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Más allá del aula, entre ríos, calles y decisiones: aprendizaje sobre desigualdades socioambientales en Guatuso

El pasado 8 de febrero, estudiantes de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica realizaron una gira educativa al cantón de Guatuso, en el marco del curso de Política Ambiental en Costa Rica y Centroamérica. La visita permitió conocer de primera mano dos situaciones socioambientales que revelan tensiones profundas en la gestión del territorio: el caso de Calle Álvarez y la problemática en Maquengal asociada al Río Frío.

Más que una observación externa, la gira se convirtió en un ejercicio de diálogo entre saberes, donde la experiencia comunitaria fue central para problematizar categorías como gestión del riesgo, extractivismo, bienes comunes y participación ambiental.

Calle Álvarez: gestión del riesgo más allá de lo técnico

En Calle Álvarez, a escasos metros del centro del cantón y del Río Frío, más de 30 familias enfrentan cada año el aislamiento cuando las lluvias intensas vuelven intransitable la vía de acceso. La demanda histórica por mejorar la calle ha recibido respuestas que reducen el problema a un asunto presupuestario o técnico: “la inversión es muy alta”.

Sin embargo, el intercambio con la comunidad permitió ir más allá de esa lectura. La gestión del riesgo no puede limitarse a cálculos de costos o a intervenciones de ingeniería. Es, ante todo, una cuestión política que implica reconocer a las personas como sujetas de derecho y como actores con conocimiento situado sobre su propio territorio.

Las y los vecinos conocen los patrones del río, las zonas más vulnerables, los puntos críticos donde el agua golpea con mayor fuerza. No incluir esas voces en la planificación no solo debilita las soluciones, sino que reproduce relaciones verticales donde la institucionalidad decide sin escuchar. Cuando la gestión del riesgo se define únicamente desde despachos técnicos, se pierde la dimensión social del problema.

Además, la paradoja es evidente: mientras se argumenta falta de recursos para garantizar un acceso seguro, se mantiene la extracción de materiales del propio río. Esto abre preguntas sobre prioridades institucionales y sobre cómo se definen las urgencias públicas.

Para el estudiantado, el caso permitió reflexionar sobre una idea clave: la vulnerabilidad no es “natural”. Se construye cuando las decisiones públicas no incorporan participación real, planificación territorial coherente y medidas preventivas. Gestionar el riesgo implica también democratizar la toma de decisiones, reconocer desigualdades y construir soluciones junto con las comunidades.

Maquengal: extractivismo y erosión de la vida cotidiana

En Maquengal, la problemática gira en torno al impacto acumulado de la explotación de materiales en el Río Frío. La alteración del cauce, la erosión de las riberas y la pérdida de cobertura forestal no son solo indicadores ambientales: son señales de un modelo extractivo que reconfigura el territorio.

Durante la visita, emergió una reflexión más amplia sobre el extractivismo. No se trata únicamente de extraer piedra y arena; se trata de un patrón de desarrollo que prioriza la rentabilidad inmediata sobre la sostenibilidad ecológica y social. El río deja de ser un bien común para convertirse en fuente de insumos.

Este proceso erosiona múltiples dimensiones de la vida. Espacios de recreación como la Poza del Roncador, antes punto de encuentro comunitario, se deterioran o desaparecen. La pérdida de estos lugares no es menor: afecta la convivencia, la identidad territorial y las formas de habitar el entorno.

Asimismo, el extractivismo limita otros proyectos económicos y de vida. Actividades vinculadas al turismo rural, al disfrute sostenible del río o a prácticas productivas compatibles con la conservación se ven desplazadas por una lógica que no deja margen para alternativas. Cuando la actividad extractiva se intensifica sin controles rigurosos, reduce las posibilidades de diversificación económica y condiciona el futuro del territorio.

La comunidad ha respondido con organización y exigencias concretas: limitar concesiones, realizar evaluaciones técnicas del daño acumulado y cumplir compromisos de diagnóstico ecológico. Esta acción colectiva evidencia que la defensa del río es también defensa de formas de vida, de memoria y de posibilidades futuras.

Aprendizajes desde el territorio

La gira permitió al estudiantado confrontar conceptos teóricos con realidades concretas. La gestión del riesgo dejó de entenderse como un asunto meramente técnico para asumirse como un proceso político que requiere participación activa. El extractivismo dejó de ser una categoría abstracta para mostrarse como una dinámica que transforma —y a veces deteriora— la vida cotidiana.

El intercambio con Calle Álvarez y Maquengal reafirmó que la política ambiental no se define solo en marcos normativos, sino en decisiones locales que afectan directamente la dignidad, la seguridad y las oportunidades de las comunidades.

Salir del aula permitió comprender que allí donde una calle se inunda o un río se erosiona, también se disputa el sentido del desarrollo. Y que sin participación comunitaria efectiva y sin límites claros a las lógicas extractivas, las desigualdades socioambientales tienden a profundizarse.

La experiencia en Guatuso dejó una enseñanza central: la formación política requiere escuchar, problematizar y construir conocimiento junto a quienes viven cotidianamente las consecuencias —y las resistencias— de las decisiones públicas.

La gira como experiencia formativa y compromiso ético

La gira educativa a Guatuso no solo permitió analizar conflictos socioambientales concretos; constituyó una experiencia formativa integral para las personas estudiantes. Escuchar directamente a las comunidades de Calle Álvarez y Maquengal implicó salir del marco exclusivamente teórico y confrontar las categorías aprendidas en clase con situaciones reales, complejas y atravesadas por relaciones de poder.

En este proceso, la formación académica se enriqueció al incorporar la dimensión humana y territorial de la política ambiental. Conceptos como gestión del riesgo, extractivismo, planificación territorial o participación ciudadana dejaron de ser nociones abstractas para convertirse en herramientas de interpretación crítica ancladas en experiencias concretas. El aprendizaje no se produjo únicamente por observación, sino a través del diálogo respetuoso con quienes viven cotidianamente estas problemáticas.

Además, el intercambio generó un aporte recíproco. Las comunidades compartieron su conocimiento situado, su memoria del territorio y sus estrategias organizativas; el estudiantado aportó preguntas, marcos analíticos y una lectura política que puede fortalecer la visibilización de estos casos. Este encuentro entre saberes académicos y saberes comunitarios amplía la comprensión de los conflictos y abre posibilidades de colaboración futura.

La gira reafirmó que la formación en Ciencias Políticas no puede desvincularse de la realidad territorial. Comprender la política ambiental exige escuchar a las personas, reconocer desigualdades estructurales y asumir que las decisiones públicas tienen efectos concretos sobre la vida cotidiana. En ese sentido, experiencias como esta fortalecen no solo el conocimiento técnico, sino también la sensibilidad ética y el compromiso con la justicia socioambiental.

Finalmente, el recorrido por Guatuso dejó una convicción clara: aprender en el territorio transforma la mirada. Permite entender que la política no es una abstracción distante, sino una práctica que se juega en cada calle que se inunda, en cada río que se erosiona y en cada comunidad que decide organizarse para defender sus bienes comunes.

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Cuando el territorio enseña: agricultura regenerativa, comunidad y participación en la Finca EcoFuturo

Este 3 de febrero, estudiantes de la Universidad de Costa Rica de la carrera de Ciencias Políticas y quienes están cursando Política Ambiental en Costa Rica y Centroamérica visitaron la Finca EcoFuturo, una experiencia de agricultura regenerativa que articula producción, educación y vida comunitaria. El recorrido permitió conocer las prácticas necesarias para sostener una finca regenerativa y reflexionar sobre su potencia como espacio pedagógico vivo, donde el aprendizaje se construye desde la experiencia directa con el territorio. La finca se afirma así como un aula abierta para personas estudiantes, vecinas y colectivos que buscan alternativas de relación con la naturaleza y formas de vida más sostenibles.

Iniciativas como la huerta comunitaria evidencian que cultivar va mucho más allá de plantas medicinales y aromáticas. Se trata también de cultivar vínculos, memorias y saberes, fortaleciendo el tejido social y el sentido de pertenencia. Estos espacios habilitan el encuentro, el intercambio intergeneracional y el disfrute compartido mediante talleres, picnics y actividades familiares, convirtiendo la finca en un punto de articulación comunitaria muy cercano a la ciudad.

La agricultura regenerativa, en este marco, se presentó como una apuesta por la vida: busca restaurar la salud de los suelos, fortalecer la biodiversidad y mejorar los ciclos del agua, al tiempo que produce alimentos. A diferencia de enfoques extractivos, promueve la diversificación de cultivos, el cuidado del suelo y la integración con los ecosistemas locales, generando resiliencia ecológica y social. Experiencias como EcoFuturo muestran que es posible reconectar producción, comunidad y territorio, ofreciendo alternativas concretas frente a los desafíos ambientales y urbanos actuales.

Durante la visita, las y los estudiantes pudieron además comparar distintos paisajes agroproductivos del entorno, valorando de forma directa cómo las prácticas de agricultura regenerativa generan paisajes más diversos, complejos y vivos en contraste con la agricultura convencional. Las diferencias en cobertura vegetal, diversidad de especies, presencia de suelos vivos y mayor integración entre áreas productivas y espacios naturales hicieron visible que la agricultura no solo produce alimentos, sino que modela paisajes, relaciones ecológicas y formas de habitar el territorio.

La experiencia incorporó también momentos lúdicos y de disfrute, que permitieron repensar el territorio no solo como espacio de producción y análisis, sino como lugar de encuentro, afecto y circulación de emociones. Estas vivencias fortalecieron una pedagogía que integra razón y sensibilidad, ampliando la comprensión del aprendizaje ambiental desde el cuidado mutuo, el sentido de pertenencia y la conexión afectiva con la naturaleza y con quienes la habitan.

Discusión sobre el Plan Regulador en Escazú: participación y territorio

El encuentro fue también un espacio para dialogar sobre la situación del Plan Regulador en Escazú, particularmente el proceso de conformación de la comisión del Plan Regulador en 2025, marcado por una significativa movilización comunitaria para asegurar participación y representación. En un contexto de creciente presión inmobiliaria, se destacó la urgencia de repensar el ordenamiento territorial desde el bien común y no únicamente desde la lógica del mercado.

Se subrayó la necesidad de incorporar de forma efectiva criterios ambientales como la protección de los Cerros de Escazú, el reconocimiento de la zona de amortiguamiento, la identificación y resguardo de zonas de recarga acuífera, corredores biológicos y áreas de riesgo. La participación ambiental en espacios de decisión como la comisión del Plan Regulador resulta fundamental para que los criterios técnicos y económicos dialoguen con los trayectos comunitarios, las memorias territoriales y los saberes locales, claves para sostener una zona altamente biodiversa y los entramados de vida —humanos y no humanos— que dependen de ella.

En este marco, también se conversó sobre el papel de organizaciones como CODECE, entendidas como espacios de diálogo, encuentro y articulación comunitaria. Estas organizaciones cumplen un rol central en la organización social, la formación ciudadana y la incidencia política, facilitando la participación informada en procesos como el Plan Regulador y fortaleciendo la capacidad colectiva para defender el territorio y los bienes comunes.

La gira educativa como experiencia formativa integral

La Finca EcoFuturo se proyecta así como mucho más que un espacio productivo: es una propuesta ecopedagógica que enlaza práctica regenerativa, diálogo comunitario y reflexión política. Al hacerlo, contribuye a formar personas y colectivos con mayor capacidad de incidir en los espacios de decisión pública, mostrando que la defensa del territorio se construye tanto desde la normativa como desde prácticas cotidianas que regeneran la tierra, los vínculos sociales y las posibilidades de imaginar futuros más justos y sostenibles.

En este sentido, la gira educativa se consolidó como un momento pedagógico vivencial clave en la formación del estudiantado de Ciencias Políticas. Al situar los contenidos del curso en un territorio concreto, permitió articular teoría y práctica, comprender la complejidad de los conflictos socioambientales y reconocer el valor de las experiencias comunitarias en la construcción de políticas y procesos de gobernanza ambiental más democráticos, críticos y comprometidos con la vida.

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Entre parches de bosque y vida silvestre: lo que revela el conteo de primates en Grecia

El pasado 24 de enero, el Observatorio de Bienes Comunes participó junto a la Sede de Occidente, Recinto de Grecia, Primates de Grecia, Gestión Integral del Recurso Hídrico, Corredor Biológico Interurbano Achiote, Proyecto EC-639 Cuidar territorios: registro participativo de saberes y biodiversidad Observatorio Ciudadano del Agua Río Agualote y Fundema-PP en el sexto Conteo Anual de Primates realizado en Tacares de Grecia, una experiencia de monitoreo participativo que combina observación de la vida silvestre, educación ambiental y reflexión territorial. Esta actividad se desarrolla en un contexto marcado por la acelerada transformación del uso del suelo en el cantón de Grecia, donde parches de bosque, ríos y corredores biológicos —como el Corredor Biológico El Achiote— se ven cada vez más presionados por proyectos inmobiliarios, urbanización dispersa y desarrollos productivos de alto impacto. Si bien los procesos de reforestación han permitido observar un aumento en la presencia de algunas especies, estos avistamientos también revelan una realidad preocupante: la pérdida y fragmentación del hábitat obliga a la fauna a refugiarse en espacios cada vez más pequeños y vulnerables.

El conteo de primates se enmarca en la lógica de la ciencia ciudadana, una forma de producción de conocimiento que reconoce el valor de la participación activa de las comunidades en la observación, registro y cuidado de su entorno. Este tipo de prácticas democratiza el conocimiento científico, fortalece la apropiación territorial y genera información clave para la toma de decisiones en materia de conservación y planificación. Contar no es solo acumular datos: es aprender a mirar el territorio, identificar amenazas, anticipar riesgos y comprender las relaciones profundas entre los ecosistemas y la vida cotidiana de las personas.

Además, estas actividades tienen una dimensión pedagógica y ética fundamental. Observar primates —y también aves y otras especies— se convierte en una oportunidad para cuestionar la idea de que los seres humanos estamos separados de la naturaleza. Reconocernos como parte del mismo entramado de vida permite comprender que el deterioro ambiental no solo afecta a la fauna silvestre, sino también a los espacios de recreación, bienestar, tranquilidad y sentido de pertenencia de las comunidades humanas. En este sentido, el desarrollo irresponsable no implica únicamente pérdida de biodiversidad, sino también empobrecimiento de la vida social y territorial.

La relevancia de este tipo de acciones radica, finalmente, en su capacidad de articular conocimiento, sensibilidad y acción colectiva desde lo local. La ciencia ciudadana fortalece vínculos comunitarios, promueve una ciudadanía ambiental activa y contribuye a construir una visión de territorio donde la defensa de los bienes comunes y la vida —humana y no humana— se convierten en una responsabilidad compartida.

El conteo de primates demuestra que el monitoreo comunitario no es solo una herramienta técnica, sino una práctica política y pedagógica que fortalece la participación ciudadana y el cuidado del territorio. Estos espacios permiten que las personas se reconozcan como parte activa de los ecosistemas que habitan, transformando la observación en conciencia y la conciencia en responsabilidad colectiva. Frente a la fragmentación del territorio y al avance de modelos de desarrollo que invisibilizan la vida, la ciencia ciudadana abre posibilidades para construir conocimiento desde lo local, defender los bienes comunes y sostener, en comunidad, las condiciones que hacen posible una vida digna para todas las formas de existencia.

Alertas silenciosas del paisaje: tendencias que invitan a la reflexión

La fragmentación del territorio: por qué es urgente ponerle atención

La fragmentación del territorio ocurre cuando ecosistemas antes continuos —bosques, ríos, quebradas y corredores biológicos— son divididos en parches aislados por carreteras, urbanizaciones, desarrollos inmobiliarios y cambios acelerados en el uso del suelo. En cantones como Grecia, este proceso reduce de forma significativa la capacidad de los ecosistemas para sostener la vida, limita el desplazamiento de especies como los primates y aumenta la exposición a riesgos como atropellos, electrocuciones y conflictos con actividades humanas. Aunque los pequeños parches de bosque siguen siendo valiosos, por sí solos no logran cumplir todas las funciones ecológicas necesarias para que muchas especies puedan alimentarse, reproducirse y mantener poblaciones sanas.

Este escenario exige atención porque la fragmentación no impacta únicamente a la vida silvestre, sino también a las comunidades humanas. La pérdida de conectividad ecológica afecta la disponibilidad y calidad del agua, la regulación del clima local, la fertilidad de los suelos y los espacios de recreación y bienestar. Cuando el territorio se planifica sin una visión de conjunto, los bienes comunes se debilitan y se consolida una lógica de desarrollo que prioriza intereses de corto plazo sobre la sostenibilidad de la vida. Visibilizar estos procesos mediante la ciencia ciudadana y el monitoreo participativo permite comprender el territorio como un sistema vivo e interdependiente, y abre la posibilidad de impulsar decisiones colectivas más responsables.

Cuando la vida queda encerrada: la ruptura de los corredores biológicos

La fragmentación se vuelve especialmente crítica cuando las especies quedan confinadas a parches aislados y pierden los corredores biológicos que les permiten desplazarse. En estas condiciones, el territorio deja de funcionar como una red conectada y se convierte en un conjunto de espacios fragmentados. Para animales como los primates, esta situación restringe el acceso a alimento, refugio y áreas de reproducción, incrementa el estrés y la competencia, y reduce su capacidad de adaptación frente a cambios ambientales. Los corredores biológicos no son simples “pasos verdes”: son las rutas que sostienen los ciclos de la vida y garantizan el intercambio genético entre poblaciones.

La pérdida de conectividad también intensifica los conflictos con las actividades humanas. Al verse obligada a desplazarse por cables eléctricos, carreteras o zonas urbanizadas, la fauna enfrenta mayores probabilidades de electrocución, atropellos y persecución. Con el tiempo, estos parches aislados pueden convertirse en trampas ecológicas que aparentan ofrecer refugio, pero que en realidad comprometen la viabilidad de las poblaciones. Atender esta problemática implica reconocer que conservar no es solo proteger fragmentos de bosque, sino cuidar las relaciones entre ellos, planificar el territorio con una visión integral y asumir que la defensa de los corredores biológicos es una condición básica para la continuidad de la vida —humana y no humana— en nuestros territorios.

Saberes locales y memoria viva del territorio

Durante el recorrido del conteo, el encuentro con Francisco Avendoño Avendaño, persona trabajadora y residente de la comunidad, con quién se abrió un espacio valioso de diálogo entre el monitoreo ambiental y la memoria local. Sus relatos, construidos a lo largo de décadas de convivencia con el territorio, aportaron información sobre avistamientos históricos de fauna, cambios en el paisaje y dinámicas ecológicas que no siempre quedan registradas en los datos formales. A estos conocimientos se sumaron historias locales y leyendas transmitidas de generación en generación, que forman parte del modo en que la comunidad ha interpretado, cuidado y significado su entorno natural.

Prestar atención a estos saberes es fundamental porque enriquecen la historia natural del lugar con dimensiones culturales, simbólicas y afectivas. Las narraciones locales expresan formas de relación con los bosques, los ríos y la vida silvestre que revelan diálogos profundos entre bienes comunes naturales y culturales. Integrar estas voces en procesos de ciencia ciudadana y monitoreo comunitario no solo amplía la comprensión del territorio, sino que también fortalece el sentido de pertenencia, la transmisión intergeneracional de conocimientos y la defensa colectiva de un territorio entendido como memoria viva, y no únicamente como espacio a ser explotado.

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Cuidar la vida y lo común: aprendizajes de la auditoría social comunitaria

Durante julio y agosto de 2025 se llevó a cabo el proceso “Auditoría social desde nuestras organizaciones: ¿estamos pensando en nuestro bienestar?”, organizado desde el Observatorio de Bienes Comunes de la Universidad de Costa Rica. La propuesta buscó abrir un espacio de formación y acción crítica para que comunidades y colectivos fortalecieran sus herramientas de vigilancia popular, incidencia y defensa del bien común.

La convocatoria partió de una premisa clara: la auditoría social no debe reducirse a revisar presupuestos o documentos, sino entenderse como una forma de acción colectiva que protege el agua, vigila proyectos que impactan los territorios, exige salud y educación dignas, y promueve formas de vida respetuosas de los saberes locales. Más que una cuestión técnica, se trata de preguntarse si las decisiones públicas mejoran o deterioran el bienestar comunitario.

Durante el proceso se apostó por un método participativo y horizontal, en el que cada persona y colectivo aportó desde sus propias experiencias y territorios. No se trató de transmitir recetas técnicas, sino de construir colectivamente preguntas, indicadores y herramientas que respondieran a la realidad concreta de quienes defienden la vida y lo común en sus comunidades. Esta pedagogía de educación popular permitió que el curso se viviera como un espacio de encuentro, escucha y creación compartida.

Al mismo tiempo, se buscó vincular el monitoreo comunitario con la acción transformadora. La auditoría social se trabajó como un proceso vivo que combina el registro de lo que ocurre en los territorios con la capacidad de convertir esos datos y experiencias en fuerza colectiva para exigir cambios. En un contexto marcado por la crisis socioambiental y la exclusión de las voces comunitarias en la toma de decisiones, el proceso reafirmó que la vigilancia desde abajo no solo es legítima, sino necesaria para garantizar derechos y abrir caminos de bienestar.

Síntesis de aprendizajes colectivos

A lo largo del proceso, las y los participantes construyeron aprendizajes clave que muestran que auditar no es un ejercicio frío ni distante, sino un camino de cuidado, memoria y organización:

  • Auditar también es sentir: poner en el centro los afectos, los vínculos y los saberes comunitarios frente al lenguaje técnico que suele invisibilizarlos.

  • Indicadores vivos: medir el bienestar desde lo que duele, lo que soñamos y lo que cuidamos; no solo en cifras, sino en preguntas sobre seguridad, arraigo, dignidad, espacios colectivos y acceso a los recursos para la vida.

  • Monitoreo como cuidado: observar y registrar es también devolver la voz a la comunidad, generar confianza y convertir lo documentado en fuerza colectiva.

  • Comunicación responsable: aprender a señalar con veracidad, buena fe y lenguaje cuidadoso, protegiendo a las comunidades de riesgos legales y fortaleciendo la incidencia pública.

  • Defensa integral del bienestar: incluir la dimensión cultural, espiritual y simbólica —como los lugares sagrados, la medicina natural y los saberes de las personas mayores— como parte de los indicadores de bienestar.

  • Registro y memoria: valorar la documentación (fotos, videos, bitácoras) como herramienta para sostener procesos, fortalecer la identidad y potenciar la incidencia.

  • Constancia y sostenibilidad: reconocer que planear según las capacidades y sostener procesos en el tiempo convierte los aprendizajes en cambios duraderos.

Aprendizajes sesión a sesión
Boletín 1-Indicadores vivos: auditar también es sentir

La primera sesión abrió con la canción “Qué bonita es esta vida”, como un gesto político y pedagógico: recordar que el bienestar se construye desde los sentires cotidianos y no solo desde indicadores fríos. Se cuestionó el lenguaje técnico de la política pública, que suele invisibilizar la dignidad, el arraigo y las alegrías compartidas. Desde ahí se construyeron indicadores vivos, como el diálogo comunitario, la seguridad, la participación en espacios colectivos, el acceso a la tierra y el trabajo digno.

Las formas de monitoreo propuestas incluyeron talleres inductivos, entrevistas, mapeos comunitarios, registros colectivos de salud, asambleas, cafés comunitarios y movilizaciones. La conclusión fue clara: auditar no es solo vigilar, es decidir desde los territorios lo que importa para la política pública.

Puede descargar aquí.

Boletín 2- Monitoreo con cuidado: memoria y lugares sagrados

La segunda sesión dio un paso más con un ejercicio práctico: auditar la invisibilización de lugares sagrados, tomando como referencia el cementerio indígena en Quitirrisí, compartido por la compañera Fressy. Esto permitió reflexionar sobre cómo valorar la oralidad, la espiritualidad y la memoria comunitaria frente a los lenguajes técnicos de planos y registros.

Se experimentó con distintas técnicas de monitoreo comunitario, comprendiendo que no se trata de aplicarlas todas, sino de usarlas en el momento oportuno, respetando la confianza y los ritmos de la comunidad. Se discutió además la importancia de diseñar niveles de profundización: información que nutra a la comunidad, que fortalezca identidades y que también sirva para incidir en la política pública.

En este punto también se introdujeron materiales sobre cómo comunicar el monitoreo, destacando principios de veracidad, buena fe, proporcionalidad y precisión, así como estrategias para protegerse de demandas tipo SLAPP.

Puede descargar aquí.

Boletín 3-Comunicar para incidir: del registro a la acción colectiva

La tercera sesión marcó el cierre de la fase de formación y estuvo dedicada a la comunicación de los hallazgos. Se resaltó que el registro no es un trámite, sino memoria, defensa y proyección. Documentar acciones mediante fotos, videos, bitácoras y testimonios permite visibilizar el valor del trabajo comunitario, respaldar demandas, fortalecer identidades e inspirar a otras comunidades.

Se presentaron instrumentos de comunicación tanto interna como externa: reseñas “¿Sabías que…?”, boletines, videos testimoniales, redes de acción, exposiciones comunitarias y notas de prensa. Se subrayó que la constancia y la planificación según capacidades son esenciales para sostener la comunicación y convertirla en una herramienta de incidencia real.

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Boletín 4-Aprendizajes en Quitirrisí: saberes ancestrales como auditoría social

El cierre se realizó con una gira a Quitirrisí, donde los aprendizajes dialogaron con saberes indígenas. Allí se reconocieron los conocimientos ancestrales como indicadores vivos del bienestar: la medicina natural compartida por Zoraida Hernández, la producción local de la Finca Los Itabos con Cristina Castro, el cementerio como lugar sagrado junto a Fernando, Fressy y María Bejarano, y los tintes naturales enseñados en un taller de tejido.

Estos espacios mostraron que el bienestar incluye lo cultural, espiritual y comunitario. Se reafirmó que la auditoría social también se expresa en resistir despojos, defender la cosmogonía, valorar los saberes de las personas mayores y sostener procesos intergeneracionales. El cierre en Quitirrisí fue también una apertura: la certeza de que la auditoría social desde la educación popular es motor de cambio y herramienta para cuidar la memoria, la vida y la dignidad de los pueblos.

Puede descargar aquí.

Un cierre que abre caminos

El proceso de Auditoría social para nuestro bienestar no se concibió como un curso aislado, sino como un ejercicio de educación popular latinoamericana y caribeña. Lo trabajado confirma que auditar desde abajo no es solo un derecho, sino una práctica transformadora que fortalece a las comunidades en su capacidad de exigir, incidir y proponer.

Como parte de esta memoria colectiva, les compartimos también el video construido durante la gira a Quitirrisí, donde se recogen las voces, aprendizajes y sentires que dieron vida a este proceso.

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Tejiendo comunidad desde los bienes comunes de Grecia

Entre marzo y mayo del 2025, el Observatorio de Bienes Comunes acompañó un proceso de diagnóstico participativo en el cantón de Grecia, convocado por el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote. Este proceso no fue un simple levantamiento de información, sino una construcción colectiva que integró la memoria, la identidad, la organización comunitaria y la defensa del territorio.

El diagnóstico partió de una premisa sencilla pero poderosa: los bienes comunes no son solo recursos, sino relaciones. Agua, cultura, conocimiento, espacios públicos, biodiversidad… todo aquello que sostiene la vida comunitaria requiere cuidado, acción compartida y vínculos vivos. A lo largo de talleres, encuentros y dinámicas participativas, se identificaron no solo los principales bienes del cantón, sino también los desafíos, las prácticas que los sostienen y las oportunidades para fortalecer el tejido colectivo.

Este ejercicio permitió visibilizar los rostros múltiples del bien común: desde la historia del Puente de Piedra hasta la gestión de las ASADA de San Roque, desde la creatividad como motor organizativo hasta la urgencia de fortalecer la participación intergeneracional. Lo documentado en estos boletines constituye una herramienta valiosa para quienes desean comprender, cuidar y transformar su territorio.

Hallazgos relevantes del diagnóstico participativo:

El diagnóstico participativo permitió construir una lectura compartida del territorio a partir de múltiples voces, experiencias y prácticas. Lejos de ofrecer un listado estático de problemas o recursos, los boletines y encuentros revelaron un tejido vivo: tensionado por desafíos estructurales, pero también sostenido por redes de acción, memoria y creatividad comunitaria. A continuación, se presentan los hallazgos más relevantes agrupados en seis dimensiones:

1. Los bienes comunes: múltiples, entrelazados y significativos
  • Los bienes comunes en Grecia no se reducen a los recursos naturales; también incluyen espacios sociales, expresiones culturales, memorias colectivas y relaciones organizativas.

  • El agua, en sus diversas formas (ríos, nacientes, cuencas), ocupa un lugar central como bien vital, simbólico y organizativo.

  • Elementos como el Puente de Piedra, el bosque Los Chorros, el Parque Central, las mascaradas, las ferias del agricultor o la historia del Ingenio Victoria son parte de un entramado cultural que define el sentido de pertenencia e identidad local.

2. Prácticas comunitarias: sostén y expresión de lo común
  • El diagnóstico mostró que los bienes comunes no existen sin prácticas que los sostengan: celebraciones, limpiezas de ríos, reforestaciones, caminatas, talleres, narraciones orales, entre otras.

  • Las acciones cotidianas como sembrar, cuidar, compartir o enseñar son formas de resistencia y construcción de comunidad.

  • Las prácticas fortalecen los vínculos intergeneracionales y permiten transmitir saberes, valores y afectos asociados al territorio.

3. Desafíos estructurales persistentes
  • La contaminación de ríos (especialmente el Tacares y el Agualote), el manejo inadecuado de residuos y las quemas agrícolas fueron identificadas como amenazas urgentes a los bienes naturales.

  • El debilitamiento del tejido comunitario se manifiesta en la baja participación en organizaciones, la fragmentación de esfuerzos y el agotamiento de liderazgos.

  • Se visibilizó una brecha entre la planificación institucional y las realidades comunitarias, así como limitaciones en el acompañamiento técnico, la asignación de recursos y la continuidad de proyectos.

4. Tensiones y oportunidades en la participación intergeneracional
  • Se reconoce el potencial transformador de las juventudes, especialmente cuando se les ofrece formación, acompañamiento y espacios de decisión.

  • Las personas adultas mayores aportan memoria, experiencia y compromiso, pero a menudo no se les brinda el espacio ni el reconocimiento suficiente.

  • Las actividades que integraron personas de distintas edades (como la feria final, las limpiezas o las reforestaciones) fueron altamente valoradas como experiencias formativas y afectivas.

5. Creatividad comunitaria como herramienta organizativa
  • La creatividad emergió como un recurso clave: no solo para “hacer bonito”, sino para resolver problemas, convocar, comunicar y sostener vínculos.

  • Dinámicas como el sociodrama, la feria comunitaria o la metáfora de la “tela de araña” ayudaron a comprender de forma vivencial la importancia de la acción colectiva.

  • La comunicación fue resignificada como una práctica política y emocional que construye comunidad desde el modo en que se comparten las historias.

6. Necesidad de articulación y visión estratégica
  • La fragmentación entre actores y la falta de continuidad en proyectos fueron señaladas como obstáculos para avanzar hacia transformaciones sostenibles.

  • El diagnóstico reveló que muchas acciones ya están ocurriendo, pero de forma aislada o sin conexión entre sí.

  • Se identificó la necesidad de una mayor articulación entre organizaciones comunitarias, instituciones públicas, centros educativos y sector privado, así como la importancia de planificar con visión territorial e intersectorial.

Este balance no pretende cerrar la conversación, sino abrir caminos para continuarla. Cada hallazgo es también una invitación a imaginar nuevas formas de defender y recrear los bienes comunes desde el compromiso cotidiano, el pensamiento crítico y la acción compartida.

A continuación, les compartimos una síntesis de cada boletín producido durante este diagnóstico. Les invitamos a explorarlos, compartirlos y, sobre todo, a seguir tejiendo comunidad.
Boletín 1 (15 de marzo 2025): Los bienes de nuestro cantón

Este boletín nos invita a mirar a Grecia desde una lente amplia: naturaleza, cultura y vida social se entrelazan en ríos, parques, ferias, iglesias, tradiciones, deportes y espacios comunitarios. Se destacan tanto los bienes materiales como los inmateriales, reconociendo su importancia para el bienestar colectivo. También se abordan los desafíos del cantón, como la urbanización, la contaminación y la pérdida de memoria cultural. Una lectura que nos recuerda que los bienes comunes son el alma viva del territorio.

Puedes descargar el boletín aquí

Boletín 2 (15 de marzo 2025): Prácticas y vínculos

Aquí se profundiza en las prácticas sociales y culturales que sostienen los bienes comunes: celebraciones, trabajos colectivos, rituales, memoria oral, luchas territoriales. Se reconoce que no basta con nombrar los bienes: hay que vivirlos, cuidarlos, practicarlos. El boletín destaca experiencias concretas de acompañamiento comunitario a bienes culturales y naturales, y propone pensar la acción colectiva como una forma de resistencia y creación de futuro.

Puedes descargar el boletín aquí

 

Boletín 3 (26 de abril 2025): La tela de araña

Este boletín recoge la potente metáfora de la “tela de araña” para mostrar cómo cada acción individual fortalece (o debilita) el tejido común. Se analizan preocupaciones como la apatía, la desconexión y la pérdida del sentido de pertenencia, pero también emergen estrategias: educación ambiental, campañas comunitarias, mapas territoriales, comités intergeneracionales. La lectura es una invitación a reorganizarnos, compartir tareas y reconstruir los lazos que sostienen lo colectivo.

Puedes descargar el boletín aquí

Boletín 4 (24 de mayo 2025): Creatividad para organizar

La creatividad aparece aquí como fuerza organizativa. Desde videos y sociodramas hasta afiches y ferias, el taller exploró cómo crear también es una forma de tejer comunidad. Se reconoce el valor de todos los saberes (no solo los “técnicos”) y se destaca la improvisación, la escucha y la comunicación como elementos vitales para construir desde lo diverso. Un boletín que inspira a imaginar nuevas formas de participación y a comunicar con sentido.

Puedes descargar el boletín aquí

Voces que narran el territorio: productos comunicativos

Los boletines del diagnóstico permitieron documentar reflexiones, aprendizajes y acciones que surgieron a lo largo del proceso. Sin embargo, parte fundamental de esta experiencia fue también abrir espacios para que las voces del territorio se escucharan en formatos accesibles y creativos. A partir de este espíritu, surgieron dos productos comunicativos que complementan y amplifican los hallazgos del diagnóstico: un episodio del podcast Sentirse Saberes y un material audiovisual sobre la experiencia de la Asada de San Roque, donde líderes comunales, organizaciones ambientales y actores clave comparten sus vivencias, preocupaciones y esperanzas sobre el presente y el futuro de Grecia. A continuación, presentamos una síntesis de estos materiales, que invitan a seguir construyendo memoria y acción desde la palabra hablada.

Grecia, mucho más que zonas francas: voces ciudadanas en acción

En este episodio especial de Sentirse Saberes,  dialogamos con liderazgos comunitarios, representantes ambientales y académicos de Grecia sobre los procesos de cambio que vive el territorio. A partir del diagnóstico participativo, el episodio aborda temas fundamentales como el impacto de las zonas francas, la pérdida de identidad local, la fragmentación del tejido social y la emergencia de nuevas formas de participación, especialmente desde la juventud y las organizaciones de base. También se profundiza en el trabajo del Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote y en el papel de la educación ambiental para sembrar conciencia. Una conversación honesta y esperanzadora que recoge las tensiones, aprendizajes y propuestas que están marcando el presente y futuro del cantón.

La experiencia de la ASADA de San Roque

En este episodio de Sentirse Saberes, visitamos la comunidad de San Roque en Grecia para conocer de cerca el trabajo de la ASADA local, una organización comunal ejemplar en la gestión del recurso hídrico en Costa Rica. A través de una conversación cercana y reflexiva, se exploran los orígenes de la ASADA, sus estrategias para proteger las nacientes, su articulación con otros actores del cantón y los múltiples retos que enfrentan ante el crecimiento urbano y la presión sobre las fuentes de agua. Este episodio pone en valor el esfuerzo cotidiano de personas que, desde lo local, sostienen el derecho al agua como bien común, y nos invita a reconocer el rol de las comunidades como defensoras de la vida.

Jornadas de acción: del diagnóstico a la práctica viva

A lo largo de los boletines, el diagnóstico participativo permitió identificar los bienes comunes más significativos de Grecia, reflexionar sobre las prácticas que los sostienen y visibilizar los desafíos que enfrentan. Pero más allá de las palabras, este proceso se nutrió también de acciones concretas que pusieron en práctica los aprendizajes colectivos. Como parte del mismo, se realizaron jornadas comunitarias que expresaron en el territorio —con manos, herramientas y afecto— la voluntad de cuidado compartido. Tanto la limpieza del río Tacares como la reforestación en el Agualote y San Roque fueron experiencias que entrelazaron conocimiento, compromiso y esperanza, mostrando que el diagnóstico no se quedó en el análisis, sino que se transformó en acto y en comunidad.

Jornada de reforestación en el río Agualote (20 de junio 2025): Sembrar árboles, sembrar futuro

El pasado 20 de junio, la ribera del río Agualote se llenó de manos, palas, árboles y esperanza. Personas voluntarias de todas las edades se reunieron para reforestar zonas estratégicas, proteger las nacientes y fortalecer el abastecimiento hídrico gestionado por la ASADA de San Roque. Esta jornada, además de ser un acto ecológico, fue una experiencia educativa e intergeneracional, donde se compartieron saberes sobre cuencas, agroquímicos, monocultivo y gestión sostenible del territorio.

La reforestación no se limitó a sembrar árboles: sembró también conciencia, vínculos, liderazgo y compromiso. Fue un recordatorio de que cuidar el agua comienza por cuidar el bosque. Y que sin árboles no hay nacientes, sin nacientes no hay agua, y sin agua no hay comunidad. Esta actividad mostró cómo la acción comunitaria, cuando es acompañada de educación y articulación institucional, se convierte en una fuerza transformadora para el presente y el futuro de los bienes comunes.

Jornada de limpieza en el río Tacares (10 de mayo 2025): Cuidar el río es cuidar la vida

La contaminación es visible, pero también transformable. Así lo demostró la jornada de limpieza en el río Tacares, donde estudiantes, organizaciones locales, representantes institucionales y ciudadanía se unieron en un esfuerzo conjunto por devolverle dignidad a uno de los cauces más importantes del cantón. Coordinada por la Fundación para el Desarrollo Ecológico y del Medio Ambiente y Zona Franca Evolution, la actividad recogió toneladas de desechos —desde llantas y muebles hasta botellas y loza sanitaria—, dejando claro que el problema va más allá de la basura: toca nuestras prácticas, nuestras políticas y nuestra conciencia ambiental.

Esta acción fue también un aula abierta: en el acto de limpiar, se generaron aprendizajes, reflexiones y vínculos entre generaciones y sectores. Más que una actividad aislada, fue un gesto de ciudadanía activa y un llamado urgente a repensar la gestión de residuos en Costa Rica. El río habló, y quienes se acercaron a escucharlo encontraron no solo contaminación, sino también la posibilidad de una transformación colectiva.

Feria de cierre: saberes compartidos y comunidad en movimiento

Como cierre del proceso de diagnóstico participativo, se llevó a cabo una feria comunitaria que reunió a organizaciones, instituciones, estudiantes y vecinas del cantón en un espacio de aprendizaje mutuo y diálogo abierto. Esta actividad, realizada en junio de 2025, fue mucho más que un evento informativo: fue una celebración del conocimiento colectivo y del compromiso con el territorio.

Durante la jornada, se ofrecieron diversas charlas temáticas:

  • 🔍 Una charla sobre macroinvertebrados a cargo de estudiantes de la carrera de Gestión Integral del Recurso Hídrico de la UCR, que conectó el conocimiento científico con la observación directa del río.

  • 🐾 Una charla sobre vida silvestre ofrecida por FUNDEMA, que despertó curiosidad y admiración por la fauna local.

  • ♻️ Una charla sobre reciclaje de residuos sólidos con EcoGrecia, enfocada en la separación adecuada y el consumo responsable.

  • 💻 Una charla de residuos electrónicos organizada por la ADI de Raicero, que llamó la atención sobre el impacto de nuestros dispositivos cotidianos.

  • 🛠️ Una charla sobre servicios municipales de reciclaje y residuos no tradicionales, facilitada por el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote.

Más de 100 personas participaron en la feria, en su mayoría vecinas y vecinos de distintas edades. La recepción fue muy positiva: hubo sorpresa, interés genuino, intercambio de saberes y hasta personas que compartieron experiencias propias, enriqueciendo las dinámicas.

Uno de los aspectos más valiosos fue el cruce espontáneo entre espacios: quienes daban una charla también asistían a las otras, rompiendo jerarquías entre “expositoras” y “participantes” y creando un ambiente horizontal y colaborativo. La feria no solo cerró el diagnóstico, sino que abrió nuevas posibilidades de articulación entre actores diversos.

Tejer comunidad, transformar el territorio

El diagnóstico participativo de bienes comunes en Grecia fue, ante todo, un espacio de encuentro. Un ejercicio colectivo para mirar el territorio con otros ojos, reconocer sus riquezas y desafíos, y repensar nuestras formas de organizarnos, cuidar y habitar. A través de talleres, recorridos, ferias, dinámicas y acciones concretas como limpiezas y reforestaciones, este proceso demostró que la participación no es un concepto abstracto, sino una práctica viva que se alimenta de compromiso, memoria, creatividad y escucha.

Desde la metáfora de la “tela de araña” hasta la siembra de árboles y el arte de comunicar con afecto, este diagnóstico nos recordó que los bienes comunes no son solo el agua, el bosque, la cultura o los espacios públicos: son también los vínculos que los sostienen. Y que esos vínculos se tejen en la acción cotidiana, en el juego, en la conversación, en la fiesta y en la lucha.

La creatividad, en este sentido, no fue un adorno: fue una herramienta para imaginar otros futuros posibles. Desde un sociodrama hasta una feria comunitaria, desde una limpieza de río hasta un taller de improvisación, cada momento del proceso puso en práctica la convicción de que el cambio comienza cuando las personas se encuentran, se reconocen y se organizan.

Este diagnóstico no cierra con un documento, sino con una invitación: a seguir tejiendo comunidad, a sumar manos, a cuidar lo que es de todas y todos. Porque el territorio se transforma no solo desde los planes, sino desde las prácticas que lo hacen vivir.

Agradecimientos

Desde el Observatorio de Bienes Comunes expresamos nuestro profundo agradecimiento a todas las personas y organizaciones que hicieron posible el desarrollo del Diagnóstico Participativo de Bienes Comunes en Grecia.

En particular, agradecemos a la empresa PANDUIT, por facilitar generosamente sus instalaciones para la realización de varias de las sesiones de trabajo. Este gesto no solo brindó condiciones logísticas adecuadas, sino que también reflejó una disposición activa a colaborar con iniciativas comunitarias orientadas al bien común.

Reconocemos con especial gratitud a la Carrera de Gestión Integral del Recurso Hídrico del Recinto de Tacares de la Universidad de Costa Rica, por su participación entusiasta, sus aportes técnicos y su compromiso formativo. La presencia de estudiantes, docentes y personal académico aportó rigurosidad, dinamismo y sentido de pertenencia al proceso.

Finalmente, extendemos un reconocimiento fundamental al Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote, por su papel articulador, su liderazgo territorial y su incansable labor de gestión. Gracias a su acompañamiento comprometido fue posible convocar actores diversos, sostener las sesiones y realizar acciones concretas en el territorio.

Este diagnóstico fue posible gracias a la colaboración entre múltiples manos, saberes y voluntades. A todas y todos: gracias por tejer comunidad con nosotras y nosotros.

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Autonomía universitaria: legado emancipador, no escudo de poder

La autonomía universitaria fue uno de los logros más trascendentales de la Reforma de Córdoba de 1918. Nacida del impulso estudiantil frente al autoritarismo y el elitismo, esta conquista no se pensó como un privilegio corporativo ni como refugio para el poder impune, sino como garantía de una universidad democrática, crítica y comprometida con el pueblo.

En la actualidad, sin embargo, este legado está siendo distorsionado. En medio de cuestionamientos legítimos a la gestión de autoridades en la Universidad de Costa Rica (UCR), la autonomía ha sido invocada no como herramienta de democratización, sino como barrera frente a la rendición de cuentas. Esta actitud desconoce principios esenciales de la Reforma: el cogobierno efectivo, la renovación periódica del poder universitario y el deber de responder ante la comunidad que se representa.

Por eso publicamos hoy esta infografía: para recordar que defender la autonomía universitaria no es proteger cargos o estructuras cerradas, sino garantizar que la universidad sirva al bien común, fomente el pensamiento crítico y se rija por la ética pública. Usar este principio para justificar prácticas sin legitimidad política o social es traicionar su esencia. Reivindicar Córdoba implica actuar con coherencia con sus ideales.

Pueden descargar el Manifiesto Liminar de Ia Reforma Universitaria deI 21 de Junio de 1918

Pueden descargar la infografía aquí.

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Autonomía universitaria y bienes comunes: una alianza vital

La universidad pública no es un servicio ni un producto: es un bien común social, construido colectivamente y sostenido por la sociedad para garantizar el derecho a una educación crítica, libre y transformadora. En este marco, la autonomía universitaria no es un fin en sí mismo, sino una condición para que ese bien común se mantenga vivo, accesible y comprometido con el bien común.

Proteger la autonomía significa defender la capacidad de la universidad para pensar desde y para el pueblo, sin subordinaciones al mercado ni al poder político. Pero también implica abrir sus decisiones al control social, al diálogo democrático y al sentido ético de lo público.

Cuando se usa la autonomía para bloquear la participación, cerrar el debate o blindar estructuras de poder, se niega su función como garantía del carácter común, colectivo y transformador de la universidad. Por eso, defender la autonomía es también defender que la universidad siga siendo bien común y no capital simbólico o espacio corporativo.

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Nuevo Cuaderno de Estudio: ¿Universidad pública, bien de consumo o bien para la vida?

En medio de una coyuntura de crisis de sentido en la Universidad de Costa Rica —marcada por la desorientación de sus autoridades y el avance de lógicas de mercado en la educación superior—, surge una pregunta urgente: ¿para qué, para quién y desde dónde construimos la universidad pública?

Inspirado en las ideas de Paulo Freire, educador brasileño que concibió la educación como un acto de libertad y transformación social, y de Carlos Rodrigues Brandão, antropólogo y educador popular comprometido con los procesos de emancipación cultural, el Observatorio de Bienes Comunes presenta el Cuaderno de Estudio 4: ¿Universidad pública: bien de consumo o bien para la vida?

A través de cuatro ejes —universidad y cultura, educación como bien común, pedagogía del diálogo y universidad popular—, nos invita a recuperar el sentido colectivo, democrático y emancipador de la universidad pública.

Descargalo aquí y sumate a imaginar y construir, desde abajo, una universidad para la vida.

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Proceso Reflexión: Educación Popular en tiempos de desinformación y redes sociales

El nombre de la Educación Popular despierta afinidades y antipatías. Su propuesta en muchas ocasiones es presentada como la mera aplicación de técnicas o herramientas didácticas para hacer algo más “interesante”. Si nos atenemos a su lugar y tiempo, se concibe como alguna dimensión de la educación de adultos, es decir procesos formales que se desarrollan fuera del aula y con horarios flexibles. En el mejor de los casos, se observa como una modalidad educativa, como la educación a distancia, entre otras.

Sin embargo, si nos atenemos a su trayectoria histórica, encontramos que la Educación Popular constituye una corriente de pensamiento y acción dentro del campo de las ciencias sociales, principalmente desde las pedagogías críticas. Entonces este enfoque representa una propuesta teórico-práctica siempre en debate y construcción.

Nos encontramos en un contexto complejo, hay una tendencia a la individualización no sólo de los espacios que antes compartiamos de forma colectiva, sino también, los mismos canales de comunicación que usualmente utilizamos, nos fragmentan y re-construyen burbujas en torno a las personas que utilizamos esos medios.

¿Qué tipo de implicaciones tiene esto en nuestra forma de participar y debatir sobre nuestras realidades? ¿Influye esto en la percepción que tenemos de las demás personas? ¿Estamos viviendo al mismo tiempo contextos de sentidos distintos contrapuestos-complmentarios entre las personas que habitamos nuestros territorios?

Son parte de las inquietudes que mueven la discusión de este proceso de reflexión, para debatir y problematizar los desafíos que tiene la construcción de propuestas socioeducativas desde la educación popular en estos contextos que nos interpelan hoy.

Para abordar este proceso proponemos trabajar durante las siguientes sesiones

1. ¿Qué es la educación Popular Latinoamericana y Caribeña? 30 de setiembre –  9 am a 12 md
2.Trayectos históricos de la Educación Popular Latinoamericana y Caribeña. 7 de octubre –  9 am a 12 md
3.¿Qué son los saberes y las prácticas? ¿Qué contextos les acompaña? 17 de octubre –  9 am a 12 md
4. ¿Hacemos técnicas o apoyamos procesos? 21 de octubre-  9 am a 12 md
5.¿Hay algo distinto en todo esto? 28 de octubre – 9 am a  12 md

Lugar: Oficina Kioscos Socioambientales

Formulario de inscripción

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Al respecto del FESS: Además del presupuesto…¿Para quién la universidad?

Aprovechamos las negociaciones del FESS, dónde los ánimos se crispan, para recordarles a las distintas instancias que «disputan» los porcentajes, qué la Universidad debe ser disputada también en las lógicas que la constituyen, por esta razón, con motivo de la publicación del CLACSO del libro titulado «Derecho a la universidad Pospandemia y trabajo docente de Héctor Cancela Bosi, Agustín Cano Menoni y Anabella Lucardi«. Les invitamos a reflexionar sobre el lugar de la universidad en nuestras sociedades, pero también, ¿A quiénes debe responder?

El proyecto EC 518 ha sido testigo de las contradicciones de la Universidad Pública, ha escuchado y vivido los argumentos que buscan justificar los recortes como condiciones necesarias, además, de la supuesta realidad de  «reducir», ya que cuestionan la idoneidad presupuestaria de las labores de la Universidad por extender su accionar.  Por esta razón, no nos parece muy convincente las aparentes contradicciones, en el fondo, en su práctica cotidiana, estos actores que negocian, tienen concepciones similares en torno a la mercantilización de la universidad.

¿Por qué decimos esto? Simplemente por lo estamos viviendo día a día, la erosión de las condiciones dignas de nuestro trabajo.

¿Qué proponemos? Estas autoridades universitarias y de gobierno deben recordar, que la Universidad Púbica Latinoamericana y Caribeña, tiene sentido en el tanto se reconozca como parte de esas sociedades que son atravesadas por las injusticias sociales y coloquen como principios de su accionar a los sectores populares, en su atención, en la reivindicación de sus derechos  y su inclusión en todas las instancias que la conforman.

Por esta razón, hablar de Universidad Pública en nuestros territorios, no es algo accesorio, es un compromiso en la práctica política, ética y pedagógica.

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