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¿Y si la neutralidad también fuera una forma de adoctrinamiento? Los Acuerdos de Sokovia llegaron a la escuela: la circular del MEP y la silenciosa construcción de la autocensura docente

«La primera razón por la que los hombres sirven es que nacen siervos y son criados como tales; la segunda, y más poderosa, es que se acostumbran a la servidumbre y la encuentran natural.»
— Étienne de La Boétie (1552)

Cuando Capitan América: Civil War llegó a los cines, muchas personas pensaron que estaban frente a otra película de superhéroes. Sin embargo, el conflicto que plantea nunca fue realmente entre Iron Man y el Capitán América. La verdadera disputa era otra: ¿qué ocurre cuando una sociedad deja de confiar en quienes tienen la responsabilidad de protegerla?

Después de una serie de tragedias, los gobiernos del mundo impulsan los Acuerdos de Sokovia. La justificación parece irrebatible. Los Vengadores poseen demasiado poder y, por tanto, necesitan supervisión. A partir de ese momento ya no podrán actuar guiados por su criterio; deberán esperar la autorización de una comisión internacional que decidirá cuándo, dónde y cómo intervenir.

Tony Stark acepta. Argumenta que toda forma de poder necesita límites. Steve Rogers se niega. No porque rechace la responsabilidad, sino porque teme algo distinto: que el criterio profesional termine sustituido por decisiones políticas tomadas lejos del terreno donde ocurren los problemas.

Ese es el verdadero corazón de Civil War. No es una pelea entre héroes. Es una discusión sobre la confianza. Quizá por eso la reciente Circular DM-CIR-0047-2026 del Ministerio de Educación Pública despierta preguntas que van más allá del calendario electoral.

La circular: los Acuerdos de Sokovia en las aulas costarricenses

La circular recuerda una obligación democrática incuestionable: las aulas no deben convertirse en espacios de proselitismo político-partidario. También señala que el análisis de procesos electorales, ideologías, movimientos sociales y debates públicos sigue siendo legítimo cuando responde al currículo nacional y se desarrolla con pluralidad, objetividad pedagógica y pensamiento crítico. Nada de eso, por sí mismo, debería generar controversia. El propósito declarado es proteger la imparcialidad del proceso electoral y el derecho del estudiantado a formarse sin presiones partidarias.

Sin embargo, las normas no solo producen efectos por lo que prohíben. También los producen por el clima que generan. En Civil War, los Acuerdos de Sokovia no impiden que los Vengadores salven vidas. Lo que hacen es introducir una duda permanente: ¿podemos actuar según nuestro criterio o será alguien más quien determine cuándo nuestra intervención es legítima?

Trasladada al aula, la pregunta adquiere otra forma: ¿Hasta dónde puede un docente problematizar un conflicto socioambiental, analizar la desigualdad, discutir una política pública o abordar un debate nacional sin que alguien interprete que dejó de ser «neutral»?

La circular no responde de manera clara esa pregunta. Y precisamente en esa zona de incertidumbre puede aparecer un fenómeno ampliamente estudiado en el ámbito democrático y legal: el efecto inhibitorio. No hace falta prohibir expresamente una conducta para reducirla. A veces basta con que exista la posibilidad de una denuncia, de una investigación o de una interpretación desfavorable para que las personas decidan limitar voluntariamente aquello que hacen.

Un discurso que recorre el mundo: el mapa de la desconfianza

Si la circular costarricense fuera un hecho aislado, podríamos atribuirla a una decisión administrativa coyuntural. Pero no lo es. Existe una tendencia global que, con variaciones locales, repite un mismo repertorio discursivo: deslegitimar la labor docente, presentar la educación crítica como una forma de adoctrinamiento y promover mecanismos de control y denuncia contra el profesorado.

Brasil constituye probablemente uno de los ejemplos más conocidos. El movimiento Escola Sem Partido («Escuela sin Partido»), surgido en 2004 y fortalecido durante el ascenso del bolsonarismo, afirmaba combatir el adoctrinamiento ideológico en las aulas. Bajo ese argumento impulsó proyectos para limitar la actuación docente, promover denuncias de estudiantes contra profesores y restringir el tratamiento de temas relacionados con política, desigualdad, género o derechos humanos. Aunque muchas de esas iniciativas fueron frenadas por el Poder Judicial y recibieron fuertes críticas de universidades y organizaciones educativas, el debate dejó instalada una idea poderosa: el principal riesgo para la democracia no era la censura, sino el profesorado.

Algo similar ocurrió en Estados Unidos. Diversos estados aprobaron leyes para limitar la enseñanza de determinados contenidos vinculados con el racismo estructural, la historia crítica, la diversidad o la teoría crítica de la raza. Nuevamente, el argumento no fue prohibir el conocimiento, sino garantizar una educación «objetiva» y proteger a las familias frente al supuesto adoctrinamiento.

En España, el partido Vox impulsó el llamado «pin parental», mediante el cual las familias podrían impedir que sus hijos participaran en determinadas actividades escolares relacionadas con derechos humanos, igualdad o educación sexual. El fundamento era, otra vez, la defensa de la neutralidad ideológica de la escuela.

En Argentina, bajo el gobierno de Javier Milei, el discurso contra el «adoctrinamiento» universitario y escolar se ha convertido en un eje recurrente del debate público, acompañado por críticas a las ciencias sociales, las universidades públicas y los enfoques pedagógicos críticos.

Cada país tiene su propia historia. Pero el repertorio discursivo resulta sorprendentemente similar:

 
Elemento comúnCómo se presenta
Desconfianza hacia el docenteSe le presenta como un potencial adoctrinador, no como un profesional.
Apelación a la familiaSe invoca a las familias como las «verdaderas» responsables de la educación.
Neutralidad como esloganSe exige una «objetividad» que, en la práctica, excluye el análisis crítico.
Mecanismos de denunciaSe facilitan canales para que estudiantes o padres acusen a docentes.
Reducción de lo político a lo partidistaSe equipara cualquier análisis de poder con propaganda electoral.

La dimensión silenciosa: criminalización de la práctica docente

La circular, más allá de su intención explícita, puede generar efectos que vale la pena observar con atención. No se trata de afirmar que exista una intención deliberada de generar miedo o censura, sino de advertir que ciertos mecanismos, aunque bienintencionados, pueden producir un clima de desconfianza que termina afectando la libertad de cátedra.

1. El peso de la amenaza disciplinaria: La circular menciona la posibilidad de remitir casos al Departamento de Asuntos Disciplinarios. Esa referencia, aunque formalmente correcta, introduce una sombra de posibilidad que puede operar como un freno silencioso. No hace falta que se abra un expediente para que su mera existencia condicione decisiones. Cuando un docente sabe que una interpretación ligera de la norma puede desencadenar un proceso, es natural que prefiera evitar cualquier riesgo, incluso cuando su práctica sea legítima.

2. Conceptos amplios, interpretaciones variables: Términos como «proselitismo»«sectarismo» o «adoctrinamiento» no están definidos con precisión en la circular. Esto no es necesariamente un error, pero sí deja un margen de interpretación que puede variar según quien aplique la norma. Lo que para un docente es un análisis riguroso de desigualdad social, para otro superior jerárquico podría ser visto como una toma de posición indebida. Esa ambigüedad genera incertidumbre y, en la práctica, puede llevar a que muchas personas opten por no abordar ciertos temas, aunque estén en el currículo.

3. El peso de la denuncia: La circular establece que, ante hechos que eventualmente contravengan las disposiciones, se debe levantar documentación y remitirla a la instancia competente. Esto es un procedimiento estándar. Sin embargo, al no definir con claridad qué constituye una infracción, cualquier denuncia, incluso aquellas que podrían carecer de fundamento, puede activar un proceso que, por sí mismo, genera desgaste. El solo hecho de tener que justificar la propia práctica, aunque finalmente se demuestre que fue legítima, ya implica un costo emocional y profesional que muchas personas prefieren evitar.

4. La línea difusa entre análisis y propaganda: Uno de los riesgos más sutiles de la circular es que, al poner bajo el mismo paraguas de sospecha el análisis crítico y el proselitismo partidario, puede deslegitimar el primero por asociación. No es lo mismo discutir las causas estructurales de la pobreza que hacer campaña por un candidato. Pero si ambos quedan bajo la misma categoría de «conductas a vigilar», el mensaje que se transmite es que problematizar el orden establecido también es peligroso. Y eso, aunque no se diga explícitamente, es una forma de disciplinamiento.

5. Actividades formativas bajo sospecha: La prohibición de inducir al estudiantado a participar en actividades político-electorales es razonable. Sin embargo, la redacción es tan amplia que podría interpretarse que cualquier salida de aula, visita a una organización social o proyecto comunitario con componente de incidencia ciudadana cae dentro de lo prohibido. Esto no significa que vaya a aplicarse así, pero la mera posibilidad puede disuadir a muchas personas de organizar actividades valiosas desde el punto de vista formativo. El efecto práctico, aunque no deseado, es que el horizonte de lo posible se reduce.

¿Casualidad o estrategia? La geopolítica de la pedagogía del silencio

La pregunta que surge al observar este mapa no es si Costa Rica copió a Brasil o a España. La pregunta es otra: ¿por qué este discurso emerge con tanta fuerza en distintos países, en distintos momentos y con distintos gobiernos?

La respuesta probablemente no sea una conspiración, sino una confluencia de intereses. En contextos de polarización, crisis de representación y ascenso de discursos autoritarios, controlar la educación se vuelve una prioridad estratégica. Quien define lo que puede enseñarse, define lo que puede pensarse. Y quien define lo que puede pensarse, define lo que puede transformarse.

La educación popular, desde Paulo Freire hasta la actualidad, ha insistido en que enseñar es un acto político, no en el sentido partidista, sino en el sentido de que toda práctica educativa o bien reproduce el orden existente o bien contribuye a transformarlo.

Las iniciativas como Escola Sem Partido, el pin parental o las leyes antirracismo crítico en EE.UU. no son medidas pedagógicas. Son medidas de contención del pensamiento crítico. Y la circular costarricense, aunque con un tono más institucional y menos confrontativo, se inscribe en esa misma lógica: generar incertidumbre para reducir la autonomía docente y, cuando sea necesario, activar el aparato disciplinario para sancionar a quien se salga del guion.

¿Puede existir una educación completamente neutral?

Toda selección de contenidos supone decisiones. Todo currículo privilegia ciertos temas y deja otros en segundo plano. Todo ejemplo utilizado en el aula ilumina una parte de la realidad y deja otra en la sombra. Incluso el silencio educa.

Cuando una clase evita hablar sobre conflictos porque podrían resultar incómodos, también está enseñando algo. Está enseñando que existen temas frente a los cuales es preferible guardar silencio. Y ese aprendizaje también es político.

Paradójicamente, el mayor proselitismo no siempre es el que lleva una bandera o un color partidario. Existe otro mucho más discreto: el que convierte el orden existente en algo natural e incuestionable.

  • -Cuando problematizar la desigualdad comienza a percibirse como un riesgo.

  • -Cuando analizar un conflicto ambiental parece demasiado delicado.

  • -Cuando el debate sobre derechos humanos genera temor.

  • -Cuando el profesorado empieza a preguntarse si es más prudente callar que preguntar.

Entonces el aula no se vuelve neutral. Se vuelve silenciosa. Y el silencio nunca ha sido una posición neutral.

Aquí aparece la advertencia más profunda de Étienne de La Boétie: el poder no necesita vigilantes permanentes cuando las personas han interiorizado que obedecer es más seguro que pensar. El filósofo francés lo expresó con claridad: «Los hombres sirven porque se acostumbran a la servidumbre y la encuentran natural.»

Ese es el peligro que la circular, sin quererlo quizás, puede acelerar. No se trata de que un día un funcionario llegue a decirle a cada docente qué debe callar. Se trata de que, poco a poco, los propios educadores empiecen a calcular el costo de cada pregunta, de cada ejemplo, de cada debate. Y cuando ese cálculo se vuelve automático, la obediencia ya no necesita ser impuesta; se ha vuelto voluntaria.

La Educación Popular y la confianza como brújula

La educación popular ha insistido durante décadas en una idea sencilla: enseñar no consiste en decirle al estudiantado qué debe pensar, sino en ofrecer herramientas para comprender críticamente el mundo que habita. Esa tarea exige pluralidad, rigor y apertura al diálogo. Pero también requiere confianza en el criterio profesional del personal docente y en su capacidad para conducir conversaciones difíciles sin convertir el aula en una tribuna partidaria.

Por eso el dilema que plantea Civil War sigue siendo vigente.

  • -Tony Stark tenía razones para pedir controles.

  • -Steve Rogers tenía razones para desconfiar de ellos.

El problema nunca fue elegir entre uno y otro. El verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio donde la necesaria protección frente al proselitismo no termine debilitando aquello que la escuela pública está llamada a cultivar: la capacidad de preguntar, deliberar y pensar críticamente.

La Circular DM-CIR-0047-2026, vista a la luz de la experiencia internacional, deja de ser un documento aislado para convertirse en un eslabón más de una cadena global que busca disciplinar el pensamiento docente. Probablemente sus redactores no se sentaron a diseñar una estrategia de criminalización. Pero el efecto práctico, medido en el clima que genera, apunta en esa dirección.

Y aquí La Boétie nos deja una pregunta incómoda que ningún funcionario, ninguna circular ni ningún ministro pueden responder por nosotros:

Si un día los docentes ya no discuten, ya no problematizan, ya no preguntan… ¿será porque se lo prohibieron o porque simplemente se acostumbraron a no hacerlo?

Entre la circular y la conciencia

La pregunta, entonces, no es si debemos impedir el proselitismo electoral. Esa es una condición básica de cualquier democracia. La pregunta es otra: ¿Queremos docentes que actúen únicamente cuando están seguros de que nadie cuestionará sus decisiones?

¿O queremos profesionales capaces de ejercer su criterio pedagógico con responsabilidad, ética y libertad de cátedra, aun cuando ello implique acompañar al estudiantado en conversaciones complejas sobre la realidad que comparte?

Porque, al final, Civil War nunca trató únicamente sobre superhéroes. Trató sobre una sociedad que comenzó a desconfiar de quienes educaban, protegían y tomaban decisiones. Y toda democracia debería preguntarse si el camino hacia una educación más libre comienza multiplicando los controles o fortaleciendo la confianza.

¿Casos aislados o una tendencia global? Claves para leer la disputa contemporánea por la educación.

Hasta aquí, la discusión podría interpretarse como un debate exclusivamente costarricense. Sin embargo, las palabras nunca viajan solas. Conceptos como neutralidad, adoctrinamiento, objetividad o libertad de enseñanza han comenzado a ocupar un lugar central en las políticas educativas de distintos países, aunque bajo contextos, gobiernos y marcos normativos diferentes. Esto no significa que estemos frente a procesos idénticos ni que respondan a una estrategia única; significa, más bien, que existe una tendencia internacional que merece ser observada críticamente. La siguiente matriz no busca establecer equivalencias mecánicas entre experiencias tan diversas como las de Costa Rica, Brasil, Estados Unidos, España o Argentina. Su propósito es ofrecer una herramienta de lectura que permita identificar convergencias, reconocer diferencias y, sobre todo, formular preguntas desde la educación popular acerca de qué tipo de ciudadanía, de escuela y de democracia comienza a configurarse cuando la neutralidad se convierte en el principal horizonte del discurso educativo.

Dimensión de análisis

Circular MEP Costa Rica (2026)

Brasil (Escola sem Partido)

Estados Unidos

España (Pin Parental / Vox)

Argentina (debate reciente)

Preguntas críticas desde la educación popular

Problema que se dice combatir

Proselitismo político-electoral y adoctrinamiento.

Adoctrinamiento ideológico del profesorado.

«Indoctrinación», teoría crítica de la raza, diversidad.

Adoctrinamiento ideológico y educación sexual.

Adoctrinamiento en escuelas y universidades.

¿Quién define qué constituye adoctrinamiento?

Valor que se invoca

Neutralidad, objetividad pedagógica.

Neutralidad política.

Libertad de los padres, objetividad.

Libertad de las familias.

Libertad de pensamiento.

¿La neutralidad existe o constituye otra posición política?

Figura presentada como riesgo

Docente que influye políticamente al estudiantado.

Profesor militante.

Profesor «activista».

Docente e instituciones educativas.

Docentes y universidades públicas.

¿Por qué el profesorado pasa a ser objeto de sospecha?

Mecanismo de regulación

Lineamientos, supervisión, procedimientos disciplinarios.

Denuncias contra docentes, proyectos de ley.

Restricciones curriculares y legislación estatal.

Autorización familiar para actividades específicas.

Discursos gubernamentales y reformas propuestas.

¿Se fortalece el diálogo pedagógico o el control institucional?

Concepción del conocimiento

Objetividad, equilibrio y apego al currículo.

Conocimiento sin ideología declarada.

Contenidos considerados «objetivos».

Prioridad a valores familiares.

Crítica a las ciencias sociales y enfoques críticos.

¿Quién decide qué conocimientos son legítimos?

Temas más sensibles

Política, ideologías, debates públicos, evaluación.

Política, género, historia, derechos humanos.

Racismo, género, sexualidad, historia.

Igualdad, diversidad, educación sexual.

Memoria, género, universidad pública.

¿Qué conflictos sociales quedan fuera del aula?

Posibles efectos

Autocensura, incertidumbre docente.

Vigilancia y temor a denuncias.

Restricción de contenidos.

Limitación de actividades educativas.

Deslegitimación del pensamiento crítico.

¿Qué ocurre con la formación ciudadana?

Relación con la democracia

Neutralidad como garantía institucional.

Neutralidad como límite al activismo docente.

Protección frente al adoctrinamiento.

Defensa del derecho de las familias.

Recuperación de una educación «sin ideología».

¿La democracia requiere neutralidad o deliberación crítica?

Adoctrinamiento de la neutralidad: cuando el silencio es la doctrina

La circular del MEP se presenta como defensora de la «neutralidad» frente al «adoctrinamiento». Pero esta operación descansa sobre una falacia: que la neutralidad existe y que es deseable.

Desde la educación popular sostenemos lo contrario: la neutralidad es un mito funcional al poder. Quien exige neutralidad no está pidiendo ausencia de posición, está pidiendo sumisión al orden establecido. Y esa sumisión, cuando se impone como norma, se convierte en la forma más eficaz de adoctrinamiento: el adoctrinamiento que nos convence de que no debemos pensar.

¿Qué significa realmente «neutralidad» en educación?
Lo que dice la neutralidadEl adoctrinamiento que promueve
«No tomar partido»Enseña que el orden actual es natural e incuestionable.
«No imponer opiniones»Enseña que el conocimiento crítico es peligroso.
«Mostrar todas las perspectivas»Enseña que todas las opiniones valen lo mismo.
«Evitar el adoctrinamiento»Enseña que hay temas que no deben discutirse.
«Respetar las convicciones de las familias»Enseña que la ignorancia es un derecho.

Primeros pasos para una definición, la neutralidad como proceso de adoctrinamiento es mediante el cual se impone, bajo la apariencia de objetividad, la norma de no cuestionar el orden establecido. Su mecanismo no es la imposición de una doctrina, sino la prohibición silenciosa de la crítica. Su efecto no es formar ciudadanos autónomos, sino sujetos conformes que han interiorizado que pensar es peligroso.

Una propuesta para leer la circular sin miedo: claves para una interpretación crítica

La Circular DM-CIR-0047-2026 no es un simple recordatorio administrativo. Es un instrumento laboral que, bajo la apariencia de defender la neutralidad, promueve una forma sutil pero profunda de adoctrinamiento: el adoctrinamiento del silencio.

Su lógica procede desde el punto de vista del control: no prohíbe explícitamente el análisis crítico, pero introduce un clima de sospecha que vuelve riesgoso cualquier cuestionamiento del orden establecido. El mensaje que transmite, aunque no esté escrito, es claro: «Problematizar la desigualdad, analizar conflictos sociales o debatir derechos humanos puede ser interpretado como proselitismo. Mejor no arriesgarse.»

Esa es la paradoja más profunda de la circular, se presenta como defensa contra el adoctrinamiento, pero su efecto práctico es instalar un adoctrinamiento inverso: el que convierte el silencio en norma como buen comportamiento laboral.

Lo que la circular realmente hace: un adoctrinamiento de la neutralidad
Lo que dice la circularLo que realmente haceEl adoctrinamiento que promueve
«Prohibición de proselitismo»Amplía el concepto de «proselitismo» hasta volverlo una categoría difusa que puede aplicarse a cualquier análisis crítico.Enseña que problematizar el orden es peligroso.
«Neutralidad pedagógica»Exige una «objetividad» imposible, que en la práctica se traduce en evitar temas controversiales.Enseña que hay temas que no deben discutirse.
«Apego al currículo oficial»Limita el análisis a lo que ya está aprobado, impidiendo abordar temas de coyuntura urgente.Enseña que la realidad que no está en el programa no merece ser analizada.
«Posibilidad de denuncia»Introduce un mecanismo de vigilancia que genera miedo y autocensura.Enseña que el docente es un sospechoso, no un profesional.
«Remisión al Departamento de Asuntos Disciplinarios»Convierte la práctica pedagógica en un campo minado donde cualquier interpretación puede ser sancionada.Enseña que ejercer la libertad de cátedra es un riesgo.
Una matriz para leer la circular desde la crítica

A continuación, una matriz de interpretación crítica que permite leer la circular no como un conjunto de prohibiciones, sino como un documento que revela una estrategia de disciplinamiento.

Lo que dice la circularLo que realmente haceLectura críticaEstrategia de resistencia pedagógica
«Prohibición de proselitismo, propaganda o adoctrinamiento»Criminaliza cualquier práctica que no se alinee con el discurso oficial.El proselitismo es captación partidista; el análisis crítico es develación de poder. Son cosas distintas.Documentar cada actividad: vincularla al currículo, explicitar fuentes diversas y objetivos pedagógicos.
«Neutralidad político-electoral y pedagógica»Exige una «neutralidad» imposible que, en la práctica, es sumisión al orden establecido.La educación nunca es neutral. La circular no busca neutralidad, busca silenciamiento.Explicitar el marco ético (Derechos Humanos, equidad, justicia social) y distinguirlo de una preferencia partidista.
«Evitar la selección sesgada de materiales»Prohíbe usar fuentes críticas o de movimientos sociales, presentándolas como «sesgadas».La pluralidad no es «dar el mismo peso a todo», sino mostrar las distintas perspectivas y sus fundamentos.Presentar fuentes diversas (incluyendo las críticas al poder) y enseñar al estudiantado a analizarlas con criterio.
«Abstenerse de imponer la opinión personal como verdad institucional»Impide que el docente guíe el análisis, incluso cuando su formación lo habilita.La opinión personal puede ser un insumo para el análisis, siempre que se presente como tal.Nombrar la propia posición como una más, y abrir el espacio para que el estudiantado construya la suya.
«Promover la deliberación y la argumentación razonada»Reduce la deliberación a un «debate» superficial, sin consecuencias políticas.La deliberación auténtica implica confrontar ideas, analizar intereses y asumir posiciones.Diseñar actividades donde el estudiantado deba argumentar, contrastar y defender sus posiciones con evidencia.
«Las actividades formativas pueden ser interpretadas como político-electorales»Amplía la sospecha a cualquier actividad comunitaria o de incidencia ciudadana.La participación ciudadana es un derecho y un aprendizaje legítimo.Planificar con anticipación y vincular cada actividad a un objetivo curricular explícito.
«Remitir al Departamento de Asuntos Disciplinarios»Instala el miedo a la denuncia como mecanismo de control preventivo.La denuncia infundada no debería prosperar si la práctica está documentada y fundamentada.Construir un portafolio pedagógico que evidencie el rigor, la pluralidad y el vínculo con el currículo.
Posdata para futuras circulares

Mientras esta nota llegaba a su punto final, reapareció un curioso material didáctico. No provenía de un sindicato, de una universidad ni de un docente de Estudios Sociales. Provenía del acto oficial de apertura del curso lectivo 2025.

En aquella actividad, el hoy expresidente Rodrigo Chaves expresó públicamente su aspiración de que el país eligiera una Asamblea Legislativa con 40 diputados que respaldaran un proyecto político de cambio.

Y entonces surgió una duda que ningún manual de mediación pedagógica parece resolver.

Si ese video fuera proyectado en una clase de Educación Cívica para analizar el discurso político, la relación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, las estrategias de persuasión o el funcionamiento de la democracia costarricense… ¿estaríamos frente a una excelente actividad curricular o frente a una posible infracción de la Circular DM-CIR-0047-2026?

Quizá haga falta un anexo aclaratorio.

Artículo 1. La política no debe entrar al aula.

Artículo 2. Salvo cuando ya entró desde el acto oficial de inauguración del curso lectivo.

Porque la neutralidad, como concepto pedagógico, tiene una curiosa habilidad: parece volverse mucho más sencilla cuando las palabras vienen desde el poder y mucho más compleja cuando alguien propone analizarlas críticamente.

Después de todo, la mejor prueba de una democracia no consiste en que el profesorado aprenda a guardar silencio frente a los discursos políticos, sino en que pueda convertir esos mismos discursos —vengan de quien vengan— en objeto de análisis, deliberación y pensamiento crítico. De lo contrario, el problema ya no sería el supuesto adoctrinamiento del aula, sino la extraña idea de que algunos discursos políticos pueden pronunciarse libremente, pero no discutirse libremente.

Rerencias:

Acín Izquierdo, Bárbara (2023). El pin parental: ¿al servicio de la educación o de la disputa política? Trabajo de Fin de Grado. Universidad de Zaragoza

 Aguirre, Elías (2025). Los espectros de Milei: el pensamiento político-educativo de la constelación liberal/libertaria en la cuestión del Estado docente en Argentina. Espacios en Blanco. Serie Indagaciones, 36 (2).

Deutsche Welle. (2024, 5 de abril). Argentina castigará el «adoctrinamiento en las escuelas».

Frigotto, Gaudêncio (Org.). (2017). Escola «sem» partido: esfinge que ameaça a educação e a sociedade brasileira. Laboratório de Políticas Públicas da Universidade do Estado do Rio de Janeiro.

Hess, Frederick (2020). The next conservative education agenda. National Affairs, (42), 1-18.

La Boétie, Étienne. de. (2016). Discurso sobre la servidumbre voluntaria.

Ministerio de Educación Pública de Costa Rica. (2026). Lineamientos sobre neutralidad político-electoral, prohibición de proselitismo y mediación pedagógica objetiva en centros educativos públicos (Circular DM-CIR-0047-2026).

Moilanen, Antti, y Huttunen, Rauno (2025). Indoctrination and the aims of democratic political education: Challenges and answers. Educational Theory, 75 (5), 823-848.

United States, Executive Office of the President. (2025, January 29). Executive Order 14190: Ending radical indoctrination in K-12 schooling. Federal Register.

Crédito imágenes: Marvel Comics

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La Escuela Ambulante y la extraordinaria capacidad de administrar la imposibilidad

Nota de la Coordinación de la Escuela Ambulante

La Escuela Ambulante, prevista para realizarse del 20 al 23 de julio en la Región Huetar Norte, ha sido oficialmente cancelada.

No fue por falta de estudiantes. Tampoco porque las comunidades dejaran de esperarnos. No fue por ausencia de presupuesto, por problemas de transporte, por falta de planificación ni porque el territorio hubiera desaparecido del mapa.

La actividad contaba con recursos, un itinerario construido y una red de organizaciones dispuestas a abrir sus puertas para compartir conocimientos, experiencias y preguntas.

Después de gestiones, descubrimos algo mucho más interesante: que una actividad académica puede reunir todas las condiciones para realizarse y, aun así, no encontrar una ruta administrativa que le permita existir.

Como toda buena experiencia educativa, decidimos no desperdiciar la lección.

Ya que la Escuela Ambulante no podrá recorrer los territorios, esta vez recorreremos otro paisaje igual de complejo: ese lugar donde las buenas ideas se encuentran con los procedimientos, las competencias, los oficios, las interpretaciones normativas y la extraordinaria capacidad institucional para convertir una posibilidad en un expediente.

El profesor invitado de esta clase será Koro-sensei, quien intentará responder una pregunta que nunca apareció en el programa del curso:

¿Cómo puede una universidad impedir un viaje sin decir nunca que estaba prohibido?

Permítanme presentarme.

Soy Koro-sensei.

Durante mucho tiempo he tenido una particular obsesión: observar cómo aprenden las personas. No solamente en las aulas, donde los pizarrones están llenos de conceptos ordenados y las evaluaciones buscan medir respuestas correctas, sino también en esos espacios donde el conocimiento aparece de maneras menos cómodas: una conversación con una comunidad, una caminata por un territorio, una historia contada por alguien que ha defendido un río durante años o la mirada sorprendida de una persona estudiante cuando descubre que el país que estudiaba en los libros tiene rostros, conflictos y memorias.

Por eso me interesó mucho una experiencia llamada Escuela Ambulante.

Su nombre ya contenía una pequeña provocación. Una escuela que no espera que el mundo llegue hasta ella, sino que decide moverse. Una escuela que entiende que hay conocimientos que no caben dentro de un aula y que algunas de las mejores lecciones no ocurren frente a una pantalla, sino caminando junto a quienes han construido saber desde la vida cotidiana.

La idea era sencilla, aunque las cosas sencillas suelen ser las más difíciles de sostener: estudiantes, docentes y comunidades encontrándose en un territorio para aprender juntos.

Una idea bastante peligrosa para una universidad. No porque sea incorrecta. Sino porque obliga a la institución a recordar para qué existe.

La Escuela Ambulante no fue cancelada porque faltara entusiasmo. Tampoco porque las comunidades no quisieran recibirla, porque las personas estudiantes no estuvieran interesadas o porque la actividad careciera de sentido académico. Al contrario, existía una red de personas esperando ese encuentro.

La dificultad apareció en otro lugar. Apareció en ese territorio misterioso que todo universitario conoce: el espacio entre una buena idea y la posibilidad administrativa de realizarla.

Ahí vive una criatura peculiar. No tiene rostro. No tiene nombre. Pero todos la hemos visto. Se alimenta de formularios, procedimientos, interpretaciones, competencias y responsabilidades cuidadosamente delimitadas. Es la burocracia.

Y antes de que alguien se moleste conmigo, debo aclarar algo como buen profesor: la burocracia no es una enemiga. Una institución pública necesita reglas. Necesita controles. Necesita cuidar los recursos que pertenecen a toda la sociedad.

Una universidad sin procedimientos sería una universidad vulnerable. Pero una universidad donde los procedimientos terminan teniendo más capacidad de detener una iniciativa que de acompañarla también enfrenta un problema. Porque una regla debería funcionar como un puente. Nunca como un muro.

Lo más interesante de esta historia es que nadie tuvo que decir «no». Esa es quizás la parte más sofisticada de la situación. No hubo una prohibición explícita. No hubo una puerta cerrada con llave.

Lo que ocurrió fue mucho más complejo: cada instancia respondió desde sus propios límites, sus responsabilidades y sus precauciones. Cada pieza del engranaje funcionó según su lógica particular. Y, sin embargo, cuando todas esas respuestas se juntaron, el resultado fue que una actividad pensada para acercar la Universidad a los territorios dejó de tener un camino claro para realizarse.

Una pequeña paradoja universitaria. Cada parte hizo lo correcto desde su lugar. Pero el conjunto produjo una imposibilidad. Es como construir un hermoso puente donde cada persona encargada de una sección decide cuidadosamente no colocar la última tabla porque no está dentro de sus funciones.

El puente queda perfectamente diseñado. Solo que nadie puede cruzarlo.

La parte más curiosa de esta clase es que la Universidad suele enseñar algo muy valioso a sus estudiantes: que los problemas complejos requieren soluciones creativas.

Se les invita a pensar críticamente. A cuestionar. A imaginar alternativas. A buscar caminos donde otros solamente ven obstáculos. Pero a veces la propia institución parece olvidar esa lección cuando debe aplicársela a sí misma.

Cuando una iniciativa de acción social aparece, debería surgir una pregunta fundamental: ¿Cómo hacemos posible este encuentro? Sin embargo, muchas veces la primera pregunta parece transformarse en: ¿Qué riesgos implica hacerlo?

La diferencia parece pequeña. Pero cambia completamente la dirección del camino. Una pregunta busca construir. La otra busca proteger. Y una universidad pública necesita ambas cosas, pero nunca debería permitir que la segunda destruya la primera.

Lo más triste de esta historia no es la cancelación de una gira. Las fechas pueden cambiar. Los planes pueden modificarse. Las actividades pueden esperar.

Lo más preocupante es preguntarnos cuántas experiencias nunca llegan a existir porque las personas que intentan construirlas terminan agotadas antes de llegar al territorio.

Porque detrás de cada actividad universitaria hay alguien haciendo algo que rara vez aparece en los informes: convenciendo personas, coordinando horarios, llamando comunidades, preparando materiales, imaginando metodologías y sosteniendo con voluntad aquello que todavía no tiene una estructura administrativa suficientemente clara.

La Universidad tiene muchas personas que quieren trabajar. Personas que creen en su misión. Personas que no ven la acción social como una obligación más, sino como una manera distinta de hacer Universidad. Pero una institución no puede depender únicamente del sacrificio personal de quienes la sostienen. La pasión puede iniciar los procesos. No debería ser el mecanismo permanente para mantenerlos vivos.

Quizás la lección de esta Escuela Ambulante sea precisamente esa. No una lección sobre fracaso. Sino sobre una pregunta que vale la pena dejar escrita en el pizarrón:

¿Qué ocurre cuando una universidad tiene muchas razones para explicar por qué algo es difícil, pero pocas herramientas para demostrar cómo hacerlo posible?

Tal vez el desafío no sea eliminar las reglas. Tal vez sea recordar que las reglas existen para cuidar una misión, no para reemplazarla.

Porque una universidad pública no se mide únicamente por sus edificios, sus publicaciones o sus procedimientos correctamente cumplidos.

También se mide por su capacidad de caminar. De escuchar. De llegar. De aprender con quienes están fuera de sus paredes.

Esta vez la Escuela Ambulante no llegó al territorio. Y quizás esa sea precisamente la lección que más deberíamos estudiar. Porque algunas clases no se pierden cuando se suspenden.

Algunas clases comienzan justamente cuando nos obligan a preguntarnos por qué no pudimos realizarlas.

Atentamente,

Koro-sensei

Profesor invitado de una clase que todavía espera aprender a salir del aula.

P.D. Como todo buen profesor, no puedo terminar esta clase sin expresar un agradecimiento. No precisamente a quienes hicieron posible la Escuela Ambulante, sino a quienes, desde la impecable lógica de los procedimientos, lograron demostrar que una universidad puede disponer de recursos, contar con estudiantes comprometidos, comunidades esperándola, una propuesta académica sólida y, aun así, encontrar la manera de no salir del edificio.

También quisiera agradecer a todas las interpretaciones normativas, procedimientos, competencias, responsabilidades cuidadosamente delimitadas, oficios, precauciones y temores administrativos que hicieron posible este extraordinario ejercicio pedagógico. Gracias a ellos, comprobamos que una actividad no necesita ser rechazada para no realizarse; basta con rodearla de suficientes condiciones, traslados de responsabilidad y cautelas institucionales hasta que termine cancelándose por agotamiento.

Confieso que es una lección que difícilmente habría podido enseñar en un aula. Pocas veces se observa con tanta claridad cómo una institución puede invertir semanas discutiendo quién debe asumir la responsabilidad de una actividad, mientras la actividad misma deja de existir.

Pero quizá la enseñanza más valiosa fue otra. Aprendimos que es posible proteger con extraordinaria eficacia los procedimientos, incluso cuando aquello que debía protegerse era el encuentro entre la Universidad y la sociedad. La Escuela Ambulante nunca llegó al territorio, pero los expedientes permanecieron impecablemente resguardados, las competencias cuidadosamente delimitadas y las responsabilidades perfectamente distribuidas. Imagino que, en algún archivo institucional, esta actividad fue un completo éxito administrativo.

Como profesor, debo reconocer que admiro semejante hazaña: convertir una propuesta de acción social en una impecable lección sobre cómo administrar la imposibilidad. No todos los días se demuestra con tanta precisión que la forma más elegante de decir «no» consiste en no pronunciar jamás esa palabra.

Sobre el autor: Koro-sensei es profesor de tiempo completo, especialista en convertir errores en oportunidades de aprendizaje y firme defensor de las clases que ocurren fuera del aula. Su experiencia incluye impartir lecciones a velocidades difíciles de medir, visitar territorios antes de que termine el recreo y demostrar que la mejor evaluación suele ser una buena pregunta.

Ha desarrollado líneas de investigación poco convencionales, entre ellas: Burocracias que sobreviven a cualquier reforma, Ecología del formulario extraviado, Metodologías para aprender caminando y Análisis comparado entre un expediente perfectamente archivado y una comunidad que sigue esperando.

Entre sus principales publicaciones destacan Cómo enseñar sin dejar de aprender, El arte de equivocarse con elegancia y Manual básico para sobrevivir a reuniones donde nadie puede decidir nada. Ninguna de ellas existe, pero todas deberían.

Actualmente se desempeña como profesor invitado de la Escuela Ambulante de Asuntos que No Salen en el Examen, donde insiste en que los territorios también son bibliotecas, las comunidades también son profesoras y que una universidad solo termina de comprender un problema cuando se atreve a caminar hasta él.

En su tiempo libre colecciona preguntas incómodas, desconfía de las soluciones demasiado simples y mantiene una curiosa costumbre: creer que los procedimientos deberían ayudar a que las cosas sucedan, en lugar de convertirse en la razón por la que dejan de ocurrir.

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Cuando una comunidad cuida un río: más de una década de memoria y vigilancia sobre el río Pizote

Antes que un informe técnico, antes que una inspección institucional y antes que cualquier expediente administrativo, hubo una comunidad que comenzó a observar. Durante más de una década, personas vecinas de Birmania de Upala han recorrido las orillas del río Pizote —también conocido como río Niño—, han fotografiado sus cambios, han compartido sus preocupaciones y han solicitado que las transformaciones que perciben sean investigadas. Esa historia, construida desde la memoria y la vigilancia comunitaria, constituye hoy uno de los registros más importantes para comprender la situación de este río de la Zona Norte.

En la discusión pública sobre los conflictos ambientales suele ponerse atención únicamente cuando aparece un estudio técnico o una resolución institucional. Sin embargo, los procesos de deterioro de un ecosistema casi nunca comienzan ahí. Antes de los informes, casi siempre existe una comunidad que observa, compara, recuerda y documenta.

Eso ha ocurrido en Birmania, distrito de Dos Ríos, cantón de Upala.

Durante más de diez años, habitantes de esta comunidad han construido una memoria colectiva sobre las transformaciones del río Pizote, también conocido como río Niño. Lo que comenzó como conversaciones entre vecinos sobre cambios en el cauce se convirtió, con el paso del tiempo, en recorridos comunitarios, registros fotográficos, solicitudes de inspección, denuncias, reuniones institucionales y un esfuerzo permanente por comprender qué estaba ocurriendo con uno de los bienes comunes más importantes del territorio.

Hoy, distintos informes públicos, inspecciones institucionales y registros comunitarios permiten reconstruir una historia mucho más amplia que la de un hecho aislado. Se trata de una experiencia de vigilancia comunitaria que demuestra el papel fundamental que desempeñan las comunidades en la protección de los ecosistemas.

Un río que conecta territorio, comunidad y vida

El río Pizote forma parte de la red hídrica que nace en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y atraviesa comunidades agrícolas y ganaderas de la Zona Norte de Costa Rica.

Durante generaciones ha sido mucho más que un curso de agua. Ha sido un lugar para aprender a nadar, pescar, compartir en familia y encontrarse con otras personas de la comunidad. También constituye un corredor ecológico que sostiene la biodiversidad y contribuye al equilibrio ambiental de la cuenca.

Por eso, cuando un río cambia, quienes primero lo perciben son las personas que conviven diariamente con él. Las comunidades conocen dónde existían antiguas pozas, recuerdan el comportamiento del agua durante el invierno, identifican la vegetación ribereña y reconocen cuándo el paisaje comienza a transformarse. Ese conocimiento cotidiano constituye una forma de ciencia comunitaria que complementa los estudios técnicos y aporta información indispensable para comprender los procesos ambientales.

La persistencia de quienes nunca dejaron de observar

Si hoy es posible reconstruir buena parte de la historia reciente del río Pizote, es gracias al trabajo constante de personas que decidieron mantener viva la memoria del territorio.

Entre ellas destaca David Menjívar, vecino de Birmania y uno de los principales impulsores de la vigilancia comunitaria sobre el río durante más de una década.

Su aporte ha trascendido la denuncia puntual. Durante años ha recorrido el río, documentado cambios mediante fotografías y videos, conservado registros, compartido información con instituciones, acompañado inspecciones y promovido que las preocupaciones de la comunidad no quedaran en el olvido.

Su trabajo ha permitido construir una memoria ambiental del río que hoy resulta invaluable. Muchas de las observaciones que actualmente forman parte del debate público fueron registradas inicialmente por personas de la comunidad que, como David, comprendieron que proteger un río también implica observarlo, registrar sus transformaciones y transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones.

Esa trayectoria fue recuperada recientemente en un episodio del pódcast Sentires y Saberes del Observatorio de Bienes Comunes. En esa conversación, David recuerda un río que durante décadas fue espacio de recreación, encuentro comunitario y convivencia, al tiempo que comparte las transformaciones que ha observado a lo largo de su vida.

Más allá de una entrevista, su testimonio constituye un ejercicio de memoria territorial. Demuestra que el conocimiento ambiental no nace únicamente de los estudios especializados; también se construye desde la experiencia cotidiana de quienes habitan un territorio durante décadas.

Su historia reivindica una dimensión poco reconocida de la defensa ambiental: la paciencia de quienes dedican años a observar, registrar y cuidar un bien común sin abandonar el compromiso con su comunidad.

Una historia que comenzó mucho antes

Las preocupaciones sobre el estado del río Pizote no son recientes. Desde al menos 2015, David Menjivar y varias personas vecinas comenzaron a advertir cambios en distintos sectores del cauce. A partir de esos primeros reportes se realizaron inspecciones por parte de diferentes instituciones, incluyendo actuaciones policiales y visitas técnicas, mientras la comunidad continuaba recopilando información sobre las transformaciones observadas.

Con el paso de los años, lejos de desaparecer, las preocupaciones persistieron. En 2021, organizaciones comunitarias recuperaron a partir de una noticia en redes sociales parte de esa memoria colectiva y recordaron que ocho años atrás ya se habían documentado modificaciones importantes en el río. Entre las observaciones registradas se encontraban la formación y desaparición de pozas, caída de árboles, cambios en la profundidad del cauce y otras transformaciones observadas tanto aguas arriba como aguas abajo de sectores donde históricamente se desarrollan actividades de extracción de materiales.

En esa misma oportunidad también se planteó la necesidad de estudiar con mayor profundidad situaciones percibidas por la comunidad, como la disminución del caudal en algunos sectores, procesos de erosión, pérdida de vegetación ribereña y cambios en especies asociadas al ecosistema del río.

Asimismo, se hizo referencia a la existencia de diversos expedientes relacionados con concesiones para extracción de material en el sector, según la información disponible en el Catastro Minero nacional, así como a la necesidad de valorar los riesgos asociados a procesos de desbordamiento y erosión que afectaban a familias de la comunidad.

Aquella recuperación de información no buscaba establecer conclusiones definitivas, sino poner en común un conjunto de observaciones acumuladas durante años y solicitar que fueran analizadas mediante estudios técnicos e investigaciones institucionales.

Las alertas continúan

Durante 2026 la comunidad volvió a expresar su preocupación tras observar nuevos cambios en distintos sectores del río. Luego de varios episodios de lluvia, personas vecinas señalaron que la disminución del caudal permitió apreciar con mayor claridad procesos que, desde su perspectiva, requerían una evaluación especializada.

Las observaciones comunitarias hicieron énfasis en posibles cambios del lecho del río, procesos de erosión y alteraciones que consideraban necesario investigar mediante inspecciones independientes. También insistieron en la importancia de fortalecer los mecanismos de fiscalización y garantizar transparencia en el seguimiento institucional.

Como ha ocurrido desde hace varios años, la comunidad reiteró que corresponde a las autoridades competentes determinar, mediante procedimientos técnicos y administrativos, las causas de las transformaciones observadas y definir las medidas que resulten necesarias para la protección del río.

Los informes técnicos dialogan con la memoria comunitaria

Recientemente, un informe elaborado por el gobierno local (Municipalidad Upala, 2026) incorporó nuevas observaciones derivadas de una inspección realizada en el sitio.

El documento registra, entre otros aspectos, procesos de socavamiento en algunos sectores del río, incorpora registros fotográficos y consigna diversas observaciones técnicas y administrativas realizadas durante el recorrido.

Más que constituir un punto de partida, este informe se suma a un proceso de seguimiento construido durante años por la comunidad.

Su principal valor radica en que aporta nuevos elementos para comprender un proceso que las personas vecinas habían venido documentando mucho antes de la elaboración del informe.

La vigilancia comunitaria también produce conocimiento

Uno de los aprendizajes más importantes que deja la experiencia del río Pizote es que las comunidades producen información ambiental de enorme valor público.

  • -Cada fotografía tomada durante años.
  • -Cada recorrido por las orillas del río.
  • -Cada conversación entre generaciones.
  • -Cada solicitud de inspección.
  • -Cada registro conservado.

Todo ello constituye un patrimonio de conocimiento que complementa el trabajo científico e institucional.

La vigilancia comunitaria no reemplaza las competencias de las autoridades ni los estudios especializados. Los fortalece. Permite identificar señales tempranas, orientar investigaciones y construir una comprensión más amplia de los procesos que experimentan los territorios.

También representa una forma concreta de cuidado. Porque cuidar un río no significa únicamente reaccionar cuando aparece un problema evidente. Significa observarlo de manera permanente, conservar su memoria, compartir información y mantener vivo el vínculo entre las personas y el territorio.

Cuidar la memoria para cuidar los bienes comunes

La historia del río Pizote deja una enseñanza que trasciende a Birmania. Los bienes comunes se protegen cuando las comunidades participan activamente en su cuidado. Cuando registran los cambios del paisaje. Cuando dialogan con las instituciones. Cuando recuperan la memoria de quienes han vivido toda una vida junto al río. Cuando las nuevas generaciones aprenden que la defensa del territorio comienza por conocerlo.

En esa historia, el trabajo de David Menjívar ocupa un lugar fundamental. Su constancia demuestra que la defensa de un río no siempre ocurre en los grandes titulares. Muchas veces se construye caminando una y otra vez sus orillas, guardando fotografías durante años, conversando con vecinos, acompañando inspecciones y sosteniendo la convicción de que la memoria también puede convertirse en una forma de protección.

En tiempos de crisis climática y de crecientes presiones sobre los ecosistemas, esa experiencia recuerda que las comunidades no solo son testigos de las transformaciones ambientales. Son también productoras de conocimiento, guardianas de la memoria territorial y protagonistas indispensables en la construcción de una gestión ambiental más democrática.

Porque los ríos no se cuidan únicamente desde los expedientes o los informes técnicos. También se cuidan desde la mirada atenta de quienes nunca dejan de caminar junto a ellos.

Referencia:

CRM Costa Rica Multimedia TV. (2021, 5 de marzo). Vecinos y vecinas de la comunidad de Birmania de Upala han venido planteando la necesidad de evaluar a profundidad los impactos ambientales que ha sufrido el río Pizote

Municipalidad de Upala. (2026). Informe MU-MA-INF-001-2026. Informe de inspección ambiental sobre el río Pizote. Gestión Ambiental, Municipalidad de Upala.

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El hidrógeno verde y las preguntas que casi nadie está haciendo

Durante los últimos años, el hidrógeno verde ha comenzado a ocupar un lugar privilegiado en los discursos sobre la transición energética. Gobiernos, organismos internacionales y empresas lo presentan como una de las principales soluciones para enfrentar la crisis climática y avanzar hacia economías descarbonizadas.

Pero ¿qué ocurre cuando una promesa tecnológica se convierte en una estrategia geopolítica? ¿Quiénes se benefician de esta nueva economía energética? ¿Qué territorios deberán asumir sus costos ambientales y sociales?

Estas son algunas de las preguntas que plantea el dossier «Hidrógeno verde: ¿transición o colonialismo? Apuntes para el debate en Argentina, Uruguay y Chile», una publicación coordinada por Florencia Puente y editada por la Fundación Rosa Luxemburgo, que reúne investigaciones de especialistas de América Latina y el Caribe para analizar críticamente el auge del hidrógeno verde en la región.

Lejos de ofrecer respuestas definitivas, el documento invita a revisar críticamente la narrativa dominante que presenta al hidrógeno verde como una solución incuestionable frente al cambio climático. Sus autores proponen analizar la transición energética desde una perspectiva política, preguntándose quién define sus prioridades, quién controla la infraestructura, quién financia los proyectos y quién asume los impactos territoriales.

La transición también puede reproducir desigualdades

Uno de los principales aportes del dossier consiste en mostrar que la discusión no gira únicamente alrededor de una nueva fuente energética. El problema central es el modelo de transición que se está construyendo.

Mientras los países del Norte Global incrementan su demanda de minerales, agua y energía para sostener sus procesos de descarbonización, numerosos países latinoamericanos y caribeños reforman sus políticas públicas para atraer inversiones destinadas a producir hidrógeno verde de exportación. El riesgo, advierten los autores, es que la transición energética reproduzca viejas relaciones de dependencia, donde el Sur Global continúa aportando territorios, bienes comunes y recursos estratégicos para sostener el consumo de las economías industrializadas.

Desde esta perspectiva, el hidrógeno verde deja de ser únicamente una innovación tecnológica para convertirse en una discusión sobre soberanía energética, justicia ambiental y democracia.

Más preguntas que certezas

El documento también cuestiona algunos de los supuestos que acompañan el entusiasmo alrededor del hidrógeno verde.

Recuerda que el hidrógeno no es una fuente de energía, sino un vector energético: producirlo requiere grandes cantidades de electricidad, agua e infraestructura especializada. Además, buena parte de los escenarios internacionales proyectan que el crecimiento del hidrógeno no sustituirá completamente a los combustibles fósiles, sino que podría sumarse a ellos, ampliando la demanda energética global.

Los autores también advierten sobre la creciente utilización del concepto de «hidrógeno de bajas emisiones», una categoría que puede facilitar la continuidad del uso de gas fósil mediante tecnologías de captura de carbono, ampliando el margen para el greenwashing y retrasando transformaciones más profundas del modelo energético.

Un debate necesario para Costa Rica

Aunque el dossier se concentra en Argentina, Uruguay y Chile, muchas de las preguntas que plantea resultan especialmente pertinentes para Costa Rica.

El país también impulsa estrategias para desarrollar una economía del hidrógeno verde y promover inversiones vinculadas a este sector. En ese contexto, resulta indispensable ampliar el debate público más allá del optimismo tecnológico.

-¿Cómo se distribuirán los beneficios y los impactos?

-¿Qué implicaciones tendrá sobre el uso del agua, el territorio y la infraestructura energética?

-¿Responderá esta estrategia a las necesidades del país o principalmente a la demanda energética internacional?

Abrir estas discusiones no significa rechazar la innovación, sino fortalecer una transición energética verdaderamente democrática, donde la justicia social, la protección de los bienes comunes y la participación de las comunidades ocupen un lugar central.

Descargar el dossier

Desde el Observatorio de Bienes Comunes consideramos que este documento constituye un valioso insumo para comprender los debates que atraviesan la transición energética en América Latina.

Más que ofrecer respuestas cerradas, invita a formular las preguntas que muchas veces quedan fuera del discurso oficial y a pensar si la descarbonización puede construirse sin reproducir nuevas formas de extractivismo y dependencia.

Puede descargar el dossier completo al final de esta publicación y contribuir al debate sobre el futuro energético de nuestra región.

Pueden descargar la infografía aquí.

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«Dejarlos ser»: cuando proteger a los felinos también fortalece a una comunidad

¿Qué ocurre cuando una comunidad decide que la presencia de un jaguar, un puma o un ocelote no es un problema que debe eliminarse, sino una oportunidad para aprender a convivir con la naturaleza?

Esa es una de las preguntas que atraviesa esta conversación con Rebeca Muñoz y Heriberto Mena, integrantes de Felinos en Libertad, una organización comunitaria de Piedades Sur de San Ramón que nació a partir de una preocupación compartida: los encuentros entre personas, animales domésticos y fauna silvestre.

Lejos de responder con el miedo o la persecución de los felinos, la comunidad decidió organizarse. El resultado ha sido un proceso que hoy combina educación ambiental, trabajo con escuelas y colegios, monitoreo mediante cámaras trampa, articulación con instituciones y la construcción de una propuesta comunitaria para proteger los corredores biológicos de la zona.

En esta entrevista podrá escuchar:
  • -Cómo nació Felinos en Libertad a partir de una preocupación comunitaria que se transformó en una propuesta de conservación y educación ambiental.
  • -Por qué la protección de los felinos también implica proteger los bosques, las especies que conviven con ellos y los corredores biológicos.
  • -Qué especies de felinos habitan en la zona, incluyendo registros de jaguar, puma, ocelote y yaguarundí obtenidos mediante cámaras trampa.
  • -Por qué un festival comunitario puede convertirse en una herramienta de educación, sensibilización y construcción de vínculos entre la comunidad y la naturaleza.
  • -Los aprendizajes organizativos que ha dejado el proceso: alianzas, comités de trabajo, planificación y fortalecimiento de la organización comunitaria.
  • -Qué hacer si alguna vez se encuentra con un felino silvestre, y por qué el conocimiento puede ser más útil que el miedo para favorecer la convivencia.

Durante la entrevista, las personas participantes explican que en este territorio se ha registrado la presencia de cuatro especies de felinos silvestres: jaguar, puma, ocelote y yaguarundí. Más que una curiosidad biológica, este hallazgo recuerda la importancia de conservar los bosques y las rutas que permiten el desplazamiento de estas especies a través del paisaje.

Miramos también, en torno al Festival de Felinos, una actividad que trasciende el carácter recreativo para convertirse en un espacio de educación y encuentro comunitario. Como explica Rebeca Muñoz, el principal objetivo no es únicamente celebrar, sino generar conciencia sobre la protección de la vida silvestre y compartir aprendizajes sobre cómo convivir con ella.

La conversación también permite conocer cómo ha evolucionado la organización durante el último año. La conformación de comités, el establecimiento de alianzas y la construcción de una planificación a corto, mediano y largo plazo muestran que la conservación también requiere organización comunitaria, capacidad de gestión y trabajo colectivo.

Hacia el cierre, surge una pregunta sencilla pero fundamental: ¿qué hacer si una persona se encuentra con un felino? La respuesta de las personas entrevistadas rompe con muchos imaginarios construidos alrededor de estos animales. La recomendación es mantener la calma, no agredirlos y comprender que, en la mayoría de los casos, ellos también buscan evitar el contacto con las personas. Aprender a «dejarlos ser» aparece como una forma de convivencia basada en el respeto y el conocimiento, más que en el temor.

Esta conversación forma parte de Sentires y Saberes, un espacio del Observatorio Bienes Comunes para escuchar las experiencias, reflexiones y aprendizajes que nacen desde los territorios.

Le invitamos a escuchar la entrevista completa y conocer cómo una comunidad ha convertido la conservación de los felinos en una oportunidad para fortalecer la organización local, la educación ambiental y el cuidado compartido del territorio.

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Entre el salmón y las mayorías populares ¿Puede una universidad distinta brindar como las élites?

La polémica por los gastos protocolarios de la Rectoría no se reduce a una discusión sobre facturas o cenas. Obliga a volver sobre una pregunta más profunda: ¿qué tipo de universidad expresa hoy la Universidad de Costa Rica? La reflexión de Ignacio Ellacuría ofrece un punto de partida para comprender que el verdadero debate no es administrativo, sino político y ético.

Más que una factura, una idea de universidad

La investigación publicada recientemente sobre los gastos protocolarios de la Rectoría de la Universidad de Costa Rica documentó más de cuarenta millones de colones destinados a alimentación, actividades de representación y encuentros con delegaciones nacionales e internacionales. Entre las facturas divulgadas aparecen cenas en restaurantes de alta cocina, consumo de vino y menús que incluyeron platillos como salmón, pulpo o corvina. La Rectoría respondió que estos gastos corresponden a actividades propias de la diplomacia universitaria y que permitieron atender a representantes de gobiernos, organismos de cooperación y centros internacionales de investigación vinculados con proyectos estratégicos para la institución.

La noticia provocó reacciones inmediatas. Para algunos, el problema radica en el monto de los recursos utilizados; para otros, en la legitimidad de financiar este tipo de encuentros con fondos públicos. Sin embargo, detener la discusión en la legalidad del gasto o en el precio de una cena supone dejar intacta la cuestión más importante.

Toda institución pública comunica una determinada concepción de sí misma mediante el uso de sus recursos. Las formas de representación nunca son neutras: expresan una cultura institucional, una escala de prioridades y una determinada comprensión del poder. En ese sentido, la controversia abierta por estas revelaciones constituye una oportunidad para volver sobre una pregunta formulada hace más de cuatro décadas por Ignacio Ellacuría: ¿puede existir una universidad distinta?

Lejos de ser una reflexión circunscrita al contexto salvadoreño de finales del siglo XX, el ensayo de Ellacuría sigue ofreciendo un criterio exigente para evaluar el sentido de las universidades públicas latinoamericanas. Su propuesta no parte de indicadores de excelencia académica ni de rankings internacionales. Parte de una interrogante más radical: ¿desde dónde piensa, actúa y se representa una universidad?

Primera tesis: el horizonte de la universidad son las mayorías populares

El primer desplazamiento que propone Ellacuría consiste en modificar el punto desde el cual se evalúa la institución universitaria. Una universidad no encuentra su legitimidad en el prestigio de sus alianzas, en la sofisticación de sus instalaciones o en la acumulación de reconocimientos internacionales. Su legitimidad depende de la relación que establece con la realidad histórica y, particularmente, con las grandes mayorías que experimentan las consecuencias de la desigualdad.

Esta afirmación altera profundamente la manera de comprender la gestión universitaria. Si las mayorías populares constituyen el horizonte ético de la institución, entonces todas sus decisiones —incluidas aquellas relacionadas con la representación protocolaria— deben poder justificarse desde ese criterio.

La Rectoría sostiene que las cenas protocolarias permitieron fortalecer vínculos con delegaciones que impulsan proyectos de cooperación científica y tecnológica. Esa explicación puede ser razonable. Sin embargo, la pregunta de Ellacuría permanece abierta: ¿de qué manera esas prácticas representan a una universidad cuya existencia se justifica por su compromiso con la sociedad costarricense en su conjunto y, especialmente, con quienes enfrentan mayores condiciones de exclusión? El problema no es la cooperación internacional; el problema es desde qué horizonte simbólico y político se ejerce esa cooperación.

Segunda tesis: la universidad también educa mediante sus símbolos

Una de las intuiciones más sugerentes del ensayo consiste en comprender que la universidad no transmite únicamente conocimientos. También produce cultura. Sus edificios, sus ceremonias, sus prioridades presupuestarias y sus formas de ejercer la autoridad enseñan tanto como las aulas.

Por eso Ellacuría advierte que incluso la utilización de los recursos materiales puede proyectar una imagen de distancia respecto de la población a la que la universidad afirma servir. Una institución puede proclamar su compromiso con la transformación social y, al mismo tiempo, construir símbolos que la aproximan culturalmente a los sectores privilegiados.

Leída desde esta perspectiva, la discusión sobre restaurantes, vino o cenas deja de ser anecdótica. No porque el menú constituya en sí mismo una falta ética, sino porque expresa una determinada forma de entender la representación institucional. La pregunta ya no es si una universidad puede recibir dignamente a una delegación extranjera; la pregunta es qué lenguaje simbólico decide utilizar para hacerlo y qué imagen proyecta de sí misma mediante esas decisiones.

Tercera tesis: la universidad no debe adaptarse a las lógicas del poder

Ellacuría sostenía que la universidad debía mantener una actitud beligerante frente a las estructuras de injusticia. La beligerancia no significaba agresividad ni confrontación permanente, sino la negativa a naturalizar las racionalidades dominantes cuando estas reproducen desigualdad o exclusión.

Esta idea adquiere especial relevancia en el contexto actual. La cooperación internacional constituye una dimensión imprescindible de la vida universitaria contemporánea. Pero existe una diferencia sustancial entre construir alianzas estratégicas y adoptar sin cuestionamiento los códigos culturales mediante los cuales las élites económicas, diplomáticas y políticas representan tradicionalmente el poder.

La diplomacia universitaria no tendría por qué reproducir exactamente las formas de la diplomacia estatal o empresarial. Una universidad pública posee la posibilidad —y quizá también la responsabilidad— de imaginar otras maneras de construir hospitalidad, reconocimiento y cooperación que resulten coherentes con el proyecto democrático y emancipador que dice encarnar.

Cuarta tesis: la coherencia institucional también es una forma de conocimiento

Ellacuría insistía en que la misión universitaria no podía agotarse en el discurso. La universidad debía objetivar sus principios en prácticas concretas, porque solo así el conocimiento adquiría fuerza histórica. Una institución incapaz de traducir sus valores en formas de organización, decisiones presupuestarias y estilos de gobierno terminaba debilitando la credibilidad de su propio proyecto.

La controversia abierta por la investigación periodística debería comprenderse precisamente desde esa perspectiva. No se trata de establecer un juicio moral sobre determinadas autoridades ni de reducir la discusión a una factura específica. Se trata de reconocer que las prácticas institucionales nunca son secundarias. La forma en que una universidad administra recursos públicos, recibe a sus invitados y representa su autoridad forma parte del proceso educativo que ofrece a la sociedad.

La vigencia de una pregunta incómoda

Quizá el mayor aporte de Ignacio Ellacuría consista en recordarnos que la pregunta por la universidad nunca puede resolverse definitivamente. Cada generación debe volver a examinar si las prácticas institucionales permanecen coherentes con la misión que la universidad dice asumir.

La polémica sobre los gastos protocolarios de la Universidad de Costa Rica no obliga únicamente a revisar reglamentos administrativos. Obliga a preguntarse si la cultura institucional que hoy se construye mantiene como referencia a las grandes mayorías populares o si, de manera casi imperceptible, ha comenzado a adoptar las formas de representación propias de aquellos espacios de poder que históricamente las universidades públicas estaban llamadas a interpelar críticamente.

Por eso el debate no termina cuando se explica una factura ni cuando se demuestra la legalidad de un gasto. Comienza precisamente ahí. Porque la pregunta formulada por Ellacuría sigue esperando una respuesta que no puede encontrarse en un informe financiero, sino en la coherencia cotidiana entre el proyecto universitario y las prácticas mediante las cuales ese proyecto se hace visible.

¿Puede existir una universidad distinta? Más de cuarenta años después, la respuesta continúa escribiéndose en cada decisión institucional.

Antes de discutir una factura o un protocolo, quizá convenga recuperar una pregunta más profunda. En ¿Puede una universidad distinta?, Ignacio Ellacuría nos invita a pensar si las universidades públicas representan verdaderamente a las mayorías populares o si terminan reproduciendo las lógicas del poder que dicen cuestionar. Una lectura que hoy resulta más vigente que nunca.

Pueden descargarlo aquí.

Referencia:

Vargas Calvo, Andrés. (2026). Rectoría de la UCR destinó más de ¢40 millones a alimentación, vino y actividades protocolarias. Diario Extra.

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Más que un festival: cuando una comunidad se encuentra para construir su futuro

La mañana de este domingo 5 de julio, la cancha de Piedades Sur de San Ramón volvió a llenarse de familias, emprendimientos, organizaciones y personas comprometidas con su territorio. Era la segunda edición del Festival del Felino, una iniciativa impulsada por Felinos en Libertad que, más allá de celebrar la riqueza de la fauna silvestre, volvió a demostrar el enorme potencial que tienen los espacios de encuentro para fortalecer la organización comunitaria.

A primera vista, un festival puede parecer simplemente una actividad recreativa. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento, revela algo mucho más profundo: detrás de cada puesto, cada conversación, cada presentación artística y cada actividad existe un proceso sostenido de organización, confianza, aprendizaje y trabajo colectivo que difícilmente sería visible sin un momento como este.

Los festivales no solo muestran lo que una comunidad hace. También permiten reconocer quiénes la conforman, qué capacidades ha desarrollado, qué alianzas ha construido y cuáles son los desafíos que todavía tiene por delante.

Un segundo festival también cuenta una historia

Realizar una segunda edición tiene un significado especial. No se trata únicamente de repetir una actividad que salió bien. Significa que un grupo de personas decidió sostener un proceso, darle continuidad a un esfuerzo colectivo y seguir creyendo que vale la pena encontrarse.

Los procesos comunitarios suelen medirse por los proyectos ejecutados, los recursos obtenidos o las metas alcanzadas. Sin embargo, también existen otros indicadores menos visibles, pero igual de importantes: la confianza construida entre vecinos y vecinas, la capacidad para organizarse, la aparición de nuevos liderazgos, el fortalecimiento de los emprendimientos locales o la articulación con otras organizaciones e instituciones.

En este sentido, el festival se convierte en una especie de pausa colectiva. Es el momento en que una comunidad puede mirar el camino recorrido, compartir lo que ha aprendido, reconocer el trabajo realizado durante el último año y renovar el compromiso con aquello que todavía falta por construir.

Cada nueva edición no solo celebra un aniversario. También narra la historia de una organización que ha logrado mantenerse viva gracias al compromiso de quienes continúan creyendo en la fuerza del trabajo colectivo.

El encuentro como una forma de construir comunidad

Vivimos en una época donde muchas veces compartimos un mismo territorio sin conocernos realmente. Habitamos los mismos barrios, transitamos las mismas calles y utilizamos los mismos espacios públicos, pero pocas veces encontramos oportunidades para conversar, reconocer a quienes viven cerca o imaginar proyectos comunes.

Por eso los espacios de encuentro tienen un enorme valor político y comunitario. Una cancha puede ser, durante la mayor parte del año, un lugar de paso o un espacio reservado para determinadas actividades. Sin embargo, un festival transforma temporalmente ese lugar y le otorga nuevos significados.

De pronto, ese espacio deja de ser únicamente un sitio de tránsito para convertirse en un lugar donde las personas permanecen. Donde niñas y niños juegan, las familias conversan, los emprendimientos locales muestran su trabajo, las organizaciones comparten sus iniciativas y quienes apenas se conocían tienen la oportunidad de intercambiar una palabra, descubrir intereses comunes o comenzar una nueva colaboración.

Es precisamente allí donde ocurre una de las transformaciones más importantes: el espacio físico también se convierte en un espacio de convivencia. Cuando las personas vuelven a habitar colectivamente los lugares públicos, esos espacios dejan de pertenecer únicamente a su infraestructura para convertirse en escenarios donde se fortalecen la confianza, el reconocimiento mutuo y el sentido de pertenencia.

En tiempos donde el aislamiento y la fragmentación social parecen ganar terreno, encontrarse también constituye una forma de cuidar los bienes comunes.

El festival como metodología para construir comunidad

Quizá uno de los mayores aportes de experiencias como esta consiste en recordarnos que un festival no es únicamente una celebración. También puede convertirse en una metodología de trabajo comunitario.

Con frecuencia asociamos la organización con reuniones, diagnósticos, planes de trabajo o largas jornadas de discusión. Todos estos espacios son importantes. Sin embargo, las comunidades también necesitan momentos para celebrar, compartir y disfrutar juntas.

La celebración no representa una pausa del trabajo comunitario; forma parte de él.

Celebrar permite reconocer el esfuerzo colectivo, agradecer a quienes han sostenido los procesos, fortalecer los vínculos entre personas y renovar las energías necesarias para continuar caminando. El disfrute también construye comunidad porque genera confianza, afecto y sentido de pertenencia.

Al mismo tiempo, un festival crea condiciones que difícilmente aparecen en otros espacios. Personas que nunca asistirían a una reunión comunitaria sí participan de una actividad cultural. Familias enteras se acercan, conversan con organizaciones locales, conocen emprendimientos, descubren iniciativas ambientales y comienzan a sentirse parte de un proyecto compartido.

En ese sentido, el festival deja de ser únicamente un evento para convertirse en una metodología que promueve el encuentro, el aprendizaje, la articulación y la participación.

Tal vez una de las preguntas más sugerentes que deja esta experiencia sea precisamente esa: ¿qué pasaría si más comunidades se atrevieran a pensar los festivales como una herramienta para fortalecer el tejido social?

No se trata únicamente de organizar una actividad anual. Se trata de crear espacios donde la comunidad pueda reconocerse, poner en común sus saberes, visibilizar sus capacidades, imaginar nuevas posibilidades y celebrar aquello que ha construido colectivamente.

Un territorio que sigue caminando

Más allá de la programación del día, esta segunda edición dejó una enseñanza importante: las transformaciones comunitarias no ocurren de un momento a otro.

Son el resultado de personas que deciden sostener el esfuerzo, aprender de la experiencia, fortalecer alianzas y seguir construyendo, paso a paso, un proyecto común.

Desde el Observatorio de Bienes Comunes reconocemos el valor de estas iniciativas porque nos recuerdan que los bienes comunes no solo se defienden mediante normas o políticas públicas. También se fortalecen cuando una comunidad crea espacios para encontrarse, dialogar, celebrar y asumir colectivamente el desafío de cuidar el territorio que comparte.

Quizá por eso el mayor legado de este segundo Festival de Felinos no sea únicamente haber convocado a decenas de personas durante un domingo. Su mayor aporte consiste en recordarnos que las comunidades también se construyen desde la alegría, el encuentro y la decisión compartida de seguir imaginando un futuro común.

¿Qué es Felinos en Libertad?

Felinos en Libertad es una organización comunitaria nacida en Piedades Sur de San Ramón a partir de una preocupación compartida por la convivencia entre las personas y la vida silvestre.

Lo que comenzó como la inquietud de un grupo de vecinas y vecinos ante la presencia de grandes felinos en la zona fue transformándose en una propuesta más amplia, centrada en la conservación de la biodiversidad, la educación ambiental y el fortalecimiento de la organización comunitaria. El reconocimiento de especies como el jaguar, el puma, el ocelote y el yaguarundí en los corredores biológicos que atraviesan el territorio reforzó la importancia de proteger estos ecosistemas y promover formas de convivencia respetuosas con la fauna silvestre.

Con el paso del tiempo, la organización ha consolidado un proceso de trabajo que involucra actividades educativas en escuelas y colegios, acciones de sensibilización ambiental, articulación con instituciones públicas, universidades, emprendimientos locales y otras organizaciones comunitarias. Al mismo tiempo, ha fortalecido su estructura interna mediante la creación de comités y una planificación orientada a sostener el trabajo a corto, mediano y largo plazo.

Más allá de la protección de los felinos, Felinos en Libertad representa una experiencia de organización comunitaria que demuestra cómo el cuidado de la naturaleza puede convertirse en un punto de encuentro para fortalecer los vínculos sociales, impulsar la participación y construir un proyecto compartido de territorio.

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Parmenio Medina y una pregunta que sigue vigente: ¿para quién sirve la comunicación pública?

A 25 años de la última entrevista de Parmenio Medina: una pregunta que la democracia aún no responde

Hace veinticinco años, pocos días antes de ser asesinado, el periodista Parmenio Medina concedió la que sería su última entrevista televisiva. Más que una conversación sobre su situación personal, fue una profunda reflexión sobre el papel de la comunicación en una sociedad democrática.

En un momento en que enfrentaba la censura de su programa radial y denunciaba presiones por sus investigaciones periodísticas, Parmenio defendió una idea que hoy conserva toda su vigencia: el periodismo no existe para repetir lo que dice el poder, sino para investigar, contrastar y poner al servicio de la ciudadanía información que permita comprender la realidad.

Aquella entrevista no solo dejó el testimonio de un periodista comprometido con la verdad. También planteó una pregunta que continúa interpelando a Costa Rica: ¿para quién sirve la comunicación pública?

Veinticinco años después, el contexto tecnológico ha cambiado profundamente. La radio y la televisión ya no son los únicos espacios donde se disputa la opinión pública. Las redes sociales, las plataformas digitales y las estrategias de comunicación institucional ocupan hoy un lugar central en la construcción del debate público. Sin embargo, el desafío democrático sigue siendo el mismo: garantizar que la comunicación fortalezca el derecho de la ciudadanía a estar informada y no se convierta en una herramienta para administrar la percepción del poder.

Esta reflexión cobra especial relevancia en momentos en que el país discute el fortalecimiento presupuestario de la comunicación gubernamental y las prioridades del gasto público. Más allá de la coyuntura, la pregunta que planteaba Parmenio continúa abierta: ¿la comunicación financiada con recursos públicos está orientada a ampliar el derecho ciudadano a la información o a consolidar el relato de quienes gobiernan?

Recordar a Parmenio Medina no significa únicamente honrar la memoria de un periodista asesinado por ejercer su oficio. Significa recuperar una discusión imprescindible para la democracia costarricense: la comunicación no es un fin en sí mismo. Es un bien público que debe contribuir a la transparencia, la rendición de cuentas, el pluralismo y la deliberación democrática.

A un cuarto de siglo de aquella última entrevista, el mejor homenaje a Parmenio quizá no sea mirar únicamente hacia el pasado, sino volver a formular las preguntas que él consideraba esenciales. Porque la calidad de una democracia también se mide por la calidad de la información con la que sus ciudadanos comprenden el presente y deciden su futuro.

Un debate que sigue abierto

El contexto ha cambiado profundamente desde 2001. Hoy la comunicación gubernamental no depende únicamente de conferencias de prensa o espacios en radio y televisión; también se despliega en redes sociales, plataformas digitales y sofisticadas estrategias audiovisuales. Sin embargo, la pregunta de fondo permanece intacta. La reciente decisión de aumentar el presupuesto destinado a la comunicación de Casa Presidencial ofrece una oportunidad para volver a discutir qué espera una democracia de la comunicación pública y cuáles son los límites entre informar a la ciudadanía y construir una narrativa política.

La reciente aprobación de un aumento de ¢70 millones para el Programa de Información y Comunicación de Casa Presidencial reabre una discusión que trasciende cualquier gobierno: ¿cuál debe ser el papel de la comunicación pública en una democracia? Veinticinco años después de su asesinato, el legado de Parmenio Medina ofrece claves para pensar esa pregunta.

Hace veinticinco años, en la última entrevista que concedió antes de ser asesinado, el periodista Parmenio Medina dejó una reflexión que conserva una enorme vigencia. Para él, el debate sobre la comunicación nunca fue únicamente un asunto de libertad de expresión. Era, sobre todo, una discusión sobre democracia.

Durante aquella conversación defendió una idea sencilla pero profundamente exigente: el periodismo no puede limitarse a reproducir versiones oficiales. Su responsabilidad consiste en investigar, contrastar, profundizar y cuestionar el poder, porque una ciudadanía solo puede tomar decisiones libres cuando dispone de información rigurosa, plural e independiente.

En ese mismo diálogo se planteó otra reflexión que hoy merece volver al centro del debate. Se recordó que las frecuencias de radio y televisión son bienes públicos y que, precisamente por ello, la comunicación conlleva responsabilidades éticas que trascienden los intereses comerciales y políticos. Los medios no solo transmiten información: contribuyen a construir la manera en que una sociedad comprende la verdad, identifica los problemas públicos y delibera sobre su futuro.

Una discusión que vuelve al presente

La reciente aprobación, en la Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa, de un aumento de ¢70 millones para el Programa de Información y Comunicación de Casa Presidencial ha abierto un debate sobre las prioridades del gasto público en un contexto donde el propio Gobierno ha insistido en la necesidad de la austeridad y ha planteado la posibilidad de un ajuste fiscal.

Más allá de las posiciones políticas sobre esa decisión, el episodio invita a formular una pregunta más profunda: ¿qué modelo de comunicación pública queremos fortalecer?

Toda democracia necesita que el Estado comunique. Informar sobre políticas públicas, explicar decisiones, facilitar el acceso a los servicios y rendir cuentas forma parte de sus obligaciones. La comunicación institucional es una función legítima y necesaria. Sin embargo, la legitimidad de esa comunicación no depende únicamente de los recursos que recibe, sino del propósito que persigue.

Informar no es lo mismo que construir una narrativa

Existe una diferencia fundamental entre comunicar para garantizar el derecho ciudadano a la información y comunicar para fortalecer la posición política de quienes gobiernan. La comunicación orientada al interés público busca ampliar la capacidad de la ciudadanía para comprender la realidad. Explica decisiones, ofrece datos verificables, transparenta procesos, reconoce errores cuando existen y facilita que las personas construyan su propio criterio.

La comunicación orientada principalmente al ejercicio del poder persigue un objetivo distinto: administrar la percepción pública. Prioriza determinados temas, enfatiza los logros, reduce la visibilidad de los conflictos y procura consolidar un relato favorable para quienes ejercen el gobierno.

La diferencia puede parecer sutil, pero tiene profundas implicaciones democráticas.

Cuando la comunicación pública deja de fortalecer el derecho ciudadano a la información y comienza a privilegiar la gestión de la imagen política, la deliberación democrática se empobrece. La ciudadanía recibe más mensajes, pero no necesariamente dispone de mejores herramientas para comprender la realidad, evaluar las políticas públicas o exigir rendición de cuentas.

El legado de Parmenio

En la apertura de aquella última entrevista, Parmenio advertía que los medios de comunicación tenían la capacidad de influir en la manera en que las personas distinguen entre lo justo y lo injusto, entre la verdad y la mentira. Esa afirmación resulta aún más pertinente en una época donde la comunicación gubernamental se despliega no solo en radio y televisión, sino también en redes sociales, plataformas digitales y estrategias permanentes de producción audiovisual.

Su legado no consiste únicamente en haber denunciado hechos de corrupción o en haber defendido la libertad de prensa. También radica en haber comprendido que la calidad de una democracia depende, en buena medida, de la calidad de la información que reciben sus ciudadanos.

Por eso, cuando un Estado decide fortalecer su aparato de comunicación, la discusión no debería limitarse al monto de los recursos asignados.

Las preguntas verdaderamente relevantes son otras:

  • -¿La inversión fortalecerá el derecho de la ciudadanía a recibir información útil, verificable y oportuna?
  • -¿Contribuirá a mejorar la transparencia y la rendición de cuentas?
  • -¿Facilitará el acceso a información pública o incrementará la capacidad del gobierno para posicionar su propio relato?
  • -¿Qué mecanismos existen para garantizar que la comunicación financiada con recursos públicos sirva al conjunto de la ciudadanía y no únicamente a quienes ejercen el poder?
Una pregunta para toda democracia

Recordar a Parmenio Medina no significa únicamente mantener viva la memoria de un periodista asesinado por ejercer su oficio. Significa recuperar una pregunta que sigue interpelando a cualquier sociedad democrática.

¿Está la comunicación pública al servicio del interés de la ciudadanía o de la consolidación del poder político?

La respuesta no depende de un gobierno en particular. Depende de la capacidad de las instituciones para garantizar transparencia, de la independencia del periodismo para fiscalizar al poder y del compromiso ciudadano con el derecho a una información plural, crítica y verificable.

Porque una democracia sólida no se construye solamente con elecciones libres. También necesita una comunicación pública que informe antes que persuada, que rinda cuentas antes que promocione y que fortalezca la deliberación democrática antes que la propaganda.

Referencias:

Canal Trece Nuestro Canal – YouTube. (2001). La última entrevista de Parmenio Medina en TV (Canal 13)

CRHoy. (2026). Oficialismo avala aumento de ¢70 millones para prensa de Casa Presidencial.

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El vagón nunca estuvo dormido: la niñez que puso en movimiento las memorias de Finca 5

Las memorias comunitarias no solo se conservan. También se crean, se juegan y se imaginan. Como parte del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, compartimos dos publicaciones que nacen del encuentro entre la historia ferroviaria de la comunidad y la creatividad de las niñas y los niños de la Escuela de Finca 5.

Durante varios meses, el proyecto reunió a vecinos y vecinas, personas extrabajadoras del ferrocarril, organizaciones comunitarias, docentes y familias para recuperar las memorias vinculadas al puente ferroviario, el antiguo vagón y otros espacios significativos del territorio. Sin embargo, el recorrido planteó una pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando las nuevas generaciones también son invitadas a construir memoria?

La respuesta fue extraordinaria, cincuenta y una niñas y niños aceptaron la invitación de imaginar el vagón, preguntarse por su historia, inventar nuevos recorridos y dibujar los futuros que desean para su comunidad. El resultado demuestra que la memoria no pertenece únicamente a quienes vivieron determinados acontecimientos. También se fortalece cuando quienes heredan esos lugares los llenan de nuevas preguntas, colores, relatos y sueños.

Un libro construido desde la imaginación

El primer material, «Cuando la memoria se sube al tren. Dibujos, cuentos y sueños de las niñas y los niños de Finca 5», reúne las obras realizadas por el estudiantado. Más que una recopilación de dibujos, el libro propone un recorrido por distintas «estaciones» donde aparecen preguntas que atraviesan toda comunidad:

  • -¿Por qué el vagón permanece allí?
  • -¿De dónde vino?
  • -¿Hacia dónde va?
  • -¿Qué historias guarda el puente?
  • -¿Qué futuros podemos imaginar para este territorio?

Las respuestas no buscan ofrecer una explicación histórica única. Al contrario, muestran que la imaginación también es una forma de construir memoria. En estas páginas aparecen lluvias de colores, vagones que llegan desde otros mundos, puentes convertidos en espacios de encuentro y trenes que continúan recorriendo caminos que solo existen en la creatividad de la niñez.

Un libro para que el viaje continúe

Junto al libro de dibujos presentamos también el Libro de actividades «Cuando la memoria se sube al tren», pensado para que otras niñas, niños, familias, docentes y comunidades continúen este recorrido.

El material propone actividades sencillas que invitan a conversar con personas mayores, recuperar historias familiares, reconocer los saberes presentes en la comunidad, imaginar cómo será Finca 5 dentro de veinte años y reflexionar sobre aquello que vale la pena cuidar colectivamente.

De esta manera, la publicación deja de ser únicamente un producto editorial para convertirse en una herramienta de educación popular que busca fortalecer el diálogo entre generaciones y promover nuevas formas de apropiación del territorio.

La memoria también necesita nuevas generaciones

Uno de los principales aprendizajes de este proceso es que las memorias comunitarias permanecen vivas cuando logran involucrar a quienes apenas comienzan a construir su propia relación con el territorio.

Las niñas y los niños de Finca 5 nunca vieron pasar el tren. Sin embargo, crecen junto al puente, juegan cerca del vagón y escuchan las historias que circulan entre familias y vecinos. Desde esa experiencia cotidiana producen nuevas interpretaciones sobre la comunidad y ayudan a ampliar el significado de esos espacios. Como señala el propio libro, «el vagón nunca estuvo realmente dormido»; simplemente esperaba nuevas voces que continuaran contando su historia.

Una invitación a recorrer este camino

Ambas publicaciones forman parte del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, impulsado con el acompañamiento del proyecto de Acción Social EC-622 La Caja de Herramientas de la Universidad de Costa Rica. Su propósito es fortalecer los vínculos entre memoria, territorio, organización comunitaria y nuevas generaciones, entendiendo las memorias locales como herramientas para construir identidad, fortalecer la participación e imaginar futuros compartidos.
Invitamos a descargar ambos materiales, compartirlos y recorrer este viaje junto a las niñas y los niños de Finca 5. Porque los trenes necesitan rieles para avanzar, pero las comunidades siguen caminando gracias a las memorias, los afectos y los sueños que deciden construir en común.

Llévate este recorrido contigo

Aunque estos libros nacieron en Finca 5, las preguntas que proponen pueden recorrerse en cualquier territorio. Descárgalos gratuitamente y utilízalos para promover conversaciones sobre la memoria comunitaria, recuperar historias locales, fortalecer los vínculos entre generaciones e imaginar colectivamente los futuros que queremos construir.

Cuando la memoria se sube al tren. Dibujos, cuentos y sueños de las niñas y los niños de Finca 5

Este libro reúne 51 dibujos, historias y preguntas creadas por las niñas y los niños de la Escuela de Finca 5. A través de su imaginación, el antiguo vagón ferroviario vuelve a ponerse en movimiento y demuestra que la memoria también se construye desde la creatividad, el juego y las nuevas generaciones. Descárgalo y descubre cómo la niñez imagina el pasado y el futuro de su comunidad.

Pueden descargar aquí.

Cuando la memoria se sube al tren. Libro de actividades

Este libro invita a continuar el viaje. Encontrarás actividades, preguntas, juegos y ejercicios para conversar en familia, recuperar historias de la comunidad, reconocer saberes locales e imaginar los futuros que queremos construir juntos. Descárgalo, compártelo y súmate a este recorrido donde la memoria se dibuja, se juega y se vive colectivamente.

Pueden descargar aquí.

Más allá de Finca 5: una invitación a imaginar las memorias de cada comunidad

Aunque estos libros nacieron del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, las preguntas que los inspiran pueden recorrerse en cualquier comunidad.

En todos los territorios existen lugares que guardan historias: un parque, una escuela, un árbol, un río, una estación, una plaza o un edificio que forma parte de la vida cotidiana. Muchas veces pasamos junto a ellos sin detenernos a preguntarnos qué significan, quiénes los construyeron o qué recuerdos siguen habitándolos.

Estos materiales proponen una manera diferente de acercarse a esas memorias. En lugar de entender la memoria únicamente como la conservación de hechos del pasado, la presentan como un proceso vivo que se fortalece cuando nuevas generaciones hacen suyas esas historias, las cuestionan, las reinterpretan y las proyectan hacia el futuro.

En ese camino, el juego y la imaginación dejan de ser actividades secundarias para convertirse en herramientas fundamentales de construcción comunitaria. Cuando una niña inventa una historia para un viejo vagón, cuando un niño dibuja el futuro de su barrio o cuando una familia conversa sobre los recuerdos de su comunidad, no solo están creando. También están fortaleciendo el sentido de pertenencia, construyendo vínculos entre generaciones y ampliando las formas en que una comunidad comprende su propio territorio.

Imaginar no significa alejarse de la memoria. Significa reconocer que toda memoria permanece viva porque cada generación encuentra nuevas maneras de contarla, compartirla y recrearla.

Esperamos que estos libros inspiren a otras escuelas, organizaciones, bibliotecas, colectivos y comunidades a emprender sus propios recorridos. Porque allí donde existan personas dispuestas a escuchar, jugar, recordar e imaginar juntas, siempre habrá nuevos caminos para poner la memoria en movimiento.

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El espectáculo del poder: Cuando los gobiernos aprenden de Berlusconi

¿Quién fue Silvio Berlusconi (1936-2023)? fue un empresario y político italiano que construyó un imperio en los sectores de la televisión privada, la editorial y el fútbol, antes de saltar a la política en 1994 con su partido Forza Italia. Fue primer ministro en tres ocasiones (1994-1995, 2001-2006, 2008-2011), acumulando nueve años en el cargo, el mandatario más longevo de la Italia de posguerra. Su poder sin precedentes —basado en su fortuna, su control de los medios y su estilo populista y espectacular— lo convirtió en una figura controvertida y en el «padre del populismo moderno». Su legado también estuvo marcado por múltiples procesos judiciales y la acusación de haber usado el poder para proteger sus intereses personales.

¿Por qué un gobierno anuncia el color de los uniformes de los presos como si fuera un logro histórico? La respuesta puede estar en el manual de comunicación de Silvio Berlusconi.

Imaginemos por un momento la escena: un ministro de Justicia, una conferencia de prensa y el anuncio protagónico. Se presenta un uniforme, se detalla su confección a cargo de las propias personas privadas de libertad y se subraya que no tendrá costo para los contribuyentes. La medida, en sí misma, podría ser un protocolo administrativo menor dentro de un sistema penitenciario. Sin embargo, su presentación, su empaque mediático y su timing responden a una lógica que ya hemos visto antes y que hoy se ha convertido en la regla en diversos gobiernos de corte conservador y regresivo.

No se trata de juzgar la medida en sí, sino de analizar su función como acto de comunicación política. Estamos ante lo que los filósofos y analistas llaman «populismo mediático».

El legado de Berlusconi: El gobierno como espectáculo

En el periodo en que Silvio Berlusconi dominó la escena política italiana, el filósofo Umberto Eco, en su libro «A paso de cangrejo», y el politólogo Maurizio Viroli, en «The Liberty of Servants», diseccionaron la forma en que el magnate transformó la política de su país. No se trataba de una dictadura clásica, con censura y tanques en las calles. Era algo más sutil y, por tanto, más peligroso para la democracia.

Eco lo llamó «régimen de populismo mediático». Sus características, que hoy vemos replicadas en distintas latitudes, son:

  1. La política como «efecto bomba»: Se genera una noticia de gran impacto, diseñada para copar titulares y agendas mediáticas. El objetivo no es informar, sino desplazar cualquier otra conversación incómoda o compleja. ¿Hay un escándalo de corrupción? ¿Una crisis económica? Pues se anuncia el diseño de un uniforme para presos y, como explica Eco, la noticia «incómoda» queda relegada a las páginas interiores.
  2. La apelación directa al «pueblo» y el victimismo: El gobernante se presenta como el defensor de los ciudadanos «de a pie» frente a élites corruptas o sistemas ineficientes. Al mismo tiempo, se victimiza. «Me atacan porque estoy cambiando las cosas». Este mecanismo de «lobo y cordero» busca generar cohesión en su electorado.
  3. La carnavalización de la vida pública: La política se convierte en un gran show. La política «espectáculo» reemplaza a la política de «ideas». Lo que importa es la imagen, el gesto, el símbolo simple y fácil de entender, no el debate profundo sobre la reforma de un sistema o la calidad de las instituciones.
  4. La falsa gratuidad y la eficiencia mágica: La promesa de que algo se resuelve de forma rápida, sencilla y sin costo. «Cero costo para los contribuyentes» es una frase mágica. Es el eslogan del vendedor de coches que promete todo y su contrario. Se esconde la complejidad de un problema estructural (el hacinamiento, la reinserción, el gasto de un sistema) detrás de una anécdota de aparente sentido común.
La fábrica de agenda: Cómo el poder estructura la conversación diaria

Lo que el gobierno no está haciendo es simplemente «ocultar un debate». Lo que está haciendo es activar una dinámica mucho más poderosa: la de la conversación diaria dominada y pautada desde el poder. El taller de costura en la cárcel no es un logro; es un «ancla mediática». Es un tema sencillo, visual y con un componente emocional (seguridad, orden, castigo) que está diseñado para generar conversación y, sobre todo, para ocupar espacio en la agenda pública.

La creación del «tema de conversación»

Umberto Eco, en su análisis de Berlusconi, hablaba del «efecto de la técnica del vendedor». El vendedor no se preocupa por la coherencia global de su discurso; se preocupa de que, de entre todas las cosas que dice, una enganche al cliente. El uniforme, el taller de costura y el «ahorro» son ese anzuelo. Son un tema simple, concreto y fácil de entender.

La estructura es:

  • -Simplicidad: El tema se reduce a un eslogan. «Presos harán sus uniformes». Es entendible por cualquiera.

  • -Visualidad: El uniforme se puede mostrar. Es una imagen poderosa. El ejecutivo se asegura de que la imagen sea la protagonista de la noticia.

  • -Carga emocional: Toca fibras sensibles: la seguridad, el orden, el castigo, el «sentido común». Esto garantiza que la gente opine y se involucre emocionalmente, aunque sea sin información de fondo.

  • -El «ahorro»: La frase «sin costo para los contribuyentes» es el anzuelo perfecto. Es una forma de presentar la medida como un «regalo» o una «solución mágica» que no requiere esfuerzo ni dinero público.

La «agenda semántica»: cómo el poder pauta lo que se debate

La estrategia no es solo que la gente hable del uniforme. La estrategia es que solo se hable de lo que el gobierno decide que se hable. Es la lógica del «efecto bomba»: se lanza una noticia provocadora (aunque sea trivial) para que el debate público se centre en ella y no en temas más complejos o incómodos.

¿Qué se logra con esto?

  • -Se vacía de contenido la oposición: La oposición se ve forzada a reaccionar a la agenda del gobierno. Si no lo hace, parece que no tiene opinión. Si lo hace, está legitimando el tema como relevante, y por tanto, está jugando en el terreno del gobierno.

  • -Se establece una relación plebiscitaria directa: El gobernante se presenta como el que «resuelve» los problemas de la gente, mientras que la oposición solo «se queja». Esto refuerza la figura del líder fuerte y paternalista.

  • -Se genera un falso debate: El debate se reduce a «¿está bien o mal que los presos hagan uniformes?» en lugar de «¿Cuál es la política penitenciaria del país?» o «¿Cómo se está financiando realmente el sistema?». El verdadero debate sobre las cárceles, la reinserción y los derechos humanos queda completamente fuera de la ecuación.

La «concesión» y el control de la crítica

Como señala Eco, en un régimen de populismo mediático, no se necesita censurar a la prensa. Se utiliza la técnica retórica de la «concesión»: se permite que la oposición hable, pero siempre después de que el gobierno haya fijado el tema y el marco de la discusión. El mecanismo es:

  1. El gobierno anuncia el tema (el uniforme).
  2. La prensa crítica o la oposición reaccionan.
  3. El gobierno responde a las críticas, pero en sus propios términos, reafirmando el marco de la conversación: «Es una medida de seguridad», «Es un ahorro», «Hay que tener mano dura».
  4. La prensa se ve obligada a cubrir el «debate», pero el debate ya está enmarcado de antemano.

El resultado es que, aunque haya críticas, la opinión pública se acostumbra a la idea del uniforme como un hecho normal, incluso deseable, y la discusión sobre la política penitenciaria en su conjunto se vuelve marginal.

La «carnavalización» de la política: la conversación como espectáculo

Finalmente, esta estructura convierte la política en un gran show. El gobierno es el director de escena, los medios son los altavoces y la ciudadanía es el público que, aunque participe, lo hace en un escenario ya escrito.

La conversación pública ya no es un foro de deliberación; es un circo mediático.

  • -Los temas se eligen por su capacidad de generar «engagement» (me gusta, comentarios, shares) y no por su importancia real.

  • -El lenguaje se simplifica y se llena de frases hechas y eslóganes.

  • -Los ciudadanos se convierten en espectadores o, a lo sumo, en participantes de un reality show político donde el objetivo es la atención, no la solución de problemas.

El uniforme como metáfora de una tendencia global

El anuncio del uniforme en la nueva cárcel de máxima seguridad encaja a la perfección en este molde. No se está presentando un plan integral de política penitenciaria. Se está presentando una imagen, un «traje». El foco está en el qué, no en el por qué. Es un acto de comunicación, no de gobierno.

El uniforme es un poderoso símbolo de orden, disciplina y control. Se vende la imagen de una «solución» contundente y sencilla a la compleja percepción de inseguridad. Mientras los ciudadanos discuten si el uniforme es azul o gris, o si los reos deberían o no coserlos, no se está debatiendo la calidad de la educación, el acceso a la salud, la crisis económica o la verdadera efectividad de un modelo carcelario que, en su mayoría, fracasa en su objetivo de reinserción.

Esta proyección de comunicación no es un fenómeno aislado ni exclusivo de un país. Como señala Viroli, el poder de Berlusconi no se basó en un control violento, sino en la creación de un «sistema de corte» donde todo gira alrededor de una figura central. Hoy, muchos gobiernos de corte conservador o regresivo en el mundo dominan este arte. El espectáculo reemplaza la deliberación. El gesto simbólico y autoritario («mano dura», «orden») se impone sobre la discusión de políticas públicas complejas y costosas.

El problema no es el uniforme. El problema es que se esté anunciando como si fuera una revolución. Esta técnica genera ruido, polariza, pero sobre todo, desvía la atención. Hemos aprendido de Italia que un gobierno puede ser profundamente antiliberal y regresivo sin necesidad de abolir el voto o encarcelar a periodistas. Basta con convertir la política en un espectáculo de símbolos simples y apelaciones emocionales, donde el fin (el show) justifica los medios (el gobierno) y el ruido mediático ahoga el debate racional.

Para trabajar nuestra forma de acercanos al mundo mediático: ¿Cuánto de lo que se presenta hoy como «novedad» o «solución» en la política nacional es en realidad un espejismo mediático? Cuando un gobierno prioriza un anuncio visual y simplista, ¿qué temas estructurales está dejando de lado? ¿Estamos, quizás, viviendo en un régimen de «carnavalización» donde el poder se demuestra con la imagen, y no con la gestión? ¿Cómo podemos, como sociedad, romper esta dinámica y recuperar la capacidad de fijar nuestra propia agenda de temas importantes?

¿Quién decide realmente de qué hablamos?

Detrás de cada anuncio gubernamental hay una estrategia cuidadosamente diseñada para capturar la atención pública y desplazar los temas que realmente importan. Esta infografía desglosa, en cuatro pasos, el mecanismo que utilizan los gobiernos de corte conservador y regresivo para fabricar la agenda mediática diaria: desde la selección del «anzuelo» perfecto hasta el control del debate a través de la técnica de la «concesión». Un análisis imprescindible para entender cómo el espectáculo reemplaza a la política y cómo el poder decide qué conversamos.

Descarga la infografía aquí.

PDFImagen

Referencias:

Agüero Ruiz, Byron (2026, 1 de julio). Fotos: Así serán los nuevos uniformes para el CACCO. Diario Extra.

Eco, Umberto (2007). A paso de cangrejo: Artículos, reflexiones y decepciones, 2000-2006 (M. Pons Irazazábal, Trad.). Debate.

Viroli, Maurizio (2012). The liberty of servants: Berlusconi’s Italy (A. Shugaar, Trad.). Princeton University Press.

Crédito imagenes: Agüero Ruiz, Byron (2026, 1 de julio). Fotos: Así serán los nuevos uniformes para el CACCO. Diario Extrahttps://www.diarioextra.com/noticia/fotos-asi-seran-los-nuevos-uniformes-para-el-cacco/