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Semillero Zapatista – Metodología de lo común: aprender, organizarse y construir desde la práctica

No hay una receta para construir lo común. El camino se construye en la práctica, en la escucha y en la organización, pero también en diálogo con las condiciones concretas de cada territorio. Esta es una de las ideas que atraviesan las reflexiones compartidas por compañeras y compañeros zapatistas en los encuentros y Semilleros realizados durante 2026 en el CIDECI-Unitierra y en el Semillero “Comandanta Ramona”. En estas intervenciones, lo común no aparece como un modelo terminado ni como una fórmula que pueda trasladarse de una comunidad a otra. Aparece, más bien, como una práctica que se ensaya, se discute, se corrige y se sostiene colectivamente; un proceso cuyo sentido se construye desde las experiencias concretas de quienes lo viven.

Hablar de una metodología de lo común no significa elaborar un manual con pasos que puedan aplicarse de la misma manera en cualquier territorio. Significa, más bien, preguntarse cómo las comunidades construyen sus propias formas de hacer, aprender y organizarse a partir de lo que viven, de los problemas que enfrentan y de los saberes que ya poseen.

Esta perspectiva parte de una premisa fundamental: la práctica colectiva no es únicamente el espacio donde se aplica el conocimiento; también es uno de los lugares donde ese conocimiento se produce. Se aprende haciendo, experimentando, equivocándose, encontrando soluciones y volviendo a intentar. La teoría, en este sentido, no antecede necesariamente a la acción: puede surgir de ella, regresar a ella y transformarse nuevamente a partir de la experiencia: La práctica no es el lugar donde se aplica el conocimiento: también es el lugar donde el conocimiento se construye.

Aprender haciendo

Si el conocimiento se produce en la práctica, entonces el error adquiere otro significado. No necesariamente representa un fracaso ni una interrupción del camino. Puede ser, por el contrario, una oportunidad para comprender lo ocurrido, revisar las decisiones tomadas y encontrar nuevas formas de continuar.

Cuando algo no funciona, la respuesta no consiste necesariamente en abandonar el proceso. Consiste en observar, corregir, aprender y volver a intentar. Es en ese movimiento —entre acción, reflexión y nueva acción— donde se va construyendo una experiencia colectiva capaz de producir sus propios aprendizajes.

Por eso, la metodología de lo común se distancia de la idea de un manual universal. Un manual supone que existe una respuesta previamente elaborada que puede trasladarse de un lugar a otro. Pero ninguna comunidad parte de cero ni vive las mismas condiciones: cada una tiene su historia, sus necesidades, sus conocimientos, sus conflictos, sus capacidades y sus formas particulares de organización.

Cada realidad requiere respuestas situadas.

De ahí que la creatividad, la adaptación e incluso la improvisación no sean elementos secundarios del proceso. Son capacidades necesarias cuando se trabaja con realidades que cambian y que no pueden ser completamente previstas de antemano. Aprender haciendo supone, también, aprender a modificar el camino.

Y modificar el camino exige reconocer algo más: toda práctica ocurre en un territorio y en un tiempo determinados. No basta, entonces, con preguntarse qué hacer. También es necesario preguntarse para quién, dónde y pensando en qué horizonte.

Pensar más allá del presente

Esta dimensión temporal aparece con fuerza en las reflexiones zapatistas a través de una invitación a pensar en un horizonte de 120 años. La imagen desplaza la mirada de los resultados inmediatos hacia varias generaciones y obliga a considerar que algunas decisiones de hoy solo mostrarán sus consecuencias mucho después.

Construir lo común implica, entonces, preguntarse qué estamos dejando a quienes vendrán: a los hijos, los nietos, los bisnietos y los tataranietos.

Este horizonte transforma también la manera de entender la acción colectiva. No todas las transformaciones producen beneficios visibles para quienes las comienzan. Algunas tareas pueden requerir años o incluso generaciones antes de mostrar plenamente sus frutos. Trabajar para el común significa aceptar esa dimensión del tiempo y actuar aun cuando los resultados no sean inmediatos: Construir lo común también significa trabajar para quienes todavía no han llegado.

Pensar a largo plazo no significa, sin embargo, imaginar que todas las comunidades avanzarán al mismo ritmo. Algunas pueden estar comenzando mientras otras llevan décadas construyendo alternativas. Hay procesos que avanzan, retroceden, se detienen y vuelven a comenzar. El tiempo de lo común tampoco es uniforme.

Esta atención al tiempo conduce nuevamente al territorio. Si los procesos tienen ritmos diferentes, es porque también se desarrollan en condiciones diferentes. Por eso, cualquier metodología que pretenda construir lo común debe comenzar por reconocer el lugar concreto desde el cual se actúa.

Cada territorio tiene su propio camino

Una metodología de lo común no puede separarse de las condiciones materiales, históricas y culturales de cada territorio. La geografía, las tradiciones, las formas de organización, los saberes disponibles y los tiempos de cada comunidad forman parte del problema y, al mismo tiempo, de las posibilidades para construir respuestas.

Por eso no se trata de trasladar un modelo de un territorio a otro. Lo que puede compartirse son experiencias, preguntas, principios y aprendizajes; el camino concreto debe construirse en cada lugar.

De ahí la importancia de una afirmación presente en estas reflexiones: “No estamos dando receta.”

La experiencia zapatista, desde esta perspectiva, no aparece como un modelo terminado que deba copiarse. Puede ser una fuente de aprendizaje precisamente porque muestra la importancia de construir desde las condiciones propias. Su valor no está en ofrecer una fórmula, sino en abrir preguntas sobre cómo organizarse, cómo aprender y cómo sostener procesos colectivos.

Esto supone también evitar el paternalismo. Reconocer que cada territorio tiene su propio camino implica confiar en las capacidades que ya existen en las comunidades y asumir que las respuestas no necesariamente deben llegar desde fuera.

Pero reconocer el territorio no significa únicamente reconocer una geografía o una identidad. También significa mirar cómo se sostiene materialmente la vida en ese territorio: quién produce, quién cuida, quién transforma, quién sabe y de qué manera todas esas actividades se relacionan.

La conexión comienza en lo material

Hablar de comunidad no debería quedarse en el terreno de las ideas. La interdependencia se vuelve visible cuando observamos aquello que hace posible la vida cotidiana.

Quien trabaja la tierra produce alimentos; otras personas producen herramientas, cuidados, conocimientos u otros bienes necesarios para sostener la vida colectiva. Cada actividad se relaciona con otras y ninguna existe completamente aislada “Yo soy trabajador del campo, produzco la alimentación…”

La frase nos permite desplazar la discusión desde una idea abstracta de comunidad hacia una pregunta concreta: ¿qué necesitamos unas personas de otras para vivir?

La respuesta muestra que la interdependencia no es una aspiración. Ya existe en el trabajo cotidiano. Lo que está en juego es cómo reconocerla y, sobre todo, cómo organizar el trabajo y la vida de acuerdo con ella.

Así, construir lo común no consiste solamente en afirmar que dependemos mutuamente. Consiste en crear formas de organización capaces de hacer visible esa relación y de fortalecerla.

Pero para reorganizar las relaciones sociales no basta con modificar estructuras externas. También es necesario revisar algunas de las ideas y hábitos que hemos aprendido a considerar normales.

Desaprender para recuperar otros saberes

Construir de otra manera requiere, en ese sentido, un ejercicio de desaprendizaje. Hay formas de relacionarnos que pueden obstaculizar la construcción de lo común: la competencia permanente, el individualismo, la búsqueda de resultados inmediatos, determinadas jerarquías y una lógica de consumo que puede convertir las relaciones en intercambios entre individuos aislados.

Desaprender no significa quedarse sin conocimientos. Significa preguntarse qué hemos aprendido, qué relaciones reproducen esos aprendizajes y qué otros saberes han quedado desplazados o desvalorizados.

Ahí adquieren particular importancia los conocimientos que permanecen en las comunidades. Las personas mayores, por ejemplo, conservan experiencias vinculadas con la tierra, el trabajo, la organización comunitaria y formas de vida que pueden dialogar con otros conocimientos y con los desafíos del presente.

El propósito no es rechazar la ciencia ni establecer una oposición simple entre conocimiento científico y saberes ancestrales. El desafío consiste en ponerlos en diálogo con la experiencia cotidiana y preguntarse para qué y al servicio de quién se produce el conocimiento.

El desafío es construir una ciencia al servicio de la vida y del común.

Este ejercicio de desaprender y recuperar saberes también abre un espacio para imaginar otras formas de relación. Si queremos transformar la manera en que convivimos, necesitamos experimentar no solo en el trabajo y en la organización, sino también en aquellas actividades que construyen vínculos cotidianos.

Crear nuevas formas de relacionarnos

El arte, el juego y el deporte pueden parecer ámbitos alejados de las discusiones sobre organización y comunidad. Sin embargo, también allí se aprenden formas de relacionarse con otras personas.

La pregunta, por tanto, no es únicamente qué actividades realizamos, sino qué relaciones producen esas actividades.

Una práctica puede organizarse alrededor de la competencia individual, colocando el énfasis en quién gana y quién pierde. Pero también puede transformarse en una experiencia colectiva en la que se reconozcan la cooperación, la participación y el valor del grupo.

La cuestión de fondo es: ¿Cómo crear actividades que fortalezcan la cooperación en lugar de reproducir permanentemente la competencia?

No hay una respuesta predeterminada. Y esto nos devuelve a una de las ideas centrales de la metodología de lo común: también aquí hay que experimentar. Crear otras relaciones requiere espacios donde sea posible probar, equivocarse, modificar y volver a intentar.

Sin embargo, experimentar con otras formas de relación no significa que el camino esté libre de obstáculos. Las transformaciones encuentran resistencias, incertidumbres y, especialmente, miedo.

Frente al miedo, organización

Toda transformación enfrenta obstáculos. El miedo puede aparecer cuando una situación parece demasiado grande, cuando las posibilidades de cambio parecen escasas o cuando el costo de actuar resulta incierto.

El problema no es simplemente sentir miedo. El problema aparece cuando ese miedo termina convirtiéndose en resignación y hace parecer inevitable aquello que podría ser transformado.

Frente a ello, la organización adquiere un papel central. Organizarse permite compartir responsabilidades, reunir generaciones, poner en común conocimientos y construir acuerdos. Pero no se reduce a crear una estructura formal: también puede convertirse en una manera cotidiana de relacionarse y de enfrentar colectivamente aquello que una persona aislada difícilmente podría resolver: “La organización permite transformar el miedo en capacidad colectiva para actuar”.

La organización, entonces, conecta varias de las dimensiones anteriores. Permite convertir la experiencia en aprendizaje compartido, relacionar capacidades distintas, sostener procesos en el tiempo y construir respuestas adecuadas a las condiciones de cada territorio.

De ahí que la pregunta no sea solamente qué nos preocupa o qué nos da miedo, sino qué hacemos colectivamente frente a ello.

Dos caminos: resignarse u organizarse

En este punto aparece una disyuntiva sencilla, pero decisiva: aceptar que “no se puede” o decidir no resignarse.

La resignación puede surgir cuando los problemas parecen demasiado grandes, cuando se piensa que corresponde a otras personas resolverlos o cuando el futuro se convierte en una razón para posponer indefinidamente la acción.

La otra posibilidad consiste en organizarse y comenzar desde el presente, aun sin contar con todas las respuestas.

Organizarse no significa tener un plan completo ni saber de antemano cuál será el resultado. Significa asumir que las respuestas pueden construirse colectivamente mediante la práctica. Por eso, la organización no es únicamente una decisión inicial: es un ejercicio permanente de aprendizaje, ajuste y creación.

Y si organizarse significa construir respuestas colectivas, entonces también exige una capacidad que atraviesa todo el proceso: escuchar.

Escuchar también es una forma de aprender

La construcción de lo común requiere diálogo, pero dialogar no significa simplemente hablar. Significa estar dispuesto a reconocer que otras personas pueden utilizar palabras diferentes, tener experiencias distintas o haber llegado a una conclusión semejante siguiendo otro camino.

Una de las imágenes más sugerentes de estas reflexiones es la de quienes toman nota de una palabra que no conocen y después buscan su significado para completar el “rompecabezas”. La imagen expresa una disposición fundamental: escuchar incluso cuando no comprendemos inmediatamente y mantener abierta la posibilidad de aprender.

Escuchar implica, por tanto, suspender la necesidad de tener una respuesta inmediata. También supone aceptar que el conocimiento puede encontrarse en lugares, experiencias y personas que no reconocemos inicialmente como fuentes legítimas de saber.

El diálogo no tiene como objetivo que todas las personas piensen exactamente igual. Puede consistir, más bien, en reconocer diferentes caminos hacia problemas, experiencias o conclusiones compartidas.

En ese sentido, escuchar no es una etapa posterior a la organización. Es una de las condiciones que permiten organizarse de otra manera.

Nueve claves para pensar una metodología de lo común

Al recorrer estas reflexiones aparece una serie de principios que no funcionan como pasos de un método cerrado, sino como pistas para orientar la práctica:

  1. Partir de la práctica. El conocimiento también se construye haciendo, experimentando y aprendiendo de los errores.
  2. Pensar a largo plazo. Las transformaciones deben considerar a las generaciones futuras y no limitarse a los resultados inmediatos.
  3. Reconocer cada territorio. No existen soluciones idénticas para todas las comunidades; las respuestas deben construirse desde condiciones concretas.
  4. Construir desde la interdependencia. La vida cotidiana muestra cuánto necesitamos de otras personas y de otros trabajos.
  5. Desaprender. Es necesario cuestionar formas de relación basadas en el individualismo, la competencia y la inmediatez.
  6. Crear. El arte, el juego y otras prácticas pueden convertirse en espacios para experimentar relaciones diferentes.
  7. Enfrentar el miedo. El miedo puede reconocerse sin permitir que se convierta en una razón para paralizarse.
  8. Organizarse. La organización permite transformar preocupaciones individuales en capacidad colectiva.
  9. Escuchar. El diálogo requiere reconocer otros saberes, experiencias y caminos.

Estas claves no deben entenderse como una secuencia rígida. Se cruzan y se retroalimentan. Se aprende haciendo, pero también escuchando; se organiza desde las condiciones de cada territorio; se piensa el presente desde las generaciones futuras; se desaprenden relaciones para poder crear otras nuevas.

Por eso, más que un método acabado, lo que aparece es una forma de caminar.

El camino se construye al andar

Una metodología de lo común no ofrece respuestas prefabricadas. Su propuesta consiste, precisamente, en construir respuestas desde los territorios, a partir de la experiencia, la organización, la escucha y el diálogo.

Es un proceso que requiere tiempo y que no puede separarse de la capacidad de aprender de los errores. Supone aceptar que algunas respuestas tendrán que modificarse, que algunos caminos no funcionarán y que las condiciones cambiarán. La incertidumbre no es, entonces, una falla del proceso: forma parte de él.

En última instancia, la pregunta no es cuál es el método correcto, sino cómo construir colectivamente formas de vida capaces de sostenerse en el tiempo y de dejar una herencia distinta a quienes vendrán.

Como recuerdan estas reflexiones: “Hay que organizarse… si no, no hay herencia buena que le vamos a dejarle a los hijos, los nietos, los bisnietos y los tataranietos.”

La frase devuelve la mirada al comienzo. Si no existe una receta, tampoco existe un camino completamente trazado. Lo que existe es la posibilidad de construirlo colectivamente: aprendiendo de la práctica, reconociendo los territorios, pensando más allá del presente, recuperando saberes, creando otras relaciones, enfrentando el miedo, organizándose y escuchando.

El camino se construye mientras se camina, se aprende y se organiza.

Referencias:

Subcomandante Insurgente Moisés. (2026, 9 de agosto). Compartición “El Común Hoy” (o sea cómo va lo del Común actualmente en las comunidades zapatistas). YouTube.

Subcomandante Insurgente Moisés, & Capitán Insurgente Marcos. (2026, 23 de julio). Palabras del Subcomandante Insurgente Moisés y el Capitán Insurgente Marcos. Semillero Guerra contra la Humanidad (Las poblaciones y la naturaleza bajo asedio). YouTube.

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Todo lo que no se compra: Mujica y la defensa de lo común

En tiempos donde el mercado parece ocupar cada rincón de nuestras vidas, la figura de José “Pepe” Mujica se alza como un faro ético y político. Expresidente de Uruguay, exguerrillero y referente mundial por su estilo de vida austero, Mujica nos invita a repensar lo que realmente tiene valor en la vida: los bienes comunes.

Desde su chacra modesta en las afueras de Montevideo hasta los foros internacionales, Mujica ha defendido con firmeza una visión profundamente humana, donde el bienestar colectivo, la naturaleza y el tiempo libre deben estar por encima de la lógica del consumo y la acumulación.

Pensar lo común desde la vida cotidiana

La coherencia entre su discurso y su práctica política lo convierte en un referente singular. Mujica no sólo habló de sencillez, la vivió: renunció a lujos, donó gran parte de su salario como presidente y optó por una vida rural que simboliza su rechazo al consumismo como forma de vida.

Pero no se trata solo de austeridad personal. Para Mujica, vivir con menos no es sacrificio, sino una forma de liberar tiempo y energía para lo que realmente importa: el amor, la comunidad, la reflexión, el cuidado mutuo. En su visión, el tiempo, la naturaleza, la democracia y la vida en comunidad son bienes que deben cuidarse colectivamente, sin ser privatizados ni explotados.

Una ética política para cuidar lo que es de todos

En su discurso ante Naciones Unidas en 2013, Mujica planteó una de sus críticas más profundas al modelo de desarrollo global: “Nos están diciendo que tenemos que gastar y gastar, y que para eso tenemos que trabajar como esclavos”. Frente a ese modelo, propuso recuperar la libertad, entendida no como la acumulación de bienes, sino como la posibilidad de vivir con dignidad y en armonía con otros seres humanos y con la tierra.

Su pensamiento articula con fuerza la defensa de los bienes comunes. Es decir, aquellos elementos esenciales para la vida que no pueden reducirse a mercancía: el agua, el aire, la tierra, la biodiversidad, pero también la educación, la salud, el tiempo, la cultura, el lenguaje y los vínculos humanos.

Una infografía para compartir y reflexionar

La infografía “Todo lo que no se compra: Mujica y la defensa de lo común” recoge estos aspectos clave de su pensamiento y los conecta con debates urgentes sobre sostenibilidad, justicia socioecológica y democracia. Está pensada como una herramienta pedagógica y crítica, útil para procesos formativos, espacios comunitarios y debates políticos.

Te invitamos a descargarla, compartirla y utilizarla para abrir conversaciones sobre cómo queremos vivir y qué estamos dispuestos a defender colectivamente.

Porque, como dice el propio Mujica:

“La vida no es para comprar cosas, es para abrazar causas.”

Pueden descargar la infografía aquí

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Philippe Vangoidsenhoven: veinte años defendiendo el Caribe costarricense

El pasado 22 de marzo, en conmemoración del Día de la Tierra, se llevó a cabo el acto de Reconocimiento a Personas Defensoras del Ambiente, actividad organizada conjuntamente por el Programa Kioscos Socioambientales, la Embajada del Estado Plurinacional de Bolivia y la Universidad Bíblica Latinoamericana.
La profundización de los modelos económicos extractivistas y de despojo ha generado graves conflictos socioambientales, al afectar las bases materiales y simbólicas que sostienen la vida en las comunidades. Según el Atlas de Justicia Ambiental (EJAtlas), desde 2012 se han documentado más de 3,700 conflictos ambientales en el mundo, una cuarta parte de ellos en América Latina.

 

Reconocer a quienes defienden el ambiente es un acto urgente y necesario: estas personas protegen ecosistemas y derechos humanos fundamentales, pero enfrentan criminalización, violencia y hasta la muerte por su labor. Global Witness señala que América Latina es la región más peligrosa para los activistas ambientales, con más de 500 asesinatos en la última década. Costa Rica no es la excepción: muchas personas defensoras son víctimas de agresiones físicas, amenazas y daños a su patrimonio por defender bosques, ríos, mares y territorios.

En este contexto, compartimos la voz de Felipe Vangoidsenhoven, reconocido durante esta actividad, quien nos relata desde su experiencia en el Caribe Sur los riesgos, resistencias y la importancia de la defensa de la naturaleza como tarea colectiva e imprescindible.

¿Quién eres, de dónde vienes? ¿Cómo llegaste al Caribe Sur?
Mi nombre es Vangoidsenhoven Philippe, acá me conocen como Felipe. Siempre he sido amante de la Naturaleza, me interesa mucho. Decidí salir de Bélgica para mudarme a un país con Naturaleza tropical y por eso escogí Costa Rica, porque en toda la información que encontraba decía que era un país que protege su Naturaleza y era bastante seguro para vivir. Viví dos años en San José hasta que una noche me robaron mi carro, y eso fue la señal de que tenía que moverme.

¿Cómo llegaste a convertirte en defensor ambiental?
Gracias a una amistad conseguí un trabajo en Manzanillo como jefe de mantenimiento y jefe de los guías de canopy. Después de trabajar un año en este hotel, logré alquilar cabinas en el centro de Puerto Viejo por tres años. Fue ahí que varias personas se me acercaron y me introdujeron en la lucha ambiental.

¿Qué tipos de amenazas o riesgos has enfrentado en tu labor?
Hablando de amenazas, la lista es larga. Va desde gritos de “sapo, vuelve a tu país, “carepicha”, etc., hasta agresiones físicas. Mataron a cuatro perros, tiraron piedras hacia mi carro, en dos ocasiones quebraron los parabrisas y dejaron el carro golpeado, además de que me quebraron el hueso del dedo gordo. En dos ocasiones casi lograron matarme. Han llegado a mi finca para amenazarme; un maderero entró varias veces y causó daños. Es bastante peligroso denunciar daños ambientales.

¿Cómo afecta esta situación en lo personal y en lo colectivo a las personas defensoras?
Se genera una gran cantidad de enemigos, lo cual afecta mi negocio. Uno pierde cualquier cantidad de clientes y dinero. Van a hacer lo imposible para hacerte la vida miserable. ¡La muni me declaró persona non grata!

¿Consideras que el Estado costarricense reconoce adecuadamente el papel de las personas defensoras ambientales?
No, el Estado de Costa Rica no reconoce el trabajo que hacemos los defensores de nuestra Madre Naturaleza. Me recuerdo que el expresidente Luis Solís dijo abiertamente que iban a llenar la costa del Caribe Sur con hoteles y casas de lujo. Mira el ejemplo de la finca de Pacheco Dent, con el ministro de MINAE y el mismo presidente defendiendo ese desastre.

¿Qué mecanismos de protección existen? ¿Son suficientes y accesibles?
No existen mecanismos de protección. Si quieres protección, como me lo han ofrecido, te sacan de la zona para esconderte en otro lado de Costa Rica. Lo mejor que puedes hacer es protegerte con arma de fuego, gas pimienta y, sobre todo, tener cámaras por todos lados para tener evidencia en caso de agresión.

¿Qué cambios urgentes crees que deberían impulsarse desde las instituciones públicas?
Primero que todo, necesitamos funcionarios del MINAE que verdaderamente cumplan con sus deberes, por los cuales son pagados. Ahorita no tenemos control ni apoyo por parte del MINAE. Más bien, estos funcionarios corruptos favorecen a los destructores. Y si un funcionario quiere hacer su trabajo… ¡lo envían a otro sitio!

 

 

¿Qué significa para vos recibir este reconocimiento a tu trayectoria?
El reconocimiento es, por supuesto, más que bienvenido. En estos 20 años de lucha, he recibido un reconocimiento por parte de Bloque Verde y ahora este. El reconocimiento es como una energía extra, es como recargar las baterías, es una motivación para seguir la lucha.

¿Qué mensaje considerás importante transmitir a las personas a partir de este contexto que nos has dado?
Llamo a más participación ciudadana en la labor de vigilancia del medio ambiente. Que llamen al 911 o a mí directamente. ¡Necesitamos más ojos en la zona! Sin vigilancia, vamos a perder todo.

Si no existieran personas defensoras ambientales como vos, y todo dependiera únicamente de las instituciones de protección ambiental, ¿cómo creés que sería la historia?
Muy sencillo: destruirían toda la zona. Si hoy día cuesta tanto parar un daño ambiental, imagínese si no hay control alguno. Y los funcionarios del MINAE no ayudan, más bien son la causa principal de este problema, junto con la municipalidad.

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Los bienes comunes como herencia compartida: Homenaje al Papa Francisco

Este 21 de abril despedimos al Papa Francisco, cuya voz clara marcó profundamente la reflexión contemporánea sobre los bienes comunes. En su encíclica Laudato Si’ (2015), Francisco denunció con firmeza la apropiación y destrucción de aquello que pertenece a todos: el agua, el aire, los bosques, la biodiversidad, los saberes, los territorios.

Su llamado a una ecología integral nos invita a repensar nuestras relaciones con la naturaleza y entre nosotros, reconociendo que los bienes comunes no son mercancías, sino herencias compartidas que deben ser protegidas colectivamente.

En homenaje a su legado, compartimos esta infografía que recoge los principales aportes de Laudato Si’ desde la perspectiva de los bienes comunes. Que este mensaje siga siendo semilla de esperanza y acción para quienes luchan por una vida digna y un planeta habitable.

Laudato Si’ también reconoce y valora la labor de quienes defienden el ambiente y los territorios frente a proyectos extractivos, muchas veces a costa de su seguridad y su vida. Francisco les dio un lugar central como guardianes de la casa común y testigos del clamor de la tierra y de los pueblos.

«El ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos.»Laudato Si’, 95

Diálogo ecuménico, interreligioso y con personas no creyentes

Laudato Si’ propone una respuesta amplia y solidaria ante la crisis ecológica, basada en el diálogo entre credos y convicciones. El Papa Francisco destaca la necesidad de un diálogo ecuménico entre iglesias cristianas, un diálogo interreligioso con otras tradiciones espirituales, y un diálogo abierto con personas no creyentes que comparten la preocupación por el planeta.

Este enfoque reconoce que el cuidado de la casa común es un desafío ético, cultural y humano, más allá de las diferencias de fe. Lo que está en juego es la dignidad de la vida, la justicia social y el equilibrio de la Tierra.

Esta alianza amplia permite:

  • Compartir valores como la solidaridad, el respeto por la vida y la responsabilidad común.

  • Construir puentes entre espiritualidades y saberes laicos.

  • Fortalecer un movimiento global por la justicia ecológica y social.

Francisco reconoce que muchas personas no creyentes, desde la razón, la ciencia o la ética, han asumido un compromiso activo con la defensa de los bienes comunes. Laudato Si’ los incluye como aliados fundamentales en el camino hacia una ecología integral.

“No podemos dejar de reconocer que también fuera de la Iglesia católica, y en otros ámbitos, se desarrollan valiosas reflexiones sobre estas cuestiones” (LS, 7)

Pueden descargar «Laudato Sí» aquí.

Pueden descarga la infografía aquí.

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Cocles en Peligro: La Lucha por un Bosque Costero Protegido

Las denuncias ambientales son fundamentales para la preservación de los ecosistemas y el cumplimiento de la legislación ambiental. Permiten identificar y frenar actividades ilegales como la deforestación, contaminación y destrucción de hábitats, contribuyendo a la conservación de la biodiversidad y los recursos naturales. Además, garantizan la rendición de cuentas de quienes incumplen las normativas y fomentan una cultura de respeto por el medio ambiente. La participación ciudadana es clave para prevenir daños irreversibles y asegurar un desarrollo sostenible para las futuras generaciones.

Denuncia ambiental en la Zona Marítimo-Terrestre de Talamanca

Desde el 2016 hasta la fecha, el defensor ambiental Philippe Vangoidsenhoven realizó labores de vigilancia y denuncia sobre un terreno ubicado entre el Hotel Selina y el Hotel Rocking J’s, en Cocles, contiguo a la zona pública. Según una revisión del SINAC, este sector cuenta con la Certificación SINAC-ACLAC-PNE-C 011-2017, emitida por la Dirección del Área de Conservación Amistad-Caribe, que lo declara parte del Patrimonio Natural del Estado.

La documentación muestra que el demandado, junto con otras personas, habría intervenido el terreno sin autorización, a pesar de su protección legal. La denuncia incluye inspecciones realizadas por el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), así como solicitudes de medidas cautelares para detener los daños y permitir la regeneración del bosque costero. También se señala la posible responsabilidad de la Municipalidad de Talamanca en la entrega de permisos irregulares.

Cronología de los hechos

  • 22 de abril de 2016: Se observa a un hombre chapeando vegetación en el terreno. La policía interviene y detiene la actividad. Más tarde, el demandado se presenta molesto en un negocio del denunciante.
  • 12 de agosto de 2017: Se realiza una gran chapea del terreno. Se notifica al MINAE, que inspecciona pero no encuentra a nadie. En una reinspección posterior, se encuentra al demandado en el terreno y se levanta una denuncia.
  • 13 de agosto de 2017: Inspección oficial del SINAC confirma el corte de vegetación en la zona marítimo-terrestre.
  • 23 de agosto de 2017: El demandado admite la chapea y la justifica alegando razones de seguridad.
  • 28 de diciembre de 2017: Se observa al demandado fumigando el terreno.
  • 23 de marzo de 2018: Personas vuelven al terreno con machetes. Se llama al 911, pero los responsables se esconden antes de que llegue la policía.
  • 24 de marzo de 2018: Se graba en video al demandado dentro del terreno con productos de fumigación.
  • 21 de noviembre del 2024: Se reporta y denuncia chapeado en la zona marítimo terrestre.

Imagen de Croquis obtenida de SINAC-ACLAC -189–201 –PIPCP (06 de Setiembre del 2017) 

Acciones continuaron

El último aviso que realizó Vangoidsenhoven fue el 21 de noviembre de 2024, cuando llamó a la policía y comprobó la presencia de personas realizando actividades en el terreno, a pesar de las medidas cautelares vigentes. Phillipe señala que, desde 2016, cada tres o cuatro meses se han enviado peones para realizar labores; no han dejado de chapear, fumigar y llevar a cabo otras acciones desconocidas.

A pesar de las múltiples advertencias de las autoridades y de que los responsables han sido identificados, la actividad ilegal continúa. Phillipe denuncia: “Aun así, siguen, siguen y siguen. A pesar de las medidas cautelares, enviaron a dos peones. El denunciado no estuvo ahí porque sabe lo que está pasando”.

El personal del MINAE ha indicado que, si se detecta actividad en el terreno, debe ser denunciada ante el MINAE o directamente a la policía. Quienes incumplan estas disposiciones deben ser arrestados y llevados a la Fiscalía.

Sin embargo, gracias a la vigilancia y las denuncias constantes, se ha logrado frenar en parte estas acciones. Sin este esfuerzo, probablemente el bosque ya no existiría.

Eventos ocurridos el pasado 21 de noviembre del 2024

La Ley de la Zona Marítimo-Terrestre, en su Artículo 12, establece que sin autorización legal, está prohibido explotar la flora y fauna, cercar terrenos, construir edificaciones, cortar árboles, extraer recursos o realizar cualquier tipo de desarrollo o actividad en estas áreas protegidas.

La urgencia de proteger el bosque costero

Actualmente, este terreno cuenta con medidas cautelares, pero sigue siendo necesaria una intervención urgente para garantizar su protección y regeneración.

Los bosques costeros son fundamentales para:
Proteger contra la erosión y marejadas, reduciendo el impacto de fenómenos climáticos extremos.
Refugiar una gran diversidad de flora y fauna, muchas veces endémica o en peligro de extinción.
Capturar carbono y mitigar el cambio climático, ayudando a reducir los gases de efecto invernadero.
Mantener el equilibrio ecológico y la calidad del agua, beneficiando la biodiversidad y el bienestar humano.
Sostener actividades económicas como el ecoturismo y la pesca, que dependen de un ambiente saludable.

La vigilancia ambiental y la denuncia de actividades ilegales son fundamentales para preservar estos ecosistemas. Proteger el Humedal de Cocles es responsabilidad de toda la sociedad y un llamado urgente para que las instituciones cumplan su deber.

Eventos enfrentados por Philippe por sus labores de vigilancia y denuncia.

Durante su labor, Phillipe ha estado expuesto a constantes agresiones, como se evidencia en los videos que nos proporcionó, llegando incluso a ser amenazado en su propio negocio.

La primera vez ocurrió en 2016, cuando, tras observar actividades ilegales de chapeo en el terreno y alertar a la policía, lograron detenerlas. Phillipe relata que, al llegar a su negocio, aproximadamente una o dos horas después, el denunciado llegó con un peón, reclamando en voz alta y de manera amenazante: “¿Qué estás haciendo? Ese terreno es mío, puedo hacer lo que me dé la gana”.

En otra ocasión, el denunciado y su pareja comenzaron a seguirlo mientras conducía. Para Vangoidsenhoven, es fundamental denunciar estos hechos, pues forman parte de las estrategias utilizadas para amedrentar y silenciar. Situaciones como estas explican por qué pocas personas se atreven a denunciar, ya que temen sufrir agresiones similares.

Es crucial visibilizar estos episodios de violencia que enfrentan las personas defensoras del ambiente, solo por el hecho de proteger la naturaleza.

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COP16: Postergaciones y urgencias

Entre el 21 de octubre al  1 de noviembre del 2024 en Cali Colombia se estará desarrollando la Cumbre Mundial de la Biodiversidad, COP16, y es la primera COP que se celebra tras la aprobación del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal (si quieren conocer más sobre este instrumento pueden ver este documento desarrollado por Ecologistas en Acción).

El desafío que reviste este foro, es lograr empezar a aplicar los objetivos y las metas del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que plantea la necesaria financiación y nuevos mecanismos que logren la integración de la biodiversidad en las diversas políticas sectoriales de los países.

Estamos ante un desafío mayor que proteger la biodiversidad, sino, incluirla como parte activa dentro de los diversos procesos que impulsamos en nuestras sociedades, este paso inicia reconociendo la urgencia de construir una ruta para lograr detener la pérdida de especies y ecosistemas en 2030.

Esperamos esta infografía que realizamos a partir del artículo «La COP16 debe establecer mecanismos eficaces y financiación para asegurar el cumplimiento del Marco Mundial de Biodiversidad» de Ecologistas en Acción, contribuya a seguir reflexionando sobre la urgencia de replantear la forma en la que  relacionamos la naturaleza para su cuidado, protección, conservación y disfrute.

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Salvar el árbol, el medio ambiente y la vida misma – Pensamiento de Thomas Sankara

En París, en la primera Conferencia por la Protección del Árbol y el Bosque, el 5 de febrero de 1986, Thomas Sankara como presidente de Burkina Faso presentó los esfuerzos que estaba llevando adelante el pueblo burkinés en torno a la protección ambiental.

En este discurso, Sankara plantea los grandes desafíos que tiene el antiimperialismo para buscar sus propias respuestas ante la crisis socioecológica que envolvía a los pueblos africanos. Llama la atención sobre las asimetrías y los intereses económicos que deforman los supuestos principios imperantes de «protección ambiental»  y la necesidad de posicionar esta lucha por la naturaleza como una reivindicación política popular y democrática.

Concluye, que está lucha en defensa de los árboles y el medio ambiente, es un esfuerzo humano por la defensa de la vida, y que está se materializará cuando el verde de la abundancia, de la alegría y la felicidad conquisten sus derechos.

Con esta infografía queremos invitarles a pensar los diversos legados de pensamientos y prácticas que desde las luchas antiimperialistas y panafricanismo han problematizado y enriquecido las dimensiones de las luchas socioambientales.

Les compartimos el libro «Thomas Sankara Biografía» que presenta una serie de discursos compilados por Bruno Jaffré y pertenece a la editorial El perro y la rana.

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Desigualdad en América Latina y el Caribe ¿Cómo estamos?

Aprovechamos la publicación del informe «EconoNuestra Es tiempo de una economia para todas y todos» publicado por OXFAM para poner en común las tendencias socioeconómicas que están caracterizando a nuestra región.

Según el informe, América Latina y el Caribe siguen siendo la región del mundo con mayor polarización entre la riqueza concentrada y la pobreza. Sólo un dato, el 1% de la población concentra 43.5 de cada 100 dólares, en cambio, el 50% más pobre concentró apenas 0.8 de cada 100 dólares.

Esta tendencia, se ve apoya por la existencia de un sistema tributario injusto, que permite al 1% más rico de la región, pagar proporcionalmente menos impuestos que el 50% más pobre. Es decir, «estamos ante sistemas que no reducen la brecha de desigualdad, sino que por el contrario las incrementa» concluye el informe.

Este informe nos recuerda condiciones estructurales de la región que siguen marcando esta tendencia (Oxfam, 2024):

  • Desarrollo económico basado en materias primas: dependientes y vulnerable a ciclos internacionales, ha provocado la erosión de la calidad de vida de las comunidades y los beneficios han sido concentrados por élites económicas.
  • Reconcentración del poder en una reducida élite.
  • La reforma del Estado impulsada desde la década de 1980, ha «legitimado» la acumulación y riqueza de sectores minoritarios.

La tarea pendiente para enfrentar este contexto pasa por el compromiso por porfundas transformaciones para responder por un lado a los impactos de la crisis que ya están presentes y por otro lado, transitar hacia otro modelo orientado a (Oxfam, 2024):

  • Políticas públicas orientadas a la reducción de las desigualdades interseccionales.
  • Promoción de la justicia climática.
  • Políticas que promuevan la corresponsabilidad del trabajo de cuidados.

Como parte de los insumos para reflexionar este contexto, les compartimos esta infografía con los principales datos de este escenario de desigualdad que atraviesa nuestras sociedades.

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Los desafíos de Crucitas siguen ahí: «Clima de negocios» Inversiones, ambiente y derechos humanos

En el marco del cierre del proceso de litigio internacional en el CIADI entre Costa Rica e Infinito Gold por el caso de la explotación minera en Crucitas, se dio la comunicación que la empresa minera y el gobierno de Costa Rica pidieron poner fin al proceso de nulificación del laudo arbitral (ver nota prensa aquí).

Este evento dio espacio para una amplia variedad de intervenciones públicas, las autoridades públicas tales como, gobierno y algunas diputaciones han celebrado la posibilidad que abre este escenario para la explotación minera de la zona:

Gobierno

MINAE 19 de julio 2024: Gobierno no descarta que Infinito Gold participe en Crucitas

Diputaciones

Empresarios-Políticos

Colegio profesional

29 junio 2024 Ahora sí llegó la hora de “comernos la bronca” con Crucitas: Colegio de Geólogos

Se podría continuar la lista de intervenciones, sin embargo, queremos llamar la atención sobre lo que no se menciona, y son las deudas que tiene el país con marco jurídico que evite una situación similar a la que se vivió en torno a este conflicto socioambiental.

Es común la noción por parte de estos sectores políticos y empresariales de hablar de un «clima de negocios», es decir, ofrecer las condiciones propicias a las figuras de inversionistas (personas-empresas) para que puedan instalar y realizar sus actividades de la forma más expedita. Esta simplificación de lo que se entiende por «desarrollo económico», constantemente olvida las implicaciones negativas que tienen las actividades en el ambiente, así cómo, las afectaciones en las personas y comunidades que viven cerca de las actividades que promueven estas inversiones.

En muchas ocasiones, estos mismos marcos jurídicos desconocen la figura de las personas defensoras de derechos humanos y defensoras ambientales, lo cual les vuelve vulnerables ante acciones legales que buscan minimizar y criminalizar sus labores de denuncia. Un claro ejemplo de esta vulnerabilidad son las declaraciones del presidente Rodrigo Chaves en torno al descarte del Acuerdo de Escazú (instrumento jurídico que reconoce la figura de defensor ambiental) cuando señaló que gracias a esta decisión «El sector privado puede estar tranquilo» (nota de prensa 3 de mayo 2022).

Crucitas fue un claro ejemplo de una promoción de inversiones en dónde la perspectiva de derechos humanos y protección ambiental fue desestimada, marcos regulatorios débiles y una institucionalidad que se colocó como promotora de la actividad económica, «olvidando» su obligación como garante de los derechos humanos y protección ambiental.

Actualmente estamos de nuevo en la misma encrucijada, tenemos una presión de sectores empresariales-políticos por la explotación minera,  cómo sucedió hace más de 15 años y que reflejan el poco o nulo interés en las dimensiones ambientales y de derechos humanos. Fue necesario un desgastante proceso judicial por parte de las personas defensoras ambientales, así como juicios de la empresa en su contra, derivando en un largo laudo internacional, que finalizó este 2024.

Ante este desafío, queremos retomar las reflexiones del informe «Inversiones, ESG y Derechos Humanos» elaborado por Grupo de Trabajo sobre Empresas y Derechos Humanos de la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU.  En este documento nos dan elementos para reflexionar sobre las implicaciones que tienen los vacíos que persisten en nuestros marcos jurídicos relacionados a la promoción de actividades económicas y productivas en torno a la garantía de los derechos humanos y la protección ambiental.

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Personas defensoras: Entre la criminalización y la impunidad

Con motivo del informe “Patrones de criminalización de movimientos sociales y defensoras de derechos humanos en América Latina y València” publicado por Entrepueblos queremos invitar a la reflexión sobre la difícil situación que atraviesan las personas defensoras de derechos humanos y el ambiente, en un contexto de vulnerabilidad y marginación. Vulnerabiliza, porque a partir de su trabajo de vigilancia, cuido y denuncia, están expuestos desde el hostigamiento hasta el asesinato.

Pero también, se les margina en la institucionalidad, ya que lejos de contar con medidas de protección y reparación, en la mayoría de los casos, son sumidos a procesos de criminalización por parte de las autoridades, con el fin de silenciar su labor.

Por esta razón, nos parece relevante seguir insistiendo en denunciar esta situación de doble vulnerabilidad, que está llevando al extremo a la salud física, pero también psicológica de estas personas, a procesos de desgaste intensos y de destrucción de sus tejidos comunitarios y familiares.

Esperamos este material, incentive la discusión y el debate en la búsqueda de construcción de medidas, políticas y marcos legales que reconozcan su labor, protejan su integridad y reparan los daños que les ha causado la constante impunidad de la que son víctimas.

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