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Cuando una comunidad cuida un río: más de una década de memoria y vigilancia sobre el río Pizote

Antes que un informe técnico, antes que una inspección institucional y antes que cualquier expediente administrativo, hubo una comunidad que comenzó a observar. Durante más de una década, personas vecinas de Birmania de Upala han recorrido las orillas del río Pizote —también conocido como río Niño—, han fotografiado sus cambios, han compartido sus preocupaciones y han solicitado que las transformaciones que perciben sean investigadas. Esa historia, construida desde la memoria y la vigilancia comunitaria, constituye hoy uno de los registros más importantes para comprender la situación de este río de la Zona Norte.

En la discusión pública sobre los conflictos ambientales suele ponerse atención únicamente cuando aparece un estudio técnico o una resolución institucional. Sin embargo, los procesos de deterioro de un ecosistema casi nunca comienzan ahí. Antes de los informes, casi siempre existe una comunidad que observa, compara, recuerda y documenta.

Eso ha ocurrido en Birmania, distrito de Dos Ríos, cantón de Upala.

Durante más de diez años, habitantes de esta comunidad han construido una memoria colectiva sobre las transformaciones del río Pizote, también conocido como río Niño. Lo que comenzó como conversaciones entre vecinos sobre cambios en el cauce se convirtió, con el paso del tiempo, en recorridos comunitarios, registros fotográficos, solicitudes de inspección, denuncias, reuniones institucionales y un esfuerzo permanente por comprender qué estaba ocurriendo con uno de los bienes comunes más importantes del territorio.

Hoy, distintos informes públicos, inspecciones institucionales y registros comunitarios permiten reconstruir una historia mucho más amplia que la de un hecho aislado. Se trata de una experiencia de vigilancia comunitaria que demuestra el papel fundamental que desempeñan las comunidades en la protección de los ecosistemas.

Un río que conecta territorio, comunidad y vida

El río Pizote forma parte de la red hídrica que nace en las faldas del volcán Rincón de la Vieja y atraviesa comunidades agrícolas y ganaderas de la Zona Norte de Costa Rica.

Durante generaciones ha sido mucho más que un curso de agua. Ha sido un lugar para aprender a nadar, pescar, compartir en familia y encontrarse con otras personas de la comunidad. También constituye un corredor ecológico que sostiene la biodiversidad y contribuye al equilibrio ambiental de la cuenca.

Por eso, cuando un río cambia, quienes primero lo perciben son las personas que conviven diariamente con él. Las comunidades conocen dónde existían antiguas pozas, recuerdan el comportamiento del agua durante el invierno, identifican la vegetación ribereña y reconocen cuándo el paisaje comienza a transformarse. Ese conocimiento cotidiano constituye una forma de ciencia comunitaria que complementa los estudios técnicos y aporta información indispensable para comprender los procesos ambientales.

La persistencia de quienes nunca dejaron de observar

Si hoy es posible reconstruir buena parte de la historia reciente del río Pizote, es gracias al trabajo constante de personas que decidieron mantener viva la memoria del territorio.

Entre ellas destaca David Menjívar, vecino de Birmania y uno de los principales impulsores de la vigilancia comunitaria sobre el río durante más de una década.

Su aporte ha trascendido la denuncia puntual. Durante años ha recorrido el río, documentado cambios mediante fotografías y videos, conservado registros, compartido información con instituciones, acompañado inspecciones y promovido que las preocupaciones de la comunidad no quedaran en el olvido.

Su trabajo ha permitido construir una memoria ambiental del río que hoy resulta invaluable. Muchas de las observaciones que actualmente forman parte del debate público fueron registradas inicialmente por personas de la comunidad que, como David, comprendieron que proteger un río también implica observarlo, registrar sus transformaciones y transmitir ese conocimiento a las nuevas generaciones.

Esa trayectoria fue recuperada recientemente en un episodio del pódcast Sentires y Saberes del Observatorio de Bienes Comunes. En esa conversación, David recuerda un río que durante décadas fue espacio de recreación, encuentro comunitario y convivencia, al tiempo que comparte las transformaciones que ha observado a lo largo de su vida.

Más allá de una entrevista, su testimonio constituye un ejercicio de memoria territorial. Demuestra que el conocimiento ambiental no nace únicamente de los estudios especializados; también se construye desde la experiencia cotidiana de quienes habitan un territorio durante décadas.

Su historia reivindica una dimensión poco reconocida de la defensa ambiental: la paciencia de quienes dedican años a observar, registrar y cuidar un bien común sin abandonar el compromiso con su comunidad.

Una historia que comenzó mucho antes

Las preocupaciones sobre el estado del río Pizote no son recientes. Desde al menos 2015, David Menjivar y varias personas vecinas comenzaron a advertir cambios en distintos sectores del cauce. A partir de esos primeros reportes se realizaron inspecciones por parte de diferentes instituciones, incluyendo actuaciones policiales y visitas técnicas, mientras la comunidad continuaba recopilando información sobre las transformaciones observadas.

Con el paso de los años, lejos de desaparecer, las preocupaciones persistieron. En 2021, organizaciones comunitarias recuperaron a partir de una noticia en redes sociales parte de esa memoria colectiva y recordaron que ocho años atrás ya se habían documentado modificaciones importantes en el río. Entre las observaciones registradas se encontraban la formación y desaparición de pozas, caída de árboles, cambios en la profundidad del cauce y otras transformaciones observadas tanto aguas arriba como aguas abajo de sectores donde históricamente se desarrollan actividades de extracción de materiales.

En esa misma oportunidad también se planteó la necesidad de estudiar con mayor profundidad situaciones percibidas por la comunidad, como la disminución del caudal en algunos sectores, procesos de erosión, pérdida de vegetación ribereña y cambios en especies asociadas al ecosistema del río.

Asimismo, se hizo referencia a la existencia de diversos expedientes relacionados con concesiones para extracción de material en el sector, según la información disponible en el Catastro Minero nacional, así como a la necesidad de valorar los riesgos asociados a procesos de desbordamiento y erosión que afectaban a familias de la comunidad.

Aquella recuperación de información no buscaba establecer conclusiones definitivas, sino poner en común un conjunto de observaciones acumuladas durante años y solicitar que fueran analizadas mediante estudios técnicos e investigaciones institucionales.

Las alertas continúan

Durante 2026 la comunidad volvió a expresar su preocupación tras observar nuevos cambios en distintos sectores del río. Luego de varios episodios de lluvia, personas vecinas señalaron que la disminución del caudal permitió apreciar con mayor claridad procesos que, desde su perspectiva, requerían una evaluación especializada.

Las observaciones comunitarias hicieron énfasis en posibles cambios del lecho del río, procesos de erosión y alteraciones que consideraban necesario investigar mediante inspecciones independientes. También insistieron en la importancia de fortalecer los mecanismos de fiscalización y garantizar transparencia en el seguimiento institucional.

Como ha ocurrido desde hace varios años, la comunidad reiteró que corresponde a las autoridades competentes determinar, mediante procedimientos técnicos y administrativos, las causas de las transformaciones observadas y definir las medidas que resulten necesarias para la protección del río.

Los informes técnicos dialogan con la memoria comunitaria

Recientemente, un informe elaborado por el gobierno local (Municipalidad Upala, 2026) incorporó nuevas observaciones derivadas de una inspección realizada en el sitio.

El documento registra, entre otros aspectos, procesos de socavamiento en algunos sectores del río, incorpora registros fotográficos y consigna diversas observaciones técnicas y administrativas realizadas durante el recorrido.

Más que constituir un punto de partida, este informe se suma a un proceso de seguimiento construido durante años por la comunidad.

Su principal valor radica en que aporta nuevos elementos para comprender un proceso que las personas vecinas habían venido documentando mucho antes de la elaboración del informe.

La vigilancia comunitaria también produce conocimiento

Uno de los aprendizajes más importantes que deja la experiencia del río Pizote es que las comunidades producen información ambiental de enorme valor público.

  • -Cada fotografía tomada durante años.
  • -Cada recorrido por las orillas del río.
  • -Cada conversación entre generaciones.
  • -Cada solicitud de inspección.
  • -Cada registro conservado.

Todo ello constituye un patrimonio de conocimiento que complementa el trabajo científico e institucional.

La vigilancia comunitaria no reemplaza las competencias de las autoridades ni los estudios especializados. Los fortalece. Permite identificar señales tempranas, orientar investigaciones y construir una comprensión más amplia de los procesos que experimentan los territorios.

También representa una forma concreta de cuidado. Porque cuidar un río no significa únicamente reaccionar cuando aparece un problema evidente. Significa observarlo de manera permanente, conservar su memoria, compartir información y mantener vivo el vínculo entre las personas y el territorio.

Cuidar la memoria para cuidar los bienes comunes

La historia del río Pizote deja una enseñanza que trasciende a Birmania. Los bienes comunes se protegen cuando las comunidades participan activamente en su cuidado. Cuando registran los cambios del paisaje. Cuando dialogan con las instituciones. Cuando recuperan la memoria de quienes han vivido toda una vida junto al río. Cuando las nuevas generaciones aprenden que la defensa del territorio comienza por conocerlo.

En esa historia, el trabajo de David Menjívar ocupa un lugar fundamental. Su constancia demuestra que la defensa de un río no siempre ocurre en los grandes titulares. Muchas veces se construye caminando una y otra vez sus orillas, guardando fotografías durante años, conversando con vecinos, acompañando inspecciones y sosteniendo la convicción de que la memoria también puede convertirse en una forma de protección.

En tiempos de crisis climática y de crecientes presiones sobre los ecosistemas, esa experiencia recuerda que las comunidades no solo son testigos de las transformaciones ambientales. Son también productoras de conocimiento, guardianas de la memoria territorial y protagonistas indispensables en la construcción de una gestión ambiental más democrática.

Porque los ríos no se cuidan únicamente desde los expedientes o los informes técnicos. También se cuidan desde la mirada atenta de quienes nunca dejan de caminar junto a ellos.

Referencia:

CRM Costa Rica Multimedia TV. (2021, 5 de marzo). Vecinos y vecinas de la comunidad de Birmania de Upala han venido planteando la necesidad de evaluar a profundidad los impactos ambientales que ha sufrido el río Pizote

Municipalidad de Upala. (2026). Informe MU-MA-INF-001-2026. Informe de inspección ambiental sobre el río Pizote. Gestión Ambiental, Municipalidad de Upala.

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El hidrógeno verde y las preguntas que casi nadie está haciendo

Durante los últimos años, el hidrógeno verde ha comenzado a ocupar un lugar privilegiado en los discursos sobre la transición energética. Gobiernos, organismos internacionales y empresas lo presentan como una de las principales soluciones para enfrentar la crisis climática y avanzar hacia economías descarbonizadas.

Pero ¿qué ocurre cuando una promesa tecnológica se convierte en una estrategia geopolítica? ¿Quiénes se benefician de esta nueva economía energética? ¿Qué territorios deberán asumir sus costos ambientales y sociales?

Estas son algunas de las preguntas que plantea el dossier «Hidrógeno verde: ¿transición o colonialismo? Apuntes para el debate en Argentina, Uruguay y Chile», una publicación coordinada por Florencia Puente y editada por la Fundación Rosa Luxemburgo, que reúne investigaciones de especialistas de América Latina y el Caribe para analizar críticamente el auge del hidrógeno verde en la región.

Lejos de ofrecer respuestas definitivas, el documento invita a revisar críticamente la narrativa dominante que presenta al hidrógeno verde como una solución incuestionable frente al cambio climático. Sus autores proponen analizar la transición energética desde una perspectiva política, preguntándose quién define sus prioridades, quién controla la infraestructura, quién financia los proyectos y quién asume los impactos territoriales.

La transición también puede reproducir desigualdades

Uno de los principales aportes del dossier consiste en mostrar que la discusión no gira únicamente alrededor de una nueva fuente energética. El problema central es el modelo de transición que se está construyendo.

Mientras los países del Norte Global incrementan su demanda de minerales, agua y energía para sostener sus procesos de descarbonización, numerosos países latinoamericanos y caribeños reforman sus políticas públicas para atraer inversiones destinadas a producir hidrógeno verde de exportación. El riesgo, advierten los autores, es que la transición energética reproduzca viejas relaciones de dependencia, donde el Sur Global continúa aportando territorios, bienes comunes y recursos estratégicos para sostener el consumo de las economías industrializadas.

Desde esta perspectiva, el hidrógeno verde deja de ser únicamente una innovación tecnológica para convertirse en una discusión sobre soberanía energética, justicia ambiental y democracia.

Más preguntas que certezas

El documento también cuestiona algunos de los supuestos que acompañan el entusiasmo alrededor del hidrógeno verde.

Recuerda que el hidrógeno no es una fuente de energía, sino un vector energético: producirlo requiere grandes cantidades de electricidad, agua e infraestructura especializada. Además, buena parte de los escenarios internacionales proyectan que el crecimiento del hidrógeno no sustituirá completamente a los combustibles fósiles, sino que podría sumarse a ellos, ampliando la demanda energética global.

Los autores también advierten sobre la creciente utilización del concepto de «hidrógeno de bajas emisiones», una categoría que puede facilitar la continuidad del uso de gas fósil mediante tecnologías de captura de carbono, ampliando el margen para el greenwashing y retrasando transformaciones más profundas del modelo energético.

Un debate necesario para Costa Rica

Aunque el dossier se concentra en Argentina, Uruguay y Chile, muchas de las preguntas que plantea resultan especialmente pertinentes para Costa Rica.

El país también impulsa estrategias para desarrollar una economía del hidrógeno verde y promover inversiones vinculadas a este sector. En ese contexto, resulta indispensable ampliar el debate público más allá del optimismo tecnológico.

-¿Cómo se distribuirán los beneficios y los impactos?

-¿Qué implicaciones tendrá sobre el uso del agua, el territorio y la infraestructura energética?

-¿Responderá esta estrategia a las necesidades del país o principalmente a la demanda energética internacional?

Abrir estas discusiones no significa rechazar la innovación, sino fortalecer una transición energética verdaderamente democrática, donde la justicia social, la protección de los bienes comunes y la participación de las comunidades ocupen un lugar central.

Descargar el dossier

Desde el Observatorio de Bienes Comunes consideramos que este documento constituye un valioso insumo para comprender los debates que atraviesan la transición energética en América Latina.

Más que ofrecer respuestas cerradas, invita a formular las preguntas que muchas veces quedan fuera del discurso oficial y a pensar si la descarbonización puede construirse sin reproducir nuevas formas de extractivismo y dependencia.

Puede descargar el dossier completo al final de esta publicación y contribuir al debate sobre el futuro energético de nuestra región.

Pueden descargar la infografía aquí.

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«Dejarlos ser»: cuando proteger a los felinos también fortalece a una comunidad

¿Qué ocurre cuando una comunidad decide que la presencia de un jaguar, un puma o un ocelote no es un problema que debe eliminarse, sino una oportunidad para aprender a convivir con la naturaleza?

Esa es una de las preguntas que atraviesa esta conversación con Rebeca Muñoz y Heriberto Mena, integrantes de Felinos en Libertad, una organización comunitaria de Piedades Sur de San Ramón que nació a partir de una preocupación compartida: los encuentros entre personas, animales domésticos y fauna silvestre.

Lejos de responder con el miedo o la persecución de los felinos, la comunidad decidió organizarse. El resultado ha sido un proceso que hoy combina educación ambiental, trabajo con escuelas y colegios, monitoreo mediante cámaras trampa, articulación con instituciones y la construcción de una propuesta comunitaria para proteger los corredores biológicos de la zona.

En esta entrevista podrá escuchar:
  • -Cómo nació Felinos en Libertad a partir de una preocupación comunitaria que se transformó en una propuesta de conservación y educación ambiental.
  • -Por qué la protección de los felinos también implica proteger los bosques, las especies que conviven con ellos y los corredores biológicos.
  • -Qué especies de felinos habitan en la zona, incluyendo registros de jaguar, puma, ocelote y yaguarundí obtenidos mediante cámaras trampa.
  • -Por qué un festival comunitario puede convertirse en una herramienta de educación, sensibilización y construcción de vínculos entre la comunidad y la naturaleza.
  • -Los aprendizajes organizativos que ha dejado el proceso: alianzas, comités de trabajo, planificación y fortalecimiento de la organización comunitaria.
  • -Qué hacer si alguna vez se encuentra con un felino silvestre, y por qué el conocimiento puede ser más útil que el miedo para favorecer la convivencia.

Durante la entrevista, las personas participantes explican que en este territorio se ha registrado la presencia de cuatro especies de felinos silvestres: jaguar, puma, ocelote y yaguarundí. Más que una curiosidad biológica, este hallazgo recuerda la importancia de conservar los bosques y las rutas que permiten el desplazamiento de estas especies a través del paisaje.

Miramos también, en torno al Festival de Felinos, una actividad que trasciende el carácter recreativo para convertirse en un espacio de educación y encuentro comunitario. Como explica Rebeca Muñoz, el principal objetivo no es únicamente celebrar, sino generar conciencia sobre la protección de la vida silvestre y compartir aprendizajes sobre cómo convivir con ella.

La conversación también permite conocer cómo ha evolucionado la organización durante el último año. La conformación de comités, el establecimiento de alianzas y la construcción de una planificación a corto, mediano y largo plazo muestran que la conservación también requiere organización comunitaria, capacidad de gestión y trabajo colectivo.

Hacia el cierre, surge una pregunta sencilla pero fundamental: ¿qué hacer si una persona se encuentra con un felino? La respuesta de las personas entrevistadas rompe con muchos imaginarios construidos alrededor de estos animales. La recomendación es mantener la calma, no agredirlos y comprender que, en la mayoría de los casos, ellos también buscan evitar el contacto con las personas. Aprender a «dejarlos ser» aparece como una forma de convivencia basada en el respeto y el conocimiento, más que en el temor.

Esta conversación forma parte de Sentires y Saberes, un espacio del Observatorio Bienes Comunes para escuchar las experiencias, reflexiones y aprendizajes que nacen desde los territorios.

Le invitamos a escuchar la entrevista completa y conocer cómo una comunidad ha convertido la conservación de los felinos en una oportunidad para fortalecer la organización local, la educación ambiental y el cuidado compartido del territorio.

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Entre el salmón y las mayorías populares ¿Puede una universidad distinta brindar como las élites?

La polémica por los gastos protocolarios de la Rectoría no se reduce a una discusión sobre facturas o cenas. Obliga a volver sobre una pregunta más profunda: ¿qué tipo de universidad expresa hoy la Universidad de Costa Rica? La reflexión de Ignacio Ellacuría ofrece un punto de partida para comprender que el verdadero debate no es administrativo, sino político y ético.

Más que una factura, una idea de universidad

La investigación publicada recientemente sobre los gastos protocolarios de la Rectoría de la Universidad de Costa Rica documentó más de cuarenta millones de colones destinados a alimentación, actividades de representación y encuentros con delegaciones nacionales e internacionales. Entre las facturas divulgadas aparecen cenas en restaurantes de alta cocina, consumo de vino y menús que incluyeron platillos como salmón, pulpo o corvina. La Rectoría respondió que estos gastos corresponden a actividades propias de la diplomacia universitaria y que permitieron atender a representantes de gobiernos, organismos de cooperación y centros internacionales de investigación vinculados con proyectos estratégicos para la institución.

La noticia provocó reacciones inmediatas. Para algunos, el problema radica en el monto de los recursos utilizados; para otros, en la legitimidad de financiar este tipo de encuentros con fondos públicos. Sin embargo, detener la discusión en la legalidad del gasto o en el precio de una cena supone dejar intacta la cuestión más importante.

Toda institución pública comunica una determinada concepción de sí misma mediante el uso de sus recursos. Las formas de representación nunca son neutras: expresan una cultura institucional, una escala de prioridades y una determinada comprensión del poder. En ese sentido, la controversia abierta por estas revelaciones constituye una oportunidad para volver sobre una pregunta formulada hace más de cuatro décadas por Ignacio Ellacuría: ¿puede existir una universidad distinta?

Lejos de ser una reflexión circunscrita al contexto salvadoreño de finales del siglo XX, el ensayo de Ellacuría sigue ofreciendo un criterio exigente para evaluar el sentido de las universidades públicas latinoamericanas. Su propuesta no parte de indicadores de excelencia académica ni de rankings internacionales. Parte de una interrogante más radical: ¿desde dónde piensa, actúa y se representa una universidad?

Primera tesis: el horizonte de la universidad son las mayorías populares

El primer desplazamiento que propone Ellacuría consiste en modificar el punto desde el cual se evalúa la institución universitaria. Una universidad no encuentra su legitimidad en el prestigio de sus alianzas, en la sofisticación de sus instalaciones o en la acumulación de reconocimientos internacionales. Su legitimidad depende de la relación que establece con la realidad histórica y, particularmente, con las grandes mayorías que experimentan las consecuencias de la desigualdad.

Esta afirmación altera profundamente la manera de comprender la gestión universitaria. Si las mayorías populares constituyen el horizonte ético de la institución, entonces todas sus decisiones —incluidas aquellas relacionadas con la representación protocolaria— deben poder justificarse desde ese criterio.

La Rectoría sostiene que las cenas protocolarias permitieron fortalecer vínculos con delegaciones que impulsan proyectos de cooperación científica y tecnológica. Esa explicación puede ser razonable. Sin embargo, la pregunta de Ellacuría permanece abierta: ¿de qué manera esas prácticas representan a una universidad cuya existencia se justifica por su compromiso con la sociedad costarricense en su conjunto y, especialmente, con quienes enfrentan mayores condiciones de exclusión? El problema no es la cooperación internacional; el problema es desde qué horizonte simbólico y político se ejerce esa cooperación.

Segunda tesis: la universidad también educa mediante sus símbolos

Una de las intuiciones más sugerentes del ensayo consiste en comprender que la universidad no transmite únicamente conocimientos. También produce cultura. Sus edificios, sus ceremonias, sus prioridades presupuestarias y sus formas de ejercer la autoridad enseñan tanto como las aulas.

Por eso Ellacuría advierte que incluso la utilización de los recursos materiales puede proyectar una imagen de distancia respecto de la población a la que la universidad afirma servir. Una institución puede proclamar su compromiso con la transformación social y, al mismo tiempo, construir símbolos que la aproximan culturalmente a los sectores privilegiados.

Leída desde esta perspectiva, la discusión sobre restaurantes, vino o cenas deja de ser anecdótica. No porque el menú constituya en sí mismo una falta ética, sino porque expresa una determinada forma de entender la representación institucional. La pregunta ya no es si una universidad puede recibir dignamente a una delegación extranjera; la pregunta es qué lenguaje simbólico decide utilizar para hacerlo y qué imagen proyecta de sí misma mediante esas decisiones.

Tercera tesis: la universidad no debe adaptarse a las lógicas del poder

Ellacuría sostenía que la universidad debía mantener una actitud beligerante frente a las estructuras de injusticia. La beligerancia no significaba agresividad ni confrontación permanente, sino la negativa a naturalizar las racionalidades dominantes cuando estas reproducen desigualdad o exclusión.

Esta idea adquiere especial relevancia en el contexto actual. La cooperación internacional constituye una dimensión imprescindible de la vida universitaria contemporánea. Pero existe una diferencia sustancial entre construir alianzas estratégicas y adoptar sin cuestionamiento los códigos culturales mediante los cuales las élites económicas, diplomáticas y políticas representan tradicionalmente el poder.

La diplomacia universitaria no tendría por qué reproducir exactamente las formas de la diplomacia estatal o empresarial. Una universidad pública posee la posibilidad —y quizá también la responsabilidad— de imaginar otras maneras de construir hospitalidad, reconocimiento y cooperación que resulten coherentes con el proyecto democrático y emancipador que dice encarnar.

Cuarta tesis: la coherencia institucional también es una forma de conocimiento

Ellacuría insistía en que la misión universitaria no podía agotarse en el discurso. La universidad debía objetivar sus principios en prácticas concretas, porque solo así el conocimiento adquiría fuerza histórica. Una institución incapaz de traducir sus valores en formas de organización, decisiones presupuestarias y estilos de gobierno terminaba debilitando la credibilidad de su propio proyecto.

La controversia abierta por la investigación periodística debería comprenderse precisamente desde esa perspectiva. No se trata de establecer un juicio moral sobre determinadas autoridades ni de reducir la discusión a una factura específica. Se trata de reconocer que las prácticas institucionales nunca son secundarias. La forma en que una universidad administra recursos públicos, recibe a sus invitados y representa su autoridad forma parte del proceso educativo que ofrece a la sociedad.

La vigencia de una pregunta incómoda

Quizá el mayor aporte de Ignacio Ellacuría consista en recordarnos que la pregunta por la universidad nunca puede resolverse definitivamente. Cada generación debe volver a examinar si las prácticas institucionales permanecen coherentes con la misión que la universidad dice asumir.

La polémica sobre los gastos protocolarios de la Universidad de Costa Rica no obliga únicamente a revisar reglamentos administrativos. Obliga a preguntarse si la cultura institucional que hoy se construye mantiene como referencia a las grandes mayorías populares o si, de manera casi imperceptible, ha comenzado a adoptar las formas de representación propias de aquellos espacios de poder que históricamente las universidades públicas estaban llamadas a interpelar críticamente.

Por eso el debate no termina cuando se explica una factura ni cuando se demuestra la legalidad de un gasto. Comienza precisamente ahí. Porque la pregunta formulada por Ellacuría sigue esperando una respuesta que no puede encontrarse en un informe financiero, sino en la coherencia cotidiana entre el proyecto universitario y las prácticas mediante las cuales ese proyecto se hace visible.

¿Puede existir una universidad distinta? Más de cuarenta años después, la respuesta continúa escribiéndose en cada decisión institucional.

Antes de discutir una factura o un protocolo, quizá convenga recuperar una pregunta más profunda. En ¿Puede una universidad distinta?, Ignacio Ellacuría nos invita a pensar si las universidades públicas representan verdaderamente a las mayorías populares o si terminan reproduciendo las lógicas del poder que dicen cuestionar. Una lectura que hoy resulta más vigente que nunca.

Pueden descargarlo aquí.

Referencia:

Vargas Calvo, Andrés. (2026). Rectoría de la UCR destinó más de ¢40 millones a alimentación, vino y actividades protocolarias. Diario Extra.

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Más que un festival: cuando una comunidad se encuentra para construir su futuro

La mañana de este domingo 5 de julio, la cancha de Piedades Sur de San Ramón volvió a llenarse de familias, emprendimientos, organizaciones y personas comprometidas con su territorio. Era la segunda edición del Festival del Felino, una iniciativa impulsada por Felinos en Libertad que, más allá de celebrar la riqueza de la fauna silvestre, volvió a demostrar el enorme potencial que tienen los espacios de encuentro para fortalecer la organización comunitaria.

A primera vista, un festival puede parecer simplemente una actividad recreativa. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento, revela algo mucho más profundo: detrás de cada puesto, cada conversación, cada presentación artística y cada actividad existe un proceso sostenido de organización, confianza, aprendizaje y trabajo colectivo que difícilmente sería visible sin un momento como este.

Los festivales no solo muestran lo que una comunidad hace. También permiten reconocer quiénes la conforman, qué capacidades ha desarrollado, qué alianzas ha construido y cuáles son los desafíos que todavía tiene por delante.

Un segundo festival también cuenta una historia

Realizar una segunda edición tiene un significado especial. No se trata únicamente de repetir una actividad que salió bien. Significa que un grupo de personas decidió sostener un proceso, darle continuidad a un esfuerzo colectivo y seguir creyendo que vale la pena encontrarse.

Los procesos comunitarios suelen medirse por los proyectos ejecutados, los recursos obtenidos o las metas alcanzadas. Sin embargo, también existen otros indicadores menos visibles, pero igual de importantes: la confianza construida entre vecinos y vecinas, la capacidad para organizarse, la aparición de nuevos liderazgos, el fortalecimiento de los emprendimientos locales o la articulación con otras organizaciones e instituciones.

En este sentido, el festival se convierte en una especie de pausa colectiva. Es el momento en que una comunidad puede mirar el camino recorrido, compartir lo que ha aprendido, reconocer el trabajo realizado durante el último año y renovar el compromiso con aquello que todavía falta por construir.

Cada nueva edición no solo celebra un aniversario. También narra la historia de una organización que ha logrado mantenerse viva gracias al compromiso de quienes continúan creyendo en la fuerza del trabajo colectivo.

El encuentro como una forma de construir comunidad

Vivimos en una época donde muchas veces compartimos un mismo territorio sin conocernos realmente. Habitamos los mismos barrios, transitamos las mismas calles y utilizamos los mismos espacios públicos, pero pocas veces encontramos oportunidades para conversar, reconocer a quienes viven cerca o imaginar proyectos comunes.

Por eso los espacios de encuentro tienen un enorme valor político y comunitario. Una cancha puede ser, durante la mayor parte del año, un lugar de paso o un espacio reservado para determinadas actividades. Sin embargo, un festival transforma temporalmente ese lugar y le otorga nuevos significados.

De pronto, ese espacio deja de ser únicamente un sitio de tránsito para convertirse en un lugar donde las personas permanecen. Donde niñas y niños juegan, las familias conversan, los emprendimientos locales muestran su trabajo, las organizaciones comparten sus iniciativas y quienes apenas se conocían tienen la oportunidad de intercambiar una palabra, descubrir intereses comunes o comenzar una nueva colaboración.

Es precisamente allí donde ocurre una de las transformaciones más importantes: el espacio físico también se convierte en un espacio de convivencia. Cuando las personas vuelven a habitar colectivamente los lugares públicos, esos espacios dejan de pertenecer únicamente a su infraestructura para convertirse en escenarios donde se fortalecen la confianza, el reconocimiento mutuo y el sentido de pertenencia.

En tiempos donde el aislamiento y la fragmentación social parecen ganar terreno, encontrarse también constituye una forma de cuidar los bienes comunes.

El festival como metodología para construir comunidad

Quizá uno de los mayores aportes de experiencias como esta consiste en recordarnos que un festival no es únicamente una celebración. También puede convertirse en una metodología de trabajo comunitario.

Con frecuencia asociamos la organización con reuniones, diagnósticos, planes de trabajo o largas jornadas de discusión. Todos estos espacios son importantes. Sin embargo, las comunidades también necesitan momentos para celebrar, compartir y disfrutar juntas.

La celebración no representa una pausa del trabajo comunitario; forma parte de él.

Celebrar permite reconocer el esfuerzo colectivo, agradecer a quienes han sostenido los procesos, fortalecer los vínculos entre personas y renovar las energías necesarias para continuar caminando. El disfrute también construye comunidad porque genera confianza, afecto y sentido de pertenencia.

Al mismo tiempo, un festival crea condiciones que difícilmente aparecen en otros espacios. Personas que nunca asistirían a una reunión comunitaria sí participan de una actividad cultural. Familias enteras se acercan, conversan con organizaciones locales, conocen emprendimientos, descubren iniciativas ambientales y comienzan a sentirse parte de un proyecto compartido.

En ese sentido, el festival deja de ser únicamente un evento para convertirse en una metodología que promueve el encuentro, el aprendizaje, la articulación y la participación.

Tal vez una de las preguntas más sugerentes que deja esta experiencia sea precisamente esa: ¿qué pasaría si más comunidades se atrevieran a pensar los festivales como una herramienta para fortalecer el tejido social?

No se trata únicamente de organizar una actividad anual. Se trata de crear espacios donde la comunidad pueda reconocerse, poner en común sus saberes, visibilizar sus capacidades, imaginar nuevas posibilidades y celebrar aquello que ha construido colectivamente.

Un territorio que sigue caminando

Más allá de la programación del día, esta segunda edición dejó una enseñanza importante: las transformaciones comunitarias no ocurren de un momento a otro.

Son el resultado de personas que deciden sostener el esfuerzo, aprender de la experiencia, fortalecer alianzas y seguir construyendo, paso a paso, un proyecto común.

Desde el Observatorio de Bienes Comunes reconocemos el valor de estas iniciativas porque nos recuerdan que los bienes comunes no solo se defienden mediante normas o políticas públicas. También se fortalecen cuando una comunidad crea espacios para encontrarse, dialogar, celebrar y asumir colectivamente el desafío de cuidar el territorio que comparte.

Quizá por eso el mayor legado de este segundo Festival de Felinos no sea únicamente haber convocado a decenas de personas durante un domingo. Su mayor aporte consiste en recordarnos que las comunidades también se construyen desde la alegría, el encuentro y la decisión compartida de seguir imaginando un futuro común.

¿Qué es Felinos en Libertad?

Felinos en Libertad es una organización comunitaria nacida en Piedades Sur de San Ramón a partir de una preocupación compartida por la convivencia entre las personas y la vida silvestre.

Lo que comenzó como la inquietud de un grupo de vecinas y vecinos ante la presencia de grandes felinos en la zona fue transformándose en una propuesta más amplia, centrada en la conservación de la biodiversidad, la educación ambiental y el fortalecimiento de la organización comunitaria. El reconocimiento de especies como el jaguar, el puma, el ocelote y el yaguarundí en los corredores biológicos que atraviesan el territorio reforzó la importancia de proteger estos ecosistemas y promover formas de convivencia respetuosas con la fauna silvestre.

Con el paso del tiempo, la organización ha consolidado un proceso de trabajo que involucra actividades educativas en escuelas y colegios, acciones de sensibilización ambiental, articulación con instituciones públicas, universidades, emprendimientos locales y otras organizaciones comunitarias. Al mismo tiempo, ha fortalecido su estructura interna mediante la creación de comités y una planificación orientada a sostener el trabajo a corto, mediano y largo plazo.

Más allá de la protección de los felinos, Felinos en Libertad representa una experiencia de organización comunitaria que demuestra cómo el cuidado de la naturaleza puede convertirse en un punto de encuentro para fortalecer los vínculos sociales, impulsar la participación y construir un proyecto compartido de territorio.

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Parmenio Medina y una pregunta que sigue vigente: ¿para quién sirve la comunicación pública?

A 25 años de la última entrevista de Parmenio Medina: una pregunta que la democracia aún no responde

Hace veinticinco años, pocos días antes de ser asesinado, el periodista Parmenio Medina concedió la que sería su última entrevista televisiva. Más que una conversación sobre su situación personal, fue una profunda reflexión sobre el papel de la comunicación en una sociedad democrática.

En un momento en que enfrentaba la censura de su programa radial y denunciaba presiones por sus investigaciones periodísticas, Parmenio defendió una idea que hoy conserva toda su vigencia: el periodismo no existe para repetir lo que dice el poder, sino para investigar, contrastar y poner al servicio de la ciudadanía información que permita comprender la realidad.

Aquella entrevista no solo dejó el testimonio de un periodista comprometido con la verdad. También planteó una pregunta que continúa interpelando a Costa Rica: ¿para quién sirve la comunicación pública?

Veinticinco años después, el contexto tecnológico ha cambiado profundamente. La radio y la televisión ya no son los únicos espacios donde se disputa la opinión pública. Las redes sociales, las plataformas digitales y las estrategias de comunicación institucional ocupan hoy un lugar central en la construcción del debate público. Sin embargo, el desafío democrático sigue siendo el mismo: garantizar que la comunicación fortalezca el derecho de la ciudadanía a estar informada y no se convierta en una herramienta para administrar la percepción del poder.

Esta reflexión cobra especial relevancia en momentos en que el país discute el fortalecimiento presupuestario de la comunicación gubernamental y las prioridades del gasto público. Más allá de la coyuntura, la pregunta que planteaba Parmenio continúa abierta: ¿la comunicación financiada con recursos públicos está orientada a ampliar el derecho ciudadano a la información o a consolidar el relato de quienes gobiernan?

Recordar a Parmenio Medina no significa únicamente honrar la memoria de un periodista asesinado por ejercer su oficio. Significa recuperar una discusión imprescindible para la democracia costarricense: la comunicación no es un fin en sí mismo. Es un bien público que debe contribuir a la transparencia, la rendición de cuentas, el pluralismo y la deliberación democrática.

A un cuarto de siglo de aquella última entrevista, el mejor homenaje a Parmenio quizá no sea mirar únicamente hacia el pasado, sino volver a formular las preguntas que él consideraba esenciales. Porque la calidad de una democracia también se mide por la calidad de la información con la que sus ciudadanos comprenden el presente y deciden su futuro.

Un debate que sigue abierto

El contexto ha cambiado profundamente desde 2001. Hoy la comunicación gubernamental no depende únicamente de conferencias de prensa o espacios en radio y televisión; también se despliega en redes sociales, plataformas digitales y sofisticadas estrategias audiovisuales. Sin embargo, la pregunta de fondo permanece intacta. La reciente decisión de aumentar el presupuesto destinado a la comunicación de Casa Presidencial ofrece una oportunidad para volver a discutir qué espera una democracia de la comunicación pública y cuáles son los límites entre informar a la ciudadanía y construir una narrativa política.

La reciente aprobación de un aumento de ¢70 millones para el Programa de Información y Comunicación de Casa Presidencial reabre una discusión que trasciende cualquier gobierno: ¿cuál debe ser el papel de la comunicación pública en una democracia? Veinticinco años después de su asesinato, el legado de Parmenio Medina ofrece claves para pensar esa pregunta.

Hace veinticinco años, en la última entrevista que concedió antes de ser asesinado, el periodista Parmenio Medina dejó una reflexión que conserva una enorme vigencia. Para él, el debate sobre la comunicación nunca fue únicamente un asunto de libertad de expresión. Era, sobre todo, una discusión sobre democracia.

Durante aquella conversación defendió una idea sencilla pero profundamente exigente: el periodismo no puede limitarse a reproducir versiones oficiales. Su responsabilidad consiste en investigar, contrastar, profundizar y cuestionar el poder, porque una ciudadanía solo puede tomar decisiones libres cuando dispone de información rigurosa, plural e independiente.

En ese mismo diálogo se planteó otra reflexión que hoy merece volver al centro del debate. Se recordó que las frecuencias de radio y televisión son bienes públicos y que, precisamente por ello, la comunicación conlleva responsabilidades éticas que trascienden los intereses comerciales y políticos. Los medios no solo transmiten información: contribuyen a construir la manera en que una sociedad comprende la verdad, identifica los problemas públicos y delibera sobre su futuro.

Una discusión que vuelve al presente

La reciente aprobación, en la Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa, de un aumento de ¢70 millones para el Programa de Información y Comunicación de Casa Presidencial ha abierto un debate sobre las prioridades del gasto público en un contexto donde el propio Gobierno ha insistido en la necesidad de la austeridad y ha planteado la posibilidad de un ajuste fiscal.

Más allá de las posiciones políticas sobre esa decisión, el episodio invita a formular una pregunta más profunda: ¿qué modelo de comunicación pública queremos fortalecer?

Toda democracia necesita que el Estado comunique. Informar sobre políticas públicas, explicar decisiones, facilitar el acceso a los servicios y rendir cuentas forma parte de sus obligaciones. La comunicación institucional es una función legítima y necesaria. Sin embargo, la legitimidad de esa comunicación no depende únicamente de los recursos que recibe, sino del propósito que persigue.

Informar no es lo mismo que construir una narrativa

Existe una diferencia fundamental entre comunicar para garantizar el derecho ciudadano a la información y comunicar para fortalecer la posición política de quienes gobiernan. La comunicación orientada al interés público busca ampliar la capacidad de la ciudadanía para comprender la realidad. Explica decisiones, ofrece datos verificables, transparenta procesos, reconoce errores cuando existen y facilita que las personas construyan su propio criterio.

La comunicación orientada principalmente al ejercicio del poder persigue un objetivo distinto: administrar la percepción pública. Prioriza determinados temas, enfatiza los logros, reduce la visibilidad de los conflictos y procura consolidar un relato favorable para quienes ejercen el gobierno.

La diferencia puede parecer sutil, pero tiene profundas implicaciones democráticas.

Cuando la comunicación pública deja de fortalecer el derecho ciudadano a la información y comienza a privilegiar la gestión de la imagen política, la deliberación democrática se empobrece. La ciudadanía recibe más mensajes, pero no necesariamente dispone de mejores herramientas para comprender la realidad, evaluar las políticas públicas o exigir rendición de cuentas.

El legado de Parmenio

En la apertura de aquella última entrevista, Parmenio advertía que los medios de comunicación tenían la capacidad de influir en la manera en que las personas distinguen entre lo justo y lo injusto, entre la verdad y la mentira. Esa afirmación resulta aún más pertinente en una época donde la comunicación gubernamental se despliega no solo en radio y televisión, sino también en redes sociales, plataformas digitales y estrategias permanentes de producción audiovisual.

Su legado no consiste únicamente en haber denunciado hechos de corrupción o en haber defendido la libertad de prensa. También radica en haber comprendido que la calidad de una democracia depende, en buena medida, de la calidad de la información que reciben sus ciudadanos.

Por eso, cuando un Estado decide fortalecer su aparato de comunicación, la discusión no debería limitarse al monto de los recursos asignados.

Las preguntas verdaderamente relevantes son otras:

  • -¿La inversión fortalecerá el derecho de la ciudadanía a recibir información útil, verificable y oportuna?
  • -¿Contribuirá a mejorar la transparencia y la rendición de cuentas?
  • -¿Facilitará el acceso a información pública o incrementará la capacidad del gobierno para posicionar su propio relato?
  • -¿Qué mecanismos existen para garantizar que la comunicación financiada con recursos públicos sirva al conjunto de la ciudadanía y no únicamente a quienes ejercen el poder?
Una pregunta para toda democracia

Recordar a Parmenio Medina no significa únicamente mantener viva la memoria de un periodista asesinado por ejercer su oficio. Significa recuperar una pregunta que sigue interpelando a cualquier sociedad democrática.

¿Está la comunicación pública al servicio del interés de la ciudadanía o de la consolidación del poder político?

La respuesta no depende de un gobierno en particular. Depende de la capacidad de las instituciones para garantizar transparencia, de la independencia del periodismo para fiscalizar al poder y del compromiso ciudadano con el derecho a una información plural, crítica y verificable.

Porque una democracia sólida no se construye solamente con elecciones libres. También necesita una comunicación pública que informe antes que persuada, que rinda cuentas antes que promocione y que fortalezca la deliberación democrática antes que la propaganda.

Referencias:

Canal Trece Nuestro Canal – YouTube. (2001). La última entrevista de Parmenio Medina en TV (Canal 13)

CRHoy. (2026). Oficialismo avala aumento de ¢70 millones para prensa de Casa Presidencial.

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El vagón nunca estuvo dormido: la niñez que puso en movimiento las memorias de Finca 5

Las memorias comunitarias no solo se conservan. También se crean, se juegan y se imaginan. Como parte del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, compartimos dos publicaciones que nacen del encuentro entre la historia ferroviaria de la comunidad y la creatividad de las niñas y los niños de la Escuela de Finca 5.

Durante varios meses, el proyecto reunió a vecinos y vecinas, personas extrabajadoras del ferrocarril, organizaciones comunitarias, docentes y familias para recuperar las memorias vinculadas al puente ferroviario, el antiguo vagón y otros espacios significativos del territorio. Sin embargo, el recorrido planteó una pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando las nuevas generaciones también son invitadas a construir memoria?

La respuesta fue extraordinaria, cincuenta y una niñas y niños aceptaron la invitación de imaginar el vagón, preguntarse por su historia, inventar nuevos recorridos y dibujar los futuros que desean para su comunidad. El resultado demuestra que la memoria no pertenece únicamente a quienes vivieron determinados acontecimientos. También se fortalece cuando quienes heredan esos lugares los llenan de nuevas preguntas, colores, relatos y sueños.

Un libro construido desde la imaginación

El primer material, «Cuando la memoria se sube al tren. Dibujos, cuentos y sueños de las niñas y los niños de Finca 5», reúne las obras realizadas por el estudiantado. Más que una recopilación de dibujos, el libro propone un recorrido por distintas «estaciones» donde aparecen preguntas que atraviesan toda comunidad:

  • -¿Por qué el vagón permanece allí?
  • -¿De dónde vino?
  • -¿Hacia dónde va?
  • -¿Qué historias guarda el puente?
  • -¿Qué futuros podemos imaginar para este territorio?

Las respuestas no buscan ofrecer una explicación histórica única. Al contrario, muestran que la imaginación también es una forma de construir memoria. En estas páginas aparecen lluvias de colores, vagones que llegan desde otros mundos, puentes convertidos en espacios de encuentro y trenes que continúan recorriendo caminos que solo existen en la creatividad de la niñez.

Un libro para que el viaje continúe

Junto al libro de dibujos presentamos también el Libro de actividades «Cuando la memoria se sube al tren», pensado para que otras niñas, niños, familias, docentes y comunidades continúen este recorrido.

El material propone actividades sencillas que invitan a conversar con personas mayores, recuperar historias familiares, reconocer los saberes presentes en la comunidad, imaginar cómo será Finca 5 dentro de veinte años y reflexionar sobre aquello que vale la pena cuidar colectivamente.

De esta manera, la publicación deja de ser únicamente un producto editorial para convertirse en una herramienta de educación popular que busca fortalecer el diálogo entre generaciones y promover nuevas formas de apropiación del territorio.

La memoria también necesita nuevas generaciones

Uno de los principales aprendizajes de este proceso es que las memorias comunitarias permanecen vivas cuando logran involucrar a quienes apenas comienzan a construir su propia relación con el territorio.

Las niñas y los niños de Finca 5 nunca vieron pasar el tren. Sin embargo, crecen junto al puente, juegan cerca del vagón y escuchan las historias que circulan entre familias y vecinos. Desde esa experiencia cotidiana producen nuevas interpretaciones sobre la comunidad y ayudan a ampliar el significado de esos espacios. Como señala el propio libro, «el vagón nunca estuvo realmente dormido»; simplemente esperaba nuevas voces que continuaran contando su historia.

Una invitación a recorrer este camino

Ambas publicaciones forman parte del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, impulsado con el acompañamiento del proyecto de Acción Social EC-622 La Caja de Herramientas de la Universidad de Costa Rica. Su propósito es fortalecer los vínculos entre memoria, territorio, organización comunitaria y nuevas generaciones, entendiendo las memorias locales como herramientas para construir identidad, fortalecer la participación e imaginar futuros compartidos.
Invitamos a descargar ambos materiales, compartirlos y recorrer este viaje junto a las niñas y los niños de Finca 5. Porque los trenes necesitan rieles para avanzar, pero las comunidades siguen caminando gracias a las memorias, los afectos y los sueños que deciden construir en común.

Llévate este recorrido contigo

Aunque estos libros nacieron en Finca 5, las preguntas que proponen pueden recorrerse en cualquier territorio. Descárgalos gratuitamente y utilízalos para promover conversaciones sobre la memoria comunitaria, recuperar historias locales, fortalecer los vínculos entre generaciones e imaginar colectivamente los futuros que queremos construir.

Cuando la memoria se sube al tren. Dibujos, cuentos y sueños de las niñas y los niños de Finca 5

Este libro reúne 51 dibujos, historias y preguntas creadas por las niñas y los niños de la Escuela de Finca 5. A través de su imaginación, el antiguo vagón ferroviario vuelve a ponerse en movimiento y demuestra que la memoria también se construye desde la creatividad, el juego y las nuevas generaciones. Descárgalo y descubre cómo la niñez imagina el pasado y el futuro de su comunidad.

Pueden descargar aquí.

Cuando la memoria se sube al tren. Libro de actividades

Este libro invita a continuar el viaje. Encontrarás actividades, preguntas, juegos y ejercicios para conversar en familia, recuperar historias de la comunidad, reconocer saberes locales e imaginar los futuros que queremos construir juntos. Descárgalo, compártelo y súmate a este recorrido donde la memoria se dibuja, se juega y se vive colectivamente.

Pueden descargar aquí.

Más allá de Finca 5: una invitación a imaginar las memorias de cada comunidad

Aunque estos libros nacieron del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, las preguntas que los inspiran pueden recorrerse en cualquier comunidad.

En todos los territorios existen lugares que guardan historias: un parque, una escuela, un árbol, un río, una estación, una plaza o un edificio que forma parte de la vida cotidiana. Muchas veces pasamos junto a ellos sin detenernos a preguntarnos qué significan, quiénes los construyeron o qué recuerdos siguen habitándolos.

Estos materiales proponen una manera diferente de acercarse a esas memorias. En lugar de entender la memoria únicamente como la conservación de hechos del pasado, la presentan como un proceso vivo que se fortalece cuando nuevas generaciones hacen suyas esas historias, las cuestionan, las reinterpretan y las proyectan hacia el futuro.

En ese camino, el juego y la imaginación dejan de ser actividades secundarias para convertirse en herramientas fundamentales de construcción comunitaria. Cuando una niña inventa una historia para un viejo vagón, cuando un niño dibuja el futuro de su barrio o cuando una familia conversa sobre los recuerdos de su comunidad, no solo están creando. También están fortaleciendo el sentido de pertenencia, construyendo vínculos entre generaciones y ampliando las formas en que una comunidad comprende su propio territorio.

Imaginar no significa alejarse de la memoria. Significa reconocer que toda memoria permanece viva porque cada generación encuentra nuevas maneras de contarla, compartirla y recrearla.

Esperamos que estos libros inspiren a otras escuelas, organizaciones, bibliotecas, colectivos y comunidades a emprender sus propios recorridos. Porque allí donde existan personas dispuestas a escuchar, jugar, recordar e imaginar juntas, siempre habrá nuevos caminos para poner la memoria en movimiento.

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El espectáculo del poder: Cuando los gobiernos aprenden de Berlusconi

¿Quién fue Silvio Berlusconi (1936-2023)? fue un empresario y político italiano que construyó un imperio en los sectores de la televisión privada, la editorial y el fútbol, antes de saltar a la política en 1994 con su partido Forza Italia. Fue primer ministro en tres ocasiones (1994-1995, 2001-2006, 2008-2011), acumulando nueve años en el cargo, el mandatario más longevo de la Italia de posguerra. Su poder sin precedentes —basado en su fortuna, su control de los medios y su estilo populista y espectacular— lo convirtió en una figura controvertida y en el «padre del populismo moderno». Su legado también estuvo marcado por múltiples procesos judiciales y la acusación de haber usado el poder para proteger sus intereses personales.

¿Por qué un gobierno anuncia el color de los uniformes de los presos como si fuera un logro histórico? La respuesta puede estar en el manual de comunicación de Silvio Berlusconi.

Imaginemos por un momento la escena: un ministro de Justicia, una conferencia de prensa y el anuncio protagónico. Se presenta un uniforme, se detalla su confección a cargo de las propias personas privadas de libertad y se subraya que no tendrá costo para los contribuyentes. La medida, en sí misma, podría ser un protocolo administrativo menor dentro de un sistema penitenciario. Sin embargo, su presentación, su empaque mediático y su timing responden a una lógica que ya hemos visto antes y que hoy se ha convertido en la regla en diversos gobiernos de corte conservador y regresivo.

No se trata de juzgar la medida en sí, sino de analizar su función como acto de comunicación política. Estamos ante lo que los filósofos y analistas llaman «populismo mediático».

El legado de Berlusconi: El gobierno como espectáculo

En el periodo en que Silvio Berlusconi dominó la escena política italiana, el filósofo Umberto Eco, en su libro «A paso de cangrejo», y el politólogo Maurizio Viroli, en «The Liberty of Servants», diseccionaron la forma en que el magnate transformó la política de su país. No se trataba de una dictadura clásica, con censura y tanques en las calles. Era algo más sutil y, por tanto, más peligroso para la democracia.

Eco lo llamó «régimen de populismo mediático». Sus características, que hoy vemos replicadas en distintas latitudes, son:

  1. La política como «efecto bomba»: Se genera una noticia de gran impacto, diseñada para copar titulares y agendas mediáticas. El objetivo no es informar, sino desplazar cualquier otra conversación incómoda o compleja. ¿Hay un escándalo de corrupción? ¿Una crisis económica? Pues se anuncia el diseño de un uniforme para presos y, como explica Eco, la noticia «incómoda» queda relegada a las páginas interiores.
  2. La apelación directa al «pueblo» y el victimismo: El gobernante se presenta como el defensor de los ciudadanos «de a pie» frente a élites corruptas o sistemas ineficientes. Al mismo tiempo, se victimiza. «Me atacan porque estoy cambiando las cosas». Este mecanismo de «lobo y cordero» busca generar cohesión en su electorado.
  3. La carnavalización de la vida pública: La política se convierte en un gran show. La política «espectáculo» reemplaza a la política de «ideas». Lo que importa es la imagen, el gesto, el símbolo simple y fácil de entender, no el debate profundo sobre la reforma de un sistema o la calidad de las instituciones.
  4. La falsa gratuidad y la eficiencia mágica: La promesa de que algo se resuelve de forma rápida, sencilla y sin costo. «Cero costo para los contribuyentes» es una frase mágica. Es el eslogan del vendedor de coches que promete todo y su contrario. Se esconde la complejidad de un problema estructural (el hacinamiento, la reinserción, el gasto de un sistema) detrás de una anécdota de aparente sentido común.
La fábrica de agenda: Cómo el poder estructura la conversación diaria

Lo que el gobierno no está haciendo es simplemente «ocultar un debate». Lo que está haciendo es activar una dinámica mucho más poderosa: la de la conversación diaria dominada y pautada desde el poder. El taller de costura en la cárcel no es un logro; es un «ancla mediática». Es un tema sencillo, visual y con un componente emocional (seguridad, orden, castigo) que está diseñado para generar conversación y, sobre todo, para ocupar espacio en la agenda pública.

La creación del «tema de conversación»

Umberto Eco, en su análisis de Berlusconi, hablaba del «efecto de la técnica del vendedor». El vendedor no se preocupa por la coherencia global de su discurso; se preocupa de que, de entre todas las cosas que dice, una enganche al cliente. El uniforme, el taller de costura y el «ahorro» son ese anzuelo. Son un tema simple, concreto y fácil de entender.

La estructura es:

  • -Simplicidad: El tema se reduce a un eslogan. «Presos harán sus uniformes». Es entendible por cualquiera.

  • -Visualidad: El uniforme se puede mostrar. Es una imagen poderosa. El ejecutivo se asegura de que la imagen sea la protagonista de la noticia.

  • -Carga emocional: Toca fibras sensibles: la seguridad, el orden, el castigo, el «sentido común». Esto garantiza que la gente opine y se involucre emocionalmente, aunque sea sin información de fondo.

  • -El «ahorro»: La frase «sin costo para los contribuyentes» es el anzuelo perfecto. Es una forma de presentar la medida como un «regalo» o una «solución mágica» que no requiere esfuerzo ni dinero público.

La «agenda semántica»: cómo el poder pauta lo que se debate

La estrategia no es solo que la gente hable del uniforme. La estrategia es que solo se hable de lo que el gobierno decide que se hable. Es la lógica del «efecto bomba»: se lanza una noticia provocadora (aunque sea trivial) para que el debate público se centre en ella y no en temas más complejos o incómodos.

¿Qué se logra con esto?

  • -Se vacía de contenido la oposición: La oposición se ve forzada a reaccionar a la agenda del gobierno. Si no lo hace, parece que no tiene opinión. Si lo hace, está legitimando el tema como relevante, y por tanto, está jugando en el terreno del gobierno.

  • -Se establece una relación plebiscitaria directa: El gobernante se presenta como el que «resuelve» los problemas de la gente, mientras que la oposición solo «se queja». Esto refuerza la figura del líder fuerte y paternalista.

  • -Se genera un falso debate: El debate se reduce a «¿está bien o mal que los presos hagan uniformes?» en lugar de «¿Cuál es la política penitenciaria del país?» o «¿Cómo se está financiando realmente el sistema?». El verdadero debate sobre las cárceles, la reinserción y los derechos humanos queda completamente fuera de la ecuación.

La «concesión» y el control de la crítica

Como señala Eco, en un régimen de populismo mediático, no se necesita censurar a la prensa. Se utiliza la técnica retórica de la «concesión»: se permite que la oposición hable, pero siempre después de que el gobierno haya fijado el tema y el marco de la discusión. El mecanismo es:

  1. El gobierno anuncia el tema (el uniforme).
  2. La prensa crítica o la oposición reaccionan.
  3. El gobierno responde a las críticas, pero en sus propios términos, reafirmando el marco de la conversación: «Es una medida de seguridad», «Es un ahorro», «Hay que tener mano dura».
  4. La prensa se ve obligada a cubrir el «debate», pero el debate ya está enmarcado de antemano.

El resultado es que, aunque haya críticas, la opinión pública se acostumbra a la idea del uniforme como un hecho normal, incluso deseable, y la discusión sobre la política penitenciaria en su conjunto se vuelve marginal.

La «carnavalización» de la política: la conversación como espectáculo

Finalmente, esta estructura convierte la política en un gran show. El gobierno es el director de escena, los medios son los altavoces y la ciudadanía es el público que, aunque participe, lo hace en un escenario ya escrito.

La conversación pública ya no es un foro de deliberación; es un circo mediático.

  • -Los temas se eligen por su capacidad de generar «engagement» (me gusta, comentarios, shares) y no por su importancia real.

  • -El lenguaje se simplifica y se llena de frases hechas y eslóganes.

  • -Los ciudadanos se convierten en espectadores o, a lo sumo, en participantes de un reality show político donde el objetivo es la atención, no la solución de problemas.

El uniforme como metáfora de una tendencia global

El anuncio del uniforme en la nueva cárcel de máxima seguridad encaja a la perfección en este molde. No se está presentando un plan integral de política penitenciaria. Se está presentando una imagen, un «traje». El foco está en el qué, no en el por qué. Es un acto de comunicación, no de gobierno.

El uniforme es un poderoso símbolo de orden, disciplina y control. Se vende la imagen de una «solución» contundente y sencilla a la compleja percepción de inseguridad. Mientras los ciudadanos discuten si el uniforme es azul o gris, o si los reos deberían o no coserlos, no se está debatiendo la calidad de la educación, el acceso a la salud, la crisis económica o la verdadera efectividad de un modelo carcelario que, en su mayoría, fracasa en su objetivo de reinserción.

Esta proyección de comunicación no es un fenómeno aislado ni exclusivo de un país. Como señala Viroli, el poder de Berlusconi no se basó en un control violento, sino en la creación de un «sistema de corte» donde todo gira alrededor de una figura central. Hoy, muchos gobiernos de corte conservador o regresivo en el mundo dominan este arte. El espectáculo reemplaza la deliberación. El gesto simbólico y autoritario («mano dura», «orden») se impone sobre la discusión de políticas públicas complejas y costosas.

El problema no es el uniforme. El problema es que se esté anunciando como si fuera una revolución. Esta técnica genera ruido, polariza, pero sobre todo, desvía la atención. Hemos aprendido de Italia que un gobierno puede ser profundamente antiliberal y regresivo sin necesidad de abolir el voto o encarcelar a periodistas. Basta con convertir la política en un espectáculo de símbolos simples y apelaciones emocionales, donde el fin (el show) justifica los medios (el gobierno) y el ruido mediático ahoga el debate racional.

Para trabajar nuestra forma de acercanos al mundo mediático: ¿Cuánto de lo que se presenta hoy como «novedad» o «solución» en la política nacional es en realidad un espejismo mediático? Cuando un gobierno prioriza un anuncio visual y simplista, ¿qué temas estructurales está dejando de lado? ¿Estamos, quizás, viviendo en un régimen de «carnavalización» donde el poder se demuestra con la imagen, y no con la gestión? ¿Cómo podemos, como sociedad, romper esta dinámica y recuperar la capacidad de fijar nuestra propia agenda de temas importantes?

¿Quién decide realmente de qué hablamos?

Detrás de cada anuncio gubernamental hay una estrategia cuidadosamente diseñada para capturar la atención pública y desplazar los temas que realmente importan. Esta infografía desglosa, en cuatro pasos, el mecanismo que utilizan los gobiernos de corte conservador y regresivo para fabricar la agenda mediática diaria: desde la selección del «anzuelo» perfecto hasta el control del debate a través de la técnica de la «concesión». Un análisis imprescindible para entender cómo el espectáculo reemplaza a la política y cómo el poder decide qué conversamos.

Descarga la infografía aquí.

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Referencias:

Agüero Ruiz, Byron (2026, 1 de julio). Fotos: Así serán los nuevos uniformes para el CACCO. Diario Extra.

Eco, Umberto (2007). A paso de cangrejo: Artículos, reflexiones y decepciones, 2000-2006 (M. Pons Irazazábal, Trad.). Debate.

Viroli, Maurizio (2012). The liberty of servants: Berlusconi’s Italy (A. Shugaar, Trad.). Princeton University Press.

Crédito imagenes: Agüero Ruiz, Byron (2026, 1 de julio). Fotos: Así serán los nuevos uniformes para el CACCO. Diario Extra. https://www.diarioextra.com/noticia/fotos-asi-seran-los-nuevos-uniformes-para-el-cacco/

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Gobernar sin transformar: las condiciones de una deriva autoritaria

La expansión de las extremas derechas constituye uno de los fenómenos políticos más relevantes de nuestro tiempo. Desde América Latina hasta Europa y Estados Unidos, proyectos autoritarios, nacionalistas y excluyentes han logrado ampliar su influencia en contextos marcados por el descontento social, la precarización económica, la crisis de representación política y el debilitamiento de los vínculos colectivos.

Las explicaciones suelen concentrarse en factores coyunturales: el papel de las redes sociales, la difusión de noticias falsas, la crisis económica, el desgaste de los gobiernos progresistas o la capacidad comunicativa de determinados liderazgos. Sin embargo, estas interpretaciones muchas veces dejan sin respuesta una pregunta más profunda: ¿por qué amplios sectores sociales parecen hoy más receptivos a discursos que promueven la exclusión, el autoritarismo y la destrucción de derechos conquistados durante décadas?

Aunque Política y miseria de Raúl Zibechi fue escrito mucho antes del ascenso de figuras como Javier Milei, Donald Trump o Nayib Bukele, su lectura ofrece pistas valiosas para pensar esta cuestión. No porque el autor analice directamente a las nuevas derechas, sino porque ayuda a comprender las transformaciones políticas, culturales y organizativas que han configurado el terreno sobre el cual estos proyectos han logrado crecer.

La pregunta central que atraviesa esta lectura es sencilla pero inquietante: ¿qué elementos del diagnóstico de Zibechi nos ayudan a comprender por qué la extrema derecha encuentra hoy sociedades más vulnerables a sus proyectos?

Cuando la pobreza sustituyó a la desigualdad

Uno de los aportes más sugerentes del libro consiste en mostrar cómo la pobreza se convirtió progresivamente en el principal objeto de intervención política a escala global.

A partir de la década de 1970, organismos internacionales como el Banco Mundial comenzaron a colocar el combate a la pobreza en el centro de las políticas de desarrollo. El giro parecía positivo: por primera vez se reconocía la existencia de enormes sectores sociales excluidos de los beneficios del crecimiento económico. Sin embargo, Zibechi llama la atención sobre una consecuencia menos evidente de este proceso. Mientras la pobreza adquiría centralidad política y académica, la desigualdad y las relaciones de poder que la producen comenzaron a desaparecer del debate público.

La cuestión no es semántica.

Hablar de desigualdad implica discutir concentración de riqueza, distribución del poder, acceso a la tierra, explotación laboral y conflictos estructurales. Hablar exclusivamente de pobreza permite desplazar la atención hacia las carencias de determinados grupos sociales, sin interrogar necesariamente las dinámicas que producen esas carencias.

Poco a poco, los conflictos sociales dejaron de presentarse como disputas entre proyectos de sociedad y comenzaron a ser abordados como problemas técnicos de gestión. El objetivo dejó de ser transformar relaciones de poder para convertirse en la administración eficiente de las consecuencias más visibles de esas relaciones.

La extrema derecha encuentra hoy un terreno fértil precisamente porque llega a sociedades donde las grandes preguntas sobre la desigualdad han sido desplazadas durante décadas. Cuando las causas estructurales desaparecen del debate, el malestar busca otros lenguajes para expresarse. Allí emergen narrativas que identifican enemigos inmediatos —personas migrantes, feministas, pueblos indígenas, movimientos ambientalistas o trabajadores del sector público— en lugar de cuestionar los procesos que producen concentración de riqueza y exclusión.

La transformación de la política en gestión

Zibechi muestra cómo el combate a la pobreza fue acompañado por la construcción de un nuevo lenguaje político centrado en conceptos como vulnerabilidad, necesidades básicas, focalización, eficiencia, productividad y participación.

No se trató únicamente de nuevas categorías técnicas. También implicó una transformación de la manera en que las sociedades imaginan la acción política.

La política dejó de ser entendida como un espacio de confrontación entre intereses y proyectos colectivos para convertirse cada vez más en una actividad de administración. Los problemas sociales comenzaron a formularse en términos de gestión, indicadores y programas.

Este proceso tuvo efectos profundos sobre la imaginación democrática.

Cuando la política se reduce a administrar problemas, pierde capacidad para construir horizontes compartidos de transformación. Cuando los conflictos se presentan como asuntos técnicos, disminuyen las posibilidades de debatir colectivamente sobre modelos de desarrollo, distribución de riqueza o futuros deseables.

La extrema derecha aprovecha precisamente ese vacío.

Aunque sus respuestas sean profundamente regresivas, logra presentarse como una fuerza capaz de nombrar conflictos que durante años fueron neutralizados por discursos tecnocráticos. Su éxito no proviene únicamente de la capacidad de producir miedo o resentimiento; también se alimenta de una crisis previa de la política entendida como espacio de deliberación y disputa colectiva.

El debilitamiento de los sujetos colectivos

Uno de los temas más relevantes de Política y miseria es la relación entre gobernabilidad y organización social.

A lo largo del libro, Zibechi analiza cómo diversos programas impulsados desde organismos internacionales y gobiernos buscaron incorporar a comunidades, organizaciones sociales y movimientos populares dentro de esquemas de gestión del desarrollo y combate a la pobreza. La participación fue promovida, pero generalmente dentro de marcos previamente definidos. La organización fue estimulada, pero orientada hacia objetivos compatibles con la estabilidad institucional.
El resultado fue ambiguo.

Por un lado, muchas comunidades accedieron a recursos, proyectos e infraestructura necesaria para mejorar sus condiciones de vida. Por otro, numerosos procesos organizativos fueron desplazando sus capacidades de movilización y conflicto hacia funciones de gestión, ejecución y administración.

Lo que se fue debilitando no fue necesariamente la organización, sino cierto tipo de organización política capaz de disputar sentidos, construir autonomía y cuestionar estructuras de poder.

Este aspecto resulta fundamental para comprender el presente.

Las extremas derechas prosperan con mayor facilidad allí donde los sujetos colectivos se encuentran fragmentados. Cuando sindicatos, asociaciones comunitarias, organizaciones territoriales, movimientos estudiantiles o espacios de educación popular pierden capacidad de articulación, los individuos quedan cada vez más expuestos a discursos que transforman frustraciones colectivas en resentimientos individuales.

La expansión de proyectos autoritarios no puede comprenderse únicamente como resultado de campañas mediáticas exitosas. También expresa el debilitamiento progresivo de las formas organizativas que históricamente permitieron convertir el malestar social en acción colectiva.

La paradoja de las ONG y la sociedad civil

Uno de los aspectos más delicados de esta discusión aparece en torno al papel de las organizaciones no gubernamentales. Zibechi desarrolla una crítica hacia ciertos procesos de institucionalización y profesionalización de las ONG, señalando cómo algunas terminaron ocupando espacios que anteriormente pertenecían a movimientos sociales y organizaciones de base.

Sin embargo, resulta importante evitar una lectura simplista de esta crítica. Las nuevas derechas también atacan a las ONG, pero lo hacen desde una lógica completamente distinta.

Mientras cuestiona los riesgos de la dependencia financiera, la burocratización y la pérdida de autonomía política, los proyectos de extrema derecha suelen atacar a estas organizaciones porque representan espacios de articulación social, defensa de derechos y producción de pensamiento crítico.

La diferencia es fundamental. La crítica de Zibechi busca fortalecer la autonomía de los pueblos y los movimientos sociales. La crítica de las extremas derechas busca debilitar cualquier forma de organización colectiva capaz de disputar poder o construir solidaridad.

Confundir ambas posiciones implica perder de vista el núcleo de la discusión.

Gobernabilidad y despolitización

Quizá la principal enseñanza del libro para el momento actual radique en su análisis de la gobernabilidad.

Zibechi muestra cómo gran parte de las políticas sociales impulsadas durante las últimas décadas estuvieron orientadas no solo a reducir carencias materiales, sino también a garantizar estabilidad política y gestionar conflictos potencialmente disruptivos.

La gobernabilidad se convirtió en un objetivo central, pero cuando la estabilidad política se transforma en el horizonte principal de las instituciones, surge una pregunta inevitable: ¿qué sucede con las demandas que cuestionan las bases mismas del orden existente?

Con frecuencia, esas demandas son absorbidas, fragmentadas, neutralizadas o reconducidas hacia espacios donde dejan de representar una amenaza para las estructuras dominantes.

La paradoja es que esta búsqueda permanente de gobernabilidad puede terminar debilitando la legitimidad del sistema político que pretende preservar. Cuando las instituciones son percibidas como incapaces de producir cambios sustantivos, cuando las desigualdades persisten y cuando la participación parece limitada a mecanismos de consulta sin capacidad real de decisión, crece el desencanto democrático.

Ese desencanto constituye uno de los principales combustibles de las extremas derechas contemporáneas.

Recuperar la dimensión colectiva de la política

Leído desde el presente, Política y miseria no ofrece una explicación acabada sobre el ascenso de la extrema derecha. Tampoco pretende hacerlo.

Su aporte es otro. Nos recuerda que la fortaleza de los proyectos democráticos no depende únicamente de la existencia de elecciones, programas sociales o instituciones formales. Depende también de la capacidad de las sociedades para construir sujetos colectivos, sostener espacios de organización autónoma y mantener abiertas las preguntas sobre la distribución del poder, la riqueza y el futuro común.

Las extremas derechas avanzan porque logran capitalizar malestares reales. Pero esos malestares encuentran terreno fértil en sociedades donde la política ha sido progresivamente reducida a gestión, donde los conflictos han sido despolitizados y donde las capacidades organizativas de amplios sectores populares se han erosionado.

En ese sentido, la pregunta que deja abierta Zibechi conserva una enorme vigencia. Frente a la expansión de proyectos autoritarios, el desafío no consiste únicamente en defender instituciones o programas existentes. También exige reconstruir formas de organización capaces de devolver a la política su dimensión colectiva, conflictiva y transformadora.

Porque allí donde desaparecen los sujetos colectivos, donde el malestar deja de convertirse en acción organizada y donde la democracia pierde capacidad para imaginar futuros compartidos, las extremas derechas encuentran las condiciones ideales para presentarse como la única alternativa posible.

Conceptos para pensar el presente: una guía de lectura crítica

Más que ofrecer respuestas definitivas, la reflexión desarrollada a partir de esta lectura busca abrir interrogantes sobre las transformaciones políticas que han marcado las últimas décadas y las condiciones que hoy favorecen el avance de proyectos autoritarios. Los siguientes conceptos permiten sintetizar algunos de los principales ejes del debate y pueden servir como una herramienta para analizar críticamente la relación entre gobernabilidad, políticas sociales, organización colectiva y democracia. Lejos de constituir categorías cerradas, son invitaciones a examinar cómo se configuran las disputas por el poder, la participación y los bienes comunes en el contexto contemporáneo.

Concepto clave¿Cómo aparece en la reflexión?Preguntas para el debate actual
DespolitizaciónLos conflictos sociales dejan de entenderse como disputas por poder, riqueza o territorio y pasan a tratarse como problemas técnicos de gestión.¿Qué conflictos de nuestra sociedad se presentan hoy como asuntos técnicos cuando en realidad son profundamente políticos?
GobernabilidadLa estabilidad institucional se convierte en un objetivo central de las políticas públicas, incluso por encima de las transformaciones estructurales.¿Cuándo la búsqueda de gobernabilidad fortalece la democracia y cuándo limita la capacidad de cambio social?
Combate a la pobrezaLa pobreza se vuelve el principal objeto de intervención pública, desplazando el debate sobre las causas de la desigualdad.¿Estamos discutiendo suficientemente la concentración de riqueza y poder o solo administrando sus consecuencias?
Sujetos colectivosOrganizaciones comunitarias, movimientos sociales, sindicatos y espacios de participación que construyen acción colectiva.¿Qué capacidades organizativas han perdido o ganado los movimientos sociales en las últimas décadas?
Participación socialPuede abrir espacios democráticos, pero también convertirse en un mecanismo de canalización y control de demandas.¿Quién define los límites de la participación y qué temas quedan fuera de discusión?
AutonomíaCapacidad de las comunidades y organizaciones para definir agendas, prioridades y estrategias propias.¿Qué condiciones fortalecen la autonomía y cuáles generan dependencia institucional o financiera?
CooptaciónIncorporación de liderazgos, organizaciones o demandas sociales a estructuras que reducen su potencial transformador.¿Cómo distinguir entre incidencia política legítima y procesos de cooptación?
ONGizaciónSustitución parcial de dinámicas de movilización por dinámicas de gestión de proyectos, financiamiento y profesionalización.¿Cómo fortalecer el trabajo de las organizaciones sin perder capacidad crítica y arraigo territorial?
Gestión del malestarConjunto de políticas destinadas a contener conflictos sin alterar necesariamente las estructuras que los producen.¿Las respuestas institucionales actuales buscan resolver problemas o administrar sus efectos?
DemocraciaMás que procedimientos electorales, implica capacidad de deliberación, organización y disputa sobre el rumbo colectivo.¿Qué elementos fortalecen hoy una democracia sustantiva y cuáles la debilitan?
Extrema derechaCapitaliza frustraciones, inseguridades y desencantos acumulados, ofreciendo respuestas simples a problemas complejos.¿Por qué ciertos discursos autoritarios logran conectar con sectores que antes apoyaban proyectos democráticos o populares?
Bienes comunesEspacios, recursos y relaciones que requieren gestión colectiva y participación social para su defensa.¿Qué relación existe entre el debilitamiento de los sujetos colectivos y las dificultades para defender los bienes comunes?
Imaginación políticaCapacidad de una sociedad para pensar alternativas al orden existente y construir horizontes compartidos.¿Qué futuros estamos siendo capaces de imaginar colectivamente frente a la crisis actual?

Si la extrema derecha avanza sobre sociedades fragmentadas, despolitizadas y con vínculos colectivos debilitados, la defensa de la democracia exige algo más que resistir discursos autoritarios: requiere reconstruir capacidades organizativas, fortalecer sujetos colectivos y recuperar la política como espacio de deliberación sobre el futuro común.

Para profundizar: una invitación a la lectura

Las reflexiones presentadas en esta nota apenas recorren algunas de las preguntas que plantea Política y miseria. El libro desarrolla con mayor profundidad el análisis sobre la evolución de las políticas de combate a la pobreza, el papel de los organismos internacionales, las tensiones entre gobernabilidad y autonomía, así como las complejas relaciones entre movimientos sociales, cooperación internacional y Estado.

Más allá de compartir o no todas sus conclusiones, la obra constituye una provocación intelectual valiosa para quienes buscan comprender las transformaciones de la acción colectiva en América Latina y los desafíos que enfrentan hoy las organizaciones populares, los movimientos territoriales y las luchas por los bienes comunes.

En un contexto marcado por el avance de proyectos autoritarios, la crisis de representación política y las disputas en torno a la democracia, la lectura de este texto ofrece herramientas para repensar preguntas fundamentales: ¿cómo se construye autonomía colectiva?, ¿qué tipo de organización fortalece la capacidad transformadora de los pueblos?, ¿cómo evitar que la gestión de los problemas sociales sustituya la discusión sobre sus causas estructurales?

Le invitamos a descargar y leer el libro aquí.

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Cuando las manos se encuentran: trabajo colectivo, memoria y comunidad en Finca 5

Durante los días 26, 27 y 28 de junio, la comunidad de Finca 5 vivió una nueva etapa dentro del proceso Memorias en Movimiento, una iniciativa que durante los últimos meses ha articulado memoria ferroviaria, organización comunitaria, participación de la niñez y recuperación de espacios públicos alrededor del puente ferroviario y el vagón.

Lo ocurrido durante este fin de semana podría describirse, en apariencia, como una jornada de embellecimiento comunitario. Sin embargo, hacerlo sería reducir una experiencia mucho más profunda. Más allá de las plantas sembradas, los senderos construidos o el mural pintado, lo que realmente se puso en movimiento fue una práctica de trabajo colectivo, cooperación y construcción comunitaria.

El viernes estuvo dedicado a la preparación de materiales, la coordinación de tareas y la organización de las actividades. El sábado, vecinas, vecinos y organizaciones comunitarias se reunieron para continuar transformando los espacios alrededor del vagón mediante la construcción de senderos, la siembra de plantas y diversas labores de acondicionamiento del lugar. Finalmente, el domingo se realizó la pintada del mural, dando nuevos colores a un espacio que durante los últimos meses se ha convertido en punto de encuentro para la memoria, la imaginación y la vida comunitaria.

Pero mientras las manos trabajaban, también ocurrían otras cosas. Aparecían conversaciones. Surgían nuevas ideas. Se compartían preocupaciones, expectativas y esperanzas.

Se hablaba de futuros proyectos, de la posibilidad de continuar interviniendo otros espacios públicos, de realizar nuevos murales, de fortalecer las actividades comunitarias y de mantener vivo el impulso organizativo que ha venido creciendo alrededor de este proceso.

Porque el trabajo comunitario tiene una particularidad que pocas veces se registra en las fotografías finales: los resultados más importantes no siempre son los que quedan visibles en el paisaje.

Muchas veces son los vínculos que se fortalecen, las confianzas que se construyen y las conversaciones que abren nuevos horizontes para la acción colectiva.

El valor de hacer juntos

En tiempos donde con frecuencia se promueve el individualismo o se deposita la esperanza de transformación en soluciones externas, experiencias como la vivida en Finca 5 recuerdan una verdad sencilla pero poderosa: las comunidades también se construyen haciendo.

Haciendo juntas. Compartiendo esfuerzos. Aportando desde las capacidades, conocimientos y posibilidades de cada persona.

Durante estos días no hubo grandes presupuestos, maquinaria sofisticada ni estructuras complejas. Hubo algo igualmente valioso: personas dispuestas a dedicar parte de su tiempo, su energía y su compromiso para mejorar un espacio que sienten como propio.

Y ese gesto tiene una enorme importancia.

Porque cuando una comunidad decide intervenir colectivamente un lugar, no solo transforma el espacio físico. También fortalece relaciones, genera confianza, produce experiencias compartidas y construye capacidades organizativas que pueden sostener futuros procesos comunitarios.

Cada planta sembrada, cada tramo de sendero construido y cada pincelada en el mural son también expresiones concretas de cooperación, corresponsabilidad y cuidado colectivo.

Trabajar con las manos que están

Una de las reflexiones que surgió durante la jornada conecta con un desafío que atraviesa muchos procesos organizativos.

Con frecuencia existe la expectativa de que las transformaciones solo serán posibles cuando participen grandes cantidades de personas o cuando aparezcan recursos extraordinarios que permitan dar el salto esperado.

Sin embargo, la experiencia de Finca 5 recordó otra enseñanza.

-Las comunidades avanzan con las personas que están.

-Con quienes tienen interés.

-Con quienes encuentran tiempo para acercarse.

-Con quienes llegan con ganas de colaborar.

-Con quienes creen que vale la pena seguir intentando.

No se trata de renunciar a convocar más participación ni de conformarse con los niveles actuales de involucramiento. Se trata de reconocer que los procesos colectivos comienzan con quienes deciden dar el paso y sostener el trabajo cotidiano.

Las grandes transformaciones rara vez nacen de manera repentina. Con frecuencia comienzan con pequeños grupos de personas que, a fuerza de constancia, compromiso y trabajo compartido, logran inspirar a otras a sumarse.

Quizá una de las lecciones más valiosas de este fin de semana fue precisamente esa: comprender que no es necesario esperar condiciones perfectas para actuar.

Hay procesos que comienzan simplemente con las manos disponibles y la voluntad de hacer algo juntos.

Ver linda la comunidad porque es nuestra

Durante las conversaciones apareció una idea sencilla, pero profundamente significativa.

La importancia de ver linda la comunidad. No como una preocupación meramente estética, sino como una expresión concreta de pertenencia, cuidado y responsabilidad compartida.

Cuando una comunidad siembra plantas, construye senderos, pinta murales o recupera espacios públicos, está expresando una determinada relación con el territorio que habita.

Está diciendo que ese lugar importa. Que merece atención. Que forma parte de la vida colectiva. Que es un espacio donde vale la pena encontrarse, compartir y construir.

Desde esta perspectiva, las labores realizadas durante el fin de semana dialogan con algo más amplio que la transformación física de un área específica. Forman parte de un proceso de apropiación comunitaria del espacio público, de fortalecimiento de la identidad local y de construcción de condiciones que favorezcan el encuentro entre personas, generaciones y organizaciones.

El vagón, el puente y sus alrededores continúan convirtiéndose en lugares donde la comunidad puede verse reflejada, reconocerse y proyectarse hacia adelante.

Lo que sigue

El cierre de esta etapa de Memorias en Movimiento no representa un punto final.

Por el contrario, deja abiertas nuevas preguntas, nuevas conversaciones y nuevas posibilidades de acción colectiva.

Los senderos construidos, las plantas sembradas y el mural pintado son expresiones visibles de algo que continúa moviéndose: una comunidad que sigue imaginando proyectos, generando encuentros y encontrando razones para trabajar de manera cooperativa.

Porque la memoria no solo sirve para recordar.

También puede convertirse en una fuerza capaz de movilizar acciones en el presente y abrir caminos hacia el futuro.

Durante estos tres días, entre lluvia, tierra, pintura, risas, conversaciones y trabajo compartido, Finca 5 volvió a demostrar que los espacios se transforman cuando las personas deciden construirlos juntas.

Y que, muchas veces, los cambios más importantes no son los que quedan sobre las paredes o los senderos, sino los que permanecen en la voluntad colectiva de seguir caminando, soñando y trabajando por una comunidad que reconoce que su mayor fortaleza sigue estando en la capacidad de hacer las cosas en común.

Memorias en Movimiento en Finca 5: compartir lo recorrido, imaginar lo que sigue

Durante los últimos meses, Finca 5 ha sido escenario de un proceso que combinó memoria comunitaria, patrimonio ferroviario, participación de la niñez, organización local y recuperación de espacios públicos. Lo que comenzó como una invitación a conversar sobre el puente ferroviario y el vagón fue dando paso a encuentros, talleres, intercambios intergeneracionales, entrevistas con exferrocarrileros, actividades con la Escuela de Finca 5 y jornadas de trabajo comunitario que permitieron fortalecer vínculos y abrir nuevas posibilidades para el territorio.

Como parte de este recorrido, ponemos a disposición el más reciente boletín de devolución del proceso Memorias en Movimiento en Finca 5, un material que recoge reflexiones, aprendizajes e imágenes de la intervención comunitaria realizada durante los días 26, 27 y 28 de junio.

Más allá de mostrar el antes y el después de un espacio, el boletín invita a reflexionar sobre el papel que tienen los espacios públicos en la construcción de comunidad, la importancia del trabajo cooperativo para impulsar transformaciones locales y el valor de las acciones colectivas que nacen desde el compromiso de quienes deciden involucrarse.

Las páginas de este material muestran senderos construidos, plantas sembradas y nuevos colores en el paisaje, pero también hablan de conversaciones, encuentros, esperanzas y proyectos que continúan tomando forma. Nos recuerdan que las transformaciones comunitarias no dependen únicamente de grandes recursos o grandes multitudes, sino también de la capacidad de actuar con las personas que están, de construir confianza y de sostener procesos en el tiempo.

Esperamos que este boletín contribuya a compartir lo vivido, reconocer el esfuerzo de quienes participaron y seguir alimentando las preguntas que han acompañado este proceso: ¿cómo cuidamos los espacios que compartimos?, ¿qué papel juega la memoria en la construcción de futuro?, ¿cómo fortalecemos la vida comunitaria desde acciones concretas?

Un agradecimiento a quienes se sumaron al camino

Queremos expresar un agradecimiento especial a Kathia Hernández Rueda, Vanesa Hernández Rueda y Diego Rodríguez, vecinos y vecinas de Finca 11, quienes se acercaron el domingo para compartir la jornada de trabajo comunitario y colaborar activamente en la pintada del mural y la plaza.

Su presencia nos recuerda que los procesos comunitarios también se fortalecen cuando las personas vecinas se encuentran, comparten y construyen juntos. Su disposición para trabajar, colaborar y aportar en una jornada marcada por el esfuerzo colectivo fue fundamental para avanzar en las tareas previstas y alcanzar los resultados que hoy pueden apreciarse en el espacio intervenido.

Más allá de la ayuda concreta brindada durante la jornada, su participación fue también un gesto de solidaridad y compromiso con una visión de comunidad que reconoce que los procesos de transformación se construyen entre muchas manos.

A ustedes, gracias por el tiempo, la energía, las conversaciones compartidas y por demostrar que cuando las personas deciden colaborar, los caminos se vuelven más cortos y las metas más alcanzables.

Reconocimientos especiales

Este proceso también fue posible gracias al compromiso y trabajo de personas que, desde distintos espacios, decidieron sumar sus manos, ideas y tiempo para acompañar a la comunidad de Finca 5.

Queremos agradecer especialmente a Miguel Cruz Guevara, cuyo apoyo y disposición fueron fundamentales durante las distintas etapas de este recorrido comunitario.

Asimismo, extendemos nuestro reconocimiento a las personas estudiantes del Trabajo Comunal Universitario TCU-590, quienes participaron en la primera jornada de la pintada, aportando su trabajo, entusiasmo y compromiso con los esfuerzos colaborativos.

Su participación recuerda que los procesos de acción social y trabajo comunitario se construyen a partir del encuentro entre saberes, experiencias y voluntades diversas. Cada conversación, cada jornada de trabajo y cada esfuerzo compartido ayudó a que las memorias de Finca 5 siguieran poniéndose en movimiento.

A todas las personas que de una u otra forma se sumaron a este recorrido, gracias por demostrar que las transformaciones comunitarias son siempre una obra colectiva.

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