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El puente también recuerda: memoria y cuidado comunitario en Finca 5

En Finca 5, Sarapiquí, un antiguo puente ferroviario sigue siendo mucho más que una estructura abandonada. Aunque el tren dejó de pasar hace años, el lugar continúa lleno de vida: es punto de encuentro, espacio de recreación y escenario de historias que siguen habitando la memoria de la comunidad.

A través de una serie de entrevistas, este trabajo recoge las voces de quienes han vivido y construido este territorio. Sus relatos nos hablan del paso del tren, de lo que significó en la vida cotidiana, pero también de cómo ese espacio ha sido reapropiado con el tiempo, transformándose en un lugar para compartir, encontrarse y cuidar lo común.

El puente no es solo un vestigio del pasado. Es un símbolo de continuidad: entre generaciones, entre formas de habitar el territorio, entre memoria y presente. En sus rieles, en su estructura, pero sobre todo en las experiencias de las personas, se tejen vínculos que sostienen la vida comunitaria.

Hoy, ese espacio nos recuerda que el cuidado no es una idea abstracta, sino una práctica concreta: en cómo se usa el lugar, en cómo se respeta, en cómo se convierte en un punto donde la comunidad se reconoce y se encuentra.

Recuperar la memoria no es solo mirar hacia atrás. Es también afirmar lo que somos y proyectar lo que queremos seguir siendo como comunidad.

Algunas claves para mirar este proceso:

▪️ El puente como espacio de memoria viva
▪️ El tren y su huella en la vida comunitaria
▪️ La resignificación del territorio desde el encuentro
▪️ El cuidado como práctica colectiva
▪️ La memoria como base para fortalecer lo común

Descargá aquí el boletín del proceso

Este primer boletín recoge los principales momentos del encuentro comunitario realizado el 21 de marzo en Finca 5, donde se inició un proceso colectivo de recuperación de la memoria local en torno al puente ferroviario y el antiguo vagón.

A través de relatos, reflexiones y propuestas, el documento muestra cómo la memoria sigue viva en las personas y en el territorio, y cómo puede convertirse en una herramienta para fortalecer la identidad, el encuentro comunitario y el cuidado de los espacios comunes.

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Convocatoria: Mover la casa, cambiar el mundo Estrategias del caracol: territorio, organización y dignidad

En muchos territorios de América Latina y el Caribe, la vida se sostiene en medio de tensiones constantes. A veces el desalojo no llega con policías ni órdenes judiciales visibles, sino de forma más silenciosa: proyectos que avanzan, decisiones que se toman lejos de las comunidades, cambios en el uso del suelo que transforman el paisaje… y con él, las formas de vivir.

Como en una casa que de pronto deja de pertenecer a quienes la habitan, los territorios se convierten en espacios en disputa. Pero lo que está en juego no es solo la tierra: es la memoria, los vínculos, la historia compartida y la posibilidad de seguir construyendo vida en común.

¿Y qué pasa cuando quienes habitan esos espacios deciden no irse?
¿Cuando, en lugar de desaparecer, comienzan a organizarse?

Ahí aparece el caracol.

Lento, colectivo, persistente.
Un símbolo que nos habla de estrategia, de cuidado y de inteligencia compartida. De moverse juntos, incluso cuando todo parece en contra.

A partir de la película La estrategia del caracol, este curso-taller propone un recorrido para mirar los conflictos territoriales desde otra perspectiva: no desde los grandes centros de poder, sino desde quienes resisten, organizan y construyen alternativas en sus propios territorios.

Un curso para leer el territorio desde abajo

En este espacio exploraremos:

  • – ¿Quién hace realmente la geopolítica?
  • – ¿Cómo se disputan los territorios en la vida cotidiana?
  • – ¿Qué hace posible la organización colectiva?
  • – ¿Cómo se construyen estrategias frente al despojo?
  • – ¿Qué significa defender la dignidad y lo común?

Desde la antigeopolítica, nos acercaremos a estas preguntas reconociendo a los movimientos sociales y a los sujetos colectivos como protagonistas de la historia.

Una experiencia para pensar y actuar

Este no es un curso tradicional. Es un espacio para:

  • – mirar, sentir y pensar a partir del cine
  • – dialogar desde nuestras propias experiencias
  • – mapear conflictos reales
  • – imaginar estrategias colectivas
  • – construir herramientas para la acción

Trabajaremos desde la educación popular, entendiendo que el conocimiento se construye en colectivo, desde lo vivido y con sentido político.

Fechas

Del 18 de mayo al 15 de junio – 5 sesiones

Lugar: Oficina Kioscos Socioambientales. San Pedro. Montes de Oca.

¿A quién está dirigido?

A personas interesadas en los territorios, la organización social, la defensa de la vida y la construcción de alternativas. No se requiere experiencia previa, solo disposición para reflexionar y participar.

Inscripciones

👉 Inscríbete aquí:
https://forms.gle/7ZvU58rMgS1PRhLH6

Porque moverse juntos también es resistir

En contextos donde todo empuja a fragmentar, desplazar o desalojar,
organizarse es una forma de permanecer.

Pensar colectivamente es una forma de resistir.
Y crear estrategias propias es una forma de disputar el poder.

Como los caracoles,
llevar la casa a cuestas, moverse juntos y no soltar el territorio
puede ser también una forma de cambiar el mundo.

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Río Frío en alerta: comunidades denuncian décadas de extracción y proponen una zona de cuido

Las comunidades de Maquengal y Guatuso, junto al Grupo de Defensa de la Cuenca del Río Frío – Caño Negro, hicieron público un pronunciamiento en el que alertan sobre el estado crítico del Río Frío, tras más de cuatro décadas de extracción de materiales en su cauce.

Lejos de centrarse únicamente en aspectos técnicos o legales, el documento pone en el centro la experiencia territorial de quienes habitan la cuenca, señalando los impactos acumulativos de un modelo de desarrollo que ha transformado de forma profunda la dinámica del río. Entre los principales efectos identificados destacan la erosión de riberas, la pérdida de pozas, la sedimentación, la disminución del caudal y la profundización del cauce.

Estas transformaciones no son solo ambientales. Las comunidades advierten consecuencias directas sobre la vida cotidiana: limitaciones en el acceso al río, afectaciones a la ganadería y al turismo local, mayor vulnerabilidad ante inundaciones y deterioro de los humedales vinculados al Refugio Nacional de Vida Silvestre Caño Negro, del cual el río es su principal afluente.

Uno de los elementos más relevantes del pronunciamiento es la evidencia territorial recopilada en recorridos comunitarios. Según señalan, los tramos sin intervención se han reducido a fragmentos aislados: aproximadamente 800 metros hacia el Parque Nacional Tenorio y 1,6 kilómetros en dirección a El Jorón. Esta fragmentación revela que la afectación no es puntual, sino parte de un proceso continuo de transformación del río.

Además, el documento subraya la importancia estratégica de la cuenca para la seguridad hídrica del cantón. Entre el puente de San Rafael de Guatuso y el Parque Nacional Tenorio se ubican algunos de los principales mantos acuíferos de la zona, lo que refuerza la urgencia de proteger este territorio.

Las comunidades son claras: no se oponen al desarrollo, pero cuestionan un modelo que sacrifica los ríos y debilita las bases que sostienen la vida local. En su lugar, proponen fortalecer alternativas como el turismo rural comunitario, la producción local y la conservación.

En este marco, el pronunciamiento plantea la necesidad de abrir una discusión más amplia sobre el ordenamiento territorial y la gobernanza de la cuenca, señalando la ausencia de una visión integral que articule las decisiones institucionales con las dinámicas ecológicas y las necesidades comunitarias. Se insiste en la importancia de aplicar el principio precautorio y evaluar los impactos acumulativos antes de autorizar nuevas intervenciones.

Como propuesta concreta, las comunidades impulsan la creación de una zona de cuido del Río Frío, orientada a la restauración ecológica, el uso comunitario responsable y el desarrollo de alternativas económicas sostenibles. Esta iniciativa podría convertirse en un espacio piloto de gestión participativa de la cuenca.

El llamado a las instituciones es claro: reconocer la voz comunitaria, abrir espacios de diálogo no intimidantes, considerar una moratoria a la extracción de materiales y avanzar hacia decisiones basadas en la sostenibilidad y la justicia intergeneracional.

El pronunciamiento cierra con una afirmación que sintetiza su sentido político y ético: hablar hoy no es oponerse, es cuidar. Es asumir la responsabilidad colectiva de decidir qué tipo de desarrollo se quiere para el territorio y para las generaciones futuras.

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Más que una limpieza: memoria y organización en Los Chorros

En el marco de una jornada de limpieza en el Río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros (Grecia), la conversación con Hámer Salazar (biólogo y presidente de FUNDEMA) y Francis Suárez (Primates de Grecia, FUNDEMA y síndico de Tacares) deja una idea central: los ríos no son solo naturaleza, son territorios construidos desde la historia, la organización y la lucha.

Aunque el parque fue creado por ley en 1977 como área protegida, hoy enfrenta una realidad contradictoria: no cuenta con gestión, control ni un plan de manejo efectivo. En ese vacío, como señalan Salazar y Suárez, ha sido la comunidad —especialmente Tacares— la que ha sostenido su defensa frente a amenazas como la contaminación, proyectos extractivos y presiones urbanísticas.

Por eso, una jornada de limpieza no es solo recoger residuos. Es también un acto de memoria y de educación popular. Escuchar la historia del lugar mientras se cuida transforma la experiencia: conecta a las personas con el territorio y las vuelve parte de su defensa.

Los Chorros nos recuerda que cuidar un río implica mucho más que acciones puntuales. Supone reconocer las luchas que lo han hecho posible y asumir, colectivamente, el compromiso de sostenerlo.

Claves para leer esta experiencia
  • – Los ríos son territorios vivos, atravesados por historia y conflicto.
  • – La protección de Los Chorros ha dependido, en gran medida, de la organización comunitaria.
  • – Existe una brecha entre la protección legal y la gestión real del área.
  • – Las amenazas han sido constantes: contaminación, extracción y urbanización.
  • – El agua es un bien común que ha generado tanto disputas como solidaridad entre comunidades.
  • – Las jornadas de limpieza también construyen memoria, vínculos y apropiación del territorio.
  • – Conocer la historia fortalece el compromiso con su cuidado.
Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fecha programada es:

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Manual para sobrevivir a la nevada Seguridad, poder y narrativa: la estrategia de EE.UU. para redefinir la “extrema izquierda” y controlar la protesta

Una imagen se instala: Donald Trump como salvador. Un relato la sostiene: la seguridad como redención, como promesa de orden frente al caos. Pero hay un dato incómodo que atraviesa esa construcción: mientras se eleva esa figura, también se redefine quién es el enemigo. No se trata solo de proteger, sino de nombrar, clasificar y señalar; de trazar nuevas fronteras entre lo aceptable y lo sospechoso. En ese movimiento, la política deja de ser únicamente gestión del conflicto y pasa a convertirse en una disputa por el sentido, donde el miedo, la moral y la seguridad se entrelazan para reorganizar la mirada sobre la realidad.

Este texto forma parte de los procesos de reflexión construidos en el curso “Proceso de Formación: Rompecabezas de las miradas: quién te mira y quién te ve”.

Las ideas aquí desarrolladas no son un ejercicio individual, sino el resultado de un diálogo colectivo que busca leer críticamente el contexto actual, reconociendo cómo las miradas de poder configuran los territorios, las amenazas y también las posibilidades de organización.

En ese marco, esta nota propone una interpretación situada de los cambios geopolíticos en curso y sus implicaciones para América Latina y el Caribe, incorporando la educación popular como herramienta clave no solo para comprender estos procesos, sino también para posicionarse y actuar en medio de ellos.

En nuestro recorrido por la coyuntura, hemos insistido en que no basta con mirar los acontecimientos: hay que aprender a leer cómo se construyen. Esta nota forma parte de ese ejercicio.

Como en El Eternauta, donde la nevada no solo cae sino que también confunde, desorienta y redefine quién es enemigo y quién no, hoy asistimos a una reconfiguración global en la que los discursos de seguridad construyen nuevas amenazas. En este caso, la “nevada” no es solo información: es una narrativa que busca nombrar, clasificar y perseguir.

El marco: una estrategia que redefine al «enemigo»

En noviembre de 2025, la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy (NSS), un documento que, bajo el lema «America First», establece un giro radical en la política exterior estadounidense. Entre sus principios figuran el rechazo al intervencionismo –al menos en su versión clásica–, la primacía de la soberanía nacional, el fin de la «era de la migración masiva» y una concepción economicista de la seguridad.

Pero hay un capítulo silencioso que ahora comienza a ejecutarse: la persecución global de la llamada «extrema izquierda».

Dos noticias recientes confirman que lo que parecía retórica interna ya es política activa. Por un lado, un cable del secretario de Estado Marco Rubio ordena a todas las embajadas coordinar campañas digitales con influencers y actores locales para contrarrestar la «propaganda antiestadounidense». Por otro, el Departamento de Estado ha designado formalmente como «organizaciones terroristas» a cuatro grupos de izquierda en Europa (dos en Grecia, uno en Alemania y uno en Italia), y presiona a aliados para que persigan a movimientos como antifa.

¿Qué conexión hay entre ambos hechos? Ambos son la puesta en práctica operativa de la NSS 2025, que establece la necesidad de combatir la «subversión cultural», las «ideologías radicales» y cualquier forma de pensamiento crítico que desafíe el orden que Washington quiere imponer.

Como en la ciudad nevada del Eternauta, donde las reglas cambian sin previo aviso, aquí también se redefine quién es el enemigo… y bajo qué criterios.

Esto no es nuevo: ecos del macartismo

Aunque estos procesos puedan parecer recientes, lo cierto es que la criminalización de la disidencia tiene antecedentes claros en la historia. Un ejemplo emblemático es el Macartismo en Estados Unidos durante las décadas de 1950.

En ese período, bajo el argumento de la “seguridad nacional”, se construyó una persecución sistemática contra personas acusadas de ser comunistas o simpatizantes. No se trataba únicamente de actores políticos: artistas, académicos, funcionarios públicos y movimientos sociales fueron investigados, señalados y excluidos, muchas veces sin pruebas contundentes.

El macartismo operó a través de:

  • -la ampliación de la categoría de “enemigo interno”,
  • -la estigmatización pública,
  • -la vigilancia y persecución institucional,
  • -y la instalación del miedo como mecanismo de control social.

Más que responder a amenazas concretas, funcionó como una forma de disciplinamiento político e ideológico.

Traer este antecedente al presente permite reconocer que lo que hoy vemos —la ampliación de categorías como “extrema izquierda”, la asociación con terrorismo o la deslegitimación de la protesta— no surge de la nada, sino que forma parte de una lógica histórica que se reactualiza en distintos contextos.

En clave de nuestro análisis: la “nevada” ya ha caído antes.

Y así como en aquel momento muchas voces fueron silenciadas bajo el peso de la sospecha, hoy el desafío vuelve a ser reconocer cuándo los discursos de seguridad se convierten en herramientas para limitar la democracia.

El marco: una estrategia que redefine al «enemigo»

En noviembre de 2025, la administración de Donald Trump publicó su National Security Strategy (NSS), un documento que, bajo el lema «America First», establece un giro radical en la política exterior estadounidense. Entre sus principios figuran el rechazo al intervencionismo –al menos en su versión clásica–, la primacía de la soberanía nacional, el fin de la «era de la migración masiva» y una concepción economicista de la seguridad.

Pero hay un capítulo silencioso que ahora comienza a ejecutarse: la persecución global de la llamada «extrema izquierda».

Dos noticias recientes confirman que lo que parecía retórica interna ya es política activa. Por un lado, un cable del secretario de Estado Marco Rubio ordena a todas las embajadas coordinar campañas digitales con influencers y actores locales para contrarrestar la «propaganda antiestadounidense». Por otro, el Departamento de Estado ha designado formalmente como «organizaciones terroristas» a cuatro grupos de izquierda en Europa (dos en Grecia, uno en Alemania y uno en Italia), y presiona a aliados para que persigan a movimientos como antifa.

¿Qué conexión hay entre ambos hechos? Ambos son la puesta en práctica operativa de la NSS 2025, que establece la necesidad de combatir la «subversión cultural», las «ideologías radicales» y cualquier forma de pensamiento crítico que desafíe el orden que Washington quiere imponer.

Como en la ciudad nevada del Eternauta, donde las reglas cambian sin previo aviso, aquí también se redefine quién es el enemigo… y bajo qué criterios.

¿Qué es «extrema izquierda» según EE.UU.?

Una categoría tan vaga como peligrosa

El discurso de Monica A. Jacobsen, alta funcionaria antiterrorista del Departamento de Estado, define como terrorismo de extrema izquierda a:

  • -Amenazas comunistas, marxistas y anarquistas
  • -Movimientos anticapitalistas
  • -Ideologías «ecoextremistas»
  • -Cualquier movimiento «antifascista autodenominado»

Esta definición es tan amplia que podría incluir desde sindicatos combativos hasta organizaciones ecologistas, pasando por colectivos feministas o de defensa de derechos humanos que utilicen tácticas de desobediencia civil.

Como advierte Tom Joscelyn, «están tratando de inventar a antifa como una amenaza internacional para vincularla a grupos e individuos en Estados Unidos».

El riesgo no es menor: al no exigir pruebas de violencia inminente ni de ataques contra ciudadanos estadounidenses, la administración Trump crea una categoría política, no criminal. Y con ella, abre la puerta a vigilar, investigar y perseguir a activistas y académicos que simplemente sostengan ideas contrarias al statu quo.

En clave del Eternauta: no es la acción lo que define el peligro, sino la etiqueta que se impone sobre quien piensa distinto.

Criminalización de la protesta social: el caso europeo como alerta

Los cuatro grupos designados –Antifa Ost (Alemania), dos organizaciones griegas y una italiana– no tienen antecedentes de atentados contra EE.UU.

En el caso alemán, las autoridades locales señalaron que «la amenaza ha disminuido considerablemente». En Grecia, el ministro antiterrorista declaró: «Antifa existe en toda Europa, pero hasta hoy han sido activistas, no terroristas».

Sin embargo, la designación permite a EE.UU.:

  • -Congelar activos financieros
  • -Presionar a gobiernos extranjeros
  • -Establecer vínculos para investigar o procesar personas

Esto último es clave. Sebastian Gorka ha insistido en que «no hay lobos solitarios», promoviendo la búsqueda de conexiones entre activistas.

El objetivo final podría ser castigar a opositores internos bajo cargos de «apoyo al terrorismo».

Como en la historia del Eternauta, donde el peligro no siempre es visible pero sí operativo, aquí el control se expande a través de redes invisibles.

Redes, influencers y guerra narrativa

¿proteger la imagen o silenciar la disidencia?

El cable de Rubio instruye a las embajadas a:

  • -Colaborar con influencers y líderes de opinión
  • -Coordinar con unidades de información militar
  • -Usar plataformas como X para contrarrestar narrativas

En apariencia, es diplomacia pública. Pero en este contexto, se convierte en una herramienta de control narrativo.

No se trata solo de mejorar la imagen de EE.UU., sino de deslegitimar voces críticas, asociándolas con amenazas o propaganda hostil.

La nevada, en este caso, no solo cae: también se organiza.

El doble estándar: ¿dónde queda la amenaza real?

Los datos muestran otra realidad:

  • -112 muertes por extremismo de derecha (2010-2020)
  • -13 muertes por extremismo de izquierda
  • -82 por yihadismo

Christopher Wray había señalado que la principal amenaza provenía de la extrema derecha.

Sin embargo, la administración ha redirigido recursos hacia la izquierda.

No se trata de seguridad, sino de ideología.

Formas de criminalización de la disidencia en América Latina y el Caribe
Forma de criminalización¿Cómo opera?Discursos que la sostienenActores que la impulsanImpactos en territorios y movimientosClaves para el análisis
Asociación con narcotráficoSe vincula a líderes sociales o comunidades con redes ilícitas sin pruebas claras“El crimen organizado está infiltrado”, “hay financiamiento ilegal”Gobiernos, fuerzas de seguridad, mediosEstigmatización, judicialización, pérdida de legitimidadPreguntar: ¿hay evidencia o es una asociación discursiva?
Vínculos con terrorismoUso de leyes antiterroristas para investigar o perseguir movimientos“Amenaza a la seguridad nacional”, “radicalización”Estados, cooperación internacionalCriminalización de protesta, vigilancia, persecuciónAnalizar si se redefine “terrorismo” de forma amplia
Etiqueta de “ecoterrorismo”Movimientos ambientales son presentados como enemigos del desarrollo“Obstaculizan el progreso”, “afectan la inversión”Empresas, élites económicas, gobiernosDeslegitimación de luchas territoriales, represiónIdentificar conflicto entre modelo económico y defensa territorial
Criminalización de la protestaProtestas tratadas como disturbios o amenazas“Vandalismo”, “alteración del orden público”Gobiernos, medios, fuerzas policialesRepresión, detenciones, miedo colectivoObservar cómo se narra la protesta
Judicialización selectivaUso del sistema judicial contra líderes o movimientos“Aplicación de la ley”, “estado de derecho”Poder judicial, élites políticasProcesos largos, desgaste organizativoVer si hay selectividad en quién se investiga
Estigmatización mediáticaConstrucción de imagen negativa de actores sociales“Radicales”, “violentos”, “antidesarrollo”Medios, plataformas digitalesPérdida de apoyo socialAnalizar lenguaje y encuadres mediáticos
Vigilancia digital y persecuciónSeguimiento en redes, uso de datos, infiltración“Prevención”, “seguridad digital”Estados, empresas tecnológicasAutocensura, miedo, controlIdentificar tecnologías y mecanismos usados
Cooptación y divisiónFragmentación de movimientos mediante incentivos o presión“Diálogo”, “participación” (formal)Gobiernos, ONG, empresasDebilitamiento organizativoAnalizar quién gana y quién pierde con estos procesos
Deslegitimación de saberes localesSe invalidan conocimientos comunitarios o indígenas“Falta de evidencia”, “atraso”Academia tradicional, tecnocraciaInvisibilización de alternativasReconocer disputa epistemológica
Militarización de territoriosPresencia de fuerzas armadas en zonas de conflicto“Control territorial”, “seguridad”Estados, cooperación internacionalViolencia, desplazamiento, control socialAnalizar relación entre recursos y militarización
Cuando disentir se vuelve delito: una reflexión necesaria

La criminalización de la disidencia no es solo un cambio en el lenguaje político: es una transformación profunda en la forma en que se entiende la democracia.

Cuando protestar, organizarse o cuestionar el orden existente empieza a ser asociado con “amenaza”, “subversión” o incluso “terrorismo”, lo que está en juego no es únicamente la seguridad, sino los límites mismos de lo posible en la vida pública.

Este proceso tiene varias implicaciones:

  • -Reduce el espacio democrático, al convertir la crítica en sospecha y la participación en riesgo.
  • -Deslegitima a actores sociales, especialmente a quienes históricamente han luchado por derechos: movimientos ambientales, feministas, sindicales o comunitarios.
  • -Desplaza el debate político, ya que en lugar de discutir demandas o conflictos, se busca desacreditar a quienes los plantean.
  • -Instala el miedo como forma de control, desincentivando la organización y la acción colectiva.

Pero también hay algo más profundo: la criminalización de la disidencia redefine quién puede hablar, quién puede actuar y bajo qué condiciones. En ese proceso, muchas voces quedan fuera no por falta de legitimidad, sino por el riesgo que implica alzarse.

Desde la perspectiva del análisis de coyuntura, esto nos obliga a afinar la mirada:
no solo identificar actores y conflictos, sino reconocer cuándo el poder está intentando cerrar el campo de lo político, limitando las posibilidades de transformación.

Y en clave de nuestro recorrido:

así como en la nevada del Eternauta no siempre es evidente dónde está el peligro, en la coyuntura actual tampoco siempre es visible cuándo la democracia empieza a estrecharse.

Por eso, más que nunca, el desafío es sostener una lectura crítica, colectiva y atenta, que permita no solo entender lo que pasa, sino también defender los espacios donde es posible imaginar y construir alternativas.

Matriz para analizar la criminalización de la disidencia
Dimensión de análisis¿Qué observar?Preguntas clavePistas en la “nevada” (alertas)Claves para el análisis
Definición del enemigoCómo se nombran actores sociales¿A quién se etiqueta como “amenaza”? ¿Qué categorías se usan?Uso de términos amplios: “extremista”, “radical”, “subversivo”Identificar si la categoría es política o basada en hechos
Discursos y narrativasRelatos que circulan en medios y redes¿Cómo se cuenta el conflicto? ¿Qué emociones activa?Lenguaje de miedo, caos, orden, seguridadAnalizar qué sentido común se intenta construir
Actores con poder narrativoQuién posiciona la versión dominante¿Quién tiene más voz? ¿Quién queda fuera?Presencia de gobiernos, medios masivos, influencers alineadosReconocer asimetrías en la producción de sentido
Actores invisibilizadosQuiénes no aparecen o son distorsionados¿Qué voces faltan? ¿Cómo se representan?Ausencia de comunidades, movimientos o territoriosRecuperar esas voces para un análisis más completo
Instrumentos de controlMecanismos legales, digitales o políticos¿Qué herramientas se usan para intervenir?Leyes, vigilancia, redes sociales, algoritmos, campañas digitalesIdentificar cómo se ejerce el poder más allá de lo visible
Escenarios de disputaEspacios donde ocurre el conflicto¿Dónde se expresa el poder? ¿Dónde hay resistencia?Medios, redes, calles, instituciones, territoriosVer que el poder cambia según el escenario
Correlación de fuerzasRelación entre actores y su capacidad de acción¿Quién gana espacio? ¿Quién resiste?Desigualdad en recursos, acceso y legitimidadNo todos los actores tienen el mismo peso
Impactos en la democraciaConsecuencias sobre derechos y participación¿Qué se limita? ¿Qué se pone en riesgo?Criminalización de protesta, censura, autocensuraEvaluar el cierre o apertura del espacio político
Conexión sistema-mundo / vida cotidianaRelación entre lo global y lo local¿Cómo impacta esto en la vida concreta?Políticas globales que afectan territoriosHacer el puente entre escalas
Posibilidades de acciónEspacios de intervención y resistencia¿Dónde hay grietas? ¿Qué se puede hacer?Organización social, narrativas alternativasEl análisis no solo interpreta, también orienta acción
Cuando la nevada define al enemigo

La NSS 2025, el cable de Rubio y las designaciones en Europa forman parte de un mismo engranaje: la criminalización de la disidencia global.

Al definir de manera expansiva qué es «extrema izquierda», el gobierno no solo persigue actores, sino que redefine los límites de lo aceptable.

Como en El Eternauta, el peligro no es solo la tormenta, sino la imposibilidad de distinguir con claridad.

El mensaje que emerge es claro:

-protestar puede convertirte en amenaza.
-pensar críticamente, también.

Frente a esto, la pregunta que queda abierta —y que conecta con nuestro proceso de análisis de coyuntura— es:

¿cómo leer la realidad cuando los propios relatos buscan confundirla?

Fuentes: 

Alto Nivel. (2026, 9 de abril). Marco Rubio pide a embajadores recurrir a influencers y redes para reforzar la imagen de Estados Unidos. Alto Nivelhttps://www.altonivel.com.mx/marco-rubio-pide-a-embajadores-recurrir-a-influencers-y-redes-para-reforzar-la-imagen-de-estados-unidos/

Nicas, Jack, Feuer, Alan, Stevis-Gridneff, Matina, Wong, Edward, & Tankersley, Jim. (2026, 9 de abril). EE. UU. quiere la ayuda de sus aliados para perseguir a la extrema izquierda. The New York Timeshttps://www.nytimes.com/es/2026/04/09/espanol/estados-unidos/trump-antifa-terrorismo.html

The White House. (2025). National security strategy of the United States of America. U.S. Government Publishing Office.

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Bienes Comunes en Corto – Calle Álvarez: memoria y territorio desde la voz de un vecino

El testimonio de Pedro Luis Martínez Álvarez nos invita a mirar el territorio más allá de lo visible. Calle Álvarez no es solo un espacio geográfico: es historia viva, herencia, lucha cotidiana y una forma de arraigo que se transmite entre generaciones.

Su voz nos recuerda que los territorios se construyen desde la experiencia de quienes los habitan: desde el Río Frío como vía de vida, encuentro y sustento, hasta las luchas persistentes frente al abandono institucional. Aquí, la historia no está en los libros: vive en la palabra, en la memoria familiar y en las prácticas que sostienen la vida.

En medio de las transformaciones y desigualdades, persiste una certeza: el vínculo con la tierra no se rompe. Se cuida, se defiende y se hereda.

Memoria local y organización: sostener lo común

La memoria comunitaria no es solo un ejercicio de recordar el pasado; es también una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro. Nombrar de dónde venimos permite reconocer las huellas de la desigualdad, pero también las formas en que las comunidades han sabido organizarse, resistir y sostener la vida.

Cuando una comunidad recupera su historia, fortalece su identidad y su capacidad de exigir derechos. La memoria conecta generaciones, ordena experiencias y da sentido a las luchas actuales: evidencia que el abandono y la exclusión no son casuales, sino resultado de decisiones y procesos históricos que pueden transformarse.

Por eso, recoger estas voces no es solo documentar: es sembrar. Sembrar conciencia, pertenencia y organización. Porque defender el territorio también implica contar su historia y, en ese proceso, reconocerse como comunidad que resiste, cuida y construye futuro.

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El río también recuerda: memoria y comunidad en Los Chorros

El pasado sábado 11 de abril, en el marco de la I Jornada Anual de Acción por los Ríos en Los Potreros de Puax, se realizó una nueva jornada de limpieza en la confluencia de la Quebrada Zamora y el río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros, en Grecia. A primera vista, podría parecer una actividad más de recolección de residuos. Sin embargo, lo vivido en el territorio evidencia algo más profundo: limpiar un río no es solo una acción práctica, es también un ejercicio de memoria, de encuentro y de defensa de lo común.

Desde el Observatorio del Agua del río Agualote (GIRH-UCR, Sede de Occidente), junto a múltiples organizaciones comunitarias, estudiantiles y socioambientales, se convocó a esta jornada que reunió a cerca de 50 personas voluntarias. Durante un recorrido de aproximadamente 330 metros, se recolectaron cerca de 400 kilos de residuos, entre ellos botellas plásticas, ropa, zapatos, llantas y hasta implementos de acampar. Las cifras son contundentes, pero no agotan el sentido de la experiencia.

Más que limpiar: comprender el territorio

Existe una visión extendida que entiende las limpiezas de ríos como acciones meramente instrumentales: recoger basura para “recuperar” un espacio natural dado. Pero esta mirada oculta una dimensión clave: los ríos y los territorios no existen al margen de la sociedad. Son el resultado de relaciones históricas, culturales, políticas y económicas que los configuran, los tensionan y, muchas veces, los ponen en riesgo.

Los Chorros no es solo un paisaje. Es un territorio construido en medio de luchas comunitarias por el agua, por la conservación y por el derecho a decidir sobre el entorno. Como señalaron personas de la comunidad durante la jornada, este espacio ha enfrentado múltiples amenazas: contaminación por agroquímicos, proyectos extractivos, urbanización desregulada e incluso conflictos por el acceso al recurso hídrico.

Que hoy exista como parque y como fuente de agua para varias comunidades no es casualidad. Es resultado de organización, resistencia y decisiones colectivas que han priorizado la vida sobre otras lógicas de uso del territorio.

La memoria como parte de la acción

Uno de los elementos más significativos de la jornada fue que, junto a las indicaciones técnicas sobre separación de residuos o recorridos, se compartió la historia del lugar. Lejos de ser un dato anecdótico, esta dimensión permitió que quienes participaban —muchas personas que visitaban el sitio por primera vez— comprendieran que estaban interviniendo en un espacio vivo, cargado de significado.

La memoria comunitaria cumple aquí un papel fundamental: permite entender que la naturaleza no está “ahí” esperando ser cuidada, sino que ha sido y sigue siendo defendida. Reconocer esto transforma la relación con el territorio. La limpieza deja de ser un acto aislado y se convierte en parte de un proceso más amplio de apropiación, cuidado y responsabilidad colectiva.

Trabajo colectivo y construcción de lo común

La jornada también evidenció la fuerza del trabajo voluntario organizado. Personas de distintas edades, organizaciones y trayectorias compartieron un mismo objetivo en un ambiente de respeto, horizontalidad y compromiso. Cada quien aportó desde sus posibilidades, mostrando que la defensa de los bienes comunes no depende de acciones individuales heroicas, sino de procesos colectivos sostenidos.

Además, la participación de grupos comunitarios, organizaciones socioambientales, espacios universitarios y actores locales refuerza la idea de que la gestión del agua y de los territorios requiere articulación. No se trata solo de intervenir, sino de construir vínculos que sostengan en el tiempo estas iniciativas.

Alegría, encuentro y continuidad

Más allá del esfuerzo físico, la jornada estuvo marcada por la alegría. Las sonrisas, especialmente de niñas, niños y jóvenes, dan cuenta de otra dimensión muchas veces invisibilizada: el vínculo afectivo con el río. Ese vínculo es también una forma de defensa, porque lo que se conoce, se vive y se quiere, se cuida.

En ese sentido, estas acciones no solo buscan remover residuos, sino también sembrar relaciones: entre personas, con el territorio y con la historia que lo habita.

La invitación queda abierta a seguir participando en estos procesos. La próxima jornada será en el río Agualote el 25 de abril de 2026, como parte de un esfuerzo más amplio impulsado por la Alianza Nacional Ríos y Cuencas de Costa Rica.

Porque limpiar un río también es recordar, reconocer y defender. Y en cada bolsa de residuos que se retira, también se levanta una historia que merece ser contada y continuada.

De la limpieza a la memoria: claves metodológicas para el trabajo comunitario en ríos
Estrategia¿En qué consiste?¿Para qué sirve?Consejos prácticos
Apertura con contextualización históricaBreve espacio inicial donde se comparte la historia del río y del territorioGenerar sentido de pertenencia y ubicar la acción en un proceso históricoNo extenderse demasiado (10-15 min) y priorizar relatos cercanos y vivenciales
Voces del territorioParticipación de personas lideresas, mayores o actores clave que narran experienciasConectar emocional y políticamente con el lugarCoordinar previamente con las personas invitadas y cuidar tiempos de intervención
Caminatas de memoriaParadas durante el recorrido para contar historias del sitioReconocer el territorio como un espacio vivo con múltiples capasDefinir puntos estratégicos antes de iniciar para no improvisar demasiado
Cartografía participativaElaboración colectiva de mapas con hitos, conflictos y aprendizajesVisualizar el territorio de forma integral y participativaUsar materiales sencillos (papel, marcadores) y facilitar la participación de todas las personas
Registro de testimoniosRecolección de relatos en audio, video o notasDocumentar la memoria para procesos futurosSolicitar consentimiento y designar a una persona encargada del registro
Espacios de reflexión colectivaCírculo de palabra al cierre para compartir aprendizajes y sentiresProfundizar en la experiencia y generar análisis colectivoHacer preguntas guía y cuidar que todas las voces puedan participar
Integración intergeneracionalParticipación de distintas edades en la actividadFortalecer la transmisión de memoria entre generacionesDiseñar dinámicas accesibles para niñez, juventudes y personas adultas
Vinculación organizativaArticulación con procesos comunitarios existentesDar continuidad y sostenibilidad a las accionesIdentificar previamente actores locales y generar alianzas
Expresiones creativasUso de arte (murales, escritura, fotografía, música)Ampliar formas de apropiación del territorioNo forzar la participación artística, dejar que surja de forma voluntaria
De la memoria a la acciónTraducción de aprendizajes en propuestas o accionesFortalecer la incidencia y organización comunitariaCerrar con acuerdos concretos, aunque sean pequeños y alcanzables
La naturaleza como historia viva: territorio y sociedad en relación

Solemos pensar la naturaleza como algo “ahí”, preexistente, ajeno a la acción humana y disponible para ser usada, protegida o restaurada. Sin embargo, esta idea oculta una realidad más compleja: lo que llamamos naturaleza es también historia viva. Los territorios que habitamos —ríos, montañas, bosques— no son únicamente formaciones biofísicas, sino el resultado de procesos históricos, sociales, culturales y políticos que los han configurado a lo largo del tiempo.

El río Prendas, como tantos otros, no puede entenderse sin las relaciones que lo atraviesan: decisiones institucionales, modelos productivos, formas de ocupación del suelo, conflictos por el agua, luchas comunitarias y prácticas cotidianas de cuidado o deterioro. Lo que hoy vemos como “naturaleza” es, en realidad, una trama viva donde interactúan múltiples actores, intereses y visiones de mundo.

Reconocer la naturaleza como historia viva implica cuestionar una mirada que separa a las personas de su entorno. Nos invita a entender que también somos parte de esos procesos, y que nuestras acciones —individuales y colectivas— inciden directamente en la forma que toman los territorios. Así, la contaminación no es un accidente aislado, sino expresión de dinámicas más amplias; del mismo modo, la conservación no ocurre espontáneamente, sino que es resultado de organización, decisiones y luchas.

Desde esta perspectiva, las limpiezas de ríos adquieren un nuevo significado. No se trata únicamente de “devolver” un estado natural perdido, sino de intervenir en una relación: de transformar prácticas, de disputar sentidos sobre el uso del territorio y de fortalecer procesos comunitarios que sostienen la vida. Por eso, incorporar la memoria local no es un complemento, sino una condición fundamental para comprender qué se está limpiando, por qué y para quién.

Asumir la naturaleza como historia viva no le resta valor; al contrario, la sitúa en el centro de las relaciones que hacen posible la vida y abre la posibilidad de cuidarla desde la conciencia, la memoria y la acción colectiva.

Galería
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¿Quién cuida el planeta? Limpieza del Río Trojas

Este video recoge las voces de personas que participaron en la jornada de limpieza del río Trojas, en Sarchí, como parte de las acciones comunitarias por la defensa de los ríos en la región de Occidente. A través de sus testimonios, se comparte no solo la experiencia de la limpieza, sino también las percepciones y aprendizajes que surgen al recorrer el río y observar directamente su estado.

Las intervenciones evidencian una realidad que va más allá de los residuos visibles: la presencia de agroquímicos, posibles vertidos de aguas residuales y la creciente presión sobre las riberas muestran que los ríos están siendo impactados por múltiples factores. En ese sentido, la limpieza se convierte en una herramienta para hacer visible un problema más profundo y para comprender que el deterioro de los ríos responde a dinámicas estructurales del territorio.

Al mismo tiempo, el video refleja la importancia de la organización comunitaria y la articulación entre distintos actores. Las personas participantes coinciden en que estas jornadas no solo permiten recuperar espacios, sino también fortalecer vínculos, generar conciencia y abrir preguntas sobre los desafíos que vienen: mayor monitoreo, educación ambiental y la necesidad de avanzar hacia acciones sostenidas que permitan proteger los ríos más allá de las jornadas de limpieza.

Al final, queda una pregunta abierta: ¿quién cuida el planeta?

 Las voces que aparecen en este video muestran que el cuidado no recae en una sola persona ni en un solo actor. Es una responsabilidad compartida, donde las comunidades organizadas están en la primera línea, pero no pueden ni deben asumirla solas. El Estado, las instituciones, las empresas y la academia tienen un rol fundamental que no puede seguir postergándose.

También nos recuerda que el cuidado no se limita a acciones individuales o puntuales. Limpiar el río es importante, pero no suficiente. Los desafíos son más profundos: requieren transformar prácticas productivas, fortalecer la educación ambiental, mejorar el monitoreo y, sobre todo, cuestionar las formas en que estamos usando y entendiendo nuestros territorios.

Cuidar el planeta, entonces, no es solo una tarea ambiental. Es también una tarea colectiva, política y comunitaria, que implica decidir qué tipo de relación queremos construir con la naturaleza y con la vida en común.

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Cuando cae la nevada: geopolítica, seguridad y educación popular en América Latina

Este texto forma parte de los procesos de reflexión construidos en el curso “Proceso de Formación: Rompecabezas de las miradas: quién te mira y quién te ve”.

Las ideas aquí desarrolladas no son un ejercicio individual, sino el resultado de un diálogo colectivo que busca leer críticamente el contexto actual, reconociendo cómo las miradas de poder configuran los territorios, las amenazas y también las posibilidades de organización.

En ese marco, esta nota propone una interpretación situada de los cambios geopolíticos en curso y sus implicaciones para América Latina y el Caribe, incorporando la educación popular como herramienta clave para comprender y actuar en medio de estos procesos.

La nevada que no parece amenaza

En El Eternauta, la catástrofe no irrumpe con estruendo. No hay una señal clara que anuncie el desastre. Todo comienza con una nevada suave, casi hipnótica, que cae sobre la ciudad sin levantar sospechas. Es blanca, silenciosa, aparentemente inofensiva. Pero es letal.

Lo inquietante no es solo su efecto, sino su forma de aparecer: sin alarma, sin nombre, sin posibilidad inmediata de ser comprendida.

Algo de esa lógica se puede rastrear en el actual reposicionamiento geopolítico de Estados Unidos. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional no se presenta como una política de dominación ni como una ofensiva directa sobre la región. Se formula en términos de orden, estabilidad, protección, soberanía.

Pero, como en la nevada, el problema no es cómo se nombra, sino lo que empieza a producir.

Y lo que empieza a producir es un reordenamiento profundo del lugar de América Latina y el Caribe en el mundo.

Del silencio al mapa: el regreso del hemisferio

En la historieta, la comprensión de lo que ocurre no llega de inmediato. Los personajes, poco a poco, comienzan a atar cabos. Lo que parecía un fenómeno aislado empieza a revelar una estructura más amplia, organizada, intencional.

Ese paso —del desconcierto a la lectura del mapa— es clave. Porque solo cuando se logra identificar la lógica que ordena los acontecimientos, es posible comenzar a responder.

En la estrategia estadounidense ocurre algo similar. América Latina y el Caribe reaparece, pero no como espacio de diálogo o cooperación, sino como una pieza central dentro de un esquema mayor de seguridad.

El llamado “corolario” a la Doctrina Monroe no es solo una referencia histórica. Es la actualización de una lógica: el hemisferio occidental como zona de control estratégico.

Esto se traduce en objetivos concretos:

  • -limitar la presencia de potencias extrahemisféricas
  • -asegurar el acceso a recursos críticos
  • -reorganizar cadenas de suministro
  • -garantizar control sobre territorios y rutas clave

No se trata de una ocupación visible. No hay tropas desplegándose en escena de forma generalizada. Lo que se configura es algo más complejo: un ordenamiento del espacio, donde cada país, cada territorio, cada infraestructura comienza a ser leído en función de su valor estratégico.

Y en ese mapa, América Latina y el Caribe deja de ser margen para convertirse en frontera.

Cuando la amenaza cambia de rostro

Pero ese reordenamiento no se sostiene únicamente sobre territorios. También requiere redefinir qué se entiende por amenaza.

A medida que avanza El Eternauta, la pregunta por el enemigo se vuelve cada vez más difícil de responder. Los verdaderos responsables no aparecen directamente. Operan a través de otros. La amenaza se fragmenta, se desplaza, se vuelve difusa.

Esa ambigüedad no es menor: descoloca, desorienta, dificulta la respuesta.

Algo similar ocurre en el documento de seguridad. La noción de amenaza se amplía y se vuelve más elástica. Ya no se limita a Estados adversarios claramente identificables. Se extiende hacia fenómenos sociales, culturales y económicos:

  • -la migración deja de ser un fenómeno humano para convertirse en riesgo estratégico
  • -el narcotráfico se inscribe en una lógica de guerra
  • -las “influencias externas” y la “subversión cultural” aparecen como peligros

En ese movimiento, la frontera entre lo externo y lo interno comienza a diluirse.

Y ahí emerge un punto especialmente delicado: cuando la amenaza se vuelve difusa, también se amplía el margen para definir quién o qué constituye un riesgo.

En América Latina y el Caribe, esto no es nuevo. La historia de la región ha mostrado cómo, bajo discursos de seguridad, actores sociales —movimientos territoriales, luchas ambientales, organizaciones comunitarias— han sido leídos como problemas a contener.

La pregunta, entonces, no es solo quién es el enemigo, sino quién puede ser nombrado como tal.

La intemperie organizada

Si la amenaza se redefine, también lo hace el lugar desde donde se responde a ella.

En la historieta, hay un momento en que salir al exterior sin protección significa exponerse a la muerte. Pero quedarse encerrado tampoco garantiza la supervivencia. Lo que hace la diferencia es la capacidad de organizarse, de construir protección colectiva.

La intemperie no es solo un lugar físico. Es una condición.

La estrategia de seguridad redefine a América Latina y el Caribe en una posición similar: como una zona de contención, un espacio donde se busca detener amenazas antes de que alcancen el centro.

Esto se traduce en medidas concretas:

  • -militarización de fronteras y rutas
  • -control reforzado de flujos migratorios
  • -posibilidad de uso de fuerza directa contra actores no estatales
  • -presión sobre gobiernos para alinear políticas de seguridad

La región aparece así como un territorio expuesto, donde la lógica dominante no es la del cuidado ni la del desarrollo, sino la del control.

Una intemperie organizada desde fuera.

Territorios funcionales, vidas desplazadas

Este desplazamiento hacia la seguridad no ocurre de manera aislada. Se articula con una forma específica de entender el territorio.

Conforme avanza El Eternauta, se hace evidente que la invasión no es caótica. Responde a una estructura donde cada elemento cumple una función dentro de un engranaje mayor.

Ese reconocimiento cambia la forma de entender lo que está en juego.

En el plano geopolítico, algo similar ocurre con la forma en que se piensa América Latina y el Caribe:

  • -territorios como reservorios de minerales, energía o biodiversidad
  • -países como nodos logísticos o barreras de contención
  • -economías como extensiones de cadenas productivas externas

La idea de una “Gran Norteamérica” se inscribe en esa lógica: no como integración entre iguales, sino como reorganización funcional del espacio.

Lo que se pierde en ese proceso es fundamental: la posibilidad de pensar los territorios desde quienes los habitan.

Porque cuando el territorio se convierte en pieza, las vidas que lo sostienen tienden a volverse invisibles.

Lo que no se ve (pero ordena)

Sin embargo, no todo este proceso es visible de forma inmediata.

Uno de los elementos más inquietantes de El Eternauta es que lo decisivo no siempre se muestra directamente. La verdadera estructura de poder opera desde lugares que no se ven, pero que organizan todo lo demás.

En la estrategia de seguridad, esto se expresa en la normalización de ciertas lógicas:

  • -todo puede ser leído en clave de seguridad
  • -toda dinámica puede ser intervenida si se define como riesgo
  • -toda diferencia puede ser sospechosa

Este desplazamiento es profundo. No implica necesariamente una intervención directa constante, sino algo más sutil y, al mismo tiempo, más abarcador: un marco que redefine cómo se interpretan los conflictos, las movilidades y las demandas sociales.

Cuando la seguridad se vuelve el lenguaje dominante, otras formas de entender la realidad —derechos, justicia, vida digna— quedan subordinadas.

Educar en la nevada: desafíos de la educación popular en tiempos de securitización

Frente a este escenario, la pregunta por la comprensión se vuelve central. Y con ella, el lugar de la educación.

Si algo enseña El Eternauta es que, incluso en medio de la incertidumbre, hay algo que no puede suspenderse: la capacidad de comprender lo que está pasando.

No como un ejercicio abstracto, sino como una necesidad para sobrevivir.

En contextos donde la seguridad se vuelve el lenguaje dominante, donde los territorios son leídos como espacios de riesgo y donde las dinámicas sociales pueden ser reinterpretadas como amenazas, la educación popular enfrenta un escenario particularmente desafiante.

Ya no se trata solo de formar conciencia crítica. Se trata de hacerlo en condiciones donde esa misma conciencia puede ser vigilada, deslegitimada o contenida.

Cuando aprender también se vuelve sospechoso

La expansión de marcos securitarios no solo redefine políticas públicas. También reconfigura los sentidos de lo educativo.

Procesos que históricamente han sido centrales para la educación popular —organización comunitaria, reflexión colectiva, lectura crítica de la realidad— pueden empezar a ser vistos como:

  • -espacios de “influencia”
  • -focos de “radicalización”
  • -o incluso amenazas al orden

Este desplazamiento no siempre es explícito. Muchas veces opera de forma sutil: a través de financiamientos condicionados, discursos institucionales, marcos regulatorios o estigmatización pública.

Pero su efecto es profundo: instala la idea de que pensar críticamente puede ser problemático.

El riesgo del aislamiento

En El Eternauta, uno de los mayores peligros no es solo la amenaza externa, sino la fragmentación. Cuando los vínculos se rompen, la capacidad de respuesta se debilita.

En el campo educativo ocurre algo similar.

Los contextos de control tienden a:

  • -aislar experiencias
  • -fragmentar procesos organizativos
  • -debilitar redes comunitarias

Y sin redes, la educación popular pierde uno de sus pilares fundamentales: la construcción colectiva del conocimiento y, con ella, su capacidad de transformación.

El desafío, entonces, no es solo sostener espacios educativos, sino sostener comunidad en condiciones adversas.

Nombrar el mundo cuando otros lo nombran por nosotros

Uno de los aportes centrales de la educación popular —en la línea de Paulo Freire— es la capacidad de nombrar el mundo desde la experiencia de quienes lo viven.

Pero en contextos donde el lenguaje de la seguridad se impone, esa capacidad entra en disputa.

Cuando los territorios son nombrados como “zonas de riesgo”, cuando las movilidades son “amenazas” y cuando los conflictos son “problemas de orden”, se produce un desplazamiento del sentido.

La educación popular se enfrenta entonces a un reto clave:

recuperar la capacidad de nombrar la realidad desde abajo, incluso cuando otros intentan imponer sus categorías.

Educar para leer la nevada

Volviendo a la metáfora, el problema nunca fue solo la nevada. Fue no entenderla a tiempo.

En este contexto, la educación popular tiene un papel urgente:

  • -ayudar a leer los procesos en curso
  • -conectar lo local con lo global
  • -visibilizar las estructuras que operan detrás de lo cotidiano

No se trata de “explicar” desde afuera, sino de construir colectivamente herramientas para comprender lo que se vive.

Leer la nevada no es anticiparse por completo, pero sí evitar que pase desapercibida.

Sostener la esperanza como práctica política

En escenarios restrictivos, donde el control se intensifica y los márgenes parecen reducirse, la tentación del repliegue es fuerte.

Sin embargo, El Eternauta también deja otra enseñanza: incluso en las condiciones más adversas, la organización es posible.

La educación popular no solo transmite contenidos. Sostiene algo más profundo:

  • -la posibilidad de imaginar alternativas
  • -la convicción de que lo colectivo importa
  • -la práctica cotidiana de construir sentido en común

En ese sentido, educar no es solo resistir. Es también seguir creando mundo en medio de la nevada.

La pregunta del Eternauta

Todo lo anterior nos devuelve a una pregunta central.

En medio del caos, El Eternauta insiste en una idea sencilla pero radical: nadie se salva solo.

La supervivencia no depende de la fuerza individual, sino de la capacidad de organizarse, de confiar, de construir en común incluso en condiciones adversas.

Trasladada a este escenario, la pregunta cambia de escala, pero no de sentido:

¿qué formas de organización son posibles cuando los territorios comienzan a ser definidos desde afuera como espacios de riesgo o de control?

Pensar más allá del tablero

La geopolítica suele presentarse como un tablero donde actores poderosos mueven piezas. Esa lectura es necesaria: permite identificar intereses, estrategias, disputas.

Pero no es suficiente.

Porque ese tablero está habitado.

Pensar este momento también exige una mirada que desborde esa lógica. Una perspectiva capaz de:

  • -reconocer las voces de los territorios
  • -leer las luchas sociales como expresiones políticas legítimas
  • -disputar el sentido de lo que se nombra como “seguridad”

No se trata de negar la geopolítica, sino de no quedar atrapados en ella.

Reconocer la nevada

En El Eternauta, la nevada avanza porque, al inicio, no se logra dimensionar su alcance. Cuando se comprende, ya ha transformado profundamente el mundo.

Hoy, América Latina se encuentra en un momento donde múltiples procesos —económicos, políticos, securitarios— se están reconfigurando.

No todos son visibles de inmediato. No todos se presentan como amenaza.

Por eso, tal vez la pregunta no es solo qué está pasando.

La pregunta es otra:

¿estamos reconociendo la nevada mientras cae, o la vamos a entender cuando ya haya cubierto todo?

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Escuchar el río: aprendizajes desde la acción comunitaria entrevista con Rocío Chamorro

En este audio conversamos con Rocío Chamorro, docente de la Universidad de Costa Rica en el área de Gestión Integral del Recurso Hídrico y participante en el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote, nos sentamos a conversar en el marco de las jornadas de limpieza de ríos en Sarchí.

A partir de su experiencia, construimos un balance claro: las comunidades han logrado organizarse para recoger residuos y recuperar espacios, pero el desafío va mucho más allá de la limpieza. La presencia de agroquímicos, residuos domésticos y posibles vertidos de aguas residuales evidencia problemas estructurales que requieren mayor monitoreo institucional, cambios en las prácticas productivas y políticas públicas más cercanas a las realidades locales .

También, destaca la importancia de la articulación entre comunidad, universidad, voluntariado e instituciones, así como la necesidad de pasar de acciones puntuales a procesos sostenidos de educación, organización e incidencia.

Puntos clave para leer la realidad de los ríos:

• La limpieza permite ver problemas más profundos en los ríos, no solo la basura visible
• Persisten vertidos de aguas residuales y uso de agroquímicos que afectan la calidad del agua
• Las comunidades están organizándose, pero no pueden asumir solas esta responsabilidad
• Se requiere mayor monitoreo e involucramiento institucional
• Las soluciones no pasan solo por sancionar, sino por transformar prácticas productivas
• Es clave incluir a pequeños y medianos productores y una perspectiva de género en las políticas
• La articulación entre actores fortalece la participación y el impacto de las acciones
• El desafío es pasar de la limpieza a la prevención y la incidencia

Este audio es una invitación a escuchar no solo la experiencia de quienes participan, sino también lo que los ríos están diciendo sobre los desafíos que enfrentan nuestros territorios.

Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.