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Los Chorros: historia, abandono y la lucha por proteger un monumento natural

Brenda Méndez Mesén

Estudiante asistente

El Parque Los Chorros no es solo un sitio de belleza escénica con cataratas de más de 40 metros: es una de las principales zonas de recarga hídrica del cantón de Grecia y comunidades cercanas como Carrillos Bajo, Tacares y Cataluña. Desde hace casi cinco décadas, este espacio ha sido reconocido legalmente como un área silvestre protegida; sin embargo, hoy enfrenta una crisis marcada por el abandono institucional, la intervención humana sin control y el deterioro progresivo de sus recursos naturales.

Un patrimonio natural de todos

“Para mí, Los Chorros representan algo tan importante para la vida como es el agua. Es la que nos da la vida, y si nosotros no la cuidamos, ¿quién lo va a hacer?”
– José Alejandro Montero Hernández, representante de la ASADA de Tacares

Los Chorros fue creado mediante la Ley N.º 6126 (1977) como Parque Recreativo Municipal, otorgando a la Municipalidad de Grecia la coadministración del área. Esta condición fue reafirmada por la Sala Constitucional en la sentencia 11525-2013, donde se establece que el parque forma parte del Patrimonio Natural del Estado y posee alta fragilidad ambiental, lo que obliga a una protección reforzada del recurso hídrico, los bosques y la biodiversidad.

Según estudios citados en dicha sentencia, en el área se localizan al menos 19 pozos y 26 nacientes, que alimentan tanto comunidades como proyectos industriales bajo el régimen de zona franca en Tacares. A pesar de ello, las medidas de resguardo han sido insuficientes.

Abandono municipal y aprovechamiento ilegal

“Aquí existe un aprovechamiento turístico ilegal que está causando un impacto negativo en la vida silvestre. No hay control, ni capacidad de carga, ni regulación.”
– Francis Suárez López, FUNDEMA y síndico de Tacares

Desde el año 2016, el parque se encuentra oficialmente cerrado al público; no obstante, la visitación nunca se detuvo. Terceros continúan cobrando entrada y parqueo, sin ningún tipo de autorización ni control, exponiendo a los visitantes a riesgos reales, como derrumbes, senderos colapsados y estructuras dañadas.

“No hay gestión, no hay control y no hay conservación. No existe una persona designada por la municipalidad para administrar este parque.”
– Hámer Salazar, FUNDEMA

Entrevistas realizadas a líderes comunales, regidores y representantes ambientales coinciden en un punto central: la ausencia de la Municipalidad de Grecia como figura rectora del parque.

“Los Chorros se encuentran en más de un 50% de abandono. Nadie invierte, nadie controla, pero sí hay gente lucrando de un bien que es de todos”, José Alejandro Montero Hernández representante de la ASADA de Tacares.

La municipalidad incluso llegó a contratar un asesor exclusivo para Los Chorros durante una administración pasada; sin embargo, su trabajo y resultados son desconocidos por la comunidad.

Daños ambientales y riesgos actuales

Además de la intervención humana, las tormentas recientes han causado deslizamientos, caída de árboles y daños en senderos. Elementos como el puente hamaca fueron destruidos parcialmente para impedir el paso, sin que se ofrecieran alternativas seguras.

Biólogos y ambientalistas advierten sobre prácticas inadecuadas en una zona protegida:

  • -Ingreso de perros y animales domésticos
  • -Fogatas no controladas
  • -Extracción de flora
  • -Basura en el cauce del río

Todo esto ocurre sin estudios de capacidad de carga, sin rotulación, sin guardaparques y sin vigilancia del SINAC.

El precedente legal ignorado

La sentencia 11525-2013 fue clara: cualquier intervención que aumente la explotación del recurso hídrico, o altere el entorno, debe someterse a Estudios de Impacto Ambiental rigurosos, aplicando el principio precautorio e in dubio pro natura. En ese fallo, la Sala responsabilizó a SETENA, AyA, MINAE y la Municipalidad de Grecia por omisiones en la protección del Parque Los Chorros.

“Este parque existe gracias a una lucha legal. Si no se hubiera defendido ese juicio, Los Chorros hoy no existirían.”
– Francis Suárez López, FUNDEMA

Pese a este precedente, hoy se siguen observando construcciones cercanas, urbanizaciones como el condominio Los Maderos, y una total falta de delimitación oficial del parque.

“Poner una malla que la gente rodea no es una solución real. La única solución real es hacer cumplir la ley.”
– Francis Suárez López, FUNDEMA

Las propuestas que siguen esperando

Desde la Fundación para el Desarrollo del Medio Ambiente (FUNDEMA) y organizaciones locales se han planteado proyectos concretos para rescatar el parque:

  • -Cambio de categoría de manejo, para que se reconozca oficialmente como Monumento Natural Los Chorros.
  • -Reglamentación de la Ley 6126, mientras se aprueba un nuevo marco legal.
  • -Amojonamiento del perímetro, para evitar invasiones y construcciones dañinas.
  • -Gestión y control permanente, con una figura responsable y coordinación con MINAE y SINAC.
  • -Recuperación de senderos, señalización, servicios sanitarios y manejo de desechos.
  • -Inventarios de flora y fauna, donde se registran especies como tigrillos, tolomucos, pavas, codornices y osos hormigueros.

Ninguna de estas iniciativas se ha ejecutado plenamente.

Turismo sí, pero primero protección

Paradójicamente, Los Chorros aparece en campañas publicitarias de empresas telefónicas y rutas turísticas promovidas por administraciones anteriores. Sin embargo, la comunidad insiste: no se puede vender lo que no se protege.

El potencial para un turismo sostenible y controlado existe y podría generar empleo y desarrollo para Tacares, pero solo después de garantizar:

  • -Seguridad para los visitantes
  • -Conservación del agua y la biodiversidad
  • -Gestión transparente y legal
Un llamado a la acción comunitaria

A casi 50 años de su creación, Los Chorros sigue siendo una joya natural, pero también un recordatorio del costo de la inacción. Los tacareños y griegos tienen claro que serán los primeros beneficiados si el parque se recupera, pero también los más afectados si se pierde.

Proteger Los Chorros no es una opción: es una responsabilidad colectiva.                           

Como parte del compromiso ciudadano con la protección del Parque Los Chorros, el sábado 11 de abril se realizó una jornada de limpieza y acción comunitaria en Tacares de Grecia, Alajuela, con la participación activa de vecinos y organizaciones ambientales.

La actividad tuvo como objetivo principal recolectar residuos sólidos, visibilizar el estado actual del parque y fortalecer el trabajo comunitario en defensa de los ríos y las nacientes, ante la ausencia de una gestión institucional permanente. Durante la jornada se logró retirar basura acumulada en senderos y zonas cercanas al cauce del río, evidenciando que, pese a estar oficialmente cerrado, el parque continúa siendo visitado sin control ni regulación.

Además de la limpieza, la actividad sirvió como espacio de concientización y articulación comunitaria, reafirmando la importancia de la organización local como primera línea de defensa del patrimonio natural.

La mostrado se obtuvo como resultado directo de la jornada de limpieza y acción comunitaria, mediante un proceso de observación y recopilación de datos realizado de forma participativa junto con personas y organizaciones locales. De esta manera se permitió integrar el conocimiento comunitario, las percepciones territoriales y la experiencia directa de quienes habitan y utilizan el entorno, aportando un diagnóstico colectivo sobre la situación actual del Parque Los Chorros.

“Los servicios ambientales que presta Los Chorros son enormes. De aquí se abastecen comunidades completas y proyectos productivos del distrito de Tacares.”
– Hámer Salazar, FUNDEMA

Los organizadores hicieron un llamado abierto a organizaciones sociales, ambientales, educativas e instituciones públicas y privadas que deseen sumarse a futuras acciones, con el fin de defender los ríos, proteger el recurso hídrico y fortalecer el trabajo comunitario en el distrito de Tacares y el cantón de Grecia.

Esta nota se elaboró en el marco de la jornada de limpieza y acción comunitaria realizada el sábado 11 de abril en Tacares de Grecia. La información presentada surge de un proceso participativo de observación, diálogo y recopilación de datos junto a personas vecinas y organizaciones locales, integrando conocimiento comunitario, percepciones territoriales y experiencias directas. La actividad, además de recolectar residuos y evidenciar el estado del parque, permitió realizar una caracterización exploratoria de la situación actual de Los Chorros.

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Sabores de la memoria: Finca 5 reconstruye su historia desde las fotos… y más allá de ellas

El pasado sábado 18 de abril, la comunidad de Finca 5 se reunió para dar inicio a un proceso colectivo de recuperación de memoria en torno al puente ferroviario, el vagón y la historia del territorio. Más que una actividad puntual, el encuentro se convirtió en un espacio de diálogo, escucha y reconocimiento, donde las experiencias de vida comenzaron a entrelazarse para reconstruir una historia común.

A partir de fotografías compartidas por las propias personas, el taller propuso una dinámica sencilla pero profundamente significativa: construir una línea del tiempo desde la memoria vivida. Las imágenes no solo permitieron ubicar momentos, sino que abrieron la posibilidad de recordar, interpretar y resignificar lo que ha sido el tren en la vida de la comunidad.

Una historia que se cuenta desde la experiencia

Las fotografías funcionaron como un punto de partida para activar recuerdos que, aunque pertenecen al pasado, siguen presentes en la vida cotidiana de muchas personas.

Aparecieron escenas de un tiempo en que el río se cruzaba a pie, antes de la construcción del puente. Se recordaron los años en que la llegada de la obra representó una visión de futuro, generando trabajo para la gente del lugar y abriendo nuevas posibilidades económicas. El tren fue evocado como un elemento que dinamizó el comercio, conectó comunidades y marcó profundamente la organización de la vida cotidiana.

Sin embargo, más allá de estos hitos, lo que emergió con mayor fuerza fue la dimensión cotidiana de esa historia. La memoria no se expresó solo en grandes eventos, sino en prácticas diarias: ventas de leche, cajetas, tortillas, chorreadas, tamales, elotes y huevos que cruzaban el puente en canastos; recorridos familiares; encuentros espontáneos; y una vida comunitaria marcada por el intercambio constante.

Muchas personas recordaron cómo salían a vender y regresaban con el canasto vacío, en jornadas donde el trabajo también era una forma de encuentro. En ese ir y venir, no solo circulaban productos, sino también vínculos, historias y formas de sostener la vida en común.

Cuando la memoria se vuelve pregunta

El taller tomó un giro clave cuando la conversación se desplazó de lo visible hacia lo ausente. La pregunta fue directa, pero profundamente movilizadora:

¿Qué no muestran las fotos?

A partir de ahí, comenzaron a emerger historias que no habían quedado registradas en imágenes, pero que forman parte esencial de la memoria colectiva.

Se mencionaron las fondas que alimentaban a quienes trabajaban en la construcción del puente, las condiciones de vida de la época —como la ausencia de electricidad— y los esfuerzos cotidianos de las familias. También aparecieron recuerdos más sensibles, como las personas que fallecieron durante la construcción, o los recorridos junto a padres y madres que forman parte de una memoria afectiva que no suele documentarse.

Este momento permitió reconocer algo fundamental: la memoria no está solo en lo que se puede ver. También habita en lo que se siente, en lo que se recuerda desde la experiencia y en aquello que, por distintas razones, no fue fotografiado ni registrado.

El tren: entre memoria, sustento y pregunta

En los relatos compartidos, el tren dejó de ser únicamente una infraestructura para convertirse en una experiencia profundamente arraigada en la vida de la comunidad.

Fue fuente de trabajo e ingresos para muchas familias.
Fue un espacio de intercambio y encuentro.
Fue parte de la infancia, de la rutina, de la organización del territorio.

Pero junto con estos recuerdos, también emergieron preguntas sobre el presente y el futuro. Algunas personas expresaron el deseo de que el tren pueda volver, reconociendo su potencial para el desarrollo. Sin embargo, esta idea no aparece de forma acrítica.

Durante el taller se señaló con claridad que las grandes articulaciones, como el tren, no necesariamente significan desarrollo para las comunidades. En algunos casos, también pueden invisibilizar sus necesidades y formas de vida. Esta reflexión abre un campo importante: pensar qué tipo de desarrollo se quiere y desde qué lugar se construye.

La memoria no es neutral

Uno de los aprendizajes más importantes que dejó el encuentro es que la memoria no es un ejercicio neutro ni automático.

Recordamos algunas cosas y otras quedan fuera.
A veces porque no fueron fotografiadas.
A veces porque implican experiencias difíciles.
A veces porque no se consideraron importantes en su momento.

Esto invita a una reflexión necesaria: ¿quién decide qué se recuerda y qué se olvida? ¿Qué historias han quedado fuera de los relatos más visibles? ¿Qué memorias necesitan todavía un espacio para ser compartidas?

Reconocer esta dimensión es clave para construir una memoria más amplia, más crítica y más cercana a la experiencia real de la comunidad.

La historia que sea la nuestra

En medio de estas reflexiones, emergió una idea con mucha fuerza: la necesidad de que la historia sea contada desde la propia comunidad.

Frente a relatos externos que muchas veces explican el territorio desde una mirada institucional o técnica, este proceso busca poner en el centro las voces de quienes han vivido y construido Finca 5.

La memoria local permite recuperar la experiencia cotidiana, reconocer trayectorias de vida y fortalecer el sentido de pertenencia. No se trata solo de recordar, sino de afirmar que la comunidad tiene el derecho de narrarse a sí misma.

Como se expresó durante el taller:
“La historia que sea la mía. De y para la comunidad.”

Descargá el boletín completo

Este boletín recoge con mayor detalle los relatos, reflexiones y hallazgos del primer taller en Finca 5, incluyendo la línea del tiempo construida colectivamente, las voces de la comunidad y las preguntas que surgieron en el proceso. Te invitamos a descargarlo y recorrer esta memoria viva que no solo recuerda el pasado, sino que abre caminos para pensar el presente y construir futuro.

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Cuando el agua tiene historia: cuidar la naciente es cuidar la vida – Conversamos con Alejandro Montero fontanero ASADA Tacares

En Los Chorros, Grecia, el agua no solo fluye: también cuenta historias. En esta entrevista del programa Sentires y Saberes, conversamos con Alejandro Montero Hernández, fontanero de la ASADA de Tacares, quien comparte desde la experiencia cotidiana lo que implica sostener, defender y cuidar una naciente de agua que abastece a comunidades enteras.

Más allá de la infraestructura, el testimonio nos recuerda algo fundamental: el agua no “llega sola”. Detrás de cada gota hay trabajo comunitario, organización, conocimiento técnico y, sobre todo, luchas históricas que han defendido este bien común frente a intereses externos, malas prácticas y el olvido institucional.

Temas clave que atraviesa la conversación

1. El agua como bien común, no como recurso individual: Alejandro insiste en una idea sencilla pero potente: “el agua es de todos y para todos”. Sin embargo, advierte una contradicción frecuente: muchas personas acceden al agua, pero se desconectan de la responsabilidad de cuidar su origen.

2. La invisibilización del trabajo comunitario: Desde la limpieza de la naciente hasta el monitoreo técnico del agua, el trabajo de las ASADAS implica una labor constante, especializada y poco reconocida. No se trata solo de “entubar” agua: hay procesos de mantenimiento, análisis, cloración y vigilancia permanente.

3. Conflictos y tensiones por el territorio: La entrevista revela disputas concretas: uso de agroquímicos en zonas altas, intervenciones institucionales cuestionadas y actores que buscan lucrar con el espacio. La defensa del agua aparece entonces como defensa del territorio.

4. Memoria y lucha, nada de esto es casual: Los Chorros no están como están por accidente. Existen gracias a decisiones colectivas, acciones legales y organización comunitaria que han protegido la naciente a lo largo del tiempo.

5. El cuidado como práctica intergeneracional: Hay una preocupación clara por el futuro: lo que hoy se haga (o se deje de hacer) impactará directamente en las próximas generaciones. El cuidado del agua es también un acto de responsabilidad con quienes vienen.

Preguntas para la reflexión
  • ¿De dónde viene el agua que consumimos diariamente?
  • ¿Quiénes sostienen ese acceso y bajo qué condiciones?
  • ¿Qué implica realmente “cuidar el agua” más allá del consumo individual?
  • ¿Qué memorias comunitarias están detrás de los territorios que habitamos?
  • ¿Cómo podemos pasar de usuarios del agua a cuidadores de las nacientes?
Una invitación

Esta entrevista no es solo un testimonio: es una invitación a reconectar con aquello que muchas veces damos por sentado. Reconocer el agua como bien común implica también reconocer a las personas, comunidades y procesos que la hacen posible.

Escuchar, aprender y vincularse con estos esfuerzos es un primer paso para construir prácticas cotidianas más responsables y territorios más justos.

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El puente también recuerda: memoria y cuidado comunitario en Finca 5

En Finca 5, Sarapiquí, un antiguo puente ferroviario sigue siendo mucho más que una estructura abandonada. Aunque el tren dejó de pasar hace años, el lugar continúa lleno de vida: es punto de encuentro, espacio de recreación y escenario de historias que siguen habitando la memoria de la comunidad.

A través de una serie de entrevistas, este trabajo recoge las voces de quienes han vivido y construido este territorio. Sus relatos nos hablan del paso del tren, de lo que significó en la vida cotidiana, pero también de cómo ese espacio ha sido reapropiado con el tiempo, transformándose en un lugar para compartir, encontrarse y cuidar lo común.

El puente no es solo un vestigio del pasado. Es un símbolo de continuidad: entre generaciones, entre formas de habitar el territorio, entre memoria y presente. En sus rieles, en su estructura, pero sobre todo en las experiencias de las personas, se tejen vínculos que sostienen la vida comunitaria.

Hoy, ese espacio nos recuerda que el cuidado no es una idea abstracta, sino una práctica concreta: en cómo se usa el lugar, en cómo se respeta, en cómo se convierte en un punto donde la comunidad se reconoce y se encuentra.

Recuperar la memoria no es solo mirar hacia atrás. Es también afirmar lo que somos y proyectar lo que queremos seguir siendo como comunidad.

Algunas claves para mirar este proceso:

▪️ El puente como espacio de memoria viva
▪️ El tren y su huella en la vida comunitaria
▪️ La resignificación del territorio desde el encuentro
▪️ El cuidado como práctica colectiva
▪️ La memoria como base para fortalecer lo común

Descargá aquí el boletín del proceso

Este primer boletín recoge los principales momentos del encuentro comunitario realizado el 21 de marzo en Finca 5, donde se inició un proceso colectivo de recuperación de la memoria local en torno al puente ferroviario y el antiguo vagón.

A través de relatos, reflexiones y propuestas, el documento muestra cómo la memoria sigue viva en las personas y en el territorio, y cómo puede convertirse en una herramienta para fortalecer la identidad, el encuentro comunitario y el cuidado de los espacios comunes.

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Más que una limpieza: memoria y organización en Los Chorros

En el marco de una jornada de limpieza en el Río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros (Grecia), la conversación con Hámer Salazar (biólogo y presidente de FUNDEMA) y Francis Suárez (Primates de Grecia, FUNDEMA y síndico de Tacares) deja una idea central: los ríos no son solo naturaleza, son territorios construidos desde la historia, la organización y la lucha.

Aunque el parque fue creado por ley en 1977 como área protegida, hoy enfrenta una realidad contradictoria: no cuenta con gestión, control ni un plan de manejo efectivo. En ese vacío, como señalan Salazar y Suárez, ha sido la comunidad —especialmente Tacares— la que ha sostenido su defensa frente a amenazas como la contaminación, proyectos extractivos y presiones urbanísticas.

Por eso, una jornada de limpieza no es solo recoger residuos. Es también un acto de memoria y de educación popular. Escuchar la historia del lugar mientras se cuida transforma la experiencia: conecta a las personas con el territorio y las vuelve parte de su defensa.

Los Chorros nos recuerda que cuidar un río implica mucho más que acciones puntuales. Supone reconocer las luchas que lo han hecho posible y asumir, colectivamente, el compromiso de sostenerlo.

Claves para leer esta experiencia
  • – Los ríos son territorios vivos, atravesados por historia y conflicto.
  • – La protección de Los Chorros ha dependido, en gran medida, de la organización comunitaria.
  • – Existe una brecha entre la protección legal y la gestión real del área.
  • – Las amenazas han sido constantes: contaminación, extracción y urbanización.
  • – El agua es un bien común que ha generado tanto disputas como solidaridad entre comunidades.
  • – Las jornadas de limpieza también construyen memoria, vínculos y apropiación del territorio.
  • – Conocer la historia fortalece el compromiso con su cuidado.
Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fecha programada es:

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Bienes Comunes en Corto – Calle Álvarez: memoria y territorio desde la voz de un vecino

El testimonio de Pedro Luis Martínez Álvarez nos invita a mirar el territorio más allá de lo visible. Calle Álvarez no es solo un espacio geográfico: es historia viva, herencia, lucha cotidiana y una forma de arraigo que se transmite entre generaciones.

Su voz nos recuerda que los territorios se construyen desde la experiencia de quienes los habitan: desde el Río Frío como vía de vida, encuentro y sustento, hasta las luchas persistentes frente al abandono institucional. Aquí, la historia no está en los libros: vive en la palabra, en la memoria familiar y en las prácticas que sostienen la vida.

En medio de las transformaciones y desigualdades, persiste una certeza: el vínculo con la tierra no se rompe. Se cuida, se defiende y se hereda.

Memoria local y organización: sostener lo común

La memoria comunitaria no es solo un ejercicio de recordar el pasado; es también una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro. Nombrar de dónde venimos permite reconocer las huellas de la desigualdad, pero también las formas en que las comunidades han sabido organizarse, resistir y sostener la vida.

Cuando una comunidad recupera su historia, fortalece su identidad y su capacidad de exigir derechos. La memoria conecta generaciones, ordena experiencias y da sentido a las luchas actuales: evidencia que el abandono y la exclusión no son casuales, sino resultado de decisiones y procesos históricos que pueden transformarse.

Por eso, recoger estas voces no es solo documentar: es sembrar. Sembrar conciencia, pertenencia y organización. Porque defender el territorio también implica contar su historia y, en ese proceso, reconocerse como comunidad que resiste, cuida y construye futuro.

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El río también recuerda: memoria y comunidad en Los Chorros

El pasado sábado 11 de abril, en el marco de la I Jornada Anual de Acción por los Ríos en Los Potreros de Puax, se realizó una nueva jornada de limpieza en la confluencia de la Quebrada Zamora y el río Prendas, en el Parque Recreativo Municipal Los Chorros, en Grecia. A primera vista, podría parecer una actividad más de recolección de residuos. Sin embargo, lo vivido en el territorio evidencia algo más profundo: limpiar un río no es solo una acción práctica, es también un ejercicio de memoria, de encuentro y de defensa de lo común.

Desde el Observatorio del Agua del río Agualote (GIRH-UCR, Sede de Occidente), junto a múltiples organizaciones comunitarias, estudiantiles y socioambientales, se convocó a esta jornada que reunió a cerca de 50 personas voluntarias. Durante un recorrido de aproximadamente 330 metros, se recolectaron cerca de 400 kilos de residuos, entre ellos botellas plásticas, ropa, zapatos, llantas y hasta implementos de acampar. Las cifras son contundentes, pero no agotan el sentido de la experiencia.

Más que limpiar: comprender el territorio

Existe una visión extendida que entiende las limpiezas de ríos como acciones meramente instrumentales: recoger basura para “recuperar” un espacio natural dado. Pero esta mirada oculta una dimensión clave: los ríos y los territorios no existen al margen de la sociedad. Son el resultado de relaciones históricas, culturales, políticas y económicas que los configuran, los tensionan y, muchas veces, los ponen en riesgo.

Los Chorros no es solo un paisaje. Es un territorio construido en medio de luchas comunitarias por el agua, por la conservación y por el derecho a decidir sobre el entorno. Como señalaron personas de la comunidad durante la jornada, este espacio ha enfrentado múltiples amenazas: contaminación por agroquímicos, proyectos extractivos, urbanización desregulada e incluso conflictos por el acceso al recurso hídrico.

Que hoy exista como parque y como fuente de agua para varias comunidades no es casualidad. Es resultado de organización, resistencia y decisiones colectivas que han priorizado la vida sobre otras lógicas de uso del territorio.

La memoria como parte de la acción

Uno de los elementos más significativos de la jornada fue que, junto a las indicaciones técnicas sobre separación de residuos o recorridos, se compartió la historia del lugar. Lejos de ser un dato anecdótico, esta dimensión permitió que quienes participaban —muchas personas que visitaban el sitio por primera vez— comprendieran que estaban interviniendo en un espacio vivo, cargado de significado.

La memoria comunitaria cumple aquí un papel fundamental: permite entender que la naturaleza no está “ahí” esperando ser cuidada, sino que ha sido y sigue siendo defendida. Reconocer esto transforma la relación con el territorio. La limpieza deja de ser un acto aislado y se convierte en parte de un proceso más amplio de apropiación, cuidado y responsabilidad colectiva.

Trabajo colectivo y construcción de lo común

La jornada también evidenció la fuerza del trabajo voluntario organizado. Personas de distintas edades, organizaciones y trayectorias compartieron un mismo objetivo en un ambiente de respeto, horizontalidad y compromiso. Cada quien aportó desde sus posibilidades, mostrando que la defensa de los bienes comunes no depende de acciones individuales heroicas, sino de procesos colectivos sostenidos.

Además, la participación de grupos comunitarios, organizaciones socioambientales, espacios universitarios y actores locales refuerza la idea de que la gestión del agua y de los territorios requiere articulación. No se trata solo de intervenir, sino de construir vínculos que sostengan en el tiempo estas iniciativas.

Alegría, encuentro y continuidad

Más allá del esfuerzo físico, la jornada estuvo marcada por la alegría. Las sonrisas, especialmente de niñas, niños y jóvenes, dan cuenta de otra dimensión muchas veces invisibilizada: el vínculo afectivo con el río. Ese vínculo es también una forma de defensa, porque lo que se conoce, se vive y se quiere, se cuida.

En ese sentido, estas acciones no solo buscan remover residuos, sino también sembrar relaciones: entre personas, con el territorio y con la historia que lo habita.

La invitación queda abierta a seguir participando en estos procesos. La próxima jornada será en el río Agualote el 25 de abril de 2026, como parte de un esfuerzo más amplio impulsado por la Alianza Nacional Ríos y Cuencas de Costa Rica.

Porque limpiar un río también es recordar, reconocer y defender. Y en cada bolsa de residuos que se retira, también se levanta una historia que merece ser contada y continuada.

De la limpieza a la memoria: claves metodológicas para el trabajo comunitario en ríos
Estrategia¿En qué consiste?¿Para qué sirve?Consejos prácticos
Apertura con contextualización históricaBreve espacio inicial donde se comparte la historia del río y del territorioGenerar sentido de pertenencia y ubicar la acción en un proceso históricoNo extenderse demasiado (10-15 min) y priorizar relatos cercanos y vivenciales
Voces del territorioParticipación de personas lideresas, mayores o actores clave que narran experienciasConectar emocional y políticamente con el lugarCoordinar previamente con las personas invitadas y cuidar tiempos de intervención
Caminatas de memoriaParadas durante el recorrido para contar historias del sitioReconocer el territorio como un espacio vivo con múltiples capasDefinir puntos estratégicos antes de iniciar para no improvisar demasiado
Cartografía participativaElaboración colectiva de mapas con hitos, conflictos y aprendizajesVisualizar el territorio de forma integral y participativaUsar materiales sencillos (papel, marcadores) y facilitar la participación de todas las personas
Registro de testimoniosRecolección de relatos en audio, video o notasDocumentar la memoria para procesos futurosSolicitar consentimiento y designar a una persona encargada del registro
Espacios de reflexión colectivaCírculo de palabra al cierre para compartir aprendizajes y sentiresProfundizar en la experiencia y generar análisis colectivoHacer preguntas guía y cuidar que todas las voces puedan participar
Integración intergeneracionalParticipación de distintas edades en la actividadFortalecer la transmisión de memoria entre generacionesDiseñar dinámicas accesibles para niñez, juventudes y personas adultas
Vinculación organizativaArticulación con procesos comunitarios existentesDar continuidad y sostenibilidad a las accionesIdentificar previamente actores locales y generar alianzas
Expresiones creativasUso de arte (murales, escritura, fotografía, música)Ampliar formas de apropiación del territorioNo forzar la participación artística, dejar que surja de forma voluntaria
De la memoria a la acciónTraducción de aprendizajes en propuestas o accionesFortalecer la incidencia y organización comunitariaCerrar con acuerdos concretos, aunque sean pequeños y alcanzables
La naturaleza como historia viva: territorio y sociedad en relación

Solemos pensar la naturaleza como algo “ahí”, preexistente, ajeno a la acción humana y disponible para ser usada, protegida o restaurada. Sin embargo, esta idea oculta una realidad más compleja: lo que llamamos naturaleza es también historia viva. Los territorios que habitamos —ríos, montañas, bosques— no son únicamente formaciones biofísicas, sino el resultado de procesos históricos, sociales, culturales y políticos que los han configurado a lo largo del tiempo.

El río Prendas, como tantos otros, no puede entenderse sin las relaciones que lo atraviesan: decisiones institucionales, modelos productivos, formas de ocupación del suelo, conflictos por el agua, luchas comunitarias y prácticas cotidianas de cuidado o deterioro. Lo que hoy vemos como “naturaleza” es, en realidad, una trama viva donde interactúan múltiples actores, intereses y visiones de mundo.

Reconocer la naturaleza como historia viva implica cuestionar una mirada que separa a las personas de su entorno. Nos invita a entender que también somos parte de esos procesos, y que nuestras acciones —individuales y colectivas— inciden directamente en la forma que toman los territorios. Así, la contaminación no es un accidente aislado, sino expresión de dinámicas más amplias; del mismo modo, la conservación no ocurre espontáneamente, sino que es resultado de organización, decisiones y luchas.

Desde esta perspectiva, las limpiezas de ríos adquieren un nuevo significado. No se trata únicamente de “devolver” un estado natural perdido, sino de intervenir en una relación: de transformar prácticas, de disputar sentidos sobre el uso del territorio y de fortalecer procesos comunitarios que sostienen la vida. Por eso, incorporar la memoria local no es un complemento, sino una condición fundamental para comprender qué se está limpiando, por qué y para quién.

Asumir la naturaleza como historia viva no le resta valor; al contrario, la sitúa en el centro de las relaciones que hacen posible la vida y abre la posibilidad de cuidarla desde la conciencia, la memoria y la acción colectiva.

Galería
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¿Quién cuida el planeta? Limpieza del Río Trojas

Este video recoge las voces de personas que participaron en la jornada de limpieza del río Trojas, en Sarchí, como parte de las acciones comunitarias por la defensa de los ríos en la región de Occidente. A través de sus testimonios, se comparte no solo la experiencia de la limpieza, sino también las percepciones y aprendizajes que surgen al recorrer el río y observar directamente su estado.

Las intervenciones evidencian una realidad que va más allá de los residuos visibles: la presencia de agroquímicos, posibles vertidos de aguas residuales y la creciente presión sobre las riberas muestran que los ríos están siendo impactados por múltiples factores. En ese sentido, la limpieza se convierte en una herramienta para hacer visible un problema más profundo y para comprender que el deterioro de los ríos responde a dinámicas estructurales del territorio.

Al mismo tiempo, el video refleja la importancia de la organización comunitaria y la articulación entre distintos actores. Las personas participantes coinciden en que estas jornadas no solo permiten recuperar espacios, sino también fortalecer vínculos, generar conciencia y abrir preguntas sobre los desafíos que vienen: mayor monitoreo, educación ambiental y la necesidad de avanzar hacia acciones sostenidas que permitan proteger los ríos más allá de las jornadas de limpieza.

Al final, queda una pregunta abierta: ¿quién cuida el planeta?

 Las voces que aparecen en este video muestran que el cuidado no recae en una sola persona ni en un solo actor. Es una responsabilidad compartida, donde las comunidades organizadas están en la primera línea, pero no pueden ni deben asumirla solas. El Estado, las instituciones, las empresas y la academia tienen un rol fundamental que no puede seguir postergándose.

También nos recuerda que el cuidado no se limita a acciones individuales o puntuales. Limpiar el río es importante, pero no suficiente. Los desafíos son más profundos: requieren transformar prácticas productivas, fortalecer la educación ambiental, mejorar el monitoreo y, sobre todo, cuestionar las formas en que estamos usando y entendiendo nuestros territorios.

Cuidar el planeta, entonces, no es solo una tarea ambiental. Es también una tarea colectiva, política y comunitaria, que implica decidir qué tipo de relación queremos construir con la naturaleza y con la vida en común.

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Escuchar el río: aprendizajes desde la acción comunitaria entrevista con Rocío Chamorro

En este audio conversamos con Rocío Chamorro, docente de la Universidad de Costa Rica en el área de Gestión Integral del Recurso Hídrico y participante en el Observatorio Ciudadano del Agua del Río Agualote, nos sentamos a conversar en el marco de las jornadas de limpieza de ríos en Sarchí.

A partir de su experiencia, construimos un balance claro: las comunidades han logrado organizarse para recoger residuos y recuperar espacios, pero el desafío va mucho más allá de la limpieza. La presencia de agroquímicos, residuos domésticos y posibles vertidos de aguas residuales evidencia problemas estructurales que requieren mayor monitoreo institucional, cambios en las prácticas productivas y políticas públicas más cercanas a las realidades locales .

También, destaca la importancia de la articulación entre comunidad, universidad, voluntariado e instituciones, así como la necesidad de pasar de acciones puntuales a procesos sostenidos de educación, organización e incidencia.

Puntos clave para leer la realidad de los ríos:

• La limpieza permite ver problemas más profundos en los ríos, no solo la basura visible
• Persisten vertidos de aguas residuales y uso de agroquímicos que afectan la calidad del agua
• Las comunidades están organizándose, pero no pueden asumir solas esta responsabilidad
• Se requiere mayor monitoreo e involucramiento institucional
• Las soluciones no pasan solo por sancionar, sino por transformar prácticas productivas
• Es clave incluir a pequeños y medianos productores y una perspectiva de género en las políticas
• La articulación entre actores fortalece la participación y el impacto de las acciones
• El desafío es pasar de la limpieza a la prevención y la incidencia

Este audio es una invitación a escuchar no solo la experiencia de quienes participan, sino también lo que los ríos están diciendo sobre los desafíos que enfrentan nuestros territorios.

Próximas jornadas de acción por los ríos

Como parte de este esfuerzo colectivo, las organizaciones y comunidades participantes han planteado dar continuidad a estas iniciativas a través de nuevas jornadas de acción en distintos puntos de la región de Occidente. Estas actividades buscan seguir fortaleciendo la conciencia ambiental, promover la participación comunitaria y avanzar en el cuidado de las cuencas.

Las próximas fechas programadas son:

  • Sábado 11 de abril – Jornada en Los Chorros, en Grecia.

  • Sábado 25 de abril – Jornada en el Río Agualote.

Desde las organizaciones impulsoras se hace un llamado a las comunidades, instituciones y personas interesadas a sumarse a estas actividades y continuar construyendo espacios de acción colectiva para la defensa y recuperación de los ríos. Estas jornadas recuerdan que el cuidado del agua es una tarea compartida y fundamental para la vida en los territorios.

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Hormigas, infancia y común: una lección zapatista sobre cómo aprender y organizar la vida

En un relato breve, cargado de humor, ternura y profundidad política, el zapatismo vuelve a recordarnos que las grandes preguntas no siempre se responden desde arriba. “El Condenado y las Hormigas (el amor y el desamor según un niño zapatista)”, firmado por el Capitán en enero-febrero de 2026, es mucho más que un cuento: es una invitación a repensar cómo aprendemos, cómo nos organizamos y cómo construimos lo común.

A través de la historia de un niño travieso, nombrado por su madre como “Condenado Chamaco del Demonio”, el texto despliega una crítica sutil pero contundente a las formas tradicionales de enseñanza y a las jerarquías del saber, al tiempo que propone una pedagogía arraigada en la experiencia, la observación y la vida comunitaria.

El común no se explica, se vive

Uno de los momentos de tensión del relato ocurre cuando el Subcomandante Insurgente Moisés llega a la escuela a explicar qué es el “común”. Su exposición, cargada de conceptos políticos, estructuras organizativas y referencias al proceso zapatista, deja en silencio a niñas, niños y autoridades comunitarias. Nadie responde. Nadie parece haber comprendido.

Sin embargo, un niño levanta la mano y responde con una sola palabra: “hormigas”.

Lejos de ser una ocurrencia ingenua, su intervención muestra una comprensión profunda. A partir de su experiencia observando hormigueros, el niño explica cómo estos insectos se organizan, distribuyen tareas, cooperan y se sostienen colectivamente, incluso en momentos de crisis.

El contraste es claro: mientras el discurso formal no logra transmitir el sentido del común, la experiencia vivida sí lo hace. El mensaje es contundente: 

el común no es una teoría que se memoriza, sino una práctica que se aprende viviendo.

Una política sin jerarquías rígidas

Las hormigas aparecen como una metáfora política. No hay una figura visible que ordene, pero sí existe organización. Cada quien cumple una función, hay cooperación, cuidado de las crías, defensa del colectivo y capacidad de respuesta ante situaciones adversas.

Cuando una tormenta altera el entorno, las hormigas no esperan instrucciones: se reorganizan. Algunas forman un puente con sus propios cuerpos para que las demás puedan continuar su camino. Luego, cuando pasa la emergencia, vuelven a sus tareas.

Esta imagen condensa una propuesta política: formas de organización horizontales, basadas en la responsabilidad compartida, la solidaridad y la adaptación colectiva. Es una crítica directa a las estructuras verticales y centralizadas, y una afirmación de la autonomía como práctica cotidiana.

El conocimiento nace desde abajo

El niño protagonista no aprende lo que sabe en la escuela ni a través de explicaciones formales. Su conocimiento proviene de otros espacios:

– acompaña a su familia en la milpa,
– aprende de su abuela sobre plantas medicinales,
– observa a los animales,
– pregunta, investiga, toma notas.

Incluso recurre a estrategias propias —como conseguir videos sobre hormigas— para profundizar su aprendizaje.

Este proceso muestra que el conocimiento válido no es únicamente el que se transmite desde instituciones, sino también —y sobre todo— el que se construye desde la experiencia cotidiana, en diálogo con el entorno y la comunidad.

Una crítica desde dentro a la educación

El relato no idealiza la educación autónoma. Por el contrario, muestra sus tensiones y contradicciones:

– la promotora de educación está distraída,
– el formador no revisa adecuadamente,
– la enseñanza no logra conectar con quienes aprenden.

Esta mirada crítica desde dentro permite reconocer que incluso en procesos alternativos existen desafíos. No se trata de negar los errores, sino de visibilizarlos como parte de un proceso en construcción.

Aprender haciendo: una pedagogía de la experiencia

El niño encarna una forma de aprender basada en la curiosidad y la acción:

– pregunta cuando no entiende,
– observa con atención,
– compara, analiza, registra.

Construye su propio cuaderno, clasifica lo que conoce, identifica vacíos y decide investigarlos. Su aprendizaje no es pasivo, es activo, situado y reflexivo.

Esta propuesta dialoga con las prácticas de educación popular y con enfoques que reconocen el valor de la sistematización de experiencias: aprender a partir de lo vivido, reflexionar sobre ello y producir conocimiento colectivo.

La infancia como sujeto político

Uno de los aportes del texto es la forma en que sitúa a la niñez. El niño no aparece como alguien que “todavía no sabe”, sino como alguien que:

– comprende,
– analiza,
– explica,
– y enseña.

Es él quien logra traducir el concepto del común de manera clara, incluso para los adultos. Esta inversión del lugar tradicional de la infancia cuestiona el adultocentrismo y reconoce a niñas y niños como sujetos políticos activos, capaces de aportar a la vida colectiva.

Entre el amor y el desamor: lo afectivo también es político

El relato no separa la política de la vida cotidiana ni de las emociones. El amor y el desamor atraviesan la historia:

la promotora, pierde concentración;
el formador, en conflicto con su compañera, descuida su tarea;
el niño es nombrado desde el regaño constante de su madre.

Estos elementos muestran que los procesos educativos y políticos están profundamente atravesados por lo afectivo. Las emociones no son un elemento secundario, sino parte constitutiva de cómo se construyen las relaciones, los aprendizajes y las comunidades.

Nombrar también es hacer política

El nombre del niño —“Condenado Chamaco del Demonio”— no es una simple anécdota. Es una forma de mostrar cómo el lenguaje puede marcar identidades, estigmatizar y excluir.

En la escuela y en el espacio religioso, ese nombre se vuelve criterio de separación: “no hay que juntarse con los condenados”. Así, una palabra repetida se convierte en una realidad social.

Sin embargo, el niño no se reduce a ese nombre. Desde ese lugar, construye conocimiento, observa el mundo y aporta a su comunidad. El relato abre así una reflexión sobre el poder de las palabras y la necesidad de cuestionar las categorías que clasifican a las personas como “buenas” o “malas”.

La naturaleza como maestra

Lejos de ser un simple escenario, la naturaleza es una fuente central de aprendizaje. Las hormigas enseñan sobre organización, cooperación, cuidado y respuesta colectiva ante la adversidad.

Esta mirada rompe con la lógica que reduce la naturaleza a recurso y la reconoce como espacio de conocimiento, relación y vida. En este sentido, el cuento nos recuerda también el dialogo con perspectivas ecológicas que entienden lo humano como parte de una red más amplia.

Aprender a mirar lo pequeño

Este texto cierra con una enseñanza sencilla y profunda: a veces, para entender los grandes procesos, hay que aprender a mirar lo pequeño.

En un mundo donde abundan los discursos complejos, este relato nos recuerda que el conocimiento también puede surgir de observar un hormiguero, de hacer preguntas simples y de escuchar a quienes, muchas veces, no son considerados como portadores de saber.

Porque, como muestra este niño zapatista, entender el común no siempre pasa por grandes teorías, sino por aprender a vivir, compartir y sostener la vida en colectivo.

Pensar los bienes comunes desde abajo: aportes del relato zapatista

El cuento “El Condenado y las Hormigas” no solo ofrece una reflexión sobre el común en clave organizativa, sino que también aporta elementos fundamentales para repensar los bienes comunes más allá de las definiciones tradicionales.

En primer lugar, el texto sugiere que los bienes comunes no son simplemente recursos compartidos, sino relaciones sociales vivas. El común no está en la cosa —la tierra, el agua, el bosque—, sino en la forma en que las comunidades se organizan para cuidarlos, sostenerlos y reproducir la vida en torno a ellos. En este sentido, las hormigas no solo representan organización, sino una ética del cuidado colectivo que es central para cualquier proceso de defensa de los bienes comunes.

En segundo lugar, el relato desplaza la idea de que el conocimiento sobre los bienes comunes proviene de expertos o marcos técnicos. Por el contrario, muestra que ese conocimiento se construye desde la experiencia cotidiana, desde el vínculo con el territorio, desde la observación atenta y desde prácticas concretas de vida. El niño que aprende de las hormigas encarna esa posibilidad: comprender lo común desde la práctica, no desde la abstracción.

Asimismo, el texto pone en evidencia que los bienes comunes están profundamente atravesados por dimensiones afectivas y culturales. El amor, el desamor, el lenguaje y las relaciones comunitarias no son elementos secundarios, sino condiciones que influyen directamente en la posibilidad de sostener lo común. No hay gestión de bienes comunes sin vínculos, sin confianza y sin formas de relación que permitan la cooperación.

Por otra parte, el cuento invita a cuestionar las jerarquías del saber y del poder que muchas veces atraviesan las discusiones sobre bienes comunes. La capacidad del niño para explicar el común mejor que las autoridades revela que el conocimiento no está necesariamente donde se supone que debe estar. Esto abre la puerta a reconocer la importancia de saberes situados, comunitarios e incluso infantiles en la construcción de alternativas.

Finalmente, el relato reafirma que los bienes comunes no son estructuras estáticas, sino procesos en constante construcción. Así como el “común zapatista” cambia de forma y de nombre, también las formas de organizar la vida colectiva son dinámicas, adaptativas y abiertas. Pensar los bienes comunes implica, entonces, asumir su carácter inacabado y la necesidad de recrearlos continuamente.

Matriz de aportes conceptuales para pensar los bienes comunes
A continuación, se presenta una matriz que sintetiza algunos de los principales aportes del texto, útil para procesos de formación, análisis o investigación:

Eje conceptual

Aporte del texto

Implicaciones para pensar los bienes comunes

Claves para procesos formativos y organizativos

El común como práctica

El común no se enseña con discursos, se comprende desde la experiencia (las hormigas)

Los bienes comunes no son objetos, sino prácticas sociales

Promover aprendizajes desde la experiencia, no solo desde lo teórico

Organización colectiva

Las hormigas muestran cooperación, توزيع de tareas y respuesta ante crisis

La gestión de lo común requiere organización horizontal y corresponsabilidad

Fomentar estructuras flexibles, colectivas y adaptativas

Conocimiento situado

El niño aprende desde la observación, la familia y el territorio

El saber sobre lo común es local, encarnado y comunitario

Valorar saberes locales y procesos de sistematización

Crítica a la verticalidad

El discurso del SubMoy no logra transmitir el común

Las jerarquías del saber pueden limitar la comprensión colectiva

Construir espacios horizontales de aprendizaje

Infancia como sujeto político

El niño comprende y explica mejor que los adultos

Niñas y niños son actores en la construcción de lo común

Incluir activamente a la niñez en procesos organizativos

Dimensión afectiva

El amor y el desamor afectan la enseñanza y la organización

Lo común requiere vínculos, confianza y cuidado

Incorporar lo emocional en los procesos colectivos

Lenguaje e identidad

El nombre del niño genera exclusión pero también resignificación

El lenguaje construye realidades en torno a lo común

Cuidar las formas de nombrar y reconocer a las personas

Naturaleza como maestra

Las hormigas enseñan organización y cooperación

La naturaleza es fuente de conocimiento, no solo recurso

Integrar aprendizajes ecológicos en la formación política

El común como proceso

La estructura zapatista está en construcción constante

Los bienes comunes son dinámicos y cambiantes

Mantener apertura al cambio y a la recreación colectiva

*Imagenes tomadas de Radio Zapatista

Pueden descargar la infografía aquí

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