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Sabores de la memoria: Finca 5 reconstruye su historia desde las fotos… y más allá de ellas

El pasado sábado 18 de abril, la comunidad de Finca 5 se reunió para dar inicio a un proceso colectivo de recuperación de memoria en torno al puente ferroviario, el vagón y la historia del territorio. Más que una actividad puntual, el encuentro se convirtió en un espacio de diálogo, escucha y reconocimiento, donde las experiencias de vida comenzaron a entrelazarse para reconstruir una historia común.

A partir de fotografías compartidas por las propias personas, el taller propuso una dinámica sencilla pero profundamente significativa: construir una línea del tiempo desde la memoria vivida. Las imágenes no solo permitieron ubicar momentos, sino que abrieron la posibilidad de recordar, interpretar y resignificar lo que ha sido el tren en la vida de la comunidad.

Una historia que se cuenta desde la experiencia

Las fotografías funcionaron como un punto de partida para activar recuerdos que, aunque pertenecen al pasado, siguen presentes en la vida cotidiana de muchas personas.

Aparecieron escenas de un tiempo en que el río se cruzaba a pie, antes de la construcción del puente. Se recordaron los años en que la llegada de la obra representó una visión de futuro, generando trabajo para la gente del lugar y abriendo nuevas posibilidades económicas. El tren fue evocado como un elemento que dinamizó el comercio, conectó comunidades y marcó profundamente la organización de la vida cotidiana.

Sin embargo, más allá de estos hitos, lo que emergió con mayor fuerza fue la dimensión cotidiana de esa historia. La memoria no se expresó solo en grandes eventos, sino en prácticas diarias: ventas de leche, cajetas, tortillas, chorreadas, tamales, elotes y huevos que cruzaban el puente en canastos; recorridos familiares; encuentros espontáneos; y una vida comunitaria marcada por el intercambio constante.

Muchas personas recordaron cómo salían a vender y regresaban con el canasto vacío, en jornadas donde el trabajo también era una forma de encuentro. En ese ir y venir, no solo circulaban productos, sino también vínculos, historias y formas de sostener la vida en común.

Cuando la memoria se vuelve pregunta

El taller tomó un giro clave cuando la conversación se desplazó de lo visible hacia lo ausente. La pregunta fue directa, pero profundamente movilizadora:

¿Qué no muestran las fotos?

A partir de ahí, comenzaron a emerger historias que no habían quedado registradas en imágenes, pero que forman parte esencial de la memoria colectiva.

Se mencionaron las fondas que alimentaban a quienes trabajaban en la construcción del puente, las condiciones de vida de la época —como la ausencia de electricidad— y los esfuerzos cotidianos de las familias. También aparecieron recuerdos más sensibles, como las personas que fallecieron durante la construcción, o los recorridos junto a padres y madres que forman parte de una memoria afectiva que no suele documentarse.

Este momento permitió reconocer algo fundamental: la memoria no está solo en lo que se puede ver. También habita en lo que se siente, en lo que se recuerda desde la experiencia y en aquello que, por distintas razones, no fue fotografiado ni registrado.

El tren: entre memoria, sustento y pregunta

En los relatos compartidos, el tren dejó de ser únicamente una infraestructura para convertirse en una experiencia profundamente arraigada en la vida de la comunidad.

Fue fuente de trabajo e ingresos para muchas familias.
Fue un espacio de intercambio y encuentro.
Fue parte de la infancia, de la rutina, de la organización del territorio.

Pero junto con estos recuerdos, también emergieron preguntas sobre el presente y el futuro. Algunas personas expresaron el deseo de que el tren pueda volver, reconociendo su potencial para el desarrollo. Sin embargo, esta idea no aparece de forma acrítica.

Durante el taller se señaló con claridad que las grandes articulaciones, como el tren, no necesariamente significan desarrollo para las comunidades. En algunos casos, también pueden invisibilizar sus necesidades y formas de vida. Esta reflexión abre un campo importante: pensar qué tipo de desarrollo se quiere y desde qué lugar se construye.

La memoria no es neutral

Uno de los aprendizajes más importantes que dejó el encuentro es que la memoria no es un ejercicio neutro ni automático.

Recordamos algunas cosas y otras quedan fuera.
A veces porque no fueron fotografiadas.
A veces porque implican experiencias difíciles.
A veces porque no se consideraron importantes en su momento.

Esto invita a una reflexión necesaria: ¿quién decide qué se recuerda y qué se olvida? ¿Qué historias han quedado fuera de los relatos más visibles? ¿Qué memorias necesitan todavía un espacio para ser compartidas?

Reconocer esta dimensión es clave para construir una memoria más amplia, más crítica y más cercana a la experiencia real de la comunidad.

La historia que sea la nuestra

En medio de estas reflexiones, emergió una idea con mucha fuerza: la necesidad de que la historia sea contada desde la propia comunidad.

Frente a relatos externos que muchas veces explican el territorio desde una mirada institucional o técnica, este proceso busca poner en el centro las voces de quienes han vivido y construido Finca 5.

La memoria local permite recuperar la experiencia cotidiana, reconocer trayectorias de vida y fortalecer el sentido de pertenencia. No se trata solo de recordar, sino de afirmar que la comunidad tiene el derecho de narrarse a sí misma.

Como se expresó durante el taller:
“La historia que sea la mía. De y para la comunidad.”

Descargá el boletín completo

Este boletín recoge con mayor detalle los relatos, reflexiones y hallazgos del primer taller en Finca 5, incluyendo la línea del tiempo construida colectivamente, las voces de la comunidad y las preguntas que surgieron en el proceso. Te invitamos a descargarlo y recorrer esta memoria viva que no solo recuerda el pasado, sino que abre caminos para pensar el presente y construir futuro.

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Incomodar para aprender: Mujica y la crisis silenciosa de la universidad pública – Documento de trabajo

“Aprendemos porque tenemos picazón y eso se adquiere por contagio cultural, casi cuando abrimos los ojos al mundo.”
José Mujica

En plena Semana Universitaria, mientras las universidades públicas negocian el FEES con un gobierno que congela presupuestos y capitaliza sus divisiones internas, el Observatorio de Bienes Comunes: Agua y Tierra publica La universidad que no se atreve (o el placer de volver a pensar la educación pública), un documento inspirado en los discursos de Mujica.

No es un informe técnico ni un comunicado gremial. Es, más bien, una provocación: una invitación a preguntarnos por qué defender lo público se volvió una consigna vacía, por qué la universidad dice una cosa y hace otra, y cómo el miedo, el conformismo o la incongruencia institucional se han convertido en obstáculos para cualquier transformación real. Todo esto a partir de una idea sencilla pero potente: el conocimiento también es placer, el inconformismo se contagia y la inteligencia pierde sentido si no se comparte.

La incomodidad de Mujica para una universidad que se cree crítica

José Mujica no es académico, y justamente por eso incomoda. No habla de indicadores, acreditaciones o empleabilidad. Habla de placer, de curiosidad, de aprender con otros. “Me gusta bañarme en piscinas de inteligencia ajena”, dice, y con esa frase tensiona una universidad que premia la autoría individual y sanciona cualquier desborde como falta.

El documento no lo convierte en figura intocable, sino en espejo incómodo. A partir de sus ideas, emergen preguntas que la universidad crítica suele esquivar: ¿por qué desconfiamos de los saberes que no pasaron por el aula? ¿Por qué un campesino que conoce los ciclos de la tierra no puede enseñar? ¿Por qué el éxito estudiantil se mide en salario y no en la capacidad de hacerse preguntas?

En esa línea, una de sus advertencias resuena con fuerza: no se trata de acumular datos, sino de aprender a pensar. Porque los datos envejecen, las tecnologías cambian, los empleos desaparecen. Lo que permanece es la capacidad crítica. Una universidad que solo entrena para el presente, en el fondo, está formando para la obsolescencia.

Semana Universitaria: entre memoria viva y museo

La narrativa oficial sitúa el origen de la Semana Universitaria en 1948, como un esfuerzo por “unir” a la comunidad tras la Guerra Civil. Pero esa versión tiende a suavizar el conflicto y a presentar la unidad como consenso, cuando en realidad fue también una operación de pacificación interna.

Ese sentido cambia en 1970, con la lucha contra ALCOA. Ahí, la Semana deja de ser celebración y se convierte en campo de disputa. El movimiento estudiantil toma la calle para defender la soberanía nacional, mientras las autoridades llaman a la normalidad. Esa tensión —entre una memoria institucional que ordena y una memoria insurgente que incomoda— sigue presente.

De ahí surge la pregunta central del documento: ¿la Semana U de hoy es memoria viva o una puesta en escena de sí misma? Cuando la memoria no incomoda ni empuja a actuar, deja de ser memoria y se convierte en folklore. Y el folklore, a diferencia de la protesta, no interpela a nadie.

Mujica lo diría de otra forma: hace falta una “epidemia de inconformismo”. La Semana U fue eso en su mejor momento. Hoy corre el riesgo de ser apenas su representación.

FEES congelado y universidades fragmentadas

El contexto actual refuerza esa preocupación. En 2026, la negociación del FEES ocurre bajo un congelamiento real del presupuesto (0% de aumento) y con el incumplimiento del 2% aprobado por la Asamblea Legislativa.

Sin embargo, el conflicto no es solo externo. Las universidades han trasladado al espacio público una disputa interna por la redistribución de los recursos. Una discusión legítima, pero que, en este contexto, debilita la posición colectiva. El resultado es funcional al gobierno: no necesita confrontar directamente cuando el bloque universitario se fragmenta por sí mismo.

La advertencia es clara: sin unidad, no hay posibilidad de avance. En palabras de Mujica, “pobre del que emprenda en soledad esta cacería”. Defender lo público —y transformarlo— no es tarea individual.

Un documento para salir de la trinchera

La universidad que no se atreve no busca reafirmar consignas, sino desarmarlas. No pregunta si hay que defender la universidad pública, sino qué universidad estamos defendiendo.

Organizado en diez secciones —desde “El miedo académico” hasta “La hipocresía universitaria”— el documento combina reflexión y práctica. Cada apartado cierra con una actividad: no hay respuestas finales, sino ejercicios para pensar en colectivo.

Entre sus aportes más urgentes destacan:

  • – Una crítica a la distancia entre discurso y práctica: hablar de autonomía mientras se decide sin las bases.
  • – Una apuesta por el inconformismo activo: no como queja, sino como acción concreta.
  • – Una defensa del placer de aprender frente a la lógica del sacrificio.
Leerlo también es tomar posición

Este no es un documento para archivar, sino para usar. Las actividades —“El velorio de lo público”, “La bitácora del miedo”, “El maquillaje y el hueso”— están pensadas para aulas, asambleas y grupos de estudio.

En ese sentido, la publicación dialoga directamente con el momento actual. En medio de la Semana Universitaria, propone recuperar su dimensión crítica. En medio de la crisis del FEES, recuerda que las conquistas históricas no fueron concesiones, sino resultado de organización y conflicto.

La tradición no está garantizada. Se sostiene —o se pierde— en las prácticas del presente.

Una invitación incómoda

“No se dejen robar ni los sueños ni la juventud, comprométanla con el destino, el dolor y la vergüenza de América Latina.”
José Mujica

La universidad que no se atreve es la que teme cambiar. La que prefiere el maquillaje antes que el hueso. La que recuerda el pasado sin asumir el presente.

Este documento no ofrece certezas. Ofrece preguntas. Y en eso radica su potencia.

Descargarlo, leerlo en grupo, discutirlo, incluso pelear con él, es ya un gesto de inconformismo. Porque, al final, la incomodidad que deja no es abstracta: es la certeza de que las cosas podrían ser distintas —y que transformarlas no depende solo de “los de arriba”.

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Cuando el agua tiene historia: cuidar la naciente es cuidar la vida – Conversamos con Alejandro Montero fontanero ASADA Tacares

En Los Chorros, Grecia, el agua no solo fluye: también cuenta historias. En esta entrevista del programa Sentires y Saberes, conversamos con Alejandro Montero Hernández, fontanero de la ASADA de Tacares, quien comparte desde la experiencia cotidiana lo que implica sostener, defender y cuidar una naciente de agua que abastece a comunidades enteras.

Más allá de la infraestructura, el testimonio nos recuerda algo fundamental: el agua no “llega sola”. Detrás de cada gota hay trabajo comunitario, organización, conocimiento técnico y, sobre todo, luchas históricas que han defendido este bien común frente a intereses externos, malas prácticas y el olvido institucional.

Temas clave que atraviesa la conversación

1. El agua como bien común, no como recurso individual: Alejandro insiste en una idea sencilla pero potente: “el agua es de todos y para todos”. Sin embargo, advierte una contradicción frecuente: muchas personas acceden al agua, pero se desconectan de la responsabilidad de cuidar su origen.

2. La invisibilización del trabajo comunitario: Desde la limpieza de la naciente hasta el monitoreo técnico del agua, el trabajo de las ASADAS implica una labor constante, especializada y poco reconocida. No se trata solo de “entubar” agua: hay procesos de mantenimiento, análisis, cloración y vigilancia permanente.

3. Conflictos y tensiones por el territorio: La entrevista revela disputas concretas: uso de agroquímicos en zonas altas, intervenciones institucionales cuestionadas y actores que buscan lucrar con el espacio. La defensa del agua aparece entonces como defensa del territorio.

4. Memoria y lucha, nada de esto es casual: Los Chorros no están como están por accidente. Existen gracias a decisiones colectivas, acciones legales y organización comunitaria que han protegido la naciente a lo largo del tiempo.

5. El cuidado como práctica intergeneracional: Hay una preocupación clara por el futuro: lo que hoy se haga (o se deje de hacer) impactará directamente en las próximas generaciones. El cuidado del agua es también un acto de responsabilidad con quienes vienen.

Preguntas para la reflexión
  • ¿De dónde viene el agua que consumimos diariamente?
  • ¿Quiénes sostienen ese acceso y bajo qué condiciones?
  • ¿Qué implica realmente “cuidar el agua” más allá del consumo individual?
  • ¿Qué memorias comunitarias están detrás de los territorios que habitamos?
  • ¿Cómo podemos pasar de usuarios del agua a cuidadores de las nacientes?
Una invitación

Esta entrevista no es solo un testimonio: es una invitación a reconectar con aquello que muchas veces damos por sentado. Reconocer el agua como bien común implica también reconocer a las personas, comunidades y procesos que la hacen posible.

Escuchar, aprender y vincularse con estos esfuerzos es un primer paso para construir prácticas cotidianas más responsables y territorios más justos.

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El puente también recuerda: memoria y cuidado comunitario en Finca 5

En Finca 5, Sarapiquí, un antiguo puente ferroviario sigue siendo mucho más que una estructura abandonada. Aunque el tren dejó de pasar hace años, el lugar continúa lleno de vida: es punto de encuentro, espacio de recreación y escenario de historias que siguen habitando la memoria de la comunidad.

A través de una serie de entrevistas, este trabajo recoge las voces de quienes han vivido y construido este territorio. Sus relatos nos hablan del paso del tren, de lo que significó en la vida cotidiana, pero también de cómo ese espacio ha sido reapropiado con el tiempo, transformándose en un lugar para compartir, encontrarse y cuidar lo común.

El puente no es solo un vestigio del pasado. Es un símbolo de continuidad: entre generaciones, entre formas de habitar el territorio, entre memoria y presente. En sus rieles, en su estructura, pero sobre todo en las experiencias de las personas, se tejen vínculos que sostienen la vida comunitaria.

Hoy, ese espacio nos recuerda que el cuidado no es una idea abstracta, sino una práctica concreta: en cómo se usa el lugar, en cómo se respeta, en cómo se convierte en un punto donde la comunidad se reconoce y se encuentra.

Recuperar la memoria no es solo mirar hacia atrás. Es también afirmar lo que somos y proyectar lo que queremos seguir siendo como comunidad.

Algunas claves para mirar este proceso:

▪️ El puente como espacio de memoria viva
▪️ El tren y su huella en la vida comunitaria
▪️ La resignificación del territorio desde el encuentro
▪️ El cuidado como práctica colectiva
▪️ La memoria como base para fortalecer lo común

Descargá aquí el boletín del proceso

Este primer boletín recoge los principales momentos del encuentro comunitario realizado el 21 de marzo en Finca 5, donde se inició un proceso colectivo de recuperación de la memoria local en torno al puente ferroviario y el antiguo vagón.

A través de relatos, reflexiones y propuestas, el documento muestra cómo la memoria sigue viva en las personas y en el territorio, y cómo puede convertirse en una herramienta para fortalecer la identidad, el encuentro comunitario y el cuidado de los espacios comunes.

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Convocatoria: Mover la casa, cambiar el mundo Estrategias del caracol: territorio, organización y dignidad

En muchos territorios de América Latina y el Caribe, la vida se sostiene en medio de tensiones constantes. A veces el desalojo no llega con policías ni órdenes judiciales visibles, sino de forma más silenciosa: proyectos que avanzan, decisiones que se toman lejos de las comunidades, cambios en el uso del suelo que transforman el paisaje… y con él, las formas de vivir.

Como en una casa que de pronto deja de pertenecer a quienes la habitan, los territorios se convierten en espacios en disputa. Pero lo que está en juego no es solo la tierra: es la memoria, los vínculos, la historia compartida y la posibilidad de seguir construyendo vida en común.

¿Y qué pasa cuando quienes habitan esos espacios deciden no irse?
¿Cuando, en lugar de desaparecer, comienzan a organizarse?

Ahí aparece el caracol.

Lento, colectivo, persistente.
Un símbolo que nos habla de estrategia, de cuidado y de inteligencia compartida. De moverse juntos, incluso cuando todo parece en contra.

A partir de la película La estrategia del caracol, este curso-taller propone un recorrido para mirar los conflictos territoriales desde otra perspectiva: no desde los grandes centros de poder, sino desde quienes resisten, organizan y construyen alternativas en sus propios territorios.

Un curso para leer el territorio desde abajo

En este espacio exploraremos:

  • – ¿Quién hace realmente la geopolítica?
  • – ¿Cómo se disputan los territorios en la vida cotidiana?
  • – ¿Qué hace posible la organización colectiva?
  • – ¿Cómo se construyen estrategias frente al despojo?
  • – ¿Qué significa defender la dignidad y lo común?

Desde la antigeopolítica, nos acercaremos a estas preguntas reconociendo a los movimientos sociales y a los sujetos colectivos como protagonistas de la historia.

Una experiencia para pensar y actuar

Este no es un curso tradicional. Es un espacio para:

  • – mirar, sentir y pensar a partir del cine
  • – dialogar desde nuestras propias experiencias
  • – mapear conflictos reales
  • – imaginar estrategias colectivas
  • – construir herramientas para la acción

Trabajaremos desde la educación popular, entendiendo que el conocimiento se construye en colectivo, desde lo vivido y con sentido político.

Fechas

Del 18 de mayo al 15 de junio – 5 sesiones

Lugar: Oficina Kioscos Socioambientales. San Pedro. Montes de Oca.

¿A quién está dirigido?

A personas interesadas en los territorios, la organización social, la defensa de la vida y la construcción de alternativas. No se requiere experiencia previa, solo disposición para reflexionar y participar.

Inscripciones

👉 Inscríbete aquí:
https://forms.gle/7ZvU58rMgS1PRhLH6

Porque moverse juntos también es resistir

En contextos donde todo empuja a fragmentar, desplazar o desalojar,
organizarse es una forma de permanecer.

Pensar colectivamente es una forma de resistir.
Y crear estrategias propias es una forma de disputar el poder.

Como los caracoles,
llevar la casa a cuestas, moverse juntos y no soltar el territorio
puede ser también una forma de cambiar el mundo.

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Río Frío en alerta: comunidades denuncian décadas de extracción y proponen una zona de cuido

Las comunidades de Maquengal y Guatuso, junto al Grupo de Defensa de la Cuenca del Río Frío – Caño Negro, hicieron público un pronunciamiento en el que alertan sobre el estado crítico del Río Frío, tras más de cuatro décadas de extracción de materiales en su cauce.

Lejos de centrarse únicamente en aspectos técnicos o legales, el documento pone en el centro la experiencia territorial de quienes habitan la cuenca, señalando los impactos acumulativos de un modelo de desarrollo que ha transformado de forma profunda la dinámica del río. Entre los principales efectos identificados destacan la erosión de riberas, la pérdida de pozas, la sedimentación, la disminución del caudal y la profundización del cauce.

Estas transformaciones no son solo ambientales. Las comunidades advierten consecuencias directas sobre la vida cotidiana: limitaciones en el acceso al río, afectaciones a la ganadería y al turismo local, mayor vulnerabilidad ante inundaciones y deterioro de los humedales vinculados al Refugio Nacional de Vida Silvestre Caño Negro, del cual el río es su principal afluente.

Uno de los elementos más relevantes del pronunciamiento es la evidencia territorial recopilada en recorridos comunitarios. Según señalan, los tramos sin intervención se han reducido a fragmentos aislados: aproximadamente 800 metros hacia el Parque Nacional Tenorio y 1,6 kilómetros en dirección a El Jorón. Esta fragmentación revela que la afectación no es puntual, sino parte de un proceso continuo de transformación del río.

Además, el documento subraya la importancia estratégica de la cuenca para la seguridad hídrica del cantón. Entre el puente de San Rafael de Guatuso y el Parque Nacional Tenorio se ubican algunos de los principales mantos acuíferos de la zona, lo que refuerza la urgencia de proteger este territorio.

Las comunidades son claras: no se oponen al desarrollo, pero cuestionan un modelo que sacrifica los ríos y debilita las bases que sostienen la vida local. En su lugar, proponen fortalecer alternativas como el turismo rural comunitario, la producción local y la conservación.

En este marco, el pronunciamiento plantea la necesidad de abrir una discusión más amplia sobre el ordenamiento territorial y la gobernanza de la cuenca, señalando la ausencia de una visión integral que articule las decisiones institucionales con las dinámicas ecológicas y las necesidades comunitarias. Se insiste en la importancia de aplicar el principio precautorio y evaluar los impactos acumulativos antes de autorizar nuevas intervenciones.

Como propuesta concreta, las comunidades impulsan la creación de una zona de cuido del Río Frío, orientada a la restauración ecológica, el uso comunitario responsable y el desarrollo de alternativas económicas sostenibles. Esta iniciativa podría convertirse en un espacio piloto de gestión participativa de la cuenca.

El llamado a las instituciones es claro: reconocer la voz comunitaria, abrir espacios de diálogo no intimidantes, considerar una moratoria a la extracción de materiales y avanzar hacia decisiones basadas en la sostenibilidad y la justicia intergeneracional.

El pronunciamiento cierra con una afirmación que sintetiza su sentido político y ético: hablar hoy no es oponerse, es cuidar. Es asumir la responsabilidad colectiva de decidir qué tipo de desarrollo se quiere para el territorio y para las generaciones futuras.

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Más que una limpieza: memoria y organización en Los Chorros

En el marco de una jornada de limpieza en el Río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros (Grecia), la conversación con Hámer Salazar (biólogo y presidente de FUNDEMA) y Francis Suárez (Primates de Grecia, FUNDEMA y síndico de Tacares) deja una idea central: los ríos no son solo naturaleza, son territorios construidos desde la historia, la organización y la lucha.

Aunque el parque fue creado por ley en 1977 como área protegida, hoy enfrenta una realidad contradictoria: no cuenta con gestión, control ni un plan de manejo efectivo. En ese vacío, como señalan Salazar y Suárez, ha sido la comunidad —especialmente Tacares— la que ha sostenido su defensa frente a amenazas como la contaminación, proyectos extractivos y presiones urbanísticas.

Por eso, una jornada de limpieza no es solo recoger residuos. Es también un acto de memoria y de educación popular. Escuchar la historia del lugar mientras se cuida transforma la experiencia: conecta a las personas con el territorio y las vuelve parte de su defensa.

Los Chorros nos recuerda que cuidar un río implica mucho más que acciones puntuales. Supone reconocer las luchas que lo han hecho posible y asumir, colectivamente, el compromiso de sostenerlo.

Claves para leer esta experiencia
  • – Los ríos son territorios vivos, atravesados por historia y conflicto.
  • – La protección de Los Chorros ha dependido, en gran medida, de la organización comunitaria.
  • – Existe una brecha entre la protección legal y la gestión real del área.
  • – Las amenazas han sido constantes: contaminación, extracción y urbanización.
  • – El agua es un bien común que ha generado tanto disputas como solidaridad entre comunidades.
  • – Las jornadas de limpieza también construyen memoria, vínculos y apropiación del territorio.
  • – Conocer la historia fortalece el compromiso con su cuidado.
Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fecha programada es:

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Manual para sobrevivir a la nevada Seguridad, poder y narrativa: la estrategia de EE.UU. para redefinir la “extrema izquierda” y controlar la protesta

Una imagen se instala: Donald Trump como salvador. Un relato la sostiene: la seguridad como redención, como promesa de orden frente al caos. Pero hay un dato incómodo que atraviesa esa construcción: mientras se eleva esa figura, también se redefine quién es el enemigo. No se trata solo de proteger, sino de nombrar, clasificar y señalar; de trazar nuevas fronteras entre lo aceptable y lo sospechoso. En ese movimiento, la política deja de ser únicamente gestión del conflicto y pasa a convertirse en una disputa por el sentido, donde el miedo, la moral y la seguridad se entrelazan para reorganizar la mirada sobre la realidad.

Este texto forma parte de los procesos de reflexión construidos en el curso “Proceso de Formación: Rompecabezas de las miradas: quién te mira y quién te ve”.

Las ideas aquí desarrolladas no son un ejercicio individual, sino el resultado de un diálogo colectivo que busca leer críticamente el contexto actual, reconociendo cómo las miradas de poder configuran los territorios, las amenazas y también las posibilidades de organización.

En ese marco, esta nota propone una interpretación situada de los cambios geopolíticos en curso y sus implicaciones para América Latina y el Caribe, incorporando la educación popular como herramienta clave no solo para comprender estos procesos, sino también para posicionarse y actuar en medio de ellos.

En nuestro recorrido por la coyuntura, hemos insistido en que no basta con mirar los acontecimientos: hay que aprender a leer cómo se construyen. Esta nota forma parte de ese ejercicio.

Como en El Eternauta, donde la nevada no solo cae sino que también confunde, desorienta y redefine quién es enemigo y quién no, hoy asistimos a una reconfiguración global en la que los discursos de seguridad construyen nuevas amenazas. En este caso, la “nevada” no es solo información: es una narrativa que busca nombrar, clasificar y perseguir.

El marco: una estrategia que redefine al «enemigo»

En noviembre de 2025, la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy (NSS), un documento que, bajo el lema «America First», establece un giro radical en la política exterior estadounidense. Entre sus principios figuran el rechazo al intervencionismo –al menos en su versión clásica–, la primacía de la soberanía nacional, el fin de la «era de la migración masiva» y una concepción economicista de la seguridad.

Pero hay un capítulo silencioso que ahora comienza a ejecutarse: la persecución global de la llamada «extrema izquierda».

Dos noticias recientes confirman que lo que parecía retórica interna ya es política activa. Por un lado, un cable del secretario de Estado Marco Rubio ordena a todas las embajadas coordinar campañas digitales con influencers y actores locales para contrarrestar la «propaganda antiestadounidense». Por otro, el Departamento de Estado ha designado formalmente como «organizaciones terroristas» a cuatro grupos de izquierda en Europa (dos en Grecia, uno en Alemania y uno en Italia), y presiona a aliados para que persigan a movimientos como antifa.

¿Qué conexión hay entre ambos hechos? Ambos son la puesta en práctica operativa de la NSS 2025, que establece la necesidad de combatir la «subversión cultural», las «ideologías radicales» y cualquier forma de pensamiento crítico que desafíe el orden que Washington quiere imponer.

Como en la ciudad nevada del Eternauta, donde las reglas cambian sin previo aviso, aquí también se redefine quién es el enemigo… y bajo qué criterios.

Esto no es nuevo: ecos del macartismo

Aunque estos procesos puedan parecer recientes, lo cierto es que la criminalización de la disidencia tiene antecedentes claros en la historia. Un ejemplo emblemático es el Macartismo en Estados Unidos durante las décadas de 1950.

En ese período, bajo el argumento de la “seguridad nacional”, se construyó una persecución sistemática contra personas acusadas de ser comunistas o simpatizantes. No se trataba únicamente de actores políticos: artistas, académicos, funcionarios públicos y movimientos sociales fueron investigados, señalados y excluidos, muchas veces sin pruebas contundentes.

El macartismo operó a través de:

  • -la ampliación de la categoría de “enemigo interno”,
  • -la estigmatización pública,
  • -la vigilancia y persecución institucional,
  • -y la instalación del miedo como mecanismo de control social.

Más que responder a amenazas concretas, funcionó como una forma de disciplinamiento político e ideológico.

Traer este antecedente al presente permite reconocer que lo que hoy vemos —la ampliación de categorías como “extrema izquierda”, la asociación con terrorismo o la deslegitimación de la protesta— no surge de la nada, sino que forma parte de una lógica histórica que se reactualiza en distintos contextos.

En clave de nuestro análisis: la “nevada” ya ha caído antes.

Y así como en aquel momento muchas voces fueron silenciadas bajo el peso de la sospecha, hoy el desafío vuelve a ser reconocer cuándo los discursos de seguridad se convierten en herramientas para limitar la democracia.

El marco: una estrategia que redefine al «enemigo»

En noviembre de 2025, la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy (NSS), un documento que, bajo el lema «America First», establece un giro radical en la política exterior estadounidense. Entre sus principios figuran el rechazo al intervencionismo –al menos en su versión clásica–, la primacía de la soberanía nacional, el fin de la «era de la migración masiva» y una concepción economicista de la seguridad.

Pero hay un capítulo silencioso que ahora comienza a ejecutarse: la persecución global de la llamada «extrema izquierda».

Dos noticias recientes confirman que lo que parecía retórica interna ya es política activa. Por un lado, un cable del secretario de Estado Marco Rubio ordena a todas las embajadas coordinar campañas digitales con influencers y actores locales para contrarrestar la «propaganda antiestadounidense». Por otro, el Departamento de Estado ha designado formalmente como «organizaciones terroristas» a cuatro grupos de izquierda en Europa (dos en Grecia, uno en Alemania y uno en Italia), y presiona a aliados para que persigan a movimientos como antifa.

¿Qué conexión hay entre ambos hechos? Ambos son la puesta en práctica operativa de la NSS 2025, que establece la necesidad de combatir la «subversión cultural», las «ideologías radicales» y cualquier forma de pensamiento crítico que desafíe el orden que Washington quiere imponer.

Como en la ciudad nevada del Eternauta, donde las reglas cambian sin previo aviso, aquí también se redefine quién es el enemigo… y bajo qué criterios.

¿Qué es «extrema izquierda» según EE.UU.?

Una categoría tan vaga como peligrosa

El discurso de Monica A. Jacobsen, alta funcionaria antiterrorista del Departamento de Estado, define como terrorismo de extrema izquierda a:

  • -Amenazas comunistas, marxistas y anarquistas
  • -Movimientos anticapitalistas
  • -Ideologías «ecoextremistas»
  • -Cualquier movimiento «antifascista autodenominado»

Esta definición es tan amplia que podría incluir desde sindicatos combativos hasta organizaciones ecologistas, pasando por colectivos feministas o de defensa de derechos humanos que utilicen tácticas de desobediencia civil.

Como advierte Tom Joscelyn, «están tratando de inventar a antifa como una amenaza internacional para vincularla a grupos e individuos en Estados Unidos».

El riesgo no es menor: al no exigir pruebas de violencia inminente ni de ataques contra ciudadanos estadounidenses, la administración Trump crea una categoría política, no criminal. Y con ella, abre la puerta a vigilar, investigar y perseguir a activistas y académicos que simplemente sostengan ideas contrarias al statu quo.

En clave del Eternauta: no es la acción lo que define el peligro, sino la etiqueta que se impone sobre quien piensa distinto.

Criminalización de la protesta social: el caso europeo como alerta

Los cuatro grupos designados –Antifa Ost (Alemania), dos organizaciones griegas y una italiana– no tienen antecedentes de atentados contra EE.UU.

En el caso alemán, las autoridades locales señalaron que «la amenaza ha disminuido considerablemente». En Grecia, el ministro antiterrorista declaró: «Antifa existe en toda Europa, pero hasta hoy han sido activistas, no terroristas».

Sin embargo, la designación permite a EE.UU.:

  • -Congelar activos financieros
  • -Presionar a gobiernos extranjeros
  • -Establecer vínculos para investigar o procesar personas

Esto último es clave. Sebastian Gorka ha insistido en que «no hay lobos solitarios», promoviendo la búsqueda de conexiones entre activistas.

El objetivo final podría ser castigar a opositores internos bajo cargos de «apoyo al terrorismo».

Como en la historia del Eternauta, donde el peligro no siempre es visible pero sí operativo, aquí el control se expande a través de redes invisibles.

Redes, influencers y guerra narrativa

¿proteger la imagen o silenciar la disidencia?

El cable de Rubio instruye a las embajadas a:

  • -Colaborar con influencers y líderes de opinión
  • -Coordinar con unidades de información militar
  • -Usar plataformas como X para contrarrestar narrativas

En apariencia, es diplomacia pública. Pero en este contexto, se convierte en una herramienta de control narrativo.

No se trata solo de mejorar la imagen de EE.UU., sino de deslegitimar voces críticas, asociándolas con amenazas o propaganda hostil.

La nevada, en este caso, no solo cae: también se organiza.

El doble estándar: ¿dónde queda la amenaza real?

Los datos muestran otra realidad:

  • -112 muertes por extremismo de derecha (2010-2020)
  • -13 muertes por extremismo de izquierda
  • -82 por yihadismo

Christopher Wray había señalado que la principal amenaza provenía de la extrema derecha.

Sin embargo, la administración ha redirigido recursos hacia la izquierda.

No se trata de seguridad, sino de ideología.

Formas de criminalización de la disidencia en América Latina y el Caribe
Forma de criminalización¿Cómo opera?Discursos que la sostienenActores que la impulsanImpactos en territorios y movimientosClaves para el análisis
Asociación con narcotráficoSe vincula a líderes sociales o comunidades con redes ilícitas sin pruebas claras“El crimen organizado está infiltrado”, “hay financiamiento ilegal”Gobiernos, fuerzas de seguridad, mediosEstigmatización, judicialización, pérdida de legitimidadPreguntar: ¿hay evidencia o es una asociación discursiva?
Vínculos con terrorismoUso de leyes antiterroristas para investigar o perseguir movimientos“Amenaza a la seguridad nacional”, “radicalización”Estados, cooperación internacionalCriminalización de protesta, vigilancia, persecuciónAnalizar si se redefine “terrorismo” de forma amplia
Etiqueta de “ecoterrorismo”Movimientos ambientales son presentados como enemigos del desarrollo“Obstaculizan el progreso”, “afectan la inversión”Empresas, élites económicas, gobiernosDeslegitimación de luchas territoriales, represiónIdentificar conflicto entre modelo económico y defensa territorial
Criminalización de la protestaProtestas tratadas como disturbios o amenazas“Vandalismo”, “alteración del orden público”Gobiernos, medios, fuerzas policialesRepresión, detenciones, miedo colectivoObservar cómo se narra la protesta
Judicialización selectivaUso del sistema judicial contra líderes o movimientos“Aplicación de la ley”, “estado de derecho”Poder judicial, élites políticasProcesos largos, desgaste organizativoVer si hay selectividad en quién se investiga
Estigmatización mediáticaConstrucción de imagen negativa de actores sociales“Radicales”, “violentos”, “antidesarrollo”Medios, plataformas digitalesPérdida de apoyo socialAnalizar lenguaje y encuadres mediáticos
Vigilancia digital y persecuciónSeguimiento en redes, uso de datos, infiltración“Prevención”, “seguridad digital”Estados, empresas tecnológicasAutocensura, miedo, controlIdentificar tecnologías y mecanismos usados
Cooptación y divisiónFragmentación de movimientos mediante incentivos o presión“Diálogo”, “participación” (formal)Gobiernos, ONG, empresasDebilitamiento organizativoAnalizar quién gana y quién pierde con estos procesos
Deslegitimación de saberes localesSe invalidan conocimientos comunitarios o indígenas“Falta de evidencia”, “atraso”Academia tradicional, tecnocraciaInvisibilización de alternativasReconocer disputa epistemológica
Militarización de territoriosPresencia de fuerzas armadas en zonas de conflicto“Control territorial”, “seguridad”Estados, cooperación internacionalViolencia, desplazamiento, control socialAnalizar relación entre recursos y militarización
Cuando disentir se vuelve delito: una reflexión necesaria

La criminalización de la disidencia no es solo un cambio en el lenguaje político: es una transformación profunda en la forma en que se entiende la democracia.

Cuando protestar, organizarse o cuestionar el orden existente empieza a ser asociado con “amenaza”, “subversión” o incluso “terrorismo”, lo que está en juego no es únicamente la seguridad, sino los límites mismos de lo posible en la vida pública.

Este proceso tiene varias implicaciones:

  • -Reduce el espacio democrático, al convertir la crítica en sospecha y la participación en riesgo.
  • -Deslegitima a actores sociales, especialmente a quienes históricamente han luchado por derechos: movimientos ambientales, feministas, sindicales o comunitarios.
  • -Desplaza el debate político, ya que en lugar de discutir demandas o conflictos, se busca desacreditar a quienes los plantean.
  • -Instala el miedo como forma de control, desincentivando la organización y la acción colectiva.

Pero también hay algo más profundo: la criminalización de la disidencia redefine quién puede hablar, quién puede actuar y bajo qué condiciones. En ese proceso, muchas voces quedan fuera no por falta de legitimidad, sino por el riesgo que implica alzarse.

Desde la perspectiva del análisis de coyuntura, esto nos obliga a afinar la mirada:
no solo identificar actores y conflictos, sino reconocer cuándo el poder está intentando cerrar el campo de lo político, limitando las posibilidades de transformación.

Y en clave de nuestro recorrido:

así como en la nevada del Eternauta no siempre es evidente dónde está el peligro, en la coyuntura actual tampoco siempre es visible cuándo la democracia empieza a estrecharse.

Por eso, más que nunca, el desafío es sostener una lectura crítica, colectiva y atenta, que permita no solo entender lo que pasa, sino también defender los espacios donde es posible imaginar y construir alternativas.

Matriz para analizar la criminalización de la disidencia
Dimensión de análisis¿Qué observar?Preguntas clavePistas en la “nevada” (alertas)Claves para el análisis
Definición del enemigoCómo se nombran actores sociales¿A quién se etiqueta como “amenaza”? ¿Qué categorías se usan?Uso de términos amplios: “extremista”, “radical”, “subversivo”Identificar si la categoría es política o basada en hechos
Discursos y narrativasRelatos que circulan en medios y redes¿Cómo se cuenta el conflicto? ¿Qué emociones activa?Lenguaje de miedo, caos, orden, seguridadAnalizar qué sentido común se intenta construir
Actores con poder narrativoQuién posiciona la versión dominante¿Quién tiene más voz? ¿Quién queda fuera?Presencia de gobiernos, medios masivos, influencers alineadosReconocer asimetrías en la producción de sentido
Actores invisibilizadosQuiénes no aparecen o son distorsionados¿Qué voces faltan? ¿Cómo se representan?Ausencia de comunidades, movimientos o territoriosRecuperar esas voces para un análisis más completo
Instrumentos de controlMecanismos legales, digitales o políticos¿Qué herramientas se usan para intervenir?Leyes, vigilancia, redes sociales, algoritmos, campañas digitalesIdentificar cómo se ejerce el poder más allá de lo visible
Escenarios de disputaEspacios donde ocurre el conflicto¿Dónde se expresa el poder? ¿Dónde hay resistencia?Medios, redes, calles, instituciones, territoriosVer que el poder cambia según el escenario
Correlación de fuerzasRelación entre actores y su capacidad de acción¿Quién gana espacio? ¿Quién resiste?Desigualdad en recursos, acceso y legitimidadNo todos los actores tienen el mismo peso
Impactos en la democraciaConsecuencias sobre derechos y participación¿Qué se limita? ¿Qué se pone en riesgo?Criminalización de protesta, censura, autocensuraEvaluar el cierre o apertura del espacio político
Conexión sistema-mundo / vida cotidianaRelación entre lo global y lo local¿Cómo impacta esto en la vida concreta?Políticas globales que afectan territoriosHacer el puente entre escalas
Posibilidades de acciónEspacios de intervención y resistencia¿Dónde hay grietas? ¿Qué se puede hacer?Organización social, narrativas alternativasEl análisis no solo interpreta, también orienta acción
Cuando la nevada define al enemigo

La NSS 2025, el cable de Rubio y las designaciones en Europa forman parte de un mismo engranaje: la criminalización de la disidencia global.

Al definir de manera expansiva qué es «extrema izquierda», el gobierno no solo persigue actores, sino que redefine los límites de lo aceptable.

Como en El Eternauta, el peligro no es solo la tormenta, sino la imposibilidad de distinguir con claridad.

El mensaje que emerge es claro:

-protestar puede convertirte en amenaza.
-pensar críticamente, también.

Frente a esto, la pregunta que queda abierta —y que conecta con nuestro proceso de análisis de coyuntura— es:

¿cómo leer la realidad cuando los propios relatos buscan confundirla?

Fuentes: 

Alto Nivel. (2026, 9 de abril). Marco Rubio pide a embajadores recurrir a influencers y redes para reforzar la imagen de Estados Unidos. Alto Nivelhttps://www.altonivel.com.mx/marco-rubio-pide-a-embajadores-recurrir-a-influencers-y-redes-para-reforzar-la-imagen-de-estados-unidos/

Nicas, Jack, Feuer, Alan, Stevis-Gridneff, Matina, Wong, Edward, & Tankersley, Jim. (2026, 9 de abril). EE. UU. quiere la ayuda de sus aliados para perseguir a la extrema izquierda. The New York Timeshttps://www.nytimes.com/es/2026/04/09/espanol/estados-unidos/trump-antifa-terrorismo.html

The White House. (2025). National security strategy of the United States of America. U.S. Government Publishing Office.

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Bienes Comunes en Corto – Calle Álvarez: memoria y territorio desde la voz de un vecino

El testimonio de Pedro Luis Martínez Álvarez nos invita a mirar el territorio más allá de lo visible. Calle Álvarez no es solo un espacio geográfico: es historia viva, herencia, lucha cotidiana y una forma de arraigo que se transmite entre generaciones.

Su voz nos recuerda que los territorios se construyen desde la experiencia de quienes los habitan: desde el Río Frío como vía de vida, encuentro y sustento, hasta las luchas persistentes frente al abandono institucional. Aquí, la historia no está en los libros: vive en la palabra, en la memoria familiar y en las prácticas que sostienen la vida.

En medio de las transformaciones y desigualdades, persiste una certeza: el vínculo con la tierra no se rompe. Se cuida, se defiende y se hereda.

Memoria local y organización: sostener lo común

La memoria comunitaria no es solo un ejercicio de recordar el pasado; es también una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro. Nombrar de dónde venimos permite reconocer las huellas de la desigualdad, pero también las formas en que las comunidades han sabido organizarse, resistir y sostener la vida.

Cuando una comunidad recupera su historia, fortalece su identidad y su capacidad de exigir derechos. La memoria conecta generaciones, ordena experiencias y da sentido a las luchas actuales: evidencia que el abandono y la exclusión no son casuales, sino resultado de decisiones y procesos históricos que pueden transformarse.

Por eso, recoger estas voces no es solo documentar: es sembrar. Sembrar conciencia, pertenencia y organización. Porque defender el territorio también implica contar su historia y, en ese proceso, reconocerse como comunidad que resiste, cuida y construye futuro.

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El río también recuerda: memoria y comunidad en Los Chorros

El pasado sábado 11 de abril, en el marco de la I Jornada Anual de Acción por los Ríos en Los Potreros de Puax, se realizó una nueva jornada de limpieza en la confluencia de la Quebrada Zamora y el río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros, en Grecia. A primera vista, podría parecer una actividad más de recolección de residuos. Sin embargo, lo vivido en el territorio evidencia algo más profundo: limpiar un río no es solo una acción práctica, es también un ejercicio de memoria, de encuentro y de defensa de lo común.

Desde el Observatorio del Agua del río Agualote (GIRH-UCR, Sede de Occidente), junto a múltiples organizaciones comunitarias, estudiantiles y socioambientales, se convocó a esta jornada que reunió a cerca de 50 personas voluntarias. Durante un recorrido de aproximadamente 330 metros, se recolectaron cerca de 400 kilos de residuos, entre ellos botellas plásticas, ropa, zapatos, llantas y hasta implementos de acampar. Las cifras son contundentes, pero no agotan el sentido de la experiencia.

Más que limpiar: comprender el territorio

Existe una visión extendida que entiende las limpiezas de ríos como acciones meramente instrumentales: recoger basura para “recuperar” un espacio natural dado. Pero esta mirada oculta una dimensión clave: los ríos y los territorios no existen al margen de la sociedad. Son el resultado de relaciones históricas, culturales, políticas y económicas que los configuran, los tensionan y, muchas veces, los ponen en riesgo.

Los Chorros no es solo un paisaje. Es un territorio construido en medio de luchas comunitarias por el agua, por la conservación y por el derecho a decidir sobre el entorno. Como señalaron personas de la comunidad durante la jornada, este espacio ha enfrentado múltiples amenazas: contaminación por agroquímicos, proyectos extractivos, urbanización desregulada e incluso conflictos por el acceso al recurso hídrico.

Que hoy exista como parque y como fuente de agua para varias comunidades no es casualidad. Es resultado de organización, resistencia y decisiones colectivas que han priorizado la vida sobre otras lógicas de uso del territorio.

La memoria como parte de la acción

Uno de los elementos más significativos de la jornada fue que, junto a las indicaciones técnicas sobre separación de residuos o recorridos, se compartió la historia del lugar. Lejos de ser un dato anecdótico, esta dimensión permitió que quienes participaban —muchas personas que visitaban el sitio por primera vez— comprendieran que estaban interviniendo en un espacio vivo, cargado de significado.

La memoria comunitaria cumple aquí un papel fundamental: permite entender que la naturaleza no está “ahí” esperando ser cuidada, sino que ha sido y sigue siendo defendida. Reconocer esto transforma la relación con el territorio. La limpieza deja de ser un acto aislado y se convierte en parte de un proceso más amplio de apropiación, cuidado y responsabilidad colectiva.

Trabajo colectivo y construcción de lo común

La jornada también evidenció la fuerza del trabajo voluntario organizado. Personas de distintas edades, organizaciones y trayectorias compartieron un mismo objetivo en un ambiente de respeto, horizontalidad y compromiso. Cada quien aportó desde sus posibilidades, mostrando que la defensa de los bienes comunes no depende de acciones individuales heroicas, sino de procesos colectivos sostenidos.

Además, la participación de grupos comunitarios, organizaciones socioambientales, espacios universitarios y actores locales refuerza la idea de que la gestión del agua y de los territorios requiere articulación. No se trata solo de intervenir, sino de construir vínculos que sostengan en el tiempo estas iniciativas.

Alegría, encuentro y continuidad

Más allá del esfuerzo físico, la jornada estuvo marcada por la alegría. Las sonrisas, especialmente de niñas, niños y jóvenes, dan cuenta de otra dimensión muchas veces invisibilizada: el vínculo afectivo con el río. Ese vínculo es también una forma de defensa, porque lo que se conoce, se vive y se quiere, se cuida.

En ese sentido, estas acciones no solo buscan remover residuos, sino también sembrar relaciones: entre personas, con el territorio y con la historia que lo habita.

La invitación queda abierta a seguir participando en estos procesos. La próxima jornada será en el río Agualote el 25 de abril de 2026, como parte de un esfuerzo más amplio impulsado por la Alianza Nacional Ríos y Cuencas de Costa Rica.

Porque limpiar un río también es recordar, reconocer y defender. Y en cada bolsa de residuos que se retira, también se levanta una historia que merece ser contada y continuada.

De la limpieza a la memoria: claves metodológicas para el trabajo comunitario en ríos
Estrategia¿En qué consiste?¿Para qué sirve?Consejos prácticos
Apertura con contextualización históricaBreve espacio inicial donde se comparte la historia del río y del territorioGenerar sentido de pertenencia y ubicar la acción en un proceso históricoNo extenderse demasiado (10-15 min) y priorizar relatos cercanos y vivenciales
Voces del territorioParticipación de personas lideresas, mayores o actores clave que narran experienciasConectar emocional y políticamente con el lugarCoordinar previamente con las personas invitadas y cuidar tiempos de intervención
Caminatas de memoriaParadas durante el recorrido para contar historias del sitioReconocer el territorio como un espacio vivo con múltiples capasDefinir puntos estratégicos antes de iniciar para no improvisar demasiado
Cartografía participativaElaboración colectiva de mapas con hitos, conflictos y aprendizajesVisualizar el territorio de forma integral y participativaUsar materiales sencillos (papel, marcadores) y facilitar la participación de todas las personas
Registro de testimoniosRecolección de relatos en audio, video o notasDocumentar la memoria para procesos futurosSolicitar consentimiento y designar a una persona encargada del registro
Espacios de reflexión colectivaCírculo de palabra al cierre para compartir aprendizajes y sentiresProfundizar en la experiencia y generar análisis colectivoHacer preguntas guía y cuidar que todas las voces puedan participar
Integración intergeneracionalParticipación de distintas edades en la actividadFortalecer la transmisión de memoria entre generacionesDiseñar dinámicas accesibles para niñez, juventudes y personas adultas
Vinculación organizativaArticulación con procesos comunitarios existentesDar continuidad y sostenibilidad a las accionesIdentificar previamente actores locales y generar alianzas
Expresiones creativasUso de arte (murales, escritura, fotografía, música)Ampliar formas de apropiación del territorioNo forzar la participación artística, dejar que surja de forma voluntaria
De la memoria a la acciónTraducción de aprendizajes en propuestas o accionesFortalecer la incidencia y organización comunitariaCerrar con acuerdos concretos, aunque sean pequeños y alcanzables
La naturaleza como historia viva: territorio y sociedad en relación

Solemos pensar la naturaleza como algo “ahí”, preexistente, ajeno a la acción humana y disponible para ser usada, protegida o restaurada. Sin embargo, esta idea oculta una realidad más compleja: lo que llamamos naturaleza es también historia viva. Los territorios que habitamos —ríos, montañas, bosques— no son únicamente formaciones biofísicas, sino el resultado de procesos históricos, sociales, culturales y políticos que los han configurado a lo largo del tiempo.

El río Prendas, como tantos otros, no puede entenderse sin las relaciones que lo atraviesan: decisiones institucionales, modelos productivos, formas de ocupación del suelo, conflictos por el agua, luchas comunitarias y prácticas cotidianas de cuidado o deterioro. Lo que hoy vemos como “naturaleza” es, en realidad, una trama viva donde interactúan múltiples actores, intereses y visiones de mundo.

Reconocer la naturaleza como historia viva implica cuestionar una mirada que separa a las personas de su entorno. Nos invita a entender que también somos parte de esos procesos, y que nuestras acciones —individuales y colectivas— inciden directamente en la forma que toman los territorios. Así, la contaminación no es un accidente aislado, sino expresión de dinámicas más amplias; del mismo modo, la conservación no ocurre espontáneamente, sino que es resultado de organización, decisiones y luchas.

Desde esta perspectiva, las limpiezas de ríos adquieren un nuevo significado. No se trata únicamente de “devolver” un estado natural perdido, sino de intervenir en una relación: de transformar prácticas, de disputar sentidos sobre el uso del territorio y de fortalecer procesos comunitarios que sostienen la vida. Por eso, incorporar la memoria local no es un complemento, sino una condición fundamental para comprender qué se está limpiando, por qué y para quién.

Asumir la naturaleza como historia viva no le resta valor; al contrario, la sitúa en el centro de las relaciones que hacen posible la vida y abre la posibilidad de cuidarla desde la conciencia, la memoria y la acción colectiva.

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