoria en la defensa del ordenamiento territorial en Escazú. La entrevista, realizada el 29 de julio, recupera el contexto del proceso que ha vivido el cantón durante el último año, marcado por la movilización ciudadana que logró mantener la representación comunitaria dentro de la Comisión del Plan Regulador y fortalecer un espacio de seguimiento y propuesta sobre las decisiones relacionadas con el territorio.

La participación no es solo reacción: también es propuesta

La historia de CODECE en Escazú es un ejemplo de participación propositiva. Desde los años 90, esta organización ha trabajado activamente en la formulación del plan regulador, logrando incidencia concreta: en el primer plan regulador, CODECE impulsó la zonificación de la zona protectora de los cerros de Escazú, una herramienta que ha permitido regular el crecimiento urbano y proteger el área natural más cercana a San José.

Esta experiencia demuestra que la ciudadanía organizada no solo vigila, sino que también propone. No se trata únicamente de oponerse o de reaccionar ante decisiones municipales, sino de construir alternativas, aportar conocimiento técnico y comunitario, y negociar en los espacios institucionales para incidir en el rumbo del territorio.

Vigilancia y propuesta: dos caras de una misma participación

La entrevista con Javier Sánchez fue realizada horas antes de la sesión convocada por la Comisión del Plan Regulador para conocer los avances de las reformas parciales en los distritos de Escazú Centro y San Antonio. En ese momento, existía preocupación por el escaso acceso a la información y por el trabajo que podría estar desarrollando una empresa consultora contratada por la Municipalidad.

Durante la sesión del 29 de julio, sin embargo, se informó que la empresa consultora aún no ha iniciado labores y que las actividades previstas para este proceso tampoco han comenzado. Esta actualización modifica parte del contexto inmediato de la entrevista, pero las reflexiones de fondo mantienen plena vigencia: la ciudadanía no puede esperar a que los procesos estén cerrados para participar. Debe estar presente desde el inicio, formulando preguntas, pero también proponiendo soluciones y alternativas para el desarrollo del territorio.

Preguntas que construyen, no solo que fiscalizan

Uno de los principales aprendizajes que deja la experiencia de CODECE es que participar también significa formular preguntas, pero no desde una postura meramente fiscalizadora, sino desde la búsqueda de soluciones compartidas:

  • -¿Qué cambios se pretenden realizar y bajo qué criterios técnicos y ambientales?

  • -¿Cómo pueden estos cambios beneficiar la habitabilidad de las comunidades?

  • -¿Qué mecanismos existen para garantizar la protección de espacios públicos y áreas verdes?

  • -¿Cómo se previenen procesos de gentrificación que puedan desplazar a quienes han habitado históricamente el cantón?

  • -¿Qué alternativas existen para mejorar la infraestructura urbana sin sacrificar la calidad de vida?

Estas preguntas no son solo un ejercicio de control; son el punto de partida para construir respuestas colectivas y propuestas ciudadanas que enriquezcan el debate público.

Propuestas ciudadanas para el ordenamiento territorial

Desde su experiencia, CODECE plantea líneas de acción que trascienden la crítica y se convierten en propuestas concretas para el futuro de Escazú:

  • -Priorizar la habitabilidad de las comunidades, garantizando que las personas que han nacido y construido el cantón puedan seguir viviendo en él.

  • -Proteger y ampliar los espacios públicos y áreas verdes, entendiéndolos como bienes comunes esenciales para la calidad de vida.

  • -Prevenir la gentrificación, promoviendo políticas que eviten el desplazamiento de las poblaciones locales por el aumento desmedido del costo de la vivienda.

  • -Exigir estudios técnicos y ambientales rigurosos que sustenten cualquier modificación al plan regulador.

  • -Fortalecer los espacios de participación institucional, como la Comisión del Plan Regulador, para que sean canales efectivos de incidencia ciudadana.

Desafíos para una participación ciudadana activa y propositiva

El proceso que vive actualmente Escazú deja lecciones que trascienden este cantón y resultan relevantes para cualquier comunidad involucrada en procesos de ordenamiento territorial y gestión ambiental:

  • -Organizarse desde el inicio de los procesos, antes de que las decisiones estén definidas y los proyectos se encuentren avanzados.

  • -Exigir y aportar información pública clara, completa y oportuna, como condición indispensable para una participación informada.

  • -Fortalecer las organizaciones comunitarias, ya que la participación colectiva tiene mayor capacidad de incidencia y propuesta que las acciones individuales.

  • -Comprender el territorio como un bien común, donde las decisiones sobre el uso del suelo afectan la calidad de vida, el acceso a la vivienda, la movilidad, el patrimonio natural y las generaciones futuras.

  • -Dar seguimiento permanente a las políticas públicas, entendiendo que la participación no concluye con una audiencia o una consulta, sino que implica monitorear la implementación y proponer ajustes cuando sea necesario.

  • -Incorporar la dimensión ambiental en la planificación territorial, procurando que las decisiones contemplen la protección de áreas verdes, corredores biológicos, zonas de recarga hídrica y demás ecosistemas estratégicos.

  • -Promover procesos transparentes y abiertos al diálogo, donde la diversidad de voces contribuya a construir mejores decisiones para el conjunto de la comunidad.

Seguimos escuchando a la ciudadanía

En el Observatorio de Bienes Comunes continuaremos dando seguimiento a este proceso porque entendemos que monitorear las políticas públicas es una forma de participación, pero no es la única. La ciudadanía organizada tiene la capacidad de proponer, construir alternativas y negociar en los espacios institucionales para incidir en el rumbo del territorio.

La experiencia de CODECE en Escazú demuestra que la participación propositiva es posible y necesaria. No se trata de esperar a que las decisiones lleguen para reaccionar, sino de estar presentes desde el inicio, con preguntas, con propuestas y con la convicción de que el territorio es un bien común que nos pertenece a todas y todos.

Te invitamos a escuchar la entrevista completa y a mantenerte atento a las próximas actualizaciones sobre el proceso del Plan Regulador de Escazú.

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El espejo roto: La crisis de desigualdad que viene de Europa y se refleja en Costa Rica

En un mundo que avanza hacia una concentración de riqueza sin precedentes, un nuevo informe de Oxfam Intermón enciende todas las alarmas. Personas, Poder, Beneficios, Planeta: cómo las grandes empresas europeas alimentan la crisis mundial de desigualdad (Oxfam Intermón, 2026) no es solo un diagnóstico sobre el Viejo Continente; es una llamada de atención para países como Costa Rica, que observan cómo el poder corporativo global moldea sus economías y sociedades, a menudo en detrimento de los derechos laborales y la equidad.

El Modelo Europeo: Una Maquinaria de Desigualdad

El informe analiza las 100 mayores empresas europeas y revela un patrón sistémico que prioriza a los accionistas y a la cúpula directiva sobre el bienestar de los trabajadores y el planeta (Oxfam Intermón, 2026). Los datos son contundentes:

  • Remuneración de la cúpula: Entre 2022 y 2024, los CEO de estas empresas ganaron, de media, 78 veces más que el trabajador promedio de su compañía (Oxfam Intermón, 2026, p. 30). En casos extremos como Carrefour o Inditex, esta proporción supera las 300 veces (p. 30).

  • Prioridad a los accionistas: Durante el mismo periodo, las empresas destinaron un promedio del 70% de sus beneficios a la retribución de accionistas en forma de dividendos y recompra de acciones (Oxfam Intermón, 2026, p. 32). En 2024, el reparto de dividendos en Europa alcanzó la asombrosa cifra de 387.600 millones de euros (p. 3), el doble del presupuesto de la UE.

  • Brechas de género persistentes: El poder sigue siendo un club mayoritariamente masculino: las mujeres ocupan solo el 10% de los puestos de alta dirección (Oxfam Intermón, 2026, p. 5). La brecha salarial de género se amplía en la cúspide, donde los CEO hombres ganan un 22,9% más que sus homólogas (p. 30).

  • Planeta en segundo plano: La presión por la rentabilidad a corto plazo frena la inversión necesaria para la transición ecológica. Los accionistas recibieron 32 veces más de lo que las empresas invirtieron en su transición verde (Oxfam Intermón, 2026, p. 41).

Este modelo, que Oxfam denomina «extractivo», no es un accidente, sino el resultado de decisiones políticas y empresariales que se pueden y se deben cambiar (Oxfam Intermón, 2026, p. 5).

Costa Rica: La Sede de una Economía Dual y Frágil

El espejo de esta crisis se refleja en Costa Rica. El país ha construido su modelo de desarrollo en torno a la atracción de inversión extranjera directa, a través de regímenes de incentivos fiscales que han sido motor de crecimiento durante décadas. Sin embargo, este éxito conlleva un costo estructural y reproduce dinámicas de desigualdad muy similares a las que Oxfam documenta en Europa.

1. Economía dual y fuga de riqueza. El modelo costarricense profundiza la dualización productiva: el sector exportador acogido a regímenes especiales crece aceleradamente, mientras el tejido empresarial local (que concentra la mayor parte del empleo) enfrenta condiciones desfavorables, con menos incentivos y mayor carga relativa. El valor agregado generado por las multinacionales tiende a fugarse vía repatriación de utilidades, regalías y pagos intragrupo. La riqueza que realmente permanece en el país es significativamente menor que el producto interno bruto, lo que limita la reinversión local y profundiza la dependencia del capital extranjero.

2. Presión estructural sobre los derechos laborales. El modelo de competitividad basado en atraer inversiones ejerce presión constante sobre el marco regulatorio laboral. Periódicamente surgen propuestas para flexibilizar jornadas, reducir costes patronales o limitar derechos adquiridos, presentadas como «modernización» o «competitividad». Estas iniciativas responden a intereses de sectores empresariales poderosos, especialmente vinculados a cadenas globales, que buscan maximizar productividad a bajo costo. El riesgo: precarización del empleo, aumento de la temporalidad y subcontratación, y profundización de brechas de género, ya que las mujeres se concentran en los segmentos más flexibles y peor remunerados.

3. Cadenas globales y poder corporativo asimétrico. Costa Rica se ha insertado exitosamente en cadenas globales de tecnología, servicios y agroindustria. Pero esta inserción coloca al país en vulnerabilidad: las decisiones sobre inversión, precios de transferencia y condiciones laborales se toman en las matrices, con escasa incidencia local. Las políticas de «abastecimiento responsable» de algunas multinacionales son voluntarias, inconsistentes y no siempre revierten en mejores condiciones para la fuerza laboral. Esta asimetría de poder (documentada por Oxfam en Europa) se reproduce con particular intensidad en economías periféricas como la costarricense.

4. Opacidad fiscal, debilidad regulatoria y captura de la política pública. En Costa Rica persiste una opacidad significativa en torno a las prácticas fiscales de las grandes empresas, especialmente las acogidas a incentivos. Falta de informes país por país, ausencia de divulgación sobre beneficios fiscales y debilidad en el control de precios de transferencia generan un entorno propicio para la elusión fiscal. Menor recaudación significa menos inversión en servicios públicos universales (educación, salud, infraestructura), trasladando la carga tributaria a las clases medias y a las pymes. A esto se suma una intensa actividad de lobby de los sectores empresariales más concentrados, que opera a través de cámaras con alta incidencia legislativa, participación en comisiones técnicas que diseñan reformas, y el fenómeno de las puertas giratorias: excargos públicos que pasan a puestos directivos en grandes corporaciones, una dinámica que Oxfam también documenta en Europa (Oxfam Intermón, 2026, p. 22).

5. Brechas de género y techo de cristal. El informe de Oxfam evidencia que el poder empresarial sigue siendo un club mayoritariamente masculino en Europa. Esta tendencia no es ajena a Costa Rica. En los niveles de alta dirección, la presencia femenina sigue siendo marginal, y las brechas salariales persisten, especialmente en sectores de alta productividad. Aunque existen marcos normativos que promueven la igualdad, su implementación efectiva es limitada, y la conciliación entre vida laboral y familiar sigue siendo un desafío estructural que recae desproporcionadamente sobre las mujeres.

¿Qué nos dice este modelo?

1. Es un modelo sistémico y autorreforzante: Los mecanismos no operan de forma aislada. La concentración de poder permite influir en las normas y debilitar la regulación, lo que a su vez facilita la distribución desproporcionada de beneficios hacia la cúpula y los accionistas, alimentando una mayor concentración de poder. Este círculo vicioso se reproduce tanto en Europa como en Costa Rica.

2. Se basa en relaciones de poder asimétricas: La ausencia de contrapesos efectivos (sindicatos fuertes, consejos diversificados, regulaciones fiscales estrictas)permite que las élites empresariales dicten las reglas del juego. En Costa Rica, la debilidad de la institucionalidad laboral y la presión del sector empresarial organizado reflejan esta misma dinámica.

3. Produce externalidades negativas que pagan los más vulnerables

  • -Personas: salarios estancados, brechas de género y precarización.

  • -Planeta: degradación ambiental que afecta desproporcionadamente a comunidades rurales e indígenas.

  • -Estado: menor recaudación fiscal, que limita la inversión en educación, salud e infraestructura.

4. No es inevitable, es una decisión política: El informe de Oxfam (2026, p. 5) es enfático: «La desigualdad no es inevitable, es una decisión». La matriz muestra que cada mecanismo tiene alternativas viables:

  • -Remuneración limitada a 20:1.

  • -Divulgación pública de brechas y prácticas fiscales.

  • -Transición justa con inversión verde real.

  • -Cuotas de género y representación sindical en juntas directivas.

Dimensiones Estructurales y Mecanismos Empresariales del Modelo Extractivo
Dimensión EstructuralMecanismo Empresarial (¿Cómo opera?)
Remuneración y Distribución del Valor• La cúpula directiva fija sus propias remuneraciones vinculadas al valor bursátil, no al desempeño social o ambiental.
• Los beneficios se destinan prioritariamente a dividendos y recompras de acciones (70% promedio), incluso cuando hay pérdidas.
• Los salarios del conjunto de la plantilla crecen muy por debajo de la inflación y de la productividad.
Gobernanza y Toma de Decisiones• Consejos de administración y equipos directivos homogéneos (mayoritariamente hombres, sin representación laboral).
• Escasa o nula participación de trabajadores en órganos de decisión.
• Los criterios de «independencia» en consejos son débiles y permiten puertas giratorias y redes de intereses cruzados.
Influencia Política y Captura Regulatoria• Uso de recursos económicos para cabildeo, donaciones a partidos y acceso privilegiado a responsables políticos.
• Contratación de excargos públicos que diseñan normativas favorables a sus antiguos empleadores.
• Participación activa en procesos de «simplificación» normativa que diluyen derechos laborales y ambientales.
Relaciones Laborales y Derechos en la Cadena de Valor• Promoción de modalidades atípicas de empleo (subcontratación, temporalidad, tiempo parcial involuntario).
• Debilitamiento activo o pasivo de la negociación colectiva y la libertad sindical.
• Externalización de funciones para eludir responsabilidades laborales y reducir costes.
Transparencia y Rendición de Cuentas• Opacidad en información clave: brechas salariales, prácticas fiscales, emisiones y gastos políticos.
• Informes de sostenibilidad genéricos, sin datos desagregados ni verificables.
• Resistencia a estándares obligatorios de divulgación (como informes país por país).
Huella Ambiental y Transición Justa• Inversión en transición ecológica muy inferior al reparto a accionistas.
• Planes climáticos sin metas de reducción absoluta ni hoja de ruta verificable.
• Ausencia de planes de transición justa que contemplen recapacitación y protección de empleos vulnerables.
Relaciones con el Estado y Régimen Fiscal• Utilización de guaridas fiscales y estructuras de precios de transferencia para minimizar la carga tributaria.
• Negociación de beneficios fiscales y subvenciones sin contraprestaciones vinculantes.
• Presión para que el Estado asuma costes de formación, infraestructura y externalidades ambientales.
Recomendaciones del informe
EjeRecomendación
LegislativoAprobar una ley de transparencia salarial que obligue a empresas a publicar brechas por género, cuartil y país (en línea con la Directiva UE 2023/970).
FiscalExigir informes país por país a todas las multinacionales que operan en zona franca, como condición para mantener los incentivos.
LaboralFortalecer la negociación colectiva y establecer representación de trabajadores en juntas directivas de empresas.
GéneroImpulsar una ley de cuotas en consejos de administración (40% del sexo menos representado) para empresas que reciben incentivos estatales.
AmbientalCondicionar los beneficios fiscales a la presentación de un plan de transición justa y a la inversión verde mínima (25% del capex).
TransparenciaCrear un registro público de actividades de lobby y gastos de influencia política de las empresas.

Un Futuro en Juego

El informe de Oxfam es una hoja de ruta. Señala que la desigualdad no es inevitable, sino el resultado de elecciones concretas. Propone medidas como establecer una proporción máxima de 20 a 1 entre el salario del CEO y el salario mediano de la empresa, limitar el reparto de dividendos hasta garantizar salarios dignos e inversión verde, y aplicar cuotas para garantizar la representación femenina en puestos de liderazgo (Oxfam Intermón, 2026, p. 5).

Para Costa Rica, la reflexión es clara: el modelo de desarrollo basado en una doble economía, que privilegia al capital extranjero y debilita los derechos laborales en nombre de la competitividad, está profundizando las desigualdades que el informe de Oxfam denuncia a escala global (Oxfam Intermón, 2026, p. 8). La gran pregunta que debemos hacernos como sociedad es si queremos seguir siendo un eslabón en una cadena global que concentra riqueza en pocas manos, o si aspiramos a construir un desarrollo más inclusivo y sostenible que ponga a las personas y al planeta en el centro.

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Festival del Felino: cuando una comunidad se encuentra para aprender, conservar y celebrar su territorio

¿Qué se necesita para organizar un festival comunitario? ¿Qué aprendizajes deja una iniciativa construida desde el compromiso colectivo? ¿Cómo fortalece una comunidad su relación con la naturaleza a través del encuentro?

Este video reúne las voces de personas organizadoras, participantes y habitantes de Piedades Sur de San Ramón para reflexionar sobre el significado del Festival del Felino, una iniciativa que trasciende la realización de una feria y se convierte en un espacio de educación, intercambio de saberes y construcción comunitaria.

Estas personas nos dan a conocer el trabajo que hay detrás de la organización de este tipo de actividades: meses de planificación, articulación entre organizaciones, voluntariado y una convicción compartida de que la conservación también se construye fortaleciendo los vínculos entre las personas.

El recorrido también invita a comprender la estrecha relación entre Piedades Sur y los felinos silvestres que habitan sus bosques. Lejos de ser únicamente un símbolo de la biodiversidad, estos animales forman parte de la historia, la identidad y los desafíos cotidianos de un territorio que busca promover formas de convivencia respetuosas con la vida silvestre.

A lo largo del video emerge una idea común: los festivales comunitarios son mucho más que eventos. Son espacios donde circulan conocimientos, se fortalecen redes de colaboración, se reconoce el trabajo de quienes cuidan el territorio y se inspira a nuevas generaciones a asumir un papel activo en la protección de la naturaleza.

En tiempos en que los desafíos ambientales requieren respuestas colectivas, experiencias como el Festival del Felino recuerdan que la conservación no depende únicamente de políticas públicas o proyectos técnicos. También nace del encuentro entre personas, del diálogo de saberes y de la capacidad de una comunidad para organizarse alrededor de aquello que considera valioso.

Le invitamos a conocer estas historias y a descubrir por qué, en Piedades Sur, celebrar a los felinos silvestres también significa celebrar la organización comunitaria y el compromiso con el territorio.

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¿Cuántos productos merece comer una persona pobre? Bienes comunes, dignidad humana y el debate sobre la Canasta Básica Tributaria

Las decisiones económicas nunca son únicamente económicas. También expresan una determinada manera de comprender qué vidas merecen ser protegidas.

La propuesta de revisar la Canasta Básica Tributaria (CBT) abrió en Costa Rica una discusión que trasciende el ámbito fiscal. La exdiputada Pilar Cisneros planteó que la lista de productos exonerados del Impuesto al Valor Agregado (IVA) debía revisarse porque, según afirmó, «la gente más humilde de este país no consume 140 productos». En la misma línea, el Ministerio de Hacienda ha señalado que estudia un eventual «IVA personalizado» con el propósito de evitar que hogares de altos ingresos reciban las mismas exoneraciones tributarias que quienes viven en condición de pobreza.

La discusión sobre el diseño de un sistema tributario más progresivo es legítima y necesaria. También es razonable preguntarse si los beneficios fiscales llegan efectivamente a quienes más los necesitan. Sin embargo, el debate cambia de naturaleza cuando deja de preguntarse cómo garantizar el acceso a una vida digna y comienza a definir qué bienes son suficientes para quienes viven en pobreza.

En ese momento ya no estamos únicamente frente a una discusión tributaria. Estamos frente a una discusión ética.

Cuando la pobreza se administra

Toda política pública construye una determinada imagen de la sociedad. También lo hacen las palabras.

Cuando el debate se centra en establecer qué productos «realmente consume» una persona pobre, el riesgo consiste en transformar la pobreza en una categoría administrativa antes que en una realidad social compleja. Las personas dejan de aparecer como sujetos de derechos y pasan a ser clasificadas según un patrón de consumo considerado aceptable.

La pregunta deja de ser cómo ampliar las condiciones materiales para ejercer una vida digna y comienza a desplazarse hacia otra mucho más limitada: ¿cuál es el mínimo que una persona necesita para sobrevivir?

No se trata de una diferencia menor. Mientras la primera pregunta busca reducir las desigualdades, la segunda corre el riesgo de administrarlas.

La economía como compromiso ético

Hace más de cuatro décadas, Óscar Arnulfo Romero advertía que una sociedad pierde su horizonte cuando el dinero, el poder o la eficiencia económica se convierten en valores absolutos. En su Cuarta Carta Pastoral, Misión de la Iglesia en medio del país, describía esa lógica como una idolatría del capital: un orden social que termina subordinando la vida humana a los intereses económicos.

Más allá del contexto salvadoreño en el que escribió, la fuerza de esa reflexión reside en el criterio que propone: las decisiones públicas no pueden evaluarse únicamente por su rentabilidad fiscal o por los indicadores de eficiencia que producen. También deben examinarse por la concepción de ser humano que contienen y por las consecuencias que generan sobre quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad.

Este no es un argumento confesional. Es un principio ético ampliamente compartido en las tradiciones contemporáneas de los derechos humanos y de la justicia social: la economía constituye un medio para sostener la vida colectiva, no un fin en sí mismo.

Los bienes comunes también sostienen la vida

Con frecuencia pensamos los bienes comunes como ríos, bosques, humedales o semillas. Sin embargo, las sociedades también construyen bienes comunes sociales: instituciones, políticas públicas y acuerdos colectivos que garantizan condiciones indispensables para la reproducción de la vida.

La educación pública, la seguridad social, los sistemas universales de salud o el acceso al agua son ejemplos de esos bienes comunes porque no responden únicamente a intereses individuales. Expresan compromisos colectivos orientados a proteger aquello que ninguna sociedad democrática debería abandonar a la lógica exclusiva del mercado.

Desde esa perspectiva, la Canasta Básica Tributaria puede comprenderse como un bien común social.

No porque sea una lista perfecta o inmodificable, sino porque representa un acuerdo político sobre cuáles bienes esenciales deben recibir una protección especial para evitar que el sistema tributario profundice las desigualdades existentes.

Su sentido no consiste únicamente en disminuir la carga impositiva. También expresa una decisión colectiva acerca de las condiciones materiales que una sociedad considera indispensables para sostener una vida digna.

Por ello, cualquier discusión sobre su reforma debería partir de una pregunta distinta: ¿fortalece este mecanismo nuestra capacidad colectiva para garantizar el acceso a esos bienes esenciales o debilita ese compromiso compartido?

Más allá de las etiquetas

En Costa Rica se ha vuelto habitual que las críticas a la desigualdad o las propuestas orientadas a fortalecer mecanismos de protección social sean descalificadas mediante etiquetas ideológicas. Con frecuencia, el debate se desplaza rápidamente hacia acusaciones de «comunismo», «marxismo» o «estatismo», evitando discutir el contenido de los argumentos.

Esa estrategia empobrece la deliberación democrática.

Defender que las políticas públicas deben evaluarse también desde sus efectos sobre la vida cotidiana de las personas no pertenece a una corriente política específica. Forma parte de una tradición ética mucho más amplia que sostiene que la dignidad humana debe constituir el criterio último de las decisiones colectivas.

Romero conoció bien ese tipo de descalificaciones. Fue acusado reiteradamente de responder a intereses ideológicos cuando denunció estructuras económicas y políticas que sacrificaban personas en nombre del orden o del crecimiento. Su respuesta consistió en insistir en un principio sencillo y profundamente político: ninguna sociedad puede considerarse justa cuando normaliza que algunos grupos humanos carguen sistemáticamente con el costo del bienestar de otros.

La pregunta que permanece

El debate sobre la Canasta Básica Tributaria probablemente continuará en los próximos meses. Habrá estudios técnicos, estimaciones fiscales y diferentes propuestas de reforma. Todo ello resulta necesario.

Pero ninguna discusión sobre impuestos debería hacernos perder de vista la pregunta fundamental.

No se trata únicamente de cuántos productos contiene una lista ni de cuánto recauda el Estado.

Se trata de decidir qué condiciones materiales consideramos indispensables para que todas las personas puedan desarrollar una vida digna y qué responsabilidades estamos dispuestos a asumir colectivamente para protegerlas.

En última instancia, esa es la función de los bienes comunes: recordar que existen dimensiones de la vida que no pueden reducirse a una lógica de costos y beneficios. Son el resultado de acuerdos sociales construidos para sostener la convivencia, disminuir las desigualdades y afirmar que la dignidad humana no constituye un privilegio reservado para quienes pueden pagarla, sino un patrimonio compartido que una sociedad democrática tiene el deber de resguardar.

Referencias:

Loaiza, David (2026). Pilar Cisneros propuso revisión a alimentos en la canasta básica. Diario Extra.

Romero, Óscar Arnulfo (2007). Su pensamiento. IV. Homilías. Tomo VII (junio de 1979-marzo de 1980). San Salvador: UCA Editores.

 

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El pentagonismo de Juan Bosch: una guía para entender la nueva estrategia de seguridad de Estados Unidos

Cada vez que Estados Unidos presenta una nueva estrategia de seguridad para el hemisferio, el debate suele concentrarse en identificar qué cambió: nuevas amenazas, nuevos adversarios, nuevas prioridades o nuevos conceptos que orientarán su política exterior. Sin embargo, esa atención a la coyuntura suele dejar en un segundo plano una pregunta más profunda: ¿qué elementos permanecen a lo largo del tiempo en la forma en que Estados Unidos piensa y actúa sobre América Latina y el Caribe?

En las últimas semanas hemos analizado cómo la seguridad hemisférica vuelve a ocupar un lugar central en la política estadounidense. La migración, el crimen organizado transnacional, la competencia estratégica con China, la protección de cadenas de suministro críticas, los minerales estratégicos y la infraestructura considerada esencial aparecen como ejes prioritarios de una agenda que trasciende lo estrictamente militar para abarcar dimensiones económicas, tecnológicas y ambientales.

Pero quizás el mejor punto de partida para comprender este escenario no sea un documento reciente del Pentágono o del Departamento de Estado. Tal vez convenga volver a un libro escrito hace varias décadas por un intelectual y dirigente político caribeño: Juan Bosch.

No porque ese libro haya «predicho» el presente, sino porque ofrece categorías de análisis que siguen siendo sorprendentemente útiles para comprender cómo se construyen las relaciones de poder entre Estados Unidos y América Latina.

Leer a Bosch no es un ejercicio de nostalgia

Juan Bosch escribió desde una experiencia singular. Intelectual, historiador, presidente democráticamente electo en República Dominicana y posteriormente derrocado, conoció de primera mano las formas en que la política exterior estadounidense incidía sobre los procesos políticos latinoamericanos.

Su reflexión nunca fue únicamente dominicana. Intentó comprender una lógica más amplia: la forma en que América Latina era incorporada dentro de los intereses estratégicos de Estados Unidos.

Esa mirada resulta especialmente valiosa hoy porque evita reducir cada decisión estadounidense a un acontecimiento aislado. En cambio, invita a observar procesos de larga duración, continuidades y transformaciones en la manera en que se justifican determinadas políticas hacia la región.

El contexto internacional ha cambiado profundamente desde que Bosch escribió su obra. La Guerra Fría terminó, aparecieron nuevos actores globales, las tecnologías digitales transformaron las formas de ejercer poder y la crisis climática adquirió una dimensión geopolítica inédita. Sin embargo, algunas preguntas siguen siendo extraordinariamente actuales.

No se trata de encontrar respuestas listas para aplicar, sino de recuperar herramientas para formular mejores preguntas.

Las amenazas cambian; la lógica merece ser examinada

Una de las enseñanzas más sugerentes de Bosch consiste en observar que las justificaciones de la intervención internacional nunca permanecen estáticas.

Durante distintos momentos históricos, América Latina fue presentada como un espacio donde era necesario contener amenazas consideradas prioritarias para Estados Unidos. En diferentes épocas esas amenazas recibieron nombres distintos: la expansión del comunismo, la insurgencia, el narcotráfico, el terrorismo internacional, el crimen organizado o la migración irregular.

Hoy la narrativa incorpora además la competencia con China, la protección de minerales críticos, la resiliencia de las cadenas de suministro, la seguridad energética y el control de tecnologías estratégicas.

Cada uno de estos problemas posee una existencia real y merece atención. Sin embargo, Bosch invita a realizar una pregunta adicional: ¿cómo determinadas situaciones llegan a convertirse en asuntos de seguridad nacional y qué consecuencias políticas produce esa clasificación?

La cuestión no consiste en negar la existencia de amenazas, sino en comprender que la forma en que estas son definidas nunca es políticamente neutral.

Una caja de herramientas para leer la política hemisférica

Más que buscar respuestas cerradas en un clásico latinoamericano, podemos convertir su lectura en una pequeña caja de herramientas para analizar el presente.

1. Preguntarse quién define la amenaza

Toda estrategia de seguridad comienza identificando un problema. Bosch recuerda que vale la pena preguntarse quién realiza esa definición, desde qué intereses y con qué objetivos.

Cuando un asunto pasa a ser considerado una amenaza estratégica, cambian las prioridades institucionales, los recursos disponibles y las formas de intervención política.

2. Diferenciar el discurso de los intereses

Los documentos oficiales suelen presentar objetivos vinculados con la estabilidad, la democracia o la seguridad. Bosch propone mirar también qué intereses económicos, comerciales, energéticos o geopolíticos acompañan esos discursos.

Las narrativas importan, pero también las relaciones materiales que ayudan a explicar determinadas decisiones.

3. Pensar el Caribe y Centroamérica como espacios estratégicos

Con frecuencia se analiza a países como Costa Rica, Panamá o República Dominicana de manera aislada.

Bosch propone una perspectiva distinta: comprender el Caribe y Centroamérica como regiones estratégicas donde convergen rutas marítimas, comercio internacional, movilidad humana, recursos naturales y disputas entre grandes potencias.

En el contexto actual esa observación adquiere nueva relevancia.

4. Analizar las políticas desde una escala regional

Muchas decisiones que parecen nacionales responden en realidad a estrategias regionales.

Los acuerdos de seguridad, la cooperación policial, la vigilancia fronteriza, los programas de asistencia o las inversiones en infraestructura suelen formar parte de arquitecturas que trascienden las fronteras de cada país.

Comprender esas conexiones permite leer de otra manera los procesos locales.

5. Observar a los actores internos

Bosch nunca explicó la política hemisférica únicamente desde Washington.

También llamó la atención sobre el papel de gobiernos, élites económicas, fuerzas políticas, instituciones y grupos empresariales latinoamericanos.

Las estrategias internacionales siempre encuentran aliados, resistencias, negociaciones y disputas dentro de cada sociedad.

Mirar únicamente hacia Estados Unidos deja incompleta la explicación.

Lo que Bosch no pudo anticipar

Volver a leer un clásico no significa convertirlo en una autoridad incuestionable.

El mundo actual incorpora desafíos que Bosch no conoció.

La inteligencia artificial, las plataformas digitales, el control de datos, la vigilancia algorítmica, las infraestructuras tecnológicas, los minerales necesarios para la transición energética y la crisis climática modifican profundamente las formas contemporáneas del poder.

Por ello, leer a Bosch hoy implica tanto recuperar sus preguntas como reconocer los límites históricos de su obra.

Precisamente allí reside su mayor utilidad: no ofrece un manual terminado, sino una forma de pensar críticamente los procesos políticos.

Recuperar el pensamiento latinoamericano y caribeño para comprender el presente

Con frecuencia buscamos interpretar la política internacional recurriendo exclusivamente a centros académicos o instituciones del Norte Global. Sin embargo, América Latina también ha producido una rica tradición de pensamiento político que sigue ofreciendo herramientas valiosas para comprender los desafíos contemporáneos.

Recuperar a Juan Bosch no responde a un ejercicio de nostalgia intelectual. Es una invitación a fortalecer nuestra propia capacidad de análisis, dialogando con autores que reflexionaron desde las experiencias históricas de la región.

Si la nueva estrategia de seguridad estadounidense nos obliga a preguntarnos por el futuro de América Latina y el Caribe, quizá también sea momento de volver a quienes, desde hace décadas, intentaron comprender las relaciones de poder que siguen moldeando nuestro continente.

Porque algunas categorías cambian con el tiempo. Otras, en cambio, siguen ayudándonos a formular las preguntas que todavía necesitamos responder.

Siete preguntas para leer cualquier estrategia de seguridad

Antes de aceptar como evidente cualquier nueva estrategia de seguridad, vale la pena preguntarse:

  1. ¿Qué problema está siendo definido como una amenaza?
  2. ¿Quién construye esa definición y quién queda fuera de ella?
  3. ¿Qué intereses económicos, geopolíticos o tecnológicos acompañan el discurso de seguridad?
  4. ¿Qué lugar ocupa América Latina dentro de esa estrategia?
  5. ¿Qué actores nacionales participan en su implementación o cuestionamiento?
  6. ¿Qué dimensiones del problema quedan invisibilizadas cuando todo se interpreta desde la seguridad?
  7. ¿Qué continuidades existen entre esta estrategia y las formuladas décadas atrás?
Para leer la estrategia de seguridad de Estados Unidos desde Juan Bosch
Categoría de análisis¿Qué propone observar Juan Bosch?¿Cómo aparece en la estrategia actual de EE. UU.?Preguntas para el análisis crítico
Construcción de la amenazaLas amenazas no son únicamente hechos objetivos; también son construcciones políticas que orientan prioridades e intervenciones.Migración irregular, crimen organizado, influencia de China, minerales críticos, infraestructura estratégica y ciberseguridad aparecen como amenazas prioritarias.¿Quién define qué constituye una amenaza? ¿Qué problemas reciben atención y cuáles permanecen invisibles?
Justificación de la intervenciónToda política hacia la región necesita un relato legitimador.Cooperación en seguridad, fortalecimiento institucional, estabilidad democrática, protección de cadenas de suministro y defensa de intereses estratégicos.¿Qué objetivos explícitos se presentan? ¿Qué otros intereses pueden coexistir detrás del discurso oficial?
Intereses geopolíticosLa política exterior responde a objetivos de largo plazo relacionados con el poder y la posición internacional.Competencia con China, protección de rutas marítimas, control tecnológico, acceso a recursos estratégicos y fortalecimiento de alianzas regionales.¿Qué papel ocupa América Latina dentro de la competencia global entre potencias?
Importancia del Caribe y CentroaméricaEl Caribe no es una periferia sino un espacio geoestratégico central.Canal de Panamá, movilidad humana, rutas comerciales, puertos, interconexión energética y corredores logísticos recuperan importancia estratégica.¿Por qué ciertos territorios adquieren mayor relevancia en determinados momentos históricos?
Actores localesLas estrategias internacionales requieren alianzas internas para concretarse.Gobiernos, fuerzas policiales, organismos multilaterales, empresas tecnológicas y sectores empresariales participan en la implementación de políticas de seguridad.¿Quiénes impulsan estas políticas dentro de cada país? ¿Quiénes las cuestionan?
Economía y seguridadLa dimensión económica forma parte de la política internacional, aunque muchas veces permanezca oculta tras el lenguaje de la seguridad.Nearshoring, resiliencia económica, minerales estratégicos, transición energética e infraestructura crítica aparecen vinculados con la seguridad nacional.¿Qué intereses económicos acompañan las decisiones en materia de seguridad?
Escala regionalLos procesos nacionales deben entenderse dentro de dinámicas continentales.Programas regionales de cooperación, interoperabilidad militar, inteligencia compartida y coordinación fronteriza.¿Qué decisiones parecen nacionales pero responden a estrategias regionales?
Continuidades históricasCambian los discursos, pero ciertas lógicas de poder permanecen.La narrativa pasa del comunismo al terrorismo, luego al narcotráfico y hoy incorpora migración, crimen transnacional y competencia geopolítica.¿Qué ha cambiado realmente y qué elementos muestran continuidad histórica?
Soberanía y autonomíaAnalizar cómo las decisiones internacionales condicionan la capacidad de decisión de los Estados latinoamericanos.Cooperación en seguridad, financiamiento, asistencia técnica y alineamientos estratégicos generan nuevas formas de dependencia e interdependencia.¿Qué margen de decisión conservan los países latinoamericanos? ¿Qué alternativas pueden construir?
Lo que Bosch no alcanzó a verTodo clásico tiene límites históricos y debe dialogar con nuevos fenómenos.Inteligencia artificial, vigilancia digital, plataformas tecnológicas, datos, cambio climático y transición energética transforman la geopolítica contemporánea.¿Qué nuevas categorías necesita desarrollar hoy el pensamiento crítico latinoamericano?

Pueden descargar la infografía aquí

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Referencia:

Bosch, Juan (2024). El pentagonismo: Sustituto del imperialismo. Ediciones Fundación Juan Bosch.

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Cuando el veneno parecía progreso: el DDT y la construcción de las salvaguardas ambientales

Hubo un tiempo en que el DDT (pesticida químico) fue aclamado como uno de los mayores logros de la ciencia moderna. Se fumigaban cultivos, bosques, barrios, playas e incluso a las personas, convencidas de que aquel polvo blanco representaba el futuro: una herramienta infalible para eliminar plagas, aumentar la producción agrícola y combatir enfermedades como la malaria.

Durante las décadas de 1940 y 1950, Estados Unidos promovió su uso masivo. El DDT era un pilar en programas de salud pública, campañas agrícolas y políticas gubernamentales que lo presentaban como una solución segura y eficaz. Cuestionarlo parecía irracional. Después de todo, ¿quién podría oponerse al progreso?

Sin embargo, la historia demostraría que el verdadero problema no era únicamente el pesticida, sino la certeza con la que una sociedad creyó conocer todos sus efectos antes de comprender realmente sus consecuencias a largo plazo.

Los daños que tardaron años en hacerse visibles

A diferencia de otros contaminantes, el DDT no desaparecía tras su aplicación. Permanecía durante años en el suelo y el agua, ingresaba en las cadenas tróficas y se acumulaba en los tejidos de animales y personas. Las aves rapaces comenzaron a desaparecer de diversas regiones debido al debilitamiento de sus cáscaras de huevo, mientras la contaminación se extendía mucho más allá de las zonas tratadas.

Lo más inquietante era que estos impactos solo podían observarse con el paso del tiempo. Los beneficios económicos eran inmediatos; los costos ecológicos, en cambio, emergían lentamente y eran asumidos por toda la sociedad. Esta historia nos recuerda que algunos daños ambientales no ocurren de manera espectacular, sino que se acumulan silenciosamente hasta que resulta imposible ignorarlos.

Una científica contra un modelo de desarrollo

En 1962, la bióloga estadounidense Rachel Carson publicó Primavera silenciosa (Silent Spring), una obra que transformó para siempre la discusión ambiental. Su principal aporte no fue rechazar la ciencia o el desarrollo tecnológico, sino demostrar que el verdadero conocimiento científico también debe interrogarse por las consecuencias de aquello que se considera un avance.

Carson reunió investigaciones dispersas, documentó los impactos sobre la fauna y cuestionó la aplicación indiscriminada de sustancias químicas cuyos efectos a largo plazo eran inciertos.

La reacción no se hizo esperar. Las empresas fabricantes de pesticidas emprendieron campañas para desacreditarla, cuestionando su credibilidad y tachando sus investigaciones de exageradas. Argumentaron que restringir el DDT pondría en riesgo la agricultura y la salud pública. El debate dejó de ser exclusivamente científico para convertirse en una disputa política, económica y cultural.

Lo más difícil no fue descubrir el problema, sino cambiar el rumbo

Existe la idea equivocada de que, cuando la ciencia demuestra un daño, las instituciones simplemente corrigen el error. La historia del DDT demuestra lo contrario.

A pesar de las crecientes evidencias, la prohibición del pesticida enfrentó enormes resistencias. Durante décadas, se habían construido políticas públicas, inversiones, industrias y modelos agrícolas que dependían de su uso. Reconocer el problema implicaba revisar decisiones gubernamentales, modificar regulaciones y afectar intereses económicos profundamente consolidados.

La publicación de Primavera silenciosa fue en 1962, pero Estados Unidos no prohibió la mayoría de los usos agrícolas del DDT hasta 1972, tras largos procesos de investigación, audiencias públicas, controversias judiciales y fuertes presiones de la industria química. La burocracia, en este caso, no fue un mero conjunto de trámites administrativos, sino el reflejo de una disputa por definir qué intereses debían prevalecer cuando la evidencia científica cuestionaba un modelo de desarrollo que había generado enormes beneficios económicos.

Las salvaguardas ambientales nacieron de estas lecciones

A menudo, se presentan las evaluaciones de impacto ambiental, el principio precautorio, el monitoreo independiente o la participación ciudadana como obstáculos para el desarrollo. Sin embargo, la historia del DDT invita a mirar estas herramientas desde otra perspectiva.

Estas salvaguardas no surgieron para impedir la innovación, sino porque demasiadas veces la innovación avanzó más rápido que nuestra capacidad para comprender sus consecuencias. Son mecanismos que buscan responder una pregunta sencilla antes de que el daño ocurra: ¿Qué podría pasar si estamos equivocados?

Responder esa pregunta requiere tiempo, información, instituciones sólidas y espacios para el diálogo entre distintos conocimientos. Puede parecer un proceso lento, pero suele ser mucho menos costoso que intentar reparar ecosistemas destruidos o enfrentar crisis sanitarias evitables.

Una lección que sigue vigente

Hoy los debates ya no giran únicamente en torno al DDT. Se discuten nuevos pesticidas, megaproyectos, minería, infraestructura, organismos genéticamente modificados y muchas otras tecnologías que prometen resolver problemas urgentes. En distintos países resurgen discursos que presentan las regulaciones ambientales como «excesos burocráticos» que frenan la inversión y el crecimiento.

Sin embargo, esta historia nos recuerda que muchas de esas regulaciones existen precisamente porque, en el pasado, la ausencia de controles permitió que los costos ambientales se trasladaran a la naturaleza y a las generaciones futuras.

Las salvaguardas ambientales no son el resultado del miedo al progreso, sino de la memoria: la memoria de ecosistemas degradados, especies desaparecidas, comunidades afectadas y decisiones que pudieron tomarse con mayor precaución. Quizá la enseñanza más importante del DDT no sea que una sustancia resultó peligrosa, sino que ninguna sociedad debería confundir la rapidez para innovar con la sabiduría para decidir. Porque cuando los daños ambientales finalmente se hacen visibles, casi siempre es demasiado tarde para preguntarse si habría sido mejor actuar con más cuidado desde el principio.

¿Y qué nos dice esta historia sobre Costa Rica?

Costa Rica suele presentarse ante el mundo como un referente en conservación ambiental. La recuperación de sus bosques, la creación de parques nacionales y el reconocimiento internacional por sus políticas ambientales forman parte de ese relato. Sin embargo, ese prestigio no significa que las tensiones entre desarrollo económico y protección de los bienes comunes hayan desaparecido.

En los últimos años, el país ha vivido un creciente debate sobre el alcance de sus salvaguardas ambientales. Con frecuencia, las evaluaciones de impacto, los procesos de consulta, los estudios técnicos o las regulaciones para proteger ríos, humedales, acuíferos y bosques son presentados como obstáculos que retrasan inversiones, encarecen proyectos o limitan la competitividad. Detrás de ese discurso suele instalarse una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué tantos controles?

La historia del DDT ofrece una respuesta vigente: muchas de estas instituciones y procedimientos nacieron precisamente porque, en el pasado, las decisiones se tomaban sin suficiente información sobre sus consecuencias ambientales y sociales. No aparecieron por casualidad ni por un exceso de burocracia, sino como respuesta a daños que pudieron haberse evitado.

Esta reflexión adquiere especial relevancia en un país donde los conflictos por el agua, la expansión urbana sobre humedales, la presión sobre territorios rurales, la extracción de materiales, el uso intensivo de agroquímicos y los efectos del cambio climático evidencian que la protección ambiental sigue siendo un desafío cotidiano. Cada decisión que flexibiliza controles puede generar beneficios inmediatos para ciertos sectores, pero también trasladar costos ecológicos y sociales que solo se harán visibles años después.

Defender las salvaguardas ambientales no significa negar la necesidad del desarrollo económico, sino reconocer que el verdadero desarrollo no puede construirse sobre la degradación silenciosa de los ecosistemas de los que depende la vida. Las evaluaciones ambientales, el principio precautorio, la participación ciudadana y el fortalecimiento institucional son herramientas para mejorar las decisiones colectivas, no para impedirlas.

Quizá la mayor enseñanza del DDT para Costa Rica es que los errores ambientales rara vez ocurren por falta de conocimiento. Ocurren, con frecuencia, cuando la evidencia científica, las advertencias comunitarias o las capacidades institucionales son relegadas ante la urgencia de producir más, construir más rápido o reducir los controles. Cuando eso sucede, las consecuencias no desaparecen: simplemente se trasladan al futuro.

En tiempos en que la simplificación de trámites y la desregulación vuelven a ocupar un lugar central en el debate público, conviene recordar que la verdadera pregunta no es cuánto cuesta prevenir un daño ambiental, sino cuánto termina costando cuando decidimos no hacerlo.

¿Y si ahora la inteligencia artificial puede hacerlo mejor?

En un momento en que la inteligencia artificial (IA) promete transformarlo todo, comienzan a surgir voces que sugieren que las salvaguardas ambientales podrían simplificarse. Si un algoritmo puede procesar millones de datos en segundos, modelar escenarios futuros y estimar riesgos con precisión, ¿siguen siendo necesarias evaluaciones extensas, consultas públicas o procesos institucionales que toman meses o años?

La pregunta resulta atractiva, pero parte de un supuesto equivocado: que las salvaguardas existen únicamente porque antes no teníamos suficiente capacidad para analizar información. La historia del DDT demuestra que, en muchos momentos, existieron datos y advertencias que señalaban los riesgos. Lo que faltó no fue capacidad de cálculo, sino voluntad para reconocer la incertidumbre, cuestionar intereses consolidados y actuar antes de que el daño fuera irreversible.

La IA puede contribuir a analizar imágenes satelitales, detectar cambios en los ecosistemas, procesar grandes volúmenes de información y construir modelos predictivos con una velocidad impensable hace años. Puede convertirse en una aliada importante para fortalecer la gestión ambiental. Pero ninguna inteligencia artificial puede responder preguntas profundamente políticas y éticas:

  • -¿Es aceptable poner en riesgo un humedal por un beneficio económico de corto plazo?

  • -¿Quién decide qué nivel de contaminación es tolerable?

  • -¿Cómo se valoran los conocimientos de las comunidades que habitan un territorio?

  • -¿Quién asume los costos si una predicción resulta equivocada?

  • -¿Qué especies, paisajes o formas de vida estamos dispuestos a sacrificar?

Estas no son preguntas que se resuelvan con un algoritmo. Son decisiones colectivas que requieren deliberación democrática, instituciones públicas sólidas y mecanismos de participación. Confiar en que la IA puede sustituir las salvaguardas ambientales sería repetir un error conocido: creer que una nueva tecnología elimina la necesidad de actuar con precaución frente a sus propios límites.

Paradójicamente, la expansión de la IA hace aún más necesario fortalecer el principio precautorio. No porque debamos desconfiar de la tecnología, sino porque también ella genera incertidumbres, concentra poder y puede reproducir sesgos si no existen instituciones capaces de supervisar su uso. La lección del DDT sigue vigente: ninguna innovación, por sofisticada que sea, reemplaza la responsabilidad de preguntarnos cuáles podrían ser sus consecuencias antes de convertirla en la base de nuestras decisiones.

Rachel Louise Carson (1907-1964) fue una bióloga marina y zoóloga estadounidense cuya obra transformó la relación de la sociedad con el medio ambiente. Formada con una maestría en Zoología por la Universidad Johns Hopkins, Carson. Su libro más influyente, Primavera silenciosa (1962), documentó los devastadores efectos de los pesticidas sintéticos, en especial el DDT, sobre los ecosistemas, la fauna y la salud humana. Carson no solo denunció la contaminación química, sino que cuestionó la arrogancia de una ciencia y una industria que actuaban sin considerar las consecuencias a largo plazo. A pesar de los feroces ataques de la industria química, su obra impulsó el movimiento ecologista moderno, contribuyó directamente a la prohibición del DDT en Estados Unidos (1972) y sentó las bases para la creación de la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Su legado perdura como un recordatorio de que el progreso sin precaución y sin rendición de cuentas tiene un costo que la naturaleza termina cobrando.

Referencia:

Carson, Rachel (2023). Primavera silenciosa. Crítica

Gamboa, Nadia. (2014). DDT, una revisión histórica. Revista de Química, *28*(1-2), 19-24.

Mugabo, Jean Pierre Bhople, Balkirshina Sopan Kumar, Arun Khan, Javed Ahmad Havugimana, Erneste Byringiro, Emmanuel Singh, Yumnam Neeraj (2020). Environmental Impact Assessment (EIA): General process and procedures. En Environmental Impact Assessment: A Journey to Sustainable Development (pp. 21-58). Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-030-45871-5_2

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¿Puede existir una educación neutral? Un proceso de reflexión para debatir la escuela, la democracia y el poder

Cuando la neutralidad entra al centro del debate

¿Quién decide qué puede discutirse en una escuela? ¿Es posible enseñar sin transmitir una determinada visión del mundo? ¿Qué significa realmente «adoctrinar»?

En distintos países, la educación pública se ha convertido en uno de los principales escenarios de disputa política y cultural. Conceptos como neutralidad, objetividad y adoctrinamiento, que durante décadas ocuparon un lugar secundario en el debate educativo, hoy aparecen en el centro de reformas, discursos gubernamentales y controversias públicas. Bajo la promesa de proteger a las personas estudiantes de influencias ideológicas, avanzan iniciativas que buscan regular qué puede enseñarse, cómo debe hacerse y cuáles son los límites del debate dentro de las aulas.

Costa Rica tampoco permanece al margen de estas discusiones. La reciente emisión de la Circular DM-CIR-0047-2026 del Ministerio de Educación Pública reabrió un conjunto de preguntas fundamentales para cualquier sociedad democrática: ¿es posible una educación completamente neutral?, ¿quién define qué constituye adoctrinamiento?, ¿cómo se protege la libertad de cátedra sin reducir la enseñanza a una transmisión acrítica de contenidos?, ¿qué efectos tienen estas regulaciones sobre el trabajo cotidiano de las personas docentes?

Más allá de la coyuntura: ¿qué está en juego?

Estas preguntas no se limitan a una discusión jurídica o administrativa. En el fondo, remiten al sentido mismo de la educación pública y al tipo de ciudadanía que una sociedad busca formar.

Desde la educación popular y la pedagogía crítica, distintos autores han señalado que ninguna práctica educativa es completamente neutral. Toda educación transmite formas de comprender el mundo, define qué conocimientos son considerados legítimos y establece qué preguntas pueden formularse. En ese sentido, el problema no consiste únicamente en identificar cuándo existe adoctrinamiento entendido como la imposición explícita de determinadas ideas; también puede manifestarse cuando ciertos temas dejan de discutirse, cuando determinadas perspectivas son excluidas del debate o cuando el temor a ser sancionado produce autocensura entre quienes enseñan.

La neutralidad, entonces, deja de ser solamente un principio orientador para convertirse también en un objeto de análisis político y pedagógico.

Algunas ideas para abrir la discusión
  • -La educación nunca ocurre en el vacío: toda práctica educativa transmite valores, prioridades y formas de comprender la realidad.
  • -La neutralidad también puede ser una forma de poder: decidir qué temas se discuten y cuáles se silencian también configura el aprendizaje.
  • -El adoctrinamiento no siempre consiste en imponer ideas: también puede expresarse mediante la censura, la autocensura o la restricción del debate.
  • -La libertad de cátedra es una condición para la democracia: sin posibilidad de preguntar, debatir y problematizar, la educación pierde una de sus funciones esenciales.
  • -Pensar críticamente la educación es defender el espacio público: discutir sobre la escuela implica discutir el tipo de sociedad que queremos construir.
Un espacio para pensar colectivamente

Con el propósito de abrir este debate, el Observatorio de Bienes Comunes invitamos a participar en el proceso de reflexión «La «neutralidad» también adoctrina. Genealogía de una pedagogía del silencio», un proceso de cuatro encuentros orientado a analizar críticamente las disputas contemporáneas sobre la educación pública, la libertad de cátedra y la democracia.

El curso propone comprender cómo se ha construido históricamente el discurso de la neutralidad educativa, analizar experiencias internacionales donde las campañas contra el supuesto «adoctrinamiento» han impulsado reformas de carácter conservador e identificar los mecanismos mediante los cuales se configuran nuevas formas de vigilancia, control y autocensura en los espacios educativos.

Más que ofrecer respuestas cerradas, el proceso busca recuperar la pregunta como práctica política y pedagógica, reivindicando el aula como un espacio de deliberación democrática, construcción colectiva del conocimiento y formación de una ciudadanía crítica capaz de dialogar, cuestionar y participar activamente en los asuntos públicos.

Ejes a trabajar:

-10 de agosto: ¿Quién define la educación? De la formación ciudadana a la neutralidad educativa.

-17 de agosto La cruzada contra el «adoctrinamiento»: Conservadurismo y guerras culturales en la educación.

-24 de agosto La fabricación de la neutralidad: Dispositivos de control, vigilancia y autocensura.

-31 de agosto Desobedecer preguntando: Pedagogías para una democracia crítica.

Cada encuentro combinará espacios dialógicos, reflexión crítica, análisis de materiales, estudio de casos y metodologías participativas inspiradas en la educación popular, promoviendo el intercambio de experiencias y la construcción colectiva de conocimientos.

Información general

Lugar: Oficina de Kioscos Socioambientales, San Pedro.
Hora: 6:00 p. m.
Modalidad: Cuatro encuentros presenciales.

Para inscripciones: https://forms.gle/PttNRvQaYJiePAg38

Porque defender la educación también implica defender el derecho a preguntar

En momentos en que el significado mismo de la educación pública se encuentra en disputa, abrir espacios para pensar colectivamente estos procesos constituye también una forma de fortalecer la democracia.

Este curso-taller invita a reconocer que enseñar nunca ha sido un acto neutral ni ajeno a la sociedad. Por el contrario, la educación es un territorio donde se disputan proyectos de país, formas de convivencia y horizontes de futuro. Recuperar la capacidad de preguntar, debatir y construir conocimiento de manera colectiva es, hoy más que nunca, una condición para sostener una escuela democrática y una ciudadanía crítica.

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¿Quién piensa América Latina y el Caribe? La Carta de Jamaica frente a las nuevas agendas de seguridad

Durante más de dos siglos, la Carta de Jamaica ha sido leída como un manifiesto de la independencia latinoamericana o como un texto precursor del ideal de unidad continental. Sin embargo, su vigencia no radica únicamente en las respuestas que ofrece, sino en la forma en que nos invita a pensar la realidad política de América Latina y el Caribe.

Bolívar escribe esta carta en septiembre de 1815, no desde el triunfo, sino desde la derrota. La Segunda República de Venezuela ha sido derrotada, los ejércitos patriotas se encuentran dispersos y él permanece exiliado en Kingston, Jamaica. Todavía no es el Libertador que la historia convertirá en símbolo continental. Es un dirigente político que intenta comprender por qué fracasó la revolución y cuáles son las condiciones necesarias para que los pueblos americanos puedan construir un horizonte propio.

En tiempos de incertidumbre, Bolívar no responde con consignas. Responde con preguntas. Intenta comprender América desde su propia realidad y no desde las categorías políticas elaboradas por las potencias de su época.

Quizá allí radique la mayor actualidad de la Carta de Jamaica.

Cuando las potencias vuelven a definir las amenazas del continente

La relectura de la Carta de Jamaica adquiere un nuevo significado a partir de acontecimientos recientes. En julio de 2026, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, convocó a representantes de más de sesenta países a una reunión ministerial con el propósito de construir una estrategia internacional frente al denominado «terrorismo de extrema izquierda». Durante el encuentro, Rubio sostuvo que movimientos comunistas, marxistas, anarquistas, antifascistas y antiimperialistas forman parte de una amenaza transnacional que exige fortalecer la cooperación internacional en materia de inteligencia, intercambio de información, persecución financiera y coordinación policial.

El principal asesor de la Casa Blanca, Stephen Miller, reforzó ese discurso al afirmar que la «extrema izquierda» representa un «cáncer mortal para la civilización» y que las democracias deben defenderse con la misma determinación con la que una familia protege su hogar frente a un invasor. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció además el fortalecimiento de mecanismos para supervisar organizaciones sin fines de lucro que, según el gobierno estadounidense, podrían ser utilizadas para financiar estas redes.

Más allá del contenido específico de estas afirmaciones, el encuentro expresa un cambio de mayor alcance. No se trata únicamente de una política interna de Estados Unidos, sino de un intento por construir una arquitectura internacional de seguridad que invite a otros gobiernos a compartir una misma definición de terrorismo, extremismo y amenaza política.

Diversos exfuncionarios del propio Departamento de Estado cuestionaron esta orientación. Señalaron que la estrategia responde más a prioridades políticas de la administración Trump que a la evaluación realizada por los organismos especializados en contraterrorismo, los cuales han advertido que otras formas de violencia extremista continúan representando riesgos significativamente mayores.

Sin embargo, más allá del debate sobre el diagnóstico de seguridad, emerge una pregunta de enorme relevancia para América Latina y el Caribe: ¿Quién tiene el poder de definir cuáles son las amenazas del mundo?

Las categorías nunca son neutrales. Nombrar un actor como «terrorista» o «extremista» no solo describe una realidad; también produce consecuencias políticas. Permite reorganizar presupuestos públicos, ampliar mecanismos de vigilancia, fortalecer la cooperación policial internacional, justificar reformas legales y redefinir las prioridades de los Estados.

La pregunta, entonces, trasciende la coyuntura estadounidense. Lo que está en discusión es quién produce los marcos desde los cuales se interpreta la realidad política internacional. Y es precisamente allí donde la Carta de Jamaica vuelve a cobrar sentido.

La Carta de Jamaica: un antecedente del pensamiento antiimperialista latinoamericano

Aunque fue escrita varias décadas antes de que el concepto de imperialismo adquiriera el significado político y económico con el que hoy lo conocemos, la Carta de Jamaica constituye uno de los antecedentes más importantes del pensamiento antiimperialista latinoamericano.

Su aporte no consiste únicamente en denunciar la dominación colonial española. Su mayor originalidad radica en desplazar el lugar desde donde se piensa el continente.

Hasta entonces, América aparecía fundamentalmente como objeto de las decisiones imperiales. Bolívar rompe con esa lógica. Propone comprender el continente desde las necesidades, las contradicciones y las aspiraciones de sus propios pueblos. Ese desplazamiento constituye un verdadero cambio epistemológico y político.

La pregunta deja de ser qué necesita Europa para conservar el orden colonial y pasa a ser qué necesitan los pueblos americanos para construir sociedades libres, instituciones propias y formas de organización capaces de sostener su autonomía.

Este gesto intelectual será retomado posteriormente por buena parte del pensamiento crítico latinoamericano. José Martí denunciará el expansionismo estadounidense; José Carlos Mariátegui reivindicará la necesidad de un socialismo indoamericano; Juan Bosch analizará las nuevas formas de dominación imperial en el Caribe; Pablo González Casanova estudiará el colonialismo interno; Eduardo Galeano mostrará las estructuras históricas del saqueo continental.

Todos ellos, desde contextos distintos, compartirán una intuición ya presente en Bolívar: la emancipación política también requiere emancipación intelectual. Pensar desde América y el Caribe significa construir nuestras propias categorías para comprender el mundo y no limitarse a reproducir aquellas elaboradas por los centros de poder.

Pensar desde América

La Carta de Jamaica no propone el aislamiento de América Latina ni rechaza el diálogo con el mundo. Lo que cuestiona es otra cosa: la incapacidad de los pueblos para interpretar su propia realidad con categorías propias.

Dos siglos después, América Latina y el Caribe enfrentan desafíos profundamente distintos a los de 1815, pero igualmente complejos: desigualdad, concentración de la riqueza, endeudamiento, privatización de bienes públicos, crisis climática, conflictos socioambientales, expansión del extractivismo, militarización de territorios, migraciones forzadas, transformación tecnológica y nuevas disputas geopolíticas.

Sin embargo, buena parte de las agendas públicas continúan organizándose alrededor de prioridades definidas fuera de la región.

La seguridad, la democracia, el desarrollo, la transición energética, la inteligencia artificial, la lucha contra el narcotráfico o la definición misma del terrorismo suelen llegar a nuestros países como categorías previamente elaboradas por los principales centros de poder global.

La pregunta que Bolívar nos deja continúa siendo profundamente incómoda: ¿Estamos interpretando nuestra realidad desde nuestras propias experiencias históricas o seguimos leyendo América Latina con conceptos construidos para responder a otros intereses y otras geografías?

La unidad como construcción política

En uno de los pasajes más conocidos de la Carta, Bolívar afirma que la unión de los pueblos americanos no llegará por milagros ni por providencia, sino por «efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos».

La unidad, entonces, no constituye un destino inevitable ni una consecuencia automática de compartir una historia común. Es una tarea política. Implica construir instituciones regionales, fortalecer la cooperación entre pueblos, defender los bienes comunes, intercambiar conocimientos, desarrollar capacidades científicas propias y ampliar los márgenes de soberanía frente a un escenario internacional cada vez más disputado.

En un contexto donde las grandes potencias buscan reorganizar las agendas de seguridad, la integración latinoamericana deja de ser solamente un ideal histórico para convertirse en una condición de autonomía política.

Un método para leer el presente

La mayor vigencia de la Carta de Jamaica probablemente no resida en sus predicciones, muchas de las cuales respondieron a las limitaciones de su tiempo. Su verdadera actualidad consiste en el método político que inaugura.

Bolívar escribe desde el exilio, desde la derrota y desde la incertidumbre. En lugar de aceptar las explicaciones producidas por los centros de poder, decide construir un diagnóstico propio sobre la realidad americana.

Quizá esa sea la principal enseñanza que la Carta ofrece al siglo XXI. En momentos en que las grandes potencias vuelven a disputar el significado de la democracia, la seguridad, el terrorismo, el desarrollo o la integración regional, la Carta de Jamaica nos recuerda que la primera condición de cualquier proyecto emancipador consiste en recuperar la capacidad de pensar América Latina y el Caribe desde América Latina y el Caribe.

No como un ejercicio de aislamiento ni como una reivindicación romántica del pasado, sino como una práctica permanente de autonomía intelectual y política. Porque la soberanía no se limita al control del territorio o de las instituciones. También implica la capacidad de producir nuestras propias preguntas, nombrar nuestros propios problemas y construir colectivamente los horizontes de futuro para los pueblos de América Latina y el Caribe.

La Carta de Jamaica como caja de herramientas para pensar América Latina y el Caribe
Herramienta de lectura¿Qué plantea Bolívar?¿Qué pregunta nos deja para el siglo XXI?Ejemplos de la coyuntura latinoamericana y caribeña
Pensar desde nuestra realidadAmérica no puede copiar modelos europeos; debe comprender sus propias condiciones históricas.¿Estamos interpretando nuestros problemas desde nuestras realidades o desde categorías construidas por otras potencias?Seguridad, democracia, desarrollo, transición energética, inteligencia artificial, migración y crimen organizado suelen debatirse desde agendas externas.
La independencia como proceso permanenteLa emancipación no termina con expulsar al imperio; comienza el desafío de construir instituciones propias.¿Qué nuevas formas de dependencia existen hoy?Endeudamiento, tratados comerciales, dependencia tecnológica, plataformas digitales, corporaciones extractivas, control financiero internacional.
Leer el poderLa dominación no es solamente militar; también es política, económica y cultural.¿Quién define hoy las reglas del juego internacional?Disputa geopolítica entre Estados Unidos y China, organismos financieros, empresas tecnológicas, industrias militares y energéticas.
Nombrar las amenazasLos imperios justifican sus acciones construyendo enemigos.¿Quién define actualmente qué es terrorismo, extremismo, seguridad o estabilidad?Criminalización de movimientos sociales, nuevas doctrinas de seguridad hemisférica, expansión de políticas antiterroristas, vigilancia digital.
Pensar críticamente las categoríasBolívar no acepta las interpretaciones de la monarquía española; construye su propio diagnóstico.¿Qué conceptos utilizamos para comprender América Latina?Desarrollo, gobernabilidad, inversión, modernización, resiliencia, seguridad nacional, democracia, populismo.
Unidad latinoamericanaLa unión no es un ideal romántico, sino una necesidad política.¿Qué formas de integración necesita hoy América Latina y el Caribe?Cooperación sanitaria, integración energética, defensa de bienes comunes, ciencia abierta, soberanía alimentaria, movilidad humana.
La organización como condición de la libertadLa unidad no llegará «por prodigios divinos, sino por efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos».¿Qué organizaciones sociales, comunitarias y regionales hacen posible la democracia?Redes territoriales, movimientos campesinos, organizaciones indígenas, feministas, sindicatos, universidades públicas y articulaciones regionales.
La diversidad de AméricaBolívar reconoce que el continente no constituye una realidad homogénea; existen historias, territorios e intereses distintos.¿Cómo construir unidad respetando la diversidad?Plurinacionalidad, pueblos afrodescendientes, pueblos indígenas, Caribe insular, Amazonía, Centroamérica, migraciones.
Pensar desde las derrotasLa Carta nace del exilio y del fracaso político, no de la victoria.¿Cómo producir pensamiento crítico en tiempos de crisis?Retrocesos democráticos, ofensivas autoritarias, debilitamiento de la integración regional, conflictos socioambientales, privatización de bienes públicos.
Imaginar futurosBolívar no solo analiza el presente; propone horizontes posibles para América.¿Qué proyecto de futuro queremos construir para la región?Justicia climática, transición ecológica justa, bienes comunes, economías solidarias, soberanía tecnológica y democratización del conocimiento.
Referencias:

Bolivar, Simón (1815). Carta de Jamaica.

Hansler, Jennifer (2026). Miller y Rubio presentan a la extrema izquierda como amenaza clave para EE.UU. CNN en Español.

La Jornada. (2026). Convoca Marco Rubio a 60 países a cumbre contra la «extrema izquierda». La Jornada

 

Esta nota web forma parte de la colección Los Herejes de lo Común, una serie de cuadernos de antigeopolítica y antiimperialismos publicados por el Observatorio de Bienes Comunes de la Universidad de Costa Rica.

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¿Quién controla el campo cuando los datos se convierten en el nuevo cultivo?

La digitalización se ha instalado como una de las grandes promesas del agronegocio contemporáneo. Drones, sensores, inteligencia artificial, plataformas digitales, maquinaria automatizada y sistemas de monitoreo en tiempo real son presentados como herramientas indispensables para producir más, utilizar menos recursos y enfrentar la crisis climática. Bajo nombres como Agricultura 4.0, agricultura inteligente o agricultura de precisión, se afirma que el futuro del campo dependerá cada vez más de los datos y de la automatización.

Sin embargo, detrás de este discurso aparecen preguntas que pocas veces se discuten:

  • ¿Quién controla los datos que generan las personas agricultoras?

  • ¿Quién decide cuando las recomendaciones provienen de algoritmos y plataformas digitales?

  • ¿Qué ocurre con los conocimientos campesinos construidos durante generaciones?

  • ¿La digitalización fortalece la soberanía alimentaria o profundiza nuevas dependencias?

Estas preguntas son el punto de partida para comprender que la digitalización del agronegocio no es únicamente una innovación tecnológica: también constituye una profunda transformación política y económica del sistema agroalimentario.

Más que tecnología: una nueva etapa del agronegocio

La digitalización atraviesa prácticamente toda la cadena agroalimentaria. Desde la preparación del suelo y la siembra hasta el transporte, la logística, el procesamiento industrial, la comercialización y la trazabilidad de los alimentos, cada etapa incorpora crecientemente herramientas digitales capaces de registrar, procesar y comercializar enormes cantidades de información.

Este proceso también modifica quiénes concentran el poder dentro del sistema alimentario.

Hoy las grandes corporaciones tecnológicas establecen alianzas con empresas de semillas, agroquímicos, fertilizantes, maquinaria agrícola y plataformas financieras, configurando un nuevo modelo de acumulación donde los datos se convierten en un activo estratégico.

Los datos también son un territorio en disputa

Una de las principales tensiones que plantea la agricultura digital es que la información producida diariamente por miles de personas agricultoras alimenta plataformas privadas capaces de generar nuevos mercados, servicios y formas de control.

Mientras más productores utilizan estas tecnologías:

  • -mayor es la cantidad de datos acumulados por las plataformas

  • -más precisos se vuelven sus algoritmos

  • -mayor es la dependencia de quienes utilizan esos sistemas

  • -y mayor es la capacidad corporativa para orientar las decisiones productivas

En otras palabras, los datos pasan a ser un nuevo bien estratégico cuya apropiación redefine las relaciones de poder en el campo.

¿Qué pasa con los saberes campesinos?

Uno de los aspectos más provocadores del debate es el lugar que ocupa el conocimiento campesino.

Las herramientas digitales suelen asumir que las mejores decisiones provienen del análisis automatizado de datos. Sin embargo, distintas investigaciones muestran que las personas agricultoras continúan apoyándose en conocimientos construidos mediante la experiencia, la observación cotidiana, la memoria del territorio y la transmisión intergeneracional de saberes.

La vista, el tacto, el olfato, la intuición y la experiencia siguen siendo fundamentales para comprender los cultivos, los suelos y los cambios ambientales, dimensiones que difícilmente pueden reducirse a indicadores digitales.

El debate, entonces, no enfrenta tecnología contra tradición, sino dos maneras distintas de producir conocimiento y de tomar decisiones sobre la agricultura.

Una infraestructura que también deja huella

Aunque frecuentemente se presenta como una economía «desmaterializada», la digitalización depende de enormes infraestructuras físicas.

Su funcionamiento requiere:

  • -centros de datos que consumen grandes cantidades de electricidad y agua

  • -minerales críticos para fabricar chips, baterías y dispositivos electrónicos

  • -cables submarinos y redes de telecomunicaciones que sostienen el tráfico global de datos

  • -una creciente demanda energética asociada al desarrollo de la inteligencia artificial

Por ello, distintos estudios cuestionan la idea de que la digitalización represente, por sí misma, una transición ecológica o una solución automática frente a la crisis climática.

Una discusión necesaria para América Latina y el Caribe

Aunque buena parte de estas transformaciones se impulsan desde grandes corporaciones tecnológicas y organismos internacionales, sus efectos ya son visibles en América Latina y comienzan a reorganizar las cadenas agroexportadoras, las formas de producción y las políticas públicas vinculadas al sector agroalimentario.

Comprender estos procesos resulta fundamental para quienes trabajan por la defensa de los bienes comunes, la soberanía alimentaria y la autonomía de los pueblos rurales.

Una invitación a profundizar el debate

Para aportar a esta discusión, compartimos la publicación Digitalización en el agronegocio ecuatoriano, elaborada por Elizabeth Bravo para Acción Ecológica.

A lo largo de sus páginas, la autora analiza críticamente:

  • -las promesas y límites de la agricultura digital

  • -el papel de las grandes corporaciones tecnológicas

  • -la concentración del poder en torno a los datos

  • -los impactos ambientales de la infraestructura digital

  • -las implicaciones para la agricultura campesina, la soberanía alimentaria y los bienes comunes

Se trata de una lectura imprescindible para comprender que la digitalización del agronegocio no solo transforma la manera de producir alimentos, sino también las relaciones de poder, las formas de conocimiento y las disputas por el control de los territorios.

Le invitamos a descargar la publicación para seguir reflexionando sobre el presente y el futuro de nuestros sistemas agroalimentarios.

Pueden descargar el documento aquí.

Sobre la publicación
Digitalización en el agronegocio ecuatoriano fue elaborada por Elizabeth Bravo, investigadora y activista ecuatoriana con una amplia trayectoria en el estudio del agronegocio, la biodiversidad y la soberanía alimentaria. El documento fue publicado por Acción Ecológica, organización referente en América Latina por su trabajo en defensa de la justicia ambiental, los bienes comunes y los derechos de los pueblos frente a los impactos del extractivismo. A través de esta investigación, la autora ofrece un análisis crítico sobre las transformaciones que introduce la agricultura digital, las disputas por el control de los datos y sus implicaciones para la autonomía de las comunidades rurales y los sistemas alimentarios.

Pueden descargar la infografía aquí.

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